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David Huertal LAS HOJAS. SOBRE POESÍA (2007-2019)
Benjamín Labatut l UN VERDOR TERRIBLE Tomás Pérez Vejo l 3 DE JULIO DE 1898. EL FIN DEL IMPERIO ESPAÑOL Nadia Urbinati
l YO, EL PUEBLO. CÓMO EL POPULISMO TRANSFORMA LA DEMOCRACIA Zadie Smith
l CON TOTAL LIBERTAD Peter Burke
l THE POLYMATH. A CULTURAL HISTORY FROM LEONARDO DA VINCI TO SUSAN SONTAG
Pierre Rosanvallon l EL SIGLO DEL POPULISMO
FERNANDO GARCÍA RAMÍREZ
Lee Las hojas de David Huerta, que contiene treinta y tres ensayos sobre poesía. Estoy seguro de que disfru-tarás esta lectura exigente, aprende-rás cosas que no sabías y repetiaprende-rás en voz baja muchos de los versos que en él se citan. Un libro de portada limpia, con una ilustración sobria y de agradable color. Magnífica elec- ción de la tipografía, el interlineado y la caja, aunque quizás el color del papel es demasiado blanco. Solo se hicieron quinientos ejemplares en
offset. Lo publicó Cataria, una feliz noticia en el mercado editorial.
Lee Las hojas, un libro de críti-ca literaria pero sobre todo un libro de sabiduría literaria. Al autor no le
interesa ganar batallas sino librar-las. Le interesa transmitir su pa- sión por la poesía, por la lectura de poemas, por la escritura de poe-mas. Antecedente de este libro es
Leer poesía de Gabriel Zaid, aun-que el libro de David Huerta es más puntual, señala metros, tro-pos, figuras retóricas: el andamiaje que soporta la poesía, el vaso que la contiene. Es un libro abierto a cual-quier lector, pero sobre todo es un libro dedicado a los jóvenes poetas. Los invita, los conmina, los exhor-ta, los regaña, los ilustra, los sedu-ce. Transcribe diálogos sostenidos en sus talleres de poesía. El maes-tro, que no quiere ser visto como tal, da consejos que no quiere que sean vistos como tales. Como Rilke, son lecciones para jóvenes poetas, no sobre la vocación sino sobre técnica y cultura. Como Antonio Alatorre, a cuya memoria está dedicado este libro, Huerta es un erudito de tono amable, de lecciones sin sangre.
Lee Las hojas porque no siempre se tiene a un gran poeta hablándo-te de su oficio. De lo que para él es la poesía. De dónde nace: “El gesto poético originario puede cifrarse en la imagen de un brazo” que se ex- tiende para tomar un objeto, “puede ser una sílaba, una palabra, una frase. O bien, algo menos defini-do: una secuencia rítmica peculiar”. Al tomar ese objeto “el poeta hace con él algo único: lo integra en su or- ganismo, arraigándolo en el cuer-po”. El poeta de este modo logra “la plena identificación, la identifica-ción sustantiva, con su objeto”. Ese objeto (imagen, ritmo) es “su carác-ter, su índole, el ser mismo”. El poeta se convierte en su poema, “un fenó-meno metamórfico de casi imposi-ble intensidad”. El acto poético “es la creación o invención de sí mismo operada por el poeta a través de esa captura de trozos de lenguaje”. LIBRO DEL MES
ENSAYO
Aprende
David Huerta LAS HOJAS. SOBRE POESÍA (2007-2019) Ciudad de México, Cataria, 2020, 258 pp.
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Lee Las hojas porque en él se ha- ce una nueva defensa de la poesía. Una defensa no contra el mercado, la ideología, la banalidad, la moda, sino contra el facilismo de los poe-tas que fingen ser irracionales y son meramente perezosos. “¿Cómo no van a comportarse estos iluminados de la Palabra como unos pavorrea-les insufribpavorrea-les si están metidos en esos tremebundos asuntos del deli-rio?” “No niego de ninguna manera –dice David Huerta– el papel abso-lutamente decisivo y fundamental de la emoción, el sentimiento y la inspi-ración en la poesía”, pero otra cosa es el “romanticismo chirle y sonambu-lismo intoxicado” de los jóvenes poe- tas. “Ahí están los resultados: los poetas no quieren saber nada de téc-nica, pues ellos solo sirven a la Musa, al daimon, al Otro.” Por falta de cultu-ra “estas resultan siempre gansadas cojitrancas, sordas o tartamudas, ocu-padas de temas empolvados hasta el agobio”. Ni pensar en que los poetas modernos se ocupen de “los infini-tos temas de la ciencia moderna y sus descubrimientos”. ¿Aprender cuatro miligramos de métrica? Imposible. ¿Aprendizaje de los principios bá- sicos de composición? Ni por aso- mo. El problema es que ahora “nadie quiere aprender nada de nada: ¿Pa- ra qué si ya todos son unos genios?”.
Lee Las hojas porque es un lla-mado vehemente a leer poesía y a aprender sus reglas básicas. Y este llamado, viniendo de un alto poeta, debería ser atendido en todo lo que tiene de urgente. “Aprender, apren-der, aprenapren-der, aprender. Aprender ¡claro! a hacer versos de diferentes medidas, a armar estrofas diversas [...], a repasar la gramática y la pro-sodia, la fonología y la retórica.” En resumen, escribe Huerta, “una espe-cie de paraíso”.
Lee Las hojas porque no po- demos participar en los talleres de
David Huerta, pero este libro nos ofrece un atisbo al paraíso del poeta de Incurable, Cuaderno de noviembre,
El ovillo y la brisa.
Lee Las hojas aunque apenas leas poemas de vez en cuando. Léelo por el placer de acercarte a un poeta hablando de cómo se hacen los poe- mas, pero también de la luna, los man- gos y los ríos. Hablando con amor de Cervantes, Garcilaso y Quevedo.
Lee Las hojas, en fin, porque leer es dialogar con el autor. Y pocas co- sas más gratificantes, en este encie-rro obligatorio, que conversar con un poeta, que leer en sus ensayos momentos de gran prosa, mien-tras cuenta anécdotas de Borges, Neruda y Lezama Lima, y desen- traña símbolos y misterios de la poesía de Perse, de Pellicer, de don Luis de Góngora. El encierro obli-gatorio cambia entonces de sig- no. Atisbamos por un momento el taller del poeta. ¿Qué nos dice? Aprende. ~
FERNANDO GARCÍA RAMÍREZ es crítico literario. Mantiene una columna en El Financiero.
CARLOS CHIMAL
¿Puede haber más insano propó-sito que explorar los probables vasos comunicantes entre literatu-ra y ciencia? Una anécdota ilustliteratu-ra su tormentosa relación. Sucede
CUENTO
Una nueva ficción
científica
Benjamín Labatut UN VERDOR TERRIBLE Barcelona, Anagrama, 2020, 224 pp. en Londres, el 28 de diciembre de 1817, durante una cena que ha ofre-cido en su casa el pintor y literato Benjamin Robert Haydon a impor-tantes personalidades de la vida cultural británica. En un momento dado les muestra los avances de su cuadro La entrada de Cristo en Jerusalén, el cual finalizará tres años más tarde y le dará notoriedad en el ambiente intelectual de su país. Charles Lamb comienza a criticarlo por incluir al físico matemático Isaac Newton, así como al filósofo Voltaire y al poeta William Wordsworth. A las burlas del ilustre escritor se une otro poeta, John Keats, quien apa-rece en el mismo cuadro no lejos de aquellos. Keats se lamenta de que Newton haya destruido toda la poesía del arcoíris, al reducir-lo a un truco con un prisma, y de que sus seguidores exaltados, como Voltaire, hayan hecho tanta fiesta con tan poco, atreviéndose incluso a llamar literatura a sus escritos. El resto de los invitados alza su copa y brinda porque la confusión y el misterio, según ellos, propios de la naturaleza, reinen divorciados de las matemáticas y la ciencia de Newton hasta el fin de los tiempos. No fueron los únicos. A pesar de su interés por la ciencia, Johann W. von Goethe también vio como una amenaza las implicaciones espi-rituales emanadas de los descu-brimientos mecanicistas de Isaac Newton. Pensaba que debía prohi-birse mirar más allá de lo que a sim-ple vista podemos observar.La ciencia ficción (cf) no ha
sido una alternativa. Salvo raras excepciones, es un ejercicio de imaginación cuyos hilos se hallan enredados en un modernismo ana-crónico. Si los autores presentan sus historias fantásticas a manera de alegorías de nuestros anhelos y atavismos, resultan débiles y ajenas
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matemático descabellado, una idea del universo indecorosa, el gusto por escalar montañas o cultivar jardi-nes. Despojado de manierismos, Labatut se interna en el drama del brillante químico Fritz Haber, gene- rador de muerte y vida, pues inven-tó el primer gas mostaza (de cloro) y creó un método, junto con Carl Bosch, a fin de extraer nitrógeno del aire, nutriente esencial para el crecimiento de las plantas, lo cual ha evitado una hambruna de esca-la pesca-lanetaria. Vemos a un hombre atrapado en su delirio ambivalen- te que se arrepiente, no de los mi- les de muertos que ocasionó su invento durante la Primera Guerra Mundial, sino por haber alterado el“equilibrio” natural del planeta, temiendo lo peor: que la Tierra deje de pertenecer a los humanos y las plantas se apoderen de ella.
Los protagonistas de la historia reciente de la humanidad que des-filan en este libro fueron esclavos de la técnica y el progreso, rendi-dos ante el poder de una disciplina aparentemente inocua: las mate-máticas. Algunos de ellos supera-ron ese riesgo mediante pequeños gestos de sabiduría, como que-ría Unamuno, si bien nada exen-tos de sufrimiento y dolor, aunque otros no, tal vez porque entender a los habitantes del planeta, lo que hay en él y el universo que lo con-tiene, aunque sea por un instante, no basta, como tampoco es sufi-ciente explicar con un puñado de átomos elementales por qué las cosas parecen ser granulares y qué significa que una realidad cuánti-ca, subyacente a la que vivimos en forma cotidiana, sea una grieta en la creación. ~
a los sentimientos humanos; si es- criben novelas apocalípticas, se vuel- ven fastidiosamente moralizan-tes. La incongruente cf se muestra,
en cambio, consistente en su em- pecinamiento. Por eso algunos pre-fieren incursionar en una nueva fic-ción científica (fc), pues la novela
tradicional tampoco está abordan-do los temas, escenarios, tramas y si- tuaciones planteados por la reali-dad presente, imbuida de ciencias y tecnologías. No saben encapsular
el momento presente, y el lector se tiene que conformar con lo que hay. Hoy la novelística va decenas de años atrás, vive en un pasado pálido, car-gado de palabrería insulsa, estri-dente, o, peor, de poesía meliflua.
Quizá lo mejor de ambas ten-dencias se encuentre en una nueva ficción científica, mezcla sui gé- neris de crónica, novela, intrahis- toria (tal como la concebía Miguel de Unamuno), ensayo narrativo, re- flexión filosófica, poesía. Pode- mos reconocer esta fc en la sutil
ironía de Angela Carter, en la prosa poética de Stanisław Lem, en la especulación acerca de nuestra re- lación con el entorno natural de J. G. Ballard; se trasluce en los poemas fe- nomenológicos de William Wood- ward; es tan amplia que compren- de textos como Il saggiatore de Ga- lileo Galilei, el relato Micromégas, de Voltaire, y novelas como Flatland, de Edwin A. Abbott, o El tío Petros
y la conjetura de Goldbach, de Apos- tolos Doxiadis. La lista también es prolija.
En esta vena literaria se inscri-ben los relatos de Benjamín Labatut contenidos en Un verdor terrible. A pesar de que el primero de ellos re- sulta un tanto vertiginoso, por mo- mentos a punto de caer en una fa- rragosa divulgación científica, lo salva la buena pluma y la intención del autor de llevarnos hacia un ám-
bito que no es exactamente el de la biografía acuciosa, documentada, tampoco el de la novela conven-cional, sino el de la microhisto-ria utilizada por el narrador a fin de presentarse como testigo, quien nos habla de sus personajes al igual que Unamuno lo hace cuando re- lata las cuitas del pueblo silencioso que se levanta cada mañana a labrar sus campos. En este caso, Labatut habla de químicos (la historia del co- lor del Holocausto, el azul de Prusia, el cianuro y el arsénico), cósmicos (las tribulaciones de Karl Schwarz- schild y su relación con Albert Einstein), cuánticos (las disputas entre Erwin Schrödinger, Niels Bohr, Louis de Broglie y Werner Heisenberg) y matemáticos (la per-secución de imposibles por parte de Shinichi Mochizuki y Alexander Grothendieck).
Conforme la lectura avanza, La- batut crea una red ficticia, atormen-tada, se aleja del ensayo narrativo y se interna en la psique de sus per-sonajes, inmersos en un escenario de dudas y soluciones que atentan contra el sentido común: el teatro dantesco de la primera mitad del siglo xx. En una dramática
con-fesión a su mujer, uno de los pri-meros avezados en preludiar la existencia de hoyos negros, Karl Schwarzschild, genio de las mate-máticas y la astrofísica que encontró una solución distinta a las ecuacio-nes de Einstein sobre la geometría del cosmos, afirma: “No lo sé nom-brar ni definir, pero posee una fuer-za incontenible y oscurece todos mis pensamientos. Es un vacío sin for- ma ni dimensiones, una sombra que no puedo ver, pero que siento con toda mi alma.”
Se trata de gente viviendo en el límite, reunida fatal y sutilmente por el autor mediante una sustan-cia química verdosa, un problema
CARLOS CHIMAL es escritor y divulgador científico. Su libro más reciente es Nuevas ventanas al cosmos (Loqueleo, 2020).
LETRAS LIBRES ABRIL 2017 53 LETRAS LIBRES FEBRERO 2021 53 RAFAEL ROJAS
El historiador Jordi Canal, profe- sor de la École des Hautes Études en París, encabeza un proyecto edito-rial que ofrece un formato atractivo para la escritura y la difusión de la historia. Canal propone pensar la his- toria de España en el siglo xx a
tra-vés de siete días que alteraron o con- firmaron el curso de la nación.
Esos siete “momentos estelares”, como habría dicho Stefan Zweig, son los siguientes: 3 de julio de 1898, batalla naval de Santiago de Cuba; 17 de diciembre de 1927, homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla, primer acto de la Generación del 27; 18 de julio de 1936, levantamiento franquista contra la República; 20 de diciembre de 1973, ejecución del almirante Luis Carrero Blanco por comandos de eta; 23 de febrero de
1981, intento de golpe de Estado contra la democracia de Antonio Te- jero; 25 de julio de 1992, inaugu-ración de los Juegos Olímpicos de Barcelona; 11 de marzo de 2004, atentados terroristas contra trenes de la red de Cercanías Madrid.
La secuencia muestra el devenir de una nación, nacida de la desin-tegración final de un imperio colo- nial decimonónico, que experimen-ta una guerra civil, una dicexperimen-tadura y una transición a la democracia en el siglo xx. El inicio de esa
evolu-ción no podría ser otro que la derro-ta de España en la guerra de 1898.
HISTORIA
El 98 y sus equívocos
Tomás Pérez Vejo 3 DE JULIO DE 1898. EL FIN DEL IMPERIO ESPAÑOL
Madrid, Taurus, 2020, 256 pp.
Guerra extraña, donde la hubiese, que comenzó como un levantamien-to separatista cubano y terminó con una intervención militar y naval de Estados Unidos, cuyo desenlace no fue la plena independencia de la is- la de Madrid sino una nueva forma de soberanía limitada bajo la tutela de Washington.
El libro de Tomás Pérez Vejo, que introduce la colección, propone una narración ágil y, a la vez, ponde-rada, del episodio militar emblemá-tico y decisivo de la guerra del 98: la batalla naval de Santiago de Cuba. La escuadra española, comanda-da por el almirante Pascual Cervera y Topete e integrada por cuatro cru-ceros acorazados y dos destructores o contratorpederos, había quedado atrapada, en la bahía de Santiago, por el bloqueo naval de la armada estadounidense, que contaba con más de sesenta embarcaciones y siete acorazados modernos.
El almirante Cervera debió enfrentar el dilema de rendirse o bur- lar el bloqueo, lo que en la práctica suponía la inmolación. Su dramáti-co mensaje el 3 de julio en la maña-na reveló la elección del sacrificio: vestidos con uniforme de gala, tra-tarían de salir a mar abierto y, de ser neutralizados por el bombardeo, de- bían “clavar la bandera”, embarran-car o hundirse, para que el enemigo no pudiera apoderarse de los “viejos y gloriosos cascos” de la real arma-da. Como en la antigua Numancia, era preferible, según Cervera, ter-minar como “cadáveres flotando sobre aguas que han sido y son de España”.
Pérez Vejo cuenta que los cua-tro cruceros españoles, el insignia In-
fanta María Teresa (que capitanea-ba el propio Cervera), el Vizcaya, el
Cristóbal Colón y el Almirante Oquendo, embarrancaron o vararon en menos de cuatro horas. La batalla fue breve
y fulminante: perdieron la vida 343 españoles, 151 resultaron heridos y 1,889 fueron tomados prisione-ros, entre ellos el propio almirante Cervera. Del lado de Estados Uni- dos, ningún barco fue hundido y so- lo hubo un muerto y dos heridos.
Lo decisivo en este libro no es, sin embargo, la narración preci-sa y amena sino la interpretación de un hito de la historia de España y América. No porque ese hito cam-biara sustancialmente la historia de la península y el Caribe hispa-no sihispa-no porque cerró una tempo-ralidad y abrió otra en el Atlántico. España había dejado de ser una gran monarquía católica transatlán-tica hacia 1820, con la independen-cia de la mayor parte del territorio hispanoamericano, aunque conti-nuó siendo un imperio colonial en el Caribe y en algunas islas del Pacífico: Filipinas, Guam y las Marianas. Ese imperio había colapsado económi-camente, sobre todo en Cuba, antes
54 LETRAS LIBRES ABRIL 2017 LIBROS 54 LETRAS LIBRES FEBRERO 2021 LIBROS ENSAYO
La desfiguración
democrática
Nadia Urbinati YO, EL PUEBLO. CÓMO EL POPULISMO TRANSFORMA LA DEMOCRACIA Traducción de Aridela Trejo y Alejandra Ortiz Hernández Ciudad de México, Grano de Sal/INE, 2020, 304 pp.CIRO MURAYAMA
En Yo, el pueblo. Cómo el populismo
trans-forma la democracia, Nadia Urbinati estudia el populismo “como proyec- to de gobierno” que transmuta los principios y reglas de la democracia al grado de desfigurarla. La autora identifica que populismo no es si- nónimo de fascismo pero que com-parte “bordes borrosos” con este y la democracia, situándose a medio camino entre ambos. El populis-mo aparece copopulis-mo un parásito que se engendra y crece en la democra-cia, pero que también se extingue con ella abriendo paso a “otro régi-men, quizás autoritario, dictatorial o fascista”.
El fenómeno del que se ocupa Urbinati, si bien puede rastrear-se desde el siglo xix, es el que se ha
extendido en los últimos años tanto en democracias occidentales con-solidadas como en las emergentes. De modo que propone “leer el popu-lismo como una estrategia para llegar al poder que emplea procedimientos democráticos con fines no democrá-ticos”, cuya esencia es la negación de
RAFAEL ROJAS es historiador y ensa-yista. Editó, al lado de Vanni Pettinà,
América Latina. Del estallido social a la implosión económica y sanita-ria post covid-19 (Crítica, 2020).
de 1898, con el fuerte involucramien-to de intereses estadounidenses. La derrota de Santiago vino a confirmar un proceso de descolonización del Estado nación español que comen-zó un siglo atrás.
La humillación del Tratado de París fue eso, una humillación más que una pérdida real. La confirma-ción simbólica de una decadencia que advirtieron las grandes men-tes y plumas de la última genera-ción del siglo xix mucho antes de
1898. La constatación de ese declive y su mayor o menor regeneracionis-mo produjo nostalgias imperiales y mucho lamento de grandeza venida a menos. Es en ese malestar donde habría que encontrar las raíces del falangismo y el franquismo, pero también de los nuevos nacionalis-mos peninsulares en el País Vasco, Cataluña y Galicia que han tenido una evolución propia.
Para Pérez Vejo, el 98 es más la señal de arranque del siglo xx
espa-ñol que el desenlace ineluctable del breve siglo xix peninsular. Casi todo
lo que vino después, el tormentoso reinado de Alfonso XIII, la Segunda República, el franquismo e, incluso, la transición democrática de fines del xx, tuvo que ver con el
compli-cado rediseño de la nación Estado española luego del largo periodo que va de la monarquía católica al impe-rio colonial.
Este libro vuelve al trauma del 98, en la historia de España, no para recaer en los tópicos del desastre o la decadencia sino para trazar una compleja línea de exclusión que va de la ausencia de cubanos, puertorri-queños y filipinos, en las negociacio- nes del Tratado de París, al relanza-miento de nativismos peninsulares que sostienen una relación incó-moda con la democracia. En épo- ca de tanto rebrote nacionalista, Pérez Vejo invita a pensar un hito
la legitimidad del pluralismo políti-co y de los mecanismos de interme-diación entre gobierno y sociedad.
Los populistas pueden ser de izquierda o derecha, no necesitan un programa de políticas claro, basta con que “usen un lenguaje de con-dena, que acusen a los enemigos del pueblo de corruptos e inmorales, y que declaren que el líder popu-lista está decidido a llevar al pueblo al poder”. Urbinati se interesa por analizar y discutir no tanto lo que el populismo es, sino lo que hace una vez que gobierna, cuando trastoca el significado de mayoría para vol-verse una suerte de “mayoritarismo” donde “las opiniones y las decisiones que se oponen al pueblo populista son castigadas, ridiculizadas y re- chazadas como una conspiración de las élites”. El populismo deviene en exclusión de las minorías políticas y en negación de la discrepancia.
En el populismo, en vez de la re- presentación de la pluralidad por el parlamento, se pretende la
encarna-ción del pueblo en el líder. La diver-sidad de actores se sustituye solo por “dos jugadores: el pueblo y el líder”. La consecuencia es que “un líder po- pulista en el poder debe crear una nueva forma de democracia para sobrevivir, y esto a su vez crea el riesgo de que el líder destruya las instituciones y los procedimientos democráticos, de manera tal que resulte fatal para todo el sistema político y administrativo”. Ello hace imposible la estabilidad en y de un gobierno populista: “el populismo en el poder está condenado a ser des-equilibrado (como si estuviera en una campaña permanente) o a con-vertirse en un nuevo régimen. No puede darse el lujo de ser un gobier-no democrático entre otros porque la mayoría a la que representa no es una mayoría entre otras: es la ‘buena’, que existe antes de las elecciones del pasado español como fuente de
LETRAS LIBRES ABRIL 2017 55 LETRAS LIBRES FEBRERO 2021 55
biernos populistas contemporáneos. Para enfrentar el populismo es pre-ciso entenderlo más allá de sus mani-festaciones inmediatas. El suyo es un texto surgido desde la academia, pero pensado para trascender las aulas universitarias porque se hace cargo con claridad y rigor analítico de un fenómeno que comienza a exten-derse como un problema global y estructural de las democracias con-temporáneas. ~
der de una nueva élite y, al hacer-lo, transforma las instituciones y los procedimientos democráticos en ins- trumentos como si fueran propie-dades en manos de la mayoría o del ganador”. A fin de cuentas, la retó-rica populista “es un llamado para cambiar la élite en el poder”. Es tal la transfiguración de la democracia cuando el populismo ejerce el poder que no solo afecta al gobierno si- no al Estado, pues quiere “fusionar la opinión de una parte del pueblo y la voluntad del Estado”, de tal suer-te que “busca eliminar toda distin-ción entre la política constitucional y la ordinaria, clave para mantener el orden democrático”.
Para la autora, el gobierno popu-lista no se hace cargo, siquiera, de las cuentas que entrega: “Como el líder solo es la boca del pueblo y no tiene voluntad propia, las cosas que hace deben ser las cosas que el pueblo le pidió. Si no logra los resultados, la responsabilidad debe recaer en manos de los enemigos del pueblo, quienes nunca desaparecen (y nunca duermen). De este modo, el líder irresponsable recurre a menudo a teorías de conspiración como una suerte de ‘ideología de la excusa’.”
Hacia el final de su libro, Ur- binati llama a especialistas y ciuda-danos a reflexionar sobre qué ocu-rrió, qué provocó una insatisfacción tan hostil hacia los partidos y el plu-ralismo. Es tiempo de revisar los déficit sociales y económicos de la democracia representativa, pues “salir del populismo es muy distin-to a volver a donde estábamos antes. Ese ‘antes’ se devaluó en el mismo momento en que permitieron los éxitos populistas”.
La profesora de la Universidad de Columbia dialoga y debate a lo largo de Yo, el pueblo con autores clave de la ciencia política para expli-car y expliexpli-carse qué implican los go- y al margen de ellas”. Esta
inestabi-lidad intrínseca al populismo hace que esté “sujeto a dos riesgos de aniquilación: regresar al gobierno representativo usual o volverse una dictadura”.
Si bien el populismo no pres-cinde de las elecciones tampoco les concede su cualidad como procedi-miento fundamental que permite la expresión y recreación del plu-ralismo intrínseco a las sociedades complejas. Para el populista las elec-ciones no producen reconfiguracio-nes políticas sino que constatan la existencia de una mayoría auténtica, afirmando así la legitimidad no solo numérica sino moral del líder y los suyos sobre el resto. “Se podría decir que el populismo utiliza las elec- ciones como plebiscitos. Y al hacer-lo las desfigura.” No sorprende entonces el inexistente compromi-so democrático de los populistas con los resultados electorales cuando no les favorecen.
El populismo tiene fobias per-sistentes hacia el sistema de parti-dos, los medios de comunicación, los intelectuales, que invariablemen-te identifica con la éliinvariablemen-te, con el sisinvariablemen-te- siste-ma y como obstáculos a su causa. Un común denominador es su airada denuncia de la corrupción pero tam-bién lo son la extendida práctica del nepotismo y el reparto de favores con cargo a los recursos del Estado para preservar su mayoría. Un rasgo adi-cional que caracteriza al populista es su reticencia frente a la transparencia y la rendición de cuentas, pues supo-ne que su permasupo-nente exposición popular y la fe de su pueblo como marca de legitimidad lo eximen de sujetarse a los controles formales y a las instituciones intermediarias, que ve como meros estorbos.
Aunque su discurso es contra las élites políticas partidistas, el populis-mo busca “satisfacer el deseo de po-
CIRO MURAYAMA es economista, consejero electoral del Instituto Nacional Electoral y autor del libro La democracia a prueba (Cal y Arena, 2019).
ENSAYO
El mundo desde
el escritorio
Zadie Smith CON TOTAL LIBERTAD Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino Barcelona, Salamandra, 2021, 448 pp.
ALOMA RODRÍGUEZ
Zadie Smith (Londres, 1975) es no- velista, así se define ella todo el rato: no dice escritora, no dice que escribe cuentos. Es una escritora de nove-las, y dice que escribe novelas no como una forma de autoconoci-miento: “Ese es, para mí, el impulso novelístico primario: la asunción de la posibilidad de una vida distinta.” Smith ha publicado cinco novelas –la más reciente es Tiempos de swing–, también dos colecciones de relatos y antologías de ensayos. Acaba de aparecer en español Con total libertad, un volumen que reúne ensayos apa- recidos en The New York Review of
Books, The New Yorker o Harper’s, ade-más de algunos inéditos y textos que han aparecido como prólogos o en
56 LETRAS LIBRES ABRIL 2017 LIBROS 56 LETRAS LIBRES FEBRERO 2021 LIBROS
entraña una simplificación peligro-samente engañosa.”
Cuando escribe de El buda de
los suburbios, de Hanif Kureishi, es divertida, inteligente y sorprenden-te; cumple con lo que se espera de un prólogo, que dé ganas de leer el libro; esa novela, por cierto, vuel-ve a aparecer en otro de los ensayos: “Le debo mucho, en lo personal y profesional, al retrato que Kureishi hace de las extrañas relaciones que pueden darse entre los inmigrantes de primera generación y sus hijos.”
Uno publicado en The Guardian, “Lecciones de danza para escrito-res”, está entre mis favoritos: ahí establece taxonomías de bailarines, por ejemplo, Gene Kelly frente a Fred Astaire (“El centro de grave-dad de Gene parece haber estado mucho más abajo: dobla las rodillas, se agacha; está anclado a la tierra, con los pies bien plantados, mien-tras que Astaire ha levado anclas y flota en libertad”), Prince frente a Michael Jackson (“La gente bailará como Michael Jackson hasta el fin de los tiempos. Prince, en cambio... el adorado y escurridizo Prince, es uno de esos nombres escritos en el agua. Y de él, un escritor puede extraer la lección de que lo escurri-dizo puede poseer una belleza más profunda que lo legible”).
De muchos de estos ensayos se extraen lecciones, cuando habla de Philip Roth o Edward St. Aubyn, algún descubrimiento, un resca-te (Ursula K. Le Guin, por ejem-plo) y algún que otro golpe, como el que recibe Sigrid Nunez a propó-sito de su libro Siempre Susan, sobre Sontag, “donde solo los sentimien-tos son vulgares, nunca las frases”, escribe Smith. Y aunque parezca que no siempre hay una evidente relación entre los ensayos en reali-dad sí la hay, porque todos los tex-tos abordan la identidad: quiénes catálogos de artista. Es, en parte, un
libro de retales, de recopilación de textos dispersos que llega poco des- pués de la aparición del volumen breve y urgente Contemplaciones, compuesto de seis piezas escritas durante el confinamiento.
Los artículos reunidos en Con
total libertad se escribieron a lo largo de los ocho años de mandato de Obama, y en ellos caben desde ensayos motivados por una pelícu-la, perfiles de humoristas o de rape-ros, una conferencia sobre el uso de la primera persona, Justin Bieber, el Brexit, una disertación sobre el cam-bio y el gusto a propósito de Joni Mitchell o el relato de sus estan-cias en Italia, primero con su padre y luego con su marido tras la muerte de su padre. Smith es británica, hi- ja de jamaicana e inglés blanco, está casada con un irlandés y ha pasa-do varios años vivienpasa-do en Estapasa-dos Unidos. Pero no es una ensayis-ta esensayis-tadounidense, su tradición es otra: es una observadora del mundo desde la cultura. Sus textos dialogan con otros textos, con Séneca, Woolf o las letras de Jay-Z, hablan de expo-siciones, de películas y de música, y también de libros. A veces el análi-sis es un fin en sí mismo, como en la mayoría de los textos que escribió para la columna semanal de Harper’s, dedicada a los libros. Otras veces hay una búsqueda que se parece más a la que se da en la filosofía que a la del periodismo.
En el volumen los textos están agrupados bajo cinco epígrafes: en el mundo, entre el público, en la galería, en la estantería y con total libertad. En el primer bloque se ocupa de asuntos como el Brexit y el cambio climático; el segundo son textos sobre películas y música, es decir, sobre espectáculos; el tercero sobre arte, el cuarto sobre libros y el último es una miscelánea donde hay
piezas autobiográficas y análisis del mundo contemporáneo donde la filosofía y la cultura pop conviven. En el prólogo escribe: “La escritu-ra existe (paescritu-ra mí) en la intersec-ción de tres elementos precarios, inciertos: el lenguaje, el mundo y el yo individual. El primero nunca es del todo mío, el segundo solo puedo conocerlo parcialmente y el tercero es una respuesta maleable e impro-visada a los dos anteriores.”
Algunos de los ensayos aquí reunidos forman parte de los deba-tes del mundo contemporáneo, como el que dedica a ¡Huye!, cinta de Jordan Peele, y al cuadro de Dana Schutz Open casket y que cues-tiona la idea de apropiación cultu-ral como categoría aplicable al arte. Una de las constantes del libro es la insistencia en no reducir a los artis-tas a representantes de su subgru-po; Smith insiste en el tema racial, pero se puede aplicar también al sexo: “La tendencia a atribuir un objetivo general, tal como la inser-ción de la figura negra en el canon blanco, banaliza sus desafíos ante los lienzos concretos y el proble-ma que cada obra de arte particular plantea”, escribe a propósito de la pintora Lynette Yiadom-Boakye, pero es extrapolable. Los textos dedicados al Brexit y a contar cómo era el Reino Unido en el que cre-ció, insistiendo siempre en todo lo que le debe al Estado de bienestar, no tanto por coquetería como por agradecimiento, no por leídos dejan de ser lúcidos: “Un referéndum magnifica los peores aspectos de un sistema ya de por sí imperfec-to, la democracia, al pretender que una amplísima variedad de cuestio-nes pase a través de una puerta muy estrecha. Da la impresión de que la ciudadanía gana terreno –¡la demo-cracia definitiva: pulgares arriba o pulgares abajo!–, pero en la práctica
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ALOMA RODRÍGUEZ es escritora y miembro de la redacción de Letras Libres. En 2016 publicó Los idiotas prefieren la montaña (Xordica).
somos, por qué nos gusta lo que nos gusta o cuándo empezó a gustar-nos; pero también cómo nos afecta la familia, eso se ve en el estupen-do “Amor en los jardines” o en “El cuarto de baño” (“la familia es un suceso que entraña cierta violen-cia y solo años después, en la vorá-gine retrospectiva, descifras quién salió herido, de qué modo y hasta qué punto”) o el contexto social y lo compartido, como en “Felicidad” o en “Encuentra tu playa”. Con total
libertad es un libro inteligente y divertido, de una escritora un poco sabihonda pero vulnerable, es decir, humana. ~ HISTORIA CULTURAL
Del polímata al
profesor universitario
Peter Burke THE POLYMATH. A CULTURAL HISTORY FROM LEONARDO DA VINCI TO SUSAN SONTAG New Haven, Yale University Press, 2020, 352 pp.WILFRIDO H. CORRAL
Sorprenden la celeridad y el descuido con que las universidades estadou-nidenses de prestigio califican de “brillante” a un profesor cuando quieren darle un nombramiento o ascenderlo. Ante la nómina ecuá-nime de polímatas que enlista Peter Burke (Stanmore, 1937) en su libro más reciente, el mejor de aquellos profesores hace pensar en aquella frase de Tomás de Aquino: “Temo al hombre de un solo libro.” Es fácil constatar por qué los polímatas son pocos. Reconocido historiador social
del conocimiento y sus crisis (de los siglos Antes de la Era Digital al día de hoy), Burke despliega un relato sosegado del polímata para separar la paja del heno, y su estimación no puede ser mejor cuando nos pregun-tamos si la necesipregun-tamos.
Al final de 2019, año en que Burke termina su libro, el Louvre montó la exposición “Léonard de Vinci”, concentrándose en sus dibu-jos y en el componimento inculto, es decir, la composición intuitiva basa-da en la libertad intelectual técnica que permite captar la verdad de las formas. La muestra no busca fasci-nar al público con la “ciencia” o los procedimientos del artista-ingenie-ro e inventor, sino que enfatiza la familia nómada que forman sus arti-lugios, cuadernos, libretas y otros úti-les: unas siete mil páginas de notas y dibujos versus doce a quince cua-dros. El carácter canónico de aquel
uomo universale impulsa al fascinante
The polymath; y las anécdotas, excen-tricidades e historias de otros prota-gonistas menos conocidos hacen del libro una absorbente defensa de la originalidad.
Según Burke –que no habla de “excéntricos”, “expertos”, “genios” o “maestros”, conceptos más o menos relacionados–, hay polímatas centrí-fugos o centrípetos, enclaustrados, pasivos autores de “ficciones” como Borges, H. G. Wells o Huxley, y polí-matas en serie. Estos últimos, más del siglo xx, tienen intereses
pare-cidos a los mencionados en el ter-cer capítulo, “The age of ‘monsters of erudition’, 1600-1700”: Kircher (recuperado por Paz para explicar a sor Juana), Pascal, Huet, Newton, Leibniz, Bayle, Vico, Swedenborg, Montesquieu, Voltaire y decenas más. Ese siglo de oro no es un sim-ple milagro sino el resultado de cam-bios culturales y sociales, en donde sobresale sor Juana que, como su
contemporánea la reina Cristina de Suecia, “sabía todo”. Es una centu-ria de diccionarios y enciclopedias.
La muestra de seis “polímatas en serie”, todos fallecidos, es parti-cularmente reveladora por los entre-telones que examina el vivaz Burke. Cuando Harvard no le renovó su contrato como antropólogo, Gregory Bateson multiplicó sus intereses en otros campos, entre ellos la multidis-ciplinaria “ecología de la mente” con que se hizo famoso. Herbert Simon (con Benedetto Croce y George Steiner, otro “renacentista”) no toma-ba en serio las “tribus académicas”, estudió ciencias políticas, y mereció el Nobel en economía sin trabajar en un departamento universitario de esa especialidad. Por su parte el jesuita Michel de Certeau aplicó su capaci-dad interdisciplinaria a la sociología, antropología e historia, sin olvidarse de la filosofía o la teología. Casi cada página de The polymath contiene rela-tos similares del fluir y congruencia cognitiva necesarios para los polí-matas, y para Burke la trama no es el alma de su libro ni lo que le da su integridad. De la misma manera, la clase, estilo o que muchos políma-tas hayan sido jesuipolíma-tas son más una fuente de detalles atmosféricos que un principio explicativo.
En el sexto capítulo (“A group portrait”), Burke sintetiza las caracte-rísticas y “psicología” de esas “fuentes de conocimiento”, comenzando con la curiosidad (sor Juana y al etnógra-fo Fernando Ortiz son sus muestras), imaginación, inquietud, capacidad de trabajo y otras singularidades afi-nes, todas positivas. El historiador sigue con la discusión de la archi-conocida diferencia (gracias a Isaiah Berlin) entre zorros y erizos respec-to al conocimienrespec-to, mostrando (con aserciones de varios polímatas) que las dificultades de esa dicotomía no yacen en acumular información
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útil. Concluye con el definitorio “Síndrome de Leonardo”, es decir “la dispersión de intereses que a veces les ha impedido producir libros, terminar investigaciones o hacer descubrimientos de los que estaban cerca”: entre los practican- tes están Marx (discutido más a fondo entre los fundadores de disci-plinas en el quinto capítulo, “The age of territoriality, 1850-2000”), los her-manos Humboldt, Linus Pauling y De Certeau.
Cuando se ocupa del presen-te y los “críticos culturales” Burke no siempre escudriña según sus criterios, sino por la visibilidad políticamente correcta. Así suce-de cuando elige la impenetrabili-dad e hipocondría ética de Gayatri Spivak o Judith Butler, y omite a Erich Auerbach. Ni ellas ni el filó-logo están entre los “500 políma-tas occidentales” que constan en el apéndice; aquellas porque el regis-tro excluye a los vivos y el alemán, sospecho, por no tomar en cuenta su impacto mundial, no menor que el de Edward Said o el de Todorov, que sí aparecen. Para recordar que los polímatas no solo florecieron en Occidente, “East and West”, capí-tulo con que se abre el libro, bos-queja la erudición griega, china e islámica (Da Vinci había leído a Plinio y a Al Kindi), desnivelan-do las suposiciones derivadas de
las historias de la excepcionalidad occidental. A la vez, que Burke ras-tree las conexiones de esas culturas con Isidoro de Sevilla, Averroes o Ramón Llull no explica, o mini-miza, el evidente occidentalismo de críticos literarios como Spivak o Said.
En “The age of the ‘man of let-ters’, 1700-1850”, Burke distingue a los españoles Hervás y Panduro y Jovellanos, no estrictamente como críticos literarios. Después de rela-tar cómo Bayle escribió casi todas las reseñas de la revista Nouvelles
de la République des Lettres y resu-mir las redes que construyó con polímatas como Kircher y otros, se concentra en Sainte-Beuve, Tocqueville, Renan, Taine, Mill, Ruskin y Arnold. Cierta indeci-sión, apoyada por cotilleos, ocurre con las “nuevas mujeres de letras”, Austen, las Brontë, Sand, Staël y Eliot. Burke recuerda en el capítulo siguiente que Sontag aseveró: “No quiero ser profesora ni quiero ser periodista. Quiero ser una escrito-ra que también es una intelectual”, y así escribió con autoridad en una docena de campos, en ensayos, la forma idónea para yuxtaponer cómo se conversa y debate a través de los siglos. Sorprende que Burke no ponga en perspectiva los logros de Barthes, del que habla breve-mente, quizá porque –como para el “polímata enclaustrado” Foucault– la época de la “territorialidad” difi-culta la clasificación.
Según las entrevistas recogidas por Waqas Ahmed para The polymath (2018), antecesor que Burke men-ciona de paso, se vende el mito de que especializarse es la única mane-ra de llegar a la verdad, cuando la especialización no es más que un sistema obsoleto que fomenta des-ilusión, explotación e ignorancia; a la vez que impide creatividad,
oportunidad y progreso. Para Burke se necesitan ambas vías, y el crecimiento de esa tendencia es la vértebra de su historia. El octavo y último capítulo, “The age of inter-disciplinary”, examina la actua-lidad, para revelar negociaciones institucionales y gubernamentales (a veces semiformales) por unificar el conocimiento en teoría y prácti-ca. Esto ha provocado una interdis-ciplinariedad en que la ambición y la presunción sustituyen la falta de disciplina de expertos en nada. No menos importante, luego de haber previsto las crisis que vendrán, el autor apunta a las posibilidades de la crítica digital. Como documento cultural, a veinte años de la fuen-te abierta Wikipedia, The polymath cuestiona si lo más importante es cómo resumir el valor económico o social del conocimiento (que no son datos sino lo que se hace con ellos), o si la división y especiali-zación del trabajo que defendía el polímata Adam Smith admite que pueda haber polímatas desconoci-dos por su contexto inmediato. Los textos de un verdadero políma-ta –Reyes, incluido en la lispolíma-ta, a la que habría que añadir otros como Henríquez Ureña y Paz– estimu-lan e inspiran; y a través del tiem-po, culturas y lenguajes facilitan un sentido de intimidad, de per-tenencia para una formación futu-ra si se quiere. Si se ha degenefutu-rado del polímata al sabelotodo y de ahí al profesor universitario es porque el primero se atreve con los tabúes y no está ligado al éxito personal o a sistemas falsamente inclusivos que le usurpen su libertad. El polímata deja que lo guíe su apetito irrepri-mible por saber. ~
WILFRIDO H. CORRAL es crítico literario. Su estudio Los peajes de la crítica latinoamericana
aparecerá próximamente.
LIBROS
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LETRAS LIBRES FEBRERO 2021
59 LIBRO DEL MES
MANUEL ARIAS MALDONADO
El teórico político francés Pierre Rosanvallon tiene ya una fructífera trayectoria investigadora a sus espaldas, que ha sabido comunicar al público culto a través de persuasivos ensayos que se ocupan con agudeza del pasado, presente y futuro de la democracia; nada más natural, pues, que en su último trabajo se interese por el ascenso del populismo, que a su juicio ha venido a revolucionar la política del siglo xxi sin que todavía
hayamos sido capaces de entenderlo cabalmente. Para eso, se entiende, comparece él mismo. Rosanvallon in- terpreta el populismo, para bien y para mal, a partir de su propia teoría de la democracia; desde ese punto de vis- ta, el populismo es incluso conveniente porque pro-porciona la oportunidad de reorientar el gobier-no representativo en su conjunto: para salvarlo, hay que transformarlo. En ocasiones, el pensador fran-cés habla desde una óptica demasiado francesa, lo que quiere decir apegada a la realidad peculiar de un régi-men presidencialista donde el populismo, sobre todo de derecha pero también de izquierda, lleva un tiem-po amenazando al mainstream reformista. Por lo demás, dice mal cuando opina del populismo que, “aunque el término aparezca por todos lados, la teoría del fenó-meno no se encuentra en ninguno”. Es verdad que no existe una teoría unificada del populismo, pero tam-bién lo es que en los últimos años se han multiplicado los estudios sobre este apasionante y escurridizo obje-to: el lector que se atenga a la literatura aquí citada no podrá sospecharlo, pues Rosanvallon prefiere ceñir-se a referencias mayormente francesas y ceñir-se centra en la formulación de sus propias categorías interpreta-tivas. El interés del libro se cifra así en la apuesta que hace su autor por presentar una teoría personal del
Una teoría
del populismo
populismo que aproveche por igual al lector genera- lista y al académico especializado. Matices al margen, la jugada sale bien: el populismo de Rosanvallon no es el único posible, por mucho que él parezca creerlo en algún momento, pero su visión del mismo es valiosa y digna de atención.
Después de una introducción en la que describe el populismo como “una realidad a teorizar”, Rosanvallon sugiere la necesidad de que nos fijemos más en su natu-raleza que en sus causas, pasando del énfasis sobre sus cualidades negativas o de protesta al análisis de su “fuerza positiva” como propuesta política. Es algo que, en el contexto anglosajón, habían hecho ya Matthew Goodwin y Roger Eatwell en su libro de 2018, donde hablan de un “nacionalpopulismo” que tiene razones para rebelarse contra la democracia liberal en nombre de una democracia popular. De ahí que el populismo pueda considerarse hasta el momento la ideología ascendente del siglo xxi: además de destruir, dice querer construir
otra cosa. Tras el fracaso de la alternativa comunista, el populismo prueba suerte en la lucha contra la demo-cracia liberal y por eso es atractivo para los poscomu-nistas: donde dije clase, digo pueblo. Pero, dado que los populistas no son capaces de articular doctrinalmente sus propuestas, esta tarea recae en sus comentaristas. Y lo que Rosanvallon quiere aportar es “un primer esbozo de esa teoría faltante” del populismo. Para ello, organiza su libro de manera eficaz: una anatomía que expone los elementos constitutivos de la cultura políti-ca populista; una historia que es tanto conceptual como atinente a distintos “momentos” populistas del pasa-do; y, finalmente, una crítica del populismo que, inspi-rándose en trabajos previos, termina proponiendo vías para dinamizar la democracia representativa con obje-to de salvaguardarla de sus enemigos.
Lo cierto es que Rosanvallon no es demasiado ori-ginal cuando identifica los elementos constitutivos del populismo, ni tiene por qué serlo; lo que hace es ofrecer su propia combinación a partir de los rasgos observa-dos en los populismos realmente existentes, proporcio-nándoles de paso densidad teórica. Así, la concepción del pueblo del populismo se ve enriquecida por la refe-rencia a la distinción entre el pueblo-cuerpo cívico y el pueblo-cuerpo social, si bien la tensión resultan-te entre ambos tiene poco de novedoso. Rosanvallon, en todo caso, la expresa con brillantez: “La tensión en- tre la unanimidad como principio de legitimación y la pluralidad como técnica de decisión hace al meollo de la dificultad democrática.” Más interesantes re- sultan la exposición y la crítica de la concepción po-
ENSAYO LIBRO DEL MES
Pierre Rosanvallon EL SIGLO DEL POPULISMO
Traducción de Irene Agoff Barcelona, Galaxia Gutenberg,
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pulista de la democracia, que Rosanvallon quiere fundar en los elementos democráticos del gobierno re- presentativo y no, como es norma, en los liberales: por eso defiende las instituciones contramayoritarias (co- mo los tribunales constitucionales o los bancos centra- les) y arremete contra el referéndum (que, dicho sea de paso, suele contarse como herramienta del populismo cuando llega al poder a pesar de que los plebiscitos son mucho más frecuentes que las consultas popula- res propiamente dichas). El pensador francés completa su clase de anatomía destacando la dimensión políti- ca del proteccionismo económico (espejo invertido de la libertad económica del liberalismo, que nace como herramienta política contra el absolutismo) y subrayando el carácter central de las emociones en la cultura política populista: el sujeto que se siente ol- vidado es decisivo para la emergencia del populismo, si bien prestamos insuficiente atención al agente político que le recuerda que ha sido olvidado.
En la indagación histórica de los orígenes del populismo encontramos páginas genuinamente enri-quecedoras. Aparte de honrar los precedentes ruso y es- tadounidense del siglo xix o de enfatizar la importancia
de la experiencia latinoamericana de los años cincuen-ta, destacando la figura pionera del colombiano Jorge Gaitán, Rosanvallon echa mano de su conocimiento de la historia francesa para iluminar una genealogía habi-tualmente desatendida en los estudios históricos sobre el populismo: esa que conecta la experiencia contem-poránea con el cesarismo de Napoleón III, defensor de la democracia plebiscitaria y practicante del viaje como fórmula de conexión emocional con el pueblo. Cuando echa la mirada atrás, Rosanvallon valida además su pro-pio diagnóstico: el estallido populista de la Belle Époque fue conjurado porque las democracias supieron reno-varse y eso es justamente lo que tienen que hacer ahora. El populismo, por lo tanto, tiene razón o cuando menos buenas razones: el autor francés es crítico mas compren-sivo y por momentos habla con simpatía de Mélenchon o Errejón, convencido como está de la superioridad moral del populismo de izquierdas sobre el populismo de derechas.
Sea como fuere, Rosanvallon desmantela con efi-cacia el aparato teórico del populismo: denuncia su fascinación adolescente por el poder constituyente, defiende la cualidad democrática de la regla de la mayoría, censura el propósito de “absolutizar” la legi-timación electoral, identifica al poder judicial como un poder popular de resistencia frente a la potencial tiranía de las legislaturas y separa, en fin, el pueblo populista
de la sociedad democrática. También alerta sobre las “democraturas”, o sea regímenes populistas que remo-delan las instituciones y las ponen al servicio de líde-res con vocación autoritaria. A su juicio, es necesario evitar la mera defensa del statu quo y, por el contrario, “ampliar la democracia para darle cuerpo, multiplicar sus modos de expresión, procedimientos e institucio-nes”. Rosanvallon, pensando seguramente en el mode-lo presidencialista francés que establece una relación directa entre el líder electo y su pueblo, nos habla así de “democracia interactiva”, de “representación narra-tiva”, del uso del sorteo, del “ojo del pueblo”, así co- mo del paso de la democracia de autorización a la democracia de ejercicio e incluso “de confianza” entre el “buen gobernante” y –suponemos– el buen ciuda-dano. Son fórmulas seductoras, pero el papel lo aguan-ta todo: la funcionalidad de esaguan-tas propuesaguan-tas abstracaguan-tas tendría que ser validada mediante una práctica fatal-mente mediada por los malentendidos comunicativos, los conflictos trágicos y la lucha por el poder.
En definitiva, estamos ante un libro recomendable por igual para el ciudadano preocupado y para el acadé-mico especializado, impecablemente editado (pese a al- guna decisión inexplicable de la traductora: ¿por qué “descripto” o “inscripto” en lugar de “descrito” e “ins-crito”?), que nos ayuda a comprender un fenómeno de apariencia sencilla y trasfondo complejo: si el populis-mo marcará todo nuestro siglo o solamente su segun-da décasegun-da, esperamos poder averiguarlo. ~
MANUEL ARIAS MALDONADO es profesor de ciencia política en la Universidad de Málaga. En 2020 publicó Nostalgia del soberano (Libros de la Catarata) y Desde las ruinas del futuro (Taurus).
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