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CAPÍTULO IV LA EDUCACIÓN NO FORMAL COMO ESTRATEGIA PARA LA PARTICIPACIÓN DE LAS COMUNIDADES EN LOS PROGRAMAS DE ATENCIÓN INTEGRAL A LA SALUD

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CAPÍTULO IV

LA EDUCACIÓN NO FORMAL COMO ESTRATEGIA PARA LA PARTICIPACIÓN DE LAS COMUNIDADES EN LOS PROGRAMAS DE

ATENCIÓN INTEGRAL A LA SALUD

Actualmente existe en muchas naciones, el interés de aunar esfuerzos en la búsqueda de alternativas para apoyar a aquella parte de la población que ha tenido escasas oportunidades para formarse, y las exigencias de reformas en el ámbito educativo ofrecen posibilidades para modificar los planes y programas de las instituciones educativas. Los cambios exigidos han llevado a los diferentes países, al desarrollo de nuevos modelos educativos entre los que ocupan un gran espacio las experiencias educativas de carácter no formal, las cuales surgen como una tendencia distinta a la tradicional actividad escolar que implicaba que la formación del individuo fuera producto específico de un currículo estructurado en base a conocimientos científicos ya probados.

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Antecedentes generales de la educación no formal.

Los antecedentes de la educación no formal se establecen a partir de las primeras formas de aprendizaje de la humanidad y las experiencias realizadas en distintas partes del mundo, la educación no formal es tan antigua como el ser humano y ha formado siempre parte de su vida, desde mucho antes que existiera la educación formal.

La educación no formal también se hace presente en el taller de los artesanos y más tarde, las corporaciones y los gremios van a regular la formación del trabajador que esencialmente consistió en una transmisión del saber y el desarrollo de habilidades y destrezas. Posteriormente, con el nacimiento de la industria y la expansión económica en el siglo XIX surge la necesidad de mano de obra preparada y la misma se va a formar sobre la marcha en el trabajo dadas las exigencias del proceso laboral; situación ésta que hizo emerger una variedad de esfuerzos de educación no formal.

El siglo XX trae aparejado el desarrollo tecnológico e industrial, con transformaciones estructurales y sociales, lo cual generó una demanda de la educación no formal para capacitar a los trabajadores. Las necesidades laborales fueron las que impulsaron inicialmente la educación no formal; por su función de preparación de recursos humanos para el sector económico;

permitiendo a esta modalidad educativa ganar un espacio en relación a las otras actividades humanas, lo que le imprime desde un principio el carácter

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dinámico a la acción educativa no formal; también le permite actualizar más rápido los contenidos, las estrategias y los recursos instruccionales.

Con la expansión de la educación formal ha existido la tendencia a dejar relegada a la educación no formal, quedando como opción para las personas que por diferentes razones no han tenido acceso a ciertos conocimientos mediante la educación formal. A la educación no formal se le reconoce a través de los procesos formativos extraescolares, y comúnmente los esfuerzos que se hacen en este campo están al margen de la dinámica educativa formal.

Factores económicos, políticos y socioculturales han incidido en que se vuelva a considerar a la educación no formal como alternativa educacional y así, a mediados de los años 80 (en el siglo pasado), se empieza a dar un fuerte impulso a este tipo de educación, el auge que ha tomado se debe, entre otras cosas, a la infinidad de ventajas que ofrece y a los mismos requerimientos para ser llevada a la práctica, no necesita de infraestructura física especial, cualquier lugar que reúne condiciones mínimas de ventilación, iluminación y espacio suficiente para el movimiento de los participantes o usuarios, es adecuado para iniciar procesos educativos no formales. Otra ventaja que presenta, es el variado campo de acción y la heterogeneidad de actividades a desarrollar, presenta amplias posibilidades para la apertura y la innovación.

Diversas instituciones y situaciones pueden ser aprovechadas como fuente de aprendizaje, buscando así superar limitaciones de tiempo, espacio

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y recursos, por la flexibilidad que la caracteriza. Estos son algunas de las razones que explican el avance de la educación no formal en la sociedad actual.

Definición de la educación no formal

La educación no formal, a pesar de ser muy antigua, no había sido considerada para ser conceptualizada como tal en sus diferentes aspectos.

Según Ahmed (1998, p. 35), el término educación no formal “comenzó a emplearse a mediados de la década de los años 60 (siglo pasado), en el decenio siguiente se logró una mayor claridad conceptual y de definición, aceptándose ampliamente la triple taxonomía de educación formal, no formal o extraescolar e informal o paralela”. Al respecto La Belle (1990) plantea que las publicaciones de comienzo de la década de 1970, dedicaban muy poca atención a los propulsores de los habituales programas de educación no formal y no existía una base conceptual para analizar sus posibilidades dentro del contexto del cambio social.

En ese tiempo, la educación no formal partió de una toma de conciencia cada vez mayor de las complejidades de los vínculos entre educación y desarrollo y de una evidente expansión lineal de la educación formal que no podía satisfacer la necesidad de una expansión cuantitativa y de un cambio cualitativo en la educación. Razón ésta que impulsó el desarrollo de la educación no formal, pues a través de ellas los administradores veían las

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posibilidades de utilizar los recursos escasos, expandir los servicios educativos, fomentar la igualdad de oportunidades educativas e incrementar la importancia de la educación de acuerdo a las necesidades del desarrollo socio-económico.

A comienzos de los años setenta, se dieron condiciones favorables para el desarrollo de la educación no formal, entendida ésta como toda actividad organizada y sistemática que se realiza fuera del sistema escolar formal para brindar determinados tipos de aprendizaje a subgrupos particulares de la población, tanto de adultos como de niños.

La educación no formal es una praxis cultural que existe con diferentes denominaciones, son muchos los nombres que se le han dado; a continuación se exponen algunos de ellos:

(a) Educación permanente.

(b) Educación extraescolar.

(c) Formación continua.

(d) Alfabetización.

(e) Educación popular.

(f) Educación liberadora o de concientización.

(g) Educación social.

(h) Educación recurrente o fundamental.

(i) Educación de adultos.

En todas estas denominaciones existen relaciones y semejanzas semánticas. Para algunos autores como Bersnard y Liétard (1997), cada una

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de esas expresiones designan ya sea un campo específico de la formación de adultos, un conjunto de métodos, un movimiento, una institución, un sistema educativo, los mismos términos designan diferentes realidades, y ocultan de hecho, concepciones o ideologías opuestas.

Generalmente, la educación no formal se refiere a los programas organizados, no escolarizados que se proponen brindar experiencias específicas de aprendizaje a ciertos sectores específicos de la población. La mayoría de esas experiencias, se dirigen a los adultos y jóvenes que desde el punto de vista socioeconómico requieren de una formación a través de programas tales como extensión agrícola, actividades comunales, concientización, capacitación técnico-vocacional, alfabetización y planificación familiar; en fin, programas que tienden a reforzar el poder de los participantes y a mejorar su estatus, ya sea ampliando sus capacidades y conocimientos y además, modificando sus actitudes y valores básicos respecto al trabajo y la vida.

Existe la tendencia a confundir la educación no formal con la educación de adultos, algunos teóricos de la educación las consideran sinónimos.

Según Viladot y Romans (1998, p. 28), la confusión deriva de que ”la mayoría de las actividades formativas para adultos se sitúan dentro de la educación no formal”.

Ahmed (1998), define la educación no formal como cualquier actividad educativa organizada y sistemática que se lleva a cabo fuera de la estructura

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del sistema formal, a fin de proporcionar tipos selectos de aprendizaje a subgrupos específicos de la población, niños y adultos por igual.

Según Paulston (1995), una definición operativa de educación no formal incluye toda actividad educativa e instructiva no formal, estructurada y sistemática, de duración relativamente breve, por medio de la cual las entidades patrocinantes se proponen lograr modificaciones concretas de la conducta de los grupos poblacionales bastante diferenciados.

Callway (1983, p. 20) la describe como “el conjunto de actividades de aprendizaje que se llevan a cabo fuera de las aulas, en sentido estricto y los numerosos lazos que la unen a la educación formal. A través de la comunidad, de metas y de los recursos que comparten”.

La Belle (1990), acerca del concepto de educación no formal dice, que es un término empleado en los años setenta por las agencias internacionales para el desarrollo, a fin de definir los programas dirigidos hacia el adulto sin recursos.

En otros ámbitos, respecto a la definición de educación no formal, se han tomado elementos del concepto propuesto por Ahmed (1998), y le han agregado otros, para definirla como el campo que atiende al individuo en forma organizada y sistemática en cualquier actividad, que proporcione tipos selectos de aprendizajes. Se cumple por igual en niños y adultos y tiene como propósito enriquecer sus experiencias cognoscitivas, afectivas y psicomotoras sin conducirlos a la obtención de créditos o títulos.

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Para Villarroel (1998), la principal caracterización de este tipo de educación es la de no presentar un mecanismo especializado. Sin embargo, sus efectos pueden ser tan importantes como los de la educación formal dentro de una estructura especializada. De hecho, es el primer tipo de educación dentro de una estructura especializada, es el primer tipo de educación intencional y sistemática que se puede identificar en una comunidad incipientemente organizada.

Otro hecho que hace difícil la definición de educación no formal es el papel que ha desempeñado en los países desarrollados y su creciente importancia en los no desarrollados; en este contexto Vaccaro (1997), plantea que en los países industrializados, la educación no formal está ligada a la noción de educación permanente, término acuñado en Europa para identificar problemas importantes para este tipo de sociedades, cuyas preocupaciones son, entre otras, explosión y obsolescencia del saber, cambios en la estructura del empleo, distribución de profesionales, extensión del tiempo libre, etc. En cambio en los países en desarrollo se le identifica en relación a la situación socio-económica de los sectores de las grandes mayorías, que da cuenta de las condiciones de vida de los mismos.

Tanto los países desarrollados como los que están en vías de desarrollo se han visto impulsados hacia la búsqueda de alternativas para educar a la población, en la medida en que se ha advertido que la tarea educativa que deben llevar a cabo es inmensa y que la educación formal no constituye, por si sola, el medio para ofrecer la formación integral de la

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persona. Se esfuerzan por detectar procedimientos y programas de educación no formal que permitan distinguir sus vínculos de la educación formal y con el entorno educativo en su totalidad

Estas denominaciones y definiciones forman el grupo de las más utilizadas y definidas de acuerdo a los significados implícitos en ellas, las cuales responden a la concepción que se maneje al respecto, y las mismas ejemplifican las diversas perspectivas que existen en este campo.

Los conceptos anteriormente expuestos, asignan a la educación no formal un carácter esencial en cuanto a su relación con la educación formal, pues desempeña un rol importante en la generación de habilidades, determinación de actitudes y modelación de valores en el ser humano. En consecuencia, la educación no formal, destaca una significativa función social en dos directrices, la primera instruir al ser humano, complementando y reforzando el dominio de algunas áreas específicas como la cognoscitiva; y la segunda, formarlo como persona, transmitiéndole el legado cultural de la humanidad, inculcándole, a un mismo tiempo, valores que den sentido a su existencia.

La mayor parte de los programas de participación popular implican un mejoramiento cognoscitivo, afectivo y sociocultural de los participantes, mientras prosiguen sus habituales ocupacionales y sociales dentro de la sociedad. Es importante destacar que este aprendizaje debe considerarse como un complemento y no como un sustituto de lo que el participante sabe por experiencia.

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Lo que se busca es desarrollar experiencias que capaciten a los individuos y los grupos para adquirir información y las actitudes que necesita para descubrir objetivos y métodos alternativos a fin de satisfacer sus necesidades y solucionar sus problemas. Así, dentro de los esfuerzos dirigidos, se trata de capacitar a los participantes para aprender nuevas formas de afrontar su medio social y físico.

Para que los programas educativos no formales sean comprendidos correctamente fuera de su contexto, no pueden llevarse a cabo aisladamente, dado que algunos de los aspectos más importantes para su desarrollo, tales como normativas, recursos, aspectos técnico-metodológicos, entre otros, provienen, en gran parte del sistema de educación formal. Con el tiempo, una mayor integración de la educación formal y no formal puede redundar en el máximo aprovechamiento de todos los programas de desarrollo de recursos humanos.

Según las investigaciones realizadas por La Belle (1990) en América Latina, las actividades de la educación no formal tienen una larga historia que a veces abarca varias décadas y otras varios siglos. Este autor agrupa los esfuerzos en la educación no formal, en América Latina, en cuatro grandes divisiones:

(a) Iniciativas que utilizan las escuelas para lograr el compromiso social y la acción dentro de la comunidad y como transmisoras de actitudes técnico-vocacionales.

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(b) Tareas de alfabetización y educación básica de los adultos e inclusive los programas de concientización y las radio escuelas.

(c) La extensión cultural y las organizaciones comunales que se orientan hacia la ayuda agrícola, la educación sanitaria, las cooperativas y las empresas comunitarias.

(d) Desarrollo comunal y su última proyección al desarrollo integrado.

Ahora bien, si en los países en desarrollo, gran número de personas carecen de educación o tienen muy poca, eso explica en parte, porqué la mayoría de los programas de educación no formal están dirigidos a adultos, la otra razón es que en los países de América Latina aumentan cada vez más los índices de pobreza, siendo la educación no formal de adultos la opción educativa más apropiada por la amplitud de su intencionalidad; por ser un campo multidimensional, generalmente sus objetivos se vinculan con otros procesos sociales. Su factibilidad va a depender de la apertura y la adopción de las ideologías de los gobiernos de turno.

Características de la educación no formal

Existen tres características en la educación no formal que la distinguen en su marco conceptual:

(a) El carácter de educación total, debe transmitir conocimientos interdisciplinarios tendentes a proporcionar al individuo una visión justa de su situación individual, social e histórica, pues sólo a través

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de ello se concreta un reconocimiento adecuado del legado cultural humano; es decir, que permitan a los actores tener en cuenta siempre la función humana y social de la instrucción que recibe y asi poderle ofrecer una interpretación realmente auténtica de su realidad.

(b) La educación no formal es una educación integral, la formación humanista que esta educación connota, supone también inculcar en el ser humano valores y actitudes que cualifiquen la existencia vital de la persona, brindándole de manera mínima pautas ético-morales que le faciliten dar mayor sentido y dignidad a su vida.

(c) La educación no formal es una educación permanente, pues está dirigida sin distingos a todas las edades, no supone un final en un tiempo determinado. Esta educación debe estar abierta a todos los interesados en cualquier momento de su vida en que sientan la necesidad de asumirla, ya sea para complementar su capacitación técnica o profesional o exclusivamente para formarse.

De todo lo antes expuesto, se desprende, que las instituciones encargadas de este tipo de educación deben elaborar planes lo suficientemente abiertos y flexibles como para ofrecer a la población una amplia gama de posibilidades de formación e instrucción técnico-humanista.

Se afirma que el impartir educación no formal a las masas no escolarizadas y semiescolarizadas trae consigo importantes ventajas sociales y políticas. El conocimiento del medio ambiente, de los procesos de producción y de su

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propia persona crea conciencia en los individuos de su propio valor y del sentimiento de ser dueño de su propia vida. Las personas pueden comprometerse en la movilización social en provecho propio y participar en actividades de índole individual y social.

Por otra parte, es pertinente destacar que la educación no formal, debido a su naturaleza heterogénea, está en condiciones de cumplir con uno de los ejercicios democráticos más importantes de la actualidad, es el referido al dinamismo participativo que deben desarrollar los diferentes programas educativos. El énfasis ha de colocarse en aquellas actividades en donde a los actores se le faciliten las posibilidades para escoger lo que él, según su libre determinación, de acuerdo a sus intereses y talento personal quiera aprender. En otras palabras, los planes y programas deben diseñarse tomando en consideración las motivaciones culturales o necesidades reales a fin de brindarles los medios que faciliten el aprendizaje mediante la participación activa. La UNESCO (1992) señala al respecto, “la eficiencia de dicha educación es altamente contingente en el grado de motivación de los individuos. En la práctica, la motivación debe estar apoyada en metodologías de enseñanza-aprendizaje y contenidos programáticos que sean adecuados para satisfacer las necesidades de aprendizaje.

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La educación no formal y los programas socioeducativos en Venezuela

En Venezuela, a pesar de las ventajas que presenta la educación no formal como alternativa menos costosa y más accesible a todos, no se le ha brindado el apoyo necesario, tanto por parte del Estado como de la sociedad misma, para una mayor trascendencia como instrumento educativo. Se pueden sintetizar, aunque apretadamente, las posiciones que más han prevalecido sobre la educación no formal en el país:

(a) Hay una tendencia generalizada a subestimar iniciativas de educación no formal debido, en parte, a que ella no responde a la exigencia social de otorgar títulos que permitan la obtención de un empleo u otro beneficio.

(b) Al equipararla a la educación formal, se tiende a restarle valor y considerarla de menor prestigio como opción educativa.

(c) Se le considera un medio para acortar distancia entre las personas que tienen algún nivel de instrucción y aquellos que no tienen ninguno.

Los programas de educación de adultos en Venezuela son de poca tradición. Históricamente en este país no se encuentra gran número de experiencias significativas que le permitan ocupar un destacado lugar en procesos de educación no formal de adultos, en especial si se le compara con otros países latinoamericanos, como México, Brasil, Bolivia que tienen un largo historial es esta área educativa, le siguen Costa Rica, Ecuador,

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Colombia, Cuba, El Salvador, entre otros. En opinión de Monroy, quien prologa el libro de La Belle (1990), en Venezuela no ha habido programas de educación no formal exitosos, debido a la influencia europea tradicional, formal, escolarizada, inflexible. No obstante se fomentan, aunque en forma tímida, acciones para la educación a distancia y se han estimulado a los agentes socializadores, como la familia, la comunidad y los medios de comunicación.

A partir de la década de los años ochenta, en Venezuela se crean en varias instituciones públicas y privadas, programas socio-educativos con base en la educación no formal de adultos. Estos programas muestran la apertura que existe en el país ante este tipo de experiencias y eso abre el camino a la creación y desarrollo de nuevos programas en el marco de la educación no formal de adultos, tomando en cuenta los análisis e investigaciones realizadas en esta área por especialistas en educación.

La mayoría de los programas socioeducativos en Venezuela son patrocinados y desarrollados por instituciones gubernamentales y algunas veces bajo los auspicios de organismos internacionales, tales como la UNESCO, la UNICEF, la ONU, la OMS, entre los más importantes. Otros programas son producto de iniciativas privadas a nivel de grupos, fundaciones o instituciones afines. Estos programas, en ocasiones, también reciben ayuda de organismos nacionales e internacionales y generalmente están dirigidos a los sectores de pocos recursos y trabajan en una línea de

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acciones grupales y afianzados en un proceso de vida colectivo en interacción directa con grupos, cuyos intereses y carencias son similares.

Los programas de educación no formal de adultos, al ser institucionalizados por los organismos internacionales casi siempre se adscriben a algún ministerio con el fin de ofrecer servicios sociales, económicos o de otra índole a la población; actualmente es muy variado el tipo de instituciones que adelantan estos programas, que generalmente adolecen de numerosos problemas para lograr sus objetivos; algunos de esos problemas se plantean en los párrafos siguientes.

Los programas socioeducativos, al igual que otros similares en las instituciones sociales tienden a volverse burocráticos, de allí que quienes los conducen se ocupan más del área administrativa acerca de los requerimientos exigidos sobre recaudos o informes de gestión, en detrimento del área educativa y su operatividad en la praxis, se descuidan las tareas de investigación, de diagnóstico y evaluaciones para una mayor pertinencia del programa con la realidad social a la que interviene.

Muchas veces, en estos programas se tiende a rechazar la pluralidad en el pensamiento y en la acción, prevaleciendo las ideas manejadas por los administradores quienes les imprimen como característica resaltante la línea de pensamiento que les guía. Esto suele producir una disociación entre los objetivos que orientan el programa y las acciones que se llevan a cabo.

Cuando los programas buscan responder más a las políticas que a los intereses de los grupos sociales en los que se insertan, pretenden que los

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resultados sean rápidos, a corto plazo. Esta situación afecta a los procesos que generan resultados a mediano y largo plazo, dado que los cambios en la mentalidad y actitudes de los usuarios se producen en forma lenta.

Otro aspecto que afecta a las instituciones gubernamentales que desarrollan programas socioeducativos es su dura lucha contra las limitaciones, materiales y financieras para mantener un nivel aceptable de productividad, casi todas ellas dependen del presupuesto muy por debajo del que requieren para llevar a buen término el trabajo con los usuarios de los programas, lo cual constituye un factor negativo para el logro de objetivos y para el crecimiento y desarrollo de los usuarios. En general, este tipo de servicio suele ser costoso y dado que sus beneficios son a largo plazo reclaman cada vez más recursos para su funcionamiento.

El parcelamiento o aislamiento institucional, es frecuente encontrarlo en las instituciones gubernamentales con programas similares, funcionando aislados y en algunos casos con antagonismos, desarticulados, sin conexiones para compartir, intercambiar y reforzar experiencia, recursos y éxitos. Siendo una de las prioridades el establecimiento de relaciones y coordinación interinstitucional para hacer una fuerza cohesionadora y multidisciplinaria conducente a convenios y ayudas entre sí.

Otro aspecto importante que algunas veces se descuida es lo referente a la selección de la comunidad. La escogencia de poblaciones para aplicar dichos programas, deben partir de diagnósticos adecuados. A tal efecto es importante tener claro las características de una comunidad para lograr la

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viabilidad del programa a desarrollar en ella, asimismo, definir la participación y las estrategias para lograr que una comunidad se apropie de ese programa a partir de la realidad y especificidad de su contexto comunitario. Estos pueden orientar un proceso de educación no formal dirigido a una población adulta, en especial, cuando a través de los servicios que se ofrecen se pretende hacer cambios, modificaciones y desarrollo de nuevas actitudes y actuaciones, hábitos, creencias, normas, valores y patrones culturales.

Respecto a la evaluación y seguimiento, éste es uno de los problemas que más ha atraído la atención en los últimos años hacia los programas socioeducativos, existe la tendencia a no evaluarlos, sus resultados no son sometidos a juicios por las autoridades que los patrocinan o dirigen.

Para Weiss (1992), uno de los impedimentos más graves que se oponen al uso de los resultados de la evaluación, consiste en su desalentadora tendencia a mostrar que los efectos del programa han sido pequeños. Según la autora, los programas ya consolidados rara vez se evalúan y cuando un programa se atreve a innovar y acepta la evaluación, debe enfrentar el peso de los resultados negativos.

Generalmente, cuando se evalúan, la información que se obtiene es insuficiente para tomar decisiones o no se utiliza como insumo para la planificación. Muchas de las experiencias socioeducativas tienden a caer en un espontáneismo que los lleva a mantenerse en un activismo continuo, en el que no dejan espacios para la reflexión, la sistematización, la evaluación y el seguimiento. Otras veces la limitación no es la falta de espacios, sino la

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carencia de una formación respecto a instrumentar un proceso de evaluación válido y confiable.

Promoción de la Participación comunitaria a través de la comunicación alternativa

La comunicación alternativa parte de una visión humanista y de una sociedad que reclama la participación como una vía para buscar las soluciones a los problemas que inciden en su calidad de vida. En tal sentido, genera estrategias o acciones desde los movimientos sociales, redes, legislaciones, eventos, que influyen en el proceso de democratización de la comunicación. Para lograr esto, hace falta defender y ampliar los espacios de la comunicación alternativa por su amplia visión comunitaria para estrechar los vínculos entre todos los sectores sociales en la lucha por sociedades más democráticas. Al respecto, la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos y el Derecho a la Comunicación (1993) destaca:

La comunicación alternativa supone una sociedad distinta, una sociedad participativa donde el diálogo y la cooperación solidaria, promuevan la organización de la sociedad. No se trata únicamente de una comunicación alternativa, sino de una sociedad alternativa donde la organización y la participación den vida y valor al aporte de los pobres y marginados, que incluya el trabajo comunitario, la organización de los procesos de producción y la participación en los beneficios (p.24).

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Dentro de esta configuración, la comunicación alternativa ha surgido de las necesidades reales y sentidas de las comunidades, en una constante búsqueda de formas más efectivas para relacionarse e interactuar entre sí, por lo tanto, amerita que se convierta en el mecanismo de integración y participación, con acceso libre para los diferentes actores que conviven en la colectividad, sin presiones o coacciones de sectores económicos, políticos e ideológicos.

En la opinión de Dragnic (1996)

La comunicación alternativa se opone así a la de comunidad social con objetivos que trascienden lo netamente comunicacional y tiene como último fin, la búsqueda de nuevas formas de relaciones sociales, es decir, modificaciones que implican por una parte, conquistar mayor igualdad respecto a los centros del poder comunicacional a nivel internacional en el interior de las sociedades, a través de una participación activa de las masas populares en la conformación de los procesos comunicacionales (p.53).

En este sentido, para lograr una verdadera comunicación alternativa se deben considerar tres aspectos fundamentales como son:

(a) Acceso, entendido como la capacidad por parte del individuo de acercarse a los sistemas comunicacionales.

(b) Participación, implica el compromiso de los individuos tanto en la planificación como en la producción y la gerencia de los sistemas comunicacionales

(c) Autogestión como la forma más avanzada de la participación, donde las personas ejercen el poder de la toma de decisión dentro de las empresas de comunicación y también están plenamente

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involucradas en la formulación de las políticas de comunicación y los programas.

La necesidad de promover la participación comunitaria en la elaboración de mensajes masivos, es una de las premisas fundamentales de la comunicación alternativa. Esta orientada, por la consideración del impacto de la educación para la salud comunitaria, en el uso de los medios que pueden influir positivamente en las prácticas de salud de la población, afianzamiento de políticas, contribución en la elevación del nivel de información, conocimiento y conciencia de la población en torno a la salud, creando en consecuencia, un clima apropiado para potenciar el proceso formativo y/o capacitación de las comunidades en todo aquello relacionado con la educación para la vida.

Es pertinente destacar el valor de la comunicación alternativa en el contexto de la educación no formal. Es un potencial recurso que coadyuva al fortalecimiento de la formación y/o capacitación de las comunidades con respecto a su participación en programas de atención integral a la salud.

Entre los recursos instruccionales que emplea la comunicación alternativa se reseñan los siguientes:

(a) Los afiches: Son elementos visuales diseñados para presentar una idea o información única, con un mensaje breve y directo.

Generalmente, se colocan en sitios, públicos, cuya intención es que sean vistos y leídos por todas las personas. Su finalidad es el

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anuncio y promoción de las actividades que se desarrollan para motivar a la asistencia de talleres, foros, jornadas y charlas.

(b) Las pancartas: Son tiras de lona, tela o papel que se utilizan para promocionar y publicitar actos públicos, eventos y reuniones. Sus mensajes deben ser fáciles de leer y de comprender y su contenido debe manejar una idea o frase. En la actualidad, gracias a la informática, se pueden imprimir en papel de forma continua y a todo color.

(c) Las fotografías y diapositivas: Son materiales que presentan imágenes logradas con cámaras fotográficas, con ellas se captan personas, ambientes y acciones que presentan la realidad tal y como es y permiten ilustrarla.

(d) Los murales: Son pinturas realizadas con imágenes o textos informativos, sobre paredes, muros o superficies visibles. Se usan para transmitir mensajes educativos, logotipos de organizaciones, dibujos de niños o adultos realizando actividades, campañas comunitarias, convocatorias para asambleas y, además tienen función de adorno y ambientación debido a su vistosidad y colores.

(e) El periódico vecinal: Es un material impreso, utilizado para difundir información de interés de una determinada comunidad, tales como sus logros, planes, programas. Es distribuido en lugares públicos, para su elaboración se recomienda que contenga mensajes breves,

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redactados en forma sencilla, de acuerdo a la realidad socio- económica-cultural.

Desde de esta perspectiva, la comunicación alternativa se plantea como un recurso que afianza y fortalece la visión de una nueva sociedad, más deliberante, renovada y globalizante, donde la organización y participación de las comunidades promueven perspectivas de una mejor calidad de vida. Esta viene dada por las condiciones básicas elementales que el individuo debe obtener para su bienestar integral, entre las cuales la salud es factor determinante para lograrla.

Un individuo sin salud, no podrá mantener relaciones adecuadas con el resto de los integrantes de la comunidad. Es por ello, que se pone en evidencia, que en la medida que se logre mejorar la salud individual y colectiva de una sociedad, mejores serán las opciones de desarrollo. Por tanto, las instituciones responsables de velar por la salud, deberán propiciar alternativas comunicacionales que promuevan acciones para alcanzarlas, basándose en una mayor y mejor educación en cuanto a los tópicos de higiene sanitaria. Este tipo de comunicación inducirá cambios en las comunidades y promocionará el uso adecuado de los servicios de salud, orientará el quehacer comunitario hacia otras formas de capacitación.

En este marco de consideraciones, los programas de atención integral a la salud tienen que activar su capacidad de respuestas a las diversas demandas de las comunidades. Es necesario aunar esfuerzos entre los diversos sectores político, social, cultural, económico y científico para

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