El cielo en la predicación y el acompañamiento espiritual de San Juan de Ávila

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EL CIELO

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COMILLAS

Teología

Historia

y

espiritualidad

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María del Mar Graña Cid (ed.)

EL CIELO

HISTORIA Y ESPIRITUALIDAD

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COMILLAS

UNIVERSIDAD PONTIFICIA "!

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ELCIELO.HISTORIA Y ESPIRITUALIDAD

256

EL CIELO EN LA PREDICACIÓN

Y

EL ACOMPAÑAMIENTO

ESPIRIT

UA

L

DE SAN JUAN DEÁVILA

MARÍAJESÚS FERNÁNDEZ CORDERO

Facultad de Teología

Universidad Pontificia Comillas (Madrid)

RESUMEN:Lapredicación y elacompañamiento espiritual fueran dos de las activi -dades más importantes en elministerio pastoral de Juan de Ávila. Este trabajo estudia lapresencia de latemática del cielo en ambos ymuestra que no se trata deunelemento marginal: está conectado con la centralidad delmisterio cristiano. Cristoesel que descendió delcielo y ascendió a él; es elpan vivobajado del cielo. Incorporados a él,nosotras recibimos elcielo como herencia. Entrar enelcielo es entrar en elgozo del Señor y alcanzar la experiencia de lacaridad perfecta: Ávila reflexiona sobre este gozo y esta caridad para orientar la vida y animar la esperanza deloscristianos.

PALABASCLAVE: acompañamiento espiritual, caridad, cielo, esperanza cristiana, eucaristía, juan de ávila,muerte, predicación.

HEAVENONPREACHING AND SPIRITUALACCOMPANIMENTOF SANJUAN DEÁVILA

ABSTRACT:Preaching and spiritual accompaniment were two of the most important activities inthe pastoral ministry ofJuan de Avila.This paper studies the presence ofthe heaven theme inboth of them and shows that it isnot amarginal element: itis connected to the centrality of the Christian mystery. Christ is the one who descended fram heaven and ascended to it;he isthe living bread that carne down from heaven. Incorporated into him, we receive heaven as aheritance. Entering heaven isentering the joy of the Lord and reach the experience of perfect charity:

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EL CIELO. HISTORIA YESPIRITUALIDAD

Avilareflects on this joy and charity toguide the life and encourage the hope of Christians.

KEY WORDS: charity, christian hope, death, eucharist, heaven, juan de avila, prea-ching, spiritual accompaniment.

Juan de Ávila (1499/1500?-1569) pertenece ala primera generación del

siglo XVII Nacido en Almodóvar del Campo en el seno de una familia de origen judeoconverso, formado en leyes en la Universidad de Salamanca y en teología en la deAlcaláde Henares, desarrolló su actividad pastoral sobre todo

en Andalucía, yfue uno de los principales representantes de las corrientes

reformadoras anteriores a Trento.

Su espiritualidad se configuró en torno al misterio pascual -la centralidad de la pasión, muerte yresurrección de Jesucristo, el beneficio de nuestra re-dención-, con una clara tonalidad martirial araízdel proceso abierto contra él en 1531 por denuncias surgidas en Écija,que lellevaron ala cárcel inquisitorial

de Sevilla en 1532-1533; fue absuelto con advertencias de que se moderase

en el hablar. Su tratado espiritual más conocido, elAudi, filia, publicado en

Alcaláde Henares en 1556, fue incluido en el Catálogo de libros prohibidos

del Inquisidor General Fernando de Valdés en 1559; trabajó en corregido, pero no llegó a conocer la edición que sus discípulos lograron imprimir, con las aprobaciones necesarias, en 1574.No obstante estas dificultades, desplegó una amplia y polifacética actividad en su ministerio: fue predicador itinerante primero en ladiócesis de Sevilla,adonde había acudido con intención de em -barcar para lasIndias -proyecto que le fue ímpedído-; vinculado a ladiócesis

de Córdoba tras su salida de la cárcel, fue de nuevo itinerante por Andalucía y

parte de Extremadura hasta que las enfermedades yelclima de persecución hacia sus principales discípulos lellevaron aretirarse a Montilla, protegido por lamarquesa de Priego, doña Catalina Fernández de Córdoba, hacia 1554;allí permaneció hasta su muerte, manteniendo una importante actividad como

consejero, acompañante ymaestro espiritual para muchas personas de toda

clase y condición.

La biografía clásica eslade Luis Sala Balust,Francisco Martín Hernández, "Estudio biográfico", en San Juan de Ávila,Obras completas (Madrid, 2000), 1: 5-373. Baldomero Jiménez Duque, El Maestro Juan deÁvila (Madrid, 1988); Francisco Martín Hernández, Elsanto Maestroy DoctorJuan de Ávila (Valencia,2012); M"Encarnación González Ro-dríguez, ed., SanJuan de Ávila, Doctor. Magisterio vivo (Madrid, 2013); MaríaDolores RincónGonzález, RaúlManchón Gómez, eds., ElMaestroJuan de Ávila (1500?-1569). Un exponente del humanismo reformista (Madrid,2014);MaJesús Fernández CorderoJuan deÁvila (1499?-1569). Tiempo, vida yespiritualidad (Madrid, 2017).

EL CIELO EN LA PREDICACIÓN YEL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL DESAN JUAN DE ÁVILA

En torno a élse formó loque seha llamado la"escuela sacerdotal" avilís -ta: un grupo de discípulos, buena parte de ellos de origen judeoconverso, que aprendieron de él a ejercer el ministerio en una línea renovada y se

vincularon a él de modo no institucional sino, más bien, carismático. Su visión de la reforma de la Iglesia y del clero quedó plasmada en dos me

-moriales al concilio de Trento que envió al arzobispo de Granada don Pe

-dro Guerrero, en lasAdvertencias al concilio de Toledo para el obispo de Córdoba don Cristóbal de Rojas y Sandoval, yen sus cartas a sacerdotes y predicadores en que respondía apeticiones de consejo o acompañamiento espiritual. Aesta inquietud de reforma, no solo de laIglesia, sino también

de la sociedad, se debió su actividad como fundador de colegios y centros de enseñanza, siendo el más destacado la Universidad de Baeza, en cuyos

orígenes sus discípulos tuvieron un papel muy relevante. Suactividad como

director o guía espiritual, con un singular don de discernimiento, tuvo su

reflejo en lo que nos ha quedado de su Epistolario, una verdadera joya y

testimonio de este ministerio, en elque muchas cartas pueden considerarse pequeños tratados espirituales.

Su espiritualidad sacerdotal ypaulina impregna todos sus escritos" el

Audi, filia, elTratado del amor deDios, elTratado sobre elsacerdocio, pero

también sus sermones, sus memoriales, sus cartas y,en definitiva, toda su

actividad pastoral. Contemplaba aJesucristo como sacerdote desde la encar

-nación hasta laascensión, viendo en su entrega en la cruz el sacrificio por el

cual lahumanidad -incorporada a él- quedaba santificada:

"... Y,porque ninguno sin él [sin pecado] estaba, no tenía este gran sacer-dote qué ofrecer por los pecados del mundo, sino así mismo, haciéndose hostia el que es sacerdote, yofreciéndose a sí mismo limpio, por limpiar los sucios; el justo, por justificar los pecadores; el amado yagradado, porque fuesen amados yrecebidos a gracia los que por sí eran desamados ydesa -gradados. Yvalió tanto este sacrificio, así por élcomo por quien le ofrecía, que todo era uno, que los que estábamos apartados de Dios, como ovejas perdidas (1 Pe 2,25), fuimos traídos, lavados, santificados y hechos dignos de ser ofrecidos aDios. No porque nosotros tuviésemos algo digno, mas encorporados en este pastor, siendo ataviados con sus riquezas yrociados con su sangre, somos miradas de Dios por su Cristo"3.

2 Cito por San Juan de Ávila,Obras completas (Introducción, edición ynotas de L.SalaBalustyF.Martín Hernández) (Madrid, 2000-2003),4 vals.Enadelante: Oc.

3 Audi, filia [I).Avisosyreglas cristianas para losque desean servir aDios, apro-vechando en elcamino espiritual. Compuestas por el Maestro Ávila sobre aquel verso

deDavid: "Audi,filia, etvide, el inclina aurem tuarn". Eslaprimera edición dela obra (1556): enadelante: 1 AF,en OC,1:405-532; seindicalaparte dela obra-como las estable-cen los editores- en números romanos, el número ylapágina. La cita:1AF III,n.56,503.

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EL CIELO.HISTORIA YESPIRITUALIDAD

Pues, bien, zqué interés puede tener, en elconjunto de estudios que a ' se presentan, acercamos al tema delcielo en Juan de Ávila?Amimodo de ver.

el hecho de descubrir la presencia de esta temática en dos de los as '

, . " pectos

masrelevantes de suactividadapostolica, lapredicación y elacompaña .

" l mIento

espintua ,nos permitirá percibi~que no se trata de un elemento marginal o complementano de lapredícacron yde la experiencia cristianas sino bí l

. ., , ¡en a

contrano, su conexlOn.con la centralidad del misterio cristiano le otorga Un lugar por elque esposible contrastar laexperiencia misma del cristianis

Noshallamos, en efecto, ante un predicador que es reconocido commo.

d d ' oUn

ver a ero gura ymaestro dela renovación delministerio delapalabra' p t

l ' er e

-nece a aetapa de lasrealizaciones más carismáticas, espontáneas ylibres del mlsm~4, yfue.capaz de transmitir, también carismáticamente, una verdadera

teología y espmtualIdad dela predicación. Estudiar cómo aparece el tema del

CIelOen este ámbito significa descubrir cómo está presente de una manera absolutamente integrada en la transmisión del evangelio, de labuena nueva: no c~mo ~n elemento aparte ni como un añadido para cuando se piensa en

elmas allade lamuerte, sino formando parte esencial del mensaje cristiano.

De igual modo, :ncontramos esta temática' en sus cartas, un género de

escntura que suponía para él laposibilidad de prolongar el acompañamien

-to espiritual más allá de los encuentros presenciales>, pueden considerarse también una forma personalizada de anuncio del evangelio, por cuanto tratan de orientar alos destinatarios enla relación con Dios, elcumplimiento desu

voluntad y el crecimiento espiritual. Aquí, el cielo emerge ante todo como

fundamento y contenido de laesperanza cristiana; es capaz de proyectar luz

sobre la vidapresente, tanto para superar las dificultades como para orientar lospasos del cristiano.

4 Esta primera etapa, que supuso la recuperación del sentido teológico ypastoral de lapredicación yse caracterizó por el cristocentrismo yla búsqueda de la conversión, l!egaría hasta los años 1558-1559 -descubrimiento de focos protestantes en la Península, Indice de Valdés-, punto de inflexión a partir del cual se impuso una actitud defensiva, denunciadora de peligros, preocupada por laherejía: la predicación sehizo entonces "p ru-dente", moraJizante yconformista. Sobre esta evolución, Antonio Cañizares Llovera, "La predicación española en elsiglo XVI", enRepertorio deHistoria delas Ciencias Eclesiásti

-cas en España (Salamanca, 1977),6: 189-266. Desde el punto de vista de la oratoria sag ra-da, las grandes figuras de esta primera etapa supieran producir verdaderas obras de arte sin proponérselo, siendo su intención alimentar la vida espiritual de los fieles: solo en un segundo momento se tomaría conciencia de la dimensión artística de las piezas oratorias. Laperiodización desde esta perspectiva la estableció Miguel Herrero García Sermonario

clásico. Con un ensayo sobre la Oratoria Sagrada (Madrid-Buenos Aires, Ú)42).

5 Francisco Martín Hernández, "San Juan de Ávila, guía espiritual a través de sus cartas", enElMaestro Ávila.ActasdelCongresoInternacional, Madrid, 27-30noviembre 2000 (Madrid, 2002) [en adelante: Congreso2000], 711-728.

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ELCIELO EN LA PREDICACiÓN Y EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DE ÁVILA

1. LAPREDICACIÓN SOBRE EL CIELO: UNAPREDICACIÓN CRISTOCÉNTRICA

La predicación deJuan de Ávila es eminentemente bíblica ylitúrgica, con

una rica variedad deregistros y capacidad de adaptación alosoyentes". El"cie

-lo"aparece en muchos de sus sermones, de modo disperso, pero en algunos de ellosadquiere un protagonismo importante.

ElSermón 18,predicado en unjueves de la Ascensión del Señor', nos permite percibir ladimensión cristológica de larealidad que se designa con elsímbolo del cielo. El"tema" escogido, es decir, elversículo bíblico que,

según el método de la época, encabezaba yregía el contenido del sermón, fue Ef4,8: "Ascendens Christus in altum captivam duxit captiuitatem". Avila loutilizó para hacer una amplia inclusión, iniciando su prédica con una re

-flexiónsobre la primera parte del versículo, el significado de la ascensión in altum, "alcielo", yterminándola con una exhortación apedir fuerzas aDios y

confiaren sugracia: "Dile:Señor, vosme mandáis serviros, voslleváis cativa

la catiuidad'": Alplantear cuáles deben ser nuestros sentimientos ante este

misterio, "qué hemos de sentir de esta subida:", elcielo aparece completa

-mente referido aCristo: señala su origen y su destino. Enefecto, el texto de Ef4 decía también: "Elque descendió, este es el que subía" (cf v.IO); por

tanto, nos hallamos ante un símbolo que ayudaa expresar laidentidad misma

deJesucristo: "Descender del cielo es hacerse hombre; subir hoy alcielo es llevar allá susantísima humanidad, con grande alegríaygloría'?". Encarnación y glorificaciónsedicen como undescender oabajarse yunsubir yentrar en

elcielo respectivamente de quien, en este movimiento, ha unido divinidad y

humanidad y ha elevado aesta ala gloria de aquella.

Tambiénen los sermones sobre laeucaristía emerge latemática del cielo

estrechamente unida a este misterio. Así, en elSermón 5511, predicado en la infraoctava del Corpus, el versículo escogido fuejn 6,59: "Hic est panis qui de ccelo descendit". Enel sacramento nos alimentamos delPan bajado

delcielo, un "Panvivo, porque davida;pan vivo porque élvive y eslamisma

Vida"12.Laspalabras deJesús en elevangelio deJuan son palabras de "Dios

6 Juan José Gallego Palomera, "Lapredicación en San Juan de Ávila", en Congreso 2000,799-849: Saturnino López Santidrián,juan de Ávila. Predicador de Cristo(Valencia,

2000). 7

OCIlI, 228-241.

Sermón 18, n.26, OCIII, 241. Íd., n.2, 228.

lO Íd., n.3, 229. 11 OCIlI, 715-747. 12 '

Id., n.1, 715.

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EL CIELO. HISTORIA Y ESPIRITUALIDAD

hum~na?~ [...] hablando de sí mismo'<". El descenso del cielo, cuyo alcance sotenologl~o reconoce la Iglesia en el credo ylaliturgia 14,guarda analogía con el"movlmlent? por el cua:, en la consagración, "desciende el Señor ala

hostia. Encarnación y eucansna tienen entre síuna semejanza que se expr

dí . ., esa

me iante este movrrruento descendente. Avila se esfuerza en mostrar que no se trata d: coordena~as espaciales, sino del misterio que une la alteza de Dios con labajeza de la cnatura, de tal modo que "allí [en la encarnación] se ab .

D· h b ' aja

lOS a ser om re, y aqui [en la eucaristía] Dios humanado se baja a estar entre nosotros los hombres"15. El Pan que vino del cielo es un pan celestia l-esJesucristo, y, "comiéndole nos convierte en símismo, yde hombres terre~ nales nos hace hombres celestíales':". Aludía así alproceso de cristificació divinización del hombre. Encoherencia con elconjunto de la obra aVilista~l;

fe es afirmada como la clavefundamental para acceder a esta transformación:

"Losinfieles no creen que enesta mesa está]esucristo; ylosmalos cristianos aunque lo creen, no atienden, o por ventura no creen alavirtud yriquezas que este pan celestial comunica aquien lorecibe. Conocen aÉl en él, mas no conocen suvirtud nisus efectos poderosísimos para tener una ánima en pie ydade vitoria contra sus enemigos. [... [. Sicreéis que vino del cielo

epor qué no creéis que tiene virtud para hacer aloshombres dela tierra que tengan costumbres del cielo? Si, conforme al manjar que uno come, tales humores engendra, érnanjar limpio, por qué no hará limpios; ysanto, santos; ycelestial, celestiales?"17

El término "celestial", que se aplica al manjar, Cristo mismo -pan celes -tial-, acaba calificando alcristiano, siempre que crea de verdad, y no de modo meramente formal, intelectual o externo, en la presencia del Señor y en la v

ir-tud -poder, eficacia- de este alimento. Hay una comunicación de la santidad

de Dios en la eucaristía que se realiza en la mediación del Hijo y que capacita al hombre para vivir la vida de Dios, para convertirse, él también, en un ser

celestial: lahumanidad glorificada por la comunión con Cristo.

Siel cielo es un símbolo que nos ayuda aidentificar aJesucristo señalan -do su origen y su destino, apunta también al destino último de quienes son incorporados aél.Así10afirmaba Ávilaal final del Tratado del amor deDios:

13 Íd.,n.9, 718.

14 Ávilainsertaba la fórmula del Símbolo niceno-constantinopolitano: "Todos te debemos alabanzas ygracias, Señor, porque por nosotros, hombres, ypor nuestra salud,

descendiste del cielo, yhaciéndote hombre enelvirginalvientre, saliste de allíy conve r-saste familiarmente con los hombres (cf.Bar 3,38), y gozaron de tu presencia, habla y milagros,yacabaste la obra de nuestro remedio". Íd., n.12, 719.

15 Íd.,n.13, 720.

16 Íd.,n.34, 730 17 Íd.,n.27,727.

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EL CIELO EN LA PREDICACIÓN YEL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DE ÁVILA

"Sicon Élestuvieres de esta manera unido cree cierto que lo que de Élfuere será de ti,loque fuere del Padre será de loshijos, lo que fuere de la Cabeza será de losmiembros?".

Esto cobraba especial relieve alpredicar en lafiesta de Todoslos Santos'",

"todos los que están en el cielo, todos los que están en gracia". LaIglesia en te día"nos representa loque cantan los santos hoy en el cielo", celebra "la

es , ,

misericordia de Dios con los que Elquiso llevar a gozar para siempre de El" nos da esperanza de que también usará de esta misericordia con nosotros

:'entrando allá'?". Las imágenes con las que describe aquí lo que es el cielo

son todas de fundamento bíblico, basadas en las bienaventuranzas y en el

Apocalipsis, como veremos. ,

Se puede percibir claramente en su predicación que Juan de Avilahabla del cielo porque anuncia a Jesucristo. Elanuncio del cielo forma parte del

anuncio deJesucristo.

2. EL CIELO EN EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL: LA ESPERANZA CRISTIANA

Estos contenidos aparecen de un modo diferente en elacompañamiento espiritual, pero es el mismo mensaje. Ladiferencia está en que las cartas co

-nectan, no con un auditorio colectivo, sino con las situaciones particulares de las personas, con sus necesidades de discernimiento y esperanza; tampoco hay que perder de vista que muchas de estas cartas, o almenos las más desta

-cadas, pudieron ser leídas en grupo y,de hecho, circularon en los ambientes avilistas, eincluso más alláde ellos, como breves tratados espirituales apre -ciados por su doctrina.

EnlaCarta 44, dirigida A una señora afligida con trabajos corporales y

tristezas espirituales", Ávilatrataba de corregir latendencia de su destinata

-riaa considerarse siempre en falta con elSeñor, a "parecerle que está contraria a Dios por no servirle como desea"; es decir, ala culpabilidad, los escrúpulos y ladesconfianza de su salvación. El Maestro ledescubría que esto provenía de no llegar acomprender "qué bien es nuestro Señor ]esucristo". "No hay

18 Tratado del amor deDios, n.13, OC1,973.Estáhablando de]esucristo; lapalabra "Padre"no serefiere aquí alaprimera persona de laTrinidad,sino a Cristo en cuanto nos

hace nacer ala vidaeterna; hayque recordar que Ávilagustaba de aplicara]esús el título

dePaterfuturi saeculi, deIs 9,6,precisamente en ese sentido; asíen laCarta 1,OCIv,5. 19 Sermón 79,OCm,1063-1072.

20 Íd.,n.3,1064.

21 Carta44, OCIv, 225-233;la destinataria se haidentificado como doña Leonor de

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EL CIELO. HISTORIA Y ESPIRITUALIDAD

ánima que tan desconsolada esté, que la nueva alegre de quién esJesucristo no baste ~levantada de latristeza y desconfianza yhenchida de gozo, side ella se qu.iere aprovecha. r'<'. La carta se centra en cómo ha de ser elverdade_ ro conocinuenrr, propio, pues la desconfianza "nace de mirar el hombre a '

mismo a sola "23 .". SI

. s; es necesano, con rrurarnos yllorarnos, alzar los ojos arriba consíderando aJesucristo nuestro Señor", pues la confianza del cristiano "no

ha de estar puesta en sus propias fuerzas ni obras solas, mas en la gracia que nos es dada en las dejesucristo'v", Pues bien, en esta carta, elcielo significa la salvación: es "h~rencia"de hijos, yno "jornal" que se dapor el trabajo; por tanto, n~estra VIda ha de estar an~mada e impulsada no por elinterés del j or-nalero, SIDOpor elamor del hijo. Avila,que fue siempre exigente en elcamino de la santidad, no dudaba en decir aquienes se sentían abatidos por sus faltas:

"Ypues este negocio es entre padres e hijos,nopiensen losdesconfiados quepor cadacosa queun hijohagaodejedehacerno conforme ala volun

-tad de su padre, luegolehan dedesheredar. Porque, según hemos dicho estaherencia,y este consuelo y confianza paralaalcanzar, no estáfundad~ principalmente sobre nuestro arrimo,ni fuerzasni obras. [...]Acánuestro fundamento y arrimo eslamisericordia deDios,que,por losmerecimientos deIesucrísro, suHijo,nosquieresalvar'<>

El cielo es la herencia de los hijos. Ávila insistía: "Deje ya, señora, de medir a Dios con tan chico palmo y alabe la gracia que en su Hijo le dio

[

.. ·

l

·

yno piense que, aunque sea hija imperfecta, lehan de negar lahere n-cia del cíelo''>. Como hacía con frecuencia en sus cartas, insertó aquí una oración a Iesús, de tal modo que orientaba lamirada de lalectora hacia su pasión en Jerusalén y el monte Calvario: "allí nos ganaste la gracia con que merezcamos la compañía de Dios en el monte santo del cielo"?". Por tanto, el bien que otorga esta herencia es la compañía deDios. Por eso terminaba exhortando a confiar

"... quenos harámerced denos guiarhasta nosmeter enla celestialtierra prometida, donde veremos yposeeremos almismo Dios. SeaÉlenquien esperamos, y Élsealoque esperamos, porque denadiepodemos alcanzara Dios, siÉl no seda,niesrazónesperar deDios cosamenor que el mesmo

Díos'<",

22 Íd., 225.

23 Íd., 226. 24 Íd., 227.

25 Íd., 228. 26 Id.

27 Íd., 231.

28 Íd., 233.

264

ELCIELO EN LAPREDICACiÓN Y EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUALDE SAN JUAN DEÁVILA

Dios mismo es en quien espera ylo que espera elcristiano. Y puesto que Él es el bien verdadero, estamos llamados aapreciado por encima de cualquier realidad creatural.

La espiritualidad avilista buscaba fortalecer lafefrente a toda adversidad, con un espíritu que podemos llamar martirial y que se apoyaba en la corres

-ondencia alamor de Cristo crucificado y en elejemplo de San Pablo.Así, a ~n predicador que sufría una persecución, le ~xhortaba diciendo: "No estime a Dios en tan poco, que quiera dar poco por El [···l Amado fue en cruz, ame en cruz. [...

l

¿Qué mayor honra, padre m~o, que padecer por Crístol'<'. La honra, los bienes ylavida constituyen paraAvilauna tríada que expresa lo que el hombre ha de estar dispuesto a dejar por Dios; una tríada que contenía una potencialidad de transformación social muy importante y no siempre suficien

-temente puesta de relieve.

Sería malinterpretar elmensaje avilista entender elsufrimiento en esta vida como un requisito o una exigencia de Dios para entrar en elcielo. Más bien, laesperanza del cielo -de gozar de lacompañía de Dios mismo- da sentido y fuerza para sobrellevar las dificultades de la vida, las cuales se convierten en

camino del cielosi son vividas como medios para corresponder alamor que

Jesús nos tuvo en la cruz y asemejamos aél:

"Pues si bien miramos qué tuvo Cristoenesta vida sinotrabajos,mientras másfuéremos trabajados,másconformes, más cercanos a Cristo; ypor eso más ciertos de seda enelcielo,adonde limpiará Dios las lágrimas de nues

-tros ojos (d.Ap7,17), adonde nosrecebirácomoPadre amador de sushijos,

adonde nos coronará lapelea de acá, adonde parecerá mejor elcristiano que vaheridoyensangrentado delaguerrade estemundo que elotro que saliere sinherida'<".

Estas palabras dirigidas a sus discípulos son exhortaciones, no a la resig

-nación, sino a lafortaleza yla resistencia frente a las presiones del mundo -piénsese, por ejemplo, en las cuestiones de honra y linaje, o en las persecu -ciones padecidas por los de origen converso-: exhortaciones a lafidelidad a Jesucristo ylaconfianza en él:

"...no debemos desmayar,por muchoque crezcalatempestad;mas mientras ella máscrece,más confiar ydecir alSeñor:"Esta estu hora". [... ]Así que, hermanos, no pensemos quela victoria enesta peleahade serpor nuestr~s fuerzasasolas; Cristonospone enella,yÉlquierela gloriadela victoria; El pelearápor nosotros y con nosotros. Nodesmayemos,y veremos elfavor

del cielo ser con nosotros'?',

29 Carta2.Aun religiosopredicador, OCIv,18-19.

30 Carta81.A unos amigos atribulados, OC Iv, 342-343.

31 Íd., 341.

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EL CIELO. HISTORIA YESPIRITUALIDAD

La esperanza del cielo, por tanto, es capaz de sostener la fidelidad del

cristiano en tiempos depersecución. Yes la luzque hade guiarsus opciones.

En una singular cartapara la villa de Utrera'", en laque Ávila actuó como

una especie demediador en un conflicto socialcuyos detalles no conocemos,

encontramos que la exhortación final acultivar launidad, el amor ylapaz, en indudable estilo paulino, tiene este horizonte:

"sembrad, noen carne, porque de ella no sacaréis sino muerte, mas enes

pí-rituque davida:Mientras tiempo tenemos, obremos bien atodos (GáI6,lO),

aprovechemos atodos; ninguna oportunidad para bien hacer dejéis pasar

sin ponerla por obra. Para esto es lavida presente, para ganar la otra. Noha

-gamos del camino fin; en elcielo esperad vuestro bien; acáponeos aloque

Dios quisiere, que es trabajar. Consolaos con labuena esperanza que Cristo

nos dio de su reino. Mirad por losenfermos, yrecreadlos; por los hambrien-tos ynecesitados, yayudadles, dad tierra, ydaros han cíelo">.

Cuando Ávilaenseñaba aesperar nuestro bien en el cielo estaba animando

a actuar el bien desde lagratuidad, no esperar recompensas en esta viday

no tomar por definitivo lo que es transitorio. Estamisma exhortación esuna

buena muestra de cómo laherencia del cielo,que nos hasido alcanzada por

Cristo por pura gracia, cuenta también con nuestro obrar: siendo siempre

herencia ynuncajornal, pide, eso sí,vida ycomportamiento de hijos. Es

muestra, igualmente, de cómo laesperanza delcielono conllevadescompro -misa con lasrealidades sociales, con lasnecesidades de este mundo, sino al

contrario, impulsa a hacer elbien mientras es tiempo.

3. ENTRAREN ELCIELO

Puesto que, como hemos visto, elanuncio del cieloforma parte del

anun-cio deJesucristo, Ávilaacogía pastoralmente laspreguntas sencillas dela g en-te; con un estilo dialogal que le es típico, se hacía eco de ellas: "-Padre, équé

cosa es el cielo?¿Qué hay allá?"34.Aesto respondía de diversos modos alo

largode sussermones yescritos. Mientras buena parte delapredicación pos-terior derivaráhaciaun imaginario más omenos fantástico, Ávilase mantendrá

en unalíneabíblica ytradicional para transmitir un contenido profundame n-te teológico deloque eselcielo.

Lareferencia esencial para comprender qué es "subir alcielo" y"entrar"

en éles el misterio de la ascensión de Cristo.Lostextos joánicos con los que

32 Carta86, OC Iv, 366-371.

33 Íd., 370-371.

34 Sermón 18,n.6,OCIlI, 230.

266

EL CIELO EN LA PREDICACiÓN YEL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL DE SANJUAN DE ÁVILA

Ávila iniciaba susermón enestafiesta,insertados y romanceados dememoria,

nos ofrecen las claves principales: "voyal que me envió ypor esto que oshe

dicho estáis tristes" (cf Jn 16,5-6);"Si me amásedes, gozaros híades porque

me voy al Padre" (cf jn 14,28); "Decid a mis hermanos que subo al Padre

mío y al Padre vuestro, al Dios míoy al Dios vuestro" (cf.Jn 20,17).A partir

de estas citasydela afirmación de queJesús, según su humanidad, esmenor

que el Padre -Pater maior me est (In 14,28)-, reflexionaba sobre los mov

i-mientos descendente y ascendente de Cristo: el primero suponía recibir un mandamiento del Padre,una misión, ypoder merecer como hombre -con un merecimiento infinito por su divinidad-, mientras que elsegundo implicaba subir al Padre,entrar ensu presencia, ofrecerle elcumplimiento de la misión: "Piense cada uno según sudevoción, ymás aquel entrar en elcielo, aquel hin

-car las rodillas encuanto hombre delante del Padre, aquella cuenta que dio de la obra que le era encomendada, aquel decir: Padre, acabado helaobra

que me distepara que lahiciese; manifestado hetunombre a loshombres

que me distes, etc. (cf.jn 17,4.6). Cosa es por cierto muy para considerar y para imitar. ¡Bienaventurado elhombre que pudiere imitar en alguna parte

-cica a su Redemptort''P.

Subiralcielo, pues, esentrar ante elPadre yrendirle elcumplimiento de lo que nos ha encomendado. Ávilagustaba de repetir como una promesa las

palabras que elsiervofielpodrá escuchar según Mt25,23: "Alégrate,siervo de

Dios, dice Dios,que has sido fiel; entra en el gozo de tu Señor". Y explicaba que se trataba de entrar "agozar deloque gozaél, avivir de loque viveél, a

ser un espíritu con ély a ser Dios por partícípacíón">.

Subimos alcielo incorporados a Cristo, por él,con él yen él;aceptando su mediación:

"Yo soy camino, verdad y vida; ninguno viene al Padre sino por

(In 14,6). Sepan, pues, todos losque quisieren subir ala alteza del Padre, que

laescalera esJesucristo, su Hijo;sepan todos que otro medianero principal no hay si Él no; porque, aunque los santos lo sean, sonlo por Él"37

4. ENTRA EN ELGOZO DE TUSEÑOR: DIOS MISMO COMO DO DEL CIELO

En elSermón de Todos los Santos, Ávilase guió porlas bienaventuranzas para expresar loque es elcielo. Lointroducía con estas palabras: "Unalabara

35 Íd., n.3, 229. 36 Íd., n.10,233.

37 Sermón34, n.6,OC IlI,419.

(9)

ELCIELO. HISTORIA YESPIRITUALIDAD

Diospara siempre desde que entraron [los santos

1

en elcielo; un ser sinfalta,

un descanso sin trabajo, un gozo sin pesar, una vida sin muerte, un deleite

no sucio'?". Yrecorrió eltexto de Mt 5para explicar "lo que Dios tiene en el

cielo"39:

Esel reino delos cielos para los pobres de espíritu, donde han de reinar para siempre.

Esla tierra que poseerán los humildes: yse llama así elcielo porque es

"un bien que será firme como latierra: que asícomo no semueve, ansí ellos no la perderán".

Esver aDios para loslimpios de corazón: "ver aDios como Élesygozar

de Dios".

Esmisericordia para los misericordiosos, "que excede toda miseri

-cordia".

Consolación para los que fueron desconsolados en esta vida; recogía estas palabras de San Bernardo: "Bienaventuradas lágrimas que han de limpiar lasmanos de Dios,,4o.Yse imaginaba: "iQué regalos, qué ánimos, qué acallamientos, qué arrullos hará Dios!"; recordaba laimagen mater -na de Dios en Is 66, 12-14.

Y añadía a este elenco lacorona que Dios otorga al que vence, según Ap 2,10Yelmaná escondido de Ap2,17.

De entre las imágenes bíblicas que Ávila empleó, la preferida por él fue la

del banquete, en elcual el manjar es el mismo Dios; iba asociada algozo de

Dios. Su fundamento, mencionado en elSermón de la Ascensión, era elpasaje

de Lc22,28-30, lapromesa de]esús de que sus discípulos comerán ybeberán

a su mesa en su reino. Sepreguntaba entonces qué quería decir que "hemos de comer ybeber de lomismo que Dios come ybebe". Apuntaba, en primer

lugar, auna comunidad de vida: el manjar, la bebida, eldescanso, los regocijos

ylos gozos, serán los mismos para Dios ypara sus comensales". Entonces,

había que hacerse lapregunta: "¿Qué come Dios, qué es lo que bebe?". La

respuesta era esta:

"¿Sabéisqué?Mirarse,conocerse y amarse.Estos sonsusplaceres,estos son sus pasatiempos: conocerse todo Dios, y amarseygozarsedelbien quetiene, sinlopoder perder. Pues,sielcomerdeDios es conocerse Diosy amarse, y

38 Sermón 79, n.12,1068.

39 Paralo quesigue,Íd.,n.12-15,1068-1070.

40 Ávilacitadememoria. El trasfondobíblicoesla promesa deIs 25,8y Ap 7,17.Los

editores delas OC remiten a San Bernardo,In Cant.,Serm37,2. Setrata deun sermón sobreelconocimiento propio, con referenciaalaslágrimasde conversión.

41 Sermón 18, n.7,OCIII,231.

268

EL CIELO ENLA PREDICACiÓN YEL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DE ÁVILA

nosotros lohemos deconocer yamar, ísea tu nombre bendito, que a tanto

llegó tubondadque quieres que nuestra gloria no consista principalmente en

cosa criada, niaunen gozar delahumanidad deJesucristo,sino en ver aquel Dios desnudo, enver aquella carallena de gracias,en veraquellahermosura

infinitaque, cuando enhorabuena estemos allá, quitará elvelo delante de

sí para que loveamos presente, no por alguna especie criada, sino por sí mísmo!''".

Enotra ocasión decía:

"¿Qué esel manjar que come Dios?Verse a sí y conocerse a sí;yesta es

la gloria suya y sugozo. Pues esto han de tener lossantos; luego han de comer de su mismo manjar;y oyen su música,que es veraquella bendita

esencia, simplicísima y en concordancia con tres personas. Ver tantas pe r-fecciones yunamisma cosa, esta esla música que han de oír sus orejas y

gozarse ensu gozodonde está.Intra ingaudium Domini tui. Siervofiel,

porque tepuse sobrepocas cosas yfuiste fiel, entra en el gozo de tu Señor

(Mt 25,21). Como si elreyestuviese ensu sala yllamase aun esclavitode

lacocina yle dijese: 'Venacá,entra enla salade tuseñor asentarte a su mesa, ya oírsu música, ya gozarte deloque élse goza;entra enel gozo

que se gozatuseñor":".

Recordemos que elmanjar no es solo alimento: es una comida exquisita, un "recreo odeleite que fortalece yda vigor alespíritu?". De ahí esta vinc

u-lación que Ávila establece entre el manjar yelgozo. Deigual modo la música

busca recrear eloído y conmueve lasensibilidad. Conocer, amar, ver a Dios, equivalen algozo de un banquete preparado por elmismo Dios.

Elhecho de que ver a Dios se identifique con comer ybeber tiene su

fundamento en un versículo que Ávila citó de memoria y que, a su vez,

apunta laidea del cielo como cumplimiento de la Alianza: Viderunt Deum

Israel et comederunt et biberunt". Setrata de unas palabras de Éx24,10.11,

elpasaje en que Moisés, Aarón, Nadab, Abiú ylos setenta ancianos de Israel subieron (ascenderunt) al monte Sinaí, en el contexto de ratificación de la Alianza,yvieron aDios; no perecieron con esta vista, sino que tuvieron vida

-comieron y bebieron-o Así, Ávila,que no mencionaba la Alianza de modo

explícito -recuérdense sus dificultades ylasde sus discípulos por su origen judeoconverso-, aludía veladamente a ella yleíael Nuevo Testamento como

42 Íd.,n.8, 232.

43 Sermón 79, n.13,OCIII,1068-1069.

44 Acepciones2y3 delDiccionario de lalengua española delaRealAcademiaEspa -ñola(23aedición, enlínea:http://dle.rae.es!?id=OErwq5c).

45 Sermón 18, n.7,OCIII,231;lo repetía traducido eneln.8,232:Vieron alDios de

Israely comieron y bebieron.

(10)

EL CIELO. HISTORIA YESPIRITUALIDAD

cumplimiento de las promesas del Antiguo, y este como figura de aquél". Señalemos, además, que en las citas del NT,junto a Mt 25,21 destaca la de

Lc 22,28-30, donde la promesa de Jesús a los discípulos de que comerán y beberán asu mesa cuando él reine es una promesa hecha a los que han

perseverado con él en sus pruebas (v.28).Esdecir, adentrarnos en los fun -damentos bíblicos a partir de los cuales Ávila construía sus sermones nos permite descubrir diferentes niveles de lectura -de audición, en elcaso de sus sermones- en los que lashuellas del origen judeoconverso ylas alusi

o-nes a .Ias pruebas ypersecuciones, a veces veladas y a veces explícitas, nos

permiten comprender que estamos ante una predicación que tiene muy en

cuenta alos discípulos y oyentes de esta procedencia y sus problemáticas vitales que élcompartía.

Elacento avilista en lapredicación sobre elcielo consistía en mostrar que setratadel mismo gozo con que se goza Dios;lainvitación "entra en elgozo de tu Señor" de Mt25,21 significabarealmente entrar "a gozar de loque goza él"47.

5. EL LENGUAJE QUE SEHABLA EN EL CIELO: LA CARIDAD

En el Sermón de~jueves de la Ascensión, al desarrollar la imagen del

banquete celestial, Avilatrataba de imaginar el amor que se despierta en quienes gozan de lavisión de Dios'". Intentaba que esta dicha y esta gloria de los bienaventurados fuera apreciada por los oyentes en símisma, para

que no pensasen que el cielo es solo el fin de los sufrimientos de la vida presente. Puesto que elamor es desear elbien del otro, el de los bienaven -turados consistía en desearle aDios mismo infinitos bienes; y alver que los tiene, ymásde los que le podrían desear, sugozo esindescriptible, ungozo proveniente del amor yde la visión de Dios.Ávilapercibía que no era fácil

entender esto: "Yplega aDios que por vuestra vida no osparezca poco [la

46 Los editores de lasObras completas no identificaron esta cita, y remitieron acf ICor 10,3-4: todos comieron la misma comida espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual, unpasaje que alude ala travesíadeIsrael porel desierto,pero que no

menciona alDios deIsraelnitiene relación con laascensión.

47 Sermón 18, n.lO,OCm,233.

48 Íd.,n.9-1O,232. Lohacía apartir de otra citadelAT:"DixitDominus, cuius ignis est in Sion,et caminus eius in Hierusalem (Is31,9)'; Oráculo delSeñor, quetiene un fuego en Sióny un horno enJerusalén; Sión, la atalaya, significaríalaIglesiaterrena, donde existeun fuego de amor de Dios;Jerusalén, "visiónde paz", seidentificaría conlaJerusa

-léncelestial, yacon "un tangrandísimo fuegode amor de aquel Dios",quellega a ser un

verdadero horno.

270

EL CIELO EN LA PREDICACiÓN Y EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DE ÁVILA

gloria de los bienaventurados]; elque no sabe de amor no entenderá qué cosaes la gloría?".

De ahí laimportancia de comprender qué es elamor de Dios-en elsen -tido de amar a Dios-. Ávila,que escribió el Tratado del amor de Dios re fi-riéndose al que Élnos tiene anosotros, porque "lacausa que más mueve el corazón alamor deDios es considerar profundamente elamor que ~os tuvo ÉI"50,hizo también pedagogía de en qué consiste amarle nosotros a El.

Lo encontramos de una manera singular en laCarta 26,Auna doncella que le preguntó qué cosa era caridad: "Pedísme en vuestra carta que os escriba qué cosa es caridad, para que guiásedes vuestra vida por ella">'.Del texto se desprende que loque movió a lajoven ahacer esta pregunta fue la lecturade ICor 13, especialmente la afirmación paulinade que, sinla caridad, "todo valenada", según parafraseaba elMaestro. Élvaloró mucho esta inquie -tud:"no séyoqué mayor cosamepudiérades pedir que esta",pues "quien la guarda dice elmesmo Apóstol que cumple toda laley (Rom 13,8)". Antes de adentrarse enla respuesta, Ávilale señaló elcamino delaoración como lugar debúsqueda, pues se trata, en realidad, de un don divino, de una enseñanza delcielo:

"Ansique, devota esposa de Cristo, suplicad alEspíritu Santo, aquien se

atribuye elamor, que os enseñe en elcorazón qué cosa sealo que pregun

-táis como lo enseñó eldíade Pentecostés infundiéndose enaquellos santos

apóstoles, Que elverdadero Maestro de este lenguaje no es otro sino Él. Porque, équé podía decir milengua terrena dellenguaje que se trata en

los cielos? Eselenguaje es celestial; los que verdaderamente lo ejercitan, los

bienaventurados, los cuales no entienden en otra cosa sino en amar verda

-deramente con todas sus fuerzas anuestro Señor Dios y a todo aquello que Élquiere que amen">'.

La metáfora del amor-caridad como ellenguaje que sehabla en loscielos nos recuerda la importancia de loslenguajes en la primera parte delAudi,fi -lía;una reflexión inspirada allíenlaideapaulina de que lafe viene "mediante el oír" (fides ex auditu, Rom 10,17).Ávilacomenzaba su tratado explicando que cuando loshombres fueron creados -AdányEva-,hablaban "un solo len-guaje espiritual",lo cualsignificabala concordia de cada uno consigo mismo,

49 Íd.,n.lO,232. Segúnesto, nuestras dificultades para comprender qué es elcielo provienen, no tanto de laproblemática de construir un imaginario adecuado sobre el

cielo,cuanto delas carenciasodeficienciasdenuestro amor.No comprendemos qué es

elcielo porque no sabemos amar; y, alcontrario, todo aquelque sabeun poco de amor

puede comenzara entender qué cosa es elcielo. so Tratadodelamor deDios,n.1,OCI,95l.

51 Carta26, OC Iv,159. 52 Id.

(11)

ELCIELO. HISTORIA Y ESPIRITUALIDAD

con losdemás y con Dios; este proyecto original fue roto por la soberbia hu -mana, simbolizada enlatorre de Babel, cuya consecuencia fuelaintroducción delenguajes malos einnumerables, que llenan la vida de confusión ytinieblas: loslenguajes delmundo -mentiras y apariencias-, la carne -regalos y deleites -y eldemonio -vanidad, soberbia, desesperación, pensamientos contra Dios-Esta parte de la obra, que constituía un verdadero tratado de discernimienm espiritual, afirmaba la necesidad de oír "a solo Dios",un oír que es por la fe abre ala experiencia de la Alianza-nombrada como sempiterno conCierta!.

"que el Señor sea Dios del hombre, y el hombre tenga alSeñor por Dios;

por Padre">.

Pues bien, el cielo supor;ía alcanzar no solo la audición, sino lavisión de Dios yla comensalidad conEl;eramirarle, conocerle yamarle, como Ávil apre-dicaba. Poreso -volviendo alaCarta 26-, como todavía peregrino, agudizó la incapacidad de su"lengua terrena" para deciralgodel "lenguaje celestial".En realidad, se trataba del contraste entre la situación del hombre caído yla de losbienaventurados, de la diferencia entre elamor propio yla caridad:

"¿Cómo os podré yo decir delamor que ningún interés niamor propio tiene,

ni mira a otro hito nifinsino a Dios, habiéndome dejado mi padre Adam

todo revuelto hacia mi propio interese y vuelto a que me busque a mí en todo? Mirá qué tanto, que aun en lascosas de Dios estamos tan torcidos

hacia nosotros, que muchas de ellaslashacemos por provecho nuestro e

interese, que,aunque las obras sean santas,elamor con que se hacen todavía es propio. Notiene otra diferencia sino que cuando lo buscamos con obras malas corría por elcaño de barro, y después, buscándole por obras buenas,

corre por caños de oro; pero, en fin,hacia nosotros corre. Plegue a nuestro verdadero Maestro, Jesucristo, elcualsiempre buscó lahonra de suPadre,

cuyo amor loabajó a este mundo [...],que abra mi lengua para que os diga algo delo que deseáis'?'.

Ávila resaltaba aquí su condición de "hijo de Adán", según su costumbre de señalar alpecado incluyéndose a sí mismo dentro de su ámbito y situa-ción. Loimportante es que con ello establecía la antítesis entre elamor pro-pioyla caridad. Puesto que uno pertenece al lenguaje terreno, es propio de loshombres terrenales, yelotro es el lenguaje que sehabla en elcielo, este último se convierte en referencia fundamental para la conversión. Alosque buscan aDios, Ávilales diría como a esta doncella: "querría que supiésedes algodel amor que losbienaventurados tienen en elcielo, para que de aquél vengáis a conocer en qué consiste la caridad verdadera". De esta forma, del cielo aprendemos lo que es el amor, la caridad verdadera. Es preciso

53 1AF I,n.63,OC I,434-435.

54 Carta26, OCIv,159-160.

272

ELCIELO EN LA PREDICACiÓN Y EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DE ÁVILA

nerlo en cuenta en nuestro camino, "porque cuanto más [a] aquel amor

te "55 d ."

llegáremos, tanto más tendremos del amor perfecto . La escnpClon

nos . , . nes un

que hacía de este amor es la misma que transmltla en sus serrno : er que Dios sea en sí tan bueno y glorioso como es, un gozarse de ver querÉl todas las perfecciones. Por tanto, aprender dIe o" s santos e amor1 del

~~10"56 significaba vivir ya aquí este deseo del bien de Dios, este querer; Ávila lo enseñaba así:

"Habéis hermana -si queréis andar en perfecta caridad yamor delSeñor el camino 'de esta vida-, de traer unquerer perpetuo, o elmás continuo que

pudiéredes, con que siempre queráis que nuestro Señor Dios, delante del cual habéis de andar, sea ensítanbueno, tansanto, tan lleno de glona como ensí mesmo, ansí con un gozo ycomplacencia en todos los bienes de Dios, holgándoos yregocijándose vuestra ánima en ver que vuestro Señor, ver

da-dero amor tiene todo aquello que merece ensuser infinitamente bueno y

poderoso, de quien recibe todo lo criado seryhermosura, el~ualensím es-010estan lleno de gloria y de bondad, que todos tienen de El necesidad, y

Éldeninguno; este ha deserelblanco donde ha de tira: vuestro amor. Yen

esto dice Santo Tomás que consiste laperfecta caridad'?".

Lacaridad -no lo olvidemos- nace del amor que nos tuvo Dios, que co-nocemos por Jesucristo, "su Hijo benditísimo, nuestro Señor"58. La caridad

contempla en Diostodas las perfecciones ypor eso va unida ala alabanzayal gozo;consiste en querer bien aDios,e,n querer para éltodo bien -sin mezcla deinterés propio- yenreconocer en Elelbien verdadero; esun deseo cum-plído>, eselamor que se despierta alver cómo esDios y, por tanto, alcanza suplenitud y perfección en la visión de Dios en el cielo, como dice en otra

carta asus discípulos:

"...toda la virtud de los cielos te alaba y confiesa por DiosTrino y Uno, Rey infinito,sabio,poderoso, bueno, hermoso, perdonador delos que atise con -vierten, sustentador de los que atisellegan,glorificador de los que te sirven

yDios de cuya perfección no hay fin; porque eressobre todo entendimiento, d 1 d 'd "60

sobre toda lengua,y de tisolo eres e to o conocí o . ss Íd.,160.

56 Id.

57 Íd.,162.

58 Tratado delamor de Dios, n.1,OC I,951.

59 Íd.,162-163:"[elánima] como ve en su Dioscumplido lo que alláquiere, pro -rrumpe luego en hacimiento de graciasporhaberle cumplido sudeseo en bendecirle,

que es elmismo efecto que se sigue alamor delcielo,diciendo elprofeta David:Biena -venturados son, Señor, losque moran en tu casa, que en los siglosdelossiglos te ala -barán (Sal83,5)".

60 Carta 64, OC Iv,287.

(12)

EL CIELO.HISTORIA Y ESPIRITUALIDAD

Enel p~q~eño tratadito sobre la caridad que es laCarta 26, Ávilalogró entrelazar mtimamenre el amor a Dios, el gozo yla alabanza. Puesto que se trata de un "santísimo amor que transforma las ánimas en suAmado", podía fu~damentar con la Escritura la invitación ala alegría: "Alegraos losjustos en el

Senor (Sal96,12). YSan Pablo nos dice: Gozaos en elSeñor. [...] Otra vez os

d~~o que osgocéiS:,(FIp4,4) [.:.) Deleitaos en elSeñor, y daros ha lo que pi

-diéredes (Sal36,4) .y profundizaba en elsignificado de este gozo en elSeñor:

"Este es elgozo en que se alegróla Virgen Santísima cuando dijo:Alégrese

mi espíritu en Dios mi salud (Lc 1,47).Ycon este gozo se alegró Cristo

cuando dice SanLucas que se alegróJesús en EspírituSanto (Lc10,21).Que

su corazón y carne se alegraron en Dios vivo (cf. Sal83,3), lo cualacaece

cuando elánima está consuvoluntad -que corazón allí,voluntad quiere

decir-actualmente amando y queriendo que elSeñorsea ensí quienes.y dela gran redundancia, que procede delalegría que esto tiene, seenciende

lamesmacarne enamor delSeñor'<'.

Así como el gozo del cielo significa gozar de lo que se goza Dios -entra en el gozo de tu Señor-, la alegría del que aún camina en esta vida ha de ser la misma con laque se alegraron María yJesús, que es esencialmente la misma que se experimenta en elcielo: alegrarse en Dios.

De esta realidad beatífica de amor y gozo, que se compara con el"río cau-daloso que alegra la ciudad de Dios (cf. Sal45,5)" nace la otra dimensión del

amor: de aquí "sale el amor del prójimo en elcielo"; lo explicaba así:

"Que como todo el deseoygozode los santos sea verasu Dios -amor verda-dero suyo- lleno de honra y gloria,deaquí salen con un ferventÍsimo amor amar,y querer que todos los santos sean tan llenos de gloria yhermosura como son, y gozarse en gran manera de aquesto, porque en ellos se glorifica yhonra a Aquelcuya honra y gloria solamente pretenden. Yporque la causa de amaralos santos sea esta,deaqui se sigue que más se gozan y quieren

la gloria yhermosura delos mayores santos que de la suya propia, porque vena su bendito Señor más glorificado enlos otros que en ellos.Bienveis,

hermanos,cuál lejos anda de esta santa compañíaelamor propio ylainvidia

quedeél nace"62

La alegría del santo en el cielo es la alegría por la gloria de los otros, una alegría tanto más grande cuanto mayor es esa gloria del prójimo. Lasdiversas mansiones del cielo (In 14,2), los distintos "grados de gloria en los bienave n-turados" son motivo de alegría, pues todos son conformes al querer divino; es una diversidad que "hermosea la ciudad de Dios".

61 Carta26, OCIv,162.

62 Íd.,161.

274

ELCIELO EN LA PREDICACiÓN YEL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DEÁVILA

6. LA MEDITACIÓN SOBREEL CIELO

Meditar sobre el cielo ha de formar parte de laoración del cristiano. Enel

Audi,jilia, Ávilarecomendaba tener dos ratos de oración aldía, por lamañana

yal anochecer, dedicados ala meditación de la pasión de Cristo yal ejerci -cio del "propio conocimiento" respectívamente=. En la primera, distribuyó

la materia por los días de la semana, comenzando el lunes por la oración en el huerto y el prendimiento; al llegar aldomingo señalaba: "ya sabéis que es

diputado alpensamiento de laresurrección ya la gloria que en elcielo poseen

los que allá están, y en esto os habéis de ocupar aquel día"64. La temática de

la pasión no se separaba de lade la resurrección yla gloria, sino que esta era

su culminación ylaluz que lallenaba de sentido: significaban la "libertad y

descanso" que Jesucristo nos ganó con su entrega'>, Elcielo, la gloria de los

santos, laparticipación de los hombres en laresurrección y gloria, aparecían así insertos en elmisterio pascual, como cumbre del movimiento ascendente

de Cristo, en el que entramos incorporados a él.

Pero también encontramos esta realidad en laoración de propio conoci -miento. AquíÁvilarecomendaba considerar tres cosas. Enprimer lugar,nues -tro "ser",nuestra condición de criaturas, remontándonos alpaso del no-ser al ser: "miraos a vos, no como ahechura vuestra, sino como una dádiva de Dios,

que os hizo merced de vos a VOS"66E.nsegundo lugar, nuestro "bien ser", es

decir, elrecuerdo constante de la misericordia de Dios, que nos sacó, sin me -recimiento nuestro, de lastinieblas a su luz admirable (IPe 2,9), de modo que

no nos atribuyamos anosotros mismos elbien que en nosotros hay; se trataba

de "conocer aDios por causa de vuestro bien vivir"67.Por último, invitaba a

considerar nuestro "bienaventurado ser";este párrafo, que desapareció de la

segunda edición delAudi, filia -póstuma- por su radical acento en la gracia,

era una llamada a vivirla absoluta dependencia de Dios: "conoced que estáis

colgada de Ély todo vuestro bien depende de su mano bendita". Aquí, el cielo aparecía como el findeseado, como eldestino último, que no podemos

pretender alcanzar por nuestras propias fuerzas, sino por la gracia de Dios:

"Lo cual[lareflexiónsobre la eterna predestinación

1

no se os dice para que cayáis en desmayo ydesesperación por vercuán colgada estáis delasmanos

de Dios,maspara que tanto con mayor seguridad gocéis de la gracia que

Diososha dado, ytengáis confianza enlamisericordia deÉl,que acabaráen

63 1AF 1I,n.18,OC1,445.

64 Íd.,n.47,460.Lomismo recomendaba en sus cartas:Carta5,OCIv,36.

65 1AF 1I,n.47,OC1,460.

66 Íd., n.37,453.

67 Íd., n.39,454.

(13)

EL CIELO.HISTORIA Y ESPIRITUALIDAD

voslo que ha comenzado, y os hará merced de osllevaralcielo, cuanto Con mayor humildad y profunda reverencia y santo temor estuviéredes prostrada a suspies,temblando de vuestra parte y confiando de la suya"68

Así,la meditación sobre el cielo aparecía en los dos tiempos largos de

oración que Ávila recomendaba: en el de lapasión de Cristo, que abarcaba

todo el misterio pascual, y en la oración de propio conocimiento, en el que

laperspectiva escatológica en una línea de personalización debía inducir al

temor humilde y ala confianza en Dios.

Además, la encontramos también como parte de una metodología para

entrar en los tiempos de oración o en lascelebraciones litúrgicas, particular

-mente la eucaristía: aquí constituía una referencia para despertar elsentido de

la presencia de Dios. Empleaba lasimbología de la corte celestial, muy común

en la época. Así, alsacerdote que se preparaba para lamisa, le aconsejaba:

"Acostumbre a sentir loque deber ser lapresencia del Señor, aunque otra consideración no tenga. Mirea losque están delante losreyes, aunque no digan nada; aquella mesura, reverencia yamor con que están, siestán como deben. Masmejor espensar cómo están en la corte del cielo aquellos tan

grandes en presencia de lainfinita Grandeza, temblando de su pequeñez y ardiendo en fuego de amor, como arrojados en elhorno de él.Haga cuenta

que entre élentre aquellos grandes tan bienvestidos, tan bien criados, tan

diligentes en elservicio de su Señor; y,puesto entalcompañía ypresencia detal Rey,sienta loque debe sentir, aunque, como digo,no tenga entonces

otra consideración. Quiero decir queuna cosa essaber hablar al Rey,y otra

saber -aunque callando- estar delante del Rey,para estar como se debe

estar.Y estaunión de su alma con nuestro Señor esla que hade tener enla

misa, colgado de él[...]"69

Por otra parte, hemos señalado cómo la visión de Dios en los bienave

n-turados valigada alamor de Dios yal amor del prójimo. Por eso, de la consi

-deración -o meditación- de la gloria se debía seguir un aprendizaje del amor

y una experiencia anticipada de la misma. Aladestinataria de laCarta 26 le

decía: "Y siqueréis ver laexcelencia de este amor, ejercitadlo, y veréis cómo

no se satisface elánima sino alaba alSeñor". Esdecir, elalma experimentaría

en sí "el mismo efecto que se sigue alamor del cielo'?".

Hay, por tanto, que orientar toda la vida a aprender a vivir en "perfecta

caridad, la cual no busca interese, sino sola la gloria del Señor". Elcamino

del cielo, que se aprende de los bienaventurados, es un camino de pu

rifi-cación del amor -no de perfección en sentido moral, pues no somos hijos

68 Íd., n.45, 458.

69 Carta6.A un sacerdote, OC Iv, 42-43.

70 Carta26, OC rv 162-163.

276

EL CIELO EN LA PREDICACiÓN YEL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUALDE SAN JUAN DEÁVILA

perfectos-, acoger del mismo Cristo una dinámica que nos libera de nuestra

tendencia avolvemos sobre nosotros mismos. Sinduda, como hemos dicho

reiteradamente, el cielo es referencia y esperanza; pero Ávilaadvertía que,

en este camino de purificación del amor, pensar en elcielo podía convertirse

en propio interés, contrario alaperfecta caridad; es decir, nos podría llevar

a servir alSeñor "por retribución". Por eso, decía: "Siquisiéredes alguna vez

ponede avuestra ánima delante el premio que lahan de dar por lo bueno

que hiciere, para animada a buen obrar, no sea este elúltimo fin,sino querer servir alSeñor"?'.

Así,Áviladistinguía laesperanza cristiana del propio interés yamor servil. Y defendía también la posibilidad de experimentar en esta vida el gozo del

cielo, pues va vinculado aeste amor de caridad. Comprendía los argumentos

de dificultad, laexperiencia de tristeza ytibieza en el alma cuando parece "que

en ninguna manera puede entrar en ella alegría". Pero frente a esto, insistía

en lacaridad como "unquerer, con que quisiéredes que el Señor fuese en sí

quien es", un querer que se puede tener -con lagracia de Dios- aunque el

corazón esté seco ytríste'". No hay que confundir lacaridad con elgozo, sino

perseverar en la caridad y esperar el gozo como don: "Que elgozo que de aquí

sesigue y alegría enelSeñor, eso esfruto de Espíritu Santo (d.GáI5,22), que

se sigue de esta caridad cuando nuestro Señor quiere con más familiaridad

comunicarse?". La caridad perfecta, en el cielo, va unida al gozo; pero en

nuestro caminar hay que distinguir caridad y gozo, porque latentación co n-siste en buscar elgozo, la consolación, y así, en definitiva, a uno mismo. Del mismo modo enelamor alprójimo: "elamor del prójimo consiste en un que -rer dela voluntad con que queráis el bien del prójimo; elgozaros del bien del prójimo ysentir gran dolor con el pecado que comete, eso es una dádiva del

Señor más especial, que la da Élaquien es servido"?". El hombre ha de poner,

con la gracia de Dios, elquerer en que consiste la caridad, yDios da elgozo que sele sigue como fruto del Espíritu. Esla experiencia anticipada del cielo.

7. SER RECIBIDO COMO HIJO YPARTICIPARDE LAHERMOSURA DE DIOS

Como hemos señalado, el sentido del cielo en Juan de Ávila es comple -tamente cristológico. Tiene su fundamento en la mediación de Jesucristo y,

por tanto, no podemos pensar nuestra entrada en el cielo sin élo fuera de él.

71 Íd, 163.

72 Id.

73 Íd., 164.

74 Íd.

(14)

EL CIELO. HISTORIA YESPIRITUALIDAD

Inspirándose enEf 1,3-7, predicaba en]ueves Santo sobre eldesignio amoroso

de laTrinidad: "en aquel secreto de laeterna predestinación, aun antes que el Hijo de Dios se encarnase, fue hecho concierto que, por amor de nuestro

Señor Jesucristo, fuesen amados yrecebidos por hij<?s,hechos agradables y amigos los que fuesen hechos hijos espirituales de El, hermanos, cuerpo y esposa?". Nuestra entrada en el cielo es el cumplimiento de este querer de Dios, realizado por Jesucristo. De ahíque laascensión misma de]esucristo sea el comienzo de nuestro subir alcielo: "hoy sube]esucristo alcielo atomar la

posesión por síy por ti. [... ]Reinando Cristo, reinamos todos con Él"76. Esta esperanza transforma elsentido de lavida yde lamuerte de aquellos

en quienes está verdaderamente viva. La tibieza proviene de no tener esta

esperanza y,por elcontrario, albergarla da fuerzas para llevar laspenalidades

con alegría y nos hace fácilservir aDios; no quiere ofenderle quien cree que, en lahora de lamuerte, podrá verle y entrar en su presencia: "Ya sabes que de aquí a poquito te has de morir yha de enviar Dios asus ángeles por ti,para

sentarte con los príncipes de su gloria'?".

Ávila no solo predicaba esto en general, sino también 10comunicaba de modo más cercano ypersonal aquienes habían sufrido pérdidas y aquienes

estaban próximos amorir. Así,alconsolar a un amigo por elfallecimiento de

su hijo, ledecía: "No penséis que se os ha muerto, pues no es muerto quien

con Dios vive.No 10lloréis, pues élgoza de lafuente perpetua delaalegría"78.

Adon Antonio de Córdoba, hijo de lamarquesa dePriego yjesuita, leescribió

cuando supo que estaba cercano su fin, en tono de ánimo y despedida: "vaya enhorabuena aver a todo el Bien yposeerlo eternalmente". Asícomo San Francisco llamaba hermana alamuerte, Ávilallamaba bienaventurada su hora:

"iOh,qué bienaventurada hora delamuerte corporal, pues porella se sube atenersilla conlospríncipes que siempre vivenenelacatamiento deDios! iOhdía,fin de los trabajos,fin de pecados, yen el cualelhombre sube a

comenzar a serviralSeñor de verdad, donde se consuela por los servicios

tan imperfectos que acálehizo!iQue acá andaelhombre cosqueandoy ham-breando con deseo de agradaraDios yde servirle contodo sucorazón, yen

elcielo cúmplese estedeseotancumplido,quetodoelhombre esempleado

enelservicioyalabanzadeDios, sin quealguno se entremeta aloimpedir!'?",

Y tras invitarle allamar a]esús ya María,le exhortaba a morir con Cristo y en su espíritu yleencomendaba a él:

75 Sermón34, n.24, OCIII,425.

76 Sermón 18,n.25,OCIII, 240.

77 Íd.,n.13-14,234-235.

78 Carta107,OC

r

v

424.

79 Carta145, OC Iv,499-500.

OEN LAPREDICACiÓN YEL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DE ÁVILA

ELCIEL

., I acompañe a su muerte ylereciba

"Cristo,queporvuestramerced muna, e , .. susbrazos salido de esta vida. Dígalevuestramerced 10que Eldijoa su

;:dre: Inmanus tuas,Pater,commendospiritum me~m (Lc23,46). Yespe

-d misericordiaqueserábien recebido comohijo,ytratado como tal

ro esu . "SO

heredero deDios, yjuntamente heredero deCristo .

orires un subir alcielo, acompañado de Cristo, en él,para "ser

Por tanto, m 1 ..

recibido" por el Padre, y ser recibid.o "como hijo": entrar en a expenencia

lena de la filiación que Cristo nos dio. .

p En un Sermon' en la int':.r1"aoctaua del Corpus.." ", evocabade.lpasajde de Mt25I

- 1 l alar de las obras de misericordia - porque ieron e comer a

para sena are v . bl "82 como

hambriento Y de beber alsediento, e hicieron obras semeja es...

-al o ue Cristo recibe como hecho asu propia persona. Pero,.tras h~cer un

g .rid ellas advertía: "no debe pensar elcristiano que, SIvaalcielo, va

recorn o por , bai . ,.

alláporque sus obras solas lo ganen; acosa gana~a :~, y por tra ajosJUStISI

-" Subrayaba laprioridad de lagracia ylamediación de Cristo: mas.

"Parécele alhumano corazón cosadesproporcíonada que un hombrecillo

concebidoen pecado,lleno demuchasmiserias(cf. SaI50,7;]ob 14,1),suba alas alturasdel cielo con nombre dehijo deDiosagozarde ?IOScomode propiaherencia, limpia, incorruptible, que nunca semarchita, como dice San Pedro (lPe 1,4). Mas siconsideramos que pa:a que el hombre tanbajo subiese aDiosdecendió Diosdelos cielos,haciéndose hijo de unamujer, Viviendo vidahumilde ymuriendo en cruz,lugar más bajo que todos los

fi "83 hombres, esforzárasenuestro corazón contodacon lanza .

Por último Ávila expresó con mucha frecuencia laidea de que el cie~o suponía la cul:rünación del proceso de "hermoseamiento" del alma, esdeCl,r,

de divinización del hombre; proceso iniciado yaen esta vi?a yque suporua

la acogida de la redención realizada por Cristo, que tomo nuestra feald;~

para darnos su hermosura. Esta era una de las líneas ,de fuer~a del Au /' filia pero también lo transmitió en sus sermones. AsI, en el}ueves. ~e a

Asc~nsión, apoyándose en el pasaje de íjn3,1-2, decía a modo de dialogo con los oyentes:

dí , "leseierimus Seremos se-"-Cuando enhorabuena amanezcanuestro la,stmt .

mejantes aDios:Dioshermosoytúhermoso, Dios poderosoy tú poderoso,

Diosbueno y tú bueno,Diosimpasible ytúimpasible,DIOSbienaventuradoy

80 '

Id.,501. 6 "S· . anducaverit ex

81 Sermón 43,OC III,569-586.Escogiópor"tema"jn ,52:.. z,qutsm: re"

bocpane, vivetin aeternum. Sialguno comiere de estepan,vrvira para siemp .

82 Íd.,n.18,573.

(15)

EL CIELO. HISTORIA Y ESPIRITUALIDAD

tú bienaventurado. -¿De dónde nacerá tanto bien? -Porque veremos a Dios así como es Dios"84.

La eucaristía, como sacramento de unión y de amor, realiza de modo sin

-gular este proceso; en la comunión seinicialo que esperamos viviren elcie! . que, por Cristo, "poseeremos por nuestro el corazón de suEterno Padre"·~~ gloria que ~Ida a su Hijo descenderá anosotros como miembros suyos, 'de modo que El,el Padre, "nos hermosea, nos cura, nos viste y nos mira como a cosa conjuntísima con suunigénito Hijo?".

En definitiva, este sentido cristológico de la esperanza del cielo hace que, tener ono esta esperanza, marque ladiferencia entre aquellos que han reci

bi-do labuena noticia deJesucristo yquienes, por elcontrario, no ven más allá de las cosas terrenas. Esta esperanza nos hace buenos porque, quien latiene,

busca asemejarse a aquel a quien desea yama: "como Dios es limpio, quiero yo ser limpio; Dios es santo, quiero yo ser santo; Dios es piadoso, quiero yo ser piadoso; Dios manso, quiero yo ser manso'f". Quien tiene esta esperanza busca la verdadera caridad, porque ese es el lenguaje que se habla en elcielo. Ama, porque en amar consiste la gloria.

84 Sermón 18,n.16, OCIII,235.

85 Sermón34, n.30, OCIII,427.

86 Sermón 18,n.17, OCIII,236.

(16)

ÍNDICE

Introducción

María del Mar Graña Cid 13

Los autores 29

LOS MARCOS DE INTERPRETACIÓN

Losprimeros viajes al cielo. Recorrido por el Medio Oriente antiguo

Marta García Fernández 37

Elcielo en San Agustín

Marie-Anne Vannier 59

INSTRUMENTOS DE COMUNICACIÓN CIELO-TIERRA

"Laliturgia presupone elcielo abierto". La dimensión escatológica de la

liturgia enJ Ratzinger

Lino Emilio Díez Valladares 69

'1'\realibus ad realiora ".Lafrontera de la visión celeste en el arte y en la

mística según Pável Florenski y Viacheslav Ivánov

Francisco]osé López Sáez 89

EL CIELO DE LOS MÍSTICOS

Elbeso del cielo, según Matilde deMagdeburgo

Silvia Bara Bancel 115

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