Introducción, contexto
y perspectivas sobre Acción sin Daño y construcción de paz
Martha Nubia Bello Albarracín
xxx p., il. -- (Acción sin daño y construcción de paz , M1)
Incluye referencias bibliográficas
ISBN : 978-958-719-621-4
1. Asistencia humanitaria 2. Conflicto armado - Colombia 3. Educación para la
paz 4. Víctimas del conflicto armado – Colombia 5. Solución de conflictos 6. Acción sin daño I. Tít. II.
Serie
CDD-21 303.66 / 2011
Primera edición; Bogotá D.C., 2011 Introducción, contexto y perspectivas sobre Acción sin Daño y construcción de paz Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Trabajo Social Programa de Iniciativas Universitarias para la Paz y la Convivencia – PIUPC-Calle 44 No. 45 – 67, Unidad Camilo Torres, Bloque 1, Oficina 601 Tel: (57) 1 3165000 Ext.: 10261 – 10265, Bogotá D.C.
Correo electrónico: [email protected] Dirección académica Martha Nubia Bello Albarracín
Coordinación editorial Liz Yenny Vanessa Londoño Piñeros
Comité editorial Olga del Pilar Vázquez Cruz Julia Esmeralda Rodríguez Fernández
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Gloria Inés Retrepo Castañeda
Yaneris Alvis Revisión de textos Margarita Mejía
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Foto portada:
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ISBN Volumen: 978-958-719-621-4 Las opiniones y los énfasis destacados en el texto, son de exclusiva responsabilidad de
la autora y no reflejan necesariamente los puntos de vista de la Universidad Nacional de Colombia, COSUDE, ni GIZ
Autor
OBjetIvOS
MAPA CONCePtUAl
UNIDAD 1. el eNFOQUe De ACCIóN SIN DAÑO eN el CONteXtO COlOMBIANO
UNIDAD 2. el CONteXtO SOCIOPOlítICO: gUeRRA y CONFlICtO ARMADO INteRNO
UNIDAD 3. lAS OPCIONeS eN MeDIO De lA gUeRRA: AlteRNAtIvAS hACIA lA PAz
UNIDAD 4. lA PeRSPeCtIvA De ANálISIS Del DeteRMINISMO y lA CAUSAlIDAD SIMPle A lA MUltIDeteRMINACIóN y lA COMPlejIDAD. DIStINgUIR SIN SePARAR, RelACIONAR SIN CONFUNDIR
4.1. La mirada compleja, la acción sin daño y la construcción de paz
UNIDAD 5. lOS ejeS teMátICOS: áMBItOS De ReFleXIóN
5.1. La relatividad cultural, histórica y contextual de las nociones de bienestar, paz y vida buena en el desarrollo y la acción humanitaria
5.2. Los dilemas y las tensiones en el campo humanitario
5.3. El desarrollo: las pretensiones de homogenización y la subvaloración de la diferencia
UNIDAD 6. el vAlOR Del CONFlICtO eN lAS SOCIeDADeS, SUS eXPReSIONeS y SU RelACIóN CON lA CONStRUCCIóN De PAz: DeSCONOCeR, IgNORAR O SUBeStIMAR el CONFlICtO
UNIDAD 7. el vAlOR De lAS IDeNtIDADeS INDIvIDUAleS y COleCtIvAS: lOS eNFOQUeS DIFeReNCIAleS y el MANejO SeNSIBle Al RIeSgO
7.1. La perspectiva de género y la perspectiva étnica 7.2. La población en situación de discapacidad
7.3. Manejo sensible de riesgos y desastres
UNIDAD 8. lA DIStINCIóN y lA COMPleMeNtARIeDAD eNtRe lOS áMBItOS MAteRIAleS, PSíQUICOS y eSPIRItUAleS
8.1. La perspectiva psicosocial y la Acción sin Daño
8.2. Las dinámicas organizativas y los procesos de fortalecimiento organizacional
UNIDAD 9. lAS teNSIONeS étICAS y POlítICAS De lA ACCIóN SIN DAÑO y lA CONStRUCCIóN De PAz
9.1. La Acción sin Daño y las políticas públicas
9.2. La Acción sin Daño: un enfoque ético y político
UNIDAD 10. lA ACCIóN SIN DAÑO y lA SeNSIBIlIDAD Al CONFlICtO: ASPeCtOS MetODOlógICOS
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Este módulo pretende introducir al lector en los temas que se abordan en los módulos sobre acción sin daño y construcción de paz. La Acción sin Daño -ASD-, y la Construcción de Paz en un país que como Colombia, afronta un largo y complejo conflicto armado interno.
Bajo esta pretensión, a continuación se ilustra y amplía la compleja gama de asuntos y temá -ticas que serán abordados, así como su importancia, pertinencia y articulación.
Es un módulo básico de carácter ilustrativo, que busca contextualizar el tema a fin de preci -sar sus particularidades e importancia en el escenario del conflicto armado interno colombia -no. En este sentido:
- Caracteriza el conflicto armado, sus actores y dinámicas, e identifica los principales inte -reses en disputa.
- Reflexiona acerca de sus impactos, las crisis humanitarias que provoca, las dinámicas sociales, culturales y subjetivas a las que da lugar; y los diversos esfuerzos desplegados para afrontarlo.
» Ilustrar sobre la importancia de introducir los enfoques de ASD y sensibilidad al Conflicto en los procesos de intervención humanitaria, construcción de paz y desarrollo.
» Reflexionar acerca de la complejidad de temas y aspectos relacionados con los enfoques de ASD y de Sensibilidad al Conflicto.
» Identificar los retos éticos, políticos, conceptuales y metodológicos de la acción humanita -ria y la construcción de paz en el contexto colombiano.
» Definir y reflexionar acerca de las principales características del conflicto armado interno y la crisis humanitaria del país.
la relatividad cultural, histórica y contextual de las nociones de bienestar, buena vida en el desarrollo y la acción humanitaria.
el valor de las identidades individuales y colectivas: los enfoques diferenciales y el manejo sensible al riesgo.
la distinción y la complementariedad entre los ámbitos materiales, psíquicos y espirituales.
las tensiones éticas y políticas de la Acción sin Daño y la Construcción de Paz. los dilemas y tensiones en el campo humanitario y el desarrollo: las
pretensiones de homogenización y la subvaloración de la diferencia.
la perspectiva de género y la perspectiva étnica, la población en situación de discapacidad, Manejo Sensible de Riesgos y desastres.
la perspectiva psicosocial, la Acción sin Daño, y el fortalecimiento organizacional, una estrategia de construcción de paz.
la Acción sin Daño: un enfoque ético y político. la Acción sin Daño y las políticas públicas.
El valor del confl icto en las sociedades, sus expresiones y su relación con la construcción de paz: desconocer, ignorar o subestimar el confl icto.
la Acción sin Daño y la Sensibilidad al
Confl icto.
CONTEXTO, ENFOQUES Y PERSPECTIVAS ORIENTADORAS
CONTEXTO EN EL QUE SURGE LA
PROPUESTA
LA PERSPECTIVA DE ANÁLISIS DEL DETERMINISMO Y LA CAUSALIDAD SIMPLE A LA MULTIDETERMINACIÓN Y LA
COMPLEJIDAD
LOS EJES TEMÁTICOS: ÁMBITOS DE
REFLEXIÓN EL CONTEXTO
Las refl exiones desde la perspectiva de ac-ción sin daño se inscriben en el contexto par-ticular colombiano, abrumado y atravesado por confl ictos de larga duración, reiteradas catástrofes y emergencias agravadas/cau-sadas por inequidades sociales, exclusiones y discriminaciones.
Un contexto además, caracterizado por una enorme riqueza y diversidad material y cul-tural. Con amplias expresiones culturales y organizativas que dan cuenta de la búsque-da de sus pobladores por resistir y construir condiciones tendientes a asegurar una exis-tencia menos azarosa y más proclive a una vida creativa, productiva, en paz y equidad.
En repetidas ocasiones, el país ha buscado terminar con el desenlace violento de los confl ictos, sin embargo, la trama comple-ja de factores estructurales, las coyunturas particulares y la genealogía de los actores involucrados, hacen de este propósito una
tarea que compete a todos y todas, y que im-plica esfuerzos y procesos de largo aliento.
En este escenario han sido múltiples, constantes y masivas las violaciones a los Derechos Humanos. Las masacres, los reclutamientos, las desapariciones y despla-zamientos forzados, los asesinatos extrajudi-ciales, la violencia sexual, las torturas, entre otras modalidades de violencia, han afecta-do a miles de personas, quienes la mayoría de las veces han sido expuestas a la enorme vulnerabilidad de los contextos donde viven o han sido lanzadas.
Familias y comunidades enteras han sido despojadas violentamente de sus recursos materiales, sus fuentes de sustento y prác-ticas rituales y culturales, y demás segurida-des existenciales. Este panorama crítico en efecto, ha ocasionado constantes crisis hu-manitarias, refl ejadas en la amenaza o pér-dida efectiva de vidas humanas, el
desabas-Foto: Cosude
UNIDAD 1
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NFOQUE
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La persistencia de actores armados que in-timidan, coartan y coaccionan a las comu-nidades; de algunas instituciones públicas y poderes locales corruptos o articulados a intereses privados, que vulneran los de-rechos colectivos; así como de situaciones históricas de pobreza exclusión, confi gu-ran un cuadro propicio para la dependencia que acentúa las cadenas de vulnerabilidad y riesgo. Estas situaciones difi cultan a las comunidades hacer uso de sus capacidades y posibilidades y las conduce a demandar o requerir con más urgencia y permanen-cia, las acciones humanitarias por parte de agentes externos.
En efecto, es larga y variada la respuesta de las entidades externas, las cuales des-de distintas lógicas, propósitos y estrate-gias, intentan hacer frente a la crisis. Son múltiples los esfuerzos, de por sí difíciles y
complejos, que buscan superar el confl icto Foto: Archivo PIUPC armado y aportar a la construcción de un país más equitativo, justo y democrático. Algunas propuestas, inscritas en el discurso estrictamente humanitario, optan acciones orientadas a mitigar el hambre, generar cier-tas condiciones de protección a la seguridad física de las víctimas y evitar el incremen-to de los cosincremen-tos en vidas humanas. Desde este marco, la estrategia fundamental es la provisión de bienes y los procesos de mediación mediante el establecimiento de acuerdos que permitan el respeto por parte de los actores armados, de la vida de las co-munidades involucradas.
Otras acciones van más allá de la atención en emergencia y buscan aportar en la cons-trucción de condiciones para el restableci-miento de las personas, así como sentar bases nuevas (especialmente en infraes-tructura, productivas y organizativas) que hagan sostenible y estable la permanencia de las comunidades en sus lugares de vida o reubicación.
Otras más, intentan vincular distintos mo-mentos o fases de la atención, pasando de la emergencia al restablecimiento o “desa-rrollo”, sobre la base de modifi car las con-diciones estructurales que dan lugar a la violencia y la vulnerabilidad. En esta medi-da, cuestionan relaciones de poder e injusti-tecimiento, que ha dado lugar al hambre y la
desnutrición; y la exacerbación de confl ictos alimentados por el clima de violencia y pola-rización, propio de los escenarios de guerra.
Respuestas de entidades
externas al conflicto
Provisión de bienes y servicios.
Aportar para el
restablecimien-to de las personas o su
reubi-cación acciones para modificar
las condiciones estructurales
que dan lugar a la violencia y la
vulnerabilidad.
Procesos de mediación para el
establecimiento de acuerdos
con los actores armados.
cia que se consideran el obstáculo de fondo para que las comunidades alcancen condi-ciones de vida en dignidad y paz.
Sin desconocer el esfuerzo de muchas en-tidades estatales y no gubernamentales de orden nacional e internacional, pero al mis-mo tiempo evidenciando la permanencia del confl icto armado, la enorme vulnerabilidad que persiste y sobre todo, la difi cultad ma-nifi esta de muchas comunidades para sos-tenerse y mansos-tenerse en sus proyectos, se impone la necesidad de una mirada auto refl exiva, que interrogue a los agentes ex-ternos respecto a la capacidad de sus actua-ciones para modifi car los contextos que in-tervienen, y la necesidad de hacer explícitos sus presupuestos conceptuales, políticos y metodológicos a fi n de revisar su coherencia con las maneras particulares de actuación. Las profundas diferencias de enfoque y
ac-tuación de muchas agencias y entidades na-cionales e internana-cionales suelen quedar in-visibilizadas al aparente propósito común de
actuar en favor de las comunidades y en aras de construir la paz. Sin embargo, de las maneras y los modos en que se in-terpreten y comprendan los problemas, va a depender el tipo de soluciones y estrategias diseñadas para alcanzarlas. Más aún, distin-tos criterios de valoración llevan a defi nir de manera diversa e incluso, contradictoria lo que se determina problemático o deseable.
n esta medida, bajo idearios
apa-rentemente iguales o similares, se
es-conde explícita o implícitamente una
enorme proliferación de recursos,
discursos y prácticas
que precisan
ser develados, en especial para revisar
la coherencia y pertinencia
de sus
actuaciones, así como su capacidad
para afectar los contextos en los que
se desempeñan según los fines que
persiguen.
guerra. De igual manera, es viable contribuir a la construcción de cambios necesarios y deseados por las comunidades, si analiza-mos y contemplaanaliza-mos la variedad de aspec-tos que confl uyen en la vida y las situacio-nes de los colectivos humanos e inscribimos desde ahí nuestras acciones como una más de las que entran a interactuar en ese mun-do complejo.
De igual manera, muchos profesionales de estos ámbitos se preguntan por el sentido
de sus trabajos y la capacidad que tienen para cambiar las situaciones que pretenden modifi car o generar nuevas capacidades y realidades. Estos interrogantes no respon-den meramente a un ejercicio refl exivo y académico, sino a los enormes desafíos que plantean los contextos. Son interrogantes que resultan de evidenciar y constatar que muchas prácticas humanitarias, de desarro-llo y paz, han dado lugar a situaciones no esperadas o deseadas como: aumento de la dependencia, exacerbación o creación de confl ictos, aumento de situaciones de ame-naza y riesgo, y reducción de la responsabi-lidad estatal. Incluso, algunas agencias han tenido que observar que después de invertir recursos, las comunidades se fragmentan y desarticulan, algunas hasta desaparecer.
Distintos códigos y técnicas han venido construyéndose en aras de que los agentes externos atiendan a unos mínimos éticos y de procedimiento para trazar claramente su horizonte (visión- misión), estrategias y metodologías. Esto ha dado lugar a la pro-liferación de metodologías (planeación es-tratégica, marcos lógicos, etc.), que muchas veces no resultan sufi cientes para evitar el fracaso, tal vez porque con frecuencia se plantean y utilizan como “herramientas” que adolecen de un ejercicio claro que indague y construya principios y marcos de actuación. En este orden de ideas, los cómos no resul-tan de por sí sufi cientes, si no se debaten y precisan los sentidos y los contextosen los cuales se instauran.
Sin embargo, es posible prever y minimizar el riesgo al fracaso y sobre todo, a generar daños o efectos contrarios a los deseados, tales como la agudización de los confl ictos o la profundización de las dinámicas de la
En este orden de ideas, el texto plantea un recorrido por aquellos aspectos que se con-sideran relevantes para ser analizados y contemplados en las acciones humanitarias y proyectos de construcción de desarrollo y paz.
lgunas posturas más cómodas y
facilis-tas, reducen la explicación del fracaso
o el daño causado a las propias
comu-nidades: “No se interesan”, “les gusta
vivir así”, “quieren que todo se les dé”;
o a la actuación de otros (agencias y
entidades). Pero, la claridad y la
cohe-rencia no garantizan mecánicamente el
“éxito” de las acciones, pues en efecto,
muchas situaciones “externas”,
difíci-les de ser previstas, se atraviesan en la
marcha de los proyectos y afectan sus
posibilidades.
Foto: Borja Paladini
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UNIDAD 2
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Las graves crisis humanitarias que recurren-temente se presentan en el país como re-sultado de la violencia política, exigen una refl exión sobre las características del con-texto a fi n de precisar las causas, los actores y las dinámicas de la guerra. En el país se han dado amplias discusiones sobre cómo llamar la situación de violencia que hemos vivido por años y esa denominación, resul-ta no ser un asunto meramente semántico, pues plantea implicaciones y consecuencias de distintos órdenes.
La mayoría de analistas y académicos co-lombianos consideran que la naturaleza del
xiste mucha discusión sobre la manera
como el conflicto debería definirse:
algunos hablan de guerra civil; otros
de amenaza terrorista; también podría
describirse como una guerra contra la
sociedad. Por eso, el título del reciente
libro del IEPRI, “Nuestra guerra sin
nombre”, resulta muy sugestivo para
pensar el conflicto colombiano
1”.
1. Rodrigo Uprimny & María P. Saffon, «Usos y abusos de la justicia transicional en Colombia». Artículo presentado en el Se-minario Internacional Paz y Responsabilidad en Transiciones de Confl ictos Armados, Universidad del Rosario, junio 15 y 16 de 2007. p. 169. [Documento en línea].
2. Según el Comité Internacional de la Cruz Roja los confl ictos armados no internacionales son “enfrentamientos armados pro-longados que ocurren entre fuerzas armadas gubernamentales y las fuerzas de uno o más grupos armados, o entre estos grupos, que surgen en el territorio de un Estado [Parte en los Convenios de Ginebra]. El enfrentamiento armado debe alcanzar un nivel mínimo de intensidad y las partes deben poseer una organización mínima” (Comité Internacional de la Cruz Roja, 2008).
3. Planteamientos desarrollados por Zapata, María Lucía en el
módulo No 4 del diplomado “Acción sin daño y Refl exiones sobre prácticas de paz. Una aproximación desde la experiencia
colom-do interno. Su argumento se basa en las normas del Derecho Internacional, espe-cialmente el artículo 3º común a los Conve-nios de Ginebra de 1949 y el artículo 1º del Protocolo adicional II2. Quienes apoyan este
argumento insisten en que los grupos gue-rrilleros controlan ciertas partes del territorio y cuentan con grupos armados organizados bajo un mando responsable (por ejemplo, el secretariado de las FARC), lo cual les otor-ga cierta legitimidad y reconocimiento en su área de infl uencia3.
Ahora bien, los grupos insurgentes han sufrido grandes trasformaciones desde su origen hasta hoy. No sólo sus perfi les deja-ron de ser eminentemente rurales para con-vocar a obreros, estudiantes e intelectuales que han hecho parte de grupos con presen-cia en las ciudades; también han cambiado sus tácticas, estrategias y fuentes de fi nanciación. A partir de la década de los noventa, los vínculos entre los grupos in-surgentes y el narcotráfi co, así como el uso cada vez mayor, de prácticas criminales y acciones violatorias al Derecho Internacio-nal Humanitario -DIH-, han llevado a afi rmar que se han despolitizado y perdido legitimi-dad y clarilegitimi-dad en sus orientaciones políti-cas. De hecho, las guerrillas han contribuido a degradar el confl icto signifi cativamente, disminuir las capacidades y potencialidades de la sociedad civil organizada e impedir espacios y conquistas democráticas. Esta situación ha sido utilizada por sectores mi-litaristas y autoritarios, que consideran la
amenaza terrorista como el principal y casi único problema del país y las instituciones democráticamente constituidas. De esta for-ma, se niega la existencia e historicidad
del confl icto armado, así como sus causasy
contenidos políticos.
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En Colombia desde hace más de cuarenta años, existen grupos alzados en armas que se han planteado como objetivo la transfor-mación de las estructuras sociales y el de-rrocamiento del poder estatal. Las razones que se esgrimen en sus discursos respecto a su surgimiento, son diversas. Unas se re-fi eren a los modelos agrarios que han pro-piciado el despojo de miles de campesinos, la concentración injusta e improductiva de la tierra y un modelo de desarrollo extractivo e insostenible, con claros costos ambientales y socioculturales.
Al respecto, varios analistas plantean que la superación del confl icto pasa necesariamen-te por una política agraria redistributiva,
acorde a modelos más efi cientes y sosteni-bles.
Además de las razones económicas están las políticas. La opción armada ha sido justi-fi cada y explicada por quienes la promueven, debido a las escasas posibilidades que ga-rantizan las vías institucionales para lograr transformaciones y hacer oposición política legal. De hecho, el régimen político colom-biano se ha caracterizado por la difi cultad para reconocer y permitir la oposición, la falta de garantías a los movimientos socia-les y, en general, una débil respuesta a las demandas y exigencias sociales. A pesar de la Carta Constitucional de 1991, la historia de la oposición sigue registrando asesinatos selectivos, persecuciones y amenazas que desestructuran su organización y, en mu-chos casos, obligan al exilio de sus miem-bros.
Por otro lado, el surgimiento y la consolida-ción de los grupos paramilitares, que se sumó al complejo escenario, ha intensifi ca-do y degradaca-do la guerra en Colombia. De alguna manera, estos grupos son la expre-sión de la debilidad estatal para asegurar el monopolio de la fuerza en vastas regio-nes del país y han develado una tendencia antidemocrática del Estado, al impulsar y legalizar las respuestas privadas armadas, amparadas bajo el concepto de autodefen-sa. Los ejércitos privados conformados por miembros activos y retirados de las fuerzas armadas y por miles de jóvenes reclutados a la fuerza o tras el ofrecimiento de una al-ternativa económica, pasaron de responder no sólo al servicio de ganaderos y terrate-nientes, sino a convertirse en un recurso de multinacionales, políticos, empresarios y narcotrafi cantes. Esto ha dado lugar al cre-cimiento de uno de los actores de la guerra más crueles y efectivos en sus pretensiones de despojo, desarticulación social y dominio político regional y nacional.
a argumentación de la amenaza
terro-rista encuentra eco también, debido
a lo que Uprimny y Saffon llaman la
“naturaleza ambigua del régimen
de-mocrático” o una “peligrosa
democra-cia en peligro”, refiriéndose a la
capa-cidad del régimen colombiano para
mantener ciertos rasgos democráticos a
pesar de la gravedad de los abusos y las
violaciones a los Derechos Humanos
que se presenta en su seno
4, y al riesgo
que las acciones de los actores armados
representan para el funcionamiento y
permanencia de los escasos espacios
de-mocráticos.
A su vez, los ejércitos ofi ciales han crecido y se han tecnifi cado con el aumento de las bases militares, los recursos para las armas y la inteligencia militar, y en general, el for-talecimiento del discurso que apela a las sa-lidas militares y de fuerza, como alternativa para “resolver” el confl icto interno. Esta si-tuación se reforzó después de los ejercicios de diálogo y negociación fallidos con los gru-pos insurgentes, llevados a cabo por gobier-nos anteriores y que pusieron en evidencia la fragilidad de estos procesos si no están acompañados de transformaciones econó-micas y políticas sustanciales, ni de garan-tías a la integridad de la vida de quienes ne-gocian y deponen las armas. En diferentes momentos del confl icto armado, la “mano dura” ha surgido como la salida efi ciente para ganar la guerra, lo cual propaga un discurso militarista y autoritario, fundamen-tado por ideologías caudillistas y discursos patrióticos que obstaculizan el alcance de la paz y el trámite del confl icto por caminos no violentos, y favorecen la polarización social.
De esta manera, asistimos a un escenario donde los actores de la guerra son múltiples y diversos. No se trata guerrilla vs. Estado o paramilitares vs. guerrilla.
Se trata de varias guerrillas con ideologías y estrategias distintas, que a veces coinci-den o los enfrenta; de grupos paramilitares que no han dejado las armas o reinventan ejércitos de mercenarios al servicio del me-jor postor y cuando se requiere, colocan un discurso político a su práctica criminal; de unas fuerzas armadas que han violado los Derechos Humanos y el DIH y en ocasio-nes, se han aliado con los paramilitares para combatir a un enemigo común.
con-siderarse en función de los intereses que defi enden y los poderes que los fi nancian, los llevan a asumir toda clase de estrategias de guerra que convierten a la población civil en objetivo. No se trata de enfrentamientos entre ejércitos armados que actúan bajo fé-rreas convicciones políticas, es el desplie-gue del terror que busca despoblar regiones, desarticular organizaciones, controlar el po-der y debilitar o exterminar al enemigo arma-do y a quien represente un obstáculo para sus fi nes. Las masacres, los desplazamien-tos, los reclutamientos y las desapariciones forzadas, los asesinatos y las torturas, son hechos cotidianos. Los campesinos, los indí-genas, los afrocolombianos y los jóvenes de los sectores populares, son los grupos más victimizados junto con los líderes sociales y sindicales.
Es claro que el confl icto armado o la guerra interna, tiene raíces históricas y unas di-námicas que dejan ver su trasfondo político, social y económico, por lo cual es importante no reducirlo a una confrontación coyuntu-ral superable por la vía militar. Con este pro-pósito, a continuación, se precisan algunas características de lo que en adelante men-cionaremos indistintamente, como guerra o confl icto armado interno en Colombia.
> Es un conflicto de larga
duración y deshumanizante
Una guerra de más de 50 años, lo cual trae como consecuencias, la naturalización de la misma (aprender a vivir con la guerra), y la confi guración de una cadena de odios y re-taliaciones que se mantienen y reproducen por generaciones, ante la ausencia de una justicia mediadora que castigue a los culpa-bles y repare a las víctimas.
l lado de las prácticas criminales
desplegadas por los actores armados,
hay una política represiva encargada
de silenciar la disidencia, perseguir la
resistencia, criminalizar los discursos
alternativos y debilitar las expresiones
organizativas. Por la vía de los asesinatos
selectivos y fundamentalmente, las
amenazas, miles de colombianos huyen
en calidad de exiliados y otros se ven
obligados al silenciamiento.
En la mayoría de estos casos, el cansancio y las tensiones acumuladas se suman a experiencias traumáticas de persecución, tortura, separación y muerte violenta de seres queridos, bombardeos, etc. A ello se añaden también inmensas frustraciones frente a la insensibilidad y cerrazón de los que detentan el poder. Todo esto va dejando huellas profundas y conduce casi inevitablemente al endurecimiento de los corazones, agregando un elemento de vengatividad a aspiraciones de justicia que son por lo demás enteramente legítimas. Debe reconocerse sin moralismos abstractos que en muchas de estas situaciones el odio es una reacción comprensible y muy humana, sin embargo, también debe reconocerse que el odio, siendo humano, es paradójicamente un sentimiento deshumanizante.5 ”
5.Joaquín Samayoa, «Guerra y deshumanización: Una
pers-pectiva psicosocial» , La psicología social de la guerra.
Toda guerra precisa procesos de deshuma-nización para que los combatientes, y aún quienes no lo son, puedan despojarse de sentimientos y valoraciones, y asuman a los otros como objetos o verdaderos contrarios desprovistos de rasgos de humanidad. La larga duración de la guerra acentúa esos procesos. Joaquín Samayoa, en referencia al caso salvadoreño, menciona que: “El mis-mo hecho de matar, aunque sea en combate y por una causa que es o se cree justa, es también deshumanizante, sobre todo cuan-do llega a verse con indiferencia o, peor aún, con complacencia”.*6
6.Samayoa, p 11.
7.Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo – PNUD, Informe Nacional de Desarrollo Humano. El confl icto: Callejón
con salida, Cap. III, p. 8.
La larga duración del confl icto confi gura rela-ciones sociales específi cas, construidas por la necesidad de las personas y los colectivos de sobrevivir en él. Pero también, por darle sentido y razón a aquello que no lo tiene, al menos de manera clara. Los prejuicios, los estereotipos y los estigmas responden a un tipo de respuesta para explicar lo que acon-tece; en una suerte de economía de esfuer-zo (no pensar, no complejizar, no refl exionar demasiado), que reduce el confl icto a un asunto de buenos y malos, de patriotas y te-rroristas, de derecha e izquierda. Esto con-tribuye al empobrecimiento del debate y la polarización social.
ños y años de violencia generan una
especie de
acostumbramiento
a la
muerte, el abuso y la injusticia;
dismi-nuyen la
capacidad de indignación
y
dan lugar a un tipo de desesperanza
que a su vez, degenera en pasividad e
indiferencia.
> Es un conflicto ampliamente
degradado
e dice “degradado” del objeto que ha
perdido las cualidades propias de su
especie, que se ha deteriorado o ya no
tiene lo mejor de sí mismo o su clase.
Esto presupone que hay un tipo no
degradado de guerra, justa en sus fines
y sus medios. Es más, bien puede ser
que todas las guerras hayan sido sucias,
es decir, degradadas, pero aun así cabe
decir que una determinada guerra
es más degradada que otras. Queda
claro entonces, que la degradación de
un conflicto se refiere al patrón ideal
de “guerra justa” y que es cuestión de
grados
7.
Sin entrar en la discusión acerca de si una guerra es o no justa, y teniendo en cuenta los principios construidos internacionalmen-te para regular los confl ictos armados, es claro que en Colombia estos principios se violan por parte de todos los grupos arma-dos y las fuerzas militares del Estado.
Ningún actor armado ha sido ajeno en incu-rrir a acciones terroristas y degradantes al máximo contra la dignidad humana. Bajo pretensiones de efi ciencia hemos asistido a prácticas atroces que buscan incrementar el número de bajas para mostrar los éxitos de ciertas lógicas (‘falsos positivos’, minas antipersonales), y asesinar a quienes se consideran simpatizantes o base de apoyo del enemigo para destruirlos de raíz. La de-gradación, además de fi nes de efi ciencia, busca sembrar el terror e instaurar el mie-do, de esta manera se violan y maltratan los cuerpos, pues el objetivo además de la eliminación del otro, es asesinarlo con sevi-cia, humillarlo y despojarlo de su condición humana.
La degradación de la guerra se fundamenta en el odio, la intolerancia, el desprecio a la diferencia y la relativización de los me-dios en función de los fi nes. De esta ma-nera, se fl exibilizan los imperativos éticos y morales sobre los que se basa la convi-vencia humana. Los asesinatos, por ejem-plo, no son rechazados de manera general como práctica y método, sino en función de la víctima; a algunos se les asesina y a otros “se les da de baja”. Unos asesinatos se re-pudian y otros ni siquiera se mencionan o en el peor de los casos, se justifi can.
La degradación se expresa también en el
uso cínico de la mentira. Los actores en
disputa no dudan en acudir al engaño, la distorsión de la información y la calumnia, con el fi n de degradar al contendor, asumido como enemigo, y a sus simpatizantes.
La mentira, al decir de Martín Baró, se insti-tucionaliza al punto que versiones distorsio-nadas y falsas de la realidad se constituyen en verdades ofi ciales que se registran en la memoria y la historia como tales. La palabra pierde su valor como recurso comunicativo para la negociación y el entendimiento, y se convierte en un recurso estratégico usado en función del poder. Con ello, aumenta el clima de desconfi anza e incredulidad social.
> Un conflicto con efectos
diferenciados
En la medida que la amenaza de guerra se hace cada vez más inminente para todos los colombianos (los representantes políti-cos conservadores, clases medias urbanas, etc.), aumenta la sensación de ser víctimas potenciales, lo cual genera respuestas am-biguas que van desde cierta responsabilidad social que obliga a asumir una posición y a actuar, hasta una actitud mesiánica y caudi-llista que delega el poder y coloca la fe en una especie de “héroes”, quienes indepen-dientemente de los métodos utilizados pue-dan garantizar tranquilidad.
> Es un conflicto con claras
expresiones y diferencias
re-gionales
La diversidad de situaciones regionales au-menta la complejidad, pues la historia del confl icto, sus dinámicas, el tipo de enfrenta-mientos o alianzas, los intereses y poderes en disputa, obedecen a ciertas característi-cas locales y regionales. Por tanto, la expli-cación de lo que acontece en un contexto no puede ser asimilada de manera mecánica en otro.
Si bien toda la geografía del país está afec-tada por el confl icto armado, la crudeza de las confrontaciones es mayor en unas regio-nes que en otras. De igual manera, existen notables diferencias en el tipo de articula-ción y relaciones entre grupos armados y poderes locales. En una región determina-da, las Farc pueden actuar en alianza con el ELN y en otra, enfrentarse como enemigos. En algunos municipios las autoridades loca-les son objetivo de los grupos armados y en otras, sus aliados.
Aunque existen factores de orden nacional que explican las lógicas y las dinámicas de la guerra, es claro que cada región amerita el conocimiento de su historia y el análisis de las expresiones coyunturales del confl ic-to; el atractivo que ofrece para la guerra y sus actores la amplia diversidad agrícola y la riqueza de sus territorios, entre otros. Es-tas pauEs-tas orientan de manera más clara la pertinencia del tipo de acciones e interven-ciones a realizar.
> Un conflicto armado en
medio de una alta impunidad
Las prácticas represivas y criminales trans-curren en un contexto de alta impunidad, que pone al desnudo los vínculos evidentes de los sectores políticos y económicos con los grupos armados, especialmente los pa-ramilitares (asunto llamado por los medios como ‘parapolítica’).
Foto: Borja Paladini
Adell / www
La impunidad también ha sido justifi cada por diversos sectores y gremios económi-cos, quienes alegan que frente a la incapaci-dad del Estado para protegerlos de la acción extorsiva se han visto obligados a constituir sus propios ejércitos y buscar sus propias formas de justicia.
La impunidad, por otro lado, pone de ma-nifi esto la incoherencia e inconsistencia de la lucha estatal contra el delito, y la justicia como valor supremo. Los mecanismos como opera la justicia demuestran que usualmen-te el delito es premiado y que la búsqueda de justicia de las víctimas no tiene un trámi-te y respuesta adecuados, además que con frecuencia, éstas terminan siendo criminali-zadas y estigmaticriminali-zadas.
La naturaleza dinámica y cambiante del con-fl icto armado exige a los profesionales y las agencias humanitarias, que buscan la paz o el desarrollo, un análisis y caracterización
permanente. De hecho, son numerosos los
acontecimientos que ocurren a diario y cam-bian los contextos, obligando a replantear las acciones de intervención sobre los efec-tos o a transformar las condiciones sobre las que se cimienta la guerra. En este sentido, es importante identifi car los cambios que imprimen características a las coyunturas,
y profundizar a la vez, las miradas históri-cas que permiten entender las dinámicas de larga duración con el fi n de precisar la complejidad y la dimensión de los problemas a enfrentar.
a impunidad es denunciada no sólo
por la incapacidad del Estado para
capturar y juzgar adecuadamente a los
criminales, sino por la
flexibilidad de
los principios morales
que llevan a
que funcionarios públicos y políticos
de alto nivel justifiquen delitos atroces
bajo discursos de orden, control,
progreso y seguridad.
a impunidad contribuye a deslegitimar
socialmente las instituciones del
Estado y pone en duda su carácter
democrático. También se constituye
en uno de los argumentos expuestos
por los grupos armados para atentar y
destruir al régimen y apelar al uso de la
ilegalidad.
UNIDAD 3
L
AS
O
PCIONES
EN
M
EDIO
DE
LA
G
UERRA
:
A
LTERNATIVAS
H
ACIA
LA
P
AZ
8Pese a lo adverso de este contexto, curiosa y paradójicamente las organizaciones rena-cen; la protesta, a pesar de los altos cos-tos se mantiene y los movimiencos-tos sociales cualifi can y politizan sus expresiones. Ante la creatividad y la fortaleza que demues-tran estas acciones muchos se preguntan: ¿Cómo resisten? De hecho, son amplias y variadas las experiencias que en distintas regiones del país dan cuenta de verdaderos ejercicios de construcción de paz y búsque-das de alternativas de desarrollo y concer-tación hacia nuevos lenguajes y formas de hacer política. Lo anterior, sobre la base del respeto, la tolerancia y la renuncia explícita a la lucha armada y las salidas militares.
Foto:
Ana Luz Rodríguez
8. Para la realización de este apartado se retomaron los planteamientos desarrollados por Edwin Novoa en el módulo No. 4 del
diplomado “Acción sin Daño y refl exiones sobre prácticas de paz. Una aproximación desde la experiencia colombiana” en el 2007, titulado: “Refl exiones sobre prácticas de paz”.
Las negociaciones o procesos de paz son el mecanismo de mayor recordación e im-pacto entre la opinión pública por desarro-llarse entre el gobierno y las cúpulas de los grupos armados y porque con frecuencia se pone en ellos la esperanza del fi n de la guerra.
Desde la década de los ochenta, con diver-sos énfasis, propuestas y concepciones, se han realizado acuerdos entre el gobierno de turno y las diferentes guerrillas. Los proce-sos se han caracterizado por la observancia del Derecho Internacional Humanitario, las garantías gubernamentales (reconocimiento del estatus político, la condición de belige-rancia y las consiguientes garantías de am-nistía, indulto y programas de reinserción), y los compromisos de las guerrillas (desarme, cese de actividades militares violentas, y posterior reintegración a la vida civil).
Posteriormente, se han intentado acerca-mientos y procesos con las FARC, durante el gobierno de Andrés Pastrana, y negocia-ciones con el ELN en los últimos períodos presidenciales.
Infortunadamente, estos esfuerzos no han sido duraderos debido a que el Estado, en diferentes momentos, no ha garantizado ni defendido los derechos y las garantías de los ex guerrilleros y por otro lado, las gue-rrillas no han cumplido con los compromisos acordados. Una de las consecuencias más graves del fracaso de las negociaciones es la pérdida de esperanza y credibilidad en el diálogo, y la consecuente legitimidad
del uso de la fuerza y la violencia para ami-norar el confl icto.
A estos intentos se suma el proceso de d es-movilización de los grupos paramilitares a partir del 2003, que con muchas limitacio-nes, ha hecho públicos algunos sucesos
ocurridos en el marco de la violencia política. Sin embargo, no ha sido lo sufi cientemente efectivo para aclarar la verdad ni desmante-lar la estructura paramilitar.
Pero, más allá del silenciamiento de los fusi-les y los acuerdos entre los grupos armados y el gobierno, se han desarrollado múltiples prácticas que redundan en la generación de condiciones de paz y reconstrucción, en su mayoría por parte de la sociedad civil.
Los procesos de acción civilistas, tanto in-dividuales como colectivos, son diversos y desde los años noventa, se han ampliado en forma sustancial. Para generar un mapa de las acciones civiles es posible hacer clasifi -caciones según los métodos, los tipos y las etapas de la historia.
Siguiendo la propuesta de Fernández, Gar-cía y Sarmiento10, la historia de las movili-zaciones y las acciones por la paz puede organizarse en cinco etapas:
9. Mario López, Teoría de la no violencia, 2001, citado por Edwin Novoa en el módulo 4 para el diplomado “Acción sin
daño y refl exiones sobre prácticas de paz”, 2007.
10.Carlos Fernández & ál., «Movilización por la paz en Co-lombia 1978-2002», Controversia [revista en línea]. CINEP y
Accord, 2004. (Consultado el 26 de junio de 2009).
Etapas
1978-1985
Primeros antecedentes de movilización por la paz. Con-formación de las primeras reivindicaciones sociales por la paz con respecto a la defensa de los Derechos Humanos. Se promulgaba el derecho a la vida y lasalida negociada del confl icto armado.
1986-1992
En el marco de los procesos de negociación con el M-19, el PRT, el EPL y el Quintín Lame, y la emergencia de la Constitución de 1991, seactivó la movilización por la paz en diversos sectores, cada vez más amplios. Sin embargo, era evidente la desarticulación entre los movimientos por la paz y los de reivindicación de los Derechos Humanos. A partir de 1990 se da el real despegue de la movilización social por la paz. Movimientos ciudadanos de los noventa.
1993-1999
Las articulaciones y desarrollos conjuntos impulsan el sur-gimiento de varias iniciativas como el Comité de Búsqueda de la Paz, la Red de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra (Redepaz) y la Comisión de Con-ciliación Nacional de la Conferencia Episcopal. Redepaz motivó la elaboración de un “Estatuto de Paz” con miras a desarrollar el artículo 22 de la Constitu-ción Nacional, que consagra la paz como un deber y un derecho de obligatorio cumplimiento. En este período se realizaron grandes movilizaciones por la pazcomo la Jornada de Neutralidad Activa, el Mandato de los Niños por la Paz y la
celebración del Día Mundial de la No Violencia contra la Mujer, que fue el punto de partida para el nacimiento de la Ruta Pacífi ca de Mujeres. También se con-formaron espacios intrasectoriales como Empresarios por la Paz, Medios para la Paz y Red de Universidades por la Paz. Hacia 1997, se desarrolló el Mandato
Ciudadano por la Paz, cuyo desenlace fue la votación de 10 millones de
perso-nas a favor de la paz, la salida negociada del confl icto armado y la exigencia del respeto al DIH por parte de los actores armados. Esta votación por la paz estuvo
apoyada por las decenas de marchas del No Más.
2000-2003
Crisis de las movilizaciones y expresiones nacionales, ySegún la propuesta de Esperanza Hernán-dez12, las acciones de construcción de paz pueden clasifi carse por los tipos o te-máticas que propenden. Primero, aquellas que hacen énfasis en la profundización de la democracia. Por ejemplo, la Asamblea Municipal Constituyente de Tarso que, en el 2001, ante el nivel de corrupción, debilidad del Estado y hostigamiento permanente por parte de los actores armados, se organizó para constituir un gobierno municipal cole-giado que cambiara la política y cultura de-mocrática a nivel local. Parte de sus limita-ciones y riesgos fueron las amenazas de los actores armados, especialmente al inicio del proceso, y la difi cultad para que sus manda-tos fueran vinculantes y no sólo recomenda-ciones sometidas a voluntad del alcalde13.
11.Carlos Fernández & ál.
12.Iniciativas por la paz, 1993-2003 en http://www.c-r.org/our-work/accord/colombia/spanish/iniciativas.php. (Consultada el 28 de Junio de 2009). Esperanza Hernández Delgado Obligados a actuar. Iniciativas de paz desde la base en Colombia. En http:// www.c-r.org/our-work/accord/colombia/spanish/obligados.php (Consultada el 20 de Junio de 2009).
13. Tarso: nuevos caminos de democracia participativa en Colombia en: Canal Solidario. http://www.canalsolidario.org/noticia/tarso-nue-vos-caminos-de-democracia-participativa-en-colombia/8848 Consultado el 24 de junio de 2009.
Otro tipo de acciones son aquellas con én-fasis en la resistencia civil al confl icto ar-mado. En los procesos de resistencia civil se busca la defensa de la vida, la autonomía y la autodeterminación de los habitantes de un sector, ante los abusos y violaciones per-petradas por los diferentes actores armados. Para ello, las comunidades se resisten a la presencia de los grupos armados, incluida la Fuerza Pública. Paralelamente, favorecen los escenarios de solidaridad, convivencia, participación y trabajo colectivo entre los miembros de la comunidad. El caso más re-conocido a nivel nacional e internacional, es la Comunidad de paz de San José de Apar-tadó, corregimiento de Urabá, que se auto-proclamó como tal en 1997. No obstante, todos los grupos armados han amenazado y asesinado a algunos de sus líderes y pobla-dores, además de ser objeto de señalamien-to y estigmatización.
Otro tipo de acciones hacia la construcción de la paz son aquellas que enfatizan en re-sistencia civil frente a la violencia estruc-tural, el confl icto armado y el modelo neoli-beral. Un ejemplo es el Proyecto Nasa, que nació vinculado a la resistencia antiquísima de los indígenas Nasa a favor del bienestar, la recuperación de las tierras y la cultura, y el mejoramiento de la calidad de vida. Con el recrudecimiento del confl icto armado, el pueblo Nasa asumió otras acciones como la minga de resistencia para responder colec-tiva y pacífi camente ante los actos violentos de los grupos armados.
Pero, por otro lado en el nivel regional y local, se constata un dinamismo en torno a los temas de la paz, el desarrollo, la autodeterminación y
la resistencia civil. Tal ocurre con las
comuni-dades de paz ubicadas en Urabá, la propuesta de neutralidad de las comunidades indígenas,
los procesos constituyentes municipales y de-partamentales, las experiencias de resistencia
civil, los 15 programas de desarrollo y paz, y
algunas experiencias de retorno de población
desplazada. Igualmente, se sigue consolidando
otra serie de espacios, como la Ruta Pacífi ca
de las Mujeres, la Red de Justicia Comunitaria
y tratamiento de confl ictos y los objetores de conciencia. Experiencias todas estas que se
Las redes, mesas de trabajo y asociaciones son otros procesos de articulación y orga-nización hacia la construcción de la paz.
Algunos ejemplos son: Redepaz, Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz, Mesas Departamentales de Trabajo por la Paz, 100 Municipios y Territorios de Paz.
En la misma vía, en algunas regiones se han trazado caminos de diálogo y negociación ante la fragmentación y estigmatización
por las diferencias políticas y la historia de señalamiento y violencia a causa del confl ic-to armado. Es el caso de la Asociación de Municipios del Alto Ariari, que desde 1998, se constituyó para favorecer la reconcilia-ción y la paz entre los pueblos que la con-forman. Desafortunadamente, este proceso no ha sido ajeno al constreñimiento de los grupos armados.
Los Programas Regionales de Desarrollo
y Paz son otro tipo de esfuerzos de la
so-ciedad civil por el alcance de la paz a nivel local.
Desde 1995, han buscado el desarrollo sos-tenible de la región, así como la vida digna y en paz en el territorio mediante procesos de amplia participación y fortalecimiento institu-cional. El balance de los impactos y logros, tanto negativos como positivos, en cada uno de las 15 regiones donde han surgido, es una tarea vital para el ajuste y el aprendizaje de esa propuesta de articulación y trabajo a mediano y largo plazo.
Los procesos de educación para la paz y la resolución de los confl ictos son otras accio-nes con miras al alcance de la paz. Estos buscan el cambio de la cultura que sostie-ne la polarización, la violencia cultural y la estigmatización. Algunos ejemplos son: la Escuela de Paz y Convivencia, el Colectivo de Comunicaciones de Montes de María o el Movimiento por la No-Violencia en Colombia.
UNIDAD 4
L
A
P
ERSPECTIVA
DE
A
NÁLISIS
. D
EL
DETERMINISMO
Y
LA
C
AUSALIDAD
S
IMPLE
A
LA
M
ULTIDETERMINACIÓN
Y
LA
C
OMPLEJIDAD
.
D
ISTINGUIR
SIN
S
EPARAR
, R
ELACIONAR
SIN
C
ONFUNDIR
En parte, esta difi cultad deviene del uso de categorías y paradigmas que han marcado nuestra manera de comprender el mundo y han contribuido a empobrecer, cuando no a distorsionar, las explicaciones frente a los hechos y las respuestas a los mismos.
En efecto, los paradigmas dominantes para el análisis del confl icto, las crisis humanita-rias y en general, la pobreza y los problemas sociales, se inscriben en los llamados “para-Resulta pertinente hacer explícito el
enfo-que epistemológico que orienta la propues-ta ética, conceptual y metodológica de este material. Teniendo en cuenta que el contexto colombiano se revela difícil de comprender, dada la alta complejidad de sus dinámicas y manifestaciones, se requiere un enfoque, una mirada y, si se quiere, una opción desde la cual analizar las profundas interacciones entre las dimensiones políticas, económicas, sociales y culturales, que convergen en la di-námica del confl icto armado, sus impactos y los intentos por hacerle frente y por construir opciones alternativas de paz.
as reflexiones preliminares con
res-pecto a las posibilidades de generar
daño desde las acciones que intentan
mitigarlo, han permitido cuestionar
no sólo el problema que reviste para
la intervención el desconocimiento
de los contextos y las situaciones
es-pecíficas sobre los que se interviene,
sino las enormes dificultades para
comprenderlos.
digmas positivistas y racionalistas”, que aún hoy siguen primando y se caracterizan por la simplifi cación. Estos paradigmas, para el caso que nos compete y tomando como re-ferencia los aportes de Edgar Morin, funcio-nan con las siguientes categorías 14.
14.Rafael Reyes Galindo «Introducción General al pensamiento complejo desde los planteamientos de Edgar Morin»[documento en línea] . Centro Universidad Abierta. Pontifi cia Universidad Javeriana. (Consultado Diciembre 2008)
> la disyunción
que tiende a aislar, a considerar los objetos independientes de su entorno, a no ver conexiones, ni establecer la relación de unas cosas con otras, etc. La disyunción se expresa por ejemplo, en los proyectos que asumen de manera separa-da los aspectos económicos de los cultu-rales, que consideran la sostenibilidad y el éxito de los mismos a partir de los estudios de mercadeo y factibilidad económica, des-conociendo la coherencia del proyecto con los contextos sociales y culturales y las di-námicas del confl icto en los cuales se imple-mentan. Muchos proyectos resultan exitosos en lo económico, pero fragmentan familias y comunidades o desarticulan procesos orga-nizativos.> la reducción
que tiende a expli-car la realidad según uno de sus elementos (psíquico, biológico, espiritual, económico, social etc.); ve el mundo como una máquina perfecta y se siente satisfecho establecien-do leyes generales que desconocen la com-plejidad de la realidad y el hecho humano. Algunos proyectos llamados psicosociales, ilustran bien lo que signifi ca la reducción, al establecer por ejemplo, y de manera a priori, que las personas afectadas por la violencia sufren traumas y por ello, proceden a aten-derlas mediante procesos clínicos individua-les, que a la postre privatizan el daño y lo patologizan. Estos proyectos desconocen los aspectos que provocan las situacionestraumáticas, así como el contexto relacional que se requiere para que las personas asu-man las respuestas propias de un contexto normal.
la abstracción
que se contenta con establecer leyes generales y desconoce las particularidades de donde surgen. Mu-chos proyectos se diseñan sin conocer los contextos en los cuales van a ser desarrolla-dos y bajo la idea de que si resultó adecuado para una comunidad debe serlo para otra. Estos proyectos por lo general se elaboran sobre modelos y estándares universales,que subestiman o ignoran la diversidad cul-tural y la complejidad e indeterminación de la condición humana.
la casualidad
que ve la realidad como una serie simple de causa-efecto, como si la realidad planteara ingenuamente un tra-yecto lineal, del menos al más, en ascenso o como si pudiera plantearse una fi nalidad. Por ejemplo, muchos proyectos establecen que la causa principal de la violencia está en la pobreza y que al intervenirla los proble-mas se resuelven.http://www
.nydailynews.com/latino
En esta perspectiva, la realidad se asume como un orden y un proceso ascendente de menos a más (del atraso a la civilización). La realidad vista de esta manera, asume el con-fl icto como una disfuncionalidad del sistema que debe ser prevenido, evitado o “resuelto” si es inminente. La idea del orden ha dado lugar a la patología y el estigma de compor-tamientos y personas que se defi nen como los causantes del caos. Así, por ejemplo, los problemas de violencia política suelen ser adjudicados a los desadaptados (terroristas, subversivos, etc.) y la estrategia se orienta a “eliminarlos”, pues eliminada la supuesta causa, el orden retornaría.
Si bien este paradigma no niega las relacio-nes entre las partes que lo componen, és-tas son de tipo lineal y secuencial. Hay una causa principal o determinante, que además debe ser descubierta, y genera una serie de reacciones en cadena. Una vez se identifi -ca la -causa, se requiere intervenir sobre ella para, automáticamente, cambiar las conse-cuencias.
Morin propone un paradigma que busca ma-yor coherencia entre los modelos de
pensa-miento y la complejidad del mundo, los seres humanos y sus relaciones. Esto implica asu-mir un pensamiento complejo en el cual:
…se plantea la heterogeneidad, la interacción, el azar; todo objeto del conocimiento, cualquiera que él sea, no puede estudiarse en sí mismo, sino en relación con su entorno; precisamente por esto, toda realidad es sistema, por estar en relación con su entorno *15
La idea de sistema propuesta por edgar Morin plantea dos aspectos: La interacción de todos los elementos que lo conforman, y la unidad global constituida por esos elementos de interrelación.
Por tanto, “sistema es la interrelación de elementos que constituyen una unidad global. La complejidad sistémica ha de ser ni más ni menos, que la forma nueva de concebir lo real y nuestro pensamiento sobre lo real” 16
Desde el pensamiento complejo se rompe la causalidad lineal dando paso a la llama-da causalidad retroactiva o causalidad en bucle.
La causalidad externa provoca en el sistema
una causalidad interna o endocausalidad que actúa sobre la primera. La organización es una disposición activa, que siendo producto de las
partes (emerge de sus interrelaciones) actúa
so-bre ellas de modo que las transforma, produce, reúne y mantiene 17.
En ese sentido, el autor distingue algunos principios del pensamiento complejo: el dialógico, la recursividad y el hologramático18:
15. Edgar Morin, citado por Luis Rodolfo Sánchez, Ensayo integrador. La complejidad como opción epistemológica en la
geren-cia de las instituciones de educación superior [documento en línea]. Venezuela, 07 de Febrero 2010, p. 9
16. Mario Soto González, « Edgar Morin. Complejidad y Sujeto Humano» [documento en línea], (tesis de grado). Filosofía y
letras, Universidad de Valladolid, 1999.
17. Mario Soto González.
1. el diálogo:
a diferencia de la dialéctica no existe superación de contrarios, sino que los dos términos coexisten sin dejar de ser antagónicos.2. Recursividad:
el efecto se vuelvecau-sa, la causa se vuelve efecto; los produc-tos son productores, el individuo hace cultura y la cultura hace a los individuos.
3. el hologramático
: busca superar elprincipio de “holismo” y el reduccionis-mo. El holismo no ve más que el todo y el reduccionismo, las partes. El principio hologramático ve las partes en el todo y el todo en las partes.
Este enfoque nos permite analizar el con-fl icto armado colombiano y las crisis hu-manitarias desde una perspectiva que, de un lado, reconoce su historicidad como un confl icto que tiene una historia de largo tiempo y que por lo mismo, ha dado lugar a la confi guración de relaciones y realidades que lo alimentan y lo enfrentan. Un confl icto que alimenta (acentúa, profundiza, reprodu-ce) y a la vez es alimentado por dinámicas económicas (la inequidad), políticas (ex-clusión, corrupción y autoritarismo), sociales (violencia intrafamiliar, delincuencia común), y culturales(intolerancia, patriarcalismo).
En este sentido, podemos afi rmar que como causas de la violencia fi guran la inequidad, la exclusión, el autoritarismo, la corrupción, la violencia intrafamiliar, la intolerancia, en-tre otros, pero de igual manera, que la vio-lencia acentúa y produce nuevas pobrezas, inequidades y exclusiones; y que la violencia favorece la corrupción y las respuestas au-toritarias.
La violencia incide poderosamente en las actitudes, los comportamientos y las emo-ciones de los individuos (el miedo, la des-confi anza, la intolerancia, el escepticismo, la
Foto:
Archivo PIUPC
4.1. La mirada compleja,
la acción sin daño y la
construcción de paz
desesperanza, la solidaridad, la responsabi-lidad), y éstos mantienen o transforman los ciclos de violencia.
Cuanto más se estudian los principales
problemas de nuestro tiempo, más se
constata que los mismos no pueden ser
entendidos aislada y linealmente. Se
trata de problemas sistémicos, lo que
significa que están interconectados y son
interdependientes
19”.
Una mirada compleja asume que los indivi-duos no están determinados por las estruc-turas, y por ello, en contextos similares y aún en el seno de una misma familia, unas víctimas se convierten en victimarias y otras en promotoras de paz. Asimismo, unas co-munidades afectadas por hechos similares de violencia e intervenciones externas salen fortalecidas y otras se desarticulan y debilitan.
19. F. Capra, La Trama de la Vida, Anagrama, Febrero 1998, p. 25, citado en Tapia, Los “Procesos colaborativos” desde la
► Desmontar la lógica lineal y casuís-tica que lleva al planteamiento de se-cuencias y prioridades, muchas veces erróneas y perjudiciales. Desde la pers-pectiva compleja es posible cuestionar las miradas etnocentristas y euro céntri-cas basadas en un modelo de acumula-ción, crecimiento y progreso, que valora unas opciones y estilos de vida y des-precia otros según su capacidad para acumular y tecnifi carse. En este sentido, es posible observar y apreciar la diver-sidad de opciones humanas y no forzar procesos lineales en función de ir supe-rando “defi ciencias y atrasos”, que se estima conducen al éxito o al buen vivir.
El cuestionamiento de las lógicas linea-les es un gran reto que obliga a pensar en propuestas más interactivas y creati-vas que faciliten la confl uencia de múl-tiples acciones (económicas, culturales, sociales, ambientales) de diversos órde-nes (individuales, familiares, colectivas,) y con capacidad para generar sinergias y potenciarse mutuamente. En este or-den de ideas, las lógicas que han prima-do para plantear la construcción de pro-cesos de paz pueden ser cuestionadas, ya que la paz deja de ser asumida como un resultado que, incluso en ocasiones deviene después de acciones de guerra, o a raíz de la satisfacción de las nece-sidades básicas. Es frecuente escuchar que para que “llegue” la paz es necesa-rio incrementar primero la guerra o, en el mismo sentido, que para hacer vigente la democracia y los Derechos Humanos se requiere restringir los derechos y las libertades.
La propuesta teórica sobre acción sin daño sugiere pensar temas como la construcción de paz, el desarrollo y la violencia desde perspectivas más complejas que nos permi-tan superar las dicotomías, las segmentacio-nes y los reduccionismos a fi n de prevenir el daño y hacer más viables las opciones de construcción de paz.
El llamado paradigma de la complejidad
constituye una propuesta de análisis más in-tegradora, sensible al cambio, y más atenta a observar y valorar lo simple, así como a reconocer el potencial transformador de las acciones humanas. En este sentido, es un paradigma que puede contribuir poderosa-mente a prevenir las acciones generadoras del daño. El enfoque de ASD plantea una mirada compleja en tanto permite:
► Identifi car y crear conciencia sobre
Desde una mirada compleja, que incluya la ASD, la construcción de la paz responde al planteamiento de Lederach, según el cual ésta tiene que ver con:
► Una mirada compleja en la ASD, posibi-lita replantear la noción del desarrollo. Al respecto podemos encontrar ciertas co-incidencias con la perspectiva de desa-rrollo, asumida por Amartya Sen 21, que
entiende el desarrollo como un proceso para aumentar las habilidades y las op-ciones de los individuos de manera que puedan ser capaces de satisfacer sus propias necesidades. Las necesidades básicas se resuelven otorgando una de-terminada cantidad de bienes y servicios a un individuo. Sin embargo, ese indivi-duo no puede ser considerado en forma aislada, sino en medio de un entorno so-cial que determina cuáles son esas nece-sidades y en qué medida deben ser sa-tisfechas. Por lo tanto, el desarrollo debe ser considerado en cada sociedad de forma distinta. Las necesidades deben ser contempladas según los diferentes juicios y evaluaciones que una sociedad realice sobre lo que es aceptable. Sen reconoce que: “... La persona que actúa y provoca cambios, y cuyos logros pue-den juzgarse en función de sus propios valores y objetivos, independientemente de que los evaluemos o no, también en función de otros criterios externos” 22.
20. J.P. Lederach, La imaginación moral. El arte y el alma de construir la paz. Norma, 2008, p.
21. Amartya Sen. El Desarrollo como libertad. Planeta, 2000,
p. 35.
22. Amartya Sen, p. 35.
esde la mirada compleja, la paz no
pue-de ser vista como una promesa a
futu-ro, ni como un estado ideal que resulta
de la acumulación de fases y acciones.
La paz es un proceso que debe ser
cons-truido cotidianamente en todas las
dimensiones humanas y en múltiples
niveles.
sta perspectiva contribuye a cuestionar
y revaluar, tanto por razones éticas
como prácticas, la imposición de
modelos de desarrollo en función de
valoraciones externas. Invita incluso,
a renunciar a pretensiones universales
y homogenizantes del desarrollo, en
tanto abre la posibilidad de reconocer
y valorar otros modos de vida, juicios y
expectativas de ser y estar en el mundo.
La liberación del individuo de todo lo
que le impide gozar de lo elemental
de la vida, debido a la violencia
directa o la violencia estructural”.
La paz puede concebirse como:
“… Un orden de reducida violencia
y elevada justicia, en cuanto a
las relaciones y las interacciones
humanas y a las estructuras que las
regulan. En este sentido, la justicia
social es sinónimo de paz y se refi ere
no tanto al proceso jurídico como a
► Por último, bajo este lente se plantea la necesidad de estar atentos y refl exivos respecto a nuestras propias formas de pensar y analizar. La mirada compleja implica una refl exión acerca de la ma-nera como conocemos e interpretamos; hace un llamado a asumir el mundo como una realidad multideterminada y dinámica, y a asumir a los individuos como sujetos con identidades múltiples y
contradictorias, portadores de la historia y con capacidad para transformarla. Nos invita a asumir el confl icto como parte de la realidad y a contemplar la cultura, la política y la economía no como dimen-siones encapsuladas y autocontenidas, sino como sistemas abiertos que inte-ractúan y retroactúan, confi gurándose y transformándose continuamente.