Estudio del Absurdo
en El Mito de Sísifo de Albert Camus
A Study of the Absurd in
The Myth of Sisyphus of Albert Camus
PAOLA ROMERO RONCA1
Universidad Metropolitana
JORGE PORTILLA2
Universidad Metropolitana
Recibido: 09/07/2009 Aceptado: 26/06/2014
1 Cursa Estudios Liberales, con Diplomado en Filosofía, en la Universidad Metropolitana,
reci-biendo título con mención Cum Laude en 2005. Realiza una Maestría en Filosofía en el King’s College London, con distinción en su tesis titulada Kant y la Metafísica de la Libertad
en 2012. Hoy se encuentra en Londres, cursando estudios de PhD en la London School of Economics and Political Science, con un proyecto de investigación sobre la filosofía política de Kant.
2 Tutor. Ingeniero de Sistemas (U
NA), MSc en Finanzas (UNIMET), MSc y PhD en Filosofía
(USB). Profesor en Universidad Alejandro de Humboldt y Director del Proyecto Órbita CI 130 de la Fundación Motores por la Paz.
Resumen
La presente investigación tiene como objetivo principal ofrecer un análisis sistemático de la noción del absurdo en la obra del filósofo y escritor Albert Camus, con especial énfasis en su ensayo El mito de Sísifo. La noción se presenta, en primera instancia, en diálogo con la tradición de filosofía exis-tencialista para luego mostrar el modo particular que dicha categoría toma en el pensamiento de Camus. El absurdo se manifiesta de dos formas: como
un sentimiento y como una noción. Camus aborda ambas vertientes, para finalmente dar una respuesta al problema que engloba el absurdo: el divorcio entre la finitud de la conciencia humana y el mundo como absoluto. La respuesta es, entonces, un llamado a la lucha por la vida y a la afirmación de la existencia sobre el quiebre. Se ha buscado un equilibrio metodológico entre las formas literarias de Camus, por un lado, y su pensamiento filosófico por otro, para así argumentar por la especificidad y relevancia de la noción del absurdo tanto en su obra, como en su influencia.
Palabras clave: absurdo, existencialismo, sentimiento, límite, absoluto.
Abstract:
The present study offers a systematic analysis of the notion of the absurd in the work of the philosopher and writer Albert Camus, with a special emphasis on his essay The Myth of Sisyphus. Firstly, the notion is presented in dialogue with the tradition of philosophy called existentialism, as a basis for unders-tanding the specific way this category is present in Camus own work. The absurd is manifested in two fundamental ways: as a feeling and as a notion. Camus discusses both of these strands, and gives a response to the pro-blematic in which they are both captured, namely, the divorce between the finite human consciousness, and the world as an absolute. The answer is, then, a call for the struggle of life and the affirmation of existence over that struggle. We have tried to find a methodological equilibrium between, on the one side, Camus’s literary remarks, and on the other side, his strictly philo-sophical account, in order to argue for the specificity and relevance of the notion of the absurd in his work, and its influences.
Key words: absurd, existentialism, feeling, boundary, the absolute.
Introducción
La obra de Albert Camus (1913-1960) puede dividirse en dos ciclos fundamentales: el ciclo del absurdo, integrado por la novela Elextranjero
(1942), la obra de teatro Calígula (1944) y el ensayo filosófico El mito de Sísifo (1942) y, por otra parte, el ciclo de la rebelión, el cual comprende la novela La peste (1947), la obra teatral Los justos (1949) y el ensayo
político-filosófico El hombre rebelde (1951). El presente estudio se focali-zará en el ciclo del absurdo, centrándonos en El mito de Sísifo.
Dentro de las múltiples facetas de su actividad intelectual, a continua-ción ahondaremos en el desarrollo del pensamiento de Camus durante el período 1938-1943, en el que el tema del absurdo encuentra, en nues-tra opinión, su más clara presentación, así como los elementos constitu-tivos de dicha noción.
Camus aclara en el prólogo de El mito de Sísifo que el absurdo no es una filosofía de carácter sistemático: es un sentimiento, un mal del ánimo individual que puede despertar en cualquier hombre y en cualquier momento. No sorprende entonces que sea el ensayo el género a través del cual Camus presenta sus ideas.
Este malestar se convierte en el punto de partida de su filosofía, transformándolo así en una herramienta metódica para descifrar las consecuencias que dicho sentimiento genera en el hombre moderno: “… Es imposible ver en esta sensibilidad, y en el nihilismo que ella su-pone, más que un punto de partida, una crítica vivida, el equivalente –en el plano de la existencia– de la duda sistemática” (Francis, 1972: 13).
La presente investigación, sirviéndose de un enfoque filosófico de carácter teórico y descriptivo, busca identificar y exponer de forma crítica los elementos que componen el sentimiento del absurdo como base para la definición de una noción del mismo, respetando el espíritu asiste-mático del pensamiento de Camus, en el contexto de su diálogo con la tradición filosófica y existencialista.
I. El sentimiento del absurdo
Enmarcar el pensamiento de Camus en una corriente filosófica ofre-ce, por un lado, una vía segura para identificar las características que componen su pensamiento y, por el otro, una forma de precisar aquellas ideas con las que Camus se identifica o se distancia del conjunto de la corriente filosófica tomada como referencia.
Un primer intento implicaría colocar a Camus en la herencia anti-idealista del siglo XX y su reacción contra las esencias, en nombre de la primacía de la existencia. En sintonía con este espíritu, dice Mounier:
Rigurosamente hablando, podríamos decir que no hay filosofía que no sea existencialista… Nos preguntamos qué podría hacer una filosofía si no explorara la existencia y los existentes. Sin embargo, se da más corrientemente el nombre de existencialismo a una corriente determinada del pensamiento moderno. En términos generales, podría-mos caracterizar este pensamiento como una reacción de la filosofía delhombre contra el exceso de la filosofía de las ideas y de la filosofía de las cosas (Mounier, 1967: 13).
Este nuevo acento de la filosofía en la existencia implica un giro tanto en el objeto de la investigación filosófica, como en el modo de abarcar los temas y en el método para su estudio, contrario a los sistemas totales y herméticos de los idealistas y positivistas del siglo XIX. Este giro centra su interés en nuevas categorías del pensamiento como son la contingencia, la finitud y la individualidad del ser humano. La idea de “sistema” es abandonada, pues, dice Kierkegaard: “Filosofar [ya] no con-siste en hacer discursos fantásticos a seres fantásticos, pues es a los existentes a quienes se habla” (Kierkegaard en Mounier, 1967: 24).
Es en este contexto en el que Albert Camus ha sido identificado. A pesar de ello, el propio autor expresó muchas veces su negativa a ser considerado un filósofo existencialista, más aún, a ser considerado un filósofo: “Yo no soy un filósofo. Yo no creo lo suficiente en la razón para creer en un sistema” (Camus en Francis, 1972:11).
En torno a este punto, Esther Francis hace una distinción entre el existencialismo como sistema, y el existencialismo como método. Para definir el primero, Francis se sirve de Jean-Paul Sartre en su conferencia
El existencialismo es un humanismo:
Es una doctrina estrictamente destinada a los técnicos y a los filó-sofos… El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible es que previamente no es nada. Él solo será luego y será tal
como él se hace. Así, no hay naturaleza humana ya que no hay Dios para concebirla (Sartre en Francis, 1972: 9).
Por otra parte, el existencialismo como método:
Se caracteriza por partir de la constatación del al menos aparente absurdo del universo… Ser existencialista es, en este sentido, ser un pensador que, ocupándose solo de lo concreto, trata de enfrentarse a la existencia sin otra coraza que su propia existencia, entendiendo por tal su ser presente ante el mundo (Francis, 1972: 9).
Es en el marco de esta segunda definición del existencialismo como método donde podemos ubicar con mayor justicia las ideas desarrolladas por Camus en su obra El mito de Sísifo. Como método, la perspectiva del pensamiento existencialista se inicia, en nuestra opinión, con una premisa: la relación del hombre con el mundo es de choque o de divorcio, ya sea desde la perspectiva cristiana o desde la perspectiva secular.
Esta concepción “singularmente dramática del destino del hombre” (Mounier, 1967: 47) permite un análisis común de pensadores tan disí-miles como Kierkegaard, Heidegger, Sartre y Camus.
Los temas-paradigmas de esta corriente pueden resumirse así: en primer lugar, la contingencia del ser humano; en segundo lugar, la impo-tencia de la razón; en tercer lugar, el salto del ser humano; en cuarto lugar, la fragilidad del ser humano; en quinto lugar, la enajenación; en sexto lugar, la finitud y la urgencia de la muerte; en séptimo lugar, la soledad y el secreto; y por último, la nada (Mounier, 1967: 48-80).
Estos temas se manifiestan en líneas transversales del pensamiento existencialista. En el caso de Camus, estas ideas aparecen en los diver-sos géneros literarios de su obra, ofreciendo así un sistema de pensa-miento de carácter orgánico. Camus escribe en sus Diarios, en 1945: “¿Por qué soy un artista y no un filósofo? ¿Porque pienso según las palabras y no según las ideas?” (Camus en Vargas Llosa, 1981: 41).
Ahora bien, el pensamiento de Camus, especialmente en el ensayo filosófico El mito de Sísifo, es producto de antecedentes teórico-filosóficos
que han condicionado sus propios razonamientos, y que permiten iden-tificarlo –al menos en el campo temático, mas no de sistema– con las características generales que plantea Mounier en la referencia previa.
Para Camus, el absurdo es entonces “el divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que decepciona, mi nostalgia de unidad, el universo disperso y la contradicción que los encadena” (Camus, 2004: 67). Pueden verse claramente las relaciones estrechas entre lo que Camus resumió como “el sentimiento del absurdo” y su presencia en el campo de estudio de la filosofía existencialista.
Ya sea en armonía o en oposición con los elementos característicos de la filosofía existencialista, Camus no puede mantenerse al margen de esta línea de pensamiento, que define al hombre en choque con un mundo que le es ajeno, y vive en un limbo dramático entre “el espíritu que desea y el mundo que decepciona” (Camus, 2004: 67). Este hombre desagarrado se describe a sí mismo: “Yo soy un débil existente perdido en el océano amargo de la finitud, el dios solitario y débil sin el cual esta creación espontánea de mí mismo por mí mismo se hundiría a cada instante en la nada” (Mounier, 1967: 60)
El absurdo se identifica con estas características y con muchas de las preocupaciones filosóficas y metafísicas que éstas plantean; es el caso de la toma de conciencia del hombre absurdo del “sentido de la vida” (Camus, 2004: 14) y de su relación con la muerte, de la impotencia de nuestra razón para saciar “esta nostalgia de unidad, este apetito de absoluto” (Camus, 2004: 30), y de la angustia que genera esta patente confrontación.
Esta angustia existencial que surge del silencio del mundo ante nuestras preguntas es un tema constante en los filósofos existencialistas, y precisamente el sentimiento del absurdo recoge en sus componentes dicho estado del espíritu, una angustia que lo inquieta y lo lleva a cuestio-narse el porqué de su existencia y el sentido de su vida. La angustia está relacionada con el cuarto de los temas expuestos por Mounier,
esto es, la “fragilidad del ser humano”, entendiendo como “fragilidad” ese estado de abandono y orfandad de nuestra existencia.
Para Heidegger:
La angustia propiamente dicha es el signo del sentimiento auténtico de la condición humana. Se la reconoce porque no es angustia de ningún objeto preciso, sino apercepción brutal y desnuda de nuestro ser-en-el-mundo, “de la mundanidad del mundo en el estado puro”, de nuestro desamparo y de nuestra marcha hacia la muerte. (Hei-degger en Mounier, 1967: 61).
Por otra parte, Karl Jaspers muestra en su definición de la existencia, cómo el choque de contrarios produce un estado existencial de crisis, resultando en angustia:
La existencia es una conquista. ‘Estar en impulso’ es su modo de ser esencial. Su ritmo propio es la crisis. Es un movimiento perpetuo de flujo y reflujo, de fracaso y victoria. Solo voy al reposo por la angustia, al abandono por el desafío, a la creencia por el escándalo… El existente tiene que mantener los contrarios unidos en él en un esfuerzo de tensión dolorosa jamás resuelta (Jaspers en Mounier, 1967: 61).
Resuenan estas líneas de pensamiento en El ser y la nada de Jean-Paul Sartre, donde se aborda el tema de la angustia como un reflejo de la libertad; esta “libertad” es, a su vez, una obligación de la que no pode-mos escapar, el Yo se hace en el tiempo y esto produce angustia: “La libertad que se manifiesta mediante la angustia se caracteriza por una obligación perpetuamente renovada de rehacer el Yo que designa el ser libre” (Sartre en Ferrater, 2004: 171).
Por último –y no por ello menos importante– se encuentra el riguroso análisis y estudio del tema de la angustia en el pensamiento de Sören Kierkegaard. En su libro El concepto de la angustia, Kierkegaard habla de la relación entre la angustia, el espíritu y la culpa. El espíritu crea una síntesis con el alma y el cuerpo, pero se siente extraño ante esta dualidad, no puede llevar una vida autónoma, manteniéndose fuera de sí, fuera
de su propia naturaleza. Dice Suances Marcos en su estudio sobre el absurdo en el siglo XX:
Por una parte, el espíritu tiene que haberse con el cuerpo; para eso está en el hombre y esa es su misión. Por otra, dada su naturaleza, se encuentra en el cuerpo humano como un elemento extraño; se siente violento. En esta relación ambivalente consiste la angustia (Suances Marcos, 2003, II: 120).
Las relaciones entre el tema de la angustia y el tema del absurdo son estrechas. Ambos estados plantean un reto a la existencia del hom-bre, colocándolo en una posición de relación particular con su mundo interior, con el mundo exterior y con el infinito. La aproximación al tema del absurdo en Kierkegaard es desde la perspectiva del creyente, más específicamente, del creyente cristiano. Las dicotomías finito-infinito, vida-muerte, hombre-Dios, lo desgarran y lo confunden; “lo absurdo de la fe” es solo comprensible mediante un “salto” en ella; cree porque es absurdo. Kierkegaard se pregunta entonces:
¿Qué es lo absurdo? Es el hecho de que la verdad eterna se ha hecho temporal, que Dios se ha encarnado, ha nacido, crecido, etc. como cualquier otro ser humano individual y sin distinguirse de otros indi-viduos… Lo absurdo es justamente, en virtud de su repulsión objetiva, la medida de la intensidad de la fe en la intimidad… Pues lo absurdo es objeto de fe, y es el único objeto que se puede creer (Kierkegaard en Bretall, 1946: 220-221).
En el caso de Sartre, el hombre se ve forzado a escoger, a tomar decisiones sobre su vida y su destino. Esta libertad es para él un peso, una condena, y no una fuente de posibilidades. La elección en la cual se manifiesta la “libertad del para sí”.
Es una elección absurda, no porque carece de razón sino porque no ha tenido posibilidad de elegir (…); no es absurda en el sentido que, en un universo racional, parece surgir un fenómeno que no parece estar ligado a otro por razones… Es absurda en tanto que se halla más allá de todas las razones (Sartre en Ferrater, 2004: 34-35).
Uno de los aspectos más interesantes de Camus se encuentra en su distanciamiento de estas concepciones ontológicas y metafísicas so-bre el absurdo mencionadas anteriormente. Sin embargo, este “senti-miento del absurdo” en Camusmantiene vínculos con los temas tratados por lafilosofía existencialista, haciendo especial énfasis en las temáticas de la angustia, de la existencia en el mundo y del absurdo como producto de dicho estado.
La preocupación por el absurdo está presente en Camus desde sus actividades como activista de la resistencia en Francia, y sus labores como periodista. Como secretario de redacción del periódico parisino
Paris-Soir, escribe Camus al director del periódico que es ya tiempo para iniciar “un arte absurdo”, esto es:
… Varias etapas, cada etapa representada por técnicas diferentes y sus continuaciones ilustrando las consecuencias de una corporización absurda con la vida. Digo esto mal porque es menos sistemático y menos abstracto. He iniciado mi primera etapa. Calígula está acabado, ya lo sabes. El extranjero (…)está escrita en sus tres cuartas partes. Mi ensayo sobre el absurdo está escrito a medias. Como ves, todo esto es vasto. Pero por primera vez desde hace muchos años soy consciente de todo lo que quiero hacer y seguro de llevarlo hasta el fin… En este momento no hay ninguna distancia entre mi vida y mi obra. Llevo las dos cosas adelante con la misma pasión (Camus en Todd, 1997: 245).
Camus identifica la dificultad de escribir sobre el absurdo en el contexto de una guerra mundial, cuando el absurdo no es ya un concepto, sino una experiencia. Va confecciona sus preocupaciones al decir: “Lo que quiero sacar es un pensamiento humano, clarividente, limitado en el tiempo; una determinada conducta en la que la vida estaría armada para sí misma y no para los sueños a los que sirve de pretexto” (Camus en Todd, 1997: 219).
Se podría afirmar que la creación y la temática de El mito de Sísifo
son consecuencia del ánimo y las circunstancias que vive Camus entre 1939 y 1942. El libro se compone de cuatro partes y un apéndice. En
una primera parte, Camus expone sus ideas sobre lo que él llama “el sentimiento del absurdo” y la noción del mismo: “Las páginas que siguen tratan de una sensibilidad absurda que podemos encontrar dispersa en el siglo –y no de una filosofía absurda que nuestro tiempo, propiamente hablando, no ha conocido–” (Camus, 2004: 11).
La segunda y tercera partes del ensayo están dedicadas al estudio del hombre absurdo y su creación artística. Camus aborda las caracterís-ticas y representantes más ejemplares que encarnan el sentimiento del absurdo: el amante, el comediante, el conquistador, y el creador. Final-mente, el ensayo dedica un apartado al mito griego del mortal Sísifo, muestra esclarecedora de esta lucha interior del sentimiento del absurdo en la rebelión de Sísifo contra los dioses.
Podríamos afirmar que el principal interés del ensayo consiste en descubrir las ramificaciones de la sensibilidad absurda, qué la anima y cuáles son sus consecuencias. Para ello, Camus se ve en la necesidad de aclarar que, más que un concepto de orden metafísico o fenomenoló-gico, es un “mal de ánimo”, encarnado en sus contemporáneos, producto del repentino reconocimiento del abismo que existe entre nuestra finitud y el absoluto, entre la vida y la muerte, entre la Patria que nos recibe y acoge –la Naturaleza– y la sensación de exilio en nuestro propio mundo, todas estas antinomias marcadas por un mal del espíritu, un “malestar moral y físico” (Todd, 1997: 301).
La originalidad del diagnóstico de este malestar reside en su resis-tencia a las ataduras sistemáticas de la reflexión filosófica. El método contiene entonces la siguiente dialéctica creativa:
El mundo absurdo no se analiza de entrada con rigor. Él se evoca y se imagina (…) Pero de repente ese mundo traza a grandes rasgos la primera piedra (no hay más que una), filosofar deviene posible –más exactamente, si lo hemos comprendido bien–, se vuelve necesario. El análisis y el rigor son exigidos y reintroducidos (Camus, 1966: 81).
El sentimiento del absurdo, aunque esté en el hombre y en el mundo, no responde a categorizaciones ni definiciones definitivas; al contrario,
es el producto de una apreciación de los sentimientos que aquejan y motivan el espíritu del hombre moderno. Al respecto, dice el prologuista de las Obras completas de Camus, Federico Saínz de Robles: “El mito no nos propone una metafísica. No se trata para él (Camus) de demostrar una filosofía del absurdo, sino de mostrar una forma de la sensibilidad moderna” (Camus, 1962, II: 20).
Se considera importante destacar que las características de esta sensibilidad son solo descripciones que hace Camus a lo largo de su ensayo, muchas veces sin ilación ni relación concreta para el lector. Esta investigación intenta ceñirse a lo expuesto por el autor, tomando en cuenta los matices literarios y estéticos que muchas veces confunden y dificultan las características expuestas.
El reconocimiento del sentimiento del absurdo, argumenta Camus, no es una idea innata o una condición intrínseca de la naturaleza humana; al contrario, se manifiesta por primera vez en la forma de una pregunta, de un cuestionamiento por el “porqué.”
A partir de esto surge lo que Camus llama “el primer signo de absur-didad” (Camus, 2004: 24); el mundo, hasta entonces ordenado por nuestra rutina y nuestros hábitos, se ve súbitamente desarticulado en medio de un patente quiebre: “La sensación de absurdo a la vuelta de cualquier esquina puede sentirla cualquier hombre. Como tal, en su deso-lada desnudez, en su luz sin brillo, es inasible” (Camus, 2004: 22).
Este quiebre ha sido descrito con claridad por Simon en términos de un “despertar” a la pregunta misma, solo que, en este caso: “esa pregunta carece de respuesta: el destino del hombre se hunde en lo irracional… El hombre se despierta para percibir en torno suyo los muros del absurdo (Simon, 1962: 120).
Este despertar frente a los muros del absurdo se manifiesta, según Camus, de diferentes maneras. Las siguientes distinciones son resultado de nuestra investigación y de nuestro intento por desglosar el contenido de la noción del absurdo, aunque dichas separaciones teóricas y
descrip-tivas no se encuentren explícitas en El mito de Sísifo; por ende, lo que prosigue en nuestro análisis es de carácter interpretativo.
1.1. El absurdo como náusea
El sentimiento del absurdo no se limita a un simple reconocimiento interior de nuestras limitaciones y de nuestra soledad; sale de nosotros y se proyecta en el otro, en la humanidad que nos rodea y de la que se es parte. Un día, los gestos autómatas del vecino, el transitar sin rumbo y sin sentido de un hombre nos da “náusea” y nos remite a volver a nuestro interior y preguntarnos: ¿Soy yo también así? La humanidad es cuestionada y el absurdo es su respuesta: “Ese malestar ante la inhu-manidad del hombre, esa incalculable caída ante la imagen de lo que somos, esa “náusea”, como la llama un autor de nuestros días, es también lo absurdo” (Camus, 2004:27).
1.2. El absurdo como extrañeza
El sentimiento de extrañeza se da en tres sentidos distintos: extrañeza frente a mí mismo –mi propia existencia–, extrañeza frente a los demás –la humanidad– y extrañeza frente al mundo. La relación entre el yo y el exterior se ve condicionada por una sensación espesa que rompe con la normalidad de mis actos y de mis pensamientos, y expone al espíritu a una actitud que le es extraña:
El encuentro con el mundo puede hacer sentir su irracionalidad y su hostilidad cuando se advierte que es espeso. No lo comprendemos, se nos escapa. Incluso en el fondo de toda belleza, se observa algo inhumano… Ese espesor y esa extrañeza es lo absurdo.(Suances Marcos, 2003: 187).
Lo absurdo se cuela en la sensación de extrañeza que me causa el
otro; lo que hasta ahora se daba por sentado, empieza a tomar un cariz distinto: “El extraño que, en ciertos segundos, nos sale al encuentro en un espejo, el hermano familiar y sin embargo inquietante que encontra-mos en nuestras fotografías, es también lo absurdo” (Camus, 2004: 27).
Anteriormente se aclaró que el sentimiento del absurdo puede surgir en cualquier hombre; por tanto, esta extrañeza nos es común a todos. Camus patentiza esta sensación en el personaje de Mersault en la novela
Elextranjero. Mersault va a ser juzgado por un crimen del cual no siente arrepentimiento alguno, y ante los que le acusan exclama su condición de “extraño” y de “forastero” frente al mundo que ahora lo condena: “Tuve unas estúpidas ganas de llorar, porque he notado hasta qué punto me detestaba toda aquella gente” (Camus, 1965: 154).
Al igual que Mersault, el hombre común que identifica estos primeros signos de absurdidad, siente una transformación en su condición, se considera un “extraño” a sí mismo, un “extraño” a los ojos de los demás y, finalmente, un “extranjero” en el que, hasta ahora, era su mundo.
1.3. El absurdo como contradicción
El sentimiento del absurdo genera una contradicción, en tanto que la razón anhela conocer un mundo que, infinito en sus manifestaciones, se le muestra limitado en sus respuestas al ser humano. Esa misma razón busca darle un sentido a la vida, pero se enfrenta a su finitud y a los muros que la rodean. Camus enfatizas esta contradicciones al pre-guntarse: “¿Cuál es esta condición en la que solo puedo alcanzar la paz negándome a saber y a vivir, en la que el apetito de conquista tropieza con unos muros que desafíen sus asaltos?” (Camus, 2004: 33).
1.4. El absurdo como nostalgia
La “nostalgia de unidad” es una constante a la que apela Camus al momento de describir el sentimiento del absurdo; ante el quiebre del hombre y el mundo, brota el deseo de volver a la unidad indivisible de la existencia con su entorno, la nostalgia de los días en que la vida y el mundo parecían tener un sentido. Este “divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que decepciona, mi nostalgia de unidad, el universo disperso y la contradicción que los encadena” (Camus, 2004: 67), desem-boca en un drama, el drama del sentimiento absurdo.
La muestra más clara de unidad es la Naturaleza, en la que los acontecimientos parecen desenvolverse bajo el dictamen de unas leyes que le son propias y absolutas. Al volcarse el hombre a sí mismo, ve que su relación con el afuera no se rige por este “apetito de absoluto”; al contrario, se topa con un abismo que lo aleja y lo separa de este orden universal, abandonado así en una profunda nostalgia:
Ante la belleza del paisaje, al sentir la luz del sol o el rumor del mar, percibimos sencillamente una medida cuya grandeza supera nuestra frágil humanidad. Estando con otros hombres, caemos en cuenta de la imposibilidad de compartir nuestro infortunio. Queriendo entender el mundo, nos topamos con su silencio. Deseando conocernos a noso-tros mismos, enfrentamos los límites de nuestra inteligencia o nuestra voluntad (Duno, 1996: 43).
1.5. El absurdo como pasión
Podría suponerse por lo dicho anteriormente que el sentimiento del absurdo es un estado de ánimo negativo. Muy al contrario, Camus insiste que el absurdo no debe ser entendido como un juicio de valor sino como el sostén que permite al sentimiento mantenerse vivo en el espíritu del hombre que lo reconoce: “A partir del momento en que es reconocido, lo absurdo es una pasión, la más desgarradora de todas. Todo estriba en saber si se puede vivir con pasiones” (Camus, 2004: 35).
Según esto, el absurdo es un reto; un reto que demanda del corazón el temple suficiente para aceptar su ley. El sentimiento del absurdo vive en cuanto es aceptado como una pasión y, con ella, todas sus consecuen-cias. ¿En dónde se encuentra esta “pasión desgarradora”?: ¿en el hom-bre, en el mundo? El encuentro y la confrontación entre estos perso-najes conforma el paso del sentimiento absurdo a la noción del absurdo.
II. La noción del absurdo
Camus reconoce que el sentimiento del absurdo no es más que una apreciación, una intuición de un “estado de cosas”, para luego pasar a un “segundo estadio” en la reflexión absurda. Esto es: se toma conciencia
del sentimiento y se convierte en una noción, la noción del absurdo: “El sentimiento de lo absurdo no es, sin embargo, la noción de lo absurdo. La fundamenta, sin más. No se resume en ella sino en el breve instante en que juzga el universo. Luego tiene que llegar más lejos” (Camus, 2004: 42).
Al igual que el sentimiento absurdo, la noción del absurdo tiene unas características particulares que le otorgan su significación y las consecuencias que ella acarrea. Hemos identificado a continuación sus características más esenciales:
1.1. La conciencia
Es el elemento más importante de la noción del absurdo; la conciencia es constitutiva del absurdo y, sin ella, hablar de una posible “felicidad” a pesar de los “muros del absurdo”, sería imposible. El reto de la conciencia está en permanecer firme en el fino hilo de tensiones generado por la confrontación y el divorcio. Francis describe este reto diciendo:
La conciencia mantiene así un estado de enfrentamiento lúcido, de tensión perpetua, de equilibrio desgarrado. La única actitud coherente es la conciencia perpetuamente renovada del absurdo, la instalación de mi lucidez en medio de lo que la niega; el absurdo es mi verdad primera (…) el mantener mi conciencia mantiene mi verdad; la existencia misma del absurdo (Francis, 1972: 36).
Según Camus, en la lógica del absurdo la conciencia tiene un papel
vital, en su sentido literal; juega un rol dinámico en la autenticidad del absurdoen la vida del hombre consciente. Este “equilibrio desagarrado” del que habla Francis es la difícil posición que debe asumir la conciencia en el mantenimiento del absurdo y en la tensión producto de “la razón lúcida que comprueba sus límites” (Camus, 2004: 66).
1.2. El presente/El tiempo
El absurdo se da en un tiempo, y este tiempo es el presente. La conciencia que reconoce el absurdo y lo anima y mantiene vive en un
presente que es su única realidad. En este sentido: “El presente y la sucesión de los presentes ante un alma sin cesar consciente, tal es el ideal del hombre absurdo” (Camus, 2004: 83).
El hombre absurdo no vive en el ayer ni se proyecta en el mañana; emprende su lucha en “el aquí y el ahora”, el campo de batalla de sus pasiones, de sus sentimientos y de sus acciones, es el tiempo presente que, aunque le es absurdo, el único que conoce y del cual es consciente: “Y nunca he sentido, tan vivamente a la vez, el desprendimiento de mí mismo y mi presencia en el mundo. Sí; estoy presente. Y lo que me impresiona en este momento es que no puedo ir más lejos” (Camus, 1962, II:111).
1.3. La sencillez/La imagen
En esa “tensión perpetua” en la que se mantiene la conciencia de lo absurdo, el mundo y su majestuosidad siguen siendo una añoranza. Los instantes que componen el presente se reducen, en última instancia, a sencillas imágenes que capta el espíritu, y le recuerdan al hombre que es una pieza más del engranaje del Universo.
Esto es lo que Camus llama “la absurda sencillez del mundo”, la posibilidad de captar su inmensidad en una imagen: “¿Y qué es lo que hace quedarse en esta habitación, a no ser la certidumbre de que siempre vale más así, la sensación de que toda la absurda sencillez del mundo ha buscado refugio en esta habitación?” (Camus, 2006: 54).
1.4. El exilio
El absurdo hace morada en el reconocimiento de nuestra situación de “exilio”, aprendemos a valorar cada uno de los instantes que conforman nuestra vida y dan plenitud a nuestra existencia.
Esa sensación de exilio es una realidad que no se puede negar, pero ella no impide sentir cierta plenitud en el reconocimiento mismo de esa realidad; la conciencia del absurdo es la única verdad, y es a ella a
la que se debe aferrar el hombre con todo su ser. En las narraciones de
El revés y elderecho, Camus utiliza el contraste entre las ciudades de Praga y Vicenza, como una manera de mostrar el drama interior que acontece en el hombre que toma conciencia del absurdo:
Si como hemos visto, el exilio y la plenitud forman parte de un mismo movimiento, ¿cómo elegir entre uno de ellos? Hacerlo sería amputar a la vida una parte de su integridad. Además, ¿podría existir plenitud sin nostalgia? ¿Patria sin exilio? Nuestro personaje no elige entre Praga y Vicenza; él afirma: “las dos me son amadas”. Vemos que no se trata de escoger entre la felicidad y la desdicha; sino de vivir con lucidez y valor nuestro peregrinaje entre el exilio y la Patria (Duno, 1996: 79-80).
1.5. La Trinidad
El absurdo es, en resumen, una “singular Trinidad” (Camus, 2004: 45) compuesta por tres vértices fundamentales: el hombre, el mundo y la noción del absurdo que es su “lazo”, su punto inquebrantable de unión. El absurdo se da en el espíritu humano y no trasciende los límites de este mundo que es su hogar. Esta “Trinidad” se presenta a la conciencia como una verdad, y Camus describe sus características:
No puede dividirse… No puede haber absurdo fuera de un espíritu humano. Por ello lo absurdo acaba, como todas las cosas, con la muerte. Pero tampoco puede haber absurdo fuera de este mundo. Y con este criterio elemental juzgo que la noción del absurdo es esencial y puede figurar como la primera de mis verdades (Camus, 2004: 46).
III. La rebelión: la respuesta camusiana al absurdo
Una vez constatado y asumido el absurdo como la única verdad de la conciencia lúcida, surgen en el espíritu ciertas consecuencias, producto de la condición absurda de mi existencia y del mundo; la nostalgia de absoluto, las ansias de orden, la fatalidad de la muerte y la finitud de la
existencia se convierten en justificaciones suficientes del hombre absurdo para asumir él mismo las riendas de su vida, desplazando a un Dios que le es ajeno y, por consiguiente, inexistente, pues no responde a sus deseos ni calma sus anhelos. La rebelión se convierte en la única posición filosófica coherente frente al absurdo, siendo esta una reivindicación del ser sin Dios, en un mundo que ahora es su responsabilidad:
La rebelión metafísica es el movimiento mediante el que un hombre se levanta contra su condición y contra la creación entera. Es meta-física porque discute los fines del hombre y de la creación… El movimiento de rebelión aparece en él como una reivindicación de claridad y de unidad. La rebelión más elemental expresa, paradójica-mente, la aspiración a un orden (Camus, 1962, II: 718).
La rebelión es metafísica en dos sentidos, en un sentido negativo
porque “impugna no un modo determinado de ser, sino el ser en general, el ser en cuanto es un ser que mientras es marcha hacia la nada, que está disperso, que no permanece” (Francis, 1972: 41); y en un sentido
positivo, en cuanto hay una defensa de ese mismo ser que, por ser absurdo, tendemos a negar: “en el fondo mismo de la rebelión hay un llamado al ser, una defensa de lo que es, no de un tener o un hacer sino de un ser” (Francis, 1972: 41).
Esta respuesta camusiana sigue la misma lógica del absurdo: el hombre reconoce un divorcio a su alrededor, sabe que su situación es absurda pero, a diferencia de las posiciones adoptadas por los demás filósofos existencialistas, Camus responde con un acto de valentía, invitando al hombre a rebelarse ante aquello mismo que lo aniquila y lo desarma. La rebelión nace de su propio espíritu, de su condición finita y del abandono de sus dioses: “La rebelión nace del espectáculo de la sinrazón, ante una condición injusta e incomprensible. Pero su impulso ciego reivindica el orden en medio del caos y la unidad en el corazón mismo de lo que huye y desaparece” (Camus, 1962, II: 703).
Dice John Crikshank: “Rebelarse contra el absurdo implica redescu-brirse uno mismo” (Galloway, 1985: 177); en ese redescubrimiento, el
hombre elige el orden humano sobre el orden divino, asume su rol al saberse solitario, una vez desplazado Dios de su trono regulador: “Una vez derribado el trono de Dios, el rebelde reconocerá que esa justicia, ese orden, esa unidad que buscaba inútilmente en su condición, tiene ahora que crearlos él con sus propias manos, justificando con ello la caducidad divina” (Camus, 1967, II: 437).
El hombre sabe que “todo es absurdo”, pero en esta negación se encuentra su única verdad, el único sentido dentro del caos del universo: “Todo no, supone un sí” (Camus, 1967, II: 382), dice Camus para mostrar que de la negación surge una afirmación, y ésta es la rebelión metafísica del absurdo:
Al enfrentarse a este universo, el hombre desesperado grita “todo es absurdo”. Pero, aunque todo sea absurdo, el grito por el cual me rebelo no es absurdo. Al menos mi protesta tiene sentido. Así, mi primera y única evidencia significativa dentro del caos que constituye mi existencia en el mundo es la rebelión (Francis, 1972: 38).
IV. Sísifo, feliz
El mito del mortal Sísifo y su rebelión contra los dioses es el tema que da título a la obra de Albert Camus estudiada a lo largo de esta investigación. Este hecho no es azaroso ni puede pasarse por alto. Sísifo, en el pensamiento de Camus, representa el héroe absurdo por excelen-cia; encarna en su condena y en su actitud frente al castigo de los dioses el drama propio del absurdo; se sabe dueño de su destino y es consciente de su tragedia, desprecia a los dioses y odia la muerte, se aferra a la vida como su más preciado bien y, en la inutilidad de su castigo, encuentra la fuerza necesaria para mantener viva su rebelión:
Todo el gozo silencioso de Sísifo está en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. De la misma manera, el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, manda callar a todos los ídolos… No hay sol sin sombra y es menester conocer la noche… Si hay un destino
personal, no hay un destino superior o al menos no hay sino uno, que juzga fatal y despreciable. En lo demás, sabe que es dueño de sus días (Camus, 2004: 159).
Camus nos propone ver a Sísifo como el héroe absurdo en la cima de la montaña; Sísifo no cede a lo absurdo, lo vive y lo sufre en su castigo eterno. “Hay que imaginarse a Sísifo feliz” (Camus, 2004: 160), dice un Camus apasionado, y aún resuena ese grito rebelde en la vigencia de su obra.
Conclusiones
Albert Camus fue un hombre de su tiempo, y es desde este sentido de pertenencia a una época que crea y construye su obra. En medio de la Segunda Guerra Mundial, un hombre decide cuestionar la injusticia, denunciar el crimen y rechazar la barbarie en que habían sucumbido su cultura y su tradición. Este hombre es el Camus que se pregunta el porqué de la historia y su curso, el porqué del choque entre la razón y los muros que la cercan, el porqué del silencio irremediable del mundo y su secreto orden. No obstante, el hombre de reflexión y el hombre de letras se funden en el creador, y a través de su ensayo El mito deSísifo,
da muestra de su valiente intento por comprender las tensiones que figuran en la tradición filosófica, pero esta vez desde una perspectiva asistemática y original.
Ha sido el objetivo de esta investigación mostrar los diversos niveles de complejidad en el análisis de Camus del sentimiento y la noción del absurdo, colocando dicha noción en el contexto más amplio de su obra y en diálogo con la tradición en la que el absurdo toma un rol prioritario, es decir, en la tradición existencialista.
El mito de Sísifo es el producto de un gran esfuerzo intelectual por partede su autor para describir, exponer y analizar un sentimiento que desnuda a la existencia humana de su sentido trascendente y la expone
a ser libre y consciente en un universo oscuro definido por una relación de separación y quiebre.
Hemos, a su vez, intentado delinear un recorrido por las dos vertientes del pensamiento camusiano: su vertiente espiritual y su vertiente filosó-fica. En nuestra opinión, la intención que anima la obra de Camus no fue otra que recrear la sensibilidad de una época. Para este autor, el absurdo pasó de ser una noción efímera, a una realidad patente; la gue-rra, la maldad y la criminalidad sustituyeron a los dioses, y el paso radical de la dignidad humana como condición natural a mero privilegio.
Pero el artista nunca pierde las esperanzas, y dice: “Tal vez tras esta guerra vuelvan a florecer los árboles, porque el mundo siempre acaba venciendo a la historia. Pero ese día, no sé cuántos hombres estarán allí para verlos” (Camus en Todd, 1997: 213-214).
Referencias
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