Numerosos factores, lingüísticos sobre todo, pero también históricos, sociales, etc., hacen que cada idioma haya evolucionado de manera distinta.

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EL ORIGEN DE LA LENGUA CASTELLANA EL ORIGEN DE LA LENGUA CASTELLANA EL ORIGEN DE LA LENGUA CASTELLANA EL ORIGEN DE LA LENGUA CASTELLANA

1. ¿Cómo surge el castellano?

La lengua que utilizamos en la actualidad no responde a los mismos rasgos que tenía en sus orígenes. Ninguna de las lenguas que se utilizan actualmente en la Península Ibérica es igual a aquellas que se hablaban en el momento en que comenzaron a formarse.

Numerosos factores, lingüísticos sobre todo, pero también históricos, sociales, etc., hacen que cada idioma haya evolucionado de manera distinta.

El hecho de que diferentes pueblos hayan ocupado la Península Ibérica a lo largo de nuestra historia explica que nuestra lengua, como veremos más adelante, esté plagada de palabras cuyo origen no es el latín, lengua de la que procede la inmensa mayoría de nuestro léxico.

La Península Ibérica, a causa de su situación geográfica, se convirtió históricamente en lugar de paso obligado entre Europa y el norte de África, lo que hizo de ella espacio de contacto entre culturas distintas: pueblos del norte de África, celtas, fenicios, griegos, romanos, visigodos, etc.

Como consecuencia de estos hechos, la diversidad lingüística del territorio peninsular es una de las características más destacadas en el proceso anterior a la formación de la lengua castellana.

2. El sustrato prerromano

Antes de que los romanos llegaran a la Península Ibérica, en ella habitaban numerosos pueblos.

Los más importantes fueron:

 Los iberos, cazadores y pacíficos, fueron quizá los primeros pobladores llegados a la Península desde el norte de África. Se asentaron en el este y sur del territorio. De ellos conservamos textos redactados en su lengua, pero aún no han sido

interpretados.

 Los celtas, procedentes del sur de la actual Alemania, ocuparon Galicia, Extremadura y las zonas del centro de la Península.

 Los vascones, situados en el Pirineo Oriental, ocupaban un territorio más extenso que el del actual País Vasco. Todavía hoy se desconoce su lugar de procedencia.

 Los tartessos, cuyo origen también

desconocemos, se instalaron en la Baja Andalucía. Se dedicaban principalmente al comercio marítimo y a la explotación minera.

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 Los fenicios fundaron algunas colonias en la costa mediterránea. Procedían de Siria y el Líbano (Mediterráneo Oriental).

 Los griegos, grandes navegantes, también fundaron importantes colonias mercantiles en la costa mediterránea.

 Los cartaginenses, procedentes del norte de África, fueron los continuadores del imperio comercial de los fenicios y los griegos.

De la lengua de estos pueblos prerromanos quedaron restos en la lengua latina y después en las lenguas peninsulares derivadas de ella.

Se llama sustrato a los restos lingüísticos que una lengua desaparecida deja en otra.

El ejemplo más evidente de la presencia de los pueblos antes mencionados lo tenemos en los topónimos, es decir, en los nombres que designan lugares geográficos. Por ejemplo, el nombre de la colonia fenicia Gadir, origen de Cádiz, significaba en fenicio “recinto amurallado”; Emporion, que en griego significa “mercado”, dio lugar a Ampurias, ciudad grecorromana de la costa de Gerona, etc.

3. La romanización

Se denomina romanización al proceso de adaptación a las costumbres y modos de vida de los invasores por parte de los pueblos conquistados por Roma.

En la Península Ibérica, el cambio de costumbres que siguió a la conquista romana afectó a todos los órdenes de la vida: economía, administración, costumbres, etc. Y también a la lengua. Roma impuso el latín prácticamente en todo el territorio peninsular, facilitando así el proceso de la romanización.

La romanización de Hispania fue mucho más intensa que la de otros territorios conquistados por los romanos, especialmente en lo que se refiere a la adquisición de la lengua latina.

Los romanos en la Península hablaban el llamado latín vulgar, una variedad de la lengua de Roma hablada en familia y por las clases populares.

Hasta tal punto fue intenso el proceso de romanización de la Península, que no sólo algunos de los más célebres filósofos y escritores latinos fueron hispanos (el cordobés SÉNECA, el bilbilitano MARCIAL, el calagurritano QUINTILIANO…), sino que incluso también lo fueron algunos de sus emperadores, como Trajano y Adriano, oriundos de la Itálica (Sevilla), y Teodosio, nacido en Cauca (Segovia).

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El latín fue la primera lengua que unificó el territorio peninsular. De ella nació el castellano y el resto de lenguas que denominamos romances o románicas. Lenguas romances o románicas son las que derivan del latín.

Las lenguas se clasifican en grupos atendiendo a un origen común, y forman las llamadas familias lingüísticas. El castellano pertenece a la familia de las lenguas romances o románicas, junto con el gallego, el portugués, el catalán, el francés, el provenzal, el italiano, el sardo (que se habla en Cerdeña) y el rumano.

4. Las invasiones de los pueblos bárbaros

La situación de unidad lingüística peninsular duró poco. A partir del siglo V, VI y VII se producen nuevas incursiones en nuestro territorio: las de los pueblos bárbaros, de origen germánico.

Las primeras invasiones fueron de suevos, vándalos y alanos. Los primeros se establecieron en el nordeste peninsular y crearon un reino que duró hasta bien entrado el siglo VI. Los vándalos, tras un breve dominio sobre el sur y sureste de la Península, cruzaron el Estrecho y se establecieron en el norte de África. Los alanos ocuparon la parte centrooccidental, pero su presencia fue efímera.

Poco después de la llegada de estos pueblos se presentaron los visigodos, aliados de los romanos, para expulsar a los invasores. Pero se quedaron en Hispania y crearon el reino visigodo, con capital en Toledo.

La influencia de estos pueblos sobre nuestra lengua no fue excesivamente abundante. Se reduce a algunos topónimos, antropónimos como Alfonso, Ramón, Álvaro, y palabras de uso común: espuela, rueca, guerra, etc.

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5. La invasión musulmana

En el año 711 hay una nueva invasión de la Península. Se trata de pueblos árabes, que llegaron a ocupar la totalidad del territorio, excepto pequeñas zonas del norte peninsular. Éstas se convirtieron en el núcleo de resistencia cristiana desde el que comenzó la recuperación de los territorios ocupados por los árabes.

Con la invasión de los pueblos árabes, la Península Ibérica queda fragmentada en dos grandes zonas, una al norte y otra al sur. Estas dos zonas se van modificando a medida que, como consecuencia de la reconquista, los cristianos van recuperando territorios ocupados por árabes.

La zona sur de la Península queda totalmente reconquistada por los cristianos con la toma de Granada, en 1492. Antes de ello, esta zona concentró una población cristiana dentro del mundo árabe:

los mozárabes. En la lengua de los mozárabes se escriben los primeros textos que conservamos de la lírica española: las jarchas.

La influencia de los árabes es muy evidente incluso en nuestra lengua actual. La mayor influencia se dio en el léxico, principalmente relacionadas con los oficios en los que los árabes eran expertos. Como ejemplo os damos una serie de campos léxicos en que abundan los arabismos:

 Agricultura y botánica: acequia, noria, aceituna, azahar, alhelí, adelfa…

 Vivienda, vestido y adorno: alcoba, azotea, azulejo, alacena, alfombra, almohada, ajuar, albornoz, babucha…

 Administración, comercio e industria: alcalde, alguacil, aldea, barrio, almacén, alcohol, albañil, alfarero…

 Militar: alférez, jeque, tambor, alcazaba, rehén, jinete…

 Matemáticas: cifra, guarismo, álgebra…

 Topónimos: Alcalá, Algeciras, Alcántara, Guadalquivir, Guadarrama, Guadalajara…

6. El nacimiento de las lenguas romances peninsulares

Durante la Reconquista, la Península quedó fragmentada en varios reinos. Y en ellos fueron surgiendo diferentes dialectos del primitivo latín, cada vez más distantes entre sí:

• El gallego-portugués, en la zona más occidental.

• El astur-leonés, al este del gallego-portugués.

• El navarro-aragonés y el catalán, en la zona oriental.

• El castellano, en la zona central, entre el astur-leonés, el vasco y el navarro-aragonés.

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Este hecho explica, en buena medida, la actual situación lingüística de España.

El castellano, como lengua, comenzó a extenderse hacia el sur desde el norte peninsular en un proceso que iba a durar varios siglos.

Cronológicamente podemos señalar tres etapas en el proceso de evolución de nuestra lengua:

o Del siglo X al siglo XV: castellano antiguo

o Del siglo XVI al XVII: castellano moderno

o Del siglo XVIII a nuestros días: castellano actual

7. Formación de la lengua castellana: Del siglo X al siglo XV

Es el período medieval en el que se emplea lo que hoy conocemos como castellano antiguo. Durante esta etapa, el castellano convive con el astur-leonés al oeste, el navarroaragonés al este y el mozárabe (la lengua que hablaban los cristianos de los territorios árabes no reconquistados) al sur.

Estas tres lenguas fueron cediendo espacio debido a la fuerza con la que se desarrolló el castellano. Las dos primeras pasaron a convertirse en dialectos históricos del español, y el mozárabe, con el empuje de la Reconquista, acabó por desaparecer.

Por su carácter innovador, el castellano fue la lengua que, entre todas las existentes en la Península, más llegó a diferenciarse del latín.

Gracias a ALFONSO X EL SABIO, en el siglo XIII el castellano consigue su condición de lengua oficial de Castilla y León. Este monarca ordenó componer en romance castellano las leyes, así como las obras de historia y astronomía.

Con ALFONSO X se produce la primera fijación del idioma castellano, al convertirlo en una lengua escrita válida para la expresión de cualquier contenido. El rey Sabio es, además, principal impulsor de la prosa medieval castellana.

Toledo (conquistada en 1058) tenía un glorioso pasado cultural, debido a la labor de su segundo arzobispado medieval, el gascón Raimundo, que lo fue de 1125 a 1152, creador de lo que ha sido llamada “la escuela de traductores de Toledo”, en la que se reunieron hombres

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eruditos cristianos, árabes y judíos con la finalidad primordial de verter al latín libros orientales y clásicos, que supusieron importantísimas aportaciones a la ciencia y a la cultura en general.

Acudieron a Toledo sabios de toda España y de Italia, que trabajaron en estrecha colaboración pese a profesar credos religiosos distintos; y emprendieron traducciones a la lengua latina de obras originariamente escritas en griego que ya mucho antes habían sido traducidas al árabe.

Parece que en algunos se recurrió al procedimiento de verter los manuscritos en árabe a unos borradores en castellano (irremisiblemente perdidos), que servían de base para la versión definitiva latina.

Se sabe que uno de los protegidos del arzobispo Raimundo, Juan de Sevilla, traducía del árabe al castellano, y que el arcediano de Segovia Domingo González (muerto hacia 1181) retraducía el mismo texto al latín.

Durante este período, nuestra lengua mantenía fonemas desaparecidos en la actualidad. Las letras que los representaban también han desaparecido o han cambiado su valor.

Así sucede, por ejemplo, con ç, que sonaba como /ts/ (plaça -hoy plaza-) o con z, que sonaba como /ds/

(fazer -hoy hacer).

En los siglos XIV y XV se produce la consolidación definitiva del castellano, pues a la labor comenzada por ALFONSO X hay que añadir distintos hechos históricos facilitan la consolidación del castellano como lengua nacional: la conquista del reino de Granada, último reducto de la presencia árabe en la Península, la incorporación de Canarias a la Corona española y el comienzo de la expansión de nuestra lengua por el Nuevo Mundo.

Además de estos hechos históricos, hay otro de carácter estrictamente lingüístico que supondrá la llegada a su madurez de la lengua española. Nos referimos a la publicación de la primera gramática en una lengua romanceen 1492, la Gramática castellana, obra del sevillano ELIO ANTONIO DE NEBRIJA.

Con la Gramática de NEBRIJA, nuestra lengua se convierte en instrumento para la expresión del pensamiento científico, filosófico y literario. Alcanza así su consolidación en los siglos XVI y XVII, momento de máximo esplendor, especialmente en lo que a lo literario se refiere.

8. Formación de la lengua castellana: Del siglo XVI al siglo XVII

Recuerda que el período comprendido entre los siglos XV y XVII se conoce como Siglos de Oro.

Observa los lugares en los que, según el autor, se habla la lengua castellana en su época.

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La lengua castellana se habla no solamente en Castilla, pero en el reino de Aragón, en el de Murcia con toda el Andalucía y en Galicia, Asturias y Navarra, y esto aún entre la gente vulgar, porque entre la gente noble tanto bien se habla en el resto de España, cada provincia tiene sus vocablos propios y unas propias maneras de decir, y el andaluz tiene otros y otras, y el navarro otros y otras, y aun hay otros y otras en Tierra de Campos, que llaman Castilla la Vieja, y otros y otras en el reino de Toledo, de manera que, como digo, nunca acabaríamos.

JUAN DE VALDÉS, Diálogo de la lengua, 1535

A partir del siglo XVI puede hablarse de español moderno. Los siglos XVI y XVII constituyen uno de los períodos de más brillantez para la literatura española: la época de Oro de nuestras letras.

Frente a la etapa anterior, en que el sistema consonántico presentaba vacilaciones en los sonidos y en sus grafías, en ésta se producirá un ajuste completo, que al final dará lugar a textos escritos con una escritura en poco diferente a la de nuestros días.

El interés por los estudios lingüísticos también es destacable en esta etapa, como lo revelan varias obras del momento: el Diálogo de la lengua (1535), de Juan de VALDÉS, el Tesoro de la lengua castellana o española (1611), de Sebastián DE COVARRUBIAS y el Arte grande de la lengua española castellana (1625), de Gonzalo DE CORREAS.

9. Formación de la lengua castellana: Del siglo XVIII a nuestros días

En este período, el español se consolida definitivamente. El interés por nuestra lengua, que empieza con la labor de ALFONSO X, culmina en el siglo XVIII con la creación de la Real Academia Española, fundada en el año 1713 bajo los auspicios de Felipe V.

Gracias a la labor de la Academia comienza un proceso de estabilización lingüística que se concreta en la publicación, a lo largo del siglo XVIII, de una serie de obras destinadas a fijar la lengua castellana: el Diccionario de Autoridades, publicado en seis volúmenes entre los años 1726 y 1739; la Ortografía, del año 1741, y la Gramática, del año 1711. El Diccionario de Autoridades, publicado por la Real Academia Española, se denominó así porque cada definición venía ilustrada por un texto - la autoridad- de un escritor clásico en el que se apreciaba el uso práctico de la palabra definida.

Desde su fundación, la Academia intenta “limpiar” nuestra lengua de todas las palabras y expresiones que se consideran incorrectas o superfluas. En la actualidad, el lema de la Real Academia sigue siendo el mismo: “Limpia, fija y da esplendor”.

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Real Academia Española

Biblioteca

de la Real Academia de la Lengua

Diccionario

de la Real Academia de la Lengua

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