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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL ECUADOR FACULTAD DE PSICOLOGÍA
ESCUELA DE PSICOLOGÍA CLÍNICA
DISERTACIÓN PREVIA A LA OBTENCIÓN DEL TÍTULO DE PSICÓLOGA CLÍNICA
“ANÁLISIS DIFERENCIAL ENTRE EL DELIRIO DE LA PSICOSIS Y LA LOCURA HISTÉRICA DESDE LA TEORÍA PSICOANALÍTICA”
BRENDA ANAÍS LOYA ORBE
DIRECTOR: MTR. CARLOS TIPÁN
QUITO, 2017
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“Imposible metalenguajear. Imposible decir lo que Lacan dijo o lo que Lacan quiso decir so pena de caricatura…No se lee a Lacan de la misma manera después de una hora de análisis; no se escucha al paciente de igual modo después de leer un texto de Lacan” (Braunstein, 2005).
Si el psicoanálisis se encuentra atravesado por el vacío de la estructura que indica la inexistencia de una partida inicial y la falta de fundamento, me parece a mí que queda abierta la posibilidad de retomar de otro modo lo que se ha escrito y dicho ya. Este escrito no hace más que dar cuenta de la circularidad del saber, dejando en mí el resonar de más preguntas de las que han sostenido este trabajo.
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Schreber: “De esta manera se tramó un complot contra mí, que paró en esto: luego que se hubiere reconocido o supuesto que mi enfermedad nerviosa era incurable, se me entregaría a un hombre y de tal suerte le darían mi alma, y en cuanto a mi cuerpo, mudado en cuerpo de mujer (…) sería entregado así al hombre en cuestión para que cometiera abuso sexual” (Freud, 1911[1910]/2006, pág. 42).
Renée: “Cada vez me sentía más culpable, más criminal, y mi castigo consistía en tener mis manos transformadas en garras de gato, temía mucho esas manos y sabía que muy pronto me transformaría en gato hambriento de los que por los cementerios y me vería obligada a devorar cadáveres” (Sechehaye, 1958, pág. 161).
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ÍNDICE
RESUMEN ... v
INTRODUCCIÓN ... 1
CAPÍTULO I ... 4
1. ACERCA DE LA PARANOIA ... 4
1.1 ALGUNAS NOCIONES DE PARANOIA: LOS TEXTOS DE FREUD ... 4
1.1.1 Las Neuropsicosis de Defensa... 5
1.1.2 Delirio: Caso Schreber ... 6
1.1.3 Tipos de delirios ... 7
1.1.4 Acerca de la noción de Narcisismo ... 9
1.1.5 Psicosis y Neurosis ... 10
1.2 BREVE PASAJE POR LA PARANOIA: LACAN ... 11
1.2.1 Sobre el estadio del espejo ... 11
1.2.2 La forclusión del significante del Nombre-del-Padre ... 13
1.2.3 Delirio y Paranoia... 20
1.2.4 El goce en la paranoia ... 24
CAPÍTULO II ... 27
2. CONSIDERACIONES SOBRE LA HISTERIA ... 27
2.1 ALGUNAS NOCIONES DE HISTERIA: LOS TEXTOS DE FREUD ... 27
2.1.1 Breve recorrido de las primeras formulaciones de histeria ... 28
2.1.2 Represión y síntoma en la histeria... 30
2.1.3 Complejo de Edipo: Mujer ... 33
2.2 ALGUNAS APROXIMACIONES DE HISTERIA: LACAN ... 37
2.2.1 La función del padre en la histeria ... 37
2.2.2 La mujer, no-toda: Las fórmulas de la sexuación ... 41
2.2.3 Excesos de histeria-locura histérica: el goce del Otro ... 46
2.2.4 Delirio e histeria ... 53
CAPÍTULO III ... 56
3. DISTINCIÓN DEL DELIRIO: PARANOIA E HISTERIA ... 56
3.1 Diferencias: Paranoia e histeria ... 56
3.2 Distinción del delirio: histeria y paranoia ... 62
CONCLUSIONES ... 66
BIBLIOGRAFÍA ... 70
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RESUMEN
Resulta evidente la existencia de saberes construidos por redes de significantes en los que términos tales como: psiquiatría, desorden, patología, delirio, locura, enfermo y enfermedad mental, constituyen un valor predominante en la civilización actual1. Dichos saberes, relacionados la mayoría de las veces con las ciencias positivas, pretenden demostrar una verdad tangible, es decir, verdades que establezcan certezas.
En contraste, el psicoanálisis, al estar atravesado por una operación vaciante, da cuenta que el conocimiento no sostiene verdades. El estudio de la hipótesis del inconsciente deja traslucir un saber que pertenece a cada sujeto, que se produce en el acto de la palabra.
Allí donde un sujeto dice y otro escucha, se produce la operación del inconsciente.
Es así como el psicoanálisis presta oídos al sujeto forcluido por la ciencia. De esta manera, reconoce que el saber médico atribuye exclusivamente la presencia de delirios a las llamadas esquizofrenias y paranoias; sin embargo, Sigmund Freud, el retorno de Jaques Lacan a las lecturas freudianas y la elaboración de Jean Claude Maleval permiten dar cuenta de la existencia de delirios en la histeria y la neurosis obsesiva.
El presente trabajo es efecto de la lectura de ciertos planteamientos del discurso psicoanalítico y tiene como propósito analizar las diferencias existentes entre el delirio de la paranoia y el de la histeria, con la finalidad de establecer que los mecanismos que rigen el delirio de la psicosis divergen a los de la neurosis, evidenciando así, que paranoia e histeria son modos de decir en la estructura del psicoanálisis, es decir del lenguaje.
Palabras clave: psicosis, neurosis, paranoia, histeria, locura histérica, delirio, delirio histérico, castración, forclusión, goce, deseo
1Rene Lew: Positions subjectives dans la culture, auxquelles la civilisation contrevient en imposant une ontologie adaptative. Guayaquil-Ecuador. 18 de Octubre del 2017.
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INTRODUCCIÓN
El delirio surge como una perturbación mental en el discurso psiquiátrico y ha sido entretejido a las psicosis a lo largo de la historia, como efecto, el delirio constituye un signo que engloba un padecer clasificable en los conocidos manuales diagnósticos, por consiguiente, el delirio se encuentra sujeto a lo que la clasificación psiquiátrica da por nombre de trastornos mentales, quedando así articulado exclusivamente a la llamada esquizofrenia.
En consecuencia, el delirio, en relación al saber médico, queda delegado como un signo útil para establecer un diagnóstico, negando así la esencia de la subjetividad; en contraste, el estudio de la hipótesis del inconsciente da cuenta en la práctica de la palabra que posiciones como la histeria pueden expresar un delirio, posición que ha sido más conocida por el nombre de locura histérica.
Los campos psi, es decir la psiquiatría, las psicologías y el psicoanálisis, son quizá los espacios que trabajan eventualmente con delirios, es así como resulta indispensable el otorgar una escucha activa al sujeto con la finalidad de determinar qué delirio se estaría escuchando, de modo que resulta relevante el subrayar la existencia de delirios a otras posiciones que divergen de la psicosis, ya que un diagnóstico errado tiene consecuencias que pueden comprometen la ex-sistencia de sujeto, sobre todo si una histeria no es tomada como tal y es identificada como una paranoia.
Por esta razón, el presente trabajo tiene como propósito establecer una aproximación psicoanalítica de las diferencias del delirio que se ven sostenidas tanto en la locura histérica como en la paranoia, permitiendo bordear así las lecturas de Freud, Lacan y Maleval. Al mencionado propósito, se le añaden otros objetivos como el de realizar un recorrido sobre las formulaciones de ambas posiciones subjetivas para delimitar los aspectos relevantes de cada una en consonancia con el delirio.
Así, el objeto de estudio de este trabajo queda vinculado al delirio de la psicosis y la locura histeria, con la finalidad de determinar cómo han sido articulados por el saber psicoanalítico. Los aspectos secundarios de esta disertación se encuentran relacionados con el recorrido del complejo de castración, el complejo de Edipo, la Ley de simbolización, la forclusión del significante del Nombre-del-padre, las fórmulas de la sexuación, la angustia y el goce.
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Resulta sustancial el manifestar que esta disertación es netamente teórica, razón por la cual que no posee ninguna constatación práctica. Este trabajo es entonces efecto de la lectura de varios textos psicoanalíticos que explican el delirio tanto psicótico como histérico. El método de elaboración ha sido el deductivo e inductivo, el cual permitió bosquejar un análisis crítico del material bibliográfico.
El presente trabajo consta de tres capítulos que se encuentran estrechamente anudados.
El primer capítulo articula la concepción de la psicosis freudiana, razón por la cual serán abordados diferentes textos para dicha explicación, entre los principales se encuentran:
“Neurosis y Psicosis” (Freud, 1924/2008), “La pérdida de la realidad en la neurosis y psicosis” (Freud, 1924/2008), textos en los que se manifiesta que las psicosis constituyen una perturbación entre los vínculos del mundo exterior y del yo. De igual manera, el trabajo de “Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia” (Freud, 1911[1910]/2006) es trascendental para inferir el fracaso del Edipo, el delirio como un intento de curación, el fenómeno de la proyección y la noción sobre el narcisismo.
Tras las conceptualizaciones de Freud, es imprescindible situar la presente investigación en los escritos de Lacan, quien, en su retorno a Freud, introduce el concepto de forclusión.
Así, en el Seminario “Las psicosis” (Lacan, 1955-56/1998) da cuenta de la Verwerfung en Freud. Por consiguiente, Lacan explica que en las psicosis se presenta la expulsión del significante del Nombre-del-Padre en la estructuración psíquica del sujeto. Además, para esclarecer otros conceptos relevantes en torno a las psicosis se abordará el texto “La Forclusión del Nombre del Padre” de Jean Claude Maleval. (Maleval, 2002)
En el segundo capítulo se trabaja los textos de Freud y Lacan. En un primer momento se recurrirá a los textos de Freud con la finalidad de explicar el desarrollo psicosexual femenino, la escena edípica y la feminidad, temas que son sustanciales en la histeria para abordar la locura, para lo cual es indispensable una revisión de los textos: “Sobre las teorías sexuales infantiles” (Freud, 1908/1999), “Algunas Consecuencias Psíquicas de la Diferencia Anatómica entre los Sexos” (Freud, 1908/1999), “Sobre la sexualidad femenina” (Freud, 1931/1999), “El sepultamiento del Complejo de Edipo” (Freud, 1924/2012), entre otros textos.
Tras un abordaje freudiano, se iniciará un breve recorrido por la teorización de Jacques Lacan y las re-lecturas existentes, que permitirán introducir las fórmulas de la sexuación con la finalidad de hacer inteligible el proceso de constitución de la posición femenina, así como también el acceso al goce femenino por lo que se realizará un acercamiento al
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Seminario “Aún” (Lacan, 1972-73/1998). En consecuencia, en este capítulo se abordará el concepto del goce en la histeria para lo cual se empleará “El Goce, un concepto Lacaniano” de Braunstein (2006), el cual permitirá comprender la posición que mantiene la histérica ante su propia castración y la del Otro.
Seguidamente, se iniciará un abordaje a la locura histérica, para el cometido, el texto a trabajar será “Locuras Histéricas y Psicosis Disociativas” (Maleval, 1996), el cual brindará lineamientos para edificar dicha concepción, así como también para dilucidar los elementos que se presentan en el delirio. Se entiende así, que en la locura histérica “los elementos constitutivos de la proyección delirante no están forcluidos, sino que son significantes reprimidos que retornan en la realidad” (Maleval, 1996, p. 32). De igual forma, el texto“La lógica de delirio” (Maleval, 1998) posibilitará el bosquejo sobre el delirio histérico.
Finalmente, en el capítulo dedicado a la distinción de la noción de delirio en la psicosis y locura histérica, se permitirá edificar el objetivo planteado sobre la diferenciación del delirio en ambas posiciones; se realizarán las argumentaciones pertinentes en cuanto a los aspectos trabajados en capítulos anteriores, pues se elaborará un análisis en base a la investigación proporcionada durante el trascurso de los acápites estructurados y de esta manera se permitirá establecer las diferencias existentes.
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CAPÍTULO I
1. ACERCA DE LA PARANOIA
El término de psicosis fue introducido por el psiquiatra austriaco Ernst von Feuchtersleben, como reemplazo del término “locura” para designar a las afecciones extremas de enfermedad mental. Este término buscaba describir y clasificar las
<<enfermedades del alma>>. La lógica de la psiquiatría clásica enfatizaba el clasificar síntomas y enfermedades, así como también describir las formas y la evolución de las mismas (Maleval, 1998).
En cuanto al delirio, se conoce que fue un concepto introducido en el siglo XIV, no obstante, adquirió sentido técnico en el siglo XIX. Como principales exponentes de la construcción de esta acepción se encuentran: Griesinger, Jean Pierre Falret, Laséngue, Magnan, Kraepelin, Sérieux y Capgras y Gaetan Gatien de Clérambault (Maleval, 1998).
Con respecto al psicoanálisis, es evidente el interés de Freud por abordar el campo de las psicosis, son varios los trabajos que constatan su inclinación por separarlas del terreno de las neurosis, cuestión que se consolidó al diferenciarlas de las neurosis de transferencia y las neurosis narcisistas (Freud, 1914/2008).
Innegablemente, Freud se aparta de las concepciones sobre las nociones de psicosis y delirio pertenecientes a las ciencias positivas, razón por la cual su trabajo introduce un corte epistemológico con el saber médico ya que subvierte su sentido al articular las psicosis al término de inconsciente y formular que lo que se entiende por una patología comprende realmente un intento de curación (Freud, 1911[1910]/2006).
1.1 ALGUNAS NOCIONES DE PARANOIA: LOS TEXTOS DE FREUD
Como indica Lombardi (2004): “Freud, desde sus comienzos plantea la pertinencia del psicoanálisis para dar cuenta de las psicosis. Es decir, que la psicosis queda incluida en el terreno de pertinencia del psicoanálisis” (p. 20). Freud da cuenta de la lógica y la hipótesis de el y lo inconsciente, por lo cual teoriza en su trabajo los procesos inconscientes inmersos en las psicosis.
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Freud introduce el termino psicosis bajo la forma de <<confusión alucinatoria>> en “Las neuropsicosis de defensa” texto en el cual sitúa a la histeria, neurosis obsesiva y confusión alucinatoria como el resultado de una defensa a la que el sujeto acude con la finalidad de evitar una representación inconciliable mediante la separación de ésta y de su afecto (Freud, 1925/2010). Por consiguiente, Freud vincula a las psicosis con el término de represión y al delirio como retorno de lo reprimido (Freud, 1895/2006).
1.1.1 Las Neuropsicosis de Defensa
En el año de 1895, Freud realiza uno de los primeros trabajos dedicados exclusivamente a la paranoia y delirio, titulado bajo el nombre de “Manuscrito H”; en este texto expresa que en la paranoia un reproche interno viene posteriormente desde el exterior, es decir, que lo que se rechazó en el interior retorna desde lo externo; el delirio se presenta entonces como propósito defensivo para mantener al yo a salvo de una representación inconciliable de carácter sexual (Freud, 1895/2006).
Dicho proceso defensivo se presenta como un abuso del mecanismo de proyección, cuestión que se diferencia en las neurosis, por esta razón, manifiesta que los paranoicos aman al delirio como a sí mismos (Freud, 1895/2006, pág. 251), puesto que el sujeto tiene una necesidad imperiosa de salvaguardar su yo.
Posteriormente, en el “Manuscrito K”, Freud (1896/2006) retoma el tema de la proyección y articula al delirio como síntoma del retorno de lo reprimido, en donde los fragmentos de recuerdo que retornan están desfigurados ya que los sustituyen imágenes análogas de lo actual. Dice en referencia a la paranoia:
la represión acontece luego que este recuerdo, no se sabe cómo ha desprendido displacer. Pero no se forma ningún reproche luego reprimido, sino que el displacer que se genera es atribuido al prójimo según el esquema psíquico de la proyección. Desconfianza (susceptibilidad hacia otros) es el síntoma primario formado. Así se deniega la creencia a un eventual reproche (Freud, 1896/2006, pág. 266).
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1.1.2 Delirio: Caso Schreber
“Puntualizaciones sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente” es el primer gran texto que Freud dedica al terreno de las psicosis y en donde teoriza los procesos inconscientes que se encuentran inmersos en la paranoia en base al análisis que realiza del testimonio escrito de las memorias del presidente Daniel Paul Schreber.
Freud (1911[1910]/2006) aclara que en la paranoia la libido liberada regresa al yo, “se vuelve a alcanzar el estadio de narcisismo…estadio en el cual el yo propio era el único objeto sexual” (pág. 67), operación que impide el investir objetos exteriores. En este sentido, ubica al delirio como un intento de restablecimiento y reconstrucción del mundo exterior por restitución de la libido a los objetos, aspecto que es posible en la paranoia debido al mecanismo de proyección, que permite que lo abolido adentro retorne desde afuera (Freud, 1911[1910]/2006).
Freud (1911[1910]/2006) desarrolla extensamente el mecanismo de proyección que se encontraba ya expuesto en textos previos sobre la paranoia, explica entonces que en la formación del síntoma de la paranoia, una percepción interna es sofocada –pues es intolerable para el sujeto- y como reemplazo adviene una percepción externa a la conciencia tras experimentar una desfiguración. Entonces, en Schreber y la paranoia una representación intolerable se encuentra asociada a una fantasía de un deseo homosexual y ante ésta, el delirio se constituye como una forma de defensa que posibilita justificar al sujeto el sentimiento de amor por el de odio ante el perseguidor, vía proyección. (Freud, 1911[1910]/2006)
Freud (1911[1910]/2006) explica en este texto las fases de la proyección: la fijación, la represión propiamente dicha y finalmente, el retorno de lo reprimido. La fijación se presenta en el estadio del narcisismo, lo que permite observar la relación alterada con el mundo exterior pues el interés libidinal está colocado en el yo.
Adicionalmente, el análisis del caso permite inteligir que existe un vínculo entre una relación social con el erotismo. Freud (1911[1910]/2006) menciona que “por regla general, el delirio descubre esos vínculos y reconduce el sentimiento social a su raíz, el deseo erótico” (pág. 56). En consecuencia, explica que en la paranoia el sujeto se encuentra protegiéndose de la sexualización, así como también de sus investiduras
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pulsionales sociales, aspectos que se pueden contemplar en los planteamientos sobre la homosexualidad, el narcicismo y el autoerotismo.
Otro de los planteamientos trascendentales en el caso, hace alusión al delirio en relación al complejo paterno. Freud (1911[1910]/2006) exterioriza un conflicto infantil con el padre amado. Manifiesta:
En el desenlace de la fantasía de Schreber, la fantasía sexual infantil celebra un triunfo grandioso, la voluptuosidad misma es dictada por el temor de Dios, y Dios mismo (el padre) no deja de exigírsela al enfermo.
La más temida amenaza del padre, la castración, ha prestado su material a la fantasía de deseo de la mudanza en mujer combatida primero y aceptada después (Freud, 1911[1910]/2006, pág. 52).
El nexo que posee Schreber con Dios es el nexo con su padre y lo que facilita la fantasía de la emasculación es la amenaza del padre con la castración. Freud esboza en Schreber el fracaso de la castración, de ahí la dificultad de inscribir psíquicamente la representación femenina afectada por la ausencia de pene. Para Schreber esta feminidad es inaceptable y solamente es posible si es absoluta, es decir, ser la mujer de Dios (Nasio, 2011).
1.1.3 Tipos de delirios
Ciertamente, en la paranoia, los factores característicos que se pueden evidenciar se encuentran relacionados con el mecanismo de la formación del síntoma cuyo rasgo principal está encadenado al mecanismo de proyección y el esfuerzo de desalojo que hace referencia a la represión. Sin embargo, es sustancial el esclarecer que la proyección no ejerce el mismo papel en todas las formas de paranoia y por lo tanto en los distintos delirios (Freud, 1911[1910]/2006).
Es en el trabajo de Schreber, donde Freud (1911[1910]/2006) dilucida que las formas principales de la paranoia se figuran como contradicciones a una sola frase gramatical:
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<<yo (un varón), lo amo (a un varón)>>, de esta manera, los diferentes delirios se sujetan a variaciones gramaticales de esta frase. Tenemos entonces:
a. Delirio de persecución:
<<Yo no lo amo – pues yo lo odio – porque él me persigue>>
La percepción interna es sustituida por una de afuera. La frase <<pues yo lo odio>>
por proyección se transforma en <<el me odia (me persigue)>>, lo que justifica para odiarlo.
El delirio de persecución contradice al verbo (Freud, 1911[1910]/2006).
b. Delirio erotomaníaco:
<<Yo no lo amo – yo la amo – porque ella me ama>>
La frase <<yo la amo >> por proyección se transforma en <<yo noto que ella me ama
>>. La frase intermedia puede devenir consciente porque su contradicción a la primera no es diametral, sigue siendo posible amarla además de amarlo, entonces puede suceder que el sustituto de proyección <<ella me ama>> sea relegado de nuevo por la frase <<pues yo la amo>>.
El delirio erotomaníaco contradice al objeto (Freud, 1911[1910]/2006).
c. Delirio de celos:
Se lo puede estudiar en formas características en el varón y la mujer.
a. Delirio de celos del alcohólico (hombre)
<<No yo amo al varón – es ella quien lo ama>>.
Sospecha de la mujer con los hombres a quienes realmente él está tentado.
En este caso no se presenta la desfiguración de la proyección por el cambio de vía del sujeto, pues consta como una percepción exterior que la mujer ame a los hombres, mientras que la percepción interior consta como el hecho de que no ame, sino por el contrario que odie (Freud, 1911[1910]/2006).
d. Delirio de celos (mujer)
<<No yo amo a las mujeres – sino que él las ama>>
Sospecha del hombre con las mujeres a quienes realmente ella está tentada.
El delirio de celos contradice al sujeto. (Freud, 1911[1910]/2006)
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e. Delirio de grandeza
<<Yo no amo en absoluto, y no amo a nadie>>
Esta frase es equivalente a <<yo me amo solo a mí>>, se concibe, así como una sobreestimación sexual del yo propio y se puede poner en equivalencia con la sobrestimación del objeto de amor. Se comprueba un suplemente de delirio de grandeza en las demás formas de paranoia (Freud, 1911[1910]/2006).
Como resultado de estas deducciones gramaticales, Freud expone el sentido del mecanismo del delirio en donde: “lo abolido adentro vuelve desde afuera” (Freud, 1911[1910]/2006).
1.1.4 Acerca de la noción de Narcisismo
El narcisismo consiste en una etapa intermedia entre el autoerotismo y la elección de objeto, Freud (1932/2008) manifiesta que las pulsiones separadas en un momento tienden a componerse en una unidad pues han hallado un objeto, pero este objeto no es uno exterior ajeno al individuo sino el propio yo, a este estadio lo denominó narcisismo (primario). Posteriormente se podrá catectizar objetos del exterior. Es decir, los diversos componentes pulsionales de la sexualidad trabajan en la ganancia de placer cada uno para sí y hallan su satisfacción en el cuerpo propio (Freud, 1913/2011).
El texto esencial para introducir este concepto es “Introducción al Narcisismo” en donde se incluye a las psicosis bajo la premisa de la teoría de la libido. Es en este trabajo en donde se denomina narcisismo secundario a la acción en la que la libido luego de catectizar objetos se sustrae de lo externo y se dirige al yo (Freud, 1914/2008).
Tras la mencionada elaboración, Freud (1914/2008) se permite denominar como parafrenias a ciertas afecciones en las cuales la libido convertida en narcisista no logra hallar el camino de regreso a los objetos y queda replegado al yo, así el sujeto resigna el interés respecto al mundo, suprime el vínculo con personas y cosas sin sustituirlas por otro mecanismo -como la neurosis lo hace con la fantasía- y cuando esto sucede se exterioriza un intento de curación que pretende reconducir la libido al objeto, se presentan entonces el delirio o la alucinación (Freud, 1914/2008).
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Freud (1911[1910]/2006) específica entonces que en la paranoia la libido liberada se vuelca al yo, de esta manera vuelve a alcanzar el estadio del narcisismo. “Los paranoicos conllevan una fijación en el narcisismo y declaramos que el retroceso desde la homosexualidad sublimada hasta el narcisismo indica el monto de la regresión característica de la paranoia” (Freud, 1911[1910]/2006, pág. 67).
1.1.5 Psicosis y Neurosis
El interés de Freud por exponer puntos que permitan inteligir diferencias entre las neurosis y las psicosis es incuestionable. Así, Freud da cuenta que la etiología de la psicosis se encuentra asociada a la perturbación entre los vínculos del yo y el mundo exterior, mientras que la neurosis estaría relacionada con el resultado de un conflicto entre el yo y el ello, bajo la potestad del superyó, cuestión que se ve reflejada en los influjos que la cultura demanda del sujeto (Freud, 1924/2008).
Adicionalmente, menciona que efectivamente en las psicosis se presenta una pérdida de interés en cuanto al mundo externo y que las formaciones como el delirio vendrían a presentarse “como un parche colocado en el lugar donde originalmente se produjo una desgarradura en el vínculo del yo con el mundo exterior” (Freud, 1924/2008, pág. 157).
De esta manera, las manifestaciones patológicas como el delirio son expresiones relacionadas con un intento de curación y de reconstrucción con la realidad (Freud, 1914/2008).
Ahora bien, en cuanto a la pérdida de realidad, Freud (1924/2008), describe a las psicosis como el resultado de la imposición del ello sobre el yo, esto es lo que justamente provocaría una fragmentación con la realidad, en oposición con la neurosis en donde el sujeto prefiere retirar su interés del mundo exterior a manera de huida mediante la fantasía. El punto que distingue en mayor medida a estas estructuras, es entonces el carácter de reparación a la que las psicosis se adhieren para compensar la pérdida de la realidad, pero bajo la creación de una nueva realidad, aspecto que no se presentan en las neurosis, pues si bien el nexo con la realidad puede llegar a flaquear es resultado de una represión pulsional a manera de huida de la realidad (Freud, 1924/2008).
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1.2 BREVE PASAJE POR LA PARANOIA: LACAN
Al igual que la mayoría de posfreudianos, Lacan se inicia en la extensión de la práctica psicoanalítica al campo de las psicosis, sin embargo, Lacan lleva adelante la continuidad de las vías propuestas por Freud, o como dice él mismo, siguiendo el surco abierto por Freud (Mazzuca, 2001). Por consiguiente, Lacan (1955-56/1998) rescata y pone en primer plano el trabajo de su maestro Clérambault sobre el automatismo mental unificándolo a los planteamientos de Freud y utilizando planteamientos vinculados a la subversión de la lingüística estructural para dar origen a su teorización.
La lectura de la obra freudiana realizada por Lacan permite fundar el planteamiento de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, lo que encamina a Lacan a considerar las psicosis a partir de la estructura del Otro, es decir como un efecto del lenguaje en donde las leyes que rigen a éste se encuentran omitidas; se establece entonces un rechazo al orden de lo simbólico (Lacan, 1955-56/1998).
Lacan propone a las psicosis como efecto del mecanismo de forclusión que rechaza la inscripción del Nombre-del-Padre, el significante de la metáfora paterna, impidiendo así la tachadura del deseo materno. Como consecuencia, el sujeto desprovisto de este significante, tiene que hacer frente al encuentro con el goce del Otro debido a que éste no se encuentra regulado por el goce fálico. El goce inscrito en el Otro retorna sin represión, de ahí que lo que ha sido forcluido en lo simbólico retorne en lo real a manera de voces en la paranoia.
1.2.1 Sobre el estadio del espejo
Uno de los momentos cruciales de la constitución y el advenimiento del sujeto se articula con El estadio del espejo, el cual comprende: “la constitución del yo unificado en la dependencia de una identificación alienante con la imagen especular y hace de él la sede del desconocimiento…es la transformación producida en un sujeto cuando asume una imagen” (Chemama & Vandermersch, 2010, pág. 210). Es decir, que dicha constitución, que se presenta entre los 6 y 18 meses, sostiene una identificación imaginaria que es posible por la mirada de reconocimiento del Otro, la cual actúa como imagen especular y
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forma ideal en el momento en el que el infans se reconoce; la noción de desconocimiento se encuentra entonces ligada a esa condición de alienación primordial con la imagen especular (Lacan, 2009).
Esta fase de constitución se caracteriza por una discordancia primordial del sistema piramidal que se evidencia principalmente en la incoordinación motriz de los meses neonatales, de esta manera, el cachorro humano no halla los bordes de lo que es, ni de lo que su cuerpo puede controlar, por lo tanto, no reconoce a los objetos separados de su cuerpo, vive en este tiempo a su cuerpo como despedazado o fragmentado (Lacan, 2009).
Posteriormente, la imagen especular proporcionará al infans la forma intuitiva de su cuerpo, el niño anticipa la forma total de su cuerpo, forma que se presenta como gestalt.
(Chemama & Vandermersch, 2010).
Lacan (1953-54/1981) manifiesta entonces:
La sola visión de la forma total del cuerpo humano brinda al sujeto un dominio imaginario de su cuerpo, prematuro respecto al dominio real… el sujeto anticipa el dominio psicológico y esta anticipación dará su estilo al ejercicio ulterior del dominio motor efectivo”. (pág. 128). El hecho de que la imagen sea asumida jubilosamente por el infans inaugura la matriz simbólica en la que el Yo se precipita de forma primordial antes de objetivarse en la dialéctica de la identificación con el otro y antes de que el lenguaje le restituya en lo universal su forma de sujeto. Esta forma es el Yo-Ideal, que será el tronco de identificaciones futuras (Lacan, 2009).
La función del estadio del espejo se mantiene estrechamente relacionada con el dar cabida a la identificación con el Otro a la dialéctica que liga al yo (je) con situaciones socialmente elaboradas. El Otro primordial juega un papel fundamental puesto que la conquista de la imagen tiene lugar solamente en el momento en que la madre confirma que la imagen acabada y unificada que el infans observa en el espejo es la suya, solo así capturará su imagen narcisísticamente. De ahí que, el yo se constituye en torno a un centro que es el otro en tanto le brinda su unidad (Lacan, 2009).
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Como indica Chemama, (2010) el niño no se ve con sus propios ojos, sino con los ojos de la persona que lo ama o detesta. Para que el niño pueda apropiarse de su imagen se requiere que tenga un lugar en el gran Otro, en la mirada del Otro, en el deseo del Otro.
Así, “el yo se constituye, en un primer lugar, en una experiencia de lenguaje, en referencia al tú y que lo hace en una relación donde el otro le manifiesta… ¿Qué?; órdenes y deseos de su padre, de su madre” (Lacan, 1953-54/1981, pág. 248).
Entonces, se puede establecer que las psicosis presentan una falla en la estructuración especular, pues no se lograría una correcta asunción de la imagen. La imagen de la que el infans se adueña, no es una imagen unificada ni completa pues el Otro primordial no lo ve así a través de su propio deseo, queda así vinculado con una imagen fragmentada, incompleta a nivel del imaginario, imagen enlazada al deseo materno. Producto de dicha constitución de la imagen del yo, lo real que el imaginario tiene que cubrir tiende a irrumpir: la imagen del yo no puede encubrir el goce, apareciendo una tensión que al no poder ser tramitada por el orden de lo simbólico genera la imposibilidad de tramitar con el goce del Otro (Maleval, 2002).
1.2.2 La forclusión del significante del Nombre-del-Padre
La relectura de Lacan sobre el complejo de Edipo freudiano posibilita establecer que la experiencia del Edipo es un hecho propiamente del lenguaje y que por lo tanto, comprende una estructura que a la vez es estructurante de la subjetividad en tanto el sujeto es penetrado por las redes de lo simbólico tras la renuncia del objeto de deseo primordial (Braunstein, 2006).
Por lo cual, el Edipo consiste en una pérdida instaurada por el sometimiento a la Ley del lenguaje, ley necesaria para el devenir del sujeto del inconsciente en tanto ésta le permite desear y abdicar al goce del Otro, confiriéndole la posibilidad de pertenecer a la cultura, al vínculo social, a los hechos de discurso (Braunstein, 2006).
Resulta fundamental, el mencionar que el Edipo le concede al sujeto el poder posicionarse como sujeto sexuado, pues el ser hombre o mujer devienen por el asentamiento de la Ley de simbolización. En consecuencia, “en lo real no existen ni el hombre o la mujer, es
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desde lo simbólico que hombre y/o mujer aparecen como significantes, significantes cogidos, atrapados por el lenguaje, por lo simbólico en donde lo real del cuerpo es organizado a través de lo simbólico” (Orvañanos, 1983, pág. 173). Entonces, como efecto de la simbolización de la metáfora paterna el sujeto se sitúa como hombre o mujer exclusivamente en relación al falo.
Lacan (1957-58/1999) manifiesta que “…hablar de Edipo es introducir como esencial la función del padre” (pág. 170); la función del padre no es otra que una metáfora, pues es un significante que sustituye a otro significante, a saber, el deseo de la madre, este es “el mecanismo esencial, el único mecanismo de la intervención del padre en el complejo de Edipo” (Lacan, 1957-58/1999, pág. 179). El Padre, constituye una función simbólica, pues está vinculado a la Ley y al ser el encargado de representar la interdicción del incesto, es entonces agente de la castración simbólica (Lacan, 1957-58/1999).
Conviene subrayar como menciona Orvañanos (1983) que la castración simbólica en tanto encadenada con el devenir de la falta “aparece como la piedra basal que marca el origen del sujeto; para cada sujeto esta falta se organizará de manera diferente dependiendo del lugar que venga a ocupar el sujeto en la falta del Otro, Otro (Ⱥ) como deseante” (pág. 175). Se infiere entonces que de cómo se posicione el sujeto frente a la castración del Ⱥ y la suya, se podrá hablar de diferentes posiciones clínicas como hechos de lenguaje.
Para introducir la estructura del Edipo, Lacan propone tres tiempos lógicos en los que se vectoriza la dinámica del deseo; recurre también a la elaboración de la concepción sobre la metáfora paterna, en la que el significante del Nombre-del-Padre reemplaza al significante del Deseo de la Madre e instala la significación fálica, de esta manera, el sujeto a devenir será emancipado del deseo de la madre (Lacan, 1957-58/1999).
Tras dicha sustitución, desemboca la operación en un significado que no es otro más que el falo (Lacan, 1957-58/1999). Por lo tanto, es a merced de la función del padre como el objeto α cae para que se instaure como causa de deseo en tanto ha sido perdido y se pueda hablar así de un sujeto tachado ($) y del Otro barrado (Ⱥ).
En el desenlace del Edipo, Lacan (1957-58/1999) menciona que el padre interviene en tres planos, estos son: castración, frustración y privación. A continuación, se explica detalladamente la formalización de los tres tiempos lógicos propuestos por Lacan:
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Primer tiempo
Es reconocido que las primeras relaciones del infans con su medio, se abrevian en la relación fundamental del niño con la madre; este primer tiempo hace referencia exclusivamente a la relación del niño con la madre en tanto que el niño depende únicamente del deseo de la madre, para lo cual resulta necesario dar cuenta que “no se trata simplemente de la necesidad de los cuidados, del contacto, ni siquiera de la presencia de la madre, sino de la apetencia de su deseo” (Lacan, 1957-58/1999, pág. 188), es decir, el deseo del niño constituye deseo de ser deseo de la madre.
¿Qué es lo que desea la madre? Lacan aclara que el objeto que desea la madre, es el falo.
Se establece de esta manera una identificación con el falo por parte del niño, ya que este es el objeto deseado por la madre. Para que el niño de cuenta de lo mencionado, es necesario que el deseo de la madre se sostenga como simbolizado en el for-da, es decir en la oscilación de ausencia y presencia (Lacan, 1957-58/1999). De esta manera:
el niño descubre que no colma el deseo materno y que la madre desea en él otra cosa que él mismo. El niño representa para la madre la hiancia incolmable abierta por el falo, espectro que de eso su madre desea en él, introducido en una discordancia imaginaria, puesto que es niño y falo (Orvañanos, 1983, pág. 179).
Como resultado, el niño “es súbdito porque se experimenta y se siente de entrada profundamente sometido al capricho de aquello de lo que depende” (Lacan, 1957- 58/1999, pág. 195). En definitiva, en este tiempo, la madre tiene el falo pues el hijo se identifica en espejo con este, el niño gira bajo la lógica de “ser” el falo (-φ); dicha identificación es netamente imaginaria, pues el niño es solamente su soporte, es trascrito en esta extensión (Orvañanos, 1983).
Es por esto que la madre al ubicar al niño como falo y el niño al ubicarse como tal, se supone completa y por lo tanto colmada. En consecuencia, en este tiempo, el niño se escribe para la madre como sustituto de su carencia fundamental: como falo (-φ), en definitiva, “la madre reconoce al hijo como objeto de su deseo y como aquello que transitoria, imaginaria, e insuficientemente, viene a llenar su carencia” (Orvañanos, 1983, pág. 194).
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Por esta razón, Lacan menciona que “el falo interviene entonces como falta…como objeto del Penisneid, de aquella privación siempre sentida cuya incidencia conocemos en la psicología femenina” (Lacan, 1957-58/1999, pág. 212). Sin duda, la madre busca el falo, busca el objeto con el cual pretende completarse, busca el objeto que en el desenlace de su Edipo fue negado para posteriormente admitir la promesa de un sustituto de falo, es decir un hijo.
En este tiempo, la metáfora paterna aún no se hace presente, se encuentra velada, sin embargo, esto no evita que el padre exista en la Ley del símbolo (Lacan, 1957-58/1999).
Segundo tiempo
En el segundo tiempo, “el padre se afirma en su presencia privadora, en tanto es quien soporta la ley, y esto ya no se produce de una forma velada sino de una forma mediada por la madre, que es quien lo establece como quien le dicta la ley” (Lacan, 1957-58/1999, pág. 193), de manera que la eficiencia de este tiempo depende necesariamente de que la madre proporcione un lugar al padre y por tanto dé cuenta que éste se encuentra introducido en el discurso de la misma.
El Padre interviene como metáfora para hacer barrera entre la dinámica madre-hijo, ya que priva a la madre del objeto fálico, así como al niño del objeto de su deseo, es así como el niño cede de la mencionada identificación con el falo; es el padre quien permite dar cuenta al niño de que no constituye el falo, de que no es aquello que completa a la madre.
En consecuencia, el niño descifra que “la madre es dependiente de un objeto que ya no es simplemente el objeto de su deseo, sino un objeto que el Otro tiene” (Lacan, 1957- 58/1999, pág. 198). Quien es realmente portador del falo, es el padre, es él quien posee la clave sobre el deseo de la madre.
Se infiere por tanto que este es el tiempo en el que la metáfora paterna se instala, puesto que el significante del Nombre-del-Padre, traza un obstáculo al reemplazar en su lugar al significante del deseo materno, así se “permite al niño salir de su acoplamiento con la omnipotencia materna de la relación narcisista y mortífera con la madre” (Orvañanos, 1983, pág. 197). Esta es la Ley de padre, Ley a la que se encuentra sometida la madre, Ley a la que el niño debe reconocer para la constitución del deseo (Lacan, 1957-58/1999).
Lacan (1957-58/1999) manifiesta acerca de la remisión de la madre a la Ley que “es una ley que no es la suya sino la de Otro, junto con el hecho de que el objeto de su deseo es
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soberanamente poseído en la realidad por aquello mismo Otro a cuya ley ella remite, da la clave de Edipo” (pág. 200). Es el Otro el garante de la Ley.
Tercer tiempo
El tercer tiempo, el último tiempo lógico detallado por Lacan, destaca el declive del Edipo, en tanto el padre se revela como poseedor del objeto de deseo de la madre, es decir, interviene “como el que tiene el falo y no como el que lo es y por eso puede producirse el giro que reinstaura la instancia del falo como objeto deseado por la madre, y no ya solamente como objeto del que el padre puede privar” (Lacan, 1957-58/1999, pág. 199). Entonces, el padre es el portador del falo, en cuanto posee lo que la madre desea.
A causa de haber ocupado un lugar en el deseo de la madre, el padre puede ejercer la castración simbólica, este es el padre simbólico, el padre de la Ley, Ley del lenguaje y, por lo tanto, convertirse en ideal de identificación en el varón y ser para la niña el poseedor de lo que ella no posee. En consecuencia, el niño abandona completamente la posición de falo (Lacan, 1957-58/1999).
Simultáneamente, el falo pasa de ser un objeto imaginario a ser un objeto simbólico que circula, el falo se transmite en el orden de lo simbólico, de esta manera, el Nombre-del- Padre, ejerce la función de reemplazar metafóricamente al deseo de la madre con respecto al falo. Es decir, el falo posee un valor idéntico al establecer la metáfora que se ha mencionado ya (Orvañanos, 1983).
Por consiguiente, en este tiempo “el falo ɸ es constituyente de la castración, soporte de la falta, al mismo tiempo que la engendra …el ɸ crea y designa a la falta, la eterna hiancia, causa del deseo que marca al sujeto con la castración, única posibilidad que el sujeto exista” (Orvañanos, 1983, pág. 183). El falo ɸ, en definitiva, es el que vectoriza la dinámica del deseo en el sujeto, pues es soporte de la ley en tanto designa la falta en el Otro (Ⱥ) y la suya propia. El falo por lo tanto es el significante de una carencia y representa así al lugar de la falta (Orvañanos, 1983).
En consecuencia, en este tiempo al engendrar la tachadura del significante del Deseo de la Materno, se erige un cerco, separando así al niño de la omnipotencia de ésta, tras salvarlo de quedar a merced de la identificación con el objeto deseado la misma; se
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produce al mismo tiempo la represión primaria del deseo incestuoso, lo que dará paso a fundar y constituir el inconsciente por medio de la metáfora (Lacan, 1957-58/1999).
En síntesis, el complejo de Edipo de Lacan, consiste en una estructura en la que el padre y la madre intervienen netamente como significantes. Como aspecto primordial, el significante del Nombre-del-Padre se inscribe en la dinámica edípica con la finalidad de que madre e hijo queden interdictos. Como resultado, el sujeto posee una barrera contra el goce del Otro, deja de ser objeto de completud de la madre y se funda la significación fálica, significación que instaura límites. Es entonces por la Ley de prohibición del incesto, en tanto Ley del lenguaje como el sujeto emerge, en lo simbólico, en lo real y en lo imaginario (Braunstein, 2001).
Es indispensable el mencionar finalmente que la función paterna pauta el comienzo de la cadena significante, puesto que como efecto de la implantación de la metáfora paterna, el sujeto puede posteriormente formar parte del vínculo social, de los hechos de discurso y por tanto reconocer que es imposible prescindir del Otro (Lacan, 1957-58/1999). De ahí que, Lacan mencione que “el padre es, en el Otro, el significante que representa la existencia del lugar de la cadena significante como ley” (Lacan, 1957-58/1999, pág. 202).
Ahora bien, en la obra de Freud es posible inteligir un esfuerzo por aislar la especificidad de un mecanismo psicótico, con este fin fueron empleados los conceptos de Verleugnung y con menos aparición el de Verwerfung, sin embargo, fue el propio Freud quien reconoció haber fracasado en este cometido (Maleval, 2002).
El término de la Verwerfung es utilizado por Freud desde sus elaboraciones en consonancia con las neuropsicosis de defensa y describe una forma de defensa más eficaz y energética que la que opera en las fobias y obsesiones, en donde el yo rechaza la representación insoportable, así como el afecto, comportándose como si la representación nunca hubiera llegado al yo (Freud, 1896/2010).
Posteriormente, Lacan elabora una tesis sólida del abordaje freudiano en cuanto a las psicosis y plantea así el mecanismo de la forclusión como devenir lógico de su relectura sobre los planteamientos freudianos de la Verwerfung. Es en el seminario III, “Las estructuras freudianas de las psicosis”, donde Lacan (1955-56/1998) incluye este término para explicar que lo forcluido es lo que escapa a la simbolización, es decir al lenguaje y que aquello que no fue inscrito o simbolizado retorna en lo real.
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Como se ha establecido previamente, para que un sujeto tenga acceso a lo simbólico es necesaria la instauración de la metáfora paterna a través de la represión originaria. “La metáfora paterna concierne a la función del padre…y la función del padre tiene su lugar en un lugar bastante amplio, en la historia del análisis, se encuentra en el corazón de la cuestión del Edipo” (Lacan, 1957-58/1999, pág. 165). De esta manera, el padre interviene en varios planos en cuanto a la frustración, privación y castración con la finalidad de que el padre simbólico tenga cabida en tanto metáfora (Lacan, 1957-58/1999).
La introducción de la metáfora paterna, permitirá la inscripción del niño en la ley, en el orden de lo simbólico y por tanto en la ley del deseo. Como explica Lacan en De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, el significante del Nombre- del-Padre suple el lugar previamente simbolizado por la operación de la ausencia de la madre (Lacan, 1958/2003).
De ahí que la metáfora paterna “alza un obstáculo frente al goce incluido en la relación madre-niño, traza una tachadura sobre el deseo de la madre y opone se opone a la instauración de una completud imaginaria en la que ambos podrían quedar reunidos”
(Maleval, 2002, pág. 84), en este sentido, el sujeto no se encontrará dominado por la supremacía del deseo materno, ya que no se verá sometido a las significaciones inducidas por la misma.
Ahora bien, en las psicosis la metáfora paterna se encuentra abolida, pues el significante del Nombre-del-Padre no sustituye al significante primordial, es a este fenómeno que Lacan denominó como forclusión, es decir, a la no inscripción del significante del Nombre-del-Padre en la trama del sujeto (Lacan, 1955-56/1998). Dor (1992) expresa que
“la forclusión del Nombre-del-Padre designa la circunstancia en la cual el significante del Nombre-del-Padre, llamado a intervenir en la metáfora del Nombre-del-Padre, no se lleva a cabo: no responde al llamado” (pág. 469).
De modo que, el acceso a lo simbólico se encuentra comprometido, la ley del lenguaje necesaria para la constitución del sujeto no es incorporada y así responde “en el Otro un puro y simple agujero, el cual por carencia del efecto metafórico provocará un agujero correspondiente en el lugar de la significación fálica” (Lacan, 1958/2003, pág. 540), significación que posee una función de normativización del lenguaje, pues permite que el sujeto pueda inscribirse en hechos de discurso que constituyen un vínculo social. De esta manera, lo rechazado en el orden simbólico, es decir la metáfora paterna, reaparece en lo
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real -como voces o imágenes martirizadoras-, pero el sujeto no tiene simbolizado aquello que vuelve y por tanto no puede asignarle significación. (Lacan, 1955-56/1998).
En la paranoia, el padre no tiene existencia simbólica para el sujeto, no se introduce la ley de prohibición del incesto para que devenga un sujeto en falta, un sujeto deseante. (Lacan, 1955-56/1998). El sujeto se ubica en el lugar de falo de la madre, a saber, como único objeto de deseo de la madre. Por consiguiente, queda devorado por el deseo materno, asume el deseo de su madre y queda atrapado en él. Se trata entonces de una ausencia en el Edipo, del fracaso de la metáfora paterna y por tanto de la castración (Lacan, 1957- 58/1999).
Debido a la carencia de la inscripción de la metáfora paterna, el psicótico queda sujeto al objeto de deseo de la madre, no existe la caída del objeto α, pues no funda ni la tachadura del Otro (Ⱥ), ni del sujeto ($). En consecuencia, en la paranoia, “allí donde el objeto α es aquello de lo cual el sujeto trata de separarse como órgano, se une a ello” (Czermak, 1987, pág. 124).
El sujeto no posee ningún lugar desde el cual pueda articular significantes, pues el psicótico se encuentra entregado como objeto, como desecho, ya que se identifica con el mismo objeto α. Entonces, en el delirio “el objeto α retorna obturando la oquedad de la causa de deseo. A partir de entonces llega a faltar en el Otro ese punto de desvanecimiento que permite al sujeto tomarse como enunciador de su propio discurso” (Maleval, 1998, pág. 71).
Es importante el mencionar que la omisión de la metáfora paterna no conduce subidamente al desencadenamiento del delirio, sino que serán precisas condiciones que se relacionan con el llamado al Nombre-del-Padre lo que provocará el florecimiento de un delirio, lo que responde a este llamado es un agujero pues no puede responder lo que nunca ha estado (Ramírez, 2008).
1.2.3 Delirio y Paranoia
Indudablemente, Lacan explica a las psicosis bajo ciertas premisas como las del automatismo mental expuestas por su maestro y psiquiatra, Gaetan Gatien de Clérambault, pero a la vez aislándolas finamente de su teorización. De ahí que exponga
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que el sistema delirante varía y que sobre todo en cierto período posee significación que el sujeto desconoce, pero se impone en un primer plano ante él y es perfectamente comprensible para él mismo (Lacan, 1955-56/1998).
Ahora bien, el delirio está cerrado a toda composición dialéctica pues es un elemento repetitivo que procede por reiteraciones, de manera que el sujeto paranoico “quedará al menos por un tiempo, repitiéndose siempre con el mismo signo interrogativo implícito, sin que nunca le sea dada respuesta alguna” (Lacan, 1955-56/1998, pág. 37).
En el lenguaje del paranoico “ciertas palabras cobran un énfasis especial, una densidad que se manifiesta a veces en la forma misma del significante, dándole ese carácter francamente neológico tan impactante” (Lacan, 1955-56/1998, pág. 51). Los neologismos, que caen bajo el estatuto de signo se encuentran en el campo de las psicosis, debido a la forclusión que trae consigo la ruptura de la cadena significante por lo que se presentan pedazos de lenguaje en lo real (Maleval, 2002).
Maleval afirma que el neologismo “constituye una palabra que fija el pensamiento del delirante, a partir de entonces, ya no tiene nada por explicar, nada que buscar, la palabra lo dice todo” (Maleval, 1998, pág. 76). Sin embargo, constituyen una tentativa de curación que apunta a ordenar la pululación de goce (Maleval, 1998). Lacan (1955- 56/1998) manifiesta que para realizar un diagnóstico de psicosis es necesaria la presencia de un trastorno de lenguaje, como lo posee el carácter del neologismo.
Adicionalmente, el delirio permite contemplar que el sujeto psicótico vive una certeza que da cuenta que su realidad no está asegurada; en él no está en juego la realidad sino por el contrario la certeza, la cual es radical e inquebrantable excluyendo de esta forma toda referencia a lo simbólico (Lacan, 1955-56/1998). Por lo tanto “a medida que el delirante asciende la escala de los delirios, está cada vez más seguro de cosas planteadas más irreales” (Lacan, 1955-56/1998, pág. 112).
Como explica Lacan (1955-56/1998), el delirio reaparece en lo real, pues lo simbólico se encuentra abolido, lo que implica que en un momento hubo ruptura, agujero, desgarro, hiancia con la realidad exterior y el intento de reconstrucción de éste es justamente el delirio. Lo real se presenta como reaparición de lo no simbolizado, es decir, del Nombre- del-Padre y por lo tanto de la castración. Entonces, “lo que aparece, aparece bajo el registro de la significación, y de una significación que no viene de ninguna parte, que no
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remite a nada, pero que es una significación esencial que afecta al sujeto” (Lacan, 1955- 56/1998, pág. 126).
En la paranoia es posible reconocer “una reducción del Otro, del Otro con mayúscula, del Otro como sede de la palabra, al otro imaginario. Es una suplencia de lo simbólico mediante lo imaginario” (Lacan, 1957-58/1999, pág. 14). Se presenta una proliferación del registro imaginario -es decir del registro relacionado con la constitución del yo, con la identificación, con el narcisismo- debido a la imposibilidad de realizar una mediación simbólica (Lacan, 1957-58/1999).
Dor (1992) explica: “en la paranoia el delirante es invadido por lo imaginario en la misma medida en que se encuentra <<cortado>> de lo simbólico” (pág. 465). En consecuencia, el pacto del sujeto con el otro es inexistente. “Que el otro es estructuralmente desdoblable, desplegable, está claramente manifestado en el delirio” (Lacan, 1955-56/1998, pág. 142), puesto que:
…para que pueda haber una relación con el otro, es necesario que haya existido un descarte producido entre los sujetos y entonces que algo entre estos partenaires caiga para que en la dirección que hago al otro haya una colocación de tensión de algo que me haría falta…ese algo que ha caído es precisamente el objeto α (Czermak, 1987, pág. 20).
Así, la palabra se desarrolla en un registro especular, por eso la presencia de proyecciones y construcciones características del sistema delirante. De ahí que se entienda que el delirio se encuentra en el discurso, pero no en la palabra, en el acto de la palabra, pues esta supone una afectación entre alguien que habla y el que escucha, cuestión que se encuentra obstruida debido a la imposibilidad de metaforizar (Braunstein, 2006).
De ahí que Braunstein (2006) manifieste que en las psicosis “la palabra no funciona como diafragma regulador, el sujeto ha sido inundado y desplazado por este goce rebelde a los intercambios, tan invasor que no deja lugar para una palabra Otra que pudiera refrenarlo y limitarlo” (pág. 267).
En el seminario de “El sinthome”, Lacan (1975-76/2005) plantea para la explicación de la paranoia, el nudo de trébol, el cual homogeneiza el nudo borromeo, es decir que se coloca allí la continuidad de lo real, simbólico e imaginario. Dice en referencia: “en la
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medida en que un sujeto anuda de a tres lo imaginario, lo simbólico y lo real, solo se sostiene su continuidad. Lo imaginario, lo simbólico y lo real son una sola y misma consistencia y en eso consiste la psicosis paranoica” (pág. 52).
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Czermak (1987) esclarece que en la paranoia se presenta “esta continuidad de I y S, con R, debido a la equivalencia del S con α” (pág. 273), puesto que el sujeto y el Otro no están barrados, por lo tanto no ha caído el objeto α, y éste se encuentra imposibilitado de convertirse en causa de deseo, no se presenta un movimiento metafórico, solamente se percibe un continuo desplazamiento. En consecuencia, la construcción del delirio, surge como una tentativa de remediar la desvinculación del objeto α, y como un esfuerzo para obligar al goce desbordante a permanecer dentro de las redes del lenguaje. (Maleval, 2002)
En la paranoia se puede presentar un mecanismo que actúe a manera de estabilización del delirio, como función pacificadora de lo real, como “un modo de hacer con lo real”, a este mecanismo Lacan (1958/2003) lo denominó, metáfora delirante, que consiste en construir un reemplazo del Nombre-del-Padre, el cual puede de alguna manera mitigar los efectos de la forclusión del significante del Nombre-del-Padre. Dicha suplencia no implica que pueda despojar al sujeto de la forclusión, simplemente permitirá atenuar los efectos de la misma. (Ramírez, 2008)
Aguirre (2016), manifiesta que “la metáfora delirante es un trabajo de elaboración como lo atestiguan los escritos del presidente Schreber; es un testimonio del rigor puesto en ella para poder responder al llamado de lo simbólico como puede, con un padre-sin-nombre,
2 (Lacan, Seminario XXlll: El sinthome, 1975-76/2005)
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del que nace una multitud de seres y significantes suficientes para organizar la lengua propia” (pág. 21).
1.2.4 El goce en la paranoia
Maleval (2002) haciendo referencia a las psicosis, expresa:
La operación del Nombre-del-Padre recorta un agujero en el campo del Otro y porta al mismo tiempo el elemento adecuado para valer esa hiancia.
Anudando al sujeto con el lenguaje, lo separará de una confrontación no mediatizada del deseo del Otro (Maleval, 2002, pág. 101).
Se entiende de esta manera que la función paterna es la que limita al goce, da lugar a la falta y por lo tanto al goce fálico. El goce deviene a partir de la intervención de la Ley del Nombre-del-Padre y en consecuencia es efecto de la castración simbólica, entonces “la intervención del padre…orienta al sujeto al goce fálico, cuyo vehículo es el lenguaje”
(Maleval, 2002, pág. 116).
Por lo tanto, el goce fálico separa al sujeto del objeto de goce primordial, produce la caída del objeto α, es decir a una nueva búsqueda del objeto, pues la caída del objeto permite el asentamiento del objeto como perdido, y por ende resultará causa de deseo. Sintetizando, el goce fálico se convierte en un posible, debido a la introducción del sujeto en el orden de la ley del lenguaje, como sujeto de la palabra (Maleval, 2002).
No obstante, la imposibilidad de la inscripción del Nombre-del-Padre tiene como consecuencia la no operación de la metáfora paterna, por lo tanto, la no constitución y estabilización de la significación fálica, cuestión que se traduce como la posición fuera del Edipo (Mazzuca, 2001). Dicho rechazo, perteneciente a las psicosis, enfrenta al sujeto a un desencadenamiento del goce al no estar sometido al límite fálico y a la ley que ordena el deseo, por lo que se presenta un goce como “algo loco, enigmático, centrado en el cuerpo del sujeto” (Maleval, 2002, pág. 213), es a este goce como se lo denomina: goce del Otro.
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El goce del Otro, propio de las psicosis, “es un goce no regulado por el significante y por la castración, fuera del lenguaje en tanto que sumisión a las leyes del intercambio”
(Braunstein, 2006, pág. 99). Por esta razón, este goce queda fuera del orden de lo simbólico; indudablemente la integración de este campo se encuentra comprometido, por esta razón el sujeto no logra poner un cerco de lo real como imposible.
El goce del Otro, no detenta ningún tipo de límite, ni localización, “es un escenario donde se derrama sin límites la palabra del Otro” (Braunstein, 2006, pág. 99), Otro sin tacha, supremo, absoluto, que inscribe al sujeto como objeto, de modo que el sujeto psicótico queda identificado como un objeto de goce, sometido a la arbitrariedad del deseo de la madre. En consecuencia, resulta claro que “la carencia paterna, entrega al sujeto al goce de Otro sin freno” (Maleval, 2002, pág. 122).
Dada la ausencia del Nombre-del-Padre, es posible que el sujeto se identifique con el objeto α, de ahí que Lacan explique que el psicótico “lleva el objeto α en el bolsillo” pues no hay caída de este. De modo que “el puro sujeto de la psicosis es también un puro objeto” (Czermak, 2002, pág. 20).
La mencionada identificación, supone que el sujeto no pueda articular su deseo y por ende deba sacrificarlo. En este sentido, en las psicosis lo que dicta es el goce del Otro, Otro que lo posee absolutamente, por esta razón, frecuentemente en el delirio emerge ese Otro que pretende gozar del cuerpo del sujeto, como lo evidencia Schreber, quien experimenta una presencia invasora y consistente con el Dr. Flechsig y Dios (Maleval, 2002).
Landman (2013) expresa que el psicótico tiene que vérselas con un gran Otro que le habla y con el cual mantiene una relación conflictiva. De modo que “es característico de la posición del sujeto psicótico ser atormentado por un goce sin ley ni marco” (Maleval, 1998, pág. 71).
El goce del Otro, es experimentado por algunos hombres por lo que pueden presenciar su ímpetu, este es el caso de los psicóticos. Por esta razón, se ha comprobado que habitualmente el delirio empuja al sujeto a convertirse en una encarnación de La mujer, es decir a la encarnación de un goce infinito, “la feminización se encuentra en condiciones de encarnar la excepción de voluptuosidad sin límites” (Maleval, 1998, pág. 86). Así, en la paranoia, el goce-todo es alcanzable.
En efecto, la forclusión queda estrechamente ligada a un desencadenamiento del goce y de manera más concreta con un empuje a La mujer. Es sustancial el recalcar que el empuje
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a la mujer “no se reduce a la emergencia de una figura de goce desatado: a menudo contribuye, en el mismo movimiento a una cierta contención del mismo…La mujer del delirante sirve de protección frente el Otro” (Maleval, 2002, pág. 301). Es por esta razón que Lacan menciona con respecto a su lectura del caso Schreber que “a falta de ser el falo que falta a la madre, a Schreber le queda la solución de ser la mujer que falta a los hombres” (Lacan, 1958/2003) y en consecuencia ocupará el lugar de La Mujer sin barrar.
Maleval (2002), manifiesta que también “el Padre de la Horda, el al-menos-Uno, como La mujer, constituyen figuras adecuadas para representar a seres cuyo goce, como el del psicótico, no está sometido a la interdicción fálica” (pág. 308). Estas son figuras que se encuentran solamente en lo real, que no están sujetas al goce fálico debido a la ausencia de la castración, de ahí que el cuerpo del psicótico sea un instrumento entregado a merced del goce del Otro.
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CAPÍTULO II
2. CONSIDERACIONES SOBRE LA HISTERIA
La histeria es una acepción que data desde hace milenios; en Egipto, lugar en donde no existía aún la medicina científica es posible hallar diferentes papiros médicos que relatan casos de mujeres con varias manifestaciones somáticas. En otro momento de la historia, Hipócrates, en búsqueda de un mecanismo causal sobre las acciones del cuerpo sin razón aparente en las mujeres, establece que las diferentes alteraciones se originan debido a que el útero de la mujer se seca y se desplaza en el cuerpo, deteniéndose en un momento en algún órgano, causando así una perturbación física. Posteriormente, en la edad media, se atribuye un origen demoniaco y sobrenatural a los síntomas que se presentaban como, por ejemplo: contracciones, convulsiones, parestesias, etc. (Melman, 1992).
Con respecto al psicoanálisis, se reconoce que en los acercamientos de Freud a la histeria se pueden distinguir dos momentos trascendentales, uno que alude a su aprendizaje bajo la influencia de Charcot, es decir bajo el influjo médico, y otro que se vincula a su trabajo junto con Breuer, con quien se aproximó a la hipnosis, sugestión y al método catártico.
Luego, Freud direcciona su investigación hacia la asociación libre y el propio método psicoanalítico (Melman, 1899). De ahí que se conozca que la escucha a las histéricas dio origen al psicoanálisis.
2.1 ALGUNAS NOCIONES DE HISTERIA: LOS TEXTOS DE FREUD
Indiscutiblemente, el psicoanálisis debe su procedencia a la histeria, es como efecto de la escucha que Freud logra construir su teorización sobre lo que llamó el aparato psíquico y por tanto sobre el inconsciente. El recorrido que Freud realiza en relación a la histeria es extenso y resulta necesario el destacar que su construcción teórica se desconstruye y se construye en varios momentos a lo largo de su obra; evidentemente no constituyen acepciones estáticas, pues éstas se articulaban con otras formulaciones que se iban proponiendo.
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Es en “Estudios sobre la histeria”, trabajo que Freud realiza conjuntamente con Breuer en los años de 1893 a 1895, años que corresponden a una etapa de prehistoria psicoanalítica, donde se da una apertura a la escucha de las histéricas. “El mérito indiscutible de Breuer, es el rescindir, prescindir, renunciar, al uso prepotente de la palabra y el de orientar su atención al decir de la enferma” (Saal, 2005, pág. 16).
Es a partir de las propuestas de Breuer, como Freud abre una hendidura en su trabajo, alejándose así de la hipnosis y estableciendo que el síntoma de la histérica tiene una relación causal con experiencias sofocadas o reprimidas, de modo que el síntoma aparece en lugar de lo que no se ha dicho. En consecuencia, “Freud, al escuchar el síntoma en la palabra, abre el camino para pensar al cuerpo sufriente y gozante en relación con un discurso” (Saal, 2005, pág. 21).
2.1.1 Breve recorrido de las primeras formulaciones de histeria
Una de las primeras teorizaciones de Freud sobre la histeria se encuentra en sus textos sobre las “Neuropsicosis de defensa (1894)”en la cual la histeria hace alusión al resultado de una defensa a la que el sujeto acude con la finalidad de evitar una representación inconciliable de característica sexual; después de la defensa se presentan síntomas que no se vinculan a alguna causa de tipo orgánica y para este cometido Freud propone el término conversión (Freud, 1925/2010).
En el año de 1896, Freud propone un nuevo trabajo sobre las neuropsicosis de defensa y especifica que “los traumas sexuales corresponden a la niñez temprana y su contenido tiene que consistir en una efectiva irritación de los genitales…junto con la condición de una pasividad sexual” (Freud, 1896/2010, pág. 164). Sin embargo, todas las experiencias traumáticas provocan su estallido en una etapa posterior debido a la huella mnémica reprimida. Se reconoce a esta propuesta como la teoría del trauma (Freud, 1925/2010).
En “La etiología de la histeria (1986)”, Freud (1896/2010), confirma la proposición sobre el desencadenamiento de la histeria vinculado a experiencias sexuales prematuras; declara como motivos para el estallido de la histeria tanto al abuso sexual de niñas (por parte de padres, tíos, empleadas, etc.), a la seducción por parte de un adulto y a las relaciones entre niños o hermanos. Manifiesta también en este trabajo que “los síntomas histéricos son