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Alfarería (Remana en la

Q&ahía de &ádiz

Lázaro Lagóstena ‘Barrios

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Diseñoy Maquetacion: GrafiCOLOK Editan:

Publicaciones delSur, S.A.

Universidad de Cádiz, Servicio de Publicaciones.

D. L.: CA-136/96 ISBN.: 84-921869-0-9

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Alfarería (¿dlamaiia en la ó&ahía de &adi¿

PRÓLOGO

De unas décadas a esta parte, tanto dentro como fuera de España; la actividad económica y productiva desplegada por los provinciales en los ámbitos agrícolas (producción, elaboración y comercialización de sus frutos) ha sido objeto de atención preferente de los historiadores gracias sobre todo a la revalorización de la escombrera que fue el Testaccio en Roma, a donde iban a parar las ánforas inutilizadas que habían servido para transportar hasta el puerto de Roma los productos elaborados procedentes de las ricas provincias del Imperio, y a la atención que han merecido los restos anfóricos aparecidos en los lugares en que fueron fabricados así como en aquellos otros que fueron su destino, principalmente las provincias de Britannia y de las Germanias. El desarrollo que ha alcanzado el estudio de los materiales y de las indicaciones varias y complejas que les acompañaban (a modo de auténticas etiquetas) ha posibilitado una percepción más profunda, rica y compleja del aspecto económico de la sociedad romana principalmente en su etapa altoimperial.

La hermana pobre de la investigación ha sido la industria alfarera. En efecto, no había merecido la atención debida la industria que está en la base de la actividad comercial romana que implicó a tantos y tantos hombres de las provincias y que merced a ella consiguieron enriquecerse, consolidar patrimonios familiares y gozar de honores y privilegios tanto en sus patrias chicas como en la ciudad imperial por antonomasia, Roma.

La investigación de la industria alfarera ha dado un importante paso adelante gracias a la labor realizada por Lázaro Lagóstena, y es la que el lector tiene hoy en sus manos. Pero el autor le ofrece más aún. Le ofrece un trozo de la historia del pasado romano de la provincia de Cádiz cuidadosamente entretejido gracias a la meticulosidad con que se ha entregado al estudio del material al que ha sometido a un riguroso análisis. Gracias a su labor estamos en condiciones de conocer algo más y mejor tiempos remotos de estas tierras gaditanas y, por ende, de la sociedad romana en la que naturaliter quedó englobada. El trabajo es un trozo de historia económica para cuya elaboración el autor ha tenido que utilizar forzosamente la documentación arqueológica; la fundamental para llevar a buen puerto el estudio.

El propósito de la obra ha sido, es, el conocimiento de la industria alfarera en el marco de la Bahía de Cádiz en época romana como requisito indispensable para emprender ulteriores estudios en los que está empeñado y de los que esperemos, así lo espero, que en un próximo futuro nos ofrezca sus resultados. Estudios de índole comercial y productiva directamente relacionados con las actividades pesqueras tan importantes en esta zona.

Bueno será recordar en estas líneas prológales que uno de los aspectos más característicos del área de la Bahía de Cádiz en tiempos romanos y en los fenopúnicos que les precedieron fue la actividad salazonera y la elaboración de salsas cuya materia prima era el pescado. De tal importancia hubo de ser la mencionada actividad, y la pesquera que está en la base de la misma, que ella es en buena medida explicación de la riqueza generada en estas tierras y que se materializó en la prosperidad de las ciudades del entorno y en el despegue económico y social de un nutrido grupo de familias, hasta el

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¿Alftreríj íéR.oittítitct en lá t^ahíd ele &feliz

punto que distinguidos gaditanos tenían reservadas plazas especiales en el anfiteatro flavio de Roma, en el Coliseo, como la documentación epigráfica fehacientemente testimonia.

Tal fue el reconocimiento que alcanzaron allende su patria chica. Sin duda por los servicios de diversa naturaleza prestados al Poder Central que de esa forma se los reconocía.

Inherente al desarrollo de la actividad comercial fue la actividad alfarera objeto del presente libro. El estudio se centra en el análisis y la exhaustiva descripción de los alfares conocidos y reconocidos como tales de la Bahía de Cádiz, y gracias a ellos podemos constatar cómo una nutrida red de industrias alfareras tachonaron la Bahía en tiempos romanos, así como la evolución de la industria a lo largo de los siglos que van del II anterior a nuestra era al III de nuestra era. A su vez, el estudio ratifica el esbozo paleogeográfico que el autor ofrece en las páginas liminares. De la lectura de estas páginas uno extrae la conclusión de que nos hallamos, y para época romana, ante un conjunto poblacional que basa sus medios de vida en dicha industria. Una actividad económica que no conoce sustanciales cambios a lo largo del tiempo; eso sí, conocerá concentraciones importantes a partir del siglo III de nuestra era, que habrá que interpretar debidamente a la luz de otro tipo de documentación que no sea la arqueológica.

A pesar de las limitaciones que la documentación arqueológica ha impuesto al autor (escasez de estudios analíticos, informaciones deficientes o indebidamente contratastadas), sin embargo ha logrado ofrecer una síntesis válida para la industria alfarera de la Bahía de Cádiz que estimo es Utilísima para, contrastándola con ella, estudios que se realicen en otras latitudes. Digo más, el método que ha seguido es perfectamente exportable para esos otros estudios que puedan realizarse pues tiene la pretensión de ser globalizador al incluir en el análisis datos tan variados como la ubicación precisa en el espacio del yacimiento, la proximidad o lejanía a redes de comunicación, las estructuras constructivas halladas o detectadas en el lugar, el tipo de producción anfórica encontrado, otros elementos materiales que puedan ayudar a precisar la cronología y a comprender el entorno alfarero, amén de una descripción del yacimiento.

Merced al meticuloso análisis a que ha sometido la documentación manejada, ha conseguido establecer diversas modalidades económicas y productivas, que van desde estructuras económicas basadas en la pequeña o mediana explotación de los recursos pesqueros hasta establecimientos netamente alfareros en los que.no se vislumbra vinculación alguna con fundos o uillae (sin negar, por supuesto, las vinculaciones que indefectiblemente hubo de haber con ellas) y en los que la actividad alfarera es manifiestamentamente elevada, pasando por establecimientos agrícolas cuya producción alfarera resulta significativa y aquellos otros a los que a la producción alfarera hay que añadir la elaboración de salsas, pastas de pescado y salazones. A su perspicacia no se le ha pasado que determinada modalidad se halla ubicada en determinado punto de la Bahía, y a nosotros, los lectores, nos ha ahorrado extraer esas conclusiones En efecto, nos dice que la elección de una u otra modalidad no es caprichosa, sino que responde a diversos condicionantes, de naturaleza edafológica, estratégica, etc. (proximidad a salinas, tierras aptas para el cultivo, vías de comunicación, tierras arcillosas aptas para la industria alfarera, etc.).

No se ha contentado con ofrecemos un panorama de la industria alfarera de la Bahía de Cádiz basado en el análisis, descripción y ubicación de los yacimientos. Ha superado

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esa pobre visión y ha recuperado un entramado viario romano en el área de la Bahía teniendo en cuenta otros datos históricos y partiendo de la localización de los alfares romanos.

Lázaro Lagóstena ha sido alumno de la Universidad de Cádiz en la que actualmente profesa como docente, y ya nos había ofrecido anteriormente primicias de su valía investigadora en este campo, el objeto del presente libro. Siempre alenté y fomenté su interés por esta parcela de la historia a la que se entregó desde sus días de discente, y desde estas líneas saludo gozoso la aparición de la monografía que tiene el lector en sus manos con el convencimiento de su utilidad para cuantos se dedican a los estudios de los procesos de comercialización y elaboración de productos agrícolas y pesqueros en época romana, y para cuantos conocedores de Cádiz y amantes del patrimonio de nuestra provincia, y no son pocos, solicitan y están ansiosos de savia cultural.

Francisco Javier Lomas Universidad de Cádiz

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Alfarería (Remana en la <58ahía de ffádis

INTRODUCCIÓN

Presentación

Los envases cerámicos fueron en la Antigüedad los recipientes más utilizados para el intercambio a cierta escala de productos alimenticios. La falta de materiales apropiados para almacenar y transportar géneros líquidos o semilíquidos, favoreció desde muy pronto la creación de un variado y complejo conjunto de formas cerámicas destinadas a tal fin.

De estos envases, los más abundantes y afortunados por su perduración, fueron las ánfo­

ras.

Las formas anfóricas responden en principio a criterios funcionales; la robustez de sus asas, la forma de su fondo, las dimensiones de su boca, varían en relación con el uso a re­

cibir o el producto a contener. Estas características auxilian al historiador en su indaga­

ción sobre el contenido que albergaron los envases hallados.

La organización y clasificación del conjunto anforario romano se inició partiendo de los materiales arqueológicos procedentes de diversos yacimientos, como la fosa del Cas­

tro Pretorio en Roma, que sirvieron a H. Dressel para crear una de las primeras clasifica­

ciones de este tipo de recipientes.

Posteriormente, la investigación ha incidido en el conocimiento de los lugares de ori­

gen, de los centros de producción.

, El acercamiento a los centros de producción cerámicos de la Antigüedad implica un acercamiento a la vida antigua, a la base económica de quienes vivieron esa época, a la organización del espacio que les rodeaba, a sus técnicas y formas de trabajo, a la evolu­

ción en el tiempo de su cultura.

La Bahía de Cádiz jugó un importante papel en época romana como productora y ex­

portadora de alimentos derivados de la explotación marina. El desarrollo de esta activi­

dad, favoreció la ocupación territorial del entorno, también favoreció la expansión de una industria, la alfarera, heredada de tiempos anteriores, que se hacía indispensable para la exportación comercial de sus productos. Esta faceta comercial fue por su parte, la princi­

pal impulsora de toda la actividad que nos ocupa.

En este trabajo abordamos el estudio de los alfares de época romana localizados en la bahía gaditana. A través de ellos, de su producción, de su emplazamiento, podemos acer­

carnos un poco a la realidad humana que los concibió.

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o 'S’irtraduccíóH

Aspectos Metodológicos

Dado que nuestro trabajo se centra en los alfares romanos, parece conveniente expli­

car algunos aspectos en relación con el reconocimiento de este tipo de yacimiento arqueo­

lógico.

En algunas ocasiones, la evidente existencia de estructuras dedicadas a la cocción de objetos cerámicos es prueba suficiente de hallarnos ante una alfarería. Pero esta circuns­

tancia no es la habitual. Los hornos, por sus propias características constructivas son pro­

picios a quedar soterrados, eliminando así la evidencia de la existencia del alfar. Es este el caso de la mayoría de los yacimientos que hemos estudiado.

En esta situación la existencia de un alfar viene probada a nuestro juicio por la presen­

cia asociada de una serie de elementos: abundantes fragmentos cerámicos, cenizas o estra­

tos cenicientos, restos de malformaciones o fundidos procedentes de la cocción, restos constructivos, ladrillos y adobes. Así, en muchas ocasiones y debido fundamentalmente a la acción del arado, estos elementos son abundantes en superficie, no ocurriendo de la misma manera cuando se trata de terrenos baldíos o costeros, donde la acción antròpica no ha puesto al descubierto los restos arqueológicos.

Siguiendo estos criterios y apoyados en la prospección y en la bibliografía, hemos ela­

borado una lista de alfares sobre los que centramos el trabajo.

Tras unos primeros capítulos introductorios y de generalidades, nos ocuparemos en el estudio individualizado de cada yacimiento. Para ello centraremos nuestra atención en los siguientes aspectos:

• Término municipal donde se localiza.

• Coordenadas del yacimiento.

• Modo de acceso al yacimiento.

• Sucinta historia de la investigación del lugar.

• Aspectos físicos: topografía y geología. El entorno.

• Comunicaciones: posibilidades terrestres y marítimo-fluviales. Prestamos especial atención a las tradicionales vías pecuarias, partiendo de la suposición de que muchas de ellas ya fueron usadas en la Antigüedad, entrando en su momento en el análisis pormeno­

rizado de las más significativas.

• Estructuras presentes en el yacimiento, con especial atención a los hornos cerámicos.

• Producción cerámica.

• Cronología. Atendiendo esencialmente a las formas anfóricas producidas y apoyados en ocasiones en otro tipo de materiales hallados, depositados en los museos locales.

Estos mismos aspectos se analizarán posteriormente en conjunto, extrayendo las con­

clusiones oportunas.

La información necesaria es recabada de las publicaciones existentes en su caso. He­

mos abordado el estudio de un cierto número de yacimientos no publicados o insuficiente­

mente investigados, para lo cual los hemos visitado y hemos realizado el estudio de los materiales arqueológicos procedentes de los mismos. Este estudio de materiales se ha cen­

trado especialmente en los restos anfóricos, presentados en este trabajo. Otros elementos, tales como las cerámicas finas de mesa, se han utilizado como indicativo cronológico y su estudio individualizado no se ha incluido en esta investigación.

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Para la constatación de los tipos anfóricos producidos, acompañamos aquellos yaci­

mientos no publicados o aquellos en los que aportemos nuevos tipos, con láminas que permitan contrastar nuestras apreciaciones tipológicas1.

La cartografía utilizada ha sido la siguiente:

Mapa Provincial de Cádiz y Ciudad de Ceuta E. 1:200.000 editado por el M.O.P.U.

Mapa Topográfico Nacional de España E. 1:50.000 editado por el Instituto Geográfico y Catrastal.

Mapa Geológico de España E. 1:50.000 editado por el Instituto Tecnológico Geomi- nero de España.

Mapa Fisiográfico del Litoral Atlántico de Andalucía E. 1:50.000 editado por la Con­

sejería de Obras Públicas y Transporte de la Junta de Andalucía, en colaboración con la Agencia de Medio Ambiente y la Casa de Velázquez.

Estudio de las Vías Pecuarias de la Provincia de Cádiz E. 1:25.000 realizado por el programa P.E.R. de la Excma Diputación de Cádiz.

Mapa Topográfico de Andalucía E. 1:10.000 editado por el Centro de Estudios Terri­

toriales y Urbanos de la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Anda­

lucía.

Excepto en el caso del yacimiento de Puente Melchor, todas las piezas representadas están a escala 1:3.

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CAPÍTULO I

LA BAHÍA DE CÁDIZ. EL MEDIO FÍSICO

1.1. Elección del marco geográfico. La Bahía de Cádiz.

El marco geográfico elegido para el estudio queda perfectamente delimitado por el marco natural que es la Bahía de Cádiz.

Hemos abordado el estudio del espacio comprendido entre la desembocadura del Salado, en el término municipal de Rota, y Sancti Petri, en el extremo Suroeste del térmi­

no de Chiclana de la Frontera. En este sentido se estudia la franja litoral, entendida am­

pliamente por razones de paleogeografía, de aquellos términos municipales que compar­

ten este espacio: Puerto de Santa María, Puerto Real, San Femando, Chiclana y Cádiz.

Además una pequeña parte del término de Jerez de la Frontera, aquélla que se correspon­

de con el último tramo del Guadalete, en las cercanías de El Portal.

La elección de este marco geográfico se justifica por ser en esta zona donde se pro­

dujo la mayor concentración de alfares en época romana. No cabe duda que existen alfa­

res prácticamente a lo largo de todo el litoral gaditano, baste mencionar el alfar de El Oli­

var en Chipiona, los alfares de Libreros y la Loma del Chorrillo en Vejer de la Frontera, o el alfar de Huerta de Fuente Redonda en Barbate de la Frontera. También existen otras áreas de concentración en la provincia. Esta circunstancia se produce en tomo a la Bahía de Algeciras, en las marismas jerezanas y también a lo largo del Guadalete, curso arriba desde El Portal.

Sin embargo en estos espacios, o no se da la concentración y especialización que se produce en la bahía gaditana, o bien son merecedores de un estudio específico, por lo que no hemos creído conveniente su inclusión en este trabajo.

En este marco de la bahía se desarrolló una intensa actividad centrada en la explo­

tación de productos marinos, que impulsó un fenómeno alfarero sólo comparable al que se produjo en otras áreas con similares características, como la desembocadura del Tajo, o como aquel que se produjo en relación con la explotación del aceite hético a lo largo del Guadalquivir. Es éste su principal atractivo. En esta consideración entendemos como un fenómeno secundario o propiciado por circunstancias particulares, la aparición esporádica de alfares sobre el litoral gaditano más allá de la bahía.

El estudio de esta actividad en este marco concreto puede arrojar luz y abrir puertas a la comprensión del fenómeno económico inherente y su importancia en la época, así co­

mo ayudar a explicar una realidad histórica espacialmente cercana.

1.2. La Formación de la Bahía.

Veremos una esquemática exposición del proceso que condujo a la formación de la bahía gaditana.

Son varios los factores que contribuyeron a la formación de esta unidad geográfica,

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de entre ellos podemos destacar tres: en primer lugar la labor del Guadalete; en segundo lugar los trabajos de denudación y sedimentación, favorecidos por las diversas transgre­

siones y regresiones marinas; en tercer lugar la actividad neotectónica finimiopliocena, que contribuye a configurar los rasgos característicos más recientes.

La Labor del Guadalete.

La orogenia alpina vino a establecer la red hidrográfica sudpeninsular configurando lo que, con pocas variaciones, sería la cuenca del Guadalquivir. Según Caridad Zazo, el estuario del Guadalete se formó a partir de uno de los brazos de desembocadura del Gua­

dalquivir2. La remodelación tectónica posterior y el consecuente reajuste hidrográfico in­

dividualizará las cuencas actuales3.

2 C. Zazo, "Paleogeografía de la desembocadura del Guadalquivir al comienzo del Cuaternario (Provincia de Cádiz, España)", Actas I Reunión del Cuaternario Ibérico, Lisboa 1985, pp. 4Ó1-472.

3 F. Borja, "Evolución del litoral y síntesis climática. Paleoensenada y llanura del Guadalete", Geografía Física.

Bahía de Cádiz. Guadalete. Grazalema. Jornadas de Campo, Cádiz 1989, p. 31.

4 La búsqueda de estos depósitos arcillosos para su explotación, fue uno de los factores que condicionaron la elección del asentamiento de las alfarerías en la bahía.

5 J. Ojeda, "Bahía de Cádiz. Caracterización de las unidades morfodinámicas", Geografía Física. Bahía de Cádiz.

Guadalete. Grazalema. Jornadas de Campo, Cádiz 1989, p. 17.

6 J. Baena, C. Zazo, J. L. Goy, Mapa Geológico de España, 1:50.000, Cádiz, I.G.M.E. Madrid.

Las fluctuaciones climáticas pleistocenas alternan períodos glaciales e interglacia­

les. Durante los períodos más fríos, la extensión del casquete de hielo polar y el desplaza­

miento del Frente Polar hacia el Sur produjo en la Península un régimen de lluvias alto en precipitaciones, proporcionando características torrenciales a los cursos fluviales. Por otra parte, el aumento del volumen de los inlandsis ocasiona el descenso del nivel marino y por tanto de los niveles de base de las desembocaduras de los cursos. Estas circunstancias propiciarán las labores de excavación y denudación que realizará el Guadalete sobre su cuenca. En los momentos de suavidad climática, las consecuentes subidas marinas facili­

tarán la sedimentación de los aportes del río en las zonas inundadas.

Las regresiones marinas facilitaron la excavación de los materiales miocenos y plio- cenos. Las transgresiones propiciaron la formación de depósitos calcáreos y arcillosos so­

bre los que se modelará con posterioridad el paisaje4. La última transgresión, la Flandrien- se definió una amplia ensenada donde emergían los islotes de San Femando y Cádiz5.

Actividades Neotectónicas.

Los reajustes neotectónicos mediterráneos contribuyeron a la configuración del tra­

mo final de la depresión hética. Uno de los sectores afectados por esta actividad lo consti­

tuye la Bahía de Cádiz, donde destaca la distensión de tres fallas6:

• Sierra San Cristóbal-Fuentebravía.

• Tramo final del Guadalete.

• Cádiz-San Fernando.

La actuación posterior de los elementos naturales sobre este territorio irá configu­

rando el aspecto actual de la bahía gaditana.

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1,3. El Paisaje de la Bahía. Relieve. Red Hídrica.

Delimitación Espacial de la Bahía7.

El marco de la bahía gaditana viene delimitado por formaciones de origen diverso que abarcan desde las calcarenitas miocenas hasta los mantos dunares más recientes. A grandes rasgos destacamos las siguientes:

Sierra de San Cristóbal. Partiendo del margen derecho del Guadalete es la primera formación destacada. Se trata de una colina que con 124 metros de altura se convierte en la zona más elevada de la bahía. Está compuesta de calcarenitas del mioceno superior. A su falda se extienden glacis de cobertera del pleistoceno medio y superior. Su parte más baja ofrece acantilados muertos correspondientes al antiguo trazo flandriano.

Entre el extremo Sur de la sierra y la ciudad del Puerto de Santa María se extiende un área de terraza marina y antiguas playas del cuaternario medio en contacto con tierras albarizas del mioceno medio-superior.

Litoral desde Rota hasta El Puerto de Santa María. Todo el litoral queda cubierto por una amplia zona dunar, sólo interrumpida por el afloramiento de la terraza de Punta de Santa Catalina que ofrece un acantilado vivo a la acción mareal.

Del margen izquierdo de la desembocadura del Guadalete hasta el Bajo de la Ca­

bezuela. Extenso cordón litoral situado entre las marismas desecadas del interior de la ba­

hía y la playa de Valdelagrana. Comprende las formaciones dunares de la Playa de Levan­

te y la flecha del Coto de los Saboneses. La acción de este cordón aceleró el proceso de colmatación del antiguo golfo flandriano.

De Cádiz a Sancti Petri. Conocido como tómbolo de Cádiz-Sancti Petri. Son aflora­

mientos discontinuos de la plataforma de abrasión compuesta de areniscas y piedra ostio- nera, correspondiente al sustrato pleistoceno. Ha facilitado la formación de un largo man­

to dunar.

Margen izquierdo desde el Portal hasta Puerto Real. Se trata de una extensa área en contacto con las actuales marismas de Aleta y de Cetina, desecadas artificialmente hace pocos años. Esta marisma desarrollada sobre la excavación realizada por la desembocadu­

ra del río está separada de las arenas del plioceno inferior y medio y de los suelos rojos, por una larga terraza marina, del tipo de La Florida, al Sur de la Sierra de San Cristóbal.

Puerto Real-Barriada de Jarana. Formación perteneciente al acantilado flandriano, también sobre las arenas del plioceno inferior y medio. Glacis de cobertura.

Caño Zurraque-Chiclana de la Frontera. Terrenos del plioceno inferior y medio.

Glacis de cobertura. Arenas básales de origen estuario.

Chiclana de la Frontera-Sancti Petri. Albarizas del mioceno. Arenas pliocenas y glacis de cobertura.

Hemos de establecer una clara diferencia entre dos áreas en el interior de la bahía:

una compuesta de marismas desecadas, semicerradas al mar por la playa de Valdelagrana,

’ Hemos seguido en este apartado las siguientes obras: A.A.V.V., Evolución de los paisajes y ordenación del territorio en Andalucía Occidental. Bahía de Cádiz, Diputación de Cádiz. Casa de Velázquez, Cádiz 1987;

A.A.V.V., Geografía Física. Bahía de Cádiz. Guadalete. Grazalema. Jornadas de Campo, Cádiz 1989;

A.A.V.V., Mapa Fisiográfico del Litoral Atlántico de Andalucía. Hoja M.F.04: Rota-La Barrosa |Bahía de Cádiz). Casa ae Velázquez, Junta de Andalucía, Sevilla 1989.

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que se extiende por el Este del término de El Puerto de Santa María hasta el Oeste del tér­

mino de Puerto Real; una segunda área, la actual bahía propiamente dicha, que compren­

de a su vez una zona profunda, navegable y otra de escasa profundidad, surcada por un amplio sistema de caños y canales.

Principales alturas de la Bahía.

El contorno de la bahía es un territorio bajo, de alturas medias que oscilan entre los 10 y los 30 metros de cota. Esta media sólo es rota en algunas ocasiones por colinas o for­

maciones que raramente superan los 100 metros de cota.

Estas alturas nos parecen especialmente interesantes por cuanto que han sido un lu­

gar preferente de asentamiento humano. Enumeramos a continuación las más destacables.

Loma de Toruno. Compuesta de varias elevaciones la más alta de las cuales tiene 61 metros. Se localiza al Sur de Jerez de la Frontera, en dirección Noreste-Suroeste.

Cerro de la Cebolla y Cerro de Parpalana. Con 82 y 72 metros respectivamente, se sitúan al Sur de la formación anterior.

Sierra de San Cristóbal. Situada al Noreste de la ciudad de El Puerto de Santa Ma­

ría, se desarrolla en dirección Este-Oeste unos 4'5 Kms. Su altitud máxima es de 125 me­

tros. Junto con las elevaciones anteriores, definen el margen derecho de la desembocadura del Guadalete.

Entre El Puerto de Santa María y el Arroyo Salado, siguiendo la línea de costa po­

demos destacar las siguientes alturas:

Cerro de las Cabezas. Con 75 metros. Elevaciones de la zona de Cantarranas con alturas entre los 50-54 metros. Elevaciones de la zona de Molino Platero, entre 48 y 52 metros. Cerro del Hinojal, con 49 metros. Cerro de las Hazas de Monjas, con 54 metros.

Partiendo de El Portal, y siguiendo la margen izquierda del Guadalete, la antigua ensenada viene delimitada por una serie de elevaciones. Las más destacables, de Norte a Sur son: Cerro de las Calandrias, con 62 metros. Cerro del Pavo, 54 metros. Mesas de Bolaños, 55 metros. Cerro de las Tinajas, 103 metros. Cerro de las Castellanas, con 105 metros.

Al Oeste de Las Castellanas y en dirección a Puerto Real, las elevaciones reseña- bles son el Cerro de Ceuta con 50 metros y Liaño Alto, con 42 metros.

Entre Puerto Real y Chiclana se extiende una costa baja. Podemos mencionar las elevaciones de Miramundo y Viñas Perdidas a la altura del Barrio de Jarana, en torno a los 50 metros las dos. Entre el Arroyo Zurraque y Chiclana podemos resaltar el Cerro de los Caracoles, con 70 metros y el Cerro de Picapollo, que tiene una cota de 88 metros.

Es digno de mención el Cerro de los Mártires, localizado en el término de San Fer­

nando que con más de 30 metros se convierte en la mejor elevación de la isla.

Cursos fluviales secundarios.

Sin duda es el Guadalete el protagonista de la red hidrológica de la bahía. Sin em­

bargo existen una serie de cursos menores, secundarios, que influyeron en el hombre anti­

guo cuando buscaba un asentamiento óptimo para la instalación de sus industrias alfare­

ras. Por esta razón queremos al menos mencionar estos cursos.

Salado del Puerto. Este curso que viene a desembocar entre la playa de El Chorrillo y La Puntilla actúa como colector de numerosos arroyos que discurren por una de las zo­

nas mejor regadas de la bahía. Las aguas del Salado se nutren de los siguientes arroyos:

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arroyo del Campillo, arroyo de Hinojosa, arroyo de Villarana, arroyo de Valdecarretas, arroyo de La Cañada, arroyo de Los Cebollares, arroyo de Campín, arroyo de Indiviso, arroyo de la Brevas, arroyo del Gallo, arroyo del Chaparral, arroyo de Las Reyertas, arroyo del Entrevieso, arroyo Hondo y arroyo de Paparratones.

Otro colector desemboca en el Guadalete, al Este de la Sierra de San Cristóbal. Re­

coge las aguas de los arroyos de Miraría, de Calderón, de Huertas y de La Vicuña.

Casi enfrente, al otro lado de la marisma, en la otra margen del río desemboca el arroyo Salado de Puerto Real. Canaliza las aguas de los arroyos de La Zarza, del Castaño, de Las Castellanas y del arroyo de Los Comuneros.

Hemos de pasar a la zona Sur de la bahía para encontrar otros cursos de agua dignos de mención, hasta la desembocadura del arroyo Zurraque. Este actúa de colector del arro­

yo de La Catalana, del de La Salineta y del arroyo de Guerra.

Siguiendo en dirección a Chiclana de la Frontera encontramos el arroyo del Cerca­

do que nace en las inmediaciones del Cerro de Picapollos.

Otro gran colector es el Río Iro de Chiclana. A las aguas del Iro se dirigen los si­

guientes arroyos: de Las Tortas, Salado, Palmeka, del Cañuelo, de La Cepa, de Valsequi- llo, de Saltillo y de La Cueva. Este último nace de la unión del arroyo del Lentiscar, del de Majadales, Jarales y Los Pájaros.

Por último, casi enfrente de Sancti Petri desemboca el arroyo de Carrajotillo, con las aguas de La Salineta y Ahogarratones.

También nos interesa resaltar aquella red de canales marismeños y salineros de los que está bien provista la bahía y que debieron jugar un papel destacado en las comunica­

ciones internas de este espacio.

Tienen su origen en la propia red hidrográfica que desemboca en la bahía. Los ava- tares de la evolución del territorio les ha convertido en caños secundarios, solo activados por el drenaje mareal. Destacamos principalmente el río San Pedro, el caño de Sancti Pe­

tri, el caño Zurraque, el caño de Talanquera, el caño de La Merced, caño del Trocadero y río Arillo.

Río San Pedro, antiguo brazo del Guadalete, conectado con la playa de Valdelagra- na a través de dos caños, el caño del Bote y el caño del Caserón.

Caño de Sancti Petri, también ligado al Guadalete en su formación. Discurre entre la isla de San Fernando y Chiclana. Comunica la bahía con el Atlántico, ahorrando costear toda la isla gaditana por lo que debió ser muy transitado en la Antigüedad. En su extremo Sur se ubicó el Templo de Hércules.

La parte que desemboca en la bahía toma el nombre de Caño de la Carraca. Tres canales le unen al litoral chiclanero, el canal de la isleta, el canal de Carboneros y el ca­

nal del Molino.

Caño del Zurraque, es la prolongación por las salinas del río Zurraque. Viene a unirse con el caño de Sancti Petri. Conecta con la costa de Chiclana a través del caño del Rubial.

De igual modo, el canal de Bártivas, conecta el río Iro con el caño de Sancti Petri.

Quizás un caño originado también por la desembocadura del Zurraque sea el deno­

minado caño Madre o de Talanquera, unido ambos por el caño del Aguila.

El caño de La Merced y el caño del Rosario situados a la altura del Barrio de Jarana tienen también suficiente entidad como para tenerles en consideración.

Por último resaltar el caño del Trocadero y el río Arillo. El primero costea desde

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Alfarería GRomana en la (SSahía de &ddiz

Puerto Real hasta el caño de la Carraca a la altura de Puntales, ya en la isla gaditana. El segundo, al igual que Sancti Petri conecta la bahía con el Atlántico, esta vez por la cara Oeste de la isla de San Femando.

Hemos de mencionar aquí la existencia de diversas lagunas en este espacio, que fue­

ron atractivo suficiente para el establecimiento de asentamientos rústico que, como vere­

mos en su momento, desarrollaron también actividades alfareras. Las lagunas más desta­

cadas son las siguientes: laguna Chica, laguna Salada y laguna Juncosa, al Norte del Puerto de Santa María. En Puerto Real encontramos la laguna del Comisario y la laguna del Tarage. En Chiclana de la Frontera, laguna de Montellano y laguna de Jeli al Noreste del término, además la laguna de la Paja, en la zona Este.

1.4. La Evolución Reciente de la Bahía Gaditana.

Una de las características más destacada de la Bahía de Cádiz, desde el punto de vista geológico, es su gran dinamismo. Bajo este epígrafe sólo queremos apuntar algunas reflexiones que nos ayuden a comprender los cambios sufridos en el marco de la bahía, aproximándonos siquiera al medio existente en torno al cambio de era, momento en que se va a producir una amplia ocupación del territorio, a la que la instalación de alfarerías no va a ser ajena.

El estudio de la paleotopografía de la bahía gaditana fue emprendido tempranamen­

te, gracias a los intentos de interpretación de los datos aportados por la Ora Marítima de Avieno, obra basada en un antiguo periplo masaliota, entre otras fuentes, según opinión generalizada.

Así, en el marco de la interpretación de esta obra, diferentes autores abordaron lo aproximación a lo que debía ser el antiguo litoral de la Península. Entre ellos cabe desta­

car la labor de A. Schulten en su edición de la obra de Avieno, publicada en Fontes His- paniae Antiquae en 1922, y posteriormente su libro Tartessos, publicado en 1924.

En 1923 nace la edición de la Ora Marítima por Antonio Blázquez, publicada en las Memorias de la Real Sociedad Geográfica.

Sin embargo, ya sea el desconocimiento del territorio o bien el intento de adaptar las fuentes a ideas predeterminadas, lo cierto es que estos trabajos tienen pronto su réplica de manos de dos personas, vinculadas directamente a la provincia gaditana, marco en el que se desarrollaba parte de las discusiones por su consideración como presunta sede del mítico Tartessos. En este sentido nos interesa destacar la labor de César Pemán y de Juan Gavala Laborde. César Pemán centra su labor en la localización de la cultura tartésica, pa­

ra lo que no duda en acudir a los trabajos geológicos de Gavala, iniciando así ya en la dé­

cada de los años 40 una incipiente colaboración entre ambas disciplinas: la Historia y la Geología. En 1941 publica su trabajo El Paisaje Tartésico en Avieno.

Juan Gavala fue el artífice de la carta geológica de la bahía gaditana, exponiendo las primeras teorías sobre la formación de la bahía, realizando las primeras aproximaciones a la paleotopografía de la desembocadura del Guadalete, aproximaciones de gran validez como geólogo profesional que era. Como él mismo explica en la introducción a su edición del poema de Avieno, se acercó a esta obra por el interés que podía tener para sus estudios geológicos. Quedando defraudado por las versiones de Schulten y Blázquez, emprende él

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mismo el trabajo de traducir y comentar la obra, dando como resultado el mejor estudio sobre el poema8.

8J. Gavala, La geologío de la costo y Bahía de Cádiz. El poema Ora Marítima de Avieno, Cádiz 1992 (Madrid 1959).

’G. Chic, "Gades y la desembocadura del Guadalquivir", Gades 3, Cádiz 1979, pp. 7-23; G. Chic, "Lacca", Habis 10, Sevilla 1980, pp. 255-276; R. Corzo, "Paleotopografia de la bahía gaditana", Gades 5, Cádiz 1980, pp. 5-14; G. Chic, "Portus Gadifanus", Gades 11, Cádiz 1983, pp. 105-120.

IOF. Borja, "Evolución del litoral y síntesis climática. Paleoensenada y llanura del Guadalete", Geografía Física.

Bahía de Cádiz. Guadalete. Grazalema. Jornadas de Campo, Cádiz 1989, p. 27.

Cabe mencionar también los trabajos realizados, ya en los inicios de la década de los 80 por Ramón Corzo y Genaro Chic, en torno a la problemática de las islas gaditanas, de la conformación de la bahía en general, así como de la localización del famoso Portas Gaditanas9.

De la lectura de estos trabajos, como ya mencionábamos al comienzo de este epígra­

fe, lo que más llama la atención es el enorme dinamismo geológico que presenta la Bahía de Cádiz, dinamismo amplificado por la acción antròpica que viene incidiendo en este es­

pacio desde antiguo. La capacidad de erosión y consecuente aporte de sedimentos del Guadalete se vio incrementada por la temprana ocupación y deforestación de su cuenca.

El espacio de la antigua bahía puede actualmente dividirse en dos unidades bien di­

ferenciadas: la paleoensenada del Guadalete y el fondo de saco de la actual bahía; ambos espacios están sujetos a un proceso de colmatación propiciado por la acción antròpica. La paleoensenada del río sufre un proceso de colmatación que ya se hizo notar desde la Pro- tohistoria10.

Diversas actuaciones realizadas a lo largo de este siglo han contribuido a modificar notablemente este espacio. En 1924, tras largos años de proyectos, se inicia la canaliza­

ción del río Guadalete, en su desembocadura en El Puerto de Santa María, con objeto de eliminar la barra arenosa que se formaba en dicho lugar.

Quizás la actuación de mayores consecuencias fue la desecación de las marismas del margen izquierdo del río. Para efectuarla se hizo represar el río San Pedro, en el lugar conocido actualmente como el Corte, para evitar los aportes maréales. Este propósito se lleva a cabo en 1959, dando a las marismas de Aleta y Cetina su aspecto actual.

Posteriores rellenos efectuados en la zona de Astilleros Españoles de Puerto Real aumentaron el cierre, propiciando el avance del cordón litoral de la flecha del Coto de los Sabone se s.

Pero el segundo espacio, la bahía comprendida entre Cádiz, San Fernando y Puerto Real, sufre también un notable proceso de colmatación.

El Caño del Trocadero, canal de acceso al puerto de Puerto Real en los inicios de la Edad Moderna, no tardó en sufrir un progresivo cegamiento, principalmente causado por los hundimientos de los barcos atacados en los sucesivos asaltos a la bahía gaditana. Este problema impulsó la realización de diversas limpiezas del caño, necesarias para continuar desarrollando las labores de reparación y carenado de navios efectuadas en el arsenal de Fuerte San Luis, ubicado en el extremo Oeste de la Isla del Trocadero. Su cegamiento actual es tal que a duras penas lo transitan barcos de pequeño calado.

La construcción del Puente Zuazo en San Femando, realizado sobre un sólido relle­

no, fue un factor que contribuyó al descenso de aportes de agua a la bahía a través del ca­

ño de Sancii Petri.

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Alfarería (Alemana en la oSahía ¡le t?ádi¿

Estas actuaciones no son cosa del pasado. En los últimos años muchas agresiones en forma de relleno ha conocido este espacio, pero sin duda la de mayor trascendencia ha sido la reciente realización del muelle del Bajo de la Cabezuela, construido en la misma embocadura de la bahía11.

En resumidas cuentas, la acción antrópica sobre el espacio de la bahía, que como hemos puesto de manifiesto se remonta al menos varios siglos en el tiempo, ha alterado notablemente el paisaje y es en este sentido en el que nos interesa resaltarlas.

La bahía que se nos ofrece hoy a la mirada, y su entorno, se parece muy poco a la que se percibía en la Antigüedad.

Para acercamos al medio físico existente en los momentos de máximo auge de las actividades económicas, que impulsaron el establecimiento de numerosos centros alfare­

ros, debemos tener en cuenta los cambios ocurridos.

Hemos de imaginar para esta época una bahía mucho más amplia y extensa, más profunda, más navegable y navegada, con caños y canales que permiten sortear los bajos incluso a naves de cierto calado.

Debemos pensar también en un río Guadalete con mejores condiciones de navegabi- lidad, navegabilidad que se debía extender a los primeros tramos de lo que hoy no pode­

mos calificar sino de cursos secundarios.

La línea de costa por otra parte se ha modificado notablemente, como han puesto de manifiesto los trabajos antes citados. Muchos yacimientos hoy situados varios kilómetros al interior estuvieron en su día accesibles para la navegación.

"Un excelente estudio de todas estas actuaciones, de donde hemos tomado nuestras referencias: A.A.V.V., Evolución de los paisajes y ordenación del territorio en Andalucía Occidental. Bahía de Cádiz, Diputación de Cádiz. Casa de Velázquez, Cádiz 1987

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CdGislaria de la ^Srivestiijacián

CAPÍTULO II

LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA EN TORNO A LAS ALFARERÍAS ANTIGUAS DE LA PROVINCIA DE CÁDIZ

Hasta hace relativamente pocos años, este tipo de yacimiento arqueológico no fue suficientemente valorado. Esta indiferencia obedecía a diversas causas. En primer lugar, la gran eclosión de la arqueología como ciencia auxiliar de la historia no se produce en España hasta las primeras décadas de este siglo12. En segundo lugar, las lagunas históricas que había que cubrir eran tan amplias que difícilmente yacimientos de tan poca enverga­

dura como los alfares podían ser tenidos en cuenta. Las investigaciones se centraron en te­

mas u objetos de mayores dimensiones, bien por su monumentalidad, bien por su trascen­

dencia histórica13.

Por otra parte, el propio desconocimiento de gran parte de la cultura material púni- co-romana, así como las dificultades para su adscripción cronológica, obstaculizó aún más el desarrollo de estas investigaciones, donde el material más voluminoso lo constituían los productos cerámicos.

Si bien la temprana labor de Dressel, quién realizó en 1879 la primera aproximación seria a las tipologías anfóricas14, pudo facilitar el conocimiento de estos materiales, lo cierto es que aún quedaba un largo trecho por recorrer para los estudiosos gaditanos.

No vamos a retrotraemos en nuestra exposición a los comienzos de la investigación arqueológica e histórica en nuestra provincia, labor que ya han realizado otros investiga­

dores15. Nos centraremos en la explicación del desarrollo de la investigación en el campo de las producciones anfóricas y sus centros de producción en la provincia gaditana.

Es Pelayo Quintero Atauri el primero que excava en la bahía estructuras asociadas a

'2Entre los primeros autores que se ocuparon del tema en Cádiz podemos destacar a Manuel Rodríguez de Berlanga y Pelayo Quintero Atauri. Del primero podemos citar diversos trabajos: "Nuevos descubrimientos arqueológicos hechos en Cádiz del 1892" Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1901, Tomo V; "Las más antiguas necrópolis de Gades y los primitivos civilizadores de la Hispania", Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1902, Tomo VI.

Pelayo Quintero emprende una larga serie de campañas de excavaciones arqueológicas que abarcan desde 1914 hasta 1935. Los resultados son publicados sistemáticamente en las Memorias de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades en los años 1916, 1917, 1918, 1920, 1926, 1928, 1929, 1932, 1933, 1934 y 1935.

13Los temas sobre los que giraban las investigaciones de la época eran fundamentalmente aquellos relacionados con Tartessos, sus orígenes y localización, la presencia fenicia y púnica en Cádiz, el Templo de Herakles. Por otra parte era destacada la atención prestada a las fuentes clásicas, las recopilaciones epigráficas, en las que destaca F. Fita, las publicaciones de catálogos monumentales y colecciones arqueológicas, cuyo mejor exponente puede ser Romero de Torres.Por último el estudio de yacimientos y problemáticas históricas concretas, encarnados por estudiosos como Mancheño o Molina.

,4La tabla tipológica de Dressel se realizó en base a los materiales procedentes de las excavaciones del relleno de la fosa del Castro Pretorio de Roma. H. Dressel, "Di un grande deposito d'anfore rinvenuto nel nuovo quartiere del Castro Pretorio", Bull. Comm. Vil, Roma 1879, pp. 36-112, 143-196.

,5R. Corzo, "Historia de la arqueología gaditana", Cádiz en su Historia. V Jornadas de Historia de Cádiz, Cádiz 1986, pp. 7-29.

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2C

zAldrrería C*h>niiniu en Lt cSxthía de (Perdiz

actividades de producción alfarera. En busca de una necrópolis púnica en el entorno del Cerro de los Mártires de San Fernando, Quintero acomete en 1930 la excavación del de­

nominado Cerro de la Batería. Los resultados son publicados en las memorias correspon­

dientes16. En dichas excavaciones se detectaron una serie de estructuras excavadas en la roca, una de las cuales fue identificada como horno cerámico. Aunque la publicación pre­

senta la falta de elaboración propia de la época y los resultados podemos someterlo a una revisión crítica desde nuestra ventajosa situación, lo cierto es que ésta es la primera publi­

cación que poseemos sobre este género de yacimientos en la bahía17, en una época en la que lo que primaba era la monumentalidad y originalidad de los hallazgos18.

Por estas fechas realiza Bonsor su trabajo sobre el valle del Guadalquivir, publicado en 1931, en el que da cuenta del hallazgo de una importante serie de asentamientos agrí­

colas de época romana y de un cierto número de alfares entre éstos1’. La difusión de este trabajo, fue sin duda un acicate para los investigadores locales, que prestarán una mayor atención a este tipo de yacimientos, cuando las condiciones sociopolíticas lo permitan.

Ya en la década de los cuarenta, diversas obras públicas afectaron algunos yaci­

mientos con abundantes restos cerámicos, bien de desecho, bien depósitos completos. Es­

tos asentamientos se asociaron a centros de producción cerámica. El más destacado fue el localizado con motivo de la realización de un puente para salvar la vía férrea a pocos kiló­

metros de Puerto Real20.

Este y otros yacimientos fueron estudiado por Ma. Josefa Jiménez Cisneros, quien a la sazón trabajaba en su tesis doctoral sobre arqueología de la zona. Fruto de estas investi­

gaciones, mediante las cuales se localizaron un elevado número de yacimientos de época romana, concentrados principalmente en el término de Puerto Real, fue su libro Historia de Cádiz en la Antigüedad, que vería la luz en 1971. Este trabajo y otros artículos comple­

mentarios21 fueron decisivos para la difusión y el conocimiento del potencial alfarero de la región y ha tenido gran trascendencia en la bibliografía posterior.

Antes de la edición de la obra de Ma. Josefa Jiménez Cisneros, existe un considera­

ble vacío en la investigación solamente salvado por algunos trabajos de César Pemán. Ya citamos su obra El Pasaje Tartéssico de Avieno, publicado en 1941. Siguiendo en la mis­

ma línea publica un breve pero sugerente artículo: “Alfares y embarcaderos romanos en la provincia de Cádiz” editado en Archivo Español de Arqueología en 1959.

En este trabajo encontramos las primeras aproximaciones a la realidad de las alfare­

rías romanas de la zona, a su ubicación espacial, a las estructuras destinadas a los trabajos de cocción, así como diversas noticias referentes a localizaciones de yacimientos simila-

,6P. Quintero Atauri, Excavaciones en Cádiz. Memoria de las excavaciones practicadas en 1929-1931, Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, Madrid 1932.

,7Algunas referencias a este tipo de instalaciones hace Victorio Molina al tratar del yacimiento romano de El Portal ubicado en la finca El Tesorillo. Aquí observó gran cantidad de cerámica e incluso restos de estructuras de cocción todavía visibles en aquel tiempo. V. Molina, El puerto gaditano de la época romana, Cádiz 1904, p.

48.

,8Volveremos sobre este yacimiento cuando abordemos el estudio del término de San Fernando

”G. E. Bonsor, Expedición arqueológica a lo largo del Guadalquivir, Écija 1989 (Nueva York 1931).

“Concretamente el puente que da nombre a uno de los yacimientos más interesantes de la bahía, Puente Melchor, estudiado entre los asentamientos del término de Puerto Real.

2IMS. J. Jiménez, "Beobachtungen in einen Römischen topferbezirt bei Puerto Real", Germania 36, 1958, apud M.

Beltrán, Las ánforas romanas en España, Zaragoza 1970.

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21

CdGis/aria de l,¡ <S'nvesti¡)¡méii

res. En los últimos años de la década de los sesenta, una serie de hallazgos efectuados en la Bahía de Algeciras, estudiados por Manuel Sotomayor, propicia un mayor conocimien­

to de las industrias alfareras y su producción. La excavación de dos hornos, de caracterís­

ticas similares a los estudiados por Jiménez Cisneros, aporta nueva luz sobre este tipo de estructuras. El resultado de estos trabajos es publicado en sendos artículos22 *. Un hito im­

portante en el estudio de la producción anfórica en España y por extensión en nuestra re­

gión, lo marca la publicación de la tesis doctoral de Miguel Beltrán Lloris, bajo el título Las ánforas romanas en España, editada en Zaragoza en 1970. Esta obra será indispensa­

ble para el estudio de las producciones anfóricas de la bahía gaditana, cuyos tipos son bien estudiados por Miguel Beltrán bajo el epígrafe de Anforas Imperiales Españolas. Di­

versos trabajos posteriores matizarán sus apreciaciones primeras, afinando en los tipos y subtipos anfóricos, de tal manera que los trabajos de este autor son esenciales para abor­

dar el estudio de los envases de salazones, producción característica y mayoritaria de nuestros yacimientos22.

22M. Sotomayor, "Hornos romanos de ánforas en Algeciras", X C.N.A., Zaragoza 1969, pp. 389-399; M.

Sotomayor, "Informe sucinto de la exploración arqueológica realizada en la carretera de El Rinconcillo en la Bahía de Algeciras", N.A.H. XIII-XIV, Madrid 1970, pp. 52-57.

22M. Beltrán, "Problemas de la morfología y del concepto histórico-geogrófico que recubre la noción tipo.

Aportaciones a la tipología de las ánforas bélicas", Méthodes classiques et formales dans l'etude des amphoras. Ecole Française de Roma, Roma 1977, pp. 97-131; M. Beltrán, "Las ánforas romanas de salazones de forma I variante b, de la Bética", Homenaje al Profesor Martín Almagro Basch III, Madrid 1983, pp. 43-52.

24G. Chic, F. Giles, A. Sáez, "Horno cerámico romano de Rancho Perea (San Isidro del Guadalete)", B.M.C. I, Cádiz 1977/1978, pp. 43-49.

25MS. D. López de la Orden, I. Pérez, "Depósito de ánforas en las cercanías de Rota", B.M.C. I, Cádiz 1977/1978, pp. 51-54.

“Ma. D. López de la Orden, "Hornos cerámicos romanos en el Olivar de los Valencianos (Puerto Real, Cádiz)", B.M.C. II, Cádiz 1979/1980, pp. 59-62.

27R. Corzo, "El Ceramista Caius lunius Dracus", B.M.C. III, Cádiz 1981/1982, pp. 55-60.

28A. Ramos, "El alfar romano de El Olivar (Chipiona, Cádiz). Aportación al estudio de las ánforas bélicas de salazones", Godes 7, Cádiz 1981, pp. 5-25.

29F. Blanco, "El horno romano de la Loma del Chorrillo (Vejer) y su entorno arqueológico", B.M.C. IV, Cádiz 1983/1984, pp. 55-66.

2°L. Perdigones, A. Muñoz, "Excavaciones arqueológicas de urgencias en los hornos púnicos de Torrealta. San Fernando, Cádiz", A.A. A. 1988 III, Sevilla 1990, pp. 106-112; G. De Frutos, A. Muñoz, "Hornos púnicos de Torrealta (San Fernando, Cádiz)", Encuentros de Arqueología del Suroeste, Huelva 1993, en prensa.

3,De estas excavaciones aún no existen informes publicados.

Desde los últimos años de la década de los setenta y primeros de los ochenta, la in­

vestigación cobra nuevo impulso, se descubren y excavan, generalmente por el método de urgencias, diversos alfares y yacimientos de la bahía: un alfar en San Isidro del Guadale- te24, un depósito de ánforas en Rota25, un nuevo alfar en Puerto Real26, un interesante con­

junto arqueológico con alfares incluidos en San Fernando27, un nuevo alfar en Chipiona28 y otro más en Vejer de la Frontera2’. No es ajeno a este clima de investigación los recientes cambios políticos y administrativos que se estaban viviendo en Andalucía, ni la labor del Museo Arqueológico Provincial y su director Ramón Corzo.

En los últimos años, la tónica de investigación ha continuado, aunque sometida a la servidumbre de la excavación de urgencias, que limita planteamientos y perspectivas. Así por urgencias se han excavado nuevos yacimientos alfareros: Torrealta en San Fernando30, Fontanar en la variante de Chiclana de la Frontera, Olivar de los Valencianos en Puerto Real, Loma del Puerco, también en Chiclana y por último El Gallinero en Puer­

to Real31.

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22

A.lf<írería (¿Romana en Z<r <^¡r/iía de Cádiz

En otra línea se enmarcan otros trabajos llevados a cabo por diversos equipos de in­

vestigación o profesionales que, al amparo de la política seguida por la Consejería de Cul­

tura de la Junta de Andalucía, han emprendido campañas de prospecciones arqueológicas superficiales, completando ampliamente el mapa de yacimientos conocidos. Han sido también abundantes los alfares detectados en estas prospecciones. Hemos de destacar esencialmente el trabajo de Carlos Alonso Villalobos32 por una parte, y el realizado por el equipo compuesto por María Lazarich, Carmen Alonso, Inmaculada Ladrón de Guevara, Inmaculada Pérez, Mercedes Rodríguez y Milagrosa Sánchez por otra. Los trabajos de és­

te equipo, aún pendientes de publicación, han conocido dos avances en el Anuario Arque­

ológico de Andalucía de 198933.

En los últimos meses del año 1993 y a lo largo de 1994, las obras de infraestructuras viarias de la Bahía han obligado a la excavación por urgencias de varios alfares. Estas ex­

cavaciones que han afectado a los yacimientos de Buena Vista y La Florida en El Puerto de Santa María, así como al de Puente Melchor en Puerto Real, se encuentran actualmente en fase de estudio.

Este es en líneas generales el panorama actual en este campo de la investigación ar­

queológica en la bahía gaditana. Se echa en falta un planteamiento global y continuado de investigación, que abarque y coordine todas las variables posibles. No dudamos que estas líneas de actuación se están gestando y en breve podremos contar con equipos multidisci­

plinares que aborden una problemática tan sugerente e importante para el conocimiento del entramado socioeconómico del Convenías Gaditanus, como es la actividad pesquera y salazonera con toda la industria que lleva aparejada consigo, la alfarera entre otras.

MC. Alonso, "Prospección para la localización de yacimientos de producción anfórica de época romana: Cádiz",

A.A.A. 1986 II, Sevilla 1987, pp. 97-105.

M°. tazarich, C. Alonso, I. tadrón de Guevara, I. Pérez, M. Rodríguez, M. Sánchez, "Prospección arqueológica superficial de la campiña Sur gaditana: término de Puerto Real", A.A.A. 1989 II, Sevilla 1991, pp. 89-97;

M°. Lazarich, C. Alonso, I. Ladrón de Guevara, M. Sánchez, M. Rodríguez, "Informe preliminar de la primera campaña del proyecto de prospección sistemática de la campiña Sur gaditana: término de Puerto Real",

A.A.A. 1989 II, Sevilla 1991, pp. 98-100.

(22)

23

.Alfarería Cfomana en la CSah/a de &ádis

CAPÍTULO III

EL ALFAR ROMANO: GENERALIDADES

Hemos estimado oportuno incluir en este trabajo, un capítulo introductorio que ver­

sara sobre los aspectos generales de las alfarerías romanas.

Con demasiada frecuencia, generalmente por razones presupuestarias, se han exca­

vado alfares romanos, centrándose en las estructuras más sobresalientes de los mismos, los hornos, o bien en los restos más voluminosos, los testares o escombreras. Estas cir­

cunstancias nos suelen apartar de la realidad de la alfarería, entendida como lugar de pro­

ducción, que integra todo un proceso, a menudo complejo.

Nuestra intención es ofrecer en estas líneas una visión de lo que es una alfarería, y por extensión una alfarería romana, sus partes y sus necesidades. Asimismo, nos interesa clarificar el proceso de producción alfarera, pues lo consideramos un factor necesario a la hora de emprender una investigación, bien sobre un yacimiento concreto, bien se trate de un trabajo de mayor envergadura.

Lamentablemente, la parcialidad de las excavaciones y los escasos trabajos sobre la alfarería antigua que enfocan el tema de manera integral, hacen que estemos ante un pa­

norama lleno de lagunas, lagunas que hemos de suplir con lo que conocemos de la actual alfarería artesanal34.

III.

I. El Proceso Alfarero.

Desde la búsqueda de la materia prima, hasta el acabado final del producto cerámi­

co, podemos enumerar unas fases necesarias en el proceso alfarero, que comentaremos brevemente.

Búsqueda y elección de la arcilla adecuada. El proceso se inicia con la búsqueda de los afloramientos de arcillas. Estos afloramientos deben presentar un grado óptimo de pureza de las arcillas presentes, que garanticen la rentabilidad de su explotación.

En función del producto que se fabricará en el alfar, así deberá ser la calidad de la arcilla buscada, pues no requiere la misma pureza la fabricación, por ejemplo, de material de construcción que la de vajilla fina de mesa.

La existencia en las cercanías de buenos afloramientos de arcillas, puede ser deter­

minante a la hora de instalar un alfar35

’’Afortunadamente existen en la actualidad iniciativas en este campo de la investigación que trabajan en este línea.

Entre estas cabe destacar la emprendida por los responsables del Programa Ófficina, dependiente del C.S.I.C.

3SJ. Remesal, "Reflejos económicos y sociales en la producción de ánforas olearias Béticas (Dressel 20)", Producción y Comercio del Aceite en ¡a antigüedad. I Congreso Internacional, Madrid 1980, p. i 31

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24

Alfarería (¿Remana en la óSali/a ¡le &tiliz

Extracción y transporte de la arcilla. Una vez localizado el lugar, se procede a la extracción de la materia prima. Esta se realiza generalmente a cielo abierto, siguiendo las zonas en que el barro ofrece mayor pureza y calidad. Esta actividad deja sobre el terreno huellas características, son los barreros, grandes socavones producto de la extracción del material36.

Cuando estas afloraciones no se encuentren a pie de alfar, habrá que proceder al transporte hacia el mismo.

Triturado, filtrado e hidratación de la arcilla. Generalmente la arcilla extraída debe ser triturada, como fase previa de un proceso que persigue el depurado requerido en la pasta con la que se trabajará. Tras moler o triturar el material, se filtrará con la ayuda de un cedazo apropiado, que eliminará las impurezas más groseras. A continuación se hidrata el producto obtenido, creando una mezcla pastosa, que puede volver a ser filtrada.

Depuración y decantación de la pasta. La mezcla obtenida se deposita en pilas destinadas a tal efecto, en las que la pasta se decantará y será definitivamente depurada, sometiéndose a una deshidratación que le proporcione el nivel plástico deseado.

Es el depurado una fase importante del proceso, pues las impurezas que albergase la pasta, provocará alteraciones más o menos graves durante la cocción37.

Preparación y amasado. La pasta con la que se va a trabajar en breve plazo, puede requerir algún tratamiento previo, como el oportuno mezclado de arcillas de diferente pro­

cedencia, o el añadido de desgrasante.

Un último paso antes del torneado o modelado, es el amasado. Su objetivo es homo- geneizar, desde un punto de vista plástico, la masa o pella de arcilla con la que el alfarero trabajará.

Torneado y tratamientos previos a la cocción. Tres son las formas básicas de tra­

bajar la arcilla en alfarería: a molde, modelado y torneado. Esta última es la más generali­

zada en la época que nos ocupa.

Cuando se trata de tornear piezas pequeñas, éstas se realizan de una pieza. Las grandes vasijas, tipo dolia o ánfora, se tornean por partes, que se unen posteriormente38.

De igual manera, tras el torneado se añaden otros elementos secundarios, como las asas.

En esta fase, la pieza puede someterse a otros tratamientos previos a la cocción, que pueden ser preparatorios para su uso posterior o simplemente decorativos.

Secado. Una vez torneada la pieza, ésta debe someterse a un proceso de secado an­

tes de la cocción definitiva.

El secado debe producirse en condiciones óptimas. Debe ser lento y gradual, por lo

“G. Chic, "Las ánforas romanas: proceso de fabricación y acondicionamiento para el uso", B.M.C. II, Cádiz 1979- 1980, p. 49.

37Ver al respecto A. Pastor, "La cocción de los materiales cerámicos", Tecnología de la cocción cerámica desde la Antigüedad a nuestros días, pp. 21-38.

38G. Chic, op.cit., 1979/1980, p. 51, recoge diversas opiniones al respecto.

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‘25

<3/ ¿Álfar (¿Remane: ^lenerálidades

que no se exponen las piezas al sol ni a grandes corrientes de aire cálido. Un secado brus­

co provoca alteraciones en el producto, como aparición de grietas o deformaciones. La pieza sufre con el secado además un ligero encogimiento. Por estas circunstancias, todo alfar dispone de un secadero que debe reunir condiciones apropiadas, dada la importancia de esta fase de la producción que puede llegar a durar varias semanas.

Una vez secas, es un buen momento para aplicar determinados tratamientos decora­

tivos, tales como barnizados o vidriados, que se completarán en la cocción.

Carga de la hornada y cocción. La cocción es la fase más importante. Produce una pérdida irreversible de plasticidad que transforma la arcilla en cerámica3’.

3’Una buena explicación del proceso químico producido durante la cocción cerámica la podemos encontrar en el citado artículo de Alfonso Pastor.

“Ver los cálculo realizados al respecto en J. Remesal "Economía oleícola hética: nuevas formas de análisis", A.E.A.

50, Madrid 1978, p. 96.

4,L. C. Juan, "Alfares y hornos de la antigüedad en la Península Ibérica: algunas observaciones en torno a su estudio", Tecnología de la cocción cerámica desde la Antigüedad a nuestros días, Alicante 1992, pp. 73 ss;

Ms J. Jiménez, Historia de Cádiz en la Antigüedad, Cádiz 1971, p. 144.

«G. Chic, op. cit. 1979/1980, p. 53.

“También nos ha documentado la arqueología numerosos ejemplos de depósitos de ánforas u otros productos cerámicos, siempre asociado a la presencia de algún alfar. Quizás el ejemplo más notable sea el depósito descubierto en Puerto Real por Ms. Josefa Jiménez Cisneros, con más de 300 ánforas alineadas. Ms. J.

Jiménez, op. cit., pp. 140 ss.

Previamente se ha procedido a la carga del horno con las piezas que se quieren co­

cer. La carga de la hornada debe realizarse con pericia. Cuando las piezas estén sometidas a algún tratamiento decorativo especial, debe evitarse el contacto entre ellas. No ocurre así cuando lo que se va a cocer son simples vasijas de barro sin revestimiento alguno.

La hornada se suele aprovechar al máximo, introduciendo en el horno el mayor nú­

mero de piezas posible40. Dadas las alteraciones que durante la cocción sufre la cerámica, se estudia en profundidad la disposición de la misma, con el fin de evitar movimientos y roturas no deseadas.

El alfarero es también profundo conocedor del efecto de las temperaturas sobre su producción y sabe jugar con ella en su beneficio, elevando o bajando la misma según su propio criterio.

Este manejo de las temperaturas puede conseguirse a través de los combustibles, pues algunos árboles proporcionan lefias más caloríferas que otros. Otro método usado es el establecimiento o cierre de tiros y corrientes de aire, según las necesidades de la coc­

ción, que el alfarero puede apreciar. Estos procedimientos eran sin duda conocidos por los alfareros romanos, como nos documenta la arqueología41.

Tratamientos de acabado y decoración. Una vez retirada la hornada, la produc­

ción recibirá los últimos tratamientos previos a su comercialización42. Así, en función del destino de la producción, ésta será acondicionada o decorada convenientemente.

Almacenado. En espera de su uso o comercialización, las piezas son depositadas en algún lugar preparado para su almacenamiento43.

Estas son sucintamente y en líneas generales las fases que comprende el procedi-

(25)

2C

Alfarería (¿Remana en la C&a/iía ¡le íPáiliz

miento alfarero. Otras tareas tienen que ver con todo el proceso de preparación del horno:

limpieza de la última cocción, reparaciones necesarias, carga de combustible, preparación del tiro, etc.

111.

2. Organización y partes de una alfarería.

Hemos visto las fases mínimas de que consta el proceso de producción alfarera. In­

dudablemente la mayoría de estas fases requieren instalaciones susceptibles de ser docu­

mentadas arqueológicamente.

Los elementos constructivos propios de una alfarería romana, bien pudieran ser los siguientes:

Depósitos de arcillas. Un lugar donde la arcilla extraída directamente de la cantera pudiese ser depositado, mínimamente resguardada de las inclemencias del tiempo que pu­

diesen alterar su estado. Es de suponer que se tratase de estructuras frágiles, realizadas a base de elementos vegetales y por tanto de difícil documentación.

Conducciones, depósitos y otras estructuras dedicadas a garantizar el abasteci­

miento de agua y su almacenamiento. Es imprescindible en el proceso alfarero. Pozos, pilas para el agua y sus correspondientes canalizaciones, realizadas en material consisten­

te, son necesarias en el alfar. En aquellos lugares donde el abastecimiento del agua subte­

rránea no fuese fácil, se desarrollaron sistemas para captar y almacenar el agua de lluvia44.

Pilas de decantación y depuración de la arcilla. Imprescindible también en la al­

farería, pocas veces documentadas. Sus características, poca altura, extensión, construc­

ción en materiales ligeros, puede dificultar su conservación así como su reconocimiento en el curso de una excavación.

Talleres. El habitáculo destinado al torneado y preparación de las vasijas debía reu­

nir unas condiciones de habitabilidad mínima, lo que implicaría su construcción con ma­

teriales de fácil conservación, sin embargo no ha sido claramente documentado aún en las alfarerías conocidas en la Bahía.

Secaderos. Mencionamos la importancia de esta fase de secado. La producción de­

be resguardarse durante este período de cualquier agresión del medio, sean lluvias, sol di­

recto, aires excesivamente cálidos. Esto implica la existencia de estructuras, ya sea en ma­

terial de obra u otro material más perecedero, que garantice el impecable secado.

"El abastecimiento de agua a los alfares aprovechando lo cercanía de los acueductos ha sido planteada para el yacimiento de Cerro de los Mártires, en San Fernando, en R. Corzo, "El Ceramista Caius lunius Dracus", B.M.C. III, Cádiz 1981/1982, p. 55; Igual circunstancia se apunta en L. C. Juan, "Nuevos métodos aplicados al estudio de los hornos antiguos: el horno 2 del alfar de La Maja (Calahorra)", Tecnología de la cocción cerámica de la Antigüedad a nuestros días, Alicante 1992, p. 90.

El acueducto romano que aportaba agua desde El Tempul a Cádiz hubo de facilitar el establecimiento de asentamientos que se beneficiasen del abastecimiento de agua corriente. Así parece obedecer a esta causa la ubicación del alfar de Laguna Seca, en Puerto Real, que estudiaremos en su momento.

Referencias

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