EL DISCURSO DE LAS PERSONAS EXFUMADORAS EN TORNO AL CONSUMO DE TABACO
Resumen
1. OBJETIVOS DEL ESTUDIO:
El objetivo fundamental del estudio es analizar el discurso que acerca del tabaco hacen los exfumadores, con la idea de conocer si es posible y en qué términos se puede trasladar el discurso de quienes han dejado de fumar a los fumadores habituales, en la creencia de que así se puede facilitar la toma de decisión para el abandono del tabaco.
En este sentido, interesaba conocer más específicamente los siguientes aspectos:
• Significado que el antiguo fumador posee sobre el consumo de tabaco.
• Motivos por los que se abandona el consumo de tabaco.
• Proceso de abandono del hábito de fumar.
• Consecuencias derivadas de la situación que conlleva el abandono del consumo de tabaco.
• Posibles alternativas de comunicación.
2. METODOLOGÍA:
La metodología empleada ha sido la estructural o cualitativa, plasmada técnicamente en el grupo de discusión.
El universo objeto de estudio es la población de exfumadores, mayores de 30 años, residentes en la Comunidad de Madrid.
Las variables de configuración de los grupos han sido: "edad", "sexo", "status", "hábitat" y "posición del exfumador respecto al momento de abandono del hábito de fumar".
El trabajo de campo se realizó durante los meses de Octubre y Noviembre de 1992.
El estudio ha sido realizado por la empresa Q.INDICE, S.A.
3. RESULTADOS DEL ESTUDIO:
Fumar encuentra sentido en el seno de la relación social. Se trata de un placer en tanto que hace vínculo social. En este sentido cabe hablar de que la decisión de fumar es del orden de lo público, de lo social.
El discurso del fumador (en este caso del que lo ha sido) muestra la existencia de una relación mítica con el tabaco, en la medida en que se le presupone al objeto (el consumo de cigarrillos) un valor en sí mismo, el de crear vínculo social.
La enfermedad, antes vinculada a la idea de exceso de tabaco, aparece en el discurso actual de los grupos plenamente vinculada al significado de fumar. Es un concepto siempre presente cuando se habla del tabaco.
La enfermedad señala el consumo de tabaco como puro goce, goce en tanto que se trata de un placer sin regulación. Toda falta de regulación queda fuera de la relación social (del vínculo social) que fundamenta su consumo.
En este sentido, el discurso se esfuerza en señalar que fumar posee una naturaleza pulsional (por ello se dirá que fumar es una tontería, que no se sabe bien por qué se hace y al mismo tiempo que es un placer), pero también se empeña en dotar de sentido al fumar desde la perspectiva que lo fundamenta (crear vínculo social).
El tabaco aparece manifiestamente vinculado a la droga en aquellos aspectos que señalan su característica de dependencia, es decir, que lo señalan como
pura pulsión. El hecho de tratarse de una pulsión es lo que permite, cuando su consumo está reglado y normatizado, que se trate de un consumo placentero; al contrario, aparece como goce cuando su consumo excede la regulación.
Lo que el tabaco tiene de común con la droga es que se trata de una adicción, poseyendo todos los elementos de la adicción:
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Dificultad de regular la cantidad de cigarrillos.-
El deseo de fumar posee valor y fuerza en sí mismo, sin que medie la voluntad en ello.-
Pese a conocerse que es nocivo para el organismo no se puede abandonar su consumo...Fumar, sin embargo, no es droga puesto que admite regulación (normatización de su consumo). Viene normatizado, regulado y legitimado a través de la relación social. La droga está fuera de la ley y, por tanto, de la relación social. Tal como ya se ha comentado, los grupos dan cuenta de la eficacia de la campaña publicitaria "el tabaco es perjudicial para la salud" al incluir en el discurso social del tabaco la idea de enfermedad.
Sin embargo, existe una insuficiencia del discurso social en relación con el hecho de dejar de fumar. La insuficiencia del discurso social se basa en:
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La idea de enfermedad no opera en el campo de la identificación social (lugar donde sí se fundamenta su consumo), sino que opera en el campo de la identificación individual, en el cuerpo de cada sujeto. Por ejemplo, mientras se puede hablar de lo perjudicial que resulta la nicotina, no se puede tachar de perjudicial el fumar un cigarrillo con los amigos.-
La estructura discursiva que sostiene el hecho de fumar no consigue, pese a incluir la enfermedad, dotar de elementos necesarios al fumador para tomar la decisión de dejar de fumar. Dejar de fumar aparece como una decisión personal (es del orden de lo privado), ya que ésta puede incorporarse al discurso como opción frente al riesgo de enfermar quecomporta el fumar, sin atentar al significado que fumar posee socialmente (crear vínculo)
La decisión personal de dejar de fumar se sustenta en la experiencia personal de la enfermedad, de la subjetivización de la nocividad del tabaco.
La figura del médico adquiere así una especial relevancia al ser éste el que puede establecer la relación entre la dimensión personal del sujeto (lugar de la experiencia de enfermedad) y la dimensión social, ya que es el depositario del conocimiento social sobre la enfermedad.
El proceso de abandono del consumo de tabaco es costoso y las recaídas frecuentes. El período de tiempo que tiende a verse como necesario para la desintoxicación del tabaco ronda en torno al tercer año de su abandono.
Los tratamientos para dejar de fumar son vistos, en sí mismos, como ineficaces. Tan sólo la decisión personal, junto a la fuerza de voluntad para mantenerla, será el motivo que subyace en el abandono. En este sentido, el tratamiento aparece en el discurso de los grupos como placebo y tan sólo en ese terreno, en el de la sugestión, se le atribuye cierta eficacia.
Cabe diferenciar, a la hora de hablar del consumo de tabaco, de distintos espacios:
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Espacio público, en el que la relación social que se establece entre los individuos, que a él concurren, está mediatizada por los servicios públicos: escuela, Administración, etc.-
Espacio colectivo en el que la relación entre los individuos no está mediatizada por los servicios públicos. En éste espacio, a su vez, podemos distinguir entre espacio de trabajo (lugar de trabajo) y espacio de ocio (lugar social de placer).En relación con la diferencia entre los distintos espacios, podemos decir que toda comunicación o acción dirigida a motivar a los fumadores el abandono de su hábito, deberá tener en cuenta:
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El consumo de tabaco no puede ser prohibido en tanto que encuentra su sentido discursivo en la idea de que hace vínculo social: debe ser sometido a regulación, no a prohibición.-
Toda prohibición de consumo que se diera fuera del espacio denominado público, vendría a mostrarse en cierto modo como una arbitrariedad.Debe dotarse a la "decisión personal", motivo único que fundamenta el abandono del consumo, del estatuto de lo discursivo: la opción personal se ha de incorporar en el discurso social. Es decir, la opción personal es susceptible de:
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Ser reforzada a través de la principal idea que la sostiene: la enfermedad.-
Otorgar a la opción personal el estatuto de lo discursivo, es decir,proporcionar a la decisión de abandono un lugar en el discurso social. El discurso social debe dar cabida a la individualidad (a la opción personal). Pese a que toda prohibición respecto del consumo de tabaco aparece como ineficaz, tan sólo, en el que hemos denominado "espacio público" es susceptible de darse dicha prohibición.
El discurso de los grupos muestra nítidamente la tensión existente entre fumadores y no fumadores que posiblemente provenga de la necesidad de reestructuración de las normas que rigen la cultura del consumo de tabaco. Dicha tensión señala la falta de respeto tanto del lado del fumador como del que no lo es.