• No se han encontrado resultados

Capítulo 1: El texto y la cultura

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Capítulo 1: El texto y la cultura"

Copied!
25
0
0

Texto completo

(1)
(2)
(3)
(4)

Capítulo 1: El texto y la cultura

El término cultura proviene del latín colere que significa cultivar. Por analogía se desplazó de la esfera natural a la humana y em-pezó a entenderse como “cultivo” de las facultades humanas y se asumió como proceso de humanización, de transformación de “lo animalitas” a “lo humanitas”. Junto con la idea de proceso, la cultura también incluye la representación de estados: subjetivos, como los conocimientos, hábitos, gustos, estilos de vida; y ob-jetivos, como las entidades y objetos patrimoniales, artísticos y tecnológicos.

La variedad de definiciones sobre la cultura es un indicador de su complejidad. La mayoría reconoce su carácter de sistema, lo que denota su condición estructurada y estructurante y permi-te comprender las múltiples conexiones a considerar cuando se estimula una apropiación reflexiva y creativa de sus contenidos.

Otros criterios puntualizan la conformación de la cultura por una serie de esquemas: conocimientos, normas, tradiciones, valores, simbolismos que tienden a ser compartidos por determinados grupos sociales. Esta reflexión tiene dos lecturas: por un lado, se reconoce que hay quienes concuerdan con estos esquemas y luchan por conservarlos, darle cohesión y estabilidad

(5)

interna a la cultura, y otros no se comportan justamente con lo que se prescribe.Por eso, en una misma sociedad al interior de la cultura existen diferencias que explican la presencia de subculturas y contraculturas disímiles, a veces en coexistencia nada pacífica.

La conflictualidad interna de la cultura devela su carácter de proceso permanente. Siempre, por sus propias necesidades de me-joramiento, la cultura está examinando nuevos conocimientos, va-lores, técnicas, dispositivos; mas, para lograrlo, no puede perder la conexión con la herencia, la cual es restructurada desde lo nuevo que se incorpora. Cada cultura porta significaciones con rango de paradigma, pero también muestra realidades conflictivas que re-solver y trascender, una especie de dinámica entre las presencias imposibles y las ausencias posibles, entre lo que existe imperfecto o inaceptable y lo que no existe, pero que es deseable por sus po-tencialidades regeneradoras, constructivas y enlazadoras de seres. José Lezama Lima puntualizó que “la tradición de las ausencias posibles ha sido la gran tradición americana y donde se sitúa el hecho histórico que ha logrado”.1

La cultura, como significación, se traza sobre los diferentes mo-dos de comprensión del mundo, está hecha de oposiciones: cultura versus naturaleza o la cultura propia diferente a la otra cultura, etc.; por lo que la construcción de identidades sociales es una consecuencia cultural. Entre la identidad y la alteridad cultural existe una relación de presuposición recíproca. Lo propio se de-limita siempre por referencia a los demás. Sin embargo, este pro-ceso, que puede promover acercamientos culturales fecundos, puede verse entorpecido si se asume una concepción de pueblo elegido o cultura superior. Los antropólogos han precisado con claridad que, en materia de significación, no hay cultura superior a otra, todas merecen consideración y deben analizarse desde coordenadas sociales e históricas concretas.

Otro aspecto de análisis es la relación sociedad-cultura.2

Muchos estudiosos consideran que la sociedad solo puede

1 J. Lezama Lima: La expresión americana, p. 74.

(6)

comprenderse en estrecha conexión con la cultura, porque esta le da orden y posibilita su continuidad y mejoramiento; la cultura es la sociedad misma pensada como estructura de sentido que analiza a la sociedad desde determinada cosmovisión del mundo, por lo que está muy vinculada con la ideología, con las luchas de clases y la búsqueda del poder, por eso la cultura es un paisaje complejo.

La cultura posee múltiples soportes significantes para sus significados: la escritura, la cadena fónica, las prácticas sociales, las costumbres, las comidas, el vestuario, las construcciones, los objetos, las maquinarias, la organización social del espacio y del tiempo. Desde todos ellos es posible comunicar significados. Cualquier aspecto de la cultura puede convertirse en una unidad semántica, en un sistema de significados que los hombres se van comunicando; es, en esencia, un sistema de comunicación basado en prácticas de significación. Gracias a esta peculiar dinámica comunicativa pueden desarrollarse otras funciones de la cultura como son la informativa, la axiológica, la de control y la protectora. De modo que la cultura vendría a constituir un macrosistema de comunicación del hombre consigo mismo y con la naturaleza que estructura y confiere sentido a las prácticas sociales y posibilita la fijación, creación e intercambio de significados a través de los contextos histórico-sociales; vista así se distingue por ser:

• Un sistema de carácter artificial construido con signos creados por el hombre para la comunicación, por lo que está indeleblemente ligada a la signicidad.

• Un sistema convencional, pues sus signos deben ser acep-tados socialmente.

• Un proceso con capacidad para interpretar y sintetizar, almacenar, conservar y transformar, mediante textos, la ex-periencia humana.

• Un proceso y resultado de la actividad humana, aunque no toda actividad humana es cultura.

• Actividad consciente orientada al desarrollo espiritual y material del hombre.

(7)

• Hondamente simbólica al punto de reconsiderar al hom-bre como un animal simbólico.

• Unidad de lo material y lo espiritual.

• Realizaciones con carácter de modelo para el desarrollo humano y aprovechar la obra humana para beneficio social. • Un despliegue de potencialidades: inteligencia, memoria, imaginación, pensamiento, motivaciones, sentimientos y valores para crear un mundo distinto y superior al natural. • Patrimonio de todos los hombres, no privativa de seres aislados o de determinados pueblos.

Para Iuri Lotman la cultura es la memoria no heredita-ria de la colectividad, relacionada estrechamente con la ex-periencia histórica y esta con los textos, como unidades que construyen, conservan y trasmiten la cultura. Aquí se ob-serva la ley, de la indisolubilidad del lenguaje y la cultura.3

El conocimiento de esta memoria, por su carácter no heredita-rio, precisa procesos permanentes de aprendizaje. Si es dentro del propio grupo social, se denomina “inculturación”, si ocurre por vía exógena, en el marco de procesos de difusión o de con-tacto intercultural, se denomina “aculturación”, de allí la enorme función formativa de la escuela y, en particular, de la lectura de los textos.

La cultura como memoria contiene los marcos referenciales dentro de los cuales una sociedad, un grupo social o una clase piensan, sueñan y actúan. El texto es entonces esa unidad cultu-ral cuya comprensión cabal puede posibilitar pensar, imaginar, crear y actuar responsablemente. Ya sabiamente decía José Sara-mago que el día que perdamos las palabras, perderemos los sen-timientos.

Para Lotman el texto es una formación semiótica singular que se caracteriza por la delimitación, la expresión y el carácter es-tructural.4 La característica de ser una unidad delimitada no debe

3 V.: I. Lotman: La semiosfera. Semiótica de la cultura y el texto, p. 22.

4 Ápud R. Prada Oropesa: “El estatuto semiótico del texto narrativo literario”, en La

(8)

entenderse solo en el sentido de que tenga inicio y final, es decir, un marco formal; sino que la construcción de sus significados está delimitada por las coordenadas contextuales desde las cuales lo estamos interpretando. Es expresivo porque contiene todo un sistema de signos que precisan una estructura, una particular or-ganización para expresar significados; por eso comprender es, en gran medida, captar esas estructuras de sentido. Pero tampoco el texto puede significar como unidad aislada.

Resumiendo, muchos autores han abordado el concepto de texto. En general coinciden en que:

• Es un hecho semiótico que presenta un sistema de signos autónomo y coherente, ya sea por el canal oral o el escrito. • Deviene una unidad de comunicación que genera procesos

interactivos.

• Porta mensajes, comprensibles en sí mismo.

• Desarrolla o integra funciones comunicativas: referencial, expresiva, apelativa, axiológica, estética o poética.

• Se construye e interpreta en coordenadas contextuales. La elaboración, intercambio y conservación de la información mediante textos solo funciona en interacción con otros textos. De manera que la comunicación entre textos es mecanismo esen-cial para que la cultura se desarrolle.

CURIOSIDADES

• Metaforizaciones sobre la noción de texto

La noción de texto ha originado múltiples asociaciones analógicas con el fin de apresar sus cualidades, como son: el texto es un iceberg, un tejido, una mixtura, un tatuaje, una matriuska, un fluido, una brújula, un camino, una cámara de ecos, un nudo en la red…

(9)

Capítulo 2: Naturaleza del texto

literario

1- Nexos de la literatura en el contexto socio-cultural

La literatura es fuente de conocimiento y de placer. La palabra deriva del latín littera. Aristóteles la definió como “el arte de la palabra”. El lenguaje literario busca su eficacia en el uso creativo, atrayendo la atención sobre sí mediante diversos mecanismos. La función poética del lenguaje tiene su máximo rendimiento en la literatura.

La literatura, como manifestación artística, es parte de la con-ciencia social y establece relaciones con sus distintas formas, en-tre las que se destacan:

Literatura y filosofía. Samuel TaylorColeridge (1772-1834) afirmaba que “Ningún poeta de renombre ha dejado de ser al mismo tiempo un profundo filósofo”. Las relaciones en-tre filosofía y literatura son esenciales: “En toda obra ge-nuinamente artística existe un subtexto; el artista tiende no solo a mostrar la vida tal cual es, sino a hacer reflexionar sobre ella, a sugerir cómo debe ser. Este subtexto es precisa-mente la expresión del ideal social que, cualquiera que sea el objeto de la representación, siempre se hace patente en arte. El aspecto filosófico no representa algo externo para el

(10)

arte, algo postizo en una obra. Por su propia índole, el arte es filosófico, puesto que siempre conversa con el hombre acerca del sentido de la vida, ayudándole a penetrar en la recóndita esencia del ser e influyendo en la formación de su

concepción del mundo”.5

Toda obra se sustenta en una cosmovisión del mundo. De un modo más velado o de forma explícita contiene un conjunto de saberes desde los cuales el escritor organiza y orienta el reflejo de la realidad, así como el sentido de las acciones humanas. Cuando Henrik Ibsen en Casa de muñecas expresa a través de la actua-ción de los personajes la tesis acerca de la necesidad y derecho que todo ser humano tiene a su autorrealización personal está enunciando una idea con profundo contenido filosófico.

Literatura y sociedad. La sociedad es fuente constante para la creación literaria. La literatura ejerce también una influencia en la más plena socialización del individuo. Los antiguos griegos de-finían la función social del arte como una fórmula binomial: “en-señar divirtiendo”, la que se conservó en la teoría estética hasta el siglo xix. El artista ofrece un conocimiento de la vida de acuerdo con su sistema de percepciones y saberes, brinda una valoración que difunde en la sociedad, acentuando valores (morales, políti-cos, estétipolíti-cos, filosóficos) y anestesiando o refutando otros. Por tanto, la literatura inculca en los hombres una orientación valo-rativa en una amalgama poética de ideas, sentimientos y emocio-nes, lo que significa que, además de informar, educa.

Literatura e ideología. La literatura es portadora de ideología, como “ideas […] que describen, interpretan y valoran la realidad, así como las directivas para la acción que de ellas resultan, que se hallan en concordancia con las necesidades e intereses conscien-tes o inconscienconscien-tes de un determinado grupo social […]”,6 pero

no es un simple producto ideológico.

5 A. Zis: Fundamentos de la estética marxista, p. 66.

(11)

(13-La relación entre literatura e ideología es compleja y está me-diada por múltiples factores. Un autor puede tener una visión del mundo ideológicamente retrógrada o decadente en correspon-dencia con las nuevas tencorrespon-dencias sociales, pero si es un escritor profundo y sincero puede reflejar la realidad de un modo esen-cial, como ocurre con las ideas monárquicas de Balzac y el misti-cismo de Tolstoi, y sin embargo, sus obras son reflejo penetrante de su época.

En su carácter ideológico, la obra literaria es un producto históricamente concreto; pero su intencionalidad artística rebasa los límites de su contexto social y clasista para influir en los hombres más allá de su tiempo histórico específico: la literatura contiene una proyección universal. El evidente carácter aristocrático de los poemas homéricos no limita la trascendencia artística y humana de la obra, verdadero clásico universal por sus valores humanos.

Lo ideológico puede tener diversos niveles de manifestación en el texto literario:

• Cuando al autor declara explícitamente su ideología me-diante un sistema de reflexiones o declaraciones, como ocurre en algunas comedias de costumbres. Esta es la ma-nifestación más directa, pero menos eficaz artísticamente hablando.

• Cuando se traspone en parte a elementos poéticos, como pueden ser los símbolos, las metáforas, los símiles, para-lelismos, etc. Por ejemplo, Quevedo habla en unos de sus poemas sobre el dinero y emplea la personificación y la ironía, y lo llama “poderoso caballero”. Mediante el uso de otros recursos expresivos critica los mecanismos socio-eco-nómicos obsoletos de la España monárquica:

Nace en las Indias honrado donde el mundo le acompaña; viene a morir en España y es en Génova enterrado; y pues quien le trae al lado

(12)

es hermoso, aunque sea fiero, poderoso caballero

es don Dinero.

• Cuando se traspone plenamente en el texto por medio de la movilización de todos los recursos del lenguaje y de la com-posición literaria y se precisa un análisis profundo de toda la urdimbre textual para aclararlo. En la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en el capítulo donde el personaje protagónico realiza el famoso discurso de La Edad de Oro que se inicia así: “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quienes los antiguos pusieron nombre de dora-dos […]” se hace una idealización de épocas pasadas en contraposición con el contexto histórico presente del autor, que es implícitamente cuestionado. Se resalta la armonía que existía entre el hombre y la naturaleza y se destaca, en-tre otros elementos, la laboriosidad de las abejas que vivían en una verdadera “república”; en esta expresión es evidente el ataque solapado hacia la monarquía. La confrontación república-monarquía sugiere connotaciones ideológicas que asocian la república con significados de laboriosidad, empeño, organización, trabajo, comunidad, y la segunda con holgazanería, desorden e inacción.

Literatura y sicología.La literatura refleja la psiquis de un autor e influye en la psiquis del receptor que interpreta la obra. Tam-bién se caracteriza por un profundo trazado sicológico de los personajes y por develar las diferencias sicológicas de cada pue-blo y época. La literatura ha ofrecido brillantes caracterizaciones sicológicas de personajes que han sido modelos para el estudio de tipos sicológicos como el conocido caso del personaje Edipo Rey, de la tragedia griega, que ha dado nombre al famoso com-plejo de Edipo. Desde el punto de vista del estado cognitivo de la personalidad es un medio para ampliar nuestro pensamiento, memoria e imaginación y desarrollar la capacidad para establecer inferencias. Las relaciones entre sicología y literatura contienen:

(13)

-El estudio sicológico del autor

-Los mecanismos sicológicos que entran en el proceso crea-dor de la literatura

-Los efectos sicológicos de la literatura sobre el público -Las caracterizaciones sicológicas de los personajes

Literatura y religión. A pesar de que se ha querido establecer una similitud entre el arte —y entiéndase la literatura como una de sus fundamentales manifestaciones— y la religión, sobre todo por su carácter emocional y el papel que en ambas desempeña la fantasía en su formación; tanto una como la otra, por su propia naturaleza, son opuestas. Mientras la literatura no pretende que sus obras se tomen por realidades, pues son un cuadro del mun-do artísticamente recreamun-do, las concepciones religiosas se presen-tan como la realidad auténtica.

No obstante, la creación artístico-literaria hasta el siglo xvii estuvo estrechamente ligada a la religión, bajo cuya imponente influencia se encontraba. En la Edad Antigua toda la creación literaria se sustentaba en la mitología, base de la religión pagana. En el Medioevo, salvo su rama seglar, todas las manifestaciones del arte se subordinaban a la Iglesia e incluso las colosales crea-ciones del Renacimiento estaban relacionadas con temas religio-sos en mayor o menor medida, temas que, en épocas posteriores, incluyendo la contemporánea, también han sido utilizados fre-cuentemente.

La religión precristiana se manifestaba en forma de mitología. Sin embargo, esta no era solo expresión de la impotencia y desco-nocimiento del hombre ante los fenómenos de la naturaleza, sino también elaboración artística de los elementos aportados por la vida a la fantasía humana, manifestación artística de pueblos que se encontraban en diversas fases del desarrollo histórico.

(14)

2-El texto literario como sistema textual

El texto literario se configura como un sistema textual integra-do por la intencionalidad, la intratextualidad, la intertextualidad, la subtextualidad, la metatextualidad, la paratextualidad y la es-tructuralidad genérica.

La intencionalidad. Es proceso y resultado, una decisión y una dirección de la voluntad del escritor que encamina su creación hacia determinado fin en una situación comunicativa determina-da. La intencionalidad funde la ética del autor con su capacidad cognoscitiva y se orienta a elegir y tratar un campo referencial es-pecífico, al que expande con determinada hondura y originalidad como resultado de su capacidad artística y saber cultural. Por eso, la intencionalidad es un proceso inteligente que tiene poder ilumi-nador pues despliega nuevos sentidos desde determinada posición ideológica, cristaliza en todos los planos de la obra y se reconoce tanto mediante el análisis del contenido como de la forma. El es-critor intenciona reflejar alguna zona del contexto social, históri-co, cultural, personal o puede expresar una realidad alternativa o fantástica.

La contextualidad. El contexto es el conjunto de signos que con-tribuye a delimitar el texto, porque lo circundan en el espacio y lo anteceden y/o suceden en el tiempo. El contexto incluye las otras obras del autor, las obras literarias contemporáneas a él, las series de signos referidas a la historia, la cultura y la sociedad, las tradiciones y las condiciones sicológicas, biográficas y concepciones creadoras del escritor. Por consiguiente, el contexto es todo elemento semiótico apropiado para la interpretación de un texto y está en relación de inmediatez con este.

Existe una unidad indisoluble entre texto y contexto. Un texto fuera de contexto se convierte en pre-texto y puede ser manipu-lado con relativa facilidad. Por esa razón, al leer el texto literario todo lector debe adentrarse en el contexto en presencia (sincro-nía) o en ausencia (diacro(sincro-nía).

(15)

la polisemia encubierta en las palabras y reducir la pluralidad de posibles interpretaciones. El contexto, mediante su sistema de coordenadas culturales, cognoscitivas, históricas, sociales, propi-cia esta función depuradora para superar posibles situaciones de no comprensión.

El contexto delimita aquellos elementos por los cuales el texto adquiere significación dentro de una serie cultural mayor, pero las exigencias para el análisis del contexto tienen que estar mar-cadas siempre por el texto mismo en cualquiera de sus niveles,7 la

relación texto-contexto es recíproca, pues las características del contexto influyen sobre el texto; pero el texto puede asimismo definir las características del contexto. De modo que el contexto también se elabora, es el resultado de una enunciación y no solo el conjunto de datos ordinarios de la realidad; es una construcción discursiva que debe ser descubierta, descrita, interpretada y eva-luada para permitir que los enunciados del texto puedan ser per-tinentes, coherentes y significativos.

La intratextualidad. Mira hacia el interior el texto como un todo estructurado, ordenado, coherente, con su equilibrio y ten-siones internas; analiza cómo las partes que conforman el texto adquieren su verdadero significado a partir de la interdepeden-cia o interrelación interna. En el intratexto aparecen marcas que guían la interpretación. El intratexo es un espacio demarcado, circunscrito que tiene principio, desarrollo y fin, pero esta deli-mitación alude a algo más, a que diversas coordenadas de inter-pretación, distintas líneas contextuales harán que se vislumbren nuevas cualidades de significación del intratexto.

El intratexto está organizado por un código, por un sistema limitado de signos y procedimientos que se organizan sintácti-camente con reglas internas para producir mensajes. El código regula el proceso de significación y adquiere sentido cuando es recontextualizado y captado en el proceso de interpretación por actores sociales particulares.

(16)

La significación representa en sí el reflejo de la realidad, independientemente de las relaciones individuales de un hombre concreto con respecto de ella; el hombre encuentra un sistema de significaciones históricamente formado y lo domina [...] la medida en que la domine y lo que constitu-ya ella para mi personalidad depende del sentido que tenga para mí la significación dada. El sentido depende de las re-laciones que caracterizan la interacción del sujeto real con el mundo real que lo rodea [...] el sentido se manifiesta en la conciencia del hombre con aquello que refleja y lleva en sí sus propias relaciones vitales.8

La subtextualidad. Está conformada por el sistema de signifi-caciones implícitas de la obra, las que surgen cuando se estable-cen relaciones entre todas las partes y componentes del sistema. La subtextualidad contiene una correlación entre la explicitez y la implicitez. Lo explícito es lo manifiesto mediante el uso del códi-go; lo implícito es lo subyacente, el significado añadido al literal. La obra literaria atesora un volumen considerable de significados implícitos. El texto sugiere más de lo que dice, pues encierra un apreciable caudal de significados ocultos y tentativos que deben ser descubiertos mediante complejos procesos cognitivos y afec-tivos. El subtexto es en muchos casos la significación esencial del texto literario y se descubre por medio de la inferencia, como una operación lógica, que permite deducir nuevos significados, a partir de la información explícita.

La intertextualidad. La literatura se sustenta en la tradición. Las Vidas paralelas de Plutarco, escritas entre finales del siglo i y principios del siglo ii, sirvieron de modelo a William Shakespea-re para sus tragedias Julio César y Antonio y Cleopatra. Un texto literario puede estimarse en relación con otros textos anteriores y ser, a su vez, antecedente de otros. Los estudios sobre la inter-textualidad analizan la obra como una unidad interrelacionada culturalmente con otros textos. Los intertextos existen desde los inicios de la literatura, por ejemplo, las siguientes palabras no

(17)

son de la autoría de Cervantes: “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura”, son en realidad una cita de Feliciano de Silva, escritor español continuador de La Celestina y del Amadís de Gaula, con la que Cervantes busca ridiculizar el modo enredado en que se pretendía escribir por aquella época.

La teorización sobre la intertextualidad resulta relativamente cercana a nuestro tiempo. Tiene sus antecedentes en la teoría de las influencias. Obras de Mijaíl Bajtín, Gérard Genette, Roland Barthes han sido relevantes para el estudio y caracterización de la intertextualidad. Bajtín introduce el término de polifonías textuales por la capacidad de la novela de fundar relaciones dialógicas entre ideas, clases sociales, cosmovisiones, personajes, géneros y textos. Intrínsecamente la literatura tiene carácter dialógico, porque todo escritor ha sido lector de muchos textos previos que almacena en su memoria y moviliza cuando escribe. Con ellos dialoga y afloran en el nuevo texto pluralidad de voces superpuestas en permanente intercambio cultural, de tal forma que los enunciados dependen unos de otros. Para Gérard Genette la intertextualidad es una modalidad de copresencia entre dos o más textos. Distingue tres tipos:

• La cita: forma explícita y literal con o sin comillas.

• El plagio: forma menos explícita y menos canónica, es una copia no declarada, pero literal.

• La alusión: un enunciado cuya plena comprensión supone la percepción de su relación con otro enunciado al que ha transformado de modo creativo.

Barthes llega a declarar que el texto es una cámara de ecos que se enriquece con textos precedentes, y la investigadora fran-co-búlgara Julia Kristeva considera el texto como mosaico, ab-sorción y transformación de otro texto. Fue ella precisamente quien acuñó el término de intertextualidad.

La intertextualidad supone una apelación de un texto a otro y provoca un proceso de descontextualización del anterior y

(18)

recontextualización en el nuevo texto, donde adquiere una nueva significación, sufre transformaciones y genera nuevas connotaciones. El escritor marcha a la configuración de una perspectiva original a través de obras literarias ajenas:

¡La vida es sueño! Calderón.

Al brillar un relámpago nacemos, y aún dura su fulgor cuando morimos; ¡tan corto es el vivir!

La gloria y el amor tras que corremos sombras de un sueño son que perseguimos; ¡despertar es morir!

(“Rima LXIX ”. Gustavo Adolfo Bécquer)

La intertextualidad incluye una unidad de un texto en otro

texto dentro del cual desempeña funciones semánticas y artísti-cas generalmente diferentes a las que tenía en el texto de origen. La intertextualidad es una condición inherente a todo texto: “el engendramiento de un poema, su lectura, consiste en [...] una dialéctica de la memoria entre el texto que se descifra y otros textos que se recuerdan. En suma, la textualidad tiene como fun-damento la intertextualidad”.9

Otro ejemplo es el poema “La novia de Lázaro” de Dulce Ma-ría Loynaz, inspirado en el Nuevo Testamento. La autora recrea el suceso bíblico de la resurrección de Lázaro a partir de suponer la existencia de una hipotética novia y su reacción al regreso de un Lázaro resucitado:

Vienes por fin a mí, tal como eras, con tu emoción antigua y tu rosa intacta, Lázaro rezagado, ajeno al fuego de la espera, olvidado de desintegrarse, mientras se hacía polvo, ceniza, lo demás.

Vuelves a mí, entero y sin jadeos con tu gran sueño inmune al frío de la tumba, cuando ya Martha y María, cansadas de

(19)

esperar milagros y deshojar crepúsculos, bajaban en silencio lentamente la cuesta de todas las Bethanias.

Vienes; sin contar con más esperanza ni más milagro que tu propio milagro. Impaciente y seguro de encontrarme uncida todavía al último beso.

Vienes todo de flor y luna nueva presto a envolverme en tus mareas contenidas, en tus nubes revueltas, en tus fragancias turbadoras que voy reconociendo una por una…

Vienes siempre tú mismo, a salvo del tiempo y la distancia, a salvo del silencio: y me traes como regalo de bodas, el ya paladeado secreto de la muerte.

Pero he aquí que como novia que vuelvo a ser, no sé si ale-grarme o llorar por tu regreso, por el don sobrecogedor que me haces y hasta por la felicidad que se me vuelca de golpe. No sé si es tarde o pronto para ser feliz. De veras no sé; no recuerdo ya el color de tus ojos.

La intertextualidad permite comprender que los límites de un texto no están rigurosamente establecidos y que en su interior hay una estructuración cubierta por una red de citas y alusiones explícitas e implícitas a otros textos.

Las relaciones intertextuales no se circunscriben al plano ideo-temático, también aparecen en expresiones lingüísticas, rasgos compositivos, estructuras de género, elementos del contexto histórico-cultural, etc. La intertextualidad ubica la literatura en contextos culturales, cognoscitivos, éticos y estéticos más integrales.

La metatextualidad.Establece una relación de tipo causal con el núcleo del texto, porque tiene sobre este una finalidad cog-noscitiva-valorativa, ya que lo norma, interpreta, explica, valora, con el objetivo de construirlo, aclararlo y socializarlo mejor. Son ejemplos de metatextos:

• Notas a pie de página • Símbolos y gráficos

• Los tratados de poética vigentes • Los tratados historiográficos

(20)

• Los textos de tradición literaria

• Textos de crítica y divulgación sobre el texto

El metatexto es, por consiguiente, una serie de condiciones que preconstituyen la producción y recepción del texto. El meta-texto trasmite, reactualiza y modifica principios y reglas y posee una relativa independencia estructural, pues no se inserta en el texto nuclear (de allí su diferencia sustancial con el intertexto), pero mantiene con el texto nuclear una relación de coexistencia.

La paratextualidad. El paratexto es un texto que no forma

parte del cuerpo semántico del texto nuclear, pero que no es in-dependiente de él y contribuye a definir su significado: título, subtítulo, prólogo, el epígrafe, dibujos, acotaciones de dramatur-go, etc. El título ha sido reconocido por muchos investigadores como llave temática del texto y se han hecho estudios diversos sobre su estructura sintáctica, su coherencia con el cuerpo del texto y el abanico de sugerencias que puede provocar en el lector; un título como el de la tragedia de Federico García Lorca La casa de Bernarda Alba denota el espacio fundamental de la obra y el personaje que centra el conflicto y puede, a su vez, connotar que los sucesos se desarrollarán en un espacio cerrado. Un título del propio autor como el romance Prendimiento de Antoñito el Cam-borio en el camino de Sevilla está destacando tres componentes básicos: personaje, acción y espacio.

La estructuralidad genérica.El texto literario se construye sobre la base de un paradigma de género. El género es un tipo o clase de discurso que se reconoce por la forma específica y estable con que los elementos textuales se seleccionan y estructuran, de acuerdo con determinada función comunicativa. El género identifica y agrupa obras. Diacrónicamente es un proceso en constante cambio. Históricamente el debate sobre los géneros ha sido enorme y en cada período ha estado sujeto a diferentes redefiniciones. El género tiene una función organizadora no solo para el escritor, sino también para el lector, pues da un modelo de estructura desde el cual puede preverse el funcionamiento general de una obra. El placer estético de los lectores tiene que ver mucho con

(21)

los géneros, de allí el importante papel que tienen para satisfacer los gustos. Entre los géneros universalmente reconocidos están:

• Épico-narrativo: epopeyas, anécdotas, cuentos, novelas, fábulas…

• Lírico: sonetos, letrillas, silvas, romances… • Dramático: comedias, tragedias…

• Ensayos literarios • Testimonios

3-La multifuncionalidad del texto literario

La función se define como la manifestación de las propiedades internas de determinado objeto, proceso o fenómeno, desde la perspectiva de un determinado sistema de relaciones.10 De modo

que, al hablar de las funciones del texto literario se alude a sus propiedades esenciales desde diferentes ángulos de relaciones.

El texto literario es multifuncional, pero la función poética o estética es la regente. Las demás le son subsidiarias: cognosci-tiva, expresiva, apelacognosci-tiva, axiológica y lúdica. La estética es una función directamente relacionada con el mensaje; la cognosci-tiva está vinculada con el contexto; la expresiva, con el emisor; la apelativa, con el receptor, al igual que la lúdica; mientras que la axiológica porta valores que constituyen la base del mensaje e irradia hacia todas las funciones.

Las funciones no dependen solo de la intencionalidad del autor, tienen que ver también con el lector, las coordenadas de época, cultura, sociedad en que es recepcionada la obra. Muchos textos varían sus funciones originales, anestesiando unas y desta-cando otras en el nuevo contexto en que se reciben.

(22)

Función estética

El signo literario, como signo estético, comunica una expe-riencia del mundo, se dirige a testimoniar, afirmar, curar, impul-sar, reflexionar, a hacer crecer moral y espiritualmente.

La función estética de la literatura, también llamada poética, está orientada hacia el mensaje. En la construcción del mensaje estético subyace la intención de utilizar la estructura de la lengua para trasgredir la norma lingüística e incluso la norma del lenguaje literario ya instituido. El mensaje literario se conforma mediante una sobreorganización del texto; entendida como el modo en que se eleva el lenguaje natural a un nivel artístico, la manera deliberada, constante y sistemática en que aparecen los tropos y figuras, los principios de composición, las secuencias discursivas, intertextos, combinaciones, similitudes, sistemas de oposición, equivalencias, marcadores discursivos, etc. Por eso el texto literario está sobretra-bajado o sobreorganizado.11

El mensaje estético se caracteriza por: • Tener carácter intencional

• Poner de relieve la estructura del signo lingüístico, selec-cionándolo y combinándolo de un modo original para convertirlo en centro de atención

• Expresarse fundamentalmente mediante imágenes artísti-cas

• Sintetizar mediante lo concreto rasgos esenciales del obje-to que refleja

• Fundir lo emocional con la representación de la realidad • Tener plurisignificación

• Construir una manera distinta de percibir la realidad • Proyectarse de manera omniespacial y omnitemporal Conformar un tejido de múltiples relaciones que va integrando las unidades más simples hasta llegar a estructuras más complejas: del sonido a las estructuras gramaticales, de estas a las formas de

(23)

composición, de la organización compositiva a la construcción del significado, la elaboración de recurrencias y líneas temáticas, y del tema hacia totalidades culturales más abarcadoras que entrañan el establecimiento de nexos con lo social, la tradición literaria, lo mitológico, lo sicológico, lo ideológico, lo filosófico, etc.

La escritura literaria toma como base el repertorio de signos precedentes y conforma el mensaje como una unidad de variaciones estilísticas y semánticas, donde se aprovechan los campos de libertad del sistema lingüístico; por eso a la vez que usa lenguaje, crea lenguaje, como resultante de la voluntad artística y la capacidad cultural e innovadora del autor, de alejarse de lo ordinario y lo previsible, de sustraerse de formas automatizadas u ordinarias. Se trasgrede la norma literaria intencionalmente para producir una percepción de originalidad. Esta condición del mensaje literario origina que la apreciación se detenga y se prolongue sobre el signo artístico, porque el lector ha de movilizar su capacidad intelectual e información cultural para desentrañar los significados; por eso se reconoce, como rasgo del mensaje literario, el carácter autorreflexivo. Su análisis estimula el pensamiento, la memoria y la imaginación.

La función estética tiene como núcleo la imagen artística, entendida como “cuadro concreto e integral de un fenómeno vital y a la vez una generalización de la vida, creado mediante una ficción que posee significado estético”.12 La imagen artística no

debe ser confundida con recursos tropológicos como la metáfora, porque se le restringe a una simple expresión traslaticia. Los tropos constituyen medios de representatividad del sistema de imágenes artísticas y no la imagen misma.13 Obsérvese este ejemplo:

Despedida del paisaje

No siento rencor hacia la primavera porque ha llegado otra vez.

No la culpo de que como todos los años cumpla sus obligaciones.

12 L. Timofeiev: Fundamentos de teoría de la literatura, p. 55. 13 A. Zis: Ibídem, pp. 69-92.

(24)

Comprendo que mi tristeza no detenga el verdor.

Si la brizna se mece, es solo al viento.

No me causa dolor que las plantas de aliso tengan de nuevo con qué murmurar.

Asimilo la noticia —como si aún vivieras— de que la orilla de cierto lago permanece tan bella como otrora.

No me acompleja la vista del paisaje de la bahía iluminada por el sol.

Hasta soy capaz de imaginarme que otros —que no somos nosotros— estén sentados en este momento sobre el derribado tronco del

abedul. Respeto sus derechos a susurrar, a reír y al silencio feliz.

Incluso apuesto a que los une el amor y que él la ciñe con su vivo brazo.

Algo nuevo como de ave silvestre rumora en el juncal, con sinceridad les deseo que lo escuchen.

No exijo ningún cambio en las olas de la orilla, a veces ligeras, a veces lerdas, que no me obedecen.

No exijo nada de las profundas aguas del bosque

(25)

unas veces esmeralda, otras veces zafirinas, otras de color negro.

Con algo estoy de acuerdo de mi regreso allá. Renuncio al privilegio de la presencia.

Tanto he sufrido y solo lo suficiente como para pensar desde lejos.

El anterior poema de la escritora polaca Wislawa Szymborska (1923-2012), Premio Nobel de Literatura 1996, es una imagen artís-tica, entendida como cuadro artístico ideal del mundo objetivo. Este cuadro ideal se concreta mediante la representación artística que no es más que la realización de la imagen con el material del arte, el cual da la posibilidad de su percepción sensorial.14 La representación

artística en la literatura se realiza con diferentes recursos. En este caso la autora emplea metáforas, símiles, hipérboles, metonimias, paralelismos, pero estos elementos no son la imagen literaria ni de-terminan en sí el valor y la naturaleza de la literatura, esta cristaliza como resultado de la totalidad de la obra, de la interrelación de estos recursos, la estructuración compositiva y la esencialidad y profundi-dad del sistema de ideas que va logrando constituir.

Cada uno de los elementos concretos, que devela sobre la na-turaleza y las relaciones humanas, contiene significaciones. El contraste entre el vigor de la naturaleza y las privaciones, ausen-cias y negaciones del presente que vive el sujeto lírico; entre la felicidad ajena y la belleza del mundo exterior y su propio mundo interior deshecho dan como resultante un desgarrador cuadro donde el sujeto lírico acepta su “despedida” de la plenitud vital del mundo sin resentimiento.

La imagen literaria posee una precisión individual y revelar a su vez los rasgos esenciales y generales de ese fenómeno, es la unidad de lo universal-concreto. En el anterior poema los elementos concretos dan una imagen vívida de la realidad: árboles, lago, orillas, aguas,

Referencias

Documento similar

You may wish to take a note of your Organisation ID, which, in addition to the organisation name, can be used to search for an organisation you will need to affiliate with when you

Where possible, the EU IG and more specifically the data fields and associated business rules present in Chapter 2 –Data elements for the electronic submission of information

The 'On-boarding of users to Substance, Product, Organisation and Referentials (SPOR) data services' document must be considered the reference guidance, as this document includes the

In medicinal products containing more than one manufactured item (e.g., contraceptive having different strengths and fixed dose combination as part of the same medicinal

Products Management Services (PMS) - Implementation of International Organization for Standardization (ISO) standards for the identification of medicinal products (IDMP) in

Products Management Services (PMS) - Implementation of International Organization for Standardization (ISO) standards for the identification of medicinal products (IDMP) in

This section provides guidance with examples on encoding medicinal product packaging information, together with the relationship between Pack Size, Package Item (container)

Package Item (Container) Type : Vial (100000073563) Quantity Operator: equal to (100000000049) Package Item (Container) Quantity : 1 Material : Glass type I (200000003204)