Longa sobre neo darwinismo

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El Programa Minimalista como eliminación de una peligrosa asimetría conceptual

en Gramática Generativa

Víctor M. Longa

Universidad de Santiago de Compostela

victormanuel.longa@usc.es

1. Introducción

Una de las cuatro propiedades fundamentales con que Wilson (1998) caracteriza

la ciencia es la ‘parsimonia’: “cuantas menos unidades y procesos se utilicen para

explicar el fenómeno, mejor” (Wilson 1998: 291). La búsqueda de tal propiedad se

puede extender al tratamiento de planos diferentes pero con convergencias obvias, como

la filogenia y la ontogenia; de hecho, tras la ignorancia del neo-darwinismo hacia el

plano del desarrollo (cf. Robert 2004), los vínculos entre ambos planos han sido bien

establecidos por Evo-Devo (Hall 1999, Carroll 2005).

Esa necesidad de tratar unitariamente filogenia y ontogenia fue ya señalada por

Skinner (1966: 1210), según quien “Ontogenic and phylogenic behaviors are not

distinguished by any essence of character”. Así pues, Skinner intentaba evitar asimetrías

conceptuales, que suelen ser muy incómodas para las teorías, pues introducen aparatos

conceptuales diferentes para cada plano, lo que veta un tratamiento integrado. Por ello,

lo ideal sería aplicar a filogenia y ontogenia la propiedad de parsimonia, analizándolas

con un mismo conjunto de mecanismos y concepciones teóricas y aspirando a una

unificación teórica que explique satisfactoriamente los paralelismos.

Este trabajo sostendrá que la Gramática Generativa (desde ahora, GG) ha

sostenido una asimetría conceptual muy relevante durante más de 30 años, la cual, en lo

que conozca, no ha sido notada ni discutida hasta el momento a pesar de su gran

trascendencia: por un lado, la GG ha rechazado mayoritariamente que el lenguaje

evolucionara mediante selección natural, rechazando así férreamente (y no sin razón)

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asumió plenamente el neo-darwinismo en lo que respecta a la ontogenia del lenguaje al

asumir la primacía de los genes, aplicando en consecuencia la noción de programa

genético (Gramática Universal), noción central en el neo-darwinismo. Por ello, a pesar

de sus enormes méritos, la GG se ha caracterizado históricamente por una profunda

asimetría conceptual (rechazo del no-darwinismo en la filogenia pero aceptación en la

ontogenia). Dado que el conjunto de mecanismos asumidos para cada plano es

contradictorio entre sí, esto supone todo lo contrario de parsimonia.

El Programa Minimalista, último modelo generativo, ha deshecho esa asimetría,

de modo que el tratamiento radicalmente diferente de los dos planos ha sido sustituido

por una concepción según la cual ambos pueden ser tratados uniformemente, dada la

rebaja del papel de los genes en la ontogenia y la defensa también en este plano de

condiciones de necesidad conceptual. Este trabajo discutirá todas estas cuestiones. Pero

antes expondrá esquemáticamente las bases del neo-darwinismo, para que ese contraste

se aprecie bien.

2. Unas someras bases del neo-darwinismo

La ‘síntesis evolutiva’, producida en 1930-1940, integró las ideas de Darwin

sobre evolución y selección natural con las de Mendel y mendelianos sobre herencia (cf.

Mayr 1991 y Gould 2002: cap. 7). Por ello, fue un hito fundamental para la biología; de

hecho, gracias a ella surge la biología moderna. Y el neo-darwinismo, derivado de ella,

se constituyó en el modelo ‘ortodoxo’.

Sin embargo, a pesar de su enorme trascendencia, no todos los efectos de la

síntesis fueron deseables: el más negativo consiste en que originó el ‘gencentrismo’ (por

ello, Gould 2002: 532 denomina su resultado como darwinismo genéticamente

reavivado, extensible tanto al neo-darwinismo clásico como al molecular). Esta visión

únicamente centrada en los genes (cf. la exposición crítica de Goodwin 1994: caps. 1-2,

Jablonka y Lamb 2005: cap. 1 y Moore 2001: cap. 11) y que todavía pervive

fuertemente (incluso en Evo-Devo; cf. Carroll 2005) consideró que la herencia es un

mecanismo puramente genético (sólo se heredan genes), extendiendo ese gencentrismo

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selección natural. Y dado que este mecanismo opera exclusivamente sobre genes, la

evolución es un mero cambio de frecuencias génicas.

En cuanto al desarrollo, la primacía de los genes está representada por la noción

de programa genético, surgida en el neo-darwinismo molecular. A partir de los trabajos

pioneros de Jacob y Monod, se empezó a apreciar que gran parte del ADN no codificaba

proteínas, sino que regulaba la expresión génica. Por ello, la herencia se empezó a

considerar un programa genético, o conjunto de instrucciones escritas en los genes

(Dawkins 1976: 71) que dirige el desarrollo del organismo; como señalan

Maynard-Smith y Szathmáry (1999: 14-15), “cada huevo contiene en sus genes un conjunto de

instrucciones para formar el adulto adecuado […] es la información contenida en los

genes lo que especifica la forma adulta”. También Carroll (2005: 35), inscrito en

Evo-Devo, hace la misma asunción: “In the entire complement of DNA of a species (the

genome) there exists the information for building that animal. The instructions for

making five fingers, or two eyespots, or six legs […] are somehow encoded in the

genomes of the species that bear these traits”.

De ahí que Bateson (2001) o Longa (2008) sugieran que esa postura resucita el

preformismo clásico, desde la perspectiva de la información: el organismo sería una

versión expandida del huevo. Aunque no hay un homúnculo en el huevo, éste contiene

todas las instrucciones necesarias para su desarrollo. Como señala Mayr (1982: 106), el

organismo “is contolled by something preformed, now recognized as the genetic

program”.

La vision neo-darwinista de la evolución no es sino una extensión directa de las

asunciones sobre la ontogenia, derivando de la visión sobre selección natural y herencia:

los organismos tienen variaciones, algunas de ellas producen diferencias en fitness, y

algunas de éstas son heredables. Pero, como sostienen Griffiths y Gray (2001: 195),

dado que las variaciones no heredables no tienen papel alguno a efectos del trabajo de

selección natural, y dado que este mecanismo y la herencia se conciben como algo

puramente genético, de ahí resulta que la evolución se considere un cambio de

frecuencias genotípicas.

En resumen, el neo-darwinismo otorga al gen un papel de privilegio, de agente

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especial, a nivel formativo e informativo (Oyama 2001: 177-178). Estas palabras de

Maynard-Smith y Szathmáry (1999: 15) reflejan perfectamente ese predominio del gen

en ambos planos: “El desarrollo de organismos complejos depende de la existencia de

información genética que pueda copiarse mediante una plantilla. La evolución depende

de cambios aleatorios en dicha información genética y de la selección natural de los

conjuntos de instrucciones que especifican los organismos más exitosos”.

Actualmente, el neo-darwinismo está siendo muy contestado por varias

corrientes profundamente insatisfechas con esa dictadura de los genes, como las

ciencias de la complejidad (Goodwin 1994), la teoría de los sistemas de herencia en

paralelo (Jablonka y Lamb 2005) o la teoría de los sistemas de desarrollo (Oyama 2000,

Oyama et al. eds. 2001). Todas ellas consideran, por diferentes razones, que el gen ha

sido sobrevalorado (cf. Moore 2001). Efectivamente, por un lado no sólo se heredan

genes (cf. Longa 2009 y referencias), por lo que la herencia es más que tener los ‘right

genes’, como asumió el neo-darwinismo. Por otro, se suele olvidar que la teoría de la

selección natural es muy general, no guardando relación necesaria con la herencia

genética (Blumberg 2005: 60, Jablonka y Lamb 2005: 11, 16, Moore 2001: 163). Tal

marco sólo requiere la existencia de un generador (o varios) de variación, pero no es

necesario desde premisas lógicas que ese generador sea genético.

Paso a continuación a analizar las ideas de la GG sobre evolución y desarrollo

para mostrar que mientras en el primer plano se rechaza frontalmente el

neo-darwinismo, se acepta sin embargo cerradamente en el segundo.

3. La GG y la filogenia

En el ámbito de la filogenia, frente al de la ontogenia, han existido diferentes

posturas en el seno de la GG. Algunos autores, como Pinker y Bloom (1990) o

Newmeyer (1991) han asumido un marco neo-darwinista, centrado en una evolución

gradual y adaptativa, guiada por la selección natural. Sin embargo, la postura

claramente mayoritaria, de la que el propio Chomsky ha sido un abanderado (cf. sobre

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del lenguaje por selección natural. Como veremos brevemente, no faltan buenas razones

para ello.

Tal oposición ha criticado los dos ingredientes básicos del pensamiento

(neo)-darwinista referido a la filogenia, gradualismo y adaptacionismo. Por un lado, dado que

la selección natural “solamente puede obrar a pasos cortos y lentos” (Darwin 1859:

541), “según la teoría de la selección natural, es preciso que haya existido un número

interminable de formas intermedias” (Darwin 1859: 533). De aquí deriva el

gradualismo. También el adaptacionismo se relaciona con la selección natural, que

implica la supervivencia de los mejor adaptados, que tendrán mayor fitness: “la mejor

adaptación en un grado, por insignificante que sea, a las condiciones físicas que los

rodean [a los organismos] hará inclinar, andando el tiempo, en su favor la

balanza” (Darwin 1859: 538). Estos dos ingredientes han sido la base del

neo-darwinismo, pero el lenguaje según la GG pone en aprietos a esa visión.

En cuanto al gradualismo, no hay vestigios de evolución gradual del lenguaje,

esto es, no hay rastro alguno de un descenso por modificación que desde sistemas

animales condujera al lenguaje. Tampoco existe rastro de esa evolución gradual dentro

de los homínidos: no hay en el registro arqueológico previo a los Sapiens nada que

permita sostener presencia de lenguaje en esos homínidos, por lo que el lenguaje

complejo es un resultado evolutivo muy reciente, de unos 120 ka (cf. la discusión de

Balari et al. 2008, en prensa). Las mismas dificultades surgen con respecto al

adaptacionismo, por el que los seres de adaptan a sus entornos. Para ello, es central la

operación de una presión selectiva que ‘guíe’ la evolución de un rasgo y que otorgue

ventajas prácticas, adaptativas (en el caso del lenguaje, tales ventajas serían las

comunicativas). Sin embargo, Chomsky ha cuestionado que la función del lenguaje sea

la comunicación; sin duda, ésta es una de sus funciones, pero el lenguaje se usa para

otras muchas cosas, por lo que sus funciones son muchas (Chomsky 1980: 240-241).

Esto es, sirve para muchas cosas, como comunicar, representar, expresar el

pensamiento, etc., pero para ninguna especialmente. Por ello, es difícil verlo como una

adaptación para un fin específico que hubiera sido la presión selectiva para su

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De ahí que Chomsky haya criticado que el lenguaje evolucionara por selección

natural, señalando que no hay sustancia alguna en tal tesis (Chomsky 1968: 161). Por

supuesto (y esto debe recalcarse), no niega que la selección jugara un papel:

“Seguramente el lenguaje debe conferir una enorme ventaja selectiva” (Chomsky 1980:

248). Pero una cosa es sostener que un rasgo tiene valor adaptativo y otra bien diferente

que fue ese valor el que guió la evolución del rasgo.

En realidad, lo que hace Chomsky es diferenciar dos papeles de la selección

natural: como único proceso responsable según el neo-darwinismo del diseño complejo

(recuérdese la lógica del ‘Dios o selección natural’ de autores como Pinker 1997: 197) o

bien como proceso que sólo selecciona o filtra productos generados por otros medios.

Chomsky rechaza el primer sentido, adoptando el segundo, compartido por las ciencias

de la complejidad (cf. Longa 2001b y Lorenzo y Longa 2003a), según el cual el diseño

complejo no deriva de la selección natural, sino de leyes de auto-organización que no

dependen del entorno sino de la dinámica intrínseca al sistema (Goodwin 1994,

Kauffman 1995, Solé y Goodwin 2000) y que generan orden espontáneo. Por tanto, esta

perspectiva rebaja la importancia de los genes, dado que desde esa perspectiva no es

necesaria una guía estricta por parte de instrucciones genéticas. Desde tal perspectiva, la

selección es sólo un “filtro contra los fiascos” (Goodwin 1994: 193). Como afirma

Kauffman (1995: 8), relativizando el papel de la selección, “laws of complexity

spontaneously generate much of the order of the natural world. It is only then that

selection comes into play, further moulding and refining”. En resumen, la selección

puede explicar variaciones a pequeña escala, pero no las grandes diferencias en la

forma.

Por tanto, según Chomsky (1968: 124), el lenguaje es una verdadera emergencia

biológica, no explicable gradual ni adaptativamente. El tipo de explicación favorecida

por la GG en general y Chomsky en particular ha sido la aparición del lenguaje como

una exaptación, producida por un incremento de la complejidad cerebral mediante

“leyes físicas relacionadas con la carga de neuronas o con los mecanismos

regulatorios” (Chomsky 1980: 109). En resumen, su origen reside en la reorganización

anatómica del cerebro, producto de su gran aumento en la filogenia. Como señala

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Las respuestas bien podrían encontrarse, no en la teoría de la selección natural, sino en la biología molecular, en el estudio de qué clase de sistemas físicos pueden desarrollarse bajo las condiciones de la vida en la tierra y por qué, en última instancia debido a principios físicos. […] Muy posiblemente otros aspectos de su desarrollo evolutivo [del cerebro] reflejen de nuevo la operación de las leyes físicas aplicadas a un cerebro de un cierto grado de complejidad.

Esta línea de pensamiento, sostenida por la GG durante varios decenios, deja

obviamente poco rol para la selección natural, lo que es decir que deja poco rol para una

evolución del lenguaje basada en especificaciones genéticas. Esto es, la explicación no

se basa en los genes, frente a las premisas neo-darwinistas manejadas para la filogenia.

4. La GG y la ontogenia

Si en la filogenia algunos autores generativos conceden mucho poder a la

selección, frente al resto de autores, no sucede así en la ontogenia. Aquí existe una

postura unánime en el ámbito generativo. Y frente a lo que sucede en la filogenia, esa

postura unánime se basa en asumir plenamente una de las premisas básicas del

neo-darwinismo, como es el papel directivo otorgado a los genes, el gencentrismo, mediante

la noción de programa genético (para el lenguaje). Esto es, la GG ha participado del

gencentrismo que ha sido santo y seña del neo-darwinismo. Todo lo contrario que lo

asumido para la filogenia: de aquí la asimetría señalada, como veremos.

Como es muy bien conocido, la postura de la GG se puede resumir en que “El

estudio de las propiedades del lenguaje biológicamente necesarias […] se ocupa de

determinar un aspecto de la genética humana, a saber, la naturaleza de la facultad

lingüística” (Chomsky 1980: 36-37); por ello señalaba Jenkins (1979: 106) que la GGT

forma parte del “tradicional study of the genetics of organisms”. Dado tal presupuesto

(que identifica las nociones de genético e innato; cf. Longa 2006), es obvio que la

noción de programa genético o equivalentes (blueprint, genetic endowment, genetic

equipment, genetic make-up) es central, definido como “that part of our genetic

endowment which is relevant for our linguistic development” (Anderson y Lightfoot

2002: 22). Eso se refleja en asumir un estado inicial genéticamente determinado

(Chomsky 1980: 243) y específico para el lenguaje que contiene los principios

lingüísticos innatos que dado un mínimo de experiencia permiten el desarrollo del

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por las razones enunciadas es identificada con el ‘linguistic genotype’ o programa

genético del lenguaje (Chomsky 1980: 244, Lightfoot 2006: 46, etc.). Estas palabras de

Lightfoot (1982: 22) son muy claras al respecto: “The genotypical principles

responsable for language acquisition can be viewed as a theory of grammar, sometimos

calles Universal Grammar. This represents the genetic equipment that makes language

growth possible”.

Ese gencentrismo tan acusado fue sostenido desde siempre por la GG, si bien su

formulación más representativa es la de GB. En este modelo, los principios, remitidos a

la dote genética, reflejan las propiedades universales de las lenguas, pero no están

cerrados sino que permiten un rango reducido de variación paramétrica, siendo la

experiencia la responsable de fijar un principios en una posición u otra según los datos

recibidos por el niño (inglés, español, japonés, etc.).

En resumen, la visión de la GG sobre la ontogenia concede al gen el estatus de

causa esencial, dotado de un poder directivo especial. En el genoma reside según la GG

el plan lingüístico del organismo. Se puede aplicar a esta concepción la opinión de

Monod (1970: 94) según la cual “El plan de la estructura estaba presente en sus mismos

constituyentes. Puede pues realizarse de manera autónoma y espontánea, sin

intervención exterior, esto es, sin inyección de nueva información. La información

estaba presente, aunque no expresada, en sus mismos constituyentes”.

Por tanto, como se puede apreciar, GB en particular y la GG en general han

asumido la centralidad de la noción de programa genético, lo que implica decir que han

asumido la asimetría entre el genotipo y el resto de elementos. Al tiempo, también han

participado de los tres rasgos que según Robert (2004: 39) conforman la visión de

consenso sobre el desarrollo del organismo:

1. Informacionismo genético: la información requerida para el desarrollo de un

organismo está contenida en sus genes

2. Animismo genético: esa información consiste en un programa genético con su propia

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3. Primacía genética: los genes son los vehículos mediante los que se hereda la

información, los principales promotores del desarrollo ontogenético y además los que

ofrecen los principales materiales para la realización de ese desarrollo

Si contraponemos las visiones expuestas de la GG sobre la filogenia y

ontogenia, podemos apreciar la asimetría señalada en la introducción, pues ambos

planos se tratan de manera completamente dispar. Mientras en la filogenia se rechaza de

plano el gencentrismo neo-darwinista, rebajando la relevancia de la selección natural,

considerando que los genes son actores secundarios, en la ontogenia el gencentrismo es

central, con la noción de programa genético, asumiendo que los genes son la causa

esencial del desarrollo lingüístico. Tal situación se ha mantenido durante más de 30

años, desde los primeros tiempos de la GG hasta la puesta en escena del Programa

Minimalista, modelo chomskyano actual. Gracias a tal modelo, la asimetría ha sido

eliminada, por lo cual el tratamiento de ambos planos, frente a épocas previas, tiene la

propiedad de parsimonia. A esto se dedica el siguiente apartado.

5. El Programa Minimalista como resolución de la asimetría

El último modelo generativo (Chomsky 1995) ha propiciado una nueva manera

de entender la facultad del lenguaje, especialmente en la ontogenia o desarrollo del

lenguaje, donde los cambios acaecidos permiten la concordancia con la filogenia, dada

la rebaja del gencentrismo en el ámbito ontogenético. Con respecto a la filogenia, se ha

venido sosteniendo un escenario que ve al lenguaje como una emergencia biológica.

Desde la óptica minimalista, la reorganización cerebral propició un contacto productivo

entre los módulos AP y CI, previamente existentes, que provocó que el primero pasara a

exteriorizar los productos generados por el segundo (cf. Longa et al. en prensa), algo

asimilable a las ciencias de la complejidad (Lorenzo y Longa 2003a: cap. 7) y a sus

modelos de auto-organización espontánea1. Pero como señalaba, es en el plano de la

ontogenia donde se han producido novedades muy importantes, al rechazar el

gencentrismo que caracterizó a todos los modelos previos.

1 Esta postura ha sido algo relatizada últimamente desde la división entre FL estrecha y amplia,

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El lenguaje es un procedimiento para vincular productivamente sonidos o gestos

(sistema AP) y secuencias de sentidos (sistema CI). De este modo, el sistema

computacional es un puente entre esos dos sistemas. Y en este sentido, la GG ha

ofrecido dos grandes respuestas sobre la naturaleza de ese sistema computacional

(Longa y Lorenzo 2008): posición maximalista, caracterizada por pensar que el lenguaje

es una facultad gramatical autónoma, y posición minimalista, caracterizada por lo

contrario, por la asunción de que no es necesario ningún sistema gramatical, ya que los

mecanismos del lenguaje no son diferentes en esencia de los de los sistemas externos.

Recordemos que los modelos previos al PM adoptaron el maximalismo, entendiendo

que FL estaba formada por principios que “en aspectos decisivos son específicos de la

facultad lingüística” (Chomsky 1986: 10). Por tanto, la predicción de esos modelos

previos es que la relación entre FL y sus sistemas de actuación era muy recargada, al

precisar una maquinaria compleja. Por tanto, esos modelos postularon la tesis de

especificidad del lenguaje.

Por el contrario, el minimalismo sostiene la tesis contraria, de inespecifidad del

lenguaje (Longa 2006), de modo que FL es vista como inespecífica. La mejor versión

minimalista es la que ofrezca la conexión más inmediata o directa entre los dos módulos

externos, la que tenga un mínimo de maquinaria gramatical específica, que

precisamente entorpece esa relación directa, ya que esa maquinaria debería ser

‘traducida’ a términos de los dos módulos externos. Por esa razón los elementos

gramaticales son contemplados como imperfecciones, al carecer de justificación

independiente (Chomsky 2000: 78) y así estorbar la manera más sencilla de unión entre

los dos módulos. Por eso señala Chomsky (2000: 95) que el trabajo de GB conducía a la

conclusión contraria del PM, que el lenguaje es altamente imperfecto.

Esto ha supuesto la eliminación de diferentes principios, o bien su reformulación

en términos de interfaces (principios impuestos por los interfaces) o con condiciones de

necesidad conceptual, caminos que ambos descargan a FL de cualquier sustrato

gramatical.

Este enfoque se ha radicalizado en trabajos recientes de Chomsky: Chomsky

(2005: 6), entre otros trabajos, ha formulado tres factores en el crecimiento del lenguaje:

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lenguaje. En concreto, este factor alude a “principles of structural architecture and

developmental constraints […], including principles of efficient computation, which

would be expected to be of particular significance for computational systems such as

language” (Chomsky 2005: 6).

Pues bien, la tesis de inespecifidad minimalista se plasma en la primacía

del tercer factor. Chomsky (2005: 10) equipara una principled explanation no con una

naturaleza gramatical, como sostenía GB, sino con la óptica contraria, caracterizada por

la inespecificidad: “We can regard an explanation of properties of language as principles

insofar as it can be reduced to properties of the interface systems and general

considerations of computational efficiency and the like” (Chomsky 2005: 10).

Esa primacía del tercer factor, que asume que es la que permitirá una ‘principled

explanation’ del lenguaje, conduce a la eliminación de la mayor parte de la GU, que

queda reducida a un mínimo, dada la eliminación de esos principios específicos de

dominio de antaño. Según el PM, el estado inicial debería estar libre de cualquier

vestigio gramatical (Lorenzo y Longa 2003b), de modo que los principios minimalistas

no necesitan estar impresos en el cerebro, sino que se general de manera espontánea por

defecto, esto es, en ausencia de cualquier otro criterio establecido al respecto.

Dada la pérdida de especificidad de la GU y sus principios, la consecuencia es

que la carga genética requerida para el desarrollo del lenguaje es reducida a un mínimo,

en beneficio del tercer factor y sus efectos (cf. sobre este factor Lorenzo y Longa 2009).

Por ello, el PM supone “shifting the burden of explanation from the first factor, the

genetic endowment, to the third factor, language-independent principles of data

processing, structural architecture, and computational efficiency” (Chomsky 2005a: 9).

De ahí el abandono del gencentrismo por parte del minimalismo. Y esto supone

una convergencia muy importante entre ontogenia y filogenia: la ontogenia se puede

asimilar a la filogenia en que descansa en condiciones de necesidad conceptual,

entendidas como las condiciones más sencillas o simples posibles de entre todas las

concebibles, por ello, no es necesario postular para ellas especificaciones especiales en

forma de instrucciones genéticas. Por ejemplo, los movimientos son los más cortos

posibles no porque así lo dicte un módulo gramatical autónomo (como antaño) sino

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funciona un sistema computacional. Los principios del PM se siguen de manera

espontánea en ausencia de cualquier otro criterio establecido al mismo efecto. Por todo

ello, el PM rebaja el papel de los genes, considerando innecesario un blueprint

específico del lenguaje.

Todo ello posibilita una convergencia (parsimonia) entre los dos planos: la

rebaja de la noción de programa genética en la ontogenia congenia con la ya existente

en la filogenia, y las condiciones de tercer factor en la ontogenia congenian igualmente

con las señaladas en el plano de la filogenia. De este modo, es posible sostener para

ontogenia y filogenia que las computaciones lingüísticas derivan de la organización

óptima de las formas o de la simplicidad y generalidad de los procesos. Por ello, el PM

propicia un tratamiento uniforme de los dos planos, rechazando las premisas

neo-darwinistas en los dos planos y no en uno sólo, como asumió el devenir de la GG. De

ahí el relevante significado biológico del PM; por decirlo en otras palabras, esa es una

razón más por la que el PM merece una seria consideración.

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