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Academic year: 2023

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2022 159

Daniel Gracia Armisen

La Casa de Ganaderos de Zaragoza en el siglo XVI.

Director/es

Colas Latorre, Gregorio

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© Universidad de Zaragoza Servicio de Publicaciones

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Daniel Gracia Armisen

LA CASA DE GANADEROS DE ZARAGOZA EN EL SIGLO XVI.

Director/es

Colas Latorre, Gregorio

Tesis Doctoral

Autor

UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA Escuela de Doctorado

Programa de Doctorado en Historia, Sociedad y Cultura: Épocas

Medieval y Moderna

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Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es

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LA CASA DE GANADEROS DE ZARAGOZA EN EL SIGLO XVI

TESIS DOCTORAL

Director: Gregorio Colás Latorre Autor: Daniel Gracia Armisén

Facultad de Filosofía y Letras

Departamento de Historia Moderna y Contemporánea

Zaragoza/2020

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La Casa de Ganaderos de Zaragoza en el siglo XVI

Daniel Gracia Armisén

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SIGLAS

A.C.G.Z.: Archivo de la Casa de Ganaderos de Zaragoza A.D.Z.: Archivo de la Diputación de Zaragoza

A.H.Pr.Z.: Archivo Histórico Provincial de Zaragoza A.H.P.Z.: Archivo Histórico de Protocolos de Zaragoza A.M.Z.: Archivo Municipal de Zaragoza

R.I.C.A.Z.: Real e Ilustre Colegio de Abogados de Zaragoza B.U.Z.: Biblioteca Universitaria de Zaragoza

TRANSCRIPCIÓN DE DOCUMENTOS

Si bien las pautas de transcripción siguen las normas habituales, se ha optado por respetar la acentuación y puntuación original, con el único objetivo de ser lo más respetuosos posible con la fuente original sin que esto afecte a la propia comprensión del texto. En esta línea, cuando se cree oportuno, se consigna entre paréntesis el sentido de lo que el escribano deja implícito o sobreentendido, siempre con la mayor cautela y respeto a la fuente.

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SISTEMA ARAGONÉS DE PESOS Y MEDIDAS

Moneda jaquesa - l.: libra = 20 sueldos;

- s.: sueldo = 12 dineros;

- d.: dinero = 2 meallas o miajas;

- m.: mealla, miaja u óbolo = ½ dinero;

- f.: florín = 16 sueldos;

- escudo = libra.

Medidas para áridos - Cahíz = 4 arrobas = 202,08 l;

- Arroba = 2 fanegas = 50,52 l;

- Fanega = 3 cuartales = 25,26 l;

- Cuartal = 4 almudes = 7,772 l;

- Almud = 1,943 l.

Medidas de superficie

- Cahíz o cahizada = 8 fanegas = 57 áreas.

Unidades ponderales

- Carga = 3 quintales = 151,56 Kg;

- Quintal = 4 arrobas = 50,52 Kg;

- Arroba = 36 libras = 12,63 Kg;

- Libra = 12 onzas = 350,835 gr;

- Libra ( alizaria o carnicera ) = 36 onzas = 1,052 Kg;

- Onza = 16 arienzos = 29,236 gr.

Medidas de capacidad Vino

- Nietro = 16 cántaros = 158,4 l;

- Cántaro = 2 cuartas = 9,9 l;

- Cuarta = 1/32 del nietro = 4,95 l.

Aceite

- Arroba (cántaro) = 24 libras = 9,3 l;

- Libra = 12 onzas = 0,3875 l.

LARA IZQUIERDO, P. Sistema aragonés de pesos y medidas. La metrología histórica aragonesa y sus relaciones con la castellana, Zaragoza, 1984, Cuadro sinóptico, pp. 196-197.

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INTRODUCCIÓN

OBJETO DE ESTUDIO

Haciendo mías las palabras de Lucien Febvre, amo la historia1. Si no la amara, no sería historiador. Y como amo la historia, es por eso por lo que hoy estoy feliz porque voy a hablar de aquello que amo2. El origen de todo se remonta, por lo menos, quince años atrás, cuando me sentí atraído y cuestionado por la institución objeto de estas líneas. Una institución casi milenaria, rodeada de cierto halo misterioso (por permanecer vetada al historiador durante muchos años) y, como institución poderosa que fue, no exenta de cierta leyenda negra, muchas veces infundada. Como gustaba de recordar E. P. Thompson, la historia es la disciplina del contexto y ese contexto ha cambiado mucho en los últimos años, pandemia de por medio. Esto significa que mi forma de aproximarme al tema, de intentar descifrar las huellas del pasado, de estudiar al hombre en el tiempo (como decía Marc Bloch3), de intentar verificar los hechos4, también ha cambiado con el tiempo. No obstante, como apunta Carlo Ginzburg, ninguno de esos términos que constituyen la esencia de nuestra profesión (relatar, huellas, historia, verdadero, falso) parecen hoy indiscutibles5.

Por otro lado, hoy día, retomando lo que afirmó Benedetto Croce6, cualquier historiador admite que el contexto en el que vive y desempeña su trabajo influye

1 Sobre la diferenciación que hizo Koselleck entre historia (con minúscula) para referirnos a la narración que se ocupa del pasado e Historia (con mayúscula) cuando hagamos referencia al análisis histórico de tipo moderno, vid., KOSELLECK, R., Historia-historia, Madrid: Trotta, 2004.

2 FEBVRE, L.; FÉRNANDEZ BUEY, Fr.; ARGULLOL, E., Combates por la historia, Barcelona, Ariel, 1986.

3 Marc Bloch, por su parte, deja claro cómo el objeto de la historia no es el pasado, sino los hombres en el tiempo. Un tiempo, medio y materia concreta de la historia, que oscilará entre la larga duración de Braudel y el momento del que habla Bloch. Vid., BLOCH, M., Apología para la historia o el oficio del historiador, México, Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 20.

4 Ya lo decía Carr: «el historiador y los hechos se son mutuamente necesarios. Sin sus hechos, el historiador carece de raíces y es huero; y los hechos sin el historiador, muertos, falsos y sin sentido». Sobre el historiador y los hechos, vid., CARR, E., ¿Qué es la historia?, Barcelona, Ariel, 1983, pp. 72-98.

5 GINZBURG, C., El hilo y las huellas: lo verdadero, lo falso, lo ficticio, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2018, p. 9.

6 CROCE, B., La historia como hazaña de la libertad, México, Fondo de Cultura Económica, 2005, p. 19.

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inevitablemente en su forma de abordar y reconstruir otros contextos. Por eso es importante subrayar que me dedico hace veinte años a lo que, según el historiador estadounidense John Lewis Gaddis7, constituye en esencia lo más importante del quehacer de un historiador: enseñar, sin que eso implique que el historiador deba estar encerrado en el aula. Y convendrán conmigo que se enseña la historia, pero no se enseña a ser historiador porque la historia no es fácil de enseñar y porque el historiador no nace, sino que se hace con el tiempo. Los historiadores se forman individualmente. No obstante, yo he tenido la inmensa fortuna de sentirme acompañado en el tiempo de formación que se requiere para convertirse en historiador por el profesor Gregorio Colás Latorre, quien me sugirió prácticamente en la noche de los tiempos estudiar una institución ganadera zaragozana de la que para el siglo XVI apenas conocíamos nada. Este compromiso con el oficio de historiar implicó recurrir a todas las estrategias posibles en la búsqueda de fuentes primarias, pero también a leer permanentemente sobre el objeto de estudio, lo que nos ayudó a sofisticar los análisis históricos e historiográficos.

Y ahí empezó todo. Desde el principio me sentí intrigado por una institución de casi ochocientos años en esos momentos, que fue cofradía que aglutinó a los ganaderos de la ciudad desde el siglo XIII, que con el paso del tiempo se convirtió en un medio eficaz para los miembros de la oligarquía zaragozana de perpetuar determinados privilegios históricos concedidos a la ciudad en momentos puntuales y que, además, contaba con un archivo que no hacía mucho había abierto sus puertas al investigador, por lo que las carencias historiográficas respecto al tema eran grandes. Lo anterior, unido al papel fundamental que la ganadería aragonesa desempeñó en el orden socioeconómico durante el Antiguo Régimen, donde constituyó uno de sus pilares básicos, fue lo que me decidió a investigar la ganadería zaragozana en el siglo XVI, a partir del estudio de la institución más importante, en términos políticos y socioeconómicos, del reino: la Casa de Ganaderos o cofradía de san Simón y san Judas. Un objetivo que forma parte de un proyecto futuro más ambicioso al no disponer todavía hoy de una monografía de entidad para el conjunto de Aragón. Dicho objetivo no es otro que el estudio de la ganadería aragonesa en su

7 GADDIS, J. L., El paisaje de la historia: cómo los historiadores representan el pasado, Barcelona: Anagrama, 2004, p. 192.

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conjunto en la época moderna y, más concretamente, de las relaciones, no siempre pacíficas, que se dieron a todos los niveles entre las tres áreas ganaderas tradicionales por excelencia: Pirineos, Valle del Ebro y Sierras turolenses.

Ahora bien, lo que no ha cambiado ha sido el intentar estudiar el pasado desde el presente, si bien «es en el pasado y en el futuro donde se ve el presente»8. Pero cada nueva generación debe reescribir la historia contestando a las viejas preguntas con nuevas respuestas porque, como ya advirtió en su día Collingwood, «en la historia, como en todas las cuestiones fundamentales, ninguna conquista es definitiva»9. En este sentido, desde el principio entendí que el buen historiador es el que hace buenas preguntas. La Casa de Ganaderos de Zaragoza ya había sido estudiada antes que yo por otros prestigiosos investigadores, no de forma específica en el siglo XVI, pero ya se contaba en los años noventa con algunos estudios particulares, eso sí, como los de Marín y Peña, Pilar Faci y Fernández Otal, por citar los más representativos. Sin embargo, nos propusimos el profesor Colás y el autor de estas líneas, partiendo del conocimiento que yo tenía de las fuentes, interrogarlas de forma distinta a como se había hecho hasta ese momento, para lograr con ello nuevas respuestas. En este sentido, a nadie se le escapa que toda investigación está condicionada por el número de fuentes de las que disponemos, en nuestro caso copiosas, y por la pregunta que nos formulamos ante nuestro objeto de estudio. La pregunta o problema, y su correspondiente hipótesis, fue el punto de partida de nuestras pesquisas. Particularmente, desde el principio, hubo una pregunta que me atravesó como especialista, si se me puede llamar así, en el siglo XVI: hasta qué punto ser cofrade y miembro de la Casa en ese siglo era más un medio, que un fin en sí mismo, de disfrutar de una condición privilegiada que reportaba, además, importantes beneficios económicos en el marco de una sociedad que se regía más por el poder y el privilegio que por el dinero. Esta pregunta, obviamente, implicaba otras: ¿quiénes se beneficiaban realmente de esa condición privilegiada? ¿Por qué la Corona hizo tales concesiones y por

8 La cita es del jesuita portugués Antonio Vieira, que vivió en el siglo XVII entre la Europa del Barroco y el Brasil colonial. Para él, el presente no sería sino el reflejo fugaz de las cosas pasadas y por venir. La cita en GRUZINSKI, S., ¿Para qué sirve la historia?, Madrid, Alianza Editorial, 2018, p.

39.

9 La cita está tomada de FUSTER, Fr., Introducción a la Historia, Madrid, Ediciones Cátedra, 2020, p. 28.

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qué dichos privilegios seguían vigentes en el siglo XVI? ¿Por qué monarcas autoritarios como Carlos I o Felipe II siguieron siendo respetuosos con el disfrute de esos privilegios por parte de la Casa? ¿Se convirtió la Casa en un instrumento más que servía directamente a los intereses de la monarquía o, por el contrario, siguió conservando altas dosis de independencia? No es que no nos interesara el potencial económico de la cabaña zaragoza, era muy importante determinarlo, sino que nos atraía mucho más la posibilidad de redefinir con mayor precisión y rigor la vigencia conceptual del privilegio, el descubrir si este en pleno siglo XVI en Aragón conservaba todavía toda su carga feudal o si, por el contrario, era algo meramente nominal. Y esto era difícil conseguirlo si no conocíamos la estructura y funcionamiento de la institución en el Quinientos. De ahí la cantidad de páginas de este trabajo que se dedican a estudiar el funcionamiento interno de una cofradía que, poco a poco, fue perdiendo su carácter religioso, acentuando el gremial o profesional.

Como ha subrayado el historiador francés Antoine Prost10, la primacía de la pregunta sobre el documento trae consecuencias. Una de ellas es que el cambio de pregunta exige el cambio de fuentes y, por ende, de metodología (algo de lo que hablaré más adelante).

Ahora bien, este énfasis en las prácticas documentalistas no puede ser ajeno a los ejercicios permanentes sobre la función y el uso de la escritura de la historia y la construcción de la memoria en una sociedad como la nuestra signada por la inmediatez, lo ligero que dice Lipovetsky11, y la imagen12. Esto es algo que asumimos desde el principio, si bien entendimos que nuestra fuente de estudio fundamental iba a ser los libros de Actos Comunes, ya que en ellos se condensaba la historia viva de la institución: ordenanzas, decisiones y legislación detalladas de las prácticas ganaderas que denotan, además, un alto nivel de institucionalización de la organización en el siglo XVI. Este alto grado de sofisticación institucional le permitió a la Casa una efectiva defensa legal de los individuos y del propio colectivo ganadero en todo lo tocante a la protección de la cabaña y el acceso a pastos y agua. Ahora bien, la existencia de documentos, pensemos que la Casa cuenta con el archivo ganadero más completo de toda la Península Ibérica, no presupone la

10 PROST, A., Doce lecciones sobre historia, Madrid, Cátedra, 2016, pp. 93-94.

11 LIPOVETSKY, G., De la ligereza, Barcelona, Anagrama, 2016.

12 BETANCOURT MENDIETA, A., «Una experiencia vivida: entre las Ciencias Sociales y las humanidades», en CORTÉS GUERRERO, J.D., et al., Los historiadores colombianos y su oficio.

Reflexiones desde el taller de la historia, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, 2017, pp. 29-30.

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existencia de un discurso histórico, ya que, para aprehender el pasado, el historiador necesita encerrarlo en una red de preguntas sin escapatorias, obligarlo a que confiese, parafraseando a Marrou13.

De lo anterior se infiere que nuestro oficio de historiadores consiste, entre otras cosas, en una continua tarea de selección (periodos, hechos, fuentes, método, etc.), por lo que no existe historia sin historiador, como señala el profesor Francisco Fuster14. A mayor cantidad de fuentes y datos, más difícil será el trabajo de selección, aceptando que podemos saber cosas de la Casa, en nuestro caso, pero nunca podremos conocer el pasado de la institución en su totalidad15. Todo ello asumiendo que estamos obligados a edificar nuestra memoria sobre cimientos de elecciones y preferencias, sobre argamasa de subrayados y omisiones, lo que implica desconfiar del documento que se presupone nos proporciona un conocimiento exacto del pasado16. Los textos, decía Febvre, suenan de forma diferente según la época17. No obstante, para contrarrestar el escepticismo radicalmente antipositivista, podemos indagar en el interior de los textos, a contrapelo (como sugería Walter Benjamin) de las intenciones de quien los produjo (en nuestro caso la Casa de Ganaderos), sacando a la luz voces no controladas: por ejemplo, la de las mujeres de los ganaderos o de los pastores18.

Hace tiempo Carr señalaba que el historiador se halla vinculado estrechamente a su época. La gran historia, decía, se escribe cuando la visión del pasado que tiene el historiador se ilumina con sus conocimientos de los problemas del presente19. A este respecto, en más de una ocasión insistió Febvre en que el historiador debe vivir primero e

13 MARROU, H. I., Del conocimiento histórico, Buenos Aires, ed. Per Abbat, 1985, p. 38.

14 FUSTER, Fr., Introducción a la Historia…, op. cit., p. 38.

15 Sobre la imposibilidad de conocer todo véase DUBY, G., Diálogo sobre la Historia:

conversaciones con Guy Lardreu, Madrid: Alianza, 1988, p. 39

16 Según Jean Philippe de Tonnac, «Lo que llamamos cultura es, en realidad, un largo proceso de selección y filtro. Colecciones enteras de libros, de cuadros, de películas, de cómics, de objetos de arte han sido confiscadas por el inquisidor, han desaparecido en las llamas, o se han perdido por simple negligencia ¿Eran lo mejor del inmenso legado de los siglos anteriores? ¿Eran lo peor? En el campo de la expresión creativa, ¿hemos escogido pepitas o lodo?» Vid., ECO, U. y Jean-Claude CARRIÈRE, J. C., Nadie acabará con los libros, Barcelona, Lumen, 2010, p. 12.

17 FEBVRE, L.; FÉRNANDEZ BUEY, Fr.; ARGULLOL, E., Combates por la historia…, op.cit., p.

29.

18 GINZBURG, C., El hilo y las huellas…, op. cit., pp. 14-15.

19 CARR, E., ¿Qué es la historia?... op. cit., p. 113.

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investigar después, para que de ese modo sus vivencias pasen a formar parte de sus investigaciones20. Y en este sentido mi interés en los últimos años por temáticas como el pensamiento histórico, las epistemologías críticas o la historia global21 me ha llevado a esforzarme por comprender críticamente los hechos sociales desde una perspectiva temporal que ayude a entender los cambios y permanencias de la sociedad, en un momento en el que el pensamiento histórico se encuentra en retirada frente al vértigo de lo contingente y en el que parece que el papel del historiador es recordar a la gente lo que quiere olvidar22. Porque la historia que conocemos está determinada por nuestra visión de presente. No en vano mi investigación de la Casa de Ganaderos ha estado marcada por este condicionante de tipo instrumental que diría el historiador Julio Aróstegui23, derivado del proceso cognoscitivo que realiza todo historiador24. Por ello desde el principio tuvimos claro que este estudio no podía quedar anclado solo a la corriente institucionalista, sino que debía trabajar con una realidad mediata (la documentación generada por la Casa desde el siglo XIII al XVI),debía tratar de captar aquellos procesos diacrónicos que se repiten en el tiempo, tendiendo siempre a la globalización, a ver qué hay de común o de universal en lo distinto o individual, y debía abogar por la interdisciplinariedad (más que tomar conceptos, las otras ciencias nos han aportado métodos e inspiración)25, sin caer en el peligro de la excesiva fragmentación de la que habla Peter Burke26. No sé si lo habremos conseguido, pero esa era nuestra intención: destacar, al estilo braudeliano, las conexiones entre diferentes campos del afán humano.

20 La cita la recoge FUSTER, Fr., Introducción a la Historia…, op. cit., p. 67.

21 GRACIA ARMISÉN, D., «Descolonizando la memoria: los pueblos sin historia vistos desde la historia global», en Apuntes al Derecho desde la investigación, Corporación Universitaria Americana, Medellín, 2020, pp. 112-132.

22 Sobre el tema del olvido véase RIEFF, D., Elogio del olvido: las paradojas de la memoria histórica, Debate, 2017. Sobre la diferencia entre memoria e historia, vid., GONZÁLEZ CALLEJA, E., Memoria e historia: vademécum de conceptos y debates fundamentales, Madrid, Libros de la Catarata, 2013.

23 ARÓSTEGUI, J., La investigación histórica: teoría y método. Historia Contemporánea, Barcelona, Crítica, 1995, pp. 304-305.

24 FUSTER, Fr., Introducción a la Historia…, op. cit., p. 31.

25 Ya Febvre en Combates por la historia (1952) abogaba por ello. En esta línea, en nuestro estudio hemos echado mano del derecho, de la antropología, de la geografía, de la antropología, de la economía o la historia medioambiental, por citar algunos ejemplos. Acerca de esta cooperación interdisciplinaria véase también BRAUDEL, F., et al., La historia y las ciencias sociales, Madrid:

Alianza editorial, 1970.

26 BURKE, P., Historia y teoría social, Buenos Aires, Amorrortu, 2007. En esta obra Burke habla del provincialismo, dado que generalmente los historiadores se especializan en una región en particular, en lugar de considerarla una combinación singular de elementos, cada uno de los cuales tiene su paralelo en otros lugares (pp. 16-17).

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Todo historiador, una vez planteada la hipótesis, pero antes de iniciar el proceso de recogida de información, necesita un guion de trabajo, por provisional que sea. A este respecto, Umberto Eco27 decía que lo primero que debe tener un doctorando como yo son tres cosas: el título, la introducción y el índice. Obviamente, todo lo que se plantea antes de empezar una tesis es hipotético y, en nuestro caso, se modificó varias veces hasta adquirir la forma que hoy tiene. Así, por ejemplo, ha ocurrido con la introducción que se redactó en dos ocasiones: la primera ab initio, con objeto de vencer ese miedo al vacío, y la segunda una vez finalizado el trabajo. Intentamos, además, desde el primer momento, que la tesis reuniera tres dimensiones: la novedad, la utilidad y la altura en el raciocinio, así como la densidad necesaria para hacer de ella un buen peso pesado intelectual28. Desde el principio intentamos cumplir con cuatro reglas básicas para elegir convenientemente el tema: que fuera de mi agrado, que las fuentes fueran asequibles y manejables, y que el cuadro metodológico de la investigación fuera acorde a mi experiencia29.

Lo primero que decidimos fue ubicar cronológicamente nuestro proyecto en el siglo XVI, entre otras cosas porque fue un siglo con grandes cambios que implicaron, entre otras cosas, un notable auge económico. Un siglo30 en el que los cambios experimentados por la sociedad aragonesa, las contradicciones inherentes al crecimiento demográfico y económico, así como el enfrentamiento entre dos concepciones distintas del poder (absolutismo y pactismo) no hicieron otra cosa que la de agravar más si cabe las tensiones que encerraba la fragmentación del poder. Por ello la inadecuación de la estructura política a la realidad socioeconómica favoreció la sucesión ininterrumpida de una gran violencia, deudora en parte de su tiempo, pero en gran medida resultado del anquilosamiento de unas estructuras políticas y sociales que todavía podían calificarse de medievales31. Zaragoza, en este mundo de tensiones continuadas entre monarquía y reino, gozará de un especial protagonismo por su capitalidad, así como por la trascendencia de las inquietudes y

27 ECO, U., Cómo se hace una tesis, Barcelona, Editorial Gedisa, 2014.

28 A este respecto véase SÁNCHEZ BELTRÁN, E.; FERNÁNDEZ DOMINGO, J. Ig., Haciendo una tesis, Valencia, Tirant lo Blanch, 2012, pp. 21-25.

29 Vid., ECO, U., Cómo se hace una tesis…, op. cit., p. 25.

30 Preferimos hablar de siglo y no de periodo porque no responden al mismo propósito. Y si en ocasiones coinciden no es sino por comodidad. A este respecto véase LE GOFF, J., ¿Realmente es necesario cortar la historia en rebanadas?, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2016, p. 12.

31 COLÁS LATORRE, G.; SALAS AUSENS, J.A., Aragón en el siglo XVI: alteraciones sociales y conflictos políticos, Departamento de historia moderna, Universidad de Zaragoza, 1982.

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reivindicaciones que tendrán lugar en la capital del reino, convirtiéndose, por otro lado, en la gestora de la función comercial y el principal núcleo de concentración del capital mercantil. Como puede verse, había razones más que suficientes para justificar el interés por un siglo sumamente atractivo y lleno de grandes cambios y que, tradicionalmente, fue tratado como un apéndice de la política austracista, sin profundizar en los aspectos políticos y socioeconómicos de un reino que poseía sus propias señas de identidad que le diferenciaban del resto de territorios peninsulares. Por ello, siguiendo esta línea, nos fijamos como objetivo primordial determinar la verdadera relevancia de la Casa de Ganaderos de Zaragoza, no solo en lo económico, sino también en lo sociopolítico, llegando a discernir las relaciones de la Casa con las otras zonas ganaderas tradicionales (Pirineo, comunidades de aldeas de Calatayud, Daroca, Teruel y Albarracín). Este fue, en verdad, nuestro primer ejercicio realmente científico. Luego vendría el diseño de un esquema esencial.

Dicho esquema lo pergeñamos antes inclusive de llevar a cabo la consabida introducción. Inicialmente, comportaba en su desarrollo unos doce puntos, un tanto inconexos, a considerar. Luego, conforme nuestro discurso se fue enriqueciendo lectura tras lectura, consulta tras consulta, esos doce puntos se convirtieron en los siete capítulos que componen este cañamazo básico sobre la Casa de Ganaderos de Zaragoza en el siglo XVI. Los cuatro primeros capítulos se centran en el origen de la institución ganadera, así como en su organización interna, poniendo especial énfasis en su condición privilegiada y en la compleja actividad que gestionaba desde la más minuciosa administración económica y gremial. En este sentido, la Casa de Ganaderos constituye un claro exponente en Aragón de esas cofradías de carácter artesanal (si bien también en el caso que nos ocupa con fuerte carácter religioso y benéfico-asistencial), poseedoras de tierras, árboles o ganado, según decía Joaquín Costa, que surgieron en Europa a lo largo del siglo XIII.

Interés aparte merece la situación privilegiada que la Casa todavía disfrutaba en el siglo XVI y cuyo origen se remonta al medievo, cuando a la ciudad de Zaragoza se le otorgaron buena parte de los privilegios y exenciones que todavía pervivían en la época de los Austrias con la aquiescencia de estos. Lo anterior nos permitió entender mejor en qué medida la Casa constituyó o no un obstáculo al desarrollo de otros grupos ganaderos y al

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desarrollo agrario. La consulta de los fondos de la Casa permite constatar cómo continuamente se apelaba a los derechos privativos de la ciudad y de la cofradía en materia de pastos. Los ganaderos de Zaragoza, tras varios siglos transcurridos desde su concesión, aunque periódicamente renovados por los monarcas, los invocan constantemente ante su Justicia cuando son transgredidos, lo que hace plantearse la efectividad de los mismos.

Igualmente, el análisis de la documentación generada por la Casa permite dar cuenta de la interrelación entre las actividades pecuarias y la foralidad aragonesa, pues esta desde su plasmación en textos reguló múltiples aspectos relacionados con la ganadería.

El capítulo cinco se centra en los privilegios de la ciudad sobre pastos, la denominada pastura universal y el Privilegio de Veinte, así como en los conflictos y pleitos derivados del ejercicio de esa pastura universal. Conviene recordar a este respecto cómo ciertas universidades gozaban de determinados privilegios reales que no hacían más que acentuar su autonomía. En ocasiones, estos privilegios, concedidos en momentos puntuales por la monarquía sin delimitar exactamente sus contenidos, fueron convertidos por las minorías dominantes en un instrumento de poder del que hacían uso según su conveniencia. Este es el caso del llamado Privilegio de Veinte que la oligarquía de Zaragoza, y como parte integrante de ella la Casa, utilizó de forma sistemática contra sus enemigos e incluso contra los propios fueros, de forma especial en el siglo XVI. Así es como un privilegio, concedido para favorecer la repoblación de la ciudad poco después de su conquista, se va extendiendo abusivamente, con graves perjuicios para el reino, a decir de Asso32. Llegándose a convertir en su áncora sacra, en palabras de Lupercio Leonardo de Argensola33, a lo que no poco contribuyó el favor o tolerancia de los reyes que se sirvieron de este privilegio porque Zaragoza siempre pendía del voluntad real.

Respecto al régimen de pastos, hay que decir que su excepcional organización jurídica dimanaba de los privilegios dados a Zaragoza desde la Reconquista. La nota fundamental

32 ASSO, I. J., Historia de la Economía política de Aragón, Zaragoza, 1798, (hay reedición facsimilar con prólogo e índices de José Manuel Casas Torres del año 1947 y una nueva reedición con Prólogo de Antonio Higueras del año 1982).

33 LEONARDO DE ARGENSOLA, L., Información de los sucesos del Reino de Aragón en los años de 1590 y 1591, en que se advierte los yerros de algunos autores, Zaragoza, Edizions de l'Astral y El Justicia de Aragón, 1991.

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radicó en el derecho de los vecinos de Zaragoza de apacentar y abrevar sus ganados dentro de su término y de los demás términos donde pasten otros ganados. En este privilegio, que no supone otra cosa que la exención del derecho de alera foral por atentar directamente contra la solidaridad económica, se halla el origen de lo que conocemos como pastura universal. Lo curioso del caso es que la frase de la concesión no deja de ser protocolaria y similar a la que encontramos en otros fueros de repoblación, sin embargo, por distintos motivos (lo numeroso de la cabaña zaragozana, la imposición de la trashumancia ante la falta de terreno capaz de alimentar a la cabaña, la capitalidad ejercida por Zaragoza o el papel ejercido por la Casa) una frase protocolaria adquirió carácter de fuero con el consiguiente perjuicio para unos agricultores que no podían cercar sus campos sin verse abrumados de pleitos. No obstante, los enfrentamientos no solo se producirán entre agricultores y ganaderos, sino entre los propios ganaderos, pues no hemos de olvidar que los privilegios de los ganaderos zaragozanos entraban en pugna con los reconocidos derechos de otras asociaciones ganaderas, particularmente las pertenecientes a las Comunidades de aldeas que, lejos de resignarse, se oponían con fuerza.

Por último, un aspecto de gran complejidad en lo tocante al régimen municipal de pastos es todo lo concerniente a la dehesa de la ciudad. Es muy poco, por no decir nada, lo que se ha escrito hasta la fecha acerca del tema de los acampos de la dehesa con anterioridad a la famosa escritura de las dieciocho parideras del año 169934. Precisamente, uno de los tratos de favor de la ciudad hacia la Casa era el reparto anual de las hierbas de la mencionada dehesa, que la ciudad arrendaba a bajo precio. Lo que es claro, por otro lado, es la existencia de estos acampos, parte constitutiva de la dehesa que la ciudad arrendaba a la Casa para el disfrute tanto de los habitadores y vecinos de la ciudad como de los cofrades, mucho antes de la fecha que tradicionalmente se venía apuntando a finales del siglo XVII. En este sentido, la lectura de las distintas tributaciones o contrato de arriendo de la dehesa (conservadas casi todas en el archivo de la Casa o en el Archivo Municipal de Zaragoza) son bastante esclarecedoras, aportando numerosa información acerca del funcionamiento interno de la cofradía, así como de las relaciones existentes

34 GERMÁN ZUBERO, L., «Acampos. El proceso de privatización de los pastos en Zaragoza (1699-1901)», Agricultura y Sociedad, 79 (1996), pp. 85-115.

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entre agricultura y ganadería. Sin embargo, el aspecto más complejo es el referido al reparto de las hierbas de la dehesa de la ciudad (que aparece recogido en las Actas de la Casa o en las distintas ordinaciones) que se hacía anualmente entre los ganaderos de la ciudad, entre los que se repartía entre 34 a 38 particiones o acampos.

En el capítulo sexto abordamos la cabaña zaragoza en cifras y la producción derivada de la actividad ganadera zaragozana, en un intento de cuantificar el ganado concentrado en la ciudad y sus barrios. Ahora bien, la cifra total obtenida, mas no real, aparece expresada en cabezas ovinas, tal que una vaca equivalía a tres ovejas, por lo que no es sencillo determinar el número real de cabezas para cada especie. Esta evolución de la cabaña resulta muy interesante, no solo por el estudio de las diferentes fluctuaciones que se produjeron durante la centuria por diferentes motivos (aumento demográfico, roturaciones, climatología, enfermedades del ganado, etc.), sino porque nos permite establecer comparaciones con otras zonas y asociaciones ganaderas, para así poder ponderar mucho más la importancia que tuvo la Casa en el reino desde el punto de vista económico, político y social. Si algo revela el análisis de la cabaña es el predominio del ovino sobre el resto de las actividades económicas.

Por último, en el capítulo séptimo nos ocupamos del tejido social de la Casa, de la condición socioeconómica de los cofrades. Desde finales del siglo pasado, el panorama historiográfico aparece como un universo en continua expansión y fragmentación. Frente al paradigma tradicional, se han constituido nuevos sujetos del pasado, mientras que los objetos tradicionales de la investigación histórica han conocido un enfoque distinto. Es así como, frente a la historia de los grandes personajes, emergió el germen de lo que pasó a denominarse la historia desde abajo o la historia de la gente corriente, cuyos principales valedores fueron E. P. Thompson35 , G. Rudé36 y Hobsbawm37. No obstante, fue Le Roy

35 THOMPSON, E. P., La formación histórica de la clase obrera: Inglaterra 1780-1832, Barcelona, Laia, 1977. Sobre los estudios subalternos véase un estudio pionero: GUHA, R., Las voces de la historia y otros estudios subalternos, Barcelona, Crítica, 2002.

36 RUDÉ, G., La Multitud en la historia: estudio de los disturbios populares en Francia e Inglaterra, 1730-1848, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971.

37 HOBSBAWM, E. J., Trabajadores. Estudios de historia de la clase obrera, Barcelona, Crítica, 1979, constituye una recopilación de sus principales artículos de historia social sobre la clase trabajadora. Véase también HOBSBAWM, E.J., Sobre la Historia, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 183- 189; MIGUEL GONZÁLEZ, R., «Eric J. Hobsbawm, la Historia desde abajo y el análisis de los agentes

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Ladurie y su Montaillou38 quien demostró que la historia desde abajo podía resultar atractiva e igualmente válida para periodos anteriores a la Revolución Francesa. Y algo así es lo que hemos pretendido con la identificación exhaustiva, no solo de los cofrades de la Casa en el siglo XVI, sino también de todos aquellos ganaderos de la ciudad que manifestaban ganado, pero no eran cofrades. Esta tarea prosopográfica no ha resultado sencilla porque muchas veces los querellantes o los declarantes de ganado suelen ser pastores, mayorales o ganaderos al servicio de otras personas, omitiéndose el nombre del propietario. En la medida de lo posible, hemos intentado indagar acerca de la condición social de los cofrades (señor laico, eclesiástico, infanzón, etc.), su ocupación, residencia habitual, número de pastores que poseía, así como en los cargos que desempeñaron dentro y fuera de la cofradía (Concejo, Diputación, Justiciazgo, por citar unos ejemplos). Todo esto se ha podido conseguir gracias a la consulta de los Actos Comunes de la Casa, tributaciones, Actas Comunes del Concejo de la ciudad, bastardelos, pregones o cajas rojas conservadas en el Archivo Municipal, Archivo de la Diputación (lista de insaculados), protocolos notariales (donde existen protocolos que incluyen amplios dosieres acerca de la explotación de herbajes, arrendamientos de dehesas y compra-venta de ganado), Archivo Diocesano, así como dos listados completos de cofrades que se conservan de la Casa de los años 1544 y 1549. Toda esta ardua labor ha sido indispensable para poder determinar la participación de los distintos estamentos y grupos sociales en las labores rectoras de la institución ganadera, así como para determinar su presencia en el tejido social de dicha institución e identificar los atractivos que la Casa ofrecía, sobre todo, a los miembros de la oligarquía zaragozana para formar parte de ella.

No me gustaría terminar esta primera parte introductoria sin referirme a lo que el historiador franco-polaco Krzysztof Pomian39 denomina marcas de historicidad. Me estoy refiriendo a las citas a pie de página, sobre todo, que permiten al historiador cubrir los vacíos provocados por los silencios que dejan las huellas. Podemos estar de acuerdo con el profesor José Enrique Ruiz-Domenec40 en que hoy en día, en ocasiones, se abusa de la

históricos», Rubrica contemporánea, [en línea], 2013, Vol. 2, Núm. 04, pp. 5-22, https://www.raco.cat/index.php/rubrica/article/view/286531 [Consulta: 22-11-2020].

38 LE ROY LADURIE, E., Montaillou, Madrid, Taurus, 2019.

39 POMIAN, K., Sobre la historia, Madrid, Cátedra, 2007, p. 27.

40 RUIZ DOMÉNECH, J. E., El reto del historiador, Barcelona, Península, 2006, p. 13.

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jerga y se exagera el uso de las notas a pie de página. En este sentido, es verdad que hemos pretendido en este trabajo aunar lo dulce con lo útil, como decía el poeta romano Horacio41, creo que, sin conseguirlo, pero en ningún caso hemos renunciado a esas marcas de historicidad que definen al análisis histórico y le confieren una materialidad que le diferencia de otros saberes y que además tienen la función de hacer tangible el oficio del historiador, la arquitectura sobre la cual se asientan sus argumentos42. Y lo anterior cobra más importancia si cabe en el momento presente en el que el sistema nos impone a los historiadores, en términos de publicación de artículos en revistas especializadas, renunciar a usar las notas a pie de página, las citas de fuentes y documentos, el uso de notas aclaratorias, el análisis crítico de fuentes, el laboratorio que nos permite efectuar los análisis. No es que la historia pueda reducirse al uso de notas a pie, pero es claro que nuestro trabajo se opaca bajo la urgencia de resultados, mientras que la lectura reposada y el goce que produce el sistema de referencias y citas cuidadosamente presentadas se convierten en una entelequia de eruditos. Parece claro que la lógica capitalista está modificando las prácticas propias del oficio, nuestra arquitectura de trabajo, así como la forma en que debe construirse y presentarse el saber histórico43.

41 La cita en FUSTER, Fr., Introducción a la Historia…, op. cit., p. 18.

42 Véase CARDONA, P., Y la historia se hizo libro, Medellín, Universidad EAFIT, 2013, pp. 16- 17.

43 Ibidem, pp. 13-14.

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METODOLOGÍA Y FUENTES

Coincidimos con Marrou44 en que es fundamental que el historiador honesto no solo debe aportar las marcas de historicidad, sino que es fundamental que explique, que argumente, qué metodología de trabajo ha seguido y por qué motivo ha escogido esa y no otra. Aunque Veyne45 afirmó que la historia carece de método, sabemos que no es así. No es una ciencia exacta, pero eso no significa que no utilice un método sistemático y riguroso, que se acerque lo más posible al método científico, con el que pretendemos obtener un saber bien fundamentado.

Para el profesor Julio Aróstegui, el comportamiento temporal de la realidad humana, que es la clave de la historia, es muy difícil de encuadrar en explicaciones teóricas de validez universal. Y esta es la principal razón por la cual para muchos la historia se aleja de la imagen correcta de un conocimiento científico. Ahora bien, si la historiografía puede establecer con claridad que existe un objeto histórico, de ello puede inferirse que también debe existir un método capaz de investigar dicho objeto. Pero, como lo histórico es un atributo de lo social, su estudio y método tendrán que estar incardinados dentro de lo social. No obstante, lo anterior no significa que el método histórico carezca de especificidad46. Siguiendo al mismo autor, el método histórico tendría tres peculiaridades distintivas: su tratamiento de una realidad casi siempre mediata (sus fuentes son huellas y restos, indicios), su necesidad de captar siempre el proceso (diacronía) y su necesidad de globalización47.

44 MARROU, H. I., Del conocimiento histórico…, op. cit., p. 29.

45 VEYNE, P., Cómo se escribe la historia. Foucault revoluciona la historia, Madrid: Alianza Editorial, 1984, p. 10. La historia no es sino una novela verdadera, dice Veyne, un relato de acontecimientos verdaderos, una narración que no existiría sin la intervención del historiador. En idénticos términos se expresaba WHITE, H., El texto histórico como artefacto literario, Barcelona, Paidós, 2003, p.54, al calificar la historia como un conocimiento de segundo orden.

46 ARÓSTEGUI, J., La investigación histórica: teoría y método, Barcelona, Crítica, 2001, pp.

328 y 351-352. La posibilidad de aplicar un método científico-social al estudio de la historia ha sido siempre muy discutida y ha dividido la opinión de los historiadores: Droysen Seignobos, Berr, Bloch, Pierre Villar, Braudel, Topolsky, Koselleck o Ch. Tilly.

47 Ibidem, pp. 355-357. No obstante, en la actualidad el método histórico debe conjugar tres problemas importantes para perfeccionarse: su escaso nivel de formalización metodológica, la carencia de un lenguaje distintivo, los escasos instrumentos técnicos y teóricos de los que dispone para aprehender una realidad tan compleja y la recurrente dificultad de conjugar lo sistemático con lo secuencial (p. 357). Un excelente resumen de las dificultades ontológicas e instrumentales

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En este trabajo hemos intentado ajustarnos a las últimas tendencias en lo referente a enfoques y métodos de investigación en las ciencias sociales y humanas. Siguiendo al profesor Alexander Ortiz, partimos de una triada epistemológica que define nuestra postura acerca del proceso de investigación científica en las ciencias humanas y sociales:

enfoques, metodologías y método de investigación. Podríamos decir que nuestra investigación responde a un enfoque histórico-hermenéutico, a una metodología interpretativa-comprensiva, y a un método de investigación documental.

El enfoque no es otra cosa que la orientación metodológica de la investigación, la dirección que tomará la investigación. Hoy la ciencia y la investigación se estudian a través de los tres enfoques (o paradigmas dicen otros) propuestos por Habermas: empírico- analítico, crítico-social e histórico-hermenéutico, que se corresponden con otros tantos tipos de acciones constitutivas del mundo de la vida (el trabajo, la interacción social y el lenguaje, respectivamente). La presente investigación responde al enfoque histórico- hermenéutico, para quien la realidad, el objeto de estudio, no solo está constituido por hechos o datos exclusivamente, sino que es necesario abordarla con mayor profundidad para descubrirla48. Y en este sentido, no está de más recordar que el trabajo del historiador con fuentes consta, sobre todo, de dos grandes etapas: la heurística, consistente en la búsqueda e identificación de las huellas o reliquias del pasado que puedan servirnos como documentos; y la hermenéutica49 o fase de interpretación o exégesis del material recopilado. En consecuencia, como señala el historiador español Enrique Moradiellos, el primer acto del historiador será descubrir, identificar y discriminar esas reliquias, que pasarán a ser las pruebas o fuentes documentales primarias sobre las que construirá su relato. Ahora bien, es evidente que la labor del historiador no es una mera descripción de los hechos del pasado. Su tarea consiste en la construcción de un pasado histórico en forma

inherentes al método histórico lo hallamos en FUSTER, Fr., Introducción a la Historia…, op. cit., pp.

30-34.

48 ORTIZ OCAÑA, A. L., Enfoques y métodos de investigación en las ciencias sociales y humanas, Bogotá, Ediciones de la U, 2015, pp. 9-19.

49 Los trabajos de Roger Chartier han abierto todo un campo para la comprensión de todo tipo de texto en su doble dimensión: una hermenéutica, de la que hacen parte los contenidos, los juegos retóricos y narrativos y el lenguaje utilizado en su enunciación; y otra denominada morfológica, de la que participan los soportes, materiales y condiciones materiales que permiten la existencia del texto. Vid., CHARTIER, R., El presente del pasado. Escritura de la historia, historia de lo escrito, México, Universidad Iberoamericana, 2005, p.27; CARDONA, P., Trincheras de tinta. La escritura de la Historia patria en Colombia, 1850-1908, Medellín, Universidad EAFIT, 2016, pp. 35-41.

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de relato narrativo a partir de las fuentes documentales primarias, mediante un método inferencial e interpretativo en el cual es imposible eliminar al propio sujeto gnoseológico, como hemos comentado con anterioridad. Porque si bien la labor hermenéutica es esencial, el relato del investigador no puede ser arbitrario, sino que debe estar apoyado y contrastado por las pruebas que tengamos50. Las fuentes de poco sirven si no hay un historiador con una metodología que le permita dotarlas de sentido, como tampoco podemos ignorar las relaciones entre las fuentes, los textos, y las condiciones sociales en las que aparecen, tal y como subraya Quentin Skinner51.

Según Mateo52, dentro del enfoque histórico-hermenéutico, existen unas

metodologías, orientadas a la comprensión de las acciones de los sujetos en función de la praxis, denominadas interpretativa-comprensiva53. Entendemos que estas metodologías centradas en la descripción y comprensión de lo que es único y particular del sujeto más, que en lo generalizable, son las que mejor se ajustan a nuestro trabajo, en el que nos interesa mostrar el carácter dinámico, múltiple y holístico de la realidad. Bajo esta modalidad han aparecido un conjunto de métodos que son clasificados de modo diferente según los autores. Uno de esos métodos descriptivos es la investigación documental, cuya expresión más característica la vemos en los estudios, como el nuestro, basados en archivos privados (recordemos que el archivo de la Casa es una archivo de este tipo) y oficiales, en los que la documentación puede ser entrevistada mediante las preguntas que guían la investigación y se les puede observar con la misma intensidad con que se observa un hecho social. En este sentido, la lectura de documentos es una mezcla de entrevista y observación54.

50 MORADIELLOS, E., El oficio de historiador, Madrid, Siglo XXI de España Editores, SA, 1994, pp. 8-9.

51 SKINNER, Q., Reason and Rhetoric in the Philosophy of Hobbes, Cambridge University Press, 1996.

52 MATEO, J., La investigación educativa. Dossier de Doctorado, Barcelona, Departamento de Métodos de Investigación y Diagnóstico: Universidad de Barcelona, 2001.

53 ORTIZ OCAÑA, A. L., Enfoques y métodos de investigación en las ciencias sociales y humanas…, op. cit., pp. 22-23.

54 Citado en GALEANO MARÍN, M. ª E., Estrategias de investigación social cualitativa: el giro en la mirada, Medellín: La Carreta, 2004, p. 114.

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Nuestro estudio responde a la perfección a las características de este tipo de investigación: es un estudio sistemático (realizado a partir de un plan de trabajo detallado), objetivo-subjetivo (aunque la subjetividad humana siempre está presente en el documento, se intenta eliminar lo arbitrario o fortuito), se realizó sobre un tema delimitado, se basó en fuentes documentales y se propone logar un todo unificado (se estructuran y ordenan los datos conocidos sobre el tema, de modo que sean contemplados como un todo). Nuestro proceso metodológico de investigación documental, siguiendo a Galeano55, constó de tres fases: diseño, gestión e implementación y comunicación de los resultados. Como en todo proceso investigativo, el primer momento corresponde al diseño de la investigación. En dicho diseño precisamos el tema y procedimos a la delimitación conceptual, temporal y espacial. Lo anterior implicó hacer una revisión previa de estudios anteriores y literatura relacionada con el tema de estudio, para intentar determinar con claridad qué se había escrito sobre el tema, desde qué punto de vista y con qué resultados56. También ese primer momento nos permitió acercarnos al ABC de la historia: la teoría, historiografía y metodología aplicada a la pregunta de investigación. Esta primera fase, en la que fuimos avanzando en la construcción del objeto de estudio, se estableció el estudio del arte (empleando técnicas de búsqueda, clasificación, registro, sistematización y análisis de la información), nos llevó más de un año, a pesar de que no había mucho publicado sobre la ganadería zaragozana en el siglo XVI. No obstante, queríamos conocer lo que se había escrito sobre otras instituciones ganaderas en otras latitudes e, incluso, en otra época. Era necesario conocer el contexto histórico, ver los cambios en el tiempo, para poder entender mejor a los actores de esta historia. Y es allí donde hay que apoyarse y dialogar con las fuentes primarias57.

El segundo momento de la investigación se centró en la búsqueda y selección de la información, lo cual exigió el rastreó e inventario de los documentos existentes y disponibles. En nuestro caso fue fundamental el inventario que en su día hizo Ángel

55 GALEANO MARÍN, M. ª E., Estrategias de investigación social cualitativa…, op. cit., pp. 116- 119.

56 ORTIZ OCAÑA, A. L., Enfoques y métodos de investigación en las ciencias sociales y humanas…, op. cit., pp. 65-66.

57 RAMÍREZ BACCA, R., Introducción teórica y práctica a la investigación histórica. Guía para historiar en las ciencias sociales, Medellín, Univ. Nacional de Colombia, 2010.

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Canellas58 del archivo de la Casa de Ganaderos de Zaragoza. Obviamente, este no fue el único archivo que visitamos. La clasificación, valoración y análisis de los documentos nos llevó a visitar gran parte de los archivos públicos de la ciudad y alguno privado como el de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País o el archivo del Real e Ilustre Colegio de Abogados de la ciudad. Con el paso del tiempo tuvimos que aprender a documentarnos en la era electrónica, a interrogar a las bases de datos, a sacar el máximo partido a todas las herramientas que teníamos a mano, a maximizar el trabajo de biblioteca y archivo59. Grosso modo, fueron más de cinco años los que dedicamos a la lectura cuidadosa de documentos, al rastreo, inventario y muestreo de documentos existentes y disponibles, a su validación, a la elaboración de notas y memos analíticos, a la lectura cruzada y comparativa de los documentos, a la construcción de categorías de análisis y su confrontación, al análisis, valoración e interpretación de fuentes. Por último, el tercer momento tiene que ver con la comunicación de los resultados, lo cual incluye el presente trabajo y la posterior socialización y discusión. No olvidemos que, a diferencia de lo que ocurre con otras investigaciones, en los estudios documentales un porcentaje significativo de lo investigado está ya escrito (el caso que nos ocupa no sería el caso) y la información llega para complementar o confrontar lo que se encuentra en los archivos60.

Respecto a las fuentes empleadas61, hace muchos años que Bloch y Febvre denunciaron ya la insuficiencia metodológica de un positivismo que, según su criterio, había quedado obsoleto, argumentando la necesidad de ampliar la categoría de fuente, en el marco de una historia interdisciplinaria. Como muy bien ha explicado el profesor Renán Silva, dejar hablar a las fuentes es una prudente consigna que todos los historiadores deberíamos tomar en serio, siempre y cuando esa consigna se entienda en el sentido kantiano de “poner el juicio en suspenso” y no como expresión de la ilusión positivista de

58 CANELLAS LÓPEZ, Ángel, El Archivo de la Casa de Ganaderos de Zaragoza. Noticia e inventario, Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», 1982.

59 A este respecto me fue de gran ayuda en los últimos años LÉTORNEAU, J. La caja de herramientas del joven investigador. Guía de iniciación al trabajo intelectual, Medellín: La Carreta Editores, 2009, pp. 35-76.

60 ORTIZ OCAÑA, A. L., Enfoques y métodos de investigación en las ciencias sociales y humanas…, op. cit., pp. 68-70.

61 Según ARÓSTEGUI, J., La investigación histórica: teoría y método…, op. cit., p. 380, fuente histórica sería en principio «todo aquel objeto material, instrumento o herramienta, símbolo o discurso intelectual, que procede de la creatividad humana, a cuyo través puede inferirse algo acerca de una determinada situación».

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que los documentos “hablen por sí solos” y que basta con citarlos para cumplir con la tarea fundamental de la disciplina histórica. Como señalaba Bloch, los documentos no hablan si no se les sabe interrogar. Intentar resolver un problema en el campo de la investigación histórica exige seleccionar adecuadamente los documentos, pero exige, sobre todo, trabajar esos documentos62.

Siguiendo al mismo autor, la revolución documental que se produjo en el siglo XX no fue el producto de la aparición de nuevos grupos de documentos ni de la revolución informática. Fue el resultado de una inversión de perspectivas. Una auténtica revolución copernicana en la disciplina, al más puro estilo kantiano, que no hubiera sido posible sin la vinculación de la historia con las demás ciencias sociales63. Hoy en día, la visión tradicional que asociaba la categoría de fuente a la documentación conservada en un archivo está superada. Las antaño denominadas “fuentes de archivo” son hoy día una fuente más, aunque en nuestra investigación tuvieron un papel muy importante, lo cual no quita que hayamos intentado emplear todos los textos a nuestro alcance. El maestro Febvre, tan sagaz como siempre, ya nos daba alguna pista: nunca debemos olvidar que la historia se hace con documentos, pero también puede y debe hacerse sin ellos, cuando no existen. Y eso es lo que hemos intentado hacer en nuestro trabajo, emplear todo lo que siendo del hombre depende del hombre, sirve al hombre, sugiere su presencia, sus gustos, sus actividades64. Por lo que podemos afirmar, tal y como subraya el profesor Enrique Moradiellos que

El conocimiento histórico es fruto de la labor de unos hombres, los historiadores profesionales, que trabajan sobre un material empírico singular (las pruebas y evidencias legadas por el paso del tiempo) siguiendo unos principios metodológicos formulados al compás de una práctica recurrente y aplicando unas técnicas de investigación desarrolladas socialmente y codificadas en repertorios canónicos de conductas gremiales65.

62 SILVA OLARTE, R., A la sombra de Clío, Medellín: La Carreta Editores, 2007, p. 51.

63 Ibidem, p. 55.

64 FEBVRE, L.; FÉRNANDEZ BUEY, Fr.; ARGULLOL, E., Combates por la historia…, op.cit., pp. 29 y 232; FUSTER, Fr., Introducción a la Historia…, op. cit., p. 53.

65 MORADIELLOS, E., «El concepto de historia contemporánea y la noción de documento histórico. Unas reflexiones sumarias y tentativas», en Revista de Estudios Extremeños, 2012, vol. 58, p. 425-438, especialmente la p. 435.

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Está claro que sin fuentes no hay conocimiento posible del pasado. Empleando criterios taxonómicos66, podríamos decir que desde un criterio intencional hemos empelado lo que Bloch denominaba testimonios voluntarios (en nuestro caso todo lo recogido en los Libros de Actos Comunes en los que encontramos relatos deliberados), pero también hemos empleado los no intencionales, testigos sin saberlo, como fuentes materiales (el casón de la Casa, el mobiliario conservado del Justicia de Ganaderos y otros objetos empleados por él) y culturales (documentación jurídica, económica o privada). Sin duda, son estas fuentes no intencionales, que no fueron escritas con la intención de dejar constancia de algo, las que más nos interesan en muchas ocasiones. Si partimos de un criterio posicional, hemos empleado tanto fuentes directas (toda la documentación generada por la institución) como indirectas (información sobre la Casa que hemos hallado en otras instancias de la ciudad y del reino, son fuentes mediatas o mediatizadas); mientras que si partimos de un criterio cualitativo, sobre todo, hemos empleado fuentes culturales, verbales, escritas, tanto narrativas como no narrativas.

En este sentido, la Casa de Ganaderos de Zaragoza es algo así como un oasis dentro de un desierto documental, al contar con un fondo generado por la propia institución desde la Edad Media hasta nuestros días, siendo esta continuidad cronológica la que confiere verdadera importancia a este archivo privado cuya consulta resulta imprescindible para el estudio de la historia económica, así como de las instituciones aragonesas con las que la Casa de Ganaderos mantuvo estrechas relaciones. El día a día de la institución era puntualmente asentado por el notario en dos registros: el de Actos Comunes, en el que aparecen reflejadas las deliberaciones del Capítulo, y el de Actos de la Corte del Justicia.

El notario era elegido en Capítulo, y si bien tenía la obligación de llevar ambos registros, solo el segundo permanecía en su poder, mientras que el registro de Actos Comunes permanecía en poder del Justicia. Es verosímil que desde finales del siglo XIV la Casa recogiera por escrito sus actuaciones, pero lo cierto es que de esta época no se conservan ni los libros de Actos Comunes ni los de Actos de Corte, ni tampoco figuran en los antiguos inventarios del archivo de los años 1677, 1771, 1814 y 1855. Sí que se conservan

66 Con relación a la nueva taxonomía de las fuentes históricas véase ARÓSTEGUI, J., La investigación histórica: teoría y método…, op. cit., p. 381-390.

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Actos de Corte del Justicia de Ganaderos desde el año 1567 hasta 1654, y los libros de Actos Comunes desde 1516 hasta nuestros días, salvo algunos años sueltos67.

Nuestra fuente principal de estudio fueron los registros de Actos Comunes de la cofradía desde el año 1516 hasta el año 1601, que se hallan depositados en el archivo de la Casa de Ganaderos. Respecto a su descripción y localización, los registros del siglo XVI no presentan, en cuanto a su estructura y disposición, diferencias sustanciales con respecto a los de épocas posteriores. Se trata de seis volúmenes o ligámenes de extensión desigual, manuscritos en papel y encuadernados en pergamino, de tamaño folio. Este abigarrado corpus documental de gran heterogeneidad presenta un buen estado de conservación, incluyendo a veces en su interior cuadernillos y papeles coetáneos cosidos o sueltos. Originariamente aparecían sin foliar, aunque ahora presenten foliación, fruto de las últimas catalogaciones (la de Vidal Torrens en 1907 y la de Ángel Canellas en 1982).

Hay que hacer constar cómo los distintos libros no presentan ningún tipo de índice, contraportada, capítulos o estructuración de los contenidos, que no sea el registro cronológico de la celebración de los distintos Capítulos, manifestaciones de ganado, actuaciones del Justicia, presentación de denuncias, etc. La disposición de los diferentes asuntos es por asientos de distinta extensión, en los que el notario suele anotar en los márgenes un resumen para facilitar su identificación. Además hay que señalar cómo el notario solía fechar los documentos según el estilo de la Natividad del Señor. A veces, al confluir varios notarios o escribanos, pueden darse varios estilos de escritura que, en general, son de buena factura sin que falten correcciones o tachaduras. En lo que al siglo XVI se refiere solo faltan los actos correspondientes a cuatro años aproximadamente (1537-1541), por motivos que desconocemos.

67 Vid., FERNÁNDEZ OTAL, J. A., «Los “Actos de Corte” del Justicia de Ganaderos de Zaragoza como fuente de historia medieval», VIII Jornadas sobre Metodología de la investigación científica sobre Fuentes Aragonesas, Zaragoza, 1993.

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Estos libros, que recogen los Actos Comunes de la Casa, se encuentran depositados actualmente en la sede social de la institución, sita en la calle de San Andrés, n.º 8, de Zaragoza. Aunque no fue siempre esta su ubicación, ya que durante el siglo XVI el archivo estuvo ubicado en la iglesia del Portillo, y después, a partir de una fecha aún por determinar, en san Pablo. Investigadores de la talla de Julius Klein han destacado lo valioso de este archivo, que en el momento presente está totalmente abierto al investigador, algo hasta hace cuarenta años difícil de conseguir. Parafraseando al profesor Ladero Quesada, las actas se convierten en una especie de espejo que, con sus distorsiones propias e inevitables de documentos que emanan de instituciones oficiales, refleja la cotidianeidad del microcosmos que constituían, en nuestro caso, para la ciudad de Zaragoza y su entorno68. Lo anterior no deja de resultar paradójico si tenemos en cuenta que el mundo pecuario, especialmente en nuestra época de estudio, era un mundo oral, regulado por la costumbre, sin contratos (esto explica quizá la poca documentación conservada de la primera época). Sin embargo, la Casa generó a lo largo de sus siglos de historia (especialmente a partir del siglo XV, que pondría fin a la tradición oral) una cantidad ingente de documentación, sin parangón con otros sectores productivos o instituciones de la época. Ahora bien, habrá que esperar al siglo XVI, en mitad de la burocratización impuesta por los Austrias mayores, para que la Casa empiece a generar series documentales bien diferenciadas que permiten estudiar, no solo la relación de la Casa con la ciudad, sino de las instituciones regnícolas con la Corona.

68 LADERO QUESADA, M. A., Libros de acuerdos del Consistorio de la ciudad de Zamora (1500- 1504), Zamora: Excelentísimo Ayuntamiento de Zamora, UNED, 2000, p. 34.

ACTAS DE SESIONES DEL SIGLO XVI

Lig. 19, Actos Comunes de los años 1516-1536, 450 fols.

Lig. 20, Actos Comunes de los años 1542-1554, 877 fols.

Lig. 21, Actos Comunes de los años 1555-1557, 606 fols.

Lig. 22, Actos Comunes de los años 1562-1568, 376 fols.

Lig. 23, Actos Comunes de los años 1569-1580, 395 fols.

Lig. 24, Actos Comunes de los años 1581-1601, 657 fols.

Referencias

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