EL PANTANO DE TIBI: PLANIFICACIÓN Y EJECUCIÓN DEL PROYECTO 2.1INICIO DE LA CONSTRUCCIÓN POR EL MUNICIPIO E INTERRUPCIÓN DE LAS OBRAS (1579-1581)
2.1.1 Felipe II es informado de las pretensiones de los alicantinos 2.1.2. Las dificultades de Alicante para financiar y administrar las obras 2.2.LA INTERVENCIÓN REAL EN EL PROYECTO (1581-1593)
2.2.1. Los argumentos alicantinos para una intervención real
A) Geográficas y climáticas B) Cinegéticas y agrícolas C) Molinería
D) Mejor abastecimiento y prosperidad de la ciudad de Alicante E) Razones de Estado. En favor de la Monarquía
2.2.2. Las consideraciones de la Corona
A) De carácter socio sanitario
B) Los recelos de los aguatenientes y sus pretensiones sobre las aguas pluviales C) Las observaciones de técnicos e ingenieros respecto al modo en que debía levantarse la pared
D) La conveniencia de alargar las acequias viejas o construir otras nuevas E) Consideraciones jurídicas
2.2.3. El problema de la financiación
A) La primera propuesta real
B) Una segunda propuesta del Monarca
C)La problemática de los diezmos novales y la decisión real D) El definitivo acuerdo
2.3LA EJECUCIÓN DE LA OBRA (1590-1593) 2.3.1. Aspectos jurídicos y económicos
A) Felipe II fija las condiciones de ejecución de la obra
B) La ciudad subasta y remata las obras. Nuevas instrucciones de Felipe II C) La designación de Melchor Pérez de Vivero como veedor de las obras
2.3.2. Aspectos constructivos
A) En la presa
B) Ampliación y mejora de la red de distribución
2.4.LA PUESTA EN SERVICIO DE LA PRESA EN 1593 Y POSTERIORES MEDIDAS DE CONTROL Y MANTENIMIENTO
2.4.1.Nombramiento de oficiales para el gobierno y cuidado del pantano
A) Alcaide del pantano B) Guardas del pantano
EL PANTANO DE TIBI: PLANIFICACIÓN Y EJECUCIÓN DEL PROYECTO
La sola contemplación de la pared del pantano desde la parte situada aguas abajo del embalse, es suficiente para, aun prescindiendo de los cálculos, planos y técnicas constructivas que fueron necesarios para levantar el imponente murallón, advertir que la obra que se contempla es, sin duda alguna, una construcción de gran contundencia. Y efectivamente, así es. La presa de Tibi es una edificación singular, única e histórica, tanto por su antigüedad, como por su carácter de obra pionera en el campo de la ingeniería hidráulica1. Sin embargo, esta imponente presa fue en su origen una idea barruntada en la mente de un molinero2, que en una de las muchas cartas que remitió a Felipe II a propósito del pantano, se presentaba ante el Monarca con estas palabras:
Pedro Yzquierdo vezino de la universsidad de Muchamiel el primero que avisó a vuestra majestad antes que se començasse el estanque de Alicante […] D’esto tengo zerta expiriençia que he hecho en regolfos de agua y por averme criado en el dicho Río. Por aver visto por mis ojos toda mi vida venir el río3.
La planificación, construcción y puesta en servicio del pantano de Tibi, sin duda alguna una de las grandes obras de ingeniería hidráulica llevadas a cabo en la península ibérica durante el reinado de Felipe II4. Fue una empresa para cuya consecución fueron
1
GONZÁLEZ TASCÓN, op. cit., p. 216.
2
En un Memorial remitido por Izquierdo a Felipe II, consta en el encabezamiento la siguiente leyenda: “Memorial de Pedro Yzquierdo Maestro de molinos de la Universidad de Muchamiel” [s.f.]. ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc. 1/18. En otro documento remitido al monarca por uno de sus asesores, a propósito del principal problema constructivo que la ejecución de la obra planteó, se refería Izquierdo en estos términos: “Solo la salida del agua se a de tener cuenta y esta dizen que un molinero que desto trato con su Magestad dixo mejor que otros, y ansi hasta agora no ay quien la niegue, llámase Pedro Izquierdo de Muchamel”. Advertimientos sobre la fábrica del Pantano y repartición del agua que ha dejar del,[s.f.].ACA, Consejo de Aragón, leg. 635.
3
Pedro Izquierdo da advertimientos y razones sobre la fábrica del Pantano para la perpetuidad de la obra [s.f.]. ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc. 1/10.
4 Sobre la actividad desplegada por la Monarquía Hispánica en materia hidráulica véase: BERNABÉ GIL,
D., “Política hidráulica en la España de los Austrias”, en Cuatro siglos de técnica hidráulica en tierras alicantinas, Armando Alberola Romá (ed.), Alicante: Instituto de Estudios Juan Gil-Albert, 1995, pp. 67-88. ISBN 84 7784 209 4. Fanlo Loras, en un trabajo en el que reflexionaba acerca de las secuelas negativas de la sequía en España y de la falta de una eficaz política hidráulica de Estado, escribía a propósito del papel mitigador que, en las consecuencias de la primera, desempeñan los embalses: “La sequía meteorológica no ha supuesto, sin embargo, una sequía hidrológica, pues nuestros embalses — valiosísimo patrimonio fruto de una continuada política de obras más que centenaria— contaban con importantes reservas gracias a las generosas lluvias de los últimos años”. El pantano de Alicante, junto a
los de Ontígola, Almansa, Relleu, Elche, por citar algunos, son, sin duda alguna, hitos primigenios de esa política centenaria de la que Felipe II fue un gran impulsor. FANLO LORAS, A., “Tratemos el agua con seriedad”, en Revista española de derecho administrativo, España: Civitas, 2012, 154, p. 11. ISSN 0210-8461. El mismo autor ha dedicado atención también a la importancia de la planificación hidrológica, consecuencia de “las singulares características del agua como recurso natural imprescindible para la vida”, lo que hace necesario “ordenar su aprovechamiento y proteger su calidad, teniendo en cuenta la escasez relativa del recurso y la irregularidad de su distribución en el espacio y en el tiempo”. Id.,
“Planificación hidrográfica en España: estado actual de un modelo a fortalecer”, en Revista de Administración Pública [en línea], 2006, 169, p. 268 [fecha de consulta: 19 de mayo de 2018]. ISSN 0034-7639. Disponible en: http://www.cepc.gob.es/publicaciones/revistas/revistaselectronicas
necesarias contribuciones desde la sabiduría popular, a la ingeniería y la arquitectura, sin despreciar la pericia profesional de canteros, carpinteros y otros gremios que tomaron parte en las obras. De la intervención de estas personas y profesionales, así como del desarrollo de sus trabajos, disponemos en la actualidad de abundante información merced a numerosos y sólidos trabajos5.
Pero asimismo destacado fue el papel que desempeñaron el Derecho y muchas de las instituciones de la época; desde el consell alicantino, a la más alta magistratura del Estado, sin olvidar el papel desempeñado por la Santa Sede6 y por un amplio número de órganos y funcionarios al servicio de la Monarquía Hispánica que también tomaron parte en esta importante empresa. Normas, órganos de gobierno, funcionarios y operadores jurídicos tuvieron también un papel fundamental en toda la obra, hasta el punto de que la toma de alguna decisión, que en principio pudiera pensarse respondía a criterios basados en la ingeniería o la arquitectura, tuvo su razón de ser en criterios exclusivamente jurídicos7.
Aunque la idea de construir una presa en el estrecho de Tibi nació en Alicante y a cargo de la ciudad se levantaron los cimientos y primeros metros de su fábrica, sin embargo, la posterior solicitud de ayuda a la Corona ante la falta de fondos en la que se vieron los alicantinos, transformaron profundamente el proyecto inicial. Transformación patente, desde luego, en lo que a su traza y ejecución material se refiere, tras los informes y opiniones emitidos por lo más granado de la arquitectura e ingeniería del momento8; pero también en cuanto a la concepción y tramitación del expediente de la obra desde el punto de vista jurídico e institucional, algo que, en gran medida, responderá al activo papel que Felipe II asumirá a lo largo de toda la ejecución de la presa. De manera que lo que en principio podía haber sido una obra ejecutada por una ciudad del Reino de Valencia, pasó a convertirse en un proyecto auspiciado, supervisado e impulsado por la Corona y muy en particular por el propio Monarca9. Un
Derecho de Aguas, Murcia: Fundación IEA, 2006, p. 6
5 Nos remitimos a los trabajos reiteradamente citados a lo largo de la presente tesis obra de Alberola
Romá, Beviá García, Camarero Casas, González Tascón y López Gómez.
6
Especialmente importante en el aspecto financiero al conceder a la Corona los diezmos novales que resultaren de la mejora de la agricultura mediante la construcción de infraestructuras y la realización de obras que mejoraren el regadío o extendieran éste a tierras hasta entonces de secano.
7 Tal es el caso, por ejemplo, de la decisión por la que finalmente se decidió no trasladar aguas arriba la
toma o derivación principal de aguas para la Huerta de Alicante, desde el assut de Mutxamel al molí de Bussot, pese a haber sido planificada y aparecer así representada en algunos de los planos y mapas históricos de finales del s. XVI que se utilizaron durante la ejecución de las obras de construcción del pantano.
8 Entre los ingenieros y expertos de cuya intervención existe constancia documental cabe destacar a los
siguientes: Juan Bautista Antonelli, Fray Mariano Ázaro, Gaspar Gregorio, Juan de Herrera, Juan García de Mondragón, Juanelo Turriano, Jorge Palearo Fratino.
9 Para Borrego Pla, la arquitectura hidráulica, era una cuestión por la que el rey Felipe II sentía verdadera
afición. BORREGO PLÁ, M. C., “La Casa de Contratación y Jerez durante el quinientos: el intento por romper el monopolio”, en La Casa de la Contratación y la navegación entre España y las Indias,
matiz que, lógicamente, trastocó por completo la primitiva concepción localista de la obra, hasta hacer de ella el hito más monumental de la ingeniería española renacentista10.
Ello conllevó, entre otras cosas, una evolución en los motivos esgrimidos inicialmente como justificación de la necesidad de construir esta infraestructura. Si en un primer momento estos se centraban, sobre todo, en factores agrícolas e hidrológicos11, posteriormente fue necesario incorporar otros capaces de demostrar que el proyecto del pantano de Tibi, además de ser beneficioso para la ciudad de Alicante y su huerta, lo era también para la Monarquía.
Una vez solicitada la ayuda a la Corona, nada volvió a ser igual respecto al pantano de Tibi, quedando impregnadas por la impronta personal de Felipe II absolutamente todos los aspectos de la obra. Así lo atestiguan las notas manuscritas del Monarca en las portadillas de los documentos que para su real conocimiento le eran puntualmente remitidos12. Otro aspecto que pone de relieve el papel de la monarquía filipina en todo lo relativo al pantano de Tibi es el activo y destacado papel desempeñado durante su gestación por un buen número de órganos de la Corona. Desde Madrid, el Consejo de Aragón13 y el Tesorero General de Aragón14; en València el Virrey15 y en Orihuela y
Antonio Acosta Rodríguez et al. (coord.), Universidad de Sevilla, CSIC y Fundación El Monte, Sevilla, 2003, p. 426.
10 GONZÁLEZ TASCÓN, op. cit., p. 216. No obstante, hay que significar que el principal experto local
que intervino en la traza del pantano, Pedro Izquierdo, ya predijo, cuando la obra todavía estaba en una fase incipiente, la importancia que la misma estaba llamada a desempeñar en el campo de la hidráulica: “porque este estanque a de ser una segunda mar, porque ha de tener grandíssimo peso enssí, que en el mundo no lo avía tal, y por eso conviene que se haga con la fortificaçion que tengo dicho”. ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc. 1/10 y 1/11.
11 Escaso e irregular caudal del río Monnegre; desproporción entre la superficie de tierra susceptible de
ser irrigada y los aportes hídricos del río; singular régimen jurídico del agua del río Monnegre, caracterizado por estar aquélla separada de la tierra y ser objeto de especulación por sus poseedores y bonanza climática y fertilidad de la tierra.
12
El propio monarca, en muchas de las cartas que durante el proceso de construcción del pantano remitió a las autoridades alicantinas, antes de la cláusula de despedida, solicitaba ser puntualmente informado escribiendo “porque lo quiero entender con particularidad” o bien “y me hiréis avisando de lo que se fuere haciendo”.
13 Un estudio de conjunto de esta institución en: ARRIETA ALBERDI, El Consejo Supremo…, 669 pp. 14 Diego Fernández de Cabrera y Bovadilla, III Conde de Chinchón. Ejerció de Tesorero desde noviembre
de 1576, hasta su fallecimiento en noviembre de 1612. DE VICO, F., Historia general de la isla y reyno de Sardeña: dividida en siete partes, Barcelona, 1639, p. 80. Sobre la actividad desplegada por el III Conde de Chinchón al frente de la Tesorería y en el seno del Consejo y la Corte de Felipe II, véase: ARRIETA ALBERDI, El Consejo Supremo…,pp. 157 y ss.
15 Cargo que en los documentos relativos al pantano aparece con la denominación de Regente de la
lugartenencia y Capitanía general en el Reyno de Valencia. El Virrey, en cuanto que alter ego o
llochtinent del monarca en el territorio valenciano, era también su representante directo, además de presidir la Real Audiencia y ostentar el cargo de capitán general. Durante la construcción del pantano desempeñaron esta magistratura: Pedro Manrique de Lara y Acuña, duque de Nájera (1578-1580); Francisco de Moncada y Cardona, marqués de Aytona, (1580-1595); Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, marqués de Dénia (1595-1597). Un estudio de los virreyes de València durante el reinado de
Alicante, el Gobernador16 y el Baile general17, así como la Junta Patrimonial18. Junto a ellos, oficialmente unas veces, oficiosamente otras, un buen número de personas de la confianza del Rey manifestarán también a éste sus opiniones y pareceres, contribuyendo junto a los emitidos por los citados órganos, a conformar la voluntad real.
2.1 INICIO DE LA CONSTRUCCIÓN POR EL MUNICIPIO E INTERRUPCIÓN DE LAS OBRAS (1579-1581)
La construcción del pantano de Tibi se plantea en un momento en el que, según puso de relieve Alberola Romá19, las autoridades alicantinas y los regantes llevaban un tiempo estudiando diversas opciones de cara a la mejora del regadío de la huerta y al incremento del espacio regado. Unos estudios que, como ya ocurriera a fines del siglo XIV al planificarse el azud de Sant Joan, volvieron a poner de manifiesto las diferencias de criterio existentes entre las autoridades, los aguatenientes, los regantes y entre éstos
Felipe II en: MATEU IBARS, J., “Algunas 'noticias' sobre virreyes de la Corona de Aragón en el reinado de Felipe II de Austria (1556-1598)”, en Pedralbes. Revista d'Història Moderna, Barcelona: Universitat, 1998, t. II, nº 18, pp. 195-208. ISSN 0211-9587. Con respecto a la intervención de las autoridades y oficiales de la Monarquía establecidas en València, cabe reseñar la desconfianza expresada por el síndico de la ciudad de Alicante hacia las mismas: “Advierto que salga del Consejo qualquier orden y no de Valènçia pues en Madrid están más enterados”. ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/27, pto. 13.
16
La forma empleada en los documentos expedidos por la cancillería real de Felipe II para hacer referencia a esta institución era Consejero y Portantvezes de general gobernador en el reyno de Valençia de allà Xixona. El gobernador orcelitano era el máximo representante del Rey en el territorio denominado
de allà Xixona, únicamente superado en rango por el Virrey, que tenía su sede y residencia en la ciudad de València. Sus titulares durante el proceso de construcción del pantano fueron, según la relación elaborada por Bernabé Gil, los siguientes: Enrique de Palafox (1566-1581), Juan Quintana (1581-1586), Ximén Pérez de Calatayud (1586-1588), Álvaro Vique y Manrique (1588-1607). Aunque la sede de esta institución estaba en la ciudad de Orihuela, capital de la Gobernación de allà Xixona, su titular disponía también de una casa en Alicante, habiendo servido la misma como marco de alguna de las reuniones celebradas con ocasión de tratar asuntos del pantano. Sobre este oficial véase: BERNABÉ GIL, D., “Nobles valencianos en el servicio regio: la provisión del oficio de Portantveus de Gobernador Ultra Sexonam en la edad moderna” en Revista de Historia Moderna [en línea], Alicante: Universidad, 2008, 26, pp. 13-60 [fecha de consulta: 15 de septiembre de 2017]. ISSN 0212-5862. DOI: 10.14198/RHM2008.26.01. Disponible en: http://hdl.handle.net/10045/8922
17 Oficial real a cuyo cargo estaban la recaudación de impuestos y la administración del Real Patrimonio
en el territorio de la Bailía de Orihuela (posteriormente Orihuela–Alicante). Tenía su sede en Orihuela, pero dada la importancia de la actividad comercial de Alicante por condición de ciudad portuaria, el baile, solía tener su residencia efectiva en esta ciudad. Sobre la Bailía de Orihuela - Alicante, véase: ALBEROLA ROMA, Jurisdicción y propiedad…,pp. 139 y ss. Desde mediados del siglo XVI la Bailía de Orihuela era desempeñada por miembros de la familia Vique (en algunos documentos este apellido consta escrito Vich). BERNABÉ GIL, “Nobles valencianos en…”, p. 45.
18 La Junta Patrimonial, conforme a la caracterización que de esta institución realiza Banacloche Giner,
era un órgano colegiado de la Monarquía Hispánica, con funciones económicas de control y mejoramiento del patrimonio regio. Existió una Junta en el ámbito de la Corona de Aragón y otras dos en el Reino de Valencia, una por cada una de las bailías generales existentes en el mismo: València y Orihuela. Sobre esta institución véase: BANACLOCHE GINER, L., “Un estudio de la Junta Patrimonial”, en Estudis [en línea], Universitat de València: 2003, 29, pp. 131-177 [fecha de consulta: 18 de agosto de 2017]. ISSN 0210-9093 Disponible en: http://roderic.uv.es/handle/10550/34370
últimos entre sí. Pues lo que para unos resultaba útil y provechoso, para otros podía representar un riesgo frente a sus intereses económicos.
Para el consell alicantino, la extensión del regadío, mediante la mejora de las infraestructuras existentes o la puesta en servicio de otras nuevas, representaba la posibilidad de incrementar las rentas de la ciudad, merced al aumento de la producción agrícola. Para los integrantes del consell, considerados individualmente, la generación de nuevos caudales hídricos o el incremento de los ya existentes podía resultar provechoso si eran terratenientes y hacendados en la huerta; por el contrario, si sus intereses se basaban en la posesión de hilos de agua, la introducción de cualquier mejora que supusiera un incremento del volumen hídrico disponible, representaba una amenaza para sus ingresos, pues su ganancia a cuenta del agua era tanto mayor cuanto más escaseaba ésta20.
En cuanto a los regantes, los de la parte alta de la huerta, en la medida en que sus posibilidades de regar dependían exclusivamente del azud de Mutxamel, siempre veían con recelo la construcción de cualquier infraestructura aguas abajo de aquél. Ello se debía a que una eventual pérdida o destrucción de su azud, pondría a disposición de los regantes de la parte baja de la huerta el caudal que dejara de retener el azud de Mutxamel, de manera que lo que para los de la parte alta suponía una verdadera catástrofe, al verse privados de agua, resultaba ventajoso para los regantes de la parte inferior, que pasaban a disponer en exclusiva del caudal del Monnegre. Es evidente que, ante cualquier eventualidad que pudiera sufrir el azud de Mutxamel, si la totalidad del riego huertano dependía exclusivamente de él, todos los regantes se afanarían en promover su arreglo. Una unanimidad difícilmente alcanzable caso de existir dos azudes en servicio.
En el supuesto documentado por Alberola Romá, datado en 1578, la discrepancia surgió respecto a la conveniencia de edificar un nuevo azud aguas abajo del primero21, opción defendida por las autoridades alicantinas, o bien realizar mejoras y reparaciones en el antiguo azud de Mutxamel, opción preferida por los regantes. Alberola pone de relieve que las presiones ejercidas por estos últimos llegaron a tal nivel que, pese a que la ciudad contaba con la autorización de la máxima autoridad gubernativa del reino, finalmente la Justicia dio la razón a los regantes22.
20 ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/17. 21
En cualquier caso se trataba de una infraestructura con la finalidad de aprovechar las aguas eventuales que, en los supuestos de avenidas o crecidas de cierta entidad del río Monnegre, no podían ser aprovechadas por el azud de Mutxamel, por ser superior el caudal de aquellas al que admitía la acequia mayor.
Así las cosas, en 157923, Pedro Izquierdo24 decidió comunicar a las autoridades alicantinas su proyecto: construir un murallón en tierras del marqués de Terranova25, en el paraje denominado Estrecho de Tibi, entre las montañas Mos del Bou y La Cresta. La idea fue bien acogida y una vez estudiada, el 7 de agosto de ese mismo año, se celebró
consell general en la ciudad de Alicante26, al que asistieron representantes de las poblaciones de la huerta27. En esta asamblea, los asistentes resolvieron solicitar licencia28 al propietario de los terrenos señalados por Izquierdo como idóneos29 para levantar la presa, don Pedro Maza de Carroz y Ladrón, marqués de Terranova y titular
23
Aunque no es posible precisar la fecha exacta en que tuvo lugar la exposición de Izquierdo a las autoridades alicantinas, la misma tuvo lugar antes del 7 de agosto de 1579, fecha en la que, a la vista del proyecto de Izquierdo, se celebró consell general para tratar el asunto.
24
Pedro Izquierdo en alguno de los documentos suscrito por él con ocasión de la fábrica del pantano se intitula “vezino de la universidad de Muchamiel, maestro de molinos” (ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc. 1/18), pero del examen de los diferentes pareceres y opiniones emitidos por él durante el proceso constructivo del pantano de Tibi, se deduce que Izquierdo tenía amplios conocimientos sobre la construcción de presas y que conocía de primera mano las características de algunas de las que en ese momento existían en España. En 1593, se presentará ante Felipe II como “el que más experiencia tiene de lo tocante al riego de aquella huerta [de Alicante]”. Carta de Felipe II al Gobernador de Orihuela. 20 de noviembre de 1593. AHMA, Armario 5, Libro 57, fols. 246/7. De su participación en otras obras hidráulicas, tenemos constancia a través de uno de los escritos que Izquierdo dirigió a Felipe II, en el que explica determinados problemas que habían surgido durante el proceso constructivo de la presa de Almansa, en el que tras estar las obras interrumpidas “como treinta años” éstas se había retomado
“después que yo voy en esta obra”. Así mismo, Izquierdo dice al monarca: “yo he visto el estanque de Mérida”, al tiempo que explica por qué determinadas soluciones constructivas adoptadas en ésta última
presa no podían llevarse a cabo en la de Alicante, debido a que en aquélla “viene el agua de unos llanos sin traher ninguna manera de inmundicia, ni tiene peñas ençima para que le puedan embaraçar”. ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc. 1/10 y 1/11. Sobre la intervención de Izquierdo en la presa de Almansa, véase: LÓPEZ GÓMEZ, Los embalses valencianos…, pp. 39-40. Según este autor, Izquierdo,
junto a Pedro de Llamas, dio trazas para esta presa en arco, en la que actuaron Pedro de Aguirre como primer maestro y Juanes del Temple como segundo maestro.
25 Sobre este título nobiliario véase: ESQUERDO, O., Nobiliario valenciano, València: Biblioteca
Valenciana-Generalitat Valenciana, t. I, pp. 145-162. ISBN 84 482 2881 2.
26 La sesión estuvo presidida por el justicia, Francesc Martínez Clavero y Luis Juan Martínez de Fresneda
y Pere Zaragoza, jurados. ARV, BAILÍA, Pantano de Alicante (Letra AE), leg. nº 10, exp. 82, fols. 54 y ss.
27 En el consell general estaban representados, además del gobierno de la ciudad de Alicante, los de los
lugares que radicaban dentro de los términos generales de aquélla, entre ellos las poblaciones de Mutxamel y Sant Joan y Benimagrell, principales núcleos de la Huerta de Alicante. Aquellos acuerdos que por su importancia, trascendencia o asunto al que iban referidos repercutían sobre estas poblaciones o lugares del término general, requerían ser aprobados por el consell general, no siendo suficiente ni válido el acuerdo en estos casos del consell particular de la ciudad.
28 Para tratar con el marqués de Terranova la ciudad comisionó al vecino Damián Miralles, personaje que
desarrollará una importantísima labor como síndico de la ciudad y posteriormente también como apoderado del secretario Pedro Franqueza, durante gran parte de la gestación del pantano. ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/41.
29 En un memorial remitido por la ciudad años después a Felipe II, consta sobre la idoneidad del lugar
señalado por Izquierdo lo siguiente: “El estrecho [de Tibi] son dos montañas que la naturaleza ha puesto allí. La una a la parte de Poniente de seiscientos palmos y la otra de más de mil palmos y para que çerrado este estrecho se pudiessen enfrenar las aguas pluviales y adventicias que quando llueve baxan y passan por este estrecho y se van a la mar […]”, [s.f.] [ca. 1586]. ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, docs. 1/34 y 1/35.
del señorío de la baronía de Castalla, Onil y Tibi. Unos días después, el 12 de agosto y mediante escritura autorizada en Castalla30, ante el notario Esteban Corbí, el marqués otorga licencia a la ciudad de Alicante “para hacer un estanque en el estrecho de Tibi para recoger agua pluvial”31, obra que deberá ejecutarse conforme a los capítulos y condiciones aceptados por ambas partes.
La ciudad de Alicante resarcirá al marqués de Terranova por los daños que la construcción del estanque le ocasionará, abonándole 500 escudos32 y concediéndole licencia para que pueda construir 4 molinos en el lugar que estime conveniente, comprometiéndose además a no otorgar durante 6 años licencia alguna para la construcción de molinos.
Por su parte, Pedro Maza de Carroz, se comprometió a no levantar represas en el cauce del río que atravesaba el territorio bajo su señorío33.
2.1.1 Felipe II es informado de las pretensiones de los alicantinos
Junto a la solicitud de la ciudad, Felipe II recibirá también otras noticias de manos de Pedro Izquierdo. Pese a la aparente buena acogida dispensada a su idea por la Ciudad, ya en este momento inicial del proyecto el maestro molinero detectó movimientos extraños entre la oligarquía alicantina. Tal fue la inquietud que éstos despertaron en él que al poco de acordarse la compra de los terrenos, resolvió marchar a El Escorial34 para informar personalmente a Felipe II. Según él mismo relataba en un memorial escrito unos años después y remitido al virrey de València:
30 ARV, BAILÍA, Pantano de Alicante (Letra AE), leg. nº 10, exp. 82, fols. 57 a 59. 31
La especificación de la clase de agua que recogerá el pantano (agua pluvial) es un detalle que no debe pasarse por alto, por cuanto pone de manifiesto que sólo las aguas pluviales podrán ser embalsadas, debiendo quedar el agua manantial, fluyente o natural, procedentes de los Ullals y otros manantiales que alimentaban el río, libres y sin posibilidad de ser embalsadas, al pertenecer a los titulares de los 335 hilos en que estaban divididas.
32 Es significativo que el marqués exija ser remunerado en escudos, una moneda propia de la Monarquía
Hispánica y no del Reino de Valencia, acuñada en oro y que, en palabras de Hernández Hernández, tras su implantación en 1535, “adquirió valor como instrumento de pago a nivel internacional [siendo] la mejor y más acreditada pieza numismática hispánica de la época”. HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, B.,
“Monedas y medidas” en Cervantes, M., Don Quijote de la Mancha (Francisco Rico, dir.), Barcelona: Instituto Cervantes-Crítica, 1998, vol. complementario, pp. 905-910. ISBN 84 7423 624 X.
33
ARV, BAILÍA, Pantano de Alicante (Letra AE), leg. nº 10, exp. 82, fol. 59.
34 Comenzaba así un largo y penoso deambular para el molinero Pedro Izquierdo, que a lo largo de la
ejecución de la obra de la presa le llevará a visitar la corte varias veces e incluso a desplazarse a Lisboa, siempre con el propósito de trasladar al Rey su parecer sobre la obra y los pormenores de su ejecución, transmitirle su preocupación cada vez que algo no se ejecutaba según él había previsto o planificado y, por último, hacer saber al monarca las necesidades que él y su familia estaban pasando, rogándole alguna merced que aliviara su situación. Del análisis de las cartas y memoriales escritos por Izquierdo al monarca y oficiales reales y a la vista de la poca atención que la administración filipina dispensó a este maestro de molinos de Mutxamel, se desprende una actitud por parte de Izquierdo casi obsesiva por la cuestión del pantano. ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc. 1/20 y leg. 636, doc. 1/29.
sentía desir por allí [Alicante] a muchas personas que de esto [el pantano] no era menester que lo supiesse su Majestad por que le harían con su rediezmo y ellos se lo ganarían allí porque todos los que rigen la ciudat son mercaderes [?] y visto esto yo como fiel vassallo de su Majestad le avisse y formalmente yo en l’Escurial a diez de setembre anyo setenta nueve del qual se le dio a su Majestad hun memorial por manos de Sebastian Fonthoiyo secretario de su Majestad35.
Felipe II, monarca precavido hasta el extremo, tras recibir la solicitud de la ciudad de Alicante y las noticias de Izquierdo y antes de tomar ninguna decisión al respecto, el 28 de septiembre, se dirige por carta al gobernador de Orihuela36 solicitándole que realice averiguaciones secretas37 sobre la conveniencia o no de realizar la obra del pantano38. Poco después, el 29 de octubre el gobernador escribe al Monarca desde Alicante, participándole que ha comentado el asunto con “personas cuerdas y de buenos entendimientos”39, a las que preguntó acerca de la utilidad del pantano y de los posibles inconvenientes que su ejecución podría ocasionar. A ambas cuestiones, según informó el gobernador a Felipe II, los consultados respondieron de forma generalizada
que el acrecentamiento de las cogidas de trigos y cevadas y de otros muchos frutos será tan grande que les parece que con el favor de nuestro Señor haziéndose pasará esta ciudad a ser de las más prósperas y bien proveydas que abrá40.
El gobernador participa también al Rey la fuerte voluntad de los alicantinos para llevar a cabo la obra41, y finalmente le traslada su opinión:
35 Izquierdo se entrevistó con Felipe II el 10 de septiembre. Durante la gestación de las obras escribirá e
intentará entrevistarse con el monarca repetidas veces. Según su relato, el Rey una vez visto su memorial, le envió “al secretario Matheu Vazques que es en Madrid y de allí me despidió para el secretario Sagasta y el Secretario Sagasta me dixo que me bolbiesse a mi cassa porque su Magestad daría razón en ello”.
Más allá de la mayor o menor atención que dispensaran al bien intencionado y tenaz molinero, esta relación de secretarías por las que pasó, pone de relieve la existencia del denso entramado burocrático existente en la corte de Felipe II. ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc.1/20. Entre los secretarios mencionados por Izquierdo, Mateo Vazquez desempeñó el cargo de secretario del Rey, desde 1573 hasta su fallecimiento el 5 de mayo de 1591. ESCUDERO, J. A., Los Secretarios de Estado y de Despacho. 1474-1724, Madrid: Instituto de Estudios Administrativos, 1976, 2ª ed., v. I,p. 193 y v. III, pp. 627/9.
36 A la sazón Joan Quintana, que ejerció el cargo entre 1581-1586. BERNABÉ GIL, “Nobles valencianos
en…”, p. 18.
37 En la carta que dirigió el Gobernador al Rey hizo constar: “Y con el cuidado y secreto que Vuestra
Majestad me lo manda me ynformé”.
38En ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/33, se hace referencia a la carta remitida por el Rey:
“receví la real carta de V.M. de veynte y ocho del pasado, a los dezisiete d’este”.
39 El Gobernador indica también al Rey que algunas de las personas cuyo parecer a recabado “tienen
plática de obras d’estanques”. Toda la información debía constar en una relación que Vique remitió al Felipe II junto a la carta y de la que no consta copia en el expediente en el que actualmente se halla archivada dicha carta en el ACA.
40 ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/33. 41
“Están con tanto calor puestos en ello que se les haze cada día un año que tardan de poner la mano en el edificio”. Ibid.
Entiendo y creo que de mandar Vuestra Majestad que se haga el estanque no podrá dexar de ser acrecentamiento para el real patrimonio […] y gran veneficio d’esta ciudad y sus términos42.
La carta no llegó a Felipe II directamente, sino que previamente fue informada por el Consejo Supremo de Aragón43, órgano que trasladó el siguiente parecer al Monarca:
Han lo visto todo los regentes Sapena y Terça44 y les parece que por la gran importancia del negocio, es bien que se conceda a la dicha ciudad la licencia de poder cargar hasta quatro mil ducados que el dicho don Joan aprueva y dize que son menester para la obra45.
Pese a la opinión favorable del gobernador y del propio Consejo de Aragón, Felipe II decidió recabar más informes46. Una minuta fechada en Madrid en diciembre de 1579 y dirigida a fray Mariano Azaro47, así lo confirma, dejando ver además cuál era la actitud y parecer del Monarca después de la lectura de los citados informes que le habían sido remitidos:
Porque siendo la cosa de tanta importançia no sería justo que se emprendiesse sin saber primero sy la obra será tan fáçil como se representa, en que tanto tiempo se
42
Ibid.
43
Dentro del sistema polisinodial característico de la monarquía de los Austrias, los Consejos, como indica Fernández Álvarez, son un organismo asesor o consultivo y como tales dejan la decisión última en manos de la Corona. El Consejo de Aragón, a diferencia del Real de Castilla “que gobernaba directamente la Corona de Castilla”, tenía limitadas sus funciones “al asesoramiento del monarca” en
materias o asuntos propios de los territorios de la Corona de Aragón. Estaba presidido por el vicecanciller de la Corona de Aragón, al que asistían dos letrados (denominados regentes) de cada uno de los reinos integrados en aquella Corona. FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Felipe II y…, pp. 47 y 73.
44 Se trata de Gaspar Sapena, nombrado regente valenciano en dicho consejo en 1565 y Miguel Terça,
natural de Tortosa, regente catalán en el Consejo, desde 1574 hasta su fallecimiento en 1596. Al respecto véase: BERMÚDEZ AZNAR, A., “Los naturales del reino de Valencia en las peticiones forales de las cortes valencianas modernas”, en Corts i Parlaments de la Corona d'Aragó: Unes institucions emblemàtiques en una monarquia composta, Remedios Ferrero Micó y Lluis Guia Marín, eds., Universitat de València, 2008, p. 146. ISBN 978 84 370 7092 6. ARRIETA ALBERDI, El Consejo Supremo…, p. 627.
45 ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/10. 46
En la portadilla del escrito remitido por el gobernador de Orihuela, constan escritas con letra diferente en la parte superior izquierda las palabras “Fray Mariano” y en el tercio superior derecho “con la memoria para el estanque de Alicante” seguido de una sencilla rúbrica. De ambas frases se deduce la
voluntad real de que tanto la carta como la memoria que la acompañaba, fuesen remitidas al religioso Fray Mariano Ázaro, dominico, experto en obras hidráulicas. Por otro lado, la actuación del monarca en este asunto no es sino una manifestación más de lo que el profesor Escudero denomina temperamento indeciso y dubitativo de Felipe II, propenso siempre a recabar nueva información y a contrastar el juicio que se le transmite con otro distinto. ESCUDERO, Felipe II: el…, p. 38.
47 Fray Ambrosio Mariano Ázaro de san Benito, fue un carmelita de origen napolitano que intervino como
ingeniero militar en la batalla de San Quintín. En materia hidráulica asesoró a Felipe II, tomando parte en la dirección, entre otras obras, del Canal de Colmenar de Oreja. BORREGO PLA, op, cit., p. 426. SILVA SUÁREZ, M., El Renacimiento: de la técnica imperial y la popular, Zaragoza: Real Academia de Ingeniería: Institución «Fernando el Católico». Prensas Universitarias, 2008, p. 707. ISBN 978 84 7820 975.
podría acabar y si después de acabada se resultara del dicho estanque los provechos que en dicha memoria se dizen y […] quanto podrá importar el dinero para poner en perfección la dicha obra […]48.
Su Majestad será servido que en recibiendo esta vaya vuestra merced al dicho lugar o sitio y lleve consigo alguno de la dicha Çiudad de Alicante, o, de los que viven junto al dicho término, que tengan notiçia del sitio, y que lo reconozcan muy bien, y como conviene de manera que me pueda embiar una relación más larga y distinta de todo lo que hallare y le paresçiere que podrá y devra hazer […]49.
En cumplimiento de la voluntad del Monarca y según pusieron de manifiesto Camarero Casas y Beviá García50, durante los primeros meses de 1580 el estrecho de Tibi fue visitado por diversos expertos que emitieron sus respectivos informes y elaboraron diversas trazas al objeto de ofrecer a Felipe II su parecer51.
Llegados a este punto es necesario reparar en que han transcurrido poco más de cinco meses desde que los alicantinos resolvieran comprar los terrenos para la construcción del pantano, y algo más de cuatro, desde que acordaran solicitar permiso a la Corona para tomar a censo 4.000 ducados, cantidad que estimaban necesaria para comenzar la obra. En tan breve lapso temporal han emitido informe, dado su opinión e intervenido los siguientes órganos de gobierno: el consell general de Alicante y el cabildo municipal de la ciudad, el gobernador de Orihuela, el Virrey de València y desde Madrid, el Consejo de Aragón y el propio monarca, Felipe II. A lo informado o dispuesto por éstos, habría que sumar los “modellos”, “paresceres” y “relaciones” que
acompañaban a algunos de los documentos suscritos por los mencionados órganos, algunos de los cuáles, a su vez, incorporaban la opinión de diversos informantes.
Esta sucesión de solicitudes, memoriales, informes y órdenes suscritas por órganos, autoridades y peritos de diversa índole y desde ciudades diferentes, tan característica, por otra parte, de una monarquía que tiene a su frente a un consumado burócrata, en palabras de Escudero52, condicionará enormemente –qué duda cabe– el desarrollo de la
48 Estas palabras resultan premonitorias por cuanto a la postre, los aspectos y cuestiones a los que hacen
referencia (facilidad de la obra y tiempo necesario para su ejecución; utilidad y coste de la misma), pese al tono optimista en que fueron descritos en los primeros memoriales remitidos por los alicantinos al monarca, resultaran mucho más complicados, dilatados y costosos de lo inicialmente previsto. Tal era el “fino olfato” del minucioso gobernante que era Felipe II, de ahí que sus dudas y reparos, aunque enormemente ralentizadoras, respondieran normalmente a la defensa del interés general y del éxito de cualquier empresa en la que el Rey hubiera de estampar su firma o comprometer fondos públicos.
49 ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/36.
50 Según las referencias aportadas por estos autores, la relación de maestros y peritos que visitaron el
lugar en abril y mayo de 1580 consta en: “Pantano de Tibi. Gastos e despeses per obs de la dita obra. 1580-1586”, ARV, Maestre Racional, serie 9253, leg 427.
51 Una relación de los técnicos y expertos que inspeccionaron el lugar y emitieron informe en:
CAMARERO CASAS et al., Tibi, un pantano…, p. 28.
52
La vocación burocrática de Felipe II ha sido objeto de estudio por parte de Es en varios de sus trabajos. En su obra dedicada a los Secretarios de Estado dedicó un epígrafe a ello “Felipe II y sus Secretarios: la
construcción y puesta en servicio de una obra de la magnitud y singularidad de la del pantano de Tibi. De manera que cualquier discrepancia técnica, error de cálculo o divergencia contable, cualquier discordancia competencial o laguna jurídica capaz de suscitar la más mínima duda en Felipe II, dará lugar por parte del Monarca a la solicitud de cuantos informes y memoriales precise para vencer su indecisión o esclarecer aquello que no le ha sido expuesto de forma clara, hasta quedar, al fin, completamente convencido de que su decisión es la más conveniente a la Monarquía que él encarna53.
2.1.2. Las dificultades de Alicante para financiar y administrar las obras
Tras la celebración del consell general de 7 de agosto de 1579 y una vez tomado el acuerdo por parte de la ciudad y lugares de su huerta de adquirir los terrenos del estrecho de Tibi al marqués de Terranova, para construir en ellos el pantano, arranca la primera fase constructiva del embalse. Uno de los primeros acuerdos adoptados por el cabildo alicantino, una vez obtenida la autorización del propietario de los terrenos, fue solicitar a la Corona las licencias y permisos necesarios para todo ello54. Para proveerse de fondos con los que hacer frente a los gastos que ocasionarían las obras, el cabido alicantino acuerda tomar a censo un total de 8.000 ducados55, 4.000 el 6 de septiembre
vocación burocrática del Monarca”, en el que afirma: “Puede afirmarse en principio, sin riesgo a incurrir en hipérbole, que ningún monarca español aventajó a Felipe II en asiduidad al despacho y en el cotidiano empeño de gestión burocrática”. ESCUDERO, Los Sceretarios de…, v. I, pp. 201-218. En un trabajo posterior, Escudero reflexionaba en los siguientes términos sobre esta actitud del monarca: “Semejante capacidad de observación, de conocimiento de los usos burocráticos y de la ortografía misma, confirieron al monarca en el despacho una especie de superioridad personal sobre sus colaboradores, consejeros y secretarios. Ya no se trata solo de la autoridad regia, sino además de la autoridad técnica de quien sabe más, se fija más, y no deja cabo suelto ni detalle desapercibido. La excelencia, en fin, del rey papelista y del experto y consumado burócrata”. Y aún añade: “La intervención del monarca se proyectó en primer lugar en vigilar de forma implacable el cumplimiento de los trámites debidos o convenientes, o en aclarar la competencia de un Consejo en el trámite de cualquier asunto (…). El rey corrige además cualquier lapsus en algún documento que no va señalado o en la datación de los papeles (…) don Felipe no dejaba pasar sin advertencia cualquier nombre que no le fuera conocido y que, en consecuencia, él pensara que podía ser un error”. ESCUDERO, Felipe II: el…, p. 40.
53 Más allá de las consecuencias que para la buena marcha de la obra pudo tener la actitud del Monarca,
desde la perspectiva del investigador semejante proceder resulta útil y provechoso al derivarse de él abundante y variada documentación, y por tanto valiosas fuentes de conocimiento, fundamentales para poder comprender en toda su magnitud los diferentes aspectos que, en relación a la empresa del pantano, fueron objeto de análisis y discusión por el monarca, sus asesores y los alicantinos.
54 En ACA leg. 636, doc. 1/33, consta que la ciudad de Alicante se dirigió al Duque de Nájera, Virrey y
capitán general en el Reino de Valencia “suplicándole les diese licencia para que pudiesen cargar a cuatro mil ducados para poner en execusión lo que con muy maduro consejo y visura de Antoneli ingeniero tenían determinado”. Esta solicitud es indicativa de la limitada autonomía que a la sazón tenía
una ciudad como Alicante en materia económica. Con respecto a los controles ejercidos por la monarquía sobre las poblaciones de realengo en materia económica véase: BERNABÉ GIL, D., “Els procediments de control reial sobre els municipis valencians (segles XVI-XVII)”, Recerques: història, economia, cultura, Universitat de València: 1999, 38, pp. 39-40. ISSN 0210-380X.
55 Consta en la documentación que para el establecimiento de dichos censales la ciudad solicitó licencia al
Virrey y Real Audiencia de Valencia, tal como era preceptivo. ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, docs. 1/34 y 1/35, punto 7.
de 157956 y otros tantos el 30 de abril de 158157. A fin de poder hacer frente a las pensiones que dichos censales generaban, el 29 de mayo de 1580 se tomó acuerdo para imponer sisa58 en la harina que se amasaba en la panadería de la ciudad, a razón de 1 sueldo por arroba de harina59. El 4 de febrero de 1581, y con idéntica finalidad, la ciudad acuerda imponer una nueva sisa, en este caso sobre la carne y en cuantía de 2 dineros por libra de carne.
Pese a estas imposiciones, el consell alicantino se vio pronto superado por el coste de las obras, de manera que una vez empezadas éstas el 18 de julio de 158060, los 4.000 ducados se acabaron pronto61. Alimentadas las arcas alicantinas nuevamente con otros 4.000 ducados en abril de 1581, el dinero, sin embargo, volvió a consumirse rápidamente, viéndose las autoridades obligadas a paralizar las obras en noviembre de ese mismo año62, cuando la pared apenas superaba los 25 palmos de alto63.
Para administrar el dinero se nombraron sendos claveros, Francesc Martínez, que desempeñó su cargo hasta el 18 de febrero de 1581 y Thomás Vallebrera, que hará lo propio hasta el 10 de noviembre de ese mismo año, fecha en que por falta de dinero las obras quedaron interrumpidas64.
Tabla nº 2: PRINCIPALES GASTOS DE LA FÁBRICA DEL PANTANO Administración de Francesc Martínez 18 julio 1580 - 18 febrero 1581
Nº Concepto Importe
1 Gastos de tomar a censo 4.000 L 145 L 11 s 8 d
2 Construcción de una casa junto a la obra para guardar herramientas,
materiales y servir de acomodo a los trabajadores y a los oficiales de la ciudad que fuesen a visitarla
186 L 6 s
56
ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/39.
57Ibid.
58 Estas imposiciones, por gravar productos de primera necesidad, suponían un fuerte gravamen para la
economía de las clases sociales más desfavorecidas, tal como lo ponía de manifiesto el síndico de la ciudad, Damián Miralles, en uno de sus memoriales a propósito del pantano: “Gerónimo del Valle vino a esta ciudad por orden del rey y dijo que de las imposiciones puestas para el pantano que solo las pagan los pobres (…)” [s.f.], [posterior a julio de 1586]. ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/27.
59 ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/39.
60 ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/39. Bendicho y Viravens databan la colocación de la
primera piedra el 17 de agosto. BENDICHO, op. cit., p. 139. VIRAVENS, Crónica de Alicante, p. 136.
61 El 18 febrero de 1581 se acabó el dinero para la obra que administraba Francés Martínez Clavero. 62 ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/39.
63
CAMARERO CASAS et al., Tibi, un pantano…, p.29.
3 Jornales de maestros, peones y cabalgaduras 1.485 L
4 Dietas del mayordomo y otros oficiales (1580-1581) 100 L 12 s 3 d
5 Pertrechos de cal, arena, hierro acero, madera, carbón para la herrería,
maromas, sogas, espuertas y otros portes
300 L 26 s 6 d
6 Visuras de maestros e ingenieros, confección de modellos y salario
del auto de encomienda de las 4.000 L, del racional y escribano
131 L 7 s 11 d
7 Pago al Marqués de Terranova según lo acordado 500 L
8 Primera paga de las pensiones correspondientes a las 4.000 L
tomadas a censo
125 L
Fuente: ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/39. Elaboración propia.
(L) libras; (s) sueldos; (d) dineros.
Tabla nº 3: PRINCIPALES GASTOS DE LA FÁBRICA DEL PANTANO Administración de Tomás Vallebrera 20 de febrero al 10 de noviembre de 1581
Nº Concepto Importe
1 Gastos de tomar a censo otras 4.000 L 97 L 6 s 10 d
2 Jornales de maestros, peones y cabalgaduras 1.661 L 18 s 6 d
3 Dietas del veedor, mayordomo y otros oficiales durante 39 semanas
desde el 20 de febrero al 10 de noviembre de 1581
188 L 1 s 11 d
4 Pertrechos de cal y arena y los demás, y portes de los mismos 395 L 12 s 3 d
5 Cal que se recibió después de haber cesado la obra 46 L 7 s
6 Visuras de maestros y otras cosas, salario por el examen de la
cuenta de las 4.000 L tomadas a censo y del ayuda de costa que fue enviado a cargar el dinero
106 L 11 s 6 d
7 Por la pensión correspondiente a 1581 de las 4.000 L tomadas a
censo en 1580
250 L
8 Primera paga de las pensiones correspondientes a las 4.000 L
tomadas a censo en 1581
86 L 10 s
Fuente: ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/39. Elaboración propia.
De esta primera etapa de las obras contamos con el testimonio de Pedro Izquierdo, quien trabajó en las mismas, en calidad de bastimentero65, entre los días 1 de mayo al 17 de junio de 158066. Izquierdo abandonó precipitadamente las obras alarmado “por los grandissimos robatorios”67 que observó cometían los mayordomos68 y otros oficiales69 que asistían en la obra. Izquierdo le explica al Virrey que él mismo vio con sus propios ojos como se servían de “ombres de la fábrica y bestias” para llevar
materiales desde la obra a la ciudad de Alicante “a los jurados y rasional”. Así pues,
Izquierdo implica también en las corruptelas que denuncia a la máxima autoridad del reino al gobierno municipal de la ciudad. Según testimonia, estos hechos no eran algo aislado, pues en el poco tiempo que estuvo sirviendo en la obra, observó que sucedían “muchas vesses”70.
Junto a la mala administración de la obra, Izquierdo denuncia al Virrey que la fábrica no se está ejecutando conforme a su traza, pues la base de la presa en lugar de ejecutarse con planta curva, se había edificado en línea recta, lo que en su opinión le restaba seguridad y estabilidad71. También se lamenta de la ejecución defectuosa del
65
Respecto a los cometidos que competían al bastimentero, el propio Izquierdo se refiere a ellos en estos términos: “dar de comer a la gente que trabajare en la obra”. ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc. 1/10 y 1/11. Se trataba, pues, de una responsabilidad ciertamente de escasa relevancia si tenemos en cuenta que Izquierdo había sido el autor del proyecto del pantano. Este aspecto fue puesto de manifiesto por: CAMARERO CASAS et al., Tibi, un pantano…, p. 29, n. 11.
66 Del papel desempeñado por Izquierdo durante este corto periodo de tiempo y de cuánto observó en las
obras, sabemos por un extenso escrito que tras abandonar las obras remitió al virrey de València. En el documento Izquierdo hace constar que, trabajó en el año 1580, “comensando el primero de mayo [y] me despedí […] el domingo de la Trinidad del dicho año”. Memorial del estado en estaba la fábrica del Pantano quando se començó a trabajar en ella y de la mala administración de los officiales que asistían a ello, para el Virrey de València. ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc. 1/20.
67 En el escrito dirigido al Virrey les acusaba de sustraer cada semana “más de dies ducados”. Ibid. 68
A uno de ellos “que se llamava Vallebrera” le acusa de hacer “capassetes y los vendía a la dicha fábrica de la hobra y muchas vezes que yva y venia a la dicha hobra se llevaba madera y otras cossas de dicha obra”, y a otro llamado Bonyvern le acusa de tener en la obra a sus dos hijos quienes “destorbavan los maestros y la gente”, así como de llevarse “bigas y otras cosas más”. Ibid.
69
Al bastimentero primero, apellidado Pastor, le acusa de haberle vendido al propio Izquierdo, antes de haber empezado a trabajar él en la obra, por doce libras “melones y algunas legumbres y otras cossas más que avía por allí”.
70
Ibid.
71 Según el relato de Izquierdo, la obra, conforme a la traza que él había dado, debía tener “forma circular
a la parte de abaxo”, pero al poco de comenzar la misma se produjo un error que afectó a la planta.
Percatado del mismo, avisó a la ciudad “y no me quisieron creher”. Como consecuencia de ello, fue
necesario añadir a la planta 70 palmos, pasando ésta de los 125 inicialmente previstos a los 195 palmos. Poco tiempo después y cuando el error resultaba ya evidente, acudió al lugar “la ciudad de Alicante con Baptista Antonello”, quién, entre otras cosas, ordenó cortar la obra 20 palmos en la parte inferior y que
“se hiziese la obra a línea recta ala parte de baxo que se entiende hazia Alicante” y, como queriendo
dejar clara su opinión, Izquierdo añade: “y yo siempre defendiendo la línea circular con su talus”,
posición que justifica afirmando que era más resistente una pared circular, con talud y 125 palmos de espesor, que una con 200 palmos y trazo recto. Estas manifestaciones, según refiere el propio Izquierdo, constan documentadas “en el libro de Ayuntamiento de Alicante”. El testimonio de Izquierdo deja claro su
planteamiento con respecto a la planta curva que debía tener la pared del pantano. Además de lo ya dicho, Izquierdo explica que en Almansa unos treinta años antes, hicieron un pantano a línea recta y al llenarse
“sagetial” por el que ha de darse salida al agua y denuncia que los maestros no han
tenido la precaución de retirar del cauce unas rocas que habían caído tras un desprendimiento72. Las acusaciones de Izquierdo llegan a su punto álgido cuando explica al Virrey que, tras exponer él a los responsables de la obra que de seguir su traza no sería necesario gastar tanto dinero, aquéllos públicamente
[…] se desian ellos mismos de aquellos grandes señores de Alicante que si se asía mi hobra que quería yo, que no buscaba yo sino que me matasen, lo qual fue fama púbblica que me querían matar73.
Tras la interrupción de las obras, la ciudad seguiría abonando anualmente el importe de las pensiones de las cantidades tomadas a censo, así como el salario del “guarda de los instrumentos gruesos de madera de la fábrica que están en custodia en la casa della”74. A título anecdótico debe destacarse que en el asiento correspondiente a los gastos de las pensiones durante el año 1582, consta el siguiente apunte: “deduzida la prorrata de los 10 días supprimidos en el mes de octubre del año 1582”75, en alusión a la reforma operada en el calendario por el papa Gregorio XIII dicho mes y año y que conllevó la supresión de los días 6 al 14 de octubre de 1582.
El examen de las cuentas correspondientes a este periodo de las obras efectuado años después por el comisario Gerónimo del Valle, aporta información respecto a los profesionales y jornaleros que trabajaron en ellas. En la administración de las obras, la contabilidad consigna la existencia de un mayordomo y sobrestante, un pagador76 y el
de agua se rompió, lo que ocasionó una gran pérdida y dio lugar a la interrupción de la obra durante largo tiempo, hasta que tras su incorporación “les he dado la traça y hanlo hecho a la parte de abaxo a línea circular”. ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc. 1/10 y 1/11.
72 Izquierdo explica al Virrey que debido a la falta de conocimiento del terreno de los maestros que están
a cargo de la obra, éstos desconocen cómo “suele llevar las piedras del suelo del río l·agua corriente no quitaron hunas piedras de hunas solsidas que habrían cahído como trenta anyos poco más o menos, según está entendido por ombres muy viejos de Tibi y hotras personas que por allí an pasado”. Izquierdo
afirma que él también ha visto el lugar donde se hallan dichas rocas y estima que distan unos 200 pasos de la obra, en dirección a Alicante, a la parte de abajo. Son dos peñascos grandes que de haberse retirado antes de empezar la obra “no hubieran hecho fundamento en la arena de más de dies palmos”. Ibid.
73Ibid. 74
Acabada la obra las herramientas se llevaron a la ciudad y tras inventariarlas se encomendó su custodia a un vecino. También se inventariaron las maderas e instrumentos gruesos (carro, etc.) “y se pusieron en la casa del sitio donde estaba un hombre que lo tiene en custodia con doze libras de salario al año”.
Según consta en la documentación, dicho salario se abonaba “de la renta que se saca de la heredad de la Alcornia”. ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/39.
75Ibid.
76 Respecto del pagador se afirma que se desplazaba a la obra el último día de la semana para abonar el
salario a los trabajadores. En cuanto al trabajo desempeñado por estos tres oficiales, Del Valle se muestra crítico pues estima que su labor ha servido más para la confusión que para el concierto ni beneficio de la obra. Por ello, consideraba excesivo el número de oficiales y denunciaba su escasa preparación (“no son pláticos”), estimando necesario y suficiente la existencia de un único oficial “que fuera experto”, pues
estima que la obra del pantano es fácil de dirigir por estar “en un lugar recogido y junto, de manera que de qualquier parte se ve todo y se puede acudir a lo necesario”. Aunque reconoce que sus dietas “no han costado mucho” y que todos ellos eran “cavalleros y ciudadanos honrados”, considera que hubiera sido
comendatario a cuyo cargo estaban los fondos tomados a censo77. A cargo de las obras se encontraban dos maestros mayores, uno de cantería y otro de albañilería78. A partir de 1581, se suprimió uno de los maestros mayores y en su lugar “se añadió otro official con título de veedor”. A los oficiales correspondía reconocer el trabajo de maestros,
peones y del resto de personas que trabajaban en la obra; también se encargaban de las compras de “los pertrechos necessarios”.
Según los listados utilizados para abonar los salarios, en la obra trabajaron maestros de cantería, albañilería, carpintería y herrería; peones, mozos y muchachos79. Así mismo consta que trabajaron en esta primera fase de las obras del pantano, hombres con pares de mulas acarreando madera y piedra con un carro de cuatro ruedas, además de otras cabalgaduras y jumentos empleadas en el acarreo de arena y argamasa.
Merced al trabajo de todos ellos y según consta en las visuras que años después, mientras se hallaban las obras detenidas, se practicaron en el lugar, la obra quedó en el siguiente estado: una plataforma de 195 palmos de anchura, en figura de arco, ataluzada y que alcanzaba los 30 palmos de altura en la parte situada aguas abajo de la pared y 20 palmos de alto en la de aguas arriba, con un grosor de 157 palmos80.
2.2.LA INTERVENCIÓN REAL EN EL PROYECTO (1581-1593)
mucho más beneficioso para la obra “una cabeça inteligente y de buen gobierno, bien pagada, que muchas sin gobierno y de balde” y remata su crítica afirmando que “con solo lo gastado pudiera haver más obra hecha de la que hay según la opinión de muchos”. ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/39.
77 El sistema de pago consta perfectamente descrito en los documentos. Así, los maestros mayores y el
mayordomo “hazían la lista de cada semana” con los gastos y salarios devengados. Dicha lista se enviaba
a la ciudad donde era examinada por los jurados y el racional y una vez firmada por éstos, se entregaba al comendatario del dinero tomado a censo, quién a la vista de la referida lista “dava el dinero al pagador que yva a hazer la paga y con restitución de esta lista se le admitía en cuenta la partida por el Racional de la ciudad”. Ibid.
78
El papel de éstos en cuanto que organizadores de los trabajadores que asistían a la obra es objeto de alguna crítica. Así por ejemplo, en un momento dado el comisario Del Valle constata que según las noticias que ha podido recabar “para mover una piedra que bastaran quatro hombres se juntava gran número de gente perdiendo el tiempo en solo aquello”. Ibid. En cuanto a la identidad de estos maestros, si bien los documentos consultados nada dicen al respecto, De la Torre Echávarri sitúa al frente de esta primera etapa de las obras al ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli (1531-1588), quién desde 1561 se hallaba trabajando, por orden de Felipe II, en la mejora de la fortificación de la costa del Reino de Valencia. DE LA TORRE ECHÁVARRI, J. I., “Juan Bautista Antonelli: ingeniero militar y alojador del ejército” en Ingenieros del Renacimiento, Alicia Cámara Muñoz y Bernardo Revuelta Pol, coords., Madrid: Fundación Juanelo Turriano. UNED, 2014, pp.113-133. ISBN 978 84 937754 8 3.
79 Respecto de los muchachos, la documentación constata que han sido un “estorbo para la obra”,
recalcando que aquéllos “además que trabajan poco estorban a los que son”. Ibid.
80
Datos resultantes de la visura practicada el 4 de diciembre de 1587. ACA, Consejo de Aragón, leg. 636, doc. 1/51.
Una vez paralizadas las obras, debido a la falta de fondos para poder proseguirlas por parte de la Ciudad, el consell alicantino a través de su síndico Damián Miralles81, en ocasiones auxiliado por Baltasar Vidaña82, acudirá repetidas veces a Felipe II solicitando su colaboración para poder reanudar y concluir la fábrica del pantano iniciada en 1580. Para ello, los alicantinos expusieron al Monarca todo tipo de argumentos sobre la bondad del proyecto del pantano y en los beneficios que su construcción depararía para la Monarquía y para la Ciudad.
Hay que tener en cuenta que Felipe II era un rey extremadamente minucioso, hasta el punto de estudiar personalmente todos y cada uno de los asuntos de estado, de manera que la toma de cualquier decisión, era siempre precedida de un amplio análisis por parte del Monarca83. La imposibilidad de visitar personalmente el lugar escogido para construir el pantano, la suplió el Rey con la solicitud de un considerable número de informes y pareceres que, a su vez, complementaban los que le eran remitidos desde Alicante. Algunos de estos informes los solicitaba Felipe II a personas de su confianza, a las que solía pedir que actuaran con discreción y sigilo. No debe pasarse por alto que, más allá del celo que caracterizó al Monarca, la mayoría de documentos que le eran remitidos a Felipe II desde Alicante en relación con la fábrica del pantano, estaban escritos en un tono marcadamente optimista84. Abundaban en ellos los argumentos favorables a la obra y apenas reparan en inconvenientes. Semejante forma de proceder, justificaba más aún la necesidad, por parte del Monarca, de solicitar una gran cantidad de opiniones y pareceres antes de resolver.
81 Damián Miralles, fue, además de síndico de la ciudad de Alicante y representante de la misma ante la
Corte de Felipe II en todo lo relacionado con el pantano de Alicante, alguacil de las obras tras su reanudación en 1590, además de apoderado en Alicante de Pedro Franqueza (secretario del Consejo de Aragón y fundador del lugar de Villafranqueza). Del examen de los documentos en los que constan sus gestiones en todo lo relacionado con la fábrica del pantano se desprende que, pese a su condición de síndico de la ciudad de Alicante, Miralles no siempre defendió ante la Corte las posiciones del consell
alicantino, cuyas corruptelas y actitudes acaparadoras con respecto al agua de la huerta, puso de manifiesto en repetidas ocasiones ante el propio Felipe II. No está claro si esta actitud de Miralles, respondía a cuestiones de justicia y moralidad, o con ella simplemente buscaba obtener el favor real. Es posible que a finales de la década de los ochenta la ciudad recelara ya de su actitud, ya que sus funciones se vieron limitadas y en sus gestiones en Madrid, ante la Corte, empezó a ser acompañado por la primera autoridad de la Ciudad, el justicia Thomás Vallebrera. Miralles, falleció el 19 de septiembre de 1591. ADC, Fondo Villafranqueza, Ciriñuela, Cirat, caja 5, doc. nº 10/1.
82
Baltasar Vidaña, además de síndico de la ciudad de Alicante, era doctor en ambos derechos. Curiosamente también tuvo relación con el secretario Pedro Franqueza, al que vendió una propiedad con casa y tierras situada en el territorio en que el secretario levantaría posteriormente el lugar de Villafranqueza. ACA, Consejo de Aragón, leg. 635, doc. 1/4.
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En la obra de Escudero, citando a Cabrera de Córdoba, leemos: “Era tal la forma de proceder muy conveniente, atendiendo el Rey a todo, porque no se ofrecía negocio que no pasase una o muchas veces por sus manos, y está en todos tan resoluto, que poco había menester consejo”. ESCUDERO, Los Secretarios de…, v. I., p. 217.
84
A la exageración en este tipo de memoriales dirigidos al rey se ha referido, entre otros autores, PÉREZ MILLAN, M. I., “Las intervenciones de los ingenieros italianos en la fortificación alicantina durante la segunda mitad del siglo XVI”. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales [en línea], Barcelona: Universidad de Barcelona, 15 de agosto de 2014, vol. XIX, nº 1086 [fecha de consulta: 10 de septiembre de 2017]. ISSN 1138-9796. [Disponible en: http://www.ub.es/geocrit/b3w-1086.htm]