La amistad cívica y el bien común
Por: Luis Silva Arriaga
La amistad cívica
Al analizar con detenimiento a cualquier sociedad puede surgir la pregunta: ¿qué se necesita para que una sociedad salga adelante? La respuesta es sencilla, se requiere de leyes justas, de gobernantes que sepan tomar decisiones y de servidores que deseen hacer bien su trabajo.
Para que un Estado llegue a funcionar debidamente, es importante todo lo anteriormente mencionado, pero además se necesita de la amistad. No la amistad que convierta a las personas en cómplices de corruptelas, sino de ciudadanos que sepan distinguir e identificar las metas comunes de la sociedad. A este tipo de amistad se le denomina cívica.
La amistad cívica es aquella en la que los ciudadanos de un Estado que reconocen sus objetivos comunes y respetan sus diferencias.
El Estado y sus ciudadanos deben trabajar para erradicar el hambre, la pobreza y el analfabetismo. En muchas naciones se ha trabajado por elevar el nivel de la educación y los servicios de salud que repercuten directamente en la calidad de vida de los ciudadanos.
En esa búsqueda, no se debe atentar contra la libertad, la igualdad de la sociedad y la dignidad de las personas para alcanzar metas comunes.
Cicerón decía que de todos los bienes que existen, el más preciado es la amistad, pues de que sirve tener todas las riquezas si no se tiene amigos (González, 2011). Los amigos son importantes porque con ellos se comparten no sólo los bienes materiales, sino la vida entera.
¿La amistad cívica puede mantener unidas a las ciudades?
Sí, siempre y cuando este sentimiento no se confunda con favoritismos, compadrazgos o con la concesión de
privilegios. Si se llegase a estas acciones no tendríamos metas comunes sino una democracia de compromisos en donde se pagan los favores para apoyar a una u otra causa que no es el bien común de la sociedad ni de los ciudadanos.
Aunque los seres humanos llevamos mucho tiempo metidos en organizaciones sociales y políticas. Todavía no hemos aprendido a convivir pacífica y armónicamente.
La amistad entre iguales es un ideal que todavía está muy alejada de convertirse en realidad.
El bien común
Todo ser humano tiende a un fin. Ese fin se identifica como algo bueno, es decir, que hace del ser humano una mejor persona porque permite el desarrollo de sus facultades físicas e intelectuales.
Cada persona persigue un bien, por ejemplo, una persona estudia para salir adelante por sus propios medios, con ello realiza algo bueno para sí. En ocasiones, los beneficios que alcanza esta persona en lo individual, los comparte con sus allegados más cercanos, que pueden ser los miembros de su familia, amigos o compañeros de trabajo.
Al igual que los ciudadanos, la sociedad también persigue un fin que se traduce como un bien propio a alcanzar. El fin de la sociedad se relaciona con su unidad.
A veces se plantea la posibilidad de que una sociedad se una para alcanzar un fin malo. La respuesta es no, porque un fin que atenta contra el desarrollo integral de las personas y de los pueblos no puede construir una sociedad, más bien la destruiría.
La sociedad se une en relación a un bien que se denomina bien común. Éste recibe este nombre porque es único, común y social.
Tomás de Aquino dice que el fin de la sociedad es una vida virtuosa (Sanz, 2005), pero el ejercicio de la virtud supone bienes materiales, culturales, orden y paz.
Todos estos son medios y están ordenados con otros bienes.
En la búsqueda del bien común, la conducta de cada individuo debe enriquecer a la sociedad.
Reflexiona: ¿Un funcionario corrupto, flojo o mal preparado puede enriquecer a la sociedad? ¿Una novia manipuladora puede aportar algo bueno a su relación de pareja?
El bien común es una colaboración entre todos los integrantes de la sociedad que se realiza a veces de manera inconsciente, pero de manera real. Esto significa que podemos hacer nuestras diversas
actividades con una clara conciencia del deber a cumplir y, al mismo tiempo, estar trabajando para realizar el bien común.
Por encima del bien común no hay nada, incluso la justicia está subordinada a él porque todos los miembros contribuyen a su formación. Cuando hay pobreza o marginación, el bien común debido a que sólo unos cuantos han podido alcanzar un bienestar para sí mismos o sus familias.
Este concepto lleva consigo la existencia de sociedades que persiguen bienes como la familia, el municipio, las sociedades económicas y culturales, entre otras.
La existencia del bien común obliga a que la autoridad busque el bienestar de la sociedad y no su beneficio particular. En la tabla 1 podrás observar más sobre este concepto.
¿Qué es el bien común? ¿Qué no es el bien común?
El bien común es la paz y la tranquilidad social que todos los miembros de una sociedad necesitan para conseguir sus bienes
particulares.
No es la suma de bienes particulares:
las casas y departamentos de todos, los automóviles de todos.
No es una colectividad abstracta: el bien de la raza o el bien del mercado.
Tabla 1. Definición del bien común.
alcancen sus bienes materiales particulares como comida, ropa, lugar donde habitar, medios de transporte, de comunicación, servicios públicos, entre otros.
El bien común ha de ser anterior a los bienes particulares. Un Estado que no representa a sus gobernados es aquel en el que la paz y la estabilidad social desaparecen. Los miembros de esa sociedad no alcanzan los bienes particulares.
¿En qué se hace evidente el bien común?
• En los valores de justicia como el orden y la seguridad social.
• En la identidad social.
• En los servicios públicos como transporte, salud pública, agua y energía eléctrica.
• En la defensa de las garantías individuales y de los Derechos Humanos.
• En el funcionamiento eficiente de los poderes del Estado.
• En la difusión del arte, la cultura y la técnica.
• En la paz social.
El bien común es el resultado de una colaboración constante y continua que reúne las aspiraciones, ideales, trabajo y experiencias de las generaciones pasadas y presentes de una sociedad.
La solidaridad
La solidaridad ocupa un lugar importante en las acciones de las personas, de la familia y de la comunidad.
La solidaridad es una premisa básica para la convivencia humana. Si el ser humano no da una respuesta a las necesidades de sus semejantes, si no los ayuda y asume la responsabilidad que le compete, la sociedad no puede funcionar. Esto se puede entender en dos vertientes:
• Ayudar a los necesitados
• Asumir la responsabilidad social
Las personas que viven en libertad pueden ejercer la verdadera solidaridad al tomar decisiones en función de sus propias convicciones y valores, ayudando a otros y brindando su apoyo a diversas instituciones. En este sentido, casi cualquier persona puede hacer algo por los demás.
Referencias
González, Z. (2011). Historia de la filosofía. Volumen I. Estados Unidos: Editorial Linkgua USA. [Versión en línea]. Recuperado de la base de datos e-libro de la Biblioteca Digital UVEG.
Sanz, M. (2005). Historia de la filosofía: la Escolástica Tomás de Aquino. España:
Editorial Cibernous. [Versión en línea]. Recuperado de la base de datos e-libro de la Biblioteca Digital UVEG.
Bibliografía
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