• No se han encontrado resultados

Un estudio topográfico e histórico de Acaya entre los siglos VIII y III a.C.

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Un estudio topográfico e histórico de Acaya entre los siglos VIII y III a.C."

Copied!
665
0
0

Texto completo

(1)

DE ACAYA

ENTRE LOS SIGLOS VIII Y III A. C.

D. Ignacio Miguel Pascual Valderrama

Tesis que presenta para la obtención del grado de

Doctor en Historia

por la Universidad Autónoma de Madrid

Director: Prof. Dr. D. José Pascual González

(2)
(3)

Si quid novisti rectius istis,

candidus imperti; si non, his utere mecum.

(Horacio, Epístolas I. 6, 67-68)

(4)
(5)

i

AGRADECIMIENTOS

Ingratus est qui beneficium accepisse se negat, ingratus est qui dissimulat, ingratus qui non reddit, ingratissimus omnium qui oblitus est. (Séneca, De beneficiis III. 1, 3)1

Aunque no es mi intención agotar al lector con unos agradecimientos excesivamente prolijos, me he permitido citar estas palabras del gran pensador hispanorromano, para así poder utilizarlas como coartada, en el caso de que finalmente me demore más de lo que aconsejan la prudencia y la discreción.

En primer lugar, me gustaría expresar mi agradecimiento a la Universidad Autónoma de Madrid. Probablemente, el presente trabajo no habría sido posible si la citada institución no me hubiera concedido una beca predoctoral de Formación del Profesorado Universitario (F.P.U.) durante cuatro años consecutivos. Espero que, de algún modo, estas páginas sirvan para compensar o, al menos, para justificar la inversión y la confianza que, en su día, se depositaron en mí.

También me gustaría mostrar mi más profunda gratitud hacia mi director de tesis, José Pascual González, con quien creo compartir mucho más que la mera coincidencia de apellidos: Jose, desde que tuve la dicha de disfrutar de tus clases de “Grecia IV:

Grecia helenística”, tuve bien claro que ibas a ser el profesor a quien le pediría que me dirigiera la tesis. Gracias por haberme aceptado como tu doctorando, gracias por tu guía, por tus consejos y, sobre todo, por tu paciencia. Sabes, además, que los mapas que acompañan a este trabajo no habrían visto la luz sin tu ayuda. Son más tuyos que míos.

1

Es ingrato quien niega haber recibido un favor, ingrato quien lo oculta, ingrato quien no lo devuelve, pero el más ingrato de todos es quien se olvida.

(6)

ii

Este agradecimiento me gustaría hacerlo extensivo a todos los profesores que me han ayudado a formarme no sólo en lo académico, sino también como persona. Quizás pueda parecer excesivo que me acuerde aquí de Josefina Aldecoa y de mis maestras del Colegio “Estilo”, pero fueron ellas las que despertaron en mí el amor por la Historia y, en particular, por la Antigüedad grecolatina, fueron ellas las responsables de que, ya con siete y ocho años, tuviera la seguridad de no querer estudiar otra carrera que no fuera la de Historia. Igualmente, podría parecer fuera de lugar citar a mis profesores del I. E. S. “Fortuny”, pero es de ellos de quienes guardo el más feliz de los recuerdos: mencionarlos a todos es imposible, pero sí desearía dedicar unas palabras a mis profesoras de matemáticas, que tanto sintieron que no me matriculara en el bachillerato de ciencias puras, y a Concha y a Paloma, que tanto me quieren y a las que tanto quiero. Por supuesto, también deseo dar las gracias a todos y cada uno de los profesores de los departamentos de Historia Antigua y de Filología Clásica de la UAM: a los primeros les agradezco no sólo que me trataran como uno más durante el tiempo que tuve la suerte de formar parte del departamento, sino que, sobre todo, les doy las gracias por el cariño y la atención que me han brindado después de que concluyera la beca, cuando ya no nos unían más vínculos que los personales y afectivos; a los segundos, a los profesores de Clásicas, siempre los recordaré por lo mucho que disfruté con ellos y con sus clases: gracias, en especial, a Araceli Striano Corrochano, a la que ya no puedo considerar sólo como una antigua profesora, sino ante todo como una buena amiga: espero que algún

día, cuando tenga la vida más estabilizada, pueda hacer una tesis doctoral en Clásicas bajo tu guía, sobre el tema del que te hablé a comienzos del verano. Asimismo, también

querría dedicar unas breves palabras a mis profesores de griego moderno y de francés de la Escuela de Idiomas y, en particular, a Elías Danelis Rokka y a Juan Miguel Borda Lapébie, sin cuyas clases de griego moderno y de francés no habría podido acceder a buena parte de la bibliografía que he consultado a la hora de preparar este trabajo: Juan

Miguel, en momentos de especial zozobra y desazón, al ver que la tesis no avanzaba y que la vida no me conducía a ninguna parte, tus clases de francés eran para mí un auténtico bálsamo, un paréntesis de alegría y optimismo.

En otro orden de cosas, la beca me ha permitido disfrutar de varias estancias en el extranjero, sin las cuales no habría podido completar mi trabajo. Quiero darle las gracias al profesor Kostas Buraselis, de la Universidad de Atenas, que con tanta

(7)

iii

amabilidad me acogió; al profesor Andreas Chatzisavas, que me animó a acudir como oyente a sus clases de griego moderno en la Universidad de Nancy; al personal docente y administrativo que trabaja en la Biblioteca del Mundo Mediterráneo Antiguo, dependiente del Centro “Édouard Will” de la Universidad de Nancy; a Bassir Amiri, mi guía afgano por la ciudad de Nancy, cuya amistad lamento no haber sido capaz de cultivar y conservar; a Andreas Vordos, a Nils, a Niki Ralli, y a Kostas Papagiannopoulos y su esposa Eleni Simoni, por haber sido mis “perihghtaiv” en la región de Acaya, por haberme dado a conocer sus yacimientos y por haberme transmitido su amor por aquella tierra; a Andreas y Loukia Droulias, que me alojaron en su casa de Egio desinteresadamente, sin tan siquiera conocerme; y, muy por encima de todos, a Athanasios Rizakis, con quien tengo una deuda enorme, imposible de resumir en unas pocas palabras: aunque entiendo que mi actitud en algún momento haya podido

parecerte ingrata, espero algún día poder transmitirte mis agradecimientos en persona, con el detenimiento y el sosiego que mereces.

Obviamente, estos agradecimientos quedarían absolutamente cojos y sin sentido si sólo aludiera a mis profesores y no me refiriera a las personas más importantes en la vida de toda persona, como son los amigos y la familia.

Nunca dejará de asombrarme la cantidad de gente que, a pesar de mi timidez, he conocido en los últimos años, desde que inicié los estudios de doctorado. Algunos han entrado y han salido de mi vida con demasiada celeridad, produciéndome una sensación de vértigo difícil de explicar, haciéndome dudar de lo que significa verdaderamente el concepto de amistad. Otros, sin embargo, habéis entrado en mi mundo y espero que, pase lo que pase, ya no me dejéis jamás. Les doy las gracias por estar ahí a los amigos que me acompañan desde el primer curso de Historia (a Desi, a pesar de lo mucho que critica a Madrid y a los madrileños; a Merche, con la que, a pesar de todo, sigo sintiendo una conexión muy especial) y también a los amigos que llegaron después (a Antonio, a Eduardo y a Melisa, por tantas y tantas horas de debates y conversaciones inagotables, sobre temas que para cualquier otra persona resultarían insufribles y que a nosotros, sin embargo, nos apasionan: ¡gracias por compartir vuestro tiempo y vuestro

saber conmigo!); a los compañeros de la Escuela de Idiomas (¡a ver si volvemos a reunirnos con más asiduidad!); a Magda, mi amiga griega, y a mi “gran familia

(8)

iv

camerunesa” (incluyo aquí no sólo a Marie Thérèse, su marido Jérémie y sus hijos Éric, Raïssa y Marcelle, sino también al embajador Martin Mbarga-Nguélé, a su esposa Philomène y a todos los suyos: a todos ellos, abui ngang!). De mi etapa en Alcalá de Henares quisiera destacar a la bella y dulce Adriana, excelente conversadora y mejor persona; a Juan Carlos, el escritor cuyas opiniones en principio siempre parecen exageradas y excesivas, pero que, al final, casi siempre acaban revelándose como los análisis más certeros de la realidad; y, cómo no, a mis ‘parceritas’, Dene y Carolina Rinconchina. Y de la etapa presente, en el Instituto de Catálisis y Petroleoquímica del CSIC, quisiera dar las gracias a todos y cada uno de los miembros del Grupo de Tamices Moleculares, por haberme acogido desde el primer día como uno más del equipo: gracias infinitas a Joaquín Pérez Pariente, por el honor que supone para mí trabajar en un proyecto que para él es tan querido y que a mí me está resultando apasionante; gracias a Ana Belén, la perfecta compañera de trabajo, sin la cual el laboratorio 101 se va a quedar el año que viene enormemente vacío; y gracias, sobre todo, a ese ser tan especial que ha venido del otro lado del Atlántico para hacerme descubrir, con su ternura y su dulzura, una parte de mi personalidad que desconocía.

He dejado para el final a los que son para mí más importantes, a mi familia. A los que están aquí ahora, a mi tía Alicia, a mis tíos Antonio y Marisa, a mis primos Antoñito (¿o debería ir diciendo ya Antonio?) y Almudena. Y a los que no lo están, a mis abuelos y a Angelines: aunque siempre me esfuerzo por aparentar que no os habéis

ido, hay ocasiones como ésta en las que no puedo fingir, en las que vuestra ausencia me abruma. Se me hace insoportable llegar a pensar que no nos volvamos a ver fuera de los sueños.

Y, sobre todo, por encima de todo, a mi madre, la responsable de todo lo bueno que haya en mí. Contigo sobran las palabras. Sabes que tú has sido, eres y serás siempre la razón de mi ser.

(9)

v

NOTAS PRELIMINARES

I. A no ser que se especifique lo contrario, todas las fechas que aparezcan a lo largo de este trabajo son anteriores al nacimiento de Cristo.

II. En nuestro trabajo aparecen numerosos topónimos y antropónimos en griego antiguo. A la hora de transcribirlos al castellano, hemos tenido en cuenta la que es la principal obra de referencia en este sentido:

Fernández Galiano, M. (1969): La transcripción castellana de los

nombres propios griegos, Madrid (1ª ed.: Madrid, 1961).

III. Con el fin de diferenciarlos mejor, los nombres propios en griego moderno aparecen en cursiva. Para su transcripción al castellano no hemos seguido, sin embargo, la que quizás sea la principal obra de referencia (Bádenas de la Peña, P. [1984]: “La transcripción del griego moderno al español”, en

Revista española de lingüística, Año 14. Fasc. 2, Madrid, 271-289), sino que

hemos preferido emplear las siguientes equivalencias:

a = a // b = v // g = g (gg = ng // gk = nk // gx = nx // gc = nch) // d = d //

e = e // z = z // h = i // q = th // i = i // k = k // l = l // m = m (mb = mb, b // mp = mp, b) // n = n // x = x // o = o // p = p // r = r // s,ç = s // t = t // u = y // f = ph // c = ch // y = ps // w = o.

IV. Salvo que se indique lo contrario, las traducciones de los textos griegos y latinos que aparecen en nuestro trabajo han sido realizadas por el autor del mismo.

(10)
(11)

vii

ÍNDICES

INTRODUCCIÓN p. 1 INTRODUCTION p. 9 PRIMERA PARTE p. 13 I. El marco geográfico p. 15

1. Definición del territorio p. 15

2. Geografía física p. 16

3. Geografía humana y económica p. 22

4. Diversidad regional y divisiones políticas p. 26

5. Conclusión p. 28

II. Pelene p. 29

1. El territorio y sus límites p. 29

2. El a[stu p. 30

3. Las kw`mai p. 33

4. Santuarios extraurbanos p. 39

5. Historia del distrito p. 40

6. El sistema político de Pelene y sus instituciones p. 51

III.Egira p. 59

1. El territorio y sus límites p. 59

2. El a[stu p. 60

3. Las kw`mai p. 71

4. Santuarios extraurbanos p. 73

(12)

viii

IV.Egas p. 77

1. El territorio y sus límites p. 77

2. El a[stu p. 77

3. Otros elementos del distrito p. 80

4. Historia del distrito p. 81

V. Bura p. 87

1. El territorio y sus límites p. 87

2. El a[stu p. 89

3. Otros elementos del distrito p. 96

4. Historia del distrito p. 98

VI.Carinia p. 105

1. El a[stu p. 105

2. Los límites del distrito p. 110

3. Otros elementos del territorio p. 111

4. Historia del distrito p. 112

VII. Hélice p. 117

1. El territorio y sus límites p. 117

2. El a[stu p. 118

3. Otros elementos del distrito p. 127

4. Historia del distrito p. 129

VIII. Egio p. 143

1. El territorio y sus límites p. 143

2. El a[stu p. 144

2.1 Santuarios y monumentos de la ciudad alta p. 150

2.2 Santuarios y monumentos de la ciudad baja p. 156

3. El santuario de Zeus Hamario / Homario / Homagirio p. 158

4. Otros elementos del distrito p. 163

(13)

ix

IX.Ripes p. 177

1. El territorio y sus límites p. 177

2. El a[stu p. 178

3. Las kw`mai p. 185

4. Santuarios extraurbanos p. 187

5. Fortalezas, torres y sistemas de defensa p. 194

6. Historia del distrito p. 195

X. Leoncio p. 203

1. El territorio y sus límites p. 203

2. El a[stu p. 204

3. Historia del distrito p. 205

XI.Patras p. 209

1. El territorio y sus límites p. 209

2. El a[stu p. 210

2.1 La acrópolis p. 214

2.2 La ciudad alta. El ágora y el barrio del teatro p. 220

2.3 El puerto y la ciudad baja p. 234

3. Las kw`mai p. 245

4. Fortalezas, torres y sistemas de defensa p. 253

5. Santuarios extraurbanos p. 255

6. Historia del distrito p. 261

XII. Óleno p. 285

1. El territorio y sus límites p. 285

2. El a[stu p. 286

3. Las kw`mai p. 293

4. Historia del distrito p. 294

XIII. Dime p. 303

1. El territorio y sus límites p. 303

(14)

x

3. Las kw`mai p. 316

4. Fortalezas, torres y sistemas de defensa p. 320

5. Santuarios extraurbanos p. 326

6. Historia del distrito p. 335

XIV. Tritea p. 349

1. El territorio y sus límites p. 349

2. El a[stu p. 349

3. Otros elementos del distrito p. 354

4. Historia del distrito p. 355

XV. Faras p. 361

1. El territorio y sus límites p. 361

2. El a[stu p. 362

3. Otros elementos del distrito p. 367

4. Historia del distrito p. 368

XVI. Otras poblaciones p. 375

SEGUNDA PARTE p. 381

- Nota preliminar a la segunda parte p. 383

XVII. La Historia de Acaya vista a través de los autores antiguos p. 385

1. La etapa jonia p. 385

2. La llegada de los aqueos p. 389

3. La organización política de los aqueos. La creación de una primera

Confederación p. 392

4. La colonización p. 394

4.1 Síbaris p. 396

(15)

xi

4.3 Caulonia p. 401

4.4 Metaponto p. 401

4.5 Posidonia p. 404

5. El siglo V p. 407

5.1 Acaya en los momentos previos al comienzo de las guerras del

Peloponeso p. 408

5.2 Acaya durante la primera fase de las guerras del Peloponeso.

La Guerra Arquidámica (431-421) p. 411

5.3 Acaya, tras la Paz de Nicias (421-404) p. 414

6. El siglo IV p. 417

XVIII. Historia general de la región de Acaya: de la creación del e[qnoç e[qnoç e[qnoç e[qnoç tw`n

tw`n tw`n

tw`n jAcaiw`njAcaiw`njAcaiw`njAcaiw`n a la disolución del primer koino;n tw`n jAcaiw`nkoino;n tw`n jAcaiw`nkoino;n tw`n jAcaiw`nkoino;n tw`n jAcaiw`n p. 429 1. Acaya durante el Bronce Reciente. La supuesta presencia jonia en el

noroeste del Peloponeso p. 431

2. La crisis del 1200 en Acaya. La llegada de los aqueos al noroeste del

Peloponeso p. 444

3. La Edad del Hierro y la instalación de griegos occidentales en el noroeste

del Peloponeso p. 446

4. Algunas observaciones en torno al dialecto “acaico” p. 450 4.1 La clasificación de los dialectos occidentales p. 451 4.2 La posición del dialecto “acaico” dentro de los dialectos occidentales

p. 457 4.3 Posibles elementos no occidentales conservados en el dialecto

“acaico” p. 461

5. La participación de Acaya en las colonizaciones de época arcaica p. 463

6. La gestación del e[qnoçtw`n jAcaiw`n p. 488

7. La plasmación del e[qnoçtw`n jAcaiw`n en un koinovn p. 502 8. Funcionamiento interno del primer koino;n tw`n jAcaiw`n. Instituciones y

magistraturas p. 517

9. El final del primer koinovntw`n jAcaiw`n p. 541

(16)

xii

CONCLUSIONES p. 553

CONCLUSIONS p. 567

(17)

xiii

Índice de mapas

Mapa 1

Mapa general de la región de Acaya durante la Antigüedad p. 7

Mapa 2

Los distritos de Pelene, Egira y Egas p. 57

Mapa 3

Los distritos de Bura, Hélice y Egio p. 104

Mapa 4

El distrito de Ripes (y Leoncio) p. 201

Mapa 5

El distrito de Patras p. 283

Mapa 6

Los distritos de Óleno y Faras p. 301

Mapa 7

Los distritos de Dime y Tritea p. 348

Mapa 8

Distribución tradicional de los dialectos occidentales p. 452

Mapa 9

Distribución de los dialectos occidentales de acuerdo con Bartoněk (1972) p. 456

Mapa 10

(18)

xiv

Mapa 11

(19)

xv

Índice de planos topográficos

Plano topográfico 1a

El a[stu de Egira p. 64

Plano topográfico 1b

La acrópolis de Egira p. 69

Plano topográfico 1c

La ciudad baja de Egira p. 70

Plano topográfico 2 El a[stu de Bura (¿?) p. 95 Plano topográfico 3 El a[stu de Carinia p. 109 Plano topográfico 4 El a[stu de Egio p. 158 Planos topográficos 5a y 5b

Las ruinas de Trapeza (¿el a[stu de Ripes?) p. 183

Plano topográfico 6

Las ruinas de Ayios Andreas de Gourgoumitza (¿la aldea de Leuctro?) p. 187

Plano topográfico 7

El a[stu de Leoncio p. 205

Plano topográfico 8a:

Propuesta de reconstrucción del tejido urbano de Patras en el s. XVII, superponiéndolo

(20)

xvi Plano topográfico 8b El a[stu de Patras p. 243 Plano topográfico 9 El a[stu de Dime p. 315 Plano topográfico 10 El a[stu de Tritea p. 354

(21)

xvii

Índice de Figuras

Figura 1

Temperaturas medias registradas en Patras entre 1901 y 1940 p. 17

Figura 2

Precipitaciones registradas en Patras entre 1960 y 1974 p. 18

Figura 3

Cronología de la Historia de la región de Acaya (1200-323/322) p. 425

Figura 4

La genealogía de Ión después de la intervención de los Pisistrátidas p. 438

Figura 5

La genealogía de Ión antes de la intervención de los Pisistrátidas p. 439

Figura 6

Modelo de cántaro alto con labio alto p. 477

Figura 7

Modelo de cántaro alto con labio bajo p. 477

Figura 8

Modelo de cántaro ancho p. 478

Figura 9

Resumen de las distintas interpretaciones formuladas en torno a las asambleas de la

(22)
(23)

ÍNDICE DE ABREVIATURAS BIBLIOGRÁFICAS

AASA

Annali di Archeologia e Storia Antica, Istituto Universitario Orientale, Nápoles, 1994-

ABSA

The Annual of the British School at Athens, MacMillan, Londres, 1895-

AION (archeol)

Annali dell'Istituto Universitario Orientale di Napoli, Dipartimento di Studi del mondo

classico e del Mediterraneo antico, Sezione di archeologia e storia antica, 1979-

AJA

American journal of archaeology: the journal of the Archaeological Institute of America [journal], Macmillan Co, New York, 1897-

Annali di Geofisica

Annali di Geofisica, Istituto Nazionale di Geofisica (ING), Bolonia, 1948-1982 /

1993-2001 [convertido en 2002 en Annals of Geophysics, Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia (INGV), Bolonia, 2002-]

AntCl

L'Antiquité classique, publicada originalmente en Bruselas, Universidad de Lieja –

Universidad de Gante, 1932-

ArchCyp

Kypriake archaiologia, Syndesmos Kyprion Archaiologon, Leukosia, 1900-

ArchAnAth

(24)

ArchDelt

jArcaiologiko;n Deltivon

, Atenas, 1915-

ArchEph

jArcaiologikh; jEfhmerivç

, Archaiologike Hetaireia, Atenas, 1837-

ARepLond

Archaeological reports, The Council of the Society for the Promotion of Hellenic Studies

and the Managing Committee of the British School at Athens, Londres, 1954-

ASAtene

Annuario della Scuola archeologica di Atene e delle missioni italiane in Oriente, Istituto

poligrafico dello stato, Roma, 1914-

AthMitt

Miteilungen des deutschen archäologischen Instituts. Athenische Abteilung, Berlín, 1915-

BCH

Bulletin de Correspondance Hellénique, Thorin et fils, París, 1877-

CAH

J. B. Bury, S. A. Cook, F. E. Adcock et alii, The Cambridge Ancient History, vol. I-XIV, Cambridge University Press, 1923-

CIL

Corpus inscriptionum Latinarum, Berlin – Brandenburgische Akademie der

Wissenschaften, 1893-

CPh

(25)

1906-CQ

Classical Quarterly, Clarendon Press, Oxford, 1907-

CSDIR

Centro Studi e Documentazione sull’Italia Romana, Roma.

Dodone

Dodwvnh. Episthmonikhv ejrethrivç thç Filosofikhvç scolhvç tou Panepisthmivou

Iwannivnwn

, Ioannina, 1972 1984-

EAA

Enciclopedia dell’arte antica classica e orientale, Roma 1958/1966.

EHR

The English Historical Review, Oxford University Press,

1886-EPRO

Études Préliminaires aux Religions Orientales dans l’Empire Romain, editados por M. J.

Vermaseren, Leiden, 1961-

FD

G. Colin, E. Bourguet, G. Daux, A. Salac y N. Valmin, Fouilles de Delphes, vol. III,

Inscriptions, París, 1909-

FGrHist.

F. Jacoby (ed.), Die Fragmente der Griechischen Historiker, I-III, Leiden, 1926-1958 (reimpr. 1954-1960).

Geoarchaeology

Geoarchaeology: An International Journal. Diario oficial de la Archaeological Geology

(26)

GRBS

Greek, Roman and Byzantine Studies, Cambridge, Massachusetts, 1959-

Historia

Historia. Zeitschrift für alte Geschichte. Revue d´Histoire Ancienne. Journal of Ancient History. Rivista di Storia Antica, Franz Steiner Verlag, Stuttgart, 1950-

Hesperia

Hesperia. Journal of the American School of Classical Studies at Athens, Institute for

Advanced Study, etc., Princeton, NJ, etc, 1932-

Horos

Horoç. vEna arcaiognwstikov periodikov

. Typographeio Keimena, Atenas, 1983-

IG

Inscriptiones graecae, Berlín, 1903- (IG2 editio minor, Berlín, 1913-).

IvM

O. Kern, Die Inschriften von Magnesia am Maiander, Berlín, 1900.

IvO

W. Dittenberger y K. Purgold, Inschriften von Olympia, Berlín, 1896.

JDAI

Jahrbuch des Deutschen Archäologischen Instituts, W. de Gruyter, Berlín, 1886-

JFA

Journal of Field Archaeology, Boston University, 1974-

JHS

(27)

JÖAI

Jahreshefte des Österreichischen Archäologischen Instituts, R. M. Rohrer, Viena, 1898-

JRA

Journal of Roman Archaeology, Department of Classical Studies, University of

Michigan, Ann Arbor, Michigan, 1988-

LIMC

Lexicon Iconographicum Mythologiae Classicae, Zurich, 1981-

Minerva

Minerva: Revista de Filología Clásica, Universidad de Valladolid, 1987-

MonAnt

Monumenti Antichi, Reale Accademia dei Lincei – Reale Accademia d’Italia, Milán,

1889 1966-

NSc

Notizie degli Scavi di antichità, Tip. della R. Accademia dei Lincei, Roma, 1876-

OpAth

Opuscula Atheniensia, C.W.K. Gleerup, Lund, 1953-

PECS

R. Stillwell (ed.), The Princeton Encyclopedia of Classical Sites, Princeton University Press, Princeton, Nueva Jersey, 1976.

PCPhS

Proceedings of the Cambridge Philological Society, Cambridge University, N. 1 (1882) –

(28)

PP

La Parola del Passato, G. Macchiaroli, Nápoles, 1946-

PraktAkAth

Praktika; th`ç jAkadhmivaç jAqhnw`n

, Atenas, 1926-

PractArchEt

Praktika; th`ç ejn jAqhvnaiç jArcaiologikh`ç JEtaireivaç, Atenas, 1837-

Puxivda

Pyxida, Newsletter of the Landscape Archaeology Group (LAG), Atenas, 1996-

Quaderni di Storia

Quaderni di storia, Edizioni Dedalo, Bari, 1975-

RE

Von Pauly, A. F. & Wissowa, G. (eds.), Real-Encyclopädie der classischen

Alterthumswissenschaft, A. Druckenmüller, Munich, 1893-1972.

REA

Revue des études anciennes, Universidad de Burdeos, 1899-

REG

Revue des études grecques, E. Leroux, París, 1888-

RPC I

A. Burnett, M. Amandry y Père P. Ripollès, Roman Provincial Coinage I, From the

Death of Caesar to the Death of Vitellius (44B.C. – A.D. 69), Londres, París,

1992.

SEG

Supplementum Epigraphicum Graecum, Leiden and Alphen aan den Rijn, Ámsterdam,

(29)

SGDI

H. Collitz – F. Bechtel, Sammlung der Griechischen Dialekt-Inschriften, Gotinga, 1884-1915.

SMEA

Studi micenei ed egeo-anatolici, Istituto di Studi sulle Civiltà dell’Egeo e del Vicino

Oriente, Roma, 1966-

SMSR

Studi e Materiali di Storia delle Religioni, Dipartamento Studi Religiosi, Università La

Sapienza, Roma, 1925-1969 / 1972-.

Syll.3

W. Dittenberger, Sylloge Inscriptionum Graecarum, Leipzig, 1921-1924 (reimpr.: Hildesheim, 1960).

Topoi

Topoi Orient Occident, Association des amis de la Bibliothèque Salomon Reinach –

Institut d’Archéologie classique, Lyon, 1991-

VDI

Vestnik Drevnej Istorii (=Revista de Historia Antigua), Moscú,

1937-ZPE

(30)
(31)

INTRODUCCIÓN

La Confederación Aquea, el koino;n tw`n jAcaiw`n, desempeñó un papel fundamental en el marco internacional del mundo helenístico. De hecho, durante la primera mitad del s. II, llegó a acoger en su seno a la mayor parte de poblaciones del Peloponeso, incluida la propia ciudad de Esparta. En estas condiciones, se entiende que la mayor parte de estudiosos que se han interesado por la Historia de nuestra región, desde los antiguos hasta los contemporáneos, se hayan sentido atraídos por este período.

Por el contrario, es muy poco lo que sabemos sobre cómo era la Acaya de etapas anteriores. Habríamos esperado que Polibio, el único historiador de renombre que fue capaz de aportar nuestra región durante la Antigüedad, nos hubiera proporcionado una información algo más detallada sobre los orígenes de su país y sobre los primeros pasos de ese estado federal del que él mismo había sido embajador (en el año 181) e hiparca (en el 169-168), y en el cual su padre había llegado a ocupar el cargo más importante, el de estratego, en el 185. Sin embargo, el escritor megalopolitano apenas si se detiene unos pocos párrafos para describir la Historia de Acaya con anterioridad al comienzo del período helenístico:

jOlumpia;ç me;n h\n eijkosth; kai; tetavrth pro;ç tai`ç eJkatovn, o{te Patrei`ç h[rxanto sumfronei`n kai; Dumai`oi (...). Tou;ç men; ou\n ajnwvteron touvtwn crovnouç toiauvth tiç h\n hJ peri; to; proeirhmevnon e[qnoç diavqesiç. jApo; ga;r Tisamenou` basileuqevnteç, o}ç h\n jOrevstou me;n uiJovç, kata; de; th;n tw`n JHrakleidw`n kavqodon ejkpesw;n th`ç Spavrthç katevsce tou;ç peri; jAcai?an tovpouç, ajpo; touvtou kata; to; sunece;ç kai; kata; to; gevnoç e{wç jWguvgou basileuqevnteç, meta; tau`ta dusaresthvsanteç toi`ç tou` proeirhmevnou paisi;n ejpi; tw/` mh; nomivmwç ajlla; despotikw`ç aujtw`n a[rcein, metevsthsan eijç dhmokrativan th;n politeivan. Loipo;n h[dh tou;ç eJxh`ç crovnouç mevcri th`ç jAlexavndrou kai; Filivppou dunasteivaç a[llote me;n a[llwç ejcwvrei ta; pravgmataujtoi`ç kata; ta;ç peristavseiç, tov ge mh; koino;n polivteuma, kaqavper eijrhvkamen, ejn dhmokrativa/ sunevcein ejpeirw`nto. Tou`to dh\n ejk dwvdeka povlewn, a}ç e[ti kai; nu`n sumbaivnei diamevnein, plh;n jWlevnou kai; JElivkhç th`ç pro; tw`n Leuktrikw`n uJpo; th`ç qalavtthç katapoqeivshç: au|tai d

eijsi;n Pavtrai, Duvmh, Farai;, Tritaiva, Levontion, Ai[geira, Pellhvnh, <Ai[gion>, Bou`ra, Karuvneia. Kata; de; tou;ç uJstevrouç me;n tw`n kat jAlevxandron kairw`n protevrouç de; th`ç a[rti rJhqeivshç ojlumpiavdoç eijç toiauvthn diafora;n kai; kacexivan ejnevpeson, kai; mavlista dia; tw`n ejk Makedonivaç basilevwn, ejn h|/ sunevbh pavsaç ta;ç povleiç cwrisqeivsaç ajfauJtw`n ejnantivwç to; sumfevron a[gein ajllhvlaiç. jEx ou| sunevpese ta;ç me;n ejmfrouvrouç autw`n genevsqai diav te Dhmetrivou kai; Kassavndrou kai; meta; tau`ta di jAntigovnou tou` Gonata`, ta;ç de; kai; turannei`sqai (...). Peri; de; th;n eijkosth;n kai; tetavrthn ojlumpiavda pro;ç tai`ç eJkatovn, kaqavper ejpavnw proei`pon, au\qiç h[rxanto metanohvsanteç sumfronei`n (...). Kai; prw`toi me;n sunevsthsan Dumai`oi, Patrei`ç, Tritaiei`ç, Faraiei`ç (...). Meta;

(32)

de; tau`ta mavlistav pwç e[tei pevmptw/ th;n froura;n ejkbalovnteç Aijgiei`ç metevscon th`ç sumpoliteivaç, eJxh`ç de; touvtoiç Bouvrioi to;n tuvrannon ajpokteivnanteç, a{ma de; touvtoiç Karunei`ç ajpokatevsthsan: sunidw;n ga;r jIsevaç oJ th`ç Karuneivaç tovte turanneuvwn ejkpeptwkui`an me;n ejx Aijgivou th;n froura;n ajpolwlovta de; to;n ejn th`/ Bouvra/ movnarcon dia; Mavrgou kai; tw`n jAcaiw`n, eJauto;n de; pantacovqen oJrw`n o{son oujk h[dh polemhqhsovmenon, ajpoqevmenoç th;n ajrch;n kai; labw;n ta; pista; para; tw`n jAcaiw`n uJpe;r th`ç ajsfaleivaç prosevqhke th;n povlin pro;ç to; tw`n jAcaiw`n suvsthma1.

Del testimonio de Polibio que acabamos de reproducir se desprende que las ciudades de Patras y Dime, cuando empezaron a federarse en el curso de la Olimpiada CXXIV, no partieron de cero, sino que se habrían basado en una unión que ya había existido previamente. La creación del koinovn helenístico no habría sido, por lo tanto, una fundación ex novo, sino que se habría tratado más bien de una refundación, a partir de un

koinovn anterior, cuyo recuerdo todavía seguía vivo.

En tales circunstancias, se entiende que el primer objetivo de nuestra tesis vaya a ser el de determinar si realmente es posible hablar, como hace Polibio, de la existencia de una primera Confederación, anterior a la ya conocida en época helenística; y, en caso de que lleguemos a una conclusión afirmativa, deberemos delimitar desde qué fechas existía ese primer koinovn prehelenístico. Como es obvio, en la actualidad, a diferencia de lo que sostiene Polibio en este pasaje, no podemos seguir manteniendo que existiera un estado federal organizado desde fechas inmemoriales, desde los tiempos míticos en que los

1

Polibio II. 41, 1-15: Corría la Olimpiada CXXIV, cuando Patras y Dime empezaron a federarse (…). Durante los tiempos anteriores, la situación política de la nación que acabamos de mencionar [= de la Confederación Aquea] era aproximadamente la siguiente: fueron gobernados por reyes desde Tisámeno, que era hijo de Orestes y que, tras ser expulsado de Esparta durante el retorno de los Heráclidas, ocupó las tierras de Acaya. Y siguieron siendo gobernados sin interrupción por el linaje de este Tisámeno hasta Ógigo, pero después, descontentos con los hijos de éste porque no ejercían el poder conforme a la ley, sino de manera despótica, se transformaron en un régimen democrático. Por lo demás, en los tiempos siguientes, hasta el reinado de Alejandro y Filipo, sus asuntos marchaban unas veces de una manera y otras veces de otra forma, en función de las circunstancias; sin embargo, como hemos dicho, intentaban mantener el sistema federal dentro de la democracia. Éste constaba de doce ciudades que resulta que todavía ahora subsisten, con excepción de Óleno y Hélice, tragada por el mar antes de la batalla de Leuctra. Las ciudades son Patras, Dime, Faras, Tritea, Leoncio, Egira, Pelene, <Egio>, Bura y Carinia. Durante los años posteriores a Alejandro, y antes de la Olimpiada que acabamos de mencionar, cayeron en enormes discrepancias y en un gran estado de indisposición, especialmente por culpa de los reyes macedonios, hasta el punto de que sucedió que todas las ciudades, separadas entre sí, seguían su propio interés, enfrentándose unas con otras. Como resultado de esto, algunas de ellas recibieron guarniciones de Demetrio y de Casandro y –después– de Antígono Gónatas, mientras que otras sufrieron incluso tiranías (…). Pero en la Olimpiada CXXIV, como adelanté más arriba, tras arrepentirse, empezaron a federarse de nuevo (…). Los primeros en asociarse fueron los habitantes de Dime, Patras, Tritea y Faras (…). Tras esto, cinco años después aproximadamente, los habitantes de Egio expulsaron su guarnición y se sumaron a la confederación; e inmediatamente después de éstos, se adhirieron los de Bura, que ejecutaron a su tirano; juntamente con ellos, los de Carinia volvieron a ingresar [en la confederación], pues Iseas, el entonces tirano de Carinia, al ver que había sido expulsada la guarnición de Egio, y viéndose a sí mismo a punto de ser atacado desde todos los frentes, añadió su ciudad al conjunto de los aqueos, tras renunciar a su poder y tras obtener de los aqueos garantías para su seguridad personal.

(33)

aqueos de Tisámeno se refugiaron en el noroeste del Peloponeso2. Adelantaremos, también desde este mismo momento, que tampoco es posible continuar defendiendo tesis como las que sostenía la Historiografía contemporánea no hace tanto tiempo –por ejemplo, a mediados del siglo pasado–, cuando autores como Larsen justificaban la existencia de una primera Confederación desde comienzos del s. VIII, desde los tiempos de la colonización3. Al contrario, en sintonía con los estudios publicados en las dos últimas décadas4, desde estas páginas propugnaremos que no es posible hablar de un estado federal en Acaya antes de la segunda mitad del s. V.

Por supuesto, a lo largo de nuestra tesis no sólo trataremos de delimitar desde qué fechas existía aquel primer koinovn, previo al de la etapa helenística, sino que también deberemos preguntarnos cuáles fueron las razones por las que éste se creó, así como cuáles fueron los elementos en los que se fundamentó su unión. Es decir, un segundo objetivo pasará necesariamente por investigar cuáles fueron los mitos fundacionales con los que se justificó la existencia de una identidad común, de un e[qnoç que sirviera de base para la creación de una primera Confederación Aquea.

Finalmente, en último término, habremos de averiguar cómo se simultaneó la creación de dicho koinovn prehelenístico con el proceso de formación de las poleis en Acaya. También en este sentido podemos avanzar que, en contra de lo que se venía defendiendo tradicionalmente, no creemos que la aparición de unas estructuras federales a escala regional actuara como un freno que ralentizara el desarrollo urbano en Acaya. Por el contrario, trataremos de demostrar que, según se viene defendiendo en los últimos tiempos, las ciudades se fueron formando localmente, de manera gradual y progresiva, al mismo ritmo que en el plano regional se desarrollaba el koinovn.

Para poder responder a todas estas cuestiones que nos hemos planteado, comenzaremos con una brevísima introducción, en la que describiremos cuáles son las

2

Sin duda, Polibio es una fuente indispensable para conocer el koinovn del periodo helenístico. Ya hemos dicho que, en tanto que hijo de Licortas, estratego federal en el 185, debía de tener acceso directo a toda la documentación que se manejaba en el interior de la Confederación. Sin embargo, su testimonio resulta poco fiable cuando se trata de las épocas más primitivas, que son, precisamente, aquéllas a las que nos vamos a referir nosotros en nuestra tesis. Cuando habla de dichos momentos, su mayor objetivo no es analizarlos per se, sino demostrar que la federación de su tiempo tenía el mayor pedigrí posible, y por ello no dudaba en exagerar las fechas y en retrotraer todo lo más posible.

3 Cfr. Larsen 1953 y, sobre todo, 1968, 80-89. 4

(34)

características geomorfológicas del extremo noroccidental del Peloponeso, para así conocer mejor el escenario en el que, a partir de ahora, vamos a situarnos. Esta sucinta descripción nos permitirá constatar que la región de Acaya –tanto la Acaya histórica como la Acaya actual, puesto que esta última no difiere en lo sustancial de la que había en época Antigua– no constituye una unidad geográfica en sí misma, sino que está dividida por el sistema Panaqueo en dos mitades claramente separadas y diferenciadas. Desde luego, no es ésta una cuestión baladí, pues implica que, desde el punto de vista de la geografía física, no se justifica el hecho de que las comarcas situadas a ambos lados del macizo Panaqueo llegaran a crear unos lazos comunes y desarrollaran una identidad cultural compartida por todos sus habitantes.

A continuación, tras esa primera visión de conjunto de la geografía de Acaya, pasaremos a ubicar y delimitar, de manera local, cada uno de los distritos que conformaban nuestra región, examinando los restos materiales de los que tenemos constancia, y poniéndolos en relación con las alusiones que, en torno a ellos, se nos han conservado en las fuentes literarias, epigráficas y numismáticas5.

A la hora de establecer el número exacto de distritos que había en Acaya durante la Antigüedad, seguiremos fundamentalmente el testimonio de Herodoto. Como es bien sabido, el historiador de Halicarnaso es el primer autor conocido que hace un recorrido completo por la geografía política del noroeste del Peloponeso, al informarnos de que la región estaba dividida en doce partes –literalmente, en doce mevrh–, como son Pelene, Egira, Egas, Bura, Hélice, Egio, Ripes, Patras, Faras, Óleno, Dime y Tritea:

Duwvdeka dev moi dokevousi povliaç poihvsasqai oiJ [Iwneç kai; oujk ejqelh`sai plevonaç ejsdevxasqai tou`de ei{neka, o{ti kai; o{te ejn Peloponnhvsw/ oi[keon duvwdeka h\n aujtw`n mevrea, katav per nu`n jAcaiw`n tw`n ejxelasavntwn [Iwnaç duwvdekav ejsti mevrea, Pellhvnh mevn ge prwvth pro;ç Sikuw`noç, meta; de; Ai[geira kai; Aigaiv, ejn th/` Kra`qiç potamo;ç aijeivnaovç ejsti, ajp o{teo oJ ejn jItalivh/ potamo;ç to; ou[noma e[sce, kai; Bou`ra kai; Elivkh, ejç th;n katevfugon [Iwneç uJpo; jAcaiw`n mavch/ ejsswqevnteç, kai; Ai[gion kai; Ruvpeç kai; Fareveç kai; [Wlenoç, ejn tw/` Pei`roç potamo;ç mevgaç ejstiv, kai; Duvmh kai; Tritaieveç, oi} mou`noi touvtwn mesovgaioi oijkevousi. Tau`ta duwvdeka mevrea nu`n jAcaiw`n ejsti kai; tovte ge jIwvnwn h\n6.

5 Hace ya más de un siglo que la Geografía humana se vale de modelos tales como el de distribución de

asentamientos y territorios de explotación en las sociedades rurales tradicionales. Dichos modelos, retomados y perfeccionados por las escuelas anglosajonas bajo el nombre de Arqueología espacial (Spatial Archeology), constituyen el punto de partida de estudios como los de Helly 1984 (aplicado al caso de Larisa), Pascual González 1996, 1997a y 1997b (referido a la región de Beocia).

6 Herodoto I. 145: Pienso que los jonios formaron doce ciudades y no quisieron admitir a más por lo

siguiente, porque también cuando vivían en el Peloponeso, eran doce sus distritos, como doce son ahora los distritos de los aqueos, que expulsaron a los jonios: en primer lugar Pelene, que está junto a Sición;

(35)

En lo sucesivo, el catálogo herodoteo de doce distritos se repite, sin apenas modificaciones, en todos los autores antiguos que se preocuparon de describir nuestra región. Así, por ejemplo, si empezamos por el itinerario atribuido a Escílax, veremos que éste repite los mismos topónimos mencionados por Herodoto y, además, los enumera en el mismo orden. El Ps.-Escílax tan sólo omite las ciudades de Tritea y Faras –algo lógico, teniendo en cuenta que se trata de un periplo marítimo y que Tritea y Faras eran localidades interiores–, y excluye, además, las poblaciones de Hélice, Bura y Óleno, lo que nos lleva a pensar que debió de componerse en una época en la que Hélice y Bura ya habían sido destruidas por el terremoto del año 3737, en tanto que Óleno ya habría desaparecido, absorbida por sus vecinos de Dime8:

Meta; de; Sikuw`na jAcaioi; e[qnoç, kai; povleiç eisi;n ejn aujtoi`ç ai{de: Pellhvnh, Ai[geira, Aijgaiv, Ai[gion, JRupeç, e[xw de; JRivou Pavtrai, Duvmh. Paravplouç dev th`ç jAcai?aç cwvraç stavdia YV9.

Por su parte, Polibio10 también nos transmite un listado muy similar al de Herodoto, nada más que se deja en el tintero los nombres de Hélice y Óleno, Egas y Ripes. Evidentemente, los dos primeros mevrh no aparecen citados por las mismas razones después Egira y Egas, en donde fluye inexorable el río Cratis, del cual tomó su nombre el río italiano; y Bura y Hélice, a las que huyeron los jonios, tras ser derrotados por los aqueos en la batalla; y Egio, Ripes, Patras, Faras y Óleno, donde se encuentra un gran río, el Piro; y Dime y la ciudad de los triteos, los únicos de estas ciudades que viven en el interior. Estos doce distritos son ahora de los aqueos y eran entonces de los jonios.

7 Somos conscientes de que la datación de la obra atribuida a Escílax es una cuestión que continúa

discutiéndose en la actualidad. Una de las principales autoridades en la cuestión, A. Peretti, ha propuesto, con argumentos bastante convincentes, que el periplo se componía de un núcleo original, quizás escrito por el propio Escílax y datable a finales del s. VI, al que se habrían ido añadiendo e interpolando nuevos datos y nuevos pasajes, a lo largo de todo el s. IV, con el fin de actualizarlo y ponerlo al día (cfr. Peretti 1961, 1963, 1979 y 1983; más recientemente, en sintonía con Peretti, véanse Domínguez Monedero 1994, 63 y ss.; id. 2009, 58; Gómez Espelosín 2000, 126). De este modo, partiendo de las tesis de Peretti, podemos concluir que el pasaje del Ps.-Escílax relativo a la geografía de Acaya responde –en su forma definitiva, en la que nos ha llegado hasta la actualidad– a una interpolación efectuada en torno a los años 373-370: en efecto, hubo de componerse después del 373, cuando Bura había desaparecido por el terremoto que tuvo lugar en esa fecha, pero antes del 370, pues sabemos por Pausanias (VII. 25, 8-9) que, muy poco tiempo después de producirse la catástrofe, los habitantes de Bura regresaron a su ciudad para reconstruir sus casas (véase, en esta misma línea, Morgan & Hall 1996, 167). En otro orden de cosas, el texto del periplo de Ps.-Escílax se encontrará traducido al español en Gómez Espelosín & García Moreno 1996.

8 Sabemos por Estrabón (VIII. 7, 4) y por Pausanias (VII. 18, 1) que Óleno entró en decadencia y acabó

siendo absorbida por Dime, pero desconocemos la fecha exacta en que esto se produjo. No obstante, tomando en consideración que Ps.-Escílax no la menciona y teniendo en cuenta que el pasaje en el que éste se refiere a Acaya se data en torno al año 370 (cfr. nota anterior), podemos concluir que Óleno habría dejado de existir, cuanto menos, desde el primer tercio del s. IV. Para más información, cfr. el capítulo dedicado a dicho distrito.

9 Ps.-Escílax, 42: Después de Sición se encuentra la nación aquea. Éstas son las ciudades que hay en su

territorio: Pelene, Egira, Egas, Egio, Ripes y, más allá de [el cabo de] Río, Patras y Dime. La travesía por el país de Acaya se extiende a lo largo de setecientos estadios.

10

(36)

que ya hemos expuesto en el párrafo superior, al hablar del periplo de Ps.-Escílax, esto es, porque habían dejado de existir. Con respecto a los otros dos distritos, sabemos por otras fuentes11 que entraron en un proceso de decadencia (“ajsqeneiva”, dicen los textos en griego) hasta acabar siendo totalmente abandonados: su omisión de la lista de Polibio nos indicaría por tanto que, al menos en su época, durante el s. II a. C. ya se habría consumado su despoblamiento. A cambio, eso sí, Polibio añade en su enumeración dos topónimos más, que no se mencionaban ni en Herodoto ni en Ps.-Escílax, como son Leoncio y Carinia. De ellos nos dice que estaban sobre sendas colinas, lo cual le llevaba a Anderson a pensar que serían una especie de fortalezas12.

Un siglo después de que Polibio escribiera su obra, Estrabón toma la lista de Herodoto y la reproduce tal cual, en el mismo orden, sin importarle si los centros que está mencionando seguían existiendo o no en su época13.

Y, finalmente, ya en nuestra era, Pausanias14 también coincide en buena medida con la enumeración de Herodoto, salvo por el hecho de que excluye a Patras, probablemente porque la consideraba no como una ciudad aquea, sino como una colonia romana, que es lo que era en su tiempo. Como contrapartida, menciona a Carinia –una de las dos fortalezas citadas por Polibio y que no aparecen en ninguna otra fuente antigua- y nos dice de ella que ya existía en plena época clásica, puesto que había acogido a refugiados de Micenas en el año 468, un aporte demográfico sin el cual no habría llegado a sobrevivir.

Así pues, a la hora de localizar y delimitar los distritos de Acaya, haremos lo mismo que hicieron los autores de época helenística: tomaremos como referencia el catálogo herodoteo de doce mevrh (Pelene, Egira, Egas, Bura, Hélice, Egio, Ripes, Patras, Faras, Óleno, Dime y Tritea), pero a ellos les añadiremos los dos mevrh cuyo recuerdo nos transmite Polibio (Carinia y Leoncio), así como otros dos más, sobre cuyo estatus exacto

11 Concretamente, lo sabemos por Estrabón y por Pausanias, quienes nos informan de que los habitantes de

Egas abandonaron su tierra y se fueron a vivir a Egira (Estrabón VIII. 7, 5 y Pausanias VII. 25, 12). Estos dos mismos autores nos informan de que también Ripes se despobló, quedando su territorio repartido entre Egio y Faras (Estrabón VIII. 7, 5 y Pausanias VII. 23, 4).

12 Anderson 1954, 73. 13 Estrabón VIII. 7, 4. 14

(37)

no estamos muy seguros, pero que se nos han conservado gracias al registro epigráfico y numismático (Asquio y Calistas).

Una vez que hayamos reunido todos los testimonios literarios, arqueológicos, epigráficos y numismáticos que, a día de hoy, se nos conservan para cada uno de los distritos de Acaya, estaremos en condiciones de escribir una Historia conjunta de la región, desde que ésta se conforma como tal, hasta que a finales de época clásica se rompe momentáneamente su unidad política, con la disolución del primer koinovn. En primer lugar, reproduciremos la Historia del noroeste del Peloponeso tal y como la veían –o la imaginaban– los autores antiguos, para luego, a partir de ahí, tratar de componer nuestra propia Historia regional, con la cual trataremos de dar respuesta a las preguntas que hemos formulado a lo largo de esta introducción y que nos han inspirado a la hora de llevar a cabo nuestra investigación.

(38)
(39)

INTRODUCTION

La Confédération Achéenne, le koino;n tw`n jAcaiw`n, a joué un rôle très actif dans le cadre international de l’Époque hellénistique. En fait, pendant la première moitié du seconde siècle, la plupart des villes du Péloponnèse –même Sparte– appartenait à cet état. C’est logique donc que tous les historiens qui se sont intéressés par l’histoire de l’Achaïe se sont majoritairement concentrés sur cette période-là.

Par contre, c’est très peu ce que nous connaissons sur l’Achaïe des étapes antérieures. Nous aurions attendu que Polybe, le seul écrivain de renom qui est né dans notre région pendant l’Antiquité, aurait fourni des informations utiles sur les origines de son pays et sur la construction de cet État fédéral dont il avait été nommé ambassadeur (181) et hipparque (169-168). Malheureusement, Polybe ne dédie que quelques lignes à la description des étapes antérieures à l’Époque hellénistique:

jOlumpia;ç me;n h\n eijkosth; kai; tetavrth pro;ç tai`ç eJkatovn, o{te Patrei`ç h[rxanto sumfronei`n kai; Dumai`oi (...). Tou;ç men; ou\n ajnwvteron touvtwn crovnouç toiauvth tiç h\n hJ peri; to; proeirhmevnon e[qnoç diavqesiç. jApo; ga;r Tisamenou` basileuqevnteç, o}ç h\n jOrevstou me;n uiJovç, kata; de; th;n tw`n JHrakleidw`n kavqodon ejkpesw;n th`ç Spavrthç katevsce tou;ç peri; jAcai?an tovpouç, ajpo; touvtou kata; to; sunece;ç kai; kata; to; gevnoç e{wç jWguvgou basileuqevnteç, meta; tau`ta dusaresthvsanteç toi`ç tou` proeirhmevnou paisi;n ejpi; tw/` mh; nomivmwç ajlla; despotikw`ç aujtw`n a[rcein, metevsthsan eijç dhmokrativan th;n politeivan. Loipo;n h[dh tou;ç eJxh`ç crovnouç mevcri th`ç jAlexavndrou kai; Filivppou dunasteivaç a[llote me;n a[llwç ejcwvrei ta; pravgmataujtoi`ç kata; ta;ç peristavseiç, tov ge mh; koino;n polivteuma, kaqavper eijrhvkamen, ejn dhmokrativa/ sunevcein ejpeirw`nto. Tou`to dh\n ejk dwvdeka povlewn, a}ç e[ti kai; nu`n sumbaivnei diamevnein, plh;n jWlevnou kai; JElivkhç th`ç pro; tw`n Leuktrikw`n uJpo; th`ç qalavtthç katapoqeivshç: au|tai d

eijsi;n Pavtrai, Duvmh, Farai;, Tritaiva, Levontion, Ai[geira, Pellhvnh, <Ai[gion>, Bou`ra, Karuvneia. Kata; de; tou;ç uJstevrouç me;n tw`n kat jAlevxandron kairw`n protevrouç de; th`ç a[rti rJhqeivshç ojlumpiavdoç eijç toiauvthn diafora;n kai; kacexivan ejnevpeson, kai; mavlista dia; tw`n ejk Makedonivaç basilevwn, ejn h|/ sunevbh pavsaç ta;ç povleiç cwrisqeivsaç ajfauJtw`n ejnantivwç to; sumfevron a[gein ajllhvlaiç. jEx ou| sunevpese ta;ç me;n ejmfrouvrouç autw`n genevsqai diav te Dhmetrivou kai; Kassavndrou kai; meta; tau`ta di jAntigovnou tou` Gonata`, ta;ç de; kai; turannei`sqai (...). Peri; de; th;n eijkosth;n kai; tetavrthn ojlumpiavda pro;ç tai`ç eJkatovn, kaqavper ejpavnw proei`pon, au\qiç h[rxanto metanohvsanteç sumfronei`n (...). Kai; prw`toi me;n sunevsthsan Dumai`oi, Patrei`ç, Tritaiei`ç, Faraiei`ç (...). Meta; de; tau`ta mavlistav pwç e[tei pevmptw/ th;n froura;n ejkbalovnteç Aijgiei`ç metevscon th`ç sumpoliteivaç, eJxh`ç de; touvtoiç Bouvrioi to;n tuvrannon ajpokteivnanteç, a{ma de; touvtoiç Karunei`ç ajpokatevsthsan: sunidw;n ga;r jIsevaç oJ th`ç Karuneivaç tovte turanneuvwn ejkpeptwkui`an me;n ejx Aijgivou th;n froura;n ajpolwlovta de; to;n ejn th`/ Bouvra/ movnarcon dia; Mavrgou kai; tw`n jAcaiw`n, eJauto;n de; pantacovqen oJrw`n o{son oujk h[dh polemhqhsovmenon, ajpoqevmenoç th;n ajrch;n kai; labw;n ta; pista;

(40)

para; tw`n jAcaiw`n uJpe;r th`ç ajsfaleivaç prosevqhke th;n povlin pro;ç to; tw`n jAcaiw`n suvsthma1.

À partir de ce texte, on peut déduire facilement que la Confédération Achéenne de l’Époque hellénistique n’a pas été créée ex novo, mais elle s’est basée sur une structure antérieure, dont le souvenir était toujours très présent à l’époque de Polybe. Ainsi donc, notre premier objectif sera de déterminer quand est-ce que cette première Confédération, antérieure à celle de l’Époque hellénistique, a été créée. On avancera que, contrairement à ce que Polype soutient dans le passage que l’on vient de reproduire, on ne peut plus maintenir qu’il y avait un État fédéral parfaitement organisé depuis des temps immémoriaux, depuis l’époque mythique où les Achéens de Tisaménos se sont installés dans le nord-ouest du Péloponnèse. Contrairement aussi à ce que l’historiographie traditionnelle affirmait, on ne peut non plus soutenir que la Confédération fonctionnait depuis la fondation des premières colonies achéennes en Italie, au début du huitième siècle2. En revanche, en suivant les études publiés dans les dernières années3, on va soutenir que ce n’est pas possible parler de l’existence d’un koino;n tw`n jAcaiw`n avant la seconde moitié du cinquième siècle.

Évidemment, tout au long de notre thèse, on va essayer de répondre à d’autres questions. On ne veut pas seulement déterminer quand est-ce que le premier koinovn a été

1

Polybe II. 41, 1-15: Dans la cent vingt-quatrième olympiade [284-280], Patras et Dymé commencèrent à se fédérer (…) Dans les temps antérieurs voici quelle fut, à peu près, la situation politique de la nation. Gouvernés par des rois depuis Tisaménos, qui était le fils d'Oreste et qui, chassé de Sparte au retour des Héraclides, occupa l’Achaïe, gouvernés donc par des rois sans interruption et par la même dynastie depuis Tisaménos jusqu'à Ogygos, révoltés ensuite contre les enfants de ce dernier parce qu'ils gouvernaient dans l’illégalité et l'arbitraire, les Achéens se donnèrent au régime démocratique. Dans les temps qui suivirent jusqu'au règne d'Alexandre et de Philippe, leur politique subit des variations diverses, selon les vicissitudes, mais ils essayèrent, comme je l'ai dit, de maintenir la démocratie dans le système fédéral. Celui-ci comprenait douze cites, qui subsistent encore maintenant, à l’exception d'Olénos, et d’Héliké qui fut engloutie par la mer avant la bataille de Leuctres: c'étaient Patras, Dymé, Pharai, Tritaia, Léontion, Aigeira, Pellène, <Aigion>, Boura et Karyneia. Après l'époque d'Alexandre et avant la cent vingt-quatrième olympiade, elles sombrèrent dans une telle désunion et une telle langueur, principalement par la faute des rois de Macédoine, que toutes les cites, séparées entre elles, ne suivaient que leur intérêt en s'opposant les unes aux autres. Il s'ensuivit que les unes reçurent des garnisons imposées par Démétrius, Cassandre et, après eux, par Antigone Gonatas, et que les autres subirent même des tyrans (…). Mais dans la cent vingt-quatrième olympiade, comme je l’ai dit plus haut, elles regrettèrent le passé et recommencèrent à se fédérer (…). Les premières villes qui s'associèrent furent Dymé, Patras, Tritaia et Pharai (…). Là-dessus, environ cinq ans après, Aigion chassa sa garnison et adhéra à l'union, suivie de Boura, qui massacra son tyran. En même temps, Karyneia rentra dans la fédération; car Iséas, tyran de Karyneia, voyant chassée la garnison d'Aigion et le potentat de Boura assassiné par Margos et les Achéens, se voyant lui-même sur le point d'être attaqué de tous côtés, avait abdiqué le pouvoir et reçu des Achéens la garantie de sa sûreté personnelle, avant de réunir sa ville à l’organisation achéenne (Traduction prise de Pédech, P. [1970] : Polybe. Histoires. Livre II, 80-88).

2 Cf. Larsen 1953 et, sur tout, 1968, 80-89. 3

(41)

crée, mais aussi pourquoi est-ce qu’il a été crée pour la première fois. C’est-à-dire, on veut savoir quelles sont les raisons par lesquelles il a été fondé et quels ont été les mythes fondationnels sur lesquels les Achéens ont basé leur première union.

Finalement, nous nous sommes aussi proposés d’exposer comment la formation d’une identité commune et d’un état fédéral à l'échelle régionale s’est conciliée avec la développement de la polis à l'échelle locale. On peut avancer que, par opposition aux thèses majoritaires, on va défendre ici que les deux processus, le régional et le local, se sont vécus parallèlement, l’apparition du koinovn n’ayant empêché l’extension du phénomène urbain en Achaïe.

Pour répondre à tous ces questions que l’on vient de poser, on commencera avec une petite introduction, où on décrira quelles sont les caractéristiques géomorphologiques de l’extrême nord-occidental du Péloponnèse, afin de mieux connaître le contexte où on va se dérouler à partir de ce moment. Tout de suite, on va essayer de placer et délimiter chacun des districts qui formaient notre région pendant l’Antiquité, en examinant les données archéologiques, épigraphiques et numismatiques dont on dispose et en les mettant en relation avec les sources littéraires qui se sont préservées4.

Enfin, après avoir accompli ce travail, on sera en disposition d’écrire une histoire globale de notre région, depuis le moment où elle s’est formée, jusqu’au dernier tiers du quatrième siècle, lorsque le premier koinovn est disparu. Tout d’abord on reproduira l’histoire globale de la région, telle qu’elle était vue –ou imaginée– par les historiens anciens, et puis on passera à faire une analyse critique de leurs témoignages, afin de pouvoir répondre aux trois questions principales que l’on vient de poser ici et qui ont inspiré notre recherche.

4 Pour placer et délimiter les districts de l’Achaïe, on va ce que les auteurs de l’Époque hellénistique ont fait,

c’est-à-dire, on va prendre comme référence la liste de douze cités qui nous a été fournie par Hérodote I. 145 (Pellène, Aigeira, Aigai, Boura, Héliké, Aigion, Rhypes, Patras, Pharai, Ólénos, Dymé et Tritaia), en ajoutant deux cités dont le souvenir a été transmis par Polybe II. 41, 8 (Karyneia et Léontion), et deux autres localités (Ascheion et Kallistai) dont le nom s’est préservé grâce à l’épigraphie (FD III. 5, 25III B, ll. 7-8; FD III. 1, 413, ll. 3-4; A. Plassart, BCH 45 [1921] col. II, ll. 61 et 63; SEG I [1923] 74, l. 29; SGDI 2581, l. 150; SEG XV [1958] 254, l. 4; SGDI 2073; IvM 41, l. 20) et la numismatique (M. G. Clerk, Catalogue of the Coins of the Achaean League, 1895, 25 et 57; Weil, ZfN 9 [1882], 258; Head 1911, 418).

(42)
(43)
(44)
(45)

EL MARCO GEOGRÁFICO

1

1. Definición del territorio

En la actualidad, Acaya constituye uno de los siete nomos en los que se subdivide la península del Peloponeso, juntamente con Corintia, Argólide, Lacedemonia, Mesenia, Élide y Arcadia. Para ser más exactos, el nomo se sitúa en el extremo noroccidental del Peloponeso: en lo que respecta a su latitud, se encuentra entre los 38º 10´ N del capo Drépano y los 37º 40´ N, mientras que, por lo que se refiere a su longitud, está comprendido aproximadamente entre los 21º 20´ E y los 22º 25´ E.

Atendiendo a estas coordenadas, la Acaya actual limita por el norte con los golfos de Patras y de Corinto, que la separan de Etolia, de Acarnania y de la Lócride Hesperia, tres regiones situadas ya en la Grecia continental. Hacia el este, la llanura oriental de Acaya se interrumpe artificialmente a la altura del torrente del Krio, más allá del cual da comienzo el nomo de Corintia. En el flanco meridional, la frontera viene marcada por una gran barrera montañosa, formada sucesivamente por los macizos del Aroania (o Quelmo), el Erimanto y el Escolis (o Santameri): el primero de ellos da paso a Arcadia, en tanto que los otros dos se sitúan en el límite con Élide. Finalmente, en el suroeste, es el curso del Lariso el que hace las veces de frontera frente a la Élide, mientras que en el oeste propiamente dicho se abren sin más las aguas del mar Jónico.

Durante la Antigüedad, los límites de la región de Acaya se parecían bastante a los que acabamos de describir para la época contemporánea. De hecho, por el norte, por el oeste y por el suroeste eran exactamente los mismos, y sólo variaban en el sur y en el este. En efecto, en los tiempos antiguos, Acaya no penetraba hacia el interior tanto como lo hace hoy en día. Cierto es que, ya en aquel momento, la región incluía dentro de sus fronteras el macizo del Escolis y la vertiente septentrional del Erimanto. Sin

1 La filología, en colaboración con otras ciencias humanas –tales como la geografía física y la propia

historia– puede convertirse en una herramienta muy valiosa a la hora de averiguar cómo era el paisaje de Grecia en la Antigüedad y cómo interactuaban los griegos con el medio en el que vivían. Cfr. en este sentido Crespo 1996, en donde se encontrará una interesante recopilación de textos antiguos, especialmente de época clásica, en torno a los bosques, la explotación de ríos y humedales, y la actitud de

(46)

embargo, el Aroania pertenecía ya a Arcadia. De este modo, los modernos demoi de

Kalavrita, Lefkasi, Paion y Aroania, que en la actualidad son parte integrante del nomo

de Acaya, eran considerados como comarcas arcadias durante la edad Antigua2. Y si, por el sur, el país no se prolongaba tanto como lo hace en nuestros días, todo lo contrario sucedía por el este, en donde sí se extendía más allá del moderno río Crío, hasta alcanzar la corriente del Trikala (antiguo Sitas).

Con sus escasos 2335 Km2, podría dar la impresión de que la Acaya antigua era un territorio bastante pequeño, máxime en comparación con algunas regiones del norte de Grecia, como puedan ser Tesalia o Macedonia. Sin embargo, dentro de lo que era el contexto general del Egeo, tenía una extensión más que considerable, similar a la que tenían otras regiones tales como Beocia (2800 Km2), la Élide (2660 Km2), Mesenia (2600 Km2) y el Ática (2450 Km2), y la mitad de la que tenían Arcadia (4700 Km2) y la Argólide (4195 Km2)3.

2. Geografía física

Teniendo en cuenta su posición geográfica, es fácil deducir que Acaya disfruta de un clima típicamente mediterráneo, una característica que, por lo demás, comparte con el resto de Grecia. Prueba de ello es el diagrama que reproducimos a continuación, en el cual se reflejan las temperaturas medias registradas en la ciudad de Patras entre los años 1901 y 1940, así como también las temperaturas máximas y mínimas alcanzadas durante ese mismo período4.

los habitantes de la Hélade ante la naturaleza (véase, sobre todo, el texto 14 [= Pausanias VII. 26, 10], referido a la comarca de Feloe, en el distrito de Egira).

2 El demos de Kalavrita se corresponde con las antiguas ciudades arcadias de Cineta (Pausanias VIII. 19,

3) y de Lusos (Pausanias VIII. 18, 7-8). En el demos de Lefkasi se localizan las ruinas de la antigua polis arcadia de Clítor (Pausanias VIII. 4, 5; 17, 6; 18, 7-8; 19, 4; 21, 1-4; 23, 9; 25, 2; 27, 2; X. 9, 8), y en el de Aroania tenemos los restos de Psófide (Pausanias VIII. 23, 8-9; 24, 12-13; 25, 1).

3 Cfr. Pascual González 1996, 116-118; id., 1997b, 196-197. Más información en Beloch 1967, III.1, pp.

279 y ss. (especialmente, 280-281).

4

(47)

E F M A M J J A S O N D

23,6 24,5 28,5 35 36,5 38 42 43,5 39,5 33 30 24,6 Temperaturas máximas -3,5 -5 0 2,5 6,8 11,1 13,6 16 11 5,1 -2 -2,2 Temperaturas mínimas 10 10,5 12,9 16,3 20,3 23,9 26,7 27 24,2 19,7 15,2 11,9 Temperaturas medias

Figura 1: Temperaturas medias registradas en Patras entre 1901 y 1940

Desde luego, es preciso reconocer que las temperaturas tomadas en Patras, al nivel del mar, no pueden ser exactamente las mismas que encontraríamos entre las montañas del interior. Igualmente, sabemos que hay algunas diferencias entre el clima de la Antigüedad y el de la primera mitad del s. XX. Sin embargo, más allá de estas pequeñas oscilaciones, creemos que los datos reflejados en estos tres cuadros son lo suficientemente significativos como para hacernos una idea de cómo era el clima de Acaya en la época que estamos estudiando. Los inviernos debían de ser suaves y benignos, aunque por las noches, en momentos muy puntuales, el termómetro podía llegar a descender por debajo de los cero grados, incluso en centros como Patras, situados al borde del mar. En cambio, los veranos serían muy prolongados y calurosos, alcanzándose temperaturas que rondaban o superaban los cuarenta grados entre los meses de julio y septiembre.

La suavidad de las temperaturas no debe engañarnos ni hacernos creer que las condiciones de vida serían fáciles para los hombres que poblaban Acaya en la Antigüedad. Cualquier estudio climatológico debe complementarse, como mínimo, con un análisis de las precipitaciones, y éstas nos dan a conocer una de las deficiencias más graves del clima de Acaya, como es la escasez de agua. En realidad, el problema no es tanto la falta de lluvias como su enorme irregularidad. En efecto, en la fachada costera que da al mar Jónico se llegan a registrar entre 800 y 1000 mm. de precipitaciones al año, e incluso en Patras, situada en una posición de abrigo, se logran alcanzar los 700 mm. anuales. El problema, por consiguiente, no es que llueva poco, sino que lo hace de manera muy desigual: las precipitaciones están muy mal repartidas a lo largo del año, ya que se concentran entre los meses de noviembre y febrero, y casi siempre se manifiestan en forma de brutales tormentas que impiden su aprovechamiento; por el contrario, la época estival es de una enorme sequedad y se prolonga, como mínimo, desde mayo

Referencias

Documento similar