Lazos Secretos - Opal Carew.pdf

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El Club de las Excomulgadas

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Elefteriou, Marijf22, Mdf30y, Nelly Vanessa y

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El Club de las Excomulgadas

Argumento

¿Hasta dónde llegarías por alcanzar el máximo placer?

Max Delaney es un maestro de bondage y sumisión... y el sueño más decadente hecho realidad de Summer Anderson. Desde el momento en que se encuentra con él, ella anhela que la domine -en cuerpo y alma. Mientras Max la inicia en su mundo de ardiente sexo BDSM1, le muestra a Summer lo que es

posible cuando abandona sus inhibiciones y se pierde a sí misma en la pura sensación.

Aunque pronto Summer se pregunta si puede rendirse a su deseo más perverso: compartirse con tres hombres a la vez. Pero una vez que ha vivido su fantasía más prohibida, ¿puede volver a su vida ordinaria? ¿Y alguna vez querrá?

1 BDSM es la denominación usualmente empleada para designar una serie de prácticas y aficiones sexuales relacionadas entre sí y vinculadas a lo que se denomina sexualidad extrema convencional. Se halla estrechamente asociado con la subcultura leather. El acrónimo está formado por las iniciales de algunas de dichas prácticas: Bondage (B), Disciplina y Dominación (D), Sumisión y Sadismo (S), Masoquismo (M).

El bondage es la práctica de encordamientos o ataduras sobre el cuerpo humano, con fines estéticos o sexuales.

Disciplina es un término genérico que describe las actividades de quienes gustan, por activa o por pasiva, de la flagelación erótica, también llamada la práctica de los azotes eróticos.

En la escena BDSM se define como relación dominación-sumisión la integrada por una parte pasiva, que adopta el rol sumiso, y una parte activa, que hace lo propio respecto del rol dominante. En todo caso se concreta en torno a un modelo de Intercambio erótico de Poder (EPE), basado en el consenso.

El sadomasoquismo es un término genérico que define relaciones en las cuales el binomio dolor-placer tiene una gran importancia como medio de materializar relaciones de intercambio de poder. Se denomina sadismo, por otra parte, a la práctica activa que realizan las personas que sienten un placer sexual al castigar a otra. Masoquismo sería la práctica pasiva, la de aquellas personas que experimentan un placer sexual al sufrir determinada intensidad de dolor.

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El Club de las Excomulgadas

Capítulo Uno

Summer miró hacia la fila de pollas dispuesta enfrente a ella, siete pulgadas de alto, erectos pollas hechos de chocolate. Algunos de chocolate oscuro, algunos de chocolate con leche, un par de chocolate blanco, y unos pocos en los que había experimentado y creado un tono de piel pálida hecha de una combinación de chocolate blanco y leche con un poco de rojo.

Había un repiqueteo constante de voces en el gran salón de convenciones. Varias personas pasaban por la mesa, algunos echaban un vistazo a los chocolates eróticos que había dispuesto ordenadamente sobre la mesa, pero la mayoría se dirigía directamente a la pila de libros a la derecha de Summer. Los libros de Tanya. Summer miró a Tanya, su amiga y autora de romance erótico. Tanya sonrió y cerró el libro que acababa de firmar, luego se lo entregó a la impaciente pareja de pie frente a ella.

—Me encantó tu último libro —dijo la joven—. Espero que éste sea igual de sexy.

Tanya sonrió, con un brillo en sus ojos.

—Si es algo, es aún más sexy. No creo que te decepcione.

Tanya no estaba bromeando. Summer lo había leído, con las mejillas ruborizadas a través de todo el asunto, pero totalmente absorta. Ella nunca había leído un libro acerca de sumisión y bondage antes, y no tenía idea de que su amiga supiera tanto sobre ello, pero entonces Tanya había estado siempre llena de sorpresas.

Echó un vistazo a la brillante cubierta del último libro de Tanya, que mostraba a un hombre vestido de cuero con abdominales contraídos y un pecho musculoso. El héroe del libro, bueno, el principal, estaba muy bien dotado. Summer había tenido más que unos pocos sueños intensamente sexys con él como la estrella desde la lectura de ese libro en particular.

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Echó un vistazo a Tanya, firmando otro libro. Se preguntó sobre el tipo de vida que Tanya vivía ahora. ¿Salía con varios hombres y vivía en un contexto de tríos y las

otras cosas que detallaba en sus historias? Summer no podía imaginar hacer eso, pero

admiraba a Tanya por tener las agallas para hacerlo o incluso sólo por escribir sobre ello. Summer había leído en los agradecimientos que se lo dedicaba a un hombre en particular, al que se refiere simplemente como M, la había ayudado en su investigación. ¿Qué tan a fondo había sido esa investigación?

Tanya cerró el libro y se lo entregó a la mujer delante de ella. La mujer sonrió y apretó el libro contra su pecho, luego tomó la mano de su marido y se lo llevó más allá hacia el “antro de perdición”, como Shane burlonamente lo había denominado cuando se enteró de que Summer estaba yendo a Chicago, a dos horas de su casa en Port Smith, para asistir a esta feria dedicada al entretenimiento para adultos.

Miró alrededor de la sala de convenciones en penumbras hacia las hileras de puestos recubriendo los pasillos, puestos con coloridos vibradores en forma de polla, consoladores de cristal, lencería escasa, botas de cuero, plumas, cuerdas... y, por supuesto, el puesto que ella y Tanya compartían, lleno de chocolates eróticos y pilas de libros de romance erótico. Pero esto seguro estaba muy lejos de su pequeña tienda de chocolate en un hotel de lujo en una ciudad pequeña.

Summer ajustó los chupetines de chocolate en frente suyo, chupapollas, que eran pollas pequeños de chocolate en un palo, en filas ordenadas, luego desvió la atención hacia los montones de libros de Tanya y los enderezó en pilas ordenadas.

Las personas reunidas alrededor de su puesto ya no estaban mirando hacia las mercancías que figuran sobre las mesas. Estaban viendo el escenario y a las dos mujeres sobre este. Una de ellas era la extravagante maestra de ceremonias, que llevaba un ceñido y escotado vestido de terciopelo rojo con una boa de plumas enroscada alrededor de su cuello y se presentó como Maestra Cassie. La otra mujer llevaba... bueno, nada, de verdad. Ella tenía un tanga... tal vez... pero sobre todo unas pocas correas de cuero y enlaces de metal envueltos alrededor de su caja torácica desde un arnés sobre sus hombros. Estas no hacían nada para ocultar sus

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pequeños aunque coquetos pechos, lo que era extraño ya que las directrices del espectáculo declaraban sin desnudos. Ella también llevaba una brida en su cabeza con una pluma brillante en la parte superior.

La Maestra Cassie tenía un pequeño látigo de montar, y le ordenó a la mujer con plumas pavonearse por el escenario con palmadas ligeras a través de su espalda. Summer arrastró su mirada del escenario y miró a la gente que observaba con interés.

Sintió una punzada en la parte posterior de su cuello y miró hacia arriba para ver a un hombre alto y devastadoramente guapo mirándola. Tenía los ojos oscuros y el pelo negro, muy corto y en punta. Su mandíbula cuadrada, ligeramente sombreada, enmarcando labios carnosos, y un diamante brillaba en un lóbulo de una oreja, haciéndola pensar en un príncipe pirata.

Su mirada se apartó, entonces descansó en los chocolates en frente suyo, sólo para darse cuenta de que estaba mirando hacia una erección de chocolate de tamaño natural. Miró de nuevo al hombre y lo encontró sonriéndole, como si dijera, No está a la altura de la mía. El pensamiento la hizo sonrojar.

Él le sonrió de nuevo, sus ojos parpadeando. Ella sólo lo miró boquiabierta, totalmente impresionada por su increíble y crudo magnetismo masculino. Llevaba una chaqueta de cuero negro en un estilo deportivo, era escabrosa pero al mismo tiempo elegante. Sus oscuros ojos la sostuvieron hipnotizada, hasta que el enfoque de esos ojos se desvió por su cuerpo, deteniéndose en sus pechos, enviando un incendio en su interior que amenazaba con arder fuera de control. El resto de ella estaba oculto a la vista por la mesa, pero sus pezones se endurecieron ante su franco interés masculino, y sintió sus entrañas derretirse, un calor líquido reuniéndose entre sus piernas. Dejó que su mirada se alejara más allá de sus hombros musculosos hacia su amplio pecho y abajo a su cintura estrecha, entonces parpadeó sobre la parte delantera de sus pantalones, pensando en el tamaño del miembro masculino que él estaba escondiendo en esos jeans negros.

Dios mío, ella no era así. Lo miró a la cara. Para su horror, él sonrió a

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sabiendas, y sus mejillas se ruborizaron de vergüenza.

Él se acercó a la mesa, y ella contuvo el aliento. ¿Iba a hablar con ella? ¿Quizás

proponérsele como varios hombres habían hecho con Tanya ya? ¿Qué podría decirle a él?

Tanya miró en su dirección, y sus labios se curvaron en una sonrisa enorme. —Max.

El magnífico pedazo tomó la mano de Tanya y la besó. Una punzada de celos atravesó a Summer. Lo cual era una locura.

—Veo que tu libro lo está haciendo bien —dijo él.

Las mujeres en la línea esperando para conocer a Tanya miraron a Max con los ojos muy abiertos. Él podría haber pasado por un modelo de portada.

Tanya le guiñó un ojo. —Gracias a ti.

¿Max? ¿Era la M de los agradecimientos?

Su mirada se dirigió a su entrepierna, la que parecía haberse convertido en una obsesión para ella, y después de una lectura prolongada se alejó de nuevo y se cerró en sus ojos oscuros, brillando con diversión.

—Entonces, ¿quién es tu amiga? —preguntó Max.

Tanya sostuvo su mano hacia Summer y la atrajo hacia delante.

—Max Delaney, me gustaría que conocieras a mi mejor amiga, Summer Anderson. Nos conocemos desde jardín de infantes. Desafortunadamente, desde que se alejó a Port Smith, casi nunca la veo —ella sonrió cálidamente hacia Summer—. Escucha, cariño, hazle compañía a Max mientras termino de firmar libros para estas buenas personas, ¿sí?

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Había alrededor de cinco personas esperando en la fila.

—Por supuesto —Summer sonrió hacia Max mientras se movía hacia el borde de la mesa para darle a Tanya más espacio en el pequeño lugar. Max se movió con ella. Ella lo miró, sin saber qué decir. Era bastante difícil escuchar sobre el constante estruendo en la enorme sala de convenciones.

—¿Estás en Chicago solo por el fin de semana? Ella asintió.

—Tanya me invitó para el espectáculo. —¿Haces chocolates?

Ella asintió de nuevo, sintiéndose un poco como un muñeco cabezón. Él recogió uno de las pollas erectas y lo miró. Sus mejillas se calentaron. —No suelo hacer... eh... este tipo de cosas.

—Se ven muy bien. Especialmente me gustan los de color piel. Parecen muy reales. —Era una extraña vista, él allí de pie sosteniendo una polla en la mano.

—¿Te gustaría uno? —Oh, hombre, ¿qué estaba pensando? ¿Por qué él querría

uno?—. Uh... para darle a tu novia —Oh, genial. Ahora sonaba como si estuviera tratando de averiguar si estaba disponible.

Él sacó su billetera del bolsillo trasero del pantalón. —Oh, no. No quise decir... —Ella tartamudeó. Sacó tres de diez y los dejó sobre la mesa.

—Eres un amigo de Tanya, así que... por favor, sólo considéralo un regalo —dijo Summer.

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Oh, Dios, primero quedó atrapada mirando su entrepierna y ahora le estaba

dando pollas de chocolate. Él debía pensar que era una completa chiflada.

—¿Cómo puedo rechazar la hospitalidad de una pequeña ciudad? —él sonrió y guardó su dinero.

—Así que, ustedes dos parecen llevarse bien —Tanya miró la polla en la mano de Max—. ¿No son hermosos? Le dije que debería cobrar más de quince dólares.

Tanya había sugerido veinticinco o treinta, pero Summer había estado temerosa de que la gente no pagaría mucho, y no quería llevárselos a casa nuevamente. No eran el tipo de cosas que vendía en su tienda. Esto ciertamente no era el tipo de cosas que normalmente hacía, pero cuando Tanya la invitó a la convención, Summer pensó, ¿Qué diablos? Ella podía también divertirse con ello.

—Ella no me dejo pagarle —Max se volvió hacia Summer—. Lo menos que pueden hacer es dejar que les invite una copa a ambas después del espectáculo.

Summer vaciló. Echó un vistazo a Tanya.

—Por supuesto nos uniremos a ti por bebidas —dijo Tanya—. Aunque podría ser muy tarde.

Él se encogió de hombros, luego tomó la mano de Tanya y la besó. —No me importa esperar por dos bellas damas.

Tanya se rió, y Summer notó un ligero rubor en sus mejillas. Ella está igual de

afectada por él que yo. La verdad la atravesó. Tal vez su amiga quería tener un tiempo

a solas con Max. La decepción corrió a través de ella. Tomaría una copa con ellos, luego se excusaría. No tenía la intención de ser una tercera rueda.

Tanya miró su reloj.

—Oh, me tengo que ir. Mi charla es en cinco minutos.

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—Buena suerte —dijo Summer.

Tanya puso su mano sobre el antebrazo de Max. —¿Vienes a darme apoyo moral?

—Por supuesto —Max la siguió, y desaparecieron entre la multitud. —¿Tú haces esto?

Summer levantó la vista a la mujer que acababa de comprar tres chupapollas y uno de los libros de Tanya para ver a la Maestra Cassie, la MC del espectáculo del escenario, con su largo y muy escotado vestido de terciopelo rojo, sosteniendo uno de los pollas de chocolate negro envuelto en celofán en su mano enguantada en seda. Era difícil no mirar fijo hacia la enorme porción de sus grandes y redondos pechos revelados por el escote que se hundía hasta su cintura.

—Yo... eh... sí —dijo ella, manteniendo su mirada con firmeza en el rostro de la Maestra Cassie, no en los rebosantes senos desbordando de su vestido. Summer se sintió empequeñecida al lado de esta mujer.

—Son muy buenos. Grandes detalles.

Summer miró a su alrededor, un poco avergonzada ante la forma en que la mujer estaba examinando la polla.

—Y éstos... —La Maestra Cassie tomó uno de los de color piel—. El color es impresionante. Se ve tan real.

—Gracias.

La Maestra Cassie abrió su pequeño bolso perlado y sacó un billete de veinte dólares, luego se lo dio a Summer.

—Y son una ganga a ese precio. Oh, voy a tomar un par de esos, también — agarró dos chupapollas de chocolate con leche y le entregó a Summer otros cinco

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para compensar la diferencia—. Escucha, he decidido entrevistar a algunos de los vendedores en el escenario... ya sabes, dejar que la gente sepa lo que está disponible en la feria. Me gustaría hacerlo contigo —ella sonrió—. Podríamos hacerlo ahora mismo.

—Oh, no lo creo. Tal vez quiera entrevistar a Tanya. Ella es una autora, y este es su puesto.

—Tonterías.

Summer se dio la vuelta para ver a Tanya pisar detrás de la mesa.

—Ve tú. Yo cuidaré el puesto —Tanya le dio un codazo a Summer hacia adelante.

—No estoy muy cómoda…

—No te preocupes, cariño —dijo la Maestra Cassie—. Haré la mayor parte de la conversación, y la gente estará muriendo por tu chocolate una vez que haya terminado.

Ella tomó la mano de Summer, y Summer se sintió impulsada a través de la sala de convenciones, después sobre escenario. La Maestra Cassie agitó una mano sobre un utilero, vestido con jeans negros y una camiseta, y le entregó la polla de chocolate erecto, luego murmuró algunas instrucciones y se reunió con Summer.

—Adelante, toma asiento —la Maestra Cassie señaló un conjunto de tres taburetes altos en el medio del escenario mientras agarraba un micrófono.

—Hola a todos —dijo en el micrófono—. Soy la Maestra Cassie, y soy su maestra de ceremonias para el espectáculo —ella hizo un gesto hacia el lado opuesto del escenario, y Summer notó a la ponygirl2, ahora vestida con un escaso

conjunto de cuero negro y cadenas, pero con todas las partes principales cubiertas, acercándose al centro del escenario—. Y esta es Vex.

2Una chica de bondage que le gusta llevar equipo de caballo como anteojeras, cola de caballo falsa.

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Vex se inclinó, luego se sentó en el taburete libre a su derecha. Summer se preguntó en qué se había metido. Las pollas de chocolate habían sido sólo por diversión. Nunca había tenido la intención de terminar en el escenario en un loco espectáculo de sexo.

—Vex, ¿sabes a quien tengo aquí? —la Maestra Cassie señaló a Summer. Ella sintió sus mejillas ruborizarse cuando los rostros en la multitud se volvieron hacia ella.

—No, Maestra. ¿Quién es esta encantadora mujer?

—Su nombre es Summer Anderson, y vende chocolates en la feria. Y no sólo chocolates comunes —ella le tendió uno de los chupetines a Vex, y la otra mujer lo tomó.

Vex sonrió diabólicamente. —Se ven... deliciosos.

—Summer, ¿cómo llamas a esto?

—Uh... — ella sintió que su pulso latía más allá de sus sienes—. Esos son... chupapollas.

La Maestra Cassie sonrió. —¿En serio?

Arrancó la cinta alrededor del palo y quitó el celofán, luego envolvió sus labios alrededor del chupetín. Vex hizo lo mismo. Ambas mujeres hicieron un gran espectáculo de lamer arriba y abajo los chupetines, y la multitud observaba con avidez.

Vex extrajo el chupetín de su boca y golpeó su lengua sobre la punta. —Mmm. Es delicioso.

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—Summer también tiene estos maravillosos…

—¿Maestra? —¿Qué pasa, Vex?

Vex apuntó hacia la cortina detrás de ellas. —Mire.

La Maestra Cassie y Summer se volvieron hacia la cortina. Sobresaliendo entre los paneles de tela estaba una polla desnuda. Los ojos de Summer se abrieron como platos, luego se dio cuenta de que no era real. Era una de las suyas. Pero el público no podría decir eso. Varios hicieron sonidos de sorpresa. Muchos rieron y gorjearon.

—Vex, ve a echar un vistazo —instruyó la Maestra Cassie.

Vex se puso de pie y se acercó a la cortina y se quedó mirando la polla. Se inclinó para ver de cerca, dándole al público una gran vista de su trasero mayormente desnudo, a continuación, se agachó al lado de la polla. Se inclinó hacia delante y le dio una lamida. Varios hombres del público gimieron.

—Mmm. Me gusta —ella chasqueó su lengua sobre la punta varias veces, luego su lengua se arremolinó alrededor de la cabeza—. Es muy bonito.

—Déjame intentarlo —la Maestra Cassie se acercó a la cortina y se agachó al otro lado, frente a Vex, entonces ella lamió el eje—. Tienes razón.

Las dos mujeres lamieron la punta y por el eje, y sus lenguas jugaron con la punta, a veces reuniéndose en el proceso. La Maestra Cassie envolvió su mano alrededor de la base del eje, y Vex se hizo a un lado cuando la Maestra Cassie tragó la polla en su boca. Ella fue profundamente, luego se echó hacia atrás, entonces bombeó arriba y abajo varias veces.

—Ahora, eso es lo que yo llamo un chupapollas.

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Arrancó la polla muerta de quien sea, o lo que sea, que estaba sosteniéndola en su lugar detrás de la cortina. El público se rió entre dientes.

—¿No somos nosotras las chupapollas? —preguntó Vex.

—Supongo que tienes razón —la Maestra Cassie le hizo un guiño a la audiencia mientras sostenía la polla ligeramente derretido en la palma de su mano—. Si quieren un dulce y muy sexy caramelo, podrán encontrar estas pollas de chocolate en el puesto que Summer comparte con Tanya Doyle, la autora erótica. Su puesto es el cuarto a la izquierda de la entrada oeste.

Vex se acercó a Summer y le indicó que se ponga de pie.

—Summer —la Maestra Cassie dijo—. Gracias por unirte a nosotras.

Summer asintió. Fiel a su palabra. La Maestra Cassie había hecho casi toda la conversación. Vex llevó a Summer fuera del escenario mientras la Maestra Cassie comenzaba a anunciar los otros eventos de la noche.

Summer bajó los escalones del escenario y se dirigió hacia el borde de la sala de convenciones, tratando de evitar a las personas que habían estado boqueando ante el espectáculo en el escenario. Esto era sin dudas la cosa más extraña en la que jamás había participado. Ella esquivó el puesto del final y se relajó un poco cuando vio que no había mucha gente a lo largo de ese pasillo.

—Oye, bonita dama —dijo una liquida voz masculina—. Te vi arriba del escenario.

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Capítulo Dos

Summer levantó la mirada para ver a un hombre musculoso de peso promedio, sosteniendo un vaso plástico lleno de cerveza. Tenía un despeinado cabello rubio, jeans gastados y una camisa rayada azul.

Ella asintió y trató de dar un paso para pasarlo, pero él dio un paso al costado.

—Tú sabes, eres una chupapollas realmente buena. —Oh, no, esa no era yo. Era…

—Quiero decir, como… realmente buena.

Él arrojó su brazo alrededor de sus hombros, y ella sintió una sensación de pánico. Él se inclinó hacia ella como para decirle un secreto, y ella pudo oler la cerveza en su aliento.

—Estaba pensando, tal vez tú y yo… podríamos ir a algún lugar, y tú sabes…

Él tomó otro trago de cerveza, derramando un poco sobre la camiseta de ella.

—Esa cosa sobre el escenario era chocolate, pero… —él se rió—. Yo tengo la cosa real. ¿Qué dices?

Ella inspiró calmadamente y dijo: —No, te lo agradezco.

Lo miró, con los ojos muy abiertos, preguntándose si la soltaría si empujaba su brazo o se pondría beligerante.

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—Ah ahora, bonita dama —él se tambaleó un poco, luego se inclinó sobre su hombro—. Eres realmente una dama bonita. ¿Te dije eso?

Ella asintió, deseando que simplemente la soltara.

—No pretendía asustarte. Es sólo que realmente parece que te gusta chupar pollas, y… obviamente te gusta el sexo… —él ondeó sus manos alrededor, abarcando los alrededores—. Lo puedo decir… al tú estar aquí y todo —le sonrió— . Así que, vamos. Vayámonos.

—¿Summer? Ahí estás.

Ella levantó la mirada para ver a Max Delaney parado a unos pocos pies de distancia. Summer nunca había estado tan contenta en su vida por ver a alguien.

El tipo adulador al lado de ella miró a Max, que era más alto que él por una cabeza. El hombre inmediatamente retiró su brazo de su hombro, y ella caminó hacia Max. El tipo sostuvo sus palmas abiertas hacia adelante.

—Oye, hombre. Lo siento. No sabía que ella estaba aquí con alguien —la miró a ella—. Estás aquí con él, ¿cierto?

—Por supuesto —dijo ella, luego elevó los labios para darle a Max un ligero beso en la mejilla para ser más convincente.

Max la agarró por debajo de la barbilla y la levantó, luego capturó su boca. La sensación de los labios de él presionados contra los de ella, persuadiendo a su boca a responder, fue abrumadora. La lengua de él presionó entre sus labios, y los abrió para él, dándole la bienvenida dentro. Su lengua se enredó con la suya, guiándola en un baile seductor.

La mano de él se deslizó detrás de su cabeza, y la sujetó suavemente mientras le dominaba la boca. Finalmente, retrocedió y ella miró dentro de sus ojos color carbón que ardían lentamente, aturdida.

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—¿Entonces crees que tal vez esté libre esa mujer con esa cosita escasa? — preguntó el bamboleante rubio, su dedo haciendo formas de X, indicando las tiras del traje de Vex.

—Vex está aquí con su esposo —respondió Max—. Un tipo grande y fornido.

—Maldición. Está bien, gracias, amigo —con eso, vagó hacia la esquina, probablemente de vuelta al bar.

—¿Conoces a Vex? —preguntó Summer. —No realmente, pero él no lo sabe.

Renuentemente, ella se alejó de la comodidad de su brazo rodeándola. —Te lo agradezco. Yo… realmente aprecio que intervinieras.

Él sonrió.

—No hay problema. ¿Te gustaría conseguir un trago, luego recorrer el lugar? Pensamientos de ver grandes dildos de cristal con este hombre a su lado le hizo girar la cabeza.

—Yo… uh… realmente no debería dejar sola a Tanya en el puesto.

—Tanya fue la que lo sugirió. Pensó que podrías querer un descanso luego de tu experiencia sobre el escenario —sus mejillas volvieron a arder. Realmente no quería quedarse de pie detrás del puesto con todas esas pollas de chocolate después de ver a la Maestra Cassie y su amiga trabajando sobre uno en el escenario.

—Está bien, seguro.

Él le ofreció su codo, y ella enganchó su mano a través de este. La guió hacia el bar, y mientras aceptaba el vaso de jugo de naranja y vodka, se dio cuenta

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de que justo lo que necesitaba era un trago fuerte, especialmente justo antes de mirar detenidamente juguetes sexuales con un alto y atractivo desconocido.

Ciertamente había todo tipo de juguetes sexuales en este espectáculo. En un puesto, una mujer de pelo oscuro con un bustier3 de encaje negro y pantalón de

cuero negro conversaba con una pelirroja sentada en un gran columpio. La mujer de pelo oscuro, que Summer se dio cuenta manejaba el puesto, ayudaba a la pelirroja a atarse correas alrededor de sus muslos.

—Esto es totalmente ajustable —decía la mujer de pelo oscuro.

—¿Qué crees? —le preguntó la pelirroja a un rubio fornido que estaba de pie mirando—. ¿Crees que encajará en el dormitorio?

—Estoy seguro de que puedo hacerlo encajar —él prácticamente arrastró las palabras mientras ella separaba más las piernas y la mujer de pelo oscuro la hacía girar.

—Pueden ver que esto les ofrece una gran cantidad de posibles posiciones — ella le hizo un gesto al hombre para que avanzara y le dio valor para que se acercara a su compañera—. Si la quieres un poco más alto… —ante su insistencia, él caminó entre los muslos de la pelirroja hasta que su entrepierna cubierta de mezclilla presionó contra la de ella—. De hecho, esto es perfecto para ti.

La pelirroja envolvió sus piernas alrededor de él y se reclinó hacia atrás. —Oh, esto va a ser tan divertido.

Summer no podía creer lo abierta que era la pelirroja. En cierto modo, la admiraba, pero al mismo tiempo, lo encontraba vergonzoso de ver.

Max presionó su mano en su espalda.

3Es similar a un corsé, pero el bustier es a menudo más corto, más flexible, y no modifica la silueta, solo la

realza. Alcanza hacia abajo solamente las costillas o la cintura, empuja hacia arriba el busto presionando contra la zona superior del costillar forzando a los pechos a levantarse, mientras perfila la cintura suavemente.

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—¿Quieres probar el columpio?

—No, te lo agradezco —de hecho, lo hacía. Definitivamente sentía curiosidad, pero no había modo de que lo intentara en público. No es como si ella fuera una de estas extrañas personas sexuales. Ella estaba aquí sólo para divertirse con su amiga.

Recorrieron una extensa muestra de lencería, entonces ella se detuvo junto al siguiente puesto mientras su mirada caía sobre un sorprendente par de zapatos negros con sexys correas alrededor del tobillo. Los tacones parecían estar cerca de los doce centímetros de alto y estaban hechos de brillante metal plateado.

—¿Por qué no te los pruebas? —preguntó Max.

Ella miró la etiqueta del precio y se rehusó. Cuatrocientos dólares. —No puedo permitírmelos.

—No tienes que comprarlos para probártelos.

Tenía que admitirlo, sería divertido ver cómo era usarlos. Una empleada le preguntó su talla y apareció con una caja un momento después. Ella agarró uno de entre el delgado papel dentro de la caja y se lo tendió a Summer.

—Aquí, déjame ayudarte —Max tiró una banqueta hacia adelante y sostuvo el zapato contra el pie de Summer. Ella metió los dedos de sus pies, y Max abrochó la correa alrededor de su tobillo. La sensación de los dedos de él sobre su piel envió estremecimientos a través suyo. Él le levantó su otro pie con su mano cálida y masculina. Le puso el otro zapato y lo abrochó. Ella casi suspiró cuando él le soltó el tobillo para dejar su pie en el suelo. Él se puso de pie y le ofreció la mano, entonces la puso de pie.

—Se ven increíbles —dijo él.

Ella se miró en el espejo de la pared. Hacían que sus piernas se vieran largas y… bueno, sexys. Caminó hacia el espejo, luego se giró y se alejó. Mientras miraba

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por sobre su hombro, se dio cuenta de que hacían que su trasero se viera más levantado y redondeado, pero firme.

Oh hombre, amaba estos zapatos.

—Son muy bonitos —caminó ida y vuelta algunas veces más, luego volvió a sentarse y empezó a desabrocharlos. Tenía que sacárselos antes de decidir que tenía que tenerlos y gastara cuatrocientos dólares que no podía permitirse.

Se detuvieron en otro puesto que tenía obras de arte eróticas, las cuales eran todas bastante hermosas. Ella admiró las cuerdas de diamantes falsos de muchos colores brillantes en otro puesto.

—Son para remplazar los tirantes de tu sujetador —dijo la mujer detrás de la mesa—. ¿Ves? —se retiró lo suficiente la parte superior de su camisola negra para mostrar las correas de diamantes falsos sobre sus hombros unidas a su sujetador.

—Muy bonito.

Mientras ella y Max se movían hacia el siguiente puesto, Summer miró su reloj. Había dejado sola a Tanya por casi una hora ya, y se sintió culpable.

—Debería volver al puesto.

Max la acompañó, y cuando ella llegó, notó que ya no quedaba nada de chocolate. ¿Tanya había empezado a empacar para terminar la velada?

—¿Se divirtieron? —preguntó Tanya—. Grandes noticias. Tu mercancía se agotó. Una gran multitud apareció después de esa demostración en el escenario… y los pollas se vendieron por alrededor de treinta dólares cada uno.

—¿Pero cómo?

—Bien, había más gente que los quería de la que podíamos abastecer, así que yo… como que dejé que la gente pujara por ellos.

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—¡Tanya!

Ella se encogió de hombros.

—¿Bueno, por qué no? —ella miró su reloj—. Sabes, estoy a punto de dar por terminada la noche, y tú no tienes ninguna razón para quedarte aquí, así que, ¿Max? ¿Qué dices sobre ese trago?

Aunque Max las había invitado educadamente a ambas más temprano, Summer asumió que Tanya preferiría tenerlo para ella sola.

—Yo sólo volveré a la habitación —dijo Summer—. Te veré después. —Summer, pensé que te nos ibas a unir —dijo Tanya.

—Bueno, no quiero entrometerme —especialmente ya que no tenía idea de cómo era la relación entre Tanya y Max.

—Tonterías —Tanya enganchó su brazo alrededor del de Summer—. Tú vienes con nosotros.

*****

Summer siguió a Tanya a los ascensores, intensamente consciente de Max detrás de ella. Entraron y las puertas se cerraron. Mientras estaba de pie al lado de la presencia alta y abrumadoramente masculina de Max, se sentía como si todo el aire hubiera sido succionado del pequeño espacio. Casi dio un suspiro de alivio cuando se abrieron las puertas y ellas siguieron a Max por el pasillo alfombrado. Él se detuvo ante la última puerta a la izquierda y deslizó su tarjeta de acceso en la ranura.

Summer siguió a Tanya dentro de la gran sala de estar completa con una chimenea sobre una pared. La simple decoración le daba un aire de elegancia. Mobiliario color crema con líneas claras y una gruesa alfombra gris estaba colocada para resaltar vibrantes obras de arte. Varias plantas verdes ubicadas alrededor del espacio junto con un arreglo floral de colores brillantes sobre la mesa de café de

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vidrio hacían que el lugar se sintiera hogareño. Ella miró la espectacular vista de las titilantes luces de la ciudad más allá del ventanal.

—Es una habitación encantadora —dijo Summer.

Se sentó en un cómodo sillón, evitando el sofá y la posibilidad de terminar sentada al lado de Max. Tanya se sentó en el sofá. Ante el sonido crispante de hielo, Summer miró alrededor para ver a Max sacando una alta botella negra de una hielera. Expertamente, sacó el corcho, luego vertió líquido espumoso dentro de tres altas copas aflautadas puestas sobre la mesa al lado de la hielera. Le tendió una copa a Tanya, una a Summer, luego levantó la propia.

—Por tu nuevo libro, Tanya. Que sea salvajemente exitoso.

Tanya sonrió ampliamente y chocó su copa contra la de él, luego contra la de Summer. Mientras la copa de Summer rozaba la de Max con un ligero tintineo, sintió un cosquilleo en su brazo, como si se estuvieran tocando de verdad.

Sorbió el champán, disfrutando de las burbujas mientras bailaban dentro de su boca y bajando por su garganta.

—¿Entonces qué haces cuando no estás en el espectáculo de Sexo y Gala, Summer? —preguntó Max.

Extremadamente consciente de la oscura mirada de él sobre su cara, ella se aclaró la garganta.

—Poseo una chocolatería. En un pequeño hotel en Port Smith.

—Chocolate y sexo. Una combinación natural —sonrió él—. Te agradezco otra vez por tu regalo.

Las mejillas de ella se ruborizaron ante el recordatorio. Una imagen de la Maestra Cassie y Vex lamiendo y chupando las pollas de chocolate vibró en su mente. De algún modo, no podía imaginar a Max…

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Jugó con el esbelto tallo de su copa.

—Usualmente no… uh… quiero decir, usualmente hago trufas y flores de chocolate… cosas como esas, pero Tanya quería que yo viniera al espectáculo y sugirió que hiciera… uh…

—Chocolate erótico —intervino Tanya—. Deberías haber escuchado su risa cuando sugerí las pollas de chocolate. Me sorprendió que realmente lo hiciera. Qué malo que no aceptó mi idea de hacer también vaginas de chocolate.

Summer sintió que sus mejillas se volvían a ruborizar.

Max sonrió, y la mirada de Summer se detuvo en sus labios llenos y rectos dientes blancos. Esa boca se veía tan masculina… tan fuerte. Un estremecimiento bajó por su columna mientras recordaba lo que sintió al ser besada por él. Sentir esos labios contra los suyos, su lengua ahondando en su boca con una confianza controlada.

—Parece que a la gente le gustó lo que tenías para ofrecer.

Él le volvió a llenar su copa, y ella se dio cuenta que la había vaciado. Tomó un sorbo del líquido burbujeante y sintió que le calentaba la garganta. No estaba acostumbrada al champán, y podía sentirla relajándola.

—La ayudaste a Tanya en su investigación para este libro —Summer vio esos labios llenos y masculinos volviendo a sonreír. Realmente le gustaba su sonrisa—. Debes saber un montón sobre bondage.

—No sólo bondage, cariño —dijo Tanya—. BDSM4.

Summer frunció sus labios.

4Las siglas BDSM están formadas por las palabras: B: Bondage, D: Dominación, S: Sumisión, M:

Masoquismo. Estilo de vida sexual alternativo de las personas con tendencias Dominantes y sumisas (D/s).

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—Realmente no sé mucho acerca del… BDSM. La gente habla sobre latigazos y dolor. La S y la M son por sadomasoquismo, ¿cierto? —no podía imaginar a Tanya escribiendo acerca de personas haciendo daño a otras personas.

—BDSM realmente destaca por sus numerosas subdivisiones de lo que solía ser conocido como sadomasoquismo —explicó Max—. Esto incluye el bondage5,

bondage y disciplina, Dominación y sumisión.

—Max es un Dominante muy talentoso —Tanya le guiñó a Summer—. Eso es Dominante con D mayúscula.

Max se rió.

—Dominante siempre se deletrea con D mayúscula por aquellos metidos en el estilo de vida.

—Y sumisa con s minúscula. Lo sé —Tanya acarició la mano de él—. Entonces diré que eres Talentoso con T mayúscula.

Él inclinó su cabeza como reconocimiento de su cumplido.

Summer lo miró fijo, preguntándose si Tanya había jugado el juego de Dominación y sumisión con Max.

El pensamiento de Max, autoritario y masculino, jugando el rol del Dominante envió estremecimientos por su columna. ¿Cómo sería ser dominada por él? El simple pensamiento hizo que su pulso se acelerara.

Su vívida imaginación conjuró una imagen de ella de pie desnuda delante suyo, él completamente vestido, y ella arrodillándose frente a él y bajando el cierre

5Bondage es una denominación aplicada a los encordamientos eróticos ejecutados sobre una persona vestida o

desnuda. Los atamientos pueden hacerse sobre una parte o sobre la totalidad del cuerpo, utilizando generalmente cuerdas, aunque también se puede ver en muchas ocasiones el uso de cinta, telas, cadenas, esposas, y cualquier otra cosa que pueda servir para inmovilizar a una persona. Con cierta frecuencia, a la persona se le aplica una mordaza o los ojos vendados. El bondage puede usarse como práctica estético-erótica, como parte de una relación BDSM, como una variante erótica más o como elemento en ceremonias de dominación o de sadomasoquismo.

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de su pantalón, luego buscando dentro para sacar un polla largo y duro, luego envolviendo sus labios alrededor de este…

—¿Te estamos incomodando, Summer? —preguntó Tanya. La mirada de Summer saltó a la cara de su amiga.

—Uh… no, yo sólo… no lo entiendo realmente.

Tanto como la discusión gatillaba pensamientos de sexo caliente e ilícito con Max, estaba segura de que era más por su aura fuerte y masculina.

—Summer, ven aquí.

Ante el tono de Max, la mirada de Summer voló a su cara. Sus ojos oscuros cortaron a través de su inseguridad mientras volvía a hablar.

—Ponte de pie y ven aquí.

Su tono demandante era irresistible. Ella se puso de pie y caminó hacia él antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Se detuvo frente a él, sintiéndose un poco tonta, aunque parte de ella quería obedecerle. Él se veía tan completamente masculino, y eso le encantaba.

—Llena mi copa con champán.

Ella inspiró profundamente, dándose cuenta de que había estado preocupada, aunque excitada por la posibilidad, de que le ordenara hacer algo… ilícito… aunque sólo fuera un beso.

Se giró hacia la mesa, levantó la fría botella negra, y llenó la copa de Max. —Ahora la de Tanya —ordenó Max.

Ella la llenó, luego se quedó ahí sosteniendo la botella.

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—Ahora apoya la botella y vuelve a tu asiento.

Ella reubicó la botella sobre la mesa. ¿Por qué había esperado a que él le pidiera

eso? Se había quedado ahí quieta como una idiota sin mente. Era como si se hubiera

puesto en un modo donde sólo esperaba por sus órdenes, sin mente propia. Volvió a su asiento.

—Acabas de comportarte como una sumisa —dijo Max.

Ella asintió, sin arriesgarse a decir nada, temerosa de que su voz temblara. —La relación Dominante/sumisa es toda acerca del intercambio de poder. La sumisa elige ser controlada por el Dominante. El Dominante no le quita los derechos a la sumisa, ella los cede libremente. Una sumisa nunca tiene que hacer algo que no quiera. Tú podrías haber elegido en cualquier momento no obedecer mis órdenes.

Summer se encogió de hombros. —Pero fueron inocuas. No importó.

—Discúlpenme —intercaló Tanya—. Tan fascinante como es esto, necesito usar el baño de chicas.

Tan pronto como Tanya desapareció por el pasillo, Max dijo:

—Y si te hubiera ordenado que te arrodillaras y me hicieras sexo oral, no lo habrías hecho.

—Así es—. Por supuesto que no lo habría hecho. Tanya había estado sentada ahí

y…

El impacto atravesó su cuerpo. ¿Era sólo porque Tanya había sido testigo que no

lo habría hecho? Si hubiera estado sola con Max… si él le hubiera ordenado…

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Oleadas de necesidad la cubrieron. ¿Podría ser que quisiera que él le ordenara

hacer algo indecoroso? ¿Algo que ella no consideraría ordinariamente?

Tomó una respiración profunda. ¿Si Tanya no hubiera estado ahí sentada, qué

tan lejos hubiera ido?

Mientras Max la miraba, el interés destellaba en los ojos de él. —Summer. Ven aquí.

Inmediatamente, ella le obedeció. —Ahora, agáchate delante de mí.

Su corazón golpeó fuerte en su pecho. Oh, Dios, él había mirado sus ojos y había visto todo lo que ella había estado pensando.

¿Iba a decirle que extrajera su polla y la chupara? Ella no lo haría. No podría.

Ella se agachó, sus miradas trabándose.

El pensamiento de su larga y dura polla en su mano, pulsando de deseo, la abrumó de necesidad. Se imaginó la sensación de este en su boca, imaginó pasar la punta de su lengua bajo el borde de su glande.

Ahora estaban cara a cara. Él se inclinó hacia adelante, acercando su cara a la de ella hasta que su boca estuvo apenas a una pulgada de la suya. Sus labios cosquilleaban con anhelo, queriendo ser besada por él. Él pasó su mano a lo largo de su cuello, su toque poderoso y abrumador por su intensidad.

Su pulso se aceleró mientras se quedaban ahí por varios largos e intensos minutos. Sus pezones se endurecieron, y un calor líquido se posó entre sus muslos. Ella quería volver a sentir sus labios llenos y masculinos sobre los suyos. Quería gritarle que la hiciera besarlo.

¿Por qué simplemente no lo hago?

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Pero esperó. Queriendo que le ordenara. Queriendo que él la controlara. Finalmente, él cerró la distancia, capturando su boca con la de él. Sus dedos acariciaron a través de su cabello y los curvó alrededor de su nuca mientras su lengua le acariciaba los labios, luego la deslizó en su boca en una caricia suave y persuasiva. Le exploró la boca con una experiencia asertiva que la dejó temblando.

—Bien, veo que me perdí la diversión.

Los dedos de Max se tensaron alrededor de la cabeza de Summer, previniéndola de alejarse ante el sonido de la voz de Tanya. Él continuó el beso, quitándole el aliento mientras sus labios devoraban los suyos con un ansia embriagadora y erótica.

Cuando la soltó, ella miró en sus oscuros ojos, sabiendo que él veía más de lo que ella quería que él hiciera.

—Bien, hay algunas cosas que necesito terminar antes de la mañana, así que simplemente los dejaré a ustedes dos solos —Tanya agarró su cartera de la mesa lateral junto al sofá y caminó hacia la puerta.

—Yo también voy —dijo Summer, poniéndose de pie.

—Summer, quédate —Max sonrió, sus ojos cálidos e invitadores.

Había sido una petición más que una orden, pero ella se congeló. ¿Debería

quedarse aquí sola con este extraño? Si lo hiciera, iniciaría un sendero que no estaba

segura de querer seguir, a pesar de la curiosidad y el deseo que la acuchillaba. Tanya agarró el brazo de Summer y la arrastró a través de la habitación. —Danos un segundo, Max —Tanya sonrió, luego metió a Summer en el dormitorio y cerró la puerta—. Dulzura, obviamente ustedes dos tienen una fuerte química —dijo Tanya—. Deberías quedarte.

—Pero ni siquiera lo conozco.

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—No es como si fuera un completo extraño. Es un gran tipo, puedes confiar en mí con eso. Pasarás un rato fabuloso.

El corazón de Summer golpeó en su pecho mientras miraba fijo a Tanya, desgarrada entre el sentido común y un extraño anhelo de hacer algo totalmente fuera de su carácter... como quedarse a ver exactamente a dónde las cosas podían dirigirse con Max Delaney.

—Tienes curiosidad acerca de esta cosa de Dominante/sumisa, puedo decirlo… y créeme, Max será el mejor para mostrarte las cuerdas, por decirlo así. ¿Qué mejor manera de explorar algo nuevo y excitante que en una aventura de fin de semana? El lunes vuelves a Port Smith y a tu vida usual sin que nadie lo note. Puedes guardar esto como un recuerdo excitante.

Summer miró hacia la gran cama y se estremeció ante el pensamiento de Max abrumando sus sentidos con su intensa masculinidad. Podía imaginar sus labios acariciando su cuerpo, su duro cuerpo poseyendo el suyo mientras ella se rendía a él.

Una aventura de fin de semana. Nadie en casa lo sabría jamás.

Había pasado un largo tiempo desde que había tenido cualquier clase de sexo, no digamos del tipo de sexo pervertido y excitante que la involucrara sometiéndose a los antojos de otro. Especialmente alguien tan potentemente sexy como Max Delaney.

Dominación.

Su corazón palpitaba. Se preguntó si Max tendría esposas en algún lugar por aquí. El pensamiento de unas esposas de frío acero aferrando sus muñecas, sujetándola, hizo que su pulso se disparara.

—¿Entonces qué dices? —preguntó Tanya. Summer respiró profundamente, luego asintió.

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Capítulo Tres

—¿Summer, tienes a algún hombre en casa? —Max estaba sentado en el sofá frente a ella. Ella miraba hacia su regazo mientras arrastraba un dedo por su rodilla.

—En realidad, hay dos.

Él sonrió mientras arqueaba una ceja hacia arriba. —¿En serio?

—No… quiero decir, no estoy involucrada con ambos… con ninguno de ellos, en realidad… yo sólo…

—¿Te gustaría estarlo? Ella lo miró y asintió.

Él levantó su copa y la giró. —¿Entonces por qué no lo estás?

—Es complicado. Ellos son mejores amigos, y… yo soy amiga de ambos. Si salgo con uno… —se encogió de hombros.

—¿Tienes miedo de destruir su amistad? —él tomó un sorbo de su trago. Ella asintió.

—Y de todos modos no sabría cómo elegir entre ellos. —¿Por qué no salir con ambos?

—¿Ambos?

Él se inclinó hacia adelante.

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—Para que estemos claros, me refiero a un trío. Entonces no tendrías que escoger.

Sus mejillas se ruborizaron. —Oh, no. No podría hacer eso. Él sonrió.

—¿En serio? Creo que hay una gran cantidad de cosas que podrías hacer que no crees que podrías… en las circunstancias correctas.

Su oscura mirada se enterró en ella hasta que se encontró retorciéndose en su asiento. Él puso su trago sobre la mesa de vidrio.

—Summer, ven a sentarte aquí.

No lo dijo con su voz autoritaria, pero ella igual le obedeció, levantándose y moviéndose hacia el sofá, luego sentándose a su lado.

Lo miró y se sintió abrumada por el intenso escrutinio que sus ojos oscuros. Se sentía como si en este momento estuviera en el centro del foco de su mundo. Como si él pudiera ver todo sobre ella… supiera todo lo que había que saber sobre ella. Incluso cosas que ella no sabía sobre sí misma.

Él pasó un dedo a lo largo de su mejilla, y excitantes estremecimientos bailaron por su cuerpo como polillas en una noche de verano. Sus dedos se deslizaron entre su largo cabello rojizo, y la atrajo más cerca. Cuando su boca encontró la de ella en un suave roce de labios, luego moviéndose con una delicada presión, ella inspiró y se derritió contra él.

La lengua de él se movió en su boca en largos y sexys empujes… explorando… acariciando. Envolvió sus brazos alrededor de ella y la acercó a su duro y rígido cuerpo. Sus pezones se transformaron en protuberancias apretadas, presionando contra su pecho musculoso.

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Sus labios rozaron contra su oído.

—Eres una mujer sexy y hermosa, Summer. Quiero hacerte el amor. Liberar la pasión que hay dentro de ti.

Ella lo miró, una prisionera de sus ojos color carbón, pecaminosos y sexys. Sus labios volvían a anhelar los de él.

—Sé que realmente no me conoces —dijo él—pero si te rindieras a tus deseos y confiaras en mí, te llevaría en un viaje que nunca olvidarás —presionó la punta de su dedo contra los labios de ella, luego trazó la curva inferior—. Sólo recuerda, tú decides.

—¿Yo decido?

Sus labios volvieron a capturar los suyos, y se derritió contra él. Sus brazos rodearon su cuello, y se aferró a él. Era tan fuerte. Tan masculino. ¡Tan sexy!

—¿Estás lista?

¿Lo estaba? Una parte de ella quería correr hacia la puerta y huir a la

seguridad de su habitación. Escapar de los repentinos anhelos que la volvían una masa furiosa de deseo.

Ella asintió, luego se aclaró la garganta. —Sí. Estoy lista.

La sonrisa de él se ensanchó.

—Bien. —Entonces su sonrisa se desvaneció y su mirada se agudizó—. Levántate. —Ella se puso de pie y se paró delante de él—. Date la vuelta.

Lentamente, giró, continuando hasta que lo volvió a enfrentar, consciente de su mirada destellando sobre su cuerpo, abrasándola con su franco escrutinio masculino.

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—Desabotona tu blusa.

Oh, Dios, ¿realmente puedo hacer esto?

Pero sus dedos, con mente propia, abrieron el botón de arriba, luego el siguiente. Mientras su blusa se separaba para revelar la hinchazón de sus senos debajo, ella inspiró con fuerza. Sentía el calor de un rubor empezando en su cuello y a través de su pecho. Sus dedos seguían moviéndose hacia abajo hasta que todos los botones estuvieron sueltos y su blusa quedó abierta, revelando sus senos encerrados en encaje negro.

—Sácate la blusa y dóblala ordenadamente, luego ponla sobre la silla.

Ella se deslizó la prenda fuera de sus hombros, luego la dobló, el ordinario acto manteniendo su mente lejos del hecho de que acababa de quitarse su prenda superior ante la orden de un extraño. Un extraño intensamente sexy.

—Ahora desabotona tu falda y déjala caer al suelo.

Ella alcanzó detrás suyo y desabrochó el botón y bajó el cierre, luego deslizó la cinturilla más allá de sus caderas y dejó que la falda cayera al suelo.

Tanya la había convencido de usar un liguero y medias negras, para mantener el tema del espectáculo. Viendo el calor hirviendo a fuego en los ojos de Max mientras miraba fijamente hacia la desnuda piel blanca en la cima de sus muslos, estuvo contenta de haberlo hecho.

—Ahora da un paso fuera de la falda.

Summer dio un paso adelante, fuera del anillo de tela. —Date la vuelta y levanta la falda.

Ella se volvió, luego se inclinó, intensamente consciente de que la postura le brindaba a Max una sexy vista de su trasero, casi totalmente desnudo en la tanga de

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encaje negro que usaba. Sus dedos agarraron la tela negra de su falda, pero esperó unos segundos antes de pararse, sorprendida ante su propio desenfreno.

Se levantó, sujetando la falda en su mano, esperando su siguiente orden. —Dóblala, y ponla encima de tu blusa, luego ven aquí.

Una vez que dispuso de la falda, caminó hacia él. ¿Le pediría ahora que se

quitara el sujetador? ¿Luego sus bragas?

Él vertió un poco de champán en las copas aflautadas frente a él y le tendió una a ella. Ella agarró la copa y la levantó hacia sus labios, tomó un trago, luego otro. El líquido burbujeante le llenó la boca y cosquilleó en su garganta. Todavía estaba sintiendo los efectos de las dos copas que había bebido antes, pero sabía que no tenían nada qué ver con sus acciones. Cuando se terminó la copa, miró hacia la mesa, queriendo apoyar la copa. Él asintió y la puso sobre la mesa.

—Summer, puedes decidir las cosas pequeñas, o dejármelas a mí. Depende de ti. Lo importante es que sigas mis órdenes directas.

Ella asintió, preguntándose cuál sería su siguiente orden directa. —Ve a la silla detrás de ti y siéntate.

Una vez que estuvo cómodamente sentada, él dijo: —Ahora acaricia tus senos.

Un estremecimiento la recorrió mientras se reclinaba en la silla y pasaba sus dedos sobre sus senos. Se sentían cálidos y redondos. Se sentía muy extraño hacer esto frente a alguien.

La mirada de Max la abrasó. —Quítate el sujetador.

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