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Autoestima y depresión: relaciones directas versus indirectas

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Academic year: 2021

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Autoestima y depresión: relaciones

directas versus indirectas

J

UAN

H

ERRERO

, G

ONZALO

M

USITU Y

E

NRIQUE

G

RACIA Universitat de Valencia

Resumen

Este trabajo analiza la relación entre la autoestima y la depresión. Debido a que la formación de la auto-estima reside fundamentalmente en procesos de interacción social (Cooley, 1902; Baldwin, 1908; Mead, 1934), la configuración de la autoestima se realiza en función de los distintos ámbitos o contextos en los que interactúa el individuo, creando de este modo diferentes aspectos o dimensiones de autoevaluación. Desde nues-tra orientación teórica, la relación de la autoestima con la depresión depende de la dimensión que se analice: se observará una relación directa en aquellos aspectos del self muy vinculados al rol social preferente mientras que se observará una relación indirecta -mediada por otras variables relacionadas con la depresión: apoyo social y estrés- en aquellos aspectos más genéricos o distantes de ese rol social preferente. Para comprobar esta relación, se ha analizado una muestra de 405 estudiantes universitarios de la ciudad de Valencia, obteniéndose una medición de las siguientes variables: autoestima social e intelectual, participación e integración comunitaria, número de eventos vitales no deseables y depresión. Los resultados obtenidos confirman la hipótesis de la rela-ción directa/indirecta en funrela-ción del rol social preferente: la autoestima intelectual de los estudiantes universi-tarios -rol social preferente- se relaciona de forma directa con la depresión mientras que la autoestima social se relaciona de forma indirecta con la depresión.

Palabras clave: Autoestima, depresión, apoyo social, eventos vitales.

Self-esteem and depression: Direct

versus indirect relationships

Abstract

This study focuses on the relationship between self-esteem and depression. Since the configuration of self-este-em is carried out according to the various contexts in which the individual takes part (Cooley, 1902; Baldwin, 1908; Mead, 1934), different dimensions of self-esteem will emerge during this process. From our theoretical approach, this aforementioned relationship depends upon the dimension that is being analyzed: a direct relation to depression is expected in those selfevaluations that are selfrelated to a preferent social role -in this study, -intellectual self-esteem- while an -indirect relation is to be observed when more general aspects of the self -and not directly related to a preferent social role- are analyzed. The mediating variables in this rela-tionship are social support and stress. The sample analyzed consisted of 450 male and female graduate stu-dents from the city of Valencia (Spain). Self reports of intellectual self-esteem, social self-esteem, community participation, community integration, undesirable life events and depression was obtained. The results confirm the hypothesized relations: intellectual self-esteem shows a direct relation to depression, whereas social self-este-em and indirect relation to depression.

Keywords: Self-esteem, depression, social support, life events.

Agradecimientos: Este artículo forma parte de la Investigación GV-2425/94, financiada por la

Conselleria de Cultura, Educació y Ciencia de la Generalitat Valenciana.

Correspondencia con los autores: Area de Psicología Social. Facultad de Psicología. Avda. Blasco

Ibañez, 21. 46010 Valencia. Tel.: (96) 386 44 20 - ext. 6211. Fax: (96) 386 46 68.

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INTRODUCCION

El concepto de autoestima ha traspasado con frecuencia el ámbito exclusiva-mente científico para formar parte del habla popular. De este modo, su significa-do ha llegasignifica-do a ser evidente para numerosos investigasignifica-dores, en detrimento de una búsqueda de definición consensuada. De acuerdo con Rosenberg (1965), por autoestima se entiende una actitud positiva o negativa hacia un objeto; en este caso, el objeto es el self. Así, cuando decimos que una persona posee una elevada autoestima, estamos diciendo que el sujeto se respeta a sí mismo, que se conside-ra de algún modo valioso. Ello no quiere decir que el individuo se perciba en un máximo grado de perfección sino que reconoce y asume sus limitaciones con la expectativa de mejorarlas y crecer personalmente. Alternativamente, un indivi-duo con baja autoestima se caracteriza por percepciones de rechazo e insatisfac-ción con el self; esto es, no respeta el objeto que contempla (self). Obviamente, su percepción del self no es agradable y, por tanto, desearía que fuera de otra mane-ra.

Una de las características más relevantes del proceso perceptivo que un indi-viduo mantiene con respecto al self es la variedad de contextos o ámbitos en que esa evaluación o valoración puede llevarse a cabo. Esta singularidad del concepto de autoestima ha sido puesta de manifiesto por numerosos autores que han seña-lado la multidimensionalidad del concepto de autoestima. Esta idea no es nueva y ya en sus primeros trabajos William James (1890) diferenciaba entre los aspec-tos sociales, materiales y espirituales de la autoestima. En este misma linea se sitúan los trabajos de diversos autores de principios de siglo (Cooley, 1902; Bald-win, 1908; Mead, 1934), quienes señalan que las evaluaciones del self dependen en gran medida de la interacción social y en ella encuentran su sentido. En gene-ral, la idea de que el proceso de configuración de la identidad reside fundamen-talmente en la interacción social ha sido compartida por numerosos autores de diversas orientaciones teóricas (Lewin, 1936; Rogers, 1951; Kelly, 1955; Rosen-berg, 1965; Markus, 1980).

De este modo, si la valoración que uno hace de sí mismo es producto de la interacción con los otros, los diferentes contextos en que esta interacción se pro-duce estarán asociados a distintas evaluaciones sobre uno mismo. En este senti-do, la evaluación de la propia capacidad intelectual puede ocupar una parte importante de las autoevaluaciones de un estudiante universitario mientras que este dominio de la evaluación del self puede ser menos relevante en individuos con otro tipo de roles (amas de casa sin trabajo remunerado fuera del hogar, jubi-lados, etc.). Además, estas dimensiones de la autoestima pueden ser relativamen-te independienrelativamen-tes, si bien relacionadas. Esta circunstancia permirelativamen-te analizar el nivel de bienestar psicológico de un individuo en función de las autoevaluacio-nes que realiza con respecto a los ámbitos del self más próximos a su rol social. Así, Musitu, Herrero y Lila (1994) comprobaron que las mujeres casadas sin tra-bajo remunerado fuera del hogar mantenían como principal fuente de valoración personal sus relaciones con la familia -autoestima familiar- mientras que en mujeres casadas con trabajo remunerado fuera del hogar el respeto hacia el self provenía conjuntamente de los ámbitos familiar, laboral y social. Aunque ambos tipos de mujeres mantenían similares niveles de autoestima, la capacidad de las mujeres con trabajo remunerado para hacer frente a las situaciones que implican una amenaza a la estima personal es sensiblemente mayor puesto que su autoeva-luación no depende exclusivamente de un sólo ámbito y, por tanto, pueden movilizar sus recursos psicológicos para hacer frente a esas amenazas.

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Esta conceptualización de la autoestima como un recurso psicológico para hacer frente a situaciones estresantes ha permitido vincular la percepción del self con la salud mental. Así, numerosos autores han señalado que la autoestima es un aspecto de la personalidad del individuo que expresa un recurso de afronta-miento (Pearlin y Schooler, 1978) un factor disposicional (Dohrenwend y Doh-renwend, 1981; Wheaton, 1983), una dimensión de la fortaleza del self (Barron, 1953) o un predictor del estilo o conducta de afrontamiento (Husaini y Neff, 1981) que permite una adaptación satisfactoria a lo largo del ciclo vital. La influencia que este recurso psicológico ejerce en la salud mental, aunque bien documentada, merece una explicación de la que todavía no ha sido objeto. En este sentido, la autoestima puede relacionarse, al menos de dos formas, con la salud mental: de manera directa o de manera indirecta.

Si la autoestima se relaciona de forma directa con la salud mental, una dismi-nución de la autoestima fomentará inevitablemente la aparición de diferentes desórdenes psicológicos. Dicho de otro modo, una autoestima negativa es en sí misma un indicador de desorden psicológico. Esta orientación ha recibido abun-dante apoyo empírico, como lo muestra el hecho de que es relativamente fre-cuente encontrar indicadores de baja autoestima incluidos en cuestionarios e ins-trumentos que evalúan la depresión (Beck, 1967; Radloff, 1977). En este senti-do, algunos autores han comprobado que la autoestima y la depresión correlacionan moderadamente tanto en el caso de una medida global de autoesti-ma (r =.25) (Dean, 1986) como cuando se analizan las relaciones entre las dife-rentes dimensiones de la autoestima y una medida de depresión ( -.08 < r <-.35) (Herrero, 1994); si bien es posible trazar una independencia entre ambas varia-bles que elimina la sospecha de que quizás se tratara de constructos similares. Así, Dean comprobó que aunque ambos constructos mostraban una correlación moderada, al analizar la relación de éstos con otras variables se observaba un comportamiento diferente. Mientras la depresión se relacionaba con la presencia de un mayor número de eventos vitales estresantes, con el género, la educación y la ausencia de vínculos sociales fuertes que proporcionaran apoyo social, la auto-estima sólo mostraba relaciones significativas con estas dos últimas variables. De este modo, aunque probablemente exista una convergencia entre ambos cons-tructos, pueden considerarse independientes (Dean, 1986).

Por otra parte, si la autoestima ejerce una influencia indirecta en la salud mental, una autoestima negativa no incidirá necesariamente en la salud mental, debido probablemente a la mediación de otras variables que impiden esa transi-ción. De este modo, una persona con una autoestima negativa puede mantener un nivel de ánimo depresivo relativamente satisfactorio en ausencia de otras cir-cunstancias que desencadenen la depresión de ese ánimo. Entre estas variables, se han destacado la existencia de situaciones estresantes en la vida del individuo (Hirschfeld y Klerman, 1979) y la posibilidad de acudir a los otros significativos en busca de ayuda (Wills, 1985). De acuerdo con Hirschfeld y Klerman (1979), la baja autoestima no predice necesariamente un elevado nivel de depresión; es la reacción de la autoestima ante los eventos vitales estresantes lo que eleva el riesgo de deprimir el ánimo.

Desde el punto de vista de Wills (1985), una elevada autoestima animar al sujeto a participar en un mundo de relaciones recíprocas, en el que se recibe y ofrece ayuda, posibilitándose el acceso al apoyo social disponible para hacer fren-te a las situaciones estresanfren-tes e incidiendo en la promoción del bienestar psico-lógico (Dohrenwned y Dohrenwend, 1982; Cohen y Syme, 1985; Lin, Dean y Ensel, 1986; Sarason, Pierce y Sarason, 1990; Herrero, 1994; Gracia, Herrero y Musitu, 1995). Así, la autoestima actuaría como un recurso psicológico que se

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moviliza en presencia de situaciones estresantes o que puede amortiguar hasta cierto punto la ausencia de apoyo en el contexto social que rodea al individuo. Esta relación entre la autoestima y el apoyo social en los procesos de afronta-miento ha desviado frecuentemente la atención de los investigadores hacia el concepto de apoyo social, relegando a la autoestima a un plano secundario que permita enmarcar el contexto en el que evoluciona el apoyo social (Lin, Dean y Ensel, 1986).

Desde nuestra orientación, la autoestima puede presentar tanto una relación directa como indirecta con la depresión, debido a la influencia diferencial que las distintas dimensiones de la autoestima del individuo ejercen en el desarrollo per-sonal. Así, en aquellos dominios o dimensiones de la autoestima que ocupan una parte importante de las autoevaluaciones individuales en un período temporal determinado, se observará un efecto directo en el nivel de salud mental del indi-viduo puesto que las percepciones negativas están minando el núcleo principal de la identidad personal (este sería el caso de la autoestima intelectual en estu-diantes universitarios, autoestima familiar en mujeres casadas sin trabajo remu-nerado fuera del hogar o autoestima laboral en hombres y mujeres con una clara orientación profesional). Por el contrario, aquellos aspectos del self con menor potencial de amenaza a la identidad, mostrarán una relación indirecta con el nivel de salud mental. Esto es, sólo en el caso de que un bajo nivel de autoestima venga acompañado de la presencia de un elevado número de eventos vitales estresantes y/o de una disminución sensible del apoyo social disponible, se obser-vará un incremento de problemas y desórdenes psicológicos. Por ejemplo, una autoestima social negativa derivará en problemas de salud mental en el caso de que determinadas circunstancias exijan una movilización de ese recurso (exposi-ción a fuentes de estrés, por ejemplo); si el individuo no puede acceder a la ayuda del contexto social debido a una percepción negativa de sí mismo como persona con capacidad para interactuar en diferentes situaciones sociales, la posibilidad de buscar ayuda disminuye y la influencia del estrés persiste pudiendo fomentar la aparición de desórdenes psicológicos (Cohen et al., 1981; Lazarus y Folkman, 1986; ; Barnett y Gotlib, 1988; Newcomb, 1990; Herrero, 1994; Gracia, Herrero y Musitu, 1995). En este caso observaríamos una influencia indirecta de la autoestima en la salud mental.

La comprobación de la existencia de relaciones directas o indirectas de la autoestima con la salud mental exige, por tanto, una medición multidimensio-nal del constructo de autoestima así como el diseño de investigaciones que per-mitan diferenciar la influencia que las distintas variables están ejerciendo en la salud mental. La constatación de diferentes ámbitos de autoevaluación del self permite conocer el peso específico de cada dimensión y la configuración de la identidad individual, mientras que las variables mediadoras posibilitan estudiar las relaciones - directas o indirectas - que esas dimensiones de la autoestima ana-lizadas presentan con la salud mental. De acuerdo con la literatura científica, dos variables que han mostrado una relación sólida con la salud mental son la presen-cia de eventos vitales estresantes en la vida del individuo (Holmes y Rahe, 1967; Dohrenwend y Dohrenwend, 1981; Tausig, 1982) y el nivel de apoyo social (Cohen y Wills, 1985; Lin, Dean y Ensel, 1986; Sarason, Sarason y Pierce, 1990; Veiel y Baumann, 1992; Gracia, Herrero y Musitu, 1995). Su presencia, por tanto, se debe tener en cuenta en estudios que persigan comprobar la relación entre la autoestima y la salud mental.

Es preciso, además, definir muestras en las que a priori pueda inferirse qué dimensión de la autoestima presenta mayor relevancia en la configuración de la identidad del individuo. Dicho de otra forma, el investigador ha de conocer o

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aventurar qué dimensión de la autoestima mostrará una relación directa con la salud mental debido a su especial implicación con el rol social preferente que define la muestra -estudiantes universitarios, amas de casa sin trabajo remunera-do fuera del hogar, etc.-. En este sentiremunera-do, este trabajo examina el tipo de relacio-nes que dos dimensiorelacio-nes de la autoestima en estudiantes universitarios presen-tan con la salud mental - evaluada en términos de depresión-. Se analizan para ello la autoestima intelectual y social de los sujetos con el objeto de mostrar hasta qué punto la autoestima intelectual -con mayor peso en la configuración de la identidad del individuo en esa etapa del ciclo vital- y la autoestima social -si bien relevante, con menor importancia- presentan relaciones indirectas y directas con la salud mental de acuerdo con el planteamiento teórico expuesto. Para analizar esta relación, se tienen también en cuenta la presencia de eventos vitales estre-santes -relacionado positivamente con la depresión- y el nivel de apoyo social comunitario -relacionado negativamente con la depresión-. (Lin, Dean y Ensel, 1986; Herrero, 1994).

METODO Muestra

La muestra está compuesta por 405 sujetos que en el momento de la aplica-ción de los instrumentos cursaban estudios universitarios. La distribuaplica-ción por sexo es de 184 hombres y 221 mujeres (45% y 56% respectivamente). El rango de edad de los sujetos abarca desde los 18 años a los 31 años, si bien la mayor parte de los sujetos (63%) tienen una edad comprendida entre los 18 y los 26 años en el momento del pase de la prueba. La mayoría son solteros/as (78%) fren-te a una minoría de personas casadas (20 %), separadas (1%) y divorciadas (1%). El número de mujeres sobrepasa al de hombres en todas las categorías: solteras (170 frente a 147); casadas (46 frente a 34); separadas (2 frente a 1); y divorciadas (2 frente a 1).

Instrumentos

De acuerdo con el marco teórico que da contenido a este trabajo, se han reali-zado mediciones del nivel de autoestima social e intelectual, depresión, partici-pación e integración comunitaria (apoyo social comunitario) y eventos vitales no deseables. Para ello, se han aplicado los siguientes instrumentos:

Cuestionario de Autoestima (Herrero, 1994). Consta de 25 ítems que se

respon-den en una escala de respuesta de 5 puntos que va desde ‘muy de acuerdo’ a ‘muy en desacuerdo’. La consistencia interna para el conjunto de la escala es a=.793 (coeficiente de fiabilidad para todas las posibles divisiones en mitades de Cron-bach). Este cuestionario presenta siete factores que se corresponden con dimen-siones de la autoestima en tres ámbitos: Psicológico, Social y Físico. El ámbito social lo configuran la autoestima social, familiar y la amistad; el ámbito psicoló-gico está constituido por la autoconfianza, la autoestima intelectual y la autoesti-ma emocional; finalmente, el ámbito físico está compuesto por la autoestiautoesti-ma corporal. La escala de autoestima social hace referencia a la imagen del individuo como persona con habilidades para interactuar socialmente. Los ítems que com-ponen esta escala son: ‘Me adapto fácilmente a las diferentes situaciones sociales’, ‘Tengo una excelente intuición’ y ‘Soy un gran observador/ra’. El a de Cronbach

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para esta escala es de .50. Por su parte, la escala de autoestima intelectual hace referencia a la imagen que mantiene la persona con respecto a su capacidad inte-lectual y cognitiva, e incluye los siguientes ítems: ‘Tengo dificultades para con-centrarme’, ‘Soy inconstante en el trabajo intelectual’ y ‘Tengo mala memoria’. El a de Cronbach para esta escala es de .60. Una prueba de la validez convergen-te de estas escalas es su relación negativa con la depresión (r=-.1585 y r=-.2922; para la autoestima social e intelectual respectivamente).

CES-D (Radloff, 1977). El CES-D es un cuestionario desarrollado por el

Cen-tro de Estudios Epidemiológicos (Estados Unidos) para evaluar la presencia de ánimo depresivo en población general. Consta de 20 ítems procedentes de esca-las validadas de depresión y ha sido utilizado frecuentemente en estudios epide-miológicos que implican grandes muestras (Herrero, 1994). La traducción de los ítems que componen el cuestionario original se ha realizado en primer lugar por personal de la Universidad de Valencia. Esta versión en español se ha enviado a personal bilingüe de la University of Southern California para que fuera traduci-da de nuevo al inglés. La convergencia encontratraduci-da entre las dos versiones en inglés resultantes -original en inglés y traducción del español al inglés- ha servi-do como una prueba fiable de que los conteniservi-dos del cuestionario permanecen inalterados una vez traducido.

Entre las principales características psicométricas del CES-D destacan su fia-bilidad, validez y brevedad de la escala. Aunque muestra varias dimensiones, proporciona también un índice general de depresión fiable. La fiabilidad de este instrumento en la muestra analizada es a= .881 (a de Cronbach) y en la literatu-ra científica existe documentación abundante sobre su validez convergente con otras escalas como la Labin Scale (r=.50) y la Escala de Afecto Negativo de Brad-burn (r=.70) (Lin , Dean y Ensel, 1986). También se ha mostrado por diferentes autores la sensibilidad de las puntuaciones del CES-D a la presencia de eventos vitales estresantes (Lin, Dean y Ensel, 1986; Herrero, 1994).

Cuestionario de Participación e Integración Comunitaria (Herrero, 1994). Este

ins-trumento evalúa el nivel de participación en el barrio y la comunidad (Partici-pación) así como el sentimiento de pertenencia, identificación o integración en ese barrio o comunidad (Integración). El cuestionario consta de 10 ítems con un rango de respuesta de 1 a 5 -’muy de acuerdo’ a ‘muy en desacuerdo’- y muestra una consistencia interna para la muestra analizada de a=.820 (alpha de Cron-bach). Estos 10 ítems se distribuyen en dos factores -Participación e Integración-que explican un 57% de la varianza total, aproximadamente en la misma pro-porción (22% y 25%, respectivamente). Los ítems de la escala de Participación son: ‘colaboro en las organizaciones y asociaciones de mi comunidad’, ‘participo en actividades sociales de mi barrio o comunidad’, ‘participo en algún grupo social o cívico’, ‘no participo en las reivindicaciones sociales que se llevan a cabo en mi barrio/comunidad’, ‘acudo a las llamadas de apoyo que se hacen dentro de mi barrio o comunidad’ y ‘no participo en las actividades socio-recreativas de mi comunidad’. El a de Cronbach para esta escala es de .89. Por su parte, la escala de Integración está configurada por los siguientes ítems: ‘me siento identificado con mi barrio/comunidad’, ‘mis opiniones son bien recibidas en mi barrio/comu-nidad’, ‘muy pocas personas de mi comunidad saben quien soy yo’, y ‘siento el barrio como algo mío’. El a de Cronbach para esta escala es de .77.

Las escalas de Participación e Integración muestran una correlación negativa con las puntuaciones en depresión (r= .-0914 y r=-.1756, respectivamente) si bien la Participación no presentan una relación estadística significativa (p=.067). En otros trabajos científicos previos se ha mostrado cómo la integra-ción comunitaria presenta una mayor relaintegra-ción con la salud mental que la mera

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participación en actividades sociales y comunitarias (Herrero, 1994; Herrero, Musitu y Gracia, 1995).

Cuestionario de Eventos Vitales No deseables (Herrero, 1994). Este instrumento se

compone de un listado de 33 eventos vitales no deseables. Estos eventos proce-den de otras escalas validadas de eventos vitales y abarcan áreas como la familia, el trabajo, estudios, las relaciones interpersonales, relaciones de pareja y vida comunitaria. El instrumento registra la presencia de cada uno de los eventos en los seis meses previos al pase de la prueba y proporciona un índice general del número de eventos experimentados por el individuo. Debido a la independencia de cada uno de los eventos, no se ha calculado la consistencia interna (Tausig, 1986; Herrero, 1994). La validez convergente del cuestionario de eventos vitales estresantes se comprueba al observar una correlación positiva con las puntuacio-nes en Depresión (r=.3456) (Holmes y Rahe, 1967; Dohrenwend y Dohren-wend, 1981; Lin, Dean y Ensel, 1986; Lin y Ensel, 1989; Herrero, 1994).

RESULTADOS

Análisis de correlación entre las variables

Con el objeto de explorar inicialmente las relaciones entre las variables, se han calculado los coeficientes de correlación (Pearson) para todas las variables que configuran los constructos señalados. Estos resultados se muestran en la tabla I.

TABLAI

Correlación de Pearson entre autoestima social, autoestima intelectual, participación e integración comunitaria, eventos vitales y depresión

Autoestima Autoestima Participación Integración Eventos vitales Depresión social intelectual comunitaria comunitaria no deseables

Autoestima 1.000 .2603** .1257* .1528** .0442* –.1585** social Autoestima 1.000** .0988* .0665** –.1672* –.2922** intelectual Participación 1.000* .5307** –.0315* –.0914** comunitaria Integración 1.000** –.0635* –.1756** comunitaria Eventos viales 1.000* .3456** no deseables Depresión 1.000** * p < .05; ** p < .001

Como se observa en esta tabla, la participación comunitaria correlaciona posi-tivamente con la autoestima social (r=.1257) e intelectual (r=.0988) y no pre-senta una relación estadística significativa ni con el ánimo depresivo (r=-.0914; p=.067) ni con la presencia de eventos vitales estresantes (r=-.0315; p=.528) ; por su parte, la integración comunitaria muestra una correlación positiva con la autoestima social (r= .1528) y no muestra relación alguna con la autoestima intelectual (r=.0665; p=.183) mientras que se observa una relación negativa con la depresión (r=-.1756) y una ausencia de relación con los eventos vitales estre-santes (r=-.0635; p=.204).

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La dos dimensiones de la autoestima presentan relaciones estadísticamente sig-nificativas con la depresión (social: r=-.1585; intelectual: r=-.2922). Y tan sólo la autoestima intelectual presenta una relación estadísticamente significativa con los eventos vitales estresantes (r=-.1672). Finalmente, depresión y eventos vitales estresantes se relacionan positivamente y de forma moderada (r=.3456).

Diseño Factorial: (Eventos x Autoestima) y Depresión

De acuerdo con los resultados presentados en la tabla I, tanto la dimensión social de la autoestima como la dimensión intelectual presentan una relación de signo negativo con la depresión: un mayor nivel de autoestima se relaciona con un menor nivel de depresión. Sin embargo, estas relaciones pueden deberse al efecto de los eventos vitales en la depresión. De este modo, para comprobar la existencia de relaciones directas e indirectas entre las dimensiones de autoestima social e intelectual de los estudiantes que componen la muestra y la presencia de depresión, se han realizado dos diseños factoriales (Eventos Vitales x Autoestima Intelectual) y (Eventos Vitales x Autoestima Social), ambos con depresión. Esta-dísticamente, la existencia de una relación directa entre autoestima y depresión se comprueba si no existe interacción estadísticamente significativa entre la autoestima y los eventos vitales no deseables con respecto a la depresión (Eventos x Autoestima p>.05). Es decir, si no existe interacción entre Eventos Vitales y Autoestima Intelectual y entre Eventos Vitales y Autoestima Social al calcular su relación con el nivel de depresión. Alternativamente, si el efecto de la interacción Eventos Vitales x Autoestima es significativo (Eventos Vitales x Autoestima, p<.05), la interpretación de la relación de la autoestima en la depresión puede realizarse conforme a su influencia indirecta; es decir, no siempre una baja auto-estima se relaciona con una elevada depresión, sino que depende de otras varia-bles mediadoras (en este caso, el nivel de estrés vital medido a través de la presen-cia de un número elevado de eventos vitales no deseables en la vida del sujeto). Los resultados de este análisis se presenta en la tabla II y tabla III.

En la tabla II se presentan los resultados del análisis de la interacción Eventos X Autoestima Social. Existe una interacción estadísticamente significativa de los Eventos y la Autoestima Social en la depresión (F=7.43; p<.007).

TABLAII

Diseño factorial 2 x 2. (Eventos no deseables X Autoestima Social) y Depresión

Fuente SC gl MC F p

(A) Eventos no deseables 3089.32 1 3089.32 45.08 <.001

(B) Autoestima social 1021.92 1 1021.92 14.91 <.001

(A) x (B) 509.39 1 509.39 7.43 .007

Error 27341.90 399 68.53

En el cuadro I se presentan los resultados del Test de Tukey para el análisis de las diferencias entre las medias de los grupos de autoestima social y eventos vita-les (Cuadro I).

En la representación gráfica de estas diferencias, se comprueba que la presen-cia de eventos vitales no deseables está relacionada de forma positiva con la depresión tanto en el grupo de alta autoestima social como en el de baja autoesti-ma social. Sin embargo, cuando la autoestiautoesti-ma social es alta y el número de even-tos vitales no deseables elevado, el nivel de depresión es similar al del grupo con autoestima social baja y menor número de eventos vitales estresantes. En este sentido, podemos hablar de un relación indirecta de la autoestima social en la

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depresión: cuando la autoestima social es elevada, permite reducir el efecto nega-tivo de los eventos estresantes en la depresión. Alternativamente, cuando la autoestima social es baja no se observa una relación directa con la depresión, sino sólo en el caso de que exista la presencia de un elevado número de eventos vitales. En este caso, la influencia de los eventos en la depresión es mayor que en el grupo de alta autoestima social (Figura 1).

CUADROI

Puntuaciones medias en depresión: Eventos vitales y Autoestima social

Eventos vitales no deseables (A) Pocos (a1) Muchos (a2) Autoestima Baja (b1) (3) 33.2828 (1) 44.1667 n11= 145 n12= 145 Social (B) Alta (b2) (4) 31.9740 (2) 36.5714 n21= 145 n22= 42 FIGURA1

Representación Gráfica del Efecto de la interacción (Autoestima Social X Eventos Vitales no deseables) en Depresión

En la tabla III se presentan los resultados del análisis de la interacción Eventos X Autoestima Intelectual. Esta interacción no tiene significación estadística (F=1.25; p=.264) en su relación con la depresión. De este modo, la relación de la autoestima intelectual con la depresión es directa; es decir, su relación con la depresión es independiente de terceras variables -eventos vitales estresantes- que incidan en las puntuaciones de depresión.

TABLAIII

Diseño factorial 2 x 2. (Eventos no deseables X Autoestima Intelectual) y Depresión

Fuente SC gl MC F p

(A) Eventos no deseables 2099.72 1 2099.72 31.29 <.001

(B) Autoestima intelectual 1229.10 1 1229.10 18.32 <.001

(A) x (B) 83.86 1 83.86 1.25 .264

Error 26774.62 399 67.10

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Diseño Factorial: (Integración x Autoestima) y Depresión

A pesar de que el número de eventos vitales no interactúa con el nivel autoes-tima intelectual en la relación de ésta úlautoes-tima con la depresión, es posible que una parte de este efecto directo observado entre autoestima intelectual y depresión se deba a la presencia de procesos de apoyo social que influyen en la puntuación final de depresión. Además, debido a que los análisis correlacionales muestran una relación significativa entre integración comunitaria y depresión, los efectos observados de la autoestima intelectual en la depresión pueden atribuirse al efec-to de la integración comunitaria en la depresión (Cohen y Syme, 1985; Gracia, Herrero y Musitu, 1995; Herrero, 1994). Así, para comprobar hasta qué punto el efecto observado de la autoestima en la depresión es independiente del nivel de integración comunitaria, se ha realizado un diseño factorial (Integración x Auto-estima Intelectual) en depresión. La existencia de interacción significativa (p<.05) indicaría que el nivel de apoyo social comunitario está mediando la rela-ción entre la autoestima intelectual y la salud mental; en otras palabras, que la relación entre autoestima intelectual y salud mental puede explicarse por la pre-sencia de distintos niveles de integración comunitaria entre los grupos de alta y baja autoestima intelectual. Alternativamente, la ausencia de significación esta-dística al analizar el efecto de la interacción (p>.05) indica que la autoestima intelectual presenta una relación directa en la salud mental (depresión), indepen-dientemente del nivel de integración comunitaria del individuo. Estos resulta-dos se presentan en la tabla IV.

TABLAIV

Diseño factorial 2 x 2. (Autoestima intelectual x Integración comunitaria) y Depresión

Fuente SC gl MC F p

(A) Autoestima intelectual 1876.96 1 1876.96 26.26 <.001

(B) Integración comunitaria 443.86 1 443.86 6.22 .013

(A) x (B) 174.32 1 174.32 2.44 .119

Error 28336.36 397 71.38

En esta tabla IV se observa que la interacción estadística Integración Comuni-taria X Autoestima Intelectual no es significativa (F=2.44; p=.119). Así, una vez considerado el nivel de Integración Comunitaria en los dos grupos de alta y baja autoestima intelectual, se observa que la relación entre la autoestima inte-lectual y la depresión es independiente del nivel de integración comunitaria.

DISCUSION DE LOS RESULTADOS

Autoestima, integración comunitaria, eventos vitales no deseables y depresión

El análisis de las correlaciones entre las dimensiones social e intelectual de la autoestima y la depresión evidencia una relación negativa entre las autoevalua-ciones del estudiante con respecto a su funcionamiento social e intelectual y el nivel de depresión. Esta relación entre autoestima y depresión ha sido con-sistentemente probada en la literatura científica (Lin et al., 1986; Sarason et al., 1990; Herrero, 1994) y pone de manifiesto la importancia de los procesos de

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evaluación del self en la salud mental. De otra parte, el análisis de la relación estadística entre apoyo social -medido a través de la integración comunitaria (Herrero, 1994; Gracia et al., 1995; Herrero et al., 1995)- y la depresión, mues-tra cómo aquellos estudiantes con una menor percepción de integración comuni-taria muestran también mayores índices de ánimo depresivo. Esta relación de signo negativo entre integración comunitaria y depresión ha sido objeto de numerosos estudios y trabajos científicos durante los últimos cien años (Durk-heim, 1898/1954; Faris y Dunham, 1939; Hinkle y Wolf, 1957; Lin, Dean, y Ensel, 1981; Kadushin, 1982; Herrero, 1994) si bien el concepto de integración comunitaria ha sido frecuentemente definido en términos de número de contac-tos sociales (Berkman y Syme, 1981) sin tener en cuenta la satisfacción que el individuo mantiene con respecto a esa integración (Lin, Dean y Ensel, 1981; Gracia, Herrero y Musitu, 1995; Herrero, Musitu y Gracia, 1995).

En cuanto a la relación que el estrés derivado de determinadas experiencias vitales presenta con la salud mental, se ha comprobado que un mayor número de eventos vitales no deseables se relaciona de forma positiva con la depresión. Esta relación positiva entre estresores sociales y depresión ha generado un abundante corpus de investigación científica en las últimas décadas (Holmes y Rahe , 1967; Tennant, 1978; Tausig, 1982; Billing y Moos, 1982; Lazarus y Folkman, 1985; Lin, Dean y Ensel, 1986; Ensel y Lin, 1991; Herrero, 1994) y ha posibilitado la operativización de modelos teóricos que incluyen en sus explicaciones de la rela-ción estrés-enfermedad variables mediadoras tales como el apoyo social (para una revisión, Gracia, Herrero y Musitu, 1995), la autoestima (Newcomb, 1990) y otras variables de los ámbitos fisiológico, social y psicológico (Lin, Dean y Ensel, 1986).

Autoestima y depresión: relaciones directas versus relaciones indirectas

A pesar de que una elevada autoestima se ha relacionado frecuentemente con un buen ajuste psicológico y con la ausencia de problemas de salud mental (Lin et al., 1986; Musitu, Herrero y Lila, 1994; Musitu y Allat, 1994; Herrero, 1994; Gracia, Herrero y Musitu, 1995), queda por dilucidar en qué circunstan-cias las autoevaluaciones del individuo permiten un buen ajuste psicológico. Desde nuestra orientación, esta relación de influencia puede ser directa o indirec-ta; esto es, en ocasiones un bajo nivel de autoestima se relacionará directamente con un pobre ajuste psicológico independientemente de la presencia de otras cir-cunstancias -un elevado número de eventos vitales no deseables, por ejemplo- y en otras ocasiones esta relación será indirecta -la baja autoestima se relacionará con la depresión sólo en el caso de que también exista un número elevado de experiencias estresantes-.

En este sentido, el tipo de relación que se observa entre la salud mental y la autoestima depende fundamentalmente de la configuración de la identidad del individuo de acuerdo con su rol social preferente. Así, en el caso de estudiantes universitarios -rol social preferente-, la autoestima intelectual está en el núcleo de la identidad y, por tanto, cualquier amenaza a la estima en ese ámbito -dismi-nución del nivel de autoestima intelectual- favorecerá la aparición de desajustes psicológicos. Este funcionamiento psicosocial también se observará en otras muestras caracterizadas a priori por una dimensión de la identidad asociada al rol social más relevante. Así, en el caso de amas de casa sin trabajo remunerado fuera del hogar el funcionamiento del individuo en la familia se convierte en una de las fuentes principales de la identidad y, por tanto, la percepción de baja estima en

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ese ámbito puede derivar directamente en un pobre ajuste psicológico (Piña y Bengston, 1993; Musitu, Herrero y Lila, 1994).

Alternativamente, cuando el ámbito de la identidad que el sujeto autoevalúa no está especialmente vinculado con su rol social preferente en una etapa de su vida, las posibles amenazas percibidas se relacionan con la salud mental -depre-sión- de manera indirecta. Es decir, de alguna forma la resistencia del individuo para afrontar las diferentes situaciones vitales queda vulnerada, pero esta circuns-tancia sólo favorece la aparición de depresión en el caso de que esos sucesos vita-les sean numerosos y no deseabvita-les. Este es el caso de la autoestima social en estu-diantes universitarios.

Para comprobar esta hipótesis son necesarias, al menos, dos condiciones: a) una dimensionalización de la autoestima que permita distinguir las autoe-valuaciones en diferentes ámbitos o contextos -intelectual, social, familiar, cor-poral, etc.-.

b) incorporar el estudio de otras variables psicosociales relacionadas con la salud mental -depresión-. Entre estas variables con efecto en la depresión se han destacado en la literatura científica el apoyo social y la presencia de eventos vita-les estresantes (para una revisión, Cohen y Syme, 1985; Veiel y Baumann, 1992; Gracia, Herrero y Musitu, 1995). De esta forma, se hace posible separar el efecto de la autoestima del efecto del apoyo social y de los eventos vitales estresantes en la depresión, a la vez que permite comprobar el tipo de relación directa o indirec-ta presente en el binomio autoestima-depresión.

Una lectura de los resultados aportados en este trabajo proporciona apoyo empírico a la hipótesis de partida: la relación entre la autoestima y la depresión está en función de la dimensión de la identidad analizada; cuando esta dimen-sión está vinculada con el rol social preferente del individuo, la relación con la depresión es directa; cuando la dimensión de la estima no está vinculada al rol social preferente, la relación es indirecta. La dificultad estriba, sin embargo, en definir a priori el tipo de dimensión de la identidad que mantendrá relaciones directas con la salud mental debido fundamentalmente a la multitud de grupos de referencia en los que se implica el individuo. De este modo, aunque inicial-mente el estudiante universitario esté especialinicial-mente implicado en su actividad académica y sea sensible a la autoevaluación de su capacidad intelectual, la afir-mación de que la dimensión intelectual de su autoestima constituye una parte muy relevante de su identidad tan sólo constituye una aproximación a su verda-dera configuración de la identidad. En este sentido, se hace necesario comple-mentar la información procedente de la medición de su autoestima intelectual con otros indicadores de su orientación profesional y de su motivación personal hacia los estudios. Por otra parte, la propia dinámica de las relaciones interperso-nales en sociedades dinámicas -es el caso de la muestra de este estudio- permite al individuo implicarse en grupos y asociaciones que, además de apoyo social, le proporcionan elementos de referencia con los que compararse y autoevaluarse. Nuevamente, se hace necesario conocer estas circunstancias para comprobar hasta qué punto la percepción del funcionamiento intelectual reviste la impor-tancia asignada a priori.

CONCLUSIONES

Este trabajo ha analizado la relación de la autoestima con la salud mental. Para ello, se ha establecido una diferenciación entre lo que son aspectos del self vinculados con el rol social preferente en la vida de un individuo y aspectos del

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self más genéricos e independientes del rol social del individuo en una etapa específica de su vida. Los aspectos más vinculados al rol social preferente se rela-cionan de manera directa con la depresión, mientras que los aspectos más genéri-cos presentan una relación indirecta. En otras palabras, las autoevaluaciones negativas de los aspectos del self que pueden considerarse como fuentes principa-les de la identidad en un periodo determinado -aspectos intelectuaprincipa-les en estu-diantes universitarios- registran un relación directa con la salud mental; proba-blemente porque suponen una amenaza al núcleo de la identidad. Esta relación no está mediada por terceras variables -estrés y apoyo social-. Por su parte, las autoevaluaciones negativas de otros aspectos más genéricos de la identidad -autoestima social en estudiantes universitarios, por ejemplo- se relacionan de manera indirecta con el ánimo depresivo. La relación está mediada por terceras variables -en este estudio, por el estrés derivado de los eventos vitales no desea-bles-.

Estos resultados tienen importantes implicaciones teóricas y aplicadas. En el terreno conceptual, ponen de manifiesto la necesidad de diferenciar entre las dimensiones de la autoestima y sugieren la necesidad de investigar sus interrela-ciones e influencia en la salud mental. Proporcionan además una evidencia empí-rica de cómo el desempeño de un rol social preferente -con especial implicación del self y consensuado socialmente- influye en la estructura de la identidad, des-plazando hacia su núcleo aquellos aspectos del self más relacionados con ese desempeño del rol -capacidad intelectual en estudiantes universitarios, por ejemplo-. En este sentido, se hace necesaria una orientación evolutiva en el estu-dio de la autoestima ya que a lo largo del ciclo vital la influencia de determinadas autoevaluaciones se desplazan del núcleo a la periferia y viceversa -capacidad intelectual, autoestima corporal, autoestima social, autoestima familiar, etc.-.

En el ámbito aplicado, el tipo de relación observada entre autoestima y salud mental sugiere centrar los programas de autoestima en aquellos aspectos del self que se han visto directamente amenazados o que se suponen están minando el núcleo de la identidad del individuo. Estos programas, además, deben contem-plar las circunstancias evolutivas en las que se realizan las autoevaluaciones, inci-diendo de manera especial en la importancia concedida a los grupos de referencia y a la motivación del individuo hacia lo que se supone es su rol social preferente -por ejemplo, alumnos de EGB, amas de casa, personas divorciadas, etc.-.

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Referencias

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