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TEMA 2. El comportamiento ético y los códigos de ética

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EL COMPORTAMIENTO ÉTICO

Y LOS CÓDIGOS DE ÉTICA

UNIDAD III

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CONTENIDO

EL COMPORTAMIENTO ÉTICO Y LOS CÓDIGOS DE ÉTICA

1. Virtudes y vicios

2. Virtud significa fortaleza 3. Fortaleza y coherencia 4. Virtudes fundamentales

5. Para qué sirve un código de ética 5.1. Tipos de códigos de ética

5.1.1. Códigos de ética propiamente dichos 5.1.2. Códigos de prácticas

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TEMA 2

EL COMPORTAMIENTO ÉTICO Y LOS CÓDIGOS DE ÉTICA

1. VIRTUDES Y VICIOS

Junto a su naturaleza biológica, recibida por nacimiento, el hombre es capaz de adquirir una segunda naturaleza: repitiendo acciones libres va tejiendo su propio estilo de conducta, su modo de ser mejor o peor. A través de los actos que repetimos y olvidamos, se decanta en nosotros una forma de ser que permanece. Pero la libertad ofrece la posibilidad permanente de lograr tanto una conducta digna del hombre como una conducta indigna y patológica. Así, unos lo hacen justos y otros injustos, unos trabajadores y otros perezosos, responsables o irresponsables, amables o violentos, veraces o mentirosos, reflexivos o precipitados, constantes o inconstantes.

La libertad nos brinda posibilidades de protagonizar actos buenos y malos. En el primer caso adquirimos virtudes; en el segundo, vicios. Aristóteles llama virtudes a los modos de ser perfectivos, los analiza a fondo y los reconoce como poderes excelentes. Ningún profesional de la enseñanza desconoce la incidencia educativa de esta estrategia de repetición. Al igual que una golondrina no hace verano, un acto aislado no constituye un modo de ser. Sabemos que para consolidar una conducta es imprescindible la repetición de los mismos actos. Por eso se ha dicho que el que siembra actos recoge hábitos, y el que siembra hábitos cosecha su propio carácter. En consecuencia, adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca o mucha importancia: tiene una importancia absoluta. Es la conclusión de Aristóteles y de todos los que tienen que combatir las actuales epidemias de droga y SIDA, por citar sólo un ejemplo elocuente.

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ser injusto o depravado», dirá Aristóteles, «a base de cometer injusticias o de pasarse la vida bebiendo y en cosas semejantes, cuando en su mano estaba no haber llegado a lo que ahora es». Antes de morir, Kurt Cobain, famoso vocalista de la banda estadounidense NIRVANA, declaraba: «No quiero ser adicto, no quiero autodestruirme, pero la heroína es tan poderosa como el diablo, es lo más adictivo que he probado nunca. No quiero volver a probarla, pero no puedo evitarlo. Me vuelvo loco».

2. VIRTUD SIGNIFICA FORTALEZA

Para algunos, la palabra virtud está devaluada. Sin embargo, nació en la Roma de los emperadores y las legiones. Y, significaba fortaleza, el esfuerzo propio del varón: la virilidad. Así que, los romanos, pueblo de conquista llamaron virtuosa a la conducta propia del hombre, que debe ser esforzada, no perezosa y abandonada.

El emperador Marco Aurelio dijo que el arte de vivir se parece más a la lucha que a la danza. Lo escribió en campaña; pero su mensaje es necesario para tiempos de paz, porque nuestro cuerpo es vulnerable siempre; porque nadie nacería sin la fortaleza de la mujer en el parto, nadie comería sin el esfuerzo del que trabaja la tierra o del que arriesga su vida en la mar. Así que no es aventurado afirmar que la sociedad siempre ha descansado sobre las espaldas de los fuertes.

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bebida, el sexo, la comodidad o la salud pueden adquirir un atractivo casi irresistible. En otros casos, el desorden nace del enorme protagonismo que hemos ido concediendo al dinero, al trabajo, a la posición social. Como toda conducta repetida cristaliza en un hábito, las concesiones a cualquier desorden cristalizan en un hábito desordenado, en un vicio.

Otra manifestación de nuestra debilidad se muestra en que nos proponemos muchas cosas y sin necesidad de cambiar de opinión,

no hacemos lo que nos habíamos propuesto. No es que ya no queramos, es que no queremos a fondo, queremos sin fuerza. No es una experiencia de falta de libertad, sino de falta de fuerzas.

Quien fuma cuando no quiere fumar o no respeta el régimen de comida que había decidido guardar, sabe que se contradice libremente. Ese querer y no querer es una experiencia de incoherencia interna; de debilidad humana; como si algo estuviera roto muy dentro de nosotros. Una experiencia molesta y quizá humillante, sin otro tratamiento que el de esforzarse por vencer en cada caso.

3. FORTALEZA Y COHERENCIA

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toda mi vida no debo abandonarlos hoy porque mi situación haya cambiado; los sigo mirando con los mismos ojos, les sigo teniendo el mismo respeto y veneración que antes; y si no los hay mejores, ten por seguro que no cederé en lo que me propones, aunque todos intenten asustarme como a un niño, con amenazas más horribles que la confiscación, las cadenas o la muerte» (Platón, Gritón)

La falta de coherencia aparece en todo aquel que se deja llevar por la brisa del sentimiento. En la sociedad actual, los sentimientos son a menudo el criterio último de muchas conductas desorientadas. MMee aappeetteeccee,, yyoo ssooyy a

assíí yy aassíí mmee qquueeddoo,, nnoo tteennggooggaannaass,,lloo ssiieennttoo a

assíí, y otras expresiones similares, reflejan con frecuencia la falta de criterios firmes de actuación. De esta forma abandonando el obrar a los vientos cambiantes de la sensibilidad de los caprichos o del interés, el bien y la verdad se humillan ante una dudosa autoridad: la ley del gusto.

Porque la ley del gusto debe guiar al animal, pero el hombre debe guiarse por convicciones profundas y arraigadas. Si no se corta esa tendencia y no se deja que la inteligencia marque el rumbo y la voluntad empuje, la persona no logra el equilibrio, pues quien busca la verdad queriendo continuar por encima de todo con sus gustos, la busca de noche, y de noche no la encuentra; y quien quiere hacer el bien después de atender sus personales intereses, en el fondo no quiere, y por tanto no lo hará.

4. VIRTUDES FUNDAMENTALES

Toda ética es una propuesta sobre virtudes. Y todas las virtudes se pueden reducir a cuatro, que proceden directamente de Platón y los estoicos. Ellas realizan perfectamente los cuatro modos generales del obrar humano: la determinación práctica del bien (PRUDENCIA), su realización en sociedad (JUSTICIA), la firmeza para defenderlo o

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Pero ¿cómo sabemos que esas cuatro virtudes son las cuatro formas generales que debe adoptar toda conducta ética? Lo sabemos, entre otras razones, porque en esas cuatro líneas maestras se ha decantado el obrar humano desde hace miles de años.

La condición necesaria para que se produzca el mencionado proceso de decantación es la libertad. Con la libertad, el hombre podrá forjar á su gusto su propia personalidad. Y para ello, al estrenar la libertad, lo primero que surgen son preguntas. Y preguntas fundamentales: ¿qué quiero hacer?,

¿qué puedo hacer?, ¿qué debo hacer?, ¿qué voy a hacer? En

dos palabras: ¿qué es lo mejor?

Esas preguntas han dejado de ser acuciantes para el hombre occidental porque ya han sido contestadas satisfactoriamente por muchas generaciones de griegos y romanos, y por veinte siglos de cultura cristiana. Ahora no nos preguntamos qué es la justicia porque hemos heredado la riquísima jurisprudencia romana. Tampoco discutimos por la mejor forma de gobierno porque parece que todas las posibles han sido ya discutidas y probadas.

Al estrenar la libertad, los ciudadanos de las primeras polis necesitaban saber cómo se construye y cómo funciona una sociedad de hombres libres, cuál es la mejor de las formas posibles de gobierno. Y, en el plano personal, con diferentes formulaciones, había otra pregunta obligada: qué significa ser hombre, cómo usar la libertad, qué hacer con la propia vida, cuál es la mejor de las conductas posibles. Platón fue el primero en responder cabalmente a estas cuestiones.

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desbocarse. El filósofo propone así tres cualidades fundamentales de la conducta humana: la prudencia, la fortaleza y la templanza. Cuando se logran, entonces reina quizá la más importante, la justicia, por la que el hombre obra en todo momento como debe.

5. PARA QUE SIRVE UN CÓDIGO DE ÉTICA

Los códigos corporativos han proliferado desde la década del noventa. Tal vez como un intento de guiar a los integrantes de una corporación hacia un comportamiento ético que, al parecer, la sociedad demanda de modo creciente. Se ha señalado que el comportamiento ético depende, en gran medida, de la habilidad de reconocer las connotaciones éticas implícitas en determinadas situaciones y poder hacerles frente de un modo que permita ser calificado como ético. También se ha dicho que esa respuesta ética puede depender más de las característica de la cultura corporativa, que de los atributos de los individuos que integran una organización.

En forma creciente se han venido transmitiendo los distintos aspectos de la cultura corporativa a través de instrumentos escritos: enunciados de misión y valores, credos, políticas corporativas y códigos formales de ética. Este último instrumento es aquel que muestra el aumento más significativo: si en 1984-1985 el 75% de las 1000 mayores empresas del mundo tenía un código de ética, ese porcentaje ya había alcanzado el 93% en 1989-1990. Y ha seguido incrementándose. Lo que cabe preguntar, a la luz de los conocidos escándalos, es cuán eficaces han sido esos códigos o si su implementación tan sólo ha respondido a una moda o a una demanda de la sociedad, a la cual se responde como parte de una retórica corporativa tendiente a crear un capital de reputación.

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especialmente significativa la forma en que la cultura corporativa es transmitida a los integrantes de la organización ubicados en ámbitos alejados de la casa matriz, tanto cultural como geográficamente, lo cual ciertamente vuelve muy difícil la comunicación y, sobre todo, la interpretación de los mensajes que se procura transmitir.

Los códigos de ética, en particular, deberían dar respuesta a los planteos y dilemas morales que se presentan en las organizaciones y que, en ciertas ocasiones, pueden asumir dimensiones inusuales de dramatismo. En general, se supondría que estos códigos articulan los valores corporativos con las responsabilidades, obligaciones y objetivos éticos de una organización y de sus integrantes.

Y en cuestiones relacionadas con los negocios internacionales, en particular en medios culturales y sociales diferentes, deberían establecer el mínimo moral al cual se tendría que ajustar el comportamiento de los directivos y trabajadores de la empresa.

Los mejores códigos parecerían ser aquellos que describen la forma en que todos ya se comportan y sienten en una empresa, es decir que reflejan la cultura corporativa vigente. Los peores, aquellos que se limitan a enunciar una lista de principios. A pesar del

amplio debate que se ha generado en las empresas acerca de los “valores propios” al final parece que todas terminan con listas similares: con algo acerca de la integridad, algo referido al respeto a los individuos y algo relativo al cumplimiento con los clientes. Pero es también cierto que desde 1987 hasta el presente se ha ido produciendo un cambio sustancial en las características de los códigos de ética, así como en el

proceso de elaboración de los mismos que se ha vuelto más inclusivo y

participativo. También se ha identificado una mayor toma de conciencia respecto de principios éticos básicos.

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coherencia entre los valores enunciados y el efectivo comportamiento en los distintos niveles de la corporación.

5.1. TIPOS DE CODIGOS DE ETICA

Si bien se los suele englobar bajo la denominación genérica de “códigos de ética” es importante diferenciar claramente tres tipos de instrumentos o códigos cuyo propósito difiere:

5.1.1. CÓDIGOS DE ÉTICA (PROPIAMENTE DICHOS): contienen enunciados de valores y principios referidos al propósito de la corporación, a sus obligaciones y responsabilidades hacia las partes involucradas y a las normas que deberán conformar el comportamiento de sus integrantes. También se los suele identificar como “códigos basados en valores”.

5.1.2. CÓDIGOS DE PRÁCTICAS: deben enumerar, interpretar e ilustrar las normas que deben guiar la toma de decisiones en diferentes instancias y las acciones concretas de los integrantes de la corporación que conformen los principios y valores enunciados en los códigos de ética.

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están diseñados para proteger la organización de las acciones de sus empleados. Algunos se refieren a los mismos como “códigos basados en reglas”.

Tanto para el caso de los códigos de ética como de los códigos de conducta parecería suponerse anticipadamente una falta de integridad en los empleados que tales instrumentos procuran limitar y corregir. Este punto de vista puede generar tensiones y dar origen a un proceso dialéctico entre los códigos, la integridad y lealtad del agente hacia la organización que habrá de encuadrar su vida corporativa.

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