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CRITERIOS PARA LA FORMACIÓN DE HOMBRES Y MUJERES EN LOS COLEGIOS DEL MAM

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Academic year: 2021

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CRITERIOS PARA

LA FORMACIÓN

DE HOMBRES Y

MUJERES EN LOS

COLEGIOS DEL

MAM

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Nuestro Proyecto Educativo, dentro de su visión de hombre, nos recuerda que "Dios ha creado al hombre y a la mujer con sus diferencias físicas y psicológicas"1. Iguales en dignidad por su

condición de persona humana, hechos a imagen y semejanza de Dios2 hombre y mujer no son

idénticos. Dios los quiso diferentes, para que se ayudaran y completaran mutuamente. Al crear a la mujer, dijo Dios: "no es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada"3.

Hombre y mujer son, pues, el uno para el otro una ayuda adecuada para poder cumplir con su vocación esencial: la comunión en el amor, a imagen de la Santísima Trinidad que los creó. En esta comunión entre hombre y mujer, cada uno aporta desde lo propio de su ser, desde su especificidad. Por ello, hombre y mujer son distintos, no sólo físicamente, sino también en su modo de ser, en su psicología, su desarrollo e incluso en su espiritualidad. En respuesta a esta sabiduría creadora de Dios, como educadores debemos atender a estas diferencias, educando a nuestros alumnos explícitamente en la dignidad y complementariedad de su ser hombre y mujer, de modo que ambos se conozcan, estén dichosos y agradecidos de ser lo que son, y comprendan que están llamados a fundirse y no a confundirse, a complementarse y enriquecerse el uno al otro. Que cada uno conozca, valore y busque ser plenamente lo que es, para desde ahí aportar al otro y a la sociedad.

Este reconocimiento de las diferencias entre hombres y mujeres seguramente implicará una contra cultura en la actualidad, en que prima la tendencia hacia la igualación entre ambos sexos, los conceptos de género y la ambigüedad en la definición sexual de los individuos. Como afirma monseñor Fernando Chomalí, un factor propio de este tiempo es "la tendencia cada vez mayor a anular las diferencias sexuales entre las personas, lo que obstaculiza el proceso educativo de los jóvenes y les impide a veces educarse en su ser varón o mujer"4.

Para que nuestros niños puedan llegar a ser plenamente hombres y mujeres en esta sociedad, será por lo tanto fundamental desarrollar en ellos el sentido crítico frente a los mensajes publicitarios y el ambiente en que viven y la capacidad de dar razón de sus actos con solidez y valentía.

La naturaleza humana femenina y masculina tiene su sentido profundo en la vocación común a la comunidad en el amor. El hombre y la mujer fueron creados por Dios como una unidad de los dos que, en el sacramento del matrimonio y en la maternidad y paternidad, están llamados a reflejar en el mundo la comunidad de amor que se da en Dios, un Dios que es amor y comunión5 .

Su vocación al amor es un llamado a existir para los demás, a convertirse en don, tal como el Dios que les dio la vida. San Pablo explica el sentido del sacramento del matrimonio como signo del amor de Dios por su Iglesia, el que es a la vez el modelo supremo del amor entre el hombre y la mujer: "varones, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se

1 PE MAM, p. 18. 2 Gn 1,27 3 Gn 2, 18 4

Monseñor Fernando Chomalí et al., “La Homosexualidad. Algunas consideraciones para el debate actual acerca de la homosexualidad”, Ediciones Pontificia Universidad Católica de Chile, 1998, p. 10.

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entregó por ella6 "Nuestros obispos en Aparecida nos invitan a formar a hombres y mujeres

para vivir en "una comunidad de iguales en la diferencia7", en "reciprocidad y colaboración

mutua"8.

Como declara el Catecismo de la Iglesia Católica: "corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual femenina o masculina. La diferencia y complementariedad física, moral y espiritual está orientada a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos"9.

En nuestra tutoría tenemos un excelente instrumento para formar a nuestros niños y niñas en la paternidad y la maternidad a partir de modelos cercanos e identificables, lo que preparará a los niños y jóvenes para discernir con mayor claridad su vocación a la familia o al celibato. Hoy, la pérdida del sentido de la maternidad y la paternidad es gravísima, por lo que debemos buscar los medios más adecuados para educar a nuestros niños y jóvenes en el aporte propio del hombre y de la mujer en la familia y en la sociedad, de modo que no entren en la dinámica estéril y destructiva de la competencia, sino en la de la complementariedad y donación mutua, querida por Dios.

Respecto de esta misión propia de la mujer y del hombre en la familia, debemos escuchar con atención la voz de nuestros obispos en Aparecida cuando nos dicen que "urge valorar la maternidad como misión excelente de las mujeres. Esto no se opone a su desarrollo profesional y al ejercicio de todas su dimensiones, lo cual permite ser fieles al plan originario de Dios que da a la pareja humana, de forma conjunta, la misión de mejorar la tierra. La mujer es insustituible en el hogar, la educación de los hijos y la transmisión de la fe. Pero esto no excluye la necesidad de su participación activa en la construcción de la sociedad10. Para ello,

se requiere propiciar una formación integral de manera que las mujeres puedan cumplir su misión en la familia y en la sociedad" ¿En qué consiste la esencia de esta misión? "Recibir la vida, acogerla, alimentarla, darla a luz, sostenerla, acompañarla y desplegar su ser de mujer, creando espacios habitables de comunidad y de comunión”11.

En cuanto al hombre, nuestros obispos nos piden reforzar en su formación "el rol específico que le cabe al varón en la construcción de la familia en cuanto Iglesia Doméstica, especialmente como discípulo y misionero evangelizador de su hogar" y combatir "la mentalidad neoliberal que no descubre en el padre de familia más que un instrumento de producción y ganancia, relegándole incluso en la familia a un papel de mero proveedor”12.

6 Ef 5, 25 7 Aparecida nº 451 8 Aparecida nº 452 9 CIC nº 2333 10 Aparecida nº 456 11 Ibid nº 457 12 Ibid nº 463

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Para enseñar a nuestros alumnos el papel específico del hombre y la mujer en la familia y la educación de los hijos consideramos fundamental mirar el modelo de la Sagrada Familia. Mostrar a san José como modelo de educador en la fe, que protegió siempre la vida de su hijo adoptivo, le enseñó la dignidad del trabajo y lo introdujo en la sociedad llevándolo a la sinagoga, y a María como modelo de madre, con su presencia amorosa y su servicio alegre, ambos educando a su hijo en "el cumplimiento fiel y generoso de los deberes cotidianos"13.

Nuestro Proyecto Educativo reconoce explícitamente estas diferencias entre hombres y mujeres: "hemos descubierto que, si bien los hombres y las mujeres están llamados a complementarse mutuamente, tienen necesidades y modos de relacionarse diferentes entre sí". Sobre esa base sustenta la estructura que han tenido siempre nuestros colegios: "en nuestros colegios existen cursos separados de hombres y mujeres para que cada cual cuente con su espacio propio. Sin embargo, tomando en cuenta que necesitan aprender a relacionarse y trabajar juntos, tenemos actividades extra programáticas en común y, en los cursos mayores, las asignaturas electivas pueden ser mixtas"14.

Nuestra experiencia nos ha demostrado que al contar con espacios propios para los hombres y para las mujeres en nuestros colegios propiciamos el cultivo de la amistad entre niños del mismo sexo, la que tiene una gratuidad que es mucho más difícil de lograr en la amistad con las personas de otro sexo. Dicha gratuidad en la amistad es un cimiento muy sólido para una auténtica amistad espiritual, como la que queremos que experimenten nuestros alumnos; la amistad que nos enseña san Elredo de Rielvaux: "¡Ay del solo, porque si cae no tiene otro que le levante! Verdaderamente está solo quien no tiene un amigo. En cambio, qué dicha, qué seguridad, qué alegría si tienes a alguien a quien puedes hablar como a ti mismo, a quien puedes confesar sin temor las propias faltas, a quien puedes revelar sin rubor tus progresos en la virtud, a quien puedes confiar todos los secretos y comunicar los planes que abrigas en tu corazón"15.

La diferencia entre hombres y mujeres se manifiesta en distintos momentos de la vida escolar, en sus aspectos físicos, psicológicos, sociales y espirituales, por lo que debemos buscar en cada etapa del desarrollo de nuestros niños y niñas las formas pedagógicas y el lenguaje más adecuados para llegar a ellos. En ciertas etapas, niños y niñas aprenden distinto, responden a motivaciones diferentes y todo ello hay que tenerlo presente a la hora de formarlos. Estas diferencias deben estar presentes al momento de elaborar los programas de orientación y también en la forma de abordar las distintas asignaturas, de forma explícita en el currículo. También es muy importante tener presentes las diferencias entre hombres y mujeres en el ámbito de la disciplina y de la forma de abordar los conflictos. Para ello es muy importante formar a los profesores, tutores y apoderados en estas materias.

Incluso percibimos que hay diferencias en la forma que tienen hombres y mujeres de vivir su espiritualidad, sensibilidades distintas que influyen en su manera de acercarse a Cristo y de relacionarse con Él en la oración y en el servicio. Estas diferencias no pueden pasar inadvertidas a quienes están a cargo de los distintos aspectos de su formación religiosa, de

13 Juan Pablo 11, Carta a las Familias, 1994,no 21.

14 PE MAM p. 40.

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manera que cada uno tenga las instancias propias que necesita para expresar su religiosidad en retiros y otras actividades propias de la vida escolar.

En un mundo donde se educa a hombres y mujeres por igual para el trabajo y el éxito profesional, debemos educarlos a cada uno en su especificidad para la vida comunitaria y la familia. Consideramos como aspectos fundamentales a trabajar16 en la formación de las

mujeres el don de la maternidad y el rol de la madre frente a los hijos y al marido en la familia, la maternidad espiritual, la feminidad, la pureza, el pudor en el vestir y en el actuar, la delicadeza en los modales y el lenguaje, el papel de la mujer en el pololeo y en las relaciones sociales, la preocupación por los detalles y por las relaciones humanas, cultivar en ellas el deseo de ser madres, su misión como educadoras y madres. También el aporte que pueden hacer a la sociedad desde su especificidad femenina en el mundo laboral, no como meras réplicas de los hombres.

En cuanto a los hombres, debemos trabajar especialmente el significado y la importancia de la paternidad, el papel del hombre en la familia y en la educación de los hijos, la paternidad espiritual y la vocación sacerdotal, la diferencia entre la hombría y el machismo, el pudor, la pureza, la reciedumbre, la delicadeza en la trato con las mujeres y en el lenguaje, la sana canalización de las energías físicas y la violencia, y el sentido cristiano y benedictino del trabajo. Para llevar a cabo esta diferenciación en distintos aspectos de la formación de hombres y mujeres, consideramos de especial relevancia otorgarles modelos cercanos de varones y mujeres, tanto en sus tutores y profesores, como en modelos de santos y personajes históricos que den testimonios de cómo vivir el ser varón y mujer en contextos concretos, con los cuales ellos se puedan identificar.

ORIENTACIONES PARA LA APLICACIÓN DE ESTOS

CRITERIOS EN LOS COLEGIOS

1. Debemos tender a espacios diferenciados entre hombres y mujeres pero con grados de relación de acuerdo a las distintas edades.

2. Tenemos que hacer un esfuerzo en la explicitación de las metas de aprendizaje que estamos desarrollando, tanto en las de Cuarto Medio como en las por ciclos, diferenciadas para hombres y mujeres. Es decir hacer una lectura en clave femenina y masculina. 3. A partir de lo anterior, no habría que descartar el tener que hacer programas de estudio

diferenciados para hombres y mujeres. Está claro que en lo referente a los programas específicos de formación tenemos que tener la diferenciación hombres - mujeres

4. Formar en esta temática a los "modelos" que intervienen en el colegio, es decir, tutores y profesores. A nivel de profesores, debemos pensar y determinar los que son aptos para hacer clases a alumnos del propio o de distinto sexo

16 Aspectos relevados en el documento "Entrevistas a Educadores Manquehuinos", Proyecto Curricular Manquehue, octubre 2008, passim.

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5. En cuanto a los ciclos, pensamos que debiéramos tender a Hombres y Mujeres más bien separados. Incluso los sub Ciclos deberían ser por la línea de hombres y mujeres. Es decir, cortar el colegio de manera horizontal por medio de ciclos y al mismo tiempo, vertical pero no por medio de asignaturas como hoy lo tenemos, sino por hombres y mujeres. Esto porque si queremos hacer la diferencia, es fundamental que los que están a cargo del proceso piensen en clave mujer y en clave hombre e incluso los profesores tiendan a especializarse más en uno de los sexos.

Referencias

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