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Letras en fuga y poemas a la estirpe

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Academic year: 2022

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Letras en fuga

y poemas a la estirpe

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Letras en fuga y poemas a la estirpe

Poesía

Carlos Alberto Merchán Basabe

(4)

Letras en fuga y poemas a la estirpe ISBN: 978-958-5111-68-4 (Versión impresa)

ISBN: 978-958-5111-69-1 (Versión digital)

© Editorial Aula de Humanidades

© Carlos Alberto Merchán Basabe Colección: Literatura

Serie: Poesía Primera edición, 2020 www.editorialhumanidades.com/

[email protected] Maquetación Jorge Leonel Pineda A.

Carátula María Isabel Vargas Impreso en Colombia

Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia Merchán Basabe, Carlos Alberto

Letras en fuga y poemas a la estirpe : poesía / Carlos Alberto Merchán Basabe. -- 1a. ed. -- Bogotá: Editorial Aula de Humanidades, 2020.

p. -- (Literatura. Poesía)

ISBN 978-958-5111-68-4 -- 978-958-5111-69-1 (digital) 1. Poesía colombiana - Siglo XXI. Título II. Serie

CDD: Co861.5 ed. 23 CO-BoBN- a1057623

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Dedicatoria A mis hijos que fundaron para siempre mi

vida dándome una tierra que caminar y un tiempo final hasta mis nietos, enseñándome el secreto de las estrellas y el tesoro que encierra un abrazo y un beso.

A su vida que es fuga y acrecienta el hilo de nuestra casa Merchán.

A mamá, que atinó a encontrarme en medio de sus deseos de sonrisa y me dio por regalo la escuela.

A papá, que en su distancia me dejó las letras y los libros

donde aprendí a soñar.

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–7–

Tabla de contenido

Prólogo ...11

Lunas llenas y lobitos ...15

Desenfrenado ...17

Pero me salvo ...18

Lunas llenas y lobitos ...20

Es todo ...22

Otras curvas ...23

Te dejo ...24

Big bang ...26

Las manos que tengo ...27

Palabras y palabritas ...28

Elefantes rosados ...29

Mi tú —Me too— ...31

Soy un zoológico ...32

Teoría inflacionaria de los estallados ...33

Contradictorio ...35

Perturbación...36

¿Qué seré? ...37

No me perdono ...38

El olvido ...39

(8)

–8–

Letras en fuga...41

El bruto ...43

Aletheía del ser en ser ...46

Sobre esa cosa llamada revolución ...48

Desprendido ...50

Dádiva diaria ...51

Odisea ...52

Orfeo ...55

Letras en fuga ...57

Sevicia ...59

Eras tú...60

Pureza ...61

Romanza ...63

Secreto ...64

Princesa ...65

Réquiem ...67

Poemas a la estirpe ...69

Linaje ...71

Violencia ...73

Padre ...74

Mami ...76

Madre ...78

Mis hermanos ...80

China ...82

Hijo ...83

Hija ...85

A mi hijo ...86

Milagrito ...88

Valentía ...89

(9)

–9–

Brian ...90

Estirpe...91

Mis fotografías ...93

Quedaste ...95

Morada ...96

Miel ...99

Yo ...100

Chernóbil ...101

Transductivos ...103

Vida ...104

Juventud ...105

Facultativo ...106

Fotógrafo ...107

Inventario ...108

Sin nada ...109

Huéspedes ...110

Crimen y silencio ...111

Muerte ...112

Fin ...113

(10)
(11)

–11–

Prólogo

“Mi nombre perderá sentido Se desvanecerá mi yo”,

D ice una voz en este libro mientras ella misma se desvanece entre nuestros ojos, ante nuestros cuerpos. Desvanecer es perder, huir, atajar algo inatajable, la materia que cambia de forma, de medio, de cuerpo, lo sabemos. Y sabemos que el yo que se desva- nece es el yo que pasa a ser algo más, alguien más. Un yo que es otro. Un yo que huye de sí mismo para alcanzar otro. Es la fuga eterna que emprendemos cada tanto para alcanzar algo distinto, otra forma, otro medio, otro cuerpo. La que emprendemos, todos, mientras los nombres y sus letras pierden sentido, desvanecidas o evanescentes, y aparecen y van y vuelven, como el tiempo, que huye y se fuga. ¿Quién no repite su nombre con sus letras frente al espejo cada mañana? ¿Quién no lo hace en la cama del día o de la noche frente al amado cuando somos amantes, frente al amante cuando somos amados? Ahí está el nombre que se pierde: el amor es una fuga en nosotros. El yo se desvanece por esa fuga del cuer- po, del alma, de la letra, cuando intentamos alcanzar al otro para verlo o tocarlo o decirlo o serlo.

Lo evanescente del amor. Lo evanescente es amor. En la cama

miramos a ese otro a los ojos sabiendo que es otro, pero deseando

que no sea otro, que sea nosotros, que no cambie, casi deseando

en secreto que el tiempo no fluya y se escape por la fuga abierta

en nuestra piel o nuestra palabra. Y el otro nos mira deseando lo

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–12–

mismo: ojalá el amor no fuera evanescente. Pero, como lo señala este libro, poema a poema, amar a otro es amar una pérdida, per- seguir un nombre que se evaporará como un beso sobre la piel.

Es así que cada palabra es una fuga, una huida, que se fragmenta en el afán de escapar de otro mientras intenta agarrar algo de ese otro. Estirar la mano y rasgar un jirón de su ropa como si fuera un jirón de su piel, la que aún lleva marcas del beso evaporado. Es así que estos versos fluyen y al mismo tiempo parecen detenerse obstruidos, luego quebrados, luego dolidos. Al mismo tiempo, todo al mismo tiempo, en un único instante. El que fluye y se de- tiene hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo. Porque

“Vestimos otro día, otra noche, otra historia”,

según dice la voz, que es otra siendo la misma, porque eso implica el tiempo: vestir otro día. Nos levantamos cada mañana, como parece levantarse la presencia que recorre el libro de solapa a sola- pa, y miramos el espejo y no reconocemos la figura que nos mira al mirarla, es por eso que decimos su nombre (el nuestro), letra por letra, esperando una respuesta de vuelta que nos ofrezca un alivio o un consuelo o un sosiego para ese temor y ese dolor que nos embarga cuando el tiempo pasa como pasa el cielo. O las cosas del cielo.

“Mira el cielo como se desprende”,

dice la voz, con un vestido nuevo. Y aunque habla del cielo tam-

bién habla del rostro que devuelve el espejo, y que se desgaja que-

brado o que devuelve una imagen quebrada. Acaso mirar el cielo

es mirar un rostro de frente y ver lo evanescente de aquello que

anhelamos. Es ver los cuerpos fragmentados: una mano, una pier-

na, un torso, un cuello, la boca. Acaso mirar al cielo sea esperar

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–13–

una visión. Otra mirada. Es decir, aquello en lo que abunda este poemario: miradas sobre los fragmentos que somos cuando anhe- lamos al otro o a nosotros, lo que fueron y lo que fuimos, su amor camino al desamor, al olvido, al cielo que pasa mientras una nube se estira y desvanece, mientras los nombres se desvanecen. Que pasa mientras pasa una paloma y se pierde cuando la miramos.

Brian Lara

Literato y periodista

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(15)

Lunas llenas y lobitos

(16)
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–17–

Desenfrenado

M e mira, se funde, piel acanalada, me roza, suavemente, pecho, beso, abandonado, la voz extraviada llama… tiembla…

palpita… se agita. Manos se pierden en los rincones. La espalda, cintura, las nalgas, las piernas, la oreja salta, los ojos callan. La muerte en su alba...

Húmeda. Labios, mordiscos, rasguños juegan, ciegos adivinan el grosor de la cintura; piernas traidoras se destrozan cada una por su lado; quejidos, suspiros, susurros, gritan el nombre dio- sificado de los avernos y el corazón del sexo se pierde en un abrazo. La muerte se abandona por fin, a mi apetencia temblo- rosa y trémula… Brota mi alma hacia a ella…

Y llega, llega, llega, al lugar exánime donde se inventan los hom- bres, savia, líquido, Dios retenido, y urdimos: un cuerpo, piel, ojos, corazón, nido, ternura, lascivia, furia, ira, desencanto, finitud, manos, piernas, camino, aventura; la palabra germina en un hueco, acoge su inmensidad el universo, la historia, la maldición del Niflheim y su cruel Gjöll. ¡El amor está he- cho… se ha construido!

A diario se nos rompe el alma por este juego de dar la vida. La

muerte lo sabe y nos copula.

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–18–

Pero me salvo

M e tomo, por sorpresa, sonriendo como tonto, inocente niño que ríe sus pecados,

hasta que sonrío, sonrío por ambos lados.

Babeo de zonzo

buscando las lunas que has dejado llena, y adrede me pierdo,

porque perdido es que te quiero tanto.

Me inmolo de día y en tus noches revivo, de pura miseria me clavo un clavel en toda la sangre y me siento vivo, a poco que dura mis crucifixiones, tu cuerpo se exhala sin vacilaciones, las bocas paren una babel.

Pero, de cuando en cuando, me salvo y no tiene sentido.

Y muero de olerte aunque sea de lejos, la condena nefasta de tu pasa día que dura poco y me vuelve loco, pedacito de cielo, funesta ambrosía.

Me quema tu aliento

me cierra los ojos tu dulce pecado.

Y tu boca de abismo me chupa la vida, me traga, fascina, secuestra,

y me he perdido…

A veces me encuentro

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–19–

aullando a los carros,

persiguiendo lunas en fondo del charco, comiendo espinas martirizado,

para no salvarme, y estar a tu lado,

de cuando en cuando y perder el sentido.

Pero todo son ficciones, un juego inventado, Y el lobo se queda en su cueva apresado.

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Lunas llenas y lobitos

Al diablito

L una inundada de secretos testigos,

de voces de media noche, estertores, gemidos, me enseña tu oscuro, tu cielo prohibido.

La llena me llama, me arde todo el cuerpo, se nublan mis ojos, me cierra el hocico;

aúllo y salto a tus precipicios.

Descuido la trampa de tu largo cabello, borde arcano de tu universo,

tendida al costado de tu lado izquierdo.

Me atrapa la trampa, más no indefenso, anárquicas caricias, feroz jauría,

a tu piel misteriosa lanzo sin cuantía.

Y lobezno, desbaratado mi cuerpo, quedan los pasos para huir hasta el cuello

y aúllos molidos, devoran tu alma hasta tu reflejo.

Te rasga el colmillo de mis bendiciones revienta la sangre de Cíclope abierto tus ternuras me van venciendo.

¿Quién predijo a Caperucita desvalida?

¿Que no era valiente? ¿Que no era aguerrida?

¿Que con todas sus armas el lobo no vencía?

Referencias

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