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Resistencia al Cambio

Formación Profesional de Coaching

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La vida en Automático

La vida en automático. Resistencia y reacción.

La resistencia es un mecanismo de la inercia que genera la ilusión del control y que opera cuando lo que sea que estemos observando que está ocurriendo no coincide con lo que creemos que debería estar ocurriendo, no coincide con nuestra expectativa o con las creencias que tenemos con respecto a lo que debería estar ocurriendo. La reacción es la respuesta automática a lo que sea que percibamos que esté ocurriendo. Esta reacción se manifiesta en las distintas formas de la resistencia.

Resistencia

Cuando una persona insiste en que algo no tendría que estar ocurriendo o que debería ser de otra forma, es muy probable que quiera ejercer algún tipo de control sobre el estado de cosas o sobre lo que está ocurriendo y, dadas las creencias de esa persona de cómo debería ser algo, automáticamente lo resiste basado en creencias que formó en el pasado. Esa resistencia se origina en la comparación de la vivencia actual con vivencias pasadas o experiencias anteriores.

Modelo biológico automático

La resistencia suele empezar a manifestarse en el dominio de las emociones; sin embargo su principal característica es convertirnos en un modelo biológico-mecánico de respuesta, en una máquina de reaccionar, de manera automática, a nuestras interpretaciones de nuestras percepciones de lo que esté ocurriendo en el mundo. ¿Por qué abrimos la puerta? Porque sonó el timbre ¿Cuál es el modelo? Suena el timbre y el robot biológico abre la puerta. ¿Qué es el timbre, sino un estímulo? ¿Qué es abrir la puerta, sino una reacción? El estímulo condiciona la respuesta. La respuesta en este modelo es una reacción. Pavlov hizo el experimento famoso del perro y la campana, que al tañir (estímulo) producía que el perro activara su sistema digestivo (reacción). Hay muchas personas que no se dan cuenta de que están rodeadas de campanas y sus respuestas son tan automáticas como los reflejos condicionados del perro.

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dejándose vencer por ese otro”. Si le preguntáramos a una persona por qué está peleándose con otra, o gritándole a otra, es muy probable que conteste que está peleando o gritando porque ese alguien lo hizo enojar. Ese alguien tocó la campana y él, al igual que la víctima del duelo, simplemente reaccionó a un estímulo. En este modelo la persona que está peleando o gritando no tiene ningún poder personal. Aquí no hay lugar para decidir pelear, gritar o no hacerlo. En este nivel de conciencia la persona no posee ni la habilidad ni las competencias para responder de forma creativa y sólo reacciona. Esto es lo que yo llamo un modelo biológico automático de respuesta, idéntico al del perro y la campana.

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Cuadro de resistencia:

ACONTECIMIENTO

Resistencia

“Juicios”

Bien y Mal

Creencias

“Zona de confort”

Creo que todo

está bien

Reacción automática

Pasado Influyente – Futuro

Condicionado

Este ciclo genera la ilusión de que tenemos todo bajo control, porque está diseñado para hacernos creer que tenemos el control, que tenemos razón. Al reaccionar en forma automática lo único que queremos hacer es reforzar las creencias que tenemos. Al reaccionar creamos una situación que valida las creencias que tenemos. Este ciclo está diseñado para generar seguridad, porque si yo valido la creencia que tengo siento que estoy en piso sólido, en terreno conocido y entonces con esto logro seguridad y me siento en una “zona de confort”, porque las cosas son como yo creía que debían ser; por lo tanto me siento seguro y tengo razón afianzando así mi sistema de creencias.

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cuando está dirigido por la conciencia, pero puede ser muy peligrosa cuando se adueña de la conciencia. Por ejemplo: “Si me enojo, lo mato”. ¿Qué quiere decir eso? “Si me enojo, lo mato” quiere decir que mi impulso emocional es más fuerte que la conciencia de quién soy y no puedo distinguir entre experimentar enojo y estar enojado. Entonces actúo como un animal. El animal no tiene alternativa, el impulso y la acción están directamente conectados; como seres humanos tenemos la posibilidad de distinguir. Podemos experimentar un impulso de tomar alguna acción pero podemos elegir no actuar según ese impulso. Por ejemplo, podemos sentir el impulso de hacer un determinado negocio, pero no lo hacemos en automático; antes de llevarlo a cabo reflexionamos, hacemos las cuentas, vemos si es rentable, hacemos un presupuesto, etcétera. Hay un espacio de conciencia entre el impulso y las acciones. La maestría tiene que ver con desarrollar esa conciencia.

Cuando reaccionamos emerge en forma automática un estado de ánimo, que puede ser el enojo, y cuando reaccionamos, por ejemplo, enojándonos, teñimos con ese estado de ánimo toda nuestra experiencia. Esa experiencia salpica todo a su alrededor y observamos todo a través del enojo, o cualquier otra emoción. Los estados de ánimo tienden a ser contagiosos y a abarcar todo. Si en ese momento no podemos elegir el estado de ánimo que tenemos, lo único que nos queda es resistencia al estado de ánimo que estamos teniendo, y es ahí donde el estado de ánimo nos posee a nosotros y todo lo que hacemos lo hacemos en reacción. La resistencia puede ser un intento de controlar alguna situación o a alguien con el propósito de la supervivencia del propio punto de vista. Si alguien cree que yo no tendría que tener un juicio o que tendría que tenerlo, o si alguien cree que mi vida debería ser de una cierta manera y no le agrada de la manera en la que es, entonces va a haber resistencia.

Esta resistencia produce la reacción y, dada la forma en que tenemos la vida asociada o conectada a ciertas experiencias, es posible que creamos que si nos sentimos mal lo suficiente, si nos enojamos lo suficiente, o lo que sea lo suficiente, eso va a compensar algo, y no compensa nada. Cuando en una conversación confrontamos con algún juicio que escuchamos como negativo, sea que estemos de acuerdo o no, tenemos la posibilidad de preguntarnos: ¿Qué hay para resistir ahí? Si alguien nos dice algo que sentimos o no como un ataque personal a nuestra hombría, o nuestro gusto, o nuestra inteligencia, o cualquier otra cosa, podríamos preguntarnos: ¿Qué hay ahí para defender? Quizá podamos aprender algo de ese juicio.

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un espacio de honestidad, legitimidad y aceptación con esta persona, porque somos nosotros los que le dimos a esa persona la libertad de comunicarnos sus juicios. Es sólo en una relación que esté más allá del control donde cada persona en su escucha puede otorgarle a los demás la legitimidad, la dignidad y el poder de decir que algo viven como “verdadero”.

Si yo estoy resistiendo algo es muy posible que haya hecho un juicio “negativo” sobre ese algo y además creo que ese juicio es verdadero. Dejo de verlo como un juicio y creo que es la verdad. Y así, al resistir, estoy perdiendo cualquier posibilidad o cualquier poder que pueda generar de eso que juzgo negativo. Todos tenemos juicios, y si reaccionamos ante los juicios de una persona, ya sea porque no nos parezcan injustos o no nos gusten o por los motivos que fueren, le estemos cediendo nuestro poder a esa persona, es ella la que tiene el poder, en esa interacción, de hacernos sentir de la forma en la que nos estemos sintiendo y al estar en reacción no vamos a tener la capacidad, el poder ni el lugar para crear lo que queremos.

Distinción entre dato y estímulo

Epícteto fue un pensador griego que pertenecía a la escuela de los estoicos. Pero, no era un filósofo común. Una circunstancia particular de su vida nos permite rever su legado desde una perspectiva única: Epicteto era un esclavo. Sin embargo, llego a ser asesor del emperador de Roma, Adriano. No se comportó como víctima de sus circunstancias, sino que a partir de ellas creo algo que la inercia no hubiera permitido. La clave de su éxito radicó en su habilidad para hacer reconstrucciones poderosas, que lo dejaban en el centro de su propia vida. Para Epicteto el camino hacia la maestría personal, que conducía a las personas a ser dueñas de sí mismas, descansaba en el desarrollo de la capacidad de demorar las reacciones automáticas y ganar tiempo de conciencia entre una impresión y la respuesta.

En el modelo que propone el coaching, lo que en el modelo biológico automático es un estímulo es observado sólo como un dato; es información para el ser humano que disfruta de la capacidad de darse cuenta de esto, y así elegir y a partir de esto responder creativamente.

El ser humano posee una conciencia limitada; esta conciencia es la capacidad de ir dándose cuenta de sí mismo y de su entorno, de aquello que lo rodea. Es según el grado de conciencia que cada persona puede desarrollar competencias para responder a los distintos desafíos que le presentan las circunstancias. La inconsciencia de un bebé no le permite vivir por sí mismo, y es sólo en la medida en que va creciendo y que va tomando la conciencia que puede vivir por sí mismo la vida.

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sonó el timbre; otras lo hacen porque eligen hacerlo cuando suena el timbre. Cuando una persona toma conciencia de su elección es protagonista de la historia y hace lo que hace porque elige hacerlo. El sonido del timbre es un dato, no es un estímulo, es sólo un dato, y si no lo escucho como información voy a abrir la puerta no eligiendo hacerlo. A veces lo hago tan rápido, que me olvido de que lo hago, y así pierdo la conciencia de mi habilidad de responder, y pierdo la conciencia de mi libertad.

Lo que se resiste, persiste

Cada vez que decimos que queremos cambiar, que vamos a cambiar, que nos gustaría cambiar algo, cada vez que nos enfocamos en eso estamos reforzando lo que queremos cambiar. Cuanto más resistimos nuestra forma histórica de ser, más nos convertimos en eso. Así, cuanto más nos esforcemos en ser de una determinada forma, menos lo somos. Si nos resistimos a ser cobardes, es muy probable que estamos siendo más cobardes que nunca. Estamos queriendo salir de la caja y no podemos salir de la caja. Los seres humanos estamos permanentemente ciegos a nosotros mismos como posibilidad, y la mayoría de nosotros estamos resistiendo nuestra forma de ser. La mayoría de nosotros hemos crecido en una cultura, con un montón de juicios sobre nosotros mismos; muchos de ellos los valoramos como negativos y creemos que esos juicios describen verdaderamente cómo somos. Si creemos que es verdad que somos tan malos, ¿qué hay que resistir? Y si no lo creemos, ¿qué tenemos para resistir? Esto abre una posibilidad de aceptarnos a nosotros mismos, incluyendo toda la caja, todos los juicios negativos, porque sin eso, cuanto más nos resistamos a nosotros mismos más vamos a ser quienes no somos. Cuanto más resistamos esos juicios, así vamos a ser. Si insistimos en resistir, si queremos cambiar, no hay posibilidad de lograr eso que queremos. Un inicio es hacerse responsable de ser de esa manera; la transformación que estamos buscando no va a estar disponible hasta que nos aceptemos como somos.

Mientras nos resistamos vamos a estar trabados, estancados, en alguna variante de la vieja conversación. Cuando tenemos configurado algo como lo que no queremos, automáticamente nos enfocamos en eso y lo resistimos. Lo que resistimos, generamos. Es por eso que seguimos recreando las mismas situaciones con distintos actores, vivimos la misma secuencia de incidentes una y otra vez; es como si estuviéramos atados a una cadena. Lo que nuestros padres nos hicieron a nosotros, inconscientemente, como lo resistimos, lo perpetuamos. Entonces es muy probable que recreemos con nuestros hijos lo mismo que resistíamos de nuestros padres.

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nosotros, como seres humanos, ejerzamos nuestra capacidad para crearnos a nosotros mismos. En la capacidad humana para la creación radica la competencia para transformar nuestra forma de ser. Esto no cambia nada de lo que pasó, pero cambia nuestra conversación, cambia nuestra relación con nosotros mismos, y ahí puede haber un quiebre, una apertura a lo que es posible.

La aceptación de nosotros mismos y el compromiso con lo que es posible en la vida no garantizan nada, no reducen el riesgo en lo más mínimo; simplemente son una manera de ser en el mundo que requiere dejar de vivir la vida con un pie en la orilla y el otro en el bote. La transformación no tolera la mediocridad. Sin la aceptación incondicional de nosotros mismos no vamos a trascender la mediocridad y vamos a seguir viviendo como hasta ahora. Lo que es posible, la posibilidad que somos requiere que nos aceptemos a nosotros mismos y al hacerlo vamos a llegar tan lejos como queramos.

Actitud: Un nivel de conciencia

Hay muchas cosas que hacemos porque tenemos que hacerlas, y esas cosas que hacemos porque tenemos que son las que constituyen un tengo que. Entonces defino un tengo que como una obligación, y lo que creemos que está ausente en estos casos es la libertad. Creo que no tengo opciones. Si es realmente un tengo que creo que no puedo elegir. Un tengo que lo defino como algo que yo tengo configurado como obligatorio y que lo vivo como impuesto. Lo que sea que hago desde tengo que lo hago para evadir una amenaza. Dado que considero eso como una obligación creo que no tengo alternativa o no tengo posibilidades, creo no tener la libertad de no hacerlo.

Por el contrario, también hay cosas que hago porque quiero; y cuando hago las cosas que quiero hacer, cuando estoy frente a un quiero, tengo libertad y elección y hasta hay oportunidades en las que no sólo es un quiero, sino que tengo la oportunidad de hacer algo. En este caso es pura elección, es totalmente mi elección y supone mi libertad. Lo que sea que hago desde quiero lo hago para cumplir o aprovechar una posibilidad. Aquí estamos frente a un quiero. Los sentimientos que emergen del tengo que suelen ser: agobio, frustración, presión, angustia, tristeza, resistencia, aburrimiento, bronca,

rabia, resignación, desgano, impotencia, atadura, inseguridad,

aprisionamiento, miedo. En cambio, frente a un quiero las emociones son: alegría, bienestar, libertad, gozo, independencia, alivio, energía, poder, placer, creatividad, autenticidad.

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decimos: “No veo la hora de verla”. En el trabajo hay veces que decimos: “Tengo que” levantarme a la mañana para ir a trabajar y hay veces que nos levantamos con ganas de ir a trabajar porque estamos entusiasmados con algún proyecto y queremos estar en la oficina. El acontecimiento en sí es neutro, y lo que cambia es la actitud que tomamos frente a él.

Cuando hacemos algo dentro de la categoría tengo que estamos resistiendo la consecuencia negativa de no hacerlo y por ello, de hecho, preferimos hacer lo que tenemos que antes que la consecuencia negativa de no hacerlo. La palabra prefiero implica elección. Prefiero implica que estamos eligiendo y en el fondo, dadas las consecuencias negativas, hipotéticamente, dadas todas las consecuencias negativas, estamos eligiendo nuestros tengo que. No sólo estamos eligiendo eso, sino que también, dado que el hecho es absolutamente neutro, estamos eligiendo la actitud. Dado que elegimos hacer nuestro tengo que, en transparencia, sin darnos cuenta elegimos la actitud con la que vamos a relacionarnos con el suceso. Ante un acontecimiento podemos elegir que sea un tengo que o podemos elegir que sea un quiero, y lo que define esa elección es la actitud que tomamos frente al evento. Podemos distinguir la experiencia que nos generamos desde una u otra actitud. Sin embargo, concientes o no, elegimos en muchos casos una actitud tengo que, y nos generamos una experiencia coherente con esa elección y vamos por la vida cargando emociones que no queremos experimentar.

Recompensas secretas

¿Por qué elegimos esta actitud? Debe de haber algo que conseguimos a través de esto, debe de haber algo que juzgamos importante y que obtenemos a través de esto. En caso contrario no estaríamos en la vida generándonos esa experiencia de tristeza, cansancio, agobio, aburrimiento, resentimiento, bronca o frustración. ¿Qué porcentajes de nuestras vidas estamos viviendo de esta forma? ¿Cuántas de estas emociones cargamos a diario en nuestra vida? Es posible que consciente o inconscientemente elijamos vivir estas emociones porque obtenemos algo a través de ellas. La pregunta entonces es: ¿Qué es lo que obtenemos a través de estas emociones? Debe de haber algo que obtenemos, tiene que haber algo que conseguimos. Hay recompensas secretas que estamos obteniendo a través de estas emociones. Lo que conseguimos viviendo cargando con esas emociones es lo que llamo recompensas secretas o beneficios ocultos.

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presten atención o reconocimiento, para obtener compasión, para que alguien se ocupe de nosotros, por comodidad, para no hacernos cargo de algo o para tener esas emociones como excusas para no asumir nuestra responsabilidad. Pensemos en una persona que va a su trabajo y tiene una enorme cantidad de tarea para hacer, pero llega y hace su número de: “No saben lo triste que estoy”, a lo mejor consigue que sus compañeros se repartan su trabajo hasta que se sienta un poco mejor. En el fondo usa la tristeza para manipular, controlar. Otra emoción habitual para controlar es la bronca; quien la usa opera sobre la creencia: “Yo sé que si me pongo furioso acá las cosas funcionan”, entonces se transforma en un perro que ladra y maneja a todo el mundo y queda atrapado en una experiencia que no quiere tener.

Las recompensas secretas se encuadran dentro de estas categorías: O que me presten atención, o que me den aprobación o reconocimiento o poder controlar o manipular la situación o tener razón, o mantener mis creencias o estar cómodo y tener la excusa de no tener que hacerme cargo. Si analizamos bien nuestras estrategias en este sentido, encontraremos la búsqueda de uno de estos beneficios ocultos.

La cuestión con este chantaje es que la recompensa la cobramos de las personas que nos quieren, a quienes les importamos, porque si no fuera así, no caerían en este juego. Para lograr el beneficio oculto se requiere explotar el contexto de vulnerabilidad que existe en la relación. Si somos honestos con nosotros mismos podemos preguntarnos en qué áreas de la vida jugamos a la víctima para obtener recompensas secretas; y podemos preguntarnos quién está pagando los precios.

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podamos conseguir. Si nos dicen que no cuando hacemos un pedido honesto y directo, lo más probable es que utilizando la manipulación nos vayan a decir que no también. Si en forma directa rechazan nuestro pedido, con el enfoque manipulador podríamos pasarnos la vida entera buscando recompensas secretas e igualmente no nos darían lo que queremos; al menos pidiéndolo en forma directa tenemos la oportunidad cuando nos dicen que no de terminar esa historia ahí y buscar en otro lado.

Estas emociones vinculadas con el tengo que podemos usarlas como una advertencia y preguntarnos a nosotros mismos qué queremos. Todos tenemos esas emociones y no se van a ir nunca, pero lo que vamos a poder hacer tomando conciencia es no dejar que las emociones nos usen a nosotros y que sean la mayor parte de nuestra vida. Cuando me levanto a la mañana triste o con bronca, veo esa emoción como una luz roja. Lo primero que hago es notarlo, escuchar y, por ejemplo, noto que estoy triste. Entonces la pregunta que sigue es: ¿Qué es lo que estoy buscando a través de la tristeza, en especial en el contexto en el que voy a pasar el día? Por ejemplo, si noto algo de eso y voy a la oficina y estoy triste y espero que más gente me vea así, o experimento enojo, asumo que debo estar buscando algo, identifico lo que estoy buscando y lo pido en forma directa. Porque no estoy dispuesto a pasarme un día lleno de tristeza o bronca. El darse cuenta de esto, el escucharnos a nosotros mismos nos da la oportunidad de hacer algo al respecto, en lugar de pasarnos la vida cargando con esas emociones, o cuando una de ésas se aparece en el horizonte preguntarnos: ¿Qué es lo que estamos buscando? Y cuando nos enteramos de eso que estamos buscando podemos pedirlo en forma directa.

En la vida estamos eligiendo; de entre todas las opciones que tenemos disponibles elegimos siempre la mejor. Dado el nivel de conciencia de cada persona, dado nuestro nivel de conciencia, todo lo que sabemos, lo conscientes que somos, siempre elegimos lo que consideramos la mejor opción, pero la comparamos con una opción que no tenemos y adoptamos la actitud de quejarnos por compararla con algo que no está disponible para nosotros. La actitud con la que nos relacionamos con los acontecimientos constituye una de las últimas libertades del ser humano.

Resignación vs. aceptación

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un rendirse porque acepto hay una nueva manera de controlar, porque me resigno a lo que considero más poderoso que yo y esta resignación es otro tengo que agregado a mi lista de tengo que en mi vida en este mundo.

Neutralidad de los acontecimientos

Una de las ilusiones que crea la concepción descriptiva del lenguaje es que los juicios de valor descubren o revelan el bien o el mal. Sobre esa concepción damos por sentado que existe algo positivo y algo negativo, como si lo positivo y lo negativo pertenecieran a algún dominio distinto del lingüístico, como si fueran fenómenos naturales y no juicios.

Las percepciones de nuestros sentidos pertenecen a un dominio biológico: Ver, oír, oler, tocar y degustar están relacionados con la capacidad biológica que posee nuestra especie de ser avisada por estímulos del ambiente. Es sobre la base de estos estímulos que generamos los dominios sensoriales que llamamos imagen, sonido, olor, sabor y textura. Nuestros sentidos funcionan como una interfase con el medio en el que vivimos, con el Universo, los sentidos recolectan información que luego, casi instantáneamente, analizamos, clasificamos; en suma, podemos decir que escuchamos, que interpretamos. Interpretar una experiencia es convertirla en una historia, y no hay nada positivo o negativo en una historia. No existe algo llamado historia positiva o historia negativa; existe una valoración de la historia realizada por un determinado observador que hace una valoración, hace un juicio de valor. Es con estos juicios que valoramos los sucesos, es este tipo de juicios el que usamos para decidir qué vamos a considerar positivo o negativo. Algo es bueno o malo para mí según mis juicios de valor. Es a partir de esta evaluación del hecho que puedo decir: Esto es bueno o malo, de acuerdo con mi juicio de valor. Hay juicios de valor establecidos en las distintas sociedades que tienen por finalidad establecer estándares de conducta y permitir cierta coordinación de acciones. Algo es bueno o malo dependiendo de la escucha del observador, y la manera en que un observador escucha está influida por la escucha de la sociedad a la que pertenece. Así podríamos decir que nuestra escucha, en alguna medida, es función de esa sociedad. Pero en las distintas sociedades es posible encontrar por lo menos dos personas que hagan valoraciones opuestas del mismo hecho; desde el observador que cada uno es van a mirar la misma situación y uno va a considerarla positiva y otro negativa. Y así, personales o sociales, siguen siendo puntos de vista.

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son neutros y es desde nuestra interpretación, desde nuestra valoración, desde nuestros juicios sobre lo que está ocurriendo, desde nuestra observación del acontecimiento que surge la calificación de negativo o positivo, de bueno o malo. Las religiones, desde este punto de vista, son formas de observar el mundo constituidas por una serie de juicios a los cuales un practicante adhiere y se atiene porque los elige como un estilo de vida. Pero siguen siendo un conjunto de juicios que determinan una manera de ver el mundo. Frederich Nietzsche en Más allá del bien y el mal dijo: “No existen los fenómenos morales, sino una interpretación moral de fenómenos”.

No hay acontecimientos buenos o malos en el universo, y esto no significa que tendríamos que tolerar el hambre, la miseria, el homicidio, la violación, el abuso de los niños, etcétera. Éste no es un argumento para aceptar cualquier cosa. Yo puedo tener juicios de valor sobre los cuales podría tomar acciones comprometidas con respecto a la dignidad humana o el hambre o la pobreza, pero tengo en claro que son sólo mis puntos de vista. Yo estoy en contra de un montón de cosas y pelearía contra esas cosas, pero tengo muy claro que estoy peleando contra eso por mi compromiso y mis valores, no porque eso sea malo. Lo que propongo es que la maldad o la bondad no están en los acontecimientos, sino que son valoraciones que un determinado observador hace sobre ellos. Es el observador el que agrega al acontecimiento su calificación. Así como no hay observación sin nadie que observe, no hay bien ni mal sin alguien que califique. No hay un juicio sin un juez que lo haga.

La noción de bien y mal, de positivo y negativo está en el centro del paradigma de control, y cuando observamos el mundo desde esta perspectiva nos pasamos la vida debatiéndonos entre lo que es bueno o malo, positivo o negativo, como si fuera posible afirmar objetivamente lo bueno o malo, lo positivo o negativo. Cuando observamos desde este punto de vista perdemos conciencia de las calificaciones, nos hacemos ciegos a esta distinción y confundimos el acontecimiento con la calificación que hacemos de él.

El ser humano como observador de acontecimientos neutros

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Los acontecimientos en sí son absolutamente neutros. Son las interpretaciones que nosotros hacemos de ellos lo que les da el significado para nosotros.

Lo que observemos que está ocurriendo, lo que veamos que está pasando, lo que para nosotros sea la realidad que ocurre, es lo que es, no es ni bueno ni malo, ni positivo ni negativo. Puedo reconocer que me duele y aun aceptarlo, puedo elegirlo porque es lo que es. Aceptar, rendirse es elegir desde el centro de mí, todo mi ser elige y acepta. Ésta es la distinción que hay entre resignación y aceptación. Aceptar es soltar el control y requiere que sea todo yo el que acepta, el que se rinde a lo que es. Entre aceptar y resignarse hay una distancia, hay un salto, pero no es un camino que va desde el resignar al aceptar. Mientras diga “lo tengo que aceptar” ya no lo estoy aceptando. Lo primero que aparece cuando pasamos al aceptar y elegimos eso que estamos resistiendo y evitando es una sensación de vacío, que no hay nada más, porque estamos eligiendo algo que no nos gusta. Este vacío es parte de la misma conversación y es lo que aparece después de rendirse, después de la aceptación. Si se muere alguien que yo quiero, yo puedo resignarme y decir: No hay más remedio, qué voy a hacer, la vida sigue, o puedo decir: Yo elijo que se ha ido. Yo lo elijo desde mi libertad. Cuando yo digo: yo elijo y yo acepto, la primera sensación es: Se acabó todo, no hay nada más, es así y encima lo elijo. Pero inmediatamente a partir del rendirse aparece la posibilidad, porque es desde la libertad de elegir que puedo crear. Si en lugar de aceptar me resigno, cualquier acción que yo tome es reacción. No es una acción, no es algo que yo elija para que ocurra algo, es una acción que creo para corregir o cambiar lo que ocurre. Declaré que está fuera de mí y eso es lo que tiene el poder, y entonces yo reacciono para controlar eso que pasó.

El rendirse y la aceptación son una entrada a un dominio distinto: La maestría. Allí hay que ver qué hacemos con esa apertura. Cuando tenemos el espacio de ser, cuando tenemos el espacio para manifestar de nuestro ser completo es cuando empieza la competencia, y es también cuando la conversación interna puede decir: “No quiero tanta libertad, no quiero tanto poder, no quiero tanto amor, mejor vuelvo a la caja, allí es más cómodo”.

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El ser aquí y ahora en la aceptación

Si en lugar de filtrar todo a través de nuestras creencias, si en lugar de resistir lo que está siendo, nos entregamos participando plenamente, si nos abrimos completamente y abrazamos lo que es, vamos siendo nosotros la fuente de nuestra experiencia, de nuestro ser y de nuestro estar siendo aquí y ahora. Si estamos presentes ninguna parte de nosotros está en otro lado, estamos completamente presentes y al relacionarnos así con los acontecimientos es como que todo nuestro ser está presente en el aquí y ahora, y no hay ninguna preocupación, sabemos que estamos aquí y ahora disponibles para crear lo que queramos.

Cuadro de creación:

Ser - Estar

Aquí y ahora

Fuente

Alivio, paz

alegría, gozo

Respuesta Creativa

Entregarse

ACONTECIMIENTO

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circunstancia en la vida tenemos elección: Podemos filtrar todo a través de nuestras creencias para tener razón con respecto a lo que ya sabemos, o podemos escuchar cuáles son las creencias que tenemos, aceptarlas y luego crear lo que queremos crear. Los seres humanos podemos crear en lugar de reaccionar.

Acción y reacción

Desde el paradigma de causa y efecto es habitual dar por sentado que son las acciones las que producen los resultados; es sobre esta presunción que tomamos una acción, después la evaluamos con relación al resultado y coherentemente con esta evaluación repetimos o cambiamos nuestra acción basados en si nos gustan o no los resultados producidos. Esta manera de observar está basada en la creencia de que son las acciones las que producen los resultados, y el progreso en la civilización occidental se basa en esta creencia. Sin embargo, ésta no es una descripción de la acción, sino que es una descripción de la reacción, porque en este modelo la acción es una reacción al juicio sobre los resultados. Martin Heidegger dice que sea lo que fuere que estemos haciendo es una respuesta a lo que creemos respecto de los resultados que producimos con la acción que hayamos tomado. Esta forma de actuar es una estrategia que nos deja dentro de la caja, en una estructura en la cual no hay ser. Si vivimos dentro de esta estructura estamos siendo máquinas biológicas en las cuales el estímulo genera la respuesta, en las cuales cambiamos la acción basados en lo que observamos, incluido lo que pensamos y sentimos de los resultados. Entonces hacemos lo que hacemos basados en lo que pensamos y sentimos. Ésta no es una descripción de acción, sino la propia definición de reacción.

¿Por qué hacemos lo que hacemos?

Vivimos la mayoría del tiempo dentro de esta estructura. Si le preguntáramos a una persona qué hizo en un día normal de su vida es posible que conteste que fue a la oficina. Es posible que lo haya hecho para trabajar y ganar su sustento, esperando el resultado de ese trabajo; y si va a trabajar todos los días, posiblemente lo haga para sentirse bien o lo que sea que hace que siga yendo. Si no se sintiera bien, o no ocurriera eso que hace que siga yendo a la oficina, como ocurre con algunas personas, probablemente se resistiría a ir a trabajar. Ante la pregunta: ¿Por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo?, la respuesta automática es justificar, dar una razón que justifique lo hecho. Esta razón es un juicio sobre el resultado, y si nos gustó es entonces una buena razón que no sólo justifica la acción que ya hicimos, sino también la próxima. Esto no es acción, es reacción. Todo lo que hacemos es una reacción a lo que pensamos y sentimos. No hay posibilidad de elección en esta estructura de respuesta automática, todo aquí es estímulo y reacción.

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Heidegger sostiene que no hemos examinado la naturaleza de la acción de manera decisiva, somos el tipo de ser que cree que la acción tiene que ver con la producción de resultados, y después valoramos la acción en la utilidad del efecto. Hacemos lo que hacemos por lo que creemos y pensamos acerca de lo que hacemos, y así hacemos juicios de valor sobre los resultados y estos juicios constituyen las creencias sobre las que actuamos, y así sucesivamente.

Dentro de este paradigma hemos hecho muchas cosas, hemos obtenido un montón de resultados y podríamos creer, sobre la base de nuestra experiencia, que hemos sido exitosos, pero si lo comparamos con lo que es posible lograr en nuestras vidas y en la humanidad, entonces apenas empezamos.

La mayoría de nosotros vivimos nuestra vida en esta estructura en la que no hay ser, todo es concepto encubierto con sensaciones en lo que llamo conversaciones para no posibilidad. Todo es reacción; no quiere decir que no funcione, sólo quiere decir que no hay espacio, sino para lo que ya está siendo. Podemos ser optimistas o pesimistas, pero tenemos que ser uno o lo otro, no podemos ser una cosa y la otra en esta estructura, todo debe ser positivo o negativo. Todo en esta estructura es y/o, o es causa o es efecto. ¿Hay algo en nuestras vidas que no sea causa o efecto? Todo lo que hacemos produce efectos, y si queremos vivir la vida produciendo efectos, todos tenemos algo de eso. Es parte de esta estructura o de esta inercia que todo en el mundo ocurre como causa o efecto. Es el grupo o es el individuo; es esto o es lo otro. Lo que quiero proponer es la posibilidad de que siempre son los dos y trascender la polaridad. El beneficio personal versus el beneficio organizacional es un dilema falso. El objetivo del coaching es siempre de los dos, es integrar los aparentes opuestos en un contexto que los contenga.

El enfoque causa-efecto no nos da poder, porque creemos que la acción es acerca de producir resultados y después cambiamos o mantenemos nuestro accionar sobre la base de lo que pensamos o sentimos de los resultados, pero ésa no es una definición de la acción, ésa es una definición de reacción. Lo

fundamental en la acción es que no está relacionada con la producción de

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Fuentes bibliográfica: Esteban Miguel Pinotti

“Coaching Ontológico para Empresas” Ed. Dunken. Año 1999

Jorge P. Pinotti

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