LECTIO DIVINA Quinto domingo de Cuaresma Ciclo C Marzo 17 de 2013

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Quinto domingo de Cuaresma Ciclo C Marzo 17 de 2013

El Señor había hecho grandes cosas por nosotros, y estamos alegres

Salmo 126 (125), 3

PREPARACIÓN ESPIRITUAL

“Espíritu Santo,

tú eres el aliento del Padre y del Hijo en la eternidad dichosa;

tú nos has sido enviado por Jesús

para hacernos comprender lo que él nos ha dicho y guiarnos hacia la verdad completa;

tú eres para nosotros aliento de vida, aliento creador, aliento santificador; tú eres quien renueva todas las cosas.

Humildemente te pedimos que nos animes y habites en nosotros:

en cada uno y cada una de nosotros, en cada uno de nuestros hogares,

como un lugar de amor, un camino de felicidad y un medio de santidad.

AMÉN.”

(Equipos de Nuestra Señora1) TEXTO BÍBLICO:

Juan 8, 1-11

1

Pero Jesús se dirigió al Monte de los Olivos, 2y al día siguiente, al amanecer, volvió al templo. La gente se le acercó, y él se sentó y comenzó a enseñarles.

3

Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer, a la que habían sorprendido cometiendo adulterio.

La pusieron en medio de todos los presentes, 4y dijeron a Jesús:

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Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de cometer adulterio. 5En la ley, Moisés nos ordenó que se matara a pedradas a esta clase de mujeres. ¿Tú qué dices?

6

Ellos preguntaron esto para ponerlo a prueba, y tener así de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y comenzó a escribir en la tierra con el dedo. 7Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les dijo:

Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra.

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Y volvió a inclinarse y siguió escribiendo en la tierra. 9Al oír esto, uno tras otro comenzaron a irse, y los primeros en hacerlo fueron los más viejos. Cuando Jesús se encontró solo con la mujer, que se había quedado allí, 10se enderezó y le preguntó:

Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?

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Ella le contestó: — Ninguno, Señor. Jesús le dijo:

Tampoco yo te condeno; ahora, vete y no vuelvas a pecar. 1. LECTURA

¿Qué dice el texto?

P. Fidel Oñoro cjm

Algunas preguntas para ayudarte en la lectura atenta…

¿Cuáles son los momentos en que se desarrolla este relato? ¿Cuál es el mensaje central? ¿Cómo reacciona Jesús ante sus adversarios que lo ponen a prueba? ¿Por qué Jesús se agacha para escribir en la tierra? ¿Qué le dice Jesús a quienes estaban allí? ¿Qué le pide Jesús a la mujer?

Algunas consideraciones para una lectura provechosa…

Este domingo nos apartamos del evangelio de Lucas para entrar en el evangelio de Juan. Sin embargo, este evangelio no pierde de vista la experiencia de la misericordia. Se trata del episodio de la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8,1-11). Frente a ella y también frente a sus acusadores hoy vemos a Jesús como Señor de la misericordia y del perdón, que penetra en lo más íntimo del corazón del hombre.

Precisamente en este punto es que ahora ponen a prueba a Jesús y ésta será la ocasión para una magnífica enseñanza sobre el dinamismo del perdón: reconocer el pecado, ser perdonado y perdonar a los demás. Y viceversa, así como no está autorizado para juzgar quien tiene motivos para ser juzgado, igualmente sólo quien perdona puede ser perdonado por Dios.

1. Jesús Maestro en el Templo (8,1-2)

Jesús madruga para ir al Templo y allí lo rodea una gran cantidad de gente que busca su enseñanza. Jesús se encuentra en calidad de “Maestro”, por eso dice “se sentó y se puso a

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enseñarles” (v.2b). La situación será aprovechada por los enemigos de Jesús para emboscarlo en una trampa jurídica, desacreditarlo y llevarlo al patíbulo.

2. El juicio público de la adúltera (8,3-9)

“Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio” (v.3). Parece ser que el hecho es indudable. Al respecto la Ley es muy clara: “Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, será muerto tanto el adúltero como la adúltera” (Levítico 20,10).

a. El problema de fondo

El evangelista nos dice que “esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle” (v.6ª). Si Jesús aprueba el comportamiento de sus enemigos, también acepta su posición contra los pecadores; en consecuencia, tendría que ponerle fin a su praxis de misericordia y aparecer ante el pueblo como un falso maestro. Pero si Jesús no lo hace, daría motivos para ser acusado de falso maestro que aparta a la gente de la Ley de Dios.

b. La respuesta de Jesús

Jesús no se precipita para dar el veredicto, se toma un tiempo. Su primera respuesta es el silencio, un silencio que invita a todos a la reflexión.

Por fin Jesús los toma en cuenta y se dirige directamente a sus adversarios citando de forma adaptada la norma de Deuteronomio 17, 7. Con sus palabras, les hace caer en cuenta que ellos no han tenido en cuenta sus propios pecados. Los adversarios son honestos y aceptan en su corazón la palabra de Jesús: “al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro” (v.9a). Lo mismo hace todo el auditorio. ¡Qué increíble lección recibieron aquel día!

El momento al final gira en torno a un diálogo delicado y concreto entre la mujer adúltera y Él. Jesús plantea su propia posición: Él tampoco la condena a la pena de muerte y la despide exhortándola a comenzar una nueva vida. En otras palabras: una absolución y el encargo de una nueva tarea.

2. MEDITACIÓN

¿Qué me dice el Señor a mí en el texto?

La misericordia de Dios precede nuestro arrepentimiento. Sin saber si ella lo desea, Jesús tiene misericordia con la mujer. Pero para que haya reconciliación se necesitan dos. Se trata de una experiencia de resurrección, de liberación por parte de un Dios que no abandona a los suyos. Cada amor/perdón es una pascua.

Meditemos el texto de la mano del nuestro Papa emérito SS. Benedicto XVI:

“El evangelista san Juan pone de relieve un detalle: mientras los acusadores lo interrogan con insistencia, Jesús se inclina y se pone a escribir con el dedo en el suelo. San Agustín observa que

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el gesto muestra a Cristo como el legislador divino: en efecto, Dios escribió la ley con su dedo en las tablas de piedra (cf. Comentario al Evangelio de Juan, 33, 5). Jesús, por tanto, es el Legislador, es la Justicia en persona. Y ¿cuál es su sentencia? "Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra". Estas palabras están llenas de la fuerza de la verdad, que desarma, que derriba el muro de la hipocresía y abre las conciencias a una justicia mayor, la del amor, en la que consiste el cumplimiento pleno de todo precepto (cf. Rm 13, 8-10). Es la justicia que salvó también a Saulo de Tarso, transformándolo en san Pablo (cf. Flp 3, 8-14).

Aprendamos del Señor Jesús a no juzgar y a no condenar al prójimo. Aprendamos a ser intransigentes con el pecado — ¡comenzando por el nuestro! — e indulgentes con las personas. Que nos ayude en esto la santa Madre de Dios, que, exenta de toda culpa, es mediadora de gracia para todo pecador arrepentido”2

.

¿Me considero una persona sin pecado? ¿Cómo me comporto ante las fallas y debilidades de los otros? ¿Qué actitudes me pide Jesús que tenga? ¿De qué manera concreta busco y recibo el perdón de mi Señor? ¿Valoro el sacramento de la confesión?

3. ORACIÓN

¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?

Hoy Dios por medio de su Palabra habla desde su misericordia hacia mí como pecador, pero me pide que sea misericordioso con los demás, ¿Cómo le respondo a estas invitaciones?

“Ayúdame Señor, a que mis ojos sean misericordiosos para que yo jamás sospeche o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle.

Ayúdame Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo

y no sea indiferente a sus penas y gemidos. Ayúdame Señor, a que mi lengua sea misericordiosa

para que jamás critique a mi prójimo

sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos”.

(Sor Faustina Kowalska)

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http://www.lectionautas.com – http://www.discipulitos.com 4. CONTEMPLACIÓN

¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

El Señor se nos presenta como un Dios que ama profundamente a sus creaturas, pero que también les exige una vida nueva, por esto digamos:

“Quiero Señor ser una persona nueva con tu gracia” 5. ACCIÓN

¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

La oración del Padre Nuestro nos invita a pedir: “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, ahora pensemos que debemos hacer para que ese perdón llegue a nosotros y a quienes nos rodean:

¿En esta cuaresma me he acercado al Sacramento de la Reconciliación? ¿Qué me falta para sentirme perdonado por Dios? ¿Cómo puedo ser misericordioso con los demás? ¿Tengo rencores contra alguien por sanar? ¿Soy capaz de perdonar? ¿Cómo es la vida nueva que me pide Jesús?

Ya que Cristo te redimió, corrija en ti la gracia lo que lo que la pena no podría enmendar sino solamente remendar”.

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