proyecto de grado dirigido por Eliana Sanchez Aldana
E S T R U C T U R A N D O
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A U S E N C I A S
En el Valle de Ubaté, Cundinamarca, aún se preserva el quehacer de la lana a manos de mujeres y hombres que habitan en un territorio no muy lejano de la capital, y comparten saberes por medio de una tradición oral que sostiene y entreteje una memoria campesina. Estas mujeres y hombres son maestras y maestros artesanos quienes atesoran un conocimiento que no ha podido ser traducido a escrituras convencionales, sino que se manifiesta en códigos distintos, invisibles, que se apropian del cuerpo mismo y se incorporan de tal forma que para comunicarlo, deben intervenir las manos y el material. Es así, que el aprendizaje del tejido requiere vivir y sentir, estar presente, para conformar textiles tanto de manera física como metafórica.
En este proyecto, el textil se entiende como un conjunto de tramas tangibles e intangibles, impulsadas por movimientos y fuerzas que se manifiestan en el hacer y que se comunican desde la experiencia por medio de lenguajes alternativos. De esta forma la pieza final- el tejido- se ve representado no solo en una dimensión palpable, que es la que podemos observar y la que decora los talleres y casas de los artesanos, sino que se construye desde otra dimensión; una intangible, no visible a los ojos del espectador, que exterioriza y captura el espíritu y la conciencia del hacedor e impregna lo textil. Cada pieza que se teje es en sí un documento que recopila la manera en que se transforma la materia y el artífice, quien con sus manos en contacto con el instrumento con que teje, realiza un movimiento que va a distintos ritmos, y que se armoniza con el entorno y las dinámicas que suceden alrededor del proceso del tejido, originando múltiples tensiones evidenciadas en el textil.
resumen
Estructurando Ausencias - tejidos intangibles, hace de lo imaginado algo presente, una pieza que vive y respira, que libera y repara.
Juliana, Margarita, Amalia, Teresa y Luz María.
A los artesanos de Cucunubá, a Graciliano y Tulio, por acompañarme en los recorridos, brindarme su apoyo y sus conocimientos tan valiosos.
• Í N D I C E
I N T R O D U C C I Ó N
- Presentación del proyecto ··· p . 12
- Descripción del problema ··· p . 13
- Propósito ··· p . 15
- Objetivo ··· p . 16
- Metodología ··· p . 17
C A P Í T U L O 1 • Marco Conceptual ··· p . 18
1.1 Territorio ··· p . 20
1.2 Memoria Campesina ··· p . 22
1.2.1 Tradición oral ··· p . 23
1.3 El textil • como código y lenguaje ··· p . 26
1.3.1 Sabiduría • forma de conocer el textil ··· p . 28
1.4 Un movimiento • a distintos ritmos ··· p . 30
1.4.1 Corpóreo • el cuerpo como instrumento ··· p . 31
1.4.2 Instintivo • el movimiento inconsciente de la mente ··· p . 34
1.4.3 Espiritual • la reflexión del alma ··· p . 36
C A P Í T U L O 2 • Etnografía ··· p . 38
2.1
Artesanas y ··· p . 422.2 Primeros acercamientos ··· p . 50
3.1 Preguntas ··· p . 66
3.2 Conceptualización ··· p . 67
3.2.1 El recorrido del tejido. ··· p . 68
3.2.2 Estructurando ausencias. ··· p . 69
3.2.3 Diseños invisibles. ··· p . 70
3.2.4 Documentos ambiguos. ··· p . 71
3.2.5 Una transformación. ··· p . 72 3.2.6 Diarios del tejido ··· p . 76
3.3. Propuesta de diseño ··· p . 78
3.4. Referentes ··· p . 80
C A P Í T U L O 4 • La pieza ··· p . 84
4.1 Experiencia silenciadora ··· p . 86
4.1.2 Pruebas de sonido ··· p . 88
4.2 Exploración y Diseño ··· p . 90
4.2.1 Trabajo compartido ··· p . 92
4.2.2 Tensiones ··· p . 94
4.2.3 Bocetos ··· p . 96
4.2.4 Material ··· p . 98
4.2.5 Pieza final ··· p . 100
- GLOSARIO ··· p . 121
que hay por recorrer son incalculables, pero quien se atreva a conocerlos se encontrará con tesoros ancestrales, que ni el tiempo ni el espacio han sido capaz de alterar. Pude haber permanecido allí un rato, pero decidí quedarme, porque es ahí donde todavía soy una niña que juega entre los árboles y no le teme a perderse, porque sentir la compañía de la conciencia pura de los habitantes es todo un rito para curar pesares, y porque “son en los lugares más cercanos a la naturaleza donde el hombre puede embellecer su alma” (Maturana, 1984) y dejarse transformar.
I
N T R O D U C C I Ó N
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p r e s e n ta c i ó n d e l p r o y e c toReconocerse a uno mismo como un individuo que convive entre ambientes y dinámicas sociales ajenas y distantes a nosotros, pero que construyen la esencia de lo que somos hoy en día; este es el manifiesto con el que nace mi proyecto.
Un proyecto que combina el diseño con el estudio del ser humano, en este caso, la población artesana del campo colombiano, logrando un acercamiento antropológico del tejido de la lana a partir de una exteriorización de los saberes y sentimientos de quienes perpetúan el oficio. Partiendo de una observación de la materia y la técnica junto con las distintas tensiones que se generan cuando se está tejiendo, se llega a una exposición sensorial de piezas textiles hechas en lana, diseñadas y elaboradas a partir de un trabajo de co-creación con los artesanos y artesanas, logrando incorporar lo más íntimo del hacedor en el tejido.
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d e s c r i p c i ó n d e l p r o b l e m aA través de visitas realizadas a la comunidad artesanal del Valle de Ubaté me he dado cuenta que los saberes que representan a la comunidad artesana de la región, se caracterizan por ser expuestos mediante una experiencia de correlación entre la labor y el artífice, resguardados en la memoria de cada uno y que son compartidos por medio de una tradición oral que se ha mantenido por generaciones. He encontrado también que por la misma complejidad y rasgo empírico del conocimiento, no se han podido consignar en libros o piezas tangibles que traduzcan de manera satisfactoria el rango de códigos no-verbales que este constituye, lo que significa que no existe ninguna forma de registro que que permita transferir el conocimiento entre individuos. Por consiguiente se da una pérdida de la tradición del quehacer manual entre generaciones, no solo dentro del Valle de Ubaté, sino un desentendimiento por parte de otras comunidades que no logran comprender las implicaciones del trabajo.
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p r o p ó s i toReconocer el valor de la tradición campesina artesanal en el Valle de Ubaté, por medio de la incorporación de los saberes no-verbales dentro de códigos que sean comprendidos por quienes somos ajenos.
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o b j e t i v o·
g e n e r a l·
Explorar las relaciones existentes entre el tejedor/a y el textil a través del quehacer, para traducir los lenguajes no verbales que estructuran el tejido como un agente social.
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e s p e c í f i c o s·
• Interpretar las distintas fuerzas que coexisten entre el hacedor y su instrumento por medio de los distintos movimientos (mente, cuerpo y herramienta) que se generan durante el quehacer, para entender los cimientos de transformación dentro del textil.
• Representar las distintas “profundidades” del textil a través de
una exploración del proceso del tejido, para abordarlo como un agente que mantiene su propia “corporalidad”.
• Analizar las formas de transmisión del conocimiento del
quehacer, por medio de una interacción directa con los artesanos y los artefactos, para plasmar las distintas dinámicas que surgen entre el hacedor y su contexto.
• Materializar las respuestas inconscientes de la mente del
artesano durante el proceso del tejido, a través de una exploración y reconocimiento de las narrativas que surgen de la misma, para interpretar las experiencias y saberes dentro de lo material
.
La metodología utilizada se enmarca en una exploración del territorio, que luego se concentra en un análisis de ambientes específicos donde se observa el quehacer de la lana dentro de un contexto más íntimo (doméstico), para así entender las dinámicas que surgen a través del tejido.
• Revisión de literatura
Se realizó una revisión literaria en busca de referentes que se relacionados con el textil en diferentes dimensiones y con los que pudiera crear un marco conceptual que lograra contextualizar el campo de estudio al que me dirigía.
• Análisis de ambientes específicos
Para el análisis de los ambientes específicos, lo hice a través de salidas de campo al Valle de Ubaté, donde interactúe directamente con artesanos que manejaban en telar horizontal y las dos agujas. Esta fase de la investigación se divide en dos partes, la primera es un acercamiento más amplio del contexto, en donde me limité a realizar una observación “lejana”, es decir, no interactuar dentro del quehacer, sino captar posibles hallazgos por medio de conversaciones no guiadas y reconocimientos
visuales. En la segunda parte, me propuse a realizar una observación participativa, en donde mantuve una interacción más directa con la labor y con los mismos artesanos. Lograr sentir el material desde el quehacer, aprender de los maestros artesanos y ser parte de las dinámicas que se generan durante el tejido eran mis objetivos principales.
• Interpretación
Por último, la fase de interpretación, en donde me dediqué a traducir los códigos que había distinguido tanto en la primera como en la segunda fase de la observación, creando una unión entre lo que los artesanos me narraban, lo que el territorio me manifestaba y lo que yo logré sentir. Todo esto materializado en códigos no verbales, pero que lograban exteriorizar el mundo que se escondía en el Valle de Ubaté.
· C A P Í T U L O 1 ·
M a r c o C o n c e p t u a l
El texto que se presenta a continuación expone un acercamiento conceptual del proyecto, a partir de una revisión literaria en donde se examinan discusiones que respaldan la idea del textil, no tanto como producto sino como agente social que genera memoria dentro de una comunidad. En primera medida, se hace énfasis en ideas que formulan una contextualización del problema, y sustentan el objetivo general del proyecto. Para esto se asocian conceptos como “memoria campesina” y “tradición oral” que establece el contenido inicial para el entendimiento de las tradiciones y formas de conocimiento dentro del Valle de Ubaté. Se explora entonces el textil como pieza que incorpora códigos de lenguaje en distintas dimensiones, generando flujos que alteran una coexistencia entre el artesano y el ambiente (Arnold & Espejo, 2013) y que serán presentadas a partir de dos pilares principales: El movimiento y
La transformación. El primero como generador de fuerzas que construye
una conexión entre el cuerpo, la mente y el alma del artesano, y el segundo como consecuencia de éste entramado de flujos, logrando no solo la transformación de superficies, sino de personas mismas.
Se propone un desarrollo de los temas, de manera tal que se comprendan cada uno como una capa que se revela para llegar al interior de una superficie. De esta forma se contemplan distintas “profundidades” a lo largo del texto, en donde en primera medida, se percibe el espacio exterior haciendo referencia el contexto geográfico y cultural del Valle de Ubaté, para luego, como capa intermedia, adentrarse a la vida de los artesanos y explorar el quehacer dentro de sus costumbres. Finalmente se profundiza una última superficie que exterioriza los saberes de los/ las creadores y desvela las fibras ocultas del textil. Todo, desde las voces mismas de los artesanos.
1.1 _ T E R R I T O R I O
Las montañas que esconden el Valle de Ubaté permiten conservar el quehacer gentil de la lana, preservando un oficio artesanal “labrado por aquellos que tras el rastro de sus manos, dejan en evidencia la pasión por su trabajo” (Conde, Gómez y Moreno, 2014).
Los diez (10) municipios que conforman el Valle se distribuyen a lo largo del norte de Cundinamarca, uno de los treinta y dos (32) departamentos de Colombia ubicado en el centro del país. La capital provincial del valle es Ubaté y gran parte de la región descansa sobre una antigua laguna de la que hoy en día deja sus rastros en las lagunas de Palacio, Cucunubá y Fúquene. Rodeado de cerros llenos de bosque y con una temperatura promedio de 14 ºC, hacen que la minería, la agricultura, la ganadería y el comercio sean las actividades económicas principales. Esta última se basa en la producción de lana, una actividad que lleva consigo una tradición que traspasa generaciones de ancestros y que hasta el día de hoy se considera intacta.
Me adentré a la tierra que vio crecer a mi abuelo y me encontré en la mitad del campo, agitada por vientos fríos que logran la persistencia del uso de la ruana entre sus habitantes y me perdí entre las calles de los pueblos que albergan los talleres de maestros que las elaboran.
Me percaté de la resistencia de los saberes que no solo resguardan los artesanos dentro de estos talleres, sino de toda una cadena productiva
que gira en torno al proceso de la lana; la cría de las ovejas, el esquilado y el hilado. Un proceso que empieza en veredas cercanas a los pueblos, donde las manos de las hilanderas transforman lo más puro de la materia, en delicadas fibras capaces de sostener superficies enteras de narrativas, incorporadas en el tejido que se elabora en el telar horizontal y en la técnica de dos agujas.
Habitaba en territorio de sabios, fieles a sus costumbres, quienes desde muy temprano recorrían los campos para halagar el ganado y se decidían a medir el paso del tiempo a partir de sus quehaceres. - No percibí estar entre extraños.
1.2 _ M E M O R I A C A M P E S I N A
Son los artesanos y las artesanas, quienes atesoran saberes intangibles en la memoria y que por la misma estructura y complejidad del conocimiento, no pueden ser traducidos en piezas escritas. Un aspecto, según Herrera y Redfiled (1942) del aislamiento de sociedades campesinas y de su tradición, es la ausencia de libros, logrando así que no exista ninguna forma de reconocimiento consignado que pueda ser transferido entre individuos. “No puede haber un sentido histórico” de la comunidad (Herrera y Redfiled ,1942) que registre el recorrido de saberes que construyen una sociedad, por lo tanto no puede haber memoria. Sin embargo, no me atrevo a concluir que son solo los libros los que protegen al ser humano del olvido, mucho menos de aquellos que resisten y preservan una tradición oral como forma de comunicación y de trasmisión de conocimiento. Recorrí las calles empedradas de Cucunubá, observando las puertas a medio abrir de las casas de los vecinos y esperé a Graciliano1 en toda
la esquina de la plaza principal. Allí, él tiene su taller donde también vende los productos que el mismo elabora y donde me recibió como si me conociera de otra vida. – Eso mismo percibí yo.
Sus relatos eran honestos y precisos, lograban transportar a cualquiera al
1 Remitirse al capítulo 2 donde se presentan los artesanos que tuve la oportunidad de conocer, quienes con gran cariño me abrieron la puerta de sus talleres y sus casas.
lugar exacto en donde su hermano le enseño a tejer cuando era joven y había por cada casa un telar. Entre sus historias, las de Tulio, William y las de Bernanda, Margarita y Juliana, todos maestros del quehacer textil de la lana, descubría paisajes distintos representados por la imaginación misma de quien me los narraba. Conviví con los ancestros que encarnan el origen de lo que hoy en día persiste como sustento y anhelo; el oficio del tejer, y entendí que un pasado no se puede transcribir en hojas de papel cuando la memoria misma guarda con exactitud cada trazo.
El detalle no está en los sucedido, sino en la forma en que se cuenta y se trasmite cada fragmento. Contrario a lo que Herrera y Redfiel (1942) proponen, donde el conocimiento de un pasado no puede ir más allá de la memoria y las conversaciones entre jóvenes y adultos mayores (p.19), existe un modo de concentrar los saberes intangibles en traducciones que no solo caben en textos escritos, sino que se componen de un “lenguaje visual en elaboración” (Arnold & Espejo, 2013, p.313).
1.2.1 Tradición Oral
Los relatos se reservan en cada esquina del territorio y son los mismos que han descrito el paisaje del Vallé por muchos años. Son historias compartidas porque nada se esconde, encantadas, porque se viaja a mundos distintos y no egoístas porque narran cada detalle no solo con la voz, sino con el cuerpo, y el espectador, el afortunado participe de la experiencia, escucha con atención- oye con el alma.
En medio de tanto silencio que se percibe en las mañanas, escuché a Bernarda mientras me invitaba a tejer con ella en su casa en Tausavita, una vereda en la cima de una montaña entre Cucunubá y Ubaté. Teje en dos agujas desde que tenía veinte años, aprendió por la madre de una de sus vecinas quien le regalo sus primeras agujas. A partir de ese momento no ha dejado de practicar el oficio, porque representa un desapego del mundo que la rodea, es una distracción y una cura a sus ahogos. Permanecí casi toda la mañana escuchando a Bernarda, Margarita y Juliana, vecinas, artesanas y cómplices de recuerdos. Me reconocí entre las risas y cuentos y me di cuenta que es por medio de una tradición oral, casi efímera que las memorias son compartidas. Son saberes que vale la pena rescatar e interpretar, tal como lo ilustra R. Harrison (1994) “El análisis de los orígenes de esta tradición oral facilita nuestra comprensión y apreciación del penetrante formulario de los enigmas, cantos, mitos, y narraciones que sobreviven en las comunidades” (p. 120).
Lo que se habla, nunca se calla, permanece en el tiempo y es entendido solo por quienes habitan las tierras lejanas del Valle. Pero es esa idea de subsistir, de permanecer, de “estar ahí” lo que motiva al ser humano para establecer su propio reconocimiento. Si no es percibido, no existe. Pude entender esa lejanía, no solo del espacio, sino la percepción misma de desalojo. Entre callejones, el silencio es notorio y tranquilo, pero el sentimiento de desapego es abrumador y comprendí que era el desconocimiento el que me mantenía alejada tal como propone R. Harrison (1994): “la dificultad reside en la traducción de una mensaje repleto de creencias culturales. La interpretación involucra un cambio de códigos” (p.118).
No eran solo sus saberes los que se me hacían ajenos, lo eran también todas las dinámicas que surgían a través del tejido: la comida que se comparte cuando se reúnen todas en la casa de Bernarda, los secretos que se atreven a revelar, las canciones que escuchan mientras tejen y el lugar y momento exacto donde se sienten cómodas y cómodos para empezar a tejer. Todos estos discursos que enmarcan a los habitantes del Valle de Ubaté, y más aun a los artesanos, no se pueden traducir de palabra a palabra (Harrison, 1994), ya que están inmersos en códigos no- verbales.
1.3 _ E L T E X T I L
•como código y lenguaje.
El silencio se interrumpe cuando las puertas de las casas se abren, donde la sabiduría habita y se transforma en relatos que muchas veces necesitan de artefactos para ser comprendidos (artefacto entendido no solo como un instrumento del oficio, sino al cuerpo mismo como herramienta). Suena al fondo el telar horizontal, utilizado por los artesanos de Cucunubá para la elaboración de tejidos planos en lana, y suenan también las voces de las tejedoras de dos agujas que se reúnen cada quince (15) días en Tausavita para trabajar en sus diseños, también hechos en lana. Son ellos los hacedores de un quehacer que “habla” en distintos códigos y se percibe en distintas dimensiones. Es decir, entender el tejido como un conjunto de tramas impulsadas por movimientos y fuerzas que se manifiestan en el hacer y que logran comunicar sin la necesidad de emplear un lenguaje verbal o escrito, sino que se apropia de una única forma de documentar a partir de una comprensión de dichas tensiones o fuerzas. De esta forma la pieza final -el textil se ve representado no solo en una dimensión tangible que es que la podemos observar y la que decora los talleres y casas de los artesanos, sino que se construye desde otra dimensión; una no visible a los ojos del espectador y que reposa en lo más interno del hacedor, logrando una exteriorización del espíritu y la conciencia del mismo. Por lo tanto, pretendo abordar el tejido dentro de una composición multidimensional que abarca distintas fuerzas y superficies, las cuales atraviesan la estructura tangible de la materia y logran traspasar a universos imaginarios, en donde las historias,
narrativas, fantasías y recuerdos son traducidos. El textil entendido como una pieza que explora la capacidad del material y actúa como un órgano que impulsa el ego humano más allá de sus restricciones biológicas. (Pajaczkowska, 2015).
Fue en el taller de William donde distinguí por primera vez que el textil podía revelar más que las mismas palabras. Ese día Graciliano me acompañó a visitar a William y juntos me explicaron cómo funcionaba el telar horizontal y como el movimiento de las manos y de los pies determinaban cada entramado del paño. Mientras con palabras intentaban expresar lo que el instrumento y el cuerpo manifestaban, me di cuenta que aunque los escuchara con mucha atención, no era capaz de comprender realmente como se acoplaban dichos movimientos en el tejido. Graciliano insistió, pero cuando me iba a explicar como él diseñaba sus tejidos antes de empezar a tejer, se quedó corto en palabras- no hubo respuesta alguna, solo señaló los pedales y empezó a contar “1-3 … 2- 4”. Luego me pidió que me hiciera junto a William y repitiera el conteo al ritmo en que se movían sus pies. Fue en este momento donde pude ver como cada pisada junto con el movimiento de las manos al levantar el marco para así dejar pasar la trama, lograban plasmar un patrón o un tafetán sencillo. Estando ahí de pie, intentaba recrear el conteo en mi mente, así como lo hacen los artesanos- debía enfocarme en la labor y al mismo tiempo en mis imaginarios, para luego darme cuenta que el textil es solo la superficie
externa de una entramada más profunda (Arnold & Espejo, 2013, p.53) que reúne lo más preciado del ser humano: la memoria y su espíritu.
Los códigos que logré percibir evidencian un saber invisible que se apropia del cuerpo mismo del artesano, son como lo propone Pérez-Bustos (2015) “Conocimientos incorporados. Es decir que son-con- el-cuerpo de las bordadoras, y no se pueden alienar, ni siquiera cuando se quiere explicar o verbalizar, de ese cuerpo que lo produce” (p.14) haciendo referencia al quehacer del calado.
Se incorporan de tal forma que es imposible una interpretación del oficio sin la intervención de las manos y del material mismo, por lo que el aprendizaje del tejido se convierte en una experiencia que se debe vivir y sentir – se debe estar presente.
Este tipo de registro hace que exista una forma específica de entender y reconocer el textil a partir de una práctica de acercamiento, en donde el maestro artesano comparte su conocimiento, honrando no solo su memoria y sus manos, sino a sus ancestros quienes representan el origen de tan anhelados saberes.
1.3.1
Sabiduría
•forma de conocer el textil
Me aproximé a los terrenos íntimos del Valle, irrumpí en las casas, las cocinas, los jardines y me dejé rodear por la propia naturaleza que adornaba cada rincón de dichos lugares.
A las dos de la tarde llegué a la casa de Bernarda en Tausavita para mi primera clase de tejido en dos agujas, donde me esperaban otras diez (10) tejedoras vecinas de Bernarda quienes se reunían durante hora y media para compartir algo más que un tinto. Me prestaron un par de agujas Nº 5 y me acercaron una silla para sentarme junto a ellas y empezar a tejer. En mitad de diez artesanas me encontraba intentando imitar el movimiento de sus manos, pero no pude distinguir un patrón que pudiese seguir porque cada una realizaba una fuerza a un ritmo distinto. Juliana Alarcón me tomó de las manos y me mostró como enmallar las primeras puntadas en la aguja para así continuar con el tejido y lo que sería mi primer retazo de veintiséis (26) puntadas. Mientras lograba conseguir mi propio ritmo, me entretuve con las dinámicas que se creaban alrededor del oficio; Bernarda preparaba tinto con panela en la cocina, mientras tanto su esposo alistaba las dos ovejas que tenían en el patio para guardarlas en el corral y Juliana, junto con las demás tejedoras, intentaban reconciliar un acuerdo para amparar la paz de un país. Todo esto, sumado con el canto de un gallo al fondo y el sonido de las hojas de los árboles, hacían que el tejido que sostenían mis manos se fuera construyendo no solo por la lana, sino por todo lo que pasaba a mi alrededor; la tensión de mis manos cambiaba cuando soplaba el viento más fuerte y la distracción de
las historias hacían que me equivocara una y otra vez. Esto podía ser comprendido solo al ver mi tejido, no al leer mis pablaras y como dice Pérez Bustos (2016) “Lo que le atribuye al proceso de aprendizaje un carácter afectivo, colectivo y no-verbal” (p.16)
Se debe respetar el vínculo que existe entre el oficio y el ambiente, ya que este determina la diversidad en la práctica y en la forma como se adquiere el conocimiento. Cuando se entiende el tejido como modo de aprendizaje, es necesario comprender todo lo que pasa alrededor de la labor; los individuos que la facilitan, las relaciones que se originan entre ellos (Pérez Bustos, 2016) entender los motivos, escuchar las historias y rescatar los rituales. Pero es la cercanía entre el artesano y su territorio lo que posibilitan un “continuo creativo compartido” (Arnold & Espejo, 2013, p. 316), es decir que el entendimiento que tienen los artesanos de la materia, su relación con los animales y la naturaleza, complementa la creación del textil, hacen parte de su inspiración y se refleja en la forma en que manipulan el material.
Son delicados y agradecidos con su tierra y como dice Bernarda “Ver como el vellón de mi oveja que cuidé por tanto tiempo se transforma en un saco para mi hijo, le da un valor muy especial a mi trabajo”.
De esta forma, lo que define la belleza y calidad del textil gira en torno al proceso, la técnica y los significados, más allá del solo producto.
Todo aquello que los/las motiva: la familia, sus tierras y animales y ese anhelo de permanecer y ser reconocidos por su trabajo, también se incorporan en el tejido y representa una entrega tanto de sus saberes como de su corazón, de su pasado y de sus sueños.
El tiempo que compartí con Graciliano, Tulio, Bernarda y demás tejedoras me llevó a recapacitar acerca de ese reconocimiento y entendí que la labor debe ser entendida desde su origen, acercándose a todo aquello que les mueve el alma y los impulsa a ser creadores y maestros.
es necesario reconocer el
tejido como lo que es
una entrega evidente del alma del hacedor.1.4 _ U N M O V I M I E N T O
•
a distintos ritmos.
Mientras observaba la labor de los artesanos, me percaté de los distintos movimientos que se realizan tanto con el instrumento, como con el cuerpo mismo del individuo. La calma que persiste en los talleres y en las calles, favorecía para que se lograse escuchar el rose de la lana con las manos y las agujas, y el “taca taca” de los telares, logrando que cada herramienta provocara un sonido distinto y con cada agitación, se recreara una conexión entre el objeto y el hacedor. Sin embargo, la experiencia me limitaba a solo apreciar lo que alcanzaba a ver, sin poder saber que había detrás de cada fuerza y aún mantenía la intriga de lo que estaba pasando en el interior del artesano y me pregunté si existiría algo como un “impulso invisible” generado no con el cuerpo ni con el instrumento, sino con la mente.
Traduje desde mi vaga observación que el quehacer, junto con el contacto de la lana virgen, lograban una alteración de distintas fuerzas capaces de transformar al individuo desde múltiples dimensiones, desde la más visible y corpórea hasta la superficie más oculta y pura del ser humano, su alma. Por un lado la agitación del cuerpo, la dimensión más tangible y la única que puede ser percibida por la vista de quien observa, seguido por la alteración de la mente, una dimensión más profunda en donde se genera un movimiento generado por un instinto que subyace en el inconsciente, pero que como lo define Pajaczkowska (2015) ilustrando el concepto de ego de Freud, este opera de manera inconsciente y es accesible a la
conciencia solo por medio de métodos de interpretación y técnicas de auto reflexión. Es decir que el textil funciona como agente que materializa todo aquello que no se es capaz de traducir en palabras; fantasías y narrativas que son parte del pensamiento del artesano y que se incorporan de alguna manera en una pieza tangible. Esto ocurre solo cuando el artesano comprende que “debe aprender a encajar su propio flujo de fuerzas con los flujos materiales que componen el mundo” (Pajaczkowska, 2015, p.56). Y finalmente la superficie más íntima, anónima para el observador; el alma, donde al iniciar cada tejido, el artesano se dispone a hacer un recorrido por su pasado, empieza a recordar quienes fueron sus maestros y gracias a la tranquilidad con la que ejercen el oficio, pueden reflexionar acerca de sus orígenes y de sus motivaciones – emprenden un viaje por el tiempo que ayuda a encontrarse con ellos mismos.
1.4.1
Corpóreo
•el cuerpo como instrumento
El origen de la potencia con que se mueven las herramientas textiles (telar horizontal y agujas) se encuentra justamente en el cuerpo del artesano, quien controla con precisión cada parte del instrumento junto con el movimiento que genera, para que este logre su cometido. Por eso la importancia de entender el cuerpo del hacedor como un aparato inherente a los distintos desplazamientos que tanto el telar como las agujas recrean al momento de funcionar, porque es el organismo vivo el que realiza la fuerza inicial y quien decide cuando detenerse. Son entonces estos dos “instrumentos” inseparables o como lo propone Arnold & Espejo (2013) en su texto:
Es más pertinente apreciar estos instrumentos como “extensiones” de los cuerpos de las tejedoras, ellas que además están trabajando en actividades técnicas dentro de un campo de fuerzas, y en que el objeto textil emerge precisamente de la interacción rítmica entre el cuerpo, el instrumento textil y la materia prima de base (p. 111)
El “campo de fuerzas” al que Arnold & Espejo se refieren, es un conjunto de ritmos entre los distintos actores del oficio que, como he sugerido anteriormente, no siempre es el mismo, se acoplan con los diferentes ambientes que interactúan cuando se está elaborando el tejido. Existe
un ritmo pausado, el cual se armoniza en el Valle y se siente entre las montañas y el aislamiento de sus calles. Otro más estremecedor, uno que es percibido dentro de las casas y los talleres, el cual es perpetuado por el cuerpo mismo del artesano en contacto con su herramienta. Este último es ocasionado por un “órgano de control” (Pajaczkowska, 2016 pp. 84-85) que manifiesta un movimiento consiente pero que nace de un instinto que busca preservar su destreza: las manos.
En cada rincón del Valle, todo está hecho por alguien que con la habilidad de sus manos ha logrado transformar la materia cruda en algo nuevo; el queso tan representativo de la región, los canastos de junco en Fúquene y los textiles que se tejen cada día, todos productos obrados por un acercamiento afectivo entre el humano y su tierra. Pero en un rincón en especial pude experimentar como las manos además de estar en contacto con el aparato textil, también lo está con la mente y se incorporan como un órgano que transmite la sensación exacta del tacto a tal punto que reemplaza la necesidad de ver lo que se está haciendo. Tulio tejé desde muy joven y a sus 72 años se considera un aprendiz que pretende ser algún día un maestro del oficio. Cuando me recibió en su casa, me tomó con sus dos manos tan fuerte que pude sentir como la lana las habían marcado de por vida y luego me señaló el cuarto donde estaba tejiendo. Me senté frente a él y lo observé por un rato dedicándome solo al movimiento y al roce de sus manos, y es que era difícil no hacerlo, las movía de manera tal que parecía liderando una orquesta y sus pies replicaban al ritmo del telar. Me dijo que lo acompañara y que me hiciera a su lado para que pudiese ver todo desde su perspectiva, y así lo hice intentando no ser un impedimento. Pude ver y pude sentir. Tulio palpaba cada fibra como si fuera parte de su cuerpo, conocía perfectamente la superficie que estaba creando y la reconocía como propia. Sus manos eran sus ojos, el puente que conectaba lo material con su imaginario, y es que Tulio a sus 72 años había perdido la vista ya hacía un tiempo, pero aún era capaz de maniobrar con perfección el instrumento textil, y los más importante, traducía el roce de sus manos en imágenes ilusorias que como el mismo dice “vienen de la memoria y se plasman en el paño”
1.4.2 Instintivo
•el movimiento inconsciente de la mente
Tal como lo experimenté, existe una conexión precisa entre la mente y el cuerpo. Por un lado, la memoria lleva la cuenta de las puntadas o las pisadas, mientras las manos y/o los pies deben responder a este ejercicio y maniobrar con perfección la ejecución del movimiento para que no exista ninguna equivocación. Éste vínculo funciona con cierta fidelidad, que logra una alineación de fuerzas tan exacta que ni el mismo hacedor es consciente del trabajo que está realizando. Como bien me dijo Tulio, la mente pasa por un cambio mientras se está tejiendo, en donde se distrae y logra que la memoria empiece a funcionar de manera involuntaria.
Cuando me reuní por tercera vez con las tejedoras en Tausavita, ya tenía más práctica con las agujas porque había podido tejer casi todos los días desde mi casa. Llegué dispuesta a realizar una pequeña muestra con una puntada más compleja y con una lana no tan hilada, lo que aumentaba la dificultad. Tomé mis agujas y empecé a tejer junto a Bernarda, quien me estaba enseñando esta última tejida. Al principio mi concentración se enfocaba simplemente en la articulación de mis manos y como debía hacer el giro con las agujas para conseguir terminar cada tramada, pero sin darme cuenta mis pensamientos se alejaban de la estructura del tejido y tuve la oportunidad de reflexionar, de meditar acerca de algo distinto a la labor que estaba realizando. Aun mirando el tejido, pude distraer mi mente para encontrar narrativas distintas dentro de mi cabeza y empezar a soñar con los ojos abiertos.
El acto de tejer se vuelve entonces un proceso en donde como lo menciona Pajaczkowska (2015), cada tramada permanece como un vestigio en el inconsciente de la mente (p.84) y se es posible alivianar los pensamientos para darle cabida a la imaginación. Para las tejedoras y artesanos, el quehacer ya es parte esencial de su rutina y por su larga trayectoria en la práctica del mismo, trabajan bajo el manejo de su instinto, sin la necesidad de recapitular cada pisada o puntada que dan al momento de pasar una trama. Estos movimientos de la mente provienen del propio ego del individuo que aparece como forma representativa de su inconsciente, contrae los símbolos, lenguajes, imágenes, fantasías y sentimientos del hacedor y los articula en pensamientos, creencias, ideologías, experiencias y formas de conocimiento. (Pajaczkowska, 2015, p. 81). Pretendo distinguir el ego no como instinto de permanencia que autodefine la superioridad del ser humano, sino como una manifestación inquieta y pura de la mente que por medio de una auto-reflexión consigue incorporar lo más íntimo en una pieza tangible (textil).
Reconocí mis pensamientos, pero los de los artesanos se me hacían ajenos, no alcanzaba a imaginar que pasaba dentro de la mente de cada uno mientras en silencio y con mucho detenimiento maniobraban el instrumento. Supe que los pensamientos de Bernarda, Olga, Graciliano y Tulio y demás artesanos cargaban con un significado distinto, pero si se
1.4.3
Espiritual
•la reflexión del alma
Aprendí durante mi recorrido en el Valle que el desapego es uno de los impulsos más liberadores que se puede llegar a sentir cuando se está tan cerca de la naturaleza, pero que al mismo tiempo significa un acercamiento a lo que uno es como persona- es un flujo de doble vía, te aleja y te contrae. Este último movimiento se caracteriza por tener la mayor fuerza, ya que alcanza a tocar el espíritu del hacedor, es una fuerza que se origina y es visible desde el cuerpo, atraviesa la mente y llega hasta el alma.
Me atrevo a decir que es esta proximidad al interior del individuo el que hace que el oficio de tejer se distinga por su penetrante avivamiento del espíritu humano, capaz no solo de transformar la materia, sino al artesano mismo, por lo que pretendo ejemplificar como cierto movimiento que se realiza durante la elaboración del tejido, puede llegar a relacionarse con la forma en que el hacedor manifiesta un “recorrido espiritual” parecido a dicho movimiento. Cuando se teje en dos agujas, es necesario emplear distintos métodos como el remate, en donde se hace un tejido de ida y vuelta con el hilo para poder realizar un nudo por cada dos puntadas para que no se desbarate el textil. Este impulso de ir y volver significa un retorno hacia el pasado, el cual permite hacer una auto-evaluación y retomar nuevos cambios en la “trama” que aún no finaliza. Tal como lo propone Pajaczkowska (2015): “Cuando ocurre un movimiento progresivo hacia adelante que obliga a ir hacia atrás, hay un espacio y un tiempo para hacer una reflexión” (p.86).
Cuando aprendí hacer el remate me di cuenta que tenía que devolver el hilo a su lugar inicial para así poder continuar y hacer el nudo que me ayudaría a sostener todo lo que había tejido. El remate se convertía, por un lado, en símbolo de reconocimiento del propio ser, de reflexión acerca de lo que se ha vivido y lo que falta por recorrer, así como en un repaso, una forma de asegurar la existencia de una superficie que, tanto ellas como yo habíamos construido, y que corresponde también a la permanencia de nuestros saberes en un mundo donde el pasar del tiempo los hace efímeros. Así mismo sucede en el telar horizontal, donde el movimiento de las manos al hacer el abatanado, debe ir y volver para asegurar la trama en el tejido. Son fuerzas que efectúa el cuerpo junto con el instrumento luego de una agitación de la memoria, seguida por una imitación y apropiación dentro del alma del que facilita el movimiento.
Al final queda una estructura llena de fibras delicadas que juntas forman una superficie que permanece y vive. Son impulsos que “permiten que el textil viva, y a la vez permiten que la persona viva dentro del textil” (Arnold & Espejo, 2013, p.54)
Se entrelazan hilos, se repasan, se contraen y se liberan – eso mismo pasa dentro de uno cuando teje; todo se mueve y se tensiona, pero luego el espíritu se calma y finalmente se
· C A P Í T U L O 2 ·
E t n o g r a f í a
2.1 A R T E S A N A S Y A R T E S A N O S
Ellos son quienes me acompañaron durante mi recorrido y mi transformación, quienes me abrieron las puertas con gran acogida y quienes guardan en su interior un entramado de sabiduría ancestral sorprendente.
- Su labor es mi inspiración.
– son amigas, compañeros, madres, padres, agricultores, pero ante todo · creadores y creadoras.
Graciliano
Telar horizontal • Cucunubá
“Cada tramada en el telar es lo que me motiva”
Lleva más de 25 años tejiendo en su casa, en una vereda cerca de Cucunubá. Es padre, esposo, agricultor y minero, pero su verdadera motivación está en el tejer, donde encuentra la pasión para continuar con un legado que su abuelo le heredó. Es un hombre de pocas palabras, quien me ofreció su tiempo y sus manos para mostrarme todo el recorrido que lo ha formado como uno de los mejores artesanos del Valle.
Don Tulio
Telar horizontal • Cucunubá
“Tejo sueños todos los días”
Lo que más recuerdo son sus manos, como armonizaba su tacto con la lana y creaba un vínculo entre su mente y cada movimiento que realizaba. Tulio, después de estar 35 años detrás del telar, persigue la idea de ser un aprendiz solamente y continua levantándose todos los días muy temprano a tejer en un cuarto detrás de la sala de su casa. Aunque no puede ver sus creaciones, Tulio admira de manera sensible cada trama que realiza- las siente como parte de su cuerpo.
Bernarda Becerra • Vereda Tausavita
Dos agujas
“Tejer es transmitir espiritualmente mi sabiduría”
Teje todos los días en la sala de su casa al aire libre, rodeada de ovejas, hierbas frescas y mazorcas. Se reúne cada 15 días con sus vecinas para entretejer anécdotas y construir recuerdos, mientras cada una realiza una pieza distinta. Su casa es la casa de todas. Es un lugar que para ella significa el paraíso y lo demuestra con la calma con la que teje y la alegría que emite cada vez que recibe a alguien en su casa.
Olga y Juliana Alarcón • Vereda Tausavita
Dos agujas
“Si tengo algún problema, tejiendo se me olvidan un rato” Juliana - madre
Madre e hija, juntas se sientan todas las tardes a tejer mientras pasan las horas sin darse cuenta. Juliana le enseñó a su hija Olga desde muy pequeña a hilar y luego a tejer con las agujas de su abuela. Son inseparables, se complementan y se vuelven una sola cuando tejen.
Luz María Rodríguez • Sutatausa
Dos agujas
“Cuando uno está tejiendo solo esta con uno mismo todo el tiempo, reflexionando”
Desde los 7 años su madre le enseñó hacer ruanas y vestidos de muñecas en su casa en Sutatausa. Hoy en día se levanta muy temprano a recorrer distintas veredas del Valle de Ubaté para enseñarles a mujeres, hombres, niños y adultos mayores, a mover sus manos, a relajar la mente y a crear piezas que ella considera la huella misma del hacedor. Su motivo; el amor y el reconocimiento hacia la tejeduría, una técnica que entiende y respeta profundamente.
Margarita Alonso • Vereda Tausavita
Dos Agujas
“Nuestra memoria está impregnada en el material”
Lleva más de 10 años tejiendo para entregar un pedazo de su corazón a sus seres más queridos. Lo hace todos los días después del mediodía, cuando termina de arreglar su casa y siente que puede dedicarle el resto de la tarde a sus tejidos. No le teme a equivocarse, a repetir una puntada con tal de que sus guantes o gorros queden “lindos y bien bonitos” como dice ella. Tampoco le teme al tiempo, teje con una tranquilidad que no demuestra afán, pero si dedicación y mucha paciencia.
2.2 P R I M E R O S A C E R C A M I E N T O S
Como parte de la metodología, debía tener una aproximación directa con los artesanos en su ambiente de trabajo, no solo para entender las dinámicas que surgen alrededor del oficio, sino porque quería ser parte de su mundo, quería que me conocieran y yo conocerlos a ellos. No pretendía verlos como extraños, porque sabía que la extraña era yo, sin embargo nunca me sentí de esa forma. Siempre me ofrecían algo caliente para tomar, me intentaban explicar cómo funcionaba el telar horizontal o como mover las manos para tejer en dos agujas, pero nunca me hicieron preguntas, no cuestionaban mi presencia y yo me sentía honrada con la de ellos.
Presentaré a continuación los relatos de cómo fueron las primeras visitas a los lugares de quienes nunca me cerraron una puerta, y donde conocí y me reconocí, junto con una reflexión de cada recorrido, que surge a partir de la motivación del estudio del individuo en contacto con su ambiente.
Parte de estos merecen ser comprendidos con la imaginación de quien los lee, porque las palabras no son suficientes.
20 de Agosto de 2016
Llegué a Cucunubá para encontrarme con Graciliano en su tienda que queda en toda la esquina de la plaza principal. Se retrasó un poco ya que debía bajar desde su casa de donde se demoraba unos veinte minutos en bicicleta porque vive en una vereda llamada El Tablón, en mitad de las montañas. Me abrió la puerta y se disculpó por el frio que hacia dentro. Me senté en el escritorio que tiene frente a su telar mientras él se recostaba sobre este. A Graciliano ya lo conocía de hacia un tiempo, pero de igual forma sentí la incomodidad cuando uno entra por primera vez a un lugar ajeno. Comencé a hacerle preguntas y le pedí que si podía verlo tejer, pero lastimosamente ese día no tenía nada montado en el telar. Igualmente hablamos un largo rato, me mostró como hilaba y me comentaba lo importante que era hilar con el huso, porque las manos reconocen mejor el material, lo sienten. Mientras hilaba, observaba la transformación del material y me intrigaba la idea de sentir el tacto de la fibra en las manos, pero me dedique a observar solamente. Graciliano, el hombre de 42 años que teje desde muy joven, quien su hermano le enseño la tradición de sus abuelos, el mismo que con el movimiento de su manos me explicaba cómo funcionaba el telar horizontal, porque con se voz emitiendo cada palabra no lograba ser comprendido y con paciencia respondía mis preguntas. Me contó sobe su familia, sus angustias de no poder trabajar más en el tejido, porque ya no era como antes, pero que a pesar de sus temores es el mismo oficio el que lo tranquiliza, el que lo hacen viajar y estar en movimiento. Durante la visita, solo escuche su voz en la mitad de la tienda, rodeada de ruanas y sacos elaborados por él, los cuales mostraban un recorrido largo del oficio y me di cuenta que estaba en frente de un maestro. Afuera no había ruido, todo estaba en calma. Ya no me sentía incomoda.
11:25 am
_ La familia siempre esta presente dentro de las dinámicas del tejido, tanto en el momento de tejer como en el motivo por el que lo continúan con la tradición.
_ Se habla del pasado, del presente y del futuro. Son distintos los ritmos que se perciben dentro de las dinámicas que surgen durante el tejido. Mientras tejen, el ritmo es acelerado pero afuera es tranquilo. Perciben la labor sin afán alguno aunque su cuerpo y su mente estén en contante movimiento.
· · · · · · · · · ·
Me acompañó al taller de William Conteras, a solo media cuadra. Al entrar, estaba él detrás del telar en un cuarto inmenso, acompañado de su hijo de cinco años. No se detuvo ni un instante, continuó tejiendo durante toda la visita y yo intentaba descifrar los movimientos que hacía con las manos y con los pies. Graciliano nuevamente intentaba explicarme cada parte del telar, que movimiento hacia y para que serbia, pero no pude comprender así tuviera toda mi concentración en la pieza, era un lenguaje desconocido, lleno de técnicas y códigos que ni las mismas palabras podían traducir. El ruido del telar era constante, mantenía un ritmo acelerado, por lo que me senté al lado de William a observar, porque ni su voz lograba escuchar. En la habitación había otro telar, el de su abuelo y los dos estaban rodeados de madejas de lana virgen, logrando que se percibiera un olor fuerte al material crudo, un olor a tierra. Después de un rato, William descansó para pedirle a su hijo que me mostrará como encañonar el hilo en las cañuelas.
Era la primera vez que presenciaba esta técnica y aunque intente describirlo en palabras, tengo la certeza de que no seré comprendida, se debe estar ahí para sentirlo. De salida William me alcanzó su mano para despedirse, eran un poco ásperas y secas, logrando traducir todo un esfuerzo en el cuerpo del artesano, y entonces concebí que se es capaz de hablar con el cuerpo y percibir con el tacto.
_ Las manos como herramienta de
control y sustento llevadas por un movimiento de la mente que va más allá de la conciencia. Cada artesano trabaja de manera consiente el oficio, pero hay un instinto que impulsa las fantasías y narrativas que se manifiestan de manera inconsciente en la mente y son estos saberes los que se deben traducir.
· · · · · · · · · · · · · · · · ·
53
Con Graciliano a mi lado, nos dirigimos a lo que sería mi última visita ese día. Caminamos entre el pueblo sobre las calles llenas de piedras, mientras me indicaba cual era la casa de Don Tulio. Señaló una puerta verde a medio abrir al final de un callejón, junto a una bicicleta recostada en el andén y me dijo que hace mucho no pasaba por ahí. Se podía ver una pared rosada al fondo, donde colgaban fotografías y algunas materas mientras se asomaba una mujer de pelo corto quien reconoció a Graciliano inmediatamente y nos dejó entrar. Lo primero que pude ver al estar dentro fueron los paños de lana sobre los sofás de la sala, y me imaginé que habían sido elaborados por el mismo Tulio, al igual que las ruanas que colgaban en la esquina. La casa tenía el techo alto por donde entraba la luz, logrando suscitar un calor oportuno y percibir en calma cualquier espera. Sentada en la mitad de la sala sobre uno de los paños, me recibió Don Tulio quien ese día tampoco tenia nada montado, era Sábado y me explicó que los fines de semana después de las tres de la tarde no teje y los Domingos son para recibir la fe de la Virgen. Se sentó frente a mí con su nieta sobre sus piernas y con gran expectativa se propuso a escuchar. Le conté la razón por la que me encontraba ahí, quería saber más de su oficio, del significado que sostenía cada puntada que hacía en el telar y que simplemente estaba dispuesta a aprender. En ese momento me sonrió, me dijo que cada día se aprenden cosas nuevas, incluso para él que lleva más de veinte años en el quehacer. Manifestó su amor por el instrumento que guarda en un cuarto que se dejaba ver al fondo de la casa; el telar horizontal y me confesó que
a veces sueña con él, se despierta y se dispone a bailar sobre los pedales. Y es que se transformaba cada día cuando comenzaba una nueva trama, era un baile que pronunciaba un sonido armónico, un “taca-taca”. No pu_ de evitar imaginarme el cuarto lleno de personas y él dirigiendo una orquesta, creando superficies en el aire, moviendo sus manos y sus pies. Terminé mi última visita en la casa de un verdadero artista, un hacedor de mundos que oscila su mente para plasmar sus imaginarios en la lana y que no tiene la necesidad de verlos para crearlos. Supe que volvería, consciente de que mis
ojos no entenderían nada sin un vínculo entre mi cuerpo y mi mente.
3:15 pm
_ Durante mi primera visita me percaté de los movimientos del cuerpo, en especial de las manos y concluí que el quehacer de la lana no se aprende viendo, ni en un manual escrito, se debe sentir, tocar el material y estar presenté para acatar las órdenes que la misma herramienta dicta. · · · · · · · · · · · · · · ·
Graciliano mostrándome como encañonar - Agosto 2016- Cucunubá
2 de Septiembre de 2016
9:30 pm
El viento soplaba tan fuerte que las hojas de los arboles era lo único que se escuchaba mientras subía a la casa de Bernarda, que también era la tienda más reconocida de la vereda. Allí llegaban todos los habitantes a preguntar si tenía maíz tierno que ella misma cultivaba y los domingos se reunían para jugar tejo y tomar cerveza por la tarde. Llegué a lo que sería mi primera clase de tejido en dos agujas a cargo de Luz María, una artesana cuya pasión por el oficio la motivaba a recorrer el Valle todos los días para difundir un conocimiento que como ella lo dice “no es capaz de invalidar a nadie”.
Eran 10 artesanas en total las que se juntaban para tejer en el patio de la casa de Bernarda, cada una tenía un propósito distinto, algunas tejían para vender en la plaza de Ubaté, otras lo hacían para regalárselo a algún familiar y unas otras lo tomaban como excusa para pasar una tarde con amigas. Para mí era un acercamiento a mi proyecto, lo cual tenía que entender y sentir el oficio desde mi propio tacto. Me prestaron las agujas circulares # 5 y un poco de lana azul tinturada, luego Olga Alarcón me tomó de las manos y me mostró como se hacía el “enmallado” para formar la base del tejido y las puntadas. Sus manos con las mías no podían estar de acuerdo por lo que ella me mostró lentamente con sus agujas como se hacía. Lo intenté unas cinco veces, tratando imitar el movimiento de sus manos y cuando me detuve un momento a observar mis manos junto con la lana y como debía pasar cada hilo entre mis dedos, logré enmallar la primera puntada. Continuaban tejiendo y hablaban de vez en cuando, lo que dejaba escuchar con calma el sonido del Valle- un eco del viento contra las puertas de madera y repentinamente el silbido de algún pájaro.
_ El tejido como dinámica social: Las reuniones y todo lo que ocurre durante, gira en torno a las motivaciones por las que ellas siguen tejiendo. Se crean relaciones y amistades entre vecinas y ajenas (yo) y la hora de sentarse a tejer es un momento de unión donde no solo se practica el oficio, sino que se construyen lazos interpersonales- se tejen narrativas entre ellas. No es lo mismo tejer sola que tejer acompañada, el poder compartir tiempo y conocimiento con alguien más genera entre ellas un reconocimiento que valida sus saberes.
_ Un sonido perceptible: Las agujas emiten un sonido característico cuando están en movimiento. Cada par suena a un ritmo distinto, porque la tensión de quien los mueves es diferente, y porque las puntadas tienen un una forma única de hacer girar las agujas
· · · · · · · · · · · · · · · · ·
57
Cuando terminé de enmallar Olga se sorprendió de la tensión con la que estaba tejiendo y me dijo que era imposible pasar la aguja por lo apretado que estaba y entendí que la misma tensión e inseguridad que tenían mis manos, esa misma se reflejaba en el retazo. Mientras intentaba dominar mi propio ritmo para no estirar tanto la fibra, Olga y su madre Juliana me contaban que desde muy pequeñas tejen, fue la mamá de Juliana quien inició con el oficio y desde entonces todas las tardes se sientan juntas en la sala de su casa a ver televisión y a tejer sin darse cuenta que pueden pasar horas sosteniendo las agujas. Olga tuvo que descansar un rato a lo que Juliana se sentó a mi lado a revisar cómo iba avanzando. Sonreía al ver mi torpeza y me dijo “es muy difícil aprender con tanta gente mirándolo y al ser cada mano distinta, es mejor ir aprendiendo a su propio ritmo, sin afán”. Me contaba que su verdadera motivación era la distracción que le generaba la labor, porque hacía un mes se había muerto su hijo y que tenía que buscar una forma de pensar en otras cosas. Pensé en la manera en que ellas buscan el remedio a sus angustias por medio de algo que a mí me estaba generando un poco de impaciencia y para entenderlo debía practicar y liberarme dentro del oficio.
Me despedí después de haber compartido un tinto con panela y galletas de avena y les agradecí por su tiempo y paciencia a lo que ellas con todo el cariño, me abrazaron y me expresaron su alegría por haber estado ahí, apartada de lo convencional para adentrarme a sus historias y reconocer la importancia de sus saberes, porque así se sentían cuando yo lograba terminar una puntada – que estaban siendo escuchadas.
_ El tejido como una cura y una distracción que alivia pesares: La misma practica del oficio logra que el hacedor se concentré en la labor y pueda desapegarse de lo que lo rodea para conectarse con el movimiento de las manos y el contacto con la materia.
_ Una entrega: El poder que tienen sus manos para crear objetos que después serán bien recibidos por alguien más es una de sus mayores motivaciones. No siempre lo que importa es que se vendan y que exista un reconocimiento monetario, por el contrario, les gusta que les digan que su trabajo está bien hecho y entregar un pedazo de su tiempo y de su corazón, porque ellas además de tejer con cuidado, lo hacen con todo el amor del mundo.
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2.3 D I A R I O S D E C A M P O
Estas son muestras de mi recorrido por el Valle de Ubaté. Son diarios de campo donde “relato” a mi manera la forma en que percibía los sitios que visitaba, las personas que conocía y la naturaleza que me rodeaba. Están concebidas a partir de tres dimensiones distintas; por un lado, lo que lograba percibir tan solo observando, otra dimensión donde exteriorizo un imaginario que tuve que crear para, finalmente, plasmar lo que se siente el poder estar ahí.
- aquí las palabras no tienen la capacidad suficiente de moldear lo percibido.
· C A P Í T U L O 3 ·
D e s a r r o l l o d e l P r o y e c t o
Tras el análisis del marco conceptual y una interpretación de las visitas realizadas, las observaciones y reconocimientos, me propuse formular tres preguntas clave, cada una abarcando una dimensión especifica del tejido (la mente, el cuerpo y el espíritu) para poder responder más adelante, la forma en que estas dimensiones se ven incorporadas en una pieza de diseño. Estas preguntas se presentan a continuación, seguido de un desarrollo conceptual de los reconocimientos hallados, en donde se expone lo que denominé como “el recorrido del tejido” el cual muestra una exploración de los vínculos existentes entre las tres dimensiones y como en conjunto logran un cambio dentro del hacedor - una transformación.
Finalmente, se definen los tres conceptos que recopilan el carácter propio de mi proyecto y con los que parte el desarrollo de la pieza final a presentar.
3.1 P R E G U N T A S
Corpóreo – del cuerpo
¿De qué forma se armonizan las fuerzas generadas por el cuerpo del artesano con el ritmo que lleva el instrumento del tejido cuando está en movimiento?
Instintivo – de la mente
¿Cómo se evidencian los pensamientos e imaginarios que se liberan y se crean en la mente del artesano cuando logra despejarse y guiarse por su instinto?
Espiritual – del alma
¿De qué manera los movimientos que se realizan al tejer se convierten en una analogía entre el oficio y el espíritu del hacedor, donde cada impulso significa una manera en la que el artesano se transforma?
3.2 C O N C E P T U A L I Z A C I Ó N
Partiendo de una reflexión acerca de la manera en que poco a poco me he visto envuelta en el proceso, reconociendo que soy yo la que debe permitirse - ser y estar dentro del tejido, planteo una recopilación de los hallazgos explorados durante la investigación a partir de la creación de tres conceptos (Estructurando ausencias, Diseños invisibles y Documentos ambiguos ) con el propósito ingenuo de percibir que se siente el estar ahí, tejiendo mientras por dentro se mueven fibras capaces de transformar, de esta forma podría extraer ideas en cuanto al diseño que me ayudaran a llevar un hilo conductor entre mi experiencia y una pieza de diseño.
Un movimiento
superficial, revelado por el cuerpo, que se deja ver con tan solo observar al artesano en contacto con su instrumento de tejido.
Un movimiento más profundo, uno invisible al observador pero
perceptible al hacedor, que acoge todo lo que se ha aprendido y lo traduce en un impulso inconsciente que
permite liberar la mente del artesano.
Un movimiento más propio - intimo, donde el ritmo pausado del Valle deja que el artífice se apropie de sus recuerdos, viajando hacia el pasado y logrando una cura como recompensa.
e l c u e r po
l a m e n te
e l e s p í r i t u
Motivado por un ritmo coordinado
Motivado por la memoria.
Motivado por la interacción entre ese ritmo y sus
Imaginarse que, como la naturaleza que se va transformando poco a poco, el artesano recorre un camino desde lo más profundo de su ser, atravesando superficies no visibles, alcanzando una manifestación tangible de su espíritu. Imaginarse que, como la naturaleza que se va
transformando poco a poco, el artesano recorre un camino desde lo más profundo de su ser, atravesando superficies no visibles, alcanzando una manifestación tangible de su espíritu.
3.2.2 • Estructurando ausencias •
Cuando lo imaginado, lo que no se puede ver, aparece y dispone de un espacio a partir de una manifestación que consigue ser palpable, que se ve y/o se siente- adquiere un cuerpo, un tacto.
Es una señal de que se está vivo, que hay algo que existe fuera y dentro de nuestro organismo y lentamente va reconstruyendo desde el interior. Y al asomarse, se revelan las utopías, se incorporan ilusiones- se cree en la magia.
3.2.3 • Diseños invisibles •
Solamente quien crea la pieza es capaz de distinguirla.
Reconoce cada parte y cada trama. La entiende como un acumulado de propiedades que alteran cada sentido del cuerpo y que solo èl/ella pueden percibir. Son diseños que se apegan y atrapan cada parte del cuerpo del hacedor, viven dentro de él. Son sucesos que nadie más ve, solo son comprendidos y comunicados por los maestros artesanos.
3.2.4 • Documentos ambiguos •
Textil del latín – texere - que significa texto.
El tejido como una serie de “enunciados” que se entrelazan de manera específica, con el propósito de transmitir un mensaje coherente.
El tejido documenta y persiste en el tiempo al igual que un texto, mantiene ciertas pautas que se deben seguir para que el “mensaje” logre su cometido. Sin embargo “redacta” algo distinto que frases, traduce los pensamientos en caracteres ambiguos logrando que su total entendimiento sea confuso - misterioso.
3.2.5 Una transformación
A partir de la conceptualización, puede distinguir un aspecto que de alguna forma se lograba visualizar en cada dimensión definida y significaba un nuevo propósito del proyecto; el tejido como una transformación de materia y de espíritu.
Los artesanos son capaces de manipular la materia para transformarla en objetos llenos de técnica y creatividad. Como me dijo Graciliano un día, “nosotros convertimos con nuestras manos la lana cruda en un hilo suave y luego con nuestra practica la convertimos en una ruana”. Pero más allá de un cambio físico, reconocí desde mi experiencia una transformación del hacedor mismo, abriendo su mente y su corazón para enriquecer su espíritu y crecer como un individuo que está en contacto con la naturaleza.
Me di cuenta que el recorrido no era solo para entender los saberes de los artesanos, sino para reconocerme a mi dentro del oficio - poco a poco sentía esa transformación.
El motivo de todo el proyecto también cambiaba, anhelaba sentir lo lejano más cercano, ser parte de la tradición – desapegarme y liberarme.
3.2.6 Diarios del tejido
Decidí empezar a plasmar el proceso de mi tejido y de mi transformación a partir de una serie de pequeñas muestras elaboradas por mí, en compañía de algunas de las artesanas y de mi abuela quienes me enseñaban una nueva puntada. Cada pieza cuenta una historia, un adelanto y un proceso, acompañadas de un relato de cómo vivía y sentía cada tejido, experimentando distintos grosores de agujas, distintos acompañamientos, distintos lugares de elaboración y distintas puntadas.
Son cinco retazos en total, de 26 puntadas cada uno, y juntos son una pequeña muestra de lo que el quehacer, la lana y las mismas artesanas significaron para mí: un alivio y una enseñanza.
Pondré como ejemplo solo uno de las cinco piezas, el resto vale la pena verlas con los propios ojos, y sentirlas con las manos.
- tejido # 2
Dos agujas - lana virgen Puntada: Arroz
Acompañada por Juliana Alarcón Lugar: Tausavita - mi casa Aguja # 6 · circular
Inicio: SEP-26-16 Finalizado: OCT-09-16
El segundo intento es aún torpe, pero más consiente. Juliana me sostuvo las manos desde el principio hasta que me permití seguir mi propio ritmo. Me equivoque y me distraje por unos momentos, pero logré memorizar los movimientos, logré desapegarme del tiempo y del ambiente. No había ninguna presión. La tensión de mis dedos no dejaba “respirar” el tejido, por lo que se me hacía más difícil avanzar y terminar.
3.3 P R O P U E S T A D E D I S E Ñ O
Mi propuesta es exteriorizar las tres dimensiones del tejido a partir de una exploración de material y forma en donde la pieza o las piezas logren representar las fuerzas generadas en cada dimensión de manera tal que el espectador logre identificar “el sentir” del tejido.
3.4 R E F E R E N T E S
Para definir qué tipo de piezas podría llegar a realizar, debía tener un marco de referencia de diseño que me permitiera explorar tanto la estructura conceptual como la estética de lo que sería la puesta en escena final. De esta manera me enfoqué en propuestas y proyectos que combinaran la experimentación de la materia como una forma de comunicación y que incorporaran significados no tan obvios para el observador pero que lograsen transmitir un mensaje y una narrativa específica, buscando siempre esa relación existente entre el hacedor y/o espectador y el material.
Ann Hamilton
Artista visual estadounidense, reconocida por el entorno sensorial de sus instalaciones multimediales a gran escala. Usando el tiempo como proceso y material, sus métodos de hacer sirven como invocación de lugar, de voz colectiva, de comunidades pasadas y de trabajo presente. Su atención a la emisión de un sonido o la conformación de una palabra con la mano coloca el lenguaje y el texto en el centro táctil y metafórico de sus instalaciones. Atrae las capacidades sensoriales y lingüísticas de comprensión que construyen nuestras facultades de la memoria, la razón y la imaginación.
^ corpus | 2003 -2004
the event of a thread | 2012-2013
Ana Teresa Barboza
Artista peruana y sin lugar a dudas uno de mis referentes preferidos. Barboza logra que el quehacer textil del bordado y el tejido junto con el material, sean un conjunto de códigos que hablan por sí solos, que traducen en formas y espacios los ambientes transitados por el artista. De esta forma, el observador es más consiente de todo aquello que lo rodea, logrando de la pieza una poderosa forma de materialización que hace reflexionar al espectador acerca de su relación y papel en los ambientes en los que ha vivido.