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La entrevista y la historia de vida

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Academic year: 2023

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La entrevista y la historia de vida

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Lucía Sanjuán Núñez

Tiempo mínimo de dedicación recomendado:

6 horas

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Lucía Sanjuán Núñez

Primera edición: febrero 2019

© Lucía Sanjuán Núñez Todos los derechos reservados

© de esta edición, FUOC, 2019 Av. Tibidabo, 39-43, 08035 Barcelona Diseño: Manel Andreu

Realización editorial: Oberta UOC Publishing, SL

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño general y la cubierta, puede ser copiada, reproducida, almacenada o transmitida de ninguna forma, ni por ningún medio, sea éste eléctrico, químico, mecánico, óptico, grabación, fotocopia, o cualquier otro, sin la previa autorización escrita de los titulares del copyright.

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Índice

Introducción... 5

Objetivos... 6

1. La entrevista... 7

1.1. Introducción ... 7

1.2. Definición ... 7

1.3. Tipología ... 8

1.3.1. Según el grado de estructuración ... 8

1.3.2. Según el grado de profundización en los temas ... 10

1.3.3. Según el grado de extensión temática ... 11

1.3.4. Según el tipo de respuesta ... 12

1.3.5. Según el rol del entrevistador ... 12

1.3.6. Según el número de personas entrevistadas ... 13

1.4. Aplicabilidad y usos de las entrevistas cualitativas ... 14

1.5. Limitaciones y dificultades de aplicación de las entrevistas cualitativas ... 16

1.6. Implementación de las entrevistas cualitativas ... 17

1.6.1. Selección de la modalidad de entrevista ... 17

1.6.2. Selección de los entrevistadores ... 18

1.6.3. Selección de los entrevistados ... 22

1.6.4. Elaboración de un guion de entrevista ... 26

1.6.5. Dinámica de las entrevistas: inicio ... 30

1.6.6. Dinámica de las entrevistas: desarrollo ... 35

1.6.7. Actitud y tácticas del entrevistador ... 40

1.6.8. Registro de la entrevista ... 49

1.6.9. Transcripción de las entrevistas ... 51

2. La historia de vida... 64

2.1. Introducción ... 64

2.2. Definición ... 65

2.3. Tipología ... 65

2.4. Aplicabilidad y usos de las historias de vida ... 68

2.5. Limitaciones y dificultades de aplicación de las historias de vida ... 70

2.6. Implementación de las historias de vida ... 71

2.6.1. Selección del tipo de relato biográfico ... 71

2.6.2. Selección de los entrevistadores ... 71

2.6.3. Selección de los entrevistados ... 72

2.6.4. Dinámica de las historias de vida: inicio ... 73

2.6.5. Dinámica de las historias de vida: desarrollo ... 74

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2.6.6. Registro y transcripción de la historia de vida ... 78 2.7. Presentación de las historias de vida ... 79 Bibliografía... 81

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Introducción

Dedicaremos este módulo a presentar las entrevistas y las historias de vida como técnicas cualitativas de investigación. Para ello, el texto está dividido en dos partes.

En la primera, abordaremos las entrevistas cualitativas. Comenzaremos con una breve introducción dedicada a clarificar conceptos y mostrar un pequeño resumen sobre la historia de la técnica, para aportar, después, una definición de entrevista cualitativa y una clasificación tipológica sobre la base de dife- rentes criterios. A partir de este punto, nos centraremos en la modalidad de entrevistas poco estructuradas y en profundidad, de las que veremos su defi- nición, aplicabilidad y usos potenciales en investigación cualitativa, las limi- taciones o prudencias que es necesario tener en el momento de su aplicación y las características generales de su implementación en el contexto de un diseño cualitativo de investigación, deteniéndonos especialmente en la selección de los sujetos a los que se entrevistará, la elaboración de un guion de entrevista, la dinámica de desarrollo y las estrategias o habilidades que deben reunir los investigadores que las empleen y los pasos que deben seguir para registrar y transcribir la información que obtengan.

En la segunda parte del módulo, seguiremos un esquema similar para hablar de las historias de vida, tratando, además de su definición y encuadre en las diversas modalidades contempladas en el método biográfico, algunas cuestio- nes específicas en cuanto a su implementación.

Al final de este módulo encontraréis un apartado con la bibliografía referen- ciada y especializada en el tema.

Tal y como hemos señalado en el módulo correspondiente a la observación participante, la orientación de este es también claramente práctica, para in- tentar proporcionar conceptos y herramientas necesarias para poner en prác- tica ambas técnicas en el contexto de diseños cualitativos de investigación.

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Objetivos

La lectura de este módulo os permitirá:

1. Conocer el papel de las entrevistas cualitativas como técnica de investiga- ción en el marco de diseños cualitativos.

2. Identificar las potencialidades, ventajas y limitaciones de las entrevistas cualitativas.

3. Conocer los aspectos básicos de la implementación de las entrevistas cua- litativas y el registro y transcripción de datos procedentes de su uso.

4. Disponer de algunos ejemplos prácticos sobre la utilización de las entre- vistas cualitativas.

5. Conocer el papel de las historias de vida como técnica de investigación en el marco de diseños cualitativos.

6. Identificar las potencialidades, ventajas y limitaciones de las historias de vida.

7. Conocer los aspectos básicos de la implementación de las historias de vida y el registro y presentación de datos procedentes de su uso.

8. Disponer de bibliografía especializada sobre las entrevistas cualitativas y las historias de vida.

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1. La entrevista

1.1. Introducción

Basada en lo que algunos denominan arte de la escucha y de la conversación (Valles, 2002), la entrevista, al menos desde un punto de vista coloquial, tie- ne sus raíces históricas ya en las actividades de viajeros, militares, médicos y narradores.

En el contexto formal de la investigación, ha sido utilizada desde los inicios de disciplinas ligadas a las ciencias sociales y las humanidades (antropología, sociología...), pero también en psicología y psiquiatría. De hecho, aunque se considera a C. R. Rogers, desde la psicología, pionero en el uso de entrevistas abiertas y no dirigidas, las entrevistas cualitativas tienen una gran deuda con el psicoanálisis (Freud, Jung y Lacan le dedican textos). Cada vez más, también, adquieren relevancia en otras ciencias de la salud, como la medicina, y, desde sus mismos inicios, en la epidemiología y la salud pública.

En la historia reciente de la investigación cualitativa, es necesario señalar la importancia que tuvo su uso por parte de los sociólogos de la Escuela de Chica- go. Puede considerarse también que hay un antes y un después en la historia de la técnica a partir del trabajo de K. Merton (desde la sociología), quien, junto con Kendall (Merton y Kendall, 1946), acuñó el nombre de focused in- terview para referirse a entrevistas semidirigidas, semiestructuradas, centradas y en profundidad (Valles, 2002).

En antropología, la entrevista, especialmente en su modalidad no estructurada y en profundidad, constituye, junto con la observación participante, el núcleo de la estrategia etnográfica.

1.2. Definición

La mayoría de los autores (Valles, 2002) destacan, de una u otra manera, la cercanía de las entrevistas cualitativas con las conversaciones o diálogos ha- bituales en la vida cotidiana, aunque conviene, como iremos insistiendo a lo largo de este texto, no confundir las charlas informales con las entrevistas for- males en tanto que técnica de investigación cualitativa. Suele señalarse que las semejanzas se relacionan con la forma espontánea de tejer las preguntas y argumentaciones, de manera libre y poco dirigida, y la cercanía entre el en- trevistador y el entrevistado. En cuanto a las diferencias, se centran en la pre- paración previa, el carácter orientado de la conversación (temática, pero tam- bién metodológicamente) y su asimetría (ya que se busca que sea una de las partes –el entrevistado– la que aporte la mayoría de la información, que la otra

Lectura recomendada Para un repaso, somero, de la historia de la técnica, muy útil para la clarificación de conceptos, os recomendamos consultar:

M. S. Valles (2002). Entrevis- tas cualitativas. Madrid: CIS (Colección Cuadernos Meto- dológicos, 32).

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–el entrevistador– escucha de manera activa y a quien le interesa no ya de ma- nera personal, sino profesional). Es decir, en algunos aspectos, una entrevista cualitativa puede recordar a una conversación informal, aunque en la práctica dista mucho de serlo. En palabras de Valles (2002):

«Esto es, las entrevistas de investigación no se consideran una experiencia de laboratorio, en el sentido de proporcionar al entrevistador y al entrevistado un aislamiento respecto de las normas propias de sus contextos socioculturales. Los procesos de comunicación e interacción social cuasi naturales de la vida cotidiana se simulan o se transforman en las entrevistas con el propósito de obtener información pertinente, de acuerdo con la demanda de estudio» (Valles, 2002, p. 46, las cursivas son suyas).

Podemos definir, por tanto, la entrevista cualitativa como un proceso por el que una persona (entrevistado), elegida de acuerdo con los parámetros fijados en un diseño de investigación, proporciona información considerada relevan- te sobre el objeto de estudio (o un aspecto de este) desde su propio punto de vista o experiencia, en el marco de una conversación con una persona (el en- trevistador) formada y entrenada en el uso de la técnica.

Así, la principal utilidad de las entrevistas cualitativas es abordar las percep- ciones, interpretaciones, opiniones, motivos, etc. de los sujetos sobre los fenó- menos de interés para una investigación y hacerlo en el curso de un encuen- tro (entre entrevistador y entrevistado) previsto, directo, pautado y orientado precisamente a este fin.

1.3. Tipología

En lo que se refiere a la tipología, suelen utilizarse varios criterios para clasificar las entrevistas (Valles, 1997, 2002):

Lecturas complementarias

No podemos detenernos en los diferentes paradigmas teóricos en los que tienen cabida las entrevistas cualitativas, ni tampoco en la descripción exhaustiva de los orígenes y fundamentos teóricos de cada propuesta de tipología. Para esto, os remitimos al módulo 1 «Introducción a la metodología cualitativa de investigación», en el que tratamos los diferentes enfoques teórico-metodológicos en investigación cualitativa y, también, a los siguientes trabajos:

M. S. Valles (1997). Técnicas cualitativas de investigación social. Reflexión metodológica y práctica profesional. Madrid: Síntesis.

M. S. Valles (2002). Entrevistas cualitativas. Madrid: CIS (Colección Cuadernos Metodo- lógicos, 32).

1.3.1. Según el grado de estructuración Distinguiremos entre:

• Entrevistas estructuradas.

• Entrevistas no estructuradas.

• Entrevistas semiestructuradas.

Lectura complementaria Para más información sobre la perspectiva de diferentes autores sobre las semejanzas y diferencias entre las con- versaciones informales y las entrevistas cualitativas, po- déis consultar:

M. S. Valles (2002). Entrevis- tas cualitativas. Madrid: CIS (Colección Cuadernos Meto- dológicos, 32).

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a)�Entrevistas�estructuradas

Se trata de entrevistas altamente estandarizadas en las que existe un guion previo, que se sigue de manera pautada y en el que se registran las preguntas, que son formuladas por igual a todos los entrevistados.

Las respuestas son mayoritariamente cerradas (es decir, con un número limi- tado de opciones establecidas previamente), aunque puede existir un pequeño número de respuestas abiertas.

En estas entrevistas, el entrevistador tiene un rol directivo y no ejerce como dinamizador de una conversación, sino como simple recolector de datos.

Aunque se utilizan en ciencias sociales, especialmente en sociología, no son lo que se considera, por la mayor parte de los autores, la técnica característica de la investigación cualitativa.

b)�Entrevistas�no�estructuradas

Se trata, en este caso, de entrevistas típicamente cualitativas. Constituyen un instrumento flexible y dinámico de recolección de datos caracterizado por lo siguiente:

• No hay un guion estricto preestablecido que se siga de manera rígida, sino una guía temática (bien organizada y sistematizada, eso sí) que el entre- vistador utiliza para orientar la conversación. No se trata, como veremos más adelante, de un guion con las preguntas ya formuladas que el entre- vistador vaya siguiendo punto por punto, sino una especie de chuleta que puede tener delante o haber memorizado y que le sirve para recordar los puntos principales y los subtemas que debe tratar.

• La entrevista toma la forma de una conversación fluida y viva en la que los temas se van abordando a medida que el hilo de la conversación conduce a ellos. No se trata, tenemos que insistir, de una conversación informal, ni de algo improvisado: en todo momento, el entrevistador debe tener presentes cuáles son los objetivos de la técnica y de la entrevista específica a cada sujeto concreto y debe orientarla a obtener la información que le interese con el mayor grado de profundidad y detalle posible, pero debe hacerlo, y aquí está la clave, de manera poco directiva, respetando, en la medida de lo posible, el flujo de la conversación, aprovechando, sin cortar (pero dirigiéndolo), el curso del discurso del entrevistado, de manera que este pueda elaborar sus propias respuestas de manera espontánea, a su propio ritmo y según sus propias palabras.

• Como veremos, en este tipo de entrevistas es fundamental la habilidad del entrevistador para favorecer que el sujeto hable, espontáneamente y

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de acuerdo a su propio estilo, de los temas que son de interés para la in- vestigación.

c)�Entrevistas�semiestructuradas

Se trata, por decirlo así, de una modalidad intermedia entre las dos anteriores y que constituye, probablemente, la más utilizada en la investigación cualita- tiva.

Son entrevistas en las que buena parte de la conversación transcurre bajo los parámetros de lo que denominaríamos una entrevista no estructurada (es de- cir, sin un guion estricto, dejando que la conversación fluya bajo la dirección poco rígida del entrevistador para que el sujeto elabore sus propias respuestas y argumentaciones), pero que constan, también, de una parte más estructurada, en la que el entrevistador formula ciertas preguntas de manera más directiva y estandarizada. Suelen ser, estas últimas, preguntas orientadas a conocer sobre todo algunos datos sociodemográficos básicos de los sujetos (edad, sexo, situa- ción laboral…), pero también pueden utilizarse para precisar algunas respues- tas dentro de unas pautas prefijadas que ayuden a la codificación posterior.

En qué medida domine la vertiente más o menos estandarizada dependerá de la situación concreta de investigación y de la entrevista. Ahora bien, como podemos deducir, se trata de entrevistas en las que es necesario que el investi- gador tenga un buen conocimiento previo de qué preguntar, a quién y cómo en esa fase más estructurada, para poder tener una cierta seguridad de qué pre- guntas formular y que se comprenderán y podrán interpretar correctamente las respuestas.

1.3.2. Según el grado de profundización en los temas Se diferencia entre:

• Entrevistas superficiales.

• Entrevistas en profundidad.

a)�Entrevistas�superficiales

Se trata de entrevistas en las que los temas se abordan sin una gran profundi- zación en cada uno de ellos. El objetivo suele ser más la exhaustividad que la profundidad, es decir, tratar de manera poco intensiva un conjunto más o menos amplio de temas.

b)�Entrevistas�en�profundidad

Al contrario que las anteriores, en las entrevistas en profundidad, cada uno de los temas que se tratan se aborda de manera intensiva.

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Suelen ser, como se puede prever, entrevistas no estructuradas o semiestruc- turadas, en las que el objetivo del entrevistador es dirigir la conversación de forma que el sujeto trate de manera detenida y detallada cada uno de los te- mas, habitualmente en el curso de un diálogo poco pautado, prolongado y espontáneo.

1.3.3. Según el grado de extensión temática En este caso, cabe distinguir entre:

• Entrevistas focalizadas o centradas.

• Entrevistas no focalizadas o no centradas.

a)�Entrevistas�focalizadas�o�centradas

Su definición inicial viene ya de los artículos de Merton y Kendall (1946) y Merton, Fiske y Kendall (1956), en los que hablan de una modalidad de en- trevista caracterizada por la existencia de un guion previo, elaborado por los investigadores a partir de su conocimiento del tema y las hipótesis planteadas sobre él, que se plantea de una manera semidirigida sobre un tema concreto o un número muy acotado de temas.

Así, aunque en tanto que entrevista cualitativa, se procura que el grueso de la misma conste de preguntas de respuesta libre que el sujeto responde relatando su propia experiencia, el conjunto de temas que se abordan es limitado y se in- tenta que las respuestas se ajusten a él de la manera más concreta posible. Suele decirse, en este sentido, que se busca más profundidad que exhaustividad.

b)�Entrevistas�no�focalizadas�o�no�centradas

Se trata, a diferencia de las anteriores, de entrevistas que abarcan una gama de temas amplia. El objetivo en este tipo de entrevistas es mantener una con- versación que aborde una gran diversidad de temas (entre los considerados relevantes para la investigación), de manera exhaustiva y, habitualmente, en profundidad y con un rol poco directivo por parte del entrevistador.

En parte de la bibliografía especializada, suele decirse que se trata de entrevistas que se realizan sobre todo en las fases exploratorias de las investigaciones, aunque esto no es del todo preciso y ni siquiera es siempre conveniente: que la entrevista sea un repaso exhaustivo a temas muy diversos no significa, ni mucho menos, que no esté planificada y pautada, ni que los temas se aborden superficialmente o sin rigor; al contrario, las entrevistas no centradas, cuando están bien planteadas por un investigador conocedor del tema, constituyen un instrumento enormemente valioso para obtener información rica y variada en una investigación cualitativa. Se trata, eso sí, de entrevistas habitualmente

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largas, que requieren de una adecuada planificación y de buena preparación y habilidad por parte del entrevistador. Son, como dijimos ya para las entrevistas no estructuradas o semiestructuradas, las más típicamente cualitativas.

1.3.4. Según el tipo de respuesta Según este criterio se diferencia entre:

• Entrevistas de respuesta cerrada.

• Entrevistas de respuesta abierta.

a)�Entrevistas�de�respuesta�cerrada

Se trata de entrevistas en las que a cada pregunta (o un número mayoritario de ellas) se le asigna un número limitado de opciones de respuesta, establecido previamente.

Las respuestas del entrevistado se asignan a una de las opciones previamente codificadas o, lo que es más frecuente, se le pide que escoja entre ellas aquella que más se ajustaría a su argumentación.

El objetivo es facilitar el análisis de los datos (en la medida en que las respuestas ya están codificadas) y hacer más rápido y sencillo el curso de la entrevista.

La contrapartida es, como parece evidente, la pérdida de capacidad para un verdadero acceso a las percepciones y argumentaciones de los sujetos, objetivo principal, lo sabemos ya, de los enfoques cualitativos.

Se trata, en realidad, de una modalidad próxima a la encuesta o los test y, por ello, de corte no tan típicamente cualitativo.

b)�Entrevistas�de�respuesta�abierta

Se trata de una modalidad de entrevista claramente cualitativa en la que el investigador deja que los sujetos expresen sus opiniones, experiencias o per- cepciones sin acotar sus respuestas de manera prefijada, sino permitiendo que elaboren su propio discurso, respetando su manera de expresarse y de ir tra- tando los temas.

1.3.5. Según el rol del entrevistador Según este criterio se diferencia entre:

• Entrevistas directivas.

• Entrevistas no directivas.

a)�Entrevistas�directivas

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En esta modalidad, el entrevistador adopta una actitud de dirección muy mar- cada en lo que se refiere a los temas, su tratamiento concreto y la elabora- ción de las respuestas, interviniendo frecuentemente en la conversación para orientarla de manera clara y formular preguntas directamente.

Suele tratarse de entrevistas estructuradas y tienen la ventaja de acotar los te- mas y disminuir las dispersiones, limitando la duración de la entrevista, pe- ro tienen el inconveniente de que se interrumpe el flujo de la conversación, de manera que el sujeto tiene menos libertad para abordar los temas y las res- puestas de acuerdo con su propio estilo.

b)�Entrevistas�no�directivas

Como entrevistas de corte inconfundiblemente cualitativo, el investigador es- tablece una estrategia en la que permite el flujo espontáneo de la conversación y respeta el discurso del sujeto al mismo tiempo que es capaz de conducir la conversación hacia los temas que interesan. Se trata de entrevistas habitual- mente no estructuradas o semiestructuradas, orientadas a tratar los temas en profundidad y apoyadas en un guion poco rígido, que permiten el acceso a una amplia variedad y volumen de información.

1.3.6. Según el número de personas entrevistadas Distinguimos, en este caso, entre:

• Entrevistas individuales.

• Entrevistas grupales.

a)�Entrevistas�individuales

Como su propio nombre indica, se trata de entrevistadas en las que hay un único entrevistado.

b)�Entrevistas�grupales

En este caso, nos encontramos con más de una persona entrevistada al mismo tiempo. Aunque este tipo de entrevistas pueden tener cierta utilidad y en oca- siones son las únicas posibles, por ejemplo, cuando los sujetos no aceptan (por diferentes motivos) ser entrevistados individualmente, se trata de una moda- lidad poco utilizada en metodología cualitativa. De hecho, cuando el interés es establecer un debate, contrastar abiertamente perspectivas u opiniones, o, incluso, observar las dinámicas de la construcción de discursos o de interac- ción grupal, la técnica más adecuada deja de ser la entrevista y pasa a ser el grupo de discusión, que trataremos en el siguiente módulo de esta asignatura.

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Para cerrar ya este apartado, haremos un apunte más: la información reco- gida en las páginas anteriores permite corroborar la enorme diferencia entre la técnica de la entrevista cualitativa y las charlas o conversaciones informa- les, pero, además, es importante no confundir las entrevistas formales con las conversaciones en el curso de la observación participante. Aunque algunos autores las denominen entrevistas conversacionales para acercarlas a una técni- ca formal, esta terminología no parece adecuada, por confusa, puesto que se trata de conversaciones informales, no pautadas ni preparadas de antemano (aunque el trabajador de campo tenga una clara idea de qué quiere preguntar en cada situación de la observación participante), de duración indefinida, que se inician en cualquier momento y en cualquier momento pueden suspender- se también (Valles, 2002). Ciertos autores, no obstante, como, por ejemplo, Pujadas (2004, p. 90), incluyen las que denominan entrevistas informales co- mo una modalidad de entrevista poco o nada estructurada que el investigador mantiene durante la observación participante, habitualmente en el contexto de conversaciones espontáneas, orientadas en especial a comenzar o afianzar las relaciones sociales y descubrir temas.

En general, a modo de resumen, diremos que las entrevistas típicamente cua- litativas son entrevistas no estructuradas o semiestructuradas, en profundidad, no focalizadas, no directivas, individuales y de respuesta abierta. Se trata de entrevistas guiadas por un guion flexible, que se aplica de manera espontánea, en las que el entrevistador deja que el sujeto elabore sus propias respuestas, favoreciendo la comunicación directa, fluida y espontánea, y orientadas a ga- nar comprensión, desde el punto de vista de los sujetos, sobre un conjunto a menudo amplio de temas. Es habitual que, en el contexto de las investiga- ciones, se les llame, de manera un tanto imprecisa, simplemente entrevistas en profundidad. A ellas nos referiremos en las siguientes páginas.

1.4. Aplicabilidad y usos de las entrevistas cualitativas

Destacaremos las siguientes utilidades de las entrevistas (Valles, 1997 y 2002):

• Permiten profundizar en las percepciones y vivencias de los sujetos, expre- sadas en sus propias palabras y de acuerdo con sus propias perspectivas. Se trata, además, de sujetos seleccionados con criterios teóricos en función de su capacidad estimada para ofrecer información confiable y de calidad, lo que otorga un gran valor a los datos obtenidos.

• Permiten indagar en hechos del presente y también del pasado de los en- trevistados.

• Permiten contextualizar la información recogida en el contexto social, po- lítico, cultural y económico en el que se obtiene. De hecho, como veremos, un buen conocimiento previo del contexto resulta imprescindible en to- das las fases de la entrevista: desde la preparación (para que las preguntas

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sean pertinentes) hasta la selección de entrevistados y la propia conduc- ción de la entrevista.

• Facilitan el acceso a información que, por diferentes motivos, puede ser di- fícil de observar (por ejemplo, durante la observación participante): cuan- do los fenómenos son poco frecuentes, relativamente ocultos, cuando se dan en un número de escenarios muy amplio, cuando han sucedido en el pasado y ya no se pueden observar, etc.

• Permiten el surgimiento de información no contemplada previamente o no obtenida mediante otras técnicas. Al dejar que el sujeto elabore libre- mente sus respuestas y teja de manera paulatina sus argumentaciones, es posible que plantee situaciones, explicaciones o perspectivas que los in- vestigadores no habían contemplado o no de la misma manera.

• Permiten orientar la aplicación de otras técnicas de investigación, como la encuesta o los grupos de discusión, o, también, de otras modalidades de entrevista.

• Permiten completar la información obtenida mediante otras técnicas, co- mo las encuestas o la observación participante. Así, por ejemplo, es posible completar la información obtenida sobre las conductas de los sujetos en la observación participante, accediendo a explicaciones sobre esas mismas conductas, directamente por parte de sus protagonistas.

• Permiten elaborar hipótesis y tienen una enorme utilidad para la obten- ción de descripciones densas (desde perspectivas interpretativistas), para la construcción de teoría (especialmente, desde perspectivas cercanas a la Teoría fundamentada) y, también, para el cambio social (desde perspecti- vas sociocríticas).

• Permiten reducir el tiempo dedicado a la investigación, si se compara con la observación participante. Esto no significa, es imprescindible aclararlo, que una técnica pueda sustituir automáticamente a otra: sabemos ya que cada técnica de investigación tiene sus ventajas y limitaciones y se ajusta de manera más o menos adecuada a los intereses, escenarios y circunstan- cias de investigación que se dan en cada momento, por lo que la elección debe hacerse, siempre, con criterios científicos de adecuación de cada téc- nica. Ahora bien, no podemos negar que, por razones meramente prácti- cas, no siempre es posible implementar una técnica larga y costosa como la observación participante, de manera que la realización de entrevistas en profundidad puede ser una alternativa aceptable si el investigador tiene muy presentes no solo sus ventajas, sino también sus limitaciones.

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1.5. Limitaciones y dificultades de aplicación de las entrevistas cualitativas

Como toda técnica, podemos destacar también algunas limitaciones de las entrevistas:

• La principal limitación es, probablemente, el tiempo. El proceso de prepa- ración, desarrollo, transcripción y análisis de una entrevista semiestructu- rada y en profundidad se estima, con algunas variaciones entre los auto- res, entre las 10 y 15 horas. Esto la convierte en una técnica más cara (de nuevo, el tiempo es dinero) que, por ejemplo, la encuesta o, incluso, que el grupo de discusión. Supone, no obstante, menos duración y costos que la observación participante.

• Igual que cualquier técnica, en realidad, está afectada por la reactividad.

Es necesario tener presente que las entrevistas recogen el relato de las per- sonas sobre sus percepciones y conductas, y que este relato puede resultar alterado por la propia situación de la entrevista, de manera más o menos consciente, y por diversos motivos: miedo, pudor, olvidos… La reactivi- dad, sin embargo, disminuye si existe un contacto previo entre entrevis- tador y entrevistado que haya posibilitado el establecimiento de una rela- ción de cierta confianza, si se establecen unas condiciones de entrevista que sean cómodas para el entrevistado (el lugar, la hora, la disposición del escenario…) y si el entrevistador es hábil para conducir la entrevista plan- teando adecuadamente los temas difíciles o delicados. Esta reactividad se- rá, no obstante, siempre menor que en las encuestas basadas en contactos únicos entre entrevistador y entrevistado, e incluso que en los grupos de discusión en los que los participantes no tienen confianza entre sí o con el moderador.

• Por otra parte, no siempre las personas somos totalmente conscientes de por qué hacemos lo que hacemos o de dónde proceden nuestras interpre- taciones de la realidad, de manera que hay que tener presente que, por muy abierta y fluida que sea una entrevista, en ella se obliga a los sujetos a reflexionar y elaborar respuestas sobre temas que puede no ser sencillo abordar, lo que influirá en la calidad de la información obtenida. La capa- cidad de reflexión y expresión de los sujetos es, entonces, un criterio tan importante como el tipo de información de la que son depositarios, a la hora de seleccionarlos para hacer una entrevista.

• Respecto a la observación participante, tiene el inconveniente de no per- mitir el acceso directo al contexto en el que tienen lugar los fenómenos por los que se preguntan y en el que adquieren sentido las interpretaciones de los sujetos. No obstante, como ya hemos dicho, esto se soluciona, al menos en parte, cuando el investigador se ha esforzado en alcanzar, mediante la lectura de bibliografía o la implementación de otras técnicas, un conoci- miento previo del contexto y de los sujetos. Y es que este conocimiento es

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imprescindible para plantear preguntas que tengan sentido (tanto para el entrevistador como para el entrevistado) y estén formuladas de la manera adecuada (siguiendo las normas de interacción social aceptables para el entrevistado), para preguntar y para repreguntar, para pedir aclaraciones, para detectar cuestiones que no se entienden o que surgen por primera vez, para delimitar matices y, también, para poder comprender las respuestas.

• Al hilo de lo dicho en el punto anterior, no solo será necesario conocer el contexto, sino también garantizar un manejo suficiente de un idioma co- mún, entendido además no solo desde el punto estrictamente lingüístico, sino de manera más amplia, en lo que se refiere a los estilos de comunica- ción y las pautas culturales de relación y de establecimiento de significa- dos a los conceptos.

• Permiten solo (¡solo!) reconstruir el relato de los sujetos, pero sabemos que puede haber una enorme distancia entre lo que los sujetos dicen que hacen y lo que realmente hacen, algo, esto último, que se escapa del alcance de las entrevistas; por ello, de nuevo, el conocimiento del contexto nos dará pistas sobre la confiabilidad de los datos que vamos obteniendo y, tam- bién, resulta muy útil la complementariedad de las entrevistas con otras técnicas que soslayen esta limitación, como la observación participante.

1.6. Implementación de las entrevistas cualitativas

El desarrollo de las entrevistas cualitativas engloba diversas etapas que impli- can decisiones no solo prácticas, sino también metodológicas. Veámoslas con detenimiento.

1.6.1. Selección de la modalidad de entrevista

En un apartado anterior, hemos explicado la existencia de diversas modalida- des de entrevista que presentan, cada una de ellas, usos potenciales, ventajas e inconvenientes característicos.

En cualquier investigación, lo hemos visto también, la elección de las técnicas debe ser coherente con las preguntas de investigación, los objetivos, las carac- terísticas de la población y también los recursos disponibles. La entrevista no es, en este sentido, una excepción, y la decisión sobre su uso, en general y de cada tipo en particular debe hacerse también de acuerdo con estos criterios.

Así, por ejemplo, sabemos que no será adecuado plantear una entrevista estructurada, superficial y focalizada cuando lo que queremos es tratar un tema (y un contexto y una población) con el que estamos poco familiarizados. También, que la modalidad de entre- vista más adecuada para tratar temas amplios en profundidad, sobre los que buscamos una caracterización y contextualización lo más profunda posible, y su encuadre en el presente y el pasado, será semiestructurada, no centrada y en profundidad. Si buscamos la posibilidad de cuantificar cierto tipo de fenómenos ya bien conocidos, optaremos por una entrevista estructurada, de respuesta cerrada, etc.

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1.6.2. Selección de los entrevistadores

La selección de los investigadores no es ni mucho menos una cuestión menor:

tiene implicaciones respecto al diseño de la investigación y sobre la relación que se establezca con los sujetos y, por tanto, en cuanto al tipo y la calidad de la información que se obtenga, de manera que es importante que cumplan algunos requisitos (Valles, 1997 y 2002; Kvale, 1996):

a)�Conocimiento�de�la�investigación

Es necesario que los entrevistadores conozcan bien el tema de la investigación, los objetivos e hipótesis y el diseño, de manera que puedan orientar adecua- damente el curso de la conversación, llevar el tema a los elementos de interés y optimizar los recursos. Al conocer las fases de la investigación y los propósitos concretos de la entrevista, podrán orientarla mejor. Por este motivo, los en- trevistadores cualitativos son habitualmente miembros activos del equipo de investigación, encargados de implementar esta técnica, partícipes del diseño de la investigación en su conjunto y de la técnica en concreto y de su posterior descripción y análisis, aunque puedan trabajar en equipo.

b)�Conocimiento�del�contexto�donde�tienen�lugar�las�entrevistasy�de�los entrevistados

Se trata de que el entrevistador conozca no solo a la persona a la que va a entrevistar, sino que, como ya hemos mencionado más arriba, es imprescindi- ble que esté adecuadamente familiarizado con el contexto (social, geográfico, político, económico y cultural) en el que hará las entrevistas y sobre el que va a preguntar. Ya Merton y Kendall (1946) defendían la necesidad de que los investigadores que llevaban a cabo las focused interviews tuviesen un buen co- nocimiento previo de la situación que iban a abordar a partir de la bibliografía existente. Valles (2002) lo explica así, al referirse a su trabajo con ancianos que vivían solos en Madrid (Cea y Valles, 1992):

«Recuerdo especialmente las entrevistas con personas mayores, viviendo solas, en el mu- nicipio de Madrid. La observación de sus viviendas y vecindarios decía, a veces, más que sus palabras acerca de sus condiciones de vida. Y al contrario, sin haber conversado con ellos y ellas, la observación sin más hubiese dado lugar a una valoración exageradamente negativa» (Valles, 2002, p. 67).

Además, el entrevistador debe tener información previa del sujeto, al menos básica, especialmente en lo que se refiere a las características que lo convier- ten en un individuo interesante para ser entrevistado. Este conocimiento per- mitirá preparar mejor la entrevista, facilitará su curso y mejorará la relación, haciendo que el entrevistador pueda plantear las preguntas adecuadas, de la manera adecuada y en el momento adecuado para obtener información con- fiable y de calidad. De hecho, se considera preferible, a diferencia de lo que ocurre en las encuestas, que exista un conocimiento mutuo previo, es decir,

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que entrevistador y entrevistado se conozcan a partir de otras investigaciones o relaciones o, en la propia investigación a partir de contactos previos o, mejor aún, de observación participante.

Este conocimiento previo ayuda, además, a definir adecuadamente la relación entre ambos, en lo que se refiere, por ejemplo, a la posición social del entre- vistador respecto al grupo estudiado. Así, el entrevistador puede ser un miem- bro de este grupo, puede ser alguien ajeno pero conocido y aceptado al que se le otorga un estatus definido o puede ser un completo extraño. De esta de- finición de roles dependerá la relación que se establezca (especialmente en un primer momento), el desarrollo de la entrevista y, finalmente, la calidad de la información que se vaya obteniendo. En algunos casos, interesará que es- te rol sea de cierta superioridad, o al menos de igualdad (sobre todo cuando entrevistamos a expertos o a personas con una posición social elevada), para que haya reconocimiento de la figura tanto del entrevistado como del propio entrevistador (reforzando su posición social relativa), mientras que en otros interesará tratar de reducir al máximo la distancia social para que el entrevis- tado esté cómodo (Valles, 2002).

Ejemplo de caso práctico

Pongamos un ejemplo sobre esto. Imaginad una investigación sobre la inserción socio- laboral de jóvenes que han estado tutelados por una institución oficial. Imaginad entre- vistas a estos jóvenes realizadas por:

Un educador social que ha trabajado en el centro tutelado del que procede la mayoría, directamente con ellos, a diario, en actividades cotidianas.

El director del centro tutelado.

Un responsable de un centro de orientación laboral que no conoce a estos jóvenes.

¿Creéis que las relaciones que establezcan serán diferentes?

Otro ejemplo: una investigación sobre las condiciones laborales del profesorado univer- sitario; ¿qué perfiles de entrevistador creéis que serían necesarios en cuanto a la posición social de entrevistados y entrevistadores?

Podéis encontrar algunas reflexiones sobre este tema con ejemplos reales concretos en Valles, 2002.

En algunas entrevistas, este conocimiento del perfil del entrevistado tiene que ser mayor por tratarse de alguien relevante para la investigación o que puede aportar una información muy específica o valiosa. Esto, en determinados te- mas, no siempre es sencillo y se requiere que el entrevistador tenga un buen conocimiento de los temas pertinentes para poder dirigir la conversación ade- cuadamente, adaptándola al perfil concreto de los sujetos y, también, para ga- narse el reconocimiento del entrevistado. Esto puede requerir entrevistadores con una formación específica para entrevistar, por ejemplo, a sujetos expertos.

c)�Formación,�habilidad�y�experiencia�para�la�aplicación�de�la�técnica

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De un entrevistador cualitativo se debe esperar buena capacidad de escucha, de síntesis, de reflexión y de expresión. Es necesario que tenga capacidad pa- ra escuchar activamente el discurso de los sujetos para poder interpretar sus respuestas, comprender lo que dicen, pedir aclaraciones o solicitar matices, contrastar las respuestas, repreguntar… Pero también es necesaria una buena capacidad comunicativa (para explicar qué quiere saber, para expresar recono- cimiento a los sujetos, para pedir aclaraciones…), de memoria (para retener el guion de entrevista, para retomar temas que han ido quedando poco tratados, para contrastar informaciones contradictorias en el curso de la entrevista…), de síntesis (para recapitular la información, presentarla y continuar la conver- sación) y de análisis (para interpretar lo que escucha y alcanzar una buena comprensión y ser capaz de repreguntar, de contextualizar las respuestas…).

Se requiere, también, capacidad de mostrar cercanía y comprensión hacia el entrevistado (para ayudarle a hablar, valorar sus esfuerzos y su tiempo…) y confianza en sí mismo, en sus habilidades y conocimientos (para evitar actitu- des de inhibición, de conflicto, de estancamiento de la conversación…), pero sin confundir nada de esto con una actitud dominante ni paternalista, espe- cialmente en el caso de que exista una distancia (jerárquica, social, económica, formativa…) con el sujeto. Por esto, es importante que el entrevistador cuali- tativo sea una persona con capacidad para establecer y mantener relaciones empáticas, para enganchar al sujeto a la conversación, hacerle sentir cómodo y valorado, animarle a hablar y reflexionar. De esta capacidad y flexibilidad para adaptarse a diferentes sujetos y circunstancias dependerá, en buena me- dida, la cantidad y sobre todo la calidad de la información obtenida.

Se trata, en definitiva, y como veremos con más detalle más adelante, de tener la capacidad para mantener una actitud activa, flexible y analítica, que implica un elevado grado de atención y concentración, capacidad para reflexionar y preguntar rápidamente, dando profundidad a la conversación para obtener la mejor información (Valles, 2002).

Para todo esto, es fundamental disponer de una adecuada formación en me- todología cualitativa y en la técnica de la entrevista y, sobre todo, entrenarse, es decir, hacer entrevistas y adquirir experiencia.

d)�Adecuación�del�perfil�a�las�circunstancias�de�la�investigación

Tal y como explicamos para la observación participante, existen cierto tipo de características personales de los investigadores que son inevitables e inmuta- bles (sexo, edad, grupo étnico…) y que, también en las entrevistas, tienen un papel que hay que tener en cuenta.

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Además de estas características, habrá que tener presente también otras, más moldeables, como los conocimientos del contexto, la experiencia previa en el tema o con la población concreta o la presencia física (vestimenta, modales, lenguaje…).

e)�Número�de�entrevistadores

Lógicamente, el número de entrevistadores con el que se deba (y pueda) con- tar en una investigación dependerá del diseño de esta, de la tipología previs- ta de entrevistas, del número total de entrevistas que se prevé realizar, de la disponibilidad económica y de tiempo y de la diversidad de sujetos a los que se entrevistará (que puede hacer necesario disponer de diferentes perfiles de entrevistadores).

Contar con un único entrevistador tiene ventajas e inconvenientes. Entre las ventajas, está, sobre todo, que va acumulando conocimiento sobre el tema a medida que realiza las entrevistas, se familiariza cada vez más con el diseño de estas de manera que le va siendo más fácil conducirlas y le resultará más sen- cillo el análisis de los datos. En lo que respecta a los costes, puede ser más ba- rato. Entre los inconvenientes, están que los posibles sesgos introducidos por las características personales de los investigadores (edad, sexo, conocimientos, habilidades...) no se contrarrestan, de manera que la impronta del entrevista- dor puede dejarse ver demasiado sin estar compensada por la de otros. Tam- bién hay que tener en cuenta los riesgos de la fatiga o del exceso de autocon- fianza que va apareciendo a medida que aumenta el número de entrevistas.

Contar con varios entrevistadores puede tener también ventajas e inconve- nientes. Entre las ventajas obvias, permite hacer más entrevistas, dedicar me- nos tiempo a esta fase de la investigación, enriquece la entrevista al introducir diferentes modos de hacer y puntos de vista, permite acceder a perfiles de su- jetos más diversos y complejos y enriquece el análisis de la información. Entre los inconvenientes, podemos destacar la dificultad para establecer unas pautas generales a la hora de entrevistar que sean compartidas por todo el equipo, evitando divergencias en el tipo (temática u orientación) de la información obtenida, aparte, claro está, de la necesidad de más presupuesto.

Finalmente, tampoco podemos pasar por alto que, aunque todas estas carac- terísticas aumenten la probabilidad de desarrollar de manera productiva una entrevista, la calidad de esta no depende solo del entrevistador sino también del sujeto y de las circunstancias en las que tenga lugar la entrevista.

Kvale (1996, pp. 148-149) cita un decálogo de características que debería reunir el entrevistador cualitativo. En lugar de citar la fuente original, ofrecemos aquí la traducción realizada por Valles (2002, p. 97):

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«Se viene a decir que el entrevistador ideal ha de ser: 1) conocedor (del tema de la entre- vista), al menos para mantener una conversación en la que conviene alejarse de la to- tal ignorancia y la exhibición excesiva; 2) estructurador (al comienzo, en la presentación del propósito y la dinámica de la entrevista, al intervenir posteriormente mediante reca- pitulaciones, relanzamientos o conclusiones); 3) claro (mediante el uso del lenguaje no académico, natural de los entrevistados); 4) gentil (por la gentileza de no interrumpir, al entrevistado, el argumento, el ritmo y las derivaciones de lo convencional); 5) sensible (al significado de lo que escucha, también a la carga emocional, de lo dicho y lo no di- cho mediante una empatía no sensiblera); 6) abierto (a los asuntos que importan a los entrevistados, aunque no se hayan previsto); 7) conductor (sabedor del propósito de la entrevista, de que esta está bajo su control y dispuesto a reconducirla ante algunas digre- siones del entrevistado); 8) crítico (preocupado por la fiabilidad y validez de lo dicho por los entrevistados); 9) memorizador (atento a lo que va relatando el entrevistado, capaz de recordarlo y relacionarlo para solicitar mayor aclaración); 10) intérprete (interpretando el significado de lo narrado, para contrastarlo con el entrevistado)» (Valles, 2002, p. 97, las cursivas son suyas).

1.6.3. Selección de los entrevistados

Se trata, también, de una decisión delicada. En metodología cualitativa, la se- lección de los entrevistados se hará de acuerdo con criterios tanto teóricos co- mo prácticos.

En cuanto a los primeros, sabemos que en investigación cualitativa, la signifi- cación que se pretende es teórica y no estadística. Es decir, se busca que la se- lección de entrevistados dé información que permita ayudar a responder a las preguntas de investigación, independientemente de que su número (general y de cada perfil) sea significativo desde el punto de vista estadístico. Entre los criterios teóricos destacaremos, entonces, que:

• Se debe intentar reclutar a informantes que puedan proporcionar infor- mación adecuada para el tema de interés de la investigación y de las en- trevistas, es decir, que posean información, directa, veraz y de calidad de cada uno de los temas que se pretende tratar, aunque no necesariamente de todos. Así, puede haber informantes que nos den una visión general de temas globales mientras que otros pueden disponer solo de información sobre un tema o aspecto muy concreto pero en profundidad o desde un punto de vista relevante.

• Los perfiles deben ser heterogéneos y, por tanto, adecuados a los objetivos y los temas, en cuanto a variables que sean relevantes para la investigación en concreto como puede ser la edad, el sexo, la profesión, el lugar de resi- dencia, la experiencia en cuanto a un tema de interés, el posicionamiento o ideología en cuanto a esos temas, etc. El objetivo es que estén represen- tadas de manera adecuada las distintas opiniones o experiencias. Como ya hemos mencionado en un módulo anterior, se trata de garantizar la heterogeneidad de la muestra.

• Dado que los criterios no son estadísticos sino de significación sociocul- tural, no se trata de seleccionar a los sujetos en un padrón municipal, ni en una guía de teléfonos, sino que serán contactos obtenidos a partir de experiencias de campo previas (por ejemplo, de observación participante

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anterior a la realización de las entrevistas) o proporcionados por expertos conocidos, por otras personas o entre los contactos sociales del investiga- dor o del equipo al que pertenezca. Es decir, en la mayor parte de los casos, aunque tampoco siempre, existe una relación previa, siquiera mínima, en- tre entrevistador o entrevistado. Cuando esto no es así, lo recomendable es, ya lo hemos dicho, tratar de llegar a esta situación, es decir, intentar un mínimo trabajo de campo, contactar con expertos o representantes o líderes de una determinada comunidad para tratar de conseguir, poco a poco, que nos faciliten contactos. Y, en cualquier caso, atender siempre a las normas que en ese grupo cultural o social rigen las relaciones persona- les, especialmente las que se desarrollan con extraños. Es decir, es necesa- rio utilizar los canales pertinentes en ese grupo (a veces será, por ejemplo, un representante religioso, sindical, el administrativo que realiza las tareas de secretaría, un líder del grupo…) y los modales adecuados para dirigirse a una persona de una determinada posición social, la que sea.

Entre los criterios prácticos para reclutar a personas para ser entrevistadas, des- tacamos los siguientes:

• Aunque parezca obvio, hay que seleccionar a los que sea viable seleccionar, es decir, a los que estén dispuestos a colaborar, que se pueda acceder a ellos, que tengan tiempo, etc. No siempre, en las investigaciones, es posible ac- ceder al número de informantes que se desearía ni, tampoco, a todos los perfiles, pero es necesario intentar al máximo optimizar las posibilidades.

Tampoco siempre aquellos informantes más dispuestos a colaborar son los que tienen información más relevante, ni más directa, ni los que saben comunicarla mejor. En otras palabras, la intención no siempre es suficien- te, de manera que es necesario tener presente que limitar la selección a los informantes más accesibles, pero no necesariamente más adecuados desde el punto de vista de la calidad de la información, puede introducir sesgos graves. Además de que, como parece al hablar de la observación participante, es posible que existan intereses personales en los sujetos que el investigador tendrá que tener presentes. Por otra parte, la dificultad pa- ra seleccionar algunos perfiles puede ser evidente (individuos marginales, muy ocupados…), de manera que pueden quedar infrarrepresentados en la muestra final, mientras que otros, de acceso más sencillo y rápido, pueden estar sobrerrepresentados, sesgándose, en cualquiera de los dos casos, la información que se va obteniendo. Los criterios teóricos deben, por tanto, combinarse adecuadamente con los prácticos.

• Hay que seleccionar informantes con adecuada capacidad de expresión, que sean capaces de elaborar un discurso coherente. Esto no necesaria- mente va unido a una elevada formación académica o posición social, sino a la capacidad del sujeto para hablar de un tema del que se considera que tiene buena información. De hecho, en muchas investigaciones sociales, lo más relevante es dar voz a aquellos sujetos a los que, habitualmente, no se consulta pero que son actores protagonistas de los fenómenos que nos

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interesan. En este sentido, es un error común considerar que solo los pro- fesionales o los expertos técnicos en un tema están capacitados para hablar adecuadamente de él; los protagonistas, independientemente de su profe- sión o formación, pueden estar capacitados para aportar información va- liosa, precisamente aquella que solo puede proceder de ellos, en tanto que actores directos de los fenómenos que interesan. A quién se da y a quién no se da voz en una investigación influirá, entonces, de manera muy clara en los resultados obtenidos.

Valles (2002, p. 71), citando a Gorden (1975), cita cuatro «preguntas criterio o condiciones de selección» muy útiles para escoger, de manera progresiva, a las personas a las que se entrevistará:

«a) ¿Quiénes tienen la información relevante?

b) ¿Quiénes son más accesibles física y socialmente? (entre los informados).

c) ¿Quiénes están más dispuestos a informar? (entre los informados y accesibles).

d) ¿Quiénes son más capaces de comunicar la información con precisión? (entre los in- formados, accesibles y dispuestos)» (Valles, 2002, p. 71).

También Valles (1997) explica los pasos que ayudarían a delimitar el número de entrevistados:

• Se debe recabar el máximo de información posible respecto a la población de estudio, a partir de otras técnicas y fuentes de documentación (estadís- ticas, padrón, observación participante…), de manera que podamos hacer- nos una idea lo más detallada posible del volumen total y también de los criterios de estratificación (edad, sexo o cualquier variable o característica personal o de experiencia vital relevante para la investigación) que nos permitan establecer una tipología de informantes. El objetivo es establecer una serie de categorías tipológicas, significativas desde el punto de vista teórico, definiendo los perfiles de sujetos a los que es necesario entrevistar.

• Después, para cada una de las categorías, se tratará de establecer un nú- mero de sujetos que dé cuenta de la heterogeneidad de visiones y circuns- tancias. No se trata, es necesario insistir una vez más, de categorías y nú- mero de entrevistas significativas desde el punto de vista estadístico, sino teórico.

• Debe iniciarse el contacto con alguno de los candidatos a ser entrevistados y, a partir de ahí, aplicar la técnica de la bola de nieve, es decir, pedir a ca- da uno de los sujetos inicialmente reclutados que proporcione el contacto de otros a los que sea posible entrevistar. Esta técnica, lo hemos visto ya, ofrece la ventaja de ampliar, de manera relativamente rápida y sencilla, el número de informantes, pero tiene, también lo sabemos, una serie de ries- gos: el principal, que las personas suelen proporcionar contactos de otras personas similares a ellas, de tal manera que si el inicio de la bola no se ha realizado con un cierto número de sujetos de perfiles diferentes entre sí, al

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final, la muestra puede ser artificialmente homogénea y no representar la heterogeneidad de sujetos realmente implicados en la situación que que- remos investigar. Por esta razón, suele ser aconsejable realizar el muestreo poco a poco, por etapas, para realizar una evaluación continua de los per- files de sujetos que vamos recogiendo y estar atentos a los posibles sesgos, de manera que podamos reorientar el muestreo antes de que finalice el tiempo asignado para realizar las entrevistas.

Pujadas (2004) nos ofrece un ejemplo de elaboración de tipologías para esta- blecer el perfil y el número de personas a las que entrevistar en su ya mencio- nada investigación sobre la inmigración latinoamericana en Cataluña y An- dorra:

«Una tipologia d'informants s'elabora a partir de la identificació de les variables que in- tervenen de manera significativa en la configuració d'experiències diferenciades en rela- ció amb el tema d'estudi: en aquest cas aquestes experiències queden condensades en les diferents trajectòries migratòries de cada subjecte. Quines són les variables que fem servir per a l'elaboració de la tipologia en el cas de l'estudi sobre Migracions llatinoamericanes a Catalunya i Andorra?

Per una banda, tenim un conjunt de variables que tendeixen a parèixer en qualsevol in- vestigació. Es tracta de variables universals o fixes: edat, sexe-gènere i posició socioeco- nòmica. Per l'altra, en el cas d'un estudi sobre migracions hi ha tot un seguit de varia- bles relacionades directament amb l'experiència migratòria i amb la posició que les per- sones ocupen en el marc de la societat receptora. Es tracta, doncs, de variables especifi- ques: nacionalitat, llengua materna, religió, moment històric d'arribada, composició del grup domèstic o residencial, tipus de cadena migratòria de la qual formen part, grups d'interès transnacional, lloc de residencia, accés al mercat de treball i, sobretot, situació legal» (Puadas, 2004, pp. 296-297, las cursivas son suyas).

En cualquier caso, no podemos perder de vista que el muestreo, en tanto que inscrito en una metodología cualitativa, será siempre progresivo y secuencial, es decir, irá ampliándose y modificándose a medida que se realicen las entre- vistas, sin estar fijado previamente, y se completará por saturación, cuando añadir nuevos informantes de cada perfil no sirva ya para ampliar o mejorar la información.

Por esto, suele ser difícil, salvo que el tiempo y el dinero apremien, establecer de antemano el número exacto de personas a las que se va a entrevistar. Y es necesario aclarar que ni el número elevado da garantía de riqueza y calidad de la información, ni el reducido, si está correctamente planteado, es sinónimo de pobreza. La clave no está en la cantidad, sino en haber garantizado una adecuada heterogeneidad de perfiles de informantes y de profundidad en cada entrevista que permitan abordar la complejidad del fenómeno que se estudia.

Sobre esta saturación, Valles (1997, pp. 214-215) explica, citando a Glaser y Strauss (1967, p. 61):

«Saturación significa que no se encuentran datos adicionales donde el sociólogo pueda desarrollar propiedades de la categoría. Conforme va viendo casos similares una y otra vez el investigador adquiere confianza empírica de que una categoría está saturada. Se sale de su sendero para buscar grupos que desplieguen la diversidad de los datos tanto como sea posible, precisamente para asegurarse que la saturación se basa en la gama más amplia de datos sobre la categoría» (Glaser y Strauss, 1967, p. 61, las cursivas son suyas;

citado en Valles, 1997, pp. 214-145, la traducción es suya).

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En otras palabras, se alcanzará la saturación cuando el hecho de entrevistar a nuevos sujetos no añada datos nuevos a los que ya se disponen, pero, eso sí, siempre y cuando la selección de perfiles haya sido capaz de seleccionar toda la heterogeneidad relevante, de manera que esa saturación sea real y no fruto de una elección sesgada o parcial de informantes.

Cabe un apunte más referido al número de entrevistas que se le pueden o de- ben hacer a una misma persona. Este número será diferente en función de la tipología de la entrevista: por ejemplo, parece bastante lógico pensar que si se trata de entrevistas en las que el objetivo es reconstruir una parte importante de la vida de una persona o un fenómeno que se ha prolongado en el tiempo o que es muy complejo o, también, desde un punto de vista práctico, si esta- mos ante un informante con poco tiempo, que se fatiga al hablar, etc., pueda ser necesario hacer varias sesiones de entrevista hasta darla por completada. Y aquí está precisamente la clave: será necesario hacer las sesiones de entrevista que se consideren suficientes (dentro de lo posible, como siempre) para obte- ner del informante la mejor información posible en cantidad y calidad y, tam- bién, para que el entrevistador haya conseguido comprender adecuadamente esta información (Valles, 2002).

Por otra parte, podemos encontrarnos también con una situación diferente, que sería algo así como una reentrevista: consiste en volver a entrevistar a un sujeto al que ya se entrevistó en un momento anterior de la investigación para pedirle, un tiempo después, y normalmente a raíz de la mejora de los conoci- mientos de los investigadores o de un suceso nuevo o no previsto inicialmen- te, que complete, matice o explique alguna información ya dada o añada otra.

También, en estudios de corte más longitudinal, prolongados en el tiempo, es posible que se realice una entrevista y otra un tiempo largo, incluso años después.

1.6.4. Elaboración de un guion de entrevista

Previamente a desarrollar cualquier modalidad de entrevista, es imprescindible elaborar un guion que sirva de base para su conducción.

Ahora bien, sabemos que en las entrevistas abiertas y en profundidad no se trata de elaborar un listado cerrado y concreto de preguntas, sino de referenciar un conjunto de temas y la manera en que estos se pueden abordar con cada perfil de entrevistado. No se trata, por tanto, de un guion pautado o cerrado, ni en lo que se refiere a las preguntas ni tampoco a las respuestas, y no debe seguirse de manera secuencial, ni formular las preguntas en el mismo orden, ni de la misma forma. Es, por tanto, más que un guion, una guía o esquema que debe manejarse ad hoc, para cada entrevista concreta.

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En líneas generales, podemos decir que, para su elaboración, se trata de con- vertir todas o parte de las preguntas de investigación u objetivos de la misma en temas que se abordarán durante la entrevista (Valles, 1997 y 2002). Estas preguntas u objetivos de investigación, redactados en el momento del diseño de manera formal, deben traducirse del lenguaje científico al lenguaje coloquial o, más bien, al lenguaje que sea de uso habitual por parte del entrevistado para hablar del tema o temas concretos que interesan.

Conviene, no obstante, no confundir entre las preguntas (y objetivos) de in- vestigación y las que se recojan de manera más o menos pautada en una en- trevista. Lógicamente, formando parte del diseño de un estudio, habrá un lis- tado de temas y de preguntas de investigación, a las que se pretende dar res- puesta. El guion de entrevista es una adaptación de una parte (o todas, me- nos frecuentemente) de estas preguntas –precisamente aquellas que los inves- tigadores creen que pueden responderse mediante la técnica de la entrevista–, adaptadas a la tipología de entrevista escogida y, también, a cada entrevistado en concreto. Así, puede haber un guion genérico de entrevista y diversos guio- nes adaptados a los perfiles de los entrevistados, e incluso a alguno de ellos de manera más concreta.

Existen diversas maneras de hacer esto. Valles (2002), citando a Wengraf (2001), lo explica así:

«En síntesis, y para la práctica, Wengraf propone un esquema de decisiones de diseño que incluye los siguientes pasos: 1) definición de los objetivos y de la pregunta o preguntas centrales de investigación (PCI); 2) traducción de cada pregunta central en entre tres y siete preguntas de teoría (PT); 3) desarrollo de conjuntos de preguntas de entrevista (PE) o inter- venciones de entrevista (IE) para cada pregunta teórica, teniendo en cuenta la clase de en- trevistado o informante. El paso tercero alude, al referirse genéricamente a las interven- ciones de entrevista (IE), al "diseño de las sesiones" de entrevista, que (ya se ha señalado) no comprende solo un listado de asuntos de conversación y preguntas concretas, sino la decisión sobre el grado de estructuración de la comunicación. Esto es, la secuencia u orden de los temas y preguntas. En palabras de Wengraf, "un acto de intervención es el diseño de las sesiones"» (Valles, 2002, p. 60, las cursivas son suyas).

En definitiva y, sin necesidad de adoptar la terminología de Wengraf (2001), de lo que se trataría es de establecer una serie de pasos que fueran, digamos, de lo más genérico a lo más concreto:

• Pensar en la pregunta o preguntas u objetivos de la investigación o, me- jor dicho, en aquellas preguntas que se pretende responder mediante la realización de entrevistas. Es decir, pensar en los grandes temas de nuestra investigación.

Dividir temáticamente esos grandes temas, en varios subtemas.

• Dentro de estos subtemas, tratar de establecer aspectos concretos, que pue- dan preguntarse de manera directa.

Ejemplo

No hablamos igual, por ejem- plo, para relatar aspectos de nuestra infancia que para deta- llar nuestra opinión sobre los riesgos laborales en nuestro puesto de trabajo y, esto últi- mo, no lo hace en los mismos términos –con el mismo len- guaje– un trabajador de base que un especialista en la mate- ria.

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• Convertir estos subtemas en preguntas, con el grado de concreción que hayamos decidido en función de las características de la entrevista.

• A partir de estas preguntas, que, dicho de manera coloquial, el entrevista- dor debe tener en la cabeza, se harán las adaptaciones necesarias a los per- files de entrevistados, a las condiciones de la entrevista y al curso de la conversación.

Además, es necesario tener en cuenta que, en las entrevistas semiestructuradas, habrá una parte que sí deba preguntarse de manera concreta y estandarizada.

Algo aplicable a la totalidad de la entrevista, en el caso de las estructuradas.

Por otra parte, el contenido y características del guion obedecen también al estilo personal de cada investigador. Así, algunos investigadores se sienten más cómodos con guiones muy detallados, que mantienen visibles durante las en- trevistas e incluso que comprueban abiertamente durante su curso; otros, so- bre todo los más experimentados y los más familiarizados con los objetivos de la entrevista y de la investigación en general, pueden optar por guiones más genéricos que no lleven de manera física.

Finalmente, es necesario indicar que el guion de entrevista es especialmente útil, si no imprescindible, en investigaciones en equipo, ya que resulta muy importante consensuar ciertos temas y la manera de abordarlos entre los in- vestigadores. También, cabe señalar que el guion se puede incluir o no en el informe de investigación.

Valles (1997, p. 209) muestra el siguiente guion utilizado en una investigación sobre ancianos que vivían solos en Madrid (Cea y Valles, 1992):

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Figura 1. Guion de entrevista en profundidad

Características sociodemográficas o de encuadre biográfico 1. Edad.

2. Estado civil.

3. Trayectoria, características y opinión de las viviendas y zonas urbanas en las que se ha vivido.

4. Lugar de residencia en Madrid capital, lugar de origen.

5. Familia, herencias...

6. Actividad/situación económica (actual y anterior...).

7. Estudios (propios y del esposo/a, en su caso).

8. Salud (patologías, discapacidades/deficiencias, hábitos...).

I. El paso a la vida en solitario: dimensión temporal pasada 1. Forma/s de convivencia anterior.

2. Razones y circunstancias de la soledad.

3. Alternativas de convivencia antes/ahora.

4. Concurrencia de otras transiciones (jubilación, enviudamiento u orfandad, cambio de vivienda, emancipación de los hijos...).

5. Memoria selectiva del pasado (principales recuerdos).

II. La experiencia en soledad: dimensión temporal presente 1. Tiempo vivido sola/o.

2. Ocupación del tiempo (budget time):

– descripción de un día laboral, del domingo o festivo...

– Hobbies o pasatiempos.

– Cambios en el estilo de vida (qué hace ahora que antes no hacía o qué hacía antes que ahora no hace...).

3. Relación social:

– Lazos familiares, de amistad, vecindad...

– Pertenencia a clubs, grupos parroquiales y municipales.

– Cambios en el estilo de vida (qué hace ahora que antes no hacía o qué hacía antes que ahora no hace...).

4. Sentimiento de soledad y reacción ante la misma:

– Necesidad sentida de compañía.

– Qué hace cuando se siente sola/o.

5. Preocupaciones recurrentes del momento presente.

III. Expectativas planes: dimensión temporal futura 1. Planes de convivencia en compañía.

2. Opinión sobre las residencias de ancianos, la convivencia con algún hijo o familiar...

3. Asignaturas pendientes o ambiciones... deseos y temores.

4. Horizonte vital...

Fuente: adaptación de Valles (1997, p. 209).

Por su parte, Pujadas (2004) describe de esta manera el guion de entrevistas en profundidad utilizado en la investigación Migracions llatinoamericanes a Cata- lunya i Andorra:

Referencias

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