Aisthesis
N°27,
1994
Facultad de
Filosofía
Instituto de Estética
Pontificia Universidad Católica de Chile
Santiago
-Chile
Presencia de la
Cultura Precolombina.
Pedro Miras
RESUMEN
ABSTRACT
La imagen
quede
símismotiene
elhombre
americano -dobley
contradictoria-proviene
de
una perspectivaeuropeaque,
porrazonesde dependencia
cultural,
hemos heredado. Esta idea del
americanose
formó
primero,
enla época de la Con
quista a partirde la
contradicción entre el espíriturenacentistay
el medievalde
quie-nes vinieron.Se
afianzódurante
elIluminismo
enla
oposiciónde la América
del
"buen
salvaje"y
aquellaque no produce
sino"animales fríos y
seresdébiles"Esta
visiónde
América,
por unlado,
como elcontinentedel
futuro,
de la
libertad,
y,
porotro,
del "no
ser nuncatodavía"siguepresenteen nuestra
literatura,
enla
política,
enlas
relaciones entrelas
clases sociales. Se
postula,
finalmente,
que sólo unamirada nueva
de índole
estética querecupere sin prejuicios nuestras raíces precolombinas puede permitirnos acce
der
a una mirada no esquizofrénicade
nosotrosmismos.
The
self-madeimage
ofthe
American
Man,
double
andcontradictory,
derives from
aEuropean
perspectivewhich,
forreasonsofcultural
dependency,
we
have inherited. This idea
ofthe
American Man
wasfirst formed
during
the
period ofConquest,
out ofthe
contradictionbetween
the
spirit ofthe
Renaissance
andthe
Medieval
by
thosewho carne.
It
became
morestrongly
establishedduring
theEnlightenment in
the
concept ofthe
"good
savage",
andthat
ofthe
land
that
producesonly "cold
animáis"and
"weak
beings".
This
visiónofAmerica
as,
on onehad,
the
continent ofthe
future,
ofliberty,
and onthe other,
of a"never,
neverland"is
stillpresentin
ourliterature,
our politicallife,
andin
the
relations
between
our social classes.Finally,
it is
proposed thatonly
anew
look
of apredominantly
aesthetictype
-one which should retrieve without prejudices our
Pre-Columbian
roots-can
lead
usto
a nonschizophrenic view ofourselves.
El
presentetrabajo tiene
una estructura
formada
portres
movimientos.El
primero setitula
"Los
descubrimientos
de
América"y
tiene
comomotivo princi palla imagen
queEuropa
seha formado
de
nuestroContinente y
sus variacionesatravés
del
tiempo.
El
segundo movimiento
lleva
por nombre"Una
historia de dos
ciudades"y
esun retornohacia
un pasadoremoto.
El
tercero,
finalmente,
quehe lla
mado
"Elogio de la
culturamestiza",
retomalos
motivosde los
movimientosque
le
preceden en un ensayode
síntesisPrimer
movimiento:Los
descubri
mientos
de América.
Ya
seacerca,
Señor,
o ya esllegada la
edad
dichosa
que promete elCielo
de
unagrey
y
unPastor
sólo en el suelo por suerte a nuestrostiempos
reservada.Hernando de Acuña. (1530
aprox.)
Primer
descubrimiento,
ofiesta de
la Raza:
Como
todos sabemos,
este primerdescubrimiento,
al que porantonomasiallamamos
así, tuvo
lugar
a mediadosde
Octubre de 1492. Las
probablesmigracionesovisitasque a
América
llegaron,
des
de
elLevante
odesde
elPoniente,
noconstituyen,
propiamentehablando,
des
cubrimientos,
enla
medida en que nohubo
entoncesinterlocutor
ante quiendes
cubrir
lo
antesencubierto.Pues América
nace a
la Historia
-y
ala
Geografía-con el singulardestino de
ser siempre"para
otros";
casinunca,
o nuncatodavía,
para símisma.El
12
de
octubreha
sido,
para nosotros americanos
del
sur,
la Fiesta de la
Raza. Como
quiendice,
el aniversariode
nuestro nacimientotribal,
unhito
entre
la
naday la historia. Para
España,
además,
la
fecha
apunta,
junto
con otras manifestacionesdel
destino,
alcomien zode
esa que el poetallama "edad di
chosa que promete el Cielo..."
y
queterminará
por reconocer sólo"un
monarca,
unimperio
y
unaespada"
Para
las demás
nacionesde
Europa,
apenasuna primera victoria
de España
en esa olimpiadade
descubrimientos,
conquistas
y
colonizacionesque entonces seini
cia.
Del
cuándo,
del
cómoy del
porquéde
estedescubrimiento,
muchoseha ha
blado
ya.No
viene al casodetenerse
enlos
pormenores
de
un eventoque,
aligual
que sucede con
la
venida al mundode
los
seres
humanos,
notiene
otrasignificación
quela de
señalar simplementeun antesbrumoso y
undespués
siempreincierto.
El "trauma
del
nacimiento"-en
éste
como en otroscasos-no pasade
ser unaficción
a posteriori parainsertar
unpretérito sos pechadooinventado
en undestino
gene ralmente poco venturoso.Cambiemos,
pues,
elcentro naturaly
tradicional
del
problemay
reemplace mos el cuándoy
el cómopor elquiény
el qué. ¿Quiéndescubre América
y
qué eslo
que
descubre? Debo hacer
notaraquíque estequé nohace
referencia alos muy
ricos eincontables
productos queEuropa
obtu vode América:
hermosos
frutos de la
tierra
destinados
acolmarlas
sensibilidades
olfativay
gustativade la
época;
metales
preciosos queharían la
riquezade
algunas naciones
y
la decadencia de
otras;
singulares objetosfabricados
por elhom
bre
queharían
exclamar aDurero,
frente
alos
presentes realesllegados
recientemente
del
Nuevo Mundo: "en
mi vida mehe
regocijadode
tal manera,
pueshe
vistoen ellosunarte admirabley estoy
maravillado del
genio sutilde
estoshombres de
paíseslejanos"
(1).
No,
el qué al cualhago
referencia es másbien la imagen
que elhombre
euro peocomienzaaformarse
del
nuevomundo,
alas
ideas y
representaciones que comienzanasurgirenlas
mentesde
estoslados
(2)
frente
a esta"novedad
tan
nuevade
nuevastierras
y
nuevasgentes" comodice
enanáforarenacentista
un monjede
la época.
La
verdad es queAmérica
nacecomomito.
Es
decir
que,
antesde insertar
seenese mundo material que elhombre
del
Renacimiento
estabadescubriendo,
es-tructurado,
América
seinstala
másbien
en eluniversoimaginario
que elmismohombre ha heredado
y
queporta consigocomo
trasunto
poderosode épocas
ante riores.América
seinventa (3).
Veamos
cómo:
"Los
árboles
son aquítan
poderosos que sus
hojas
llegan
a sermoradasafuerza de
verdura""La
belleza
de
estasislas,
con sus montesy
sussierras,
regadasde
abundantesríos,
esunespectáculo
queningunaotra
tierra
bajo
el solpuede ofre cerde
tan
magnífico"El
gloriosoAlmirante de la Mar
Océano,
de
cuyoDiario
hemos
extraídolas
anteriorescitas, escribe,
refiriéndosealos habitantes
de las islas
reciéndescu
biertas: "Todos
eranmuy bien
hechos,
hermosos
de
cuerpoy
agraciadosde
rostro...
No
están animadosde
envidianide
ambición por
los bienes
de los demás...
Están
atal
puntodesprovistos
de
artificioy dotados de
tal
generosidad en relación consuspropiosbienes,
que nadielo
cree ría sinhaberlo
visto antes".(4)
Cincuenta
años mástarde,
Bartolomé
de las Casas
escribirá,
por suparte:
"Estos
indios
sontan mansos,
y
decentes,
que más que cualquiera otra nación enelmundo enterosoninclinados
y
prontosaabandonarla
adoraciónde
susídolos
y
aaceptar,
provincia por provinciay
puebloporpueblo,
la
palabrade Dios y
la
prédicade la
verdad"."Los Lucayos
vivían realmentecomo en
la Edad de
Oro,
que poetasy
cronistashan
cantado.Creía
ver en ellosanuestropadreAdán
enlos
tiempos
en que vivía en estadode
inocen
cia".
(5).
Y
sinembargo,
hacia
1550,
Ginés de
Sepúlveda
dirá: "En
prudencia como enhabilidad,
en virtud como enhumanidad
estos
bárbaros
soninferiores
alos
españoles... Entre
ellosy
los
españoleshay
tanta
diferencia
como entre gentesferoces y
crueles
y
gentesde
extremadaclemencia,
o entre seresprodigiosamente
intempe
rantes
y
seres medidosy
templados.
Me
atrevería
adecir,
tanta
diferencia
como entre monosy
sereshumanos"(6)
Podríamos
tratar
de
explicarnosla
antinomia
de
estostextos
porla
oposiciónde
susrespectivas
intenciones. Colón y
Las Casas
tratan
de
engalanar suvisiónde
la
realidad paralograr,
unoy
otro,
apoyoa sus pretensiones.
Sepúlveda y
tantos
otros cronistasque nocitamos,
pero que comparten una misma visiónde
estas nuevasIndias,
pintan contrazos
oscuros una situación propia atoda
guerrade
anexiónquebusca justificarse.
Sin
embargo,
estaambivalenciaesantes
de la
percepción quede la
intención,
como
lo
pruebanlas
innumerables
imáge
nes visuales
del Descubrimiento y Con
quista que nos ofrecenidéntica
visiónbipolar.
Mostaert,
de
Bry
y
otrosdibujantes
que pusieron en
imágenes
sus propias experiencias olas
ajenas,
suelen pintarindígenas de
rasgoseuropeos,
ampliosde
torso,
segurosde
sí,
dominadores
en un universo armónicoy
equilibrado.Pero
también
podemos encontrarla
otra carade
esaimagen de América
que comienzaa aparecer:no
tan
sólo guerrerosferoces,
amazonas,
salvajesy
caníbales,
sinotam
bién
toda
la fauna
mitológicade
serpientes
aladas,
elefantes,
pájarosy
reptilesde
ninguna parte.Como
también
esas razasinfra-humanas
quedurante
tantos
siglospoblaron
las
tinieblas
de la
razón:seresde
cabeza
cuadrada,
hombres
descabezados
conla boca
en elombligo,
gigantesde
un sólopie,
melenudos conlas
rodillas alrevés,
comolas
avestruces.Monstruos
ge neralmente enemigosdel
hombre;
habi
tantes
no yade
esatérra
incógnita
que solíanindicar
los
mapasde
siglos anteriores,
sino pobladores verídicosde
estastierrasrecién
descubiertas,
comoesoshom-bres
azules queDiego Velázquez buscaba
desesperadamente.
América
nace-oseinventa- comounmito
bicéfalo. Es
que eldescubridor
-como en seguida el conquistador- es
él
mismounhombre de dos
cabezas.Es,
poruna
parte,
hombre del
Renacimiento,
re cién abierto alas
profundidadesde
símismo;
libre,
o en víasde
serlo,
de la
sujeciónde
señores,
de
gremiosy
corporaciones,
de
ciudadesy
estamentos.Se
dirije
con resuelto afán al mundo quedeberá
amparar sunacienteindividuali
dad:
conoce maresy
cielos,
indaga,
descu
bre,
destruye
y
mata.No
tanto
quizásparadar
rienda suelta a suimpetuosidad
reencontrada como para reconocer sus
propios
límites. Su
mirada estádoblemen
te
dirigida hacia
un pasadoidealizado y
que
ha
vuelto recién ainstalarse
enla
historia: las
edades clásicas sus antiguasleyendas (la
ciudaddorada,
la fuente de la
juventud eterna)
comohacia
unfuturo
posible,
que repetirála
edadde
oroy
alcual,
Tomás Moro y Campanella
acabande dar
una configuración realista.Pero
eldescubridor
tiene también
unacabeza medieval.
Sabemos
que elRe
nacimiento no es ruptura sino eclosión
largamente
preparaday
queconserva,
porlo tanto,
muchode
un mundo que está muriendo.Y
es a ese mundomoribundoal querecurreel
hombre
de
accióncuandodesea
entender ojustificar
algo quelo
sobrepasa.
Así,
todo
lo
novedoso puede no ser sino maquinacióndiabólica,
nidode
acechanzas,
sub-mundode
sombrasy
de
monstruos.El
conquistadoresundon
Quijote
que,
después de todo, ha
vencidoalmundo.
Y
comoelHidalgo ingenioso
eingenuo
enfrenta sus propiosfantasmas
con
furia y denuedo. Sólo
que,
desgracia
damente,
cerdos,
molinosy
esperpentosson,
enAmérica,
sereshumanos.
La
míticaimagen
de
estaAmérica
recién
descubierta
es, pues,
doble. De
unlado,
elContinente
Paraíso,
fuente
inago
table
de
recursos,
ámbito de la
vidafácil y
libertadora. Imagen
optimistaésta
que,
latente desde
elfondo de los
tiempos,
ha
logrado
movilizar millonesde
emigrantes que,
hasta
nuestrosdías,
han
venidoa poblarlas
regiones máseuropeasdel Con
tinente:
los Estados
Unidos,
Argentina,
Uruguay,
Brasil
atlántico,
Chile. Del
otrolado,
unaAmérica
de
tinieblas,
feroz
cuando
noindolente,
casisiempremenosquehumana,
la América del Indio y de la
naturaleza subversivos queterminará
imponiendo
su negraimpronta
aunalos
espíritus más racionales:
"América:
refugio
y
amparode los desesperados de Es
paña,
Iglesia
de los
alzados,
salvoconducto
de los
homicidas,
añagaza generalde
mujeres
libres,
engañocomúnde
muchosy
remedio particularde
pocos",
dirá
Cervantes
enEl
Celoso Extremeño.
Segundo
descubrimiento
ola
América
romántica.-
Dirija Ud.
una mirada al
Continente
que pienso
recorrer,
desde California
ala
Patagonia.
¡Cómo medeleitaré
en esta naturaleza
grandiosay
maravillosa!Probablemente
nadie se acercó
jamás
a aquella zona con unespíritu
tan
independiente y
tan
alegre,
conánimo
tan
activo.Carta de A. de
Humboldt,
1799.
El
hombre
del Renacimiento dará
origenal
hombre
Ilustrado,
del
cual,
asuvez,
surgirá elhombre
Romántico. La
aventurade la
conquistadel
mundo seconvertirá en
la
aventuradel
conocimiento.
La
ciencia reemplaza al saber autoritario,
elmonarcailustrado
alabsoluto,
los
valoresde justicia
alos de
obedienciay las
buenas
maneras
ala
fogosidad
inmadura.
viajes
de
exploracióny
revoluciones porvenir,
aparecerá elhombre
románticoque,
no sincosto,
añadirá alos
valores que proclamala
surgenteburguesía
elsenti mientodel
otro comoigual
a unomismoy
la
rebeldía comofactor
del
espíritu.También
América ha
cambiado.Entre
elindígena,
cultural,
políticay
racialmente
sometido,
y
elpeninsular,
señorde
vidasy de
haciendas,
ha
surgido elcriollo,
cuya existencia seextiende en un abanico social que abarcadesde
modos
y
hábitos
casitotalmente
autóctonosauna europeización cabal.
Algunos
gruposhumanos
venidosde África
coloreany
avivan este
mosaico,
sobretodo
enlos
aledañosde ingenios y factorías.
La
cienciay la filosofía han
reemplazado,
pues,
enEuropa,
al mito.Améri
ca,
por suparte,
ha
visto surgirciudades,
puertos,
formas
socialesde
corte europeo. ¿Cuálesla imagen
que esta nuevaEuropa
se
hace de
esta nuevaAmérica?
Veamos lo
que expresa unhombre
de
ciencia,
el naturalistaBuffon:
"En
tal
estadode
abandono(se
refiere
ala
naturalezaamericana), todo
lan
guidece,
secorrompey
sesofoca;
el airey
la
tierra,
sobrecargadosde
vaporeshúme
dos y
dañinos,
nologran depurarse
nibeneficiarse de la
influencia del
sol;
éste
envía
inútilmente
sus rayos más vivaces contra estamasafría,
peroésta
noestáen condicionesde
respondera su ardor.Es
así comoAmérica
nologrará
producir sino sereshúmedos,
plantas,
reptiles einsectos. No
podrá alimentar sinohom
bres fríos
y
animalesdébiles"
(7).
Algunas décadas
mástarde,
elfiló
sofo
Hegel
añadirá algunas consideracio nestocantes
al espíritude los
americanos quecompletaránla
visiónnaturalísticade
Buffon:
"Tenemos
noticias acercade las
civilizaciones americanas,
pero ellasnosdicen
simplemente que setrataba
de
civilizaciones
naturales,
quedebían
sucumbir
ala llegada del
espíritu.América ha
sido
y
sigue siendoimpotente desde los
puntosde
vistafísico y
espiritual".Y
añade: "La
mansedumbrey
la
carenciade
espontaneidad,
la humildad y
una sumi sión rastrerafrente
al criolloy
con mayor razónfrente
aleuropeo;
tal
es el carácter principalde los
americanos.Pasará
mu chotiempo
antesde
quelos
europeoslogren darles
unpocode dignidad
personal.
La inferioridad de
estosindividuos,
incluso
enlo
querespecta a sutalla,
es algo patente"(8)
Sin
embargo,
del
mismo modo quela imagen
americanade
tiempos
de la
conquista
y
colonización reconocíados
vertientescontradictorias,
asítambién
aquella que seforja
hacia
mediadosdel
sigloXVIII
poseealgunos rasgosque,
sin entrar en contradicción absoluta conla
que encontramos enlos
textos
citados,
implica
al menosla
persistenciade
unavisión optimista
del
hombre,
del hombre
americano.Es la
actitud que está en el origendel
mitodel
"buen
salvaje",
este serde
sentimientos purosy de
corazónabierto,
de inteligencia fácil y de habili
dad
innata,
que vive en contacto estrechocon una naturaleza antes
benevolente
quehostil y
querechaza,
por voluntadoigno
rancia,
la
vida urbana.Mito
amable quela
críticade
Montaigne
hizo
posibley
Rousseau
elevóa categoríafundamental
de la
humanidad.
Voltaire,
de
Foe,
B.
de
St.
Pierre, Chateaubriand,
le darán la
verosimilitud
de la
existencialiteraria,
ha
ciendodel
buen
salvajeunafigura
típica
menteamericana.Pero,
trascendiendo
el mitoy la
leyenda,
rechazandola fácil
generalización sobre
la base de
supuestos,
usando eldescubridor de
estaAmérica
vieja yade
casi
tres
siglosesAlejandro
de Humboldt.
En
unmomentoen que el mundoestaba ya repartido
y
enquetoda
explora ciónno erasinounaempresacomercial,
elviaje
del Barón de Humboldt
por elinte
riorde América
es una aventuratípica
menteromántica.
Admirador
de
Goethe,
contemporáneode
Hegel,
de
Kleist,
de los
hermanos
Grirnm,
bajo la influencia
confesada
de
Rousseau,
de Chateaubriand y
de St.
Pierre,
el suyo será un viaje enbusca
del
otro;
del hombre
y
del
paisaje antes quede
lo
insólito
oespectacular,
de lo
familiar
antesexótico,
de
síntesis antes quede
análisis.Capacidad de
observa ción científicay
sensibilidad ante el paisaje,
dos-
capacidadesde Humboldt
que marchanmuy
de
acorde con el pathos romántico.Treu
undlebendig
-compromisocon
la
verdady
conla
vida-era,
como sesabe,
la divisa de
su generación.O,
comodirá
eltambién
románticoVíctor
Hugo
mástarde,
refiriéndose alos
objeti vosde
su visión poética:la
nature,
done la
nature et
la
vérité.He
aquí,
amodode
ejemplo,
unade
las
tantas
observacionesde Alejandro de
Humboldt
enAmérica:
"Cuando
sedice
queel salvaje no puede ser gobernado sino mediantela
fuerza,
sehacen falsas
analogías.Estos
indios
del Orinoco
tienen
algode infantil
ensus expresiones
de
alegría o enla
suce sión rápidade
sus emociones.Pero
ellos no sonniñosquehubieran
crecido;
lo
sontanto
como esos pobreslabriegos del Este
de Europa
aquienesla barbarie de
nuestras
instituciones feudales
mantiene aun enla
mayor sujeción.Considerar
el em pleode la fuerza
como el primeroy
único
mediopara civiüzar unsalvajees un prin cipio
falso
en su aplicación alos
pueblos como en el casode la
educaciónde
la
juventud"
(9).
Buffon
comp
arabalos
amplios cam posde
trigo
de Europa
conlo
quede
oídas sabíade
ciertas regionestropicales;
Hegel,
de la
carenciaenlos
americanosde
una concepciónevolucionistade la historia
así comode
susdiferentes
modalidadesde
medireltiempo,
deducía
sufalta de
espí ritu.Alejandro
de
Humboldt,
quizá elprimero,
añade ala
objetividadqueotor gasólola
experienciadirecta y
vivida,
la
sensibilidad razonadora que
le lleva
a com pararlo
comparable:elindio
americanoy
el siervo europeo.Pero
estaimagen
de América
quese
forma
a partirdel
Iluminismo,
nopor ser menosmítica,
más racionaly
moderna,
es menos ambivalente: unContinente
hijo de
Europa,
en plenay bullente
trans
formación,
peroinmaduro y
retrasado,
no se sabe si porincapacidad
congénita o por simpledesfase
enla
marchainmarcesible
del
progreso.Esta imagen
europeade
América-niña-aunestambién,
porcierto,
la
imagen
quelos
americanos,
en sudependencia
cultural, tienen
de
símismos.Y
dada
sufundamental
ambivalencia,
estaimagen
se reflejaráde
mododiverso
enlos diver
sos estamentos sociales que
han
surgido en el nuevoMundo. Españoles
y
criollosenriquecidos,
dueños del
poder,
identifi
cados con
la Corona
española,
adoptarán conautosuficienciay desdén la
imagen
de
una
América
enpermanenteminoridady
se aferrarán al sempiterno cargode
patriarcas
que podránllegar
a serbenévolos
peroquenuncadejarán de
serabsolutos.Para
los
criollosliberales,
cuyos añosde
aprendizajesoneuropeos,
pero cuyafilia
ciónlo
es sólo amedias,
América
aun cuandoinmadura,
lleva
en sítodas
las
posibilidades
de
construiruna gran civili zación.Es
aellos,
mejor que a otros a quienespuede aplicarsela
afirmaciónde
Octavio
Paz:
"la
palabra americanodesig-nó a un
hombre
queno sedefinía
porlo
que
había
hecho,
sino porlo
queharía"(10). En
ellos pesará siempre esa radicalambivalencia
de
nuestraimagen
fabrica
da
enEuropa:
América,
tierras
del "ser
nunca, todavía".
Tercer
descubrimiento
ounaAmé
rica
de
museo.De
todas
las
artes que unafalazclasificación
da
elnombrede
primitivas,
y
que algunos
de
los
más connotadosy
furiosos
representantes
de
nuestratriste
civilizacióntildan
de
salvajes,
la
másmisteriosa
es quizá aquella quesurgió en elcontinente americano.
No
conocieron
la
rueda nituvieron
contacto con otrascivilizaciones.
Pero,
sinembargo,
en estospueblos
de
América,
la
idea y la
abstracciónseelevaron aunaaltura que otrascivilizaciones
raramente
han
alcanzado.Tristan
Tzara,
Cahiers
d'Art. Pa
rís.
1920.
Desde la
segundadécada
del
sigloXIX,
la fiebre
de
viajeshacia
elContinente
nuevamente
descubierto y
yaliberado de
la
tutela
hispánica dará
origena unaim
presionante cantidad
de
relatos,
de dia
rios
de
vida,
de dibujos y
grabados representativos
de la
vidaamericanade
entonces.
Casi
comocontrapartida,
comienzana
llegar
alos
paíseseuropeos,
porla
misma
época,
multitudde
objetos -algunosde
metal,
otros en piedra ocerámica,
talla
dos,
esculpidos,
pintados- mudostesti
monios
de
antiguascivilizaciones americanas
desaparecidas.
La
excelentefactura
de
estas piezas: su perfectococimiento,
modelado
y
ornamentación,
en el casode
las
cerámicas; la fineza de
suejecución,
cuando
sonde
platay
otrosmetales;
la
expresividad
hierática de la
piedra; todo
contribuye
ahacer
de
ellospequeñas obrasde
arte.Pero,
al mismotiempo,
sudesco
nocida
filiación
culturaly
la
absolutafalta
de
familiaridad
consusformas
expresivaslos
convierte másbien
en curiosidadesantropológicas
oetnológicas.Y
aun cuando
fueron
encontrando ubicación enlos
Museos
y
colecciones
de
objetos exóticosque por entonces comienzan a
surgir,
nunca
lograron insertarse de
modo plenoen elUniverso del Arte. La
creciente cantidadde
estos objetos -productosde
excavaciones
y de
grandes obrasde inge
niería realizadas en
diversos
sitios-fue
formando
poco a poco un conjuntode
gran
envergadura,
llegando
a constituirunaverdadera
América de
Museo,
ocupando su
lugar
en vitrinasy
galerías o enhogares de
millonarios,
pero perfectamente
mudos.La imposibilidad de
recuperarsu
honda
cargaexpresivales hacía
sumirseen
la
mera apariencia.Todas
estasjoyas
mexicanaso
peruanas,
estosjades y
tur
quesas
andinas,
esas armasy
esostejidos
sutiles,
esas cerámicas multicoloresestaban
simplementeallí,
en una presenciaperfectamenteausente.
Del
mismo modoquela América
viva,
de
tierra
y de
hombres,
durante
tres
siglos no
había
sidosinouna entidad puramente
geográfica,
que sólo una nuevamirada -como
la de
unAlejandro de
Humboldt- podía
incorporarla
ala histo
ria,
así estaAmérica
de Museo
esperabala
nueva visión que pudiera
hacerla
partícipe
de
la
existenciahumana
y
de la historia.
Un
cambiode
perspectivaque,
sindejar
de
considerarestosobjetos extrañoscomoproductos paradigmáticos
de
culturasdesconocidas,
viera en ellosla huella de la
creación
humana,
la
impronta
de
universalidad
y
significación que sólola
obrade
arte es capaz
de
portar.Solamente
uncambio
de la
sensibilidadestética puededar
esta nuevaperspectiva.Como la
que,
ensu
día,
permitióreconocery
valorarlas
subyugantes
formas del
arte gótico másallá
de
susimbolismopuramentereligiocreadoraa
las
máscaras eídolos
africanos.Sensibilidad
nueva,
quereconocemosenGauguin,
enlos Fauves y
unade
cuyas expresionesmásfamosas
llevará
portítu
lo "Les demoiselles
d'Avignon"Así
comonosotros,
americanos,
nosapropiamos
de
la imagen de América for
jada
enelsigloXVIII
francés,
así nuestrasensibilidad,
formada
porEuropa,
nosha
permitido
darle
aestos objetos -nuestrossi
los
hay-una cartade
ciudadanía quela
propia observación
y
contacto nonoslo
permitió
jamás.
Incluso
entreamericanosde
hoy,
tan
abiertos alas muy diversas
formas del
arteextranjero,
existe una cierta resistencia,
uncierto rechazohacia
aquello
que nopareceencajarde
modo naturalen nuestro
Universo
cultural.Aun
cuando
voluntariamente eintelectualmente
reconozcamos enestos objetos precolom
binos
parteimportante
de
nuestraheren
cia
cultural,
nos resistimosincorporarlos
de
modo vivoy
creador a nuestra vidacotidiana.
Es
comosiellosmismos se esforzaran
en mantener esafalaz
presenciade "bibelot Gracieux d'inanité
sonore"de
que
hablaba
Mallarmé;
propiade
esasuperficialidadenigmática
de
unproductosemi-natural
fácil
de
obtener arañandola
tierra.
Es muy
posible que este retraimiento,
queestesilencio, tenga
mucho que vercon
la
tajante
discontinuidad histórica
entre su
tiempo
y
elnuestro,
conla
rupturaprofunda entre
las
formas de
vida a queellos
hacen
alusióny la
nuestra.Algo
queno
sucede,
sinembargo,
cuando setrata
de
unafigurilla
de Tanagra
ode
una máscara gabonesa.
A la
una,
por venirde lejos
pero no
de
afuera,
ala
otra por su aceptada
modernidad,
les
es másfácil
conciliarsu existencia con
la
nuestra.Segundo
Movimiento: Una Histo
ria
de dos
ciudades.El
puentede
unbarco
con rumbo aAmérica
ofrece alhombre
moderno más adecuadamente que
Atenas
unaAcrópolis
parasus plegarias.
Desde
hoy
te rechazamos,
ohanémica
diosa,
nodrizade
unacivilización
enclaustrada!
Por
encimade
esoshéroes
navegantes,
exploradoresy
conquistadoresdel
Nuevo
Mundo- que(esperando
el viaje ala
luna)
corrieronla única
aventura supremaque
ha
sido propuesta ala
humanidad,
mipensamientoseeleva a
vosotros,
sobrevivientes
de
una retaguardiaqueha
sido propuesta ala
humanidad,
mi pensamiento seeleva a vosotros,
sobrevivientesde
una retaguardia quetan
cruelmente pagó elhonor
de
mantenerlas
puertas
abiertas,
Indios,
cuyo ejemplo enriqueció
la
sustancia con que nosnutriónuestraescuela a
través
de
Montaigne, Rousseau,
Voltaire,
Diderot. ¡Oh,
Hurones, Iraqueses,
Caribes,
Tupíes,
heme
aquí!.C.
Levy-Strauss.
Tristes Tropiques.
Después
de todo, Hegel
tenía
razón.
Los
pueblos autóctonosde
América
no
tenían
historia. El
cómputo cíclicodel
tiempo, la
tradición
oral que asientaenla
correcta expresión
del
texto
memorizadola
sola verdadexistente,
la
confusión entre
crónicay
poesía,
la
imposibilidad
de
comprender un
hecho
nuevo,
como porejemplo
la
propiaConquista,
sinentroncarlocon el
pasado,
conla
palabraconservada,
sontodos
indicios de la
ahistoricidad
de
las
culturasprecolombinas.
No
hay
proceso,
dirección,
finalidad,
en
los
trabajos
y
los días
precolombinos.No
hay
tampoco
necesidad.Y dado
que,
para nuestro
Hegel,
es enla
necesidaddel
desarrollo
de
la historia donde
secumplela
Idea,
donde irrumpe
elEspíritu,
no esen
América,
continenteinacabado desde
y
parasiempre,
donde éste habrá de
soplar.
No
puedehaber,
entonces,
historia
de dos
ciudades,
nide dos
pueblos,
nide
dos
culturas.Y
sinembargo,
bien
pudierapueblos
cualesquiera
de la
vasta zonacostera
del
Perú,
de dos
culturas que noconocieron ni
la
ruedatal
vezla
escritura,
encontremos
trazas
de
eseEspíritu.
No.,
como
Historia,
dése
luego,
pero sítal
vezcomo
Idea,
comoUniversal
concreto.Re
corramosun
instante
la
existenciade dos
civilizaciones preincásicas que
florecie
ron
hacia
elNorte,
acomienzosde
nuestraera
y
que,
algunos siglos antesde la llega
da del
conquistador españolhabían
yadesaparecido. Las
culturasNazca y
Mochica.
Una
clasificacióntradicional
de las
culturasprecolombinas señala
que,
entrelos
siglos primeroantesde Cristo y déci
mo
de
nuestraera, aproximadamente,
seextiende el período
floreciente
o clásicode
estas culturas.
Aun
cuando esta clasificación
ha
envejecidountanto,
pues notoma
encuenta
diversas
situacionesde difusión
discrónica de
algunosestilos omodosfor
males,
ella nos pareceútil
como referencia enrelacióna ciertoshechos
básicos. Antes
de la
primerafecha
indicada,
elhombre
americano
había logrado
ya plenodomi
nio sobre su
habitat. El
conocimientode
las
técnicas
de
cultivo,
de los
ciclosde la
naturaleza
y
de las
condiciones climáticasle ha
permitidodejar la
pescay la
cazacomo
fuentes
principalesde
sustento.El
emplazamiento
definitivo de
gruposhu
manos en zonas agrícolas cercanas a
la
costa
y
la
utilizaciónde
técnicas
que requierenunalto
desarrollo del
saber, tales
como
la
alfarería,
el urbanismoy la hi
dráulica,
le
permiten modificar profunda mentesu ambiente einiciar
un mileniode
sostenida
civilización.Durante
todo
este período surgeny
desaparecen
varias poblaciones.Entre
ellas
sedestacan
dos
pueblos,
dos
culturas cuya
definida
personalidadpodemosreconstruir
a partirde lo
poco que eltiem
po nos
ha
preservadode
ellas.El
puebloMochica,
disperso
alo
largo de
unos350
kilómetros de
costa,
hacia
el nortedel Perú
actual,
estaba constituido
por varias ciudadesdependientes
de los
pocos sistemasfluviales de la
zonaque
luchan desesperadamente
porllegar
al mar.
El
puebloNazca,
por suparte,
unos mil
kilómetros
hacia
el surde
suscontemporáneos
y desconocidos
vecinos,
seestructurada
también
en varias poblaciones cercanas a
la
costa.No
hubo,
alparecercontacto algunoentre ambas cul
turas.
Sus
características,
enlo
generalsimilares,
forman los
rasgos propiosdel
llamado Período floreciente:
pequeños poblados ligados
entre sí porlengua,
etniay
hábitos
comunesy
cuyo sustentoestabaasegurado por el cultivo racional
de
varias especies
autóctonas,
primordialmen-te
el maíz.En
ambassociedades el ritmode
la
existencia era sinduda
semejante,
regulado por
las
estacionesy
eltrabajo
agrícola,
origende la
mayorpartede
susritos
y fiestas. Condicionado
por guerrasfrecuentes,
en generaldefensivas
contra grupos menos civilizados quedestruían
sus cultivos.
Cazan
más por placer quepor
necesidad,
aunquelos
productosdel
mar
les
proveende
unabuena
cantidadde
proteínas.
Ambos
pueblos,
Mochica
y
Nazca,
han
logrado
un perfeccionamiento
similar en ciertastécnicas
artesanalestales
comoelmodelado,
pinturay
cocciónde
cerámica,
eltrabajo
delicado del
oro,
la
plata
y
elcobre,
el usoy
ornamentaciónde
fibras textiles,
etc.Saber
prácticode
ordensuperior,
de
unaTechne
en su sentidoaristotélico: en elpueblo
Mochica,
ela*tede la
irrigación
artificial,
queles
permitiráconstruir miles
de kilómetros de
canalesy
otras obras
de
ingeniería,
muchasde las
cuales se encuentran aun en uso.
En
elcaso
del
puebloNazca,
la
confecciónde
un calendario que se
regula,
alparecer,
Se
trata
esteúltimo,
de
una obragigantesca,
inmensos
diseños
geométricosy
figurativos,
sobre una alta meseta costera quenologran
aunserenteramentedesci
frados
en su compleja estructuray
quesólo
la
perspectiva aérea permitiódescu
brir.
La
vidade
ambospueblos,
Mochicas y
Nazcas,
se nos aparece como una granorquestaciónde la
queforman
parte,
por unlado,
elhombre
quesehu
maniza en el
trabajo
creadory
en el ocioy,
por
otro,
los
elementosde
una naturalezaespléndida: altas montañas
de
nevadospicos,
un marinquieto
aunque siempregeneroso
y,
entre mary
montaña,
elde
sierto
de
abigarradoscolores.Pero,
comotrozos
en unatonalidad
diferente,
aunquesobre el
fondo de
unmismotema
americano,
surgen algunasdesarmonías.
En
primertérmino,
unleve despla
zamiento
temporal.
La
culturaMochica
alcanza su apogeo entre
los
siglosTV y V
de
nuestra era.La
culturaNazca,
entrelos
siglos
V y VI. Pero
es entérminos
de
organizaciónsocial
y de
creaciónartísticadonde las diferencias
entre ambos pueblos
son más significativas.La
civilizaciónMochica
constituyeun ejemplo característico
de las llamadas
culturas
de
regadío(11),
entrelas
quesereconocen
los imperios
inca,
egipcioy
mesopotámico.
En
estetipo
de
civilizaciones,
la
extensióny
mejorade los
cultivosy
elabandono
de la
cazay la
pesca comoúnicos
mediosde
existencia provocaunaumento
de la
poblacióny,
en consecuencia,
la
necesidadde
una mejory
mayor explotación agrícola.Luego,
elagotamiento
de las
capacidadesproductivasde los
valles
irregularmente
regados porla
naturaleza
-comoes el casode la
costanortedel
Perú- conduceala
mancomunidadde
variospoblados envistasa
la
realizaciónde
obrasde
regadío comunes.La
construcción,
enseguida,
de
un sistemamásamplio requerirá
la
organización,
direc
ción
y
alimentaciónde
grandes masade
trabajadores, lo
que conducirá a nuevasformas de
organización social.Podría
de
cirse quees
éste
elmomento en que apareceel
Estado,
como unaforma de
dirección
máso menos
despótica
ejercidapor quienes
disponen del
sabery
de
mayorascendiente: la
clase sacerdotal.Este
tipo
de
gobiernorequiere
la
ocupaciónconstantede
esagran masade
trabajadores
esclavao servil
que,
sino,
permanecería ociosauna
buena
partedel
año.Para
suempleo,
el
Estado da inicio
ala
construcciónde
grandes obras
urbanísticas,
ciudades, tem
plos, pirámides,
caminos, murallas,
etc.Con
estetrajín
aparecenlos
especialistas:técnicos
eingenieros
encargadosde la
construcción
y
mantenimientode la infra
estructura material
de la
sociedad;
artesanos
dedicados
a producirlos
objetosde
alta calidad
y
enla
cantidad que requierela
clase superior para suuso,
boato y
ceremonia.
Finalmente,
el crecimiento constante
de la
población,
los derroches de la
clasedominante
o el simpleanhelode
gloriay
conquista
llevan
ala
anexiónde
nuevosterritorios,
al surgimientode
una clasemilitar que reemplazaa
la
casta sacerdotaly
ala decadencia y
muertede
esa cultura.Esta
es,
enlíneas
generales,
la histo
ria-hastaciertopuntofigurada-
del
pueblo Mochica. Pero
ella-estahistoria-aparece en
los
restosde
susciudades,
enlo
queda
de
sus gigantescas pirámidesde
adobes,
en su monumental sistemade
regadío que continua conduciendoel agua.
Pero
la
encontramostambién
referida ensus artes.
El muy
ricotalento
narrativodel
ceramista
Mochica
supodibujar
-y
sobretodo
modelar-los
aspectos más sobresalientes de
su vida cotidiana.Sus
labores
flora
y
la
fauna
de
sustierras,
la
vidaoficial,
con sus sacerdotesy
dignidades,
sus militaresen
la
guerra o con elfruto de
sus
victorias,
suprecisaimaginativa
erótica,
la
enfermedady la
muerte.En
suma,
una especie
de
"diccionario
ilustrado"del
pueblo
Mochica,
comoha
sidollamado
estevasto conjunto
de
representaciones,
escenas
y
personajesy
que nos permiteformarnos
unaimagen
casicompletade
sus existencias.
La
verdades quenientrelos
egip
cios ni entre
los
etruscospodemos encontrar
una visióntan
precisade
la
realidadcotidiana,
uninventario
tan
precisode
la
fauna
y
la flora locales. Aun
cuando estacerámica
haya
estadodestinada
a servirlas
ceremonias militares oreligiosas,
aparece como
liberada de las
exigenciasdel
relato oficial
de los hechos y de la
sumisión a
los
personajesimportantes. En
los
retratos
de
grandesseñores,
nadahay
de
una actitud servil o
temerosa
sino másbien
una proximidadfácil. De
esta cerámica naturalista
del
puebloMochica
podemos
deducir
una visiónamable,
optimista
de la
realidad.Un
sentimiento comode libertad
recientemente adquirida parece surgir
de
estasformas
plenasde
simpatía,
de
humor,
a vecesde
respeto,
perojamás de
temor.
Pero
esta singular capacidadde
decirlo
todo
através
del
modeladode la
arcillano
iría
más alláde
unatécnica
y
unadestreza
excepcionalessi acaso no encontrásemos
en esta vasta colección algunassingularidades.
En
primertérmino,
notoda
la
vidadel
puebloMochica
ha
sidopor
él
representada.Faltan
allílos
trabajos
serviles,
comola
construcciónde
pirámides y de
obrasde
regadío.Falta
asimismotoda
referenciadel
artesano su propiotrabajo. Aspectos
todos
que encontramossin
embargo
en otracultura similar comola
egipcia. ¿Cuáles,
podríamos preguntarnos,
la
razón porla
que algunostemas
propios
de la
vidade
ese pueblo no seencuentran representadosen sus cerámi
cas?
Pues
tampoco
hay
referencia,
enlas
artes
de
esepueblo,
a esas otrasactividades
máshumildes
peroindispensables
como
las
labores
domésticas,
la
vidafami
liar
uotras.Es
comosidos
grandes parcelas de la
vidafamiliar
uotras.Es
comosidos
grandes parcelasde la
vidade los
Mochicas
nos estuvieranvedadasde
conocimiento:
los
grandestrabajos,
seguramenteserviles
y
las ínfimas labores de la
sobrevivenciacotidiana.
Las
tendencias
naturalísticasenlas
artes,
como yalo
veíaWorringer,
(12)
implican
una aceptacióncabaldel
mundo,
unarelación amabley
panteísta quelleva
alhombre
aidentificarse
-víala
proyección
sentimental-con
todas
las formas
orgánicas
del
universo.Pero
esteimpulso
a
la
identificación,
paratransformarse
enobjeto
artístico,
requierede
una voluntadde forma
queobjetive,
que otorguedis
tancia,
aaquello queseráforma
estética.Y
es en ese
doble
procesode
creaciónde
unmundo objetivo
y de
nacimientode la
conciencia en el
individuo,
que surgela
obra
de
arte.En
elcasodel
naturalismoMochica,
estaidentificación
es sólo conuna parte
del
mundo real. ¿Por qué elalfarero
Mochica
-podemospreguntarnos-pareciera no parar mientes en
lo
que constituía,
por unaparte,
la
cotidianeidadbanal
y,
porotra,
las
grandesconstrucciones,
apoyadasen el
trabajo
servil?Nos
parecever aquí un paradigma:
la
constitución,
enla libertad
de la
experiencia,
de
unmundohumano
universal.Un
mundoque,
de
modo
natural,
comienza aformarse
conaquello
que,
nolimitado
porla
coacciónexternani por
los hábitos de lo
cotidiano,
surge a
la
vezcomo objetoy
comoimagen
disponibles:
los
seresde la
naturalezavistos
sin sujeción obsesivaalmito,
elOtro
enconduce al placer
y
noala
reproducción,
el
humor,
las
enfermedades,
la
muerte.Este
espaciode libertad
personalse nosrevela,
porejemplo,
enla
ricagaleríade
retratos que nos ofrecela
imaginería
alfarera
de
este pueblo.Aquí
encontramos,
en primertérmino,
modelados casi confruición,
unaseriede
personajes mar ginales.Quizás
objetode
desprecio,
tal
vez venerados por su singularidad cho
cante,
estos seresdeformes,
ciegos,
mutilados, desollados,
enfermos,
idiotas,
for
man parte
importante de la iconografía
del
puebloMochica. Sólo
enla época
helenista
puede encontrarse unatenden
cia semejante a representar
lo
insólito
den-tro-de
lo
humano,
quefue,
comosabemos,
una
forma de
negarlos
cánones abstractosde la belleza
clásica.Pero
lo
más sobresaliente
en esta colecciónde
retratos,
sonlas
figuras
modeladasde
grandesdignatarios.
El
retrato esla
percepcióncabaldel
otroy
presupone,
portanto,
unafundamental
identidad
conél.
La dignidad
majestuosao
la distancia desdeñosa
sólo puedendes
cribirse por quienesson capaces
de
ponerse
fuera de
ellas.Si
recordamos quetanto
los
emperadoresincas
comolos
aztecas se guardaban celosamentede
ser observados
por susgobernados,
bajo
penade
muerte,
y
que,
en otrasculturas,
el cronista
tiende
adesaparecer
enla impersonali
dad de
surelato,
deberemos
conceder alretratista
Mochica
un considerable mar gende libertad
personaly
a sucultura,
al menos en ciertosrespectos,
un carácterlaico y
desaprensivo.
Prácticamente
contemporáneosdel
puebloMochica
los Nazcas desarrollan
suvida al sur
del
Perú
actual.A
diferencia de
lo
que acontece conlos
Mochicas,
no en contramos enla
zonahabitada
por este nuevo grupode
pueblos,
resto algunode
grandesconstrucciones,
templos
o pirámides,
comotampoco
obrasde
regadío.Del
gran númerode
tumbas
abiertas enesta zona parece
desprenderse
que setra
taba
de
una sociedad que sedividía
en varias pequeñasciudades,
másbien
autónomas
y
hasta
cierto puntodemocráticas.
No
existentrazas
de la
existenciade
unpoder central ni
de
una religióninstitucionalizada.
A juzgar
porla
dispo
siciónde
las
tumbas,
el arreglode
los
cadáveres
y la
ornamentaciónde
sus cerámicas,
setrataba
de
un puebloprofundamente religioso
y
celoso en el cumplimiento
de
sus ritosy
ceremonias.El
artede
estosantiguos americanosnos revela una extraordinaria capacidad enel manejo
de
los
colores,
acompañadade
unciertodescuido
en el modelado.En
sus
jarros de formas bastante
regulares,
confeccionados con una perfección
técnica
no alcanzada por otras culturas
(se ha di
cho quela
cerámicaNazca
sólo esinferior
a
la
porcelanachina),
parecieraqueel artesano
Nazca
sehubiera
complacidoen realizar
algo másque objetosde
uso cotidianoo ceremonial.
Como
si setratara
de
una sinfoníade
colores(empleando
a veceshasta
oncetonos
diferentes)
apoyadaenel equilibriodel dibujo y de las
superficies,
el alfareroNazca
armonizala decoración
conla forma del
vaso utilizando una estilizaciónde las figuras
quelleva
ala
abstracción.Tanto,
quesemejanzay
modelado pierdentoda
importancia
frente
aljuego
de
formas
y
superficiescoloreadas.Los Nazcas
estánenlazadoscon
la
culturatardía
de
Paracas
de la
cual proceden extraordinariosteji
dos,
de
trama
fina y luminoso
colorido que sehan
mantenidointactos
por casidos
milenios.Apoyados
enla
regularidadde la
trama
y
representandofiguras
humanas,
animales
y
antropomórficas,
estostejidos
hacen de la
estilizacióngeométrica,
de
la
simetría
y de la
repeticiónlos
elementosfundamentales
de
un artequeseprolonga,
sinsolución