CRISTIANO EN EL MUNDO! ES POSIBLE EN NUESTRO TIEMPO?

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MARIE-JOSEPH LE GUILLOU

¡CRISTIANO EN EL

MUNDO!

¿ES POSIBLE EN

NUESTRO TIEMPO?

«Invitación a la lectura» y edición española de

Gabriel richi alberti

Traducción de beatriz Gerez Kraemer

BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS MADRID • 2014

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ÍNDICE GENERAL

Invitación a la lectura ... xi

introducción. ¿Nos atrevemos a afirmar nues-tra fe? ... xvii

I. La unidad de la fe es la unidad de la vida cristiana ... 3 1. El corazón de la fe ... 3 2. El misterio trinitario ... 7 3. La cruz gloriosa ... 8 4. Los sacramentos ... 10 5. El pueblo de Dios ... 10

6. El Espíritu Santo y la Iglesia ... 11

7. Los acontecimientos y los valores hu -manos ... 13

8. La transfiguración del ser ... 15

9. La pobreza ... 17

10. María ... 18

Oración ... 20

II. ¿Cómo vivir de acuerdo a nuestra fe? ... 23

1. Un mundo se desmorona ... 23

2. Creer en la palabra de Dios ... 24

3. Seres de esperanza ... 26

4. Responder libremente a la palabra de Dios y dejar que actúe en nosotros .... 27

5. La fe requiere una conversión ince -sante, personal y comunitaria ... 30

6. Vivir el misterio del Espíritu Santo en el mundo ... 33

Oración ... 38

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Índice general

VIII

Págs.

III. Rezar, ¿es vital para nosotros? ... 41

1. Presencia de Dios, presencia en el mundo... 41

2. Jesús en su vida pública ... 43

3. La oración y nosotros ... 47

4. Tipos de oración ... 50

Oración ... 56

IV. ¿Podemos vivir según la moral cristia-na? ... 59

1. Negación de la moral ... 59

2. La conciencia ... 60

3. Conciencia moral y naturaleza humana .. 62

4. En el fondo de todo: el sentido de la ver -dad ... 65

5. La moral cristiana ... 67

Oración ... 70

V. Criterios de la moral cristiana ... 73

1. Una falsa concepción de la moral ... 73

2. La característica de la moral: seguir a Cristo y participar en el misterio pas -cual... 76

3. El del hombre al Dios de la alianza, en nombre de la moral cristiana ... 80

4. La exhortación apostólica sobre la fami -lia cristiana en el mundo de hoy ... 84

5. Moral cristiana y Espíritu Santo ... 86

Oración ... 87

VI. ¿Es impensable comprometer nuestra vida para siempre? ... 89

1. Dificultades del compromiso ... 90

2. Cristo nos obliga a adoptar una posición .. 91

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Índice general IX

Págs.

4. La pasión y la resurrección como fun

-damentos del compromiso ... 98 Oración ... 100 VII. La insensata esperanza de un éxito

fi-nal: la fe en Cristo resucitado ... 103 1. La vida más fuerte que la muerte ... 105

a) Los límites de la condición

huma-na ... 105 b) Los límites en la vida de Cristo ... 106 c) El significado de la resurrección

de Cristo ... 110 d) La resurrección en el corazón de la

fe cristiana ... 115 2. La iluminación por la resurrección de

Cristo ... 118 a) Iluminados en la resurrección por

el bautismo y la eucaristía ... 118 b) La luz de la resurrección a través

de la vida cristiana ... 121 c) El poder y la fuerza de la

resurrec-ción conduce el mundo entero

ha-cia su luz ... 122 d) El júbilo de la resurrección ... 125 3. La resurrección y la consumación del

designio de Dios ... 127 Oración ... 132 VIII. Un cristiano: un ser liberado por el

es-plendor del Espíritu ... 133 1. El Espíritu es nuestra vida ... 133 2. La experiencia apostólica ... 136 3. La llamada a vivir la experiencia del

Espíritu ... 145 Oración ... 152

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INVITACIÓN A LA LECTURA

¡Cristiano en el mundo! ¿Es posible en nuestro tiempo? El título del presente volumen del padre Ma -rie-Joseph Le Guillou, que recoge un retiro predicado para laicos en la primera mitad de los años ochenta del siglo pasado en el Priorato de Béthanie de las Bene -dictinas del Sagrado Corazón de Montmartre, identi -fica sintéticamente las coordenadas fundamentales de la propuesta del teólogo dominico. El padre Le Gui -llou (1920-1990) es uno de los representantes de la renovación de la escuela tomista en Le Saulchoir an -tes del Vaticano II. Tras los pasos de autores como Congar, Chenu y Dumont, desarrolló su trabajo sobre todo en ámbito ecuménico. Participó como experto en el Concilio y, sucesivamente, fue nombrado miembro de la Comisión Teológica Internacional. A partir de la crisis del 68 y a lo largo de la década de los 70 afron -tó la crisis espiritual y teológica de su tiempo a través de la propuesta del núcleo de la fe tal y como nos lo transmite la tradición de la Iglesia: la obra de salva -ción del Padre manifestada y realizada, en el Espíritu, por Jesucristo, Sabiduría del Padre y Siervo Sufriente. A partir de 1974, el padre Le Guillou se vio afecta -do por el mal de Parkinson. En ese momento cuenta con 54 años: su producción teológica se ve, por tanto, truncada por la enfermedad. Los últimos años de la vida del padre Le Guillou no se comprenden al mar -gen de su relación con la comunidad de las Benedicti -nas del Sagrado Corazón de Montmartre, las cuales le

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Invitación a la lectura

XII

acompañarán durante toda su enfermedad. Con permi -so de sus superiores, se retira al Priorato de Béthanie, donde pasará los últimos once años de su vida, de -sarrollando una intensa labor de apostolado entre sus numerosos visitantes, a través de sus homilías, retiros y conferencias.

El punto de partida de la propuesta del padre Le Gui-llou en estas páginas es, precisamente, lo esencial de la fe: La unidad de la fe es la unidad de la vida cristiana. Se trata de recuperar el núcleo de nuestro ser cristianos: la Trinidad y la Cruz gloriosa de Jesucristo. Al lector de nuestros días esta insistencia le conduce inmediatamen -te a reconocer el acento misionero de los papas Francis -co y Benedicto XVI. En efecto, en la reciente exhorta -ción apostólica Evangelii gaudium podemos leer:

No me cansaré de repetir aquellas palabras de Benedicto XVI que nos llevan al centro del Evange -lio: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación deci-siva» (EG 7).

No hay camino posible de conversión al margen de este origen permanente que es el encuentro con el Re -sucitado en la Iglesia. Sus llagas gloriosas abren la es -peranza a todos los hombres, sea cual sea la situación en que se encuentren.

Lo esencial de la fe, he aquí la segunda indicación de gran valor que nos ofrece el título, se nos ha dado a conocer y de ello participamos para poder ofrecerlo a nuestros hermanos los hombres. Hablar de ¡Cristiano en el mundo! significa identificar inmediatamente el anun

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-XIII

Invitación a la lectura

cio del evangelio como el contenido propio de nuestra vida y misión. Somos, como enseña el Papa Francisco, «discípulos misioneros». En efecto, decir «cristiano en el mundo» es otro modo de hablar de nuestro ser «dis -cípulos misioneros», es decir, otro modo de acoger y recibir el don de la renovación de la Iglesia que el Es-píritu nos ha regalado con el Concilio Vaticano II. La exhortación Evangelii gaudium describe esta dinámica misionera de un modo muy bello: «La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que prime -rean, que se involucran, que acompañan, que fructifi -can y festejan» (EG 24).

En efecto, nuestro «estar en el mundo» es signo del primado del amor de Dios y de su misericordia. Un pri -mado que se refleja en algunas características de la vida cristiana que el padre Le Guillou ilumina a lo largo de sus meditaciones.

En primer lugar, la primacía del perdón. Dice nues -tro autor:

Una vez más, el perdón resulta ser lo primero. Los hombres esperan de los cristianos el perdón y la misericordia. Debemos testimoniar esta misericordia infinita de Dios, este amor incansable de Dios, este amor más allá de todo, que todo lo puede y que es verdaderamente la transformación del mundo.

Esta llamada a manifestar la misericordia del Padre hace nacer en el corazón de los cristianos una profunda libertad respecto a las estructuras del pasado:

Esta visión implica una enorme libertad ―o si preferís― mucha flexibilidad en relación con ciertas estructuras de la Iglesia que no son estructuras sacra-mentales, sino instituciones humanas en la Iglesia,

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Invitación a la lectura

XIV

como por ejemplo la organización de servicios dio -cesanos o de los distintos movimientos [...] Pero en la vida de la Iglesia, puede haber instituciones de otro orden que pueden revelarse inadecuadas en un cier-to momencier-to de la hiscier-toria. Hemos de ser capaces de reconocer en la vida de la Iglesia las diferencias de nivel. Esto nos enseña a no poner la fe donde no está; hay que tener la valentía de desprenderse de todo ello. Esta libertad también trae consigo el deseo de pro -vocar un sano alboroto:

Somos seres que debemos alborotar el mundo. El cristianismo debe influir en la civilización puesto que el esplendor del amor ha entrado en el corazón de los hombres. No hay mejor elogio al cristianismo que es -tas palabras de Luciano: «Les han metido en la cabeza que todos son hermanos». Pues sí, somos hermanos y ser hermanos es compartirlo todo, las alegrías, las penas y muchas cosas más, es compartir todo el ser puesto que el misterio de Dios nos lo permite.

Los cristianos somos hombres y mujeres perdona -dos, libres y dispuestos a «alborotar» el mundo con el anuncio del evangelio. Y en nuestra misión el Señor, donándonos su Espíritu, llena nuestro corazón de po-breza y de ternura. La popo-breza como «ley fundamental de la vida cristiana; a través de la pobreza de Cristo par -ticipada por el apóstol en su ministerio, la presencia de Cristo y su gloria se manifiestan al mundo». Una pobre -za que es obra de Dios en nosotros, porque la Trinidad, a través de la historia de la salvación ha querido «for -mar pobres, es decir, hombres que dependen de Dios, que dejan obrar la gratuidad divina en su vida». En vir -tud de esta conciencia de dependencia de la gratuidad

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XV

Invitación a la lectura

divina, nuestra vida queda conformada a la mirada y al corazón del Redentor y llega a ser anuncio y presencia de la ternura de Dios en el mundo:

Hay que ir al encuentro de los hombres, pero en el Espíritu Santo, en la ternura del Espíritu. Una de las cosas que más caracteriza al cristiano, es la ternu -ra. Los primeros cristianos utilizaban una expresión extraordinaria: Christianos, chrestianos sive christia-nus, id est de suavitate compositus, «el cristiano está hecho de bondad, hecho de ternura». La ternura del Espíritu, la ternura de aquel que confía en el mundo y que nos ama».

¿Quién no reconoce en estos elementos algunos de los trazos fundamentales del ministerio petrino del Papa Francisco en estos meses?

Las meditaciones del padre Le Guillou, que acompa -ñan al lector en el redescubrimiento de la fe y de la vida nueva en Cristo, iluminan el origen permanente de la mo -ral cristiana. Agudo conocedor del corazón del hombre y de las objeciones de la cultura contemporánea, el padre Le Guillou no evita la pregunta que, casi inevitablemen -te, aflora en la mente de su interlocutor: «Me diréis: ¿Es eso posible?». Hasta tal punto ha sido consciente nues -tro autor de la importancia de esta pregunta que queda reflejada en el mismo título del retiro: ¡Cristiano en el mundo! ¿Es posible en nuestro tiempo? Y se nos ofrece una respuesta cristalina: «Os responderé sin vacilar: ¡Sí! Pero con la condición de que creamos en el poder y en la permanencia del Espíritu». Llegar a ser «cristiano en el mundo» es permitir al Espíritu que lleve a cabo su obra en nosotros. Esta es la clave de toda conversión y de todo crecimiento en la vida cristiana. En un diálogo personal,

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Invitación a la lectura

XVI

de tú a tú, el padre Le Guillou nos conduce, como cogi -dos de la mano, a contemplar y descubrir la vida del Es -píritu en nuestros corazones: la novedad permanente de cada mañana.

Gabriel richi alberti

Universidad Eclesiástica San Dámaso Madrid, 25 de diciembre de 2013

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