BIBLIOTECA ROMÁNICA HISPÁNICA
DIRIGIDA POR D Á M A S O A L O N S O
II. ESTUDIOS Y ENSAYOS
EMILIA DE ZULETA
CINCO POETAS ESPAÑOLES
(SALINAS, GUILLEN, LORCA, ALBERTI, CERNUDA)
B I B L I O T E C A R O M Á N I C A HISPÁNICA E D I T O R I A L C R E D O S , S. A .
MADRID
290 Cinco poetas españoles acuerdo con el consejo de Antonio Machado, dice que no habrá que hablar "en tonto" al pueblo.
Su canto se eleva del barrizal a las estrellas: ni puro barro ni pura estrella son poesía, y será deber del poeta dar relieve a la belleza que está en todo^^ Juan Panadero quiere hacer poesía simple, po- pular, porque sus raíces están en el pueblo y porque a él va dirigida;
clara porque lucha contra lo oscuro y porque su mensaje debe ser entendido. A través de esta dimensión social se salva, en cierta me- dida, el desarraigo del poeta desterrado: como Juan Panadero, pasó el mar pero prosigue su canto.
Pese a sus propósitos de equilibrar militancia y belleza, manifies- tos en su poética de esta última etapa, la poesía de Alberti atiende, como veremos, más a la voluntad de trasmitir su mensaje que al logro del objeto estético cabal donde contenido y expresión se integren armoniosamente.
III. O B R A P O É T I C A : P R I M E R M O M E N T O
La variedad de intenciones, de temas y de formas, se manifiesta en un mundo poético pluralmente diversificado, en constante cambio.
No se trata tampoco de una evolución sostenida, con una dirección fija, sino de movimientos de alternancia y coexistencia de diferentes temáticas e intenciones. Por ello creemos que el mundo de Alberti resultará más accesible a través de la consideración, en particular, de cada uno de sus libros, tal como aparecen organizados en sus Poesías completas. Cabe, eso sí, distinguir un primer momento, que correspon- de a sus primeros libros, y un segundo momento, el de la poesía en el exilio.
^ Id., "Otras coplas sobre la poética de Juan Panadero", P. C, pági- nas 883-884.
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MARINERO EN TIERRA
Según dijimos, Rafael Alberti obtiene el Premio Nacional de Literatura con un conjunto de poemas titulado Mar y tierra, que se publica, al año siguiente como libro, bajo el título de Marinero en tierra, que corresponde a la serie de poemas agrupados en su segimda parte.
El propio Alberti señala que en este libro se integra ima doble línea temática: los poemas de la serranía guadarrameña y los poemas de la nostalgia del mar de Cádiz. En cuanto a la forma —"extremada sencillez", "Unea melódica precisa" según el modelo de Lorca o, directamente, según la pauta de la canción tradicional—, se mantiene, según su autor, alejada de la moda ultraísta; pese a esta declaración, la lección bien aprendida del ultraísmo se halla detrás de este esfuerzo de reelaboración tradicional.
La lectura de Marinero en tierra nos descubre que, más allá de las fuentes antes indicadas, estamos frente a una poesía nueva y perso- naUsima cuya originalidad no radica tanto en la forma y en la novedad evidente de temas y motivos, como en el tono, en el sentimiento y en el modo de tratar la realidad. Marinero en tierra trae im nuevo tono: el goce de los sentidos ávidamente lanzados en todas direccio- nes; la curiosidad juvenil, que indaga toda la realidad; el espíritu lúdico que trastorna las jerarquías y con mirada infantil asocia irre- verentemente lo serio con lo jocoso. Trae también un nuevo senti- miento: la alegría, por momentos plena hasta el delirio, en ocasiones teñida de nostalgia o de presentimientos.
Es indudable que estos aspectos están íntimamente ligados a una visión poética de la realidad, que dicta el tono y el sentimiento y los rasgos fundamentales del contenido y de la forma. El mundo del litoral mediterráneo o de la serranía —mar azul, espuma, barcos, velas, marineros; montes, ríos, campesinos—, aparentemente luminoso, con-
292 Cinco poetas españoles creto y próximo, pero que según la calidad de las imágenes, del len- guaje y de la musicalidad, ha sido sometido a un proceso desrealizador de profunda significación. Alberti, poeta andaluz, que trata una mate- ria real con prestigio literario de siglos, es también el poeta moderno para quien se ha desgastado o quebrado la imagen de ese mundo visto y vivido. En consecuencia, su modo de penetrar y de recrear esa realidad por la poesía, no operará mediante ima aprehensión total, plena, ordenadora y jerarquizadora. Lo accidental se antepone a lo esencial y se erige en un primer plano; lo fragmentario asume la importancia del todo o se recompone en una totalidad arbitraria. De ahí el modo curioso de indagar la realidad que señaláramos antes, según el cual la mirada igualadora capta con parejo interés el detalle insignificante o el conjunto; lo material o lo abstracto; lo terrenal o lo cósmico. Lo humano se cosifica o las cosas se humanizan. L a nostalgia y el ensueño reducen la realidad presente a la condición de materia evocada, o recuperada con la ingravidez de las imágenes oníricas.
En todo momento obra la voluntad estética; aunque no lo haga siempre caprichosamente, selecciona o reinventa realidades perfectas, a través de imágenes pictóricas de extremada belleza, con palabra musical, situada en el poema con esa difícil facilidad que pone secreta- mente en juego el dominio del vocabulario, de la sintaxis, del verso, del ritmo, de la rima, de los encabalgamientos, de las aliteraciones.
Pese a la doble línea indicada por su autor, el libro logra su iml- dad en torno de un tema central que, según hemos apuntado, per- siste a lo largo de toda la obra de Alberti: el mar E l libro se abre con un poema significativo, "Sueño del marinero", que da la clave del tono y del sentimiento, y del repertorio de temas, de motivos y de imágenes que se desenvolverán a lo largo de sus páginas:
3* Concha Zardoya ha realizado un estudio sólido y profundo de este tema: " E l mar en la poesía de Rafael Alberti", en Poesía española contem- poránea, Madrid, Guadarrama, 1961, págs. 601-633.
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Yo marinero, en la ribera mía, posada sobre un cano y dulce río que da su brazo a un mar de Andalucía, sueño en ser almirante de navio, para partir el lomo de los mares al sol ardiente y a la luna fría.
¡Oh los yelos del sur! ¡Oh las polares islas del norte! ¡Blanca primavera, desnuda y yerta sobre los glaciares, cuerpo de roca y alma de vidriera!
¡Oh estío tropical, rojo, abrasado, bajo el plumero azul de la palmera!
M i sueño, por el mar condecorado, va sobre su bajel, firme, seguro, de una verde sirena enamorado, concha del agua allá en un seno oscuro.
¡Arrójame a las ondas, marinero:
—Sirenita del mar, yo te conjuro!
Sal de tu gruta, que adorarte quiero, sal de tu gruta, virgen sembradora, a sembrarme en el pecho tu lucero.
Ya está flotando el cuerpo de la aurora en la bandeja azul del océano
y la cara del cielo se colora
de carmín. Deja el vidrio de tu mano disuelto en la alba urna de mi frente, alga de nácar, cantadora en vano bajo el vergel añil de la corriente.
¡Gélidos desposorios submarinos con el ángel barquero del relente y la luna del agua por padrinos!
E l mar, la tierra, el aire, mi sirena, surcaré atado a los cabellos finos
294 Cinco poetas españoles
y verdes de tu álgida melena.
Mis gallardetes blancos enarbola,
¡oh marinero!, ante la aurora llena
¡y ruede por el mar tu caracola!
Marinero en tierra, desde la ribera, que sueña con el viaje al mando de su barco por un mar pluralmente animado y vivificado. A lo largo del libro esta posición fundamental se mantendrá: mar y tierra, realidades enfrentadas a veces, otras, superpuestas; la ribera, el balcón, la terraza, la balaustrada, como plataforma estática desde donde se dispara dinámicamente el deseo del mar, del cambio, de la aventura. E l marinero, la doncella de los breves poemas dialogados;
el niño o el animalito doméstico de las nanas infantiles, aparecen dominados por esa nostalgia del mar, por ese deseo de irse con las olas, de fundirse con su ritmo fundamental.
El mar de Mañnero en tierra se presenta ya en este primer poema como el mar soñado o el mar por donde viaja el sueño en su aven- tura de conocer los prodigios que lo pueblan: el sueño va por el mar, "de una verde sirena enamorado". Esta "sirenita del mar"
—"hortelana del mar"—, corporiza ima imagen recurrente de este ensueño del mar a lo largo de todo el libro. Los "desposorios sub- marinos" habrán de ser apadrinados por "el ángel barquero del re- lente", reducido aqm' a su condición más ingrávida —puro espíritu, puro soplo—, primer ángel de la obra de Alberti, tan densamente poblada de ellos en otras etapas.
El paisaje del mar y de su seno se recorta en imágenes de estirpe gongorina —"vidrio de tu mano", "alba urna de mi frente", "alga de nácar", "gélidos desposorios submarinos", "álgida melena"—, acor- des con la estructura de los tercetos de endecasílabos. Sin embargo, entre estas imágenes acuñadas con prestigio literario, se intercalan otras de diferente nivel que producen un efecto de ruptura, de dis- cordancia buscada con fin estético. Así, "plumero azul de la palmera",
"bandeja azul del océano", objetos domésticos, resultan ingredientes sorpresivos en la composición preciosista del cuadro total. E n otros
295 poemas se logran efectos semejantes, mediante la contraposición entre elementos selectos de la realidad natural o mítica, y los objetos y fimciones del mundo moderno, de la ciudad, de la técnica o el deporte.
Estos efectos de contraste son frecuentes a lo largo del libro y se establecen en muy diferentes dimensiones del contenido o de la forma. L a contraposición básica, mar y tierra, se desarrolla más am- pliamente en una serie de sonetos, " A Federico Garda Lorca, poeta de Granada", de tono entusiasta, donde se canta a la fusión del alma poética y del paisaje, en ima serie de trasposiciones fantásticas donde lo humano se reintegra a la materia elemental, agua, río, junco. En otros casos, puede observarse una tendencia persistente hacia la ani- mación y la personificación de lo natural, muchas veces de base alegórica.
El mar es la madre, en una "Nana" infantil que juega con la paronomasia marecita-madrecita E l mar es el caballo sobre el cual cabalga el poeta, en un poema de acento exclamativo e imágenes su- cesivas^'. E l mar se corporiza por momentos en un toro azul que arremete por el agua^'; o bien, como en un poema de Juan Ramón Jiménez, hace oír su voz por teléfono, en el llamado de una novia del litoral''*'. E n otro poemilla, ofrece su doble realidad —"mentida y cierta"—, en la imagen cinematográfica:
VERANO
— D e l cinema al aire libre vengo, madre, de mirar una mar mentida y cierta, que no es la mar y es la mar.
— A l cinema al aire libre, hijo, nunca has de volver,
37 Alberti, R., P. C , pág. 53- 38 Ihid., pág. 8o.
39 Ihid., pág. 72.
«> Id., "Llamada", en P. C , pág. 52-
que la mar en el cinema no es la mar y la mar es
Esta última composición, aparentemente simple, pero de elabora- da construcción paralelística sobre la base del diálogo con ligeras variaciones, es buen ejemplo de la introducción de objetos del mundo moderno en un contorno elemental, y en contraste con la forma tra- dicional.
Otro esquema de contraposición enfrenta el mar con la ciudad;
por un lado, la realidad próxima y entrañable, por otro, la realidad indiferente:
No sabe que ha muerto el mar la esquila de los tranvías
—tirintín— de la ciudad
Tal es el tema, además, de los dos primeros poemas de la segimda parte, la titulada, precisamente, "Marinero en tierra", presidida por unos versos que resumen cabalmente el sentimiento del libro: " E n - traña de estos cantares; / ¡Sangre de mi corazón, / tarumba por ver los mares!". Sobre la presencia concreta del mar, se impone la nostalgia del mar ausente y evocado. E l mar como nostalgia y la ciu- dad como destierro, dictan su vaivén a la expresión directa y simple, de exclamaciones reiteradas, a las imágenes fugaces y sucesivas, con toda la ambigüedad y polivalencia de su forma abierta, y siempre con el persistente propósito de obtener una resonancia emotiva. Las cons- trucciones nominales, el juego de exclamaciones e interrogaciones, la alternancia de pasado y presente, no sólo sirven a la finalidad expre- siva, sino que determinan un tono general de simplicidad juguetona, de inocencia primitiva y popular:
I
E l mar. L a mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
Ibid., págs. 60-61.
« Id., " E l mar muerto", en P. C, pág. 57.
Rafael Alberti 297
¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste del mar?
E n sueños, la marejada me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste acá?
2
Gimiendo por ver el mar, un marinerito en tierra iza al aire este lamento:
¡ A y mi blusa marinera!
Siempre me la inflaba el viento al divisar la escollera't^.
Esta figura del marinero en tierra, leit-motiv, cumple su función integradora de los diferentes planos que sustentan el doble sentimien- to de gozo y de nostalgia. L a referencia al traje puede entenderse como una forma de especificación y particularización de un sentimien- to más universal, que reaparece en este y en otros libros de Alberti donde la figura humana cobra concretidad, no en un individuo, sino en un tipo identificado por su oficio o actividad. En el orden de las resonancias literarias, puede establecerse una relación con los mari- neros de Juan Ramón Jiménez, ya señalada, por otra parte, por el mismo Alberti con referencia a otro poema suyo:
38
...la blusa azul, y la cinta milagrera sobre el pecho.
J. R. J.
—Madre, vísteme a la usanza de las tierras marineras:
*^ Ibid., pág. 51.
Cinco poetas españoles
el pantalón de campana, la blusa azul ultramar y la cinta milagrera.
—¿Adonde vas, marinero, por las calles de la tierra?
— ¡Voy por las calles del mar! ^
Evidentemente, en este segundo poema es todavía más patente la doble proyección emotiva, la distancia entre lo vivido y lo soñado, que mar y tierra tienen en esta serie de composiciones.
Como dijimos antes, este contraste se establece frecuentemente al nivel de los oficios o actividades habituales que desempeña el hom- bre. E l mar es la aventura frente a esas otras actividades posibles, y sólo por afán de mejores aventuras acepta el marinero cambiar su oficio por los de los que quedan en la orilla ("Si Garcilaso volvie- ra..."). Orilla poblada de pañuelos y mar siucado de velas, cuyo encantamiento se define en una breve canción que renueva la temá- tica del famoso romance del Infante Amaldos, despojado de sus ele- mentos descriptivos y narrativos y reducido a su pura sustancia lírica.
Interrogación frente al misterio, exaltación ansiosa frente a la eviden- cia de perfección y belleza:
34
¿Para quién, galera mía, para quién este cantar?
¡Búcaro fino del mar, poroso de azul salado, quién te pudiera quebrar! ^5
r
Ibid., pág. 71.
•ts Ibid., pág. 69.
299 Una vez más el plano metafórico adquiere categoría sustantiva
—búcaro fino—, mientras que la realidad mentada —el mar—, se reduce a mero término subordinado, indicador de materia.
E l segundo esquema de contraposición se articula sobre la pareja ciudad-campo, con sus variaciones, mundo moderno-mundo primitivo;
lo mecánico-lo natural; oficios urbanos-oficios campesinos. " M i cora- zón, repartido..." establece con un tono juguetón ese contraste, me- diante imágenes elevadas, tópicas por su carga sentimental —"mis verdes sauces llorones"—, y otras que producen ima ruptura por su nivel cotidiano y carácter nimio.
M i corazón, repartido entre la ciudad y el campo.
¡Luminarias de la noche!
¡Mis verdes sauces llorones!
¡ A y claras confiterías de anises y de piñones!
¡ E l olor a trementina, a suave alcol de romero del bosque!
¡Novia azul en la baranda de los últimos balcones!
¡Novia del monte, pobre! «
L a selección de esta imagen ciudadana — " ¡ A y claras confiterías / de anises y de piñones!"—, entre las infinitas posibles, produce, como dijimos, un efecto de discordancia, y tal es su función dentro del poema; pero, en sí misma considerada, nos aproxima a otra faceta del arte de Alberti, en su primera etapa; la visión infantil o primitiva.
Esta dimensión, frecuente, como es sabido, en los romances y can- ciones tradicionales, que son la fuente literaria de sus primeros libros.
Ibid., pág. 31.
300
no puede reducirse meramente a esta influencia, dado su carácter e importancia. E n algunos poemas se trata de ima evocación directa del punto de vista de la infancia: "Elegía del cometa Halley", "Elegía" *\
En otros, la perspectiva infantil introduce un efecto de distensión lírica; en otros, produce la apertura hacia lo mágico o lo sobrerreal, a partir de una acción prodigiosa que desencadena asociaciones fan- tásticas :
" D e L a Habana ha venido un barco..."
De mi ventana huye el barco venido ayer de L a Habana.
¡Saltemos del lecho al barco, lucera de la mañana!
A l pasar por tu azotea, me echarás una naranja y un zapatito de oro, lleno de almendras y agua.
¡ A las Antillas me voy por unas mares de menta amarga! ^
Más abiertamente dentro de esta temática y de estos recursos, se halla la serie de "Nanas" que ocupan la segunda parte del libro.
Otro modo de trasposición fantástica se opera a través de la vi- sión onírica, en poemas del tipo de "Rosa-fría, patinadora de la luna" o "Malva-luna-de yelo", donde la imagen de la mujer proyecta sobre un trasfondo cósmico sus contomos imprecisos, a la vez que se perfilan con entera precisión y en primer plano, aspectos fragmen- tarios de orden físico o espiritual
En "Mala ráfaga" la visión fantástica resulta de la predominancia y desarrollo del plano metafórico, contrapuesto a las escuetas referen- cias al plano real que aparece, de este modo, subordinado a aquél.
*^ Ibid., pág. 6i y págs. 46-47- Id., P. C, pág. 48.
« Ibid., pág. 28.
r
Rafael Alberti 301
MALA RÁFAGA
Boyeros del mar decían:
—Bueyes rojos, raudas sombras, ya oscuro, ¿hacia dónde irían?
(¡Fuego en la noche del mar!)
Carabineros del viento tampoco no lo sabían:
—¿Adonde esos bueyes rojos, raudas sombras, volarían?
([Ardiendo está todo el mar!)^».
En otros poemas, lo fantástico resulta de una amplia y detallada objetivación del sentimiento; en este caso el ansia de fusión con el mar es una forma de la búsqueda de reintegración con lo natural:
Retorcedme sobre el mar, al sol, como si mi cuerpo, fuera el jirón de una vela.
Exprimid toda mi sangre.
Tended a secar mi vida sobre las jarcias del muelle.
Seco, arrojadme a las aguas con una piedra en el cuello para que nunca más flote.
L e di mi sangre a los mares.
¡Barcos, navegad por ella!
Debajo estoy yo, tranquilo
Pero ya por los años en que compone este primer libro, Alberti prepara una nueva obra de diferentes características.
50 Ibid., pág. 63.
51 Ibid., pág. 62.