La estructura de clase de la maquinaria: notas sobre la forma-valor (con estudio previo de Mario Domnguez Snchez)

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Hans-Dieter Bahr: Hacia una crítica no esencia-lista de la tecnología*

Nacido en Alemania en 1939, se le puede considerar un epígono de la Escuela de Frankfurt. Formado en ciencias políticas en la Universidad de Tubingen, también estu-dia filosofía y literatura en Berlín y París. Bajo la super-visión de Ernst Bloch obtiene su doctorado en 1968. Fue profesor asistente de investigación en la Universidad Libre de Berlín y tras su habilitación, pasa a formar parte del Departamento de Ciencias Sociales en la Univer si -dad de Bremen, impartiendo su docencia sobre cuestio-nes de cognición y teoría social. Ha sido profesor visitan-te duranvisitan-te dos años en la Facultad de Arquivisitan-tectura de Milán. En 1984 se traslada al Instituto de Filosofía de la Universidad de Viena, donde se jubila en 2000 y reside actualmente en Tubingen. Entre sus obras destacan las que versan sobre cuestiones de estética y ocio, máquinas y filosofía de la ciencia, medios de comunicación y mitos.

- Kritik der ‘Politischen Technologie’, Frankfurt, 1970.

- Das gefesselte Engagement, Bonn, 1970.

- Über den Umgang mit Maschinen, Tubingen, 1983.

- Machinationen. Fährtenwechsel zwischen Philoso -phie und Kunst, Tubingen, 1986.

- Die Sprache des Gastes, Leipzig, 1994.

- Den Tod denken, Munich, 2002.

- Der Babylonische Logos, Viena, 2005.

Para Bahr, el intento de construir una crítica de la tecno-logía sobre la base de la crítica de la economía política marxiana ha de enfrentarse a la cuestión de la relación de la tecnología con la forma-valor: «la más abstracta, pero también la más universal forma del modo burgués

de producción». El capitalofrece suficientes indicadores a este respecto: al principio, la fase de manufactura (basada en el artesanado), la ley universal del valor del capitalismo («la regla por la cual el tiempo de trabajo gastado en una mercancía no ha de exceder el tiempo socialmente necesario para producirla») se identifica como una ley técnica del proceso mismo de producción, pero esta ley técnica está viciada hasta el punto que «ya que la cualificación artesanal es el fundamento de la manufactura [...] el mecanismo de la manufactura como un todo no posee un marco objetivo que sea indepen-diente de los propios trabajadores». Si las máquinas erradican el papel del artesano en tanto que principio regulador de la producción social, entonces la base para teorizar la maquinaria está dispuesta como fundamento del específico modo capitalista de producción, esto es, del valor en proceso. Esta es la tarea de que nuestro autor se propone desentrañar, aunque como veremos no se restringe al estrecho horizonte intelectual de las “ciencias sociales”.

Hans-Dieter Bahr pertenece a esa generación de intelectuales alemanes cuya vinculación al marxismo no pasó por ningún partidismo o por cierta complicidad con el socialismo real. Se trata además de la tercera generación de la Teoría Crítica, la cual hasta ahora ha sido tratada como una composición poco unida y menos unificada, lo que cuestionaría su denominación como “escuela”. Ocurre que la teoría crítica en la actualidad sigue presente en un amplio y diverso espectro de enfo-ques filosóficos, influencias y áreas temáticas. Sus inte-grantes ya no están unidos por lazos nacionales, geográ-ficos o incluso lingüísticos; ni siquiera precisan compar-tir su compromiso con el cambio político radical que caracterizaba a la primera generación de la Escuela de

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LA ESTRUCTURA DE CLASE DE LA MAQUINARIA:

NOTAS SOBRE LA FORMA-VALOR

por Hans-Dieter Bahr

precedido del estudio de Mario Domínguez Sánchez

“Hans-Dieter Bahr: hacia una crítica no esencialista de

la tecnología”

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Frankfurt. Y no obstante mantienen una cierta identi-dad de grupo, por cuanto Horkheimer cuando estable-ció las bases de la teoría crítica de la sociedad, en explí-cito contraste con la teoría “tradicional”, indicó entre otras cosas que la teoría crítica lo era por su voluntad de convertirse en otra forma de tradición teórica.

En su análisis teórico de la tecnología, la Escuela de Frankfurt parte de la noción de “cosificación” propuesta en los años veinte del pasado siglo por el filósofo de ori-gen húngaro György Lukács. En particular “es incorrec-to y antimarxista separar la técnica de las otras formas ideológicas y proponer para ella una autosuficiencia

par-tiendo de la estructura económica de la sociedad”a. Con ello señalaba que los requisitos sociales de la moderna maquinaria industrial precedían a la última realización técnica, la cual sólo puede teorizarse como la “consuma-ción del capitalismo moderno, no su causa inicial”. Las implicaciones de esta perspectiva se destacan en su clá-sico trabajo Historia y conciencia de clasecuyo primer principio es que la teoría marxiana del fetichismo de la mercancía puede estar construida “para producir un modelo de las formas objetivas de la sociedad burguesa junto a todas las formas subjetivas que le correspon-den”. Lukács aplica esto no sólo a la forma subjetiva del tecnicismo, sino al mismo sistema fabril: “el tiempo se desprende de su cualidad, variación, naturaleza fluida; se congela en un continuumperfectamente delimitado, cuantifica ble, relleno de ‘cosas cuantificables’ [...] En

este medio donde el tiempo se ha transformado en abs-tracto, exactamente medible, espacio físico, un medio en el cual la causa y el efecto de la producción especializada del objeto de trabajo se ha fragmentado científica y mecánicamente, el sujeto de trabajo ha de ser por lo mismo matemática y minuciosamente analizado [...] La mecanización lo atomiza de forma aislada y abstracta, átomos cuyo trabajo se mediatiza de forma creciente sólo por las leyes abstractas del mecanismo que los encarcela”b. La fábrica ya no podía lograr esto, añade Lukács, y eso era por el hecho de que ya no “contiene en forma concentrada la estructura global de la sociedad capitalista”. Esto revela de manera notable y provocati-va la profunda diferencia entre los aislados aforismos marxistas repetidos como un eslogan de la “dialéctica de la historia” y el que se basa de forma directa en los aná-lisis contenidos en El Capital. Tras Lukács, la crítica del tecnicismo se divorció, al menos temporalmente, del movimiento obrero organizado. Esto se ilustra con clari-dad por el creciente aislamiento de Korsch tras su rup-tura con Moscú, pero más aún en el caso de uno de los autores principales de la Escuela de Frankfurt, Marcuse quien, aunque nunca participó de forma activa en la política obrera, estuvo destinado a mantener vivo algo del espíritu crítico. Común a este grupo fue el rechazo que Lukács expresó hacia el materialismo vulgar, la teo-ría del reflejo y la tecnocracia; pero quizá sea Marcuse quien, siguiendo a Lukács amplió esto ya en 1941 a un ataque al taylorismo, en tanto que “autocracia aerodiná-mica” en la cual las leyes de la ciencia física y de la razón tecnológica se fusionaron de forma inextricable con el principio de beneficio capitalistac.

La teoría de esta Escuela encuentra su más radical expresión en el trabajo de H. Marcuse. A principios de los años sesenta del siglo pasado desarrolla estas ideas en su famosa tesis de la unidimensionalidad, en el cual el ataque a la racionalidad tecnológica constituía su núcleo: no sólo la aplicación de la tecnología, sino la misma tecnología es dominación (de la naturaleza y los seres humanos) - control metódico, científico, calculado. «Los propósitos científicos y los intereses de domina-ción no encajan en la tecnología a posteriori [sino a prio-ri], y desde el exterior introducen la misma construcción del aparato técnico»d.

Como algo integrante de los que denominaba la Gran Negación, Marcuse buscó signos de una lucha de

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a.- G. Lukács, “Technology and social relations”, New Left Review, nº 39, 1970, p. 29 y ss. b.- G. Lukács, Historia y conciencia de clase, Instituto del Libro, La Habana, 1970, pp. 90 y ss.

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clase proletaria contraria a este monolito tecnológico y en 1964e escribió con entusiasmo acerca de un colapso de la disciplina del trabajo, aumento de la desobediencia a las reglas y a las regulaciones, huelgas salvajes, boicots, sabotajes. Y para hacer aún más explícito este rechazo del tecnicismo socialdemócrata y bolchevique en tanto que sistema metafísico y como estrategia política, un tra-bajo inmediatamente posterior, An Essay on Libe ra -tionf identifica los elementos de una conciencia

revolu-cionaria en la lucha contra toda la organización del tra-bajo capitalista y socialista de Estado (la línea de monta-je, el sistema taylorista, la jerarquía) y aporta un concep-to escaconcep-tológico de una revolución estética en la técnica. Pero a pesar de su ruptura con la teoría y la práctica del tecnicismo, el revisionismo de Marcuse no se puede pa -sar por alto: aunque no llega a rechazar el análisis mar-xiano del valor, se aleja asustado de adaptar las últimas consecuencias como su marco de referencia. En su lugar, como en el caso de sus colegas de la Escuela de Frankfurt se supone que todo el peso de la crítica inci-piente de la tecnología ha de confirmarse por la elusiva categoría de “dominación”. El resultado es que la contri-bución crítica de Marcuse se restringe a un número de intuiciones estimulantes, pero dispersas, difusas y semi-aforísticas, que en ausencia de un marco teórico que las sostenga, son precarias en extremo.

El proyecto total de Habermas está enraizado en una crítica al tipo de acción característico de la tecnología, el cual le ha provisto un modelo para su última interpreta-ción de los modos específicos de “acinterpreta-ción racional con arreglo a fines” que sí lo preocupan específicamente. La evidencia para sostener este argumento es en primer lugar la temprana preocupación de Habermas por la comprensión positivista de la razón y su realización his-tórica en una sociedad tecnocrática. Estos argumentos, desarrollados especialmente en el ensayo Ciencia y téc-nica como ‘ideología’(1970)g, conforman la estructura que subyace a la teoría de Habermas a pesar de su con-tinuo refinamiento y enriquecimiento en su mirada de la sociedad moderna con el paso del tiempo. En cualquier caso, este autor ofrece una teoría transhistórica de la esencia de la acción técnica en general. Tal como escribe McCarthyh, el punto de vista de Habermas es que mien-tras las formas históricas específicas de la ciencia y tec-nología dependen de arreglos institucionales que son

variables, su estructura lógica básica está arraigada en la propia naturaleza de la acción racional con arreglo a fines. En un principio Habermas argumentó que “traba-jo” e “interacción” cada uno poseía su propia lógica. El trabajo está “orientado al éxito”, es una forma de “acción racional con arreglo a fines” orientada a controlar el mun do. En estos términos, el desarrollo tecnológico es un “proyecto genérico” que consiste en la sustitución de miembros y facultades humanas por dispositivos mecá-nicos. Por contraste, la interacción involucra comunica-ción entre sujetos que persiguen un entendimiento común. La tendencia tecnocrática de las sociedades mo -dernas resulta de una falta de balance entre estos dos tipos de acción. Todo ello permite afirmar pues que la “quinta columna” de la Escuela de Frankfurt es Ha ber -mas para quien la racionali dad tecnológica es “neutral” en la esfera de la producción material (donde lo que denomina como acción con arreglo a fines es adecuado) y sólo llega a ser peligrosa cuando se expande más allá de sus fronteras legítimas hasta la esfera de la “interac-ción simbólica” (donde el ideal es la comunica“interac-ción libre de dominación). Una vez extendida a esta esfera, la racionalidad tecnológica produce “comunicación distor-sionada sistemáti camente” y es este proceso (para el cual la expresión marcusiana de uni-dimensiona lidad está bien elegida) el que según Habermas lleva a Marcuse a conclusiones erróneas a la hora de acusar a la

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e.- Herbert Marcuse, El hombre unidimensional: Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada, Barcelona, Ariel, 1987, edi-ción original 1964.

f.- Herbert Marcuse, An Essay on Liberation,Boston, Beacon Press, 1969. g.- Hay versión en castellano, en la editorial Tecnos, Madrid, 2001.

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tecnología. Dado que la hegemonía de la tecnología des-cansa en la extensión del control técnico más allá de los límites tradicionales para abrazar a la fuerza de trabajo, Habermas considera que el capitalismo tiende a identi-ficar a la técnica como un todo junto con las instrumen-talizaciones a través de las cuales ese control es asegura-do. Mientras tanto, otros aspectos de la técnica son olvi-dados o tratados como no-técnicos. Es esta racionalidad técnica capitalista la que está reflejada en el estrecho esencialismo de Habermas. Porque su caracterización de la tecnología está confinada a la instrumentalización privilegiada del capitalismo moderno, no puede des-arrollar una concepción social e históricamente concre-ta acerca de su desarrollo y potencial. Hace su propio trabajo de abstracción, a través de la cual se eliminan la dimensión socio histórica de la acción técnica, como evi-dencia de la naturaleza no social de la tecnología.

El error del esencialismo de Habermas y en cierta medida de la Escuela de Frankfurt no es arbitrario sino que es una consecuencia de las propias dimensiones socio-históricas negadas de la acción técnica. Este error refleja la reificada forma de objetividad tecnológica en la sociedad moderna, esto es una ilusión social necesaria con consecuencias reales. Tales ilusiones se convierten en un aspecto de la realidad social en la medida que constantemente actuamos sobre ellas. El concepto puede compararse con la noción de marco de referencia determinado culturalmente: mientras que la cultura sea entendida no meramente como manera de ver sino también como manera de hacer, como sistema de prác-ticas. Marx ya ofreció el análisis original de este fenóme-no: el fetichismo de la mercancía no es amor al consumo sino la creencia práctica en la realidad de los precios relacionados con los bienes en el mercado. Tal como señalaba, el precio no es un atributo “real” (físico) de los bienes sino la cristalización de la relación entre fabrican-tes y consumidores. Sin embargo, el movimiento de bienes de vendedores a compradores está determinado por el precio como si fuera real. Lo que está enmascara-do en la percepción fetichista de la tecnología es, similar-mente, su carácter relacional: aparece como una instan-cia no soinstan-cial de pura racionalidad técnica más que como el nexo social que efectivamente es. Es esta forma y no la realidad de la tecnología lo que teoriza el esencialismo.

En un libro titulado Crítica de la Tecnología Po -lítica: un debate con H. Marcuse y J. Habermas(1970), Hans-Dieter Bahri entra en este terreno pero no sólo junto a, sino radicalizando la postura de Marcuse. El

propósito de Bahr es comprehender la racionalidad tec-nológica y sus construcciones individuales en términos —paradóji cos en apariencia— del modo no político por el cual se establecen como dominación política. Sin embargo tal empresa se ve obligada a “volar a favor de la historia” y el auténtico valor del libro es una provocati va —y polémica con Habermas— exploración de los térmi-nos del problema, más que una crítica sistemática de la tecnología como tal. Una perspectiva más constructiva aparece en la ponencia al simposio en Heidelberg (1971) “Inteligencia técnica en el capitalismo tardío” que fue revisada dos años más tarde y que constituye el presen-te artículo.

El artículo de Bahr tiene dos propósitos principales: en primer lugar, elaborar por fin el papel de la máquina en la subsunción real del trabajo bajo el capital; y en segundo lugar, identificar la forma constitutiva tras este proceso como la forma-valor. No es de sorprender entonces que sea un artículo difícil, ya que aparte de la típica idiosincrasia alemana de utilizar la etimología como un indicador del significado (por ejemplo, unifor-midad significa literalmente una-forma [sustantivo]) y el problema de la predilección que tiene Bahr por las citas hegelianas implícitas, la verdadera dificultad reside en la profundidad del significado que Bahr encuentra en la teoría del valor. En efecto, uno de los méritos de este autor es mostrar que la crítica de la tecnología no amplía tan sólo la teoría del valor, sino que en realidad lleva directamente al corazón de esta.

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La estructura de clase de la maquinaria: notas sobre la forma-valorj

por Hans-Dieter Bahr

El desarrollo histórico de los medios de trabajo (Arbeitsmittel) así como la transformación mediante el trabajo de las formas naturales dadas en configuracio-nes del proceso de trabajo (cuyo propósito es social) cons tituye al mismo tiempo la “naturalización” de las for mas sociales de los instrumentos de uso (Gebrau ch -smit tel). Como elemento material, los medios de traba-jo no sólo median entre la naturaleza y el sujeto de tra-bajo, sino que también sirven como mediación, los “medios” entre aquellos que llevan a cabo el trabajo. El hecho de que el instrumento sólo puede ejercer la fun-ción de mediar la relafun-ción viva entre los trabajadores y los no trabajadores, o entre diversos tipos de trabajo. Si los medios de trabajo, como medios de produc ción, llegan a mediar entre la clase dominante y la clase su bor -dina da, han de adquirir entonces un carácter social en el curso de su desarrollo histórico: los medios de trabajo son medios por los cuales la clase dominante puede sa -tisfacer directamente sus necesidades, pero son también la “base intencional” para perpetuar la relación desigual entre los trabajadores y los no trabajadores. Por tanto, el instrumen to como medio no sólo permanece entre la naturaleza, la historia y la sociedad, sino también entre distintas clases en la sociedad: no constituye tan sólo el

medio, sino de hecho la base intencionalpara la unidad desigualdel sujeto de trabajo con el sujeto de la apropia-ción. Así, como base objetiva, la génesis de los medios de producción constituye en realidad el proceso de media-ción de dos sujetos sociales asimétricos.

La ciencia burguesa percibe el hecho de que el conjunto de medios de trabajo procede de la objetivación de tales formas dialécticas de las relaciones vivas de trabajo, sim-plemente como resultado de una arqueología; esto se deduce de su método de razonamiento retrospectivo con respecto al resultado, el producto, de la formación

social viva. Por ejemplo, dado que una determinada tribu está al borde de un asentamiento estable, se termi-nan utilizando ciertos cebos y trampas —en contraste con los proyectiles de caza o los arpones—; tipos especí-ficos de instrumentos políticos que requieren una com-pleja manufactura, indican configuraciones más rígidas de la división del trabajo. El modo de vidade las

relacio-nes sociales particulares y de las estructuras existentes hasta entonces reside ahora en la figura tangible y sinto-mática del conjunto de los materiales dados por la natu-raleza, transformados por la acción del trabajo social. Esa arqueología no cambia sus criterios y los aplica a su propia base material, pero la confina en los órdenes sociales pre- o no-burgueses: no habrá pues arqueología de los sistemas de medios de producción burgueses.

Las formas desarrolladas de los medios de produc-ción en el presente están cada vez más mediatizadas a través del trabajo científico. Podemos especificar esta relación un poco más diciendo lo siguiente: aunque es bien sabido que el trabajo manual crea los medios para transformar las formas naturales dadas en figuras inten-cionalmente sociales, se presta poca atención al hecho de que el trabajo científico difiere del primero sólo en términos de formade los medios que crea para la pro-ducción de sus saberes. Incluso las críticas de las ciencias deductivas puras tienen que ver menos en general con criticar la posibilidadde tal pureza científica que con cuestionar su actual sostenibilidad en la práctica. En tér-minos históricos el comienzo de las ciencias deductivas coincide con la producción empírica de instrumentos, modelos, dibujos y símbolos, en tanto que medios de la supuesta pureza, esto es, de la expansión coherente del conocimiento; tales medios incluyen rituales (como memoria colectiva) junto con el lenguaje, la escritura y la impresión mecánica y el proceso numérico y de datos.

Aunque el equipo científico experimental era una condición previa para la tecnologización de la producción, no ha constituido —como SohnRethel señala co -rrectamente— la fuente activa de aquella. Ni la

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ra, ni el telar mecánico, ni la máquina de vapor están en conexión directa con alguno de los descubri mientos o los aparatos técnicos de la física teórica. Por otra parte, la estructura precientífica de la maquinaria —ya que ha existido antes del desarrollo de las técnicas químicas y de la aplicación industrial de la electricidad— represen-taba una forma de desarrollo que mostró algo más que la “unidad personal del trabajo intelectual y manual” que Sohn-Rethel proponía para las herramientas arte-sanas. En tanto que medios de trabajo, los mecanismos simples ya poseían una estructura que la maquinaria, como base intencional del proceso de trabajo capitalista hizo más aparente: esto es, las dos bases del “golpeo” (fuerza) y de la “herramienta” (construcción mecánica), que a su vez se hallan directamentemediatizadas me -diante el mecanismo de transmisión. El lenguaje se ha mantenido vivo en los conceptos que ahora sólo apare-cen en su aspecto material: en vez del gasto de la fuerza de trabajocomo fuerza motriz, léase golpeo (drive); en vez de cualificación y destrezacomo base intencional de la transforma ción social de la naturaleza forjada por la actividad mental y práctica, léase herramienta (tool). Y el mecanismo transmisor bien podría interpretarse como el modelo naturalizado del intercambio entre los trabajadores, o dicho en términos históricos, la figura osificada del comercio se podría interpretar como la me -diación entre la forma artesana plebeya y campesina del trabajo en la cual —junto a los antagonismos prevale-cientes de clase— también está al acecho una antítesis in cipiente entre el intelecto y la creciente abstracción de la naciente fuerza de trabajo proletaria. En este sentido, la herramienta correspondería al intelecto y la nueva fuerza motriz (golpeo) al proletariado, en tanto que fuer-za de trabajo despojada de su cualificación, ya que la mediación de los dos momentos era directa, puesto que aún reside en los mismos trabajos artesanos.

Toda esta alusión sirve para indicar que los instru-mentos y la base misma de la producción científica del conocimiento sólo llegan a ser una condición para el desarrollo del mecanismo (a través de las etapas de la maquinaria y la mecanización hasta la automatización) porque la organización social de las condiciones del tra-bajo vivo ya ha asumido una modalidad racional, esto es, un modelo matemático que por tanto se podría con-vertir en el fundamento de una cientifización sistemáti-ca (Verwissenschaft lichung) de los procesos de produc-ción.

Esta mediación entre el trabajo científico y proleta-rio, anticipada en la artesanía, y que más tarde asume su

propia independencia y forma objetiva en la maquina-ria, señala a su vez a un tercer factor subyacente a estos dos modos de actividad, lo cual a pesar de un modo de aparición histórica distinto, integra el principio del fac-tor común posible: la forma-valor inmanente de los medios de producción, como “forma abstracta natural”, o como propósito abstracto social en la figura osificada de la materia natural dada. Las siguientes descripciones intentan en principio pergeñar el desarrollo de los “medios de trabajo” mecánicos y tecnológicos en térmi-nos de su apariencia superficial: es un requisito previo para la cuestión más profunda del desarrollo de la forma interna como (determinada por la clase) estructural y de la forma externa (instrumental) como forma(shape) y de su unidad como función.

La apariencia superficial

La naturaleza social de las relaciones de producción que históricamente sólo aparecían en primera instancia en el modo de intercambiabilidad generalizada, llega a ser esencial o real únicamente en la acción viva de coopera-ción, donde el trabajo concreto individual se reduce en realidad al trabajo medio abstracto. «Por ende, para el productor individual, escribe Marx, la ley de la valoriza-ciónno se realiza plenamente sino cuando él produce produce como capitalista, cuando emplea al mismo tiempo muchos obreros, o sea, cuando, desde un co -mien zo, pone en movi-miento trabajo social medio»1.

La coopera ción, que según Marx permanece en la base de la producción indus trial, consiste en principio

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en una agregación puramente cuantitativa de unidades artesanales en la que los medios directos de trabajo siguen siendo propiedad del trabajador. La figura inicial del capital constante para incrementar el plusvalor del trabajo aparece como el método para obtener una gene-ralización meramente externa dentro de la división del trabajo existente en el taller. Sin embargo, esto conduce a una dimensión cualitativa tal como la creciente escala de los talleres, almacenes y medios internos de comuni-cación. Estos medios, o mejor dicho, estas basestal y co mo existen en su configuración actual, han de con tem plar se como los resultados materiales de específicas re la ciones vivas del trabajo; de hecho son la base de la po -sibilidad por parte de los trabajadores artesanos de ser capaces de trabajar juntos en grandes grupos. Los ele-mentos de la propiedad feudal y del gremio se fusionan en un tipo de patriarquía burguesa absoluta sobre los jornaleros. Junto a ello, la actividad mecánica de la ma -no en el trabajo y los materiales estructurales aumentan de manera tan sólo cuantitativa. Por el contrario, la ma -nufactura rompe el trabajo agregado en operaciones de talleres, lo cual supone una transformación cualitativa en la relación del trabajador con el objeto de trabajo: los medios de trabajo desarrollan lo que reduce de manera creciente la cualificación, o sea, la destreza manual y la pericia intelectual, al nivel de un gasto abstracto de tra-bajo. Esta separación del intelecto del trabajo y del gasto de la fuerza de trabajo se transforma entonces en una condición necesaria para el ascenso de la inteligencia científico-tecnológica.

La configuración externade un crecimiento mera-mente cuantitativoen el número de trabajadores en -cuentra su correspondiente modelo internoen la des -cualifi cación de la fuerza de trabajo como condición pre-via para lograr de manera colectiva el gasto abstracto de la fuerza a un nivel superior. El “cuerpo” del trabajador colectivo antecede a la aparición de las máquinas a la ho

ra de aportar fuerza motriz. La disolución de la unión in terna de los sujetos que trabajan y sus cualificaciones al tera la relación entre el objeto de trabajo, el cual es rea -su mido de un nuevo modo, y el re-sultado final de la trans formación operada en el material, el producto: el objeto ya no es un producto en referencia directa al suje-to individual de trabajo, sino sólo en relación al capital individual. Incluso en una coopera ción cuantitativa muchos objetos de trabajo se habían fabricado de mane-ra conjunta hasta la realización de un objeto de uso en las manos de los maestros artesanos; pero en la manu -fac tura, el objeto de trabajo pasa a través de una serie de etapas (preparación, transfor mación, modelado) que en sí mismas suponen que la materia prima pueda ser des-membrada y reconstituida: el estadio final es así una conjunción nueva de la materia. Sin embargo, la trans-misiónde estas operaciones parciales (excluyendo los procesos de trabajo químico o eléctrico) siguen siendo externos e indiferentes al producto que se está fabrican-do; en otras palabras, el producto no asume la configu-ración de aquellas operaciones. La transmisión consiste en una forma no mecánica de transporte para las mate-rias primas dentro del taller, junto con la comunicación de las directrices e instrucciones. En este contexto, el dis-curso (el lenguaje) no está planteado para informar o para comprender; caracterizado como “semicualificado” significa en realidad convertir la comprensión en destre-za manual. Más bien, mientras el proceso de trabajo fun-ciona de manera uniforme, el lenguaje sirve sólo en tanto que un conjunto de órdenes para asegurar que las operaciones parciales específicas sobre el objeto de tra-bajo se ejecutan siempre del mismo modo, esto es, uni-formemente. (La ciencia natural ha definido más tarde su propio proceso de trabajo de acuerdo a este modelo, es decir, operacional y experimental: el experimento debería conducir siempre al mismo resultado, bajo idén-ticas condicio nes, para producir una conclusión “válida” o un resultado acerca del objeto de investigación. La ter-minología revela aquí por sí misma la íntima afinidad existente entre el trabajo científico-natural y la creciente forma natural abstracta en tanto que forma-valor). El movimiento uniforme que ya había aparecido en las demandas solicita das a los instrumentos de medida del tiempo o a la mecánica estática y dinámica (ejemplifica-do en el trabajo de construcción o en las máquinas de recolección agraria) constituye una expresión del hecho según el cual se brinda y señala un material natural como analítico por el tipo de trabajo social; esto es, un material dividido y desmembradopor la división del trabajo asume una forma-valor real al contrade cir no sólo a su figura natural dada sino también a su forma útil. La razón es que la igualdad formal declarada (pero nunca llevada a cabo) de los movimientos en el trabajo que produce mercancías puede verse como el mismo

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tipo de equivalenciadel modo en que la relación-valor aparece como la forma idéntica del valor. Esta cuestión se discute más extensamente en la segunda sección.

El nuevo modelo cualitativo de socialización que llega a asociarse con la manufactura crea al trabajador colecti-vo y coopera ticolecti-vo como un todo orgánicamente estructura-do (una síntesis analítica) en la cual ha habiestructura-do una agre-gación meramente cuantitativa que se ha transformado en una unidad social cualitativa. Al mismo tiempo la pauta de socialización tiende no obstante a ocasionar la negación del trabajador colectivo en el mismo taller, en principio mediante la especialización de actividades y la parcelación de complejas ejecuciones artesanales. La máquina-herramienta supone entonces la primera

tras-cendencia de esta aguda especialización, esto es, al combi-nar dentro de sí una serie de herramientas individuales separadas tal que ya no precisen de la mediación del bajo humano. La “combinación” significa aquí que el tra-bajo colectivo, la cooperación viva de un número de traba-jadores especializados, desaparece como tal, para ser almacenada como la “forma natural” de un mayor poder mecánico. La objetivación de las específicas relacio nes sociales de trabajo corresponde a la des-objetivación del trabajo colaborador vivo; esto se expresa en la antítesis existente entre el trabajador especializado y aislado por una parte, y el trabajador colectivo y tecnológico por otra.

Con la objetivación de las condiciones de trabajo subje-tivo —que, como la máquina-herramienta, constituyen la base intencional para el proceso industrial de traba-jo— el trabajador se ve inicialmente reducido a la fun-ción de una fuerza motriz. La inversión de la relafun-ción entre trabajador y herramienta (mediante la cual el poder físico del cuerpo se había transformado en el mecanismo estático que conduce a la

máquina-herra-mienta, la cual modela en realidad la materia) abando-na al trabajo vivo con la organización cooperativa del transporte interno de las piezas del trabajo. En este papel, el poder del trabajo abstracto funciona como la fuerza “motriz”, como la transmisión viva, junto a su función en tanto que fuerza motora estática. En este contexto, “vivo” significa que el objeto, la condición intencional, los medios y los propósitos del sujeto, cons-tituyen aún una unidad simple, no especializada, en relación al proceso de trabajo desde el cual seguía pare-ciendo posible determi nar y llevar a cabo el propósito

del trabajo mediante la anticipa ción. Bajo las condicio-nes de la separación del poder del trabajo por una parte (basadas en la clase) y de los medios de producción por otra, la “objetiva ción” (objetification) significa que aun-que exista una unidad a nivel de taller en las condiciones intencionales (objeto y medios de trabajo) y se propone su fin (la fuerza de trabajo ha de valorizarse), el proceso es “racional” (rational) sólo en el sentido de la “matemá-tica” (rationell). De hecho, hay un antagonismo social generalizado ante la determinación de los fines a los que se está obligando al trabajo, y la unidad inicial antes mencionada; aparece pues un antagonismo que reaccio-na sobre el modelo de desarrollo de las condiciones pro-ductivas. “Vivo” no puede significar un secreto deseo de volver a las actividades artesanales, ya que el trabajo artesanal sólo permitía considerar una vaga utopía que diera lugar a un sujeto social como un sujeto en conjun-ción con su labor artística.

La traducción de la transmisión y la fuerza motriz de los seres humanos en colaboración con las formas “natu-rales” es la condición previa a la posibilidad de la maqui-naria; el ascenso de la maquinaria sólo fue posible porque las decisiones en tanto que objetivo del trabajo (la produc-ción de la clase burguesa por medios capitalistas) seguía siendo totalmente externa al proceso mismo de trabajo en tanto que mera condición funcional, esto es, algo así como lo que supone una sublimación(aufgehoben) para la “simple” satisfacción de las necesida des: una clase social ha de divorciarse por completo de la determina ción final de los fines antes que las formas sociales del trabajo pue-dan llegar a ser más “racionales”, o sea, “no subjetivas”, y asuman por tanto una forma natural intencionada como la maquinaria. De este modo, la racionalidad social direc-ta del proceso de trabajo deja de tener un sujeto y se trans-forma en irracional (aunque esta ausencia de sujeto es la condición necesaria para la liberación de la razón social de su ciego modelo natural). Precisamente la maquina ria es la prueba palpable (una vez que la génesis de su forma social se ha incorporado a la crítica) que en el proceso de trabajo la sociedad burguesa existe sin un sujeto real y por tanto se enfrenta a la naturaleza como tal en tanto que simple “fuerza de la naturale za”. Esto explica el que, en principio, la clase trabajadora ha debido hacerse

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mente consciente, y por tanto un sujeto ideal (ideell), antes de la posibilidad de que el sujeto social que se actualiza pueda aparecer dentro del proceso de trabajo. Al mismo tiempo, esta idealidad de la existencia del proletariado como un sujeto —algo establecido incorrectamente como

realpor Lukács en Historia y conciencia de clase— tam-bién se compone del resultado de una tendencia perma-nente hacia la des-revolucionarización de la clase obrera, ya que su interés en la producción no se genera mediante esto último, sino que está obligado a llegar a ser una idea política antes que pueda producirse de modo espontáneo su propia base material. El “revisionismo” es por tanto un problema bastante más serio que el registrado en las diversas versiones de la teoría de la conspiración.

Por otra parte, el proceso de trabajo basado en la maquinaria (donde el trabajador se desentiende de las actividades que directa mente dan forma y no deforman a la materia) asume un carácter más ideal: se ofrece a la posibilidad de la politización desde dentro. Expresado en términos tecnológicos, la actividad del trabajo vivo tiende a encerrarse en el montaje, lo cual por lo común se localiza al final de una serie de operaciones parciales del trabajo maquínico. El trabajador se ve así enfrenta-do a la materia de un modo socialmen te dado por la naturaleza, mientras que la forma natural dada se transforma en un objeto estético, se convierte en “esce-nario”. El objetivo —como una mercancía posible— ya no es arrebatado a la materia natural dada, sino más bien, los elementos de la materia prima que ya han sido pre-formados y pre-estructurados por un sujeto místico y que así aparece como objetivamente social se han construi do, montado, ajustado, comprobado y regulado. La transformación de la actividad laboral en la actividad del montaje, transporte y coordinación fue la condición para la invasión de la ingeniería en el trabajo industrial. Antes de esto, los ingenieros habían comproba do histó-ricamente, en la esfera de la ciencia militar y de su

prác-tica, el terreno en el cual la sociedad burguesa había anti-cipado la generalización de la producción mediante la organización “raciona lizada” de la destrucción, y en par-ticular, gracias a la apropiación unilateral de la riqueza social; como un sujeto económico que recauda impues-tos al modo militar, la formación estatal burguesa des-pliega esta forma “parcial” de racionalidad. En contras-te con la homoge neidad indiferenciada del trabajo arcontras-te- arte-sanal directo sobre la materia, la tecnología mecánica de la construcción permitía la planificación previade la coordinación, el transporte y las operaciones de monta-je. Por tanto, al utilizar la maquinaria como su base intencio nal, el proceso de producción como un todo ha de cambiar de manera inevitable el carácter de la activi-dad del trabajo (que antes había tenido una relación

directamente determinadacon la naturaleza), previo a que la división del proceso de producción en sus compo-nentes ideales y reales hubiera tenido lugar: esto es, la planificación operativa por una parte y la realización individual mediante el trabajo físico por la otra. Esta transformación se logró gracias al análisis práctico y la simplificación (descualificación). Al mismo tiempo, la planificación se convirtió en la forma-precio en proceso dentro de la fábrica, o sea, la forma ideal de la medida del valor; mientras que su objetivación en el trabajo pro-letario constituía la génesis del capital constante como maquinaria. La maquinaria no es pues una aplicación de mecánica teórica a la producción, más bien fue el des-arrollo de relaciones cuantitativas externo a la coopera-ción viva lo que se convirtió en el a prioride la maqui-naria. Así, lo que constituye la mediación real de la cien-cia natural es la formadel capital constante, su raciona-lidad funcional y el grado de la socialización del trabajo en el proceso de producción; el lado técnico de esta mediación (la composición orgánica del capital) consis-te en la consis-tecnologización de la producción.

Sin embargo este proceso de mediación sólo llega a aparecer cuando dicha relación de la ciencia y el trabajo industrial comienza a transformarse en su opuesto, es decir en la “quimicalización” de la producción, donde el proceso cambia desde la preparación de materiales ya existentes a la creación de otros nuevos o cualitati -vamente diferentes. A este respecto, la producción de conocimiento científico y sus instrumentos en laborato-rios y en departamentos de planificación comienza a funcionar como el elemento activo en la generalización de la producción, un proceso cuya “cientifización” es al mismo tiempo un modo de socialización ideal; es decir, la cientifización de la producción se convierte en un ele-mento fundamental del poderde la forma actual de socialización. Otro de sus elementos consiste en los modos externos de realización del plusvalor.

La maquinaria libera un intelecto formalmente limi-tado por el proceso de trabajo feudal-artesano. Un

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lecto que posee la posibilidad de constituir un trabajador político colectivo, ajeno a los trabajadores parciales divi-didos. Frente a la ética del trabajo gremial, la coopera-ción política de los trabajadores asalariados se convierte en una oposición externa, esto es, al igual que lo es la clase dirigen te. El hecho de rebajar al mismo nivel a los trabajadores especiali zados a través de medios de pro-ducción tecnológicos crea las condicio nes para transfor-mar la lucha por el salario en la socialización política

potencial de una clase trabajadora en el proceso de auto-organización. Por otra parte, la contradicción entre el trabaja dor especializado y el intelecto tecnológico res-ponsable de la dirección, elaboración y transmisión de las detalladas operaciones aisladas, evita que la clase traba-jadora reconozca su propio carácter socialen ese intelec-to, que de hecho representa el suyo propio, incluso aun-que el modelo de un producto colectivo inconsciente-mente alienado de la clase trabajadora adquiera una con-figuración independiente en la figura de los planificado-res, técnicos e ingenie ros. Por tanto, el proletariado per-manece en oposición externa a su propio intelecto, inte-lecto que el proceso de producción capitalista ha creado con independencia formal. Era en parte esta hostilidad la que debilitó y anuló la resistencia de la clase trabajadora al fascismo. Además, la ausencia de una crítica teórico-práctica del intelecto productivo ciega a la clase trabaja-dora, forzándola como un momento variable del capital agregado; en este sentido la clase obrera es un compo-nente antagonista, aunque en absoluto fijo y estable, de la sociedad burguesa. Su ceguera con respecto a su pro-pio intelecto significa que contribuye al mantenimiento de la falsa totalidad de esta sociedad, aunque alienada. Y una “liberación” que tiene lugar a espaldas de los pro-ductores establece la libertad como un mero ideal.

La uniformidad de las operaciones parciales, como la forma-mercancía en proceso dentro del taller, tam-bién se convierte en la condición para hacer circular la producción; por la que adopta inicialmente la configura-ción material de los modelos industriales para las piezas individuales del trabajo. Por consiguiente, la industria individual ya no ha necesitado a menudo producir las mercancías como “valores de uso” para los sujetos; los segmentos individuales del producto dejaron de tener un valor directo de uso social y han sido “utilizables” sólo para el posible(pero ya no necesario) montaje de obje-tos individuales en valores de uso. Este montaje se ve mediatiza do a través del mercado capitalista y por tanto puede sentirse amenazado por la crisis: las dificultades crecerán a la hora de realizar el plusvalor producido, estos valores particulares de uso se desploman en obje-tos que no tienen sentido. Tal contradicción estimula la formación de cártels: la parte componente estandariza-da es el modo apropiadoy objetivado de la intercam-biabilidaduniversal de los valores de uso —no como

precio sino más bien como el modelo natural del capital-mercancía. La conciencia burguesa sólo se enfrenta a este proceso en el comercio de reparaciones, es decir, en tanto que intercambiabilidad de componentes que son inútiles por sí mismos pero sin embargo siguen siendo mercancías.

Con la estandarización de las partes componentes, incluso el montaje pierde el carácter de actividad cons-tructiva. La configura ción compleja de la línea de mon-taje, con la intervención de máquinas herramientas semi-automáticas, “construye” el objeto, mediatizando las operaciones individuales del proceso de producción.

La necesidad de establecer normas para la ejecución de la fuerza de trabajo desmiembra el cuerpo humano en funciones abstractas: los órganos corporales —definidos por la lógica de la medicina moderna— adoptan por sí mismos la forma abstracta de la naturaleza, el substrato perfectamente adecuado de la forma-valor. Sólo enton-ces el organismo corporal llega a convertirse en efecto en una “forma-valor” pura. El entrenamiento de los órga-nos para ciertas funciones extremadamente específicas reproduce el cuerpo como un todo desmañado: pierde su función integral como creador del valor de uso. Además, un creciente período de entrenamiento formal

y de reciclaje se convierte en algo necesario incluso para los trabajadores descualifi cados. El gasto desequilibrado de la fuerza y de la cualificación por los miembros indi-viduales y los órganos sensoriales destruye la unidad funcional del cuerpo individual: los individuos dejan de ser un instrumento de uso para sí mismos incluso en la actividad laboral. Al mismo tiempo el capital trata de obtener un beneficio procedente de esta pérdida de uni-dad corporal mediante las “activiuni-dades de ocio”, la medicina y el deporte.

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Con la objetivación del trabajo de montaje, embalaje, distribu ción, almacenamiento y transporte en mecanis-mos basados en la máquina, la maquinaria descrita por Marx se reduce a un mero momento de la tecnología, en la cual el proceso mismo de producción indus trial asu -me una configuración circular; al igual que la circulación de mercancías, el capital se ha industrializado. El capital industrial y comercial se han unido mediante el papel funcional desempeñado por el capital financiero. Sin embargo, la etapa de la tecnología mecánica se sigue ca -racterizando abrumadoramente por el trabajo fabril; la concentración regional de los medios de producción aún sigue siendo la base de los modelos espontáneos de lu -cha de masas, en la que los tipos de organización sindi-cal y los grupos políticos aún pueden, a este nivel relati-vamente bajo de desarrollo, coincidir en gran medida. Las comunicaciones de masas basadas en la tecnología adoptan no obstante una importancia creciente como medio para resolver de manera artificial la “idealidad” del trabajador colecti vo. Esto también marca el comien-zo de la burocratización: necesaria, pero sin embargo incorrectamente, los trabajadores organizados disponen sus cuadros de una manera distinta a su propio e implí-cito intelecto revolucio na rio; una fórmula que a menudo empieza a seguir ciegamente su particular contradic ción interna de desear conservarel movimiento revolucio-nariosin saber cómo revolucio nar constantemente este trabajo de conservación.

Con la aplicación industrial de la electri cidad, la maquinaria tradicional comienza a disolver o, más bien, a invadir la esfera familiar e incluso la esfera adyacente de la propiedad privada. La distribución de la energía, esto es, de las fuerzas motrices objetivas sostenidas por el Estado, asume el papel de proveer una conexión fun-damental a los capitales individuales mutuamente excluyentes —un proceso que ya había comenzado con

la nacionalización de los sistemas de comunicaciones, transporte y educación. Con la transferencia de la gene-ración de energía externa a la mayor parte de las indus-trias, la maquinaria se ha convertido en “super-fábrica”: las máquinas que demandan fuerza motriz ven crecer su dependencia respecto a la central energética. La red anterior de canales, carreteras y ferrocarriles se amplia y extiende mediante medios más “ideales” de comunica-ción tales como oleoductos, cables y ondas de radio. En términos de “super-fábrica” se asigna a la empresa indi-vidual la función formal llevada a cabo por la máquina herramienta: frente a la máquina de vapor, el motor es un elemento casi sin transmisión en la regulación de la máquina herramienta. Al mismo tiempo, la dirección de los medios lingüísticos de trabajo o de medida y los sis-temas de guía en telecomunicación también comienzan a transformarse en una figura tecnológica de la media-ción interna y externa de la producmedia-ción, enfrentándose al proletariado con su intelecto propio de un trabajo colaborador anterior, en un modo totalmente alienado, a la vez que se imponen las vías de comunicación espon-táneas y de masas. Aún no se ha lanzado una crítica por parte de los sindicatos y los partidos políticos a este evi-dentedesarrollo —una empresa de creciente importan-cia ya que los primeros signos de disolución del trabaja-dor masificado en grupos de trabajo, colectivos y equi-pos pueden conducir de manera espontánea a un reno-vado tipo de organización gremialo profesionalmás que a una organización de clase. La lealtad ritual del cre-cimiento inadecuado de la organiza ción de masas de la clase trabajadora conduce por una parte a representar los intereses de la mercancía fuerza de trabajoy por la otra a continuar la regionalización del proletariado. Este proceso se ha afianzado aún más por la construcción capitalista urbana: con el rápido crecimiento de la urba-nización industrial del territorio, el crecimiento real de los núcleos urbanos, tal y como comenzó a finales del siglo XIX, puede estancarse y dormirse en los laureles.

El desarrollo de máquinas de alto y bajo voltaje supone que los principios de la producción (extensión del tiempo de plustrabajo mediante su reducción en necesidades) puede alcanzar también la esfera de la reproducción de la fuerza de trabajo. La tecnologización del trabajo doméstico no sólo ha liberado la fuerza de trabajo de la mujer, sino ante todo ha permitido la ampliación indirecta del día de trabajo, ya que el tiempo que los trabajadores gastan en locomo ción no se paga. En general, los salarios de los trabajadores ya no cubren los costes de reproduc ción del poder de trabajo domés-tico, en caso de que un miembro de la familia fuese inadecuado para trabajar, ha de intervenir el Estado del bienestar. La increíble miseria física ha sido producto del hecho de que el capital ha destruido la comunicación entre los miembros de un grupo pequeño tradicional

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(incluso si, como la familia, constituía un simple produc-to de la naturale za) y mantiene artificial y formalmente este grupo unido a través de las actividades del capital estatal y del capital de sector de la construcción. La cruz de la objetivación tecnológica de las políticas sociales es que las relaciones vivas, que abarcan hasta las relacio nes sexuales y afectivas, sólo se puede expresar e interpretar en términos mecánicos.

La tecnología de alto y bajo voltaje ofrece la más clara prueba de que cuando la producción se generaliza el problema crece únicamen te gracias a tales procesos de objetivación. Los representantes de los trabajadores en aquellos lugares donde estos también poseen un poder político como clase, pueden constituir un primer paso en la reunificación del consumo y la producción (trabajo, necesidad e interés que constituyen la sociedad de manera consciente) y también un aspecto en el cual las contradicciones dentro de la división social del trabajo más allá del nivel de empresa pueda solidificar espontá-neamente en competencia con la clase trabajadora. Esto a su vez produce de necesariamente una centralización

burocrática que dicta una cohesión externa a dichas uni-dades auto-gestionadas.

Se puede hallar una tendencia contraria al proceso de división y subdivisión en la esfera de la tecnología mecánica, en las industrias de máquinas-herramientas y en las de automoción (coches), aunque su principal campo de operaciones se localiza en aquellas ramas que asumen el proceso químicode las materias primas, o donde se introducen las técnicas químicas en otros sec-tores de la produc ción. Visto que la actividad de compo-ner y estructurar materiales adquiere en primer lugar una estructura objetiva mediante la mecanización (en sentido amplio), sólo en muy escasas y raras circunstan-cias se podrían alcanzar cambios en la composición

internade las materias primas mediante el gasto mecá-nico de la fuerza humana. La consecuencia de ello es que tales procesos que cambian y transformanlos materia-les o experimentan un menor grado de descompo sición en operaciones parciales individuales que aquellos que

modelan la materia, y se alcanza mucho antes la tenden-cia consistente en relegar el aspecto mecánico a una situación intermedia y subordinada de la producción. Por otra parte, ciertas fases de la transformación quími-ca se han desarrollado fuera de la naturaleza de las herramientas, en menor medida que fuerade la necesi-dad de aislar a la gente de. Por esta razón, la monopoli-zación del capital encontró aquí una “forma natural” favorable, ya que en términos de inversión de capital constante hay una menor intensidad de producción de materias primas, esto es, un rápido desplazamiento del capital circulante relativo a la pequeña cantidad de valor transferido desde el capital fijo. Ya que en muchos casos el análisis científico de las caracte rísticas innatas en las sustancias naturales ha sido lo que ha permitido en pri-mer lugar la aparición de nuevos materiales, el laborato-rio llegó pronto a constituir una parte integral de la industria química: la cientifización no sólo de los medios

de trabajo sino del mismo objetode trabajo fue —inclu-so a mayor nivel que en la industria eléctrica— una prio-ridad absoluta. Muchos procesos sólo se pueden llevar a cabo de modo automático. En la industria química, los

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ISSN:1885-477X

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administrar la totalidad de la vida social. En este senti-do, la “comunidad de sangre” fascista (Wolksgemein -schaft) no fue tan sólo una ideología, sino también una integración real de gran parte de la sociedad en la orga-nización semi-esclavista de las condiciones de valoriza-ción —una integravaloriza-ción que se llevó a cabo con una total desconsideración con las divisiones de clase.

La característica fundamental de los métodos de producción tecno-maquínicos no es tanto la maquinaria en sí, sino la unión total de máquina y aparato; el proce-so de montaje adopta una posición subordinada en la actividad de medir y regular el flujo continuo de una producción interrelacionada por conductos, alimentada por reservas almacenadas y unida a través de las reaccio-nes que someten la materia a una constante transforma-ción junto a los aspectos mecánicos que transportan el objeto-mercancía hasta su realización final. En contras-te con los modelos históricos de transformación de las materias primas (por ejemplo, la fundición) en la pro-ducción química los diversos modos de movimiento y sus transformaciones, junto con los medios, cualifica-ción y objeto de trabajo se fusionan de una manera que ya no puede contemplarse como el resultado de una lógica espontánea de relaciones laborales cooperativas (como sigue siendo el caso del trabajo basado en la maquinaria): en este caso, la forma material adoptada por el intelecto en el marco de la producción ya no es el intelecto alienado del proletariado —su habilidad para tra bajar y organizar— sino más bien el resultado de la cientifización deliberada. El intelecto científico no tiene por tanto un origen proletario alienado (tal como se podría reivindicar) sino que es indiferente a la concien-cia de la clase trabajadora y a su establecimiento. En contraste con el intelecto proletario alienado de los inge-nieros y los mecánicos, el intelecto del científico de labo-ratorio es alto-burguésen origen, incluso si esta diferen-cia tiende a desaparecer a través de la creciente

indus-trialización del trabajo científico y técnico; en otras pala-bras, la división científica del trabajo conduce a la des-cualificación del trabajo científico. Una vez que el proce-so numérico y de datos ha pasado a través de su corres-pondiente desarrollo, dando lugar a una estructura fija de operaciones parciales en la actividad científica, la cualifica ción de los científicos perderá así en su totalidad su atributo actual de propiedad privada cuasi artesanal por parte de estos. La investigación y los descubrimien-tos serían imposibles sin un control real de la propiedad privada de los “medios de pensamien to”. La proletariza-ción de la inteligencia científica sólo se vería aplazada mediante diferencias de salario y privilegios.

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capitalista de producción sin socavar la estructura bási-ca de la sociedad burguesa, es decir, la forma-valor. Para ser capaces de valorar esta naturaleza esencial de la sociedad, es necesario retroceder al aspecto fenoménico de los medios, objetos y condición de los procesos de producción y a la estructura fundamen tal que allí se reproduce: es decir, la configuración social dual de los objetos “mercancías”, una forma que revela su carácter de clase.

Forma como identificación

Es difícil evaluar las actitudes desarrollistas de la maqui-naria dado que tales formas producen su propio fetichis-mo. Por ejemplo, en la superficie no se puede establecer ninguna distinción realentre la idoneidad (Zweckge -mäβheit) (que se puede designar por las características de la materia natural, aunque el uso actual (Zweck) es un asunto de absoluta indiferencia para ella, sólo les afecta negativamente o, dicho en términos hegelianos, como una “absoluta susceptibilidad”) e intenciona li dad (Zweckmäβigkeit). La noción de “idoneidad” viene a expresar la relación indirectade una cosa con los objeti-vos de la sociedad; “intencional” por el contrario denota una relación directa. Mientras que la naturaleza sigue siendo una condición externa de ese propósito para el cual es apropiada, la tecnología siempre es interna a tal propósito, o sea, es apropiada en términos funcionales: como un medio, la tecnología se acomoda y encaja res-pecto a los fines. El objeto intencional puede contener “materia natural” como un substrato subyacente. Sin embargo esta figura aparece en formas que deben con-siderarse por lo común como “tecnológicas”, esto es, como una creación social pura. Si el material o la mate-ria expresan la condición de la naturaleza en sí, entonces el contenido expresa la forma producida, caracterizada por y que caracteriza al material2

La maquinaria es naturaleza de forma idónea, es decir, los materiales naturales ofrecen sus formas como si ese modo natural dado pudiera convertirse en mode-lo paraotra cosa, en suma, para requisitos sociales: el puro modo natural dado disuelve y se convierte en la base de la configuración social. Por otra parte la maqui-naria es intencionalidad, creada y producida por seres humanos y en tal sentido su figura es un producto social puro ya que no se puede encontrar en la naturaleza; por ello esta figura ha de estar disponible de manera simul-tánea en la naturaleza ya que la forma social de la

inten-cionalidad se ha de expresar en un material natural idó-neo. Por otra parte seguiría siendo pura necesidad, insa-tisfecha necesidad humana. En este sentido un torno eléctrico para cortar cabezales es “un modelo natural dado” basado en características naturales. Sin embargo, esta unidad no siempre se ha mantenido: la hoja para cortar se deteriora con el uso; esto es, “el modelo natural dado” se valora a la fuerza frente a su forma social cional tan pronto como la máquina, en tanto base inten-cional, “produce” valores de uso por sí misma. La corta-dora se vuelve también obsoleta, es decir, su forma social puede bajo ciertas relaciones sociales de produc-ción, valorarse a la fuerza frente a la primera unidad de manera idónea e intencional. En este caso, la estructura

interna como forma objetiva social hace añicos la unidad externa que denominare mos la forma tecnológicamen-te sustituida de un valor de uso indirecto. La máquina, que en sí misma es contradictoria, sólo puede poseer la unidad de la forma social dual y la forma natural dada mediante su funcionamiento y en el modelo histórico de su desarrollo, y así el subproducto derivado de este modelo es precisamente la ruptura de tal unidad.

La deficiencia de tales observaciones estriba en que hay que introducir y establecer de manera externa un número determinado de factores; el propio Marx lamentaba la ausencia de una rigurosa historia de la tec-nología que, frente al materialismo abstracto de las cien-cias naturales, habría de presentar la síntesis de la rela-ción activa existente entre los seres humanos y la natu-raleza3. Dicha historia aún no se ha escrito, una que

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2.- “La materia contiene la forma en ella encerrada y es de absoluta susceptibilidad a la forma… La materia debe por tanto estar formada, y la forma debe materializarse, debe darse a sí misma en la autoidentidad o subsistencia de la materia”. (G.W.F. Hegel, Ciencia de la lógica; traducción de Augusta y Rodolfo Mondolfo; Editorial Solar; Buenos Aires: Hachette, 1968, p. 451 y ss.).

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explique por qué el movimiento histórico real y la gene-ración de relaciones de la ciencia no pueda, al mismo tiempo que nos abastece de ellas, acuñar sus propios conceptos. Marx era más sensible a este vacío respecto a la cuestión de la génesis del capital constante, donde se sentía obligado en repetidas ocasiones a asumir ciertas

formasde los instrumentos de uso en el proceso de pro-ducción. Hasta ahora, la maquinaria en tanto que

resul-tado, en tanto que instrumento intencio nal de uso para la producción de objetos de uso, siempre se ha visto en contraposición abstracta (en las críticas efectuadas a la tecnología) a la maquinaria como capital constante por la simple utilización de la fuerza de trabajo y la amplia-ción del tiempo de plus-trabajo. Esto ha sido así a pesar del hecho de que los dos aspectos se desarrollan en una unidad real.

Para prever cualquier confusión hemos pues de recalcar que como un “medio” (Mittel), es decir, medio de trabajo, la maquinaria es simplemente un sistema para producir plusvalor; la maquinaria noes un medio en el sentido de un valor de uso para la creación de valo-res de uso, ya que el término “medio” o “mediación” (Vermittlung) recae precisamente sobre el sujeto traba-jador (sólo él puede organizar y poner los medios en fun-cionamiento para obtener fines) y no sobre la maquina-ria; esta última sólo provee la base intencional para dicha mediación. Lo que existe como “medio” para el capital no es nada más que la condición intencional bási-ca en lo que respecta al proceso de trabajo. Por otra parte, para el capital la máquina figura también como la condición intencional para ampliar el día de trabajo, y para el proceso de trabajo social la maquinaria es a su vez un procedimiento para crear valores de uso. Así, la maquinaria es verdaderamente un medio tan sólo para

el sujeto que determina la intención final, es decir, para la apropiación unilateral de los objetos de uso; mientras que para los trabajadores la maquinaria es simplemen-te la base abstracta para la realización de fines ajenos, con el propósito de mantener su propia existencia.

De esta manera, la maquinaria no sólo se caracte riza por la expresión dual que abarca la cultura natural dada y la forma social; su figura social tiene también un carác-ter dual que denominamos “estructura de clase”. Como forma social adopta en primer lugar la configuración de un medio idóneo para la apropiación del plus-trabajo; en este sentido, la maquinaria es tan sólo maquinaria en un movimiento ininterrumpido. Por otra parte, adopta la configura ción abstracta que sólo se valora indirecta-mente mediante una inversión de la relación fines/medios, de una condición intencional para produ-cir cualquier valor de uso en tanto se realice según requi-sitos sociales. De esta manera, lo que se afirma de mane-ra harto intrincada, es que la maquinaria sería maquina-ria sólo cuando no esté directamente en movimiento, sino que esté simplemente disponible para su utiliza ción en cualquier momento. Tal distinción entre dos formas sociales de la maquinaria no es un mero juego de pala-bra, se “demuestra” en cualquier crisis de superproduc-ción, donde cada configuración funciona a la fuerza frente a las otras.

El desarrollo histórico de la maquinaria no ha tenido lugar exclusivamente dentro de las contradicciones entre las formas naturales y sociales, junto a ello la socie-dad de clases produce una formasocial contradictoria y dual de la maquinaria como valor y como instrumento de uso. Bajo la condición de la producción de mercancí-as, la estructura interna de la maquinaria como forma natural dada se desarrolla de manera simultánea tanto como forma de valor de uso y como forma de valor. Así pues, la forma valor se debe manifestar con claridad como uno de sus momentos. La maquinaria “en reposo” no expresa su carácter de disponibilidad a la demanda (como es el caso de una carretera vacía) sino que siem-pre ha de ser el resultado o bien de su desgaste natural e histórico, o bien el efecto de retroceso de una crisis de sobreproduc ción. Por tanto es precisa mente ese aspecto de la configuración social de la maquinaria el que la con-vierte en un medio para la satisfacción de necesidades sociales que, bajo las condiciones de un mercado mun-dial capitalista, sirve para reflejar posibles crisis econó-micas.

Uno de los efectos de la atrofia de la crítica marxiana de la economía política dentro de la “economía marxis-ta” ha sido prestar escasa atención a la forma social de valor de uso en tanto que medio de trabajo. El marxismo —según la fórmula apropiada de Sohn-Rethel— no sólo ha seguido siendo idealista respecto a las ciencias natu-rales, sino aún más y con consecuencias más graves, en

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cuanto al tratamiento conceptual de la tecnología. Esto se aplica en particular a los medios de producción que la economía política siempre percibe con el mismo rasero que si hubieran sido planificados y diseñados por la ingeniería, es decir, de manera puramente instrumen-tal. Sin embargo un instrumento “puro”, o sea un instru-mento sin relación alguna con propósitos específicos, sería un mero objeto estético y en ningún caso un instru-mento: no sería nada más que un funcionamiento abs-tracto y esto es precisamente la forma-valor-en-proce-so, congelada en una forma natural dada. Por lo que res-pecta a la ingeniería, la maquinaria como anteproyec to no se consumen de manera natural ni social; ni aparece como un medio de producción del plusvalor ni como el posible fundamento de una crisis de sobrepro duc ción. La ingeniería considera sólo el modo más abstracto de su intencionalidad, es decir, debe “funcionar”. Pero al mismo tiempo la ingeniería es inconsciente del hecho de que esta misma concepción corresponde con exactitud a la forma-valor de la maquinaria deseada.

Como ya hemos indicado, no existe una directa rela-ción causa-e fecto entre la maquinaria como forma natu-ral dada, como instrumento de uso, y la figura de capital constante, ya que la transformación de la forma se efec-túa gracias a diferentes sujetos. La cuestión consiste en qué mediatiza estas diferentes y mutuamente con tra -dicto rias formas y dónde está el fundamento dentro del cual podemos localizar sus características determinantes. Como Marx sólo realizó un breve examen de tal po -si bilidad de conexión interna de diferentes figuras carac-terísticas, intentaremos continuar dicha línea y subrayar tal conexión. En Una contribución a la crítica de la eco-nomía política, donde esta cuestión es más prominente, Marx escribe: «Esta existencia de la mercancía en cuan-to valor de uso y su existencia natural palpable, coinci-den»4. Sin embargo, sólo puede coincidir en el resulta-do porque en principio han teniresulta-do que diferenciarse y luego reunirse en el proceso de trabajo. Pero incluso como objeto acabado, disponible para la venta o el inter-cambio, la mercancía precisa de un modelo específico de mediación entre su valor de uso (como la unidad simple de la forma natural dada y la forma intencional) y su posible valor de cambio; Marx designa sucintamente este modo de mediación como la «medida sensitiva» de los objetos mercancías.

Las medidas (Maße) son relaciones cuantitativas (tales como artículos numerados, dimensión espacial y peso) en tanto cualidades sociales de objetos; desde una

perspectiva histórica, son medidas específicas de valor válidas para la mayor parte de los elementos anteriores, «formas particulares equivalentes» que han sido inca-paces por múltiples razones de desarrollarse más allá de la forma general del valor. Por ejemplo, las escalas en conjunción con los pesos estanda rizados (Kilopond) como posible equivalente representan un desarrollo

incompleto hacia la forma dinero (no todos los objetos se pudieron pesar como posibles mercan cías). No obs-tante, el peso del hierro mantuvo su “estandarización” social (su forma particular equivalente) como unidad de medida, lo cual en primer lugar es capaz de relacionar la magnitud del valor con su apariciónde una manera completamente abstracta, es decir, como expresión de una cantidad de tiempo de trabajo. Las medidas consti-tuyen las cualidades cuantitativamente distinguibles de los objetos mercancías como cantidades netas: número, superficie, volumen y peso. Para la mayor parte, tales medidas mercantiles sólo son “relaciones” en sí mismas, en realidad la determina ción de la medida raramente se enfrenta a las mercancías. La venta de mercancías signi-fica que ya poseen idealmente su medida particular en tanto que cantidad, pues el precio es la configuración de su equivalencia con aquellas medidas. La aparición de la magnitud del valor como formavalor relativa, cuan ti ta -ti vamente determinada, expresa el hecho de que la mag-nitud del valor aparece en las relaciones particulares de medida de las mercancías: cinco quintales de trigo son menos que una resma de telas, es decir una cantidad especificada de volumen característico de una unidad es pecífica de tela. La forma mercancía cumple así la pa

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