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Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe

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Academic year: 2021

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Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe

Coordinación General de la Pastoral del Santuario

Miércoles

SOLEMNIDAD DE SAN JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN 9 Diciembre 2020

“San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, Tú que contemplaste el cielo en el Cerro del Tepeyac, ayúdanos a, encontrar los signos de los tiempos en la BUEVA REALIDAD”

Monseñor Jorge Antonio Palencia Ramírez de Arellano

XXX ANIVERSARIO SACERDOTAL

Era sábado muy de mañana, aquel 9 de diciembre de 1531, Juan Diego Cuauhtlatoatzin, se dirigía a Tlatelolco para asistir a su formación de Doctrina, tal como lo había hecho desde su bautismo 7 años atrás, rodeando el cerrito del Tepeyac, se detuvo al oír un cantar muy especial como de aves y el cerrito se transformaba ante sus ojos y escucho en su lengua que lo llamaban desde la cima: “Juanito, Juandieguito”. Era de Madre de Dios que lo había elegido como mensajero y lo llamaba.

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2 ¿Por qué la Madre de Dios se fijó en Juan Diego?, la respuesta la hemos escuchado en la palabra de Dios hoy: “sólo los humildes le dan gloria” (Eclesiástico, 3, 20) y en las palabras de San Pablo: “Dios ha elegido a los insignificantes y despreciados del mundo; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios” (1 Co 1, 28.29).

Y de una elección que se fundamenta en la sencillez y humildad de la fe, se inició el gran diálogo de amor, que con gran delicadeza y empapados en ternura Nuestra Madre Santísima entro en la profundidad de la fe de Juan Diego al manifestarse como la Madre del verdadero Dios, que desea tener una casita donde mostrar todo su Amor- Persona, a su Hijo Jesucristo. Y de este diálogo surge una encomienda, una misión para Juan Diego, ir con el obispo, Fray Juan de Zumárraga y transmitir su vivencia de fe llevando su deseo y aliento.

Y así el mensaje de Cristo a través de su Madre tomó los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y los unió a la cultura europea, iniciando una evangelización perfectamente inculturada, por la cual a todos nos ha llegado la Buena Nueva de la salvación desde hace 489 años.

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3 Hoy en medio de esta Pandemia mundial, este testimonio de fe sencillo y humilde de nuestro hermano San Juan Diego, sigue impulsando la construcción de la nación mexicana, promoviendo la unidad y la reconciliación de todos los mexicanos y habitantes del Nuevo Mundo, con sus valores y tradiciones.

Y de la humilde y burda tila de San Juan Diego, que se convirtió en señal, entre rosas apareció para nosotros Nuestra Madre de Guadalupe, nuestro amparo, auxilio y defensa. Así entre rosas se comenzó a edificar un pueblo mejor, más justo y cristiano, con sus legítimas aspiraciones y auténticos valores. Y aquí es donde hemos nacido y crecido en la fe, y hoy nos unimos a la acción de gracias de Jesús en el Evangelio: GRACIAS PADRE, porque les has revelado estas cosas a los sencillos y humilde, porque así te a parecido bien.

Si GRACIAS, que se transformar en una gama infinita de manifestaciones: gracias por la vida, por tener una fe, por nuestra familia, por quienes comparten nuestras ilusiones y proyectos, por quienes acompañan nuestras horas de dolor, sufrimiento y soledad.

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4 Y de manera muy especial GRACIAS PADRE, porque hace 30 años me elegiste para participar del sacerdocio supremo y eterno de tu Hijo Jesucristo. Porque como Juan Diego, tu Madre María Santísima de Guadalupe, me llamó, e inició un dialogo ininterrumpido, que a lo largo de estos años se ha transformado en misión y servicio.

GRACIAS CRISTO JESUS, porque por medio de los sucesores de tus apóstoles, nuestros Obispos, el Sr, Cardenal Don Ernesto Corripio Ahumada, quien hace 30 años y me ungió sacerdote para siempre, a Mons. Jorge Martínez, Mons. José Pablo Roválo, que me recibieron como Padres y Maestros y guiaron los primeros pasos de mi ministerio.

GRACIAS Padre todopoderoso que, en tu providencia amorosa, me diste una familia, me diste verdaderos amigos y compañeros auténticos ángeles de la guarda, que solidificaron mi fe y me enseñaron a vivir en responsabilidad y libertad los dones que Tú me diste.

GRACIAS Porque permitiste que profundizara los caminos de las ciencias humanas de la salud, que conociera a profundidad la fragilidad humana y me capacitara para servir en tu nombre curando, escuchando, apoyando a los enfermos ancianos y las personas en crisis y los abismos de la angustia y la soledad.

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5 GRACIAS al pueblo santo de Dios, a mis compañeros sacerdotes, a mis queridos MECEs, a mis alumnos, a mis queridas hermanas de la vida Consagrada, en especial a las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, a todos los que me han ido instruyendo en la fe, que me han ido capacitado para el servicio y para la ofrenda que habré de seguir haciendo de mi vida, que me llamó hace 30 años y me sigue llamando ahora al ministerio en a mis hermanos peregrinos, en esta Basílica de Guadalupe, por los caminos que la Providencia, a través de la Iglesia, ha considerado y siga considerando oportunos.

Hoy doy GRACIAS por la grandeza del sacerdocio, sacramento y prolongación de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote: “Sacerdos, alter Chritus”, el sacerdote es otro Cristo, y actúa en la persona de Jesucristo. Reconozco, que tras 30 años, sé mejor que nadie lo lejos que están mi vida y mi ministerio de hacer realidad esta grandeza del sacerdocio, pero me consuela la confianza y la certeza de que Jesucristo es fiel y grande y que Él suple lo mucho que falta en mi. Se estremecen, mi corazón y el alma cuando uno, desde mi pequeñez, desde mi mediocridad, pensar a Quien represento, en nombre de Quién actúo.

Por ello, sólo desde la alabanza, María Santísima de Guadalupe, sólo desde el Magníficat acabo aceptando el misterio y la gracia que comportan y suponen ser sacerdote y tomar conciencia efectiva y viva de su grandeza, esa grandeza que Dios me ha confiado, a mis humildes y pobres fuerzas.

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6 Ante esta grandeza del sacerdocio ministerial, hoy más que nunca debemos desde nuestra fragilidad siempre anunciar al prójimo: merece la pena ser sacerdote. Que es inmerecidamente grande y tan hermoso ser sacerdote, que debemos hacer todo lo posible para que los sacerdotes seamos lo que debemos ser y para que no falten nunca a nuestra Iglesia y en especial para este nuevo mundo que esta naciendo fruto de la Pandemia Mundial.

Y ¿dónde está la clave para entender todo esto? La única respuesta después de 30 años la llamo, la clave del amor. Día a día cada vez siento más fuerte que debo ser testigo y servidor del Amor. Pero, algo muy importante, nadie da lo que no tiene, por eso la necesidad de una vida interior debe reactualizar la gracia de la imposición de manos, debe unirse íntimamente a la Eucaristía y a la comunión eclesial. Estamos llamados a ser especialistas del amor de Dios.

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7 Por estos meses de bendito encierro, que nos trajo la Pandemia, GRACIAS, quizás nunca como hasta ahora se han preparado materiales catequéticos, pastorales, litúrgicos, homiléticos y pastorales tan buenos y tan espléndidos. Pero si nos falta el amor somos campana que resuena, platillos que aturden… Si no tenemos el amor, si no soy testimonio vivo, coherente y creíble del amor, sino sirvo el amor, nada soy, de nada me sirven ni títulos, ni honores, ni cargos, ni grandezas, ni éxitos o fracasos meramente humanos.

Por eso a 30 años de ese día que Jesús me invito a esta peregrinación del amor, con mis manos vacías y mi corazón conmovido, reitero que sólo una cosa es importante: el amor humilde, ese que no se ve, pero que es fuerte, el Amor del Dios encarnado y crucificado en Jesucristo, que me quiso sacerdote para siempre, que me quiere cerca de ustedes, aunque sea por wapps, que siga muchas veces contracorriente proclamándolo, sólo a Él, que es la gloria y la alabanza por los siglos porque sólo Él es ese AMOR.

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GRACIAS

POR ENSEÑARME CADA UNO

LO MARAVILLOSO QUE ES EL AMOR DE DIOS

VIVIDO CON ALEGRIA Y ESPERANZA

M. I. Mons. Cango. Dr. Jorge Antonio Palencia Ramírez de Arellano

Teólogo Lectoral del Venerable Cabildo de Guadalupe y Coordinador General de la Pastoral del Santuario

Referencias

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