EL NACIMIENTO DE LA LINGÜÍSTICA ESTRUCTURAL
Marcela Bianchi
I. Introducción: Antecedentes Históricos.
Las Gramáticas Generales y el lenguaje como representación del pensamiento
El “Curso de lingüística general”1 de Ferdinand de Saussure, dictado entre los años 1907 y 1911 y publicado por dos de sus alumnos con posterioridad a su fallecimiento, nos muestra cómo el Maestro se encontraba en dialéctica con las teorías del lenguaje imperantes en su época.
De ellas, hablaremos de una en particular: las Gramáticas Generales, también conocida como La Escuela de Port Royal, Escuela que hasta el presente muestra su influencia en el aprendizaje sobre gramática que se realiza en la educación primaria y secundaria y que es la causa por la que un número tan grande de individuos coincide tan abiertamente con sus formulaciones.
Partamos entonces de una interrogación: ¿Qué ocupa el centro del escenario en el planteo de las Gramáticas Generales? Respondemos: el pensamiento.
Función que poseen todos los seres humanos y que por tanto es universal, yace allí la organización de una idea.
El lenguaje es considerado expresión del pensamiento; y esto tanto para esta Escuela como para los filósofos hasta fines del siglo XIX.
Con expresión del pensamiento no se refieren únicamente a que el
pensamiento se da a conocer al mundo en sus contenidos a través del lenguaje, sino incluso en su organización misma. El lenguaje representa, dibuja, la
organización del pensamiento, de modo que su lógica queda graficada en el enunciado de una frase, dando una imagen de la idea.
Oswald Ducrot en su libro ¿Qué es el estructuralismo?2 reseña esto de la siguiente manera:
1 De Saussure, F. Curso de lingüística general. Nuevomar. 2° ed. México, 1985.
2 Ducrot, O. ¿Qué es el estructuralismo? El estructuralismo en lingüística. Losada, Bs. As., 1975.
“[…] Gracias al lenguaje el pensamiento se brinda así como espectáculo para sí mismo y para el otro. En una perspectiva semejante la organización interna de la lengua tiene todas las posibilidades de presentarse como si fuese un recalco -más o menos fiel- de una realidad lógica o psicológica. […]
“Este tema está explícito en las "gramáticas generales" del siglo XVIII, que enseñan, siguiendo a Port-Royal, que la construcción de la frase imita el orden necesario del pensamiento. Puesto que todo pensamiento consiste en una asociación de juicios, la frase está constituida por una combinación de
proposiciones (en el sentido gramatical y no lógico del término). Existen tantos tipos de ideas que pueden intervenir en el juicio como tantos tipos de palabras se encuentran en la proposición. A las nociones de sustancia, de cualidad, de cópula, corresponden en la lengua los nombres, los adjetivos y los verbos […] Se considera incluso que el orden lineal de las palabras en la frase imita la sucesión natural de las ideas en el espíritu: el sujeto se coloca al principio de la proposición porque la cosa que es juzgada tiene que ser considerada antes de afirmar un juicio acerca de ella. […]”3
Y finalmente concluye sobre este punto:
“[…] De estas concepciones, que pueden parecer envejecidas, pero que no han desaparecido de todos los manuales actuales (y de las que es muy difícil deshacerse del todo), el historiador del estructuralismo tiene que retener al menos un punto; se trata del hecho de negarse a reconocer una reorganización
lingüística que no se encuentra racionalmente motivada.4 El único orden posible entre las palabras es el orden de las cosas y el resto, es desorden.” 5
El lenguaje se encuentra entonces en una dependencia directa del
pensamiento. Nada le es verdaderamente propio, dado que cada elemento, cada articulación, cada formación, buscan reproducir lo mejor posible el objeto en juego: el pensamiento. O, dicho de otro modo: su organización es organización del pensamiento, no del lenguaje.
3 Ducrot, O. Op. cit, Págs. 20-21.
4 El subrayado es nuestro.
5 Ducrot, O. Ibídem, Pág. 23.
Una teoría del lenguaje así circunscrita, es universal no por el lenguaje en sí sino, como ya dijimos, por la universalidad del pensamiento mismo; en tanto que las lenguas serán casos particulares de esta función universal.
Al ser el pensamiento el que conduce al lenguaje, y al no haber límites para la voluntad de pensar, se deduce que puede decirse todo.
El concepto pasa a ser un elemento pre-existente a la lengua, que solo es necesario ordenar o ensamblar, y la palabra pasa a portar significación en tanto expresión de una idea.
II. Un salto conceptual: El lenguaje como comunicación
En franca oposición con esta perspectiva, Saussure producirá un giro en la concepción del lenguaje que será la base de una nueva disciplina: la Lingüística Estructural.
Su primera ruptura epistemológica se encuentra en el mismo acto en que crea un objeto de estudio diferente para la lingüística: la lengua.
Esta operación es lograda al discriminar, dentro del hecho de lenguaje, a la lengua o sistema de signos del habla; y al señalar como objeto de la lingüística a la primera, la lengua, delimitando y precisando un campo y una problemática inexistente hasta ese momento.
Veamos la definición de estos términos dada por el mismo Saussure en sus manuscritos:
“La lengua es un conjunto de concepciones necesarias adoptadas por el cuerpo social para permitir el uso de la facultad del lenguaje en los individuos (definición). La facultad del lenguaje es un hecho distinto de la lengua, pero que no puede ejercerse sin ella. Por el habla se designa el acto del individuo
realizando su facultad por medio de la convención social que es la lengua (definición).”6
“La parte receptiva y coordinativa, he ahí lo que forma un depósito en los diferentes individuos, que llega a ser apreciablemente conforme en todos los individuos. La lengua es un producto social. Se puede representar este producto de una forma muy precisa. Si pudiéramos examinar el depósito de imágenes
6 De Saussure, F. Op. cit. Pág 39 (nota 20).
verbales en un individuo, conservadas en un determinado orden y una
determinada clasificación, veríamos ahí el vínculo social7 que constituye la lengua.
Esta parte social es puramente mental, psíquica... Cada individuo tiene en sí ese producto social que es la lengua. Lengua es el tesoro depositado tomando lo que está virtualmente en nuestro cerebro, en el cerebro de un conjunto de individuos en una misma comunidad, completo en la masa, más o menos completo en cada individuo.”8
Analicemos ahora los efectos en la concepción del lenguaje que acarrean estas definiciones, en términos del propio Saussure:
I. La lengua, independizada del pensamiento, pasa a ser una producción social externa al sujeto, que él “registra pasivamente”, la porta como un tesoro, pero “que por sí solo no puede ni crearla ni modificarla”.
II. Su existencia se debe a una convención social, y es de ese medio del que deberá aprehenderla, a tal punto que el hecho de que el sujeto la
adquiera, es prueba suficiente del vínculo que lo liga a su entorno.
III. El que este objeto de estudio pase a ser pensado como un tesoro independiente y separado de la persona que lo porta, le agrega entonces un dato sustancial: ser una función puramente psíquica.
Comparemos ahora este planteo con el de los Gramáticos, adelantando en ello la posición saussureana que luego desarrollaremos:
1. Si la Escuela de Port Royal ubicaba un proceso (el pensar) como algo absolutamente individual, que en un segundo tiempo intervenía en la relación con los otros, pero para manifestar el proceso individual mismo (el pensamiento); esta concepción ubica algo social (la lengua) que se adquiere, se aprende por la intervención de los otros que poseen ese tesoro y lo ejecutan, o sea: hablan. El sujeto solo podrá poseerlo, si otro u otros humanos se lo enseñan.
Así, ya no nos encontramos ante un hecho de pensamiento, sino ante un hecho de comunicación.
2. En las Gramáticas Generales se afirma la voluntad individual en el
“ser pensante”, mientras que en la perspectiva saussureana y al nivel de la
7 El subrayado es nuestro.
8 De Saussure, F. Ibídem. Pág. 40 (nota 21).
lengua, la voluntad no interviene en absoluto: “la lengua se adquiere tal como es.”
3. Con esta nueva concepción se produce, a su vez, un
desplazamiento: de ubicar al lenguaje como subordinado al pensamiento, a ubicar al pensamiento como uno de los elementos de la lengua misma, dado que el signo será definido como la unión de una idea (pensamiento) y una imagen acústica.
4. Decíamos también que si las Gramáticas Generales parten de la idea de que es el pensamiento el que conduce la actividad de manifestarse verbalmente, rápidamente nos permite deducir que se puede pensar todo lo que se quiere, y por ende, que se puede decir todo lo que se quiere, en cualquier lengua que sea. En cambio, para Saussure el pensamiento se restringe a lo que puedo pensar en mi lengua. Ya no se puede afirmar: Lo que pienso, lo digo, sino: Digo voluntariamente (hablo) lo que puedo, de acuerdo a la lengua que fijé.
El lenguaje, entonces, ya no es algo hecho “a la medida” del pensamiento. Es posibilidad y límite del pensar.
5. Si para los Gramáticos el lenguaje era universal en virtud de la universalidad del pensamiento; y el concepto, concepto del pensamiento y antecedente de las palabras que lo manifestarían, de tal modo que todos los seres humanos podrían poseer los mismos conceptos; para Saussure el rasgo preeminentemente humano será la capacidad de producir una lengua, pero al ser diferente la producción de cada sistema de signos en cada cultura, y al ser sobre esa base que se organiza el pensamiento, no se podrá pensar lo mismo en dos lenguas distintas.
6. Y por último, mientras que la Escuela de Port Royal se negaba a reconocer una organización lingüística que no se encontrara racionalmente motivada (o sea, que su organización guardara relación con la lógica de un individuo), la lengua de la que nos habla Saussure es un sistema cuyo
funcionamiento no guarda ni busca guardar relación con ninguna necesidad lógica o de otro tipo del sujeto, ni con la realidad.
Estas son las “claves” del planteo saussureano, que pasaremos a desarrollar a continuación, dando los fundamentos que sostienen su teoría.
III. Los conceptos sobresalientes de la obra de Saussure.
A. La división del lenguaje en lengua más habla.
Como ya dijimos, esta “novedad” que incorpora Saussure para el estudio de la lingüística, inédita hasta que él la formulara, permite diferenciar entre un sistema de signos (lengua) y su articulación (habla), recortándose la primera como una función puramente psíquica.
De ahí que en el campo de la lengua se hablará de “imagen acústica” y no de “sonido”: no se trata de “cómo lo decimos”, de cómo se articula en el habla, sino de qué recorte psíquico de ese sonido tenemos en calidad de imagen auditiva.
Por otra parte, al ser pensada la lengua como constituyendo un vínculo y siendo un producto social, hace que su “origen” individual radique en la
aprehensión que cada sujeto pueda hacer de ese tesoro, que a su vez lo liga a esa sociedad. Lo que implica esa “pasividad”, esa falta de premeditación y esa reflexión limitada sobre este sistema, llegándose a la concepción de un sujeto que para poder llegar a pensar y decir algo, primero debe someterse, alienarse - inconscientemente-, a incorporar este “tesoro”. Por lo cual, puede decirse que pensará ordenadamente gracias a que posee este sistema.
La voluntad ya no contará para esta teoría ni en la adquisición de la lengua ni en el pensamiento, quedando reducida al acto de habla. El pensamiento
dependerá de la organización que establezca la lengua.
B. La realidad como secundaria al lenguaje: una lengua sin referente.
Otra de las teorías de la época que busca refutar el autor es el nominalismo9.
9 Cabe recordar que la conocida figura del árbol con la palabra árbol debajo, no pertenece a Saussure sino a sus editores. Por ello transcribimos aquí la nota 40 (pág 103) del texto:“De las tres figuras, sólo las dos primeras pertenecen a Saussure; la del árbol fue hecha por los editores, así como las flechas de las tres, y la frase: «Estos dos elementos están íntimamente unidos y se requieren recíprocamente»; además del término mot [palabra] para designar arbor. Según DE MAURO (pág. 441 y nota 132), de este modo el lector tiene la sensación de que para Saussure «el significante es el vocablo, el significado la imagen de una cosa, y que una cosa llama a la otra como sostienen quienes piensan que la lengua es una nomenclatura.» Y GODEL (en Sources manuscrites, comenta que «la tercera figura y el comentario sugieren una idea inexacta del
significante, que no es una palabra para designar un concepto, y del significado, que no es una imagen
Dicho muy simplemente, esta teoría afirmaría que, dadas las cosas, se les asigna un nombre. O sea, primero el objeto, primero la realidad, luego la palabra.
Saussure contesta a esto en sus manuscritos:
“Pero ahí hay, implícitamente, cierta tendencia que nosotros no podemos desconocer, ni dejar pasar por alto sobre lo que sería (en definitiva) el lenguaje: a saber, una nomenclatura de objetos. De objetos primero dados. Primero el objeto, luego el signo; por tanto (cosa que siempre negaremos), base exterior dada al signo y figuración del lenguaje por relación a este:
. _________________ a
objetos . _________________ b nombres . _________________ c
mientras que la verdadera representación es: a - b - c, al margen de todo conocimiento de una relación efectiva como “. _____” que queda fundado sobre un objeto”.10
Y agrega: “... nos situamos más allá de esa tentación de remitir la lengua a algo externo”.
Dicho en otros términos, para Saussure, la relación que se demuestra en la lengua es entre los signos lingüísticos (lo que él llama acá a-b-c), y no entre objetos y palabras. Esto es lo que justifica que se hable de “sistema” de signos.
La realidad, por tanto, queda como un efecto del lenguaje mismo.
Metafóricamente podemos decir que “miramos con y desde la lengua”. La ubicación espacial, temporal, la denominación de cosas, los nexos y las
relaciones, las establece la lengua. Nada de la supuesta “naturaleza objetiva” o
“sustancial” de lo percibido está presente en ella.
Demos un ejemplo muy sencillo: Si alguien dice: “Vi que en la casa hay dos limoneros en el fondo y también uno en el frente”, podemos preguntarnos tanto:
¿Qué de la sustancialidad de la casa y del limonero está presente en esos términos?, como ¿Dónde podríamos radicar dentro de la naturaleza objetiva los
(págs.115 -116). Asimismo, en la página 84, nota 122, Godel ofrece las figuras según las notas
manuscritas.“
10 De Saussure, F. Ibid, Pág. 100, nota 38.
términos “dos”, “fondo”, “también” “uno” y “frente”? Nada de ello forma parte de ninguna naturaleza. Son, en cambio, coordenadas simbólicas creadas por la lengua misma, que permiten que un sujeto se oriente en el mundo. La realidad, siguiendo con el ejemplo, no muestra ningún “fondo”. Sí en cambio lo hace el sistema de la lengua ordenando la realidad misma. Y esto permite ubicar una realidad que no es primaria, inicial, sino que nace secundariamente al lenguaje. El lenguaje la organiza.
Pero además, como el mismo Saussure indica: si dos signos, a través del tiempo, se confunden, la idea misma se confundirá. Y agrega:
“Lo característico son los innumerables casos en que es la alteración del signo lo que cambia la idea misma y donde se ve todo de golpe que no había diferencia de ninguna clase, de momento a momento, entre la suma de las ideas distinguidas y la suma de los signos distintivos”. 11
Esto ocurre porque no hay nada sustancial que se encuentre sosteniendo a la lengua. O sea: no hay referente externo que sea soporte del signo y por tanto la lengua no busca representar nada.
Si los referentes (objetos, sentimientos, acciones, etc.) existieran previos al funcionamiento de una lengua y la determinaran, tendrían que poder ser dichos, por ejemplo, en cualquier lengua.
Pero verificamos que ello no es así, que no se puede decir lo mismo en dos lenguas diferentes: que existen lenguas que no conjugan sus acciones en pasado, presente y futuro, o que no cuentan con términos para decir lo que otras dicen (es cuando afirmamos que es intraducible), etc.
Esto es lo que lo lleva a afirmar que el ser humano no parte de la realidad para el armado de su lengua, sino que, contrariamente, parte de su lengua para el armado de su realidad. Y los efectos son notorios: costumbres, hábitos, culturas diferentes: realidades distintas.
De ahí su definición de signo: “El signo lingüístico une no una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica”12. Al concepto finalmente lo llama significado y a la imagen acústica, significante. Desarrollaremos esto en el Apartado siguiente.
11 Ibid. Pág. 101. Continuación nota 37.
12 Ibid. Pág. 102.
C. La mutabilidad y la inmutabilidad del signo.
Para Saussure, existen dos modos diferentes de abordar el estudio de la lengua. Estos modos son: en su diacronía (esto es, a través del tiempo) o en su sincronía (o sea, en el aquí y ahora).
En el eje diacrónico comprobamos que una lengua muta, cambia. Algo difícil de comprobar para los actores de una lengua en el presente en que la ejecutan, pero que queda demostrado por el estudio de las transformaciones que se verifican en la vida de una lengua a través del tiempo. Explica Saussure:
“Cualesquiera sean los factores de alteraciones, actúen aisladamente o combinados, siempre conducen a un desplazamiento de la relación entre el significado y el significante.” 13
En el eje sincrónico, en cambio, encontramos a la masa hablante en pleno ejercicio de un estado de lengua, estado que es inmutable para ese cuerpo social. No existe ninguna libertad para esos sujetos con relación a ese tesoro que reciben. Así nos lo expone el autor:
“Si, en relación a la idea que representa, el significante aparece como libremente elegido, en cambio, en relación a la comunidad lingüística que lo emplea, no es libre, es impuesto. La masa social no es consultada y el significante escogido por la lengua no podría ser reemplazado por otro. Este hecho, que parece encerrar una contradicción, podría llamarse familiarmente «la carta forzada». Se dice a la lengua: «¡Elige!», pero se añade: «Será ese signo y no otro». Un individuo sería incapaz aunque quisiera, no solamente de modificar algo en la elección ya hecha, sino que la masa misma no puede ejercer su soberanía sobre una sola palabra; está ligada a la lengua tal como es.
“La lengua, por tanto, no puede ser asimilada a un contrato puro y simple, y precisamente por este lado el signo lingüístico es particularmente interesante de estudiar; porque si se quiere demostrar que la ley admitida en una colectividad es una cosa que se sufre, y no una regla libremente consentida, es la lengua la que ofrece la prueba más definitiva de ese hecho.
13 Ibid. Pág. 113.
“Veamos pues cómo escapa a nuestra voluntad el signo lingüístico, y saquemos luego las importantes consecuencias que derivan de este fenómeno.” 14
Recalquemos esta afirmación: la lengua se sufre. El sujeto debe
someterse a este sistema tal como es para poder entrar en un vínculo social con los demás. Y no hay posibilidad de elegir, este sistema se le impone. Su voluntad, su decisión, su libertad, no participan aquí.
Pero aún más: si tomamos en cuenta lo visto en el punto anterior, que la organización del sistema es autónomo y no depende de ninguna realidad, la lengua también se sufre porque nada del ser de los sujetos hablantes está dicho en ella.
Y O. Ducrot confirma esta idea al decir:
“Cada enunciado solo tiene que proporcionar puntos de referencia que permitan “localizar” la significación, en el sentido en que las coordenadas
geométricas localizan un lugar: pero la lengua no describe la experiencia humana en mayor medida que la red de las longitudes y de las latitudes describe el
mundo.” 15
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En la segunda parte nos dedicaremos a desarrollar el funcionamiento de este sistema.
14 Ibid. Pág 109.
15 Ducrot, O. Op. cit. Pág 77.