APDEBA XI Jornadas de Niñez y Adolescencia Adolescencia y familia: Transformaciones y realidades 22, 23 y 24 de agosto 2013 Autora: Graciela Selener

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XI Jornadas de Niñez y Adolescencia

Adolescencia y familia: Transformaciones y realidades 22, 23 y 24 de agosto 2013

Autora: Graciela Selener

Introducción

En tiempos de dispersión, desgarro y fragmentación, se crean otras condiciones de producción de la subjetividad, y un desafío: pensar acerca de los vínculos y en la manera de habitarlos.

La ruptura del apuntalamiento en los ideales parentales y el resquebrajamiento de los garantes sociales aportan más vulnerabilidad y desamparo, creando un espacio social en constante movimiento propio de un mundo fluido. (Lewkowicz I. 2004)

Las condiciones de época caracterizadas por grandes cambios en las prácticas discursivas y múltiples visiones, nos demandan la necesidad de “crear enfoques y prácticas capaces de acoger la multidimensionalidad y la diversidad de la experiencia”. (D. Najmanovich)

Actualmente vivimos en una sociedad muy compleja con cambios tecnológicos y comunicacionales que han generado nuevas formas de vincularse.

Existen variados agentes de subjetivación en relación al adolescente, además de la familia. Los grupos de pares, la banda, otros adultos, lo tecnomediático, con los efectos propios que vulneran la diferencia entre realidad y ficción. (Rodulfo, 2004)

El saber instituido no cubre las necesidades actuales de la clínica, se hace imprescindible entonces, el análisis de la transformación de la subjetividad.

En las familias muchas veces, la transformación del adolescente como otro diferente, no coincide con las representaciones previas y resulta difícil transitar por la experiencia de habitar la situación del encuentro entre sujetos que no son a imagen y semejanza de lo imaginado.

Una lectura desde la vincularidad permitirá pensar en la construcción vincular como en un devenir en la producción con otro.

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¿Cómo pensar la adolescencia en tiempos de fluidez, dispersión, alteración permanente con discursos fragmentarios y fragmentados? En una situación donde lo catastrófico se define por la prevalencia del cambio por sobre lo que permanece.

¿Podemos abordar la adolescencia desde una categoría unificante?

Pensar la adolescencia hoy, es pensarla en condiciones contemporáneas con prácticas sociales dispersas que hacen imposible una categorización unificante.

Estas transformaciones afectan al sujeto adolescente y se constituyen en nuevos puntos de partida de su subjetividad.

Desde allí, concebimos la idea de adolescencias para permitirnos pensar desde una complejidad vincular proveniente de las múltiples configuraciones familiares, los vínculos con otros y lo social.

Un recorrido por las distintas perspectivas teóricas psicoanalíticas acerca de la comprensión de las adolescencias permitirá considerar las diferentes conceptualizaciones a partir de los discursos de cada época.

Breve historia del Psicoanálisis de la adolescencia

El psicoanálisis nace en el siglo XIX, en una época marcada por los valores de la modernidad y del positivismo científico, donde prevalecía la búsqueda de la verdad absoluta.

“El estilo cognitivo de la modernidad requiere del aislamiento disciplinario, supone contextos separados y depurados, no admite ni permite la conexión entre la ciencia y la política, la tecnología y las humanidades, el arte y el saber-hacer , la filosofía y el conocimiento pretendidamente positivo. El paradigma de la modernidad exige pureza y definición absoluta; no consiente la mixtura, la irregularidad, la ambigüedad y la transformación.”1(Najmanovich D.)

Enmarcada en esta forma de concebir el conocimiento, en un principio los adolescentes, eran un territorio inexplorado por el Psicoanálisis.

En la literatura psicoanalítica y en algunos escritos posfreudianos la argumentación es causalista y la biología marca el camino.

1Najmanovich, D: El desafío de la Modernidad, pág. 2, Art. 1er Seminario Bienal de Implicaciones filosóficas de las ciencias de la complejidad, La Habana.

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3 Es Freud quien en “Tres ensayos para una teoría sexual” (1901-1905) elabora la idea de que con la llegada en la pubertad se producen cambios en la sexualidad infantil:

a) Las pulsiones parciales se subordinan a la meta genital.

b) La pulsión sexual autoerótica se transforma poniéndose al servicio de la reproducción sexual.

c) Hay una renuncia a los objetos incestuosos y la posibilidad de instalarse en una identidad sexual estable.

d) Se produce una resignificación de lo intrapsíquico y de lo intersubjetivo.

Freud parte de la biología para conceptualizar sobre los aspectos sexuales y psicológicos de la pubertad siempre en relación al desarrollo sexual infantil.

Con el descubrimiento de la importancia de la sexualidad infantil, la adolescencia fue considerada como un puente entre la sexualidad infantil y la sexualidad adulta.

Además, era la sexualidad infantil la que determinaba las características de la adolescencia, considerada como una etapa de transición a la adultez.

Es Ana Freud quien en 1957 señala que la adolescencia recapitula la infancia y es atravesada por la modalidad del desarrollo infantil.

Peter Blos en 1970 la consideró como un “segundo proceso de individuación”, caracterizado por el desprendimiento de los lazos familiares, el aflojamiento de los vínculos objetales infantiles y la posibilidad de integrar el mundo adulto.

En los 60, Arminda Aberastury sostenía la idea de que el adolescente tiene que superar tres duelos: por los padres de la infancia, por el propio cuerpo infantil y por su propia niñez.

Estos autores ponen el acento en la transformación psíquica del adolescente, centrada en la reorganización de los conflictos infantiles, en la resignificación identificatoria y la reformulación de ideales.

Para ellos, las primeras experiencias infantiles son determinantes, únicas en la construcción del psiquismo. Son el origen de lo que sucederá en la adolescencia.

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Sin embargo, resulta difícil, en tiempos de dispersión, desgarro y fragmentación pensar en centralidades que no incluyen la multiplicidad que aporta la experiencia vincular.

La idea de un solo origen, el infantil, está suplementada por los distintos vínculos que se establecen a lo largo de la vida, por lo familiar y lo histórico social.

Una lectura desde la vincularidad

Isidoro Berenstein plantea “El psiquismo tiene la aptitud de recibir inscripciones de las experiencias significativas con los otros, ocurridas tanto en la infancia temprana o tardía como en la adolescencia, con la constitución de la pareja, de la familia, en otros enamoramientos o a partir de otros vínculos.”2

El vincularse genera efectos subjetivantes, los sujetos no son los mismos después del encuentro vincular ya que cada miembro del vínculo impone su presencia generando una experiencia subjetiva que produce transformación.

Estas distintas modalidades vinculares no constituyen el mundo externo, sino que forman parte de la construcción de la subjetividad junto a las primeras experiencias.

Tanto la identidad como construcción Yoica que continúa a lo largo de la vida, como la pertenencia a un vínculo que implica un devenir otro con otros, construyen la subjetividad.

Mientras la identidad se caracteriza por una continuidad, el vínculo produce distintos efectos subjetivantes por la presencia del otro con sus diferencias y alteridad. Situación que genera incertidumbre porque plantea un espacio abierto a la experiencia con el otro, desprovista de certezas. El encuentro con otro implica un ir deviniendo que puede romper la continuidad identitaria.

El presente de ese encuentro aporta elementos nuevos con respecto a la repetición del pasado.

2 Berenstein, I: El Sujeto y el Otro, pág. 69.

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5 Uno de los miembros de una pareja de más de 50 años de casados comenta

“festejábamos todos los 30, el día que empezamos nuestro noviazgo, me traía flores y bombones. Ahora ni se acuerda.”

El acento en el pasado idealizado en el origen de la relación, no les permite ubicarse en un presente que aun pudiendo ser novedoso, los enfrenta con el dolor de las pérdidas.

El reclamo identitario de esta pareja se centra en la búsqueda de lo semejante, de la repetición, evitando la construcción de otros sentidos.

Desean recuperar la historia vivida plena de certezas y saberes, el presente les depara diferencias e incertidumbres y otra historia desconocida.

Janine Puget plantea “Se trata de dos presentes y tal vez dos pasados. Uno de los pasados es el de la historia del analizado, la historia de la relación analítica y otro pasado es el reciente: el que instaura el tiempo de la reflexión.”

Se resisten a la configuración de un nuevo vínculo y apelan a una historia pasada, sólida y segura.

Sin embargo, para constituirse en el encuentro es necesario poder pensar con el otro, a partir no solamente de lo que provee identidad al vínculo, sino también, de las multiplicidades propias de la experiencia.

De las adolescencias y sus familias

La adolescencia es un momento de constitución subjetiva que tiene características variables por su entramado con la diversidad de pensamientos y prácticas de la sociedad contemporánea.

Estas prácticas ponen condiciones a la producción de la subjetividad adolescente, a su devenir permanente. Devenir de producción con otro, en situación.

Búsqueda, exploración, deseo de inventarse, de crearse y crear al otro.

“Exploración que lo hace caminar por los bordes, a la vez que logra un camino propio de juego y construcción creativa.” (Rodulfo, 2004)

Si el adolescente se presenta como portador de una ajenidad que no es aceptada, o si esto mismo sucede con los padres, se dificulta el encuentro que solo se produce aceptando lo imposible que plantea lo ajeno.

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Se presenta una familia a una entrevista terapéutica. Madre, padre e hijo. La madre manifiesta que se encuentran en una relación difícil con su hijo adolescente, quien está muy violento. El hijo responde que quiere ser escuchado, reclama un diálogo y expresa que sus padres no toleran el conflicto, se lo escucha enojado con ambos padres y con mucha bronca.

La madre hace referencia a una situación sucedida unos días atrás, Tommy trajo desde el garaje un paquete. Como ella se sorprendió, le pidió que preguntara al portero de dónde provenía. El joven se puso a gritar desaforadamente y expresó su bronca también en la sesión diciendo “Te metés en todo” “No tengo ganas de hablar y quieren que cuente que me pasa”. “Llegó un paquete a la familia y no se entiende qué es. Sienten que no les pertenece, pero está en casa. Se preguntan qué hacemos con él” señala la terapeuta.

Los padres de Tommy son devotos de una religión perteneciente a otro país, con la cual están también vinculados por sus ocupaciones.

El adolescente muy enojado les dice que ellos no aceptan el conflicto,

“ustedes se creen que son la familia Ingalls, y ahora yo no sé si soy gay, estoy loco, o quiero estudiar en la facultad. Estoy mal y para ustedes todo tiene que estar bien”

Evidentemente estos padres marcaron un camino muy definido y Tommy parece estar buscando el suyo, incierto para él y también para sus padres.

La incertidumbre, lo ajeno del otro, lo diferente les genera impotencia y reacciones violentas.

La familia ya no es lo que era. Necesitan inventar un mundo en común que quizás no existe aún. Volver a habitar este nuevo territorio vincular, seguramente así, el encuentro se hará posible.

Si bien Tommy por momentos desea estar solo y no ser encontrado, busca ayuda y quiere dialogar.

Transitar la posibilidad de pensar juntos, les permite habitar la situación del encuentro en presencia, produciendo subjetividad en cada uno de ellos.

La diferencia que Tommy evidencia, interfiere y tensiona. Desafía y plantea la necesidad de operar sobre esta situación de desencuentro para poder habitarla.

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7 El desencuentro es con el otro imaginado, Tommy no quiere una familia Ingalls, y sus padres se desconciertan frente a un hijo enojado y desorientado.

Aparece la necesidad del conflicto como algo vital, sin embargo, se aplaca todo el tiempo.

Cuando Tommy reclama poder entrar en conflicto, los padres fraternizan la pelea. Les resulta difícil aceptar al hijo como otro. Construir la idea de otredad, ser alguien con el otro les habilitará encontrarse y armar vínculo.

El paquete parece ser aquello que habría que abrir en conjunto, reconociendo lo ajeno, aquello que puede no pertenecer a la familia. Pero que quizás introduzca algo novedoso.

Tommy puede imaginar un nuevo espacio, dar lugar a una apertura en la familia que implique una incompletud.

El joven, a través de la problemática planteada, cuestiona a su familia como único origen de su subjetividad e inicia otra historia.

“Hay una amenaza de corte, pero hay también una familia que impone ideología, costumbres, generando malestar. Pero además de corte, peor aún, es la vivencia de una no complementariedad, no transición, e imposibilidad de incluir algo más en forma complementaria dentro del esquema familiar.” (J. Puget, 1997)

La consulta puede ser el inicio de la creación de un encuentro que haga posible una situación de pensamiento, donde se puedan dar, en la familia, nuevas condiciones de producción de vincularidad y subjetividad, implicando a todos los habitantes de la situación, incluido el analista.

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Bibliografía

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Berenstein, I: Devenir otro con otros. Paidós, 2004. Buenos Aires.

Duschatzky, S – Corea, C: Chicos en Banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones. Editorial Paidós, 2002. Buenos Aires.

Freud, S: La metamorfosis de la pubertad, en Tres ensayos de una teoría sexual.

Obras Completas, Amorrortu, Tomo VII, 1905. Buenos Aires.

Grupo Doce: Del fragmento a la situación. Notas sobre la subjetividad contemporánea.

Editorial Altamira, 2003. Buenos aires.

Kleiman, S: Vínculo parento-filial. Ocupar lugares, habitar territorios, en Familias con niños y adolescentes. Consultas y dispositivos. Ediciones del Hospital. 2011.

Kristeva, J: Las nuevas enfermedades del alma. Editorial Cátedra, 1993.

Lewkowicz, I: Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Paidós, 2004.

Buenos Aires.

Lewkowicz, I- Corea, C: Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidas. Familias perplejas. Editorial Paidós, 2004. Buenos Aires.

Najmanovich, D.: El desafío de la complejidad: redes, cartografías dinámicas y mundos implicados. www.denisenajmanovich.com

Rojas, M.C: Pensar la/s familia/s hoy: estar solo, con otro.

www.intersubjetividad.com.ar. Psicoanálisis e intersubjetividad.

Puget, J: El tiempo del pasado, el tiempo del momento justo. (Ficha IUSAM)

Puget, J: Historización en la adolescencia. Cuadernos APDEBA – N°1. Departamento de Niñez y Adolescencia, 1999.

Rodulfo, R: El psicoanálisis de nuevo. Eudeba, 2004.

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9 Selener, G: Vínculo y alteridad de las adolescencias y sus familias. IV Congreso Internacional de Pareja y Familia. Julio 2010.

Selener, G- Gaspari, R- Braqui, L y otros: Clínica Vincular Psicoanalítica. Dispositivos, lugar del analista, Abstinencia y Neutralidad, en Libro Pensamiento Vincular, un recorrido de medio siglo. AAPPG, 2004. Buenos Aires, Argentina.

Selener, G: Pensando la adolescencia hoy. La clínica desde una perspectiva vincular psicoanalítica. 1er Simposio Internacional del Adolescente. Universidad de San Pablo.

Mayo, 2005.

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