Presentación
Los efectos de las revoluciones con frecuencia se perciben cuando éstas ya han tenido lugar. En las últimas décadas del siglo xx se ha sentido con fuerza, sobre todo en los países desarrollados, el peso de una nueva revolución que se suele denominar «globalización»; un neo-logismo-ídolo que se presenta con un amplio campo semántico y abundante polisemia.
Sin detenernos en la etimología y aceptando el término anglosajón así como su com-plejidad no sólo etimológica o semántica, sino también referente a la realidad que quiere representar, nos enfrentamos ante una gran estrella «super-nova» de finales del siglo. Es-trella está que ya ha ido mostrando sus ráfagas policromas.
La caída del Muro de Berlín, el que dividió al mundo en dos amplios bandos de ami-gos-enemigos, ahora los ha sustituido por uno solo: el de los competidores. Esto, unido al final de la guerra fría ha propiciado la unión sincrónica de los bandos gracias a los cambios tecnológicos, sobre todo en el sector de las comunicaciones. Cambios que han producido fuertes efectos sociales, políticos, económicos y culturales que directa o indi-rectamente determinan los ritmos de todo el Planeta; de ahí el nombre de globalización. Frente a los efectos de estos cambios, los dirigentes, progresistas o conservadores, ana-lizan y vaticinan. Y es el pensamiento liberal el que actualmente impone sus análisis y el
modus operandi et vivendi
de manera que la globalización se escora hacia lo másrepre-sentativo del liberalismo, lo económico. Se globalizan las economías, lo financiero y mer-cantil fundamentalmente, mas no la justicia, las necesidades u otros aspectos menos pecuniarios. Aquí tenemos una primera disonancia del término, cuyo campo semántico se queda reducido a la interdependencia económica de los países y a la internacionali-zación de la economía, obviando las perspectivas sociales. Todo ello gracias a un sistema de comunicación y a la implantación de las nuevas tecnologías (TIC).
De este modo, los países se empezarán a distinguir no sólo por la renta per cápita, sino por los megabytes per cápita. Y la lucha de los grupos o individuos desfavorecidos será por la inclusión en dicho sistema. La lucha de los excluidos será en pos de ser in-cluidos, ya no para cambiar el status quo. Se superó la división del mundo en dos blo-ques políticos, pero se han creado diferentes bloblo-ques económicos.
La fuerza de la globalización
se
muestra con eficacia a partir de 1989, fecha de la caída del Muro, pero desde el orden bélico ya se manifestó con motivo de las dos guerras mundiales. Aún más, parece una vieja aspiración del país o países dominadores de cada momento histórico: fenicios, griegos o romanos; islamismo o las Cruzadas; descubrimien-tos geográficos y expansión comercial; estados ibéricos, francés o inglés; desarrollo co-lonial o reparto de África; etc.; son manifestaciones de universalizar a partir del modelo dominante. Y en los últimos años, con la hegemonía de EEUU, la globalización adquiere más presencia. Ya sólo existe un «bloque político» que además dispone del gran recurso de la comunicación, internet, que ayuda a caminar hacia la «aldea global» o a «imponer el pensamiento único». Es el nuevo orden hegemónico.comparables las infraestructuras de la gran mayoría de los países con respecto a unos pocos desarrollados: los miembros de la UF, EEUU, Japón y unos pocos más. De ahí que, si aceptamos este desequilibrio y la tendencia de revolución economicista de la globali-zación, quizá se podría hablar de un nuevo modelo de «neoimperialismo», un nuevo
so-beranismo.
Las características de este modelo económico se inspiran en la funclamentación
ideológica del liberalismo. Se actualizan los principios clásicos del liberalismo tales como limitar el poder del Estado y el «adelgazamiento» de las responsabilidades de las instituciones públicas, la importancia del mercado, el apoyo a la iniciativa privada frente a la pública, etc., a la vez que se incorpora, de facto, el desarrollo de la eco-nomía especulativa o financiera frente a la productiva o industrial. Gracias al apoyo de los medios de comunicación, diariamente se mueven capitales, casi siempre bursátiles, varias veces el presupuesto anual de muchos países juntos. Se confía en la libre circu-lación de capitales y en la libre competencia de precios y productos. Y todo se teoriza bajo los parámetros de la democracia por parte de organismos representativos de la economía, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, cuyo funcionamien-to, por otra parte, no es democrático; del mismo modo se justifica el mercado libre parejo al poder estatal limitado. Esto último, además, lo defienden los países más de-sarrollados al tiempo que ponen en práctica su potencial económico para subvencio-nar sus producciones y exportaciones. Se trata de una modalidad que contradice la defensa a ultranza de la competencia libre.
Consumo y competitividad, producción y desarrollo, economía financiera o
especu-lativa frente a productiva o industrial, rentabilidades y nuevas inversiones tecnológicas, debilitamiento de la fuerza y presencia sindicales más la oposición a todo liderazgo po-lítico son algunas de las características que preconiza el nuevo modelo. No obstante, su presencia ya ha dado muestras de su eficacia favoreciendo el incremento de la produc-ción y el desarrollo al estimular el ahorro y la inversión. Son las bondades y maldades de un modelo transnacional que actúa allí donde la inversión sea menor y el coste de la producción mínimo, luego el beneficio máximo.
Esta internacionalización o transnacionalización de la economía ha supuesto el que unas pocas empresas multinacionales dominen gran parte del mercado mundial, a la vez que a los Estados —sobre todo los menos desarrollados— no les queda otro remedio que adaptarse al ritmo de las directrices de las multinacionales, las cuales se van ocupando lentamente de aquellos servicios que no hace muchas décadas eran competencia estatal. De algún modo las multinacionales están apunto de controlar, centralizar, etc., numero-sas competencias que hasta hace poco pertenecían al ámbito público, de los Estados. Y además, bajo el lema de rentabilidad, cada vez son más las multinacionales que se fusio-nan creando más y más fuertes monopolios. En algunos ámbitos económico-políticos corno la UE se pretende poner un límite a estas fusiones monopolísticas, que a su vez exponen una de las caras más negativas de la globalización.
Hablamos someramente del modelo económico, pero qué duda cabe de que camina
próximo el socio-laboral. Los nuevos métodos productivos requieren nuevas condiciones laborales. En este orden, y bajo unos criterios de producción y rentabilidad, se han im-puesto fuertes ajustes estructurales. La tan anunciada libertad económica exige la clesre-gulación laboral, la flexibilidad, nuevas relaciones sociales y nuevas condiciones
laborales. Así pues, el nuevo modelo está demostrando su capacidad para crear puestos de trabajo, y a la vez pérdidas de derechos laborales, fortalecimiento de las repre-sentaciones patronales y debilitamiento de las sindicales. La nueva economía aumenta y
precariza los puestos de trabajo. La consciencia y responsabilidad obligan a aprovechar los beneficios, regular sus perversiones, y prevenir sus excesos, pues las economías nacionales medias como la española, y sobre todo las familiares, son las más vulnerables a los po-sibles flujos del todopoderoso modelo económico y, cómo no, a los efectos negativos que pudiera producir la denominada «nueva economía».
La «nueva economía», bajo la libertad mercantil o ausencia de barreras y el libre mo-vimiento de capitales, cuenta con las nuevas tecnologías de la información como ele-mento estructural-clave. Juntos desarrollan redes internacionales, aparentemente horizontales, y con ocultación de poder. De este modo el llamado «poder político» lenta-mente va siendo sustituido por otros tácticos, como el mediático o el mercantil. Así, el poder político sufre una transferencia a favor del económico. Las empresas sustituyen al Estado. Unas pocas personas deciden por muchas. Y teniendo en cuenta que no es pro-pia la transparencia ni la democracia de las instituciones empresariales se induce el posible debilitamiento de la democracia. De ahí que también se imponga una reflexión sobre esta pérdida o los peligros que supone la posibilidad del surgimiento de un nuevo totalitarismo, mas de corte económico que político.
Obviando los ejemplos numéricos, que cualquier publicación especializada recoge, se han esbozado los efectos económicos y políticos, de la globalización. Pero debemos detenernos en los aspectos socio-laborales. En principio, se puede afirmar que, si el mo-delo globalizador se atiene fundamentalmente a lo económico y obvia la dimensión so-cial, nace limitado. Y las consecuencias de esta limitación planearán con mayor riesgo sobre las capas sociales más débiles. Con frecuencia los economicistas indican que el pa-pel de la economía es producir riqueza y no valores éticos. Y así parece que los caminos de la nueva economía no se dejan cruzar por los valores éticos.
Este desprecio, y falta de diálogo, arriesga inmensos logros y potencia el resurgi-miento o estimulación de ciertos fundamentalismos y nacionalismos. Baste recordar el atentado del 11 de septiembre sobre las «Torres Gemelas». La homogeneización o unifor-midad de la cultura, el resurgimiento de élites dominantes, además de la referida paupe-rización, cercenan así la capacidad de decisión de los individuos y provoca reacciones violentas, más allá de las testimoniales expresadas por los movimientos antiglobaliza-ción. Frecuentemente, los movimientos surgidos con fuerza a lo largo de la historia de la humanidad, son los más controvertidos; de ahí que la globalización pronto origine el «anti-» correspondiente, —en este caso con cierta virulencia— e intente cubrir su mismo es-pacio, el internacional.
Los propios «anti-» paulatinamente se han ido presentando allá donde los síntomas globalizadores más se explicitaban. Pero mientras las exprexiones «pro-globalización» se manifiestan unívocas, en las «anti-» el arcoiris de vindicaciones es diverso y a veces con-tradictorio. No obstante, quiénes piden libertad y derechos humanos, así como libertad de productos y productores o personas, justicia y derechos humanos. Al siglo xx se suele definir como el siglo de los derechos. Un siglo que termina produciendo los suficientes recursos como para dar cobertura a las necesidades básicas de los miles de millones de seres humanos que habitan este planeta y sin embargo, contradictoriamente, 1300 millo-nes padecen obesidad y 1200 millomillo-nes sufren hambre; es mayor el número de indigestos que el de hambrientos. La nueva economía tiene capacidad para producir riqueza e in-capacidad para distribuirla.
Y saber es poder. Los países con más desarrollo científico y tecnológico tienen más co-nocimiento, luego más saber y más poder. Y esto se puede extrapolar a los individuos. La experiencia se canaliza mayoritariamente a través de internet.
El acceso a internet y a las nuevas tecnologías, viene determinado por la inclusión o
exclusión en la red y será un determinante para equiparar o fijar mayores diferencias so-ciales. Una nueva estructura social se ofrece, definida por la proximidad a los medios de comunicación y por ende a la información y a los conocimientos. En este proceso, inter-net es el instrumento técnico capaz de difundir ideas y conocimientos, manufacturas y
cultura; sencillamente contribuye a la globalización, yendo mas allá del simple economi-cismo. Interconexión de redes, conocimiento y entretenimientos, relaciones con los
de-más bien por correo electrónico o a través de páginas web son elementales y aparentes procesos que posibilitan. A través de internet, por tanto, no sólo fluyen capitales finan-cieros. La cantidad de información que circula exige saber tratarla y utilizarla que de lo contrario significa que los usuarios son manipulables. De hecho se inició en usos milita-res, educativos e investigación, para servir luego al uso comercial y de negocio. Pero una vez más este recurso requiere inversiones a nivel de consumidor individual o institucio-nal. Del cable de fibra óptica a las redes inalámbricas; las primeras capacidades de la fi-bra medían en megabytes (millones de bytes), luego en gigabytes (miles de millones) y ahora en terabytes (billones), requiriendo inversiones altas. De ahí que si se observa un mapa del «cableado global», la anchura de las franjas delata las diferencias entre países.
No obstante es un instrumento que empequeñece el mundo, y lo reduce a un cable, eli-minando las distancias. La «terra incognita» del mapamundi ha desaparecido o
disminui-do de tamaño. De este modisminui-do, en el Planeta que compartimos todisminui-do lo que sucede y es relevante nos afecta. «Piensa globalmente y actúa localmente» es la máxima ecologista
que se puede extrapolar solicitando responsabilidad, ya que el Planeta es de los que lo habitamos y de los que vendrán. Esta responsabilidad deviene en ética, y por ello la res-ponsabilidad frente al consumo o el deterioro del medio, por ejemplo, apoya el desafío que el desarrollo sostenible brinda.
No sabemos si estamos o no en el mejor de los mundos posibles, pero la globaliza-ción y los nuevos sistemas de comunicaglobaliza-ción son una realidad. Una realidad aún no
glo-balizada que para unos es una nueva forma imperialista o neocolonial y para otros un nuevo movimiento natural que empequeñece el mundo, aproximándolos bien a imponer un pensamiento homogéneo, bien a garantizar unos mínimos vitales. Bondades o per-versiones son visiones opuestas sobre una realidad con la que hay que relacionarse, y a través de la cual podemos encontrarnos más allá de los intereses económicos de algunos Estados. Y desde la necesaria crítica e indignación se debe apostar por la ciudadanía. La sociedad civil es parte del nuevo orden. Internet y las nuevas tecnologías han contribui-do fuertemente como soporte de comunicación para la información, si bien de mocontribui-do de-sigual, pues la media de usuarios de internet en África es de 0,76% frente al casi 28% de Europa. Internet es una nueva frontera Norte-Sur.
de las nuevas tecnologías en los sistemas educativos o en los modos de aprendizaje cu-rricular y otros, unas reflexiones políticas, éticas y culturales sobre el binomio globaliza-ción-educación y, finalmente, una bibliografía sucinta.
De ahí que los profesores C. A. Torres y N. Burbules reflexionen desde una perspectiva amplia sobre la globalización, realizando un recorrido histórico, acotando características y análisis conceptual, Lijando sus «bondades y perversiones», y afirmando la dimensión econo-micista de la misma. El filósofo F. Álvarez, analiza, sobre todo desde la reflexión filosófica, en concreto nominal, cómo se concibe conceptualmente el nuevo fenómeno. Cuál es la po-lisemia y significado del término globalización planteando, la necesidad de reflexionar sobre el concepto a fin de lograr una mayor comprensión y acotación del mismo. M. Castells, abunda en el nuevo paradigma y sus papeles, entre ellos la transferencia del poder del esta-mento político al económico, o la sustitución de la sociedad industrial por la sociedad del conocimiento a la vez que describe los fundamentos de la sociedad de redes.
Para R. Savio transnacionalización económica y globalización son términos sinóni-mos. Las leyes del mercado y sus exigencias, eficacia y competitividad, imponen una nueva cultura en la que el déficit de democracia se evidencia y también sugiere la for-mación de una ciudadanía global. El periodista T. Drago abunda en el análisis y la crítica del reduccionismo economicista de la globalización así como las consecuencias de este efecto limitante. Para el profesor J. C. Tedesco una vez admitida la presencia de la glo-balización, ésta afecta decididamente sobre dos ámbitos educativos señeros, la familia y la escuela. Estos deben enfrentarse a sus retos con respuestas ágiles y la familia sociali-zando la nueva situación. M. Carnoy, por medio de dos artículos y con su reconocida capacidad crítica, se sumerge ya, tras de los análisis generales sobre la globalización de los autores anteriores, en los sistemas educativos. Las nuevas situaciones exigen refor-mas. La educación, en la mayoría de los casos, era un subsistema controlado y regulado por los Estados. ¿Qué hacer toda vez que la globalización apuesta por las descentraliza-ción y la desregularizadescentraliza-ción? ¿Qué efectos producirán en la sociedad? ¿El efecto equipara-dor de la educación con la nueva filosofía no originará nuevos y mayores «agujeros negros» en la sociedad? Para J. Gimeno Sacristán, más allá del economicismo, la globali-zación se adentra, aunque sea contradictoriamente, en la cultura, en todos los ámbitos humanos y por ende en el sistema educativo. Y éste debe responder para aprovechar lo conveniente y canalizar las perversiones. Es obligación de la educación actuar de este modo, si es para la vida. De ahí que se imponen nuevos métodos y contenidos.
Los profesores y expertos G. Youngs, A. Plasencia, N. Burbules, R. Feito, J. Echeverría, V. Romano y J. M. Touriñán analizan las nuevas vías de la comunicación, las nuevas tecno-logías. Todos resaltan su importancia para el desarrollo de la . educación. Estamos no sólo bajo la transnacionalización económica, sino bajo las redes de la información y la comuni-cación, en la era del conocimiento. Y en este campo internet juega un papel excepcional.
de vincular la escuela a éstas, desarrolla un programa E-learning. Acerca de los usos, ventajas y mejoras de este programa, se centra su reflexión. El profesor V. Romano opina que más allá de los entornos del ordenador está la consideración de éste como un ins-trumento y no un fin. Las tecnologías son un recurso, no la panacea; de ahí que el ca-rácter humanístico y la reflexión deban seguir planeando en la educación por encima de los recursos. Y en este capítulo de reflexiones, el profesor J. M. Touriñán aglutina las nu-merosas opiniones expuestas por los anteriores autores y avanza atractivas sugerencias en la descripción, contraste y reconocimiento de los grandes avances, los apoyos y los retos que brindan las nuevas tecnologías aplicadas a la educación.
Los artículos finales, correspondientes a los profesores F. López Rupérez, H. Giroux, A. Bolívar, J. M. Cobo, R. Flecha y V. Miguel, sin dejar a un lado la reflexión generalista que planea en todo el número de la Revista de Educación sobre la globalización, sus efectos y las tecnologías de la comunicación que se difunden, se encaminan por derro-teros diversos y de contraste.
F. López Rupérez, tras de un análisis epistemológico de la globalización y su com-plejidad nos acerca a la relación efecto-causa o cómo ésta afecta al sistema educativo, lo que conlleva unas estrategias meta-políticas. Frente a tanta complejidad, el subsisterna educativo no puede permanecer al margen.
El texto de H. Giroux, junto con el del profesor J. M. Cobo, es una reflexión crítica a la totalidad. Para el primero, la globalización es un «saqueo económico» al que es ne-cesario enfrentarse y convertirla en más transversal y democrática. En esta toma de con-ciencia, la educación, y desarrollar una «política de esperanza educada» o una utopía anticipadora, se puede hacer frente a las perversiones del nuevo fenómeno. El profesor J. M. Cobo, que no obvia las «maldades» de la globalización, ni deja de citar sus bonda-des, vindica la reflexión ética. De ahí la necesidad, de transformar la historia de la huma-nidad, casi siempre ofrecida como sacrificial, en ética. Por ello aboga por la consciencia y la responsabilidad a la hora de enfrentarnos a esta estrella «super-nova». Es necesaria la ética, y ésta no debe alejarse del análisis global, reflexionando sobre la homogeneiza-ción, sobre los efectos del pensamiento único, sobre la cultura dominante. En esta línea se mantienen los planteamientos del profesor A. Bolívar, quien expone las contradicciones: a la vez que se mundializa surgen nuevos modelos identitarios de cultura de carácter local. Son las nuevas respuestas nacionalistas a tanta imposición homogeneizadora.
Desarrollo sostenido o explotación, localismo o cosmopolitanismo, diferenciación u ho-mogeneización, particularismo o universalismo, etc. son términos antinómicos que sólo se resuelven con la participación y el diálogo. Las nuevas tecnologías, sobre todo internet, ofre-cen un soporte que capacita horizontal y transversalmente estas dimensiones, es el espacio en el que se detienen los profesores V. Miguel y R. Flecha. Éste último, junto con la investi-gadora M. A. Cabeza cierra el número recopilando una cantidad irrisoria de libros sobre glo-balización y educación. La bibliometría sobre el tema es cuantiosa, de ahí que sólo reparen en algunas referencias bibliográficas significativas y relevantes que, una vez comentadas, se sugieren al lector que quiera abundar en la temática que se presenta.
La información y la comunicación han estado presentes a lo largo de la historia hu-mana, pero si la recorremos, éstas se han manifestado de forma limitada para la mayoría; sólo unas élites nacionales y pocas internacionales disfrutaban de estas ventajas. La lle-gada de internet, aún con sus limitaciones, es gran instrumento en manos de la sociedad civil. De hecho, ésta puede influir contra las perversiones de la globalización, incidiendo en la exigencia de hacerla más justa y solidaria. Pues, querámoslo o no, la globalización ya es una forma de mirar el mundo. Un nuevo
modus operandi et vivendi.
Desde las reflexiones expuestas parecía conveniente que la Revista de Educación de-dicara un número extraordinario a la vigencia de la globalización y a las nuevas tecno-logías así como relaciones con la educación. El sistema educativo es el menos ajeno ante este fenómeno, pues si de algo carece es de asepsia o ausentismo. Sobre el sistema edu-cativo casi siempre caen responsabilidades, promesas y esperanzas salvíficas y capacidad para subsanar errores. Ya se acepta que no siempre a más educación conlleve más pros-peridad. Pero el sistema educativo dinamiza, más allá de la pura mercantilización, la es-peranza de la posibilidad, la utopía. Siempre que la entendamos como la manera de fijar en la realidad a la idealidad o de abrirse crítica y alternativamente al complejo de posi-bilidades que ésta ofrece, aceptando el cuestionamiento y buscando las alternativas que están ahí, en la realidad; pues ésta nunca se ofrece única, sino plural. La única realidad es la pura monotonía. Por ello era imprescindible que una publicación seriada, con 60 años de vida y que ha dado permanentes muestras de lectura atenta y próxima de la realidad y sus síntomas, debía atender el fenómeno de la globalización y sus implicaciones en la edu-cación. Para ello se ha contando con una serie de expertos internacionales y nacionales pro-cedentes en su mayor parte de la docencia. Éstos dan cuenta de numerosos aspectos del binomio globalización-educación o sólo teorizan sobre el primer elemento de la compara-ción, mas no se pretende abarcar aquí todo la polifonía del binomio.
Cada autor es responsable de sus opiniones, pero en todos está la voluntad y la gene-rosidad, desde su experiencia, de aportar claridad. Desde la redacción de la revista sólo que-da reconocer su predisposición a colaborar. A todos ellos, y en concreto al profesor Antonio Bolívar por su ayuda en la confección del número, gracias.