Iglesias del Nuevo Testamento

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Texto completo

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Iglesias

del Nuevo Testamento

E M I L I O L O S P I T A O

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Prólogo

Este autor cree que el “viaje” exegético que suponen estas notas lo deberían conocer algunos líderes de las Iglesias de Cristo. Ya fue publicado en Restauromanía 2ª época en capítulos. Aquí simplemente lo estoy presentando en un volumen con el objeto de seguir su lectura sin necesidad de abrir varios archivos. He aprovechado para hacer algunas correcciones de forma, como es lógico, pero el fondo está íntegro tal como fue publicado en su día.

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Esta noción deviene de la convicción axiomática de que la Iglesia de la que habla el Nuevo Testamento fue una comunidad homogénea, monocolor en la forma y en el fondo, unánime en la doctrina y en la liturgia. Este axioma, como veremos en este “viaje” exegético, parte de una idea idealista y teologizada; pero en realidad es un simple galimatías. De ahí, el sueño de restaurar “la Iglesia del Nuevo Testamento”. Sin embargo, a la luz del testimonio de las escrituras neotestamentarias, la realidad de lo que fue el cristianismo primitivo, como fenómeno socio-religioso, convierte a la pretendida “restauración” en un simple mito.

La primera gran e incuestionable novedad que hallamos en el Nuevo Testamento es que “la” Iglesia en realidad la formaban “dos” grupos muy diferentes: uno judío-cristiano y otro griego-cristiano. El primero (la iglesia primitiva) siguió practicando las “costumbres” judías (la Ley) y el segundo, de origen gentil, no practicó nada de la Ley, salvo algunos preceptos de la misma que los judíos-cristianos les impusieron (Hechos 15:28-29; 21:25).

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escuché hablar de la paradoja de “dos” iglesias apostólicas. Sí escuché del problema de los “judaizantes”, pero esto es otra historia. Creo que nunca sale más fortalecida la fe y el compromiso cristiano que cuando investigamos sin cortapisas y sin prejuicios. La verdad –dijo Jesús- nos hace libres. ¡Así pues, sintámonos libres!

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C A P Í T U L O 1

La iglesia de Jerusalén

1. Nacimiento de la iglesia

En la primera fiesta de pentecostés, posterior a la celebración de la pascua en la que Jesús había instituido la “Santa Cena”, se manifestó el Espíritu Santo sobre el grupo de discípulos que estaba reunido en el aposento alto en Jerusalén (Hechos 1:12-26). Según se cree, corría el año 33 de la era cristiana. Este suceso fue el punto de partida para la proclamación del evangelio (Hechos 2). Como respuesta a este primer sermón predicado por el apóstol Pedro, se convirtieron “como tres mil personas”. Durante aquellos días, varios miles de personas más creyeron en la Buena Nueva (Hechos 4:4). De Jerusalén la noticia pasó a Samaria y a Galilea donde hubo más conversiones (Hechos 9:31).

Durante un tiempo indefinido (por lo menos hasta el martirio de Esteban), todas las personas convertidas al

“Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el

Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo

entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones”

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evangelio procedían del judaísmo. La iglesia “primitiva” la componían exclusivamente personas judías.

2. Una iglesia teológicamente en germen

Contrario a lo que nos pueda parecer, el primer sermón de Pedro no sólo fue dirigido a judíos: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel…”, sino exclusivo para los judíos: “porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos…” (Hechos 2:36-39).

De Hechos 10:1–11:18 se deduce que los líderes fundadores de la iglesia no tuvieron al principio ninguna predisposición para predicar el evangelio a los gentiles. Para anunciar el evangelio a un gentil (¿el primero?), Pedro tuvo que ser previamente aleccionado tanto teológica como psicológicamente: “Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hechos 10:28). ¿Cuánto tiempo pasó desde el día de Pentecostés hasta este acontecimiento?

Los judíos-cristianos (helenistas) que salieron de Jerusalén por causa de la persecución desatada a raíz del martirio de Esteban “pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie sino sólo a los judíos” (Hechos 11:19).

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manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! (Hechos 11:18). Obviamente, hasta esa fecha predicar a un gentil era un gesto contrario a los prejuicios étnicos y religiosos del cristiano-judío, ¡aun los Apóstoles! Lo cual plantea una paradoja no exenta de otros problemas que aquí omito apuntar.

3. Perfil religioso de la iglesia en Jerusalén

La “iglesia primitiva”, la que había nacido en Jerusalén el día de Pentecostés, la única iglesia de Cristo existente hasta la predicación a los gentiles, estaba compuesta por hombres y mujeres judíos.

Según los textos bíblicos, excepto los sacrificios del templo –que tipificaban el sacrifico de Cristo en la cruz (Hebreos 9:11-14)– esta iglesia primitiva continuó practicando todos los rituales del levítico que tenían que ver con la pureza y la piedad religiosa judía (Hechos 21:20, 25).

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Era tan importante para estos judíos-cristianos (la iglesia primitiva) guardar estas cosas, que la resolución del conflicto que se dirimió en el “concilio” de Jerusalén, “impuso” a los griegos-cristianos guardar “ciertas” cosas de la ley (Hechos 15:28-29).

De hecho, el conflicto que motivó dicho concilio fue la tensión que se había originado entre los judíos-cristianos y los griegos-cristianos que aceptaron el evangelio, los cuales no guardaban ningún precepto de la ley, mientras que los judíos-cristianos seguían fieles a la misma.

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C A P Í T U L O 2

La iglesia de

Antioquía

1. Nacimiento de la iglesia

Aun cuando el primer gran boom misionero fue sin duda el

ocurrido el día de Pentecostés, en Jerusalén, con tres mil almas que obedecieron al evangelio (algún tiempo después, varios miles más se unieron al movimiento cristiano), no obstante, la primera misión entre los gentiles (aparte del centurión romano – Hechos 10) fue llevada a cabo por discípulos (judíos-cristianos helenistas) procedentes “de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús” (Hechos 11:19-20). Estos “evangelistas” habían salido de Jerusalén huyendo de la persecución que hubo con motivo de Esteban (Hechos 8:4;

“Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de

los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos

podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús

seremos salvos, de igual modo que ellos”

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11:19). Sin duda, el hecho de ser judíos de la diáspora, con una mentalidad más abierta, facilitó el acceso a los gentiles para hablarles de Jesús el Cristo. El resultado de hablar la palabra también a los griegos fue que: “la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor” (Hechos

11:21). Lucas resume este evento misionero diciendo: “Y una

gran multitud fue agregada al Señor” (Hechos 11:24b). ¡Había nacido la primera iglesia de origen gentil!

Si la iglesia de Jerusalén fue la iglesia “madre” entre los judíos, la iglesia de Antioquía se convirtió en la iglesia “madre” entre los gentiles. Pero la iglesia “primitiva” propiamente dicha fue la iglesia de Jerusalén, donde nació el movimiento cristiano.

2. Pablo y la iglesia en Antioquía

La noticia del nacimiento de esta iglesia entre los griegos llegó pronto a Jerusalén cuyos líderes (los Apóstoles – Hechos 8:1) enviaron a Bernabé, el cual enseguida percibió la importancia de lo que estaba ocurriendo en la tercera ciudad del Imperio. Así pues, sin demora, Bernabé se dirigió a Tarso en busca de Pablo, y vueltos ambos a Antioquía “permanecieron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente” (Hechos 11:22-26). Pablo no fundó esta iglesia (tampoco Pedro), pero fue una pieza fundamental para su crecimiento y su visión misionera (Hechos 13:1-3). Después

de su primer viaje misionero, Pablo y Bernabé “continuaron en

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tiempo” (Hechos 18:23). Este “algún tiempo” fue la última vez que Pablo estuvo en Antioquía, pues finalizando el tercero y último viaje misionero, y deseando ir directamente a Jerusalén para estar allí en la fiesta de Pentecostés (Hechos 20:16), se cumplieron las advertencias proféticas que durante su viaje se le fue anunciando: su apresamiento en Jerusalén (Hechos 21:4, 10-11). Desde Jerusalén (tras una estancia de dos años de cautividad en Cesarea –Hechos 23:23-35; 24:27), Pablo fue llevado a Roma para comparecer ante César, a quien el Apóstol había apelado (Hechos 25:10-12).

3. Antioquía de Siria, sede de la más grande empresa misionera del tiempo apostólico.

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4. Perfil religioso de la iglesia en Antioquía de Siria

Tres elementos significativos sugieren que la iglesia surgida en esta ciudad (como en todas las demás en el mundo gentil) sería muy diferente a la de Jerusalén: a) La composición multicultural de su población: griegos, romanos, sirios y judíos [la diáspora judía estaba presente en todas las ciudades importantes del Imperio. Ver Hechos 13:14; 14:1; 17:1; 18:4; 19:8; etc.]; b) La naturaleza socio-religiosa de los “evangelistas” que predicaron la palabra allí: judíos de Chipre y de Cirene; o sea, helenistas; y c) Las personas que lideraron la iglesia durante el primer año: Bernabé y Pablo (Pablo y Bernabé).

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Lucas, un gentil convertido al cristianismo, y colaborador de Pablo durante muchos años (ver Hechos 16:10 sig.; 16:19-40; 20:5-21:18; 27:1 sig; 27:1-28:16; Colosenses 4:14; etc.), cuando escribe el libro de Hechos, desde la perspectiva del tiempo, parece referirse a la Iglesia judeocristiana primitiva como “los fieles de la circuncisión”.

5. Los “fieles de la circuncisión”

Esta referencia a los judíos-cristianos, sin embargo, nos obliga a hacer un análisis más detallado de su contenido. A la luz del libro de Hechos, y algunas referencias de las epístolas paulinas, la frase “los fieles de la circuncisión” puede abarcar conceptos diferentes no sólo desde un punto de vista literario, sino desde una perspectiva histórica del cristianismo primitivo.

a) “Los fieles de la circuncisión” como grupo judaizante dentro del cristianismo primitivo

Desde un punto de vista socio-religioso, se hace notorio un grupo de fieles cristianos a los que se le denomina “los de la circuncisión” (Gálatas 2:12; Hechos 11:2) o, más

bondadosamente, “los fieles de la circuncisión” (Hechos

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En efecto, el artículo determinativo plural “los” parece indicar a un grupo de personas dentro del conjunto de las iglesias (de Jerusalén, de Judea o, incluso, de la diáspora), aun cuando no formaban un grupo disidente ni estaban al margen de la Iglesia oficial, sino que eran parte de ella.

Que estos “fieles de la circuncisión” no formaban un grupo disidente de la Iglesia oficial lo muestran dos hechos notables:

1) Los “fieles de la circuncisión” que fueron a

Antioquía eran uña y carne con Jacobo, una columna de la iglesia de Jerusalén, pues fueron allí a instancia de él. Además, debieron gozar de una representación social y religiosa bastante importante dentro de la Iglesia de Jerusalén, pues estos “fieles” provocaron que Pedro (y los demás judíos, incluso Bernabé) actuaran hipócritamente respecto a los gentiles, actitud que Pablo reprochó públicamente después (Gálatas 2:11-14).

2) Los discípulos judíos de Hope que acompañaron a

Pedro hasta Cesarea, a casa de Cornelio, pertenecían a este grupo de “fieles de la circuncisión”. El apelativo “fieles” que usa Lucas para referirse a estos discípulos judíos significa que eran “cristianos fieles” que, no obstante, seguían observando los preceptos de la ley (Hechos 10:45).

b) “Los fieles de la circuncisión”, como cuerpo eclesial dominante en Palestina

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No obstante de lo dicho más arriba, es también notorio el hecho de que en la iglesia de Jerusalén eran “millares” los judíos que habían creído, y, además, todos eran “celosos por la ley” (Hechos 21:20). Es decir, cuando Pablo llegó a Jerusalén, al final de su tercer viaje misionero (año 58 ó 59 d.C.), el grupo de “los de la circuncisión” parece ser la totalidad de la iglesia. Lucas, en este relato, no usa ningún artículo determinativo para referirse a algún grupo en particular, sino una expresión que aglutina a la multitud de judíos creyentes que formaban la iglesia: “Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley”. La relación entre “todos son celosos por la ley” y “los fieles de la circuncisión” parece tener una equivalencia bastante obvia.

c) “Los fieles de la circuncisión” como “la Iglesia judeocristiana” vs “la Iglesia gentil”

Esta es una tercera vía de comprensión y, quizás, la mejor desde la exégesis de los textos y desde la historia de la iglesia.

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judeocristiana, como “los de la circuncisión” en contraste con la Iglesia post-primitiva gentil, “los de la incircuncisión”. Este concepto parece ser el más acorde con los textos bíblicos y, sobre todo, con la historia de la iglesia primitiva.

6. El concilio de Jerusalén, una mirada retrospectiva en el tiempo

Según la conclusión del concilio llevado a cabo en Jerusalén sabemos que la obligatoriedad o no de la circuncisión para los gentiles no fue el único tema que se discutió en dicho concilio, pues en el consenso que devino de la reunión se “impuso” a los discípulos gentiles algunas observancias de la ley excepto la circuncisión.

¿Qué implica que los apóstoles y los ancianos tuvieran que discutir en un concilio si los gentiles tenían o no que observar la ley?

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b) En segundo lugar, este concilio pone de relieve que, si bien los gentiles estaban exentos de observar cualquier precepto de la ley, los judíos que habían creído en Jerusalén al principio no pensaban igual. Fue la reflexión teológica (“mucha discusión” – Hech. 15:7) en este concilio lo que aportó luz para comprender que era posible el evangelio “sin” la observancia de la ley. Para ello fue necesario reinterpretar lo que había ocurrido en casa de Cornelio: “Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros…” (Hechos 15:7-12). Aquí podríamos evocar lo que Jesús, años antes, había dicho a Pedro: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:17). ¿No fue el Espíritu Santo quien aleccionó a Pedro para que fuera a casa de un gentil a predicarle el evangelio (Hechos 10:9-20)? ¡Cosa que Pedro no había hecho antes!

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Así pues, esta iglesia gentil, tras el acuerdo del concilio, vino a ser una Iglesia post-primitiva, y litigante con el perfil religioso judeocristiano (la iglesia propiamente primitiva).

d) En cuarto lugar, este concilio nos muestra que el movimiento de Jesús no tenía ningún “modelo” de iglesia: todo se fue estructurando sobre la marcha. Pero ampliaremos más detalles de este concilio en un capítulo aparte.

7. La Iglesia de Antioquía, nuestro referente

A partir de este concilio, y aclarada la cuestión de la ley (Hechos 21:24-25), coexistieron dos grupos de cristianos (Iglesias) con idiosincrasias diferentes y observando preceptos religiosos distintos: los judíos-cristianos observando la ley (Hechos 21:17-24); y los griegos-cristianos guardando sólo algunas “cosas necesarias” de la ley (Hechos 21:25). Esta realidad socio-religiosa, que se originó cuando el evangelio traspasó las fronteras físicas e ideológicas de Palestina, demarcó una misionología con matices diferentes la cual Pablo definió como “el evangelio de la circuncisión” y “el evangelio de la incircuncisión” (Gálatas 2:7). Pero de esto hablaremos más adelante.

8. Una lección que los líderes de las Iglesias de Cristo deberían aprender

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C A P Í T U L O 3

El apostolado de la

circuncisión

(Gálatas 2:6-9)

1. La Iglesia judeocristiana

El término “judeocristiano”, como tal, no aparece en el Nuevo Testamento; aquí lo encontramos con el nombre de "los de la circuncisión". El término judeocristiano es una creación de la ciencia moderna acuñado en el siglo XIX para designar a los discípulos de Jesús que, a sabiendas, habrían querido permanecer cercanos al judaísmo. Estos se dividen en dos grupos: arameo-hebreo (palestinenses), por un lado, y griegos (de la diáspora), por otro (Hechos 6:1). El término “judaizante”, igualmente, es una referencia más marcada de aquellos discípulos que, además, querían

Antes por el contrario, como vieron que me había sido

encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de

la circuncisión...”

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imponer la ley de Moisés a los gentiles (Jean-Pierre Lémonon).

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discípulos judíos que seguían guardando la ley (Gálatas 2:7-8).

2. Guardar la ley: identidad de la iglesia primitiva

Nuestra educación religiosa nos impide asumir que la “iglesia primitiva” era enteramente judaica, apegada a la ley; y que continuó siéndolo incluso después del concilio de la concordia (Hechos 15), de manera paralela y contemporánea a la iglesia que surgió en el mundo gentil.

Esta “iglesia primitiva”, apostólica, única, fundada el día de Pentecostés, fue la iglesia a través de la cual el Espíritu Santo se hizo presente: con dones de lenguas (Hechos 2), con los milagros (Hechos 3:1 sigs.; 5:12 sigs.; 9:40 sigs.; etc.), en la oración (Hechos 4:31), en la imposición de manos (Hechos 8:14-19), fortaleciendo las iglesias (Hechos 9:31), etc. Fue tal su autoridad y su convicción, que afrentó un concilio para discutir la necesidad o no de que los gentiles guardaran la ley. La conclusión a la que llegaron fue que los gentiles sólo deberían cumplir con algunos preceptos de la ley. Los líderes presentes en dicho concilio no fueron subalternos, sino los apóstoles y los ancianos de la iglesia de Jerusalén (Hechos 15:2). Además, para los líderes de la “iglesia primitiva”, guardar la ley era “andar ordenadamente” (Hechos 21:24).

3. Pedro y Pablo: la confirmación de dos ministerios

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sido llamado (Hechos 26:16-18). Después de una carrera misionera productiva fuera de Palestina, quiso compartir con los que eran considerados "columnas" de la iglesia de Jerusalén (Pedro, Jacobo y Juan) lo que había estado enseñando entre los gentiles. Es obvio que en este encuentro también Pedro, como líder prominente entre los otros apóstoles, compartiera qué enseñaban ellos entre los judíos. Ambos, Pedro y Pablo, eran conscientes de las diferencias de sus ministerios por causa de los campos distintos de misión; por ello, y por mutuo acuerdo, demarcaron dos áreas geográficas-culturales de trabajo: Pedro (y los demás de la circuncisión) seguiría desarrollando su ministerio entre los judíos, y Pablo haría lo propio entre los gentiles, como había venido haciendo: “pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en [Pablo] para con los gentiles” (Gálatas 2:6-9).

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4 . E x c l u s i ó n p r o g r e s i v a d e l a I g l e s i a judeocristiana

Ya hemos dicho que en el cristianismo primitivo la coexistencia de una iglesia judeocristiana y otra gentil fue compatible (Gálatas 2:7-9). En el concilio de Jerusalén se selló la concordia entre estas dos Iglesias (Hechos 15:1-35; 21:17-25). No obstante de que esto fue así, el tiempo fue mostrando que esa fraternidad, en cuyo consenso fue partícipe el Espíritu Santo (Hechos 15:28), se fue viciando y, finalmente, degradando hasta casi el odio en la medida que la Iglesia helenista fue adquiriendo protagonismo, mayoría y reconocimiento, ¡al precio de ir perdiendo el vínculo con sus raíces naturales (Romanos 11:11-24)! Todo parece indicar que del rechazo a lo “judaizante” se pasó al rechazo de lo “judeocristiano” y de esto al rechazo a todo lo que olía a “judío”.

En efecto, a finales de la “época apostólica” ya se perfila cierta intransigencia con "los de la circuncisión” (los que observaban la ley); el autor de la pastoral, cansado de ellos, los incluye en el grupo de “contumaces, habladores de vanidades y engañadores” (Tito 1:10).

Más tarde (año 110), Ignacio de Antioquía escribía a los magnesios: “Es absurdo apelar al nombre de Jesucristo y después vivir a lo judío; no es el cristianismo el que creyó en el judaísmo, sino el judaísmo el que creyó en el cristianismo, donde se han reunido cuantos creen en Dios” (“El primer siglo cristiano”, Ignacio Errandonea S.I.). No es ahora el momento para

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palabras nos acercan al sentir que la Iglesia helenizada iba asumiendo acerca de los judeocristianos. ¡El espíritu del concilio de Jerusalén se estaba olvidando! Tenemos que esperar un poco más, a mediado del siglo II, para escuchar al obispo de Asia Menor, Melitón de Sardes, el pernicioso dicho que llegaría a demostrarse en la historia posterior como muy nefasto: “Oídlo todas las estirpes de los pueblos, y vedlo: Un asesinato jamás sucedido antes tuvo lugar en Jerusalén […]. Dios fue asesinado, el Rey de Israel fue eliminado mediante la diestra de Israel”.

Nacía así el reproche de que los judíos son asesinos de Dios. Aquí no se apuntaba ya a convertir a los judíos, sino a

combatirlos (“El Cristianismo”, Hans Küng). Todos conocemos

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C A P Í T U L O 4

El apostolado de la

incircuncisión

1. Judaizantes: la gota que colmó el vaso

Si de entre los judíos-cristianos, los judaizantes no hubieran impuesto la ley a los gentiles, probablemente hubiera ocurrido estas dos cosas: a) La iglesia judeocristiana habría tenido más posibilidades de subsistir en el tiempo y en el espacio, al menos en el entorno judío, que era su especial horizonte misionero (Gálatas 2:9); b) Y, por lo tanto, en ausencia de esta polémica, hoy no tendríamos desarrollada la doctrina de la gracia como Pablo la desarrolló en sus cartas con motivo de dicha polémica. Es decir, por un lado, la “Escritura” neotestamentaria hubiera sido otra diferente; y, por otro, la historia de la Iglesia

Antes por el contrario, como vieron que me había sido

encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de

la circuncisión...”

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hubiera sido, quizás, menos "monolítica”. Pero esto sólo es una especulación.

Según las cartas de Pablo, especialmente la dirigida a las iglesias de Galacia, los judaizantes fueron “misioneros” muy activos, no sólo en el entorno judeocristiano, donde se sentirían como peces en el agua, sino también en el campo de misión gentil: aquí como intrusos (ver Gálatas 3:1 ss.; 5:1-12). Esta polémica, que a nosotros nos ha llegado de forma literaria, debió de haber sido una enconada, viva y persistente lucha apologética entre las comunidades gentiles, evangelizadas y adoctrinadas por Pablo y sus discípulos, y los maestros (incluso comunidades) judaizantes; después, incluso con los judíos-cristianos por el hecho de que estos también observaban la ley. Con el tiempo, esta encarnizada apología se fue convirtiendo en una inevitable enemistad más allá de la simple dialéctica, según vemos en la literatura patrística: Ignacio de Antioquía, Justino, etc. Ver el final del capítulo anterior.

2. El apostolado de la incircuncisión: cristología sin fronteras

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Por otro lado, su vocación era indiscutible y especialmente hacia los gentiles (Hechos 26:16-18). Con mucho orgullo Pablo se autodefinía como “apóstol de los gentiles” y, por lo tanto, “honraba su ministerio” (Romanos 11:13). Y aquello que fue tan difícil de entender al principio para los judíos-cristianos –judaizantes o no-- (ver Hechos 11:1-2, 18), Pablo dice que era un misterio escondido que le fue revelado a él: “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (Efesios 3:1-6). Pedro, después de su experiencia con la conversión de Cornelio (Hechos 10), llegó a la misma conclusión (Hechos 15:7-11). En la epístola a los Gálatas tenemos una exhaustiva exposición teológica del evangelio (de la gracia); su objetivo: además de exponer cuál era el mensaje que predicaba entre los gentiles, ilustrar tanto a gentiles como a judaizantes, especialmente a estos, la suficiencia y la superioridad de la fe sobre las obras de la ley en orden a la salvación:

sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado… pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Gálatas 2:16-21).

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incircuncisión tenía como vocación y meta primeramente a los incircuncisos sin excluir a los circuncisos (Gálatas 5:6).

Ahora bien, ¿cómo entendemos la polémica con los judaizantes? ¿Cuál es la amplitud de esta polémica en el contexto del cristianismo primitivo? ¿Quiénes la motivaron? ¿A quiénes iban dirigidas las amonestaciones de Pablo? ¿Está Pablo condenando a todos los que observan la ley o algunos aspectos de ella? ¿El hecho en sí de observar algún aspecto de la ley les convertía en un “enajenado de la gracia”? ¿Pervertían el evangelio por el hecho de observar la ley como estilo religioso de vida? ¿…?

3. Dos observaciones importantes que matizar

a) “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis” (Gálatas 5:4).

Pablo no está diciendo que todos los que observaban la ley estaban “desligados de Cristo” (y caídos de la gracia), sino aquellos que buscaban justificarse por las obras de la ley. Esta obviedad es evidente, además de la gramatical, por estas dos razones socio-religiosas:

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ley) para salvarse; luego ellos no estaban desligados de Cristo ni "caídos de la gracia".

Segunda: Pablo observaba la ley de manera ordinaria sin presión de nadie (Hechos 18:18, 21; 20:16); y en casos puntuales, con un propósito (1 Corintios 9:20). Pero Pablo tampoco estaba desligado de Cristo. Se supone que tampoco estaba contradiciéndose.

b) “quieren pervertir el evangelio de Cristo” (Gálatas 1:6-10).

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C A P Í T U L O 5

Lecciones de un

concilio

(Hechos 15)

La primera reunión de carácter extraordinario que llevó a cabo la iglesia primitiva fue con motivo de la disputa que se originó cuando los gentiles engrosaron las filas de la incipiente comunidad cristiana. Los gentiles no sintieron ninguna necesidad de observar normas y costumbres judías las cuales les eran ajenas. Por el contrario, para los judíos-cristianos esta omisión supuso un grave obstáculo para mantener una aceptable comunión con ellos. Es más, creían que observar la ley era una obligación. Para resolver este problema, que surgió además de manera inesperada (Hechos 11:18), se reunieron los interesados en Jerusalén para discutirlo. Así pues, las causas que motivaron dicha reunión (en adelante, “concilio”) fueron básicamente dos, una de carácter doctrinal y otra, derivada de ésta, de

“Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no

imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias...”

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carácter pastoral: a) ¿Debían los gentiles que creían en el evangelio guardar la ley de Moisés y por ende la circuncisión? b) ¿Era posible confraternizar con gentiles convertidos al evangelio que no observaban dicha ley?

1. El aspecto doctrinal

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Antioquía "dispuso que subiesen Pablo y a Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y los ancianos, para tratar esta cuestión" (Hechos 15:1-2), la cual no estuvo exenta de debate y "mucha discusión" (Hechos 15:7).

2. El aspecto pastoral

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3. Resolución del concilio

Superado el aspecto doctrinal, había que buscar un consenso mínimo para favorecer la fraternidad entre judíos y gentiles, el aspecto pastoral. El escollo principal se había salvado: no hacía falta que los gentiles guardaran la ley de Moisés (como hacían los judíos-cristianos), pero deberían "abstenerse" de ciertas cosas de dicha ley:

"Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre" (Hechos 15:19-20).

Los gentiles aceptaron este “consenso de mínimos” y la unidad de la iglesia fue salvada.

ALGUNAS LECCIONES DEL CONCILIO

1. Los judíos-cristianos no excluyeron totalmente la ley

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impuesto no era un requisito para la salvación, ¡pero tampoco estaba prohibido observar la ley como simple estilo de vida! La polémica de Pablo (Gálatas, etc.) estaba dirigida contra los judaizantes, quienes querían imponer la ley como requisito para la salvación, pero esto es otra cosa.  

2. Los judíos-cristianos fueron abiertos a redefinir su perfil teológico

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traumático para entenderlo (Hechos 10:28)! ¿Fue la reflexión de Pedro un "abaratamiento" del evangelio judeocristiano para alcanzar a los gentiles? ¡No! ¿Estamos nosotros preparados para hacer la misma reflexión en el intento de alcanzar a la sociedad del siglo XXI, cada día diferente por los procesos de cambios, con el mensaje de Cristo?

3. Tanto los judíos-cristianos como los griegos-cristianos aceptaron la pluralidad

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4. Tantos los judíos-cristianos como los griegos-cristianos fueron tolerantes

Un aspecto muy importante a considerar es que los judíos-cristianos, por su parte, lejos de ofuscarse, se avinieron a una "negociación" positiva después de "mucha discusión" en el concilio. Reconocieron que no debían imponer la ley a los gentiles que se convertían a Dios (que ellos sí observaban). Tampoco apelaron a sus raíces étnicas para exigir algún reconocimiento exclusivo sobre los gentiles. Los gentiles, por su parte, tampoco usaron su distanciamiento cultural respecto a la ley de Moisés para emanciparse de los judíos-cristianos y reclamar para sí alguna distinción religiosa diferente. Antes bien, aceptaron la "carga" impuesta por los líderes judeocristianos. Unos y otros condescendieron recíprocamente para salvar la unidad de la iglesia por encima de la uniformidad.

DIFERENTES TEOLOGÍAS DEL CRISTIANISMO PRIMITIVO

1. La comunidad de Pedro

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A Pedro le vemos en Antioquía, en medio del conflicto entre judeo-cristianos y pagano-judeo-cristianos (Gálatas 2:11 sig.); implícitamente también le encontramos en Corinto (1 Corintios 1:10 sig.) –aquí puede tratarse más bien de misioneros que apelaban a la autoridad del Apóstol (Gerd Theissen, 1985)–, y en Roma, donde según la tradición fue mártir. Al igual que las comunidades de Jerusalén, donde Jacobo se había convertido en el líder máximo, las de Pedro seguían observando también la Ley, aun cuando Pedro entendió que los gentiles no necesitaban observarla (Hechos 15:7-11). Por lo que trasciende del texto de Gálatas, Pedro no tuvo problemas en compartir la mesa con los cristianos gentiles… ¡hasta que llegaron “los de Jacobo”! (Gálatas 2:12). Es decir, las comunidades de Pedro, que eran flexibles como él, se llevaron bien con las comunidades de Pablo, en lo que se refería a la observancia de la Ley. Estas comunidades petrinas representaban otra variedad de las diferentes tradiciones cristianas; estaban entre las comunidades de Jacobo, más estrictas en observar la Ley (hasta el punto de no compartir mesa con los cristianos gentiles - implícito en Gálatas 2:12), y las comunidades de Pablo, que se habían liberado totalmente de la Ley.

2. Los judíos-cristianos helenistas

Otra diversidad la protagonizaban los judíos-cristianos de la diáspora, los helenistas (Sobre los judíos de la diáspora, J. Leipoldt-W. Grundmann, “El mundo del Nuevo Testamento”. Vol. I). En principio, los judíos

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vez, en el evangelio de Juan, se dice que unos griegos –posiblemente judíos helenistas- “querían ver a Jesús” (Juan 12:20). En el marco de la iglesia de Jerusalén, los judíos-cristianos helenistas fueron ninguneados en la ayuda social para las viudas, lo que motivó una protesta por esta causa, quizás por la incomunicación que origina no hablar el mismo idioma (Hechos 6:1 sig.). Fueron estos judíos-cristianos helenistas los que provocaron la persecución habida en Jerusalén por el crítico discurso de Esteban (helenista también) contra el Templo (Hechos 6:8 -7:1 sig.). Es digno de observar que en esta persecución los Apóstoles quedaron a salvo, pues ellos no huyeron de Jerusalén, lo que puede significar que la persecución se dirigió particularmente contra los judíos-cristianos helenistas, ¡y los Apóstoles no lo eran! (Hechos 8:1). Estos judíos-cristianos helenistas, no obstante, fueron los que llevaron el evangelio a Samaria (Hechos 8:4 sig.), a algunas ciudades siro-fenicias [Tiro, Tolemaida] (Hechos 21:3-4), a Antioquía (Hechos 11:19-20), hasta Damasco (Hechos 9:1-2, por deducción). Es decir, llevaron las buenas nuevas del reino de Dios a los gentiles sin imponerles la observancia de la ley de Moisés. No nos extraña, pues, que esta tradición judeocristiana helenista encontrara oposición con la tradición judeocristiana que lideraba Jacobo en Jerusalén. Y no nos extraña tampoco que Saulo de Tarso se encontrara como pez en el agua entre estos discípulos antioquenos con los cuales estuvo enseñando durante un año a mucha gente (Hechos 11:26). ¡La corriente teológica de Pablo se correspondía con la de estos judíos-cristianos helenistas!

3. Los del “bautismo de Juan”

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que “había sido instruido en el camino del Señor… ¡aunque solamente conocía el bautismo de Juan!” (Hechos 18:24-25). En Éfeso había conseguido establecer una comunidad, con la que Pablo tomó contacto y “rebautizó” al menos a algunos de ellos (Hechos 19:1-7). Priscila y Aquila le conocieron y le “expusieron más exactamente el camino de Dios”. Los discípulos de Éfeso le dieron carta de recomendación para que fuera recibido en Acaya (Hechos 18:26-27). Apolos era un evangelista itinerante e independiente (1 Corintios 16:12).

La pregunta que suscita Hechos 18:24-25 es la siguiente: ¿Cómo es que, un evangelista que ya “había sido instruido en el camino del Señor” (antes que Priscila y Aquila le “expusieran más exactamente el camino de Dios”), solo conociera el bautismo de Juan? ¿Dónde había obtenido Apolos dicha “instrucción”? ¿Quiénes fueron sus maestros? ¿Quiénes le comisionaron a predicar? No lo sabemos. Pero la única explicación plausible es que Apolos hubiera sido “instruido en el camino del Señor” en el seno de una tradición cristiana diferente a la de Pablo, a la de Pedro y a la del mismo Jacobo. Apolos debió de haber sido instruido en alguna de las tradiciones galileas, de los seguidores primitivos de Jesús durante su ministerio, y antiguos discípulos de Juan el Bautista que se añadieron al movimiento de Jesús posteriormente. En cualquier caso, Apolos procedía de una tradición cristiana que practicaba el bautismo de Juan. Cuando Pablo se duele de que algunos cristianos se jactaban de pertenecer a Pablo, a Apolos, a Pedro… solo está señalando la punta del iceberg (1 Corintios 1:12 sig.).

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C A P Í T U L O 6

Restauración y

hermenéutica

1. Sumario

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en algo y todos reclamaron algo (Hechos 21:20-25). Que con el consenso que lograron respondieron a la oración de Jesús (Juan 17), está corroborado por la implicación del “Espíritu Santo” en dicho consenso, según la apreciación de Lucas (Hechos 15:28).

Lo contrario de esta pluralidad, o sea, un grupo religioso monolítico, de pensamiento único, hubiera sido muy sospechoso desde un punto de vista socio-religioso. De hecho, cuando este pensamiento único llegó a ser una realidad materializada, la Iglesia se convirtió en una agencia manipuladora, inquisidora e intransigente. Sólo hay que echar un vistazo a los siglos posteriores para contemplar el despotismo de los grupos mayoritarios contra los minoritarios: a estos últimos siempre les tocó huir so pena de sufrir la cárcel e incluso la muerte por disentir (Pensemos en los “puritanos” que huyeron de Europa hacia el Nuevo Mundo o de los autoexiliados de la Ginebra de Calvino, por citar sólo a “los más próximos”). Lo cual indica que, a pesar de la oración de Jesús por la unidad, la Iglesia estaba abocada a la unidad dentro de la pluralidad. La historia así lo confirma. Cuando hablo de “pluralidad” no me estoy refiriendo a ningún sincretismo religioso. Me estoy refiriendo a la libertad de pensar diferente dentro de la Unidad de Efesios 4:1-6.

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religiosa que vengo exponiendo, perteneciente a la época apostólica, he eludido a propósito otras corrientes teológicas de la misma época, libres por otro lado de sospechas: Santiago, Juan, Pedro, Pablo…donde 1 Corintios 1:10-17 es sólo la punta del iceberg. Es más correcto hablar de “las” iglesias del Nuevo Testamento (“Las iglesias que los apóstoles nos dejaron” – Raymond E. Brown, entre otros estudiosos).

2. ¿Restaurar, qué?

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también 16:32-34). También es típica la frase “la iglesia que está en su casa” (Romanos 16:5; Colosenses 4:15). Es un proceso natural que quien albergaba a la iglesia en su casa se constituyese en su líder. Por eso, quien no sabía gobernar “su casa”, ¿cómo iba a gobernar la “casa de Dios”, la iglesia (1 Timoteo 3:5)? Puede deducirse claramente esto por la designación que Pablo se refiere a ellos: A Filemón, a Priscila

y Aquila, los designa como “colaboradores”, sunergos

(Filemón 1; Romanos 16:3). En el caso de la “casa de Estéfanas” ésta fue las primicias de Acaya. Su “casa” (su familia) constituía una iglesia doméstica de la cual él, como paterfamilias, era su líder natural. Es interesante observar que se nombre a Priscila antes que a Aquila, una pareja que solía reunir en su casa a una iglesia doméstica (Romanos 16:3-5), a los cuales, como hemos visto más arriba, Pablo los llama “colaboradores” tanto a él como a ella. Priscila, además, tomaba parte activa y prioritaria en la enseñanza (Hechos 18:24-26). ¿Tomaron conciencia los restauradores de este tipo de iglesia, del marco físico y social donde se desarrollaron y de la influencia que tuvo este marco en la organización y el estatus socio-religioso de la misma?

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Testamento es parcial en muchos aspectos y nula en otros, además de la heterogeneidad de las iglesias como ya hemos apuntado (judeocristiana y griegocristiana); y en parte porque existen proposiciones transversales, de naturaleza sociológica, propias del entorno cultural e institucional de aquella época, que afectaban a la iglesia neotestamentaria pero no a la iglesia del siglo XXI (el estatus de la mujer, por ejemplo).

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c u a n d o n o t e n g a m o s “ e j e m p l o s a p ro b a d o s ” o “mandamientos expresos”. ¿Dónde está el “ejemplo aprobado” para que los “ministros de culto” estén catalogados y reconocidos como tales ante un organismo oficial del Estado? Es decir, podemos restaurar la “doctrina” de la iglesia primitiva a la luz de Efesios 4:1-6; en cierto sentido, hasta la organización de la iglesia (Ancianos, Diáconos, etc.) y, muy relativamente, el orden del culto; también los dos “sacramentos”: el bautismo y la “santa cena”; la escatología: la resurrección, que es la esperanza cristiana... ¡Todo lo demás, relacionado con la vida y el desarrollo de la iglesia en este mundo, necesitaremos una sintonía con él para la cual no tenemos ejemplos en el Nuevo Testamento! Lo que sí sabemos es que los líderes cristianos apostólicos se acomodaron al estatus social y político de su época: amo-esclavo; hombre-mujer y padre-hijos (los códigos domésticos).

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opuesto de lo que deseaba, es decir, originaba más divisiones que unidad en la fraternidad. Los “discípulos de Cristo” se apercibieron a tiempo de que ese literalismo les conducía al fanatismo religioso.

3. Un poco más allá

Personalmente voy un poco más allá en cuanto a la hermenéutica se refiere. En efecto, creo que el literalismo además de ser un “corsé”, que contradice a veces el espíritu del texto bíblico, se convierte en un callejón sin salida en el quehacer teológico. La lectura acrítica que el fundamentalismo hace del texto bíblico se pasa de lo supuestamente “reverente” a lo declaradamente “irrespetuoso” hacia el texto bíblico. Irrespetuoso porque no es consecuente con su hermenéutica literal, cayendo en incoherencias y contradicciones muy objetivas.

Por ello, creo que las divisiones y las contradicciones de nuestra fraternidad, hoy, desde mi punto de vista, radican básicamente en tres aspectos: en el fundamentalismo de la hermenéutica; en la subestima de la crítica del texto bíblico; y en la incoherencia de no llevar a la práctica dicha hermenéutica con todas las consecuencias.

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citan los textos al margen de cualquier exégesis histórico-crítica. Es así porque así lo dice el texto bíblico, y punto. Ciertamente, pienso que para recitar textos bíblicos, salvo buena memoria para recordarlos, o una buena concordancia, no hace falta mucha formación teológica. Sin embargo, no subestimo la lectura de la Biblia de manera devocional; pero creo que esta lectura de la Biblia debe ir acompañada de un estudio “acerca de ella”, es decir, una formación extra bíblica que nos permita situar (poner en escena) el texto bíblico. Sin esta “puesta en escena” no hay exégesis bíblica; salvo una recitación de textos.

b) En la subestima de la crítica del texto y la historia del mismo. Teniendo en cuenta el concepto axiomático que se tiene del texto bíblico (texto=palabra aséptica de Dios), es lógico que dicha crítica se entienda como un insulto hacia el autor de dicho texto: Dios. No obstante, por el contrario, creo que la ausencia de esta crítica se convierte en una falta de respeto hacia el texto bíblico, hacia la razón y hacia el intelecto humano, dones exclusivos de quienes hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.

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cuántas Iglesias de Cristo, por ejemplo, se "unge con aceite" a los enfermos (Santiago 5:14)?

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C A P Í T U L O 7

Conclusión

El breve análisis que he intentado desarrollar en las cuarenta y tantas páginas que preceden, en ninguna manera agota el material referente a la naturaleza, desarrollo e institucionalización de la iglesia que salió del movimiento de Jesús. Estas notas no pasan de ser un simple incentivo para que los estudiosos de la Biblia y de la historia de la Iglesia profundicen más en dichos tópicos.

La bibliografía para adentrarse en esta clase de estudios es abundante, y cada día se publican más obras con ensayos y estudios especializados en la exégesis de los textos bíblicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

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No basta leer y recitar textos bíblicos, y añadir buenos pensamientos en relación con ellos. Es necesario analizar qué, cuándo, a quién y por qué se dijo lo que dicen los textos bíblicos. Solo así podemos desarrollar una mejor exégesis de ellos, y solo así podemos extraer las mejores lecciones para el hombre y la mujer de nuestro siglo.

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