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RESEÑAS

La "Vita Dominici Siliensís" de GrimZdcnFsttxlio, edición critica y traducción de Vitalino Valcárcel. Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1982, 648 pp.

Destaca Vitalino Valcárcel en su "Introducción" que, si bien esta VLta pue de considerarse aforttmada en cuanto .1 su difusión _v uso, no ocurrió lo mismo con su estudio, que finalmente resultó "mínimo _v absolutamente insuficiente". Se abg

ca por tanto a volcar por tercera vez la obra en letras de molde, siguiendo la

senda abierta por Tamayo de Salazar (1659) y Sebastián de Vergara (1736), pero procurando ahora "ofrecer una edición que pueda responder al concepto actual de

edición crítica".

En efecto, en el primer caso se trata de una reproducción parcial (solamerl

te el libro I), y con un tratamiento del texto de m modo "fragmentario y E...)

poco fiel y respetuoso". Vergara, en cambio, mntíene los libros II y III en su

edición "paleográfico-interpretativa" de la Vila, incluida en su Vida de Santo

Domingo. Pero su trabajo, obviamente, "no podía ohedecer a los criterinsyexigen cias de la moderna crítica textual". Toma Lm solo ms. y no aporta estudios de ti_

po crítico, filológico ni literario. \’.\’. recurre a la canpulsa de "todos los tes"

timonios conservados" con vistas a su edición, y apunta a "averiguar aué respon día a la Vita original y qué era espurio: añadido, interpelación o cambio, tanto

en el nivel de los accidentes msivos cmo en el de las lecciones concretas del

texto", al par qm persigue una reconstrucción de la historia del texto y el es

clarecimiento de las cuestiones relativas al autor, fecha, fines, estructura li_

teraria y fuentes. Y finalmente nos ofrece la primera traducción castellana de 1.1

(2)

Tncipit, V (1985)

obra, enfrentada —en página impar- al texto latino correspondiente, con una excg lente disposición que pennite u rápido y cómodo cotejo.

Luego de señalar las considerables dificultades a las que hubcade enfrentar

se.en los distintos aspectos de su trabajo, pasa V.V. al Estudio Crítico, que cg

mienza con la descripción de los cuatro principales testimonios directos, dejan­ do los indirectos.para el priner apéndice. Describe así los dos mss. propiamente dichos (Silva Bibi. Abad.12 —en adelante S— y Madaid, Bibi. R.R.E4p., 5 (5.116) —en adelante R), y luego las dos ediciones a las que confiere valor de mss.: pri mero la de Vergara -en adelante V—, que utilizara un ms. "distinto de todos los demás conservados", y por último la de Tamayo —en adelante P-, de la que descog fía grandemente, considerando que sólo podría ayudar, "y muy escasamente, en el punto de los accidentes masivos”.

Este es justamente el siguiente tema a tratar. Se ocupa en primer lugar de

las "Continuaciones”, donde trata de establecer el "núcleo originario” distin

­

guiéndolo de lo añadido e interpolado, inclinándose por "ln hipótesis de que la

parte original finaliza con II,39", a partir de donde habría "con seguridad" al

menos más de ua continuación. V.V. postula ‘uma sucesiva ampliación del corpus a base de varios 'redactores'", apoyándose en hechos de orden literario)r1ingüí¿ tico que detalla cuidadosamente. Parecería aquí haberse deslizado una errata en

la línea 7 de la p. 39: 45 por 40. De no ser asi la comprensión de este punto o

­

frece dificultades al lector. Señala luego tres relatos interpolados, y pasa a

tratar las capitulaciones y los índices.

De todo ello concluye que los testimonios conservados ofrecen un aspecto muy alejado de la posible redacción original, verosímilmente el núcleo de un cor pus al que se irían incorporando nuevos elementos, y que se vislumbran tres posi

bles líneas de tradición: la de V, la de S/R y la de P.

Esto se confirma en el apartado siguiente, "FamiliasdeNBs.", donde se con frontan numerosos casos de inversiones, omisiones, adiciones y lecciones comunes.

Como conclusión de esta prolija tarea, se inclina el editor por el texto de V,

que "es con diferencia el mejor", como puede comprobarse con el aparato crítico, agrega. A continuación se brinda un "Intento de reconstrucción de la transmisión

del texto", donde se insiste en que, mientras se mantiene viva la tradici6niat¿

­

na sobre el Santo, cada nueva "copia" no se limita a la mera transcripción, sino que continúa y alarga la obra. Esto ocurriría desde 1080/90 hasta casi mediados

(3)

del s. XIII. A partir de entonces las copias (como en los casos de S y R) se li

mitarían a reproducir el texto ya fijado en la etapa anterior. Por fin se postu

la un ¿tenma y se pasa a hablar de la presente edición, insistióndose en hnsupg rioridad de V sobre el conjuto S/R y en el menor valor asignado a P. Conside­ rando así "la mayor fiabilidad de V", su texto se mantiene por lo regular,salvo "razones bien fundadas”, optándose entonces por otras lecciones o por arriesgar

la conjetura; en ambos casos se justifica la lección en notas críticas, agrupa

das éstas al final del texto.

En cuanto a las grafías, es de lamentar que no se haya incluidoed estudio particular cuya publicación promete el editor. Se ha seguido a V (confiando en que Vergara respetó en general la ortografía de su ms., lo que “parece demostra ble”), corrigiendo y combinando con el mismo V y con S/R, resultando así ¡ma "grafía fluctuante” que V.V. considera probablemente próxima a la del autor o,

agregaríamos nosotros, a la de los copistas. La puntuación es de1editor.|hbla

luego de la división de capítulos y de los índices y advierte que incluye, como probables originales de Grimaldo aunque no estuviesen destinados a la V¿La, al himno y al epitafio.

Gran preocupación se toma el editor respecto de las que llama "fuentes li

terarias", a las que clasifica en "literales, resonancias o evocaciones )r para

lelos". Trabajo seguramente arduo y señero y, como se señala en el Apéndice V, que no deja de presentar riesgos y de plantear espinosas cuestiones queellnismo

editor reconoce (cf. pp. S98-9, esp. n. 7). Pasa luego al aparato crítico y a

su traducción, a propósito de la cual hace referencia al estilo del texto lati

­

no, para finalizar el estudio crítico tratando la anotación de tipo histórico y

geográfico.

Inmediatamente comienza el Estudio Literario, encarándose el problema de la autoría: luego de una ceflida historia de la cuestión, V.V. determinatres ing tancias en su propio avance: el autor es monje de Silos, es francés y es Grimal do, aportando una nutrida argumentación. En cuanto a la datación, se nos dice que la parte original de la V¿ta fue escrita entre 1083-91 Y 1109- LUCRO de YQ

car la finalidad ("polifuciona1”: culto del santo, edificación, enseñanza reli

giosa, consolidación de la fama del monasterio en todos los niveles, etc.) y el público úmonjes, en primer lugar) a que se destinaba la obra, se pasa a um dete nido estudio sobre la estructura (externa e interna) de la misma.

(4)

Inoipu, v (1985)

El estudio literario se cierra con un apartado que versa sobre aquelloa lo

que tanta atención y trabajos dedicara V.V.: las fuentes, .1 las que divide en

históricas (se mencionan orales y escritas) y literarias. Estas últimas se discri_

minan en conceptuales y formales. Y así, luego de 133 densas y sustanciosas pñgi_

nas, llegamos al texto crítico con su traducción. Se ofrecen útiles listados de

abreviaturas con su desarrollo y se penetra en 1.1 obra.

La disposición escogida es, com) ya adelantáramos, 1.1 siguiente: el texto crítico en página par enfrentando a la traducción en página impar, con numeración cada cinco líneas. Resulta notable la disposición de bandas bajo el texto crítico. Hay una línea donde se indican los testimonios que conservan el texto editado en la página y luego dos bandas: en la primera se dan las fuentes, sumamente detalla das y en un tipo de un tamaño fácilmente legible, cuya inclusión entendemos (se­ ñalándose aun las resonancias y paralelos) que es un intento original en una edi_ ción crítica de este tipo y que merece ser tenido en cuenta. Y cerrando 1a página tenemos el aparato crítico, en un tipo más pequeño. Las notas críticas se señalan en el texto con llamadas que remiten a m apartado posterior. la traducción, a su vez, lleva notas al pie de página, donde se agrupan todas aquellas observaciones no estrictamente críticas. la disposición descripta permite un cómodo manejo con mínima familiarización por parte del lector, sobre todo una vez que se automatiza

la ubicación inferior del aparato crítico. Las notas críticas (177) llevan nunerg

ción corrida y no dividida por libros, 1o que sin duda resulta muy conveniente.

A1 final del volumen vienen seis apéndices (testimonios indirectos de la

tradición del texto, fraseología común con la Tnanólatéo ¿c mi/Laculn S. Feliu}, en torno del himno, en torno del epitafio, excursus sobre fuentes fonmles hagig gráficas y litúrgicas y en torno de Liciniano). Con prácticos índices, unmapa de la zona y un gnrpo de láminas culmina el libro.

Como a posteriori resulta fácil hacer observaciones sobre el trabajo ajeno, podríamos aptmtar caro rasgo personal del traductor el no nantener en todos los

casos el plural de la primera persona (p. ej., pp. 239, 251, 367, 387, 405, 407,

451), siendo que el texto latino apela al uso del singular en alguna ocasión, cg

mo en p. 382. Igualmente nos permitimos desear que en una futura edición se su_b_ sanen algunas justificables erratas como las que, a modo de contribución, señala

mos: p. S4, 1 y 4; p. 83, 21; p. 101, 4; p. S56, 29/30; p. 471, 4; p. S98, 30.

(5)

El esfuerzo de Vitalíno Valcárcel, su lnhor ingente y escrupulosn, han dí

do felizmente este resultado: ua edición por demás valiosa y útil, debidamen

­

te rodeada de todos los elementos necesarios para su pleno aprovechamiento, in­

cluyendo la traducción castellana que facilita el acceso n la ohrn a un más vaí

to ámbito de lectores.

JORGE NORBERTO FERRO

(6)

Inc¿p¿t, v (1985)

René Pellen, "Cantares de Mio Cid.Vbcabulaires exclusifs (Thématique et diachro­ nie)", en Cahiers de Linguistique hispanique médiévale, V (1980), pp. 249-287; VI (1981), Pp. 219-317; VII (1932): PP. B3-133; VIII (1993): PP. 5-155.

Este trabajo extenso y pletórico de signos, símbolos, fórmulas y cifras,

capaz de espantar a cualquier lector aficionado por el tema o al erudito no fa

­

núliarizado con el hermético lenguaje de las estadísticas, se ubicadentrode la

serie de estudios que René Pellen realiza sobre el Poema de H¿o Cid con ayuda del ordenador.

Sin embargo, queremos advertir al lector desprevenido que, tras estas a­

pariencias, yacen útiles e interesantes observaciones y se abren no pocas pers

­

pectivas para alcanzar un mejor conocimiento de la lengua y estructuradelïbema

y, con el tiempo, tal vez hallar nuevos indicios que conduzcan a esclarecer di

versos problemas editoriales y los discutidos temas de la autoría y la datación.

Estas, entre otras, eran las intenciones de Pellen cuando en 1976 iniciaba esta

serie de artículos con la publicación de su estudio sobre los nombres propios. Esta vez René Pellen se ha propuesto considerar los trescantarescomotres textos distintos, esto es, como espacios lingüísticos que pueden poseer vocablos comunes -10 que indicaría afinidad— o vocablos propios -lo que señalaría las di ferencias. A este conjunto de palabras que sólo figuran en uno de los cantares, 7 que no vuelven a emplearse en los otros dos, Pellen lo denomina uocabulanio excluaiuo: V¿; y, a partir de los Ve de los tres cantares —V01, V02 y V03-, es­ pera

I) de vérífíer s'i| existe des structures caractérístiques de

ce vocabulaírequi tendraíent 3 se répéter d'un texte 5 l'autre,

2) d'apprécier |'or¡g¡nallté lexicale et thématlque de chaque

cantan par le bíaís d'un systeme en son prlnclpe dlstlnctif,

3) de confronter l'orIg¡nalIté línguistlque aínsl déflníe aux

connaíssances hístoriques que nous possédons sur le castíllan médléval. (1980, p. 249).

Para alcanzar estos objetivos, Pellen estudia primeramente la estructura y

constitución de este vocabulario desde el puto de vista alfabético -se trata de

la observación, de dudoso valor, de la distribución de este vocabulario conforme

a la letra inicial, con vistas a encontrar alguna repercusión, de esta elección,

en el plano temático-3 frecuencial -estructuración de vocabularios particulares de los tres cantares según el nmero de ocurrencias por vocablo-,léxico-semántico

(7)

—ana1izando la distribución de los Ve en: Ve, vocablos relacionados desde el pwn

to de vista léxico; y V9, vocablos aislados, estrictamente exclusivos, también

llamados eApecí¿¿coA— y léxico-gramaticales —distribuci6n de vocabulario confor me a su categoría gramatical.

A través de estas indagaciones Pellen encuentra, en la distribución de las

ocurrencias de los V¿ y Ve (esto es, Ne y Ne), un valioso instrumento para descu

brir en los textos zonas de gran especificidad y, "d'une maniére générale, leprg

fil d'originalité absolue d'un texte comparé a d'autres textes" (1980, p. 285).

Seguidamente, y munído de tales instrumentos, Pellen pasa al estudio semán tico y temático del texto para descubrir las zonas de mayor exclusividad y espe­

cificidad, al propio tiemo que detecta aquellas de signo negativo. Para facili

tar lacomparación, segmenta los textos en tramos iguales —primero de 1000 N (= palabras y ocurrencias); luego, de S0 versos-observando aquellos en que se pro­ ducen acumulaciones o depresiones más significativas: es notable la coincidencia de los segmentos que se distinguen por su especificidad con algunos de los momeg tos más relevantes de la obra.

En una etapa posterior se desarrolla el estudio diacróniccade los Ve, donde volverá a discutirse, con nuevos elementos la datación del Poema y, hasta donde

los datos aducidos lo permiten, se afirmará la isocronía de los trescantares,en

los cuales se encuentra u estado de lengua correspondiente a los comienzos del

s. XIII.

En la última etapa, al examinar las estructuras textuales, Pellen realiza

otro hallazgo de importancia. Hasta ahora su investigación de los V¿ lehabíapeï mitido comprobar ciertas tendencias generales que surgían de sus anteriores estu dios, tal como el carácter intermediario del segundo cantar, más pobre que los Q

tros dos desde el puto de vista de la orígina1idad'léxica; pues bien, ciertas es

tadísticas de estos vocabularios indicarían que el segundo cantar posee un verda

dero problema de identidad: sus zonas significativas de especificidad léxico-te

mática muestran una marcada heterogeneidad que acompaña a la rupturaciel estilo,

en las estructuras lingüísticas y en la técnica literaria, sobre lasquehbnéndez

Pidal y sus seguidores ya habían llamado la atención. El estudio de los vocabula rios comunes al primer y segundo cantar, y al segundo y al tercero -V12 y V23, respectivamente—, muestra que, hasta la serie 101, el segundo cantar tiene marca

da afinidad temática y léxica con el primero y que, a partir de la serie102,prg

(8)

Inupu, v (1985)

senta una acentuada afinidad con el tercero. Estos indicadores y los resultados

del estudio de las asonancias, la prosodia y los recursos formularios respecto de

las estructuras textuales lo conducen a proponer la hipótesis de 1a bipolaridad

en 1a concepción de la obra. Con todo, encuentra motivos valedems para retener

1a división tripartita. Así, según Pellen, 1a Guia de m¿o Cid, como él la llama,

se organiza en dos canciones: la Canción del cuido y de Valenull y 1a Canulón de ¿OA inóanxu, y en tres cantares: el Canta/L del dütÁUL/LO, el Canta/L de Valencia y el Canta/t. de Los ¿náantu de Ca/uulón.

Consideramos digno de elogio el buen propósito de Pellen al maniobrar entre

tan enorme cúnulo de datos -por cierto con ayuda de la informática- para tratar

de esclarecer tan importantes cuestiones.

Sin embargo, tanbien quisiéramos hacer algunas observaciones acerca de su exposición de los datos y otras sobre los presupuestos que subyacen a este traba

jo y a los otros de la misma serie.

A1 comienzo de esta reseña ya tuvimos ocasión de señalar que este trabajo

resulta de difícil lectura debido al vocabulario técnico que se emplea y a los

conocimientos de estadística que requiere, a 1o cual se suma la constante abrevia ción del texto a través de signos y sínbolos para cuya intelección hemos de recg rrir asiduamente a sus anteriores trabajos -cuando allí puede encontrárselos—,

de foma tal que todo el artículo parece estar escrito para un pequeño cenáculo

de eruditos en lexicología y estadística. Pero, ¿qué oportunidad tenemos de enten

der, los que no pertenecems a ese reducido gmpo, cuando se introduce un error

y este castillo de naipes se convierte en un pandemoniun ininteligíble? Así ocu

rre, por ejemplo, en el punto 4.1. donde se trata de las estructuras alfabéticas

y para ilustrar los fenómenos se proponen algunos ejemplos:

La classe N- dans Vlg elle en a 2. Sl la place dans Vg etalt

la mime que dans V, N- auralt un effectlf de 5.56 vocables,

soit troís fols plus. La chute de V¿ dans Vg felt reculer N

­

du l6e au 2le rang, A l'Inverse. la classe T- de Cid 3 est

blen míeux représentée. relatlvement, dans V¿ (18 vocables sur 280) que dans V (bl sur 1015); elle y a un excédent de

6,69 vocables sur son effectlf théorlque calculé sur la bese

de V et avance du l0e au Se rang. (1980, p. 265).

Sin embargo, a1 mirar la tabla correspondiente, observamos que la clase T- de C411 3 tiene 14 Ve sobre 280 y 44 V sobre 1015, en consecuencia el excedente sobre su efectivo teórico no debe ser 6,69 ni su avance del 103 al S3 puesto. la expli_

(9)

cación de estos errores "en cadena” es que en vez de "classe T-” debería decir

"classe R-".

Algunas referencias también aparecen equivocadas: en 1980, p. 28S)ren 198L

p. 269 se remite a los apartados 4.4.1.4. y 6.4.1.3. respectivamente,queno exií

ten en la obra, y en 1983, p. 37, una tabla aparece con el título de ¡Ji gráfico

de la p. 33.

Esta fonma de expresión tan matemática y cifrada, que se alza junto con la bandera de la objetividad -que permite el método estadístico—, no es más que una de las manifestaciones del distanciamiento del texto que subyace en el fondo.

La grave dificultad que presenta el trabajo de Pellen reside enquesu estu

dio se dirige casi unilateralmente a los aspectos cuantitativos, con un casi tg

tal olvido de los cualitativos, de modo que la visión que se nos propone es equi

Valente a la de u reduccionismo donde.los aspectos cualitativos dellenguajevig

nen a ser suplantados por la cualificación que cobran los cuantitativos, ensnirg

lación.

La riqueza y originalidad léxica puede tener u valor reducido frente a la

riqueza y originalidad de las relaciones que se establecen entre las palabras de

un texto determinado. La palabra no es u núero -ni siquiera lo es el numeral

­

y una ocurrencia no es en todos los aspectos asimilable a otra, como sifueseuma cifra. Eso es lo que veladamente nos propone Pellen cuando las palabras pasan a ser ocurrencias de una ¿cama y el conjunto de las formas se abstrae en el vocablo,

y luego los vocablos pasan a ser cifras en tablas y gráficos.

Otro tanto ocurre con las segmentaciones mecánicas del texto que dejan fue

ra toda cualificación, o con los recuentos de vocablos que guardan entre sí afi

­

nidades semánticas, sin un estudio comparado de los principalespasajesen que fi

guran dichos temas, lo cual, entre otras cosas, evitaría graves omisiones.

Desde nuestro punto de vista, las relaciones que cabe estudiar primeramen­

te, auque se trate de una tarea mucho más dificultosa y extensa, son las de la

ocurrencia de detenminada palabra con su contexto, con el cual integrael sistema que se desea conocer. Y la utilidad primera de las Concordancias es la de permi tir la observación de cómo se efectúa esa integración en los diversos casos con­

cretos. A todo lo cual, ahora sí, deben colaborar los indicios que puedan surgir

del estudio cuantitativo del vocabulario.

(10)

Inapü, V (1985)

Los Sonetos ‘Al Itálico Modo’ de Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana. Edición crítica, introducción y notas de ¡Waxim P. A. M. Kerldnf y Dirk ‘min. Ph­ discn, Hispanic Seninary of Idedieval Studies, 1985, 1.17 pp.

lhxim P. A. M. Kerkhof, "Ia Pregunta de Nobles del Naxqtlés de Santillana. Edición

crítica", en El Crotalón, 1 (1984), pp. 331-357.

La aparición de estas ediciones críticas configuran dos nuevos logros del

Prof. Kerkhof en su proyecto de reeditar las obras del Marqués de Santillana ini ciado en 1976 con su edición crítica de la Comediexa de Panza. En ambos casos,

la disposición del material responde al modelo ya fijado en anteriores trabajos.

Comienza con un inventario de las ediciones modernas, de cuyo examen surge clara

mente su carácter deficiente en cuanto a rigurosidad crítica y la necesidad y o

­

portunidad de ua edición correcta de los textos. Sigue un inventario de los tes

timonios disponibles, remitiendo en cada caso al estudio de los mss.rea1izadoen Comedieta, pp. 18-77. A continuación, una prolija cotiaxio vaniantium que permi­ te arribar a un Atemma, cuyo grado hipotético varía en cada caso. Anotemosqueen

la edición de la ”Preguta..." Kerkhof abandona su propio sistema de siglas iden

tificatorias de los mss. y adopta el de Brian Dutton (Catálogo-Indice de La Poe­ sía Cancionenii del Siglo XV, Madison, 1982).

En el caso de los Sonexoá (editados en colaboración con Dirk Tuin),Kerkhof

agrupa en un apartado previo al texto el cuerpo de variantes; para ello transcri

be paleográficamente cada soneto según SA8 (Ms. 2655 de la Biblioteca Universitg

ria de Salamanca) y apunta a continuación las variantes de los demás códices,

transcribe luego los seis sonetos que sólo figuran en M48 (Ms. BN“. 3677). um inventario con variantes de los epígrafes. Kerkhof aborda luego elproblemade

Sigue

la filiación de los siete testimonios que conforman la tradición textual de los

Sonexoó; el criterio del error común_y las faltas exclusivas le permite arribar

a un ¿temma altamente hipotético en el que sólo se pueden verificar doshechossg guros: a) la existencia de dos bloques en que se agrupan los testimonios —de los cuales el constituido por SA8 y MN8 aparece corroborado por los estudios estemá ticos de las ediciones anteriores—; b) la no dependencia directa de ningún códi

ce con respecto a otro. De ahí en más, el establecimiento de las relaciones in

­

ternas de estas subfamilias entra en el terreno de lo conjetural. Para la fija

­

(11)

ción del texto crítico, el editor toma como base SA8 y en caso deIu)concordancia entre las dos ramas del Atenma, establece un orden de prioridades detipoéstadíí tico (a +1/; s--> sAa; 1/2 a (= SAR) + e -—> SAB; 1/2 o(=l\1N8)* e -—> LNB).

En caso de lecturas equipolentes, edita las dos soluciones entre barras, siendo

la primera a y B la segunda (e.d.: / u : B /). Aducen los editores que "esta ma

­

nera de editar refleja la historia textual, en que a representa la versión defi

nitiva" (sonztoó, p. 50). El criterio se completa con dos rasgos de conservado

­

rismo: se respeta fielmente la ortografía de cada texto y no se regularizan los

versos anómalos.

Mención aparte merecen el excelente estudio de la cronología, la temática

y la métrica de los sonetos (PP. S2-S7) y el aparato de notas dispuesto a pie de

página, donde los editores, junto con utilísimas aclaraciones sobre problemas his

tóricos, mitológicos y de léxico, discuten y fundamentan las lecturas de su tex

to crítico frente a los demás editores modernos. El libro se completa con un de

talle del orden de los sonetos en las distintas ediciones, u índice de rimas y

la bibliografía.

La edición que Kerkhof hace del texto de la "Pregunta de nobles" va precg

dida por un estudio en el que se tratan cuestiones atinentes a la identidad del

destinatario del poema (segú Kerkhof, no Enrique de Villena sino los ‘huy tras­ cendentes poetas limados”), su datación y su temática. Se listan a continuación las ediciones modernas y los manuscritos en que figura el poema. El editor inten ta luego una clasificación de los testimonios siguiendo el método elaborado por Dom Quentin, cotejando los códices de a dos en un cuerpo de variantespositivode ZS casos. Dado que, como Kerkhof aclara, es posible agrupar los mss. en dos ver siones pero no se puede afirmar que estas versiones representen ramas del árbol genealógico por ausencia de errores comunes en el interior de los grupos, el ¿tg mma resultante es otra vez altamente hipotético (y sólo uma posibilidad entre va rias, según el propio Kerkhof declara). Los pocos indicios seguros permiten pos tular la existencia de dos redacciones del poema: los mss. SAB y MN8 serían otra vez los representantes más fieles de la segunda redacción.

Para fijar el texto, el editor parte del ¿(anna "sin prestar atencióna has

elementos dudosos” (que son aquellos mss. cuya clasificación es prácticamente im

posible); en casos de lecturas equipolentes, edita las dos entre barras, siendo

(12)

Inodpu, v (1985)

declara el editor, "este modo de editar refleja la historia textual de la Pnegug

La de nobZcA“. Acompañan al texto, a pie de página, el aparato crítico y un cor­ pus de notas.

La rigurosidad científica demostrada por Kcrkhof en el trabajo ecdótico y la riqueza del material invitan a una consideración más amplia, que pennita sa­

car a luz las implicaciones teóricas de algunos aspectos de la ricaproblemática

que estas ediciones encierran. Esperamos llevar adelante esa tarea en ua próxi

ITE nota.

LEONARDO FUNES

(13)

Jeremy N. H. Lawrance, "Nueva luz sobre 1a Biblioteca del Conde de Haro: Inventa rio de 1455", El Crotalón, 1 (1984), pp. 1073-1111.

En épocas en que aún A. Paz y Melia publicaba su extenso trabajo "Bibliote ca fimdada por el Conde de Haro en 1455" en la RABM, Julián de San Pelayo creyó

necesario advertir a1 insigne investigador que la biblioteca que él reseñaba no

era en realidad la que perteneció al Conde de Haro, sino la que existía en el ¡los pital de la Vera Cruz, lugar donde el Conde pasó los últimos años de su vida. Mon

cionó entonces por primera vez la existencia de dos catálogos, el reseñado por

Paz, de 1553, y otro anterior de 1455, prometiendo dar razón de este último en _c_>_ tra oportunidad. Pero el silencio que guardó posteriormente hizo dudar a Paz y a todos nosotros de la verdadera existencia de dicho catálogo de 1455. B1 el traba jo que reseñamos, Jeremy Iawrance opina haber encontrado dicho catálogo (que des de ahora, según indicación de su autor, designaremos como lnvcnztalula) en el mismo manuscrito (signatura Res 141 de la Biblioteca Nacional de Madrid) en el cual se copia el de 1553.

En su estudio retoma muy brevemente la biografía del Conde, pues sostiene que el artículo de Paz ha dado pie a varias equivocaciones sobre la historia y na

turaleza de 1a biblioteca. En este aspecto insiste en el hecho de que la bibli9_

teca no era 1a particular del Conde o. la de su familia, sino "la parte de su cc_> lección que consideraba más apropiada a las necesidades y fines del Hospital" (p. 1075). Luego de destacar el carácter sacro-militar de la vida que llevaban los ir_1_

ternados, concluye afirmando que esa característica se refleja en la biblioteca,

pues encuentra que junto a libros romancescos o tratadoscaballerescos se hallan obras místicas y traducciones humanísticas. Señala dos elerruentos conformantes de

esta biblioteca. Primeramente su CUJLÁGÉQIL que justifica la presen

cia en ella de una proporción más alta de libros latinos y devocionales que en o tras bibliotecas sefloriales. Luego la pe/uonaaudad del Conde que leha impreso su sello particular, otorgándole un carácter docto y sobrio, que permanece como un modelo de mmLaLüé aristocrática del siglo XV representativa del manento cultu ral de su época.

Oentrándose en el lnuentamlo, señala el hecho de que no todos los libros in_ cluidos en el Catálogo de 1553 se remontan al año de la primera dotación, pues el Conde había dejado en comisión a sus herederos trabajar en servicio de Diosy por

(14)

Incipit, V (1985)

el crecimiento del fbspital. Encuentra que el número de libros consignados en 1553 (en total 160) duplica a los de 1455 (en total 79), hecho que sepuedeadver

tir con la publicación por vez primera del Catálogo de 1553 y el Inventanio de

1455.

Este Inventaaio se encuentra copiadocomouma Adición al final del mismo ms utilizado por Paz. Como motivos para identificar la Ad¿c¿6n con el Inuenxaaio es g¡¡nm un andliaia del manuacaito, el cual revela que la "comisión" a la que se 5

lude allí cs la dotación de 1455, y,.finalmente, el hecho de estar copiadas Adi

­

ción y cláusnfa áinal una a continuación de la otra. Creemos que sería convenien te que explicara en qué consiste el aná¿¿¿¿A realizado; además lamentamos que no se incluyera en la transcripción del documento la cláusula final innecesariamente omitida. Expresa como contrapartida que su tesis quedaría anulada sisedescubrig ra algún libro o impreso copiado después de 1455 entre los registrados en el ln­

ventanio. Siendo escasos los libros impresos de la biblioteca, lo que Lawrance

indica como talón de Aquiles de su tesis es dificil de probar. Sabemosque,salvo ¡nor indicación expresa, toda datación de un manuscrito es aproximada, lo cual no_ impidequecualquieradelos libros contenidos en el lnucntania puedahabersido cg piado posteriormente pasando inadvertido por nosotros.

En cuanto a la publicación del documento, deja de lado la descripción de

los volúmenes de la Biblioteca —frustrado intento de Paz— prefiriendo colocar ng

tas en las que identifica los textos. Como complemento, agrega la signatura cg

rrespondiente de los testimonios, remite a la ubicación en cl Inuenxanio nwdian« te números romanos e indica los aciertos o faltas del trabajo de Paz. Además, es

tas notas se ven cnriquecidas por eruditas referencias a estudios particulares u

otros manuscritos que contienen dichas obras. Lamentablemente, notamosquenuchos asientos (en total 18) no identificados por Paz tampoco lo han sido por Lawrance,

con lo cual, a pesar de las especificaciones del trabajo, siguen quedándonos vg

lmenes sin conocer.

No es mucho lo que se puede acotar a un trabajo que despliega tamaña erudi ción alejados como estamos de la Biblioteca Nacional de Madrid; sin embargo, per

mítasenos colocar aquí algunas indicaciones que sólo están dirigidas a facilitar

un mejor conocimiento de la Biblioteca de Medina de Pomar.

(15)

1. Con el asiento N° 12 se indica la existencia de un Floó Sanctonum en la Bi blioteca del Conde, indicando que estas obras son traducción de la Leyenda Aunea de Jacobo de Vorágine y remitiéndonos a u manuscrito descripto por Schiff en su libro La ubuothéque du MCL/tqm} de. sanuuane, pp. 247-253. Ciertamente el de Santillana se trata de un Five Sanctoaum, pero que tanto Schiff como Lawrance, que lo sigue, denominan mal. Se trata del Ms. ENW 10252, titulado, segú reza en su lomo, Vidae de Santoe de Albano, donde, efectivamente, se incluye una Vida de Jeóúó incompleta, pues se han perdido uno o más folios con los que comenzaba uno de los cuadernillos del manuscrito.

2. Con el n° 45 aparece La¿ con¿eA¿one4 y muchaó exemploó en un tnatado pequg ño en 60 ojaA en nomance; y al ginal dal, La anden de La uida chn¿At¿ana,vo1umen que según Lawrance aparece también en el Invenxanio con el número XLV, EL Libno de tae Tnibulacionee 2 ¿L Libna de Váta Cn¿¿t¿ana de Sanz Agoótín. Siendo la On­ den de La vida chA¿At¿ana, tratadillo de 8 hojas de dimensiones menores (cf. Paz, RABM, I, 1897, pp. 160-161),aun agregado posterior al manuscrito, el lectorse-pre gunta si Lae Conáeeionea y el Libno de La¿ Tn¿bu¿ac¿one¿ son una misma cosa. la nota en su totalidad es muy confusa y no agrega ningún dato concreto para el cg nocimiento del texto.

3. Con el n° 60 aparece el L¿bno del Anzob¿¿po de Sev¿¿La, donde en su folio lr se conserva copiado el índice de las obras que anteriormente contenía,lasque, desglosado el manuscrito, pasaron a formar volúenes independientes. Así encon­ tramos mencionadas dos obras que escapan a la enseñanza eclesiástica o histórica, propósito que el Conde aplicó en la creación de la biblioteca del Ibspital, como son el Libno del Caballeno Cigaa y el Calila e Dinna. Sería interesante observar si este mismo indicio se da en otros volúmenes, lo cual indicaría queelcbnde no sólo desechó alguos volúmenes de su antigua biblioteca para fundar la de Medina de Pomar, sino que también ha desglosado otros de los cuales sólo le interesaban algunas de las obras que contenían.

4. Con el n° 64 aparece el Venga! de Conáolncion anotado con datos erróneos e incompletos. ¿Por qué dudar en nota de la paternidad de Jacobo de Benavente y no de la de ps. Buenaventura? Creo que aquí el Sr. Lawrance se ha dejado llevar por las noticias equivocas de los catálogos —me refiero en especial al lnuentanio GE nena! de Manu4cA¿Lo4 de la B¿b¿¿oteca Nacional de Madnid 1 y a la obra de Castro AMnu¿c4¿xo¿ ¿4anc¿¿cano¿ de La Biblioteca Nac¿onai—-que atribuyenerróneamentela

(16)

InapLt, v (i985)

obra al doctor seráfico. La atribución a ps. Buenaventura se origina en algtmos

manuscritos latinos del VMLda/ultm Canada/Calama. Ya López había desechado esta atribución, aunque sin dar al problana una solución definitiva (cf. S. Buenaven­ tu/ui en La (¿Lie/camita española, Madrid, 1921, pp. 77-79). La patemidad de Jacobo de Benavente viene avalada por la aparición de su nombre en el ms. más idóneo de los que transmiten el (¡Unida/unn Conaolaacéomu , nos referimos al códice Alfa N.7. 22 de la biblioteca estense de Modena, donde en el folio 49r se lee: “"Ex'plicit Viridarium Consolationis editan a ¿nat/Le Iacopo de Beneveruto de ordinis fratrun praedicatorum". Espero en otra oportunidad poder dedicarme más extensamente a es te autor; por ahora remito a los trabajos de Thomas Kaeppeli, "Iacopo da Beneven to 0.P.", en Mchaiwlo ¿taurino pu. ¿a Atomix: della. Pietd 1 (1951), pp. 463-479 y a su libro Sc/uép-to/tu Oadinu Paaedicatamim Medal Aewi, vol. II, Romae, 1975, pp. 304-309. Finalmente habría que agregar que, además de los incunables de 1497 y 1499 impresos en Sevilla en la imprenta de Ungut y Polono que el Sr. Lawrance men ciona, el Venga de Conaolncxon volvió a la imprenta en 1511, en la ciudad de Se

villa, en los talleres del impresor Juan Varela.

S. El Sr. Lawrance indica la posible procedencia de algunos manuscritos, por ejemplo boloñeses, florentínos, algunos franceses, etc. Qieda afm por especificar a qué volúmenes se refería San Pelayo al expresar que D. Pero Fernández de Belas co "tuvo modo de adquirir el rico caudal de manuauuLtoó a ¿a ¿Ltablana que fueron la mejor gala y presea de la biblioteca de la Camtuja" (RABM, 1903, 9, p. 135).

6. Se echa de menos alguna referencia histórica trás sobre la bibliteca, espe

­

cialmente sobre aquellos volúmenes encuadernados en Grimaud.

No nos queda duda de que la tarea realizada por Jeremy Lawrance, fundamental­

mente en las notas a los asientos, es un gran paso en el conocimiento de la Bi

­

blioteca del Hospital de la Vera Cruz, y que a partir de aquí se abrirá Lma nueva instancia en su estudio, especialmente por brindamos el Catálogo de una foma más accesible que Paz y por aclararnos varias de las confusiones en que el erudi to español incurrió en su importante pero accidentado trabajo.

HUGO OSCAR BIZZARRI

(17)

Crónica de Juan II de Castilla. Edición de Juan de Mata Carriazo y Arroquia. Ma

drid, eal Academia d la Historia, 1982, 433 pp.

Se trata de la edición, largamente esperada, de la crónica oficial del rei_

nado de Juan Il’, conrpuesta por Alvar García de Santa María, cuya publicación ha­ bía anunciado Bhta Carriazo en 1952 (en Eótudioá ded¿cado6 a Menéndez Pidal, Ma­

drid, III, pp. 489-SOS). La versión original, desnaturalizada por la refudición

realizada hacia 1500 por Lorenzo Galíndez de Carvajal, fue impresa en Logroño en 1517; de esta tradición ajena a Alvar García deriva directamente la difundida edi_ ción de Cayetano Rosell en el tomo LXVIII de la Biblioteca de Autores Españoles. la obra primitiva consta de dos partes, que cubren los sucesos de 1406-1419 y 1420-1434, respectivamente. La primera parte, cuyo original no se conoceyque se ha conservado en tres mss. (Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla, Real Aca demia de la Historia de Madrid y Nacional de París) es la que comienza:aeditarse en el volunen que nos ocupa y que viene a conplementar el meritorio trabajo de e dición parcial del ms. de la Real Acadenia de la Historia que publicó Donatella Ferro en 1972 (La Palau lnedjxe della "Cltónica de Juan 11"... , Veneziafionsiglio Nazionale delle Ricerche). Es de lamentar que esta edición crítica de Mata Carria zo no esté precedida, al menos, por una noticia o advertencia que indique el cri_

terio seguido para 1a fijación del texto. Una nota al pie de la primera página es

tablece las letras identificatorias de cada uno de los mss. colacionados y otras

observaciones sobre los códices —escasas- se disponen en notas similares. Un ter

cer registro contiene el aparato de variantes. la nuneración corrida de capítulos

y los títulos parecen corresponder al editor. Como el texto se interrumpe después de los sucesos del año 1411, podemos suponer que u segundo volumen incluirá la materia restante de 1a primera parte. La notoria falta de información sobre estas

y otras cuestiones directamente vinculadas al texto y a la labor editorial deslu

cen la presentación de esta obra y hacen indispensable la pronta aparición del es tudio crítico, cuyo anuncio aparece nencionado, por razones inexplicables, al fi

nal de una nota al pie de la página 11.

JOSE LUIS HOURE

(18)

InuLpLt, v (1985)

Josep M. Sola-Solé , Sobre árabes, judios y marmnoa y su impacto en la lengua y

literatura españolas. Barcelona, Puvill, 1983 (Biblioteca Universitaria Puvill),

279 pp.

.La obra incluye quince trabajos (en la nota preliminar se señala erróneg_

mente que son catorce) dedicados al estudio de distintos aspectos de la influeg

cia árabe y judía en la lengua y la literatura españolas; doce de ellos -dos en

colaboración-habían sido ya publicados en distintas revistas especializadas en

tre 1965 y 1982 (el referido a las ganga-s mozárabes es ampliación de la intrg

ducción al Campus de pocaía mozánabe: laa banga-A andaluaíeá, editado por el au

tor en 1973). Cada uo de ellos significa un aporte estimable paraelcnnocimien

to del sustrato semítico de la cultura española: el postulado impacto fonético

y prosódico árabe sobre una base mozárabe en el Auto de Loa Reyea Magos, la mu­

uullaba como resultado de ua nueva sensibilidad poética vernácula, la caractg

rización y traducción de ua composición bilingüe en un Cancionero catalán del siglo XV, el artículo aL- aglutinado en los arabisnns del iberorrománico como consecuencia de su anexión obligatoria con función presentativa, las caracterís

ticas de los arabismos'en la obra cervantina, la filiación de dos refranes Vin

culados a un cuento popular en la génesis del tema donjuanesco en Tirso de Moli

na y el conflicto de culturas subyacente en la gestación de su personaje prota

gónico.

En la parte dedicada al impacto judío se fundamenta de manera convincente el carácter femenino de Raquel, integrante de la célebre pareja de prestamistas del Cid; en sendos artículos se estudian los semitismos de dos fragmentos de la Uanca genenal de La muentc y se adjudica a este texto un origen catalano-aragg nés anterior a sus manifestaciones europeas; los hebraísmos de u-dezin de Fray Diego de Valencia son definitivamente aclarados y sirven a Sola-Solé para postu

lar la estirpe judía de su autor. En uno de los tres artículos inéditos que si

guen se considera la condición de converso de Juan Alfonso de Baena y se justi

fica su apostasía judía por la fuerte influencia que el racionalismo averroísta

habría ejercido sobre las minorías ilustradas de ese pueblo. Lasinvectivasanti

judías presentes en la obra del Cbmendador Román, poeta de los cancioneros del s. XV y principios del XVI, pero más aún el conocimiento que de las tradiciones y ritos judaicos dejan entrever, permiten sostener fudadamente la propia condi

182

(19)

etimología para la palabra mainano. Las “Cinco notas sobre su scmitizaciñn !:n güístíca hebraica de España” son un excelente intento de aislar e1componentci¿ breo del conjunto de características tradicionalmente rotuladas como scmíticas. Sola-Solé pretende superar la consideración del conocido impacto léxico y anali

za la influencia del hebreo en las construcciones sintácticas de la prosa caste

llana del s. XIII, que sintetiza en cinco rasgos: construcciones reflexivas ngí

diante los ténninos alma y voluntad, empleo de la figura etimológica integrada

por um infinitivo y ua forma verbal personal, expresión del sujeto indefinido

por medio de un verbo conjugado en la tercera persona del singular, la forma dí

ciendo (< inf. constructo heb. 'aman + partícula te-) como introductora de dis

curso directo y la expresión de la idea abstracta mediante derivados por sufija

ción.

E1 volumen se cierra con un intento de explicar el onomástico cervantino Quejana por la idea inherente de "queja" y “lamento”, la que estaría 1igada:aun rasgo judío que Cervantes habría querido sugerir en la figura de su héroe. Nos

permitimos disentir en este caso; la nalabra en cuestión no es creación cervan

tina y el argumento de Sola-Solé, interesante en su planteo, se torna innecesg

rio: Qiejana es topónimo del noroeste de la provincia de Alava y 1a torre de ese nombre fue lugar predilecto del Canciller Pero López de Ayala.

JOSE LUIS HOURE

(20)

Inapu, v (1985)

Gaspar Melchor de Jovellanos, Obras Completas, tam I: Obras literarias. Edición crítica, introducción y notas de José Miguel Caso González. Oviedo, Centro de E5 tudios del siglo XVIII-Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1984, 676 pp. (Colección de autores españoles del siglo XVIII, n° 22-1).

Primero de doce volúmenes previstos, esta empresa de equipoquiereofrecer

una "edición fiable, crítica, legible y definitiva, en cuanto puedaserlo,de tg

da la polifacética obra de don Gaspar" (p. 11), edición hasta ahora inexistente

y que desea enmendar las erratas, malas interpretacioes, supresiones y correg

ciones de las ediciones parciales anteriores, atendiendo a lo que ha podido sal

varse de "la gran catástrofe de los papeles de Jovellanos" (p. 15), y tratando

de dar u orden coherente a un coapua tan vasto y heterogéneo. Lasseccionespla

neadas (con orden interno por cronologia) son: 1) obras literarias; 2) corres

­

pondencia; 3) diario; 4) obras de tema pedagógico; S) de tema económico; 6) de tema asturiano; 7) escritos sobre arte; 8) intervenciones en el Consejo de Ordg nes; 9) escritos encargados por las diversas Academias; 10) escritos jurídicos; 11) escritos políticos; 12) documentos biográficos; y además 13) vida y obra de

Jovellanos y 14) índices. El criterio editorial se adapta a cada obra segú los

testimonios conservados, pero de manera general, tiende a respetar los autógra

fos y ediciones preparadas por Jovellanos, a modernizar la ortografia, a corre

gir erratas de copistas y a anotar variantes críticas; las notas textuales y eg

plicativas se acumulan al final de cada obra, y si es prosa, las notas criticas

llevan asterisco. En cuanto a secciones futuras, el Dianio llevará las notas a

pie de página, y a la Correspondencia y al Dianio seguirá u índice de personas con datos para su identificación.

Es digna de loa no sólo la pulcritud de la publicación, sino también 1ai¿¿

serción de noticias introductorias sobre las fuentes (códices y ediciones) y la

relación entre ellas, como asimismo las reproducciones de foliosnanuscritosque

además de ilustrar el texto penmiten comprobar el criterio editorial (¿Por qué

se rcprodujo con minúscula inicial el "Aquilon" del idilio XI, pp. 169-170, del que se conserva el autógrafo, Ms. BPM 12.95B-27?), el agregado de fotografias de

ambientes, retratos y dibujos relacionados con el contenido textual o la época

del autor y la incorporación de una noticia para cada texto. Este primertomoin_

cluye, de la obra poética, las Poesías (pp. 57-324), las poesías atribuidas (pp.

184

(21)

325-340), los fragmentos y borradores poéticos (pp. 341-350), latragediaen ver so La muente de Munuza (pp. 351-466), más la comedia en prosa Ei.deL¿ncuente ho5_ nado (pp. 467-565), diez apéndices a los textos (pp. 567-652) y los índices (0­ nomástico, de primeros versos, de grabados y general, pp. 653-676). El conoci­ miento de esta monuental edición de la obra completa de Jovellanos se hace hoy

imprescindible para los estudiosos del siglo XVIII y para los especialistas en

la literatura española moderna y contemoránea. La aparición de esteprímervolu men sólo puede ser saludada con beneplácito y admiración, y el Centro de Estu­ dios del siglo XVIII merece nuestro aliento para que llegue a completar felizmen te tan magna obra.

PABLO A. CAVALLERO

(22)

lnulpü, v (i985)

Gustavo Adolfo Béoqier, Desde mi celda. Edición, introducción y notas de Dario

Villanueva. Madrid, üstalia, 1985 (Clásicos Castalla, 138), 215 pp.

La suerte editorial de este texto becqueriano ha estado signada por la pu_ blicación de las Obruu compte/tad, póstuma, que los amigos del autor realizaron en 1871. Las nueve cartas ¡Jude mi celda aparecieron en la sección "Variedades" de EL Conxunpo/táneo, sin firma, entre el 3 de mayo y el 6 de octubre de 1864, con Lma periodicidad de siete días ‘a excepción de la tercera, que aparece con considerable retraso, y de la novena, publicada dos meses y medio más tarde. Ra

fael Montesinos, en "Adiós a Elisa Guillén" (lnaula, n° 289, pp. 1 y 10-12), de

nmestra que la Carta X, entre otras obras, es apócrifa.

Alberto Blecua (Manual; de ucuca tuiual, 1983) advertía que son partícu

lar-mente nocivas las ediciones de Obruns compte/tu, póstumas en general, que no siempre recogen las primeras ediciones o aquellas que el autor había dado como

definitivas, por lo que recibimos con beneplácito la fidedigna publicación que

Darío Villanueva hace de estas cartas, cubriendo una carencia planteada desdehg ce mucho tiempo.

En 1a Nota previa, el profesor Villanueva manifiesta que a pesar de la sal vedad del prologuista, Ramón Rodríguez Correa, en el sentido de que los textos fueron publicados "sin la menor enmienda", él mismo, Augusto Correa o Narciso Campillo, sus otros dos amigos, introdujeron en la publicación de 1871 modifica

ciones destinadas a subsanar erratas, evitar reiteraciones, regularizar vacilg

ciones en el uso de Lo, ¿a y ¿e en casos similares, suprimir barbarismos y vul

garismos pero introduciendo, a veces, nuevas erratas y transformando, en todos los casos, la lengua de Bécquer. la edición que nos ocupa reproduce fielmente el texto de EL Conxempo/Láneo, única edición llevada a cabo en vida del autor sobre un manuscrito hoy perdido.

El editor consigna en nota al pie de página las erratas de impresión que

corrige, las variantes del texto de 1871 y en algunos casos ofrece la lectura di_ ferente que brindan las obñfló completa, publicadas por la editorial Aguilar en 1969, decimotercera edición, cuya paternidad le es difícil de precisar. Actuali_

za la ortografía y la acentuación, y modifica, en los pocos casos en que lo ha

creído oportuno, la puntuación. Asimismo, resuelve las abreviaturas del texto.

(23)

La única nota sobre esto es la 46 de la Carta VII, "Dio algtmos pasos más: el

soberano llegó a lo más alto de la Ciezma y, en efecto, el castillo de Trasmoz

apareció a sus ojos..." cambia por "Dio algunos pasos más; el soberano llegó a

lo más alto de la Ciezma y, en efecto, el castillo de Trasmoz apareció a sus 0

­

jos... . Aclara que los dos puntos sin valor consecutivo, conclusivo o ilativo

son muy frecuentes en El Corufunpouínea y que los sustituye‘ siempre por pmtoy cg ma.

Aclara el uso de cursivas en la nota 17 de la Carta I ("conservo la ortg

grafía y la cursiva de Bécquer para anglicismos como mu, genueman y wagon de

la presente carta, y clown de la segunda") y en las notas 10 ("Sin subrayartla

Cuca en EL Comtempo/tdneo. Conviene 1a bastardilla de Rodríguez Cortés") y 30 ("Bécquer subraya siempre toda palabra que lleva el sufijo dialectal nico/a ") de 1a Carta VI, por lo que podemos pensar que sigue el mismo criterio para los restantes casos. Hubiésemos deseado algtma anotación para la forma "hicistes", p. 160, y no nos explicamos la preferencia de ésta y de "prometistes", p. 198, frente a 1a corrección anotada de "desplega", p. 122, que aparecía en la versión

periodística.

las notas léxicas y las aclaraciones a las referencias o alusiones cultu

rales, literarias, históricas o científicas son siempre valiosas.

E1 texto de 13s nueve cartas Dudo. mi celda está precedido por una intrg

ducción biográfica y crítica, una noticia bibliográfica y la bibliografía seleg

ta; se intercalan cuatro láminas, tres de ellas son de Valeriano Bécquer inclui_ das en Expeüulón de lle/tilda.

La Introducción ofrece una interesante noticia sobre EL Contemponáneoy su filiación política y actualiza 1a reseña biográfica del conocido escritor romá¡_1_ tico a la luz de las más modernas investigaciones. Dario Villanueva considera luego el contenido’, la estructura y, sobre todo, las fuentes de las CamtaA: rea firma la vinculación del costunbrismo de la Carta I con la prosa de Larra, glosa las consideraciones de Bécquer sobre el proceso de la creación poética (Carta

III), advierte un estilo casi tribunicio en la Carta IV, en 1a que Bécquer expo

ne la necesidad de conservar la tradici6n,y esclarece el pensamiento del autor

vinculándolo con su fracasado proyecto de Hato/uh de ¿oa temploa de EApaña,con el tradicionalismo de Chateaubriand y Victor Hugo; insiste en 1a influencia de Prosper Merimée para la Carta VI, descubre una posible relación entre el persg

(24)

tnapu, v (1985)

naje de Dorotea de la Carta VIII con el de Cenicienta y compara la leyenda de la fundación del monasterio de Veruela (Carta IX) con la versión de Vicente de la Fuente (España Sag/mda, tomo L, 1866) y comprueba que Bécquer la amplifica y en riquece.

- El profesor Villanueva hace después una revisión de la forma epistolar en la literatura y demuestra la innegable influencia sobre esta obra de Bécquer de las Ca/Ltaa del viaje de Miu/Liu de Jovellanos, publicadas en 1859.

Confirma que las cartas no obedecen a ningún plan preconcebido yque no de ben ser leídas como Lma obra dotada a. pain/ui de unidad estructural sino como un ‘work in progress", coherente y trabado tan solo a. poste/tina. Considera cierta la interpretación de A. Berenguer Carisomo, que establece que las cartas primera a cuarta son de naturaleza filosófica y reflexiva, con muy leve matiz pintoresco y docunental, mientras la quinta a novena son más acusadamente folklóricasydes criptivas, aunque Villanueva prefiere ver la carta primera como un prólogo im­

prescindible, y esto si no se cae en la falacia de ver a Duda mi celda como un

texto sometido a rígido plan. Para J. Sánchez Reboredo (Cuadunoó Hapanoamvul­ canoa, n° 248-249, pp. 394-403) los dos hilos conductores de las meditaciones g

pistolares de Bécquer son el menosprecio de corte y alabanza de aldea y la búi

queda de un tiempo perdido o a punto de perderse. Pero, Villanueva concluye con vincentemente: "en mi criterio la ¡nas poderosa razón que esgrimir a la hora de defender la profunda unicidad de esta especie de cajón de sastre que son las ca;

tas Duda mi celda está en el hecho incontrovertible de que se trata de una rs

copilación, ¿umma o quintaesencia de todo el arte literario de su autor, apenas sin exclusiones” (p. 55).

Lamentamos que no haya llegado todavía hasta nosotros el trabajo monográ fico de Villanueva, "Ponz, Jovellanos, Bécquer. Originalidad y unidadde las ca: tas Duda mi celda", a aparecer en los Smüu ¿n honou/Lofl Sumnvc M. Gneutáiud, mencionado en p. S1, n. 70. De cualquier modo, el enfoque de su análisis nos pe; mite considerarlo como un profundo conocedor de la obra becquerianayestanns se guros de que esta edición será instrumento imprescindible para cualquier inves

tigador de este texto.

ANTONIA FERNANDEZ

(25)

Juan Valera, Juanita la Larga. Edición, introducción y notas de Enrique Rubio. Madrid, Castalia, 1985 (Clásicos Castalia, 141), 298 pp.

El texto de Juanita la Langa se edita precedido por ua Introducción big

gráfica y crítica (con notas a pie de página), en la cual el editor desarrolla

una completa biografia de Valera, en íntima relación con su producción literaria

y periodística, un análisis de la Carta—prólogo que aparece en la primera edi

ción de esta obra (Madrid, 1896) y un estudio acerca de las fuentes literarias

el tema del “viejo y la niña”, las escenas costumbristas y el mudonovelescode

Juanita La Langa.

Es importante el análisis de la Carta-prólogo, por cuanto ayuda a conocer la doctrina estética de Valera y da pie para que Rubio Cremades contradiga la Q

pinión de algunos críticos Oknnesinos entre ellos) que situaban laperipeciaar

gumental de Juanita ia Langa hacia 1850; el editor estima que sería más acerta­ do considerarla intemporal, carente de propósito docente y escrita con la única

finalidad de crear belleza e imitar lo verosímil más que lo real. Es necesario

agregar que, a pesar de lo expuesto, y concordando con la opinión de Baquero G9 yanes, Rubio Cremades deja ver que podría haber un propósito oculto, y que la Q bra manifiesta preocupaciones propias de la época.

El editor considera inexacto relacionar Juanáta La Laaga con El viejo y la niña de Moratín, puesto que está ausente en la prinera el propósito moralizante; encuentra mayores puntos de contacto con Lope de Vega y colecciones Costumbris­ tas de la segunda mitad del siglo XIX. Se relaciona el tema del "viejo y la niña‘ de Juanita La Langa, con otras obras de Valera y con opiniones vertidas por el mismo autor, y se analizan los pasajes que incluyen escenas costumbristas, desta cando las dos modalidades con que son presentadas.

Es interesante el estudio del mundo novelesco de Juanita la Langa, sus per sonajes y sus ambientaciones, y la referencia a un trabajo de Francisco Pérez Cu

tiérrez en que este autor analiza la relación entre doña Inés y Juanita, posible

clave de la novela.

Al término de la Introducción, el editor proporciona ua Noticia bibliográ

fica (con publicaciones de Juan¿La ta Lanqa en diferentes lenguas), uma Biblio­

grafía selecta y distintas ediciones de las epïstolas de Valera.

(26)

Incipit, V (1985)

E1 criterio editorial aparece explícito en la Nota previa, en que Rubio

Cremades nos informa acerca de las fuentes que se cotejaron para realizar la

presente edición (textos aparecidos en las entregas del periódico EL Impanciai —octubre-noviembre de 1895-y la edición de Fernando Fe —Madrid, 1896), y del texto elegido (edición de Fernando Fe, Madrid, 1896, que incluye la Carta-dedi catoria al Marqués de la Vega de Armijo, y que no presenta variantes con respeg

to a las entregas).

El contenido de las notas es vario: a) cotejos frecuentes entrepasajesde

la obra y cartas del autor u otras obras de la misma época; b) conparaciones en

tre la actitud de Valera frente a determinado hecho y la adoptada por otroescri

tor; c) noticias acerca de personajes bíblicos, históricos, literarios o mitolg

gicos y obras literarias mencionadas en el texto; d) bibliografía específica;e)

vocabulario; f) repetición de conceptos ya expresados en la Introducción. Hay erratas no declaradas. También abundan las grafías extrañas y acentua ciones sorprendentes Cúynchan", ”rehacio", "árduo", ”arruináseís”, etc.)quedg ben de proceder del texto base de la edición.

ADR l ANA lRHA HAGG l 0

(27)

Miguel de Unamuno, Abel Sánchez. Edición, introducción y notas de José Luis Abe llán. Madrid, Castalia, 1985 (Clásicos Castalla, 142), 167 pp.

En la "Introducción Crítica" el editor realiza un análisis pormenorizado

de la obra, situándola "dentro de la ideología unamuniana y del contexto social

y psicológico de su vida”. Destaca su carácter de nivoia, a diferencia de la ng

vela tradicional y la ubica dentro de ua serie de relatos con unidad propia,b¿

sada en el propósito del escritor de extraer consecuencias prácticas de 91 con

cepción filosófica de madurez, desarrollada en Dei Aentimienxo ¿mágico de La vi da en Los hombnea g en ¿oa puebioó (1913). Expone los temas que han preocupado a Unamuno a lo largo de su existencia (el belicismo, el anhelo de inmortalidad

personal a través de la inortalidad del nombre y de la fama) y su filosofíadel

conflicto y la contradicción permanentes. Según Abellán, esto constituye el en­ tramado vital e ideológico de la novela. Refiere el mito bíblico de Caín y Abel, que sirve de trasfondo a la obra y brinda claves para su comprensión en profun­ didad. Revisa el tema central de Abel Sánchez, la envidia, y otros como el del amor maternal y el del od¿um theologicum, en el conjunto de la producción unamg niana. Señala la influencia "más o menos lejana” de Puebio enfienmo del bolivia­ no Alcides Arguedas y La maza de Cain del uruguayo Carlos Reyles y dedica un tra tamiento más detallado a la incidencia del Caín de Lord Byron. Se ocupa del fon do social y autobiográfico, basándose en las palabras del propio Unamuno, quien dice que su obra está sacada “de la vida social que siento y sufro —y gozo- en torno mío y de mi propia vida”. Estos aspectos aparecen profundizados en la te­ sis doctoral de Abellán, Miguel de Unamuno a la luz de la paicoiogía (1967). Cg mo conclusión de esta introducción, el editor sitúa a Abal Sánchez en una larga tradición literaria que tiene como eje el-tema bíblico de Caín y Abel. Sostiene

que el aspecto más original de esta literatura es la reacción contra la ideali

­

zación de Abel y la defensa de los valores de Caín. Finaliza diciendo que”lang_ vela de Unamuo se incorpora a u motivo de la literatura universal, dándolehqn da'resonancia española“.

La 'Tbticia Bibliográfica” incluye las ediciones y traducciones de la obra

al alemán, checo, francés, holandés, inglés e italiano. La “Bibliografía selecta‘

comprende tanto los estudios sobre la novela como ua breve bibliografía sobre Unamuno. En la "Nota Previa" el editor declara haber reproducido la segunda edi­

(28)

1nc¿p¿z, v (1985)

ción de Abel Sánchez (Madrid, Renacimiento, 1928), modernizando la puntuación. Aquella fue la última corregida por Unamuno y a la cual añadió un prólogo, fe­ chado en Hendaya en ese mismo año, prólogo que se incluye también en el texto. Compulsa la segunda edición con la primera (Madrid, Renacimiento, 1917) y anota

a pie'de página las "pequeñísimas variaciones” (corrección de erratas o algú

retoque de estilo) que no llegan a constituirse en variantes. Por ejemplo: "des

de su primera infancia, pues sus sendas nodrizas..." (Za. ed.) por "desde Laynj

mera infancia, nues ya sus sendas.,." (1a. ed.); "Si te hubiera querido me ha

­

bría curado" por "...había..."; "ese" por "este". A continuación se presenta la

portada facsími] de la primera edición y el prólogo a la segunda, ya mencionado

Cinco reproducciones, incluida la portada, enriquecen la obra y se detallan en

el "Indice de Láminas" con que se cierra el volumen. Las notas a pie de página encuadran en la misma línea de análisis realizado en la introducción.

La edición brinda un texto confiable de una obra que ocupa un lugar cen­ tral en la evolución novelística de Unamuno, según apreciaciones de Abellán, y el estudio crítico abre una amplia gama de relaciones que los estudiosos del au tor podrán desarrollar y profundizar.

LILIANA SILVIA SERBIANO

(29)

Pedro Rodríguez Freile, El Carnero. Según el nanuscrito de Yerbabuena. Edición, introducción y notas de Mario Chznfiümrtnero. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo (Biblioteca colombiana, XXI), 1984, lxxiv + 348 pp.

Cbn el propósito explícito de facilitar la tarea de quien se proponga cg

tejar los manuscritos y ediciones de la obra de Rodríguez Freile, el editor pre

senta una transcripción del ms. que estuvo en poder de Fernando Antonio Martínez y que, actualmente, pertenece a la Biblioteca del Instituto Caro y Cuervo, en Yerbabuena. En cierta medida, MCR ha iniciado la labor de comaración de versig

nes, aunque para ello se limitó a considerar el ms. S y las ediciones de 1859 y

1955.

De esta crónica colonial se conocen seis manuscritos, cuya descripción sg mera podrá hallarse en la "Introducción" de la edición que reseñamos (pp. xxiii -xxx): ms. R, copia hecha a pedido de J. A. de Ricaute y Rigueyro, "quien lo hi zo copiar de su original año de 1784"; ms. C, copiado por petición de J. M. del Castillo, en 1795; ms. B, del Colegio de San Bartolomé, copia defectuosa de fi nes del s. XVIII; ms. H, de propiedad del padre J. Hincapié Santamaría,también del s. XVIII; ms. S, copia "corregida y auentada por don Miguel Gerónimo de Sierra y Espinel... en el año de 1812"; y ms. Y , copiado por el mismo Espinel, en 1810.

A partir de la mera enumeración de mss. puede colegirse el conjuto de di

ficultades que deberá afrontar quien aspire a preparar una edición crítica de es

ta obra. Por u lado, todas las copias conocidas son posteriores en porlonnnos

un siglo al período de su escritura; por otro, la descripción de mss. queseluos

ofrece indica uas breves noticias (cantidad de páginas, dimensiones delosejem

plares, texto de la portada), reiterando datos que deberán ser críticamente ana

lizados para detenminar su pertinencia. En el caso del ms. R, por ejemplo, FER

anota que se trata de ua "copia del original", puesto que este giro figura en

la portada, sin fundamentar la afirmación con otros testimonios o cotejos;derm¿ nera semejante, al describir el ms. C, establece que ha sido “copiado deotroIm¿ nuscrito", referencia ambigua que exige ser comentada.

También habrán de ser cotejados, para ua edición crítica, los textos ofrg

cidos por la primera edición, de 1852, publicada en Bogotá por Felipe Pérez, que

(30)

lncipix, V (1985)

sigue un ms. al parecer perdido. La segunda edición, de Ignacio Borda, 1884,aug

que coincide en el texto con la anterior, se ha basado en otro ms. que incluye

el "Catálogo de los arzobispos y prebendados que han sido de la iglesia metropg litana de este Nuevo Reino de Granada, desde el año de 1519 que fue erigida en metropolitana hasta el presente de 1638, en que se cumplen cien años de la con quista de este Nuevo Reino", ausente en la primera edición. Las ediciones de 1890, 1926, 1935 y 1942 se remiten a alguna de las anteriores.

En 1955, fue publicado el ms; R, que reproduce la decimosegunda edición de 1972, Biblioteca Ayacucho, con correcciones, prólogo, notas y cronología de D. Achury Valenzuela.

Entre los preliminares de la edición de MGR, se incluyen: una "Autobiogrg fía de J. Rodríguez Freile”, construida con fragmentos entresacados de EL Canng

no (pp. xiii-xxii), un capítulo titulado “¿Historia o ficción?", en que se estu

dian los valores docuentales de la obra (pp. xxxvi-lxv); una bibliografía se

­

lecta sobre el autor y su crónica; y ua problemática tabla de "Arcaísmos y vul

garismos en el ms. de Yerbabuena” (pp. lxvii-lxviii). En cuanto a ésta, creemos

que hubiera sido de utilidad definir con precisión el alcance asignado aloscog

ceptos de aacaíamo y vulganiamo, puesto que ambas nociones son relativas tanto histórica como geográficamente. Además, los casos citados se remiten exclusiva­ mente al nivel léxico, pasando por alto algumos fenómenos sintácticos que podrí an haberse incorporado: anteposición del articulo a nombres propios (pp. 95 y

ss.), giros como "la puente” (pp. 99, 221, etc.). Otro tipo de problemas que

plantea esta lista se debe a las ausencias: ¿hemos de considerar términos como

janranóe (p. 34), nequinimiento (p. 67) o eiiguicnon (p. 90), entre otros, como

erratas, ya que no figuran en la lista, o bien omisiones?

La tarea de transcripción del ms. Y estuvo a cargo de Angelina Aráujo Vé­ 1w¿. Según se declara en la "Presentación", se siguieron para la misma "las nor

mas comúnente aceptadas para la transcripción de textos históricos" y, con el

propósito de agilizar la lectura se ofrece una versión modernizada en cuanto a ortografía, puntuación y acentuación. Se ha desarrollado la mayoría de las abrg viaturas sin indicación tipográfica alguna; se uniformó la rnnnración de capitu los y organizó adecuadamente la remisión a notas: las del ms. que transmite Y y

las de mano de Espinel van precedidas por asterisco; las realizadas porotraimí

no, se indican con +, y las del editor van nmeradas de corrido por capítulo y

194

(31)

agrupadas al final de cada uo.

Esta edición se completa con índices, onomástico y general, y reproduccig nes facsimilares de las portadas de varias ediciones, de algunas páginas del ms

V y otros docuentos y testinrnios.

A pesar de un pequeño número de erratas, el Instituto Caro y Cuervo vuel­

ve a ofrecernos una edición seria que se convertirá, seguramente, en útil ins

­

trumento de estudio y difusión de la amena prosa de Rodríguez Freile.

Pedro de Solís y Valenzuela, EZ desierto prodigiosa y el prodigio del desierto. Edición de Rubén Páez Patiño, notas de R.P.P.,Manuel Briceño Jáuregui y Jorge Párarro Patareda. Bogotá, Institutocam y (Nervo (Publicaciones, XLVI) , 1984,

tono II, xxii + e42 g).

Con la publicación de este voluen, que incluye las mansiones XII a XXI, se completa la primera edición del ms. M de la obra de Solís y Valenzuela. Se han incorporado una tabla de "Siglas y abreviaturas", que corresponden a las ng

tas del editor, índice de láminas y general y listado de erratas advertidas.

E1 plan editorial originario ha sido alterado, de modo que en el tercer

tono se dará a conocer, segú se nos infonna, el texto del ms. V, que ofrece

una versión más elaborada que la de M, acomañado de los índices generales. DANIEL ALTAHIRANDA

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