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Homenaje a Tárrega en el primer centenario de su nacimiento

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I CENTEN ARIO'

e

13 1 NOVIEMBRE 1852 - 1952

I '

LL.ARREAL DE LOS INFANTES'

~Castellóñ)

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QeOlltenajt

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elt ee /Ht[me¡t centena¡tio Je ill nacimiento

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L Iltmo. Ayuntamiento de Vi- llarreal de los Infantes, presidido por el muy ilustre Sr. D. Vicente (' Peris Náéher, se honra en con- memorar durante los días 20, 21, 22 Y 23 del próximo Noviembre, el pri- mer centenario del nacimiento del que fué hijo predileéto de diéha población, músico

~minente, genial guitarrista y gloria uni- versal del arte hispánico, D. Francisco

T árrega Eixea.

Unese a este homenaje de admiración, gratitud y cariño, el de todos aquellos

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que, rindiendo culto al arte en la gui- tarra, veneran desde cualquier ámbito del mundo la memoria del glorioso artista.

Al amparo emblemático de su nombre se han ido fundando con el tiempo Asocia- ciones, Academias y Revistas, no sólo- en España, sino en diferentes capitales de Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Noruega, Dinamarca, Austria, Turquía, Egipto, Portugal, Argentina, Chile, Perú, Brasil, Cuba, América del Norte e in- cluso en el Japón, coll).o fruto sazonado de una virtud, un amor y un talento que la honradez, generosidady espíritu de sacri- ficio por el arte sembraron para gloria de

nuestra querida España.

«pocos nombres festejará un día la histo- ria musical moderna»-ha ditho Pedrell-

«como el de este artista excepcional

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FRANCISCO T Á R R E G A I

que se llama sencilla y elocuentemente, T árrega, de grandeza artística elevada».

, Cumplida la profecía y aun sobrepasada por el acelerado galopar de nuestro siglo, la significación de Tárrega en el desarrollo del Arte se ha conStituído por ella misma,

en parte integrante de la Historia.

Historia es en la Música, la aportación de España desde los cantores y tañedores' de los califatos musulmanes, de los trova- dores medievales, de los músicos asalari¡l- dos en las cortes de Aragón, Navarra y Castilla, de los polifoniStas e instrumen- tistas del Renacimiento, de los cantos y danzas popular;es y de cuantos composi- tores y ejecutantes de enraizamiento na- cional siguieron eslabonando con las irra- diaciones de su espíritu, la evolución de

la música universal.

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sanguínea y fértil, que embalsama el aire con la flor emblemática de la virtud y desaltera con ácidos dulzores la sed del cuerpo y ansiedades del espíritu, surgió el músico con alma de poetay santo amor por el arte, Francisco Tárrega, que, ha- ciendo dádiva de sus p~ivilegiadosdones, había de ennoblecer para siempre, el ins-

trumento hispánico por excelencia.

Francisco T árrega Eixea nació en Villarreal de los Infantes, provincia de Castellón de la Plana, el 21 de Noviembre de 1852.

Primer vástago de un matrimonio hu- milde, tuvo pronto que emprender ruda batalla contra las exigencias materiales de la vida y el desdén de un público indife- rente o rutinario; hacer frente a rivalida- des, envidias y torpezas, y a los obstácu- los con que tropieza todo aquel que luéha

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FRANCISCO TÁRREGA

por un ideal. Pero a esa guitarra, desesti- mada en injusto olvido, se había arrimado un noble peého levantino de corazón ge- neroso, con mente clara y fecunda, sensi- bilidad extremada y una voluntad inflexi- ble ante

el

propósito concebido, meditado

y decidido.

Prodigio en la guitarra y

el

piano, sor- prendía en su niiíez, con los destellos de su genialidad naciente. En su naturaleza musical innata, un secreto atavismo, in- clinó quizás, las preferencias de su aÍma de artista hacia esa guitarra de suaves y variadísimos sonidos. Sólo ella ofrecía en sus ecos de proximidad y lejanía, refugio

a sus incontenibles ansiedades.

Virtuoso impecable, intérprete insupera- ble y compositor inspiradísimo, entre los músicos espaiíoles de su época fué

el

más

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extraordinario artiSta. Por toda España y capitales de Francia, Inglaterra, Bélgica, Suiza e Italia, llevó triunfalmente su gui- tarra y con ella, el sig~o latente de autén-

ticos valores nacionales.

Para todos tuvo la voz de su guitarra el acento que podía transportarles al goce puro de la belleza ideal. Para un público culto, la música de los clásicos y román- ticos desde Haendel y Baéh haSta nueStro Albéniz y las propias obras del MaeStro.

Para otros, las proezas de su virtuosi- dad. Para el pueblo ingenuo, las Fantasías, Danzas y adaptaciones de música ligera con humorismos geniales al alcance de su

mentalidad.

Su producción, integrada por obras origi- nales y transcripciones-como las de los antiguos vihueliStas-alcanza-la respeta-

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FRANCISCO TÁRREGA

ble cifra de 195 composiciones, sin contar entre ellas, apuntes y bocetos inéditos, ni manuscritos extraviados. Obras como su

«Capriého árabe» y «Recuerdos de la Alhambra» son universalmente conocidas y celebradas. ¡Cuántas bellísimas ideas improvisadas al soplo divino de su inspi- ración se esfumaron- en el espacio! Des- diéhadamente, la grabación acústica de nuestros días llegó tarde para que aquel arte tan suyo, tan depurado, pudiera ser

legado a la posteridad.

Han transcurrido 43 años desde la muerte de Xárrega (15 de Diciembre de 1909)' Muéhas de sus composiciones han sido aplaudidas por todos los públicos y en- salzadas por críticos eminentes. -Se le han prodigado elogios como compositor, intérprete, pedagogo y precursor. Sin

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embargo, no faltan los que por no haberle conocido y juzgándole desde un ángulo de apreciación personal objetiva a tra'- vés de datos equívocos, prejuicios obSti- .nadas y adiciones defeétuosas aparecidas después de su muerte, se empeñan en dis-

minuir su merecida gloria.

Por mi parte, habiendo vivido junto al Maestro desde 1902 a 1909, puedo afir- mar que Tárrega fué

el

hombre de sus ideas y sus obras; un artista sincero que expresaba la música honradamente, dando a cada nota la vibración física y espiritual . que le correspondía. Por su condición na- tural exigía a su guitarra

el

arte superior que sus cualidades de músico, virtuoso e intérprete requerían. EStas exigencias cambiaron, por razón de superioridad, la estética guitarríStica de su época y en

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FRANCISCO TÁRREGA

consecuencia, la técnica también. Todos los gu}tarriSl:as aétuales siguen, de cerca o a diSl:ancia, la influencia de T árrega en

la guitarra.

Ahora bien; eSl:e cambio de orientación infundido por T árrega, cuya musicalidad natural y cultivada erá superior a

la

de sus coetáneos guitarriSl:as, exigía una vo- luntad y un trabajo de titán. T árrega era obSl:inado a fuer de artiSl:a. La obtención de la calidad de su arte le exigía trabajo;

éSl:e, voluntad, tiempo y paciencia; no se . podía ceder a eSl:as exigencias, sin un fer- vor profundo, con espíritu de resignación y sacrificio y un renunciamiento a bene- ficios materiales. De ahí,

el

hombre; de ahí, su arte y de ahí, su ética. Las exigen- cias consigo mismo de Tárrega músico y artiSl:a, humanizaron la índole sonora ~e

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la guitarra mientras ésta moldeaba a su vez, el alma del artista. En un mismo efluvio de idealidad se correspondían

él a ella y ella a él.

Existe una categoría de artistas eminentes a los que se admira, respeta y aplaude con entusiasmo y otra a los cuales, sobre estos mismos tributos, se les prodigan ma- nifestaciones de l.In afeéto que llega a veces a la idolatría. Uno de estos casos -todos lo sabemos-ha sido el de nues-

tro glorioso Manuel de Falla.

Los ecos de este homenaje dicen cómo la admiración que se siente hoy por T árrega no es solamente por el talento que se re- fleja en su obra. Es algo ml~; es la grati- tud afeétuosa hacia el hombre que puso todo el amor y aétividad de su vida en un ideal artístico, convencido de que con

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FRANCISGO TÁRREGA

él, a la vez que redimía a la humilde guitarra, contribuía a elevar la cultura

del pueblo. .

T árrega infundió a la guitarra aétual, su calidad expresiva.

El expresivismo ha sido siempre el rasgo más saliente de la música española. Cris- tóbal Morales, cumbre de la gloriosa es- cuela sevillana que los Francisco de la Torre, Peñalosa, Escobar, Fernández de CaStillejo y otros hicieron famosa en la hiStoria de la música universal, decía en la dedicatoria de su Libro segundo de misas a S. S. Paulo III: «Toda música que no sirva para honrar a Dios y para enal- tecer los pensamientos y sentimientos de los hombres, falta por completo a su ver- dadero fin». Influenciados de eSte mismo expresivismo en la música profana, fueron

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nueStros vihueliStas unidos por su tecni- cismo eStético a los polifoniStas y orga- niStas de su época; y _por sus fuentes de inspiración, ·con la lírica popular enráizada con la tradición, la hiStOria y el corazón del pueblo. Ninguna de las obras coetá- neas y aun poSteriores de laudiStas extran- jeros contiene la patética intensidad ex- presiva de un «Durandarte» de Luys Milan; de un «TriSte eStaba el rey David»

de Mudarra o de un «Paseábase el rey moro» de Fuenllana y aun de ciertas Fan- tasías, Sonetos y Canciones inStrumenta-

les de la misma época.

Es el rasgo caraéteríStico de un pueblo intensamente sensible y de lúcida imagi- nación en una civilización anguStiada en- tre espíritu y materia, que, sediento de virtud en el pecado y mordido de tenta-

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FRANCISCO TÁRREGA

ción en la virtud, se atormenta en el pla- cer de vivir para mejor gozar en el dolor de la muerte. Es el suspiro incontenible del sentimiento trágico y profundo de la exiStenci~,que albergado en la conciencia de todos se sublimiza en las visiones de la MíStica de Avila, en las abStracciones de San Juan de la Cruz, en las rimas pro- fanas de Garcilaso y de Boscán, en los lienzos de Zurbarán, Riberay Valdés Leal y en cuantas manifeStaciones nace.n, vi- ven y se entrelazan alrededor de la vida

espiritual de Espaiía.

Es

el

arroyo, que, tímidamente iniciado en nueStros polifoniStas e inStrumentiStas del siglo XVI o anteriores quizás, se agranda en su curso haSta verterse en las caudalosas aguas del romanticismo

universal.

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Tárrega fué un músico eminentemente expresivista. Lo era por razón de su raza y temperamento; de su ambiente y de su ideología artística. Las posibilidades éx- presivas de la guitarra le avasallaron; en

el

sentido expresivo de la música encon- traba la suprema belleza; las corrientes musicales, piétóricas y literarias de su época y la vibración emotiva de sus admi- radores le absorbían y animaban;

el

calor expansivo de sus venas levantinas, regaba su mente, su corazón y su -albedrío impul- sándole a esa generosidad expresiva que es alma de su arte y misterio impondera-

ble de todo ser hispánico.

Su expresivismo se señala por un acento de dolorosa y resignada melancolía. Sus quebrantos de salud, las privaciones cau- sadas por la econo~ía en sus necesidades

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materiales; la dificultad para consagrarse a su arte abriéndose paso ante un público escéptico e incomprensivo; la luéha por levantar el prestigio del instrumento de su predilección y el esfuerzo por forjar su obra al fin, fueron caus'as imperiosas que restaron a su ánimo la plenitud de

una felicidád sin sombras.

Expresivismo instrumental de ejecutante, intérprete, autor y transcriptor, que un incesante afán de superación impulsaba y una exigente ponderación controlaba.

Era el expresivismo natural y espontáneo, inherente a su cualidad de artista.y natu- raleza de hombre, que, siendo causa de esa voluntad, fe y entusiasm~ en el tra- bajo y vencedora de las más arduas difi- cultades, apuraba frases y matices o in- materializaba el sonido para reflejar en la .

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expresión del coilcepto que interpretaba, la más pura vibración de su alma.

Llevado este expresivismo con la pasión de un alma ascética, con la firmeza de una v'oluntad inquebrantable y el único inte- rés de servir a la verdad del arte, fué es- culpiendo sin orgullo, con beatitud fran- ciscana-como diría el ilustre Chavarri- la nueva fase estética en la historia de

la guitarra.

Sobre el romanticismo expresivo, T ár.rega realcanzó el lejano pasado, incorporando Baéh a la guitarra y con ello el sen~

tido polifónico instrumental de siglos anteriores . Tres grandes figuras de la mú- sica se reflejan en la espiritualidad artística de T árrega: Paganini, Chopiny Listz.

El primero, 'en su virtuosismo genial so- brepasando el arte de sus predecesores y

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FRANCISCO TÁRREGA

enriqueciendo el repertorio del inStru- mento con nuevas invenciones, audaces

dificultades y efeétos in.5l:rumentales.

El segundo, en su identificación con las cualidades orgánicas del in.5l:rumento con un e.5l:ilo personal inconfundible y un acento de exquisita e intensa sensibilidad.

y

el tercero, por su espíritu generoso en servir al arte y no en servirse de él, ha- ciendo el sacrificio de todos sus mereci- mientos y valores sin la menor ambición

de recompensa.

Acaso el tiempo borre o empane la e.5l:ela luminosa que al pasar, dejó su obra en la volubilidad con.5l:ante de las tendencias e.5l:éticas propias de cada época; pero, la figura del creador de un e.5l:ilo, de un ex- ponente lírico de la raza, del espíritu abnegado y generoso que con él supo

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elevar hasta las altas regiones de la belleza estética a los humildes desheredados de la cultura y señalar camino a las nuevas generaciones, ésta quedará esculpida'por la gratitud y admiración de los hombres en la historia del mundo en la Eternidad.

En la obra de T árrega palpita un corazón español. No tuvo en vida los -honores merecidos. Sólo el pueblo, agradeciendo su lección de amor, le devuelve h~y con este homenaje a su memoria, el recuerdo imperecedero de su admiración y cariño.

EMILIO PU']OL

su DISCÍPULO

«Mas Janet», Septiembre I952.

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Referencias

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