Departamento
Estudios Socioculturales
Título: Impacto de la Teleserie Cubana “Rompiendo el Silencio”, en cuanto a la violencia de género, en estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu”
de las Villas.
Autores del trabajo: Martha de la Caridad García Peña.
Tutor: Juan Carlos Gutiérrez Pérez.
Junio-2018
“Rompe el Silencio. Cuando seas testigo de la violencia contra las mujeres no te quedes de brazos
cruzados. Actúa”.
Ban Ki Moon
Dedicatoria
A mis padres por ser la guía incondicional en el largo camino de mi
crecimiento.
Agradecimientos
A mis padres, por ser las manos que nunca se cansan de levantarme.
A la familia que de una forma u otra transitó conmigo momentos difíciles.
A Juanjo, mi novio, por soportar mi mal carácter en los momentos de estrés.
A mi tutor por su apoyo incondicional y su paciencia.
A mis profes de la Universidad por contribuir a mi formación profesional.
A mis maestros y profesores de las diferentes enseñanzas.
A Jorge Alberto Piñero Estrada (JAPE) por dedicar parte de su preciado tiempo a las labores de mi tesis.
A Raiza Guevara García por poner sus conocimientos a mi disposición.
A mis compañer@s de aula por compartir estos cinco años de sacrificio.
A las amistades de cerca y de lejos por quererme y apoyarme.
A quienes contribuyeron con esta investigación concediéndome
entrevistas, bibliografía, conocimientos…
Resumen
El tratamiento de la violencia de género dado por la televisión cubana es insuficiente y con una visión estereotipada. La presente investigación se planteó como objetivo evaluar el impacto de la Teleserie Cubana “Rompiendo el Silencio”, en cuanto a la violencia de género, en estudiantes de la UCLV. La investigación se realizó mediante el paradigma de la metodología mixta según la aplicación de varios métodos, tanto teóricos como empíricos. Se realizó un análisis de contenido a los capítulos de la Teleserie Cubana “Rompiendo el Silencio”, se aplicaron entrevistas y cuestionarios, a la muestra seleccionada entre los estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas, y además los especialistas en violencia de género; observaciones, grupos focales y la triangulación de métodos. Los principales resultados de la investigación fueron que la televisión cubana trasmite una visión sexista, de la mujer a través de imágenes, el contenido del lenguaje, debido a la falta de capacitación de los escritores, realizadores y directivos en la temática. La Teleserie Cubana Rompiendo el Silencio logra sintetizar de manera diversa las formas y expresiones de violencia de género que afectan a cualquier mujer cubana y finalmente se demuestra el impacto positivo de la misma en los estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas.
Palabras claves: violencia de género, teleserie, Televisión Cubana.
Abstract
The treatment of gender violence given by Cuban television is insufficient and with a stereotyped vision. The present investigation was aimed at evaluating the impact of the Cuban TV Series "Breaking the Silence", in terms of gender violence, in UCLV students. The research was carried out using the paradigm of mixed methodology according to the application of several methods, both theoretical and empirical. An analysis of the content of the chapters of the Cuban TV Series "Rompiendo el Silencio" was carried out; interviews and questionnaires were applied to the selected sample among the students of the Central University "Marta Abreu" of Las Villas, and also the specialists in violence of genre; observations, focus groups and the triangulation of methods.
The main results of the research were that Cuban television transmits a sexist vision of women through images, the content of language, due to the lack of training of writers, filmmakers and directors in the subject. The Cuban TV Series
"Rompiendo el Silencio” manages to synthesize in a diverse way the forms and expressions of gender violence that affect any Cuban woman and finally demonstrates the positive impact of it on the students of the Central University
"Marta Abreu" of Las Villas.
Keywords: gender violence, TV Series, Cuban Television.
Índice
Introducción ... 1
Capítulo I. Violencia de género y televisión. Referentes teóricos ... 8
1.1 Género y violencia... 8
1.2 La violencia de género como fenómeno sociocultural ... 15
1.2.1 Violencia hacia la mujer. Una forma de violencia de género ... 19
1.3 Violencia de género en la televisión ... 24
1.3.1 Teleseries y violencia de género ... 31
Capítulo II. El impacto de la teleserie Rompiendo el Silencio, al respecto de la violencia de género, en los estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas ... 34
2.1 El tratamiento de la violencia de género en la televisión cubana ... 34
2.2 La Teleserie Rompiendo el Silencio como producto de la Campaña “Eres Más” por la no violencia hacia las mujeres y las niñas ... 36
2.3 Tratamiento de la violencia de género en la Teleserie Cubana Rompiendo el Silencio ... 38
2.4 Caracterización de la Universidad “Martha Abreu” de Las Villas. Violencia de género ... 46
2.5 Impacto de la teleserie “Rompiendo el Silencio” al respecto de la violencia de género en los estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas ... 48
Conclusiones ... 57
Recomendaciones ... 58 Referencias bibliográficas ...
Anexos ...
1
Introducción
La violencia es una problemática que afecta a todas las sociedades del mundo, al adoptar diversas formas y manifestaciones. Está unida a las relaciones de opresión en la sociedad actual y por consiguiente se halla muy ligada a la historia de las prácticas humanas. Las propias relaciones de producción socio clasistas han generado vínculos asimétricos en todos los grupos humanos, donde unos tienen el poder y otros, simplemente, resultan ser los oprimidos. El hecho de ejercer poder y control sobre otras personas, conllevan necesariamente a una apertura para la violencia. Ahora bien, si se une esta problemática a las cuestiones asociadas al género el asunto cobra otras dimensiones y se vuelve un poco más complejo su estudio.
La violencia de género es producto de ese aprendizaje cultural de carácter machista, resultado de las sociedades patriarcales, que ya han instaurado un patrón en el que las mujeres deben asumir un papel de sumisión o subordinación, mientras que, el hombre, es quien tiene el poder, las capacidades y la fortaleza. Esto coloca a la mujer en un escalón inferior y la obliga a asumir roles estigmatizados, que ponen límites a sus capacidades, aspiraciones y necesidades.
En la actualidad las cifras reales del problema no se conocen en su totalidad, pues muchas mujeres no denuncian tales hechos; pero las informaciones existentes son indicadores de preocupación. En el continente americano, por citar un ejemplo, en Costa Rica una de cada dos mujeres es víctima de agresión por parte de su pareja; en Puerto Rico, el 50 % de las mujeres víctimas de homicidios o asesinatos mueren en manos de sus ex- esposos o esposos actuales; en México el 61% de las amas de casa son golpeadas por su pareja, mientras que en Argentina esto ocurre a una de cada cuatro mujeres, en Chile a un 80 % de las féminas y en Ecuador a un 68%
aproximadamente (Sarmiento, 1995).
En la actualidad la violencia hacia la mujer se ha reconocido como un problema a escala mundial y como un grave obstáculo para el desarrollo y la paz. La puesta en marcha como tema de debate universal ha permitido,
2 apenas, visualizar la punta del iceberg de la victimización femenina (Proveyer, 2005).
Las transformaciones macrosociales realizadas por la Revolución Cubana han permitido a la mujer convertirse en un sujeto protagonista de sus propios cambios, esto se evidencia en el salto cualitativo en su situación social que es expresada en la oportunidad para dirigir, investigar, educar, ocupar cargos políticos, ser ingenieras, sin tener que circunscribirse al contexto de lo doméstico. Se crean instituciones y organizaciones que trabajan en pos de erradicar las inequidades sociales y específicamente aquellas asociadas al género, se ofrecen diversas soluciones desde diferentes especialidades, campañas de concientización y diversas acciones para prevenir la violencia de género. Aunque se ha avanzado mucho en estos temas, aún queda por hacer desde todos los sectores de la sociedad, sobre todo en la cultura.
En Cuba la televisión como medio de socialización tiene un papel fundamental en el tratamiento de esta problemática. A veces se exponen programas que no ofrecen el mejor tratamiento a la violencia de género. Generalmente inciden en la victimización de la mujer, o no lo ven de forma crítica y sin querer perpetúan la visión estereotipada de la mujer en el medio hogareño, como cuidadora, como la responsable de atender al marido.
Hasta ahora, estos programas han jugado un papel importante en cuanto al contenido, aunque un poco distantes y con falta de variedad en sus temáticas sobre la violencia hacia las mujeres y las niñas hasta la reciente aparición de la Teleserie Rompiendo el Silencio, objeto de análisis en la presente investigación.
Por la buena aceptación y la importancia que ha tenido el tema tratado para la población cubana, se ha querido conocer su impacto en el estudiantado de la Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas (UCLV), por demanda del Centro Oscar Arnulfo Romero.
Problema científico:
¿Cuál es el impacto de la Teleserie Cubana “Rompiendo el Silencio”, en cuanto a violencia de género, en estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu”
de las Villas?
Objetivo general:
3 Evaluar el impacto de la Teleserie Cubana “Rompiendo el Silencio”, en cuanto a la violencia de género, en estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas.
Objeto: El impacto de la Teleserie Cubana “Rompiendo el Silencio”.
Interrogantes científicas:
¿Cuáles son los referentes teóricos y metodológicos del tratamiento de la violencia de género en la Televisión Cubana?
¿Cuál es el tratamiento de la violencia de género en la Teleserie Cubana
“Rompiendo el Silencio”?
¿Cuál es el impacto de la Teleserie Cubana “Rompiendo el Silencio”, en cuanto a violencia de género, enestudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu”
de las Villas?
Objetivos específicos:
Fundamentar teórica y metodológicamente el tratamiento de la violencia de género en la Televisión Cubana.
Analizar el tratamiento de la violencia de género en la Teleserie Cubana
“Rompiendo el Silencio”.
Determinar el impacto de la Teleserie Cubana “Rompiendo el Silencio”, en cuanto a violencia de género, enestudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas.
Metodología:
El enfoque conveniente para la presente investigación es el mixto porque se utilizan métodos tanto del enfoque cuantitativo como del cualitativo, puede utilizar los dos enfoques para responder distintas preguntas de investigación.
Implica, desde el planteamiento del problema, mezclar la lógica inductiva y deductiva. Ofrece una percepción más holística e integral del fenómeno estudiado. Da mayor amplitud, profundidad, diversidad, riqueza interpretativa y sentido de entendimiento a la investigación. Además, se utilizará la Guía metodológica para el análisis y la reflexión grupal sobre las violencias hacia las mujeres y las niñas, brindada por el Centro Oscar Arnulfo Romero bajo la
4 autoría de Mareelén Díaz Tenorio y Marisel Pestana Martínez, asesoras de la Teleserie Cubana Rompiendo el Silencio.
Métodos teóricos:
Histórico-lógico: Permitió abordar desde una perspectiva histórica el tratamiento de la violencia de género dentro del contexto de la Televisión Cubana, además de su surgimiento en su devenir lógico como fenómeno. Se utilizó para estudiar y contextualizar el objeto de estudio durante los momentos de aplicación de la metodología.
Analítico-sintético: Implicó delimitar las dimensiones y expresiones significativas de la violencia de género como partes que conforman un todo y sintetizar la esencia del fenómeno dentro de la Teleserie Rompiendo el Silencio de la Televisión Cubana. Posibilitó la recopilación y comprensión de la información en relación con el tema de la investigación. Se analizan los principales documentos y aproximaciones al estado actual de la problemática investigada, así como arribar a conclusiones sobre los elementos principales de la violencia de género que están presentes en dicha Teleserie.
Inductivo-deductivo: Posibilitó el estudio de conceptos, principios generales y leyes universales que se relacionan con la violencia de género puesta de manifiesto en la Teleserie Rompiendo el Silencio de la Televisión Cubana y se empleó en el procesamiento de la información para, a partir de aspectos individuales, llegar a la generalización del tema y arribar a conclusiones sobre el impacto de dicha Teleserie en la Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas.
Métodos empíricos:
Análisis de documento: Favoreció la búsqueda de información relacionada con la problemática en estudio en documentos oficiales como el Código Penal Cubano, el Código de Familia, el Código de Trabajo y La Constitución de la República de Cuba.
Análisis de contenido: se realizó a los capítulos de la Teleserie Cubana
“Rompiendo el Silencio”, a través de varios núcleos de análisis con el objetivo de analizar el tratamiento de la violencia de género.
Entrevistas semiestructuradas: se aplicó a los especialistas para obtener datos relevantes vinculados a la temática de la violencia de género en la televisión
5 cubana y conocer su percepción sobre el tratamiento que ha tenido dentro de la Teleserie Rompiendo el Silencio de la Televisión Cubana, y la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas.
Encuestas: Se realizó a estudiantes de distintas carreras de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV) para analizar el impacto del tratamiento de la violencia de género dentro de la Teleserie Cubana
“Rompiendo el Silencio”.
Grupo focal: Se utilizó para la creación de un grupo de 20 estudiantes divididos en dos subgrupos para la proyección, análisis y el debate de los capítulos:
“Aprensión” y “Oscuridad”, de la Teleserie Rompiendo el Silencio de la Televisión Cubana.
Observación participante: Se aplicó en actividades del Taller realizado en la jornada por la no violencia en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas donde se proyectó y debatió el capítulo “Secreto” de la Teleserie Cubana Rompiendo el Silencio.
Triangulación de métodos: para cruzar la información obtenida a través de los diferentes métodos y técnicas aplicados. Posibilitó una mayor riqueza interpretativa y se corroboran resultados. La triangulación contribuye a elevar la objetividad del análisis de los datos y a ganar mayor credibilidad de los hechos.
Supone el empleo de distintas estrategias de recogida de datos. Su objetivo es verificar las tendencias detectadas en un determinado grupo de observaciones (Ruiz, 1999).
Población y Muestra:
La población se encuentra compuesta por 9022 estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV), además de las asesoras y los directores de la Teleserie “Rompiendo el Silencio” de la Televisión Cubana y la jefa de la “Cátedra Marta Abreu de estudio de género y desarrollo humano” que fueron informantes claves para la investigación.
La muestra (intencional no probabilística) se encuentra compuesta por 360 estudiantes (180 mujeres y 180 hombres) pertenecientes a la sede central de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV). Esta muestra fue seleccionada a partir de un estudio exploratorio previo para detectar el conocimiento de la Teleserie Cubana Rompiendo el Silencio. Con una
6 distribución de 45 estudiantes por facultad, siendo seleccionadas: Ciencias Sociales, Humanidades, Ingeniería Eléctrica, Ingeniería Mecánica e Industrial, Ciencias Agropecuarias, Química y Farmacia, Economía y Construcciones. El estudio se enriquece con el criterio de las dos asesoras y los dos directores de la Teleserie Cubana Rompiendo el Silencio, además de una especialista, jefa de la Cátedra de estudios de género y desarrollo humano de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas.
Importancia
La importancia de la investigación radica en que este es un tema de gran impacto social y cultural debido a la influencia que ejerce la televisión y los espacios de teleserie en la sociedad cubana y mucho más si los mismos se supeditan a la violencia de género; por tanto, es necesario evaluar el impacto que estos tienen en los estudiantes de una institución tan importante como es la Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas (UCLV).
Novedad:
Es novedosa debido a que son pocas las investigaciones que se han realizado respecto a la violencia de género desde una visión sociocultural en espacios de teleserie, como es el caso de “Rompiendo el Silencio”. Además, no se han encontrado investigaciones que evalúen el impacto del tratamiento de la violencia de género de dicha teleserie en los estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV).
Aporte
El aporte teórico y práctico consiste en la actualización de material bibliográfico y la evaluación del impacto de la Teleserie Cubana “Rompiendo el Silencio” en los estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV) teniendo en cuenta las distintas manifestaciones de la violencia de género que en ella se exponen, mediante la aplicación de la Guía metodológica para el análisis y la reflexión grupal sobre las violencias hacia las mujeres y las niñas.
Estructura de la investigación:
El trabajo de diploma está compuesto por dos capítulos. El primero dirigido a realizar un acercamiento teórico a la violencia de género como fenómeno sociocultural, y su tratamiento en el devenir de la Televisión Cubana. Mientras, el segundo capítulo se apoya de estos conocimientos y de diferentes métodos
7 para realizar la caracterización de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas en cuanto al tratamiento que se le da a la violencia de género. El capítulo finaliza con la comprobación de los resultados obtenidos para evaluar el impacto de la Teleserie Cubana Rompiendo el Silencio al respecto de la violencia de género en dicha institución. Al cierre, conclusiones, recomendaciones, referencias y anexos.
8
Capítulo I. Violencia de género y televisión. Referentes teóricos
1.1 Género y violencia
El género ha sido una categoría utilizada para explicar las diferencias sociales y culturales entre los hombres y las mujeres sobre la base de lo sexual. Se reconoce su origen en la obra de Jhon Money, psicólogo de Nueva Zelanda este autor considera que la identidad de género del individuo dependía de cómo había sido educado en su niñez, y podía resultar diversa del sexo biológico. Así surgió también el concepto de género como “rol”, o conjunto de funciones que la sociedad asigna a cada uno de los géneros.
Lo femenino y lo masculino es cuestión de género, categoría que empieza a circular en las ciencias sociales en los años `60. La misma rompe con el carácter biológico de las relaciones entre hombres y mujeres, fundamentando que lo femenino y lo masculino está determinado por las formas de ser, pensar, sentir y actuar que la sociedad ha establecido para cada uno de los sexos. En este sentido el género está relacionado con las diferencias sexuales y en entorno a esta existe toda una creación social de lo femenino y lo masculino que determina lo que son los hombres y las mujeres. “Siendo así, el sexo se hereda y el género se adquiere a través del aprendizaje cultural (Hernández, 2006, p. 1).
La aplicación de las perspectivas de género a disciplinas tan diversas como la historia, la literatura, el lenguaje, las artes, la política, los medios de comunicación, la religión, etc., fue ampliando y complicando el sentido mismo del concepto desde los años 70: el género se fue definiendo en términos de status, de atribución individual, de relación interpersonal, de estructura de la conciencia, como modo de organización social, de ideología o como simple efecto del lenguaje (Osborne &
Molina, 2008).
En los años 80 el género demostraba ser una categoría útil para delimitar con mayor claridad la diferencia (biológica) que se convierte en desigualdad (económica, social y política) entre mujeres y hombres, colocando en el terreno simbólico, cultural e histórico los determinantes de la desigualdad entre los sexos. En tal sentido, la admisión del género como categoría de análisis ha significado la ruptura epistemológica más importante de las últimas décadas en las ciencias sociales, pues
9 ha implicado el reconocimiento de una desigualdad social que había sido hasta entonces subsumida en la dimensión económica, tanto por la teoría de las clases como por las de la estratificación social (De Barbieri, 1992).
Según Marta Lamas el género es el conjunto de ideas sobre la diferencia sexual que atribuye características femeninas y masculinas a cada sexo, a sus actitudes y conductas, y a las esferas de la vida. Así mediante el proceso de construcción del género, la sociedad fabrica las ideas de lo que deben ser los hombres y las mujeres, de lo que es “propio” de cada sexo. La diferencia sexual se estructura psíquicamente y la simbolización cultural de la misma diferencia, el género, no sólo marca los sexos sino también la percepción de todo lo demás lo social, lo político, lo religioso y lo cotidiano (1999).
La elaboración del concepto de género es un avance cualitativo, es decir, el entender que los roles y las tareas asociadas a lo femenino y lo masculino se deben a la sociedad y no a las diferencias biológicas, ha supuesto analizarlos con otra óptica.
Desde esta perspectiva el significado de ser hombre o mujer, los contenidos de sus relaciones, los deberes y prohibiciones para ambos se entienden como pautas culturales y no naturales, por tanto, son susceptibles a cambios y modificaciones.
El género no solo es una categoría analítica e histórica, por su factibilidad para profundizar en las formas pautadas socialmente de relación entre hombres y mujeres que generan desigualdad y jerarquía en una cultura determinada; sino que también se le atribuye un carácter multidimensional. El enfoque histórico cultural y sus exponentes conciben al sujeto como un ser social en constante intercambio con el medio en el que se encuentra inserto, formándose en este proceso la subjetividad, que se expresa en la regulación del comportamiento en los distintos espacios en los que el sujeto interactúa. Esta subjetividad es, entonces, un producto donde la cultura patriarcal ha dejado su impronta, pero es a la vez proceso a través del cual se perpetúa, constituyéndose en proceso reproductor del género ya constituido y de nuevas formas del mismo.
Se aprecia hasta aquí cómo el género pasa a formar parte de la subjetividad de los seres sexuados, al cristalizar sus identidades. Pero una cuestión fundamental en la comprensión del género es concebirlo no solo como producto sino también como proceso.
10 La categoría género, como construcción sociohistórica y cultural, no es una estructura estable. Es una realidad procesal con potencialidades para el cambio en un espectro de intensidades mayores o menores. Su carácter de proceso hace que se integren simultáneamente el movimiento y la estabilidad. Es por eso que Lagarde advierte que: «es posible que una persona a lo largo de su vida modifique su cosmovisión de género simplemente al vivir porque cambia la persona, cambia la sociedad y con ella cambian valores, normas y maneras de juzgar los hechos» (Lagarde, 1997, p.14).
Desde la perspectiva psicológica, San Martín (2012) afirma que el género es una categoría en la que se articulan tres instancias básicas: la asignación de género, la identidad de género y el rol de género.
La asignación de género: se realiza en el momento en que nace la criatura, a partir de la apariencia externa de sus genitales.
La identidad de género: es el esquema ideo-afectivo más primario, consciente e inconsciente, de la pertenencia a un sexo y no al otro. Se establece más o menos a la misma edad en que la criatura adquiere el lenguaje (entre los dos y tres años) y es anterior a su conocimiento de la diferencia anatómica entre los sexos. Una vez establecida la identidad de género, cuando un niño se sabe y asume como perteneciente al grupo de lo masculino y una niña al de lo femenino, ésta se convierte en un tamiz por el que pasan todas sus experiencias.
El rol de género: es el conjunto de deberes, aprobaciones, prohibiciones y expectativas acerca de los comportamientos sociales apropiados para las personas que poseen un sexo determinado. La tipificación del ideal masculino o femenino es normativizada hasta el estereotipo, aunque en el desarrollo individual la futura mujer u hombre haga una elección personal dentro del conjunto de valores considerados propios de su género. No obstante, los roles y estereotipos de género, tanto femenino como masculino, están tan hondamente arraigados, que son considerados como la expresión de los fundamentos biológicos del género.
El estereotipo de género se define como un conjunto de ideas que favorecen el establecimiento de roles fuertemente arraigados en la sociedad. Estas ideas simplifican la realidad dando lugar a una diferenciación de los géneros que se basa en marcar las características de cada uno, otorgándoles una identidad en función del papel social que se supone deben cumplir (Belmonte & Guillamón, 2008). De acuerdo a esto, es determinante el papel de los estereotipos en el mantenimiento de las desigualdades de género, por cuanto realizan la función de
11 asignar a cada género las características de la identidad a incentivar en función del papel social preferente a consolidar (Antón, 2001).
Los procesos educativos sesgados por los estereotipos de género son discriminatorios y con efectos negativos sobre las personas. Los modelos sexistas estereotipados, se transmiten, reproducen y consolidan a través de los diferentes agentes o ámbitos socializadores y desde etapas tempranas de la vida. Estos modelos conforman un conjunto de diferencias, supuestamente sexuales, que integran los géneros y determinan casi siempre su contraposición, caracterizadas por relaciones de poder y fuerza (González & Castellanos, 2003).
El imaginario que hay tras la noción de posicionamiento radica en que es preciso indagar en los desplazamientos que viven los sujetos al interior de las jerarquías.
(Montecino, & Rebolledo, 1997). Tales diferencias jerárquicas están regidas por cánones patriarcales, que se han encargado de establecer rígidos estereotipos sobre lo que en cada cultura considera como masculino o femenino. La producción y reproducción de la dominación de género está asentada en las diversas instancias sociales que influyen en la vida de cada individuo. La familia, el sistema educativo, los medios de comunicación de masas se ocupan diariamente de transmitir y por tanto legitimar los estereotipos de género. De la misma forma, las relaciones interpersonales contienen en sí la fuerza estructuradora de los mismos patrones y del estatus correspondiente a la problemática del género.
En consecuencia, las construcciones socioculturales patriarcales han fundado relaciones humanas mediadas por asimetrías impuestas y mediatizadas por la relación de poder entre los géneros.
Luego de haber analizado las perspectivas anteriores podemos posicionaron al respecto en la siguiente definición de género:
Proceso de construcción social e histórica, a través del cual se configuran las relaciones entre hombre y mujer, entre hombres y entre mujeres y en relación con todo un sistema social con sus contradicciones que le sirve de base, definiéndose patrones, símbolos, representaciones, valores y sus correspondientes prácticas, que encierran lo legitimado como masculino y femenino en una cultura determinada, e incluso en un tiempo, contexto y espacio específico, pues no es una construcción estática (Rivero, 2009, p.12).
Como resultado, la búsqueda y conservación del poder o a la lucha por la no subordinación entre géneros, se ha encontrado unida la violencia. Entendida ya
12 como un mecanismo para agredir, coaccionar, manipular, dominar; y causar disimiles daños en el desempeño sicosocial de las víctimas.
La violencia ha llegado a designar todo choque, tensión, relación de fuerza, desigualdad y jerarquía. De un año a otro su significación se amplía, su contenido se espesa e incluyen los pequeños delitos intencionales, los crímenes más bajos, los intercambios de palabras, conflictos sociales y otras contrariedades más banales.
Esto es así porque los criterios de análisis son muy variados y raramente precisados.
Dentro del lenguaje común, en boca de los responsables de la justicia o del orden, la noción de violencia es todavía imprecisa, elástica y sobre todo extensible a voluntad.
A falta de una definición jurídica de la violencia, todas las significaciones que le son prestadas son fluctuantes y extensibles a voluntad, son permitidas (Chenais, 1981).
La violencia es un comportamiento adquirido; arraigada en la condición humana.
En esto coinciden varios especialistas, ella no es, pues, ni inevitable ni instintiva, se aprende y legitima socialmente con las vivencias prácticas de la cotidianidad en un contexto histórico-social y cultural determinado.
(…) la violencia es un proceso exclusivo al ser humano, de carácter histórico y socialmente aprendido. La agresividad humana es, por tanto, una manifestación conductual de la violencia. La teoría del aprendizaje social, desarrollada por Bandura (1976), plantea que los comportamientos agresivos se generan a partir de estímulos cuya repetición o refuerzo en su ejecución los ha afianzado en la conducta del individuo. “…las personas (…) pueden adquirir estilos agresivos de conducta, ya sea por observación de modelos agresivos o por la experiencia directa del combate”. Rielo (citado por Villamañan, 2010, p.24)
Domenach afirma que la violencia es específicamente humana y, en este sentido, ella es una libertad (real o supuesta), que quiere forzar a otro sobre ello expreso
«Yo llamaría violencia al uso de una fuerza abierta o escondida, con el fin de obtener de un individuo o de un grupo eso que ellos no quieren consentir libremente». (1980, p.33)
La violencia es cualquier estado, intención o acción destructiva de naturaleza física, verbal o psicológica, dirigida directa o indirectamente contra uno mismo u otra/as personas. Puede ser considerada como un ejercicio de poder y dominación e incluye acciones de diversa índole como:
acosar, pegar, ignorar, insultar, intimidar, menospreciar, abusar física,
13 sexual o emocionalmente de alguien, actos de vandalismo, así como aquellos actos que pueden llevar a perpetuar la violencia (Paz, 2002).
La violencia involucra el uso de la fuerza (ya sea física, psicológica, económica, política…) para producir daño. En todas sus manifestaciones, siempre constituye una forma de ejercicio del poder, real o simbólico, que adoptan habitualmente la forma de roles contemporáneos: padre-hijos, maestro-alumno, patrón-empleado, joven-viejo y por supuesto la relación hombre-mujer donde generalmente la mujer es quien tiene la posición de desventaja. (Corsi, 1994). Se demuestra así, que la violencia opera en diversos ámbitos de la vida del individuo en los que se pueden observar diversas formas y manifestaciones de este fenómeno.
En relación a la complejidad del fenómeno hay autores que se centran en el tipo de daño o maltrato ejercido, el cual según (San Martin, 2012) se puede clasificar en diversos tipos:
Psicológico: todo acto o conducta que produzca desvalorización o sufrimiento.
Comprende amenazas, humillaciones, exigencia de obediencia, conductas verbales coercitivas como los insultos, así como el aislamiento, el control de las salidas, descalificaciones públicas y el control del dinero. El empleo de este tipo de violencia conduce a la destrucción del equilibrio psicológico. Son actos de naturaleza verbal o no verbal que generan intencionalmente en la víctima ansiedad, temor o miedo.
Físico: todo acto no accidental que provoque o pueda provocar daño físico o enfermedad (heridas, fracturas, golpes, quemaduras, bofetadas).
Económico y Patrimonial: que incluye la privación intencionada, y no justificada legalmente, de recursos para el bienestar físico o psicológico o la discriminación en la disposición de los recursos compartidos en el ámbito de la convivencia de pareja.
14 Sexual: toda conducta que atenta contra la libertad sexual mediante el empleo de la fuerza o la intimidación, o que valiéndose de una posición de poder impone una relación sexual contra su voluntad. Este tipo engloba las agresiones y abusos sexuales, el ciberacoso, el exhibicionismo, los incestos y también el acoso sexual, entendiéndolo como todo comportamiento sexual ofensivo y no deseado, impuesto valiéndose de una situación de superioridad laboral, docente o similar que genera un entorno hostil y humillante repercutiendo negativamente en sus condiciones de vida y estabilidad psíquica.
La Organización Mundial de la Salud define a la violencia como:
…uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho, o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones (2003, p. 2).
La misma publicación clasificación la violencia en tres grandes grupos según el autor del acto violento:
La violencia auto-inflingida abarca los comportamientos suicidas y autolesiones.
La violencia interpersonal comprende la violencia familiar o de pareja y la violencia comunitaria.
La violencia colectiva como el uso instrumental de la violencia por personas que se identifican a sí mismas como miembros de un grupo con la intención de lograr ciertos objetivos ya sean políticos, económicos y religiosos.
Este fenómeno no solo se circunscribe a la acción física, sino que también se ejerce bajo formas de control y dominación social, poco visibles durante los procesos de socialización. Las formas de violencia tanto la psicológica como la simbólica, se reproducen en las relaciones interpersonales, en las actividades grupales y las instituciones del estado. Funciona a partir de la imposición de significados legítimos, inevitables e inmutables, que originan una invisibilización, desvalorización, coerción, dominación sexual, y esencialmente, subordinación simbólica.
Johan Galtung (1995) en su libro: “Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución”, establece tres tipos de violencia
Violencia estructural (relativa a injusticia, exclusión y desigualdad social.
Se centra en el conjunto de estructuras que no permiten la satisfacción de
15 las necesidades y se concreta, precisamente, en la negación de las mismas)
Violencia cultural (crea un marco legitimador de la violencia y se concreta en actitudes, hace referencia a aspectos de la cultura que la legitiman a través del arte, la religión, la filosofía, el derecho, etc.)
Violencia directa (se concreta con comportamientos y se considera una de las más reconocibles dentro del imaginario social).
La violencia cultural y sus formas perduran básicamente bajo las mismas apariencias culturales específicas durante espacios de tiempo largos. Este tipo de violencia incluye las legitimaciones, represiones culturales y sus representaciones simbólicas respectivas, si bien las acciones corresponden obviamente a la violencia directa. La violencia estructural en cambio, actúa de modo sutil bajo las formas diversas del ejercicio de poder y de la dominación social, política, económica, etc. Tal y como aduce el autor, las interacciones y combinaciones entre estos tres tipos de violencia son múltiples. Entre si componen ciertamente un triángulo interconectado del cual desde cualquier elemento se puede transmitir fácilmente la violencia a otro. (Galtung, 2003)
1.2 La violencia de género como fenómeno sociocultural
La violencia de género responde a una violencia estructural, sostenida en una cultura de dominación y relaciones de poder; las personas asimilan el mundo a partir de determinadas categorías, las cuales configuran formas de pensar, hablar, sentir y vivir, y que, a modo de “marca” nos dividen en hombres y mujeres, heterosexuales, bisexuales y homosexuales, ricas y pobres, autóctonas y emigrantes, capacitadas o discapacitadas. (Arisó & Mérida, 2010).
Con el tiempo la violencia de género ha ido impregnándose de significado social, adulterando la definición inicial basada en el binomio indisoluble de violencia y género. Y pasó de satisfacer una necesidad de supervivencia a convertirse en una conducta instrumental que introduce desigualdad en una relación interpersonal o mantiene una desigualdad profunda y estructural. En este sentido, la violencia y el género se convierte en un binomio inseparable, ya que la primera se usa como mecanismo para conseguir un plus de presencia o influencia respecto a lo segundo (Expósito, 2011).
16 El desarrollo y mantenimiento de la violencia de género en la sociedad es de origen sociocultural dado que los comportamientos agresivos se encuentran institucionalizados, es decir, asentados en valores y prácticas que los dotan de justificación y aceptación; por tanto son normalizados de tal forma que se sabe quién, cómo y cuándo pueden o deben poner en acto formas de violencia, de modo que se concretan en actuaciones o comportamientos impuestos a los individuos dependiendo del rol y del lugar que asuman u ocupen, y por los que se ven impelidos a actuar de forma agresiva o aún a tolerar la propia victimización, al asumir la violencia como una conducta ajustada a la posición o situación social de cada persona. Los factores sociales muestran como este problema de salud pública tiene sus raíces en una construcción social, en la organización social, cultural y económica de una sociedad, así como las normas y valores legales, religiosos y éticos vigentes.
Para Bourdieu, la violencia de género es al mismo tiempo un producto cultural que condiciona la subjetividad y las relaciones sociales y un principio generador de disposiciones y prácticas, que no son solo estrategias de reproducción determinadas por las condiciones sociales de producción, sino también son producidas por las subjetividades. Es central en el proceso de adquisición de la identidad y de estructuración de la subjetividad: en la forma de pensarse, en la construcción de su propia imagen, de su autoconcepción, los seres humanos utilizan los elementos y categorías hegemónicas de su cultura (2000).
Para (Corsi, 1995) se define en términos de las estructuras de discriminación que sostienen y perpetúan las desigualdades entre hombres y mujeres sobre la base de una estratificación, en la cual, se diferencian roles intra y extradomésticos, capacidades, funciones en uno y otro caso, erigiéndose como resultado: la identidad masculina tradicional, sobre la base de dos procesos psicológicos simultáneos y complementarios: el hiperdesarrollo del yo exterior (lograr, hacer, actuar) y la represión de la esfera emocional.
Otras propuestas consideran que la violencia de género forma un solo cuerpo con las injusticias estructurales y alimenta la lógica imperante de una cultura violenta, donde se nos trata de acostumbrar al dominio de unos a otros
17 como forma natural de vida y sustento ideológico de una sociedad de subordinación (Breilh, 1994).
Banchs (1996) asegura que la expresión “violencia de género” va más allá de aquella violencia que se desprende del hacho de ser mujer o hombre y que se dirige de un género a otro (pp 13- 14). Esto demuestra que la violencia de género no es solamente una cuestión que corresponda a las mujeres, aunque la afirmación anterior limita su visión a la relación hombre-mujer, e ignora en el mejor de los casos algunas cuestiones intragenérica.
En tanto, la violencia de género es un tema que incluye lo intragenérico y lo intergenérico pues ocurre entre personas de igual o diferente identidad de género. Todas las personas, independientemente de su sexo, orientación sexual e identidad de género, pueden ser sujetos de violencia de género (Rivero, 1999).
Relacionado con este enfoque de la violencia de género se incluyen los actos individuales de violencia que ocurren dentro de lo que Kaufman (1989) describió como «la tríada de la violencia de los hombres». La misma está constituida por la violencia de los hombres contra las mujeres, la de los hombres contra otros hombres y la de un hombre contra sí mismo.
La violencia de género sobre hombres, al igual que otras formas de violencia, constituye un proceso “naturalizado”, asignado y asumido como normal, que se produce y reproduce en las relaciones sociales, con énfasis en los espacios grupales de socialización primaria, pero que abarca el conjunto de elementos del sistema político de la sociedad, demostrando así que no solo la mujer es objeto de violencia. (Rivero, 2009)
Tomando en consideración los aspectos abordados, en la presente investigación se asume la siguiente definición:
La violencia de género concierne a todos los actos u omisiones mediante los cuales se daña, discrimina, ignora, somete y subordina a otra persona en los diferentes aspectos de su existencia por razones relacionadas con el género, por transgredir los modelos hegemónicos de lo masculino y lo femenino. (Valdéz et al., 2011, p.29)
. Esta forma de violencia atañe a:
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Formas de ataque material y/o psicológico que afecta la libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física de una persona.
Se produce en:
- la díada hombre/mujer, donde cada uno puede ser indistintamente víctima o victimario/a. A esta forma le llamamos violencia intergénero, pues ocurre tanto de los hombres hacia las mujeres como de las mujeres hacia los hombres.
- la dimensión intragénero, es decir, entre los hombres y entre las mujeres, siempre por razones relacionadas con el género. Es la violencia del hombre y la mujer hacia sí mismo y hacia personas de su mismo sexo con independencia de la edad.
Al compartir estos posicionamientos, se demuestra que en la actualidad la intención respecto al enfoque de género es lograr la equidad de derechos y deberes. Las investigaciones han de estar dirigidas a ubicar exactamente los papeles de hombres y mujeres en la realidad. En otras palabras, concebir a ambos como víctimas de algunos fenómenos, pero también como generadores de otros en alguna medida, por estar insertados en una cultura y reproducir en su propio comportamiento, estilos de actuación y comunicación del momento histórico y concreto en que viven.
Desde una noción amplia, la violencia de género ocurre en cualquier ámbito de la vida cotidiana. Esta forma de violencia está varada en comportamientos establecidos, en normas y actitudes basadas en el género y la sexualidad.
Además, se encuentra arraigada en los discursos de género sobre normas y definiciones de lo que significa ser hombre o mujer y en el lugar que ocupa cada uno con relación a sí mismos y a otros grupos de mujeres y hombres.
Existirá siempre que se ejerza violencia desde una persona hacia otra, en razón de las concepciones o cosmovisiones de género que se defiendan o se intenten preservar.
Por tanto, es válido destacar que existen diversas formas y ámbitos de expresión de la violencia de género (Anexo I).
La violencia física suele ser la más visibilizada y conocida, su elevada carga de emociones y sensibilidad la hace formar parte de conversaciones cotidianas y de la agenda de los medios de comunicación; es concebida como expresión de
19 la violencia de género por excelencia. Por todo ello, tienden a ser minimizadas o subestimadas otras manifestaciones cotidianas de violencia, poco visibilizadas, menos “espectaculares” pero también muy lacerantes.
Las denominadas “microviolencias” o violencia sutil, como formas de discriminación, se caracterizan por la presencia de un trato desigual hacia uno de los géneros en detrimento del otro y al interior de ellos. En la literatura especializada estas formas de violencia se conocen como formas indirectas de violencia. Las expresiones sutiles de violencia son un modo de manipulación social; se legitiman en piropos, refranes, chistes, mitos y expresiones de sexismo en el lenguaje cotidiano donde hábitos, costumbres, proverbios, creencias, estereotipos y mitos son justificados y perpetuados mediante recursos y acciones manipuladoras (Valdéz et al. 2011).
Son formas de dominación suave, modos larvados de dominación que producen efectos dañinos, los cuales no son evidentes al comienzo de una relación, pero se van haciendo visibles a largo plazo. Dada su invisibilidad, se ejercen, generalmente, con toda impunidad. Buscan reafirmar la identidad masculina, asentada con fuerza en la creencia de superioridad con respecto al sexo femenino.
1.2.1 Violencia hacia la mujer. Una forma de violencia de género
Al hablar de violencia de género diversos autores; incluso, tratados internacionales, regionales y compromisos nacionales se remiten a la violencia ejercida contra las mujeres y las niñas. La ley Orgánica 1/2004 afirma que se trata de la violencia o las diferentes violencias inferidas por hombres hacia mujeres por el mero hecho de ser mujeres y constituye manifestación de re- laciones de poder históricamente asimétricas. Es innegable que cuando se habla de esta problemática las mujeres son las más vulnerables por ser las víctimas por excelencia de la dominación masculina, a pesar de que este será el tema esencial del presente epígrafe, cabe destacar que muchas investigaciones incurren en la constante de trabajar la violencia de género como violencia hacia las mujeres y las niñas, obviando la complejidad y amplitud del concepto género y por ende el de violencia de género.
20 La “Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer” aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas de 1993 define la violencia contra las mujeres o violencia de género como: “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”. Añade una precisión sobre las múltiples formas en que los estados, comunidades y personas ejercen violencia de género contra las mujeres, encuadrando en ella los malos tratos perpetrados por la pareja (marido, ex-cónyuge, novio)”.
La concepción patriarcal y androcéntrica convierte al hombre en el centro del poder, a decir de Ardent, 2006, es muy frecuente encontrar la combinación de violencia y poder, no obstante, son distintos fenómenos. «Al mezclarse otros factores de carácter más limitado (culturales, individuales, de aprendizaje, etc.) permiten entender la existencia a escala internacional de la violencia contra las mujeres.» (Proveyer, 2005, p.10).
El origen de esta desigualdad se observa desde los pueblos primitivos, donde por condiciones adversas de la naturaleza y la precariedad de las herramientas de trabajo, era el hombre quien buscaba el alimento, mientras que la mujer cuidaba a los hijos. (Cagigas, 2000). Estas diferencias naturales y culturales dieron lugar a la creación de un ideal donde la mujer, es quien realiza las labores domésticas o las más sencillas.
La organización social patriarcal sitúa el desarrollo a partir de la violencia sobre las mujeres y la recrea al convertirla en mecanismo de reproducción de su dominio estimulando las mentalidades opresivas, depredadoras y violentas e inhibe la solidaridad y la empatía entre mujeres y hombres.
La sociedad patriarcal, ha definido a los varones como superiores por naturaleza y les confiere el derecho y la responsabilidad de dirigir la conducta de “su mujer”. Esto se traduce en una serie de premisas sostenidas por amplios sectores de la población, por ejemplo: las mujeres son inferiores a los varones, la mujer es el sexo débil, el hombre es el jefe del hogar, el hombre tiene derechos de propiedad sobre la mujer y los hijos. Por lo tanto, estas creencias y valores se traducen en estructuras sociales particulares, como son: la división
21 del trabajo, las políticas institucionales y la discriminación de la mujer. (Corsi, 2006).
En el Estudio sobre todas las formas de violencia contra la mujer, del Informe del Secretario General de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 6 de julio de 2006, se enuncian las distintas formas de violencia que pueden padecer las mujeres, tratándose de las siguientes (ONU, 2006):
Violencia hacia la mujer en el ámbito de la pareja.
Violencia hacia la mujer dentro de la familia.
Violencia hacia la mujer en la comunidad.
Violencia hacia la mujer cometida o tolerada por el Estado.
Violencia hacia la mujer en conflictos armados
La investigadora Leonore Walker definió el Ciclo de la violencia a partir de su trabajo con mujeres, y actualmente es uno de los modelos más utilizado por los/as profesionales (Anexo II). Con este ciclo se pretende explicar la situación en la que se da la violencia física, ya que la violencia psicológica no aparece de manera puntual, sino a lo largo de un proceso que pretende el sometimiento y control de la pareja. Cuanto mayor sea el tiempo en que el ciclo se cumpla ininterrumpidamente: la violencia se vuelve más grave y la tercera fase se vuelve más corta (Días & Pestana, 2017).
La violencia de género está presente aún en la sociedad cubana, con todas las implicaciones que se derivan de esta problemática para las mujeres en cualquier parte del mundo; sus manifestaciones adquieren los mismos matices, desde un silencio hasta la muerte, porque la estructura social patriarcal, aunque menos monolítica, debido a los cambios operados a nivel social, sigue sirviendo de puntal a la dominación masculina. Sin embargo, las especificidades que radican no solo en la ausencia de algunas formas de violencia, sino en la magnitud del fenómeno y en otras características de las que los estudios y la práctica social, han ido dando cuenta, sin ser concluyentes, padecen de los mismos déficits antes mencionados para la región, pero apuntan a un hecho significativo que no puede desestimarse cuando se analiza la problemática de la violencia de género en el país: la incidencia directa de las transformaciones ocurridas en la situación social de las mujeres cubanas en las formas que van asumiendo las relaciones intergenéricas (Proveyer, 2014).
22 Las principales formas en que se expresa la violencia en Cuba son: la violencia intrafamiliar contra la mujer y las niñas, en todas sus gamas, con predominio de la violencia psicológica y de la emocional y en menor medida, las violaciones no conyugales; además del acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones académicas o en cualquier otro lugar, y la prostitución forzada. También se evidencia un aumento significativo de la violencia contra la mujer como resultado de la crisis que ha enfrentado la economía cubana desde inicios de la década del noventa del pasado siglo.
Otras formas de violencia como el acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones académicas o en cualquier otro lugar, y la prostitución forzada, parecen tener menos relevancia que la violencia doméstica, pero se requiere de más estudios y visibilización científica para poder conocer mejor sus peculiaridades e intervenir más eficientemente en su modificación.
(Almaguer, 2013).
Sin embargo, la disminución y/o eliminación de varias de las formas de violencia contra la mujer en Cuba, antes mencionadas, se debe sobre todo a los cambios operados en la situación social de las mujeres, al incremento de la conciencia de género y a la aplicación de las Políticas Sociales por el Estado cubano convertido en garante de derechos y proveedor social de la incorporación de la mujer como fuerza decisiva para el logro de la integración y la equidad social (Lang, 2009). A partir de mediados de los 90, se sumó a estos la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana, y especialmente el departamento de psicología, anexo a aquella, donde se efectuaron varios estudios cualitativos acerca de la identidad genérica de mujeres maltratadas y hombres maltratadores (Alberdi Rivero 1996; Lisset Espina 1999; Proveyer 2001a). Entretanto, también se han realizado investigaciones sobre aspectos de la violencia de género en diversas capitales provinciales (CENESEX 2003).
Por solo citar algunos ejemplos se cuenta con una red de Casas de Orientación Apoyo a la Mujer la Familia en todo el territorio nacional, un Grupo Nacional de Trabajo para la Atención y la Prevención de la Violencia Familiar (GNTV), particularmente la perpetrada hacia las mujeres, coordinado por la Federación de Mujeres Cubanas.
23 Las leyes cubanas, a pesar de que se ha avanzado hacia los derechos de las mujeres, todavía queda mucho por actualizar en la materia.
a) La Ley de Maternidad dentro del Código del Trabajo (1974), que se fue transformando hasta la última modificación en los años de Período Especial 1992-1993, por la que se le permite a la mujer permanecer con su puesto de trabajo cubierto durante un año cuidando al niño, b) el Código de la Familia (1975), que establece la colaboración de ambos miembros de la pareja en las tareas del hogar, c) la Constitución de la República de 1976, que plantea la igualdad de salario entre los sexos, d) las Comisiones de incorporación y permanencia de la mujer en el trabajo creadas en el 1974 y revitalizadas en el 1996, para asegurar que se le dé un trato diferenciado más favorable a la mujer.
La sustentación institucional de la violencia de género viene dada en el llamado dogma de la potestad marital que estuvo vigente desde 1928 hasta prácticamente la creación del Código de Familia en 1975 y todavía están presentes en los estereotipos que se transmiten de generación en generación.
Según dicho dogma el hombre se convertía en el patriarca con todos los derechos sobre la mujer y los hijos, y aunque se fueron introduciendo algunas reformas, en distintos momentos históricos, solo en el Código de Familia se establecen derechos y deberes conyugales en un plano de absoluta igualdad.
(Almaguer, 2013, p.9)
El Código Penal cubano en esta materia todavía no cubre todas las necesidades sobre la competencia y especificidad para sancionar los actos de violencia contra la mujer y se constituye así en un problema de especial atención. La Ley No.62 del año 1987. Código Penal vigente modificado por los cuerpos jurídicos antes mencionados omite el tema en cuestión, al no hacer referencia en ninguno de sus títulos a la violencia hacia la mujer.
La Carta Magna, en su capítulo IV, denominado" Familia", artículo 35 expresa concretamente que:
"El Estado protege a la familia, la maternidad y el matrimonio y que este descansa sobre la igualdad absoluta de derechos y deberes de los cónyuges, los que deben atender al mantenimiento del hogar y a la formación integral de los hijos, los cuales gozan de iguales derechos".
24 Pero además el texto constitucional en el capítulo sexto, artículos 41 y 42 ofrece el principio de igualdad de todos los ciudadanos y se proscribe la discriminación por motivos de sexos, y para que no exista lugar a dudas en el artículo 44 plantea específicamente que: «la mujer y el hombre gozan de iguales derechos en lo económico, político, cultural, social y familiar».
Un logro importante es la creación en 2016, por la Fiscalía General de la República, de una línea de ayuda conectada directamente a la institución para tratar de forma específica estos asuntos, que ofrece orientación, información sobre el proceder jurídico ante los casos de violencia intrafamiliar o cualquier otro conflicto asociado a la dinámica familiar.
Las investigaciones y el activismo de la sociedad cubana en las últimas décadas muestran la existencia del problema y, al mismo tiempo, condiciones propicias para intensificar el debate y generar conciencia de la necesidad de prevenir y atender la violencia contra las mujeres y las niñas.
1.3 Violencia de género en la televisión
Según Rita María Radl los medios de comunicación de masas modernos cumplen un modelo global de función ideológicamente regresivo en relación con el rol de género. De modo que favorecen e inciden en el mantenimiento de estructuras de poder con rasgos androcéntricos. (2011). Afirmando así que:
Los medios de comunicación de masas inciden en la reproducción y producción de una realidad social mediante la transmisión de elementos falsos y trastocados en relación a los roles de género. Estas aseveraciones se sitúan en una línea epistemológica que rompe con una mera crítica representacionista y defiende una posición teórico-constructivista que presta especial atención a la función
“constructora” de los medios con vistas a los roles de género enlazando con la convicción semiótica de que el lenguaje, las imágenes y la comunicación en general construyen y generan la propia realidad a la vez que ofrecen el bagaje simbólico para reconstruirla. (Radl, 2011, p.166)
Desde una óptica de la socialización humana, la comunicación mediática implementa y mantiene una visión anclada en un dominio masculino omnipresente en todas las representaciones e informaciones, a pesar de que la propia realidad social muestra unos parámetros distintos acerca del
25 protagonismo social de mujeres y varones, ejerciendo con ello una función ideológico-regresiva en lo concerniente al rol de género femenino y masculino que reproduce de forma sistemática los estereotipos androcéntricos en la
“conciencia colectiva” de los sujetos, usando una concepción ya clásica y original referente a la función socializadora de la educación. (Durkheim, 1991) Ya en 1995 la Plataforma para la Acción, reunida en Beijing para la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, estableció la necesidad de fomentar una imagen equilibrada y sin estereotipos en los medios de comunicación, para lo que se recomendaba, entre otras cuestiones, criticar los estereotipos sexistas, fomentar la investigación y la educación en la búsqueda de imágenes plurales, o desarrollar mecanismos de autorregulación por parte de los propios medios para evitar estas acciones moralmente sancionables.
La palabra televisión es un híbrido de la voz griega “tele” (distancia) y la latina
“visio” (visión). El término televisión se refiere a todos los aspectos de transmisión y programación, que busca entretener e informar al televidente con una gran diversidad de programas.
Los primeros vestigios de la televisión se remontan aproximadamente, desde finales del siglo XIX hasta 1935. Sin embargo, no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial, en los EEUU, cuando la televisión llegó a consolidarse como verdadero Medio de Comunicación. Los años 50 son calificados por muchos analistas como aquellos del gran salto de la televisión, al ser la década de su extensión por el mundo. Aunque se encontraba subordinada económica y políticamente al Estado, situación que se revierte hasta cierto punto durante los años 60. Actualmente continúa vinculada directamente al aparato estatal y se ha intensificado el control de los mensajes televisivos.
Gerbner afirma que: «La televisión es la fuente de mensajes más extensamente compartida» (1982). Se ha convertido en una fuente primaria común de socialización e información cotidiana para lo que antes eran poblaciones heterogéneas, trascendiendo barreras históricas, de movilidad y de cultura.
La televisión es el medio de comunicación masiva, que ejerce mayor influencia en nuestra vida diaria, no solo de forma económica y política, sino también cultural,
26 social y psicológica; dado esencialmente por su alcance masivo y la aceptación que ha logrado en los destinatarios. Estas características son las que la convierten en uno de los medios más eficaces - aunque no el único - en la reproducción de la ideología dominante; pues no solo cuenta con información auditiva sino visual y verbal; lo que permite que la audiencia reciba el mensaje a través de la escucha (sonidos y palabras) y además se vea reflejado en el contenido visual trasmitido. (Pino, 2009, p.36-37)
Algunas de las funciones que la sociedad le otorga a la televisión se pueden decir que son: distracción, pasatiempo (necesidad de evasión), fuente de información (cognoscitiva), compañía (afectiva e integración personal), motivo de reunión familiar (integración social), motivo de reunión social (integración social) y medio de adopción de esquemas mentales (integración personal y social) (Caldeiro, 2005).
Bourdieu en su obra “Acerca de la televisión”, realiza un análisis de la televisión como medio de comunicación y la concibe como un instrumento de dominación simbólica. Plantea que detrás de ella existen mecanismos de dominación que operan de forma anónima y mediante los cuales se ejercen influencias que hacen de la televisión el objeto de la violencia simbólica. De esta manera la televisión se vale del uso de símbolos para la trasmisión de estilos de vida, ideas, comportamientos, que responden a una clase dominante, con una sencillez en la elaboración de sus expresiones que hasta los más desprovistos culturalmente logran descifrarla lo que demuestra con la siguiente afirmación:
«La televisión tiene una especie de monopolio de hecho sobre la formación de los cerebros de una parte importante de la población». (Bourdieu, 2000, p.8) Según (Martín, 1981) la televisión llega a través de tres formas diferentes:
1) Se puede concebir la televisión como objeto, es decir, como mueble que organiza la distribución del hogar, instalado en el lugar en el que concurren todas las miradas y que, al final, impone una disposición familiar de contacto lateral (hombro con hombro) en detrimento del más deseable contacto frontal (cara a cara). Además, imprime cierto “status”
ya que su modelo indica el nivel de vida de la familia.
2) Se piensa en la televisión como agente. Todos los días este medio informa sobre lugares que no se conocen y experiencias que no se han vivido. Proporciona una parte importante del entorno de una persona, un