La Salud en Asturias a
través de las Encuestas
Promueve: Consejería de Salud y Servicios Sanitarios Edita: Consejería de Salud y Servicios Sanitarios
Distribuye: Dirección General de Salud Pública y
Participación
Catalogación y archivo editorial: Servicio de
Publicaciones de la Consejería de la Presidencia
Autores del Informe: Mario Margolles Martins, Ignacio
Donate Suárez, María del Pilar Alonso Vigil
Indice:
Introducción
1. Morbilidad
2. Valoración de la percepción del estado de salud
3. Calidad de Vida
4. Autovaloración del estado de felicidad
5. Discriminación
6. Maltrato y violencia
7. Envejecimiento
8. Salud Mental infantil
9. Ejercicio físico
10. Sobrepeso y obesidad
11. Descanso
12. Alimentación
13. Regímenes dietéticos
14. Higiene dental
15. Vacunaciones
16. Exposición al humo de tabaco
17. Convivencia
18. Utilización de servicios sanitarios
19. Consumo de fármacos
20. Salud en personas extranjeras
Introducción:
Las Encuestas de Salud nos permiten conocer la percepción del estado de salud de las personas y la distribución en la población de los diferentes problemas de salud. Por otra parte, también permiten valorar los estilos de vida de la población, y la existencia de posibles desigualdades en salud.
La información proporcionada por las encuestas de salud es de gran utilidad para la planificación, la toma de decisiones y la evaluación de políticas de salud. Todo ello incorporando la visión de la ciudadanía en relación al proceso salud-enfermedad, los hábitos de vida, el uso de servicios sanitarios, en cuanto a sus expectativas, sus valoraciones, sus opiniones, su percepción de la realidad y las propuestas que realizan.
En el año 2008, la Dirección General de Salud Pública y Participación acordó la realización de dos Encuestas de Salud, una en adultos y otra en población en edad infantil que exploraran la percepción que los padres y madres tienen sobre el estado de salud y/o enfermedad, la opinión sobre hábitos de vida y sociales, así como la utilización de los servicios sanitarios que se les ofertaban e incorporase los nuevos campos de investigación.
Los objetivos de las Encuestas eran el conocer y monitorizar en un futuro la salud percibida por la población, los hábitos o estilos de vida y la utilización de los servicios sanitarios; y el identificar los principales grupos a riesgo en la salud, en los hábitos de vida y en el acceso a los servicios sanitarios.
Estas Encuestas contienen información sobre la situación sociodemográfica y económica (Información personal, estudios realizados, actividad laboral, nivel de empleo, nivel económico); la salud y morbilidad percibida; los accidentes y agresiones; la restricción de la actividad y consumo de medicamentos; el aseguramiento y utilización de servicios sanitarios (Aseguramiento, prestaciones solicitadas, utilización en Atención Primaria, Atención especializada, hospitalización, servicios de urgencias, opinión sobre el sistema sanitario, conocimiento de los servicios ofertados); las prácticas preventivas (Higiene dental, actividades de vacunación, seguridad vial, tabaquismo pasivo); los estilos de vida (actividad física, descanso, ocio, alimentación); la discriminación; la Calidad de vida; las características personales y limitaciones para realizar las actividades diarias (peso, talla, limitaciones y minusvalías.
En todos los ámbitos para los que exista información expondremos los datos procedentes de la Encuesta de Salud Infantil realizada a niños/as y jóvenes de 0-15 años de edad y de la Encuesta de Salud para Asturias realizada a personas de 16 y más años.
En este estudio pretendemos hacer visibles los resultados más importantes del análisis realizado en ambas Encuestas, que aunque con una muestra y preguntas diferentes, en algunos casos, su similitud de metodología y
de contenidos hacen que podamos realizar un
continuum
aMorbilidad declarada. Encuesta de Salud Infantil Asturias, 2009 0 2 4 6 8 10 12 14 Asma Otitis y amigdalitis de repetición Alergias crónicas Estreñimiento (habitual) Problemas de columna o escoliosis Enuresis ( orinarse en la cama) Trastornos de la conducta Enfermedades digestivas crónicas Porcentaje Niños Niñas
1.- Morbilidad:
El tipo de morbilidad en la infancia recogida en la Encuesta es fundamentalmente de carácter crónico mucho más fácil de estudiar y con mayor impacto para el análisis que el de las enfermedades de carácter y resolución agudas, sobre todo, en estudios de prevalencia como el que nos ocupa.
La patología crónica más frecuente en las edades infantiles es el asma (11,7%), seguido de las otitis y /o amigdalitis de repetición (10,1%), las alergias crónicas (9,7%) y el estreñimiento habitual (5,2%). El resto de morbilidad es mucho menos frecuente como se observa en la tabla adjunta.
Incluso con la baja frecuencia de todas las patologías crónicas infantiles llega a haber diferencias marcadas de género en algunas enfermedades, en perjuicio, en todas las analizadas, de los chicos. Así, se manifiesta que un 13,6% de los niños padecen asma por un 9,6% de las niñas (OR: 1,48, IC95%: 1,15-1,9).
Además, se indica que un 11,1% de los niños sufren alergias crónicas por solo un 8,3% de las niñas (OR: 1,38, IC95%: 1,05-1,8). Y, dentro de las patologías menos frecuentes, un 1,7% de los niños se indica que padecen trastornos de la conducta (hiperactividad, déficit de atención, etc.) por un 0,5% de las niñas (OR: 3,44, IC95%: 1,4-8,5). En todos estos casos citados, existe una diferencia de género estadísticamente significativa.
En cuanto a la edad, existe una relación directa de presencia de mayor morbilidad a medida que aumenta ésta, en concreto en aquellas patologías más frecuentes, como ya era previsible dado el conocimiento científico: los adolescentes muestran más frecuentemente asma y alergias crónicas así como escoliosis. Los chicos y chicas escolares son los que tienen más otitis y amigdalitis de repetición. En otras patologías menos frecuentes la ansiedad o depresión es observada con más profusión en adolescentes.
En el análisis de la Encuesta en la población adulta se constata que un 36,8% de la población adulta asturiana que no ha
padecido ninguna de las enfermedades o dolencias del listado
que se aportó en la encuesta. Esta proporción es mayor en los hombres (43%) que en mujeres (31%). Evidentemente, esta situación es muy distinta en función de la edad, con solo un 11% de las personas mayores de 64 años sin haber padecido estas patologías. Es relevante el hecho de que un 32% de las personas menores de 30 años manifiestan tener al menos alguna enfermedad, siendo la más frecuente en estos casos el asma (8,9%).
Por orden de frecuencia de enfermedad crónica, resaltan para el total de personas adultas, la tensión alta (21%), la artrosis (20%), dolores de espalda (cervicales o lumbares) (17%), varices y colesterol alto (13%), depresión y ansiedad (12 y 10% ,respectivamente).
En relación a la I Encuesta de Salud del año 2002, para las patologías más frecuentes se observa un incremento del la prevalencia de tensión arterial en población adulta (en 2002 la muestra nos daba una prevalencia del 17%, y de los problemas de artrosis, reumatismos y dolores de espalda. Se mantienen estables las frecuencias de colesterol, depresión y otras enfermedades del corazón. Disminuye con respecto a 2002 la frecuencia de diabetes mellitus (7% en 2002).
Las mujeres adultas manifiestan para todos los epígrafes una mayor prevalencia de personas con estas patologías. Únicamente se salvan de esta tendencia los problemas propios de los hombres adultos (próstata) y también la bronquitis crónica. En el resto de rúbricas la proporción es superior en mujeres, destacando especialmente, las osteoporosis (16 veces más alta en mujeres), anemia (siete veces más frecuente en mujeres), estreñimiento crónico (cinco veces más alta), las varices en piernas, depresión y ansiedad (en todos estos casos casi tres veces más alta en mujeres), artrosis, reumatismos y dolores de espalda (casi el doble más alta), tumores malignos (dos veces más frecuente). Muchas de estas patologías están claramente relacionadas con la edad y en nuestra muestra (y también en la población total asturiana) hay a partir de los 65 años de edad una mayor proporción de mujeres que de hombres. Por eso es importante analizar la variable edad.
En todas las patologías se observa un incremento en su frecuencia en función de la edad, excepto para “Otras enfermedades del corazón “y el asma que tiene mayor frecuencia en edades más bajas. Los problemas de la piel se mantienen estables. Sin embargo, hay patologías en las que la población de 65 y más años tiene una elevada prevalencia, como es la tensión alta y artrosis o reumatismos (casi la mitad), dolores de espalda, varices, y colesterol elevado (la cuarta parte de la población de esa edad), depresión, cataratas, alergia crónica (una de cada cinco), diabetes mellitas, ansiedad, osteoporosis (una de cada siete personas mayores). En cambio, en personas adultas jóvenes son más frecuentes el asma (9%), otras enfermedades de corazón (7,7%), la ansiedad (3,5%) y la depresión (3%). Un 4,4% de ellas tienen ya dolor crónico de lumbares. Un 2,5% de estas personas ya tienen tensión alta.
En aquellas respuestas a las encuestas de niños y adultos en las que existe continuidad en sus ítems (asma y alergias crónicas), se observa que aumenta su prevalencia hasta la adolescencia para posteriormente disminuir la prevalencia de dichos procesos con la edad y haber un ligero repunte en las últimas décadas de la vida. Esto sucede tanto en hombres como en mujeres, si bien en estas la prevalencia es menor en estas dos patologías.
Morbilidad declarada. Encuestas de salud infantil y adultos, 2008-2009. Asturias 0 5 10 15 20 25 0-2 3-5 6-10 11-15 16-29 30-44 45-64 +64 Prevalencia Asma bronquial Alergia cronica
A la hora de analizar los datos de morbilidad en función de otras variables, como el nivel de estudios, la clase social, el
hábitat, etc. se observan importantes diferencias. Así en el caso de
Estado de salud, regular o mala. Encuestas de salud infantil y adultos, 2008-2009. Asturias
0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 0-2 3-5 6-10 11-15 16-29 30-44 45-64 +64 Prevalencia
frecuentes a medida que bajamos de clase social: un 14,2% de los niños/as clasificados en clase social V las presentan por solo un 3,9% en niños/as de las clase sociales más aventajadas (I).
El asma bronquial tiene mayor presencia en la zona central asturiana (12,7% vs. 9,3% en cuencas mineras); y se da más en niños/as de familias con estudios primarios (13,5% vs. 7,5% en universitarios) y en niños/as procedentes de clases sociales IV y V (en IV: 14,2% vs. 8,4% en clase social I).
Por su parte, en las otitis y amigdalitis de repetición es más frecuente en zonas rurales (10,8% vs. 8,9% en cuencas mineras), en niños/as procedentes de familias universitarias (11,4% vs. 8,8% en familias con estudios primarios); y en niños/as en clase social I (11,5% vs. 8,3% en clase social V).
La ansiedad y depresión tienen mayor prevalencia (0,7%) en los niños/as residentes en zona rural, es menos frecuente en niños/as de cuencas mineras (0,2%); se aprecia más en familias de estudios medios (0,6%) y con mucha más intensidad en niños/as procedentes de clases sociales menos favorecidas (1,3% en clase social V).
En cuanto a los trastornos de la conducta (hiperactividad, déficit de atención…) son más frecuentes en niños/as de zonas rurales (1,2%, en centro de Asturias, 0,9% en cuencas mineras) y las familias con estudios medios tienen más frecuencia de este tipo de procesos (1,4% vs. 0,8 en niños/as de familias con estudios universitarios) así como los niños/as de clase social III tiene más frecuencia (2,2% vs. 0,1% en niños/as de clase social I).
A la hora de analizar la morbilidad crónica en la
población adulta asturiana según el nivel de estudios, se debe
tener en cuenta que se trata de un factor que está muy ligado a la edad, y así observamos mayores prevalencias de patologías relacionadas con la edad en personas mayores, que son las que a su vez tienen menores niveles de estudios. Un 32% de personas con estudios primarios tienen tensión arterial elevada por solo un 12% de universitarios, cifras parecidas a los problemas osteomusculares.
El infarto de miocardio y los problemas del corazón muestran una prevalencia cinco veces superior en personas con
estudios primarios y el asma también es una patología con una
frecuencia ligeramente superior en personas con estudios básicos. Las diferencias son considerables en relación a los problemas mentales: 18% de personas con depresión con estudios primarios por 6% en los que tienen estudios universitarios, prevalencia doble de ansiedad en los primeros, etcétera. En cambio, aquellas patologías que tienen una frecuencia más estable en todas las edades la influencia de variable nivel de estudios es pequeña y se manifiesta en una proporción similar en todos los tramos de estudios. Se observa una mayor frecuencia de alergias crónicas en personas con estudios universitarios (10% vs. 5% en estudios primarios).
Atendiendo a la clase social de la persona entrevistada, entre las clases sociales más dispares (I respecto a V) existen grandes diferencias en determinadas patologías, especialmente aquellas ligadas a la edad, dado que la clase social en la que se encuadra cada persona depende en buena medida de la edad y en especial del tipo de trabajo y el nivel de estudios alcanzado. Con ello, se observa que son considerablemente más altas las frecuencias de patologías en clase social V como: otras enfermedades del corazón, varices en las piernas, problemas osteomusculares (artrosis, artritis, reumatismo, dolor de espalda o cervical) bronquitis crónicas, diabetes mellitus, tumores malignos, osteporosis. Por el contrario son más frecuentes en la clase social I: las alergias crónicas (tres veces más que en clase social V) y el asma bronquial. La prevalencia de tensión arterial es superior en la
clase social V como ocurre con los niveles de colesterol o los problemas de próstata en hombres. La mayor diferencia entre clases se observa en las patologías de salud mental, con niveles más elevados en personas de clase social V respecto al resto de las otras clases (18% de personas con depresión en clase social V vs. 5% en clase social I o 10% en clase social IV); o bien, 17% de ansiedad respecto a un 5% en clase social I o 9% en clase social IV. No obstante, para otro tipo de problemas o enfermedades mentales que también son más frecuentes en la clase social V, la
diferencia no es tan marcada como en el caso de la depresión o la ansiedad.
Según el tipo de hábitat, es curioso que teniendo una población rural altamente envejecida (25% de 65 y más años) tengan unos niveles de prevalencia de morbilidad crónica mucho menores que las personas de los hábitat del centro y cuencas mineras. Así, la prevalencia de tensión arterial elevada es mayor en las cuencas (24% vs un 19% en personas de hábitat rural), mientras la depresión y ansiedad son cinco y cuatro veces más frecuentes en personas que habitan en el centro que los de ámbitos rurales, a pesar de la gran diferencia en estos hábitats en relación a los estratos etarios. La presencia de varices en piernas es de un 16% en la zona centro por un 5% en zonas rurales. La presencia de patologías osteomusculares es mucho más frecuente en el centro, así como las alergias crónicas y el asma. Por el contrario se encuentra una mayor presencia de bronquitis crónica en las
cuencas mineras, así como la diabetes mellitus, osteoporosis y los problemas de próstata (en hombres).
2.- Valoración de la
percepción del estado de
salud
Pregunta de valoración global sobre el estado de
salud integral del niño o niña o de los adultos.
En un 59% de los casos en población infantil se considera muy buena y en un 36% buena, con lo que agrupando ambos grupos se llega a un total del 95,4% que es muy buena o buena. Hay una escasísima frecuencia de mala o muy mala.
Por edades en población pediátrica, la peor valoración se hace en las edades de de 3-5 años con un 93,7%. En todos los grupos etarios la frecuencia de mala o muy mala es muy pequeña. No hay diferencias muy grandes entre los distintos subgrupos, manifestando un 95% de los padres o madres que sus hijos o hijas tienen una salud buena o muy buena (un 59% consideran que muy buena). En el lado negativo en solo un 0,3% se considera que es mala o muy mala.
Por tipo de hábitat, se indica que los niños/as de las cuencas mineras tienen un mejor estado de salud (97%, buena o muy buena) y en los de las zonas rurales se manifiesta ese hecho con menor frecuencia (94,9%). Sin embargo, en este mismo hábitat es donde se manifiesta con menor frecuencia que los niños/as tienen una salud mala o muy mala (0,2%) siendo más frecuente este hecho en las zonas central y cuenca mineras (0,6%). Por nivel de estudios de los padres/madres, aquellos con menor nivel de estudios manifiestan más frecuentemente que sus hijos tienen peor salud (0,4% mala o muy mala; 94,7%, buena o muy buena), respecto a los de estudios universitarios (0,2%, mala o muy mala; 96,8%, buena o muy buena).
ESI EUROPEOS* DATOS ESPAÑA* DATOS Índice Kidscreen-10 Media Desv típica Media Desv típica Media Desv típica Global 55,6 11,7 49,9 10 53,6 10,4 Niños/Chicos 55,1 11,1 50,3 9,8 53,4 9,6 Niñas/Chicas 56,1 11,1 49,7 10,1 53,8 11,1
* Grupos de referencia: Niños de 8 a 18 años
Por su parte, un 35% de la población adulta asturiana valora su estado de salud como excelente o muy bueno. Si se añade aquellos que la consideran buena, se alcanzan cifras del 76% de personas que consideran su salud, al menos, como buena. Parece que este indicador mejora con respecto a los resultados de la Encuesta en 2002 cuando solo un 24% opinaba que su salud era buena o muy buena y donde incluyendo además a los que la consideraban buena se alcanzaban cifras del 71%.
Esta consideración varía con el género. Así, las mujeres tienen una tendencia a valorar su salud más negativamente que los hombres, si bien esas diferencias no son significativas excepto en la consideración de salud excelente, circunstancia declarada por un 14% de los hombres frente a un 10,2% de las mujeres. Las valoraciones de excelente y muy buena suben en ambos sexos con respecto a la Encuesta de 2002.
También la percepción de la salud tiene una distribución diferente en función de la edad, como era de esperar al ser esta variable uno de los mejores predictores del estado de salud de las personas, por eso, las cohortes más jóvenes tienden a considerar el estado de salud mucho mejor que los más mayores. Las diferencias son claramente significativas en los grupos etarios extremos. Así, un 95% de las personas entre 16-29 años de edad consideran su salud al menos buena (en el año 2002, la cifra era del 90%), frente a solo un 62% de las personas del grupo mayores de 64 años. Esa tendencia etaria que según la calificación tiene en algunos casos es inversa y en otros directa, existe para todos los estados de salud valorados. El incremento en la valoración del estado de salud en el que se observa una mayor diferencia respecto al año 2002, donde solo un 41% opinaba que su salud era al menos buena (ahora es del 64%). Solo uno de cada seis personas mayores opina que su salud es mala.
Analizando la tendencia etaria por sexo, se observa que en todos los tramos de edad son los hombres quienes indican que gozan de un buen estado de salud, mientras que las mujeres destacan por ser quienes dicen que es malo. Si analizamos conjuntamente la edad y el sexo observamos que en todos los tramos de edad el porcentaje de hombres que indican que gozan de un buen estado de salud es mayor que el de las mujeres. Las mayores diferencias entre géneros se sitúan en las personas mayores (un 47% de las mujeres lo consideran al menos bueno, por un 60% de los hombres de esas edades). En el resto de edades las diferencias entre sexos no son importantes.
En relación a la valoración de la salud percibida según
nivel de estudios, la situación muestra que un 40% de las
personas con estudios hasta primarios consideran su salud regular o mala por solo un 10% de las personas universitarias. No obstante, hay que recordar que el nivel de estudios alcanzado está directamente relacionado con la edad y esta a su vez es la variable más asociada a los niveles de salud, e, indirectamente, con los niveles de felicidad.
En el análisis de valoración de salud según la clase
social, vemos que existe una tendencia a medida que
descendemos en escala social a aumentar la proporción de personas que consideran su salud regular o mala llegando a los extremos en las personas de clase social V (34%) por solo un 10,5% de los de clase social I. Por el contrario, son las personas de clase social I las que indican una mayor proporción de salud muy buena o excelente.
Las personas residentes en ámbitos rurales manifiestan tener una salud regular o mala en menor medida que las personas residentes en zonas centrales o de las cuencas mineras, incluso cuando el índice de envejecimiento de la población rural es superior a la media asturiana. Esa situación se observa también en el lado opuesto. Las personas residentes en ámbitos rurales tienen la mayor frecuencia de considerar su salud al menos muy buena (41%), en este caso con niveles similares a los de las cuencas mineras y muy lejos del 32% de personas que se consideran en esa situación en la zona central.
El estado civil influye sobre la valoración de la salud: cuando solo un 12% de las personas solteras dice que su salud es regular o mala, hay un 48% de las personas viudas en esa situación
o un 28% de personas separadas o divorciadas en la misma situación. Es más, son también superiores a las cifras presentadas por las personas casadas. Este indicador también está muy influenciado por la variable edad.
Por Área Sanitaria de residencia se observan diferencias sustanciales entre ellas: así un 32% de las personas residentes en Área VII (Caudal) dicen tener salud mala o regular por solo un 12% de las personas residentes en Área I (Jarrio) y alejadas también de la otra cuenca minera (Área VIII, 19%). Parece que este indicador mejora con respecto a los resultados de la Encuesta del año 2002. Hace seis años un 24% opinaba que su salud era excelente o muy buena e incluyendo además a los que la consideraban buena se alcanzaban cifras del 71%, en la actualidad este porcentaje se eleva al 76% como se comentó anteriormente. Por sexos, las valoraciones de excelente y muy buena suben en ambos sexos con respecto a la Encuesta de 2002 (en el año 2002, la cifra era del 28,3% para hombres y 20,8% para mujeres, en el 2008 se incrementó al 38,5% y 31,9% respectivamente).
3.- Calidad de vida:
Según la OMS, la calidad de vida es "la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus expectativas, sus normas, sus inquietudes. Se trata de un concepto muy amplio que está influido de modo complejo por la salud física del sujeto, su estado psicológico, su nivel de independencia, sus relaciones sociales, así como su relación con los elementos esenciales de su entorno".
Para valorar la calidad de vida relacionada con la salud de los niños/as se utilizó el Índice Kidscreen-10, instrumento
desarrollado dentro de un proyecto financiado por la Comisión Europea, que valora la calidad de vida del niño/a-joven, de 8 a 18 años, en términos de su bienestar físico, mental y social y permite identificar a la población infantil-juvenil en riesgo en términos de su salud subjetiva. El Índice Kidscreen-10 es una medida unidimensional cuyo resultado se compara con el promedio de una
población de referencia que sirve de umbral y permite clasificar el resultado como “normal” (Valores alrededor de la media) o “sensible” (valores por debajo de la media), en cuyo caso deberían buscarse los motivos del mal resultado. Calculado el Índice Kidscreen-10 en la población infantil de Asturias (8-15 años), y comparado con los valores de referencia de la población Europea y de España, se han obtenido los siguientes resultados:
La calidad de vida relacionada con la salud de los niños y niñas asturianas es buena, lo cual se interpreta como que los niños y niñas se sienten felices, capaces y satisfechas con su vida familiar y escolar.
CVRS. Kidscreen-10. Valoración gobal, según nivel de estudios
50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60
Hasta primarios Medios Universitarios
Nivel de estudios alcanzado
In d ice si n tét ic o g lo b al
CVRS, Valoración en escala visual analógica (0-100) 0 20 40 60 80 100 Cataluña, 1994 ASTURIAS, 2008 España, 2001-03 Grecia, 2006 Alemania, 2002 Francia, 2001-03 Alemania, 2001-03 Italia, 2001-03 Bélgica, 2001-03 EE.UU., 2000 Holanda, 2001-03 Inglaterra, 1993 Inglaterra, 1997EE.UU., 2005
Por grupos de edad, los grupos de referencia son niños/as 8 a 11 años y adolescentes de 12 a 18 años.
En relación a la clase social asignada a los niños/as se observa un mayor índice sintético de CVRS tanto valorando la clase social del padre, de la madres como del hogar, con una buena recta de regresión a medida que disminuye la clase social.
Teniendo en cuenta el nivel de estudios de los padres/madres de los niños/as se observa que a mayor nivel educativo sea del padre, de la madre o del hogar hay un mayor índice sintético de CVRS. Es superior cuando tienen estudios universitarios y muestra un nivel inferior cuando los estudios son estudios primarios con una buena recta de regresión a medida que aumenta el nivel de estudios. Los mayores niveles de CVRS se relacionan con el nivel de estudios de las madres.
En el caso de los adultos, para valorar la calidad de vida relacionada con la salud hemos elegido para la Encuesta de Salud, del año 2008 la escala del EuroQol 5d, que es un instrumento genérico usado para caracterizar el estado de salud de un grupo o población. Este instrumento consiste en una sección autoadministrada sobre 5 apartados: movilidad, cuidado personal, actividades cotidianas, dolor/malestar y ansiedad/depresión y una escala visual análoga sobre estado de salud.
Existen dos modelos de valoración de la calidad de vida a través de una autovaloración mediante una escala visual analógica y la valoración mediante un índice sintético. En la primera, la autovaloración del estado de salud se centra en 72,9 de media. Los hombres declaran niveles superiores de autoposicionamiento del estado de salud (75,2 por 70,8 en mujeres). Los mayores niveles de autoposicionamiento analógico del estado de salud son en el grupo de personas jóvenes (84,6) y los menores los del grupo de personas mayores (59,4). A mayor edad va decreciendo el autoposicionamiento en la escala de estado de salud.
En el apartado de movilidad, un 11% manifiesta algunos problemas para caminar. Hay más frecuencia de algún problema de movilidad en mujeres. A mayor edad mayor frecuencia de problemas para caminar.
En la dimensión de cuidados personales, un 94% de la población no tiene problemas. Los problemas son más frecuentes en mujeres. A mayor edad mayor frecuencia de problemas para los cuidados personales.
En cuanto a la dimensión de actividades cotidianas, un 89% de la población no tiene problemas, un 0,7% es incapaz de realizarlas. Es más frecuente que tengan problemas las mujeres. De nuevo, a mayor edad mayor frecuencia de problemas para realizar estas actividades. En todas las dimensiones es más frecuente la presentación de problemas en mujeres.
El análisis de la dimensión de dolor y malestar, nos muestra que un 22% de la población tiene problemas en este apartado. Vuelven a ser las mujeres las que presentan más frecuencia de problemas de dolor y malestar (27% frente a un 15% en hombres). De nuevo, a mayor edad mayor frecuencia de dolor y
malestar. En todas las dimensiones es más frecuente la presentación de problemas a medida que aumentamos la edad…
En cuanto a la dimensión de ansiedad depresión, un 14% de la población tiene problemas de este tipo. El fenómeno es más frecuente en mujeres (18% frente a un 10% en hombres). A mayor edad mayor frecuencia de dolor y malestar.
En el caso del modelo de Índice sintético de calidad
de vida (EQ-5D index), lo calculamos usando el EQ-5D index. Dado
que las personas responden a cinco preguntas relacionadas con las distintas dimensiones de calidad de vida con tres opciones cada una de ellas, sus respuestas reflejan el nivel del estado de salud que las personas entrevistadas tienen actualmente. Una vez recogidos los datos e introducidos en una base de datos se puede calcular mediante un algoritmo un valor para el estado de salud tal y como la persona la percibe. A ese valor lo llamamos EQ-5D index, se calcula para cada persona pero que se puede analizar para el conjunto de la población o cualquiera de sus subconjuntos (p.e. edad, sexo, hábitat, clase social, etcétera.). Nosotros hemos calculado el EQ-5D index basándonos en los pesos preferenciales de la población de EE.UU. tal y como la Agencia para Investigación y calidad del Sistema Sanitario de ese país ha establecido (Calculating the U.S. Population-based EQ-5D Index Score. August 2005. Agency for Healthcare Research and Quality, Rockville, MD. http://www.ahrq.gov/rice/EQ5Dscore.htm). Para la población general, el EQ-5D index varía entre -0,11 (p.e. opciones 33333 en los resultados de estas preguntas en la Encuesta de Salud 2008) a 1,0 (p.e. 11111) en una escala que va de 0,0=Muerte y 1,0=Salud perfecta. El algoritmo de asignación de pesos se basó en un trabajo de modelización presentado en el siguiente artículo: Shaw JW, Johnson JA , Coons SJ. U.S. valuation of the EQ-5D health states: development and testing of the D1 valuation model. Medical Care. In press.
Los resultados obtenidos usando este EQ-5D index con los pesos descritos en la población asturiana según los resultados de la ESA-08, con el análisis de 2428 personas (hubo un 2,7% de pérdidas debido a los NS/NC en alguna pregunta) indican que el nivel de autovaloración del status de salud es muy bueno 0,92 (recordemos 1 es excelente salud, y 0 es muerte).
Por sexos, es mejor el estado de salud de los hombres (índice de 0,95) que el de las mujeres (índice de 0,90). Por grupo etario, como es evidente, el estado de salud de las personas mayores es inferior al del resto de grupos. Es más, a mayor edad menor nivel del índice, con el rango entre 0,987 (personas jóvenes) y 0,840 (personas mayores).
Sin embargo, si hacemos un análisis estratificado por
sexo y edad, los resultados nos sorprenden, dado que si bien en
todos los tramos etarios los niveles de estado de salud de los hombres son mejores que los de las mujeres, en el grupo de personas mayores la diferencia es grande (hombres, 0,881; mujeres, 0,799). Es más, como indicamos más arriba el efecto edad en el estado de salud es mucho más pequeño en los hombres (pasan de niveles de 0,994 en jóvenes a 0,881 en mayores), mientras que en mujeres (pasan de niveles de 0,977 en jóvenes a 0,799 en mayores), lo que hace pensar que las mujeres tiene otros factores además de la edad para su pérdida de calidad de vida.
CVRS. Kidscreen-10. Valoración gobal, según ámbito y sexo
46 48 50 52 54 56 58
Global Niños Niñas
In di ce s in té ti co gl ob al
EQ-5d Index (nivel de salud) por sexo y edad. Asturias. ESA-2008 (1=excelente, 0=muerte)
0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 16-29 30-44 45-64 > 64 Grupo etario EQ -5 d in d ex HOMBRES MUJERES
CVRS, Dimensión: movilidad. Porcentaje de personas con algunos o muchos problemas
0 5 10 15 20 25 Holanda, 2001-03ASTURIAS, 2008 Cataluña, 1994 España, 2001-03 Italia, 2001-03 Francia, 2001-03 Bélgica, 2001-03Alemania, 2002 EE.UU., 2000 Alemania, 2001-Inglaterra, 1997EE.UU., 2005 Inglaterra, 1993 Grecia, 2006
CVRS, Asturias, ESA-2008. Autovaloración analógica del estado de salud (VAS), según grupos decenales de edad y sexo.
40 50 60 70 80 90 16-24 25-34 35-44 45-54 55-64 65-74 >75 Hombre Mujer
Aunque entre los objetivos de la ESA-08 no estaba el de comparar sus resultados con otros ámbitos, sí es necesario tener en cuenta en determinadas circunstancias cuál es nuestra posición en relación a otras sociedades. Por ello, hemos entendido que en algunas ocasiones es preciso realizar comparaciones de nuestros resultados con otras encuestas que tuvieran como requisito el ser dirigidas a población general y no a colectivos específicos, como pueden ser por ejemplo el de enfermos de determinadas patologías o aquellas que evaluasen cambios en la calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) asociados a tratamientos concretos, independientemente de que se tratasen de encuestas de salud generales o específicas para medir CVRS.
Aún a pesar de utilizar un cuestionario validado tanto a nivel internacional como en España, el realizar estas comparaciones no deja de ser arriesgado dado que las condiciones (encuesta domiciliaria, telefónica, en centros sanitarios, etc.) y los objetivos (valoraciones de salud general, salud específica, CVRS, otros condicionantes, etc.) de su uso son muy variables, y pueden condicionar las respuestas sobre todo en aquellas dimensiones o valoraciones que tienen un carácter integral y global. A todo ello se añade la gran variabilidad interindividual de los resultados dentro de cada encuesta, y lo detectado en la bibliografía: la diferencia considerable entre países. Por otra parte, las distintas publicaciones de estos resultados han sido hechas en momentos muy diferentes, con técnicas de muestreo muy variables, además de la gran diversidad que existe en el orden de las preguntas de CVRS dentro de las encuestas. Por todo ello, debemos ser muy cautos en cuanto a las comparaciones nacionales e internacionales de sus resultados.
En todas las comparaciones realizadas los resultados son muy diferentes entre zonas socioculturales (países, regiones, etc.) tanto en estudios sincrónicos como en estudios únicos multinacionales con idéntica metodología. Existe una diferente percepción en casi todos los países entre la valoración propia y particular de cada dimensión de CV en relación a valoraciones globales. Además, incluso existe gran variabilidad en todos los estudios entre la valoración integral personal de la CVRS (como la usada en la escala visual analógica (EQ-VAS) con la proporcionada más objetivamente por un análisis global de la CVRS a partir de los resultados de las respuestas a las dimensiones proporcionadas por las mismas personas.
Los resultados de las distintas encuestas analizadas y publicadas nos muestran varios hechos. El primero, es que la diferencia de los resultados de las mismas variables analizadas entre países y territorios es bastante considerable. Sin embargo, sí se pude observar una cierta sintonía entre los resultados de encuestas realizados en el mismo país en diferentes momentos o entre distintos territorios que comparten una proporción considerable de elementos culturales (p.e. Asturias, Cataluña, España). Esto refuerza la hipótesis de las características transculturales en la valoración del estado de salud y a la respuesta a diferentes variables y escalas de medición.
Valoración global:
Los resultados obtenidos en las diferentes encuestas o en la misma encuesta en diferentes países muestra una gran variablidad según el tipo de escala y método de medida de la valoración global. Así, encontramos, que en las valoraciones
realizadas mediante el EQ-VAS (autoposicionamiento en una escala termométrica) las valoraciones son considerablemente peores que si realizamos el EQ-5D index score. Dado que este último se considera más objetivo al contemplar las distintas opciones específicas elegidas por cada persona entrevistada, que el VAS, que realiza una autopercepción global de la salud sin más elementos de referencia que una mera escala similar a un termómetro. Parece que el propio autoposicionamiento dentro de la escala global muy subjetiva depende mucho de variables culturales y de una percepción y expectativas generales de calidad de vida que deben ser tenidas en cuenta antes de una comparación teórica.
Así, en los resultados de comparación de la valoración global del EQ-VAS las cifras obtenidas varían entre valores de 84 de EE.UU en 2005 y Cataluña con 71,1 en 1994. Hay que reseñar que la valoración de Asturias es muy cercana a este último valor (72,9) y a la global de España (74) y parecido a otro país mediterráneo (Grecia 75). A su vez, y dentro del mismo estudio, en un análisis transcultural se observa que los datos de España en la valoración global (VAS) suelen ser 3,5 puntos enteros inferiores a la media del resto de los países y los de Holanda, por el contrario, unos 3,5 puntos por encima de la media, lo que indicaría más que un proceso de diferentes calidades de vida un proceso de construcción cultural de la calidad de vida.
Sin embargo, esta diferencia es considerable y debe ser valorada buscando correspondencias con los valores dados por las mismas personas a las dimensiones de calidad de vida específicas. En determinados contextos regiones o países con resultados muy buenos en la proporción de personas con problemas en varias dimensiones tienen una medición global de vida mediante EQ-VAS
relativamente baja. Esta discrepancia es menor en aquellos países con una valoración global EQ-VAS cercana a la media. En esa situación está Asturias, con una valoración global mediante EQ-VAS aceptable (73) y unos resultados obtenidos de los distintos estados de salud asociados al análisis de las dimensiones considerablemente superiores (excepto para cuidados personales). También en España se da esta circunstancia. Por el contrario hay otros países en los que la valoración global EQ-VAS da resultados muy buenos mientras que el análisis dimensional arrojan resultados más pobres (EE.UU. y Reino Unido). Todo ello apoya el efecto
SEXO EDAD
HOMBRE MUJER 16-29 30-44 45-64 > 64 TOTAL
Sí 3,9 5,5 5,4 6,8 5,4 1,2 4,7
No 95,3 92,8 93,5 91,8 93,8 96,9 94,0
Ns/Nc 0,8 1,7 1,1 1,3 0,8 1,8 1,3
CVRS. Asturias, ESA-2008. Autovaloración analógica del estado de salud (VAS) según grupos quinquenales de edad y sexo.
40 50 60 70 80 90 16-19 20-24 25-29 30-34 35-39 40-44 45-49 50-54 55-59 60-64 65-69 70-74 >75 % Hombre Mujer
aún más considerable. Asturias presenta niveles medios de valoración global de calidad de vida mediante EQ-VAS pero cuando los analizamos según el criterio más objetivo del EQ-5D index score nos da resultados 20 puntos enteros superiores al análisis de la EQ-VAS. Por el contrario, en Grecia los resultados son muy parecidos entre EQ-VAS (76) que en el EQ-5D index score (80).
En resumen, la valoración de la CVRS en la población asturiana que nos suministra la ESA-08 (adultos) cuando utilizamos un criterio global de medición objetivo nos aporta resultados muy buenos con cambios en la valoración de CVRS que están asociados con la edad, el género, el nivel educativo, la situación laboral, la clase social, el tipo de hábitat en el que se reside, etc. Situación similar sucede con el análisis dimensional de la calidad de vida y en relación a las mismas variables de las que depende. Por el contrario, observamos que la propia autovaloración y autoposicionamiento de calidad de vida mediante la escala EQ-VAS suministra para Asturias datos de calidad de vida más pobres y
similares a los obtenidos en poblaciones de nuestro mismo entorno sociocultural, que contradicen a los resultados de la misma población asturiana en la medición global más objetiva y en el análisis dimensional. Por ello, creemos, en consonancia con múltiples estudios que analizan estos factores con la misma herramienta de medición, que es un problema de aproximación cultural al fenómeno salud-enfermedad.
La influencia cultural en la valoración de la conducta (la llamada intersubjetividad cultural) suele actuar de dos maneras: primero, la cultura influye en la manera de que las personas entrevistadas procesan la información y toman decisiones en el procedimiento de valoración del estado de salud, y segundo, las valoraciones sobre el estado de salud fueron provocadas en un contexto cultural específico. En esta valoración las personas entrevistadas perciben que viven en un estado de salud dado, en un medio social y cultural determinado. Entre otros factores culturales las diferentes respuestas entre países pueden ser atribuidas a la distinta percepción del estado de salud y a las diferentes valoraciones en función de los procesos de identidad con su territorio, formas de vida y resto de sociedad. Este mismo hecho ya lo hemos observado dentro de nuestra población asturiana en la forma de construir aquellas respuestas a preguntas generales que requieran una valoración ordinal (e incluso a la cuantitativa) de carácter subjetivo (valoración, opinión, etc.) en la Encuesta de Salud de 2002 y también en esta de 2008.
Las personas residentes en un ambiente sociocultural
rural presentan valoraciones muy agrupadas con regresión a la
media con una variabilidad intragrupo relativamente escasa, es decir, no suele haber valoraciones extremas y la opinión es muy homogénea con escasas propuestas de “muy bien, excelente” o “muy mal”. Por el contrario, las personas residentes en otras zonas como por ejemplo las cuencas mineras presentan, por lo general, valoraciones que independientemente de los indicadores de centramiento (aunque suelen ser más negativos…) tienen una mayor variabilidad (“o todo está muy mal o muy bien…”).
¿Como evoluciona la CVRS con la edad y el sexo?
Como ya comentamos más arriba y en los distintos informes en relación a la ESA-08 realizados hasta la fecha, uno de los predictores más importantes de la CVRS es la edad y otro, también fundamental, el sexo. Ambas variables, aparte de ser
variables de las que va a depender la calidad de vida son variables no modificables.
Observamos que en un análisis conjunto de edad y
sexo, el discurrir de la CVRS a través de la edad es relativamente
paralelo en ambos sexos hasta un momento de la vida en que debido a diversas circunstancias se modifica su patrón de evolución y las diferencias de género se hacen más patentes. Independientemente del instrumento de medición que utilicemos se observa como una constante a lo largo de la vida que los resultados de calidad de vida manifiesta son menos positivos en mujeres que en hombres, si bien esta diferencia no es significativa hasta una determinada edad. Los resultados para todas las edades en la valoración analógica EQ-VAS es de 75,2 en hombres (IC 95%: 74,2-76,2) y de 70,8 en mujeres (IC 95%: 69,9-72,0). La autovaloración de calidad de vida va siendo menor con la edad en ambos sexos. No obstante, observamos que el proceso de incremento de desigualdad de CVRS en relación al sexo comienza a partir de los 55 años acompañado de una manifiesta caída en la valoración en las mujeres. Esta situación se normaliza relativamente entre los 60-69 años de edad y de nuevo vuelve a haber una disminución brusca de CVRS a partir de los 70 años, sin embargo, en este caso ya en paralelo a la caída de valoración en hombres y manteniéndose el diferencial adquirido en los grupos quinquenales anteriores. No obstante el mayor predictor de la calidad de
vida es la edad, mucho más que el sexo. La caída en la
autovaloración desde las edades más jóvenes a los mayores de 75 años de edad es de un 33% en el caso de los hombres y de un 39% en las mujeres, partiéndose de un diferencial de género inicial del 1% a uno final en las últimas edades de la vida del 6%.
Cuando agrupamos las edades en cohortes de diez años, la tendencia en relación a la edad y sexo es la misma, si bien se observa una línea más nítida de caída apreciándose ya en el grupo de mujeres de 55-64 años de edad la gran separación en las autovaloraciones de CVRS entre hombres y mujeres.
Cuando analizamos los resultados utilizando como instrumento de medida el EQ-5D index score que tiene una supuesta mayor objetividad de base, y no la autovaloración o el autoposicionamiento tan ligado a la identidad cultural EQ-VAS, observamos que el patrón gráfico de evolución por edad y sexo es similar al del autoposicionamiento EQ-VAS, con los parámetros básicos de este pero a distinto nivel. Siempre la CVRS está por debajo en mujeres que en hombres, y ésta va cayendo en ambos sexos con la edad y a partir de los 55 años de edad se observan manifiestas desigualdades de CVRS en hombres que en mujeres,
agrandándose el diferencial con la edad hasta llegar a sus mayores niveles a las edades de 75 y más años. Así, los resultados son de una caída desde edades iniciales del 14% en hombres y superiores en mujeres, 23%, partiendo de un diferencial mínimo del 1,5% en el primer grupo etario hasta llegar al 12,6% de resultados de CVRS en personas mayores de 75 años entre mujeres y hombres.
Por tanto, sí parece observarse una ligera diferencia entre el comportamiento de la medición del EQ-VAS y EQ-5D index score entre hombres y mujeres en la valoración global de su CVRS pero es muy ligera y mantenida a lo largo de todas las edades, conservándose la totalidad de los parámetros básicos de pérdida de CVRS por edad y sexo.
4.- Autovaloración de la
percepción del estado de
felicidad
CVRS. Asturias, ESA-2008. Índice sintético de calidad de vida (Index), según grupos de edad decenales y sexo.
0,6 0,7 0,8 0,9 1,0 16-24 25-34 35-44 45-54 55-64 65-74 >75
%
Hombre Mujervisión que puede ser fugaz, y cambiar según el momento, día, situación, antecedentes, etcétera. Se ha incluido en el cuestionario como complemento al resto de indicadores que nos puede desvelar cual es la percepción concreta de cada individuo dentro del medio. Con objeto de aumentar la reproductibilidad y evitar la circunstancia concreta de cada momento, en la pregunta se
realizaba la aclaración de que deberían referirse a la autopercepción de la situación global de la felicidad, independientemente de que en el día de la entrevista se sintiese mejor o peor. Solo se ha
realizado para adultos. Los resultados globales obtenidos nos
ponen de manifiesto que una gran proporción de asturianos/as se siente muy o bastante feliz (85,8%), frente al 13,1% que opina lo contrario. Estas cifras son similares a las encontradas en la encuesta del año 2002 (ligeramente más baja la valoración buena de la felicidad).
Los hombres y las personas jóvenes se sienten más
felices que las mujeres y las personas mayores… En relación al
sexo, son los hombres quienes en mayor medida refieren que se
sienten felices (89,9% frente al 82,2% de las mujeres). En comparación con 2002, disminuye ligeramente la buena percepción de felicidad en ambos sexos. Existe una mayor proporción de mujeres que se sienten poco felices (14%) comparadas con la proporción de hombres (8%), siendo esta diferencia estadísticamente significativa.
Por edades, como también era de esperar, las personas jóvenes se sienten más felices (mucho o bastante: 96%) que las personas más mayores (74%), siendo inversa la proporción de personas poco felices: personas mayores (24%) y personas jóvenes (4%). El mayor descenso de la buena valoración de la felicidad con respecto al año 2002 se observa precisamente en las personas mayores. Las personas entre 45 y 64 años de edad relativizan más su estado de felicidad y se sitúan, sobre todo, en el apartado de bastante felices.
5. Discriminación:
La discriminación no sólo lesiona los derechos sociales, humanos y económicos, sino que también provoca menores niveles de educación, de acceso a la salud, de ingresos, pautas de uso de servicios sanitarios distintas, y algo fundamental hoy en la vida de cualquier comunidad que es el acceso al mundo, al mercado laboral, a la forma de vida y los roles que cada persona ocupa en la sociedad que le toca vivir.
En distintos estudios y encuestas se ha observado una moderada proporción de antecedentes de discriminación en las personas objeto del estudio. Los diferentes estudios manifiestan que suele haber coexistencia, en determinados ámbitos, de los actos de discriminación con actos de maltrato en forma de violencia física, psíquica y sexual en el componente de maltrato o violencia. No obstante, existen pocos estudios que se centren únicamente en la discriminación en la población general, siendo, por el contrario, habitual el realizarlos en colectivos específicos de los que se conoce que si están sometidos a discriminación, incluso en varios ámbitos, como personas con prácticas homosexuales, personas con discapacidad, y, como ámbito, más general, las mujeres.
La mayoría se centran en actos específicos moderadamente fáciles de medir y objetivar, como son los salarios, los porcentajes de ocupación en determinadas parcelas de la vida, etcétera. Sin embargo, a veces, no se atiende a la propia percepción de la persona entrevistada en cuanto a cual es su apreciación del hecho discriminativo ni a los ámbitos en que se genera ni siquiera la causa por la que la persona cree haber sufrido la discriminación visibilizada. Es tan subjetivo el fenómeno, que muchas personas que con un criterio externo son fácilmente clasificadas como persona sometidas a discriminación, no perciben por sí mismas dicho hecho.
No obstante, hay estudios que atienden a la problemática de la discriminación y refieren que, incluso, dicha situación tiene impacto sobre la salud y el bienestar de las personas si bien a una escala mucho menor que cuando hay maltrato o violencia física, que no deja de ser el grado más alto de discriminación que existe.
Por dicho motivo en la ESA-08 hemos querido incluir ambos aspectos, si bien dentro del contenido de una pregunta sincrética: ¿Ha experimentado discriminación en el último año por edad, sexo, religión, etnia, país de origen, clase social, preferencias sexuales, etc.?
Toda discriminación tiene una serie de factores habitualmente asociados. La bibliografía existente menciona los ámbitos sociales, comunitarios, relacionales e individuales.
Por todo ello, en este estudio pretendemos a partir de los datos de la ESA-08, conocer el grado de afectación del problema de la discriminación en la población asturiana, dónde, cuándo, por quién tuvo lugar la discriminación referida directamente por la persona encuestada. A su vez, pretendemos analizar esa situación en relación a los factores de riesgo más habitualmente relacionados con la discriminación e intentamos describir los resultados que sobre su percepción de la salud, su morbilidad autoreferida y pautas de conducta tiene la persona afectada por este tipo de antecedentes.
Par ello, compara en análisis cruzado y estratificado los resultados de la totalidad de la muestra de la ESA-08 con los resultados de la información de aquellas personas que manifestaron haber recibido discriminación con el objeto de conocer los factores de riesgo (FR) y el impacto sobre la salud de dicha discriminación, Se realiza también un estudio de la magnitud de la asociación de la presencia de discriminación con determinados factores o consecuencia sobre la salud, a través del cálculo de la Odds Ratio y del intervalo de confianza, calculado como el IC de Cornfield, de manera que nos permita conocer el grado de magnitud de la asociación en estimación puntual y en estimación por intervalo para un nivel de confianza del 95%.
Resultados generales:
Discriminación padecida
Pregunta: ¿Ha experimentado discriminación en el último año: por edad, sexo, religión, etnia, país de origen, clase social, preferencias sexuales, etcétera?
En el último año anterior a la entrevista de la Encuesta, un 5% de la población adulta asturiana menciona haber experimentado discriminación por cualquier motivo. Ese porcentaje es superior en mujeres (5,5% vs un 3,9% en hombres).
Hombres De 16 a 29 años De 30 a 44 años De 45 a 64 años Más de 64 años Total
Sí 4,2 5,6 3,6 1,9 3,9
No 95,1 93,9 95,9 96,5 95,3
Ns/Nc 0,7 0,6 0,6 1,6 0,8
Mujeres De 16 a 29 años De 30 a 44 años De 45 a 64 años Más de 64 años Total
Sí 6,7 8,1 7,1 0,8 5,5
No 91,7 89,8 91,8 97,2 92,8
Ns/Nc 1,5 2,1 1,1 2,0 1,7
Atendiendo al nivel de estudios, la proporción de haber percibido sufrir discriminación es menor en las personas con estudios medios en el caso de hombres, sin embargo en las mujeres es ahí donde incide la mayor percepción de discriminación. Para el conjunto de la población es mayor en las personas de estudios medios (5,2%).
Atendiendo al hábitat de residencia la proporción de haber sufrido discriminación es mucho menor en las personas que residen en el ámbito rural, siendo por el contrario mucho más alta en las personas que viven en el centro, en ambos sexos.
Causa y ámbito en el que sufrió la discriminación
Al igual que para el maltrato, un aspecto muy importante de la discriminación como toda de manifestación de exclusión es intentar conocer por qué causa y en qué ámbito se produce la misma.
Un 44% de la población discriminada menciona haberse sentido discriminada buscando trabajo. Un 25% en el lugar de
trabajo o estudios, un 7% en un lugar público, lo mismo que
en casa. Un 5% cita haberse sentido discriminada al recibir una
prestación sanitaria. Analizaremos ámbito a ámbito las distintas
características de la discriminación mencionada por las personas encuestadas.
Buscando trabajo:
Ya indicamos que un 44% de las personas menciona haberse sentido discriminada buscando trabajo. Casi la mitad de ellas se ha sentido discriminada por su etnia o país de origen, una tercera parte por cuestión de edad, un 10% por cuestión de sexo y un 3% de la población se ha sentido discriminada buscando trabajo por su orientación sexual.
La discriminación buscando trabajo por cuestión de etnia o país de origen ha afectado más a los hombres que a las mujeres, así como cuando se menciona discriminación por nivel de estudios o clase social, por religión. Por el contrario, hay una mayor proporción de mujeres que de hombres que se han sentido discriminadas por cuestión de edad y del propio género. La discriminación buscando trabajo debido a la orientación sexual ha afectado más a hombres (11,2% de los que se sintieron discriminados frente a un 3,5% de las mujeres discriminadas buscando trabajo).
Por edad, varía considerablemente la discriminación buscando trabajo según el motivo. Así, la mayor parte de discriminados por cuestión de etnia o país son personas jóvenes. En cambio, la discriminación por razón de edad sucede más frecuentemente en personas jóvenes y en personas en edades previas a la jubilación. Por su parte, las personas entre 44-64 años refieren con mayor frecuencia estar discriminadas por nivel de estudios o clase social. Mientras que las personas más discriminadas por razón de género fueron las de 30-44 años, al igual que aquellas por su orientación sexual.
En el trabajo o lugar de estudios:
En este ámbito, se han sentido discriminadas una de cada cuatro personas, la mayoría de ellas por cuestión de nivel de estudios o clase social. Les sigue en frecuencia la etnia o país de origen. Un 7% de las personas que se sintieron discriminadas en este ámbito lo fueron debido a su religión, porcentaje similar al de la discriminación por orientación sexual.
Por sexo, los hombres manifiestan en cada apartado sentirse discriminados con mayor frecuencia que las mujeres, excepto en cuestión de género y por su orientación sexual.
En relación a la edad, se han sentido más discriminadas las personas de entre 30-44 años en cuestiones como etnia o país de origen y nivel de estudios y clase social. Las personas jóvenes por de edad y de identidad sexual y las personas de entre 45-64 años debido a su sexo.
En su casa:
Un 7% de la población que fue objeto de discriminación dice que se sintió discriminada en su propio hogar. La mayoría (57%) por cuestión de sexo y, a gran distancia, por cuestión de edad.
Ningún hombre encuestado se ha sentido discriminado en su propio hogar, por el contrario, una de cada siete mujeres (14%) se ha sentido discriminada hasta en su propio hogar, lo más frecuentemente por cuestión de género.
Por edad, y dado que todas las personas que se han sentido discriminadas son mujeres, el 28% de las mujeres mayores opina que han sido discriminadas por cuestión de género. En las mujeres jóvenes la mayor discriminación en el hogar es por cuestión de etnia o país.
Al recibir asistencia sanitaria
Un 5% de la población que manifestó haber sido discriminada refiere que la sufrió al recibir asistencia sanitaria. La causa más frecuente de esta discriminación fue por cuestión de sexo (3%, son todas mujeres), por su edad (1,8%) y por su etnia o país (1%).
Ningún hombre ha manifestado haberse sentido discriminado al recibir asistencia sanitaria. Es decir, un 5% de las mujeres manifiesta haberse sentido discriminada por cuestión de género, un 3% por la edad, un 1,6% por su etnia u origen y un 1,7% por causa de enfermedad.
Por edades, se han sentido más discriminadas las personas jóvenes en todos los apartados (recordemos que son todas mujeres), excepto en por cuestión de enfermedad.
En un sitio público:
El último ámbito que se exploró fue los lugares públicos, en donde un 7% de la población refiere haberse sentido discriminada en un sitio público. La mayoría de ellas por cuestión de género o por una enfermedad. Le sigue en frecuencia la edad, la etnia o país de origen. Un 1% de la población menciona haberse sentido discriminada por su orientación sexual en un lugar público.
En relación al sexo, se han sentido más discriminados en un lugar público los hombres debido al género, la etnia o país y por su orientación sexual que las mujeres. Estas en cambio refieren más frecuentemente la edad y la enfermedad.
Por edades, las edades que presentan mayor frecuencia de esta discriminación son las de 45-64 años de edad para casi todas las causas, excepto para la edad (más frecuente en personas jóvenes) y la orientación sexual (en personas de 30-44 años de edad).
Análisis de factores de riesgo:
Sexo: el haber sufrido discriminación es un fenómeno que afecta
más a las mujeres 5,5% de ellas frente a un 3,9% de los hombres ((OR: 1,5, IC95%: 1,01-2,1)).
Edad (en grupos etarios): Por edades El haber experimentado
sexos, la mayor proporción de haber sufrido discriminación se centra en los 30-44 años de edad. En todos los tramos etarios la proporción es superior en mujeres que en hombres.
Nivel educativo alcanzado: Atendiendo al nivel de estudios la
proporción de haber sufrido discriminación es menor en los estudios medios en el caso de hombres, sin embargo es ahí donde incide la discriminación en el caso de mujeres. Para el conjunto de la población es mayor en las personas de estudios medios. Es en ese tramo etario donde las diferencias de haber sufrido discriminación son estadísticamente significativas en relación al sexo.
Hábitat de residencia: Atendiendo a esta variable la proporción
de haber sufrido discriminación es mucho menor en las personas que residen en el ámbito rural, siendo por el contrario mucho más alta en las personas que residen en el centro, en ambos sexos. No obstante, las diferencias de este hecho en relación al género se observan más en los hábitat de centro y Cuencas Mineras donde la proporción de mujeres sufriendo discriminación es considerablemente más alta que en los hombres de dicho hábitat.
Clase social: En cuanto a la referencia especifica de las personas
que sufrieron discriminación, en el caso de las mujeres de clase III / (que se asocia a una clase social de tipo intermedio) significan casi la mitad (47,9%) del total de mujeres. En cambio, son los hombres de clase social IV aquellos que sufrieron más la discriminación (50%). Las personas que menos actos de discriminación han sufrido son las de clase social I (la más elevada) tanto en hombres como en mujeres.
País de origen:el 26% de la población total con antecedentes de discriminación ha nacido fuera de España. Esta proporción es más de cinco veces más alta de la obtenida en la totalidad de la muestra. La proporción de personas de origen extranjero con antecedentes de discriminación en relación al número de personas extranjeras es del 21%. Esta proporción es mayor en hombres (23%) que en mujeres (20%). Es decir, son los hombres de origen extranjero los que más sufren de episodios de discriminación, con cifras superiores a todos los españoles e, incluso, a las mujeres de origen extranjero. No obstante, hay un mayor porcentaje de mujeres originarias de países de Iberoamérica que manifiestan haber sufrido discriminación en el año inmediatamente anterior un 28% (la ESA-08 no permite identificar si la discriminación se sufrió en España o en el país de origen) por un 23% de los hombres procedentes de Iberoamérica.
Análisis de resultados de salud:
Autovaloración de la percepción del estado de salud: En las
personas con antecedentes de discriminación disminuye considerablemente la buena percepción del estado de salud, en ambos sexos, si bien en el caso de mujeres, de nuevo, el impacto sobre el estado de salud es bastante mayor. Un 35% de las mujeres con antecedentes de discriminación consideran su salud regular o mala por solo un 27% del total de mujeres (OR: 1,5, IC95%:1,02-2,3). Es decir, las mujeres con antecedentes de discriminación tienen un mayor riesgo de considerar su salud regular o mala.
Autovaloración de la percepción del estado de felicidad: de
nuevo, las personas con antecedentes de discriminación tienen una percepción más negativa del estado de felicidad que el resto de personas. La situación se acentúa en las mujeres: un 30% de ellas con antecedentes de discriminación manifiestan ser poco o nada felices (solo un 18% de la totalidad de las mujeres se sienten así) (OR: 2,1, IC95%: 1,4-3,2). Es decir las mujeres con antecedentes de discriminación, al menos, tienen un 40% de mayor riesgo de tener una percepción de ser poco o nada felices.
Hacer menos cosas de las queridas a causa de la salud física o mental: así como los antecedentes de discriminación
limitan la realización de actividades en relación a problemas de salud física (aproximadamente un 10% de ellas) , la presencia de problemas de salud emocional limitan considerablemente la
realización de actividades especialmente en mujeres: se incrementa generalmente la proporción en personas con antecedentes de discriminación que no realizan actividades en el trabajo, en las actividades cotidianas, y sobre todo, en el tiempo libre y en las relaciones sociales debido a problemas emocionales. No obstante, esta asociación no es estadísticamente significativa.
Calidad de vida relacionada con la salud: Para valorar la
calidad de vida relacionada con la salud hemos elegido para esta Encuesta de Salud, la escala del EuroQol 5D, que es un instrumento génerico usado para caracterizar el estado de salud de un grupo o población. Este instrumento consiste en una sección autoadministrada sobre 5 apartados: movilidad, cuidado personal, actividades cotidianas, dolor/malestar y ansiedad/depresión y una escala visual análoga sobre estado de salud.
Así como cuando la valoración de la calidad de vida siempre es inferior en mujeres que en hombres y sobre todo a medida que aumentamos la edad, en el caso de las mujeres con antecedentes de episodios de discriminación el impacto es mucho mayor en relación a su percepción de calidad de vida, sea con un indicador sintético o sea con análisis parciales. El mayor impacto, se centra, de nuevo, en las variables emocionales y mentales: la ansiedad y depresión así como la presencia de dolor y malestar se duplican en estas mujeres respecto al total de mujeres.
En el caso del índice sintético EQ-5D index, la situación se manifiesta con un descenso muy acusado del nivel de salud en personas con antecedente de episodios de discriminación respecto a las que no lo refieren, pero la caída es muy grande en el caso de las mujeres, particularmente a partir de los 45 años de edad. No obstante, en este epígrafe la diferencia entre mujeres con discriminación o sin ella no es tan intensa como entre las mujeres que refieren antecedentes de maltrato o violencia.
Valoración de la vida sexual: En personas con antecedentes de
discriminación disminuye considerablemente la autovaloración de la vida sexual en ambos sexos, si bien en este caso el impacto es mayor en hombres que en mujeres. Un 19% de los hombres con antecedentes de discriminación consideran su vida sexual poco o muy poco satisfactoria por un 12% de mujeres. En el caso de las mujeres con antecedentes de discriminación, tienen, en estimación puntual, un riesgo de valorar su vida sexual como poco o muy poco satisfactoria un 50% mayor que las mujeres sin estos antecedentes. No obstante, esta asociación no es estadísticamente significativa.
Morbilidad crónica: En ambos sexos las personas con
discriminación incrementan su percepción de padecer o haber padecido algunas enfermedades crónicas pero, únicamente cuando controlamos la variable edad (variable que está más directamente asociada a la morbilidad crónica). Se observa que los incrementos de morbilidad asociados a una experiencia previa de actos de discriminación son ligeramente más altos en mujeres que en hombres.
Una vez tenido en cuenta el efecto de la edad sobre la morbilidad crónica, se observan incrementos en la proporción de mujeres con antecedentes de discriminación respecto al conjunto de mujeres en el caso de morbilidad por: el dolor de espalda cervical crónico (OR: 1,6, IC95%: 1,04-2,4), dolor de espalda lumbar crónico (OR: 1,7, IC95%: 1,1-2,6), asma bronquial (OR: 2,7, IC95%: 1,6-4,8), bronquitis crónica (OR: 2,6, IC95%: 1,3-5,5) y ansiedad (OR: 1,7, IC95%: 1,1-2,8).
Por el contrario en las mujeres con antecedentes de discriminación se observa una menor frecuencia (con respecto al resto de mujeres) de hipertensión arterial (OR: 0,4, IC95%: 0,3-0,8), artrosis o artritis (OR: 0,5, IC95%: 0,3-0,9), y otras enfermedades del corazón (OR: 0,3, IC95%: 0,1-0,9).
Para el resto de patologías, la asociación entre la experiencia previa de actos de discriminación con ellas, si la hay y sea positiva o negativa, no es estadísticamente significativa.
Accidentalidad: En antecedentes de discriminación se incrementa