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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

FACULTAD DE ESTUDIOS SUPERIORES IZTACALA Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia

Autoestima en niños preescolares

Reporte de investigación teórica

QUE PARA OBTENER EL TÍTULO DE:

LICENCIADA EN PSICOLOGÍA P R E S E N T A :

Gabriela Itandehui Morga Flores

Los Reyes Iztacala Tlalnepantla, Estado de México, a 3 de Junio de 2019

Manuscrito Recepcional

Programa de Profundización en Educativa

Director: Maestra Guadalupe Moreno Arriaga

Dictaminador: Licenciada Adriana Concepción Rojas Baltazar Licenciada Inti Sofía Echevarría López

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Resumen

En el presente trabajo se aborda el trabajo colaborativo de la triada educativa:

padres maestros y alumnos para fortalecer la autoestima en el nivel preescolar.

Lo anterior, a través de un taller en el que se exponen los conceptos básicos de la autoestima; así como las pautas de crianza que inciden en el desarrollo de los educandos.

También se busca fortalecer los conocimientos, actitudes y habilidades que poseen los docentes respecto a la educación socioemocional, ya que son ellos quienes pasan gran parte del tiempo con los alumnos y son referentes y figuras de autoridad.

Se pretende que los docentes y padres adquieran las herramientas necesarias para vincularse de manera efectiva con los educandos: La propuesta busca que los maestros se apropien de la propuesta para que pueda implementarse en el aula;

con el apoyo de los padres de familia y los propios alumnos; para que de ésta manera, se pueda fortalecer su autoestima y se consolide el desarrollo integral de los niños.

Palabras Claves:

Autoestima, educación preescolar, trabajo colaborativo.

Abstract

In the present work the collaborative work of the educational triad is addressed:

parent teachers and students to strengthen self-esteem at the preschool level.

The above, through a workshop in which the basic concepts of self-esteem are exposed; as well as the parenting patterns that affect the development of students.

It also seeks to strengthen the knowledge, attitudes and skills that teachers have regarding socio-emotional education, since they spend a great deal of time with students and are referents and figures of authority.

It is intended that teachers and parents acquire the necessary tools to effectively link with learners: The proposal seeks that teachers take ownership of the proposal so that it can be implemented in the classroom; with the support of parents and the students themselves; so that in this way, their self-esteem can be strengthened and the integral development of children consolidated

Keywords:

Self-esteem, preschool education, collaborative work.

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Índice

Introducción ………

Justificación……….

Objetivos………..

Participantes………

4 5 6 6

CAPÍTULO I. AUTOESTIMA……….

1.1 Autoconcepto………...

1.2 Desarrollo del autoestima………..

1.3 Elementos que conforman el autoestima………

1.4 Tipos de autoestima………...

7 8 9 25 30

CAPÍTULO II. CONTEXTO FAMILIAR E IMPACTO EN EL

AUTOESTIMA………..

2.1 Estilos de interacción familiar……… 35

42 CAPÍTULO III. ETAPA PREESCOLAR E IMPORTANCIA DEL CONTEXTO ESCOLAR ……….. 3.1 Los maestros………... 43 53 CAPÍTULO IV. FORTALECIMIENTO DEL AUTOESTIMA ………. 57

CAPÍTULO V. PROPUESTA DE INTERVENCIÓN………. 67

5.1 Cartas descriptivas ……… 68

Alcances y limitaciones….……….……… 78

Conclusiones ……….………. 79

Referencias ………. 81

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INTRODUCCIÓN

El interés de estudiar y analizar la autoestima en los niños de Preescolar surge a través de la observación de las prácticas en distintos preescolares y contextos. En todos ellos se observa el poco interés por parte de los maestros y padres de familia para desarrollar y fomentar las actividades en el área socioemocional de los educandos. Sin embargo, es ésta área la que catapulta los conocimientos en las otras áreas de desarrollo.

La autoestima es inherente al ser humano, y se va construyendo a lo largo de nuestra vida. Es por ello que resulta imprescindible incluir en el currículum escolar actividades que promuevan el desarrollo de la autoestima de una manera óptima que permita a los niños desarrollar su autoconcepto, autoconocimiento y finalmente ir consolidadando su autoestima de manera óptima.

En las siguientes páginas se describirán los siguientes elementos:

En el capítulo 1 se abordará la autoestima: sus componentes, autores y las distintas corrientes que la sustentan.

En el capítulo 2 se resalta la importancia de la familia y las pautas de crianza de los padres que inciden en el desarrollo de la autoestima.

Los maestros, adultos y grupo de pares que conviven con el niño y que forman parte de su contexto escolar y social y su influencia se abordan en el capítulo 3.

El capítulo 4 se enfoca en el fortalecimiento de la autoestima, y finalmente, en el capítulo 5 se describe el taller propuesto para el favorecimiento óptimo de ésta, mediante las cartas descriptivas para llevarlo a cabo.

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JUSTIFICACIÓN

En México existe poca información o programas creados para la inteligencia emocional. En red, podemos encontrar numerosas técnicas o métodos para enseñar a los niños lectoescritura o matemáticas; no así con el desarrollo de la identidad y autoestima de los niños.

Éste tema, más que novedoso o poco desarrollado, no tiene la importancia que merece en la práctica dentro de las aulas. En la etapa preescolar; los adultos están más enfocados o muestran preocupación por que el alumno lea o cuente; pero no muestra interés en cómo se siente el alumno.

Es por ello, que el área de interés en el que se basa el manuscrito profesional es en la psicología educativa; centrándose en el desarrollo emocional de los educandos.

En el entorno escolar es posible observar los comportamientos de los alumnos durante ciertas situaciones; diversos autores como Clemes, (2001) señalan que en un niño puede detectarse su autoestima por lo que hace y por cómo lo hace.

Es en la infancia donde los seres humanos empiezan a formar su autoconcepto y proyectan el mismo, al mundo que los rodea. Considero que su interacción con el contexto, dependerá en gran medida de la imagen que tenga el niño de sí mismo y de qué tan capaz se sienta de relacionarse con los demás, de enfrentar los retos que se le propongan; sintiéndose cómodos y seguros de sí mismos, y con ello, lograr un equilibrio entre el desarrollo emocional y las vivencias en el espacio escolar; y de manera paralela, en todo su entorno.

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OBJETIVOS

Objetivo General:

Elaborar un programa que fomente el trabajo de la educación socioemocional con la triada educativa: maestros, padres y alumnos, con la intención de desarrollar el autoconocimiento, el autoconcepto y autoestima, así como mejorar sus capacidades de inteligencia emocional para un óptimo desarrollo en el ámbito social. Al concluir el taller; padres de familia y maestros, comprenderán la importancia de la autoestima en el desarrollo integral de los niños y adquirirán herramientas para fortalecerla.

Objetivos específicos:

Padres de familia y maestros conocerán los factores que conforman e influyen en la autoestima.

Padres de familia y maestros participarán de manera activa en actividades para fortalecer la autoestima en los niños.

Los niños participarán en actividades de manera individual, con adultos y su grupo de pares para fortalecer su autoestima.

PARTICIPANTES

El taller está dirigido a padres de familia, maestros y alumnos que cursan segundo o tercer año de preescolar y que éstos últimos tengan una edad de 4 o 5 años.

Las sesiones serán con actividades dentro y fuera del aula; ya que hay actividades que involucran a los alumnos con su grupo de pares; a los alumnos acompañados con sus maestros y a los alumnos con sus padres fuera del horario escolar.

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CAPÍTULO I. AUTOESTIMA

En la actualidad parecería que cualquier persona es capaz de hablar de la autoestima. Somos bombardeados por los medios de comunicación quienes distribuyen programas, comerciales, propaganda, cursos o talleres; también existen grupos de autoayuda y en ocasiones han surgido personajes a quienes se les considera eruditos en el tema, o dirigentes que terminan por ser charlatanes. Por todo lo anterior existe el peligro de mal informar a las personas acerca de este tema debido a que no se han documentado y su información carece de valor y veracidad, ya que dan diferentes definiciones del término y no se mide de forma estandarizada el fenómeno, pues no utilizan instrumentos idóneos para estudiar el tema, terminando por confundir a las personas que están buscando ayuda por medio de estas publicaciones (Rubio, 2019).

Rubio señala que las necesidades de autoestima son las más complejas de las necesidades básicas. Es decir que, aunque no se requiere para mantener la vida biológica, sí es indispensable para una vida psicológica saludable. También la ubica como una necesidad deficitaria, es decir, como una parte del desarrollo cuya no satisfacción, causa tensiones y problemas, así como una conducta persistente para lograr dicha satisfacción. La autoestima también influye en la manera en como tratamos a los demás, influye en las interacciones sociales, por lo que es necesario fomentar y reforzar la autoestima ya que si el niño es seguro de sí y sabe lo que vale, entonces podrá enfocarse en la satisfacción de otras necesidades superiores, y en este proceso logrará una buena relación con sus compañeros. Se tiene la teoría de que un niño que se estima, quiere y respeta a sí mismo será capaz de comportarse con los demás de la misma forma. Ello hará más probable que sea tratado con reciprocidad por parte de sus semejantes (2019).

A finales del siglo XIX, en el campo de la psicología, se puede decir que se inician los primeros estudios de la autoestima con William James (1980 en su obra principios de psicología, donde expone: “la autoestima que se tiene depende

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enteramente de lo que pretendemos ser y hacer”. Es el resultado de lo que la persona hace para obtener éxito, las metas que se pretenden alcanzar. Y establece la siguiente fórmula: autoestima=éxito (Martínez, 2016).

Autoconcepto

Para entender mejor la definición de autoestima habría que explicar que es el autoconcepto. En psicología se ha distinguido tres dimensiones dentro del autoconcepto (Cava & Musitu, 2000):

1.-La cognitiva: Se refiere a los múltiples esquemas en que las personas organizan la información que se refiere a ellos mismos.

2.-La afectiva o evaluativa: Se refiere a la autoestima.

3.-La conductual: Se refiere a las conductas orientadas a la autoafirmación y/o a la búsqueda de reconocimiento.

El concepto de sí mismo referido como autoconcepto; describe a la imagen que cada uno tiene, donde incluye el cuerpo, la conducta y el pensamiento llegando a verse como único separado de otros sujetos (Sarafino y Amstrong, 1988 citado en Cacho, 2008).

El autoconcepto se formará con dos factores, la autoimagen; capacidad de verse con ciertas características físicas. Y la autoestima; consideración y evaluación de verse personal de los méritos o cualidades, habilidades y limitaciones, con base a la autoimagen y la conciencia de los valores de la sociedad. La autoestima es la función de “evaluarse a sí mismo” por lo que implica por un lado un juicio de valor y por otro un afecto que le acompaña (Cacho, 2008).

Por su parte, Torres señala que el individuo irá adquiriendo su autoconcepto, que estará determinado por sentimientos (confianza-desconfianza, seguridad- inseguridad etc.), juicios y valores promovidos por los maestros. Por ende, en cada una de las etapas del desarrollo evolutivo, el individuo debe resolver tareas y aprendizajes específicos, los cuales tendrán sus repercusiones psicológicas, que

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serán punto de partida para la siguiente etapa. En tal sentido, la superación de cada uno dependerá, en gran medida, del grado de motivación (externo e interno) que se tenga (2018).

Algunas investigaciones afirman que una de las funciones psicológicas más importantes que atañe a la familia es la formación del autoconcepto y de la autoestima como parte de la identidad de los hijos (Musitu y Allat, 1994; Alonso García y Román Sánchez, 2005 citado en Vargas y Oros, 2011). La autoestima es la parte evaluativa del autoconcepto, el juicio que hacen los niños acerca de su valor general, basada en la capacidad cognoscitiva que tienen cada vez mayor para definirse a sí mismos (Papalía, et, al, 2012 citado en Martínez, 2016).

Puede entenderse entonces que en el autoconcepto se utilizan descripciones abstractas, pero no necesariamente juicios de valor; en el caso de la autoestima se expresa el concepto que se tiene de uno mismo, según las cualidades subjetivas y valorativas, es la satisfacción personal de individuo consigo mismo, relacionada con una actitud evaluativa de aprobación (Cava & Musitu, 2000). Cava & Musitu, 2000, afirman que en la práctica esta distinción no es tan clara y depende del autor y su formación.

Desarrollo de la autoestima

Carl Rogers (1950) exponente de la psicología humanista, propuso el siguiente axioma: “todo ser humano sin excepción, por el hecho de serlo, es digno del respeto incondicional de los demás y de sí mismo; merece estimarse a sí mismo y que se le estime”. Para Rogers (1950) el concepto de sí mismo se puede definir operativamente como la “estructura del sí mismo”, se compone de elementos tales como las percepciones de las propias características y capacidades; los preceptos y conceptos de sí mismos en relación con los demás y el medio: las cualidades de valor que se perciben como asociadas con las experiencias y con los objetos; y las

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metas e ideales que se perciban como poseyendo valor positivo o negativo. (Bernal, 2013, citado en Martínez, 2016).

En busca de un desarrollo sano y equilibrado del individuo durante los primeros años de vida se hace necesario cubrir necesidades básicas que incluyen no sólo la alimentación, los cuidados de salud física o de abrigo que van orientadas primordialmente a la supervivencia. Hay también otros aspectos que deben ser complementados, que se relacionan con el desarrollo de la personalidad, con su desarrollo emocional, con la manera que el individuo aprende a manejar situaciones, a superar retos, a relacionarse con sus semejantes y a abrirse paso en la vida (Cacho, 2008).

De acuerdo con Chrisphe André (2012), la autoestima consta de 3 elementos: la confianza en sí mismo, la visión de sí mismo, y el amor a sí mismo, la adecuada dosificación de cada una de ellas es indispensable para tener una autoestima armoniosa

· La confianza en sí mismo: que se aplica a los actos que lleva a cabo la persona.

Nuevamente, la familia y la escuela aparecen como puntos muy importantes en el desarrollo de esta capacidad. El autor propone que la prueba de que una persona tiene una buena confianza en sí misma es que no teme de forma extrema aquello que es desconocido o aquello que es malo (la adversidad). También afirma que ésta baja confianza en uno mismo no es algo que no se pueda superar.

· La visión de sí mismo: la evaluación que la persona hace de sí misma. Si esa evaluación es positiva, constituye una fuerza muy importante que hace que la persona pueda esperar cosas buenas a pesar de encontrarse en un mal momento.

De nuevo la familia aparece como un elemento esencial en la formación de la visión de uno mismo y se señala la importancia de tener en cuenta sus dudas e inquietudes para ello. También se señala la profunda dependencia de los demás que origina una visión de sí mismo como carente de recursos.

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· El amor a sí mismo: El amor a uno mismo es el elemento más importante de los tres y depende en gran parte del amor que la familia proporcionó en la infancia.

Estos tres pilares están interrelacionados unos con otros pero en algunas personas estos pilares no están unidos. El “valor de la autoestima radica no solamente en el hecho de que permite sentir mejor, sino que permite vivir mejor, responder a los desafíos y a las oportunidades con mayor ingenio y de forma más apropiada”

(Branden, 2000.).

Desde la perspectiva de Branden (op. cit.) la autoestima tiene dos componentes relacionados entre sí, el primero es la sensación de confianza frente a los desafíos de la vida lo que Branden llama la eficacia personal. El otro es la sensación de considerarse merecedor de la felicidad: el respeto a uno mismo.

Branden (op. cit.), identifica seis prácticas que ayudan a fomentar la eficacia personal y el respeto por uno mismo, denominándolas los seis pilares de la autoestima, los cuales al ser fortalecidos individualmente la consolidan. Las prácticas son:

• Vivir conscientemente

• Aceptarse a sí mismo.

• Responsabilizarse de uno mismo.

• Autoafirmación.

• Vivir con un propósito.

• Integridad personal.

C. Rogers (1967) define la autoestima como “un conjunto organizado y cambiante de percepciones que se refiere al sujeto”, y señala que es “lo que el sujeto reconoce como descriptivo de sí y que él percibe como datos de identidad”.

Desde el punto de vista psicológico Yagosesky, R. (1998) define la autoestima como el resultado del proceso de valoración profunda, externa y personal que cada quien hace de sí mismo en todo momento, esté o no consciente de ello. Este resultado es

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observable, se relaciona con nuestros sentidos de valía, capacidad y merecimiento, y es a la vez causa de todos nuestros comportamientos.

La autoestima es un sentimiento valorativo de nuestro ser, de quiénes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Esta se aprende, cambia y se puede mejorar. Está relacionada con el desarrollo integral de la personalidad en los niveles: ideológico, psicológico, social y económico.

Por otra parte, Branden (2015) afirma que la autoestima es una necesidad humana fundamental, la define como: “…la experiencia fundamental de que podemos llevar una vida significativa y cumplir con sus exigencias…podemos decir que la autoestima es lo siguiente:

1. La confianza en nuestra capacidad de pensar, en nuestra capacidad de enfrentarnos a los desafíos básicos de la vida.

2. La confianza en nuestro derecho a triunfar y a ser felices; el sentimiento de ser respetables, de ser dignos, y de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y carencias, a alcanzar nuestros principios morales y a gozar del fruto de nuestros esfuerzos” (Branden, 2015).

Una definición formal de autoestima es “la disposición a considerarse competente para hacer frente a los desafíos básicos de la vida y sentirse merecedor de la felicidad” (Branden, 2015).

Cabe resaltar que la autoestima es un constructo multidimensional y que más de un autor la ha definido desde su posición teórica y ha tenido modificaciones a través del tiempo. Fajardo (2001), después de realizar una revisión encontró que la autoestima contiene seis factores que interactuaran, conviven y se nutren entre sí (en Vite, 2008):

1. Auto-percepción: la evaluación que se hace de uno mismo.

2. Conducta: las habilidades y competencias del individuo.

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3. Cognitivo: Proceso en el que individuo percibe la realidad y la evalúa.

4. Contexto inmediato: Retroalimentación que consigue el individuo en el medio e influencia de las personas que le rodean.

5. Contexto social: las ideas, valores, normas y creencias del grupo social en el cual se desenvuelve el individuo.

6. Sentimientos y emociones: derivados de la auto-evaluación.

La autoestima “es el conjunto de creencias (limitaciones o desarrolladoras) y valores (virtudes o viciosos) que el sujeto tiene acerca de quién es, de sus capacidades, habilidades, recursos y potencialidades, pasadas, presentes y futuras, que le han conducido hasta dónde está y que le llevarán hasta donde crea que puede llegar”

(Carrión; 2007). La autoestima que cada persona posee hace reconocer las capacidades que ha logrado y lo que espera.

Cuando la persona se siente bien consigo misma, capaz de enfrentar la vida sin importar los obstáculos que se presenten y asumir su propia responsabilidad, se permite apreciar la personalidad del individuo. La autoestima “es el concepto que se tiene del valor de una persona y se basa en sus pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que se han tenido a lo largo de la vida”. (Clark y Clemes;

2000).

Por otro lado, “La autoestima es la valoración y aprecio que tenemos de nosotros mismos por las cualidades y circunstancias que nos reconocemos” (Carrión; 2007).

Cuando la persona se quiere a sí misma, se acepta tal como es, se respeta y enseña a las personas hacerlo, le permite un mejor desenvolvimiento en el medio social y reafirma cada día su seguridad y confianza en sí misma.

A este respecto, según Branden (2012), las edades más importantes para el desarrollo comprenden entre los 3 y 10 años. Por lo tanto, la vida de las personas determina el desarrollo de la autoestima, lo cual permite que los seres humanos sean “capaces de tener amigos, utilizar sus dotes y aprovechar las oportunidades

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que se les presenten” (Mckay y Fanning; 1999). Además, la autoestima es fundamental para alcanzar las metas que desea la persona y sentirse satisfecha de lo que realiza.

Los niños no nacen con la autoestima, pero se desarrolla con “las experiencias del niño y con las reacciones con los demás” (Feldman; 2007). El primer contacto que tiene el niño, para desarrollar la autoestima es con los padres de familia y conforme va creciendo el niño se relacionará con las demás personas.

Para Hernández (2015), la paternidad y los maestros son las fuentes primordiales para ayudar a los hijos a desarrollar la autoestima, lo que les permitirá tener diversas oportunidades para ser adultos felices y exitosos.

Clark y Clemes (2000) describen el desarrollo de la sana autoestima desde el nacimiento, destacando que el niño construye esta característica, a partir del contacto con los padres; también señalan que los niños que viven en un medio hostil, conflictivo y caótico, donde no haya expresiones de afecto, ni respuesta a sus preguntas cotidianas, desarrollarán desde su niñez un sentimiento de culpa, que se reafirmará con cada respuesta no obtenida o con la toma de inadecuadas decisiones, que generan a su vez una devaluación de sí mismo, un autoconcepto deteriorado y una autoimagen irreal.

Si el pequeño se desarrolla en un ambiente sano, rodeado de comunicación, con unos padres que poseen una sana autoestima y están dispuestos a brindar amor, cuidado y disciplina, la estructura de personalidad del niño será firme y fuerte, por lo tanto, se potencializará a la formación de una autoestima alta (Hernández,2015). El desarrollo de la autoestima comienza en la primera infancia e infancia, continúa en la adolescencia y termina en la adultez.

Los resultados parecen indicar que la autoestima funciona como un recurso promotor de la salud y protector de la disfuncionalidad. Al respecto, Kobasa (1985) la menciona entre las características inherentes a las personalidades resistentes, y

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Grotberg (2006) se le posiciona como un elemento importante dentro del factor resiliente “fuerza interior” o “yo soy”. Melillo, Estamatti y Cuestas (2008) se le otorga tal relevancia a la autoestima consistente que la consideran base de los demás pilares que sustentan la resiliencia en los niños (Vargas & Oros, 2011).

La perspectiva humanista enfatiza el potencial de la gente para el desarrollo positivo y saludable a través del ejercicio de las capacidades distintivamente humanas de la escogencia, la creatividad y la autorrealización dando pie a una serie de etapas y fases del desarrollo para llegar al éxito (Papalía, 1992).

Entre las edades de 2 a 5 años, los niños constituyen una identidad personal a través de encuentros con otras personas y con el ambiente físico; la autoestima positiva se basa en dos convicciones: yo importo, “yo valgo” Y “yo” puedo manejarme a mí mismo y a mi ambiente con competencia. La primera se encuentra relacionada con la identidad personal, la pertenencia de grupo y el lugar que se ocupa en el grupo: la segunda se relaciona con la capacidad de hacer algo por mí mismo, conmigo y con lo que me rodea teniendo que ver con la autonomía y el dominio o control de sí mismo y la adaptación al medio. Así la autonomía, identidad personal y control, son aspectos importantes relacionados con la autoestima que contribuyen en la construcción del autoconcepto, favoreciendo el desarrollo emocional sano y productivo. Por lo que la protección de la autoestima se convierte en una de las tareas centrales en pro de la salud emocional en la niñez como base de la vida futura (Cacho, 2008).

Los niños son activos participantes en su desarrollo y reflejan condiciones intrínsecas en el ser humano para explorar el medio ambiente. En 1952 Piaget lo denominó asimilación cognitiva, considerada como la base para la vida. Otros autores la definen como motivación superior y enfatizan en la adquisición de nuevas conductas y habilidades a través de las experiencias (Martínez, 2014).

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Todo ser humano cuenta con emociones -sentimientos subjetivos como la tristeza, la alegría y el miedo entre muchas otras, que surgen como respuesta a situaciones y experiencias. Las emociones están presentes desde que se nace y juegan un papel relevante en la construcción de la personalidad e interacción social. Se viven las emociones en cualquier espacio y tiempo, con la familia, con los amigos, con el entorno, entre iguales, en la escuela, con los educadores, etc. (López Cassá, 2005).

Las reacciones emocionales ante los eventos y las personas, que están íntimamente ligadas a las percepciones cognoscitivas, forman un elemento fundamental de la personalidad (Papalía, 2004).

El desarrollo emocional impacta el desarrollo humano y a la vez se ve impactado por éste. Lo que la persona aporta, a través de su constitución y herencia, al medio en el que se desenvuelve, le permite si las condiciones están dadas elaborar competencias socio-emocionales que le posibilitarán desenvolverse mejor y alcanzar una vida de calidad. El desarrollo humano no sólo debe ser sostenible sino que debe permitir que la persona se auto sostenga, en un medio cambiante, dinámico y globalizado (Mulsow, 2008).

Hay tres aspectos del desarrollo emocional, que permiten conocer de forma más específica la competencia emocional del niño, a saber: comprensión emocional, capacidad de regulación, y empatía. La comprensión de las emociones y la toma de perspectiva emocional se comienzan a desarrollar desde edades tempranas. Los niños y niñas en edad preescolar se vinculan a situaciones cada vez más diversas, las cuales generan distintas emociones. Así, los niños y niñas comienzan a ajustar sus reacciones para adecuarlas a la situación que enfrentan y a los propios deseos de alcanzar metas determinadas, en busca de respuestas coherentes a las demandas del contexto (Henao y García, 2009).

Las emociones positivas se caracterizan por una elevada valencia de placer o bienestar (Lucas, Diener & Larsen, 2003 citado en Oros, Manucci y Richaud, 2011)

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y por inducir pensamientos y acciones que favorecen un desenvolvimiento sano y adaptativo en las distintas etapas de vida, investigaciones científicas coinciden en afirmar que las emociones positivas influyen en el desarrollo y enriquecimiento de características y competencias personales. Que son de gran utilidad para afrontar la vida cotidiana y sobreponerse a la adversidad, y potencian en este modo la salud y la resiliencia psicológica (Fredrickson, 2000; Vera Poseck, 2004). De su grado de autoestima dependerá su desarrollo en el aprendizaje, en las buenas relaciones, en las actividades y en la construcción de la felicidad (Carballo, 2010).

Autoestima se refiere al valor que los niños reconocen en sí mismos y en sus acciones. Tiene que ver con los sentimientos que tienen acerca de ellos mismos y con su propia clasificación como “buenos “o “malos”. Tales juicios son el resultado de lo que el niño aprende acerca de sí mismo, a través de otras personas (McCandlss, 1977 citado en Hernández 2005).

Erikson (1973) menciona que las madres crean en sus hijos un sentimiento de autoconfianza mediante el cuidado de las necesidades del niño, esto produce un sentimiento de confiabilidad dentro del estilo de vida de la cultura a que pertenece.

Y crea un sentimiento de identidad, que en un futuro se convertirá en “ser aceptable, ser uno mismo”, y de convertirse en lo que la otra gente confía se “llega a ser”. La confianza básica, es para el niño no solo un aprendizaje de que se puede confiar en sus padres o sustitutos, sino que también puede desarrollar su propia autoconfianza (citado en Vázquez, 1995).

Coopersmith (1967) refiere como autoestima la evaluación que establece y mantiene habitualmente el individuo con relación a sí mismo, expresando aprobación o desaprobación. Propone que la autoestima es de gran importancia personal, social y psicológica, por lo que las condiciones y experiencias que fortalecen o debilitan también lo son. Y considera cuatro condiciones en su formación en el niño: a) aceptación total o parcial del niño por los padres, b)límites educativos claros y respetados, c) respeto a la acción dentro de los límites; d)la

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amplitud dejada en esta acción, juicio de valía personal. Estudios en el análisis del término éxito, muestran que las aspiraciones y valores que se transmiten y las experiencias dan lugar a diferentes respuestas.

La autoestima es inherente a todos los seres humanos, es un producto social que se desarrolla en la interacción hombre-mundo, en el proceso de la actividad y la experiencia social y canaliza la actividad del cuerpo y la mente de todas las personas. Su carácter social y desarrollador provee de una extraordinaria significación para la educación de niños, adolescentes, jóvenes y adultos. La autoestima es de naturaleza dinámica, multidimensional y multicausal, es decir, la diversidad de influencias que la forman en interacción continua (Acosta y Hernández, 2004).

El entorno ayuda a que un niño descubra hacer nuevas cosas y advierta de sus cualidades, creer en el niño alienta a nuevos retos en cada experiencia por simple que parezca. Parte del aprendizaje de los niños es verse a sí mismos de un modo positivo el sentirse orgullosos de lo que hacen y dar esa seguridad hará que el niño adquiera ese valor y se sienta reconfortado y seguro de lo que logre (Carballo, 2010).

Cuando el adulto reflexiona con los niños sobre conductas, valores y principios pro- sociales, como elementos necesarios para interactuar de manera amable y eficiente con los demás. Los niños irán entendiendo el papel que juegan y dando sentido a lo quieren (Martínez, 2014). Los riesgos de no tener una adecuada autoestima harán sentirse en el niño rechazado por el grupo, y más tarde por la sociedad adoptando conductas no deseables y perjudiciales. Se podría decir que el desarrollo de la autoestima es el principal requisito del aprendizaje.

Los niños y niñas deben saber y sentirse que se cuenta con ellos y que se les considera personas valiosas y por lo tanto es preciso construir un ambiente que

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contribuya a nutrir y a realizar la seguridad y validez de cada niño y cuando empiece a desarrollar su autoestima comenzará a sentirse bien consigo mismo (Saavedra, 2010).

El desarrollo de la empatía en los niños exige el reconocimiento de los otros y su condición de persona, lo cual conlleva a la aceptación de continuidad de la existencia física de los demás. El niño desarrolla capacidad para asumir y desempeñar el rol de otros e identificar la perspectiva de ellos, y a desplegar la capacidad de mostrar un ‘malestar simpático’ con sentimientos de preocupación por otras personas diferentes de sí mismo llegando a ser prosocial (Martínez, 2014).

Los años preescolares son muy importantes en el desarrollo social, ya que constituyen el primer contacto de los pequeños con un ambiente fuera de la familia, las experiencias vividas durante esta etapa serán determinantes para su futuro ajuste y desempeño en la sociedad (López, 2015).

Desde la década de 1990, con el desarrollo de las corrientes pedagógicas cognitiva y humanista a finales del siglo XX, y por consiguiente el énfasis en la personalidad, el aprendiz y su proceso de aprendizaje, la autoestima ha pasado a engrosar las filas de los conceptos esenciales de la educación en el mundo de la pedagogía (Acosta, 2004). En la actualidad la sociedad atraviesa por un proceso de cambios en el cual se ve afectado el sistema educativo. Los infantes de las escuelas, se desenvuelven en medio de vivencias complejas. Las diferentes condiciones sociales y varias formas de manifestaciones de violencia no son favorables para su desarrollo armónico, influyendo significativamente en el logro de una adecuada autoestima e identidad (Saavedra, 2010).

La autoestima se convierte en objeto de estudio e investigación debido a su papel en la educación de las nuevas generaciones (Acosta, 2004). La autoestima alta es importante para todas las personas, específicamente para los docentes, pues le posibilita mayor seguridad, confianza a la hora de conducir el proceso de enseñanza

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aprendizaje, le permite tener una valoración propia de sus posibilidades de actuar en un momento dado a partir de sus conocimientos y de poder determinar hasta dónde puede llegar en una actividad determinada, le otorga más valor a lo que sabe y a lo que puede ofrecer, se propone nuevas metas, es más creativo y le inspira confianza y seguridad a los alumnos, lo cual le permite desarrollar con éxito su labor.

De cómo el maestro percibe sus funciones y sus alumnos, es crítico para el éxito de la educación (Acosta, 2004).

Es tarea de los familiares, maestros y personas a cargo, crear espacios y conducir, con ternura y amor, la actividad del alumno. El triángulo yo – padres y maestros - es determinante durante la infancia para una autoestima alta en etapas posteriores, de aquí la importancia de educar no sólo en la familia. Estudios realizados en Estados Unidos (Ribeiro, 1997:97) demostraron que los niños dentro de los cuatro años de edad escuchaban de un elogio, nueve reprimendas y media cada veinticuatro horas. Para que una reprimenda se anule o neutralice en el cerebro de una persona, son necesarios al menos siete elogios, hasta los ocho años de edad, y si escucha la absurda cantidad de 100.000 “noes”. Muchos niños crecen con la idea inculcada de que no tienen talento para estudiar, es tarea de los padres y maestros, enseñarlo a reflexionar sobre sus potencialidades a fin de que interioricen que ellos sí pueden, porque el talento es un 10 por ciento de inspiración y un 90 por ciento de transpiración, y hay que sudar para que el talento se manifieste (Acosta y Hernández, 2004).

En esta área se condiciona el aprendizaje de muchas formas; La baja autoestima genera impotencia y frustración en los estudios y pueden las bajas calificaciones reforzar sentimientos de incapacidad propia frente a su rendimiento. Por el contrario, cuando se promueven actividades que favorecen una alta autoestima, el rendimiento escolar mejora notoriamente. Así mismo los aprendizajes, significativos y consistentes favorecen una alta estima. Los fracasos y las dificultades personales no serán experiencias paralizantes en la formación de los niños, cuando la escuela

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promueva la interacción social y la autorrealización a través del desarrollo de la estima personal y la seguridad en sus propias capacidades (Saavedra, 2010).

Valdés (2003), señala que cuando un niño se siente y se considera valioso e importante, su autoestima se manifiesta en la manera cómo actúa. En la escuela se muestran responsables, creativos, activos, tiene iniciativa, establecen mejores relaciones con sus compañeros y compañeras y profesoras y profesores mostrándose más tranquilos, a su vez, exigentes en su desempeño escolar y social por lo que logran avances tanto en el desarrollo socio-afectivo como en el intelectual. Paz (2000) señala que en la intervención de la escuela, para fortalecer la autoestima el profesor conozca las capacidades y habilidades y cualidades de cada uno de sus alumnos y esperar que su rendimiento progrese, fomentar la posibilidad de elección por parte del alumno así como ayudar a expresar sus intereses para ello es importante programar actividades grupales para expresar opiniones libremente y establecer normas claras de conducta que faciliten la autoevaluación y la conducta del alumno y poder establecer expectativas.

Los maestros deben trasmitir lo que esperan, tomando en cuenta la dignidad del niño; respetándolo y asumiendo que cuenta con derechos y sentimientos para que crezca en un ambiente favoreciendo la autoestima, con: Justicia; deben enseñar a comprender que hay reglas y se deben asumir, y no deben mostrar favoritismos pues aísla a los que son discriminados, Aprecio de uno mismo, el maestro debe facilitar los dotes de los niños para que ellos los acepten y se aprecien, Atención;

se deben escuchar los gustos intereses los que piensan y sienten y la disciplina que debe estar sustentada por reglas y límites firmes con palabras razonables y justas.

Los estudiantes necesitan de los maestros para fortalecer la autoestima o aumentarla, ayuda a fomentar la competencia dando tareas adecuadas a las capacidades de cada persona También el atender y responder a cada alumno de forma individual, pues los estilos cognitivos son diferentes y todos aprenden de diferente manera respetando sus ideas, las implicaciones morales dentro de la escuela también son significativos, el estudiante obediente se sacrificara a sí mismo

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y no a los demás sin embargo hay estudios que señalan que la obediencia en exceso hace de las personas sumisas, por lo que debe mediarse esta postura para no afectar o dañar, se debe ser cuidadoso para que todos ganen siendo responsables y respetando a la autoridad sin llegar agredir o sentirse desafiado, y lo más valioso para llegar a lograr la autoestima en los niños es que los maestros empiecen con la suya. Las personas debes implicarse en lo que realizan, si lo que hacen tiene sentido y ha sido libremente elegido, esta será una motivación intrínseca, que hay que satisfacer tanto en los profesores como en los alumnos (Polaino, 2004).

La educación inicial y preescolar comprende la atención de los niños y niñas desde su concepción hasta los 6 años, Su objetivo fundamental es contribuir con el desarrollo infantil, para el cual se refiere ofrecer una atención integral en un ambiente de calidad que favorezca su crecimiento y desarrollo en los aspectos físicos, cognitivos, socioemocionales, psicomotrices y de lenguaje, considerando a cada niño como único, con necesidades, intereses y características propias del momento en que se encuentra (Gil y Sánchez, 2004).

Es necesario que se tome conciencia de la importancia de los primeros años de vida en el desarrollo de los niños y niñas, y conocer los factores que favorecen la autoestima para intervenir en forma adecuada en esta etapa crucial y decisiva en la vida del ser humano dentro de alguna institución educativa.

La atención debe iniciarse desde la concepción, y si se encuentra el niño desde los primeros días inmerso en las instancias de cuidado poner atención en las condiciones de vida, sociales y culturales, en las que vivan, ya que los estímulos y experiencias influirán en su desarrollo de manera notable (Gil y Sánchez, 2004).

Todos los seres humanos tienen derecho a una vida digna y aun desarrollo pleno de sus potencialidades. Aunque millones de niños y niñas en todo el mundo padecen por motivos distintos del desarrollo intelectual, social, emocional un

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retraso, ya sea debilitado o distorsionado en sus primeros años hechos que afectan durante toda la vida posterior, es por ello que la visión desde este punto es relevante y docentes que no intervienen para ayudar, generan un costo social con esta actitud, muy elevado (Gil y Sánchez, 2004).

Se asume teóricamente que existe una relación directamente proporcional entre los niveles de autoestima y los niveles de aprendizaje, entonces aumentar la autoestima de los alumnos significa mejorar sus niveles de aprendizaje y de igual forma las posibilidades de éxito de estos en la vida privada y profesional (Acosta, 2004).

Mostrando que los niños con alto aprecio a sí mimos eran hijos de madres con elevada autoestima, que aceptaban y brindaban apoyo a sus hijos (Vargas y Oros, 2011). Los niños genuinamente son muy susceptibles y muchos a diario son afectados por los pequeños sucesos que ocurren en las aulas o escuelas. Los fracasos, las experiencias negativas y el miedo pueden bajar la autoestima, mientras que los éxitos, las buenas relaciones y el amor pueden aumentarla (Acosta y Hernández, 2011).

Eficacia personal

De acuerdo con Carrión (2007), existen dos componentes indispensables para el desarrollo de la autoestima, los cuales son: la eficacia personal y el respeto a uno mismo.

Por tanto, “eficacia personal es la confianza de sí mismo que depende de las experiencias positivas y negativas, además desarrolla la capacidad de observación objetiva de los hechos, lo cual también se refiere a la capacidad de análisis, comprensión, secuenciación, aprendizaje, elección y decisión” (Carrión; 2007).

La capacidad no basta por sí sola, sino que se deberá creer en ella para poder obtener el máximo provecho y por tal motivo, de cada persona depende si se logran las metas, los objetivos a corto y largo plazo que se establecen de acuerdo con sus

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experiencias y lo que se desea, esto se genera por medio del conocimiento de sí mismo, que se da por las cualidades y fortalezas que cada ser humano posee.

Carrión (2007) menciona tres cualidades humanas fundamentales para un perfecto equilibrio, que consisten en: sinceridad, valor y prudencia.

La sinceridad es primordial porque describe la forma de ser y de actuar ante la vida, esto permite abrir puertas en el mundo exterior, además de “reconocer nuestros valores como los defectos, sin exaltaciones fruto de las pasiones como es el orgullo, vanidad y envidia, ni baja estima fruto del miedo, pereza o negligencia” (Carrión;

2007).

En este sentido, el elemento valor tiene como característica “afrontar la realidad, el trabajo y el esfuerzo que supone darnos cuenta de nuestros defectos, limitaciones o imagen deteriorada y ponernos manos a la obra y cambiar” (Carrión; 2007).

Por último, la prudencia se refiere a realizar los aspectos que se llevan a cabo con cuidado y sin prisas, pero sin pausas, es decir, se van realizando paso a paso.

(Carrión; 2007).

Bandura (1990), en este sentido, menciona algunos factores que favorecen la eficacia personal para alcanzar una sana autoestima:

· Conocimiento de sí mismos: fortalezas y debilidades.

· Valoración adecuada de sí mismo.

· Logros pasados.

· Persuasión verbal.

· Ser conscientes de los puntos fuertes y débiles.

· Reflexionar y ser capaz de aprender de la experiencia.

· Sentido del humor.

· Respeto a sí mismo.

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Según Carrión (2007), el respeto a sí mismo consiste en sentirse valioso, reconocerse, amarse, quererse, reafirmar la propia valía personal, sentirse satisfecho de sí mismo, sentirse bien por el derecho de vivir y de ser feliz.

Y una vez que la misma persona se respeta y “exige a los demás que lo traten con respeto, se mostrará y comportará de manera que aumente la probabilidad de los demás respondan de forma apropiada” (Branden, 2011). Por lo tanto, si un sujeto no se respeta a sí mismo, probablemente aceptará la falta de respeto de los demás, como puede ser abuso, burlas, lo cual ocasionará a su vez un deterioro en la autoestima.

La propia autoimagen y la estima dependerán del respecto de sí mismo, para conseguir un adecuado desarrollo personal que forma parte de la responsabilidad y la elección moral a la que constantemente se está expuesto en la vida, para enfrentar las realidades.

El respeto a sí mismo te permite sentirte emocionalmente bien y adquirir herramientas, para reforzar la autoestima y sobre todo, conocer la propia esencia.

Cuando el sujeto descubre “la esencia o mejor dicho, cuando entra en contacto de nuevo con su propia esencia y se responsabiliza de sus propios actos, podrá solucionar completamente todo lo que anheló de la vida y se resuelven todos los conflictos y problemas que la persona tenga” (Carrión, 2007). Por lo tanto, cada persona decide como respetarse, aunque en esta situación también influye el modo en que los padres de familia educaron a los hijos.

Elementos que conforman la autoestima

Según Branden (2015) en sus estudios se describe a la autoestima que está conformada por seis partes que él llama “pilares de la autoestima” y que estas se deben de fomentarse constantemente en el menor:

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1.-Vivir conscientemente: Es estar consciente de nuestras conductas y de sus consecuencias, de los peligros, de comportarse o evitar alguna conducta que nos lleve a recibir cosas buenas o malas.

2.-Aceptación de sí mismo: Implica el conocimiento y aceptación de habilidades y deficiencias.

3.-Responsabilidad de sí mismo: Implica responsabilidad de los propios actos, lo que está a nuestro alcance y posibilidad, para el logro de las metas. Se refiere a la forma, la manera en que se van a lograr los objetivos, teniendo presente los riesgos.

Si deseo una meta debo de tener presente el tiempo que le dedico, a la escuela, al trabajo, a la pareja, al ejercicio, etc.

4.-La práctica de la autoafirmación: Se refiere a respetar los deseos, necesidades y valore. Es oponerse a lo que se rechaza y vivir de acuerdo a los valores y expresarlos en conducta. Se refiere a la disposición de enfrentar los retos de la vida y no negarlos, confianza en la capacidad para enfrentarlos. (Branden, 2015).

5.-La práctica de vivir con propósito: Significa tener autodisciplina para que las conductas lleven a las metas. Lo cual implica tener autodisciplina para dedicar tiempo y recursos en lograr nuestras metas.

6.-La práctica de la integridad personal: Es la congruencia entre las convicciones, normas, creencias y la conducta. Si existe congruencia entre las ideas y conducta, entonces se tiene integridad.

7.-El amor a la propia vida (autoestima): Para Branden, 2015, la autoestima se refiere a la práctica constante de los seis pilares anteriores.

Como se considera más adelante, el fortalecimiento de la autoestima supone un marco de referencia para los padres en la labor de educar y criar hijos psicológicamente saludables y con buenas bases para una vida adulta satisfactoria (Bulnes, 2013). Esto resalta la necesidad de examinar las creencias y las normas con las cuales estamos criando a los hijos, las prácticas educativas en casa y en la escuela; implica revisar las actividades de esparcimiento de los menores y en general la forma en que los estamos educando, para asegurar que dichos espacios, dichas interacciones y prácticas estén orientadas a generar en ellos emociones y

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acciones para reforzar la autoestima. Bulnes (2013), propuso el fortalecimiento de la autoestima con la finalidad de deducir y/o evitar episodios de bullying y al abuso sexual, se fortalece la capacidad de reacción en forma efectiva frente a las agresiones.

Para Branden (2006) la autoestima se forma a partir de dos factores:

a) Internos: ideas, creencias, conductas. b) Externos: mensajes transmitidos verbal o no verbalmente y experiencias suscitadas con personas significativas.

b) También habla de la autoestima saludable, conformada por dos aspectos. Si una de las dos fallas, la autoestima se deteriora:

1. La eficacia personal: Se refiere a la confianza en el funcionamiento de la mente, en la capacidad de pensar y entender, elegir y tomar decisiones, es decir, la posibilidad de esperar el éxito debido a sus propios esfuerzos.

2. El respeto a uno mismo: Se refiere a la valía personal, es una actitud positiva hacia el derecho de vivir y de ser feliz. Es la convicción para apoyar, proteger y alimentar la propia vida y el bienestar personal. Es tener confianza y admiración por nosotros mismos basado en la realidad.

Así lo demostró Aladro (2012), quien explicó que dentro de la autoestima se han identificado una serie de características:

- Características cognoscitivas: opiniones y creencias de la personalidad y conducta.

-Características socioafectivas: valoración de lo positivo o negativo. Características conductuales: intención y decisión de actuar.

Los estudios de Aladro (2012) muestran características conductuales específicas relacionadas con el grado o nivel de autoestima:

- Autoestima baja (carente de autoestima): son personas que evitan actividades en donde se tenga que evidenciar alguna habilidad por miedo a ser criticados, complacen a la autoridad en todo para no tener problemas, carecen de autonomía, no toman decisiones, muestran dependencia hacia alguien, no exponen sus necesidades personales, toman decisiones inadecuadas.

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- Autoestima alta (autoestima positiva, saludable o constructiva): este tipo de personas tienen habilidades cognoscitivas y socioafectivas altas, pues tienen ideas claras de sí mismas, hablan de manera positiva, su discurso es coherente, su juicio es estable e independiente a las circunstancias o a las personas. Buscan nuevas experiencias.

Por otra parte, Rodríguez (1988), ha documentado y descrito la ‘escalera de la autoestima’, en la que los componentes de la autoestima se visualizan como peldaños, en los que el logro de un componente requiere el dominio de los anteriores. Estos elementos se describen a continuación en el orden en el que los plantea el autor:

1.-Autoconocimiento: Consiste en el reconocimiento que tenemos de nosotros mismos como personas en el mundo. En donde se reconocen nuestras necesidades, debilidades, cualidades corporales o psicológicas, etc. y que todas estas se entrelazan.

2.-Autoconcepto: Es la serie de creencias que tenemos acerca de nosotros mismos.

Consiste en aceptarnos a nosotros mismos, el cómo somos en varios aspectos de la vida, cómo es nuestra apariencia física, en el aspecto psicológico y en el social.

3.-Autoevaluación: Es nuestra capacidad de evaluar y valorar las cosas que nos rodean de forma objetiva y que son positivas para nosotros, identificando las cosas que nos proveen de satisfacción y nos enriquece, provocando bienestar, crecimiento y aprendizaje.

4.-Autoaceptación: Es aceptar nuestra forma de ser y sentir, la forma de expresar nuestros sentimientos y emociones de forma adecuada, teniendo presente a las demás personas, lo que permite respetar a los otros con sus propias individualidades. La autoaceptación es tratarnos de la mejor manera posible, teniendo presentes nuestros deseos y necesidades son un derecho natural.

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5.-Autorrespeto: Trata sobre atender y satisfacer las propias necesidades y valores, expresando de forma correcta nuestras emociones y sentimientos, sintiéndonos orgullosos de nosotros mismos.

6.-Autoestima: Tiene que ver con la suma de todas las anteriores, es decir, si la persona se conoce a sí misma, tiene conciencia de los cambios, ha creado una escala de valores, han desarrollado y fortalecido las capacidades y potenciales propios, donde se acepta y se respeta a sí mismo y a los demás, tendrá buen nivel de autoestima.

Hernández (2015), considera que la autoestima es el juicio que se tiene de sí mismo, de las propias cualidades y defectos, de manera que el sujeto se acepte tal como es. Por lo tanto mientras, la persona se sienta segura de sí misma, valore lo que tiene y se acepte, se podría describir como alguien con alta autoestima.

Por medio de la autoestima conocemos mejor, nuestras cualidades, capacidades sentimientos, pensamientos que conforman nuestra autoimagen. La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos con base a nuestras experiencias y sensaciones que hemos aprendido a lo largo de la vida; y que depende de nuestro potencial personal y nuestros logros en la vida. Lo que posibilita a resolver conflictos y retos, a hacernos responsables de nuestros actos y sus consecuencias (Rubio, 2019).

Así mismo, Hernández (2015) señala que durante el desarrollo de la autoestima del niño, los principales factores para que un infante crezca con una alta autoestima, incluyen a la familia; conforme va creciendo, se relacionarán con los demás sujetos, ya sea tutores o maestros. El componente afectivo es el juicio de valor sobre las cualidades personales propias, lo que permite observar que es el elemento más importante, ya que de él dependerá como se pueda enfrentar la vida con las capacidades que cada uno posee.

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Tipos de autoestima

A continuación se presentan los dos tipos de autoestima, que se presentan a lo largo del crecimiento del individuo: alta y baja.

Alta autoestima Una “alta autoestima se correlaciona con la racionalidad, el realismo y la intuición; con la creatividad, la independencia, la flexibilidad y la capacidad para aceptar los cambios” (Branden; 2011), es decir, mientras la persona reciba amor, estará abierta al cambio y podrá ser sincera, responsable, íntegra y disfrutará la competencia.

Para Hernández, 2015, la persona con alta autoestima tiende a aceptar los errores sin importar las consecuencias, además, existe una confianza en sí misma, con base en las capacidades y habilidades que posee, pero a la vez tiene la disposición de cooperar ante cualquier situación.

Estas personas se esfuerzan ante las dificultades, sin importar los obstáculos que se presentan y persisten en resolver la circunstancia o cualquier tarea, es decir, alguien con alta autoestima “seguramente puede derrumbarse por un excesivo número de problemas, pero tendrá la capacidad de sobreponerse con mayor rapidez otra vez” (Branden; 2011).

Además, “una autoestima alta busca el desafío y el estímulo de unas metas dignas y exigentes” (Branden; 2011). La utilidad de alcanzar las metas es nutrir y reforzar la autoestima, sentirse satisfecho de sus logros.

Entre mayor sea la autoestima, la persona será consciente de sus emociones, podrá sentir cada una de ellas, experimentará cambios positivos en su vida, se sentirá con el deseo de expresar sensaciones internas (Hernández, 2015).

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Así como también, “probablemente la comunicación será más abierta, honrada y apropiada porque se cree que los pensamientos tiene valor” (Branden; 2011), es decir, estas personas son conscientes de que la vida es inestimable y logran adaptarse a relaciones sociales. Sobre todo, las personas con alta autoestima tienden a sentirse atraídas por aquellas que poseen una autoestima alta.

En este sentido, “el individuo es capaz de hablar positivamente de sí mismo, cuando las circunstancias lo llevan a ello, y de aceptar los elogios sin incomodidad. Además, la actitud ante la acción: puede emprender, perseverar y renunciar sin sentirse humillado ni buscar excusas” (André; 2007).

Cuando una persona posee un nivel de autoestima alta se ve beneficiado con la aceptación de uno mismo y de los demás, se tiene una idea clara sobre lo que se quiere en la vida ,se muestra con una actitud positiva y optimista, logra un mejor control de la vida propia, posee mayor confianza, aprecia lo que hace, tiene la capacidad de amar y ser amado, es asertivo, se sabe capaz de enfrentar los retos de la vida, logra entender sus propios sentimientos, acepta sus limitaciones sin auto reprocharse, identifica sus necesidades y lucha para satisfacerlas, sus relaciones interpersonales son armoniosas y enriquecedoras, vive un sentimiento de libertad y auto respeto (Sheehan, 2005; Álvarez y Moreno 2001).

Para Saavedra (2010), las personas de autoestima alta encuentran sus motivos en el éxito y el progreso en el trabajo, la familia y la sociedad. Encuentran el sentido de la vida en el amor a los demás y en el amor que reciben de estos, en el amor a la patria, la familia, los amigos, la naturaleza, la cultura, la historia, las tradiciones y su identidad nacional y universal. Las personas autoestimadas sienten suyos los sufrimientos de los demás y luchan por ellos. Son conscientes de los fenómenos del planeta y toman una posición a favor de los más necesitados. Sienten la belleza de la vida y aprovechan todas las posibilidades que se les ofrece para el desarrollo personal y social.

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Los autoestimados se muestran confiados, responsables, coherentes, expresivos, racionales, intuitivos, cooperativos, solidarios y deseosos de cooperar y correr riesgos. Además, tienden a ser amistosos, armónicos, autónomos, optimistas, alegres, activos, operativos, tolerantes, pero críticos a la vez y de buen humor. Se muestran deseosos de aprender y trabajar, agradecen, reflexionan, producen, se socializan, son comunicativos, disfrutan la vida, aman y cuidan su cuerpo y su salud, generalmente se muestran originales, honestos, entusiasta, modestos, optimistas, expresan sus sentimientos, se relacionan con personas positivas y hablan bien de los demás, son ejemplos para los demás y están orgullosos de sí mismos.

(Saavedra, 2010).

En el caso de los menores, si aprenden el respeto hacia ellos mismos, piden a los demás que los traten con el mismo respeto y se comportan de la misma manera hacia sus compañeros, aumentarán la probabilidad que los demás respondan de forma apropiada hacia ellos. Cuando el menor así lo haga su creencia inicial estará reforzada y confirmada. En caso contrario, si el menor no aprende respetarse a sí mismo y acepta las conductas negativas y el abuso de forma natural las demás personas lo trataran de la misma manera, disminuyendo cada vez más su autoestima. Cabe mencionar que, en cualquiera de los dos casos, el concepto de uno mismo saldrá reforzado (Cruz, 2014).

Hay cifras alarmantes en cuanto a índices de baja autoestima entre la población algunos estudios sobre el tema en el año 2006 arrojaron impresionantes cifras donde, de cada 100 personas en el mundo, 20 padecían algún tipo de baja autoestima y depresión, mientras que entre menores de 12 años y adolescentes existen un 7 y un 11% de afectados a nivel mundial. Ahora bien, es importante, conocer un poco más sobre el tema, ya que en la actualidad los casos que se dan entre menores de edad atacados por la depresión va en aumento de manera significativa por la baja autoestima (Saavedra, 2010).

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La persona con baja autoestima “se correlaciona con la irracionalidad y la ceguera ante la realidad; con la conformidad inadecuada o con una rebeldía poco apropiada;

con estar a la defensa, con la sumisión o el comportamiento reprimido de forma excesiva y el miedo o la hostilidad a los demás” (Branden; 2011).

El temor es la consecuencia natural de que el individuo presente desconfianza y prefiera estar aislado por miedo a lo que pueda pasar. “El temor limita y ciega;

impide que se prueben nuevos medios para solucionar los problemas” (Satir, 2002).

Una baja autoestima no permite a la persona solucionar los problemas, por lo que prefiere la derrota y puede sentir fracaso. Mientras más baja sea la autoestima, la persona no esperará aspectos positivos y probablemente se negará a conseguir más cosas. Pero a pesar de mencionado la persona podrá lograr tener una profesión, pero con la consecuencia de que siempre estará obstaculizando las oportunidades.

La desconfianza de sí mismo, la falta de autovalía e inseguridad, son factores para que la persona impida tener una vida adecuada. Pero también un sujeto con “una baja autoestima busca la seguridad de lo conocido y la falta de exigencia”. (Branden, 2011).

Los indicadores de los principales síntomas de baja autoestima entre infantes en edades de 4 a 12 años son: tristeza persistente, llanto frecuente, pérdida repentina de autoestima, lentitud motriz y mental, apatía pronunciada por y para cualquier actividad del infante, desinterés en general por las cosas, irritabilidad frecuente, aumento de agresividad para con otros y para consigo mismo, baja concentración y marcado desinterés en la escuela (Saavedra, 2010).

Un nivel de autoestima baja se correlaciona con la irracionalidad, la rigidez y el miedo al cambio, lo que llevará al sujeto a la conformidad, estará a la defensiva o la sumisión, por lo que el sujeto estará reprimido, con miedo y mostrara conductas hostiles hacia los demás (Branden, 2015).

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Branden (2015), explica que el valor de la autoestima radica no solamente en el hecho de que no permite sentir mejor, sino que nos permite vivir mejor, responder a los desafíos y a las oportunidades con mayor ingenio y de forma más apropiada.

El nivel de autoestima sana influye en muchos aspectos de nuestras vidas, sobre todo en nuestra conducta en el trabajo, en la escuela, en las relaciones que emprendemos con nuestros iguales, influye en la relación con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestros amigos y el nivel de felicidad personal que lleguemos a alcanzar. Se ha correlacionado una autoestima saludable con la racionalidad, el realismo, la creatividad, la independencia, la flexibilidad y la capacidad para aceptar cambios y el deseo de corregir errores (Branden, 2015).

De manera clara, la autoestima tiene implicaciones para la adaptación al cambio y la realización personal. Por lo que una autoestima sana busca el desafío y el estímulo de nuevas metas. Tiene la necesidad de expresarse abiertamente, pues se cree que los pensamientos tienen valor. Cuanto menor sea la autoestima es probable que la comunicación sea pobre, restringida, evasiva pues existe incertidumbre sobre los pensamientos y sentimientos personales. Si la persona tiene la autoestima alta, buscará a sus iguales, favoreciendo sus relaciones sociales. También se correlaciona el buen sentido de valía personal y autonomía con la amabilidad, la generosidad, la alineación con el otro, a un espíritu de cooperación. De manera que todo lo anterior nos da como resultado una mayor probabilidad de felicidad personal (Branden, 2015).

Branden (2015) afirma que el fomento de la autoestima en el niño depende en gran medida en la adecuada crianza por parte de los padres, con el propósito de que sobreviva de forma independiente en la edad adulta. De manera que serán adultos que se respetan a sí mismos, siendo responsables de sí mismos; con la capacidad de ser autosuficientes no solo desde el punto de vista económico, también intelectual y psicológico.

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La autoestima puede disminuir o aumentar debido a múltiples sucesos relacionados con la familia, la escuela, la comunidad y el universo, y en dependencia de la sensibilidad del sujeto. Existen personas extremadamente sensibles cuya autoestima puede bajar debido a un gesto desagradable, una frase, un pequeño incidente familiar o una crítica en el colectivo (Acosta y Hernández, 2004).

Muchos aprendizajes fundamentales de la vida futura dependerán del tipo de experiencias sociales en la que participen los niños a temprana edad: el reconocimiento de sus capacidades, confianza en sí mismos, la percepción de su propia persona, la seguridad, las pautas de relación con las personas, la atención, la formulación y el planteamiento de explicaciones sobre los temas a los que llegan por curiosidad, el procesamiento de información, la memoria, la atención, la creatividad, el reconocimiento de emociones, la expresión verbal y escrita (Saavedra, 2010).

Por su parte, Branden afirma que “la tarea humana primaria consiste en llegar a ser nosotros mismos. También es el reto humano primario, porque no está garantizado el éxito” (2015,). Destaca que en este proceso algo puede interrumpirse, frustrarse, bloquearse o desvirtuarse y explica que los riesgos de que esto pase es que el individuo quede fragmentado, escindido, alienado o detenido en algún nivel de madurez mental o emocional; por todo lo anterior es necesario que en el menor se estimule el desarrollo de la autoestima, y se logre la autonomía del individuo.

Lo que se consigue con la autoestima según Bulnes Puerta (2013), es que los menores se sientan:

1. Amados y capaces de amar 2. Inteligentes y respetados 3. Fuertes y competentes 4. Independientes

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5. Con valores

6. Capaces de hacer lazos permanentes

Lo anterior muestra la necesidad de fortalecer la autoestima en los niños y adolescentes. Por lo que los padres deben de construir en su hogar un lugar tranquilo y una atmósfera segura, en donde el menor se sienta protegido, en donde el respeto y el amor sea lo cotidiano. (Bulnes Puerta, 2013)

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CAPÍTULO II. EL CONTEXTO FAMILIAR E IMPACTO EN LA AUTOESTIMA

Los padres de familia tienen una labor sumamente importante en el desarrollo de la autoestima. Si el objetivo es proteger a los niños de la violencia y darles herramientas para defender sus derechos, se debe enseñar a los menores desde pequeños a quererse, a valorarse y a motivarlos a ser mejores, a realizar todo lo que se propongan.

Las pautas de crianza incluyen el cuidado y la atención que los adultos brindan a las necesidades y deseos de cada niño. Las interacciones y el uso del lenguaje, las actitudes que asumen ante sus distintas formas de reaccionar influyen no solo en el comportamiento de los niños desde muy pequeños, sino también en el desarrollo del lenguaje y, por lo tanto, de las capacidades del pensamiento, aspectos íntimamente relacionados SEP (2017).

Los padres deben fomentar en sus hijos el amor hacia ellos mismos, a valorar lo que son, el proponerse metas y enseñarles a cumplirlas. En casa se pueden evitar, el primer entorno social, conductas que afecten el desarrollo emocional del menor, como es el caso de violencia familiar, adicciones, una familia amenazante, o maltratos (Deza, 2015); antes bien el menor se debe de sentir reconfortado en casa y libre. Las relaciones tempranas de afecto entre padres e hijos, lo que se conoce como apego, contribuye en cierta medida a la formación de autoestima (Aladro, 2005).

En un estudio de Stanley Coopersmith titulado The antecedents of self-esteem, (en Branden, 2015) se identificaron las conductas que los padres realizaban con mayor frecuencia en las familias en las que los menores crecían con una autoestima sana. En los resultados de este estudio Coopersmith no encontró correlación significativa en factores como: estatus social, la educación, zona geográfica, la profesión del padre o que la mamá del menor estuviera todo el tiempo en casa. Lo

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