Fox%2c Marcelo. Invitación a La Masacre

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. ©.

1965 by FALSO liBRERO EDITOR ,

Slf ha hechó el dép6si"? que previene la ley 11.723' ' Printed in: Argentina

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MARCELOFOX

INVITACION

.

,A

LA MASACRE

( J

963)

FALBO liBRERO EDITOR 1

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Es hora de morir: Tod'? se acaba. El víento,sopla como siempre y yó, espero. J,.a guillotina caerá lúcióa y exacta. La basura ~e elimina. A mí me eliminan. No. No debo aceptar las" axio1ogías de !os fis,c~es. De la ~~ltitud que me condena tr~tando de ·e:q)lar a través de un mocente el peso de sus propias culpas. Debo m~tenenne fume. No gritar. No dárse contra las pa· redes. No pedir piedad. Ellos Jos otros ~on l9s que

merecen

la cámara ~e gas. No yo. Qilise despertarlos. Quise destruirlos y han terminado por ser mis verdugos. Son débiles y estúpidos pero son muChos. He ahi toda su ventaja. Su superioridad. Su fuerza. Ser muchos. Se amontonan en los colectivos. Se arrodi· llan en las iglesias. Comen. Duermen. Emiten sonidos incohe· reptes. Juzgan. IgnoraD.. Aplastan todo aquello que amenace matizar el gris uriiforme en que habitan . .Siempre en manada. Síempr,~ iguales. Yo nb, quise seguir dando vueltas a la noria y voy a pagar

la

rebeHon con la vida':' Es lo normal. No vacilan cu'a~do dé defender su ,mediocridad se trata. Lbs sistemas y las generacjon'es pasan. En los cementerios se acumulan los muertos. De vez ,en cuand9 una guerra o un profeta alteran la superficie

y

paréce que 'algo va a cambiar. Nada cambia. Después vuelve el silencio. Las acumulaciones de ladril}.os.

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veces lamento no líaber podidó sef;uir siendo como los otros. Seguir trabajando. Hablando del.tiempo. Casarme. Tener hijos. Ir los domingos a misa.

bilarme y esper!,lr la muerte tomando _el sol en alguna placita. Morir por fin confortado con los

auxi-lios d,e Ia.santa religión y desaparecer rápido en el olvido. Qebo estrangular estos pensamientos. Yo soy distinto. Yo debo sér distinto.-Yo.quiero ser distinto nasta el fin. Mentira. La libertad no existe. To~o está determinado desde siempre. ,Los

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najes giran exacto.s y aceitados. Soy perjudicial. Me arrojan a las cloacas. Tengo -miedo_

Un día tecleando en la máquina de escribir él mundo voló por los aires. Me pregunté por qué bajaba y subía los dedos estam-pando cifras y palabras incomprensibles. Qué era eso que me rodeaba. Quién era

yo.

Fui al ,baño. Me lavé la cara furiosa-mente. La sensación de ausencia absoluta continuó. Esperé la hora de salida. Todos estaban muertos. Solamente yo vivía. Lo supe. Era Dios. Nadie abajo. Ni arriba. Ni a los costados. Iban a pagar el ser tan idiotas. Les haría sentir mi poder. Compré un cuchillo. Una sevillana. En el cuarto del hotel apretaba el botón y cerraba la hoja, Cerraba la hoja y apretaba el botón. Clik. Ciak. Clik. Pasru· a la acción. Salí a la calle. No había lu~ar 'para la duda. Tenía que cumplir mi\ misión. Tomé un colectivo hacia cualquier lado. Ya en los suburbios caminé a lo largo de un patedón. Hundí la hoja en una espalda. Iban a producirse conmociones. Gentes perdidas en la sucesión inter-minable de días idénticos abandonarían el letargo. Viudas llo-_rando el resto de sus vidas. Huérfanos pidiendo pan' de puerta

en puerta. Exageraba los cuadros de luto y angustia y el gozo era mayor. Nada ya podía detenerme. Antes de ir a dormir clavé el pu:fial justiciero una vez más. Era rubia. Tenía ojos verdes que miraron buscando una explicación. Quis;era haberle explicado. Que comprendiera que actuaba por amor al Homqre. Para despertar las conciencias. Para anunciar la llegada del Mesías. Tuve que huir. Me llevé a la boca la mano salpicada de sangre fresca. Nos podríamos ;haber amado si no fuera de noche. Si la humanidad no hubiera muerto hace muc}lo junto con los dioses. Mentira. No me hubiera amado. Como todos se hab~ía reído de ¡ni aBofeteándomé. Soy feo y sucio.

Pronto moriré y dejaré de mancillar la tierra con mi presencia abyecta. No. Eso es lo que ellos piensan. Lo_ que quieren que yo piense. Es al revés. Cuando sea ejecutado el mundo qued:trá sumido definitivamente en las sombras de la cotidianeidad y el olvido. Ya no más ~peranzas. Cortarán el último vínculo con la Trascendencia. Nadie volverá a traer el Mensaje que yo portaba. Tierra al condenarme te condenas. Me hundes y te hundes perdiéndote en el exilio. Quizá sea mi venganza eso

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mismo. Todos en la oscuridad y ni siquiera lo sabrán. Es para destornillarse de risa. Tengo miedo. Dios tiene miedo. Temblad. Contemplo el futuro y río. Pobres. Me dan lástima. Si hubiera tenido la fortuna de controlar cohetes con carga.atómica habrfa libertado sin vacilar !!la humanidad del sonido y la furia. Basta de sufrir. Basta de arrastrarse. Que los ángeles U 235 limpien la Tierra. Estoy cansado. Mañana a la fría luz del alba me conducirán al patíbulo mientras los parch~ suenen acompasa· damente. Todo será silencio y recogimiento. Rechazaré a los sacerdotes de las variadas sectas que me querrán dar auxilio en la hora postrera. Dios no precisa consuelos. Dios muere y resucita más glorioso aún. Que se preparen los que lo han perseguido. Que se preparen los que han dudado de su divini· dad. Irán sin excepción al crematorio. Porque Su palabra nunca dicha no ha sido· escuchada. 'Porque fue ejecutado vandálica-mente por hacer el Mal es decir el Bien es decir lo Justo. Al día

s~guiente

leí los diarios. Se hablaba media' página de la obra de mi navaja: Alegría. Alegría. El Mensaje resuena en los ámbitos. El ejemplo será seguido por otros en cantidades cada vez mayores. El Reino de la Libertad estaba cerca. Todos muer-tos. Todos libres. Después me di cuenta. Nadie interpretaba el sentido trascendental de las inmolaciones. Pensaron que era la obla de un loco. De un maniático homicida. Qué hacer. Seguir. Seguir. Continuar hasta el fin la tarea de revulsar de concien-cias. Compré un libro sobre explosivos. Compré dinamita en el mercado negro. Volaron el mismo dia un subterráneo. Un banco. Una iglesia. Un transatlántico. Gloria. Gloria a mí el Salvador. Gloria. La noticia conmovió al mundo. Doscientos comunistas fueron fusilados. No. Eso no. No tienen derecho. Fui yo. Fui yo quien provoc6 las catástrofes para restaurar la mem01ia. Para despertar a los hombres del hundimiento sistemático. Mandé cartas a los diarios relatando la Verdad. No fueron publicadas. Creían que era un chiste. Creyeron cualquier cosa. Creyeron. Creyeron.

Y yo. Y yo. No. No era posible. Yo Luzbel empañado en mi grandeza. N o cejar. , Perseverar en la brecha. Estoy cnn.sado. Basta. Dormir. Pero no. No puedo desertar. Las pagarán. Se olvidaron de todo al poco

tim:upo.

Tener bombas H. Las

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capi-tales ardiendo. Los.cuerpos carcomiaos. Los esqueleto~blancos. El Vacío. El Silencio. El Sol.

Los malditQs continuaban reproduciéndose como si nada pasa· ra. Reían. Bailaban. Oprimían botones. Morían en la Ausencia. Me niego a aceptarlo. Nunca. No. Pero de qué forma~ Cómo hacer que comprendieran. Nuevas bombas. Más comunistas ahorcad-os. Y nada. Nada. Estoy agotado. Es inútil. Pero seguir. Saguír hasta el fin. El Fin és el Principio. La Muerte es la Vida. El-Sufrimiento es el Gozo. El Odio es el Amor. Dinamité un dique.< Gente huyendo. Gritando. Viviendo. Exi~tiendo real· mente. Cadáveres de los ahogados. Devastación. Hambre. Peste. Arrasamiento. Llegaron aviones con cruces rojas

y

máquinas topadoras y destrqyeron la destrucción restaurando' la aburrida monotonía ~nterior. Qué falta de sentido estético. Sólo son be-llas las estatuas rotas. Las paredes descascaradas. Los rostros horadados por la lepra. Las· c!udades después del saqueo. Qué hermosa es la Muerte. Qué hennosa. Y pensar que el nivel de la much,edumbre no rebasa las calcomanías y los claros del luna. Son incapaces de intuir la Trascendentalidad. El reflejo de la agónica lucha-del Ser con la Nada en las co~as que se derrum-ban. Más izquierdistas fueron enviJldos a la guillotina. El aisla-miento continúa. La incomprensión aumenta. El desaliento ahoga. Los diarios siguen sin publicar las explicaciones que les envío del Mensaje objetivado en,nús actos. Cambiar de método. Guerra bacteriológica a la imbecilidad. Crié virus de potentes plagas .. Eri los caldos de cultivo las pequeñas bestezuelas ale-gremente· retozaban engordando a ojos -vistas. Asi lo podía observar con el microscopio. Ahora. A las fábricas de productos alimenticios. A p.ulverizar el aire. A infectar las aguas. Millones de muertQs. Carretas cargadas de cuerpos exánimes. Estado de Sitio. Humo incesante de los hornos crematoriós. Terror en los rostros. Eso sí que erk Vida Auténtica.

Pero del otro lado del mar todo seguía igual. -El Mensaje no era (lscuchado aún. Siempre la falta de megatones. Quién fuera Dios para acabar con esta repetición absurda. <iluién fuera Sata-nás para al menos _luqhar con éxito en poner coto a la irracio-nalidad de la racionalídad que nos aelasta. Me al:turre y me asquea .Ja idea del cielo. Que se quede Jehová con sus angelitos

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de az~car

y

sus nubes de mazapán. Si existe el infierno yo quiero ir allí a gozar de las delicias del ~ego junto a los rebel-des. A los asesinos. A los que dijeron No al chantaje. Mi divisa. Odia a tu prójimo como a ti mismo.

Los

comunistas continuaban rellenando las fosas comunes. Los obreros-eran exterminados metódicamente. El Hambre y la Pes-te había1;1 imperado un tiempo. A1go es algo. Pero yo quería el Todo .. El Cambio. El Gran Caml:lio. El Brillo del Sol Negro macerando las costras del planeta. El Vómito ,Infinito Redentor libertando a los Angeles' de Lava de sus prisiones ~ubterráneas. Basta de reformismo. Revolución .. Las pestes sembradas, pasa-ron. Las cosechas· crecieron otra vez. El populacho volvió a

vocif~rar. A canta~. Las hembras tercamente continuaron

pa-riendo. Horro.r;. Es imposible contra ellos.

Fui a la comisaría más próxima ·a mi domicilio. Era el último' recurso. El ·Mensajevdebfa ser entendido de una vez por todas. Entonces comenzaría la Comprensión y con ella el suicidio co-lf:lctivo y la pesadilla de la vida se disolvería.

Al

principio no creyeron la amplm confesión que les hice pero al revisar mi guarida encontraron las pruebas confumatorias de la veracidad dé lo oido, Que. alivio. La labor no habría sido estéril.

Me equivoqué. Me ejecutarán en secreto. Usaron las catás-trofes como pretexto para ,sppr_imir a los o.positores

y

ahora no pueden decir la Verdad. ,Fracasé hasta el fondo. Los úteros vencieron otra v'ez.

E;n vano sacudo

y

muerdo los barrotes. Ha amanecido. El estú-pido sol amarillo comienza a alumbrar nuev~~nte las estériles

geómetrías de los hombres. Oi~o los pasos de los que vienen a llevarme al patíbulo. Todo inutil. Los robots sigu.en sordos

y

ciegos su marcha hacia

ningún

Iaao. No serán ya redimidos pero atmque lo supieran no le darfan importancia. Abren la puerta. Comprendan. Aguarden. Yo lo lúce por

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Dicen .que soy .aliyecfo. El -~ás repugnante de todos. Que pien-s,en como qwe;an los que aún ti~nen cobardes ideales bum.anis-. t~ y ,e1;1diosan a\. hombre en de~medro del Creador. Los que qui~~y:O, enqegmtps jltad<f?, de p.if1S.Y manos al bolcheviquismo no .pérmitiéndohos actUar .libreJtente contra esa peste

ontoló-gi~ q1,1~ <:b:a.t~,#lf. destnpr..¡:~l

.. mundo. Ya.let.llt;gará, támpién

~

ello~ •. por I,Il'\lleciT~s la nora de .marchar al crematorio. Cumplo.

I\efili:!o.

wi,

r,o ..

fn!egr¿:m~n~e

..

-~stoy m~

. allá

d~}.'

paJ!Lprerfo

~acu~ .9.~

1

~?s, ?pa~i~~.as, injelectuales q1,1e

.;f{

extas~an ant~ ese

~aco de Huesos

y

excrementos que es en, s1 el1iomo hwnanitas aislado

'qé

lo .. j:rascénden,te.

Yo soy~tórturádpr. Por •. mLPor nosotros las bocas.se abren y

cqpfi~!\11 at~n,tadqs y ·fr~~taciones contra.Ja .transparencia. ¡;}el Se¡;. La.s fue~:¡;~s dct O~~p .recoge~!. las p¡llapras .~rancadas

CQIJ nuestras :tpanós y. eliminan 'los focos de infección puestos

.al

descubie~. Asi todp continúa 'inn¡óv.U. en el lugar que le co-qes:poñde dé.sde. si~rripré.· · 11 ' ' • •

Me leva1,1to a las

's

de la mañana. Toino el desayuno. Beso a mi espos~ y \i mis P,ijos. Y al trabajo. Llego al Comando Regional d~ Torturas _a .las '9 en punto. Comienw inmediatamente la

labor del día . .L{:l.O la lista de los nuevos y' le asigno a cada uno de ellos uno.,cle mis.,subalt~mos: Sigue después la rutina hani-tpal.

Las instalaciones que .integran nuestro edificio han sido conce-qi9-\is

c;om9

yna

'unid~d ,funcional de acuerdo a los principios de la arqwtectura contemporánea. Contamos con bares donde

en~~e _?¡¡¡a se~ión y otra aq¡dimos ~ descansar y cambiar

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sj.ones. Confortables cuarto~ para las tareas específicas de esta Institución. Oficfuas técnicas decoradas con telas· qúe llevan la firma de los mejores artistas de vanguardia del país.

Para abrir las condencias émpleamos métodos' clásicos y -taín-bién aquéllos que se fundan en los adelantos de la ciencia mo-derna. No puedo hablar de estos últimos aunque ganas no me faltan. Estoy orgulloso de haber inventado sistep1as realmente revolucionarios. Son secreto de estado. Podrían caer en poder de los ateos bolcheviques y ser usados en la persecución de sus fines inhurnános. Disponemos de todo lo necesario para cumplir nuesti'a labor. Picanas eléctricas y soplites de acetileno bendecidos por el Arzobispo de Temnis: fotros de .tortura.·Po-leas. Celdas electrificadas. Pinzas. Tenazas. Alambres. Látigos en infinita valiedad Acidos. Garfios. Y otras muchas cosas sobre l~s que debo guardar silencio. Estos implen;tentos sólo entran en contacto con la carne de los alojaaos en rluestras maZIQorras si falla la persuasión. Primero "tratamos de conven-cerlos por medios audiovisuales de las bondades del Régimen. De su equivocación al oponerse a la Luz que El encama. ~inal­ me~te les informamos que si se obstinan en persistir en el error no respondiendo a nuestras preguntas nos veríamos en la penosa obligación de tener que usar la coacción ,Para sacarlos de la oscuridad en que están sumidos y hacerlos colaborar. Ven que a los que no hablan se los azota con alambre de púa. Les son reventados los ojos y los testfculos. Enloquecen golpeándose la

ca~eza contra las paredes metidos en cuqrtos llenos de bichos. Saltan hasta morir al ritmo de los voltios. "Si el silencio conti-núa se pasa a la acción._ Hablan o caen. No hay otra alternativa. La experiencia y los años pasados en la Escuela de Oficiales Verdugos de la Nación nos orientan sobre qué método emplear según la edad. El sexo. La configuración metabóJ.ica. Un equipo de biopsicólogos cibernéticos nos ayuda con, rigurosidad cientí-fica a encontrar ·en cada caso el hombre a!Iecuado para el sqplició adecuado. Debe ser excluida la falsa imagen que pre-senta al Cuerpo de Torturadores como compuesto _por seres ·primitivos y desalmados. La biblioteca' de la institución está provista de

un

vasto repertorio de obras clásicas universalé.~. Alguno!; gustan de torturar escuchando a Bach -o Mozart. El nÚmero de éxitos que se alcanza es del 81.03-

"%.

Cifra que

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nuesb:o servicio. secreto afinna que es la más alta del Mundo Libre. No contarnos con datos ael·otro lado para confrontar. El 12:97

%

resta'?te ~stá compuesto en su mayor parte por

comunistas. Nuestro corazón late con fuerza cuando cae en nuestras manos uno de ellos. No nos encontramos frente a un obrero engañado o un· pequeño i-otelectual burgués idealista.

¡\.llí está el Enemigo. El Mal encarnado. Un adversario de nues~

tra talla. Una conciencia lúcida contra la cual luchar de jgual a igual. Todos se lo disputan hartos de. las claudicaciones habi-tuales. ~e cruzan apuestas sobre si será posible romper ese si-lencio. El 89.43

.%

no habla prefiriendo la muerte. Desprecia-rnos a los que hablan. No nos causa ninguna emoción pegarles

un tiro en el cráneo después de haberlos agotado. Nuestro res-peto y nuestro odio es para los que mueren en su ley. Cada fracaso aviva más los fmpetus de no fallar la próxima vez. Amamos de tQ.do corazón. el oficio que hemos elegido. Nos es imposible vivir sin su práctica continua. Aquellos que se jubilan vienen a menudo a recordar viejos tiempos. Presencian con me-lancolía largas horas las sesiones. Nosotrps les permitimos que partidpen en ellas sabiendo que algún día- estaremos en su

misma condición. Hay que ver cómo vuelven a relucir los ojos apagados. Como un hálito de juventud se extiende por los vie-jos cuerpos cuando-las manos retuercen un torniquete o dan contacto a la elechicidad. Tratamos de llegar al fondo- del Ser

con nuestros golpes. Unirnos con Dios en el frenesí y ·el odio. Conocer la esencia de la condición humana. Llenar nuestro va-cío de Absoluto. Digo que tratamos. Sólo la élite entre nosotros tiene tan altos fines. Para la generalidad esta es una tarea corno cualquier otra que brinda algunas complacencias de naturale;za no habitual. Para la élite no. Es un deber torturar. Contribuir a sa)var 1~ impoluticidad del Ser de la Nada que lo acecha tras los diversos rostros en _que se enmascara. Porque salv.ando el Ser de la Nada ya 90 es posible el Devenir que destruiría el Orden Perfecto en qt¡~e vivimos. Soy doctor en filosofía recibido en la Unj.versidad Católica Santo Tomás de Aquino. Mis estu-dios e investigaciones metafísicas me llevaron a elegir este puesto en _el mundo desde donde puedo ayudar a ~vítar la. ca-tásrrofe ontológica. antedicha. 'Nuestro suplicio es que nunca logramos la Palabra del Ser. Las bocas sangrantes sólo se abren para tar)amudear nombres o direcciones. t.os cuerpos mueren

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sin revelar su secreto. El Enigma del Todo lo esconden los Perfectos Hijos de la Nada. Los que no hablan. Los que nos torturan con su basto Silencio ocultándonos al Ser que en sí contienen. Ellos. Los comunistas son los verdaderos y únicos verdugos. Por su culpa sufrimos el vacío. Están alli duros. Fir-mes. Nosotros desesperados rascamos en ·la superficie inútilmen-te. El furor crece. Pero el furor es vano. Los voltios son vanos. Los alambres se quiebran contra 1a ausencia. L_uego viene el quedarse solos ante la carne exánime que hemos interrogado en vano. Entonces la noche voltea sus laberintos sobre nuestros cuerpos ahuecados. Muertos. La mayoría considera que fallar a veces es uno de los gajes del oficio. Están bloqueados para la trascendencia de las cosa9. No llegan a tocar el fondo de horror de la cuestión. Para la élite es distinto. Muy distinto. Fonnan este pequefio

grupo

de elegidos. De místicos de la. picana eléc-trica. Boris. Seminarista expulsado del seminario por satanismo. El-conde de WolH.-Arist6crata venido a menos: Torres. k quien echaron del Partiao Gomunista acusándolo de convertirse en delator ·policial. Renard. Poeta y literato que encontró a·nues-h'o lado SU·'.:erdadera vocación después ·de publicar sin éxito sus ·magnfficas

.e

incomprendidas Odas a la

Muerte.-Buscamos--la Esencialidad a-través <le-la destrucción. La Idea. La momentánea eternidad del caos .. El·fin·~e la angustia ·del Vacío. A la vez somos útiles a 1a sociedad. Como ya aíje nues-tros esfuerzos se unen a los ·de las jerarquía~ para· rp¡mtener el Orden y seguir conteniendo ·el Progre&o que no es nada más que otra arma diabólica con que el Enemigo quiere demo-ler qesde adentro las murallas de fa Ciu(4d de Dios. Sólo .eQ el Orden quizá se -logre algún día alcanzar la Luz. La ¡._uz s6le puede aqvenir en Occidente . .Somos hijos del Crepúsculo y herederos del AliSa. El Alba no vendrá amontonando hierro y

ladr~11qs como pretenden )os l?lasfemos- Hijos. de lá Noche. ·El AllJa caerá-como un relámpago en el moménto justo' y nos elevará hacia la Luz arrancándonos de esta marea turbia en que estamos- sumergidos. y las tinieblas que amenazan ahora al Sol serán· arrojadas a su propio abismo.

Los elegidos que sentimos el Llamado- del Ser jamás le vemos 20

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el rostro. Quiiá El nunca acceda a descender hasta seres tan miserables como los hombres y permanezca oculto para siem-pre. Esos destellos de Absoluto que confusamente percibimos entre los gritos y la sangre es lo que mantiene nuestra fe en el camino que hemos elegido y que es largo y duro. No s6lo tratamos de llegar al Ser. También intentamos llegar a las esen-cia~. La Esencia de la Abyecci6n o del Dolor o de la Locura. Por orden del Gran Benefactor los espectáculos

más

ontológicos son filmados para que El pueda vibrar al unísono de las pe-Hculas como lo hace en los momentos en que visita la casa y

se

entrega junto a nosotros al supremo arte que se practica aquí.

A veces creemos alcanzar algunas esencias pero en los momen-tos de lucidez nos carcome fa pregunta si no nos hemos dejado atrapar por alucinaciones producto de nuestras ansias de abis-mo. Cercanos a los límites del derrumbe nos torturamos unos a otros. Inútil Siempre inútil. Todo en vano. Dar la vida por ecos y sombras tal vez falsos. Y hay que seguir por el túnel sin conocer tregua torturándQnos al torturar. Cayenao cada vez

más en el fondo de los • propios huesos.

Nuestros pechos se agitan cuando traen a un comunista. Tam-bién se regocijan cuando nos ponen una mujer al alcance de las garras.

Quizá

llegaremos a nuestro Arquetipo. Al Misterio de la Vida y de la Muerte. Nuestro deseo es mucho más elevado que el de los otros que las poseen antes de torturarlas y des-pués. Vivas y muertas. No tiene comparaci6n. Las golpeamos con ternura. Con desesperación. Con amor. Sus alaridos nos arrullan como cuando nuestra madre cantaba canciones de cuna meciéndonos en sus brazos. En medio de la cólera queremo~

destruir al demonio que las habita y extravía a los hombres del camino de la redenci6n arrancándoles los ojos. Las lenguas. Los senos. Las orejas. Destrozando sus vaginas con hierros can-dentes. Abrazamos los cadáveres con furor. Cero. La comuni-caci6n es imposible. Otras .veces teneblos que torturar niños delante de sus padres para que éstos confiesen. Los cuerpecitos mutilados tampoco revelan su secreto. Días y días sin dormir. La obsesión por ese algo que siempre se escurre crece y crece. Nadie nos tiene compasi6n. Nadie nos comprende. Estamos

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solos. Definitivamente solos. Las pu~tas permanecen cerradas. Golpeamos. Aullamos. No hay respuesta. Seguir~mos. Hasta que Dios se apiade. Hasta gue nos muestre Su rostro.

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Yo soy comunista. Sí. El último. Parece una broma. Que me he vuelto loco. Tan luego yo comunista que los barri a todos de la faz del planeta. A veces las apariencias engañan. Pero cómo afirmar que es apariencia mi obra. Mi lucha basta el fin contra aquellos con los que digo identificarme. Qué es lo que falló. El plan era genial. Perfecto. Si fuera posible aniquilar la memoria. No. No es posible.

Iluminado por la clara luz del marxismo leninismo me afilié al Partido Comunista de mi patria y empecé a militar. Pegaba carteles. Pintaba paredes. Vendía bonos. Repartía vola-qtes. Iba a la cárcel y era torturado de vez en cuando, Golpeaba. Me golpeaban. Concurría a bailes organizagos para obtener fondos para las campañas financieras. Me alistaba .en brig~das que nnnéa partían para if a luchar a tal o cual nación agredida por los bárbaros imperialistas. No perdía oportunidad de firmar papeles por la paz. Contra la carestía de la vida. Pidiendo la libertad de los presos políticos de la Micronesia. Felici_!:ando al primer rrúnistro de la Unión de Repúblicas Socialistas So-viéticas al cumplir los 64 años. Alentando al glorioso ,partido hennano de Tongolandia en su lucha sin tl'egua en defensa de las libertades democráticas pisoteadas salvajemente por el ejér-cito de ocupación de los agresores yankis. Hada el ~mor exclu-sivamente con camaradas. Del sexo femenino claro está. Asi transcurría tranquilamente rrú vida entre una finna ·y otra:. Una paliza y otra. Una pintada y otra.

De pronto mi buena conciencia de abnegado luchador por la paz y el socialismo se desmoronó. Me cfi cuenta que lo que hacía no era suficiente. Que era mucho más que la cotidianei-.

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dad militante lo necesario para que se pusiera fin sobre el planeta al reino· de la Necesidad instaurando el de la Libertad.

La

situación estaba estancada. Poco a poco los dirigentes del campo socialista se vo~vían más y más conciliadores con los perfi.dos imperialistas. En vez de agudizarse las contradiccio-nes iban amortiguándose. Los pueblos bajo la garra de los capitalistas no se daban cuenta de su condición de esclavos de los monopolios adormecidos en el crecimiento confort posi· bilitado por el avance de la técnica. No. No podía continuar

e.~ta situación. Era Ilecesario cambiar de estrategia revolucio· naria ante la nueva realidad. Seguir usando las tácticas anti~ hubiera sido traicionar al espíritu siempre vivo y creador del marxismo leninismo. En mi país sucedía lo mismo que -en el resto de Occidente. Teníamos un gobierno burgués· de mano blanda que con artefactos cada vez más numerosos sobornaba el espíritu de rebeldía popular. El Partido era volcadCY pot

nefastas y crecientes corrientes liquidacionistas refonnistas ha-éia una linea política día a clia más amarilla.

Consideré mi deber volver a atizar el fuego de 'las contradiccio-nes tal como nos enseñan los clásicos del materialismo dialécti-co que hay que hacer para que sea posible el advenimiento de la dictadura del pmletariado. Basta de buenas relaciones entre los burgueses y e1 Partido. Puse unas cuantas decenas de bom-bas. Hospitales. Cuarteles. Orfanatos. Puentes. Ministerios. Igle-sias. Volaron por el aire. Los explosivos que me sobraron los 'introduje junto a unos ,planes falsificados de implacable

sub-versión en casa de un afto dirigente amigo a quien inmediata-mente delaté a la policía. Esta allanó su domicilio y los bur-gueses ante la magnitud del inesperado peligro que se imagina-ban correr comenzaron una fe,i'oz represión que trajo las res-puestas violentas de los camaradas que yo deseaba que se pro· dujeran. En los paredones blancos eran baleados de· a gruesas los comunistas. Ya ,serían vengados eso~ mártires del fascismo cuando reaccionando el pueblo se uniera alrededor de su plll,tido de vanguardia y tomando el poder levantara los paredones rojos donde exterminaríamos a los enemigos del ·Sol

La repercus~ón internacional de los acontecimientos fue favora-ble pues llevó a un cierto enfriamiento en las relaciones entre

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los bloques. Por la delación fui condecorado. y me dieron en agradecimiento un importante puesto en el servicio de repre-sión política. En la ceremonia en que se fue prendida la medalla e impuestos los grados yo reverltaba de risa interiormente. Si supieran los pobres infelices cómo los actos q_ue había provocado los llevaríar a su destrucción. Ascendí rápidamente por el celo puesto en las tareas encomendadas. Al cabo de unos pocos años me nombraron jefe de la repartición pues el puesto quedó imprevistamente vacante. A mi antece~or lo disgregaron los camaradas con una gn.nada. En su entierro pronuncié un feroz-discurso anticomunista en el que prometí ser el dpble de impla-cable que él con la barbarie. roja. Mi júbilo no tenía límites. Habían eliminado a esa bestia sanguinaria cebada con la sangre de los humildes. Perfeccioné la organización a mi mando y los métodos represivos por ella usados. Se abrían las bocas que tartamudeaban nombres de otros que abrían 'ti. su vez las bocas

que. Me sentfa un plasmador de la Historia. El 1más grande bolchevique vivo. Una nueva forma de hacer la Revo1uci6n empezaba a ponerse en marcha. Primero haría que reinase la faz negativa de la dialéctica social para qu.e luego la positivi-dad_ proletaria estallara desde dentro de ella y destruyéndola pusiera fin a la alienación burguesa con la instauración de las masas trabajadoras. en el gobierno.

Mis camaradas morían insultándome y escupiéndome en la cara. No podía expresarles cuánto los amaba. Qué dolor verlos apa-lear. Verlos agonizar con un balazo en e1 estómago. Hubiera querido acercarme a ellos. Explicarles. Que comprendieran. Pero nó había lugar para el desfallecimientp, La Revolución ante todo.

Me di cuenta que para alcanzar mis ocultos fines debía rebasar el marco de mi patria fundando un movimiento ultrareacciona-rio de carácter internacional capaz de producir la reacción que ,esperaba de los pueblos del mundo. Así como luego de

derro-tado el nazismo el socialismo se extendió hasta abarcar una tercera parte de la humanidad después de ser derrotado mi movimiento se extendería a ella entera. El mundo entonces

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comunista. Cuya divisa iba a ser. De cada uno según sus posi-bilidades. A cada uno según sus necesidades.

En el Occidente desesperado y carcomido mi doctrina de re-dención fue el clavo ardiente al que se .aferraron los burgueses fanáticamente y en q1ontón. Luego de tornar el poder en mi país mis disdpulos se apoderaron del gobierna efe ~s princi-pales naciones en donde aún subsistía el degenerado capitalis-mo. La doctrina sobre la que cabalgué hasta ser proclamado Emperador de Occidente era sólo una exasperación de "todas las reaccionarias anteriores manipuladas para fines propagan-dísticos con los últimos adelantos de la psicología de masas y el materialismo dialéctico. La humanidad marcha hacia la noche· roja impulsada por las irracionales fuerzas de la infraestmctura. No debemos dejarnos arrastrar. Somos Hombres. Libres here. cleros de Occidente. No robots. Amamos nuestro caos. Nuestros errores. Injusticias. Miserias. Grandezas. Este es nuestro clima. Hemos nacido y vivido en él. Podrán hablar de hormigueros estériles y perfectos. Podrán hablar del aumento de la produc-ción de yeso de Ucrania. Es inútil. Ya tenemos pulmones. No nos harán volver al mar. Lucharemos hasta el fin contra la unifonnidad monocromática que nos quieren imponer. A ellos. A ellos. A incendiar sus ciudaoes. A matarlos junto a sus muje-res y sus hijos. La sangre llama a la Rebelión sin Fronteras. La

sangre llama. Occidente responde. Sus vástagos ávidos de tinie-blas e Infinito asuelan las tierras extranjeras.

Aparentemente el cumplimiento de esta ideología era hacer dar a la Historia una vuelta de 1809. Yo pensaba al llevarla hasta sus últimas consecuencias prácticas que diera un giro de 3609. Es decir afinnar la marcha de la humanidad hacia el comunismo. Pero los comunistas se replegaban. No contesta-ban a las absurdas provocaciones y masacres de pueblos indefensos nada más que con golpes fallid~s y amenazas de guerra ~t6mica que nunca se animaron a cumplir. Retrocedían. Reqocedían ante el furor de las falanges nihilistas fanatizadas con la criminal y monstrUosa ideología por mi inventada. Los marxistas que quedaban en los países bajo nuestra férula eran exterminados sistemáticamente y a los del otro lado ya les Habíamos tomado algunos baluartes territoriales. Pero cuándo.

(21)

.Cn ...

állPO.r,eaccionar.ían.los camar~das del Kremlin. De Pek;ín. De Yu~oeslaVia. Cuándo reaccionarfan las masas para aplastar al caduco y envilecido Occidente cuyas huestes iban por doquier sembrando la muerte y el terror.

Un...ctt!rttifi.co,_ iuvt:utó_el f!.I"Jlla,.a."Eis.oluta .. Sin t~mor _a r.epresaliai y_a..era.ppsible barwr todQ Priente y dejar de él.nada más qu~

un~. ddga.Qa ca.pa_ de yidrjo.

Tr~té.de frenar el proyecto. ,N"o lo logré. Había. prendido de.-masiado mí prédica de acabar.,con la peste. bolchevique total-mente de la forma más rápida

y

eficaz que estuviera al alcance. El engendro puesto a funcionar rebasó los esquemas ·de su creación. Ya no pude controlarlo a pesar de la gran cantidad. de artimañas que:usé:para trablll'· su marcha lógica·.

Una;rnañana- sucedió lo inevitable. Los .electroimanes Tadiotb:. nicOS/..apuntaron-;a-..0,rient6l·y S. después ·nada\ quedaba ·deL Campo Socialista. Nada.no. Vidrio.

En.~l re{'t());ciel·.mundor•hubo:.gr.andes fiestaS'. Tedeums. Júbilo: El Malt..había .sido :vencido. Los- electroimanes--siempre-en guar.• dia~uidarian ... que ·su. derrota- fuera. etemat-Mientras ·los• fuegos. amficiales. coloreabaf1. alegremente la cámaJa•imperial

YO<

gemia sob:re-.,el Ieeho... golpeándome--la cab~za. conk.a ·Ios,.barrotes :de oro- y. ébano. ·-Alreáedor mio estaban esparcidas las fotos toma~

das por los radares visores de las ciudades·

y-..

praderas donde hasta hace muy poco construían y reían los forjadores de la Nueva Sociedad.

En Occidente no quedaba ni un comunista. Recorrí las prisio-nes. Los últimos habian sido inmolados ante mis estatuas para festejar el Triunfo. Horror. Mi culpa era tan enorme. Me rebasaba tanto que no podía ni sentirla ni abarcarla. Cómo definir mi profunda tenebrosidad con palabras. Con ideas. Yo el perpetuador de la Noche. El asesino del Sol. El marxicida. Pensé que quizá lo que pasaba era que esta faz de la dialéctica aún no era absolutaxpente negativa. Subsistfa un rojo sobre el planeta. Yo. Me suicidarfa. Entonces todo. sería absolutamente

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negro~y. recién podría estalla( Ia luz y acaoar con la pesadiUa , creada por

!nf.

Pero me detuve eón el .dedo ya 'en el gatillo y el cañ6n de la pistola apoyado en un ojo. Quizá-no. pasara n~da de eso. Quizá mis concepciones y planes habían ~ido eN6Qeos y .s61o había jugado en contra de mis verdaderas ideas desde el principio. Por lo tanto y& np era comunis~a.

t'J'

o había sid9 .nunca comu-nipta. Sino 16 completamente· inverso. Et piso se terminó -de abrir y en vano 'traté de no ser tragado. La d,ialéctíca. La I}ega-tividad, Las contradiccioneS.

Marx.

b.Js cuadros estadísticos. Los slog!lns. I:.as banderas rojas. Todas _mis• ilusio'ne~ flotando rotas en·un mar 'de absurdo qúe

se

las tragaba. Qué cansancio. Aún me ·quedaron energías para decidir no permitir que la humanidl!_d sufriera de la eterna cond~ná de tiniel;llas 11 que la había enlado yo. El Régimen qlJe fwtdé es demasiado sólido como pará caer algnna ·vez: Está basado en una nueva lógica estáti,ca e 'indestructible. La oportunidad hi~tórlca

qel

.comu-. nismo ha pasado. ·ya p.ada vale la peqa.

He hecho'enfocat'los electroWanes radiotónicos a 'lo"que resta del mundo. Pronto stf acabará todo. No habrá más alienaciones ..

M~ sufrimientos.,Ahora creo comprendet que el Reino de la Libertad es, el Rein9 del No Ser.·

:O

e las llanuras·- de crisfal. La-luna se contemplará el J>álido rostro por primera vez y por .e! resto de la eternidad lo ~odr4 seguir haciendo. Espacios silen-q,i6sos. Vacios. Congelados.

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No por favor. No aparten las miradas de est~s lineas porque las crean escritas por·· un degenerado. Concedan unos minutos de tregua. al odio y ellas¡ les explicarán la Verdad aunque, yo

ya no exista. Entonces me salvaré a gavés de sus conciencias.

La _muerte sería más soportable sabiendo que voy a ser resca-,tado ·a.posteriori No. Nunca nadie las leer,á. Estoy condenado.

Pero quizá. Escribo.

Porque ~stedes tienen que creerme. Deben -creerme. Yo nunca fui 'un ser vil y abyecto. Yo no. soy ese m_ónstruo que retratan con ferQcidad en ]a prensa amarilla. Ni el que las madres temen cuando aconsejan .. a sus:hijos huir de los extraños. Yo era un honrado, trabajador nocturno cuando la desgracia me ~ligi6 para cebarse. Antes había sido empleado de banco. Después me hi-ce sereno huyendo de las complicaciqnes. De la rutinaria mono-tonía de las oficinas: Paseando de noche por los pasillos- de la fábrica recitaba yersos a las máquinas silenciosas. Mi voz cundía por los ámbitos multiplicángpse en frag~entos de ~cos. Tenía novia. Era. Soy humano. No una bestia sedienta d.e niños.

~ura no me abandones después de muerto a las garras de las fieras de portafolio bajo el ~razo. Guárdame en tu conci,encia tal' como me veías cuando bogábamos en una barca por los lagos·.azules del sur .• Yo no tuve -la culpa de la violación y el asesil}ato de esas dos- pobres criaturitas. La primera V(}Z no fui

yo. La segunda s1 pero. qigR;D pór qué. Escuchen. No me peguen con las lebguas. Ft1;e muy distinto de lo que piensan. Laura óyeme. La segunda sí. Les tengó que explicar. Fue nece-sario _para cosas como rest~urar el equilibri~ del mundo_ Per-dón. Eero no debo pedir perPer-dón. No soy r~sponsable. Los otros p:~e enpujaron. l>edir perdón seria reconoc~r que estoy

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man-chado. Soy límpido. Transparente. No. No me miren. Fui demasiado lejos. No soy tan puro. Quizá no pueda soportar las miradas. Codicié a mi madre. Me masturbaba 2 veces por día. Robaba teléfonos públicos. De qué hablo. Eso fue antes. Todos lo hacen. Mucho tiempo atrás. Era puro a pesar de ello. Tenía novia. Se Hamaba Laura. Nos amábamos mucho. Mucho. Me escupió al rostro después de. Ya pensaba que na iba a creer las patrañas urdidas contra mí. Las creyó. Solo. Estoy solo. Las multitudes no dejarán de odiarme nunca y me tirarán al tacho del olvido mancülado y roto. No quiero. Me opongo. No. Pero empecemos desde el principio. Aclaremos esta resaca. Despacio. Sin apurarse. Lógicos y racionales. hasta el fin. Eso es.

Estaba en mi trabajo tarareando un tema del primer movimien-to de la Sinfonía NQ 40 K. 550 de Wolfgang Amadeus Mozart cuando sentí acercarse las sirenas policiales. Pensé. Ahí van los esforzados guardianes del orden a reprimir como es debido algún hecho delictuoso. Les deseé de todo corazón éxito en s.u 'I'usta empresa. El ruido de los motores se detuvo delante de

a fábrica. Oí fuertes golpes en la puerta. Quedé sorprendido. Es que acaso algún elediento -antisocial había logrado pene,trar sin que lo notara en el recinto bajo mi custodia para cometer quién sabe qué fechoría. La sorpresa aumentó cuando al abrir llovieron sobre mí los insultos y los golpes. Me metieron en un coche celular a empellones. N o entendía nada. Los pedidos de aclaración sólo lograban hacer arreciar las vejaciones. Yo era inocente. O es que había cometido algún crimen sin darme cuenta. O acaso leyeron en mi mente abominaciones. Pero cómo podrían haberlo hecho. Yo era inocente al menos en apariencia. Eso era lo único seguro. Ya en la comisaria me bajaron sin dejar de descargar trompadas. Allí me enteré de los cargos. Del cargo. Culpable de vejar a un niñito y asesinarlo. Me na-bían visto con el susodicho ofreciéndole caramelos y luego encontraron en un baldío cer,cano a la fáblica fragmentos en-sangrentados de sus ropitas. Cuando más alegaba no tener nada que ver con el crimen más puñetazos y motes h~illantes recibía. Comenzaron los interrogatorios. Una sola pregunta siempre. Dónde estaba el cadáver. Horas y horas bajo la luz blanca. Blanca. Blanca. Golpes. Patadas en la ingle. Felicitacio-34

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nes' por mi resistencia y promesas vehementes de quebrarla. Dfas y dfas. Pedía clemencia. Me arrastraba pidiendo clemencia. D_ientes rotos. Degenerado de porquería. Sangre saliendo de las heridas y tiñendo el piso de violeta. Monstruo sádico. Dos costillas rotas. Una vértebra salida. Parálisis temporal del brazo izquierdo de cuando me metieron los dedos en el enchufe. Pérdida de visión del ojo del mismo lado a consecuencia. de desprendimiento de retina. Al final se cansaron y me dejaron en paz. Estab,an asombrados. Ningún asesino había soportado tanto Sín decir lo· que le pedía~ que dijera.

Iba a juicio. Fue muy difícil encontrar quien osara defendenne. Lef los diarios. Mí nombre era apareado a epítetos que com-petían en querer reflejar más cabalmente la profundidad de mi abyección. Fotó"s del ro~tro del repulsivo sujeto con rayitas blancas atestiguaban que la ciencia t,¡unbién estaba en su con-tra. Ojos de obseso sexual. Frente de esquizofrénico. Labio superior típico de los asesinos natos. Orejas que sólo los sádicos pueden tener. Cómo dudar un segundo de su culpabilidad. Mi culpabilidad. Durante el juicio hubo que desalojar ~a barra varias veces pues los asistentes no cesaban de insultarme y rompían periódicamente los cordones policiales tratando de ünchanne. Ese niñito de cuya muerte y (¡íolacíón me hacían responsable era hijo de una vecina del barrio donde estaba la fábrica. Siempre lo veía. Tenía por costumbre hablar con él y nunca me olvidaba de llevar caramelos para regalárselos. Adoro a los niños. Con Laura pensábamos tener una docena. Ahora. Me detendré un momento para darme la cabeza contra- la pared.

Prosigamos. Pero yo no había hecho esa barbaridad. No. Cómo iba a hacerla. N aci y fui educado en un hogar hwnilde pero honrado. Creia en Dios: Estaba bautizado. Iba todos los do-mingos a misa de 11. Allí conocí a Laura. De mi pecho .pendió

siempre un escapulario hasta que me lo arrancaron en la comisaría.

El fiscal acusando desplegaba sus dotes de orador con minu-ciosa ferocidad. El juez asentía con la cabeza. Mi supuesto defensor ejercía mecánicamente su oficio sin convencimiento

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alguno.

Pero el cuerpo no pudo ser eneorlt:rado"y no aparecien-do el cuerpo no es posible condenar a nadie. Además fue impo-sible determinar si la sangre que manchaba los fragmentos de ropitas era la de la presnnta víctima y otros detalles secunda-rios. Se le veía la contrariedad al juez cq_ando tuvo que dictar sentencia absolutoria. Las multitudes -frustradas esperaban afuera para desgarrar en pedazos al Mal objetivado en mi persona.

Cuando traspuse al fin libre las puertas del palacio de justicia la avalancha me cayó encima y reviví las sehsaciones sufridas en la comisaría .. Me arrancaron semidestrozado de las garras de la turba. A pesar de que en el hospital fui atendido de mala gana sobreviví. El alta. La turba. Otra vez al ·hospital. No publicitaron la segunda alta para evitar nuevas alteraciones del orden público. Pero además no corría peligro inmediato. Mi rostro estaba tan deformado ya por los golpes que era casi irreconocible. Salí a la calle. Con

la

pierna que aún me queda-ba caminé apoyándome en un par de muletas. Lo primero que hice fue ir a visitar a Laura. Se puso a gritar y me cerró en ·la

cara la puerta de la casa que se babia comprado . con lo que lo pagó -un diario para que pennitiera ·pubhcar en sus páginas una serie- de artiéulos bajo el titulo Memorias de la Novia de un Monstruo.

Con que todos-- me odiaban, Con que ya me era imposible volver a insertanne en el mundo. Con que la 'verdad no rriwúa-ba siempre como me habían enseñado y el ser inoc~nte 'no demostraba el no ser culpable. Las pagarían. Iban a tener un monstruo auténtico. La :írtjusticia de que era objeto desequili-\ braba al mltndo en mi contra. El equiliorio sería restaurado. Compré barba y anteojos negros. Un anochecer recorrl cuadras y cuadras a la búsqueda' ~e una pequeña víctima. Mi elección recayó finahnente sobre una muy bella niña rubia de ojos verdes. La atraje a un baldío y la vejé sistemáticamente. Sonreía. No chillaba y lloraba como se supone por lo común que hacen los 'chicos en estas circunstancias. Les juro que sonreía. Pensé perdonarle la vida y huir con ella a una isla desierta donde toda aquella maravilla continuara. Pero no. Debia cumphr mi 36

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propósito. Uega.r tan bajo como bajo me habían enrostrado que habia descendido. Llenar los oontomos de mi acusaci6n. El Ser entonces se adecuaría a las conciencias y yo estaría venga-do. La estrangulé. Besé sus pálidos labios rosas por última vez

y partí.

Días y noches vagué por la ciudad., Me parecía que nada tema ya importancia. Sabia lo que vendría. Estaba del otro lado. Por fin me atraparon. Confesé sin reservas y recibí los consabidos insultos y golpes con indiferencia. Tenían nuevamente la opor-tunidad de adoptar el papel de indignados padres de familia y

descargar su sadismo sobre alguien.

La

cosa en última instancia resultaba aburrida por lo repetida. Hubo tentativas de asaltar ·¡a cárcel. Histerias colectivas. Un nuevo juicio. Traté de

expli-car mi inocencia. Cómo ellos habían empujado mi puñal al crimen. Me declaré No Culpable.

Visto la gravedad del caso y la falta de arrepentimiento y

géneral cinismo del reo el jurado decidió condenarme a-morir enterrado vivo. No parecían alcanzar de castigo la silla eléctrica o el garrot~ vil. Todos consideraron justa y racional la decisión.

Al lado de mi cadáver encontrarán estas notas. ·Por supvesto las qu_emarán o las meterán en algún archivo olvidado. Nunca el mundo sabrá la Verdad.

Tengo sed. Hambre. Frío. Surcan las paredes rastros de sangre de mis dedos desollados. Ya van 7 dias. Los residuos de mi cuerpo infectan la ahnósfera. A veces el rostro de alguien espfa por el respiradero puesto para que la muerte no sea tan rápida.

Le grito mi inocencia. Le pido que me oiga un momento. Las caras desaparecen. Vuelvo a la soledad. A-arafiar las paredes

y escribir esta crónica absurda.

Voy a morir dentro de poco. Inocente. Culpable. No culpable. Déjenme tranquilo. No me persigan. No continúen aniquilán-dome después de muerto. Yo .no soy ese monstruo que imagi-nan. Yo estoy lejos. Siempre fui bueno. Era sereno de una fábrica

y un día. No. No es cierto. Cuatro paredes grises. La rendija del aire .. No quiero morir. Si. Si quiero morir. Basta. Soy 37

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inocente o sea soy culpable. Perdón por haber nacido. Padre por qué me has abandonado. El fin se acerca. Quién soy. Qué

es todo esto. Comprendan.

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Esa mañana al despert.ar senti el peso de la éulpa. Un plomo dentro del pecho. Una fuerza que empujaba ·nacia abajo y despertaba perentorios deseos de doblar las rodillas y pedir clemencia. Atribuyendo el hecho a factores fisiológicos tragué un analgésico. Fui a tomar el desayuno. Ya sé que soy indigno pero por favor .mamá. perdón.

Qué

te p~a. Po~ qué ese pedido de perdón. Eres un hijo modelp. Quién no lo sabe. En la calle las perspectivas. Las luces de los semáforos. Las miradas de las gentes. Todo me acusaba remarcando mi culpabilidad. Qué

norror. Qué sombra opaca en las entrañas.

·Llegué a la oficina. Tras los saludos entrevefa.sordos reproches. Pedí audiencia con el jefe. Me inclinil dela,nte suyo con humil-dad rogándole que no me concediera el ascenso prometido pues yo era inepto liasta para desempeñar el cargo actual Que lo más justo sería que fuera rebaj¡¡tao a peón de limpieza dando mi puesto a otro más apto. Bj.6 de la supuesta broma y me despidió con unas carpetas bajo el brazo. No tuve el a¡trevi-miento de insistir temeroso de que la osadía aumentara aún más la violencia de los fiscales. Estoy dispuesto a todo. Estoy herido y las puertas no se abren. Expliquen' qué hay que hacer. No me dejen solo abandonado a las bestias Clel remordimiento. Enciendan fuegos. Griten para que pueda orientarme. Digan de qué soy culpable. Por qué me acusan. De qué me acusan. Quienes me acusan. Duros ojos clavados. El cáncer dentro. Me humillaré hasta donde quieran. Expiaré las faltas cometidas como ustedes digan1 Pero hablen. Hablen.

Fui a una iglesia. buscando alivio. Calor. Protección. Olvido. Que Cristo me acogiera bajo su manto

y

extrajera ese aceite

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negro que me ahogaba la sangre. Siempre había ofdo deci¡; que Dios lo puede todo. Entro al templo caminando de rodillas. La cabeza gacha. Las manos juntas. Me acerco a un confesionario. Se abre 1a puerta. No es Dios. Es un hombre. En vano le hablo. En vano me absuelve. La certeza de la Culpa sigue clavada. Huyo. Recorro las calles. Entro en un bar. Borracho empiezo a hablar con otro borracho. Le pido perdón. Qué me perdone en nombre de la humanidad. No comprende. Lo golpeo. Cua-dras y cuaCua-dras. La acusación en todos los r6stros. Las bocinas que suenan al pasar pregonando mi bajeza. Recorro la memoria buscando los espantosos pecados que debo haber cometido para que la conciencia muerda tanto. No hallo nada. Sóto huecos. Acciones habituales. No importa. Lo mismo hay que expiar. El peso de la Culpa confirma su. existencia. Con un látiso en la noche me deshago la espalda. Paga. Paga por tus bajas-acciones que han ofendi~o la estabilidad del mundo. Miserable. Bazofia.

Y aún pretendes ignorar las atrocidades que perpetraste. Castí-gate aunque ni todo el cont~nido de tus veílas podría saciar nunca a fos ángeles de la venganza. El suplicio no acalla las preguntas. Quién me acusa. De qué. Hacia dónde voy. Qué es todo esto.

No saldré del cuarto. Ayuno. Látigo y más látigo. Las paredes cubiertas de sa;ngre. Días

y

días y días. In,_útil. El o los que me condenan no se dignan otorgar perdón. Ni siquiera logro indicios de su identidad. Las oraciones y las blasfemias profe-¡idas con terror contra todas las potestades y dioses de que tenga conocimiento no obtienen respuesta.

Abandoné la celda. Salí a encontrar al que me había sumergido el alma en la densidad de la angustia. Compré una pistola. Maté un gato. Disparé a las nubes. Iba entre la multitull A~e­ sinos. Culpables de mi Culpa. No la van a sacar barata. Un ascensor. Un señor común

y

pedestre· repres~ntaci6n vívida de mis fiscales. Voy al 79. Si. El era como podía se:r cualquiera de los otros. Cayó. Su mirada simuló asombro. Cíniyo. No hay piedad para quienes no tienen piedad. Pero sólo había elimina-do un par de ojos. Me di cuenta que quedaban muchos más para desgarrarme. Si matara a un bípedo de esos que me acosa-ban cada 5" considerando que la población de la Tierra es de.

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Hay que tener en cuenta además que en algún momento deberé descansar por lo que. Es claro ,que para un trabajo eficaz y

rápido están las bombas H. Dónde. Cómo conseguir bombas H. Más fácil sería comprar bombas A en desuso pero. O no. Quizá no eran ellos. Entonces quién. Quién. Dios. El Diablo. Algún arcángel aburritlo.

Me

torturan sólo para divertirse o yo he hechO algo realmente terrible. Si al menos supiera.' Tuviera una idea de lo que se trata. Incluso así las expiaciones podrían ser regimentadas más lógicamente de acuerdo al carácter de la falta y la potencia encolerizada.

Mercurio en la sangre. Sed en los ojos. Caída. Lento aplasta-miento. La Culpa sin fr~mteras. Infinita. Cómo escapar del circulo total de cuatro dimensiones que me encierra. Yo aden-tro. Adentro de la Culpa. Golpeándome contra las paredes transparentes. Afuera los otros mirando. Señalando. Acusando sin piedad. Riéndose de los torpes e inútiles intentos de huída del e:\-b.·año espécimen que les sirve de felpudo. Cómo h.acer para que esto acabe. Para sepultar por completo la memoria. o destruir todo lo otro. Para poner el punto realmente final. Cuántas veces más hay que humill.arse. Cuántas genuflexiones más 'hay que hacer ante los dioses del populacho para que nos olviden y nos dejen tranquilos y dejen de perfectivizarnos. Deformarnos. Masturbarnos. Violamos. Arrastramos. Hablo de la Culpa queriendo olvidarla. Queriendo no sentirla. Es inútil. Por más que los sepulto hondo los cadáveres vuelven a la superficie y siguen condenándome con furor. Todos absueltos. Todos limpios y libres. Menos yo. Yo. Perdón Di()S mfo. Perd6n madre mía. Perd6n ángeles. Seres. Cosas. Perd6n que no aguan-to más. Las invocaciones fallan. Nada traspasa el espesor del vacío volcado en los huesos.

Creí que debía realizar actos positivos para redimirme. Saqué del banco los ahorros y los distribuí entre los pobres. El Mmo sigue. Cuidé lepros()S. Besé llagas purulentas. Inútil. Recorro el mundo. Me an·odillo ante los altares de todas las deidades que se cruzan en mi camino pidiendo clemencia. Observo cuantos ritos expiatorios tenga noticia. Cero. Descubro de pronto que las condiciones alienantes de vida en el_.,régimen capitalista

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producen mi mal metafísico. Capitaneo una rebeli6n de negios en el Africa contra los blancos .. Triunfante hago masacrar a los extranjeros que no alcanzan a huir y proclamo ht República

Popular.

El

sentimiento de culpa nu cedé y asqueado traiciono a los negros entregándolos otra vez a sus antiguos runos. Huyo. Todo igual. Ninguna acción redime. Nada salva. La búsqu!!da continúa. La b~squeda incesante salpie:ada de asesinatos cuando la angu~tia se hace insoportable. Me entrego a los soldados. Me mutilo par,a ganar apuestas imbéciles. Corrompo niños. Tomo drogas. Luego de unas horas de frenesí otra vez: la parrilla lenta.

Por fin lo supe. No debo escapar a mi Verdad. La Culpa se adaptó a mí totahnente. Yo me adapté' a Ella por entero. Simbio-sis. Encarnación. Soy quie~ la lleva sobre, los hombros para que no aniquile a la humanidad. Soy la misma Culpa. Soy el Elegido. Debo estar orgulloso. Me escogieron a mí entre todos por ser como d~be ser una víctima destinada a aplacar Ja, cóle-re del Infinito por la absurdidad de los hombcóle-res. Pmo. ·Inocente. Nacido sin mácula; Mi destino es éste. No flaquear. Llevar la cruz hasta la consumaci_ón del Sacrificio. Soy feliz. No. No soy feliz. Déjenme tranquilo. No quiero ser el Elegido. Quiero ser como los otros. Como era antes de recibir la· Misión. Siento 'terror. Ya no es posible retroceder.

Tenía que escoger un S!J.Cesor para pdder morir en paz luego de transmitirle el Peso de la Culpa. Mi discípulo. El pr6ximo Justo seguir1a portándola para que no se derrumbara. sobre los hombres. Pedí a Dios que guiara mi 'man<?. Mi mano indic6 un jovencito. Era rubio. De. ojos azules, Lo rapté. Traté de

enseñarle el papel que debería desempeñar en la lucha de los dioses y los hombres por el mutuo exterminio. Me decía. Loco. Loco. Me amenazaba. En vano le hablé de la Trascendencia. De sus obli'gaciones ontológicas. Lo insulté. Lo golpeé. Lo violé.

Eri un acceso de furiá ante tanta incomprensión -las manos se cerraron sobre su garganta. Me deshice del cadáver arrojándolo a 'I¿Il baldío.

Había estado equivocado. Yo era el último Justo. J?espués de morir la humanidad alcanzaría la Plenitud. Todos lifires. Todos

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felices. Junto conmigo "enterrarían a la Noqhe. Tan ·luminoso porvenir para los-hombres no debía aplazarse un momento más aunque yo tuviera que desaparecer de inmediato. Fui a enr,e-garme a la policía. Le$ ·dije que era el cul)?abl~ absoluto ae todo lo cttipable. Que me ejecutarfln y senari salvos. Rieron. Confesé crímenes. Expliqué el sentido y la necesidad impera-tiva de llevar -a cabo mi inmolación pública- cuanto antes e informar a los 4 rumbos la buena nueva de la cercana reden-ción. En el manicomio en vano· trataron de desviarme de mi caminO· con argum~ntos que no tenÍan nada que ver con nada o mediate la violencia de los shocks. Realmente los psiquiatras sabrán mucho de psiquiatría pero no tienen ni nociones elemen-tales de Metafísica. Celosos guardianes del ténnino medio y

la. mediocridad usan las violencias como cualquier vigilante contra los que se resisten a ser esclavos del mundo. Simulé aceptar todas las fruslerías que. querían que pt;nsara luego de convencerme que era inútil tratar, de abrir sus estrechos cráneos a c~nceptos distintos de los rutinarios. Me dieron de alta convencidos que la tuerca podría encaja.:r otra vez en el

engranaje. Habían pasado 7 años.

Nada cambió. La culpa sigue pesando sobre rrú. Soy libre. Podré liberar al mundo. Fueron inútiles los obstáculos puestos en mi camino por las potestades nocturnas interesadas en pro-longar la desgracia del hombre. Ahora a inmolarse de una buena vez. Mi mano será el verdugo. El juez mi mente. El reo mi cuerpo. Todo está preparado. Miro a través de la ventana. Después vendrá la Claridad. La condonación de las deudas ontológicas. El Reino del Am9r y ·¿e la Luz. No más barro. Ni dolor. Ni deseo. Ni.caída. Yo r~dimiré al Cosmos. Yo. Sólo yo. Apártense. Déjenme paso. Así está bien, Coronas. Flores. Dis-cursos exaltando mi recuerdo. La gloria. Las estatuas. Tengo miedo. Aplazo el momento. La Culpa sabe de su próximo fin y roe más -desesperadamente aún que nunca. Roe. Roe. Morirás. N o podrás ~eguir ya tu labor destructiva entre los Hijos de

Dio~.

Animo. Así. El cañón apoyado en la nuca. La soga al cuello. Los· de~os metidos en el enchufe. La hoja del cuchillo lista para clavarse en el pecho Dentro de. 43" el mecanismo

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nará

y

Au Revoir. Mis últimas palabras són. Tomad nota

historiadores. Yo Supre¡;no Libertador os digo que esto es lo

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Soy Dios. Atrás. Déjenme tranquilo. No me importan sus pullas ni sus empellones miserables chiquillos. No me importa que roben las monedas que arrojan al sombrero y haya,n ·hecho desaparecer mi armónica y acostumbren a perseguirme arrojan~ do piedras. No lograrán que reniegue de la alta condición a ].a

que pertenezco. Ustedes no existen realmente. Sólo .yo existo. Ustedes fio son más que somh:as de, sombras de mi fulgor. Soy el Sol La Luz. Qué cómico ver ~ los otros agitarse vana~

mente. Y saber que siendo yo Dios ellos soJ:! sólo una mera sucesión de ceros. Nada que no sea la nada puede escapar a la totalidad de 'Dios.

Los inxento para divertirme. Si supieran la Verdad. Leo los diarios. Asaltos. Revoluciones. Discursos. Piedras fundamenta· les~ Me ríÓ ·de Pensar lo que pasaría si viera-q los hllos que los unen a mis manos y se diera~ cuenta,_ de que no son sino titeres a merced de ellas. Si les mostrara los textos de lo que van a decir al segunpo siguiente. Todo lo sé. Todo lo abarco. El po~

der que detento es sin fronteras. ·Con s6lo ~over la oreja izquierda los terremotos y las mareas sepultarían las ciudades y el sol se. derrumbaría sqbre Jas atónitas cabezas. La humani-dad adorándome y pidiendo clemencia delante de mis efigies. Peto no quiero hacer vanas demostraciones de fuerza y sólo me producen repulsión los posibles "e imperfectos cánticos rituales d~_Ios robots de carne y huecos.

Prefiero seguir jugando . el juego de rey disfrazado que se mezcla con el populacho. Me diyierto cuando me insultan.

Cuando me escupen. La broma CÓsii'\ica. La Nada tratando de humillar al Ser. Qué ridículo, Creyendo mancillar su

resplan-dQr con vanas gesticulaciones. Rio de esos muñecos absurdos.

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Los dejo hacer para que mi gloria aumente ante su impotencia de opacarla. Para que mi brillo luzca mejor en contraste con la oscuridad que encarnan. No hay nada más perfecto que yo. 'No hay grandeza de grandor más grande ~ue la mía. Fue un largo camino llegar a tomar dialécti~eJ!te conciencia de la Verdad del Ser. Es decir de mí. Es decir de Dios. No me interesa que los otros sepan mi magnificiente Historia. Ellos son para mí nada más que objeto de risa y tlesprecio. La recuerdo para solazarme en mi fuego. Para arder íntegramente de amor a mí mismo. Sólo la adoración de Dios satisface a Dios. Yo Dios me hablo. Me escucho. Gozo de mí. Canto a la Infinitud que Soy.

Antes no sabía nada. Era un doctor en leyes joven. Culto. In-quieto_. Lleno de ambiciones. No me daba cuenta aún que no era un trozo de tinieblas como las 0tras sombras que se agi-taban alrededor. Que ellos y el· creerme como ellos sólo era parte de una imagen alienada de mí mismo, Fue necesario que esa cáscara se desintegrara para que pudiera ·comenzar el proceso de la autoasunción de mi divinidad. Tenía que ser arrancado de la alucinación del mundo para que dejando de No Ser aprendiera a Ser. El Destino. El Dios vivo que en mí latía. Los manes de las contradicciones hicieron que el hecho se produjera. Durante la guerra con Tongolandia una granada estalló en el tanque que conducía. Me tuvieron que cortar las piernas. Quedé contrahecho y tuerto y ya no podía rnanéjar bien las manos. Las premisas infraestructuralru para la toma de conciencia de mi divinidad estaban dadas.

Volví a casa. Mi mujer no pudo evitar una mueca de asco al verme entrar empujado en la silla de ruedas. Imposible que tratara de acostarme con ella. No quiso de ninguna manera. Hube de retomar la sagrada costumbre de la masturbación. Sagrada porque en ella Dios halla placer y se goza en Dios. Me fui encerrando en mi propio yo y lo fui descubriendo. En mi estaban los océanos y los castillos. Las princesas y los drago-nes. La luna y el sol. Los diamantes. La aventura infinita. La profundidad sin término. Yo creaba todo. Yo volvía a ser el que fui antes. Y más aún. Poseía cuantas mujeres querfa. Las inventaba a mi arbitrio. Rubias. Negras. De ojos azules. De ojos

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grises, Rojos. O de dos colores. O con tres ojos. O con cuantos ojos y piernas y brazos y orificios deseara. Ciegas. Paralíticas. Muertas. Con alas. Con aletas. De fuego. De aire. De agua. Inmensas orgías cósmicas en que yacía con mis amantes meta-físicos de sexos infinitos sobre ciudades devastadas y hundidas en el fondo de mares de algas y mercurio y galeones saqueados. Creaba pe.z:spectivas. Universos. Destruía planetas y civilizacio-nes. Los reconstruía como quería. Cuando quería. Poco a poco aparté las apariencias y creí descubrir ser igual a Dios. Pensé entonces que a Dios le correspondía el dominio del mundo y a

mí el de mi mente. Ya descubriría que yo era el único Dios.

Por el momento era suficiente esto.

Las tropas del enemigo invadieron nuestras tierras. Sus bombas destruyeron el asilo adonde había ido a terminar mi ser ahí horno sapiens mutilado. Tuve que pedir limosna para subsistir. Iba en mi carrito ,con la mano estirada y las consabidas frases. La gente arrojaba monedas con tal de librarse de mi abyecta presencia. Los chicos se acostumbraron a tirarme por las esca-leras de los subterráneos para divertirse. Entonces me di cuenta que no había fuera ni dentro de la conciencia. Que no había en sí y para mí. Todo lo creaba yo para realizarme a través de ello. Había vuelto al mundo en contra. Me había descolocado en él para captarme luego como la deidad que soy.

Primero descubrí que era Dios de mi conciencia. Después des-cubrí que la dicotomía Dios del Ser y Dios de la <Xlnciencía era falsa pues ambos dioses eran uno solo . .Yo. Habiendo sido esa dicotomía 11na mera imagen alienada del Ser útil sólo para que con su destrucción o síntesis accediera a sf mismo. A su verdadera esencia. Pues si el ser nunca hubiera empezado por alienarse nunca habria llegado a desalienarse y a aprehenders.e como Dios. Como Totalidad Infinita y Completa. Habría segui-do siensegui-do sólo Absoluto Indefinisegui-do.

De esta forma Dios accedió completamente a Dios. Sin .embar-go debo aún rescatarme hasta el fin de crerme otro que lo otro pues sí bien tengo conciencia de su falsedad esa impresión de separación aún subsiste. La realidad marcha rengueando

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atrás de la Conciencia. ·Hablo de la Conciencia de Dios 'en la cual se refleja a

si

en sus inacabables dimensiones. No de la absurda y limitada conciencia de "Ser hombre que cumplió hace tiempo su fünción en una.etapa .de la teogorúa y ya no sirve. Así pues sigo:: condenada a la m~teriÍí qu~ es una enajeqación de la Idea. La Idea destruirá la materia fiñalmente y se aca-bará el suftit dé' la· ~ncarnáción y yo brilla'ré ¡1ara siempre ante mi para el propio re~ocijo sin

.fin.

·

Es de noche. Hace frío. Un soldado de las fuerzas de Ocupa-ción me dio una patada, al carrito echándome de un seguro rincón de la plaza. Debo vagar por laS" calles. Sufrir ·aún ·las humillaciones. Cuándo se terminará esto. Cuándo explotará todo y concluirá el calvario. Dtll1) es el camino de Dios. Uegar a mi mismo. Llegar a la Ciudad del Sol implica el desierto. El padecer ;El teper sed y vivir el derrumbe. Ya el agua caerá a montones. Ya el Fénix resucitará de sus cenizas e irradiará Fuego eterna.nlente. Nadie me-peg~ ni se Jeírá 'más de mí. Pero qué importan los palos y las· fficupidas si son nada más que' complejos de sensaciones inexistentes. Sólo yo existo. Rá pido. Rápido. Dios acaba tu ascensión. Hasta cuándo seguirá el suplicio. Los golp~s duelen a pesar de su irrealidad. La lluvia cala. Estoy solo. Dios está solo. Dios aún no e~ Dios aunque ser Dios es su esenci~. Está atado a las pesadillas en que sueña que es un extraño bípedo material y un mundo exterior a sí. Lo toco. Ja llega-el Alba. La Hora del Despertar. La N,oche da sus estertores finales. La Nada próxima a morir manda sus últimas divisiones de tinieblas suicidas. fv,lis cañones de Luz las des}lacen. _Avanzb y.o Dios entre el fuego de la metralla des-truyendo Jos garfios de Jo O_scuro que tratan de abogar¡ne. La Victoria es mía. Es imposible herir;me. Es imposible desterrar-me. Soy el Sol. Soy el Viento7 Lá Tierra. El Agua. La Peste. L~ Muerte. -La Desesperación. La Esperanza. La Gloria. E:l Triun-fo. El Fracaso. Soy Infinito. No hay cosa fuera de Mi. To~o lo abarco.

Falta poco., Sé que falta poco. Para que los Muros caig!l.!l. Siento que se disgregan las paredes. El cuerpo me abandona:

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Las casas "vuelan. Los :Uboles vuelan. El hierro se funde. El sol se apaga. Las gentes desaparecen. Estoy cerca. V:en a mí rápido. Te espero. Hace mucho que te espero. Ven Dios á Dios

y

al fin nos gozaremos.

El mundo ya es un gris lleno de grumos. Los grumos se disuel-ven. Eran los restos

ae

la realidad. La Claridad aumenta paula-tinamente. No es luz. Es Otra Cosa. Estoy por llegar. Ya. Ya. Yo ante Yo. Casi. Casi. Llegué. Todos los puentes han volado. Soy.

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