MYLES
MUNROE
LA GRAN
DE DIOS
EN BUSCA DE ALGO
DIFERENTE Y SUBLIME
Y...
¡TÚ ERES PARTE DE ELLA!
¡Este es el mejor momento para estar aquí, en la Tierra! El plan eterno de Dios, a nivel mundial, está a punto de revelarse. Establecerá su gobierno a través de personas como tú. Al derramarse en su pueblo, cubrirá la Tierra con toda su gloria.
Este libro es otra apasionante contribución de la serie sobre el reino de Dios escrita por el Dr. Myles Munroe. La gran idea de Dios nos enseña cómo el Señor desea hacer de la Tierra un lugar donde reinen la paz y la armonía del reino, ¡comenzando por ti!
Aprenderás aspectos importantes del amor y del plan de Dios, ya que: • Tu destino se cumplirá sin lugar a dudas.
Podrás disfrutar de una comunión continua con el Señor.
Entenderás que has sido creado para transformar el mundo donde te encuentras.
Tus decisiones impactarán notoriamente en lo que acontece en la Tierra. El Dr. Munroe nos enseña la manera de convertirnos en una parte esencial de La gran ¡dea de Dios, al ayudar a plantar y a multiplicar su reino, en donde todos sus hijos vivan vidas fructíferas y abundantes.
Descubre La gran idea de Dios y ¡hallarás tu propio destino!
“Podemos comparar a La gran idea de Dios con un mapa de tesoro, el cual nos conduce hacia las promesas de La Biblia".
-Mathew Crouch, CEO, Gener8Xion Entertainment
El DR. MYLES MUNROE es respetado internacionalmente como autor, conferencista, maestro, instructor y consejero de líderes. Ha publicado numerosos libros que son éxitos de venta, entre los cuales se encuentran: Libera tu potencial, Redescubriendo el reino y Triunfar en época de crisis, publicados por esta editorial.
MYLES
MUNROE
LA GRAN
IDEA
DE DIOS
EN BUSCA DE ALGO
DIFERENTE Y SUBLIME
P EN IE L
B u e n o s A i r e s - M ia m i - S a n J o s é - S a n t i a g o www. p e n i e l . c o mN inguna parte de esta publicación puede ser reproducida en ninguna form a sin el perm iso escrito de Editorial Peniel. Las citas bíblicas fueron tom adas de la Santa Biblia, N ueva Versión Internacional, a m enos que se indique lo contrario. © Sociedad Bíblica Internacional.
Diseño de cubierta e interior:
Ar te Pe n ie l • a rte @ p e n ie l.c o m
Publicado originalm ente en inglés con el título:
G od’s Big Idea
by D estiny Im age, Shippensburg, PA, U SA and D iplom at Press, N assau, Baham as
C opyright © 2 0 0 8 - M yles M unroe All rights reserved.
M unroe, Myles
La g ran idea de Dios. - 1a ed. - Buenos Aires : Peniel, 2010.
208 p. ; 23x15 cm. Traducido por: M ónica Ruiz iSBN 10: 987-557-277-2 ISBN 13: 978-987-557-277-5
1. Vida Cristiana. I. Ruiz, Monica, trad. II. Título C D D 248.5
Ed i t o r i a l Pe n i e l Boedo 25 Buenos Aires, C 1206A A A Argentina Tel. 54-11 4 9 8 1 -6 1 7 8 / 6 0 3 4 e-m ail: info@ peniel.com
www.peniel.com
Dedicatoria 5 Agradecimientos 7 Respaldo al autor 9 Prefacio 11 Introducción 17 Ca p í t u l o 1
El jardín del Edén: el reino de Dios en la Tierra 21
Ca p í t u l o 2
El poder detrás del “Principio del Jardín” 41
Ca p í t u l o 3
El cielo y la Tierra: un enfrentamiento de culturas antagónicas 61
Ca p í t u l o 4
El Jardinero Principal: la clave para lograr un jardín próspero 79
Ca p í t u l o 5
¿Quién cuida de tu jardín? 95
Ca p í t u l o 6
Comprende la influencia del jardín 115
Ca p í t u l o 7
Creación de una comunidad del reino
157
C a p í t u l o
9
Cautivemos la atención del mundo
175
C
a p í t u l o1 0
A
los siete mil millones de habitantes de la Tierra, quienes transitan
por la vida erráticamente, agobiados en su búsqueda infructuosa
de motivo y propósito para sus vidas.
A cada familia perdida en medio de la confusión colectiva, ya que
desconocen la causa por la cual a nosotros, como criaturas creadas, se
nos ha dado un lugar en este planeta, dentro del universo.
A los niños y a los jóvenes de cada país, quienes se sienten des
ilusionados con la religión, decepcionados respecto de la política, y
quienes, además, no confían en las promesas vacías de la ciencia. Este
libro tiene como objetivo ayudarte a encontrar la gran respuesta, para
satisfacer tu corazón anhelante.
A los líderes políticos y religiosos con la responsabilidad de brin
dar guía y soluciones reales a las personas del mundo entero. Que este
libro los inspire a buscar la alternativa más noble y admirable, para
alcanzar la restauración nacional y mundial.
U
n libro jamás saldría a la luz, a menos que primero se hayan inscripto en la mente y en el corazón del autor, miles de contri buciones y de influencias en su vida, para luego plasmarse mediante el esfuerzo en conjunto de un grupo de trabajo, el cual, a través de un proceso compartido, presenta un producto del cual millones de per sonas podrán beneficiarse. Por lo tanto, es imposible que solamente el autor merezca todo el reconocimiento por un libro finalizado.Quienes han contribuido con esta obra son personas que, algunas de ellas, ya han partido de la Tierra; mientras que otras pertenecen a esta generación y me brindan a diario nuevas ideas.
En primer lugar, deseo agradecer a mi amigo Don Milam, por exhortarme constantemente a que desarrolle el potencial aún no apro vechado en mi interior, y por creer en mi capacidad, al extremo de afirmar que soy “una biblioteca ambulante de libros aún por escribir”.
Steve, mi editor fiel y valioso, tu habilidad de capturar y plasmar la profundidad de mis pensamientos es nada menos que un milagro, y sin tu capacidad y talento, este libro no podría haber salido de la cámara de incubación de mi corazón.
Asimismo, agradezco a Ruth, mi amada esposa, y a nuestros hijos maravillosos, Charisa y Chairo (Myles Junior), por permitirme el tiem po necesario para liberar el potencial de cada libro, y por estimularme para cumplir con el propósito de dar a conocer mi vida a los demás.
M
yles Munroe es, no solo un entrañable amigo, sino también el autor cristiano que nos ha ayudado a entender en profundidad el reino de Dios. El Señor nos anima a que abandonemos toda lucha o contienda y que, simplemente, aceptemos la verdad de que el reino de los cielos ya gobierna la Tierra con autoridad. Podemos comparar al nuevo libro del pastor Myles, La gran idea de Dios, con un mapa de tesoro que nos conduce hacia las promesas de La Biblia, el cual nos enseña lo que realmente significa “buscar primeramente el reino de Diosy su justicia”, de manera que todo lo demás comienza a acomodarse
perfectamente.
Matthew Crouch CEO, Gene8Xion Entertainment
E
l mundo está gobernado por hombres y mujeres muertos. Esta afirmación puede sorprenderte, pero luego de meditar sobre ella, es muy probable que estés de acuerdo, cuando comiences a considerar el hecho de que todas las ideologías utilizadas como fundamento de los gobiernos, religiones e instituciones, ya sean civiles o sociales, se construyen sobre la base de ideas de personas que ya no se encuen tran en este mundo. El imperialismo, la monarquía, el socialismo, el comunismo, la democracia y la dictadura han nacido a partir de ideas cultivadas, gestadas y desarrolladas por hombres quienes, aunque hace tiempo que han muerto, están presentes mediante la aplicación de estas ideas en nuestras sociedades modernas.
Este libro analiza el poder irrefrenable de las ideas. Nuestro plane ta gira a partir del poder de las ideas, las cuales crean las condiciones existentes en la Tierra. Considera lo siguiente: cada gobierno, en cada nación, se guía, se ajusta y se amolda a partir de ideas diversas. La legis lación de cada país es el resultado de ideas concebidas en el seno de esa sociedad, y las pautas sociales y culturales son, además, el producto de ideas que las sociedades han considerado como aceptables, de manera que se manifiestan, más tarde, en una conducta social determinada.
Este libro describe una idea que fue introducida en el Tierra por su Creador, aunque poco después del comienzo de la travesía de los seres humanos en la Tierra, esta idea no pudo ponerse en práctica, la cual, sin embargo, ha sido el objeto de búsqueda del hombre. Esta idea se originó en la mente y en el corazón de Dios, y fue la motiva ción y el propósito de la creación del universo y de la raza humana. En este libro nos referimos a esta idea como “La gran idea”, e in tentamos demostrar que es superior a toda la sabiduría colectiva y a todas las ideas que han nacido del intelecto humano en su conjunto. Asimismo, supera ampliamente todos los conceptos filosóficos de la
historia y, además, reemplaza a las instituciones que gobiernan a la humanidad, desde la primera comunidad.
Pero esta “gran idea” no es nueva. Ha sido imitada, ocultada, desaprovechada e interpretada erróneamente por la humanidad a lo largo de la historia; y, sin embargo, parece evadir a los más sabios y entendidos.
La búsqueda de esta “gran idea”, es la que, a lo largo de la histo ria, ha producido la totalidad de las ideologías que hemos aceptado; también ha producido las condiciones para el nacimiento de todas las religiones en la faz de la Tierra, a las cuales los seres humanos aceptan y siguen. Esta gran idea es la única respuesta al anhelo profundo en el corazón de cada persona, la cual satisface el vacío eterno en el espíritu de la humanidad.
¿En qué consiste esta “gran idea”? Esta ideología ha servido como la base para el primer gobierno en la Tierra. Es la aspiración divina, la visión celestial, el propósito eterno del Creador para su creación, en su conjunto, y para la humanidad en este planeta. La gran idea es el programa de gobierno supremo para seres humanos, el cual satisfa ce todas las necesidades fundamentales de las personas y genera una cultura tan perfecta que cubre y satisface todas las aspiraciones nobles de cada comunidad, entre las que podemos encontrar la igualdad, la justicia, la paz, el amor, la unidad y el respeto hacia la dignidad hu
mana; además, incluye la valoración de la vida y la integración, tanto personal como comunitaria.
Por otra parte, esta idea es superior a todas las aspiraciones hu manas conocidas, dentro de las cuales podemos encontrar el sistema democrático, el régimen socialista, el sistema comunista, las prácticas imperialistas; y las distintas clases de dictadura; así como también, a la totalidad de las religiones del planeta. Anhelo fervientemente que este libro revele la belleza de esta gran idea, la cual puede brindar las soluciones para los conflictos y problemas que padecemos aquí, en la Tierra, entre los que podemos mencionar la guerra, el terrorismo, el delito, el sida, el abuso sexual infantil, la destrucción ambiental, los conflictos culturales, la pobreza, la opresión, la limpieza étnica, la
crisis económica, la desintegración familiar, la corrupción política y religiosa, la violencia social y la cultura del miedo.
Este libro es el resultado de mi búsqueda personal de significado, de razón, de esperanza y de comprensión profunda de la vida. He intentado proveer una solución a las inconsistencias, fracasos y decep ciones del intento, por parte del ser humano, de gobernarse a sí mismo y de prometer doctrinas o sistemas optimistas, aunque irrealizables. He sentido la misma angustia y desilusión ante las promesas de las religiones, cuyos defectos han quedado plasmados en la historia mun dial. Además, las consecuencias nefastas de la religión son innegables, cuando observamos la extorsión de recursos económicos y naturales, el tráfico de armas en tiempos de guerra, las cruzadas devastadoras, la inquisición, la opresión, la prescripción del tráfico de esclavos, la corrupción y, más recientemente, la religión como motivadora del te rrorismo y de la destrucción de vidas inocentes.
Mi esperanza en la ciencia y en la educación se destruyó por com pleto, cuando comprobé que quienes abusan del poder, sin conciencia alguna, utilizan el avance del conocimiento y de la tecnología con fi nes inmorales.
Como millones de personas, busqué en mi interior las respues tas que no se hallan disponibles dentro de las estructuras o de las instituciones creadas por nuestras sociedades. Como resultado, esta búsqueda me condujo hacia un Hombre que ha sido interpretado erró neamente, un joven filósofo judío que anunciaba una nueva idea, la cual era muy poco ortodoxa, desconocida, y aún no probada; y quien, además, desafió todas las ideas que la humanidad alguna vez ha con cebido. Esta idea única, estaba destinada a suplir todas las necesidades, aspiraciones, preguntas y anhelos de la experiencia humana, mientras que ponía, al mismo tiempo, al descubierto, no solo todos los defectos y debilidades; sino también, la irracionalidad e inferioridad de nues tros conceptos. Su idea inigualable era tan perfecta, que abarcaba el conjunto de experiencias de la vida personal y nacional, y posibilitaba la plenitud de la raza humana en su conjunto, así como también la regeneración de la creación.
Esta idea no es una filosofía metafísica, confusa, impráctica o cós mica, cuya efectividad podría demostrarse solamente en otro mundo, reservada para la vida en el “más allá”. En lugar de ello, es una ideo logía práctica, sensata y accesible para todos los habitantes de nuestro planeta, aunque se haya gestado en otro reino. Puede funcionar per fectamente dentro de los gobiernos nacionales, las empresas, la vida cívica, las comunidades y las familias. Está destinada a los niños, a los adultos, a los ricos y a los pobres, así como también, a todas las escalas sociales y generacionales.
Creo profundamente en esta “gran idea”, y puedo confirmar su existencia en mi propia experiencia, ya que he dedicado mi vida entera a transmitirla, enseñarla y darla a conocer a todas las personas a las que tengo la oportunidad de conocer.
Por otra parte, esta idea no consiste en un dogma o posición de naturaleza religiosa limitada, la cual nos aísla del resto de la humani dad. Por el contrario, esta idea perfecta y única invalida toda posición religiosa institucional y se opone abiertamente a todo límite ideológi co del resto de las filosofías e ideologías que los seres humanos hemos creado. Esta gran idea es tan eficaz, que confronta a todos los argu mentos conocidos; además, nos conduce hacia la búsqueda de una mejor calidad de vida para la humanidad.
¿Qué es esta gran idea? Es el anhelo de la colonización de la Tie rra, por parte del reino celestial, el cual impacta notoriamente en el territorio de este planeta con la cultura del amor de Dios hacia la Tierra, y genera, además, una colonia de ciudadanos que reflejan la naturaleza, los valores, la moral y el estilo de vida del cielo en la Tierra. No es una idea religiosa, sino una invasión, a nivel global, de amor, gozo, paz, bondad, afabilidad, paciencia y justicia, bajo la influencia del gobernador celestial, el Espíritu de Dios.
Esta idea sostiene que la humanidad puede restaurarse para recu perar la pasión original, el propósito y el plan del Creador, que consiste en extender su reino celestial, el país divino en la Tierra como colonia del cielo y, mediante la humanidad, llenarla con su naturaleza divina puesta de manifiesto en la conducta de los seres humanos. Esta idea
no tiene relación alguna con la religión, sino que es la manifestación del gobierno de un reino superior.
¡Qué idea tan maravillosa! Es la gran idea de Dios. Únete a mí, a
medida que descubrimos esta idea suprema, la cual no pudo realizar se completamente en la Tierra, y entérate de la razón por la cual no podía surgir desde aquí, sino que debía introducirse en este planeta a través del Rey y Soberano más bondadoso, cuya nación pertenece a otro mundo.
L a muerte nunca puede acabar con una idea. Las ideas son más pode-
rosas que la muerte, y como lo ha demostrado la historia, las ideas no pueden ser destruidas. Las ideas viven por más tiempo que los seres humanos y no existe ser humano capaz de destruirlas. Efectivamente, las ideas producen el todo, porque el “todo” comienza por una idea y es el producto final de la concepción de esta idea específica. Este libro es el resultado de una idea, y el papel con el que está impreso fue, en algún momento, una idea. Los zapatos que usas, las prendas que vistes, la taza de la cual bebes y la cuchara que utilizas eran ideas que fueron plasmadas, más tarde, mediante el esfuerzo humano.
En efecto, cualquier intento por acabar con una idea, solo contri buye a que se afiance y multiplique. Todas aquellas ideas, que han sido reprimidas o que parecen haber desaparecido en el lapso de una gene ración, se abrirán paso en la siguiente y dejarán su profundo impacto en futuras generaciones.
¡La batalla más difícil consiste en luchar en contra de una idea! En términos filosóficos, las ideas nunca pueden ser destruidas por armas tangibles, ya sean, espadas, tanques, armas nucleares, biológicas o quí micas. ¿Por qué? Porque se gestan en un lugar a donde ninguna arma forjada puede llegar: la mente. Si acabas con la vida de un hombre, no destruyes sus ideas, ya que pueden transmitirse y vivir generación tras generación.
Esta es la razón por la cual todas las ideologías perduran, no im porta tu opinión acerca de ellas. El imperialismo, el comunismo, el so cialismo, la democracia, la dictadura y la monarquía representan ideas que ningún arma puede destruir, aunque las personas que las concibie ron hayan muerto hace mucho tiempo. Por este motivo, es tan difícil reaccionar ante el fantasma del terrorismo, ya que es una idea que ha sido transmitida en persona, por terroristas hacia la comunidad de la
cual forman parte; luego esta idea se vende, se trafica y se transmite a las mentes de otras personas para convertirse, finalmente, en la base y doctrina filosófica de la conducta destructiva, la cual se ha convertido en el desafío más importante para el siglo XXI. ¿Cómo combatir al terrorismo? ¿Acaso puede una bala destruir una idea? ¿Se extingue el terrorismo cuando un terrorista muere? ¿Cómo ganar una guerra contra una idea? Creo profundamente que la única manera de derrotar a una idea perversa consiste en concebir una idea mejor, porque las ideas solo se destruyen con otras ideas.
Creo firmemente que la batalla en la Tierra es una batalla de ideas, y siempre ha sido de este modo. A lo largo de la historia la humanidad siempre ha estado en conflicto a causa de las ideas. La guerra fría fue el resultado del enfrentamiento de ideas opuestas. La Segunda Guerra Mundial también lo fue. Asimismo, la Guerra de Corea tuvo, como causa principal, el conflicto de ideas antagónicas. El fenómeno del
apartheid tiene, como fundamento, la idea de exclusión a los otros, y
es, básicamente, un conflicto de ideas acerca de los conceptos de raza, origen étnico y valorización del ser humano. Las tensiones entre China y las culturas occidentales se debieron al choque de ideas opuestas. Estos eventos y cuestiones históricos fueron, en su totalidad, guerras de naturaleza ideológica.
Tal vez en este momento, y ya que hemos explicado los efectos de las ideas, sería útil definir el concepto de “idea”. A fin de comprender lo que significa una idea, es necesario comenzar con lo que llamamos “precepto”. El término “precepto” lleva, en sí mismo una construcción morfológica que incorpora el prefijo “pre”, el cual significa “antes”, y la palabra raíz, “cepto”, que implica “pensamiento”. Por lo tanto, este término tiene el significado de “pensamiento anterior”, en otras palabras, un pensamiento “que ocurrió con anterioridad”. En esencia, un precepto es un “pensamiento original” que da origen a una idea. Cuando se concibe un precepto, se lo llama “idea”. Por consiguiente, una idea es un “pensamiento concebido", el cual se convierte en el ori gen de un concepto y luego evoluciona, hasta convertirse en una ima gen mental, la cual da por resultado final un producto concreto. De
esta manera, una idea puede ser, y así sucede generalmente, la fuente para el acto creativo. La creación es la manifestación física de esta idea.
Un pensamiento-idea puede evolucionar en una teoría y luego convertirse en una filosofía. En esta etapa final, cuando la idea se con vierte en una doctrina filosófica determinada, se forma un sistema de creencias, la cual se transforma en el motivador de toda conducta y
de toda respuesta hacia la vida y el entorno. Las creencias son, pues, el matiz mediante el cual concebimos e interpretamos la vida. Básica mente, las ideas son el origen de la filosofía que se convierte en nues tro modo de pensar, en nuestra concepción de la verdad y en nuestro sistema de creencias, ya que reflejan, posteriormente, nuestro estilo de vida y nuestro condicionamiento mental.
Nada es tan poderoso como un sistema filosófico, cuya base son los preceptos; a su vez, los preceptos consisten en las ideas que conce bimos y aceptamos. Los pensamientos controlan el mundo, y nosotros nos convertimos en aquello que nuestros pensamientos nos imponen. Esta es la premisa sobre la cual el rey Salomón, hace más de tres mil años, afirmó esta verdad: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7, RVR60). No puedes vivir ajeno a tu filoso
fía y a tu sistema de creencias. Solamente podrás cambiar tu forma de vivir cuando tu filosofía cambie, y esta no cambiará, hasta que no transformes tus ideas.
El jardín del Edén: el reino
de Dios en la Tierra
A
donde quiera que vaya, descubro que un creciente número de personas, alrededor del mundo, están hastiadas de la religión. Hace poco tiempo fui invitado como disertante en una confe rencia “espiritual”, realizada en la ciudad de México. Realmente, era un encuentro ecuménico de gran magnitud, al cual estaban invitados conferencistas destacados, entre los que se hallaban un líder pertene ciente a la religión Sikh, de la India, uno de los principales imanes1 delIslam, y el Dalai Lama, en persona, quien hablaba antes de mí en el cronograma. Además, el arzobispo católico de México se encontraba presente; así como también el arzobispo anglicano de Canterbury de Inglaterra. Yo era el único “evangélico” dentro de la lista de oradores.
Cuando llegamos a la ciudad de México, tanto mi esposa como yo teníamos dudas en cuanto a la manera en que nos recibirían. No debimos habernos preocupado. Aquellas personas, todas de diferentes credos, nos dieron una calurosa bienvenida, con un fuerte abrazo y con palabras alentadoras. En efecto, la coordinadora general me alentó de la siguiente manera:
-Hemos oído hablar muy bien de usted. Siéntase libre de decir todo lo que desee. Exprésese sin limitaciones.
Yo era el último orador de todo el cronograma, y debía comen zar cerca de las 15:00. Todos los demás oradores ya habían disertado,
1. N d. T: El imán es la persona encargada de presidir la oración canónica musulmana, quien se ubica adelante de los fieles para que estos sigan en sus rezos y movimientos.
ante una audiencia de muy pocas personas. No conozco qué se dijo acerca de mí, pero cuando llegó mi turno de hablar, la conferencia se llenó de oyentes. Delante de mí, en la primera fila con mi esposa, se encontraban los líderes budistas, hindúes y musulmanes, todos ellos engalanados con sus finos atuendos.
Mientras observaba la multitud, le pedí en silencio a Dios: “Se ñor, ¡ten misericordia!”; luego sentí un gran fervor. Me despojé del miedo, me paré en medio de la plataforma en el poder del Espíritu Santo, y dije:
-Pónganse todos de pie, vamos a orar. Tomémonos de las manos y permanezcamos unánimes por el poder del Espíritu Santo.
Todos los participantes, en aquel estadio, hicieron exactamente lo que les pedí. La unción descendió sobre mí con autoridad, y comencé a orar. Algo impactó profundamente aquel estadio. De repente, todos los participantes comenzaron a llorar. Excepto por el sonido de los suaves sollozos, en ese lugar reinaba un profundo silencio.
Finalmente, pedí a la audiencia que tomaran sus asientos. El silen cio era tal, que podía escucharse la caída de un alfiler.
-Hoy -comencé- deseo hablarles sobre el propósito original de Dios y la razón por la cual el Señor creó al ser humano.
Sabía que era la única oportunidad de transmitir el mensaje que todos necesitaban oír. Cuando concluí con mi predicación, treinta y cinco minutos después, los participantes comenzaron a aplaudir de pie. Podía oír el clamor de
-¡Más, más, más!
Y lo decía la audiencia. La directora subió a la plataforma, aplau diendo y asintiendo con su cabeza.
-Dales más -me pidió con vehemencia. -¿Más? -le pregunté.
-Sí, desean oír más, por favor, continúa -me rogó.
De manera que durante los veinticinco minutos siguientes, de claré, ante aquella audiencia, por qué Jesucristo es diferente de Buda, de Mahoma, de Confucio y de todos los demás “fundadores” de las religiones mundiales.
-En primer lugar -les dije- permítanme dejar en claro que no soy un hombre religioso. En segundo lugar, estoy convencido de que el problema más importante del mundo es la religión.
Aquel estadio permanecía en completo silencio.
-En tercer lugar, estoy aquí en representación de un Hombre que jamás fue religioso, y cuya teología, psicología e ideología superaron ampliamente el concepto de “religión”. Creo que su plan y su parecer sobre el comportamiento y el futuro de la humanidad es la única solu ción que tenemos como raza. Luego de analizar todas las otras diser taciones, y todas las otras ideologías que se han presentado, proclamo que la suya es más digna y superior a todas.
Aunque parezca difícil de creer, en aquel lugar comenzó a reinar un silencio aún más profundo.
-Por ejemplo -continué-, la mayoría de las religiones proclaman: “ojo por ojo y diente por diente”, pero este gran filósofo dice: “amen a sus enemigos.
Podía ver cómo el imán musulmán se retorcía en su silla.
-He venido a hablar de nuestra profunda necesidad espiritual. Ya no necesitamos de las religiones para el mundo, porque todos sabemos que nosotros mismos somos el problema. Lo que realmente necesita mos es alguien que gobierne al mundo con autoridad, y he venido a contarles sobre este gobierno alternativo. El único gobierno posible es el reino de Dios. Cada persona en este lugar ha comprendido errónea mente a la persona y a la obra de Jesucristo.
Continué con esta línea de pensamiento durante, al menos, me dia hora más, y cuando finalicé, la gente volvió a aplaudir de pie. ¿Por qué mi mensaje fue recibido de manera tan calurosa? Porque no hablé de religión. Si me hubiera referido al “cristianismo”, nun ca hubiera impactado en la audiencia. En lugar de ello, prediqué acerca de Dios, de su Hijo, y de su “gran idea”, de modo que las personas, en aquel lugar creyeron en el mensaje. ¿Por qué? Porque los seres humanos sienten gran hastío respecto de la religión, ya que han comprobado que no funciona y que no puede dar respuesta a las cuestiones más profundas, como tampoco satisface los anhelos del
alma. Las personas de todo el mundo se hallan en la búsqueda de algo diferente y sublime.
Nuestro mundo actual está destruido a causa del desasosiego y de la violencia. La guerra, el genocidio, la “limpieza étnica”, y el te rrorismo son la prueba del enfrentamiento violento, sin precedentes, entre diferentes culturas. Este conflicto cultural tiene su verdadero ori gen en las diversas ideologías con fundamento religioso, las cuales se hallan profundamente arraigadas en el mundo. Es extremadamente difícil cambiar una cultura, especialmente cuando una religión se ha convertido en su piedra fundamental, ya que esta cultura se basa en un sistema determinado de creencias. Históricamente, las diferencias religiosas han sido y son hoy, la principal causa de la mayoría de los conflictos violentos en el mundo entero. Claramente, la religión ha causado gran pesar a la humanidad.
Una idea excepcionalmente bella
La religión es la idea concebida por el ser humano; por lo tanto, no proviene de parte de Dios.
La idea original del Señor es más grande y más sublime que todo aquello que podamos imaginar. Pero, ¿en qué consiste esta gran idea de Dios? El Señor decidió extender su reino celestial en el plano te rrenal, expandir su esfera sobrenatural en la esfera natural. Por con siguiente, podemos afirmar que Dios decidió llenar la Tierra de la cultura del cielo.
¿De qué manera el Señor puso esta idea en práctica? Dios ac tuó de manera impredecible, y siempre lo ha hecho de este modo. Habitualmente los reinos humanos y los imperios surgen, así como también caen, mediante la guerra y la conquista. No es el caso del Señor, porque sus pensamientos no son nuestros pensamientos, ni sus métodos son los nuestros (vea Isaías 55:8). Por lo tanto, Dios hizo algo completamente diferente, porque cuando decidió establecer la cultura del cielo en la Tierra, no utilizó la guerra ni el conflicto para lograrlo. Tampoco instituyó un código legislativo. En lugar de ello,
cuando el Señor se dispuso a establecer el cielo en la Tierra, hizo algo mucho más simple, algo excepcionalmente bello y maravilloso.
Dios plantó un jardín
Aunque invisible, el cielo es un lugar concreto, en el sentido literal de la palabra, pues es un reino con un territorio y con un gobierno, es decir, el gobierno de Dios. Desde el comienzo el Señor tenía un propósito muy simple, el cual consistía en extender su reino celestial e invisible en la Tierra visible. Esta intención original es el eje de Las Escrituras. Históricamente, cuando un reino o imperio ha deseado expandir su influencia o territorio, lo ha conseguido, básicamente, mediante dos métodos: la conquista directa o la co lonización. Como el exclusivo e incuestionable Creador y Soberano de todo lo que existe, Dios decidió expandir su dominio e influencia desde el plano espiritual hacia el natural y, desde lo invisible hacia lo visible, al establecer una base o “colonia” del cielo. Su plan era poblar esta colonia con sus hijos, los seres humanos creados a su imagen, los cuales vivirían y administrarían el gobierno del reino celestial en la esfera terrestre.
A diferencia del método que cualquier rey de la Tierra habría adoptado, la colonia del cielo en la Tierra no consistía en la insta lación de fortalezas de gruesas paredes, almenajes y empalizadas, a fin de intimidar a la población atemorizada. Por el contrario, el Padre celestial inició su reino en la Tierra mediante la creación de un jardín en el Edén, un lugar especialmente preparado para que habiten los primeros representantes de su gobierno en este planeta. Desde ese centro de abundancia y belleza, ellos obedecerían al man damiento de ser fructíferos y de multiplicarse (vea Génesis 1:28), por medio del cual, llenarían la Tierra con su especie y plantarían los “jardines” del reino, a donde quiera que se encontraran. De esta manera, como la levadura en el pan, ocuparían el territorio terrestre con la nación del cielo.
Comprensión cabal del propósito original divino
La clave para entender la presencia y el propósito de los seres hu manos en la Tierra, radica en comprender profundamente el propósito original divino. Si conocemos lo que el Señor se propuso concretar en el principio, podremos obtener un mejor conocimiento sobre dónde nos encontramos ahora y hacia dónde deberíamos dirigirnos.
El término “propósito” puede definirse como “meta original”. Para nosotros, conocer lo que una persona intentó hacer es más importan te que lo que él o ella hizo o dijo efectivamente. Si no discernimos con eficacia la intención o propósito original, no podremos interpretar acertadamente el objetivo de Dios. Esta es una razón por la cual existen tantas personas confundidas en el mundo: hemos mal interpretado el propósito original del Todopoderoso; además, no solo hemos entendi do erróneamente nuestra naturaleza, sino que, hemos malinterpretado el propósito del Señor para nosotros, aquí en la Tierra.
Comprender la intención original del Señor nos brinda la posibi lidad de ver “la situación en su conjunto”. Si solo vemos u oímos una pequeña porción del todo, comprenderemos mal y obtendremos las conclusiones equivocadas. El Padre tiene un propósito para todo lo que realiza. Por lo tanto, nosotros, los ciudadanos del reino, somos parte de su plan global, aunque, generalmente, solo podemos ver una parte bastante pequeña de nuestra situación en el reino, en un momento determinado. La Biblia, el manual de instrucciones del Señor para la vida en su reino, nos informará sobre su propósito, el cual, a su debido tiempo, nos ayudará a mantener el cuadro completo ante nuestros ojos.
Asimismo, el propósito es, además, el componente más importan te de la motivación, ya que es la fuente y la razón por la cual alguien crea o realiza algo. Sin embargo, a menos que se enuncie específica mente, la intención se encuentra generalmente oculta. Un buen ejem plo de este fenómeno es la obra de un pintor. En muy pocas ocasiones los artistas enuncian explícitamente su propósito; en lugar de ello, de jan que la obra hable por sí misma. Para aquellos que se esfuerzan por
descubrirlo, el propósito detrás de la obra del artista puede discernirse a partir de la pintura. No se necesita de otra explicación.
Como me he referido anteriormente, si se desconoce el propósito, es inevitable que surja la mala interpretación, y es muy probable que se desperdicie una gran pérdida de tiempo, de talento, de energía, de dones y de recursos. A menos que conozcamos la intención de Dios, todo lo que hagamos será una pérdida de tiempo. Este es el problema con la religión, ya que, en el mejor de los casos, es la conjetura mejor
lograda de la humanidad, con respecto a la intención original del Pa dre. No obstante, la clave para la vida y para el propósito, es alcanzar el propósito del Señor.
Felizmente para nosotros, Dios no ha ocultado su propósito, del modo que lo haría un artista con su pintura. Por el contrario, se ha revelado a sí mismo y su intención mediante la creación, algunas veces referida como “revelación general”, de la cual el Salmo 19:1 se refiere de la siguiente manera: “Los cielos cuentan la obra de Dios; el firmamento proclama la obra de sus manos”. La “revelación general” se refiere a todo
cuanto podemos aprender del Señor, mediante la observación de su or den creado. Por otro lado, el concepto de “revelación especial” está re lacionado con lo que Él revela explícitamente acerca de sí mismo, ya sea a través de su declaración directa o a través de manifestación, para las cuales nosotros carecemos de discernimiento natural. En La Biblia en contramos una gran cantidad de afirmaciones de la revelación de Dios.
Efectivamente, el Padre declara expresamente su intención, en el primer capítulo del Libro sagrado:
Y dijo: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes, y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo”. Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hom bre y mujer los creó, y los bendijo con estas palabras: “Sean fruc tíferos y multipliqúense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo”.
La frase: “Y dijo" indica que la fase siguiente es la expresión del
propósito que Dios tenía en mente antes de la creación. De modo que, cada vez que el Señor habla, debemos escuchar cuidadosamente, ya que estamos a punto de recibir su propósito revelado. En este caso conocemos cuál fue su intención y propósito, cuando creó el universo, el planeta Tierra, junto con todas sus criaturas, y en especial, la raza humana. En primer lugar, El Señor nos revela explícitamente lo que Él deseaba realizar, lo cual consistía en crear una especie a su imagen y semejanza. Luego, nos explica que los seres humanos debían dominar y gobernar a toda criatura del planeta.
A fin de llevar a cabo este propósito, el Padre preparó un lugar especial para sus representantes humanos, una “base de operaciones”, desde la cual pudieran cumplir con su obra y llenar la Tierra con la cultura del cielo:
Dios el Señor plantó un jardín al oriente del Edén, y allí puso al hombre que había formado. (...) Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara.
- Gé n e s i s 2 : 8 , 1 5
Su propósito original consistía, pues, en poblar la Tierra con la humanidad, la cual, a su debido tiempo gobernaría y dominaría el planeta para Él y en su nombre. Podemos observar que su propósito era, en realidad, muy sencillo.
Morada para la humanidad
A este respecto, existe una gran cantidad de referencias, a lo largo de La Biblia, que expresan el propósito original de Dios. Por ejemplo, el profeta judío Isaías, declara que Dios creó la Tierra como morada para la humanidad:
Porque así dice el Señor, el que creó los cielos: el Dios que formó la tierra, que la hizo y la estableció; que no la creó para dejarla
vacía, sino que la formó para ser habitada: “Yo soy el Señor, y no hay ningún otro”.
- Is a í a s 4 5 : 1 8
En el plan divino la Tierra siempre ha tenido un propósito espe cífico. El Señor nunca ideó la Tierra para luego dejarla vacía. Desde el comienzo, aun antes de crearla, Dios la imaginó con abundancia de vida animal y vegetal, supervisada y gobernada por seres humanos creados a su imagen, quienes ejecutarían la autoridad delegada por el Señor.
Uno de los salmos más antiguos afirma: “Los cielos le pertenecen
a Señor, pero a la humanidad le ha dado la tierra” (Salmo 115:16). Su
deseo era extender su dominio real desde el cielo a la Tierra, aunque no deseaba realizarlo en persona. En lugar de ello, decidió crear al gé nero humano a su imagen, es decir, a seres espirituales que habitaran en cuerpos físicos, perfectamente adaptados para habitar en la esfera natural. La Tierra ha sido dada a los seres humanos. Por lo tanto, cual quier religión que enseñe o enfatice el hecho de dejar la Tierra para vivir eternamente en otro lugar, “en la vida por venir”, no comprende el punto central de la idea del Señor. Si anhelamos dejar la Tierra, con el objeto de vivir en otro lugar, no hemos comprendido la intención de Dios. Mientras que La Biblia afirma expresamente que el mundo pasará (vea 1 Corintios 7:31; 1 Juan 2:17), también promete que una Tierra nueva tomará su lugar:
Presten atención, que estoy por crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No volverán a mencionarse las cosas pasadas, ni se traerán a la memoria.
- I s a í a s 6 5: 17
Porque así como perdurarán en mi presencia el cielo nuevo y la tierra nueva que yo haré, así también perdurarán el nombre y los descendientes de ustedes -declara el Señor.
Pero, según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia.
- 2 P e d r o 3 : 1 3
Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir.
- Ap o c a l i p s i s 2 1 : 1
Si la intención original del Padre, la cual consistía en habitar la Tierra, habría de cambiar luego del fin del sistema actual, ¿por qué crearía una Tierra nueva? La razón es muy simple: el futuro de la hu manidad, en el reino de los cielos, siempre ha estado relacionado con la Tierra, aunque con una Tierra nueva.
Su propósito original y permanente consistía en extender su reino celestial e invisible a la Tierra, además de ejercer su predominio desde el cielo, mediante el gobierno de sus hijos terrenales creados según su imagen.
Se llama “colonización” a la expansión del gobierno de un reino en particular, desde un lugar hasta otro, mediante el establecimiento de una base en un territorio desconocido; mientras que a la base es tablecida se la denomina “colonia”. En pocas palabras, el propósito original de Dios era hacer de la Tierra una colonia del cielo.
Sé que la mayoría de las personas, cuando piensan en el proceso de colonización, lo hacen en términos muy negativos, en particular, aquellas que han vivido sujetas a un régimen colonial, como es mi caso personal. Y tienen buenas razones para hacerlo de este modo: a lo largo de la historia, la mayoría de las colonizaciones se han carac terizado por la coerción, la brutalidad, la avaricia, la explotación, la persecución y la opresión. Efectivamente, estas características reflejan la naturaleza y las tácticas del diablo, el enemigo inicial de la humani dad, quien se apoderó ilegalmente del jardín o “colonia”, y destronó a los gobernadores legítimos: Adán y Eva.
La colonización era la idea inicial del Señor, aunque a diferencia del modo de colonizar humano, su colonia en la Tierra consistió en
la creación de un jardín. Si trazamos una analogía con la colonia, el jardín tiene todas las características positivas generales, pero carece de toda connotación negativa. En contraste absoluto con la mane ra violenta y compulsiva que los imperios humanos se expanden, el método divino era mucho más sutil. Así como el jardín transforma de manera gradual, bella y completa el terreno donde fue plantado, del mismo modo la influencia del reino del Señor en la Tierra, crece gradualmente y, a menudo, de manera invisible, hasta que finalmente cubre la Tierra con su cultura celestial. Jesús comparó este proceso con la levadura dentro del pan:
El reino de los cielos es como la levadura que una mujer tomó y mezcló en una gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa.
- Ma t e o 1 3 : 3 3
Además, trazó una analogía con la semilla de mostaza:
¿A qué se parece el reino de Dios? -continuó Jesús-. ¿Con qué voy a compararlo? Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerto. Creció hasta convertirse en un árbol, y las aves anidaron en sus ramas.
- Lu c a s 1 3 : 1 8 - 1 9
El propósito final del Creador, al plantar en su jardín la “colonia”, consistía en llenar la Tierra con su gloria, la cual representa uno de los temas más importantes de La Biblia. En efecto, el Señor le dijo a Moisés: “Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra” (Números 14:21, RVR60). El rey Salomón, hijo de David, oró
diciendo: “Bendito sea por siempre su glorioso nombre; ¡que toda la tierra se llene de su gloria!” (Salmo 72:19). Dios reitera este tema al profeta
hebreo Habacuc, cuando dice: “Porque así como las aguas cubren los mares, así también se llenará la tierra del conocimiento de la gloria del Señor” (Habacuc 2:14).
En hebreo, el término “gloria” es kabod, mientras que el equiva
lente griego es doxa. Ambos términos transmiten el concepto de algo
“pesado” o de “gran peso”. Más específicamente, la palabra “gloria” se refiere a la naturaleza, en plenitud, de alguna cosa o circunstancia. Dios desea llenar la Tierra con su peso completo, con su naturaleza real y total, con la plenitud de lo que Él es y de su esencia divina. Desea habitar en la Tierra, del mismo modo que lo hace en el cielo. El Salmo 19 afirma que los cielos están llenos de la gloria del Señor. Por lo tanto, Él anhela que en la Tierra ocurra el mismo proceso, y lo desea llevar a cabo mediante personas que estén llenas de su natura leza y de su Espíritu.
El ascenso... la caída... y el ascenso de un reino
Entender el propósito divino original nos ayuda a comprender La Biblia, su Palabra escrita. Muchas personas interpretan erróneamente Las Escrituras y su mensaje, ya que no pueden comprender la inten ción inicial del Señor.
Podemos afirmar, en pocas palabras, que La Biblia describe el as censo, la caída y el nuevo ascenso del reino de Dios en la Tierra. Nos cuenta la historia de un reino establecido, un reino perdido y un reino recuperado. Los dos primeros capítulos del libro de Génesis describen el establecimiento del reino terrenal del Creador, bajo el gobierno de Adán y Eva, a quienes el Señor creó a su imagen y a quienes les otorgó el dominio sobre la creación. El capítulo 3, del mismo libro, describe cómo Adán y Eva perdieron el reino terrenal, mientras que el resto de Las Escrituras muestra la obra del plan del Padre, para recobrar ese reino y restaurarlo a su situación original.
La Biblia comienza con el relato de la creación de la esfera na tural, los cielos y la Tierra, aunque antes de ello, Él había creado y establecido la esfera sobrenatural, a la que conocemos como “cielo”, el centro invisible de su poder. El cielo es el reino inicial del Señor. El cielo, con Dios como rey, es una nación como lo es cualquier na ción o patria sobre la faz de la Tierra, aunque invisible. La epístola a
los Hebreos, en el Nuevo Testamento, describe a Abraham y a otras personas de fe de la antigüedad como “extranjeros y peregrinos en la
tierra” quienes “andaban en busca de una patria” (Hebreos 11:13-14).
Estos versículos no se refieren a sus países terrenales de origen, a los cuales podrían haber regresado si así lo hubieran deseado; sino a otra patria, en otro lugar:
Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les pre paró una ciudad.
- He b r e o s 1 1 : 1 6
Por lo tanto, el cielo es una nación, un reino gobernado por un rey, Dios en persona. El único título apropiado para describir al Señor en el cielo es “Rey”, ya que nadie lo hizo llegar al poder por medio del voto. El Rey gobierna debido a su derecho por ser el Creador de todas las cosas. Porque Él creó todas las cosas existentes, todo le pertenece. Él es el único soberano legítimo del universo. Al respecto, el Salmo 103:19 afirma que “El Señor ha establecido su trono en el cielo; su reinado domina sobre todos”. Jamás existirá otro soberano, ya que el reino de Dios es
eterno, lo cual queda afirmado en el Salmo 45:6a: “Tu trono, oh Dios, permanece para siempre”.
Ya que en la naturaleza de los reinos se encuentra el deseo de expandir sus territorios, Dios decidió extender su reino invisible y so brenatural hacia la esfera visible y natural. Creó los cielos y la Tierra, y luego plantó un hermoso jardín en el Edén, como núcleo y punto de partida para la expansión. Llenó la Tierra con toda variedad de plantas y animales. Finalmente, creó al hombre y a la mujer, seres a su imagen y semejanza, y los colocó en este jardín, como sus representantes del reino para gobernar la Tierra bajo la autoridad divina.
El Señor les concedió dominio sobre la esfera terrenal, aunque Él continúa siendo el Rey, puesto que todo le pertenece. El salmista declaró:
Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuan tos lo habitan; porque él la afirmó sobre los mares, la estableció sobre los ríos.
- Sa l m o 2 4 : 1 - 2
¡Cuán imponente es el Señor Altísimo, el gran rey de toda la tierra!.
- Sa l m o 4 7 : 2
Cuando Dios creó la humanidad delegó su autoridad a los seres humanos sobre la Tierra, aunque jamás nos cedió la pertenencia de este lugar. Él es el Rey de la Tierra, y Adán y Eva era sus administrado res, con autoridad casi ilimitada para gobernar en su nombre.
Como la base inicial del reino celestial invisible de Dios, inmersa en la esfera visible, el Edén era un destello del reino sobre el pla neta. Todo lo que allí se encontraba reflejaba la cultura, gobierno y métodos del reino. Verdaderamente, era un paraíso. Por desgracia, este estado idílico no duró mucho tiempo. En el capítulo 3 del libro de Génesis encontramos la trágica historia de cómo un usurpador demoníaco y pretendiente al trono, mediante una combinación de sutileza y engaño, ganó el control de la base del reino de Dios en la Tierra. Los administradores terrenales, Adán y Eva, fueron indu cidos a desobedecer la orden del Rey y, de este modo, renunciaron a su dominio y autoridad sobre el planeta. Satanás, un querubín desempleado con ilusiones de grandeza, quien además es el enemigo principal del Señor, se apoderó del control de un dominio que no le pertenecía legítimamente, y lo contaminó rápidamente con el vene no de su propia naturaleza maligna. El paraíso se había perdido, y desde aquel momento, nosotros, los seres humanos, hemos anhelado la restauración de este reino perdido.
Los próximos ocho capítulos del libro de Génesis describen la co rrupción intensificada de la cultura, la moral, los pensamientos, la imaginación y la conducta humana, debido a la naturaleza pecadora heredada de Adán y Eva; así como también, la influencia continua y devastadora del diablo y de su gobierno ilegal.
El capítulo 12 de Génesis, comienza con la historia del plan de Dios para recobrar y restaurar el reinado terrenal que la humanidad perdió. Dios llamó a Abraham quien, a través de su descendencia, levantaría una nación constituida por seres humanos que Él llamaría, más tarde, “su pueblo”, y mediante quienes el Señor enviaría a su pro pio Hijo a la Tierra, para restablecer su reino, a fin de arrebatarlo de las manos del gran usurpador.
Luego de cientos de años de preparación, y cuando era el tiempo perfecto en los planes de Dios, Jesucristo, su Hijo, nació de una virgen y creció en una familia de origen humilde. Porque su misión consistía en restablecer el reino del cielo en la Tierra. No es de sorprender que su mensaje estuviera basado en el reino, el cual era un mensaje de co lonización divina. Por lo tanto, las primeras palabras públicas de Jesús fueron: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (Mateo
4:17b). Su vida, su ministerio, su muerte y su resurrección rompieron el poder del impostor y usurpador, restauró el reino terrenal de su Pa dre y abrió la puerta para que la humanidad recupere su lugar legítimo dentro de ese reino.
“En la tierra como en el cielo”
Jesús enseñó a sus seguidores a orar de la siguiente manera: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:9-10). Con
estas palabras, Jesucristo acudía a su Padre para restaurar su gobierno y cultura en la Tierra, como lo había sido en el cielo, y como había sucedido en el Edén, al principio de la creación.
¿Cómo era el reino de Dios en la Tierra? ¿Cómo era la vida en la colonia del reino, en este planeta y su jardín?
Básicamente, el Edén era un reflejo directo de la esfera sobrena tural en la esfera natural. Por un lado, consistía en tierra, en un terri torio. Cada reino debe poseer territorio, ya que sin tierra no queda
nada sobre lo cual un rey pueda gobernar. Aunque invisible, la esfera sobrenatural del cielo es vasta e infinita, mucho más extensa que el
plano natural y visible. El Edén era el ámbito físico con un territorio tangible. Esta es la razón por la cual Dios no creó en primer lugar al ser humano. Fundó la Tierra de manera que el hombre tuviera territorio para gobernar. Adán y Eva gobernaron el Edén y el orden creado por el Señor, del mismo modo que el Rey lo hacía en el cielo.
En segundo lugar, el Edén compartía un lenguaje común con el cielo.
Cualquier nación necesita una lengua en común, de otro modo co menzaría a perder cohesión social y nacional. Adán y Eva hablaban con su Creador. Conversaban abierta y fácilmente con Él, gracias a una relación completamente transparente; además, siempre sabían lo que el Señor esperaba de ellos. Todo aquello cambió cuando el usurpador tomó el control. Aunque todos los seres humanos tuvieron, durante varios siglos, la misma lengua, el Señor confundió su lenguaje en el momento en que se construía la Torre de Babel (vea Génesis 11:1-9). En ese momento, perdieron su capacidad para entender y hablar el lenguaje del Señor, el cual es el lenguaje del cielo.
Esta es la causa por la cual, cuando nos encontramos fuera del reino, no comprendemos lo que Él dice, como tampoco conocemos lo que Él espera de nosotros. Una de las características de la vida dentro del Reino es que tenemos la posibilidad de hablar y de entender el lenguaje divino, de un modo que no pueden hacerlo aquellas personas ajenas al Señor.
Además, el Edén tenía las mismas leyes y la constitución del cielo. Es
tas leyes no se encontraban escritas, porque Dios las había grabado en los corazones y en las mentes de la pareja creada. Conocían lo que su Creador esperaba y exigía. Entendían la manera en que Él deseaba que vivieran y qué quería que hicieran. Las instrucciones del Señor eran simples: que fueran fructíferos, que se multiplicaran, que llena ran la Tierra y que la dominaran. Impuso una sola restricción en sus actividades, la cual tenía como propósito la protección de los seres humanos: “Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17). Excepto por esta prohibición
En el comienzo el Edén funcionaba regido por el código moral del cielo. Cada nación ha de tener un código moral por el cual regirse,
de otro modo, cada habitante establecería sus propias reglas, y haría como mejor le parece, produciendo, de esta manera, caos, desorden y anarquía. Al principio Adán y Eva no poseían sentido de moral, pues to que vivían en perfecta armonía con Dios. No existía la mentira, el robo, el asesinato, la inmoralidad sexual o cualquier otra conducta corrupta que caracteriza al mundo derrotado por el pecado. Cuando el artificio y engaño del usurpador los llevó a desobedecer la única res tricción impuesta por el Señor, descubrieron, inmediatamente, el peso del código moral del reino, a medida que recaía sobre ellos, en quienes se produjo un sentido profundo de culpa y de vergüenza.
El Edén y el cielo tenían los mismos valores. Una de las obligaciones,
como ciudadano de cualquier nación, consiste en aceptar los valores enunciados explícitos de ese país. En el reino de los cielos el valor más importante es la obediencia a la voluntad del Rey. A causa de su des obediencia, Adán y Eva demostraron que ya no tenían los valores del Rey, razón por la cual debieron abandonar el jardín.
La desobediencia de Adán y Eva violó no solamente el código mo ral del reino, sino también las costumbres y las normas sociales. Todas las naciones y reinos tienen “usanzas”, las cuales consisten en códigos de conductas no escritas, tan profundamente arraigados en la concien cia de los habitantes, que ha tomado fuerza de ley. Por otro lado, posee normas sociales, dentro de las cuales se hallan las buenas costumbres, urbanismos y estándares de comportamiento que la sociedad las con sidera normativas. Cualquier persona que viole estas normas será con siderada como “antisocial” y, en casos extremos “delincuente”.
En el reino de los cielos la palabra del Rey tiene fuerza de ley, e incluye tanto las usanzas como las normas sociales, y es absolutamente inviolable. No se admite la rebeldía contra el Rey. Lucifer -o Satanás-, así como también un tercio de los ángeles del cielo descubrieron este hecho aquel día nefasto, cuando se rebelaron ante el Rey y fueron ex pulsados del cielo. Adán y Eva también experimentaron esta realidad cuando se encontraron fuera del paraíso terrenal.
En conclusión, como colonia del cielo en la Tierra, el jardín del Edén reflejaba la cultura del cielo. De esta noción se desprende el con
cepto de “cultura”, la cual es la culminación de todos los elementos antes mencionados, entre los cuales se halla el territorio, las leyes, la constitución, los códigos morales, los valores compartidos, las usan zas y las normas sociales. La cultura define al pueblo y es inherente a él; además, se desarrolla de forma natural, lo cual es exactamente el anhelo de Dios para los ciudadanos de su reino. El Señor no desea que nos afanemos por obedecer leyes talladas en tablas de piedra o escritas en libros; por el contrario, desea imprimirlas en nuestras mentes y en nuestros corazones, de modo que se conviertan en nuestra segunda naturaleza. De este modo, no debemos pensar en vivir la cultura del reino; simplemente, la vivimos y la experimentamos naturalmente,
Al crear una base del cielo en la Tierra, el Padre celestial desea ba establecer un modelo de la nación celestial en otro territorio. El jardín constituía el reflejo de un método muy adecuado para llevar a cabo su plan. En primer lugar, la belleza natural, la vida y la fe cundidad del jardín son destellos visibles de la naturaleza del reino invisible del Señor. El cielo es una nación invisible de belleza indes criptible, de vivacidad y de abundancia, ya que constituye el centro del poder del Rey del universo, de Aquel que es todo eso y mucho más... infinitamente más.
En segundo lugar, cualquier jardín transforma el territorio en don de se encuentre, al convertir el suelo árido en un lugar de belleza, pro visión y propósito. Del mismo modo, el reino de los cielos transforma el plano natural, donde sea que se encuentre, a fin de que la esfera natural se convierta en un verdadero reflejo del cielo.
La gran idea de Dios era reproducir el reino del cielo en el plano visible, al establecer su base en la Tierra y al poblarla con ciudadanos del reino, quienes gobernarían de acuerdo con el gobierno del reino y con cultura del reino, con el propósito de extender su influencia, has ta que toda la Tierra fuera llena de su gloria y transformada comple tamente. Como ya lo hemos mencionado, y desde el punto de vista político, el término correcto que describe este proceso de expansión
es “colonización”. Como una base del reino en la Tierra, el Edén era una “colonia” celestial, establecida por un Rey bondadoso y justo quien es, además, clemente, compasivo, lento para la ira y grande en amor (vea Salmo 103:8).
Además, el Edén también era un jardín. Y, así como los reinos se extienden al establecer sus gobiernos y cultura en otros lugares me diante la colonización, los jardines se expanden mediante el trasplantes de pequeños árboles, tallos e injertos, en el nuevo suelo. El propósito divino consistía en que los ciudadanos del reino, sus administradores y jardineros, expandieran este jardín, además del gobierno y su cultura,
al “trasplantarlos” a donde quiera que se dirigieran.
Esta era la gran idea de Dios, y se mantiene hasta el día de hoy. El Señor todavía se dedica a la jardinería. Todos los ciudadanos del reino reciben un mismo llamamiento y una misma comisión, dada por el Rey, para comportarse como jardineros fieles, a fin de sembrar las semillas y de plantar “jardines” de la cultura y del gobierno del reino a lo largo y a lo ancho del mundo hasta que, “como las aguas cubren los mares, así también se llenará la tierra del conocimiento de la gloria del Señor” (Habacuc 2:14).
El poder detrás del
“Principio del Jardín”
E
l lapso que transcurrió entre la pérdida de la base terrestre del reino ce lestial, de la cual Adán y Eva eran los administradores, y la posteriorusurpación por parte de Satanás, hasta el momento en que Jesucris to apareció en escena anunciando la restauración, duró, aproxima damente, dos mil años. ¿Por qué Dios esperó tanto tiempo antes de restablecer su reino en la Tierra? ¿Cuál fue la causa por la cual Dios permitió que transcurriera un lapso tan prolongado? ¿Cuál es el moti vo por el que Cristo naciera en un momento particular de la historia? ¿Por qué su nacimiento no sucedió antes o después?
En primer lugar, para responder estas preguntas es necesario que entendamos que la concepción de Dios respecto al tiempo y a la historia, es diferente a la de los seres humanos. Ni el tiempo ni la his toria lo limitan; y, desde la perspectiva de la eternidad, Dios dispone de todo el “tiempo” que necesita para realizar sus propósitos. Simón Pedro, uno de los apóstoles de Cristo, lo explica de esta manera:
“Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su prome sa, según entienden algunos la tardanza” (2 Pedro 3:8-9a).
En segundo lugar, Dios esperó hasta crear las condiciones histó ricas y el lugar adecuado para el advenimiento de su Hijo y para el anuncio del regreso del reino a la Tierra, a lo cual La Biblia llama la “plenitud de los tiempos”: “Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que