San Patricio. Confesión

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Texto completo

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SAN PATRICIO

CONFESIÓN

Trad. Raúl Lavalle

(2)

SOBRE SAN PATRICIO1

San Patricio nació hacia el año 390, probablemente en la costa oeste de Britania. Piratas irlandeses saqueaban las bien aprovisionadas villas romanas y, en una de esas correrías, Patricio, que tenía cerca de dieciséis años, fue raptado y llevado a Irlanda.

Según él mismo nos cuenta en uno de los dos únicos escritos suyos que conservamos, la Confesión, Patricio creció en el seno de una familia cristiana. Su padre era diácono2 y su abuelo había sido sacerdote. En Irlanda fue vendido como esclavo y tenía que apacentar rebaños. Pero allí comenzó a arrepentirse de su anterior indiferencia espiritual, a pensar en Dios y a crecer muchísimo en su vida interior.

Después de seis años escapó y volvió a su casa. En Britania pasó bastante tiempo. Primero estuvo un poco con su familia; después se preparó para ser ordenado diácono y luego sacerdote. Entonces estudió profundamente la Biblia, que en sus escritos demuestra conocer y meditar muy bien. Durante este período de su vida hizo un viaje a la Galia; esta visita no fue larga: su formación eclesiástica la tuvo en su patria.

Mientras él estuvo en Galia, en Britania tomó forma el proyecto de elevar a Patricio al episcopado: un amigo hizo gestiones para hacerlo nombrar obispo de los cristianos de Irlanda. Parece que Patricio más bien se inclinaba a escuchar a quienes lo disuadían de aceptar, por el temor a la barbarie de los irlandeses y por su propia falta de ilustración. Pero Patricio sintió que Dios lo llamaba para este ministerio.

Aunque él tuvo a su cuidado, como obispo, a sus fieles cristianos, sin embargo su principal apostolado fue la conversión de los paganos al cristianismo. Fue a los lugares más apartados, para bautizar y predicar el Evangelio. Hacía lo que solía hacer cualquier obispo de esas épocas, en tierra de misión: predicaba, bautizaba, celebraba la Eucaristía, confirmaba, ordenaba clérigos e instituía religiosos y religiosas. Esta fructífera tarea no estuvo libre de insultos y de temor por cautiverios y pillajes.

Un ejemplo de esto fue lo que ocurrió con Corótico. Este jefe británico, aunque era cristiano de nombre, hizo un saqueo en Irlanda, durante el cual muchos nuevos conversos fueron masacrados; otros, raptados y luego vendidos. Este hecho motivó la Carta a los soldados de Corótico. Esto es, fundamentalmente, lo que sabemos sobre el Santo, quien murió hacia el año 460.

Respecto de mi traducción, más de una vez no es literal. Esto se debe a que el latín de Patricio muchas veces se basa en un orden anímico más que en un orden lógico-gramatical. En la tarea de determinar el sentido de pasajes oscuros, acudí a la citada edición de Hanson, cuyas valiosas notas iluminan tales lugares.

Raúl Lavalle

1

Estos datos son de: http://ireland.iol.ie/~santing/patrick/patrickt.htm; pero sobre todo de: Saint Patrick, Confession et Lettre à Coroticus (ed. Richard P. C. Hanson), Paris, Éd. Du Cerf, 1978. De esta erudita edición bilingüe (latín-francés) tomo el texto latino, que traduzco al español. Me he valido incluso de ella para alguna nota explicativa. También http://www.santuario.com.ar/download/semanario/Sem0525.pdf y

http://www.santuario.com.ar/download/semanario/Sem0526.pdf pueden consultarse.

2

También era decurión romano; vale decir, un decurión civil, un funcionario local encargado de la recaudación de impuestos.

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CONFESIÓN

1. Yo, Patricio, pecador, el más rústico y el menor de todos los fieles, sumamente despreciable para muchos, tuve como padre al diácono Calpornio, que era cierto hijo del presbítero Potito y que vivía en el pueblo de Bannauen Taberniae1: pues él tuvo una pequeña villa, donde yo fui apresado. Entonces tenía cerca de dieciséis años. Ignoraba al Dios verdadero y fui llevado en cautiverio a Irlanda2 con tantos miles de hombres:3 según nuestros méritos, porque nos alejamos de Dios4 y no custodiamos sus preceptos5 y no fuimos obedientes a nuestros sacerdotes, que nos advertían para nuestra salvación; y el Señor llevó a nosotros la ira de su animosidad6 y nos dispersó entre pueblos7 numerosos, incluso hasta los confines de la tierra,8 donde ahora mi pequeñez se halla entre extraños.

2. Y entonces el Señor abrió el sentido a mi corazón de incredulidad,9 para que, aunque tarde, me acordara de mis pecados y me convirtiera con todo mi corazón10 al Señor mi Dios, quien miró mi humildad11 y se apiadó de mi adolescencia y mi ignorancia, y me custodió antes que lo conociera y antes que supiera o distinguiera entre el bien y el mal, y me fortificó y me consoló como un padre a su hijo.

3. Por eso no puedo callar, ni conviene por cierto, tantos beneficios y tanta gracia que el Señor se dignó concederme en la tierra de mi cautiverio;12 porque esta es nuestra retribución: después de nuestra corrección y reconocimiento de Dios exaltar y confesar sus maravillas,13 delante de toda nación que está bajo todo cielo.14

4. Porque no hay otro Dios ni fue nunca ni antes, ni será después de ahora, salvo Dios Padre ingénito, sin principio, de quien viene todo principio, quien tiene todas las cosas, como decimos. Y su hijo Jesucristo, de quien testimoniamos que siempre ha estado con el Padre, engendrado espiritualmente en el Padre antes del origen del mundo, engendrado de modo inenarrable antes de todo principio. Y por él fueron hechas todas las cosas visibles y las invisibles, fue hecho el hombre; después de vencer a la muerte fue recibido en los cielos junto al Padre, y le dio todo poder sobre todo nombre de cosas celestes, terrestres e infernales; y que toda lengua confiese que el Señor Dios es Jesucristo,15 en quien creemos y de quien aguardamos su venida inminente, juez de vivos y muertos,16 que devolverá a cada uno según sus acciones;1 y derramó

1

El texto latino está corrupto: bannauem taberniae parece designar a una pequeña población de Britania.

2

Patricio dice Hiberione; el latín clásico usa la forma Hibernia para designar a Irlanda.

3

Hanson sugiere que, más que entender aquí miles de hombres trabajando en la villa de su padre (que era ‘pequeña’) o pensar en piratas irlandeses capaces de raptar de una vez miles de hombres, este pasaje puede significar: “con tantos miles de hombres que han soportado antes la misma suerte.”

4

Is 59, 13 (el trabajo de detección de referencias bíblicas es el hecho por Hanson en su edición; para las abreviaturas de los libros bíblicos, tomo como modelo la ed. española de la Biblia de Jerusalén). A veces no consigno las referencias de Hanson, porque me parece que Patricio más que citar recuerda en su ánimo la Biblia: esto se refleja en su expresión, que con frecuencia entreteje (a veces solo una o dos palabras) frases bíblicas. 5 Gn 26, 5. 6 Is 42, 25. 7 Jr 9, 16. 8 Hch 13, 47. 9 Hb 3, 12. 10 Jl 2, 12-13. 11 Lc 1, 48. 12 2 Cro 6, 38. 13 Sal 88, 6 (89, 5). 14 Hch 2, 5. 15 Flp 2, 9-12. 16 Hch 10, 42.

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abundantemente en nosotros el Espíritu Santo,2 don y prenda de inmortalidad, quien hace que los creyentes y obedientes sean hijos de Dios y coherederos de Cristo,3 a quien confesamos y adoramos como único Dios en la Trinidad de su sacro nombre. 5. Pues él mismo dijo a través del profeta: Invócame el día de tu tribulación, y te liberaré y me glorificarás.4 Y de nuevo dice: Es honroso revelar y confesar las obras de Dios.5

6. Sin embargo, aunque en muchas cosas soy imperfecto, deseo en beneficio de mis hermanos y parientes conocer mi índole, para que puedan ver el deseo de mi alma. 7. No ignoro el testimonio de mi Señor,6 quien atestigua en el salmo: Entregarás a la perdición a aquellos que dicen mentira.7 Y de nuevo dice: la boca que miente mata al alma.8 Y el mismo Señor en el Evangelio dice: Por cada palabra ociosa que hubieren dicho los hombres, darán cuenta de ella el día del juicio.9

8. Pero por ello debía vehementemente, con temor y temblor,10 temer esta sentencia aquel día en que nadie podrá sustraerse ni esconderse, pero todos absolutamente hemos de dar cuenta, hasta de los mínimos pecados, en el tribunal de Cristo Señor.11

9. Por ello hace tiempo pensé escribir, pero hasta hoy dudé, pues temí caer en la lengua12 de los hombres, porque yo no leí13 como los otros, quienes se embebieron profundamente del derecho y de las sagradas letras, de modo semejante en ambas cosas; y desde su infancia nunca cambiaron su lengua sino más bien siempre se perfeccionaron en ella. Pues nuestra lengua y palabras fueron trasladadas a una lengua extraña, pues fácilmente puede probarse por la saliva de mi escritura14 cómo fui instruido y educado yo en mi lengua, porque –dice– el sabio se conoce por la lengua, como también su sentido, su conocimiento y su doctrina de la verdad.15

10. ¿Pero de qué sirve una excusa de acuerdo con la verdad, sobre todo con presunción, si ahora mismo busco en mi vejez lo que no adquirí en mi juventud? Pues mis pecados me impidieron que fortificara lo que antes había aprendido tenuemente. ¿Pero quién me cree, aunque diga lo que dije antes?

Siendo joven, más bien casi un niño imberbe, fui capturado, antes de saber qué debía pedir o qué debía evitar. Por tanto por eso hoy me lleno de vergüenza y temo vehementemente desnudar mi impericia, porque no puedo explicarme con brevedad de palabras ante los hombres educados, como lo anhela mi espíritu y mi ánimo, y lo muestra el sentimiento de mi afecto.

11. Pero si a mí me hubiera sido dado de la misma manera que a otros, sin embargo tampoco callaría, por reconocimiento.16 Y si acaso a algunos les parece que yo en esto

1 Rm 2, 6. 2 Tt 5-6. 3 Rm 8, 16-17. 4 Sal 49 (50), 15. 5 Tb 12, 7. 6 2 Tm 1, 8. 7 Sal 5, 7. 8 Sb 1, 11. 9 Mt 12, 36. 10 Ef 6, 5. 11 Rm 14, 10; 2 Co 5, 10. 12 Si 28, 30. 13

Es decir, “no he sido instruido como los otros.”

14

Así en el original (ex saliva scripturae meae); puede tener sentido de “por mi estilo.”

15

Si 4, 29.

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me pongo delante con mi ignorancia y mi lengua más lenta,1 está escrito sin embargo: las lenguas que balbucean aprenderán velozmente a hablar la paz.2

Cuánto más debemos buscarlo nosotros, que somos –dice– una carta de Cristo para la salvación hasta lo último de la tierra,3 y aunque no es elocuente, sin embargo…4 fue escrita en nuestros corazones no con tinta sino con el espíritu del Dios vivo.5 Y de nuevo el Espíritu testifica que la vida del campo fue creada por el Altísimo.6 Altísimo.6

12. Por eso yo primero era un rústico, desterrado e indocto, que no sé prever para el futuro,7 pero sé muy cierto que, sin duda, antes de ser humillado8 yo era como una piedra que yace en profundo lodo; y vino quien es poderoso9 y en su misericordia me tomó y verdaderamente me levantó y me puso en lo alto de un muro. Y por eso debía exclamar fuertemente, para retribuir algo sin duda al Señor por tantos beneficios, ahora y para siempre, que la mente de los hombres no puede estimar.

13. Por tanto admirad, grandes y pequeños que teméis al Señor,10 y vosotros, señores oradores ingeniosos, oíd por tanto y examinad. ¿Quién me eligió a mí, un necio, de entre aquellos que parecen ser sabios y expertos en leyes, poderosos en la palabra y en todo asunto? ¿Y quién me inspiró a mí más que a otros –yo soy detestable en este mundo– para que, con miedo y reverencia11, sin quejas sea útil al pueblo al cual la caridad de Cristo me llevó? Y a él me entregó en mi propia vida, si yo soy digno, para servirlos en la humildad y la veracidad.

14. Así, en la medida de mi fe en la Trinidad, me conviene distinguir y, sin reparar en el peligro, hacer conocido el don de Dios y la consolación eterna,12 sin temor difundir con confianza el todas partes el nombre de Dios, para, incluso después de mi muerte, dejar una herencia a mis hermanos y a mis hijos, a quienes yo bauticé en el Señor, tantos miles de hombres.

15. Y no era digno ni merecía que el Señor concediera esto a su pequeño siervo: que después de tantas preocupaciones y cargas, después del cautiverio, después de muchos años me diera tanta gracia ante ese pueblo. En otro tiempo, en mi juventud, nunca esperé ni pensé algo así.

16. Pero, después que llegué a Irlanda (cada día apacentaba rebaños y con frecuencia en el día oraba), más y más venía el amor de Dios y su temor, mi fe se acrecentaba y mi espíritu era llevado, de modo que en un solo día llegaba a cien oraciones, y casi lo mismo de noche. Permanecía en los bosques y en la montaña, me levantaba antes de la luz para la oración, con nieve, con hielo, con lluvia, y ningún mal sentía ni tenía nada de pereza –como ahora lo veo, pues entonces ardía en mí el Espíritu.

17. Y en verdad allí, una noche, en sueños oía una voz que me decía: “Ayunas bien, tú que pronto irás a tu patria”; y de nuevo, poco tiempo después, oí una respuesta que me decía: “He aquí que tu nave está preparada.” Y no estaba cerca, sino que acaso había

1 Ex 4, 10. 2 Is 32, 4. 3 2 Co 3, 2-3. 4

Texto corrupto en el original.

5 2 Co 3, 2-3. 6 Si 7, 16. 7 Qo 4, 13. 8 Sal 118 (119), 67. 9 Lc 1, 49. 10 Ap 19, 5. 11 Hb 12, 28. 12 2 Ts 2, 16.

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unas doscientas millas1 y nunca había estado allí ni tenía allí ningún hombre conocido. Y poco después me di a la fuga y abandoné al hombre con quien había estado seis años, y vine por el poder de Dios, quien dirigía mi vida hacia el bien; y nada temía hasta llegar a aquella nave.

18. Y aquel mismo día partió la nave de su lugar, y yo les hablé para poder navegar con ellos. Le desagradó al capitán y agriamente, con indignación, respondió: En vano tú pides venir con nosotros.” Al oír esto me separé de ellos para volver a la cabaña donde me hospedaba, y en el camino empecé a orar. Y antes de terminar la oración escuché detrás de mí a uno de ellos, que con fuerte voz me llamaba: “Ven, porque te recibimos con confianza; haz amistad con nosotros del modo que quieras.” Y aquel día no quise chuparles el pecho,2 por temor de Dios; sin embargo esperaba de ellos poder prestar juramento por Jesucristo, porque eran gentiles. Y eso obtuve de ellos, y en seguida navegamos.

19. Y después de tres días tocamos tierra, y por veintiocho días anduvimos por un lugar desierto, y les faltó alimento, y el hambre se hizo fuerte sobre ellos,3 y otro día el capitán empezó a decirme: “¿Qué hay, cristiano? Tú dices que tu Dios es grande y omnipotente. ¿Por qué entonces no puedes orar por nosotros, que peligramos por el hambre? Lleno de confianza les dije: “Convertíos con fe de todo vuestro corazón al Señor Dios mío,4 porque nada es imposible para él, para que hoy os envíe alimento en vuestro camino hasta saciaros, porque en todo lugar tiene abundancia.” Y con la ayuda de Dios así ocurrió: un rebaño de cerdos apareció en el camino ante nuestros ojos, y mataron a muchos de ellos y permanecieron allí dos noches, y se alimentaron bien y fueron aliviados con las carnes de los puercos; en efecto, muchos de ellos habían desfallecido y habían sido abandonados medio muertos junto al camino. Y después de esto dieron muchas gracias a Dios y yo fui honrado ante los ojos de ellos, y desde ese día tuvieron alimento abundante. También encontraron miel silvestre y me dieron parte, y uno de ellos dijo: “Es como sacrificio.”5 Gracias a Dios, desde entonces no probé más. más.

20. Pero esa misma noche estaba durmiendo y me tentó fuertemente Satanás, lo cual recordaré mientras esté en este cuerpo,6 y cayó sobre mí como una enorme piedra, y ninguna de mis miembros tenía fuerza. ¿Pero de dónde me vino a mí, ignorante en espíritu, invocar a Elías? En medio de esto vi que el sol se levantaba en el cielo y, mientras con todas mis fuerzas clamaba “Elías, Elías”,7 he aquí que el esplendor de aquel sol cayó sobre mí y sacudió de mí toda pesadez. Y creo que fui ayudado por Cristo mi Señor, y que su Espíritu ya entonces chamba por mí, y espero que así será el día de mi aflicción,8 así como dice en el Evangelio: en ese día –testimonia el Señor– no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.9

1

Cada milla romana era un poco menos de 1500 m.

2

Dice Hanson que se trata de una antigua costumbre irlandesa: “Chupar el pecho de un hombre, como señal de amistad.” Los marineros piden que jure por medio de ese rito pagano; Patricio se rehúsa y quiere jurar por Cristo (Introducción, p. 35).

3 Gn 12, 10. 4 Jl 2, 12-13. 5 1 Co 10, 28. 6 2 P 1, 13. 7

Como aclara Hanson, es posible que Patricio inconscientemente haya confundido aquí a Elías con Helios, ‘el sol’.

8

Sal 49 (50), 15.

9

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21. Y de nuevo, muchos años después, fui llevado en cautiverio. Y así aquella primera noche permanecí con ellos. Pero escuché una respuesta divina que decía: “Dos meses estarás con ellos.” Y así ocurrió: la sexagésima noche Dios me liberó de sus manos.1 22. Además en el camino nos proveyó a diario de alimento, de fuego y de tiempo seco, hasta que al décimo día llegamos a donde había hombres. Como dije más arriba, veintiocho días anduvimos por un lugar desierto,2 y esa noche llegamos a donde había hombres, pero no tuvimos nada de comida.

23. Y de nuevo, después de pocos años,3 estaba en Britania con mis parientes, que me recibieron como a un hijo y me rogaron por fe que no me alejara de ellos, al menos por el momento, después de tantas tribulaciones que había padecido. Y allí en verdad vi en una visión de la noche4 a un hombre que venía como de Irlanda, de nombre Victórico, con innumerables cartas, y me dio una de ellas. Y leí el principio de la carta, que contenía “la voz de los irlandeses.” Y al recitar el principio de la carta pensaba que entonces escuchaba la voz de los mismos que estaban en Silva Vocluti,5 que está cerca del mar occidental. Y así exclamaron como de una voz6: “Te rogamos, niño santo,7 que que vengas y andes todavía entre nosotros.” Y quedé muy compungido en mi corazón8 y y no pude leer más; y así me levanté. Gracias a Dios, porque después de muchísimos años atendió a su clamor.

24. Y otra noche –no sé, Dios lo sabe9 si dentro de mí o fuera de mí– con palabras muy eruditas, que yo oí y no pude entender sino al final de lo hablado, me fue dicho: “Quien dio su vida por ti,10 él mismo es quien habla en ti”; y así, me desperté lleno de gozo. 25. Y de nuevo vi que él oraba dentro de mí mismo, y lo oí sobre mí; esto es, sobre el hombre interior. Y allí fuertemente él oraba con gemidos, y en medio de esto me quedaba estupefacto y lleno de admiración, y pensaba quién podía ser quien oraba en mí. Pero al final de la oración así él declaró que era el Espíritu, y así lo experimenté y me acordé del Apóstol, que decía: El Espíritu ayuda las debilidades de nuestra oración, pues no sabemos cómo conviene que oremos; pero el propio Espíritu pide por nosotros con gemidos inenarrables, que no pueden ser expresados con palabras.11 Y de nuevo: El Señor nuestro abogado pide por nosotros.12

26. Y cuando fui probado por algunos señores míos, que vinieron a recordarme mis pecados, en contra de mi sufrido episcopado, en verdad aquel día fuertemente fui sacudido como para caer,13 aquí y en la eternidad. Pero el Señor en su bondad se apiadó de quien fue extranjero y peregrino por su nombre, y me socorrió mucho en este 1 Gn 37, 21. 2 Cf. nº 19. 3

Este pasaje violenta el orden cronológico. Si bien Hanson aclara que hay varias hipótesis, dice que “el orden cronológico –que él ha seguido en una parte de su narración– ha sido cambiado muchas veces, en beneficio de un orden más espiritual o por simple asociación de ideas: el cautiverio de su juventud le recuerda otro cautiverio ‘después de muchos años’ y le hace interrumpir el relato de su primera evasión” (p. 46). Entonces, al parecer, se refiere a un período muy posterior, cuando él ya era obispo en Irlanda.

4

Dn 7, 13.

5

Silva Vocluti o, según otras versiones, Silva Focluti designa aquí a un lugar en Irlanda, pero su identificación no es segura. En latín silva es ‘bosque’.

6

Dn 3, 51.

7

En realidad Patricio ya no era niño, pero esta forma de dirigirse a él puede explicarse por el afecto; por otra parte, como dice Hanson, se trata de una visión en un sueño.

8 Hch 2, 37. 9 2 Co 12, 2-3. 10 1 Jn 2, 1. 11 Rm 8, 26. 12 1 Jn 2, 1. 13 Sal 117 (118), 13.

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maltrato. ¡Porque en la caída y en el oprobio no estuve mal! Ruego a Dios que a ellos no les sea imputado como pecado.1

27. Después de treinta años encontraron contra mí una ocasión,2 una palabra que yo había hecho antes de ser diácono. Con el ánimo triste por la inquietud, confié a un hombre muy amigo mío algo que había hecho en mi infancia en un solo día; mejor, en una sola hora, porque todavía no era fuerte. No lo sé, Dios lo sabe3 si tenía entonces quince años, y no creía en Dios vivo; ni había creído desde mi infancia, sino que permanecí en la muerte y en la incredulidad, hasta que fui castigado y en verdad fui humillado por el hambre y la desnudez,4 y a diario.

28. Por otra parte, no me dirigí espontáneamente a Irlanda antes de casi desfallecer,5 pero esto resultó bien para mí, pues fui corregido por el Señor; y me hizo apto para que yo fuera hoy lo que tiempo atrás estaba lejos de mí: que me esforzara y tuviera cuidado de la salvación de otros, cuando entonces ni siquiera pensaba en mí mismo.

29. Entonces en aquel día en que fui condenado por los hombres que antes mencioné, aquella noche vi en una visión de la noche6 que había un escrito deshonroso ante mi propia faz; y en medio de esto oí una respuesta divina que me decía: “Vimos mal la faz de un hombre designado, descubierto su nombre.” Pero no dijo así: “Viste mal”, sino “Vimos mal”, como si se hubiera unido a mí; así como dijo: Quien os toca es como si tocara la pupila de mi ojo.7

30. Por eso doy gracias a quien me ha reconfortado8 en todo, de forma que no impidió la partida que yo había decidido, ni la obra que había aprendido de Cristo mi Señor, sino que más bien, a partir de entonces, sentí en mí un poder9 no pequeño, y mi fe fue probada delante de Dios y de los hombres.

31. Por ello con audacia digo10 que no me reprende mi conciencia ahora ni más adelante. Tengo a Dios por testigo de que no mentí en las palabras que os he transmitido.

32. Pero más me duelo, por aquel muy amigo mío, de que merecimos oír tales palabras. ¡A él yo le había confiado mi alma! Y antes de aquella defensa descubrí por algunos hermanos (pues yo no estuve presente ni estaba en Britania, ni yo la había provocado) que él insistió por mí. Y él mismo me había dicho con su propia boca: “Y tú debes ser elevado al grado episcopal”, de lo cual yo no era digno. ¿Pero de dónde le vino luego el deshonrarme delante de todos, buenos y malos, y públicamente por aquello que antes espontánea y alegremente me había concedido, él y el Señor, quien es mayor que todos?11

33. Ya digo bastante. Sin embargo no debo esconder el don de Dios, que nos concedió en la tierra de mi cautiverio,12 porque entonces busqué fuertemente y entonces lo encontré, y me ha protegido de todas las iniquidades (así lo creo) por su Espíritu que

1 Dt 24, 15. 2 Dn 6, 5. 3 2 Co 12, 2-3 4 Sal 118 (119), 75; 2 Co 11, 27. 5

Todo este pasaje tiene un sentido muy discutible. Hanson piensa que Patricio quiere decir: “lejos de comprender que mi cautiverio era una bendición, partí no por mi gusto a Irlanda.”

6 Dn 7, 13. 7 Za 2, 8 (12). 8 1 Tm 1, 12. 9 Lc 8, 46; Mc 5, 30. 10 Hch 2, 29. 11 Jn 10, 29. 12 2 Cro 6, 37.

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habita1 y que obró en mí hasta este día. Lo digo de nuevo con audacia. Pero, sabe Dios, si un hombre me hubiera dicho esto, tal vez me habría callado por la caridad de Cristo.2 34. Por eso incansablemente doy gracias a mi Dios, que me conservó fiel el día de la tentación3 mía, de modo que hoy con confianza le ofrezco en sacrificio, como hostia viviente,4 mi alma a Cristo mi Señor, quien me protegió de todas mis angustias. Por eso puedo decir: ¿Quién soy yo, Señor?5 ¿Cuál es mi vocación, tú que me ayudaste con tu divinidad tan grande, de modo que hoy entre los gentiles ensalce y engrandezca tu nombre en cualquier lugar que esté? Pero no solo en las cosas favorables, sino también en las dificultades, de modo que cualquier cosa que me sobrevenga, sea buena o mala, la reciba igualmente y dé siempre gracias a Dios. Él me enseñó a tenerle indudable confianza y a creer permanentemente; me ha escuchado para que yo, indocto y en los últimos días,6 me atreviera a emprender una obra tan piadosa y admirable. Así pude imitar en algo a aquellos de quienes antes el Señor ya había predicho que anunciarían el Evangelio en testimonio para todos los pueblos antes del fin del mundo;7 lo cual ahora vemos y así se ha cumplido: he aquí que somos testigos de que el Evangelio fue predicado hasta lugares más allá de los cuales no hay nadie.

35. Pero es muy largo contar parte por parte todas mis fatigas. Brevemente diré cómo el muy piadoso Dios a menudo me libró de la servidumbre y de los doce peligros en los que mi vida peligró, fuera de numerosas acechanzas que no puedo expresar con palabras. Y no seré molesto para quienes lean; pero tengo la ayuda de Dios, quien conoce todas las cosas antes de que sean hechas,8 y con frecuencia con voz divina me ha aconsejado a mí, un pobrecillo, pequeño ignorante.

36. ¿De dónde a mí esta sabiduría,9 que no estaba en mí, quien ni el número de los días sabía10 ni conocía a Dios? ¿De dónde me vino luego este don tan grande y tan salvador de conocer a Dios y amarlo, hasta perder a mi patria y a mis parientes?

37. Y me ofrecían muchos dones con llanto y lágrimas, y los ofendí, y también contra el deseo de algunos de mis señores; pero guiado por Dios de ningún modo consentí ni cedí ante ellos. No fue por mi gracia, sino que es Dios quien vence en mí y se opone a todos ellos, de modo que vine a los gentiles irlandeses a predicar el Evangelio y a sufrir los insultos de los incrédulos para oír el oprobio de mi peregrinación;11 y a sufrir muchas persecuciones hasta las cadenas,12 y a dar mi libertad para utilidad de otros; y, si llego a ser digno, estoy pronto incluso a dar mi vida, sin vacilación y muy de grado, por su nombre; y deseo dedicarla ahí hasta la muerte, si Dios me lo concediera.

38. Y estoy muy en deuda con Dios, quien me dio una gracia tan grande; a saber, que muchos pueblos por mí renacieran en Dios y luego fueran confirmados; que en todas partes por ellos fueran ordenados clérigos, para toda la multitud que recién llegó a la fe

1

Rm 8, 11.

2

Nota de Hanson a este pasaje: “Por amor de Cristo o en Cristo, Patricio habría preferido no mencionar ni ni la baja traición de su amigo íntimo ni las palabras divinas por las cuales Dios le hizo comprender que desaprobaba semejante traición; él comprendía, por otra parte, que se trataba del juicio de Dios y no de un hombre.” 3 Sal 94 (95), 9. 4 Rm 12, 1. 5 2 R 7, 18. 6

Hch 2, 17. Se refiere a la segunda venida de Cristo, cuya inminencia era lugar común en la literatura de los tiempos paleocristianos y tardoantiguos.

7 Mt 24, 14. 8 Dn 13, 42. 9 Mt 13, 4. 10 Sal 38 (39), 5. 11

Es decir, como vierte Hanson: “el oprobio de ser un extranjero.”

12

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y que el Señor tomó de los extremos de la tierra,1 como antes había prometido por sus profetas:2 Vendrán a ti pueblos de los extremos de la tierra y dirán: nuestros padres se prepararon falsos ídolos y no hay en ellos utilidad;3 y de nuevo: te puse como luz entre los pueblos, para que seas salvación hasta el extremo de la tierra.4

39. Y allí quiero aguardar la promesa5 de aquel que en verdad nunca engaña, como promete en el Evangelio: Vendrán de oriente y de occidente y se recostarán6 con Abraham, Isaac y Jacob.7 Así creemos que los creyentes han de venir de todo el mundo. mundo.

40. Por eso en verdad conviene pescar bien y con diligencia, como advierte y enseña el Señor, diciendo: Venid tras de mí y haré que seáis pescadores de hombres;8 y de nuevo dice por los profetas: He aquí que envío muchos pescadores y cazadores, dice Dios,9 etc. Por eso convenía mucho que tendiéramos nuestras redes, para que una copiosa muchedumbre y turba10 fuera capturada para Dios y en todas partes hubiese clérigos que bautizaran y exhortaran a un pueblo indigente y ansioso, como el Señor en el Evangelio dice, advierte y enseña: Id por tanto y enseñad a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todas las cosas que os ordené; y he aquí que estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del mundo.11 Y de nuevo dice: Id por tanto a todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura; quien crea y sea bautizado, se salvará; quien no crea, será condenado.12 Y de nuevo: Será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo como testimonio para todos los pueblos, y entonces vendrá el fin.13 Y de nuevo preanuncia el Señor a través del profeta: Y será en los últimos días, dice el Señor; derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños; y en verdad sobre mis siervos y sobre mis esclavas en aquellos días derramaré mi Espíritu y profetizarán.14 Y en Oseas dice: Llamaré ‘mi pueblo’ al que no es mi pueblo; y al que no consiguió misericordia, ‘el que consiguió misericordia’; y en el mismo lugar donde se dijo: ‘vosotros sois mi pueblo’, allí serán llamados ‘hijos de Dios vivo’.15

41. Pero por eso en Irlanda quienes hasta hoy nunca tuvieron conocimiento de Dios, sino de ídolos y de cosas inmundas, ¿cómo hace poco fueron perfeccionados como pueblo del Señor y son llamados hijos de Dios? ¿Cómo los hijos de los escotos y las hijas de reyezuelos son monjes y vírgenes de Cristo?

42. Y había también una bienaventurada escota,16 de origen noble, muy hermosa y ya adulta, a la cual yo bauticé. Y pocos días después por una sola razón vino a nosotros, y 1 Hch 13, 47; Is 49, 6. 2 Rm 1, 2. 3 Jr 16, 19. 4 Hch 13, 47; Is 49, 6. 5 Hch 1, 4. 6

Otros, con acierto, vierten “se pondrán a la mesa”; lo de ‘recostarse’ se relaciona con la antigua costumbre de comer en esa postura, no sentados.

7 Mt 8, 11. 8 Mt 4, 19; Mc 1, 17. 9 Jr 16, 16. 10 Cf. Lc 6, 17; 5, 6. 11 Mt 28, 19-20. 12 Mc 16, 15-16. 13 Mt 24, 14. 14 Hch 2, 17-18; cf. Jl 2, 28-29. 15 Rm 9, 25-26. Cf. Os 1, 9; 2, 1; 2, 25. 16

Los escotos habitaban primeramente Caledonia (la parte norte de la Britania de entonces); el término latino Scoti se aplicaba también a los escotos de Irlanda.

(11)

nos confió que había recibido un anuncio de un mensajero1 de Dios y que la aconsejó para que fuera virgen de Cristo y se acercara ella misma a Dios. Gracias a Dios al sexto día ella óptima y deseosamente tomó lo que todas las vírgenes de Dios también hacen. No fue por decisión de sus padres; más bien padecen persecuciones y agravios falsos de sus padres, pero no por eso deja de aumentar su número (y no conocemos el número de aquellos de nuestro origen2 que allí nacieron), además de las viudas y de quienes guardan continencia. Pero de ellas las que más padecen son las que son tenidas como esclavas: soportan con frecuencia hasta terrores y amenazas. Pero el Señor dio gracia a muchas de sus esclavas pues, aunque se les prohíbe, lo imitan con fortaleza.

43. Por ello, aunque yo quisiera dejarlas para ir a Britania (y en verdad estaba con gusto muy dispuesto, pues era ir a mi patria y a mis parientes; y no solo esto, sino también para ir a las Galias a visitar a los hermanos y a ver el rostro de los santos3 de mi Señor; y sabe Dios que yo deseaba esto mucho), sin embargo atado por el Espíritu, que me testimonia4 que, si esto hiciera, él me designará como futuro culpable, temo perder el trabajo que empecé; y no yo sino Cristo Señor, quien me ordenó venir a estar con ellos el resto de mi edad, si el Señor lo quiere y me guarda de todo mal camino, para no pecar ante él.

44. Mas yo lo espero y sé que debía hacer esto, pero no tengo confianza en mí mismo, mientras esté en este cuerpo de muerte.5 Pues es fuerte aquel que cada día intenta quitarme de la fe y de la castidad no fingida, que me propuse hasta el fin de mi vida para Cristo mi Señor. Pero la carne enemiga siempre me arrastra a la muerte; esto es, a sus ilícitos encantos. Y sé solo en parte, porque no tuve una vida perfecta como los demás creyentes, pero confieso a mi Señor y no me ruborizo en su presencia, porque no miento: después que lo conocí, en mi juventud, creció en mí el amor y el temor de Dios, y hasta hoy, con el favor del Señor, conservé la fe.6

45. Mas ría e insulte quien quiera; yo no callaré ni escondo las señales y maravillas7 que me fueron mostradas por el Señor, muchos años antes de que se cumplieran; por él, que conoce todas las cosas, incluso antes de los tiempos seculares.8

46. Por ello yo debía sin cesar dar gracias a Dios, quien a menudo fui indulgente con mi tonta negligencia y ni siquiera en una sola ocasión se irritó conmigo, que fui hecho ministro. Pero no accedí en seguida a lo que se me había mostrado y el Espíritu sugería;9 y se apiadó de mí el Señor a favor de muchos miles de hombres,10 porque vio en mí que estaba preparado, pero que, en cuanto a mí, no sabía qué iba a hacer en mi modo de vida: muchos se oponían a esta misión. Incluso entre ellos mismos hablaban y decían a mis espaldas: “¿Por qué este se pone en peligro entre enemigos que no conocen a Dios?” No lo hacían por malicia, sino que no era comprensible para ellos, como yo mismo atestiguo y entiendo que fue por mi rusticidad; y no inmediatamente reconocí la gracia que entonces estaba en mí; ahora me es comprensible aquello que debí saber antes.

1

La palabra nuntius se refiere a un ‘ángel’, término que proviene de una voz griega que significaba ‘mensajero.’

2

Es decir, de origen britano. Según dice Hanson, a propósito de este pasaje: “La vida religiosa encontró entonces numerosos adherentes entre los británicos establecidos en Irlanda.”

3

Es decir, a los monjes.

4 Hch 20, 22-23. 5 Rm 7, 24. 6 2 Tm 4, 7. 7 Dn 6, 27. 8 2 Tm 1, 9. 9 Jn 14, 26. 10 Ex 20, 6.

(12)

47. Por tanto ahora simplemente he manifestado, a mis hermanos y a mis compañeros en el servicio que me creyeron, por qué supliqué y suplico1 a fin de fortificar y afirmar nuestra fe. ¡Ojalá también vosotros imitarais cosas más grandes e hicierais cosas mejores! Esto para mí es gloria, pues un hijo sabio es la gloria de su padre.2

48. Vosotros sabéis y también Dios cómo3 me conduje entre vosotros desde mi juventud, en la fe de la verdad y en sinceridad de corazón. Incluso con aquellos pueblos en medio de los cuales vivo, yo les fui y les soy fiel. Dios sabe que a nadie de ellos engañé, ni lo pienso, por Dios y su Iglesia, para no mover persecución contra ellos y contra nosotros todos, y para que no fuera objeto de blasfemia, por mi causa, el nombre del Señor, porque fue escrito: ¡Ay del hombre por el cual es blasfemado el nombre del Señor!4

49. Pues, aunque soy inexperto en todas las cosas,5 sin embargo intenté guardarme tanto de mis hermanos cristianos como de las vírgenes de Cristo y de las mujeres piadosas, que espontáneamente me daban regalitos y sobre el altar ponían algunos de sus adornos. Yo se los devolvía, y se escandalizaban contra mí, preguntando por qué hacia eso. Pero yo lo hacía por la esperanza en lo duradero de mi ministerio, para conservarme cauto en todo; de modo que, por cualquier motivo de infidelidad, no me encontraran en falta ni a mí ni al ministerio de mi servicio, y para no dar a los incrédulos el menor motivo de difamar o de denigrar.

50. Pero cuando bauticé a tantos miles de hombres, ¿esperé acaso de alguno de ellos incluso media moneda?6 Decídmelo y os lo devolveré.7 Pero cuando por todas partes el Señor ordenó clérigos, mediante la poca cosa que soy, gratuitamente les distribuí el ministerio. Si a alguno de ellos pedí el precio aunque más no fuera de mi calzado, decídmelo en mi rostro y os lo devolveré.8

51. Y más yo me he consumido por vosotros para que ellos me reciban; y he ido a vosotros y por todas partes por causa vuestra en muchos peligros, incluso hasta tierras extrañas, donde nadie había más allá y donde nunca había llegado nadie que bautizara u ordenara clérigos o llevara al pueblo a consumación.9 Por don de Dios, diligente y gustosamente lo hice para nuestra salvación.

52. A veces daba premios a los reyezuelos; más aún, daba recompensas a sus hijos que caminan conmigo; sin embargo me apresaron con mis compañeros y aquel día tenían muy vivos deseos de matarme, pero todavía no había llegado el tiempo. Y todas las cosas que encontraron con nosotros las arrebataron; a mí mismo me ataron con hierros, y al décimo cuarto día me libró el Señor de su poder y todo lo que fue nuestro nos fue devuelto, gracias a Dios y a los amigos y familiares que antes habíamos visto.

53. Pero vosotros10 experimentasteis cuánto di yo a quienes administraban justicia por todas las regiones que yo más frecuentemente visitaba. Pues pienso que no les di una cantidad inferior al precio de quince hombres, de modo que vosotros gocéis de mí y yo goce siempre de vosotros en Dios. No me arrepiento, pero esto no basta: todavía gasto y 1 2 Co 13, 2. 2 Pr 10, 1; cf. 17, 6. 3 Hch 20, 18. 4 Mt 18, 7; Rm 2, 24. 5 2 Co 11, 6. 6

El texto latino usa la palabra scriptula, que designa a una pequeña moneda.

7

1 R 12, 3.

8

1 R 12, 3. Como se ve, estas dos últimas citas son del mismo lugar de la Biblia pero, como aclara Hanson, no según la Vulgata sino según la antiquísima versión al latín llamada Vetus Latina. El Libro primero de los Reyes se llama, en la Vulgata, Libro primero de Samuel.

9

Populum consummaret quiere decir aquí “confirmar al pueblo”, como traduce Hanson.

10

(13)

gastaré;1 poderoso es Dios para después concederme que yo mismo sea consumido por vuestras almas.

54. He aquí que invoco a Dios para mi alma como testigo de que no miento,2 y que no en ocasión de adulación o de avaricia3 os escribí, ni para esperar honra de alguno de vosotros; pues basta el honor que todavía no se ve pero es creído en el corazón,4 pero fiel es quien prometió: nunca miente.5

55. Pero veo que ya en el siglo presente6 he sido exaltado por el Señor más allá de toda medida, y no era digno ni tal como para que me concediera esto, mientras sé muy cierto que más me corresponde la pobreza y la calamidad que las riquezas y las delicias (pero incluso Cristo el Señor fue pobre por nosotros,7 y yo, miserable y desgraciado, aunque quisiera riquezas, ya no las tengo), pues cada día espero la muerte o ser capturado o ser vuelto a servidumbre en cualquier ocasión. Pero ninguna de estas cosas temo,8 por las promesas de los cielos, porque me puse a mí mismo en manos de Dios omnipotente, quien en todas partes domina, como dice el profeta: Pon tu corazón en Dios y él mismo te nutrirá.9

56. He aquí que ahora encomiendo mi alma al Dios fidelísimo mío,10 por quien desempeño esta legación11 en mi falta de nobleza, porque no distingue personas y me eligió para este deber, para que yo fuera un servidor, uno de sus más pequeños.12

57. ¿Pero de dónde le retribuiré por todas las cosas que me concedió?13 ¿Pero qué diré o qué prometeré a mi Dios, puesto que nada valgo sino lo que Él mismo me dio? Pero que él escrute mi corazón y mis riñones,14 porque deseo bastante, mucho, y estaba preparado como para que me diera a beber el cáliz15 suyo, como concedió a los otros que lo aman.

58. Por ello de parte de Dios no me toque a mí echar a perder a su pueblo, que adquirió16 en los confines de la tierra. Ruego a Dios que me dé perseverancia y se digne hacerme un testigo fiel para Él, hasta mi partida, por causa de mi Dios.

59. Y si yo imité alguna cosa buena por causa de mi Dios, a quien amo, le pido que me conceda, junto con esos extranjeros y cautivos, derramar mi sangre, aunque carezca de mi propia sepultura o mi cadáver sea dividido muy miserablemente miembro a miembro, para los perros o para bestias feroces o para que las aves del cielo lo coman.17 Y –lo pienso con toda certeza– si eso me ocurriera, he ganado mi alma junto con mi cuerpo porque, sin ninguna duda, el día aquel resucitaremos en la claridad del sol, esto es en la gloria de Cristo Jesús nuestro redentor, como hijos de Dios vivo y coherederos

1 2 Co 12, 15. 2 2 Co 1, 23. 3 Cf. 2 Co 1, 23; Ga 1, 20. 4 Cf Ro 10, 10. 5 Hb 10, 23; Tt 1, 2. 6 Ga 1, 4. 7 2 Co 8, 9. 8 Hch 20, 24. 9 Sal 54, 23 (55, 22). 10 1 P 4, 19. 11 Ef 6, 20. 12 Mt 15, 24. 13 Sal 115 (116), 12. 14 Sal 7, 10. 15 Mt 20, 22 16 Is 43, 21. 17 Lc 8, 5.

(14)

de Cristo, que hemos de ser conformes a su imagen;1 en efecto de Él, por Él y en Él hemos de reinar.2

60. Pues este sol que vemos nace por nosotros, por su mandato, cada día, pero nunca reinará ni su esplendor permanecerá, y todos los que lo adoran vendrán malamente, desgraciados, al castigo; no nosotros, que creemos y adoramos a Cristo, sol verdadero, quien nunca perecerá. Ni perecerá quien haga su voluntad, sino que permanecerá para siempre como Cristo3 también permanece para siempre, quien reina con el Padre omnipotente y con el Espíritu Santo antes de los siglos, ahora y por todos los siglos de los siglos. Amén.

61. He aquí que una y otra vez expondré las palabras de mi confesión. Testifico, en la verdad y en la alegría de mi corazón delante de Dios y de sus santos ángeles,4 que nunca tuve ningún otro motivo, fuera del Evangelio y sus promesas, para volver alguna vez a aquel pueblo de donde antes apenas me había podido escapar.

62. Pero ruego a quienes creen y temen a Dios: quienquiera se haya dignado observar o recibir este escrito que Patricio, pecador indocto sin duda, escribió en Irlanda, si algo pequeño hice o demostré según el agrado de Dios, que nadie vaya a decir que mi ignorancia lo hizo. Pensad más bien y creed con toda verdad que esto fue don de Dios. Y esta es mi confesión, antes que yo muera.

1 Rm 8, 16-17 y 29. 2 Rm 11, 36 3

1 Jn 2, 17 (según la Vetus Latina).

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