Mujeres trabajadoras en la castilla del final de la edad media
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(3) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. RESUMEN: Desde las grandes comerciantes hasta las pequeñas vendedoras de las villas, pasando por criadas, sanitarias, pescaderas, carniceras, panaderas... En este trabajo analizaremos el trabajo femenino en la Castilla bajomedieval, especialmente el que se desarrolla en el espacio público. De este modo se estudiará la presencia de las mujeres en la gran mayoría de sectores y oficios, tanto dentro como fuera del hogar, y su importante aportación a las actividades económicas del entorno. PALABRAS CLAVES: Edad Media, mujer, trabajo, concejo, sociedad, Castilla. ABSTRACT: From the great female merchants to the small local vendors, through maids, health workers, fishmongers, butchers, bakers... In this paper, we are going to analyse the female employment situation in late medieval Castile, especially that which takes place in public areas. In this way, the presence of women in the large part of sectors and occupations, both inside and outside the home, and their important contribution to the economic activities of the surrounding area will be confirmed. KEYWORDS: Middle Age, woman, work, council, society, Castile. 3.
(4) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. 4.
(5) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. AGRADECIMIENTOS Al finalizar este trabajo y echando la vista atrás, soy consciente de que han sido muchas las personas que me han ayudado en estos últimos meses. A todas ellas, gracias. En primer lugar, quiero dar las gracias a mi tutora, Isabel del Val Valdivieso, por guiarme y aconsejarme todo este tiempo, pero sobre todo por darme tranquilidad cuando más la necesitaba. En segundo lugar, quisiera agradecer su labor a todos los profesores de la Facultad de Filosofía y Letras, quienes a lo largo de estos años de estudio han convertido este lugar en mi segunda casa. Así mismo, quiero dar las gracias a mi madre por ser mi pilar constante. Y a mi padre, estés donde estés, espero que sonrías orgulloso. Gracias a ambos por apoyarme en la decisión que cambiaría mi vida. Por último, a mis amigos, los de siempre y los que llegan para quedarse. Gracias por creer en mí y animarme cuando más falta me hacía.. 5.
(6) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. . 6.
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(8) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. El Aqua Tower es uno de los edificios más emblemáticos de Chicago. Además de la belleza arquitectónica que representa para su ciudad, se trata del rascacielos más alto del mundo creado por una mujer, la arquitecta Jeanne Gang. Ochenta y seis pisos que se sostienen en pie gracias a la mezcla de hormigón, piedra caliza y varios cientos de materiales más. Esta sabia conjunción de engranajes fue necesaria también para que la sociedad bajomedieval pudiera funcionar, y al igual que la construcción de Jeanne Gang no sería nada sin unos buenos cimientos. Bien podríamos equiparar esos al papel femenino jugado en el medievo, puntal para su sostenimiento, pero sin la visibilidad e importancia que merecen1. En 1895 E. Dixon publicaba un artículo sobre los oficios femeninos en el Livre des Métiers, dicha obra se convertiría en la primera publicación sobre el trabajo femenino en la Edad Media. Desde entonces, el tema, lejos de olvidarse, ha logrado mantener la atención de los historiadores que han desarrollado investigaciones en torno a las opciones de trabajo al alcance de las mujeres y su importancia dentro del proceso de producción2. Investigar su labor económica supone saldar una deuda histórica con la mitad femenina de la población, insertándola como un elemento más de la sociedad, donde su presencia está más que justificada. Para comprobar su importancia, basta observar las diferentes menciones que la ley dedica a la mujer al hacer referencia a cuestiones como sus derechos u obligaciones. No obstante, aunque los propósitos iniciales siempre son optimistas, la realidad es bien distinta, y encontrar testimonios de la actuación femenina en la Baja Edad Media es tarea ardua, pues parecen estar siempre ocultas. Pero varias décadas de intenso trabajo historiográfico ha logrado visibilizar a las mujeres cada vez en un mayor número de campos. La apertura historiográfica que tuvo lugar a finales de los años setenta del siglo pasado sirvió para comenzar a estudiar temas que hasta entonces parecían prohibidos u olvidados. Además, gracias a los cambios sociales y políticos, la Historia intentó avanzar por caminos hasta entonces no. 1. Para citar seguiré las normas de la revista Edad Media. Revista de Historia, publicada por la Universidad de Valladolid 2 Fuente Pérez, Jesús, “Mujer, trabajo y familia en las ciudades castellanas de la baja Edad Media”, En la España Medieval, 1997, nº20, p. 179.. 8.
(9) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. considerados. Dicha apertura se produjo en gran medida por la innovación que en esos momentos tenía lugar en todos los saberes. Buscando nuevas fuentes de conocimiento, poco a poco se fue imponiendo la necesidad de estudiar una parte de la Historia, la que habían protagonizado las mujeres3. Tras la publicación del trabajo de E. Dixon, la investigación sobre el trabajo llevado a cabo por las mujeres en el medievo mantuvo el interés de los estudiosos ingleses y alemanes. No obstante, sería la historiografía americana la que más contribuyó a iluminar esta parte de la Historia. En Europa, buena parte de la bibliografía referida al trabajo femenino en los núcleos urbanos medievales ha sido dedicada a las zonas italianas, alemanas, francesas o de los Países Bajos. Sin duda, esto se debería en primer lugar a que la información disponible era mucho mayor allí y también al tamaño y protagonismo de las propias ciudades4. El interés por estos estudios tardó un poco más en llegar al ámbito hispánico. Sin embargo, los avances realizados por la Historia de Mujeres desde los últimos años del siglo XX, han justificado la necesidad de un nuevo enfoque metodológico que supla las carencias de la historiografía tradicional. Dichos esfuerzos, han sido algo más lentos y tardíos que en otros países5. Además, han llamado más la atención a las historiadoras que a sus compañeros masculinos. Desde el campo del pensamiento se dieron los primeros pasos en nuestro país. Un camino que continuarían la Sociología y la Economía, de forma simultánea a la Historia. El objetivo de estas primeras investigaciones era tratar de reconstruir el pasado en aspectos hasta entonces poco conocidos, pues si bien es cierto que contaban con estudios sobre mujeres excepcionales en la Historia, incluso de ellas se conocían pocos detalles. Sería esta una de las causas que hiciera que el desarrollo de esta ciencia fuera superior al resto6. Podríamos tomar como referencia de inicio de la Historia de las mujeres en España el Seminario de Estudios de la Mujer organizado por la Universidad Autónoma de Madrid en. 3. Segura Graíño, Cristina, “Los trabajos de las mujeres en la edad media. Una reflexión tras treinta años de historia de las mujeres”, en Solórzano Telechea, Ángel; Arizaga Bolumburu, Beatriz; Aguilar Andrade, Amélia (coord.), Ser mujer en la ciudad medieval europea, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 2013, p. 172. 4 Fuente Pérez, Mª Jesús, “Mujer, trabajo y familia en las ciudades castellanas de la baja Edad Media”, p. 180 5 Ibíd., p. 181 6 Segura Graíño, Cristina, “Veinticinco años de historia de las mujeres en España”, Memoria y civilización: anuario de historia, 2006, nº9, p. 86. 9.
(10) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. 1981, impulsado por el Instituto de Estudios de la Mujer de dicha Universidad7. Allí se reunieron las mayores especialistas del tema, no solo para compartir el punto en el que estaban sus investigaciones, sino para plantear unos objetivos de futuro que irían comprobando cada año, estableciendo así reuniones anuales8. De esta primera Jornada saldría una publicación en la que se aglutinaban diversas temáticas, pero todas tenían un tema común: el marco jurídico que limitaba el ámbito en el que podían moverse las actuaciones de la mujer. Para el segundo encuentro, los estudios centrados en la Edad Media se dedicarían sobre todo al análisis de los Fueros Hispánicos, siguiendo con la línea planteada al principio, analizando cómo se controlaba, al menos teóricamente, la actuación de la mujer en la sociedad9. De forma paralela a estas iniciativas, otras Universidades, como la de Barcelona, lanzaron propuestas similares. Así mismo, se crearon nuevos Institutos Universitarios, de entre los que destacaría en la Universidad Complutense de Madrid, por incluir en su denominación el término “feminista”, dejando claro su pensamiento10. Toda esta labor investigadora culminó con la creación en 1991 de la Asociación Española de Investigación en Historia de las Mujeres (AEHIM). Dicha asociación proponía la interrelación entre los diversos centros de investigación de Historia de Mujeres para, de este modo, conseguir potenciar los estudios y proyectarlos a nivel internacional11. En definitiva, se trataba de buscar el espacio que la mujer ha ocupado y ocupa en la sociedad y mostrarlo al mundo. Paralelamente a estos avances comenzaron a surgir las primeras críticas. Las corrientes más tradicionales veían innecesaria una Historia de Mujeres, pues para ellos, la historia relevante ya estaba escrita y en ella se recogían los hechos sin importar si eran hombres o mujeres quienes los protagonizaban. Por otra parte, había quien consideraba que, estudiando a las mujeres, sólo se tenía una Historia parcial e incompleta.. 7. Esto no quiere decir que no existieran trabajos previos, pues ya en los años setenta del siglo XX se realizaron en España los primeros trabajos sobre Historia de Mujeres. Sin embargo, éstos no valoraban las actuaciones de las mujeres por el hecho de serlo, sino más bien por su lugar privilegiado en la sociedad. 8 Segura Graíño, Cristina, “Veinticinco años de historia de las mujeres en España”, p. 87 9 Ibíd., p. 89 10 Segura Graíño, Cristina, “Historia de las mujeres en la Edad Media”, Medievalismo: Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales, 2008, nº18, p. 250 11 Asociación Española de Investigación en Historia de Mujeres, disponible en http://aeihm.org, consultada el 12 de mayo de 2018.. 10.
(11) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. Frente a estas opiniones, fue necesario crear una argumentación válida que evidenciara el valor de las mujeres como sujeto histórico, demostrando que incluirlas en el análisis del pasado aportaba una nueva perspectiva. Además, se incluía un mensaje alentador, pues la Historia más tradicional había obviado el papel de las mujeres, de lo que indirectamente podía deducirse que no habían contribuido al avance de la sociedad, cuando la realidad era bien distinta12. Todo esto sin pretender subvertir el orden patriarcal, pues como dice Rivera Garretas, lo que sostiene esa historiografía es que ser mujer es un más y ser hombre es un más13. El objetivo es analizar y dar la relevancia que merece la realidad social de las mujeres en la Historia. Volviendo a los primeros estudios y a los seminarios en los cuales se analizaba la normativa jurídica y las ordenanzas municipales, la conclusión a la que se llegó evidenciaba la subordinación de la mujer al hombre, independientemente del grupo social al que perteneciera. Esto se traducía en un cierto apartamiento de la esfera pública debido, al menos en parte, a la actitud de la Iglesia bajomedieval. La mujer era presentada como un ser inferior, débil, en permanente minoría de edad14. Hay que decir que la historiografía al principio las veía como relegadas al hogar, pero también trabajan fuera. Considerar el núcleo familiar en el que está inserta la mujer es fundamental para poder comprender su actuación, pues la sociedad tardomedieval está determinada por el grupo al que se pertenece y la posición que ocupa en el mismo. No obstante, según nuestro actual estado de conocimientos sobre el tema, lo que parece ser común en todos los casos es la situación de inferioridad de la mujer respecto al varón de su grupo. Sería la primacía del hombre y su engrandecimiento lo que buscaría la sociedad, por ello, la mujer serviría de sostén fundamental para mantener la situación15.. 12. Segura Graíño, Cristina, “Veinticinco años de historia de las mujeres en España”, p. 94 Rivera Garretas, Mª Milagros, “La categoría “marginación” ¿oculta historia de las mujeres?”, en Val Valdivieso, Mª Isabel del; Martínez Sopena, Pascual (coord.), Castilla y el mundo feudal: homenaje al profesor Julio Valdeón, Valladolid, Servicio de Publicaciones de la Junta de Castilla y León: Universidad de Valladolid, 2009, p. 70 14 Val Valdivieso, Mª Isabel del, “El mal, el demonio, la mujer (en la Castilla Bajomedieval)”, en Santo Tomás Pérez, Magdalena; Val Valdivieso, Mª Isabel del; de la Rosa Cubo, Cristina; Dueñas Cepeda, Jesús (coord.), Vivir siendo mujer a través de la historia, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2005, p. 18. 15 Val Valdivieso, Mª Isabel del, “Las mujeres en el contexto de la familia bajomedieval”, en Trillo San José, Mª Carmen, Mujeres, familia y linaje en la Edad Media, Granada, Universidad de Granada, 2004, p. 105 13. 11.
(12) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. Pero las mujeres también tienen su espacio fuera del hogar. La percepción que tenemos sobre el trabajo artesano en los finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna ha variado mucho en los últimos años. Dos son los problemas que la historiografía europea ha encontrado sobre el trabajo femenino en este tránsito de siglos: por un lado, comprender los cambios en la división sexual del trabajo que tuvieron lugar en los siglos finales de la Edad Media y, por otro, analizar si esos cambios llevaron aparejados una marginación del trabajo de la mujer. La conclusión a la que se ha llegado es que, en estos siglos, la mujer no estuvo limitada a la economía familiar, pues esta estaba íntimamente unida a la dinámica de mercado, por tanto, no se puede entender su desarrollo sin la mano de obra femenina16. Los últimos años han demostrado la necesidad de nuevos enfoques metodológicos a la hora de trabajar sobre la Historia de Mujeres. Gracias a los muchos avances que se han logrado, se han obtenido importantes aportaciones al conocimiento del trabajo de las mujeres en la Edad Media. Toda esta bibliografía ha ido construyendo una serie de categorías sobre las actividades de las mujeres, oficios acostumbrados y limitaciones a la hora de ejercerlos. Casi todas las publicaciones coinciden en señalar la dependencia del marido a la hora de llevar el negocio, y que solo la viudez permitía a la mujer controlar su propio patrimonio, e incluso entonces, no siempre tenían completa libertad para obrar17. Sin embargo, una de las primeras cuestiones que percibieron quienes se adentraban en su estudio, fue que, aunque la mujer aparecía en los documentos ejerciendo diferentes ocupaciones, lo hacía en menor medida que los hombres. Por tanto, habría que poner su papel laboral en relación con otras categorías de la sociedad medieval, como su situación jurídica o las necesidades económicas18. Este último aspecto es muy interesante, pues es evidente que las mujeres de las ciudades más ricas tendrían una posibilidad de oferta laboral mucho más amplia que aquellas en las que el trabajo era escaso y se cubría con la mano de obra masculina. Otros autores, han valorado las consecuencias de la Peste Negra en el papel socioeconómico de la mujer; de sus. 16. López Barahona, Victoria; Nieto Sánchez, José Antolín, “Artesanas europeas, castellanas y madrileñas en los siglos XIV al XVI”, en Segura Graíño, Cristina (coord.), Los espacios femeninos en el Madrid medieval, Madrid, Almudayna, 2015, p. 85 17 Martín Romera, Mª Ángeles, “Mujeres de mercaderes, “mujeres mercaderes”. Testimonios de iniciativas femeninas en el ámbito comercial a finales del siglo XV”, En la España medieval, 2009, nº32, p. 274. 18 Fuente Pérez, Jesús, “Mujer, trabajo y familia en las ciudades castellanas de la baja Edad Media”, p. 180. 12.
(13) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. investigaciones, se extrae que, con los cambios producidos por la catástrofe, los hombres acapararon un mayor número de trabajos y las mujeres vieron de nuevo desplazado su papel19. En el año 2003, se celebraba en Valladolid el XI Coloquio Internacional de la Asociación de Investigación sobre Historia de Mujeres. En ese momento, la investigadora Cristina Borderías, afirmaba que el análisis del trabajo de las mujeres era un tema estancado, en el que no se ha avanzado más porque parece “pasado de moda”. Sin embargo, esto es un error, pues el tema sigue estando de completa actualidad, pues lo que hasta entonces se había hecho era un somero análisis de los trabajos de las mujeres en la esfera pública, siendo mucho lo que aún debe investigarse sobre el tema, motivo por el cual, actualmente ha pasado a ocupar un puesto de destacado interés20. A esas consideraciones hay que unir que el estudio de la Edad Media conlleva en muchos casos un lastre de tópicos injustificados y sin fundamento, arraigados en la mente colectiva. Y si se trata de mujeres, la tipificación es aún más acusada por varias casusas, entre ellas su posición de subordinación en la sociedad y la propia ignorancia historiográfica21. Incluso en la actualidad, las mujeres, aunque somos una realidad presente, vemos cómo parte de nuestra labor en la Historia queda en la sombra. La Historia de la historiografía nos muestra que, aunque realmente la presencia de las mujeres es indiscutible en los acontecimientos más importantes de nuestro pasado, en ocasiones se las dejaba en la sombra22. Por todo ello, el objetivo de este Trabajo de Fin de Master es analizar las actividades económicas femeninas en la Baja Edad Media. La división entre comerciantes y artesanas no indica en modo alguno que esas fueran las únicas actividades que pudieran realizar, pues es un hecho evidenciado que su labor abarcaba tareas del sector primario, y son muchos los ejemplos de mujeres que labraban la tierra acompañando al marido. Además, también están presentes de una u otra forma en lo que podemos entender como sector “servicios”. Sin embargo, en este caso, vamos a focalizar la atención en aquellas, aunque empezaremos considerando algunas actividades de este último sector.. 19. Ibíd., 181 Segura Graíño, Cristina, “Los trabajos de las mujeres en la edad media. Una reflexión tras treinta años de historia de las mujeres”, p. 186 21 Martín Romera, Mª Ángeles, “Mujeres de mercaderes, “mujeres mercaderes”. Testimonios de iniciativas femeninas en el ámbito comercial a finales del siglo XV”, p. 275 22 Rivera Garretas, Mª Milagros, “La categoría “marginación” ¿oculta historia de las mujeres?”, p. 74. 20. 13.
(14) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. Antes de iniciar el trabajo propiamente dicho, considero necesario hacer una matización. A la hora de realizar esta investigación, voy a referirme de forma exclusiva a aquellas actividades que reciben una remuneración por su realización. Es decir, lo que podemos entender como un empleo o una actividad directamente lucrativa. Entiendo que hay muchos tipos de trabajo que no reciben salario o no proporcionan directamente ingreso, y no por ello son menos exigentes e importantes para el conjunto de la sociedad. Sin embargo, he decidido centrarme en los que tienen una contraprestación económica, por entender que son los más fácilmente perceptibles como actividad laboral propiamente dicha La Edad Media es un período muy largo que abarca más de diez siglos en los cuales se producen numerosos cambios, por ello es imprescindible contextualizar un momento concreto que me permita centrar mejor el análisis. Así, dado que el impacto del mundo urbano en la economía y más concretamente en el comercio se manifestó de forma más evidente a finales de la Edad Media, he elegido esos últimos momentos del medievo para analizar el papel de las mujeres trabajadoras. Las fuentes referidas a la actividad comercial y artesanal de las mujeres son muy variadas y de naturaleza diversa. De entre ellas, destacan las escritas, donde podemos distinguir varios tipos: las que proviene de la Corona y de la administración central, las derivadas de la administración de justicia y la documentación emitida por los concejos urbanos -donde se incluyen las ordenanzas-, los censos fiscales y los documentos notariales23. La documentación que podríamos catalogar de “carácter regio” es la que incluye los ordenamientos reales y diversos tipos de documentos como mercedes, ordenes diversas, respuestas a quejas, etc. que se han conservado en su mayoría en los grandes archivos nacionales, de entre los que destaca el Archivo General de Simancas. Dicha documentación tiene un gran valor para conocer la organización laboral, pues se incluyen en su seno ordenanzas de oficios de carácter general, como las de Paños castellanas de 151124. El Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, la alta instancia judicial de la Corona de Castilla, alberga. 23. Córdoba de la Llave, Ricardo, Los oficios medievales: tecnología, producción, trabajo, Madrid, Síntesis, 2017, p. 16. 24 Ibíd., p. 17.. 14.
(15) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. documentación judicial que permite navegar en la historia de los muchos territorios que permanecieron bajo su jurisdicción al norte del Tajo25. Más cercano al mundo artesanal, se encuentra la documentación de carácter local emitida por los concejos medievales, de entre la que destacan las ordenanzas de oficios. Son muchas las ciudades y villas que guardan ordenanzas municipales de la Baja Edad Media, donde se encuentra la regulación de la vida urbana desde finales del siglo XIII hasta comienzos del XVIII26. En el caso de las villas y ciudades de realengo, sin duda las más relevantes del reino, son documentos sancionados por el poder real ya que en Castilla, desde la segunda mitad del siglo XIII, con Alfonso X como monarca, la intervención del rey en la vida municipal se hace más constante, recortando de este modo la autonomía del poder local. A pesar del gran número de ordenanzas de diferentes ciudades con las que contamos, aun no podemos referirnos a un patrón común, sin embargo, sí que podemos establecer un esquema básico sobre los temas que tratan27: • Sobre el funcionamiento, la organización del concejo y la administración de justicia. • Rentas y gastos del concejo. • Vecindario, padrones y listados para reclutamientos militares. • El uso de los bienes comunes, tales como tierras de cultivo, puentes o pozos. • Cuestiones agrarias, disposiciones sobre tierras y permisos para alimentar a los animales. • Regulación de la vida urbana en aspectos como la higiene, el urbanismo, regulación de tabernas, mancebías, etc... • El suministro de productos para la ciudad y el control sanitario de los mismos. Todo lo relativo al comercio, incluyendo días de venta, regulación de mercaderes y limitaciones para la reventa. • Regulación de los oficios.. 25. Carvajal de la Vega, David; Emperador Ortega, Cristina (coord.), Días de otoño, tardes de archivo. Buenos y malos pleitos en la Real Chancillería de Valladolid, Valladolid, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2018, p. 6 26 Córdoba de la Llave, Ricardo, Los oficios medievales: tecnología, producción, trabajo, p. 17. 27 Laredo Quesada, Miguel Ángel, “Las ordenanzas locales. Siglos XIII al XVIII”, En la España Medieval, 1998, nº 21, p. 312.. 15.
(16) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. A lo largo de los últimos años se ha visto incrementado el conjunto de transcripciones de ordenanzas municipales disponibles. En ellas, a prtir de los muchos temas que como hemos visto se tratan, se muestra la realidad social del acceso de la mujer al trabajo urbano, por ello han sido una de las fuentes principales a la hora de realizar este trabajo. De entre las elegidas, la Colección Documental de la villa de Bilbao es seguramente la más destacada entre los expertos por la riqueza de informaciones que aporta en el tránsito de la Edad Media a la Moderna. Así mismo he trabajado con las de otros lugares de la Castilla medieval como Ávila, Carmona, Córdoba y Plasencia. Una fuente importante para acercarnos al tema que nos ocupa son los libros de actas municipales. No son muchos los conservados, pero todos los disponibles aportan datos de interés. “Los Libros de Actas del Ayuntamiento son el acta notarial de lo que sucede en las sesiones municipales” 28 con esta frase, Fernando Pino Rebolledo resume a la perfección lo que significan estos documentos para una ciudad, pues en ellos se incluyen todos los asuntos que incumben a los habitantes. En este caso vamos a servirnos de las actas del concejo vallisoletano. Los asuntos que atañen a la villa son tratados de forma pública varias veces por semana en las reuniones concejiles presididas muy frecuentemente por el Corregido. En ellas se tratan cuestiones económicas, urbanísticas y de gobierno. Por eso son un magnífico instrumento de conocimiento no sólo de la Valladolid del momento, sino también por extensión de lo que podía suceder en villas cercanas, pues los lazos entre comunidades generan intereses comunes29. Para completar la investigación, se requiere también de documentación de archivo que demuestre actuaciones concretas de mujeres ejerciendo su trabajo. En este caso, el elegido ha sido el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, dada la riqueza de información que ofrecen los pleitos. Se trata de un archivo que fue creado tras las Ordenanzas de Medina del Campo de 1489, no obstante, hasta comienzos del XVII no empezaron a llegar a él los pleitos que hasta entonces estaban en manos de los escribanos de cámara. Su función como archivo administrativo del Tribunal de la Real Chancillería estuvo en funcionamiento hasta 1834,. 28. Pino Rebolledo, Fernando (transcrip.), Libro de actas del Ayuntamiento de Valladolid. Año 1499, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1993, p. 7 29 Pino Rebolledo, Fernando (transcrip.), Libro de actas del Ayuntamiento de Valladolid. Año 1497, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1990, p. 13. 16.
(17) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. momento en que decayó su actividad durante más de medio siglo hasta que vuelve a tener una función, en este caso como archivo histórico30. También hemos utilizado algún documento conservado el Archivo General de Simancas. Acomodado en un castillo construido a finales del siglo XV, Felipe II culminaría este proyecto archivístico comenzado ya en época de los Reyes Católicos. En la actualidad es uno de los archivos de referencia para el estudio de la época moderna, pero conserva también importante documentación regia castellana de la segunda mitad del siglo XV31. Por último, la diversa bibliografía disponible sobre el tema completará el trabajo. En el momento presente la Historia de las Mujeres está consolida y por ello, tiene una importante producción, muestra de lo cual es el amplio abanico temporal que encontramos en las publicaciones. Al final del trabajo incluiremos el listado de la bibliografía utilizada.. . 30. Cruz Mundet, José Ramón, Archivística: gestión de documentos y administración de archivos, Madrid, Alianza Editorial, 2012, p. 179. 31 Rodríguez de Diego, José Luis, “La importancia histórica del contenido del Archivo General de Simancas”, Anales de mecánica y electricidad, 2007, nº84, Fasc. 2, pp. 55-63. 17.
(18) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. . . . Al nacer, hijos e hijas se criaban con su madre, no obstante, pronto se producía la primera diferenciación. Mientras que los niños acompañaban a sus padres en su ocupación laboral, las niñas permanecían con su madre en casa, llevando a cabo las tareas propias del hogar. Esta forma de educación marcaba el futuro de ambos sexos, pues mediante una educación separada se definían perfectamente las funciones de futuro que podrían realizar. Las niñas eran educadas para estar en su casa, atender las tareas domésticas y dedicarse a las tareas reproductivas. En la Edad Media, las mujeres mejor educadas eran aquellas que tenían los conocimientos necesarios para poder cumplir con lo que se esperaba de ellas, es decir, cumplir con sus obligaciones domésticas32. De este modo, las mujeres aprendían todo lo necesario para cumplir con el buen funcionamiento del hogar. Esto incluía todo lo relacionado con la alimentación, la vestimenta, los enseres de la casa e incluso tareas sanitarias, de manera que pudieran ser capaces de atender en los partos o dolencias comunes. Sin embargo, estos saberes no tenían la relevancia social que merecían, pues al no estar relacionados con el mundo científico, con el productivo ni con el de la gestión o el gobierno, no se le daba importancia, ni se consideraba sabiduría. Algo del todo erróneo, pues al fin y al cabo era educación lo que recibían, aunque socialmente no fuese reconocido como tal33. Pero eso no significa que estuvieran excluidas de la formación. A lo largo de la Edad Media hubo mujeres que sabían leer, cantar y escribir. Es decir, algunas mujeres podían tener acceso a una mayor formación y también adquirían conocimientos de diferentes oficios. Esta posibilidad dependía en gran parte de la clase social, pues las mujeres pertenecientes a grupos inferiores tenían mucho más difícil, casi imposible, el acceso a la instrucción. Cuando se trataba 32. Segura Graíño, Cristina, “Mujeres educadas, mujeres instruidas, mujeres cultas, mujeres sabias”, en Soto Rábanos, José Mª (coord.), Pensamiento medieval hispano: homenaje a Horacio Santiago-Otero, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1998, p. 902 33 Ibíd., p. 905. 18.
(19) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. de familias pertenecientes a sectores artesanales, las niñas podían aprender el oficio a través de sus padres y madres. De este modo, las preparaban para que en el futuro pudieran contar con una relativa especialización que les permitiera ayudar a los varones de su casa en el negocio familiar, e incluso, llegado el caso, poder hacerse cargo de su propia supervivencia si enviudaban34. En las ciudades y villas bajomedievales, la existencia de viudas era algo muy habitual, representando un grupo femenino muy numeroso. Ya fuera porque la ausencia del marido debilitaba la economía familiar, o por iniciativa propia, la mayor parte de los testimonios que encontramos de mujeres realizando una actividad económica fuera del hogar, son de mujeres que tras enviudar se hacían cargo del negocio familiar, o bien de mujeres que voluntariamente habían decidido permanecer solteras. Al enviudar, las mujeres contaban con la posibilidad de manejar por si mismas el patrimonio familiar. Dicho patrimonio tenía origen diverso, pero una parte del mismo, siempre procedía de la dote aportada al matrimonio. La dote era: “...algo que da la mujer al marido por razón de casamiento; y es como manera de donación hecha con entendimiento de mantenerse y ayudar el matrimonio con ella...”35; por lo tanto, era una obligación que las mujeres tenían que aportar al nuevo hogar. Lo habitual era que fuesen los padres de la mujer quienes hicieran esta aportación, la cual en ocasiones no era monetaria, sino que se trataba de algún instrumento de trabajo con el que practicar algún oficio, como un telar o un urdidero36. Esto no implica que las casadas no trabajasen –pues, como veremos, al menos en algunos casos si lo hacían-, pero sí parece indicar que su presencia es más complicada37. No obstante, no es tan difícil encontrar mujeres trabajadoras en diversos ámbitos. Frente a estos oficios más documentados, también se encuentran otros donde la presencia de las mujeres es menos evidente, pero no por ello inexistente. Es, por ejemplo, el caso de la construcción, donde las mujeres sin una ocupación fija podían trabajar de forma esporádica como auxiliares de albañiles y tapiadoras, tal y como se constata en las Cortes de 1351, en las que se establece su salario. Su presencia está constatada en diferentes ciudades, por ejemplo, en Burgos las mujeres. 34. del Val Valdivieso, Mª Isabel, “Mujer y trabajo en Castilla al final de la Edad Media”, Aragón en la Edad Media, 1999, nº14-15, p. 1585 35 Alfonso X, Partidas, Título 11, Capítulo 4, ley 1 36 Córdoba de la Llave, Ricardo, Los oficios medievales: tecnología, producción, trabajo, p. 167 37 Pérez González, Silvia Mª, “Mujeres liberadas de la tutela masculina: de solteras y viudas a fines de la Edad Media”, Cuadernos Kóre, 2010, nº2, p. 34. 19.
(20) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. trabajaban en las obras públicas transportando cubos de agua y ayudando a hacer la mezcla. También colaboraron en la construcción de la catedral de Toledo con un trabajo parecido al de los peones, es decir amasando mezclas, arreglando tejados... Sin embargo, el salario era la mitad que el de los hombres38. Además, también participan de otras actividades u oficios artesanales e incluso pueden participar en cofradías. Diferenciar la actuación de los gremios de la de las cofradías es algo complejo, sin embargo, como no podía ser de otra manera tratándose de la Edad Media, la religión sirve para marcar al menos una pequeña línea divisoria. La cofradía era una institución de carácter religioso, mientras que el gremio a pesar de que también buscaba la protección de un santo, tenía una orientación más laboral39. La participación de las mujeres en gremios y cofradías dependía de su propia normativa, que en la mayor parte de los casos les era desfavorable, sobre todo, porque pensaban que su inclusión podría desembocar en situaciones inmorales. A pesar de que en los gremios su presencia estaba completamente prohibida, existían ciertas excepciones que permitían que las mujeres se integrasen en las cofradías40. De esta forma, aunque su papel en las cofradías era secundario, advertimos evidencias que demuestran su presencia en ellas, como la que puede leerse en el Fuero Viejo de Vizcaya “[...] que ningunos ommes nin mugeres no ssean osados de fazer cofradías nin cabildos nin ordenamientos, ssin los oficiales de cada lugar que ssean a dapno del pueblo”41. Otros testimonios nos vienen de las menciones en diversas ciudades y villas, como la que encontramos en las ordenanzas de los tejedores de Palencia de 1407, donde se menciona la posibilidad de participación de las mujeres, pero solo si éstas estaban bajo la supervisión de un hombre42. En las ordenanzas de la Santísima Trinidad de Madrigal de las Altas Torres se refieren tanto a. 38. López Beltrán, Mª Teresa, “El trabajo de las mujeres en el mundo urbano medieval”, Mélanges de la Casa Velázquez, 2010, nº40, volumen 2, p. 48 39 Val Valdivieso, Mª Isabel del; Segura, Cristina; Castrillo, Janire, “Organización gremial en la Península Ibérica hasta el siglo XVII”, en Castillo, Santiago, Mundo del trabajo y asociacionismo en España: collegia, gremios, mutuas y sindicatos: actas del VII Congreso de Historia Social, Madrid, 24 al 26 octubre 2013, Madrid, Catarata, 2013, p. 43 40 Segura Graíño, Cristina, “Posibilidades jurídicas de las mujeres para acceder al trabajo”, en Segura Graíño, Cristina; Muñoz Fernández, Ángela, (coord.), El trabajo de las 2mujeres en la Edad Media hispana: V Jornadas de Investigación Interdisciplinaria sobre la Mujer, Madrid, Asociación Cultural Al Mudayna, 1988, p. 24 41 Val Valdivieso, Mª Isabel del; Segura, Cristina; Castrillo, Janire, “Organización gremial en la Península Ibérica hasta el siglo XVII”, p. 44 42 González Mínguez, César, “Los tejedores de Palencia durante la Edad Media”, Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, 1992, nº63, p. 113. 20.
(21) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. hombres y mujeres, de hecho, una parte de los textos está específicamente dedicado a lo que tienen que hacer las mujeres que quieran ser cofrades43. Partiendo de este panorama general, en las siguientes páginas vamos a centrarnos en la actuación de las mujeres en diversos trabajos y oficios, comenzando por el sector servicios, donde su presencia comienza desde el propio hogar con el servicio doméstico, hasta el ámbito público, con su trabajo en el campo de la salud. A continuación, el comercio alimentario y algunas actividades en ese ámbito nos mostrará su presencia en oficios tan comunes como la carnicería, panadería o la regatonería. Posteriormente nos acercaremos a otros sectores de actividad como el comercio, donde se engloban las grandes comerciantes, una actividad, la candelería, que implica producción y comercio y la industria textil. Para finalizar, haremos una breve mención al oficio de la prostitución, con el que concluirá este amplio repaso por diversos sectores que forman la economía medieval, en la que es evidente la participación femenina.. 43. Val Valdivieso, Mª Isabel del; Segura, Cristina; Castrillo, Janire, “Organización gremial en la Península Ibérica hasta el siglo XVII”, p. 44. 21.
(22) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. " ! $! Una vez presentado a grandes rasgos el panorama general de la educación de las mujeres y los conocimientos con los que contaban para poder llevar a cabo una actividad laboral en las ciudades y villas bajomedievales vamos a abordar en este apartado el análisis de varios oficios, que tienen en común el atender a diversas necesidades sociales relativas al cuidado, entendido este concepto en una acepción amplia, del cuerpo (la salud), del hogar (servicio doméstico) o de la sociabilidad (mesoneras). Así, comenzaré tratando aquellos trabajos en los que no se requería de cualificación para ejercerlos, como las mesoneras o las criadas, para terminar mencionando los que si la requerían, es decir los de la rama de la salud.. $!" En la sociedad urbana bajomedieval, en la que predomina la familia nuclear, nos encontramos con que el núcleo familiar incluye también a las criadas, mozas del servicio o aprendices. La situación económica y el estatus social de la familia influye en gran medida en la presencia de criados en el hogar. Muchos de los testimonios de criadas nos vienen a través de los testamentos, pues estas mujeres pasaban de hecho a formar parte de la propia familia, e incluso una vez terminada la relación laboral, no era extraño que existiese algún tipo de vínculo entre la familia y sus antiguos sirvientes. Aunque lo habitual era que los señores fuesen grandes familias nobiliarias, gente acomodada y con grandes recursos, también encontramos amos trabajadores, gente con un oficio que evidentemente les reportaba los ingresos suficientes para poder acoger a estas jóvenes sirvientas o aprendizas. Así mismo, también podían ser las mujeres, generalmente viudas, quienes ejercieran como contratantes44. Las mozas de servicio solían incluirse en los sectores más bajos de la sociedad, eran hijas de mujeres viudas o de familias de artesanos modestos, por eso, que pasaran a servir a los nuevos señores suponía una liberación para su familia, pues en su trabajo obtendrían comida y cobijo, además de un salario por pequeño que fuera. En ocasiones, los progenitores no buscaban un alivio para la familia, sino que pensando en el futuro de la chica la entregaban para servir,. 44. Navarro Gavilán, Blanca, La sociedad media e inferior en Córdoba durante el siglo XV. Familia y vida cotidiana, (Tesis Doctoral inédita), Universidad de Córdoba, 2014, p. 205. 22.
(23) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. así, ella misma podría pagar su dote en el futuro. Además, este trabajo les servía como formación de futuro, y en ocasiones mujeres que veremos después regentando los talleres, bien fuera con sus maridos o en solitario, habrían sido previamente criadas45. La función de las mozas era garantizar la buena marcha del hogar, colaborando en las tareas de limpieza, cocina e incluso en el propio trabajo de los señores, es más en algunos casos los contratos de mozas de servicio no hacían referencia al trabajo, sino más bien eran contratos de aprendizaje, aunque también atendían a las tareas del hogar 46. Generalmente eran niñas de corta edad o mujeres jóvenes y solteras quienes realizaban este trabajo, dividendo el tiempo en los diversos quehaceres de provisión y mantenimiento de la casa. Realizaban por una parte todo el trabajo relacionado con la higiene y limpieza de la casa, incluyendo el lavado de la ropa que se realizaba en los espacios públicos, fuentes, ríos o acequias. También aprovisionaban el agua al hogar, trayéndola en cántaros. Además, las mozas o criadas tenían que atender a la alimentación de la familia en la que servían. Este trabajo podía obligarlas a acudir al mercado para aprovisionarse de productos47. Era habitual que las ordenanzas concejiles se ocupasen de este tipo de actividad, estableciendo en algunos casos dónde, cómo y cuándo podían realizar ciertas actividades, lo que significa que al igual que ocurría en otros sectores, la autoridad regulaba al menos parte de su trabajo sin que ellas pudiesen decidir. Ese es, por ejemplo, el caso de Bilbao, donde se menciona la labor de las criadas ayudando en las labores del trabajo de su señor: “En conçejo, a veinte e quatro de henero, anno de I mil DXII (sic) annos, [...] en presençia de mi, Jacobe Martines de Gueldo, escriuano, orde/naron e mandaron los dichos sennores del regimiento/ que ningund rementero nin sus moças nin criadas/ nin otras presonas algunas fuesen osados/ de echar en la rivera e camino de la dicha villa ninguna/ escoria nin çisco nin estiercol nin basura alguna, so pena/ de dosientos maravedis a cada vno por cada ves, la mitad/ para la justiçia que lo executare e la otra mitad para los/ reparos de la dicha villa; e que mandavan e mandaron/ a los vezinos de la calle e rebal de Sant Micolas que/ alinpien la dicha calle luego, a cada presona lo que/ esta enfruente de su casa, so la dicha pena./48”. 45. Ibíd., p. 208 Córdoba de la Llave, Ricardo, “El papel de la mujer en la actividad artesanal cordobesa a fines del siglo XV”, en Segura Graíño, Cristina; Muñoz Fernández, Ángela, (coord.), El trabajo de las mujeres en la Edad Media hispana: V Jornadas de Investigación Interdisciplinaria sobre la Mujer, Madrid, Asociación Cultural Al Mudayna, 1988, p. 240 47 Val Valdivieso, Mª Isabel del, “Mujer y trabajo en Castilla al final de la Edad Media”, p. 1586 48 Enrique Fernández, Javier; Hidalgo de Cisneros Amestoy, Concepción; Lorente Ruigomez, Araceli; Martínez Lahidalga, Adela, Ordenanzas municipales de Bilbao (1477-1520), San Sebastián, Sociedad de Estudios Vascos, 1996,p. 154 46. 23.
(24) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. A través de las fuentes notariales y del ejercicio de la justicia sabemos que en ocasiones la convivencia entre los señores y las mozas no era sencilla, por eso encontramos muchos documentos en los que los señores solicitaban a los padres que las chicas volviesen a su hogar. Así sucede en el caso de María de Terón, criada de Catalina López y cuya historia conocemos a través de un pleito conservado en el archivo de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid49. El pleito se desarrolla en el año 1547 en Valladolid, y comienza cuando Catalina López demanda a su criada, la mencionada María de Terón porque durante el tiempo que ésta estuvo de criada le robo un abrigo. Los testigos preguntados aclaran que era una prenda de muy buena calidad, que estaba hecho con terciopelo negro y que tenía un fino ribete. Además, según las apreciaciones de esos testigos, se sabe que su valor era de unos 10 ducados, porque los tejidos eran muy buenos y nuevos. Uno de los testigos apunta que quizá el abrigo fue un préstamo que le hizo Catalina a María, pero que cuando terminó el contrato que las unía no se lo devolvió. Finalmente, la sentencia es favorable a Catalina, quien “provó su yntencion y demanda de lo yuso contemplado” mientras que María de Terón “no provó cosa alguna”. Así, se condena a María a devolverle en el plazo de seis días el abrigo a Catalina y además a darle una pequeña compensación económica. De nuevo, al igual que hemos ido viendo en otros pleitos, lo más interesante del caso es que son las mujeres quienes actúan y en algunas ocasiones firman como hemos visto en este caso y lo hacen sin la presencia de un hombre al lado. Tenemos también el caso de una sirvienta, Juana de Lili, que en el año 1450 demandó a Marina y su esposo, Pedro de Irutxa, rodero, por el tiempo que había trabajado como su sirvienta. Según Juana, cuando empezó a trabajar para ellos, cinco meses atrás, habían pactado un salario que básicamente se componía de diferentes prendas de ropa, como camisas y zapatos, no obstante ella no recibía lo acordado, sino solamente lo que ellos podían darla. Pero, la queja no era esa, sino que tras haber recibido muchos malos tratos por parte de sus señores, éstos la habían despedido perdiendo todo su salario y quedándose con parte de sus posesiones. Juana. 49. ARChV, Pleitos civiles, Zarandona y Balboa (OLV), Caja 535, 4. 24.
(25) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. solicitaba que le devolvieran todo lo que era suyo, o al menos la recompensaran económicamente, pues ella les había servido de forma leal50. Por último, gracias al censo realizado en 1538 en Valladolid tenemos referencias sobre una criada. Se trata de María González, una chica que en 1540 decide demandar a sus antiguos amos, Francisco de Alba y su mujer, Librada de León, por haber estado siete años trabajando para ellos, no solo en su casa, sino también en el taller de su dueño, sin percibir el salario adecuado. Gracias a los testigos aportados durante el pleito, sabemos que era habitual que fuesen las mujeres de los artesanos, o incluso las criadas, las que fuesen a vender los productos al mercado51.. ! En el medievo a la gente le gustaba vivir en sociedad, compartir espacios públicos donde reunirse, charlar y festejar. En estas celebraciones y reuniones, la bebida era una parte fundamental, y solía consumirse mayoritariamente vino. El vino estaba más extendido por la zona mediterránea, no obstante, el cultivo de la vid empezó a extenderse de forma progresiva por otras áreas, en parte gracias a la importancia que tenía para la iglesia. En las zonas más septentrionales era habitual que se mezclase con miel y de este modo se convirtiera en una bebida caliente. En la Baja Edad Media, con la reducción de la población y el aumento de los salarios, nos encontramos unas clases un poco más pudientes y que por tanto pueden gastar más, lo que aumenta el consumo. La venta de vino podía ser ejercida por hombres o por mujeres, y existía un lugar específico donde hacerlo, la taberna. Las tabernas en ocasiones eran lugares donde se realizaban actividades ilegales tales como la prostitución y el juego, de los que las autoridades hacían responsables a los dueños o dueñas. Por eso, la actividad de estos lugares era objeto de minuciosa legislación, lo que nos. 50. Ayuso Cristina, “El mundo laboral femenino en el País Vasco Medieval”, Sancho el Sabio: Revista de cultura e investigación vasca”, 2009, nº30, p. 132 51 Villanueva Zubizarreta, Olatz, “Las olvidadas de una minoría: las mujeres moriscas castellanas”, en Santo Tomás Pérez, Magdalena; Val Valdivieso, Mª Isabel del; de la Rosa Cubo, Cristina; Dueñas Cepeda, Mª Jesús (coords.), Vivir siendo mujer a través de la historia, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2005, p. 81. 25.
(26) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. proporciona información y noticias sobre el particular, además de permitirnos ver de nuevo la presencia femenina, al hacer referencia a taberneras y mesoneras52. En el Fuero Nuevo de Vizcaya, para tratar de evitar este tipo actividades ilegales, se prohíbe expresamente a las taberneras tener en su negocio: “naypes, ni dados, ni tabla de juego, ni juego de bolas, ni otro aparejo alguno de juego, ni consienta, ni dé lugar, que en su casa o comarca de ella se juegue dinero”. De esta manera, evitando la tentación se evitaba el pecado53. La villa de Valladolid tuvo bastante controlado el abastecimiento de vino en la ciudad, el objetivo, como es habitual en la época, era proteger los productos locales frente a los foráneos. Así, las Ordenanzas del vino de 1297, fueron confirmadas en 1333 por Alfonso XI, prohibiendo vender vino a los de fuera vender vino aquí. En 1400, Enrique III las ratificaría, y en 1423 se establece un periodo de estancia mínimo de 10 años en la villa para poder vender vino54. En Becerril de Campos, las ordenanzas controlaban la forma de hacer y vender el vino: “Primeramente que todos los vezinos e vezinas de la dicha villa que metieren o encubaren vyno para vender e tovieren viñas, que juren de non echar agua en el vino nin el vino en el agua en lo que ovieren de vender [....]que qualquier vezino o vezina morador o moradora desta dicha villa que atavernare vino para vender, sy las tales personas lo envasaren a quinçe maravedís la cantara, que lo den a dos maravedís a la villa; e sy envasaren a diez e seys maravedís que lo den a treçe corados; e sy envasaren a diez e syete que lo den a quatorçe cornados [...]”55. En el caso de Córdoba, las ordenanzas se encargan de controlar un aspecto referido a la venta. Establecen que ninguna tabernera ni mesonera venda vino los domingos antes de que termine la misa mayor56. Gracias a la exhaustiva legislación y controles a los que las taberneras y mesoneras eran sometidas, contamos con diversos testimonios de mujeres ejerciendo ese oficio. En Valladolid, 52. Val Valdivieso, Mª Isabel del, “Los espacios del trabajo femenino en la castilla del siglo XV”, Studia historica. Historia Medieval, 2008, nº26, p. 85 53 Ayuso Sánchez, Cristina, “El mundo laboral femenino en el País Vasco Medieval”, p. 131 54 Asenjo González, María, “Negocio y préstamo. Detalles del testamento de una mujer vallisoletana a mediados del siglo XV”, en Val Valdivieso, Mª Isabel del; Martínez Sopena, Pascual, Castilla y el mundo feudal: homenaje al profesor Julio Valdeón, Valladolid, Servicio de Publicaciones de la Junta de Castilla y León, volumen I, 2009, p. 607 55 Oliva Herrer, Hipólito Rafael, Ordenanzas de Becerril de Campos, Palencia, Diputación de Palencia, 2003, p. 144-171 56 González Jiménez, Manuel; Córdoba de la Llave, Ricardo; López Rider, Javier; Criado Bega, Teresa; Claret García Martínez, Antonio Mª, El libro de las primeras ordenanzas del concejo de Córdoba, Madrid, Sociedad Española de Estudios Medievales, Madrid, Sociedad Española de Estudios Medievales, 2016, p. 298. 26.
(27) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. el testamento de Marina Fernández, una mujer soltera y sin hijos que falleció en el año 1433, nos aporta cierta información sobre su vida. Tras las clausulas religiosas y las disposiciones que establecen como obrar tras su muerte, encontramos datos sobre el pequeño comercio que regentó, donde se dedicaba a la producción y venta de vino57. En el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid se encuentra custodiada la carta de venta de cierta propiedad de una tabernera en Burgos. Se trata de Sancha Martínez la Roja, quien en 1487 decidió vender unas casas que tenía en la calle de Cantarranas la Menor a los capellanes de la Catedral de Burgos. Sancha, viuda de Alonso Fernández de Veruejesta, de quien seguramente heredaría la taberna, ejercía el oficio en la mencionada ciudad y además, tenía muchas posesiones, lo que indica su elevada capacidad económica y buen nivel de vida. Lo interesante de la venta, además de darnos a conocer su profesión, es que es ella quien obra de nuevo por si misma, y quien expresa que las propiedades que iba a vender eran suyas58. En Madrid, tenemos constancia de la existencia de dos taberneras, Toribia y la “mujer de Pomar”, siendo esta segunda de las más destacadas del sector. También encontramos otros ejemplos en Cuenca y Málaga, donde el concejo las convoca en 1491. En esta misma ciudad de Málaga, conocemos la existencia de dos taberneras, La Trujilla y Marí Rodríguez59.. " ! En el ámbito de la salud el papel de las mujeres era muy variado, pudiendo ejercer oficios diversos. El primero a mencionar es el de nodriza, se trata de aquellas mujeres que amamantaban a criaturas que no eran suyas, bien fuera por motivos de salud de la madre, o porque ésta decidiera no hacerlo. Como norma general, las mujeres de la nobleza solían amamantar tan solo a su primer hijo, dejando que fuesen las nodrizas quienes se encargasen de los siguientes, para así evitar enfermar o perder su belleza. Con el devenir de los años, este oficio iría cayendo en desgracia, pues se consideraba algo antinatural que una madre no amamantase a su hijo y desde los púlpitos se alentaba a no recurrir a este tipo de servicios. No obstante, se trata de un oficio con gran arraigo que incluso desplazaba a las mujeres desde el. 57. Asenjo González, María, “Negocio y préstamo. Detalles del testamento de una mujer vallisoletana a mediados del siglo XV”, p. 607 58 ARChV, Pergaminos, Caja 65, legajo 5 59 Val Valdivieso, Mª Isabel del, “Los espacios del trabajo femenino en la castilla del siglo XV”, p. 86. 27.
(28) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. campo a las ciudades con el objetivo de criar a los hijos de las nobles a cambio de un salario, además, podía extenderse en el tiempo durante varios años60. En este mismo sector podemos encontrar la participación de la mujer en un nuevo trabajo que trascendía del espacio doméstico. Se trata del oficio de comadrona o partera, también llamado “oficial de las mujeres”, pues eran ellas quienes casi de forma exclusiva lo ejercían. Las comadronas eran quienes acudían de casa en casa ayudando a las mujeres que estuviesen a punto de dar a luz, asistiéndolas primero durante el embarazo y posteriormente en el alumbramiento, cobrando por ello un salario. Desde la antigüedad hasta bien entrado el siglo XVI, las parteras gozaron de la aceptación de la sociedad e incluso del reconocimiento de los propios médicos61. Casi todas las ciudades y villas contaban con la presencia de parteras, aunque no eran muchas las mujeres dedicadas a este oficio. Por ejemplo, la ciudad de Málaga entre 1487 y 1496 contaba con unas dos mil familias, sin embargo, tan solo había tres parteras: Isabel Fernández, Teresa Rodríguez y Mari Sánchez; además, pronto pasaron a ser dos, pues Teresa Rodríguez fue juzgada y condenada a dejar la ciudad “por hechicera”. Seguramente, la mencionada mujer sobrepasaría los límites de actuación fijados para las mujeres, invadiendo el espacio de la medicina reservado exclusivamente a los hombres. Algo similar ocurrió con Francisca de Madrid, quien perdió todas sus posesiones porque intentó “ejercer de físico sin serlo” y una joven falleció por su culpa62. Como en otros sectores, su actividad estaba regulada por los poderes públicos, más aún en este caso, cuando se trataba de defender la vida de las mujeres y sus hijos, pues no hay que perder de vista que en esa época las complicaciones en los partos hacían que las probabilidades de que algo saliese mal fuesen muy elevadas. Es por ejemplo el caso de Portugalete, donde el concejo, tratando de proteger a las mujeres del lugar, prohibía a las comadronas atender a mujeres de fuera para evitar que las portugalujas quedasen desatendidas. Así mismo, establecía que estas mujeres pudiesen trabajar a cualquier hora del día, incluso por la noche, y que lo. 60. Ibíd., p. 77 Leva Cuevas, Josefa, “El papel de la mujer en la Baja Edad Media. La Dote ¿impulsora del nuevo hogar o yugo para las mujeres?”, Ámbitos: revista de estudios de ciencias sociales y humanidades, 2008, nº19, p. 76 62 López Beltrán, Mª Teresa, “El trabajo de las mujeres en el mundo urbano medieval”, p. 42 61. 28.
(29) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. hicieran llegando a todos los lugares de la villa, con el fin de no dejar a ninguna parturienta sin atención63. También existía cierta legislación para que las mujeres cristianas no fuesen atendidas por comadronas de otra religión, ni viceversa. Así, el concejo de Burgos condena a 100 azotes a aquellas que osaran incumplir esta orden64. Ello obligaba a que las mujeres de otras religiones tuviesen a sus propias parteras. Por lo tanto, y a pesar de que algunos investigadores del mundo andalusí opinan que la sociedad patriarcal musulmana apartaba a las mujeres de los sistemas productivos y de que los testimonios de los que disponemos no son muy abundantes, sí es cierto que entre los escasos oficios que podían ejercer las mujeres, se encuentra el de parteras65. De hecho, en el Archivo de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid se conserva un pleito de Haxa, una partera mora. El litigio comienza a finales del año 1495 cuando Juana Ruiz, una vecina de Segovia, decide emprender acciones contra ella por unas presuntas injurias vertidas contra ella. Lo interesante de este testimonio, es la profesión que se otorga a Haxa, la de partera66. Para conocer el trabajo de estas mujeres la información de la que disponemos puede complementarse mediante una fuente hasta ahora no mencionada, se trata de la iconografía. La iconografía es una importante fuente a tener en cuenta por los historiadores, ya que puede aportar información relevante. En este caso, la información nos viene referida de Las Cantigas de Alfonso X, un códice del siglo XIII que nos ilustra de diversos aspectos de la vida en Castilla en esa época. En este caso, la Cantiga 115b representa una escena compuesta por tres mujeres y un niño recién nacido, por lo que parece un momento inmediatamente posterior al parto. Se ve una habitación privada, con una cortina en medio separando la estancia del resto de la vivienda, por la ornamentación de la misma parece tratarse de una mujer de familia acomodada. La parturienta esta acostada encima de la cama, y una de las parteras sostiene al niño en sus brazos. La otra mujer que aparece representada habría estado colaborando en las tareas propias de un parto y en los primeros momentos del bebe, arropándole y comprobando que todo estuviese bien. De esta manera, se comprueba cómo la presencia de las mujeres en los. 63. Ayuso Sánchez, Cristina, “El mundo laboral femenino en el País Vasco Medieval”, p. 133 Val Valdivieso, Mª Isabel del, “Los espacios del trabajo femenino en la castilla del siglo XV”, p. 88 65 Villanueva Zubizarreta, “Las olvidadas de una minoría: las mujeres moriscas castellanas”, p. 79 66 ARChV, registro de ejecutorias, caja 84, 2 64. 29.
(30) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. alumbramientos era evidente. En óleos del siglo XV pueden verse numerosos ejemplares similares67.. Imagen extraída de Santo Tomás Pérez, Magdalena, La asistencia a los enfermos en Castilla en la baja Edad Media, p. 216. 67. Santo Tomás Pérez, Magdalena, La asistencia a los enfermos en Castilla en la baja Edad Media, (Tesis Doctoral inédita), Universidad de Valladolid, 2002, p. 212. 30.
(31) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. Con todo, parece que nos encontramos con un oficio de escasa presencia, es decir, que existían pocas parteras habilitadas para ejercer como tal, seguramente porque en muchos casos los partos los cubrían las propias mujeres de la casa o vecinas que tuvieran algún tipo de conocimiento básico, y es que aunque la prohibición de acceder a las universidades impidiese a las mujeres la opción de tener oficios relacionados con la medicina, eso no impidió que pudieran adquirir estos saberes por otras vías. Dichos conocimientos podían ser muy útiles en momentos de urgente necesidad, convirtiendo de este modo a mujeres en físicas, como es el caso de Beatriz Alonso, una mujer de Málaga que en el año 1492 recibió licencia para ejercer como tal tras haber sanado a muchos habitantes de la ciudad.68 Son más abundantes los testimonios de mujeres que sin una formación reglada, pero con mucho saber y experiencia, atendían a los enfermos en sus casas. La mayor parte de esta información nos llega a través de los testamentos, en los cuales aparece recogido con todo detalle el cuidado que había recibido quienes testaban y quien se los había proporcionado. Así por ejemplo, Sancho de Cuadros, un enfermo del hospital de Málaga, dejaba a Magdalena Gutiérrez, 6000 maravedís a cuenta de todo el tiempo que le había estado cuidando; durante esos diez años ella “le había servido en la cama” y le había hecho las curas de sus bubas. Esta conducta también se encuentra en mujeres que habían sido cuidadas por otras, como Isabel Rodríguez, quien había enfermado tras dar a luz a su tercer hijo y dejaba a Inés Vázquez 365 maravedís por toda la compañía que le había proporcionado69. Esta atención al enfermo podía realizarse también fuera del ámbito doméstico, es decir, en hospitales, y en este caso las mujeres son profesionales y recibían un mayor salario por ello. Un buen ejemplo lo encontramos en el Hospital de San Antolín de Palencia, donde incluso parte de la financiación venía de parte de una mujer de la familia Mendoza, quien en el siglo XVI hizo repetidas donaciones, como reza una de las lápidas que hay en la puerta en la actualidad. Además, gracias a diferentes documentos conservados, sabemos quién formaba la plantilla de trabajadores en esa época, y que en ella había mujeres: “provisor, capellán, mayordomo, médico, cirujano, boticario, barbero, escribano, portero, enfermera mayor, enfermeras menores, madre de niños, cocinera, lav(b)anderas, enfermero, aguadero y despensero”. En particular, de la documentación se desprende bastante información referida a la Enfermera Mayor, una de las trabajadoras de más responsabilidad del hospital. Junto con alguna otra enfermera, se encargaba 68 69. López Beltrán, Mª Teresa, “El trabajo de las mujeres en el mundo urbano medieval”, p. 44 Ibíd., p. 45. 31.
(32) Raquel San Mamés Albar. Universidad de Valladolid. de recibir a los enfermos, anotar sus datos, acomodarlos en sus camillas y en general tratar de hacer la estancia del enfermo lo más agradable posible. Lo que no aparece en la documentación es el sueldo que tenían, es más tan solo aparece mencionado el de la enfermera mayor, pero está tachado70. En el año 1468 fue fundado el Hospital de la Piedad en Medina del Campo, un núcleo urbano muy importante durante la Baja Edad Media. En este caso la documentación es mucho menos abundante y no ofrece una relación clara de los trabajadores que estaban a su cargo, sin embargo, si que hay constancia de la importancia de al menos una mujer, Inés Martínez, quien desempeñaba el cargo de Dueña, y debía hacerlo de buen modo, pues se ordenó que cuando ella ya no estuviese, se buscase a otra mujer que pudiera ejercer el cargo de la misma manera. Seguramente sus obligaciones serían similares a las de la Enfermera Mayor del hospital de San Antolín de Palencia, pero con un carácter más administrativo71. Trasladándonos a la ciudad de Soria, encontramos el Hospital de Santa Isabel, fundado por la viuda Isabel Rebollo en 1510. Dicho hospital se fundó con la intención de crear un lugar para los pobres; y para obtener los fondos necesarios para su mantenimiento, la propia Isabel donó algunas de sus propiedades y rentas diversas. Sin embargo, en contraposición con el hospital de Palencia, aquí tan solo encontramos dos mujeres trabajando, una enfermera y una criada de cocina. En cuanto a la enfermera, sabemos que realizaba el mismo trabajo que los hombres, y que el sueldo era el mismo: 30 reales al mes, más la cama, el lavado de la ropa y la comida72. Así mismo, cabe mencionar también el Hospital del Rey de Burgos, con una ubicación clave al encontrarse en pleno Camino de Santiago y ser lugar de cobijo para los peregrinos. Fundado a finales del siglo XII, obtenemos información referida a las mujeres en un documento del año 1500, relativo a lo que parece fue una visita del prior de la Iglesia de Osma para controlar las instalaciones. Se deduce que el lugar tenía varias dependencias y edificios, uno de los cuales estaba dedicado exclusivamente a las mujeres. Este espacio tenía diversas zonas, una de ellas destinada a las mujeres más pudientes, con camas de mejor calidad y adornos más. 70. Santo Tomás Pérez, Magdalena, “Las mujeres trabajadoras de la salud: de lo privado a lo público”, en Santo Tomás Pérez, Magdalena; Val Valdivieso, Mª Isabel del; de la Rosa Cubo, Cristina; Dueñas Cepeda, Mª Jesús (coords.), Vivir siendo mujer a través de la historia, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2005, p. 128 71 Santo Tomás Pérez, Magdalena, La asistencia a los enfermos en Castilla en la baja Edad Media, p. 517 72 Ibíd., p. 131. 32.
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