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Recibido: 16 de abril de 2018; aceptado: 22 de octubre 2018
Cita sugerida: Porporato, M.; Heguiabehere, A. (2018); Soberanía Alimentaria, una aproximación cualitativa. Revista Científica FAV-UNRC Ab Intus 2 (1): 16-26
*Autor para correspondencia: María Andrea Porporato. E-mail: [email protected], Ruta Nac. 36 Km 601. 5800 Río Cuarto, Córdoba, Argentina. CP 5800.
Soberanía Alimentaria, una aproximación cualitativa
María Andrea Porporato1; Amparo Heguiabehere21- Departamento de Economía Agraria, Facultad de Agronomía y Veterinaria. Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba, Argentina.
2- Departamento de Economía Agraria, Facultad de Agronomía y Veterinaria. Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba, Argentina.
Palabras clave
Soberanía alimentaria Seguridad alimentaria Alimentos
Agricultura Familiar
Hambre
maciones más recientes de la prevalencia de la sub-alimentación muestran que, pese al importante cre-cimiento de la población, el porcentaje de personas subalimentadas en el mundo disminuyó del 14,7% en 2000 al 10,8% en 2013. Sin embargo, el ritmo de
disminución se ha ralentizado recientemente de for
-ma significativa, paralizándose prácticamente entre
2013 y 2015. Lo más preocupante es que, la preva-lencia de la subalimentación en 2016 podría haber aumentado al 11%, lo que supone un retorno al nivel de 2012 y sugiere un posible cambio de la tendencia
descendente propia de los últimos decenios”(FAO, 2017). Este comportamiento del indicador también se observa en América Latina, especialmente en el Sur, donde se encuentra inserto nuestro país: “En América del Sur, la prevalencia de la subalimenta-ción aumentó del 5% en 2015 al 5,6% en 2016, y vie-ne aumentando desde el 2010”(FAO, 2017).
La FAO (2017) expresa en su informe que una de cada 10 personas en el mundo (9,3%) padece inseguridad alimentaria grave, además muestra que existe una gran diferencia entre los continentes, siendo África el más afectado con un porcentaje casi cuatro veces mayor al del resto del mundo. Además, tan sólo el 6% de la población mundial consume el 50% de la producción de alimentos, evidenciando que la mala distribución de la comida es en gran medida respon-sable de esta situación. (Gorban, 2015)
INTRODUCCIÓN
El hambre y la subnutrición son problemas que vie-nen afectando al mundo desde tiempos inmemo-rables, luego de una disminución del hambre a ni-vel global ocurrida en los últimos tiempos, hoy en día, parece estar aumentando nuevamente. La FAO (2017) estima que el número de personas subnutri-das en el mundo aumentó a 815 millones en 2016, siendo que en 2015 la cifra era de 777 millones. Este organismo busca explicar el aumento repentino an-tes citado, en su publicación titulada “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2017”, dice: “Gran parte del reciente aumento de la inseguridad alimentaria puede atribuirse al mayor número de conflictos, que a menudo se han visto agravados por perturbaciones relacionadas con el clima.” Además, agrega: “La seguridad alimenta-ria ha empeorado debido a que la desaceleración económica dificulta el acceso de los pobres a los alimentos” (FAO, 2017). Esta desaceleración econó-mica conlleva entre otras cosas, a un aumento del desempleo y una disminución del ingreso, afectan-do el acceso a los alimentos (Gordillo, 2013).
El indicador que la FAO viene utilizando desde 1974 para medir el hambre y la inseguridad alimentaria es “La prevalencia de la subalimentación”. “Las esti
-Food Sovereignty, a qualitative approach
Abstract. Guaranteeing the quantity, quality and safety of the daily food intake to people is a concern of international entities that invite States to procure the supply of food to each of their citizens. In this sense, concepts such as Food Secu-rity and Sovereignty arise so that hunger and undernourishment in the world can be combated in the not too distant future. In this work, we sought to investigate the general characteristics of food sovereignty in our country, making a litera-ture review about it and exposing a series of basic concepts that make the sub-ject, such as: hunger, under nutrition, safety food and food sovereignty. Then we developed a qualitative analysis to approximate the current state of food sover-eignty in Argentina taking into account the different dimensions that the concept encompasses. Although in our country the amount of food produced is surplus to feed the current national population, there are still people who suffer from food insecurity, both because the distribution of food is not adequate, and because the possibility of choosing Eating and eating are not always present.
Keywords
Food sovereignty
Food security
Food
Family Farming
18 MATERIALES Y MÉTODOS
Se aborda el presente trabajo con una revisión bi-bliográfica de diferentes fuentes relacionadas a la temática en cuestión. Para llegar a una aproximación cualitativa del estado actual de la soberanía alimen-taria en el país se recurrirá a la metodología pro-puesta por Martínez y Palma (2014) en su publica-ción para la CEPAL, titulada “Seguridad alimentaria y social en cuatro países andinos” donde analizan los conceptos de seguridad, vulnerabilidad y soberanía alimentaria, examinando y comparando el estado de estos elementos en distintos países de América Latina. Plantean una serie de variables y de indica-dores que permiten cuantificar el estado en el que se encuentran en cada país estudiado, se recurrirá a datos estadísticos, de censos y de encuestas que se detallan a continuación para afrontar un análisis a nivel nacional del estado de la soberanía alimentaria en Argentina y luego discutir en base a los resulta-dos obteniresulta-dos.
Las 4 variables utilizadas por los autores con sus in-dicadores para estimar el estado de la soberanía ali-mentaria son:
I. Adecuación:
1. Proporción de producción de alimentos de consumo no humano sobre el total de la pro-ducción de alimentos disponible.
Estimado en base a las hojas de balance de FAO1, y estadísticas de IPCVA2, ministerio de hacienda y finanzas públicas, y el SENASA3.
2. Proporción de producción nacional de ali-mentos transgénicos sobre total de produc-ción agrícola. Estimado en base al informe anual de la bolsa de comercio de Rosario y datos del ISAAA4
3. Proporción de producción de alimentos im-portados sobre total de suministro disponi-ble (Importaciones / Suministro total). Esti-mado en base a las hojas de balance de la FAO, estadísticas de IPCVA, y ministerio de hacienda y finanzas públicas, y el SENASA 4. Proporción del consumo de alimentos
tradi-cionales sobre el total de alimentos consu-midos en los hogares. Se estimo en base a Concuerda entonces esta crisis alimentaria, con
la actual crisis del capital, “Cuando la tasa de ren-dimiento del capital supera de modo constante la tasa de crecimiento de la producción y del ingreso
—lo que sucedía hasta el siglo XIX y amenaza con
volverse la norma en el siglo XXI—, el capitalismo produce mecánicamente desigualdades
insosteni-bles, arbitrarias, que cuestionan de modo radical los valores meritocráticos en los que se fundamentan nuestras sociedades democráticas” (Piketty, 2014). Las grandes desigualdades ponen en tela de juicio la continuidad de este modelo económico, donde la lógica de maximización de los beneficios es lo que impulsa al sistema. Esto también afecta al sector agroalimentario, donde los alimentos son toma-dos como mercancías, y por lo tanto la lógica con la que son tratados responde a esta visión de bie-nes escasos. “Sí bien en el pasado podía presentarse una carencia repentina y absoluta de alimentos, no existiría escasez, porque ésta es un carácter crónico, permanente y definitorio de las condiciones socia-les de existencia, que solo se observa en el seno de una civilización específica –la moderna– porque sólo ella asumió la premisa del carácter ilimitado de los deseos “materiales” del hombre” (Chamorro, 2014), evidenciándose que la situación del hambre tiene diferentes dimensiones: económica, política, social, y ambiental.
Se hace fundamental garantizar la seguridad alimen-taria y nutricional de la población, por eso diferen-tes organismos nacionales e internacionales propo-nen estrategias para combatir este flagelo para la humanidad.
En este trabajo, pretendimos indagar a cerca de las características generales de la soberanía alimentaria en nuestro país, para ello iniciamos el recorrido ha-ciendo una revisión bibliográfica sobre la materia, en primer lugar, vamos a exponer una serie de concep-tos básicos que hacen a la temática de este trabajo, tales como los de: hambre, subnutrición, seguridad alimentaria y soberanía alimentaria. Seguidamente desarrollaremos un análisis cualitativo para aproxi-marnos al estado actual de la soberanía alimentaria en la Argentina teniendo en cuenta las diferentes dimensiones que engloba el concepto utilizando la metodología planteada en su trabajo por Martínez y Palma (2014).
1 La Hoja de Balance de Alimentos (HBA) es el instrumento metodológico que permite medir la disponibilidad de alimentos por habitante y su tradución
a a valores de energía y nutrientes. (FAO, 2001) 2 Instituto de la Promoción de la Carne Vacuna Argentina 3 Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria
declaración la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que ha sido el organismo más preocupado y ocupado en difundir el concepto expresa que: “existe seguri-dad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a su-ficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfa-cer sus necesidades alimentarias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (Declaración de Roma sobre la Segu-ridad Alimentaria Mundial, 1996). También el Insti-tuto de Nutrición para Centroamérica y Panamá (IN-CAP), dice que la Seguridad Alimentaria Nutricional “es un estado en el cual todas las personas gozan, en forma oportuna y permanente, de acceso físico, económico y social a los alimentos que necesitan, en cantidad y calidad, para su adecuado consumo y utilización biológica, garantizándoles un estado de bienestar general que coadyuve al logro de su desa-rrollo” (INCAP- OPS, 2002)
Resaltando entonces no solo la disponibilidad de alimentos que debe existir, sino el componente cul-tural con el que estos son elegidos para componer la dieta de los miembros de una sociedad. Además, cabe señalar que “normalmente se habla de segu-ridad alimentaria para cubrir los requerimientos de energía (Kilocalorías), sin embargo, el concepto po-dría ampliarse a otros nutrientes como proteínas, carbohidratos, vitaminas y minerales”. (Martínez y Palma, 2014).
Para analizar la seguridad alimentaria la FAO (2006), enumera cuatro dimensiones:
• Disponibilidad: concebida como la presencia de alimentos en cantidades suficientes y de calidad adecuada, aportadas por el país.
• Acceso: que las personas puedan acceder a los recursos necesarios para obtener alimen-tos apropiados y así a una alimentación nu-tritiva.
• Utilización: consumo de los alimentos (utiliza-ción biológica) en fun(utiliza-ción de las necesidades de cada persona y las condiciones de higiene.
• Estabilidad: hace referencia a la disponibili-dad en el tiempo del acceso adecuado a los alimentos.
los datos de canasta básica del INDEC5. No se
contó con encuestas de consumo recientes. II. Escala de producción:
• Proporción de la producción total de alimen-tos generada por pequeños y medianos pro-ductores agrícolas. Estimado sobre datos del INDEC del censo nacional agropecuario del 2002.
III. Acceso a la tierra:
• Coeficiente Gini de tenencia de la tierra, esti-mado en base a los datos del INDEC del cen-so nacional agropecuario del 2002.
IV. Comercio de alimentos:
• Razón entre precios de los alimentos en el mercado mayorista y minorista a nivel urba-no y al productor y Relación entre índices de precios al por mayor y al consumidor. Usan-do datos de informes del INDEC
RESULTADOS Y DISCUSION: Seguridad y soberanía alimentaria
Cuando hablamos de “hambre”, lo asociamos a “la sensación individual de consumo insuficiente de ali-mento”, este concepto se relaciona directamente con la inseguridad alimentaria y nutricional de la po-blación, y que FAO define mediante el indicador de “subnutrición”, que es la “ingesta alimentaria diaria inferior al mínimo requerido para satisfacer los re-querimientos energéticos” (Martínez-Palma, 2014). Desde el año 1948, a partir de la Declaración Uni-versal de Derechos Humanos, la alimentación, es un derecho impostergable de todas las personas. También desde la ONU se plantea como un objeti-vo fundamental dentro de lo que es la agenda 2030 “Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora en la nutrición”. Resaltándose el carácter urgente de la cuestión.
20 cultura tradicional y de comunidades indígenas, y tercero volver dominante el modelo de producción agroecológico (Gordillo, 2013). Surgiendo así esta nueva idea de Soberanía Alimentaria, concepto que va más allá del término de seguridad alimentaria, ya que abarca nuevas dimensiones: “incluye aspectos como el acceso y la utilización de los activos produc-tivos, principalmente tierra, agua y biodiversidad; la valorización y mejoramiento de los sistemas produc-tivos campesinos e indígenas; la optimización de la diversidad de la oferta ecológica; el respeto, rescate y perfeccionamiento de las prácticas agro-ecológi-cas ancestrales; la preservación de las identidades de los pueblos; la construcción de nuevas institu-ciones para la diversificación productiva y el inter-cambio con acceso a mercados de precios justos; la conservación de la diversidad genética y ecológica, prohibiendo el uso de organismos genéticamente modificados (OGM); y el desarrollo de las capacida-des locales para satisfacer sus necesidacapacida-des básicas en alimentos, productos procesados, conservados y distribuidos localmente, y culturalmente demanda-dos.” (Martínez-Palma, 2014).
La soberanía alimentaria se basa en seis pilares, a saber:
“1) Se centra en alimentos para los pueblos: a) Pone la necesidad de alimentación de las personas en el centro de las políticas. b) Insiste en que la comida es algo más que una mercancía. 2) Valores de los proveedores de alimentos: a) Apoya modos de vida sostenibles. b) Respeta el trabajo de todos los pro-veedores de alimentos. 3) Localiza los sistemas ali-mentarios: a) Reduce la distancia entre proveedores y consumidores de alimentos. b) Rechaza el dumping y la asistencia alimentaria inapropiada. c) Resiste la dependencia de corporaciones remotas e irrespon-sables. 4) Sitúa el control a nivel local: a) Localiza los lugares de control en manos de proveedores locales de alimentos. b) Reconoce la necesidad de habitar y compartir territorios. c) Rechaza la privatización de los recursos naturales. 5) Promueve el conocimiento y las habilidades: a) Se basa en los conocimientos tradicionales. b) Utiliza la investigación para apoyar y transmitir este conocimiento a generaciones futu-ras. c) Rechaza las tecnologías que atentan contra los sistemas alimentarios locales. 6) Es compatible Otro concepto muy importante, eje de nuestro
tra-bajo, que surge en 1996 desde organizaciones de la sociedad civil es el de soberanía alimentaria: Éste hace énfasis en la producción, distribución y con-sumo de alimentos que sean ecológica, social, eco-nómica y culturalmente apropiadas” (Martínez y Palma, 2014). Actores, como ONG y organizaciones de la sociedad civil, ampliaron el concepto de segu-ridad alimentaria creando el término de Soberanía alimentaria. En este no se considera solo la dispo-nibilidad de alimentos, sino que también se tienen en cuenta, su origen, la forma en que fueron produ-cidos y el tipo de alimento del que se trata, sumán-dole el enfoque socio cultural propio de la dieta de cada región (Gordillo, 2013).
El concepto de soberanía alimentaria está siendo cada vez más usado por organismos nacionales e internacionales y por espacios parlamentarios su-pranacionales como los Parlamentos: Andino, el Latinoamericano y el Centroamericano, así como también el Foro de Presidentes y Presidentas de Po-deres Legislativos de Centroamérica y la Cuenca del Caribe (Gordillo, 2013)
Cuando terminaba la Cumbre Mundial sobre la Ali-mentación (CMA) de 1996, las ONG (Organizaciones no Gubernamentales) y organizaciones de la socie-dad civil (OSC) que se habían hecho presentes, cons-truyeron el documento llamado: “Beneficios para Unos o Alimentos para Todos”, en el cual se procla-ma que las actividades y disposiciones previstas en el plan de acción, acordado en la cumbre, no alcan-zan para lograr los avances necesarios para reducir del número de personas hambrientas en el mundo. En esta observación, presentada al Comité sobre Se-guridad Alimentaria, la FAO reconoció dos obstácu-los básicos para la implementación de lo acordado en la cumbre: la ausencia de los medios económicos necesarios para llevarlo a cabo y la falta de voluntad política, los cuales fueron considerados correctos por la declaración, pero también poco posibles de resolver (Gordillo, 2013).
agri-respecto a los niveles medios recomendados por el organismo internacional.
En nuestro país el suministro diario de energía ali-mentaria (SEA) es de 3.667 (kcal/pc/día), lo cual representa un 151% de lo requerido según la FAO como base (FAOSTAT, 2016). Por lo tanto, la canti-dad destinada a alimentación animal, o a semillas, no afecta en si el suministro de alimentos para las personas, la soberanía alimentaria es alta respecto a la adecuación social.
Adecuación Ecológica: Proporción de producción nacional de alimentos transgénicos sobre total de producción agrícola.
En nuestro país están aprobados solo cuatro culti-vos modificados genéticamente, estos son la soja, el maíz, el algodón y recientemente la papa, las apro-baciones regulatorias son 42 hasta el momento dis-tribuyéndose: 11 en soja, 26 en maíz, 4 en algodón y 1 en papa (ISAAA, 2017).
Argentina es uno de los países con una de las tasas de adopción de cultivares transgénicos más altas del mundo, “con 24,3 millones de hectáreas en 2014, lo que representa algo más del 13% del área global cul-tivada con transgénicos”, continúa en el tercer lugar, con casi 24 millones de hectáreas, atrás de EE.UU. y Brasil (ISAAA, 2017). Los últimos datos son de la campaña 2014/2015 donde se registró que el 96% del maíz total contenía eventos transgénicos, y casi el 100% del algodón y soja total también (ISAAA, 2015).
El hecho de que sean el maíz y la soja los cultivos transgénicos, tiene una importancia que vale la pena tener en cuenta, dado que estos cultivos se utilizan ampliamente tanto en la alimentación hu-mana como productos y subproductos derivados de estos, como en la alimentación animal. Por lo tanto, consideramos que la soberanía alimentaria respecto a la adecuación ecológica es baja. Además, solo el 2% de la superficie nacional es cultivada orgánica-mente (FAOSTAT, 2017), el 98% restante de las tie-rras cultivadas se hace con la utilización de plaguici-das, herbiciplaguici-das, fungicidas y fertilizantes de síntesis química, con los controversiales efectos nocivos que dejan en el ambiente y la salud.
Adecuación Económica: Proporción de producción de alimentos importados sobre total de suministro con la naturaleza: a) Maximiza las contribuciones de
los ecosistemas. b) Mejora la capacidad de recupe-ración. c) Rechaza el uso intensivo de energías, de monocultivo industrializado y demás métodos des-tructivos”
(Food Secure Canada, 2012).
Es decir tiene en el centro del análisis no solo la cuestión de disponibilidad de alimentos en cantidad y calidad, sino también elementos fundamentales como son la cuestión cultural, propia de cada pue-blo permitiendo la reproducción de la idiosincrasia de cada lugar, el aspecto social, permitiendo el desa-rrollo local y el acceso a los mercados tanto de ofe-rentes como de consumidores, y también la dimen-sión ambiental, como se produce ese alimento, en qué condiciones, resaltando el origen de la semilla, si contiene eventos transgénicos en su interior o son tradicionales.
Estimación de la soberanía alimentaria en Argentina
En este punto se lleva a cabo un análisis cualitativo del estado actual de la soberanía alimentaria en la ar-gentina basado en la metodología planteada, como se mencionó en la metodología por Martínez Palma (2014). Los autores (2014), explican que actualmen-te no hay un “grupo de indicadores consensuados para hacer un adecuado análisis y seguimiento de la soberanía alimentaria”. De todos modos, ellos consi-deran cuatro dimensiones de la soberanía alimenta-ria que las toman como vaalimenta-riables, y en ellas definen indicadores para analizar cada una.
Estas son adecuación (ecológica, social, económica y cultural), la escala de producción y comercializa-ción (preferentemente local), el acceso a la tierra, y la equidad en el comercio de alimentos. A continua-ción, se presentan los resultados obtenidos:
Adecuación Social: Proporción de producción de ali-mentos de consumo no humano sobre el total de la producción de alimentos disponible.
22 familiar al valor sectorial parece ser inferior que el aporte que realiza la mediana y gran agricultura,
este sector juega un papel crucial en el abasteci-miento de alimentos básicos” (FAO, 2014).
Si se analiza la producción vegetal se puede obser-var que algunos cultivos, están mayoritariamente producidos por agricultores familiares como es el caso del tabaco, la yerba mate, la caña de azúcar y gran parte de las hortalizas y frutales obtenidas en el norte del país.
Solo la producción de hortalizas es realizada princi-palmente por agricultura familiar (59%), el resto de las producciones están en tierras de establecimien-tos agropecuarios (EAP) no familiares. La participa-ción de la agricultura familiar no supera el 30% en la producción de oleaginosas, cereales y legumbres, o apenas lo supera en el caso de los frutales, según da-tos del Censo nacional Agropecuario del año 2002. La producción de commodities está en manos de EAP no familiares principalmente, ya que la agricul-tura familiar participa solo en el 24.8% de la super-ficie cultivada.
Respecto a la producción animal, la agricultura fami-liar de Argentina maneja el 82% del rebaño caprino y el 64% del rebaño porcino, un 25% del rebaño ovi-no, un 26% del bovino de carne y un 33% de bovinos para producción de leche (FAO, 2014).
Datos aportados por Miryam Gorban (2015) en su publicación titulada Hablemos de Soberanía Alimen-taria dice que, alrededor de un 70% de la tierra en la región pampeana no se encuentra trabajada por los dueños de los campos, sino que son alquiladas. “Los seis “pools” de siembra más importantes (Cresud, Grobocopatel, Adecoagro, Tejar, MSU y Cazenave) trabajan una superficie total –sumada la propia y la contratada a terceros– un 30% superior a la que po-seen los 103.454 productores de todo el país, cuyas EAPs poseen 25 o menos hectáreas de superficie to-tal” (Gorban, 2015).
En síntesis podemos decir que la agricultura familiar posee una gran diversidad productiva, pero que el disponible (Importaciones / Suministro total).
Argentina es un país con una baja dependencia a las importaciones de alimentos.
Según datos del SENASA en el año 2016 se importa-ron 56.960 toneladas de Productos, Subproductos y Derivados alimenticios de Origen Animal6 y 707.547 toneladas de Productos, Subproductos y Derivados de Origen Vegetal: Cereales, Oleaginosas y Subpro-ductos. Lo cual representa un 15.4% del total dis-ponible de productos vegetales, y 1.46% del total de productos animales7. Si hay independencia en este sentido, lo cual concuerda con lo expuesto en un apartado anterior donde veíamos que el suminis-tro de alimentos es excedente, remarcando que es de origen nacional. La soberanía alimentaria es alta respecto a la adecuación económica.
Adecuación Cultural: Proporción del consumo de alimentos tradicionales sobre el total de alimentos consumidos en los hogares.
No se contó con encuestas de consumo recientes como sugieren utilizar Martínez y Palma, para esti-mar la adecuación cultural. Por lo tanto, este indica-dor fue abordado desde los datos de los componen-tes de la canasta básica de alimentos.
Esta está compuesta por 27 productos, de los cua-les el pan, la papa, las carnes y los lácteos son los más consumidos en cantidad. En este sentido, po-demos decir que la soberanía alimentaria respecto a la adecuación cultural es media. Habría que ver, que sucede con los alimentos típicos de cada región, dado que la diversidad cultural del país es muy rica y variada a lo largo de su territorio.
Escala de producción: Para evaluar la proporción de la producción total de alimentos que es genera-da por pequeños y medianos productores agrícolas analizamos la contribución que hace la agricultura familiar a la obtención de alimentos. El aporte al PBI del sector agropecuario de esta tipología no llega al 20% en nuestro país según datos del Censo nacional Agropecuario del año 2002. Sin embargo, es muy probable que esta cifra esté subestimada ya que no se cuenta con información estadística agropecuaria que discrimine lo producido por la agricultura fami-liar de la no famifami-liar, y la producción de autosubsis-tencia. “A pesar que la contribución de la agricultura
6 Se incluyen: productos y subproductos porcinos, bovinos y avícolas tales como pescados, carne fresca, fiambres y otros derivados
en manos de agricultores familiares. Esto representa un 65,6% del total (FAO, 2014).
La superficie que ocupa el sector agropecuario es de 174.807.257ha, siendo el tamaño promedio de las explotaciones de 524,20ha. La superficie ocupada por la agricultura familiares de 23.516.942ha, con un promedio de 107,45ha por familia. (FAO, 2014) lo cual representa un 13.4% de la superficie.
En la tabla podemos observar que la mayor cantidad de establecimientos estan en la categoria de hasta 5 hectareas(41.311), estos distribuidos principal-mente en el noroeste del pais y la region de cuyo. En la patagonia predominan los grandes latifundios donde las superficies superan las 40mil hectareas en muchos casos.
Tabla 1: Distribucion del uso de la tierra
Categorías N° de EAP Superficies totales (en ha)
Hasta 5ha 41.311 104.412,4
5 a 10ha 22.798 181.243,2
10 a 25ha 39.228 702.307,1
25 a 50ha 34.351 1.297.087,2
50 a 100ha 35.652 2.694.183,3
100 a 200ha 34.999 5.179.366,5
200 a 500ha 39.845 12.934.731,5
500 a 1000ha 21.128 14.964.985,2
1000 a 2500ha 16.055 25.574.955
2500 a 5000ha 6.308 23.555.219,9
volumen que se obtiene en sus establecimientos es poco significativo respecto al total, ya que no repre-senta más de un cuarto de lo producido en el país, seguramente debido a que el acceso a la tierra que ellos tienen está restringido y sus establecimientos cuentan con menos superficie en general que los trabajados por empresarios, por lo tanto la sobera-nía alimentaria respecto a la escala de producción es baja.
Acceso a la tierra: Coeficiente de Gini de tenencia de la tierra: En nuestro pais el coeficiente de gini de tenencia de la tierra es de 0.62, un valor alto que muestra bastante heterogeneidad, es decir que la tierra esta concentrada en pocas manos. Son pocos establecimientos los que poseen grandes extensio-nes de superficie, lo que resta soberanía, porque po-cos deciden sobre el uso del territorio nacional, que y como se produce.
Vale aclarar que los datos con los que se trabajó son los del censo nacional agropecuario del 2002, ya que no existe información más reciente, por lo tanto no es seguro que este análisis refleje claramente la situación actual debido a las diversas crisis econó-micas que se han vivido en estos 15 años se puede esperar que el valor actual sea algo mayor, lo que significaría más concentración de tierras, menos es-tablecimientos agropecuarios y por ende una pérdi-da de soberanía en este sentido.
Al año 2002 Argentina poseía 333.477
estableci-Grafico 1: Porcentajes de superficie cultivada por EAP familiares y no familiares
Fuente: Elaboración propia en base a CNA 2002 y SCHEINKERMAN, E 2009
Porcentaje de superficie cultivada
Oleaginosas Cereales Frutales Hortalizas Legumbres Cultivos bajo
cubierta TOTAL
24 Vemos que la estructura agraria en la argentina es
muy diversa y desigual, donde son pocos los que concentran la mayoría de las tierras. Sería interesan-te para un estudio posinteresan-terior analizar esta variable a nivel provincial o por regiones.
De todos modos, resaltamos que consideramos baja también la soberanía alimentaria respecto a la dis-tribución de la tierra por encontrarse concentrada en pocos establecimientos.
Comercio de alimentos: Razón entre precios de los alimentos en el mercado mayorista y minorista a ni-vel urbano y al productor y relación entre índices de precios al por mayor y al consumidor
No ha sido posible acceder a la información de base necesaria para estimar la razón entre precios de los alimentos en el mercado mayorista y minorista a nivel urbano y al productor. “Este es un indicador clave para estimar la medida en que los beneficios del alza de precios de los alimentos está o no lle-gando a los productores y no se queda en la cade-na de comercialización” (Martínez-Palma, 2014), de todos modos si existen datos del índice de precios al consumidor y el sistema de índices de precios ma-yoristas que nos permiten acercarnos a abordar el indicador.
Hoy en día, y desde hace unos años nuestro país se ve sujeto a una importante crisis económica infla-cionaria, la cual, afecta a los consumidores hacien-do que el valor adquisitivo de su dinero disminuya gradualmente condicionando la elección de sus ali-mentos. Se estima según el INDEC que el IPC (Índice de Precios al Consumidor) para el mes de setiembre de 2017 aumento en casi un 18% respecto al mismo mes del año anterior.
El Sistema de Índices de Precios Mayoristas9 (SIPM),
es una herramienta que nos permite conocer la evo-lución de los precios de la oferta y demanda nacional de productos. Los datos se obtienen de la Encuesta sobre precios al por mayor que realiza el INDEC. Podemos observar que al igual que el IPC viene au-mentando, también lo hace el SIPM, aunque la va-riación que ha sufrido es algo menor. Según datos del INDEC del mes de setiembre del corriente el IPIM (Índice de precios internos al por mayor) aumento en un 16.3% respecto al año anterior con un 13.5% acumulado de lo que va el 2017. El IPIB (Índice de precios Internos Básicos al por Mayor) aumento en un 15.8% respecto al mismo mes del año anterior con un 13% acumulado, y el IPP (Índice de precios
básicos del productor) aumento en un 15.3% res-pecto al año anterior con un 12.5% acumulado hasta el momento en el año.
Analizar estas tendencias nos permite observar a quien esta beneficiando el alzade precios de los ali-mentos, si está llegando a los productores o se que-da en la cadena de comercialización. Cuando el IPC aumenta, los consumidores deben abonar más caros los alimentos, representando por un lado un incon-veniente para la población en general ya que limita el acceso de los mismos, pero una mayor ganancia para el sector de comercio minorista, siempre que el SIPM no aumente en la misma proporción. Cuando este ultimo índice aumenta, esta representando un aumento en el beneficio obtenido por la venta de sus productos para el sector secundario (industrias) y o primario, lo que podría estar favoreciendo a los productores, lo cual no es el caso en nuestro país. Argentina, además de la alta inflación que viene su-friendo desde hace ya unos años, posee el comercio y distribución de alimentos concentrado en pocos actores, agravando aun más la situación. De las 500 empresas mayores de nuestro país, 178 son nacio-nales y 322 extranjeras. Los grandes supermercados manejan el 80-90% del mercado de consumo, en nuestro país existen 6 grupos, liderados por Carre-four que posee 600 bocas de expendio distribuidas en todo el territorio (Gorban, 2015),
Por lo tanto, la soberanía alimentaria respecto al co-mercio de alimentos es baja, ya que no está favore-ciendo el intercambio justo, los altos precios restrin-gen el acceso a la comida y el comercio es desigual porque está concentrado en pocas manos.
CONCLUSIONES
Como se detalla en el marco analítico, no se cuenta con indicadores debidamente validados en relación al concepto de la soberanía alimentaria, sin embar-go, en el presente trabajo ha sido posible levantar datos de algunas variables proxy que dan una ima-gen de la situación actual en nuestro país.
Podemos ver que en Argentina la soberanía ali-mentaria es un tema que aún está pendiente de ser abordado como política de estado, “Argentina es un país con una amplia y variada disponibilidad de ali-mentos y esta es una característica estructural de su sistema agroalimentario”. (FAO, 2001) es un expor-tador de alimentos no procesados y un proveedor
8 Solo se consideraron los datos de establecimientos agropecuarios con límites definidos para poder efectuar el cálculo.
9 Compuesto por tres índices: el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM), el Índice de Precios Internos Básicos al por Mayor (IPIB) y el Índice de
Consideramos que sería importante a nivel local y personal promover la producción de alimentos me-diante huertas orgánicas caseras o barriales/escola-res para garantizar el acceso a alimentos seguros, la realización de ferias para fomentar el comercio justo y el intercambio entre consumidores y productores de saberes, alimentos e inquietudes. A nivel nacio-nal generarse nuevas políticas, planes, programas y proyectos que garanticen la seguridad y la sobera-nía alimentaria a todos los argentinos, ya que consi-deramos fundamental que cada uno pueda elegir y ejercer su derecho a una alimentación en cantidad y calidad adecuadas.
REFERENCIAS
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glo-bales. Pese a que la cantidad de alimentos de pro-ducción nacional es adecuada e inclusive excedente para cubrir los requerimientos de los habitantes, hay una falla en la distribución, “la disponibilidad de ali-mentos es suficiente y aún excedente para cubrir las necesidades energéticas por persona y por día, pero parte de la población tiene un acceso insuficiente a los alimentos”. (FAO, 2001), aún existen personas subnutridas, ya que para acceder a los alimentos se debería contar con los recursos económicos y mate-riales que las personas. Además, cuando tratamos de contemplar otros elementos del concepto vemos que son deficitarios. Gran parte de la superficie na-cional es cultivada con plantas transgénicas, y a base de químicos derivados de petróleo, sin que exista un etiquetado en los alimentos que permita al consu-midor elegir que comer de manera simple y clara. El aumento de los precios de los alimentos debido a los procesos inflacionarios a los que vivimos ex-puestos tiene un efecto directo en la soberanía ali-mentaria de la población, ya que se reduce el poder adquisitivo del dinero, y por lo tanto, la cantidad y calidad de los alimentos adquiridos por los hogares. “Afecta directamente y, en mayor medida, a los ho-gares más pobres porque gastan mayor proporción de sus ingresos en la adquisición de alimentos. Las familias en mejor situación socioeconómica pueden reducir sus gastos en otros ámbitos para mantener estable su dieta alimentaria” (CEPAL, 2016). Mos-trando como los hogares más vulnerables son siem-pre los más afectados.
La producción está concentrada principalmente en manos de pocos productores no familiares principal-mente, solo alrededor de un cuarto de la producción es generada por agricultores familiares. Además el coeficiente de Gini muestra una gran concentración de tierras lo que significa que la desigualdad en la distribución de la tierra es bastante grande.
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