TEXTOS SOBRE LITERATURA DE CORDEL (SIGLOS XVI-XX)

21  Descargar (0)

Texto completo

(1)

once pliegos que figuran en nuestra propia colección particular183 y de todos los de The Hispanic Sociecy of America, de New York.m

En las líneas precedentes se ha intentado por vez primera, a lo que cree­ mos, indicar las series de pliegos sueltos del siglo XVI que directa o indirecta­ mente pueden tener a su disposición los estudiosos. Perdónensenos las faltas que haya podido haber en gracia a la buena voluntad y a lo arduo de la tarea, que era necesario de todo punto emprender.

Advirtamos que las presentes notas, sumarias y todo, no han sido de fácil redacción, porque no lo es seguir la pista por catálogos de librerías, su­ bastas o bibliotecas, a un volumen de pliegos que, a veces, ha tenido cuatro o seis posesores hasta que llega a fundirse en colecciones públicas o privadas accesibles. Sirva de ejemplo, por todos, el tomo que poseyó desde 1833 el librero De Bure y perteneció sucesivamente a don Domingo del Monte (¿1854?), La Roche Lacarelle (1859), Félix Solar (1860) y Henry Huth (1888) hoy en paradero desconocido.

Es muy posible que una revisión a fondo de catálogos de bibliotecas particulares antiguas nos suministre noticia de series y volúmenes no localiza­ dos o de otros que a través del tiempo han pasado por diferentes colecciones hasta alcanzar nuestros días. No realizada esta labor aún, hemos de contentar­ nos con dar aquí las ligeras indicaciones reunidas hasta ahora, deseando que investigaciones más profundas ensanchen el marco que se ha tra�ado y que sólo aspira a servir de pauta.

,u Mínima es nuestra colección de pljegos, pero Dios sabe cuánta perseverancia, tesón y sacrificios nos ha costado reunirla. En total son once: uno sin indicaciones tipográficas, dos fragmentos, uno s.l. (1586), tres de Valencia (1587, 1588, 1595), uno en Madrid (1594) )' tres de Barcelona (1588, 1590, 1591). Como se ve son escasos y proceden de las bibliotecas del Conde de Ficalho, Dugue de T'Serclaes de Tilly y del desmonte de encuadernaciones viejas. Preparamos el catálogo crítico.

"' En el verano de 1960 tomamos notas en Nueva York de los pliegos que entonces eran accesibles en la Hispanic Sociecy y con ellas redactamos nuestro opúsculo Los pliegos poéti­ cos de The Hispanic Society of America. Madrid 1961 (4.• 24 págs.}, describiendo los quince vistos. Posteriormente se han mcorporado a nuestras colecciones corporativas catorce más, for­ mando en total un conjunto de veintinueve, los cuales han sido ya estudiados y tenemos hecho el catálogo bibliográfico que se publicará tan pronto como nos de¡en tiempo para perfilarlo ocupa­ ciones más perentorias.

CJE. Ayuda fieles hermanos al ciego lleno de males los salmos penitenciales si mandais rezar xpianos? dios os guarde pies y manos vuestra vista conseruada la oracion de la enparedada y los versos gregonanos Las angustias la pasion

las almas del purgatorio la oracion de san gregorio la santa resurrecion la muy deuota oracion la beata caterina y la xpiana doctrina la misa y su deuocion La vida de sant ylario

comienda de san anton la oracion de sant leon

' Véase, para otros textos, el importante libro de J. Caro Baroja Ensayo sobre la literatlt­ ra de cordel (Madrid 1969} aparecido cuando ya el nuestro estaba en pruebas ajustadas.

85

Antonio Rodríguez-Moñino, Nuevo diccionario bibliográfico de pliegos sueltos poéticos. Siglo XVI. Edición corregida y actualizada por Arthur L-F. Askins y Víctor Infantes, Madrid: Castalia, 1997, págs. 85-125.

TEXTOS SOBRE LITERATURA DE CORDEL (SIGLOS XVI-XX)

Recopilación en metro del Bachiller Diego Sánchez de Badajoz en la qual por gracioso Cortesano y Pastoril estilo se cuentan y declaran muchas figuras y autoridades de su sagrada escriptura. Sevilla, junto al Meson de la Castaña, 1554.

Interesa aquí el siguiente pasaje de la Farsa del Molinero, folio cix: Aquí entra un ciego con su muchacho que lo adiestra.

(2)

86 PAS. CrE. PAS. CIE. Mue. C!E. Mue. INTRODUCCIÓN la deuocion del rosario la vida de san macario trobada.

nota el chiste los gozos el anima christe mira si ay mas calandario. Muchacho quien habla aqui?

vn frayle.

guarda me aca? perro ladron.

acabá ...

* * *

Anónimo: La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversi-dades. Alcalá de Henares 1554, folio v vuelto.

"En su oficio era [el ciego] vn aguila, ciento y tantas oraciones sabia de coro, vn tono baxo reposado z muy sonable, que hazia resonar la yglesia donde rezaua: vn rostro humilde y deuoto que con muy buen continente po­ nía quando rezaua sin hazer gestos ni visages, cü boca ni ojos como otros suelen hazer. Aliende desto, tenia otras mil formas y maneras para sacar el dinero: dezia saber oraciones para muchos z diuersos effectos para mugeres que no parían: para las que estauan de parto: para las que eran mal casadas, que sus maridos las quisiessen bien ... "

* * *

Juan Timoneda: Entremes de un fiego y un moro y un pobre, muy gra­ cioso. (En su Turiana, Valencia 1563, folio tercero, sin numerar.)

CIEGO. Mandad señores rezar

Mozo. C!E.

la muy bendita oracion de la sancta encarnacion, del que nos vino a saluar, otra oracion singular excelente,

del sancto papa Clemente, gozos de nuestra señora que poca deuocion mora lioy aia en toda la gente, no hay cosa que mescaliente por aquí ...

Reze que vienen detras tenga tino.

La sancta orocion [sic] que vino de Roma no ha mes y medio que tiene gracias sin medio

CIE.

INTRODUCCIÓN compuesta por Valentino, la passion del rey diuino bien trobada,

no acertamos hoy pellada todo es dar en los broqueles ... Mandad rezar la oracion de los sanctos confessores la oracion de sant Alexo

* * *

87

Juan Timoneda: Vn passo de dos ciegos y vn moro muy gracioso para la noche de nauidad. (En su Turiana, Valencia 1563, folio cinco vuelto, sin nu­ merar.)

MARTÍN. deuotos christianos quien manda rezar

MAR.

PERO.

vna oracion singular nueua de nuestra señora. mandadme rezar pues ques noche santa

la oracion segun se canta del nacimiento de Christo ... quien manda sus deuociones noble gente

gue reze deuotamente los !)Salmos de penitencia por los quales indulgencia otorgo el papa Clemente. la oracion del nacimiento de Christo ...

* * *

Lope de Vega: La octava maravilla. Comedia escrita hacia 1608. (Nueva edición de la Academia, VIII, pág. 255.) Acto primero, Don Juan de Arellano y Motril. Ju.

Mo.

Ju.

Mo.

¿Que es eso, Motril? ¿ Es papef? Y impreso. Muestra. Si no le trujera.

(3)

88

Ju.

Mo.

Ju.

Mo.

Ju.

Mo.

Ju.

Mo.

Ju.

Mo.

¿Que es esto? Historia trovada. ¿ Versos son?

¡Y que tan buenos!, de un hombre que cuando menos dicen que parió en Granada. ¿Hon�ore parir? ¿Quie_n lo afirma? Los ciegos que ven, senor

¡Que se sufre tanto error! mas con esto se confirma

la barbaridad de España. ¿ Está de molde y te ourlas? Cómo esas cosas de burlas sufre el molde y acompaña.

Luego dicen que reniega un cristiano y que el demonio le aparece en testimonio de que a sus vicios se entrega.

Luego es marcir, y aparece en su tierra a un licenciado, y el vulgo necio, atezado lo celebra y encarece.

Cosas que hacen mayor daño del que parece.

¿ Que hiciera el vulgo si no tuviera esas fiestas por el año?

¿ Quieres tu que un oficial lea en Marcial o en Horacio? ...

* * *

Lope de Vega: Servir a señor discreto. Comedia posterior a 1609. (Texto en Biblioteca de autores Españoles, tomo LII, págs. 69-91.) Acto primero, es­ cena ix, pág. 72: GIRÓN. DOÑA LEONOR. ELVIRA. DOÑA LEONOR. ELVIRA. GIRÓN. ELVIRA. DOÑA LEONOR. GIRÓN.

¿ Quién compra la obra nueva, recién impresa y famosa, della verso y della prosa?

¿Quién la compra? ¿quién la lleva? ¡Obra nueva! ¿Qué es aquello? LAY, señora! ¿entrará acá? entre a ver lo que será que poco se pierde en ello.

¡Hola mozo!

Entrad ¿Quién me llama? ¿ Qué es lo que vendeis? Estas coplas ¿no las veis? Y de un poeta de fama. DOÑA LEONOR. GIRÓN. DOÑA LEONOR. GIRÓN. DOÑA LEONOR. GIRÓN. DOÑA LEONOR. GIRÓN. DOÑA LEONOR. GIRÓN. DOÑA LEONOR. GIRÓN. DOÑA LEONOR. GIRÓN. DOÑA LEONOR. GIRÓN.

¡Coplas! pensé que traía puntas de Flandes y Holandas. Ni se de puntas ni bandas, porq�e yo trato en poesía.

¿Vendese ya?

Por nosotros. ¿ Los versos?

Si satisfacen. ¿Cierto?

Y aun los que los hacen Se venden unos a otros.

¿De qué trata ese papel? Cinco elogios milagrosos de capitanes famosos vienen escritos en él.

Es el primero el origen de los antiguos Bazanes, Que se llamaron Bastanes. E1 mar justamente rigen.

El segundo cómo fue la ocasión de aq_uella tabla de ajedrez, donde se entabla este blasón y porqué

el rey Abarca le dio, y en contraditorio juicio, para mayor beneficio, el nuestro le confirmó:

que a su rey dio libertad aquel Bastan de quien vienen, y por el las armas tienen que es notable autoridad. El tercero es la vitoria de mar, y el francés estrago que hizo el dia de Santiago Don Alvaro, cuya gloria

no la callará la fama. Y don Alvaro ¿quién es? Padre del Frimer Marqués de Sanca Cruz.

Esa rama de tal tronco justamente a honrar a España salió. Del es el cuarto a quien yo, si entendiera de la fuente

desto que llaman Pegaso, mil alabanzas hiciera. Trata lo de la Tercera, digno sujeto de un Tasso,

que España es falta de plumas aunque no de presunciones.

(4)

90

ELVIRA.

DOÑA LEONOR. GIRÓN .

DOÑA LEO NOR. GIRÓN. DOÑA LEONOR. GIRÓN . DOÑA LEONOR. ELVIRA. INTRO DUCCI ÓN

Por quinto destos varones, aunque primero en las sumas

de tan ilustres vitorias, está el Marqués que ahora viue, a quien España apercibe laureles, palmas y glorias.

Señora si es un mancebo que vimos en Portugal, es un águila real

que mira el rostro de Febo. D i, por tu vida, que diga los versos que escriben del. Leed, amigo, el papel. Oíd.

Su valor obliga. "Cante mi lira tu gloria, gran Marqués de Santa Cruz, pues de la fama eres luz, y de los tiempos historia. En ti vive la memoria de tu padre soberano, que entre la tuya y su mano tal diferencia lo es,

que a él le tembló el francés y a ti el bárbaro africano".

¡Buena, para ser de ciego! Escuchad, por vida mía, vereis qué 1inda poesía para ser de un hombre lego:

"Como Felipe Tercero tu gran valor conoció, al Africa desterró

de Es_paña al morisco fiero. Con los que tuvo primero, rendi1a a tus _plantas. viene: y ans1 ocuparla conviene con los que se van de aquí, que son pocos para tí todos los moros que tiene".

¡Bien pensado!

Yo te juro que es notable aqueste ciego.

* * *

Miguel de Cervantes: La gitanilla. (En sus Novelas ejemplares, Madrid 1613. Edición de F. Rodríguez Marín en Clásicos castellanos, 1914, Tomo I, pág. 5.)

"Salió Preciosa rica de villancicos, de coplas, seguidillas y zarabandas, y

I NTRODUCCI ÓN 91

de otros versos, especialmente de romances, que los cantaba con especial do­ naire. Porque su taimada abuela echó de ver que tales juguetes y gracias, en los pocos años y en la mucha hermosura de su nieta, habían de ser felicísimos atractivos e incentivos para acrecentar su caudal; y así, se los procuró y buscó por todas las vías que pudo, y no faltó poeta que se los diese; que también hay poetas que se acomodan con gitanos, y les venden sus obras, co�o los hay para ciegos, que le fingen milagros y van a la parte d: la ga�anc1�. D e todo hay en el mundo, y esto de la hambre tal vez hace arro¡ar los ·mgemos a cosas que no están en el mapa".

* * *

Lope de Vega Carpio: Santiago el Verde, comedia deste año 1615. (En Teatro antiguo español, texto y estudios, tomo IX, Madrid 1948.) Acto III, pág. 109:

RODRIGO. Dad por mi vida, maestro, esa historia para coplas a un ciego que la pregone y a un ne�io que la componga. GARCIA. Ya, señor, la escribe un nezio

y otro �iego la pregon�. RODRIGO. No se como se consiente

que mil inbentadas cosas por ynorantes se bendan por los �iegos que las toman. Allí se cuentan milagros, martirios, muertes, desonrras, que no han passado en el mundo, y al fin se vende y se compra. Pues ¿qué, si toman el nombre, para que sean famosas,

ele algun ombre conocido? No ay muladar que no corra estando el otro yno�ente ...

* * *

Miguel de Cervantes: Pedro de Urdemalas. Comedia publicada en sus Ocho comedias y ocho entremeses, Madrid 1615. (Edición dirigida por don Cayetano R osell, en Obras completas, Madrid 1864, tomo X, págs. 313 y si­ guientes. El pasaje que interesa, en la pág. 357.)

Salen dos ciegos, el uno Pedro de Urdemalas. Arrímase el primero a una puerta, y Pedro junto a él, y pónese la Viuda á la ventana.

CIEGO. Animas bien fortunadas Que en el purgatorio estáis,

(5)

INTR ODUCCIÓN

De Dios seáis consoladas, El mejor de los mejores.

Y en breve tiempo salgais Sé la de los sabañones,

Desas penas derramadas; La de curar la tericia

Y como un trueno,. Y resolver lamtarones;

Baje a vos el ángel bueno, La de templar a codicia

Y os lleve a ser coronadas. En avaros corazones.

PEDRO. Animas que desta casa Sé, en efeto,

Partisteis al purgatorio, Una que sana el aprieto

Y a en sillon, ya en silla rasa, De las internas pasiones,

Del divino consistorio Y otras de curiosidad.

Os venga al vuestro sin tasa, Tantas sé, que yo me admiro

Y en un vuelo De su virtud y bondad.

El ángel os lleve al cielo, CIEGO. Ya por saberlas suspiro. Para ver lo que allá pasa. VIUDA. Hermano mio, esferad.

CIEGO. Hermano, vaya a otra J?Uerta, PEDRO. § Quien me llama.

Porque aquesta casa es mia, CIEGO. egun la voz, es el ama

Y en rezar aqui no acierta. De la casa, en mi verdad.

PEDRO. Y o rezo por cortesía, Ella se estrecha, aunque rica,

No por premio, cosa cierta; Y sólo a mandar rezar

Y as1 puedo Es a lo que más se aplica.

Rezar doquiera, sin miedo PEDRO. Pícome yo de callar

De Éendencia ni reyerta. Con quien al dar no se pica.

CIEGO.

fi

s vistoso, ciego honrado? Que esté mudo

PEDRO. stoy desde que nací, A sus demandas no dudo,

En una tumba encerrado. Si no lo paga y suplica.

CIEGO. Pues yo en algun tiempo vi; Sale la Viuda.

Pero ya, por mi pecado,

Nada veo, VIUDA. Puesta en aquella ventana

Si no lo que no deseo, He escuchado sus razones

Que es lo que ve un desdichado. Y su profesión cristiana,

PEDRO. Sabrá oraciones abondo, Y las muchas oraciones

Porque sí que sé infinitas: Con que tantos males sana;

Aquesto, amifº' os respondo; Y querría me hiciese

Que a todos as doy escritas, Placer que algunas me diese

Y a muy pocos las escondo. De las que le pediría

Sé la de anima sola Dejando a mi cortesía

Y sé la de San Pancracio, El valor del interese.

Que nadie cual ésta vióla PEDRO. Si despide a esotro ciego,

La de San �uirce y Acacio, Y o le diré maravillas.

Y la de Ola a española, VIUDA. Pues yo le despido luego.

Y otras mil, PEDRO. Señora, no he de decillas

Adonde el verso sotil N�or dádivas ni ruego.

Y el bien decir se acrisola. VIUDA. áyase y venga despues,

Las de los auxiliadores Amigo.

Sé tambien, aunque son treinta, CIEGO. Vendré a las tres,

Y otras de tales dtrimores, A rezar lo cuotidiano.

Que causo envi 1a y afrenta VIUDA. En buen hora.

A todos los rezadores; CIEGO. Adios hermano,

Porque soy, Ciego, o vistoso, o lo que es;

(6)

94

PEDRO.

INTR ODUCCIÓN Sepa mi casa, y verá

9ue aunque pobre, ruin y chica, Sm duda en ella hallará

Una voluntad muy rica, Y la alegre posesión De un segoviano doblon Gozará liberalmente, Si nos da de su torrente Ya milagro, o ya oracion.

Está oien: yo acudiré A saber la casa honrada, Tan llena de amor y fe, Y pagaré la posada Con lo que le enseñaré. Cuarenta milagros tengo, Con que voy y con que vengo Por donde qmera, a mi paso, Y alegre la vida paso

Y como un rey me mantengo.

* * *

D. Francisco de Quevedo: La vida del Buscón llamado don Pablos. Zara­ goza 1626. (Edición crítica de Fernando Lázaro Carreter, pág. 259.)

"Al fin, animado con este aplauso, me desvirgué de poeta en un ro­ rnancico, y luego hice un entremés y no pareció mal...

No me daba manos a trabajar, porque acudían a mí enamorados, unos por coplas de cejas, y otros de ojos, cuál soneto de manos y cuál romancico para cabellos ...

¿ Pues villancicos? Hervía en sacristanes y demandaderas de monjas; cie­ gos me sustentaban a pura oración -ocho reales cada una-; y me acuerdo que hice entonces la del Justo Juez, grave y sonorosa, que provocaba a gestos. Escribí para un ciego, que las s,acó en su nombre, las famosas que empiezan:

Madre del Verbo humanal, Hija del Padre divino, dame gracia virginal, etc.

Fui el primero que introdujo acabar las coplas corno los sermones, con "aquí gracia y después gloria", en esta copla de un cautivo de Tetuán:

Pidamosle sin falacia al alto Rey sin escoria, pues ve nu�stra pertinacia, . que nos qmera dar su gracia, y después allá la gloria. Amen".

• * •

INTRODUCCIÓN 95

Lope de Vega: Los peligros de la ausencia. Comedia escrita hacia 1630. (Nueva edición de la Academia, XIII, pág. 177.) Acto primero. Sale Martín disfrazado de ciego con un muchacho o perrillo atado en un cordel.

MARTfN . ¡A que mal tiempo he llegado si en tan cruel ocasión

BLANCA.

no me vale la invención con que vengo disfrazado!

Pues dejar de hablar no puedo a doña Blanca ¿qué haré? ¿Si llegaré? ¿Si podré

vencer de don Sancho el miedo? Que es hombre que si entendiese que ando de Huete a Alcalá ... �ero ellos me miran ya: ciego y rezo, aunque me pese.

¿Hay quien me mande rezar? Aunque ciego, todavía

dejo cierta celosía por donde pueda mirar;

que, mientras no se si soy conocido destas dueñas, dejo un ojo haciendo señas, como quien juega al rentoy.

¿ Hay quien me mande rezar la oración del Justo Juez, de los mártires de Fez de Santelmo para el mar,

de la vista ele Lucía, de la Magdalena el llanto y del Espíritu Santo hoy, en su bendito dia?

Prima ¿ no es este Martin, del Veinticuatro criado? INÉS. ?._A qué vendrá disfrazado? MARTÍN . Del santo fray Juan Garin

me manden rezar la historia. SANCHO. Las voces que aquestos dan

me matan. BLANCA.

MARTfN.

Oye, galan: tiene, acaso, en fa memoria

la de san Nofre?

He compuesto muchas. Llégueseme acá,

y cierta cosa sabrá que le importa.

BLANCA. Diga presto.

MARTÍN. Hoy don Bernardo ha enviado al Veinticuatro un fªPel

(7)

SANCHO. MARTÍN.

salió al campo y le ha buscado. Los dos se han visto.

¿Qué es eso? Y el santo que aquí llegó

como a su contrario vió le dijo con mucho seso:

"Enemigo Satanás

¿que me quieres esta tarde?" No era el demonio cobarde y dijo: "Aquí lo verás".

N ofre, entonces, desnudando la espada de la oración, resistió la tentación, diestramente peleando;

pero en aquesta pelea, mucha gente que pasó, q_ue le venciese estorbó.

¡Plegue a Dios que por bien sea! (Porque se han ido los dos de Alfarache hasta San Juan, adonde se matarán,

si no lo remedia Dios.)

Nofre bienaventurado,

ruega al Señor sin pasión por quien dice esta oración, que no por quien la ha pagado.

Líbrale de que le den de palos

J

azotes fieros; dale salu y dineros y tu santa gloria, amen.

* * *

El Gran Ditque de Gandía, comedia de Don Pedro Calderón de la Bar­ ca, publiée d'apres le manuscrit de Mladá Voz.ice, avec une introduction, des notes et un glossaire par Václav Cerny, professeur d'Université. docteur es lettres. Éditions de I' Academie Tchécoslovaque des Sciences. Prague, 1963. Pág. 124, versos 2405-2419:

DON CARLOS. Confusión y asombro es cuanto escucho. ¿Qué dices de esto Sansón?

SANSÓN. ¿Qué quieres que diga,

señor, oyendo secretos tan raros? que casi casi todas las andanzas creo de Don Amadis de Gaula, el Caballero del Febo, Don Florisel de Niquea, de la Zorra el testamento

INTRODUCCIÓN y toda la Gatomaquia con cuanto venden los ciegos. Pues al uer un duque, grande de España, hacerse maestro de artes y de teología ...

* * *

97

Francisco de Rojas Zorrilla: El más impropio verdugo por la más justa verganza. Comedia escrita antes de 1637. (En Biblioteca de Autores Españoles, tomo LIV, pág. 169.) Tras narrar una novelesca peripecia Alejandro, replica Cosme:

Pardiez, que menos que ser sueño el que cuentas, Señor, que no bastara el valor de Roldan ni Lucifer

para tai:i,ta patarata;

para un ciego en verso y prosa era relación famosa,

diciendo (a voces) que trata cómo, dando testimonio de corazón paladín, un mancebo florentin peleó con el demonio;

y haciendo a su ardor lisonjas a arrojarle se dispuso

por una escala que puso a un monasterio de mon¡· as,y despues, dando en e suelo volvió a acometelles bravo, con un villancico al cabo contra el diablillo cojuelo ...

* * *

Luis Vélez de Guevara: El diablo Cojuelo, Madrid, Imprenta del Reyno, 1641. (Edición de F. Rodríguez Marín en Clásicos castellanos, 1922, pág. 163.) Cuando iba el Cojuelo refiriendo esto, llegaron a la Plaza Mayor de Éci­ ja, que es la más insigne del Andalucía, y junto a una fuente que tiene en medio del jaspe, con cuatro ninfas gigantes de alabastro derramando lanzas de cristal, estaban unos ciegos sobre un banco, de pies, y mucha gente de capa parda de auditorio, cantando la relación muy verdadera que trataba de cómo una maldita dueña se había hecho preñada del diablo, y de que por permisión de Dios había parido una manada de lechones, con un romance de don Alvaro de Luna y una letrilla contra los demonios, que decía:

(8)

98 INTRODUCCIÓN Satanas sarna y el Diablo cojuelo tiene almorranas. Almorranas y muermo sarna y ladillas su mujer se las quita

con tenacillas. El Cojuelo le dijo a don Cleofás:

-¡Qué te parece los testimonios que nos levantan estos ciegos y las sátiras que nos hacen? Ninguna raza de gente se nos atreve a nosotros si no son estos, que tienen más ánimo que los mayores ingenios; pero esta vez me lo han de pagar, castigándose ellos mismos por sus propias manos, y daré de camino, venganza a las dueñas, porque no hay en el mundo quien no las quie­ ra mal, y nosotros las tenemos grandes obligaciones, porque nos ayudan a nuestros embustes; que son demonias hembras.

Y sobre la entonación de las coplas metió el Cojuelo tanta cizaña entre los ciegos, que, arrempujándose primero, y cayendo dellos en el pilón de la fuente, y esotros en el suelo, volviéndolos a juntar, se mataron a palos, dando barato, de camino, a los oyentes, que les respondieron con algunos puñetes y coces.

• • •

La vida i hechos de Estevanillo González, hombre de buen humor. Am­ beres 1646. (En Biblioteca de Autores Españoles, tomo XXXIII, pág. 310.)

Llegué a la [ villa] de Montilla, a tiempo que con un numeroso senado y un copioso auditorio estaba en su plaza, sobre una silla sin costillas y con solo tres pies, como banqueta, un ciego de nativitate, con un cartapacio de coplas, harto mejores que las famosas del perro de Alba, por ser ejemplares y de mucha doctrina y ser él el autor; el cual chirriando como garrucha, y rechi­ nando como un carro, y cantando como un becerro, se rascaba el pescuezo, encogía los hombros, y cocaba todo el pueblo. Empezaban las coplas de aquesta suerte:

Cristianos y redimidos Por Jesús, suma clemencia, Los que en vicios sois metidos, Despertad bien los oídos, Y examinad la conciencia.

Eran tantas las que vendía, que a no llegar la noche, diera fin a todas las que traía. Fuéronse todos los oyentes encoplados y gustosos del dicho autor, y él, apeándose del derrengado teatro, por verse dos veces a oscuras y cerradas las ventanas, empezó a caminar a la vuelta de su casa. Tuve propuesto de ser su Lazarillo de Termes; más por parecerme ser ya grande para mozo de ciego,

INTRODUCCIÓN 99

me aparté de la pretensión; y llegándome a él, le dije que como me hiciera conveniencia en el precio de las coplas, que le compraría una gran cantidad, porque era un pobre mozo extranjero que andaba de tierra en tierra buscando donde ganar un pedazo de pan. Enternecióse, y no de verme, y respondióme que la imprenta le llevaba un ochavo por cada una, demás de la costa que le tenía de traerlas desde Córdoba; y que así, para que todos pudiésemos vivir, que se las pagara a tres maravedís. Yo le respondí que se había puesto en la razón y en lo que era justo, que fuésemos adonde su mercéd mandara, para que le contasen el dinero de cien pares de ellas y para que me las entregasen con su cuenta y razón. Díjome que le siguiera a su casa, y alzando el palo y haciendo puntas a una parte y a otra, como ejército enemigo, aporreando puertas y escalabrando paredes, llegamos con brevedad a ella. Tenía una mujer de tan mal arte y catadura, que le había Dios hecho a él infinitas mercedes de privarle de la vista, porque no viera cosa tan abominable; y sobre todas estas gracias tenía otras dos, que era ser vieja y muy sorda. La cual, así que vio a su marido lo entró de la mano adestrando hasta la cocina, quitóle el ferreruelo y el talego de las coplas, y sentólo en una silla. Díjole en alta voz que sacase del arca dos legajos que había de su obra nueva, que era cada uno de cincuenta pares, y me los diese y recibiere el dinero a razón de seis maravedís cada par; más todo su quebradero de cabeza era dar voces al aire, porque demás de ser sorda, al punto que lo dejó sentado, había salido al corral a traer leña para hacerle fuego; yo, reventándome la risa en el cuerpo, le di parte de la ausencia, el cual me rogó que le avisara cuando viniera, para que tratase de despachar­ me. Llegó en esta ocasión, echó la leña en tierra. Sintió él el ruido del golpe, y acercando la silla hacia la parte que le pareció estar, dio conmigo, y tentándo­ me al ferreruelo, y pensando que eran faldas, volvió a dar el segundo pregón, dejándome atronados los oídos, y ella, mirándonos a los dos estaba como sus­ pensa. Hícela señas de que llegase a oir a su marido y advertirle a él el engaño, y descolgando ella un embudo grande de hoja de lata, se metió la punta en el oí�o, y poniendo la boca de él en la del relator de coplas, le preguntó que qmen era yo, y que para qué me había traído a su casa. El, después de haberle satisfecho, en tono de predicador de mandato, por el cañón de su embuda­ da corneta, volvió a referir tercera vez lo que dos había mandado. Sacó ella los legajos, y después de haber recibido el pagamento, hízome el entrego de ellos; y yo, cargado de agujas falsas y de coplas de ciego, me fui a dormir al hospital.

* • •

Cosme Gómez Tejada de los Reyes: Noche Buena. Autos al nacimiento

�el Hijo de Dios. Madrid, por Pablo de Val, 1661. En las páginas 112-183 se

incluye el auto El soldado y de él tomamos el pasaje pertinente a partir de la página 149:

Sale Apetito vestido como ciego a lo gracioso, con 1m palo en !a mano, y arrimado arDeleyte, que le guia, y es

(9)

100 101

su moro. Apetito saque una giútarra. Deleyte Digo que no quiero ver,

un legajo de coplas. por no mirar vn demonio,

APET. Deleyte. preciado de rosicler,

DEL Señor. con sus guedejas, y moño,

APET. Deseo medio hombre, y medio muger.

que me cumplas los antojos, Por no ver sus ademanes

en quien la esperani;a empleo; del valor antiguo, mengua,

tu eres la luz ele mis ojos, por no ver vnos galanes

tu solo a quien amo, y veo. embueltos en tafetanes

La culpa me tiene assi, con espada, todos lengua.

p yo sus leyes adoro, Por no ver ".n idioton,

DEL ara seruirte nací, que con o¡os no se escusa,

APET. El tiempo pasado ll�ro, muy preciado de Maron,

en que no te conoci. que porque dió vista a Musa,

En tal desdicha me tienes, quiere assiento en Helicon.

que si tu no me mantienes, Por no ver vn majadero

rezelo morir de hambre, mas inmoble iue vna Maya,

y assi mi vita� estamb:e de honor tan axo, y ratero,

con tus conse¡os preu1enes. que porque no se le caya,

DEL Aunque pobre estas y ciego no osa quitarse el sombrero.

por m1, la verdad no niego Por no ver vn embidioso,

a lo . m�nos si me sigues, que dichas agenas mudan

y mJs intentos prosigues, tan infame, y malicioso,

cendras sustento, y sossiego. que pordue al otro saludan,

Ya no puedes traba¡ar, le muer e perro rabioso.

rcues passa tu vid� holgando,o me¡or es mendigar, Por no ver hazerse igual al discreto el presumido,

a veces canta rezando, por no ver vn oficial,

otras reza sin cantar. que mas gasta en vn vestido,

A1restas las coplas sone la vniuersal creacion, Por no ver vn Mercader que su trabajo, y caudal.

del estado de la gracia, en un año enriquezer,

de la Culpa, y la desgracia sin otra fee, que su tienda,

de Adam, y su redempcion. que por comrar más hazienda

Es la historia mas sabrosa se venderá a uzifer.

que se puede proponer Por no ver las luzes bellas

S assi es ganancia forc;:osa, �e vnas loquillas mujeres,

APET. i tanto se han de vender, f1xas, no errantes Estrellas;

compraré vida gloriosa. que en cintas, y en alfileres

DEL El dinero es en la tierra gastan más, que valen ellas.

deidad, que busco, y adoro Dame esto tantos enojos,

porque todo bien encierra; due por no ver la locura

no uene igual vn tesoro, e sus mundanos antojos,

que las desdichas destierra. me sacara, y es cordura

APET. Ay mayor comodidad, otras mil veces los ojos.

que ser ciego, si lo miras DEL Por mi estas en la Verdad,

aun con mayor cegued�d? oy, que a conocerla llego,

por no ver tantas menuras no me haze nouedad,

(10)

102 DEL APET. DEL APET. INTRODUCCIÓN Es ciego el que de amor muere,

y da su vista en despojos al Sol, que el alma le hiere, y llama luz de sus ojos a quien sacarselos quiere Es ciego todo ambicioso,

el gloton, el vsurero, el maldiciente, el tramposo, el descortés, el fullero, el auaro, el inuidioso. Es ciego, quien piedra iman

del amor gusta atraher hierros que muerte le dan, y el hombre que en su muger ve las galas, no el galan. Es ciego quien a Sl! amiga

otros amores atap, y en su cama los abriga:

ciego el que en otros la paja ve, no en sus o¡os la viga. Ciego, aunque Vhses me arguya,

quien el canto de Sirenas huye, si verlas no huya; cie<>o el que en casas· agenas ve las faltas, no en la suya. Ciego quien muger compuesta

Phemx de hermosura adora; ciego, q1�ien la deshonesta muger, s1rue y enamora, y juzga la suya honesta. Ciego quien a ver combida

trances de la agena suerte, la propria no preuenida; ciego quien no vee la muerte en si mismo, y en su vida. Ciego, quien tantas verdades

no vee deslumbrado al fuego, de idolillos, o deidades: y mas, que todos es ciego quien no vee estas ceguedades. Mira si importa cegar

para tantas cosas ver? No tengo, que desear. Aquí te puedes poner, que ya es tiempo de cantar. Imaginan vn eortento

c¡uantos estan en la pla1,a: has templado el instrumento? Templado esta.

INTRODUCCIÓN

DEL. Es linda tra1,a.

Va de musica, y de cuento.

Sube Apetito sobre una mesilla, toca la guitarra, y luego dize:

103

En este papel se cuenta vna admirable, y verdadera historia, que sucedió en el Paraíso terrenal: �e com? vn Capit:� se enamo;o de vn� donzella, y con falsas prome�as de f111g1dos bienes, engano a la bob1lla, la hizo su esclaua, y �aco de su t1er.ra. Cuencase �orno vn hermano suyo vino

a

libertarla,

y

los mmensos traba¡os, que padec10 en esta empresa. Es caso muy vtil y entreteni­ do, como se vera por su relacion, que es la que se sigue.

Canta a la guitarra en tono de ciego.

APETIT.

DEL.

Desde Poniente a Eleuante, hasta alla al Septentrion, con alta voz retumbante, es cosa justa, que cante vn caso de admiracion. En el Paraíso viuia

vna Dama muy hermosa, dotada en sabiduría, que su padre la tenia para ser de Dios esposa. Esta tenia vn hermano,

en todas letras sapiente, en seruir a Dios muy sano, autor del nombre Christiano, hijo del Omnipotente. En los Cielos enseño

el mancebo Theologia, y al Paraíso llego vn Capitan que cayo de la mayor Gerarquia. En sierpe se transformo

por engañar la donzella, vna mañana la vio, y assi como la miro, se encendio en amores della. Vencio, pues, su honestidad,

y capuuola cambien; mas guiso la Magestad de Dios, nacer en Belen, para darla libertad.

Y a bien puedes repartir papeles, y coger quartos, De quantos lfegan a oyr,

(11)

aunque son oyentes hartos, ninguno llega a pedir. APETIT. Ha vulgo nec10, y ratero!

quanto prouocas mis iras? porque tu aprouacion quiero? a ser coplas de mentiras, dieras aplauso, y dinero. DEL. Ea mortales, llegad:

Tu, Gentilismo, que esperas? Dize dentro el Gentilismo. GENTIL. Essas locuras dexad,

porque todas son quimeras, y creerlas, necedad.

DEL. El Gentilismo no sabe;

llegad, Pueblo Hebreo, vos, comprad la historia suaue. Dize dentro el ludaismo. lUDAIS. El dezir, que nace Dios

es vn escandalo graue. DEL. Hereges, que os deteneis?

porque encubris la aficion?

Dize dentro la Heregia.

HEREG. Esse caso no entendeis, oyd mi interpretacion, y despues le venciereis. DEL. Christiano, porque no lleuas

la historia, que te dio vida, parece que no la aprueuas, Dize dentro el Christianismo. CHRIST. Es historia muy sabida,

vendednos cosas mas nueuas.

DEL. M

Qi

mal despacho tenemos, APETIT. ue no puede ser heor; DEL. Pues Apetito, que aremos? APETIT. Deleyte, ya eres dolor,

que me reduces a estremos. Ciego, pobre, triste, esclauo

me hallo, aunque estoy contigo, siendo la deidad que. alabo; mas veo porque te sigo, DEL. Esto, mi amo, duro que en mis desdichas acabo.

DEL. APET!T. DEL.

lo que ha sido Dios seruido, escurrome, porque yo no siruo a quien impedido esca de gozarme.

No Te iras, ingrato, cruel, Busca otro Lazarillo, O traidor! o amigo infiel! Prenda de mi amor senzillo,

.ce dexo aqueste cordel.

Desciñese Deleyte vn cordel, y dasele a Apetito. APETIT. Y a mi desesperación

le acepta; Deleyte, aguarda, pagarete la intencion.

Va Apetito con el palo tras el Deleyte y huye. DEL. Palos de ciego, oste, guarda.

Tus estremos, llanto son.

• * *

Los Ciegos, tonadilla nueva a tres, del señor Mison. 1758. (En el libro de José Subirá: Tonadillas teatrales inéditas, Madrid, Tipografía de Archivos,

1932, págs. 32-33.)

En el interior del manuscrito musical se lee "Tonadilla entre eres Personas". Escas se designan bajo los nombres "Relación", "Gaceta" y "Diario", por referirse a cada una de las especialidades con que se ganaban la vida los respectivos ciegos ... No es aventurado suponer que la representación de esca obra corrió a cargo de Teresa Garrido, Catalina Pacheco y Diego Co­ ronado.

RELACIÓN.-Nueva relación y curioso romance, en que se da cuenta, idea clara, el caso más grande que ha sucedido entre un cochero, un tabernero, un paje, un arbañil, un peluquero, un sastre, un herrador, un carpintero, un escribano (¡zape!) con lo demás que verá quien la comprare.

GACETA.-Grandes novedades. La Gaceta. Libritos, estampas para aprender el arte de cocinar, a contar, sumar, restar, multiplicar, medio partir, partir por encero. La Gaceta. Grandes novedades.

DIARIO.-Diario económico, pro amico. Ventas, pérdidas o hallazgos; cosas curiosas que verá el que me dé dos cuartos; lo que yo no puedo aunque me den cuatro. Vengan, señores; le doy barato.

RELACIÓN. GACETA. DIARIO. RELACIÓN. ¡Relación! ¡Gaceta! ¡Diario!

(12)

106 GACETA. DIARIO. GACETA. RELACIÓN. GACETA. DIARIO. RELACIÓN. GACETA. DIARIO. RELACIÓN. GACETA. DIARIO. RELACIÓN. GACETA. DIARIO. RELACIÓN. Los TRES. INT RO DUCC I Ó N a veinticuatro de mayo, vivía Pedro Jiménez,

el que alborota los cascos. A la tola, la tola, la tola, que los estudiantes

dicen cola, cola.

A la tolo, la tolo, la tolo, que los estudiantes

dicen tolo, tolo. Haza allá ves gente Esto va muy malo. Vamos a otra parte. No se vende un cuarto. ¡Ah, chicos!

¿ Qué quieres? ¿Qué mandas?

Llegaos.

¿No se gana mucho? Nadita.

Na, nao. Decidme, ¿ cantais? Yo un poquito Yo algo.

Bien pues los dos cantemos. Pues vamos.

Pues vamos. y repetiremos.

iPues no? A eso estamos. lnfeliz amor mío

poco duraste, pues apenas naciste, te, te, te, te, te, te, cuando expiraste. Vaya un respingo, si es que no te se acuerda cuer, cuer, cuer, cuerda, desde el domingo.

* * *

Juan Ignacio González del Castillo: La casa de vecindad, primera parte.

Sainete escrito a fines del siglo XVIII. (En Obras completas, ed. Real Acade­

mia Española, 1914.) Simeón, el nuevo casero, dialoga con el ciego Andrés, pág. 155.

ANDRÉS. S!MEÓN. ANDRÉS.

¿Dónde está el casero nuevo? Aquí estoy en residencia, Diga usted q_ué se le ofrece. Darle a usted la enhorabuena. Por fin gobierna la casa

SIMEÓN. ANDRÉS. SIMEÓN. ANDRÉS. SIMEÓN. ANDRÉS. SIMEÓN. ANDRÉS. INT RO DUCC I Ó N un sujeto que nos pueda valer en algo.

Así es; como que tuve una mesa en las losas del Cabildo, y mientras duró la guerra manejaba de la escuadra toda la correspondencia.

¡Qué cosas sabrá usted! Yo confesaba a las solteras casadas y otras mujeres que no su¡:,e .lo que eran.

¡Válgame Dios!

Y por fin, i que se lleva ahora de venta? La cueva de san Patricio, el Trisagio, la Gaceta, la Ordenanza currutaca, y otras cuantas frioleras Me alegro

Don Simeón ordene usted cuanto quiera.

*

*

*

107

Juan Ignacio González del Castillo: El lugareño en Cádiz. Alrededor de 1800. (En Obras completas, tomo segundo, Madrid 1914.) En la escena prime­ ra hay un Ciego que canta:

CIEGO. "AJ?enas entró el marido

y advirtió que don Alberto hablaba con su mujer, cuando llamando a su negro, le mandó ensillar la jaca y entró respirando fuego"

(Pregona.) En dos cuartos el curioso romance de un caballero

natural de la Alpujarra, que mató por unos celos a su mujer, a su padre, a sus dos hijos, al perro, al gato, al mico y al loro sin otros muchos sucesos que verá el sabio lector ...

* * *

Antonio Ferrer del Río y Juan Pérez Calvo: El Ciego. (En: Los españoles pintados por sí mismos, Madrid 1844, tomo II, págs. 472-482.)

(13)

... Si el Ciego no es hombre leído ni escribido, nadie podrá negar que es hombre de letras y que una de sus principales misiones en este mundo en que nadie ve y todos caminan a tientas, es dar luces y quitar telarañas a muchos ojos, y que este privilegio lo tiene el Ciego es tan indudable como la verde mora posee el suyo de quitar la mancha de su sazonado fruto.

Desde luego y aunque no sea mas que un pregonar "Libritos para escri­

bir y notar cartas, memoriales y esquelas al uso moderno", que siempre es moderno desde que hay ciegos, difunde la ilustración, y gana la voluntad de tanto mocito, que al oír lo mucho que contiene un libro tan pequeño, lo com­ pra, diciendo: "Quién por tan poco dinero no se hace sabio".

Los niños acuden presurosos a comprarle cartillas, catones y gramáticas; los mozos de cordel, la historia de los doce Pares de Francia, las coplas de Calaínos, los siete infantes de Lara, Pedro Cadenas y Rosaura la de Trugillo; y de este modo notarás, lector, que el Ciego consigue establecer en cada esquina de las calles de la capital, una cátedra de historia y poesía, e infundir un amor a las bellas letras, que no hay momento del día en que no se encuentre un mozo que lea y muchos que con la boca abierta le escuchen. Por supuesto que todos estos libritos, historias y coplas, con otra porción de cosas raras y nunca vistas, las sabe el Ciego de memoria, con sus puntos y comas, prueba inequí­ voca de lo mucho que las ha oído leer y de lo mucho que gustan en nuestra tierra las cosas de Ciego ¡y habrá aún quien nos calumnie diciendo que no somos aficionado a la lectura!

También pregona su arte poética, y de que no debe tener tan mala venta y lograr famosos resultados en la ilustración, responda el inmenso número de poetas que cada día se dan al público, con una composicioncita a un ahorcado; la Calavera Fantástica y el Suicidio atroz. Conoce a fondo las reglas de la poesía, y con la guitarra en la mano es fuerte en la improvisación.

Pero como el que no ve las grandezas del orbe, no puede elevar mucho su inspiración, cuando quiere echar una copla a la joven que se encuentra en el balcón, toma puntos del lazarillo, de si es blanca, de si es rubia y si posible fuese de cómo se llama; y en conociendo algo de esto, por sabido se tiene la copla en que la llamará hermosa y buena moza, siquiera su cara sea una criba y su cuerpo el de un tonel.

Esta facilidad de improvisar, no sólo le vale dinero, sino que le granjea el aplauso y la admiración de todas las fregonas, que no viendo más allá de sus narices, y nariz de fregona siempre es chata, no comprenden como un Ciego vea y sepa tanto ...

• • •

Romancero general, o colección de romances castellanos anteriores al siglo XVIII, recogidos, ordenados, clasificados y anotados por Don Agustín Du­ rán. Tomo segundo. Madrid 1851. Advertencia:

Contiene el segundo volumen de esta mi obra, además de la conclusión

del Romancero de romances históricos, el interesantísimo de los Vulgares, in­ justamente despreciado de los poetas cultos que sólo atienden al arte. Sin em­ bargo de tal menosprecio, esta clase de romances es la verdaderamente popular aún hoy día, como lo era entonces la de los viejos y juglarescos. La de aqué­ llos es la continuación de la de éstos, pero de más alta expresión, porque el pueblo actual está más civilizado, y se diferencia menos de la buena sociedad, aunque no por eso ha dejado el gusto de las leyendas maravillosas, ingeniosas o heroicas que venden los ciegos todavía, compuestas en coplas y romances, o en prosa y en pocas hojas.

• • •

Ch. Davillier: L. Espagne. París, Librairie Hachette, 1874, págs. 728-731. L'étranger qui cherche le pittoresque a beaucoup a glaner dans les rues de Saragosse ...

Voici un romancero qui nous offre sa marchandise: "¿ Quién me lleva otro papel? -Qui m'achete une autre feuille?" Arretons- nous un instant devant son étalage, qui occupe un vaste pan de mur. Le romancero est un type espagnol par excellence: c'est le marchand de chansons, de canards, d'in:ia&es de sainteté; il'n'est guere de ville ou l'on n'en trouve quelques-uns. Celu1-c1 a un assortiment tres-varié des gravures coloriées représentant Notre-Dame del Pilar, ce qui ne l'empeche pas d'etrc bien assorti dans le genre profane. Voici d'abord une suite de gravures sur bois destinées aux enfams, telles que la Tier­ ra de Jaujá (le pays de Cocagne), toutes sorces d'Abecedarios, la Lotería re­ creativa, la Vida del Enano don Crispín (la Vie du nain Don Crispín), el Mun­ do al revés (le Monde retourné). Ces aleluyas sont imprimées sur une feuille infolio, et divisées d'ordinaire en quarante-huit compartiments qui forment autant de sujets. En voici d'autres qui représentent el Entierro del carnaval, El Judío Errante, qui n'est pas la légende populaire du Juif-Errant, mais l'abrégé du roman d'Eugene Sue; la Historia de Pablo y Virjinia; el Trovador; la Linda Magalones (la Belle Maguelone); Don Pedro el Cruel; Inés de Castro, cette histoire dont on fit au siecle dernier une parodie sous le titre d' Agnes de Chaillot; los Peligros (dangers) de Madrid; el Ejército español. Voici encare des Corridas de Toros y Novillos, la Historia de Cabrera, la Revolución de Ma­ drid, puis un bon nombre de caricatures ou les borrachos (ivrognes) sont fort malrraités. Les romances occupent une place importante; ils sont ordinaire­ ment de format in-octavo, et se vendent le meme prix: dos cuartos (dix cen­ times) le pliego, c'est-a-dire huit pages d'impression.- Les sujets sont tres­ variés: il y a d'abord le Cid Campeador, Carla-Maño, les Amantes de Teruel, et autres légendes du moye age. Enfin, toutes les "chroniques et légendes fran­ �aises et espagnoles, qui, dit l'auteur du Don Quichotte, passent de bouche en bouche, et que répetent les enfants au milieu des rues". Viennent ensuite les legendes contemporaines, ou les bandoleros, bandidos et contrabandistas ont une large part: on y retrouve des personnages que nous connaíssons déja, tels

(14)

110 INTRODUCCIÓN

que José María, Andrés Vázquez, Francisco Esteban et autres bandits célebres. A cote de leurs exploits guerriers, figurent quelquefois des enlevements et des scenes de jalousie: te! est le romance orné en tete d'un bois représentant un

bandolero emportant une femme en croupe, et soutenant contre son rival un combat au coutcau. Doré s'amusa

a

faire un croquis de ce duel équestre

a

la

navaja. A coté des brigands, figurent quelques femmes célebres par leurs hauts faits, ou plutot par leurs méfaits, comme Juana la Valerosa, Margarita Cisneros, etc.

N'oublions pas les Estudiantinas, couplets dédiés au bello sexo, et toutes sorces de caricatures sur les étudiants commc la Vida del estudiant Borrascas, oi:1 l'on voit ce futur savant faire bouillir le chat de son hotesse, mettre de l'amadou dans l'oreille d'un ane, soutirer le vin du posadero, et recevoir des coups de bacon pendant qu'il donne une sérénade sous un balcon. Les chan­ sons andalouses sont extremement nombreuses; plusieurs sont populaires dans toute l'Espagne, comme las Ligas de mi Morena (les Jarretieres de ma brune), - el Calesero andaluz, - el Capeador de toros, - la Pepiya, ou Dame tu pico, paloma (Donnemoi ton bec, ma colombe), la Flor de la Canela, -las Ventas de Cárdenas, - los Toros del Puerto, - el Jaque, - el Baratero Zeviyano, etc. Viennent ensuite les caricatures et les satires dont les Andalous font les frais, et ou ils sont invariablement représentés comme des bravaches, fanfarons, matamores, etc.; par exemple el Matón (le Fier-a-bras) de Andalu­ cía, - el Tremendo (le Terrible), - el Valentón del Perchel (le Bravache du Perchel, - un fabourg de Malaga), - el León Andaluz, - la Vida del Va­ liente Manolito Gázquez de Andalucía, ou l'on raconte les exploits de ce Gas­ con de l'Espagne, qui ne le cedent en ríen a ceux du célebre M. de Crac. Il y a encare les chansons destinées a accompagner les danses, telles que les Coplas de Seguidillas, - le Tango americano, - les Habaneras, - el Cantor de las Hermosas (le Chanteur des belles), / les jotas, - la Gatatumba; puis une grande variété de sainetes, de tonadillas et d'entremeses. Si nous ajoutons

a

cette énumération quelques sujets d'actualité, quelques noels ou cantiques, et un assez bon nombre de pieces en catalan et en valencian, nous croirons avoir donné un tableau exact de l'imagerie populaire et de la litterature des rues, deux choses que tendent, du rest, a perdre chaque jour leur caractere nacional, et qui finiront par dispara1tre avant peu, comme les danses et les costumes.

• • •

Cecilio Navarro: El ciego. (En: Los hombres españoles, americanos y lusi­

tanos pintados por sí mismos, Barcelona s. a. [1881], tomo I, págs. 730-744.) ... Dícese que los ciegos, á fuerza de observación y ejercicio, suelen suplir, en lo posible, el sentido que les falta con las sobras de los demás.

Y es cierto, á lo menos en cuanto al oído y al tacto. ¿No los habeis visto leer con los dedos?

También tienen otra compensación de órden mas elevado; y es una memoria

INTRODUCCIÓN 111

prodigiosa. Leedles un pliego entero de coplas, un par de veces ó tres, y ya se las saben de coro; pero si entre ellos hay un génio, y perdónesenos el modo de señalar, á ese le basta una sola audición para recitarlas al pié de la letra y con la canturía de gesta, que es el modo dórico del arte, y os interrumpirá dicien­ do como el otro: ¡Yo también soy pintor! esto es, ciego de romance.

Y con esto ya lo tenemos en escena.

Trae en una mano un garrote tamaño, especie de sentido tactil con que suple también el que le falta para no topar con los transeuntes, y es dificil que tope, no porque él huya de ellos, pues se va derecho al bulto, sino porque ellos huyen de él al aviso de un sentido que suele ser bastante duro. tos:

Y en la otra mano trae, segun los va pregonando todos estos documen-Relación y curioso romance del Guapo Francisco Estéban.

Los Doce Pares de Francia. Historia de Pierres y Magalona. Los Amantes de Teruel.

Receta para conocer por el nombre el pié de que cojean las mujeres. Las Tentaciones de San Antonio Abad.

Trovas de un novio á su novia.

Modo honesto y cortés de escribir cartas. Milagros de San Vicente Ferrer.

Lo que han de hacer las doncellas desgraciadas para dejar de serlo. Libritos de cuentas ajustadas.

El paso que acaba de pasar ahora entre un amante y su manceba. Los gozos de San José.

La carta que escribe un reo en capilla á sus padres. Cartillas y silabarios.

Villancicos para la noche de Na vi dad.

Si se ayuda ó no el ciego con sus sentidos supletorios, no hay mas que observar el acierto con que sirve los pedidos, sin que le suceda nunca el quid

pro quo de dar milagros por tentaciones, ni siquiera pares por nones. Dirían que no es ciego, ó un ciego que vé por otra parte. Y es el tacto.

Y él mismo lo certifica. -Usted es tan ciego como yo. -No, hija mia; no veo gota.

-Pues, ¿cómo atina usted con mi romance? -Porque sé tentar.

También sabe de memoria todas las historias, trovas y romances que lleva, y de memoria los recita en calles y plazas sin equivocación sustancial en el fondo, ni métrica en la forma; pues teniendo barruntos de poeta, sabe coger al vuelo un asonante y mucho mas un ripio, cuando hay alguna fuga de pa­ labras en el original ó mejor dicho en la copia.

Con esto, son interminables sus parlamentos, de tal manera que antes se cansan los romances y se le acaban huyendo de las suyas á otras manos, que el hilo de su poeta! costura.

(15)

Hay que conceder que no recita del todo mal, como sea ciego de carrera, digámoslo así, pues tiene mucha intención para hacer resaltar la del autor, especialmente si el asunto es maligno ó picaresco.

Con esta gracia, aunque ya de segunda mano, hace reir á su auditorio,

compuesto siempre de personajes dignos ó condignos, entre los que son partes

obligadas, el mozo de quintas, el mozo de cordel, la moza de cántaro, la moza

del partido y demás mozas y mozos ejusden f urf uris.

La hilaridad del auditorio llega á su grado máximo, cuando toca el turno de relacion á la curiosa Receta para conocer por el nombre á las mujeres, alu­ diendo por casualidad á alRuna homónima de las circunstantes.

No te fíes de las Juanas Pues son como las Ineses Las que son como las Libias Tan libianas, como infieles.

"Las Marías son celosas, Callejeras las Luisas, Muy alegres las Malenas Y santurronas las Brígidas."

Y así ó como así continúa pasando revista de policía á todas las mujeres, o sea á sus nombres de pila, para dar á conocer al público el píe de que cojean. No hay para que decir cuanto celebran las ah.1didas verse públicamente

retratadas, ni menos cuantas recetas despacha el ciego, sin interrumpir una

relación tan sabrosa como productiva.

Cuando oye en los coloquios del corro, algun nombre de mujer que no tiene en su santoral, lo suple de proprio marte endilgando un impromptu, no indigno del escabeche original; sin que tema abusar de este recurso, teniendo en su favor todas las licencias poéticas, por parte de las musas, y todas las morales por parte de las demás mozas.

-Práxedes, tú no estás en el calendario del ciego. -Sí que está.

-Pues, ¿cómo no me mienta usted?

-Sí, hija, te mentí ya, y ahora te volvere á mentar.

Y la mienta metiéndola en el molde de sus coplas, que admite como ripios todos los nombres femeninos.

-¿Dice usted, -interpela una resuelta,- que las Luisas son celosas? -Las Marías.

-Y yo, ¿qué soy? -Tú lo dirás. -¡Vaya una gracia!

-Quiero decir que he de saber antes tu nombre.

-Susana.

INTRODUCCIÓN 113

-¡Ah! ¡Susana!. .. Pues, Susana, tu eres un gran ... pícara.

Y echa por lo vedado sin agravio de la interesada y con plácemes y

car-cajadas del vulgo. .

Y á propósito asegunda con una copla que se saca como del bolsillo:

"Las Susanas son de todo Menos honestas ú castas, Pues tan solo hubo una buena Y ya se perdió la casta."

Con todo eso, el ciego de romances no es el poeta del gremio; el poeta de los ciegos es el músico. . , . .

Ni podía ser otra cosa: la música y 1� poesia vienen siendo �ermanas

desde que les parió su madre; y no les es lícito renegar de s�1 fratermdad por cuestión de ojos: cada cual vé lo que puede y no lo que qmere. .

El ciego tiene especialísima aptitud para la música, el que la nene por supuesto, que no todos los ciegos est_án org�nizados Pª:ª l?s tonos, �unque sean ciegos, cualidad que no es la aptitud mism�. Le es mdiferente el mstru mento, pues así toma el violín, el violon ó la guitarra, como la embocadura a la flauta, y así rasca ó puntea como sopla. . .

Y ¿por qué es músico el ciego con e�a especi�h?ad?

Lo ignoramos y confesamos nuestra ignorancia mgenua�e?-te. Sabemos que es poeta, porque es músico; pero no sabemos porque es mus1co, como no

sea por ser poeta. . .

Bien pudiera ser que la necesidad de estar siempre dentro de si en e�a soledad que engendran siempre las tinieblas, engendre á su v_e�, esa otra necesi­ dad de salir fuera, sea siquiera por los tonos, y que la prec1S1on _de aguza: un sentido, adelgace el oido hasta dejarlo finísimo. Con esto tendna ya el ciego

aptitudes especiales. . , . .

Sea de ello lo que quiera, el ciego de la musica se pierde en la noche �e los tiempos, y de las ciudades también: y, armado de su ii:strumento, favor_eci­

do por su musa, que debe ser la décima, y ?ien o mal gmado por su lazanllo,

viene tañendo y cantando hasta nuestros dia�. . . .

Con sus tonos y sus coplas viene tamb1en este ciego s1gmendo los ad�­ lantos y corrientes de los tiempos y por reducirnos á épo�a y teatro c�noci­ dos desde el hermano Paulo, antiguo apóstol del Lavap1és, hasta Penco el ciego, hay un movimiento de progreso, sino_ polític?, grosero, como progreso al fin ciego, que no pueden negar los que tienen o¡o�.

Dentro de este período, que abarca algunos siglos, son etapas de ese

itmerano:

Las Siete Palabras de Cristo. Los Salmos penitenciales. La Pasion.

El Pan Celestial. Los Pastores de Belen.

(16)

114 INTRODUCCIÓN Requiebros á la Reina de los Angeles. Gozos y dolores de la Vírgen María. Loa del Santo Oficio.

Cántigas piadosas.

El alma enamorada de s1.1 esposo. Las Monjas de Santa Clara. Un fraile y una beata. El Rosario de la Aurora. Mambrú se fué á la guerra. Tonada de Juan Soldado. Seguidillas para danza. Coplitas al rey José. Vivan las caenas. El himno de Riego. Los Negros. El Trágala. Los Chapelgurris. Constitucion ó muerte. La Espada de Luchana El Espadon. Los Polacos. La Gorda. La Flaca. La Monja Milagrera. La Federal. Lo de Marras ...

Todas estas etapas de progreso ciego, por decirlo así, no son sino poe­

mas, compuestos por los trovadores del gremio y cantados en nuestras calles y

plazas al dulce son de una cascada guitarra, de un violin viejo ó de un violon nunca nuevo ...

• • •

Miguel de Unamuno: Paz en la guerra. Madrid, Espasa-Calpe, s. a. La

primera edición es de 1897. Pág. 27.

Pedro Antonio iba no pocas veces después de la tertulia a despertar a su hijo, que dormía con algún pliego de cordel ante la vista, y a hacerle que se acostara.

Hacía una temporada que le había dado a Ignacio con ardor por com­ prar en la plaza del Mercado, al ciego que los vendía, aquellos pl!egos d� lec­ tura, que sujetos con cañitas a unas cuerdas se ofrecían al cunoso; pliegos sueltos de cordel. Era la afición de moda entre los chicos, que los compraban y se los trocaban.

Aquellos pliegos encerraban la flor de la fantasía popular y de la

histo-INTRODUCCIÓN 115

ria; los había de historia sagrada, de cuentos orientales, de epopeyas �ed_ieva­ les, del ciclo carolingio, de libros de caballerías, de las más celebradas f1cc10nes de la literatura europea, de la crema de la leyenda patria, de hazañas de bandi­ dos, y de la guerra civil de los Siete Años. Eran el sedimento poético de los siglos, que después de h�ber nutrido los cantos y relat�s que han :onsolado de la vida a tantas generac10nes, rodando de boca en 01do y de 01do en boca, contados al amor de la lumbre, viven, por ministerio de los ciegos callejeros, en la fantasía, siempre verde, del pueblo.

Ignacio los leía soñoliento y sin entenderlos ape�as. Los 1e verso ca�sá­ banle pronto y todos tenían para él muchas palabras mentend1bles. Sus o¡os, para dormirse, repos_aba� a las veces e� alguno de l?s tos�?s grabado�. Pocas de aquellas legendarias figuras se le ptntaban con lineas f1¡as:

ª,

lo mas la de Judith levantando por el cabello la cab�za de Holofe�nes; Sanson atado a los pies de Dalila; Simbad en la cueva del gigante, y Aladmo explor��do la_ caver­ na con su lámpara maravillosa; Carlomagno y sus doce pares acuchillando turbantes, cotas y mallas de acero" en el campo en que corría la sangre como cuando está lloviendo; el gigantazo Fierabrás de Alejandría, "que era ui:ia torre de huesos", y que a nadie tuvo miedo, inclinando su cabezota en la yila bau­ tismal; Oliveros de Castilla, vestido ya de negro, ya de blanco o ro¡o, con el brazo ensangrentado hasta el codo y mirando desde la plaza del torneo a la hija del rey de Inglaterra; Artús de Algarbe peleando con

e!

monstruo de bra­ zos de lagarto, alas de murciélago y lengua de carbón; P1erres de Provenza huyendo con la hermosa Magalona a las grupas del caball<;>; �lores, el 11!-ºro, llevando de la mano a la playa y mirando a Blancaflor, la cnsuana, que mira al suelo; Genoveva de Bravante, semidesnuda y acurrucada en la cueva con su hijito, junto a la Cierva; el cadáver del Cid Ruy Díaz de Vivar,. el Castella7:c:, acuchillando al judío que osó tocarle la barba; José María deteruendo una dili­ gencia en las fragosidades de Sierra Morena; las grullas llevando a Bertoldo por el aire y sobre todo esto, Cabrera, Cabrera a caballo con su flotante capa blanca.

Estas visiones vivas, fragmento de lo que leía en los pliegos y veía en sus grabados, se dibujaban en su mente con indecisos contornos, y j�nto a el\as, resonábanle nombres estraños como Valdovinos, Roldán, Flonpes, Og1er, Brutamonte, Ferragut. Aquel mundo de violento claroscuro, lleno de so!11bras que no paran un momento, más vivo cuanto más vago, de�c�ndía silenc10so y confuso como una niebla, a reposar en el lecho de su espmtu para tomar en éste carne de sueños e iba enterrándose en su alma sin él darse de ello cuenta. Y desde el fondo del olvido le resurgía en sueños un mundo, mientras solo, sentado allí, acurrucado y caliente en la tranquila confitería de su padre, dor­ mitaba al runrún de la tertulia. Era un mundo rudo y tierno a la vez, de caballeros que lloran y matan, con corazones de cera para el amor y de hierro para la pelea, que corren aventuras entre oraciones y estocadas; mund_o de hermosas princesas que sacan de la prisión a aventureros apenas entrevistos, amados; de gigantes que se bautizan; de bandidos generosos que, encomen­ dándose a la Virgen, roban a los ricos la limosna de los pobres; mundo en que

(17)

se codeaban Sansón, Simbad, Roldán, el Cid y José María, y como último eslabón de aquella cadena de héroes, sellando la realidad de aquella vida, Ca­ brera, Cabrera exclamando, al salir de su juventud turbulenta, que habría de hacer ruido en el mundo, revolviéndose como una hiena, rugiendo como un león, arrancándose los pelos y jurando sangre mientras llamaba a voces a due­ lo singular al general Nogueras, por haber fusilado a su pobre madre ¡de se­ senta años! Cabrera corriendo de victoria en victoria hasta caer extenuado. Y este hombre vivía, le habían visto Gambelu y Pedro Antonio con sus ojos, y era a la vez un hombre de carne y hueso, un héroe de otro mundo, un Cid vivo que había de volver el mejor día con su caballo, para resucitar el mundo encantado del heroísmo, en que la ficción se baña en realidad y en que las sombras viven.

Íbase Ignacio a dormir, y se dormía con él su mundo, y a la mañana siguiente, al salir a la frescura de la calle y a la luz del día, todas aquellas ficciones, aunque apagadas, teñían su alma, cantándole en silencio en ella.

Una noche vio los pliegos el tío Pascual al salir de la tern.ilia, y volvién­ dose a Pedro Antonio, le dijo:

-¡Quitale esos papeluchos, porque tienen de todo!

* • •

Impresiones y recuerdos de Julio Nombela. Tomo tercero. Madrid, Casa

editorial de "La Ultima Moda". Velázquez, 42, hotel. [Imprenta particular de "La Última Moda", 1910.] Páginas 64-68. Nombela, para hacer frente a unos pagos imprevistos, ha tenido que empeñar su capa:

Un cajista que trabajaba en la imprenta del Diario Español cuando yo formaba parte de la redacción de este periódico, y que pasó a prestar servicio en otra imprenta que se dedicaba a imprimir los llamados entonces romances de ciego, que según parece continúan ofreciendo buenas ganancias a los que los publican, me enteró de que en la calle de los Estudios vivía un ciego ya muy viejo, que vendiendo aquel género averiado de literatura callejera había hecho ahorros, de vendedor se había convertido en editor y se entendía con los vendedores de romances de toda España.

Cuando ocurría un crimen de los que ahora se llaman pasionales, o ad­ quiría fama algún bandido de los que recorrían los campos de Andalucía o las escabrosidades de las provincias de Burgos y Toledo; cuando se cometía algún robo con el correspondiente asesinato o era ajusticiado algún reo de importan­ cia, llamaba a uno de los dos o tres poetas que no tenían sobre qué caerse muertos y estaban a su devoción, les daba instrucciones detalladas respecto del romance que les encargaba, y si éste quedaba a su gusto, remtmeraba su traba­ jo con treinta o cuarenta reales.

En mi deseo de rescatar la capa del poder del prestamista, decidí escribir un romance como los que alguna que otra vez habían caído en mis manos cuando la criada que fue con mi familia a Almería los compraba y me pedía

que se los leyese. No recuerdo el asunto que elegí; seguramente fue muy te­ rrorífico, porque cuando me presenté al ciego, recomendado por el cajista y oyó la lectura del romance, lo aceptó de buen grado y me recompensó con el precio máximo, o sea con dos duros.

Lo que no he olvidado es el cuadro que se ofreció a mi vista cuando después de subir una estrecha y empinada escalera, llamé a la puerta de la guardilla donde habitaba el ciego.

Salió a mi encuentro una zagalona de diez o doce años a lo sumo, sucia, desgreñada, descalza, y al preguntarle si era allí donde vivía el Sr. Mateo, me dijo con mucho desparpajo:

-Aquí es ... ¿ Qué se le ofrece a usted? -Desearía verle.

Volviéndose hacia el fondo de la gran pieza aguardillada a que daba ac­ ceso la puerta, gritó:

-Abuelo ... despiértese usted, que está aquí un joven que quiere verle. A favor de la débil luz que penetraba por una ventana entornada, aperci­ bí en uno de los ángulos del guardillón un tablado con un jergón y lo menos un par de colchones, sobre los que estaba tendido a la larga un hombre que se incorporó, mostrando un corpachón y un rostro de facciones abultadas, natu­ ralmente sin expresión, coronado por una recia cabellera blanca.

Después de desperezarse y de gruñir a la muchacha porque le había des­ pertado en lo mejor del sueño, con voz mal humorada me preguntó el objeto de mi visita a aquella hora intempestiva.

Cuando se lo expliqué, no sin indicarle antes quien me recomendaba a él, se mostró menos uraño y me dijo en tono sentencioso:

-No crea usted que es cosa fácil enjaretar romances como los que se arrebata la gente de las manos de los que los venden. Pero en fin, nada se pierde con oir el que usted ha hecho de prueba. Léamele despacio para que me entere, y yo le diré a usted si ha perdido el tiempo o me quedo con él por ser de mi gusto.

Mi fácil éxito fue completo, como he dicho antes. -¿Es el primero que ha hecho usted? -me preguntó. -Sí, señor.

-Pues ha dado usted en el clavo, y si me trae usted algunos más como este, que voy a mandar a la imprenta enseguida, se los compraré. Hay que echar una mano a los mozos de provecho.

Prometí complacerle, y como le manifesté que si él me indicaba algunos asuntos, dada su experiencia serían mucho mejores que los que yo podía in­ ventar.

. -Hombre, s� -me dijo-. Tengo agotados algunos romances muy

an-uguos que en su tiempo llamaron mucho la atención. Haciéndolos de nuevo se venderán como pan bendito, porque digan lo que quieran, en esto de ro­ mances ninguno ha llegado a echar la pata a los viejos. Pero como no lo pon­ drá usted todo, esos de rehecho no se los pagaré más que a treinta reales.

Figure

Actualización...

Referencias

Related subjects :