Si se observan la mayoría de los ribazos existentes, cuya finalidad es guardar la tierra, se nota que aproxi-madamente siguen las curvas de nivel del terreno, y el labrador labra su tierra paralelamente al ribazo, aun cuando alguna vez le gusta cruzar la labor. Las prác-ticas de conservación del agua y del suelo no permiten ya ninguna clase de labores que no sigan lo más exac-tamente posible las curvas de nivel del terreno. El agua tiene que quedarse quieta en el surco, sin que importe que sea recto o curvo.
En las comarcas de lluvias escasas se busca por este procedimien to el almacenar en la tierra la mayor can-tidad posible de agua, y que se infiltre con igualdad en todo el terreno, lo mismo en las partes altas que en las bajas. En donde las lluvias son abundantes, la prime-ra finalidad perseguida es que el agua no arprime-rastre la tie-rra. Al efectuar las labores siguiendo las curvas de ni-vel, el surco detiene el agua y la obliga a entrar en la tierra, le impide que se mueva y que produzca el arras-tre del suelo.
El labrar siguiendo las curvas de nivel es tan fácil como tirando surcos rectos, se adelanta más y es más
-76-económico. En diferentes experiencias realizadas, se ha demostrado que el ahorro de tiempo alcanza al 12,8
por 100 como media de los ensayos, y la economía de
combustible con tractor, al 9A por lOO como media. Estas cifras pueden variar en mucha amplitud, puesto que intervienen muchos factores, tales como la pendien-te del pendien-terreno, clase de suelo y tiempo que se consume en las vueltas. Este último es a veces de consideración, porque la configuración del terreno obliga a cortar los surcos.
En terrenos de muy poca pendiente, basta con efec-tuar las labores siguiendo las curvas de nivel para evi-tar la erosión. Cuando se cultiva en fajas, es obligado este sistema de labrar la tierra, y cuando se protege el suelo con terrazas, tampoco puede prescindirse de prac-ticarlo.
En tierras en que la erosión está producida prin-cipalmente por el viento, y cuando importa también aprovechar el agua y no perder tierra, se labra por este procedimiento empleando arados con dos vertederas, para hacer surcos muy anchos, con lo cual se aumenta la capacidad para el agua que tiene el surco, y al mis-mo tiempo su resistencia a la rotura y a ser desbor-dado. En algunos sitios se emplean aparatos que ha-cen el surco ancho y al mismo tiempo lo van cegando a intervalos convenientes, constituyendo así pequeñas balsetas que retienen el agua con mayor seguridad.
El labrar siguiendo las curvas de nivel debe tener una extensa aplicación entre nosotros, por la escasez de agua que se padece en la mayor parte del territorio nacional. Se beneficiaría de ello enormemente el cul-tivo cereal, y mucho más, los viñedos, olivares y cam-pos de almendros situados en terrenos con alguna
peh-diente. Estas plantas le prestan al suelo muy poca pro-tección, y se debe aspirar a recoger las dos ventajas de laborar por ese sistema, conservar el suelo y el agua. En muchos casos, la disposición de la plantación permite el dar las labores como se aconseja, porque es práctica que lleva el labrador en la cabeza y ha dis-puesto las líneas de árboles perpendiculares a la pen-diente. Cuando no se tomó esta precaución, la defensa del suelo hay que confiarla a otros procedimientos, que se encontrarán factibles o no. En nuevas plantaciones, se hace preciso seguir lo más exactamente posible las curvas de nivel del terreno como líneas de plantación, aun cuando esto obligue a tener algunas líneas más cortas que otras, para que se puedan dar todas las la-bores siguiendo lo más exactamente que sea posible las curvas de nivel.
Una observación se ocurre sobre estas labores con-torneando. El agua siempre trabaja arrastrando tierra hacia abajo, y como es esto lo que se quiere evitar, pues lo que se desea es conservar el suelo para poderlo mejorar, siempre que sea factible la vertedera nos debe subir el suelo, lo debe girar hacia la pendiente.
El sistema se ha aplicado con éxito a las tierras de pastos. Cada uno o dos metros se traza un surco de f 2
a f5 centímetros de profundidad, siguiendo la curva de
nivel correspondiente. Este surco se encarga de reco-ger las aguas sobrantes y obligarles a que se infiltren en el suelo. Para practicar el sistema se puede emplear al arado corriente de vertedera, los arados especiales con dos vertederas u otras máquinas que procuran res-petar el césped todo lo posible. Una de ellas, en lugar de volcar la tierra, levanta el prisma con la hierba y
lo coloca junto al surco abierto. Otra, deja la capa
su-•
-78-perficial de tierra y la hierba en su mismo lugar, y la tierra de debajo la embute en un costado, que lo le-vanta, para formar la pared que ha de retener el agua. Los resultados que se obtienen en las cosechas, apli-cando estas prácticas de laborar siguiendo las curvas de nivel. suelen ser excelentes. En el cultivo del trigo sin barbecho, de 56 experiencias resultó que los cam-pos labrados con surcos rectos produjeron 1,9 hectoli-tros de trigo por hectárea, mientras que los labrados siguiendo las curvas de nivel produjeron 2,4 hectoli-tros.
Cuando el trigo siguió al barbecho, las parcelas cul-tivadas con labores al uso corriente produjeron como media 4,8 hectolitros de trigo por hectárea, y las que se cultivaron siguiendo las curvas de nivel, 8,0 hecto-litros.
En un pastizal, asurcado siguiendo las curvas de nivel, con distancias entre los surcos de dos y cuatro metros, profundidad de 10 centímetros, y 20 centíme-tros de anchura del surco, se recogieron 1.975 kilogra-mos de hierba seca por hectárea, mientras que en el similar que no se asurcó se recogieron 791 kilogramos.