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Los bogas del río Magdalena en la literatura decimonónica. Relaciones de poder en el texto y en el contexto

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Academic year: 2020

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(1)Los bogas de l río M agdale na e n la lite ra t ura de cimo nó nica Relaciones de poder en el texto y en el contexto. P r e s e n ta d a p o r : Ma rí a de l Pi l a r R i a ñ o P r a di l l a. Dirigida por: Claudia Leal. Monografía de grado Maestría en Historia Universidad de los Andes - Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Historia.

(2) María del Pilar Riaño 2. Contenido. Pág.. Introducción……………………………………………………………………………….3 Sección 1: Viajeros, viajes y ‘viajados’ del río Magdalena….……..………………….10. a. El viajero decimonónico…………………………………………………………..12 b. El río Grande de la M agdalena: puerta de entrada a la República………………...22 c. Los bogas………………………………………………………………………….33. Sección 2: Los bogas del río Magdalena: representación y distanciamiento………..40 a. Zambos degenerados……………………………………………………………....43 b. Carácter bárbaro, costumbres repugnantes, seres indisciplinados…………………50 El mal-decir Los modales y la vida material La vida licenciosa c. Geografía de la barbarie…………………………………………………………….62 d. Los gajes del oficio…………………………………………………………………68 e. La seducción de la barbarie…………………………………………………………72 f. Distanciamiento..…………………………………………………………………....77. Sección 3: ¿Viajantes vs. navegantes? El encuentro……………………………………80 a. Los bogas: los amos…………………………………………………………………82 b. El “indefenso” viajero……………………………………………………………….86 c. La negociación……………………………………………………………………....92 El texto y el contexto: a manera de reflexión…………………………………………….97 Bibliografía………………………………………………………………………………...102.

(3) María del Pilar Riaño 3. Introducción En la Conferencia “Irse, quedarse. Reflexión literario-antropológica sobre el viaje”, M ary Louise Pratt planteaba la necesidad de generar avances metodológicos en los estudios sobre la literatura de viajes, los cuales, a su parecer, han terminado siendo poco innovadores en la medida en que siguen ocupándose de los mismos temas de los que se ocupan los libros de viaje. Al recordar que “no hay viaje sin anfitrión”, y que el enfocarse en los actos de movilidad de los viajerosperegrinos no permite a los investigadores ver la inmovilidad de los anfitriones, Pratt planteaba 1 un giro metodológico: «dejar de acompañar al peregrino para acompañar al anfitrión» .. El presente trabajo se interesa por un grupo del que se ha hablado de manera fragmentaria, pero nunca se ha explorado de manera sistemática: los bogas del río M agdalena, quienes fueran por más de tres siglos los “motores” del transporte fluvial del actual territorio colombiano y los “anfitriones” de los múltiples viajeros que debieron utilizar sus servicios para movilizarse a lo largo del país. El objetivo— que no logra escapar del todo a las críticas planteadas por Pratt— es problematizar la manera como los bogas fueron representados en la literatura del siglo XIX. Por ello, más que insistir en los prejuicios que manejaban los escritores de dicha literatura, se pretende recalcar aquí que las apreciaciones de los viajeros eran la expresión de la ideología civilizadora de la cual eran portadores y que enmarcó el pensamiento del siglo en mención. No obstante, el presente escrito no pretende quedarse únicamente en el estudio de las representaciones que subyacen a los textos, también se interesa por explorar el encuentro entre bogas y viajeros y las relaciones de poder que se establecieron tanto en los textos como en el contexto.. Las fuentes de estudio son relatos de viajes, cuadros de costumbres y algunos ensayos que distintos viajeros, nacionales y extranjeros, escribieron sobre Colombia a partir de los años veinte hasta finales del siglo XIX. La periodización es relevante si se tiene en cuenta que después de la independencia de los países suramericanos, y como producto de la apertura de las puertas hispanoamericanas al mundo exterior, transitaron por el continente americano viajeros de 1. PRATT, Mary Louise, Irse, quedarse. Reflexión literario-antropológica sobre el viaje, conferencia dictada en la Universidad de los Andes el 24 de agosto de 2009..

(4) María del Pilar Riaño 4. diferentes nacionalidades; y que, por la misma época, la élite política e intelectual colombiana debió darse a la tarea de recorrer su propio territorio para redefinir los contornos de un proyecto nacional. Los textos que tenían como nexo el motivo del viaje y en los cuales se retrataban los más variados aspectos sobre la vida económica, política, social y cultural de la naciente nación, 2 por tanto, fueron variados y abundantes durante el periodo en mención .. El trabajo parte de preguntarse por la manera como se configuraron las imágenes de los bogas del río M agdalena y por la forma como en esas representaciones contribuyó el encuentro entre éstos y los viajeros. Responder a esta doble cuestión implica reconocer, siguiendo a Ingrid Bolívar, «el orden social como un orden construido y no dado» y que «el análisis de las visiones que hacen inteligible al “otro” pasa por la revisión de los múltiples sentidos con los que una sociedad se 3 explica, se concibe, y se ve a sí misma» . Vale la pena aclarar que por viajeros se entenderán no. sólo los visitantes extranjeros, sino también los autores nacionales que en sus escritos elaboraron textualmente sus experiencias de viaje. Recordemos, como lo ha señalado Santiago M uñoz, siguiendo a James Clifford, que lo que hacía a un individuo viajero no era únicamente su movilización geográfica, sino la relación que establecía con el lugar que visitaba, sus intensiones, su mirada y su ubicación con respecto al entorno: «por más que el boga recorriera las aguas del 4 M agdalena, el viajero no era él, sino el europeo que transportaba en su champán» .. Teniendo en cuenta lo anterior, esta investigación se estructura en torno a la hipótesis de que el proceso de configuración de las representaciones sobre los bogas fue producto tanto del marco ideológico compartido desde el cual los escritores construían su realidad social, como del encuentro entre bogas y viajeros. Para ello, argumento que los autores construyeron una imagen de los bogas como zambos que vivían en un medio “funesto” y que tenían prácticas contrarias a las de los hombres de “buenas costumbres” a partir de las ideas dominantes entonces en torno a la raza, el clima, los oficios y la civilización; y que, además, dicha construcción les permitió no sólo. 2. El corpus documental está compuesto por 9 textos de autores nacionales y 12 libros de viaje de escritores extranjeros. Al contexto y a los autores de las fuentes seleccionadas me referiré en las siguientes páginas de esta introducción. 3 BOLÍVAR, Ingrid, “ Los viajeros del siglo XIX y el ‘proceso de civilización’: Imágenes de indios, negros y gauchos”, en Memoria y Sociedad No. 18, Vol. 9, Bogotá, enero-junio de 2005, p. 20. 4 MUÑOZ, Santiago, “ Las imágenes de viajeros en el siglo XIX. El caso de los grabados de Charles Saffray sobre Colombia”, en Historia y Grafía, No. 34, México D. F., Universidad Iberoamericana, 2010, en prensa..

(5) María del Pilar Riaño 5. ubicar a los bogas en el espacio de la barbarie, sino también establecer relaciones de poder, subordinación, jerarquización y distanciamiento entre ellos y los sujetos a quienes se encontraban describiendo. A la vez, sostengo que los estereotipos que se tejieron en torno a los bogas se confirmaban y reforzaban en la travesía por el río M agdalena. Durante el viaje –entendido como un espacio de encuentro y como una zona de contacto que exigía a los viajeros salir de su medio social para entrar en el territorio del boga– el “bárbaro gobernaba”. Lo anterior, además de irritar a los viajeros, escapaba a sus ideales de autoproclamada superioridad y los ayudaba a reproducir la imagen “bárbara” que tenían sobre los bogas. Ambos señalamientos me llevan a proponer que las relaciones de poder entre bogas y viajeros eran “opuestas” en el texto y en el contexto, y que dicho contexto fue constitutivo de los mismos textos.. La actualidad de este tema se pone en evidencia si se tiene en cuenta que en las últimas décadas el estudio de la literatura de viajes se ha convertido en uno de los principales objetos de investigación de diversas disciplinas que han identificado en los textos de los viajeros el análisis de formas de saber del mundo y la posibilidad de reflexionar acerca de quién conoce y cómo conoce. Ejemplo de esto son libros como el de M ary Louise Pratt, Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación, y el de Joseph Fontana, Europa ante el espejo, que fueron fundamentales en el presente trabajo para analizar la manera como los viajeros extranjeros construían y se apropiaban del ‘otro’. En Colombia, dicho tema ha sido estudiado por historiadores como Jaime Jaramillo Uribe en el artículo “La visión de los otros. Colombia vista por observadores extranjeros” y Jorge Orlando M elo en “La mirada de los franceses: Colombia en los libros de viaje durante el siglo XIX”. También ha sido trabajado –desde la perspectiva de la literatura nacional– por investigadores como Olga Restrepo en su artículo “Un imaginario de nación. Lectura de láminas y descripciones de la Comisión Corográfica” y Erna von der Walde en “El cuadro de costumbres y el proyecto hispano-católico de unificación nacional en Colombia”, cuyos trabajos me permitieron caracterizar la literatura de viajes y costumbrista propia del siglo XIX.. Así mismo, la preocupación por el ‘otro’ y por la manera como se representa y configura dicha relación han sido objetivos fundamentales del estudio de la literatura de viajes. El libro de Peter Burke, Formas de historia cultural –en el cual se acuña el concepto de encuentro cultural–; los ya.

(6) María del Pilar Riaño 6. mencionados trabajos de Pratt y Fontana –de los cuales empleé los conceptos de zona de contacto y de distanciamiento, respectivamente–, y varios escritos de Pierre Bourdieu, en particular El sentido práctico, del cual tomé la categoría de habitus, me ayudaron a analizar la manera como se representó al boga y las relaciones subyacentes a dicha representación. También tuvieron una gran influencia en la construcción del argumento del presente trabajo el libro del historiador cultural Roger Chartier El mundo como representación y el artículo del sociólogo Norbert Elias “Conocimiento y poder”. Del primero me valí de la idea de que las representaciones discursivas no están separadas de lo material, de las relaciones y que, por lo mismo, la construcción de sentido por medio de las representaciones y de las prácticas es producto de elementos tanto discursivos como extradiscursivos. A partir del segundo se configuró la idea de poder como un atributo de toda relación humana y a plantear que dicha relación surge cuando un grupo o 5 individuo monopoliza aquello que otro necesita .. El estudio de las imágenes que se construyen sobre el ‘otro’ requiere comprender los marcos interpretativos que delimitan las formas en que los escritores representan lo social. En el siglo XIX las concepciones que se tenían sobre la raza y la geografía tuvieron un fuerte peso en las construcciones discursivas. El libro de Julio Arias Nación y diferencia en el siglo XIX colombiano. Orden nacional, racialismo y taxonomías poblacionales, los conocidos trabajos de Thomas Skidmore, Black into White. Race and the Nationality in Brazilian Thought, Peter Wade, Gente negra nación mestiza Dinámicas de las identidades raciales en Colombia, así como el de Alfonso M únera, Fronteras imaginadas: la construcción de las razas en el siglo XIX colombiano, y el artículo de M ax Hering “’Raza’: variables históricas” –del cual tomé el concepto de epistemes imperantes–, fueron utilizados para analizar la manera como los bogas y el territorio en el cual éstos habitaban fueron descritos, imaginados y caracterizados a partir de las categorías arriba enunciadas.. De acuerdo con el argumento que enmarca la presente investigación, el estudio de las representaciones que se construyen sobre el ‘otro’ no debe estar separado de la “realidad”. Sin embargo, pese a su importancia y a la gran abundancia de fuentes primarias que los describen, 5. ELIAS, Norbert, “Conocimiento y poder”, en Conocimiento y Poder, Colección Genealogía del Poder No. 24, Ediciones la Piqueta, Madrid, 1994, p. 52..

(7) María del Pilar Riaño 7. son pocos los trabajos dedicados a los bogas del río M agdalena. Al respecto, vale la pena señalar el único libro que se dedica exclusivamente a estos remeros: Los bogas de Mompox, Historia del zambaje del momposino David Ernesto Peñas Galindo. También son significativos los trabajos de Fals Borda, “M ompox y Loba” –en Historia doble de la costa–; de Eduardo Posada Carbó, “Bongos, champanes y vapores en la navegación fluvial colombiana del siglo XIX”; y del historiador Sergio Paolo Solano, Puertos, sociedad y conflictos en el Caribe colombiano, 1850, 1930, por sólo mencionar una de sus publicaciones. Estos últimos, aunque dan cuenta de procesos históricos más amplios, resultan un esfuerzo importante por recomponer la historia de estos sujetos.. Siguiendo los aportes y orientaciones de los autores referidos, la primera sección de este trabajo está dedicada a la caracterización de los viajeros nacionales y extranjeros que recorrieron las aguas del M agdalena en el siglo XIX, cuáles fueron sus intereses y qué relación tenía su movilización con el expansionismo europeo y los procesos de independencia de comienzos del siglo XIX. Con ayuda de las fuentes, delineo las condiciones del viaje, su recorrido y duración, y analizo por qué el río y sus sistemas de transporte, a la vez que eran juz gados como reflejo del atraso de la nación, eran vistos como símbolos de progreso y civilización. Por último, expongo brevemente lo poco que se conoce sobre los bogas del M agdalena.. La segunda sección explora las representaciones que se construyeron sobre los bogas del M agdalena en la literatura decimonónica. En ésta, sostengo que las imágenes estereotipadas que se elaboraron sobre los trabajadores de los champanes estaban ancladas en el habitus de los 6 viajeros y que, por lo mismo, eran producto de las epistemes imperantes desde las cuales los. autores construían su realidad social 7. Las ideas preconcebidas propias del siglo XIX –como la 6. El habitus es, para Bourdieu, «un sistema de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes» (BOURDIEU, Pierre, El sentido práctico, Barcelona, Editorial Paidós, 1991, p. 92). Según Santiago Castro-Gómez, el concepto de habitus es desarrollado por Bourdieu con el fin de conceptualizar el modo en que los individuos incorporan en su estructura mental una serie de valores culturales que les identifican como miembros de un determinado grupo social (CASTRO GÓMEZ, Santiago, La hybris del punto cero. Ciencia, raza e ilustración en la Nueva Granada (1750-1816), Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeri ana, Instituto Pensar, 2005, p. 81). 7 Por el concepto de episteme Max Hering entiende «un conjunto de conocimientos de una época determinada que condiciona la construcción discursiva de los saberes» (HERING TORRES, Max, “Raza”: variables históricas ”, en Revista de Estudios Sociales no. 26, Bogotá, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes, abril de 2007, p. 17)..

(8) María del Pilar Riaño 8. opinión que se tenía del zambo como una raza degenerada, de la desnudez como símbolo de ignorancia y de la influencia de la geografía en el carácter de los hombres, por solo mencionar algunas de ellas – permitieron a los escritores enmarcar a los bogas dentro de lo “bárbaro”, a la vez que distanciarse y presentarse a sí mismos como modelo de ‘civilidad’ y como miembros de un espacio privilegiado de poder.. Partiendo de la idea de Roger Chartier sobre la mutua influencia entre realidad y representación, la tercera sección se centra en el encuentro entre bogas y viajeros. En ésta, argumento que el viaje por el río M agdalena implicaba para ambos sujetos no sólo un desplazamiento geográfico, sino el 8 establecimiento de una zona de contacto en la cual el lenguaje dominante era el del boga . Lo. anterior ponía a los viajeros en una situación de “indefensión” frente a aquellos sujetos que, como ya se mencionó, eran concebidos por los escritores como “bárbaros” e “inferiores”. De ahí que la sección se articule en torno al estudio de las ventajas que poseían los bogas –en palabras de un 9 viajero– para moverse «por sus propias y favorecidas tierras» y a las “negociaciones” que se. dieron entre éstos y los viajeros, sosteniendo que las relaciones de poder ‘asimétricas’ que se establecieron durante el encuentro permitieron a los viajeros reforzar ciertos estereotipos en relación con el boga. De ahí que se concluya que si bien las apreciaciones de los viajeros con respecto a los bogas fueron producto de la mirada civilizatoria desde la cual los primeros escribían, también fueron el resultado del encuentro entre ambos sujetos.. La pregunta por las representaciones estereotipadas que se construyeron sobre los bogas durante el siglo XIX da cuenta de cómo los viajeros-letrados se confirmaron y expresaron su autoconciencia de superioridad. Además, permite confirmar que los tipos de representaciones que se consideraron naturales, como la inferioridad de los zambos o la degeneración de los habitantes de la “tierra caliente”, han sido históricamente construidos a partir de la interacción entre diferentes actores. A la vez, permite ver y entender la manera como se representó a un grupo que, aunque crucial para el progreso de la nación, fue fuertemente racializado. En definitiva, resulta 8. Por zona de contacto Pratt entiende los «espacios sociales en los que culturas dispares se encuentran, chocan y se enfrentan, a menudo en relaciones de dominación y subordinación fuertemente asimétri cas» (PRATT, Mary Louise, Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1997, p. p. 21-22). 9 STEUART, John, Narración de una expedición a la capital de la Nueva Granada y residencia allí de once meses, Bogotá, Academia de Historia de Bogotá, Tercer Mundo Editores, Colección Viajantes y viajeros, 1989., p.p. 71-72..

(9) María del Pilar Riaño 9. interesante e importante en la medida en que posibilita encontrar los elementos que constituyeron la estructura de la cultura “dominante” en el siglo XIX y penetrar en el mundo de los valores, del poder y del lenguaje de la época.. Llegados a este punto, es preciso señalar que a lo largo del proceso de búsqueda, lectura y análisis de fuentes primeras me preocupé por identificar cambios en el discurso que se construyó en relación con el boga. Aunque las fuentes parecían ser muy parecidas la una a la otra, suponía que las representaciones sobre estos sujetos debían variar enormemente, pues no es lo mismo un viajero de 1820 a uno de 1880 ni un político colombiano a un geógrafo norteamericano. En efecto, tales diferencias existen. Lo que sorprende, y lo que sorprenderá seguramente a los lectores, es que no encontré cambios importantes en la manera como se representó al boga del M agdalena ni en el tiempo ni entre los escritores nacionales y extranjeros. La visión que tenía del boga el diplomático francés Gaspard M ollien en 1823 era similar a aquella que encontramos en los textos del escritor colombiano José M aría Samper en 1861, por ejemplo. Lo anterior implica, parafraseando a Braudel, que los contextos mentales desde los cuales se representó al boga son de 10 largo duración , y que el discurso construido en torno a lo bogas, por ser éstos un grupo. fuertemente racializado, presenta una continuidad enorme a lo largo del siglo XIX.. Consciente de lo anterior, e interesándome menos en lo que se mueve y más en lo que queda constante, el presente trabajo se centra en analizar lo homogéneo en los textos, quedando pendiente realizar un estudio minucioso sobre lo heterogéneo en el cual se puedan establecer comparaciones más sutiles entre los viajeros nacionales y extranjeros y entre los mismos viajeros. No debe olvidarse que, si bien los autores eran portadores de epistemes imperantes y se veían afectados por los valores de su propia cultura, sus intereses personales y su profesión (como en todo testimonio) debieron influir en la comprensión que cada uno tuvo de los bogas.. 10. BRAUDEL, Fernand, “ Historia y Ciencias sociales. La larga duración”, en Annales, E. S. C., No. 4, París, octubre-di ciembre de 1958, p.p. 725-753..

(10) María del Pilar Riaño 10. Sección 1. Viajeros, viajes y ‘viajados’ del río Magdalena Producto de las transformaciones que se dieron tanto en Europa como en América, durante las primeras décadas del siglo XIX llegaron a los puertos de Suramérica viajeros de diferentes nacionalidades: Hispanoamérica se había abierto a los visitantes y se había convertido, en palabras de Pratt, en un «Nuevo M undo, porque había iniciado un camino de experimentación 11 social para el cual la metrópoli brindaba escasos precedentes» . Junto a estos viajeros, el siglo. XIX conoció otros cuyas circunstancias eran diferentes: intelectuales ‘latinoamericanos’ que recorrieron sus propias tierras, bien porque se habían dado a la tarea de explorar las nuevas repúblicas, bien porque se sintieron atraídos por visitar otros lugares y debieron movilizarse para salir y regresar a sus países de origen. 12 El actual territorio colombiano fue el destino y el punto de partida de gran cantidad de viajeros .. La expansión comercial de las potencias europeas, los procesos independentistas y su ubicación estratégica como cruce entre Centro y Suramérica, entre el mar Caribe y el Océano Pacífico, y entre los Andes, los Llanos y la Amazonía, fueron algunos de los elementos que despertaron el 13 interés de gobiernos, literatos, aventureros y hombres de ciencia . Sus experiencias de viaje y su. impresión sobre las tierras visitadas quedarían consignadas en textos de diversa índole; textos que 11. PRATT, Mary Louise, op. cit., p. 307. Son numerosos los estudios sobre los viajeros extranjeros que durant e el siglo XIX visitaron el actual territorio colombiano. Ver por ejemplo: ANGULO JARAMILLO, Felipe, “ Viajeros frances es del siglo XIX en Colombia. Un balance bibliográfi co”, en Boletín AFEHC No. 31, agosto de 2007, disponible vía web: http://afehc-historiacentroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1649 Consultado el 20 de agosto de 2009; JACQUES GOINEAU, Jean, “Presencia francesa y acción diplomática de Francia en Colombia durante el siglo XIX”, en Boletín AFEHC No. 31, 2007, disponible vía web: http://afehc-historiacentroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1654 Consultado el 20 de agosto de 2009; JARAMILLO URIBE, Jaime, “ La visión de los otros. Colombia vista por observadores extranjeros”, en Historia Crítica No. 24, Bogotá, Universidad de los Andes, 2002, p.p. 7-24; MELO, Jorge Orlando, La mirada de los franceses: Colombia en los libros de viaje durante el siglo XIX, disponible vía web: http://www.lablaa.org/blaavirtual/sociologia/melo/franceses.htm Consultado el 20 de abril de 2006; MUÑOZ ARBELAEZ, Santiago, op. cit; NÚÑEZ, Eduardo, “ Viajeros norteamericanos en el pací fico ant es de 1825”, en Journal of Inter-American Studies, Vol. 4, No. 3, Miami, University of Miami, 1962, pp. 327-349; OLAVE QUINTERO, Viviana, “Viajeros de la avanzada del capitalismo. La visión de Gaspard Théodore Mollien sobre la política de la Nueva Granada en la post – independencia”, en Historia y Espacio No. 19, Revista del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades, Cali, Universidad del Valle, p. p. 5-20, disponible vía web: http://historiayespacio.com/rev33/art4.html Consultado el 20 de abril de 2010. 13 ANGULO JARAMILLO, Felipe, op. cit. 12.

(11) María del Pilar Riaño 11. evidencian que los escritores –fueran nacionales o extranjeros– eran portadores de ideas dominantes en su época, como lo fue, por ejemplo, la explicación de los fenómenos históricos a 14 causa de factores geográficos o por las características que se le atribuían a las diferentes razas .. La mayor parte de los viajeros que visitaron Colombia durante el siglo en mención hicieron un recorrido similar al de Gonzalo Jiménez de Quesada en 1536: después de llegar a Santa M arta o Cartagena sobre la costa Caribe, remontaron el río M agdalena desde su desembocadura hasta 15 Honda, para subir de allí a la cordillera Oriental y alcanzar la Sabana de Bogotá . Este mismo. trayecto, pero en ocasiones a la inversa, debieron recorrer tanto las mercancías como los viajeros nacionales que entraron o salieron del país. Todos, o casi todos los viajeros tuvieron, por tanto, que valerse del río M agdalena para llegar a sus lugares de destino, pues, como lo recuerda Herrera, el río era la «vía de comunicación estratégica entre la Región Caribe, los Andes centrales 16 y el interior del continente» . Y puesto que el itinerario de viaje era una ocasión propicia para. elaborar un buen relato, en los textos de los viajeros la descripción del río se destacó siempre 17: no hay una sola de las obras de quienes tomaron esta ruta que no contenga la narración del viaje por el Magdalena y la caracterización de uno de los sujetos que lo hacían posible: el boga.. Con el fin de presentar el contexto en el que se enmarca el presente trabajo, en las páginas que siguen expondré quiénes fueron estos viajeros, cuáles fueron sus intereses y qué relación tenía su movilización con el expansionismo europeo y con los procesos de independencia del siglo XIX. Posteriormente, hablaré del río M agdalena, de su importancia, y realizaré una descripción de la experiencia de viaje vivida por los viajeros, delinearé las condiciones del viaje, su recorrido y duración. Por último, presentaré una breve reseña histórica sobre lo poco que se conoce sobre los bogas.. 14. JARAMILLO URIBE, Jaime, “ La visión de los otros…”, op. cit., p.p. 8, 19. De este asunto me ocuparé en la segunda sección. 15 Ibíd., p. 8; ANGULO, Felipe, op. cit. Otros viajeros también entraron por Venezuela, por el sur-oeste (Ecuador y Perú) o por Panamá. 16 HERRERA ÁNGEL, Martha, “Transición entre el ordenamiento territorial prehispánico y el colonial en la Nueva Granada”, en Historia Crítica No. 32, Bogotá, Universidad de los Andes, julio-diciembre de 2006, p. 135. 17 PRATT, Mary Louise, op. cit., p. 261..

(12) María del Pilar Riaño 12. a. El viajero decimonónico. Los viajeros extranjeros que recorrieron el río M agdalena durante el siglo XIX fueron, en su mayoría, emisores de un proyecto expansionista europeo que, si bien se había iniciado en el siglo XVIII, no había podido concretarse en las colonias americanas debido a los fuertes controles impuestos por la corona española: la metrópoli, preocupada por la penetración de otras potencias imperiales extranjeras, había sido muy cuidadosa con el control de la llegada de viajeros a Hispanoamérica y, por lo mismo, con la expedición de licencias de comercio y de permisos para 18 explorar sus territorios . De ahí que al comenzar el siglo XIX el interior continental de América 19 permaneciera “virtualmente” inexplorado para los europeos no españoles ; y que la. independencia significara la apertura a relaciones comerciales entre Europa y América, en contraposición a los territorios que durante la colonia habían estado cerrados a pueblos diferentes 20 al español : «Sólo después de 18[19] los extranjeros tuvieron la posibilidad de pasearse. [tranquilamente] por el territorio americano y llevar a cabo su proyecto de expansión comercial», como lo expresa Olave 21.. Los primeros viajeros interesados en la búsqueda de nuevos mercados y de formas de inversión llegaron, por tanto, una vez producida la independencia. Como lo ha señalado Jaramillo, las intenciones comerciales de las potencias europeas –producto de la Revolución Industrial, del impulso del capitalismo y de las ideologías liberales– presentaban a Colombia como un candidato potencial para crear proyectos de inversión y para establecer relaciones comerciales entre ésta y 22 naciones europeas como Inglaterra, Francia, Suecia y Alemania . De hecho, por su ya. mencionada ubicación estratégica y por la riqueza natural de su territorio, el país era considerado un buen mercado para colocar manufacturas y adquirir materias primas y mineras de gran demanda en Europa. Este interés no era unilateral. En palabras de Olave: 18. Al respecto ver: NÚÑEZ, Eduardo, op. cit., p.328; MUÑÓZ, Santiago, op. cit. SÁNCHEZ, Efraín, “ Agustín Codazzi y la geografía en el siglo XIX”, en Revista Credencial de Historia No. 42, Bogotá, 1993, disponible vía web:. 19. http://www.temascolombianos.com/COMISIOM%20COROGRAFICA/AGUST IN%20CODAZZI%20Por %20Efrain%20Sanchez%20Cabra.pdf Consultado el 20 de abril de 2010. 20 21 22. JARAMILLO, Jaime, “ La visión de los otros…” op. cit., p. 13. OLAVE, Viviana, op. cit.; NÚÑEZ, Eduardo, op. cit., p. 332. JARAMILLO, Jaime, “ La visión de los otros…” op. cit., p. 13..

(13) María del Pilar Riaño 13. Si para los europeos […] América se convirtió en la posibilidad de obtener mercados y materias primas, para los americanos la relación económica y política con algunas potencias europeas se convirtió en la mejor opción de consolidar el proyecto 23 independentista . Los extranjeros que llegaron a Colombia hacia la década de los años veinte del siglo XIX –y que seguirían llegando a lo largo de todo el siglo–, se preocuparon por la exploración y documentación de las tierras del interior del país. Según Pratt, estos viajeros no describirían realidades que se dieran por nuevas, pues ya no existían lugares no transitados, y, en contraste con sus predecesores, «no se presentaban como descubridores de un mundo primigenio; los trozos de la naturaleza que recogerían eran muestras de materias primas, no muestras del designio 24 cósmico de la naturaleza» . De ahí que los ríos –en particular el M agdalena, que por la fertilidad. de sus tierras era visto como un gran depósito de materias primas25– fueran los protagonistas de muchos de sus relatos. Según Beatriz González: El viajero del siglo XIX es diferente de M arco Polo; se hace necesario distinguirlo de los cronistas de Indias, a pesar de que uno y otros presentan con su mirada una forma especial de interpretación. Es un personaje nacido de Rousseau y del romanticismo, impulsado por Humboldt, que escribe sus observaciones y dibuja a caballo o en canoa, para quien la rapidez del apunte acuarelado no le hace requerir del estudio confortable y quien encuentra reposo en los peligros de la selva. Para conocer el 26 mundo hay que recorrerlo con el lápiz en la mano, decía Herder . No existe un perfil común a los viajeros que llegaron al país y recorrieron el río M agdalena durante el siglo en mención. Algunos eran científicos; otros, simplemente, aventureros que 23. OLAVE, Viviana, op. cit. Con respecto a las políticas de inmigración, de exportaciones y de atracción de capital extranjero por parte del gobierno de la Gran Colombia ver BUSHNELL, David, Colombia, una nación a pesar de sí misma. De los tiempos precolombinos a nuestros días, Bogotá, Planeta, 1996, p. 177; KÖNIG, hans Joachim, En el camino hacia la nación. Nacionalismo en el proceso de formación del Estado y de la nación de la Nueva Granada 1750 a 1856, Bogotá, Banco de la República, 1994, p. 362; OCAMPO, José Antonio, Colombia y la Economía Mundial: 1830-1910, Bogotá, Tercer Mundo Editores, Colciencias Fedesarrollo, 1998. 24 Ibíd., p. 51. 25 Al respecto ver: KASTOS, Emiro (Juan de Dios Restrepo), “ Cartas á un amigo de Bogotá” en El Neo-granadino No. 187, Bogotá, 19 de Diciembre de 1851, disponible vía web: http://www.lablaa.org/blaavirtual/modosycostumbres/ares/ares13.htm. Consultado el 28 de marzo de 2006. 26 GONZÁLEZ, Beatriz, Ramón Torres Méndez. Entre lo pintoresco y la picaresca, Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1986, disponible vía web: http://www.lablaa.org/blaavirtual/todaslasartes/torres1/indice.htm Consultado el 20 de abril de 2010..

(14) María del Pilar Riaño 14. buscaban fortuna o comerciantes en pos de las oportunidades de mercado dejadas por la desaparición del restrictivo imperio español. También hubo emisarios de gobiernos extranjeros, tanto en carácter diplomático como contiguo con el espionaje. Igualmente, llegaron personas contratadas por el gobierno colombiano para desempeñarse en la construcción de obras civiles, como maestros o consejeros. Según Pratt, la oleada de viajeros estaba compuesta principalmente por británicos, quienes viajaban y escribían como exploradores de avanzada del capital europeo. Ingenieros, mineralogistas, criadores, agrónomos, militares, con frecuencia estos viajeros de comienzos del siglo XIX eran enviados al “nuevo continente” por compañías de inversores europeos, como expertos en la búsqueda de recursos explotables, contactos y contratos con las élites locales, información sobre potenciales emprendimientos, condiciones de trabajo de 27 mano de obra, transporte, posibilidades de mercado, etc. Entre quienes llegaron a Colombia por razones científicas se encontraba el geólogo e ingeniero Jean Baptiste Boussingault, quien fuera contratado por el gobierno colombiano para realizar estudios geológicos y colaborar con la fundación de una escuela de ingeniería. Antes de viajar, se entrevistó con Humboldt: «debíamos recorrer los sitios que él había visitado hacía 20 años y 28 residir allí para completar y aumentar algunas de las observaciones que había hecho» .. Boussingault estuvo en Colombia entre 1822 y 1830. Le seguirían, entre otros, viajeros como el norteamericano Issac Holton, quien en 1857 visitó el país con el objetivo de estudiar la flora 29 tropical, además de los problemas educativos y religiosos de la población ; el geógrafo francés. Eliseé Reclus, el cual residió en Bogotá entre 1855 y 1857, en parte por intereses científicos y en parte para huir de las persecuciones a sus ideas anarquistas y el también francés Charles Saffray, quien viajó en 1869 con el objetivo de estudiar las virtudes curativas de las plantas. Otros viajeros llegaron como representantes diplomáticos y, por lo general, en busca de relaciones comerciales. El coronel inglés John Potter Hamilton, por ejemplo, viajó a Colombia en 1824 como “agente confidencial” del gobierno francés para estudiar las instituciones políticas de la naciente nación y, un año más tarde, apareció como ministro plenipotenciario para celebrar un tratado de comercio. Un año antes había llegado al país el también inglés Charles Stuart. 27. PRATT, Mary Louise, op. cit., p. 257. Ver también MUÑOZ, Santiago, op. cit. BOUSSINGAULT, Jean Baptiste, citado por MELO, Jorge Orlando, op. cit. (En el texto de Melo no aparece la referencia de la cual fue tomada la cita de Boussingault). 29 NOGUERA, Aníbal, Crónica grande del Río de la Magdalena, Tomo II, Bogotá, Ediciones Sol y Luna, Banco Cafetero, 1980, p. 61. 28.

(15) María del Pilar Riaño 15. Cochrane, quien traía una misión similar: establecer negocios mercantiles y mineros con la naciente nación. En 1825 el oficial de la marina real sueca Carl August Gosselman viajó a Colombia en busca de relaciones comerciales entre los dos países y, en 1828, llegaría el diplomático francés August Le M oyne, quien fuera secretario de la delegación de Francia y 30 representante del gobierno de Carlos X . Viajeros como el francés Gaspard Theodore M ollien. (1823), el escocés John Steuart (1835) y el sueco Ernst Röthlisberger (1880) arribaron a América en otras condiciones. El primero, al parecer, llegó por la curiosidad despertada por el impacto que las narraciones de la independencia habían tenido en Europa. Quería saber cómo se organizaban 31 las nuevas sociedades y evaluar el papel de Francia en las nuevas naciones . Steuart, por su. parte, era fabricante de sombreros y quería estudiar la industria del vestido masculino, mientras que Röthlisberger fue contratado por el gobierno colombiano como profesor de historia y filosofía.. M ás allá de sus intenciones, todos los viajeros que debieron tomar la ruta del M agdalena registraron sus impresiones del viaje, ya fuera en bitácoras de recorrido, en informes o reportes científicos. En los textos, consignaron sus observaciones sobre el ambiente natural y social, 32 detallaron los “tipos humanos” –dentro de los cuales el boga fue uno de los más destacados–,. las costumbres de los habitantes, las virtudes y defectos de los pueblos. Según Eduardo Núñez, hasta el más rutinario informe de situaciones o casos de interés en las relaciones internacionales dejó espacio para impresiones de viaje, usos y costumbres, o semblanzas de nuevos personajes de 33 la política . El viajero decimonónico, por tanto, era un narrador que presentaba al público el 34 testimonio de una experiencia de viaje .. Es importante aclarar que estos testimonios no eran descripciones espontáneas y objetivas de 35 nuevas experiencias , por lo que es preciso tener en cuenta dos aspectos. En primer lugar, que. 30. MELO, Jorge Orlando, op. cit. Ibíd.. 32 Los ´tipos humanos’ eran tipos regionales fuertemente racializados. Según Arias, «Los tipos obedecían a una taxonomía confus a y elemental a la vez, cuyo mayor objetivo era clasifi car las di ferentes variaciones, muestras y ejemplos de lo nacional» (ARIAS VANEGAS, Julio, Nación y diferencia en el siglo XIX colombiano: orden nacional, racialismo y taxonomías poblacionales, Bogotá, Uniandes, 2005, p. 82). 33 NÚÑEZ, Eduardo, op. cit., p. 346. 34 MELO, Jorge Orlando, op. cit. 35 BURKE, Peter, Formas de historia cultural, Madrid, Alianza Editorial, 2000, p. 127. 31.

(16) María del Pilar Riaño 16. los viajeros escribían pensando en la ulterior publicación de los textos y en su circulación entre los lectores europeos, lo que los obligaba a seguir ciertas convenciones literarias y a situarse dentro de un corpus documental que les daba los parámetros sobre la manera en la que se debía 36 representar al ‘otro’ . Eliseé Reclus, por ejemplo, escribió para la revista más influyente de la. época, la Revue des Deux Mondes, dirigida a un público de élite social y cultural de Francia 37. Charles Saffray, por su parte, publicó sus notas en el famoso periódico de viajes Le Tour du Monde, en que se divulgaron numerosos viajes «efectuados en todos los contenientes, incluyendo 38 los jóvenes países hispanoamericanos y Colombia», como lo señala Angulo . Entre quienes. escribieron sobre su estancia en el país, únicamente algunos publicaron sus memorias como un libro poco después de su regreso, como Gaspard M ollien. Otros lo hicieron muchos años después, como August Le M oyne, o fueron editados después de su muerte, como fue el caso de Boussingault. En segundo lugar, que el tiempo con que contaban los viajeros entre el viaje y la publicación de los textos les permitió leerse y citarse entre ellos. M ollien, por ejemplo, lector de Humboldt como Boussingault, fue leído por muchos de los europeos que visitaron Colombia en el siglo XIX. Le M oyne, por su parte, escribió apoyado en su diario de viaje y en viajeros y 39 escritores casi 40 años después de su salida de Colombia . Y Holton, según Noguera, «consultó. lo que pudo: el Semanario de Caldas, el “Bogotá en 1836-7” de Stuart, los artículos de Boussingault, una publicación del presidente M osquera, la historia de Plazas y…pare de 40 contar» .. Lo que me interesa resaltar con todo esto, siguiendo a Burke, es el porqué del aspecto retórico y la importancia de esquemas y lugares comunes en las descripciones. Sólo de esta manera es posible entender que en la literatura de viajes del siglo XIX –como mostraré en la próxima sección– se repitieran una y otra vez las convenciones y los temas, y que, según el mismo autor, las narraciones reflejaran «prejuicios en el sentido literal de opiniones formadas antes [o después] de que los viajeros salieran de su país, tanto si dichas opiniones eran fruto de conversaciones. 36 37 38 39 40. MUÑÓZ, Santiago, op. cit. ANGULO, Felipe, op. cit. Ibíd. MELO, Jorge Orlando, op. cit. NOGUERA, Aníbal, op. cit., p. 61..

(17) María del Pilar Riaño 17. como de lecturas»41. Pese a esto, no hay que perder de vista que, como argumento más adelante, los textos de los viajeros no sólo se construían con base en otros textos y en torno a otros libros, ni eran una simple copia o repetición de las lecturas efectuadas. Según Patricia Almarcegui,. El viajero proyectaba sus conocimientos en el país visitado y comprobaba con la mirada que lo que habían leído coincidía con lo que percibía en su visita. Sólo la comprobación in situ confirmaba los conocimientos adquiridos antes de la partida. 42 La mirada engendraba conocimiento . El viaje, por tanto, hacía parte de un sistema de conocimiento y de divulgación del ‘otro’. Fueran cuales fueren sus nacionalidades, destinos o intereses, los viajeros extranjeros tenían un nexo común: eran originarios de sociedades ‘modernas’ que se estaban urbanizando y cuyas costumbres distaban de aquellas observadas en el país que se encontraban visitando. En este sentido, eran portadores de las epistemes imperantes y juzgaban el entorno desde la perspectiva europea o norteamericana. Y ya que en el siglo XIX, en especial, Europa asumió de manera creciente una visión de sí misma como encarnación del destino humano que habría de extenderse hasta la 43 periferia “salvaje” , no sorprende que los autores también escribieran para instaurar una. diferencia. En palabras de Pratt:. Los estudiosos del discurso colonial reconocerán aquí el lenguaje de la misión civilizadora, con el que los noreuropeos presentan a los pueblos como (para ellos) “nativos”, seres incompletos que sufren la incapacidad de haber llegado a ser lo que son los europeos ya son, o de haberse convertido en lo que los europeos pretendían 44 que se convirtieran . Ahora bien, tal y como ha sido señalado, los visitantes de las potencias extranjeras no fueron los únicos en recorrer el territorio colombiano. Al concretarse el proceso independentista, los intelectuales criollos se dieron a la empresa de viajar por su país y de aventurarse hacia tierras lejanas en la geografía, como Europa y Estados Unidos. Quienes hicieron lo primero –la mayoría de ellos científicos interesados en construir, ordenar y pensar la nueva república–, exploraron y 41. BURKE, Peter, op. cit., p 128. ALMARCEGUI, Patricia, “La metamorfosis del viajero a Oriente”, Revista de Occidente No. 280, Madrid, septiembre de 2004, p. 106. 43 MELO, Jorge Orlando, op. cit. 44 PRATT, Mary Louise, op. cit., p. 268. 42.

(18) María del Pilar Riaño 18. demarcaron un país que les era aún ‘desconocido’ y clasificaron a sus habitantes con el fin de definir y crear una idea de nación. Quienes consiguieron lo segundo, viajaron con un objetivo similar: esbozar los diferentes proyectos de construcción del Estado a la luz de los modelos de Francia, Estados Unidos o Inglaterra: iban a aprender, a tratar de encontrar las claves de la 45 ‘civilización’ y ver cómo su experiencia los educaba o servía para educar a los colombianos .. Unos y otros, ya fuera para moverse por el interior del país o para entrar y salir del mismo, se vieron obligados a tomar la ruta del M agdalena.. Al igual que los viajeros extranjeros, los nacionales no se limitaron a redactar informes o a levantar la cartografía de la República. Sus ‘cuadros’ de investigación científica sobre las regiones y sus habitantes así como sus diarios de viaje dieron origen a la aparición de un sinnúmero de dibujos, grabados, crónicas y libros de viaje en los cuales retrataban los recursos naturales, la topografía, el relieve, pero también los “tipos humanos”, sus usos y costumbres. En últimas, “todos los detalles dignos de anotarse”.. Si se trataba de dar a conocer la nación que a mediados del siglo era una “incógnita” para la gran mayoría de sus habitantes, no sorprende que las obras realizadas por los viajeros fueran 46 divulgadas . La gran mayoría de los habitantes de las ciudades “conocerían” el país a través de la. lectura de sus descripciones. Entre ellas, las más representativas fueron las de la Comisión Corográfica, «empresa justamente contratada con el fin de “dar a conocer el país” en sus relaciones físicas, morales y políticas», como lo anota Olga Restrepo citando la ley que en 1839 47 había ordenado formar la Carta Geográfica de la Nueva Granada .. 45. MARTÍNEZ, Frédéric, El nacionalismo cosmopolita: la referencia europea en la construcción nacional en Colombia, 1845-1900, Bogotá, Banco de la República, Instituto Francés de Estudios Andinos, 2001. 46 RESTREPO, Olga, RESTREPO, Olga, “ Un imaginario de nación. Lectura de láminas y descripciones de la Comisión Corográfi ca”, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura No. 26, Bogotá, 1999, p. 31. 47 Codificación Nacional de todas las leyes de Colombia desde el año de 1821: hecha conform e a la ley 13 de 1912, por la sala de Negocios Generales del Consejo de Estado, Vol. 8, Imprenta Nacional, Bogotá, 1924, p.p. 341-342. En Ibíd., p. 32. Sobre la Comisión Corográfica ver también: GUHL CORPAS, Andrés Ernesto, “La Comisión Corográfica y su lugar en la geografí a moderna y contemporánea”, en BARONA BECERRA, Guido, et. Alt. (Org.), Geografía Física y Política de la Confederación Granadina (Estado de Antioquia), Vol. 4, Medellín, 2005, p.p. 2741; RESTREPO, Olga, “Un imaginario de nación. Lectura de láminas y descripciones de la Comisión Corográfi ca”, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura No. 26, Bogotá, 1999, p.p. 30-58; ROZO, Esteban, “ Naturaleza, paisaje y viajeros en la Comisión Corográfica”, en Tabula Rasa. Revista de humanidades, Bogotá, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, 2001, disponible vía web: http://www.revistatabularasa.org/documents/tesisrozo.pdf Consultado el 24 de enero de 2010..

(19) María del Pilar Riaño 19. Uno de los medios utilizados para poner las obras en circulación fue la prensa. Diversos artículos circularon en periódicos como El Observador, El Neogranadino, El Tiempo y en revistas como El Mosaico. Los escritores de esta última, que nació como tertulia en 1858 y que fue dirigida por José M aría Vergara y Vergara, se encargaron de procesar parte del legado de la Comisión, pues muchos de sus miembros habían participado en las expediciones o se habían convertido en continuadores de su labor una vez se disolvió. Pese a que El Mosaico estaba dedicado especialmente a asuntos literarios, la noción con la cual operó fue muy amplia, posicionando escritos como los informes científicos y las crónicas de viaje. El grupo se proponía, como consta en el núm. 1 del 24 de diciembre de 1858, «hacer conocer el suelo donde recibimos la vida, i donde seguirán viviendo nuestros hijos. A nosotros nos toca el elogio de las grandes acciones, la pintura de nuestros usos y costumbres; darles coherencia a las dispersas individualidades del 48 momento» .. El Mosaico se convirtió en el espacio de difusión del costumbrismo y organizó su labor en torno a este género, el cual incluyó todo tipo de trabajos de descripción de los espacios geográficos del 49 territorio nacional, de sus gentes, sus formaciones sociales y económicas . Gracias a lo anterior,. «este grupo terminó consolidando los contornos de la literatura nacional, afectando sus desarrollos futuros, al mismo tiempo que su actividad le otorgó el papel fundamental a la 50 literatura en la formación de los imaginarios nacionales», como argumenta Von der Walde . Del. círculo salieron publicaciones como el Museo de cuadros de costumbres, variedades y viajes, recopilado por el mismo Vergara y Vergara con la colaboración de otros miembros de la tertulia. Aunque no es mi objetivo caracterizar la literatura costumbrista colombiana, es importante mencionar que las publicaciones del Museo estaban acompañadas de prólogos que definían los valores nacionales y que contribuyeron a la configuración de un mapa social de la nación que tenía como propósito sentar las bases para una pedagogía civilizatoria y ciudadana. Según von der Walde:. 48. Citado por LUQUE MUÑOZ, H., Narradores colombianos del siglo XIX: Introducción, Bogotá, Biblioteca Básica Colombiana, 1976, p. 3. 49 DER WALDE, Erna, “ El cuadro de costumbres y el proyecto hispano-católico de unificación nacional en Colombia”, en ARBOR Ciencia, Pensamiento y cultura, CLXXXIII 724, marzo-abril de 2007,, p. 243. 50 Ibíd..

(20) María del Pilar Riaño 20. El costumbrismo resultó un vehículo apto para crear un mapa cultural del país como mosaico, una imagen que posibilitó imaginar la “unidad en la diversidad”, para usar uno de los lemas del hispanismo actual. El conjunto amplio de cuentos, poemas, crónicas de viaje, coplas, láminas y demás materiales que podían ubicarse bajo el rubro, en los que se retrataban tipos humanos con el trasfondo de paisajes, ilustrando las diferentes formaciones sociales y económicas, se registraban los hábitos, las fiestas, las prácticas religiosas, las industrias, las labores del campo, permitieron 51 trazar los contornos de una “comunidad imaginada” . Los escritores costumbristas cuyos textos tenían como motivo el viaje, eran intelectuales multifacéticos, preocupados por la literatura y la historia, la gramática y la filología, la poesía, el 52 estudio de las costumbres, la política y la geografía, entre otros . De ellos me interesa destacar. aquellos que en sus escritos describieron el río M agdalena, sus experiencias de viaje y caracterizaron a los sujetos que hacían posible la circulación de bienes y personas: los bogas del M agdalena. Tal es el caso del ya mencionado escritor y crítico literario bogotano José M aría Vergara y Vergara, quien dejó sus impresiones sobre los habitantes del M agdalena en su 53 reconocida obra Historia de la literatura en la Nueva Granada ; así como el del político, poeta,. traductor y fundador de El Mosaico, José Joaquín Borda, quien escribió, entre otros, el ‘relato de 54 viaje’ titulado “Seis horas en un champán” ; y del antioqueño Emiro Kastos (seudónimo de Juan. de Dios Restrepo), quien fue periodista, comerciante, agricultor, minero, político y autor de Cartas a un amigo en Bogotá, texto en el que caracterizó a los bogas clasificándolos en 55 “verdaderos” y “apócrifos” . También me interesa destacar al bogotano Rufino Cuervo, padre. del filólogo y gramático Rufino José Cuervo y autor del primer cuadro de costumbres sobre los bogas del M agdalena 56; al poeta y escritor cartagenero M anuel M aría M adiedo, autor del cuento 57 “El boga del M agdalena” y de varios poemas sobre este río , y al intelectual y político tolimense. 51. Ibíd., p. 248. RESTREPO, Andrés, “ El Mosaico (1858-1872): Nacionalismo, élites y cultura en la segunda mitad del siglo XIX”, en Fronteras de la historia, Vol. 8, Bogotá, Ministerio de Cultura, 2003, p. 20. 53 VERGARA Y VERGARA, José María, (1867a). Historia de la Literatura en la Nueva Granada, Bogotá, Biblioteca Banco Popular, 1974, disponible vía web: http://www.lablaa.org/blaavirtual/literatura/histolit/indice1.htm Consultado el 20 de noviembre de 2007. 54 BORDA, José Joaquín (1867), "Seis horas en un champán", en Museo de Cuadros de Costumbres. Variedades y viajes, Tomo II, Bogotá, Biblioteca del Banco Popular, 1973, p.p. 109-124. 55 KASTOS, Emiro (Juan de Dios Restrepo), “Cartas á un amigo de Bogotá”, op. cit. 56 CUERVO, Rufino (1840), "El boga del Magdalena", en El Mosaico, Bogotá, Imprenta del Mosaico, 1859, p.p. 265-266. 57 MADIEDO, Manuel María, "El boga del Magdalena", en Museo de Cuadros de Costumbres, Variedades y viajes, Bogotá, Biblioteca del Banco Popular, 1966, p.p. 13-19. 52.

(21) María del Pilar Riaño 21. José M aría Samper, quien, además de ser recordado por uno de los trabajos clásicos del pensamiento colombiano del siglo XIX –Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las Repúblicas colombianas–, escribió el ‘relato de viaje’ titulado “De Honda a 58 Cartagena” .. De acuerdo con la consigna del escritor costumbrista Eugenio Díaz Castro según la cual «los 59 cuadros de costumbres no se inventan, se copian» , la realidad colombiana debía explorarse y. entenderse desde sus propias condiciones, sin afectaciones de ideologías extranjeras60. Sin embargo, los escritores del siglo XIX a la vez que seleccionaron y adaptaron los discursos europeos, retuvieron sus valores: la élite criolla era heredera del discurso europeo, y, a través de 61 sus escritos, lo reprodujo empleando mecanismos de diferenciación social . Sus textos, por tanto,. operaron como un instrumento para la consolidación del proyecto civilizatorio. En definitiva, el discurso de las élites intelectuales no se alejó de Europa; por el contrario, los escritores se afirmaron a sí mismos a través de los valores europeos, como mostraré más adelante.. La oleada de viajeros de principios del siglo XIX en Colombia fue, en gran parte, producto de los intereses comerciales que tenían las potencias europeas sobre las riquezas de América. De igual forma, fue un proceso practicado por la élite nacional que, tras la independencia, se encontraba en la tarea de construir una idea de nación. El grupo heterogéneo que recorrió las aguas del M agdalena registró sus impresiones de viaje en documentos de distinta índole (ya fueran literarios, reales, producto de una expedición) desde los cuales desplegó estructuras de significación basadas en lo europeo. Esto implica, parafraseando a Almarcegui, que tan importantes son las representaciones, es decir, los textos de viaje, como el viaje en cuanto objeto 62 de las representaciones .. 58. SAMPER, José María (1861), Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las repúblicas colombianas (Hispano-americanas). Con un índice apéndice sobre la orografía y la población de la Confederación Granadina, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1969; “De Honda a Cartagena", en Museo de Cuadros de Costumbres, Bogotá, Banco Popular, 1966, disponible vía web: http://www.lablaa.org/blaavirtual/literatura/cuac/cuac39a.htm Consultado el 14 de marzo de 2006. 59 DÍAZ CASTRO, Eugenio, “Epígrafe”, en Manuela, Medellín, Editorial Bedout, 1986. 60 VON DER WALDE, Erna, op. cit., p. 247. 61 CASTRO GÓMEZ, Santiago, op. cit., p. 69. Pese a que Castro Gómez se refiere a los criollos ilustrados del siglo XVIII, este discurso eurocentrista aparece arraigado en los discursos de los intelectuales criollos del siglo XIX. 62 ALMARCEGUI, Patricia, op. cit., p. 108..

(22) María del Pilar Riaño 22. a. El río Grande de la Magdalena: puerta de entrada a la República. Si algún lugar en el mundo, que no sea prisión, está calculado para despertar la nostalgia de la tierra y oprimir el corazón, es este río M agdalena, tal como yo lo experimenté en 1836. (John Steuart, 1989: 83). CALDAS, Francisco José (1800), “ Mapa del río Magdalena desde La Jagua hasta Honda”, en Atlas de Colombia, Instituto Geográfico Agustín Codazzi, Litografía Arco, 1967, p. 21B63.. Como ya se mencionó, el itinerario era una ocasión propicia para generar un buen relato de viaje. De hecho, se podría afirmar que éste fue un elemento estructural en las narraciones de los viajeros, las cuales, en gran parte de los casos, se desarrollaban cronológicamente en torno a este eje. El río M agdalena fue paso ‘obligado’ para casi todas las personas que llegaron o salieron de Colombia en el siglo XIX. Ahora bien, dado que el desarrollo económico del país giraba en gran medida alrededor del río, también fue foco del debate sobre cómo hacer salir a la nueva república del atraso en el que se encontraba. Debido a su importancia estratégica, por tanto, no pasó inadvertido en ninguno de los relatos consultados, convirtiéndose en uno de los “lugares comunes” de las narraciones y en un tópico de gran interés para la literatura decimonónica colombiana. Concluido el proceso independentista, las vías de comunicación de la naciente nación eran escasas y precarias. Durante las épocas de lluvia los pocos caminos de herradura existentes eran intransitables y gran parte de los ríos eran prácticamente innavegables en varios periodos del 63. Disponible vía web: http://www.lablaa.org/blaavirtual/geografia/ carm a/images/9.jpg Consultado el 8 de junio de 2010..

(23) María del Pilar Riaño 23. año64. No existían entonces otros caminos de la costa atlántica al interior que el río M agdalena, el Cauca y algunos de sus afluentes. El primero, por atravesar el país de sur a norte, era, en palabras 65 del viajero John Steuart, la «mismísima puerta de entrada a la República» .. Las comunicaciones seguían los ejes impuestos por la geografía 66. El río M agdalena había sido, 67 desde antes de la conquista española, la columna vertebral del actual territorio colombiano . Para. los pobladores prehispánicos fue un corredor primordial: el lugar de asentamiento, la frontera de comunicación y el canal de navegación y comercio entre los distintos grupos indígenas 68; para los colonizadores, el principal camino de penetración y conquista del territorio, la ruta de acceso que determinó la fundación de las ciudades, y el escenario de desarrollo de las regiones, de las comunicaciones, del comercio, de la política. En definitiva, el soporte esencial para el mantenimiento de la administración colonial, en la medida que los metales preciosos, los esclavos, los pasajeros y los bienes de la más variada índole debieron transitar por el M agdalena. Tal era su importancia durante esta época que, según Borrego Plá, «todo se medía según la 69 distancia que lo separaba del M agdalena –leguas arriba o abajo» .. Ahora bien, si el M agdalena era la principal vía de comunicación de la Nueva Granada y el eje de sus relaciones entre el interior, la costa y el mundo exterior, no es de extrañar que mantuviera su importancia en el tránsito de la Colonia a la República, en tanto que, una vez consolidado el proceso independentista, el río paso de ser una importante “arteria de comunicación” a una 64. POSADA CARBÓ, Eduardo, El Caribe colombiano. Una historia regional (1870-1950), Bogotá, El Áncora Editores, Banco de la República, 1998, p. 259. Ver también: MOLLIEN, Gaspard (1823), Viaje por la República de Colombia en 1823, Vol. 1, Bogotá, Colcultura, 1992, p. 67. 65 STEUART, John, op. cit., p. 44. El río Magdalena nace en el Macizo colombiano y desemboca en el mar Caribe. 66 Recordemos, como lo hace Posada Carbó, que el río Magdalena y sus tributarios formaban (y aún form an) una vasta región natural (El Caribe colombiano…op. cit., p. 259). 67 SÁNCHEZ, Efraín, “ Antiguo modo de viajar en Colombia”, en CASTRO, Beatriz, Vida cotidiana en Colombia, en CASTRO, Beatriz (ed), Historia de la vida cotidiana en Colombia, Bogotá, Editorial Norma, 1996, p. 313. Sobre la historia del río Magdalena y el transporte en Colombia también ver: ACEVEDO LATORRE, Eduardo, El río grande de la Magdalena. Apuntes sobre su historia, su geografía y sus problemas, Bogotá, Banco de la República, 1981; CRUZ SANTOS, Abel, Por los caminos de Mar, Tierra y Aire. Evolución del transporte en Colombia, Bogotá, Editorial Kelly, 1973; GÓMEZ PICÓN, Rafael, Magdalena, río de Colombia, Bogotá, Biblioteca colombiana de cultura, Colección de autores nacional es, 1950; YBOT LEÓN, Antonio, La arteria histórica del Nuevo Reino de Granada, Bogotá, Editorial ABC, 1952. 68 Al respecto ver REICHEL-DOLMATOFF, Gerardo, Arqueología de Colombia, Bogotá, Biblioteca Familiar de la Presidencia de la República, 1997. 69 BORREGO PLA, María del Carmen, “ Impacto de la entronización borbónica en el Caribe neogranadino”, en Temas Americanistas No. 19, Sevilla, 2007, p. 17..

(24) María del Pilar Riaño 24. “auténtica autopista fluvial”. Tanto la oleada de viajeros antes mencionada como el boom de las exportaciones producto de la llamada “Revolución de medio siglo” –primero de tabaco y quina y 70 luego de café– estimularon el tránsito y el comercio a través del M agdalena . De acuerdo con las. palabras de un viajero de la década de los sesenta del siglo XIX, «la navegación por el M agdalena [era] bastante activa y sobre todo pintoresca»71. Con todo, tres décadas después de la independencia el país todavía confiaba sus comunicaciones a una red que tenía sus orígenes en la colonia temprana: bongos, piraguas, champanes y pequeñas canoas seguían siendo los medios de transporte más populares72. Las condiciones físicas y los métodos tradicionales empleados para la navegación del río eran considerados un obstáculo para el desarrollo de las comunicaciones y, por consiguiente, del comercio nacional e internacional. Con el fin de hacer frente a lo anterior, políticos, intelectuales y hombres de negocios apostaron 73 su futuro de manera casi exclusiva al mejoramiento de las condiciones de navegación , pues,. según Rufino Cuervo, todos confiaban «en que la introducción del vapor en la Nueva Granada se 74 produciría una revolución completa del comercio, en las empresas y en los negocios…» . Hubo,. sin embargo, muchos años de experimentación y de decepción, así como grandes inversiones económicas, antes de que los vapores fueran acomodados a los problemas especiales del 75 M agdalena y se regularizara su uso . En palabras de un viajero que llegó a Colombia en 1828 y. permaneció en el país hasta 1839:. 70. POSADA CARBO, Eduardo, El Caribe colombiano…op. cit., p. 259. El boom de la exportación del tabaco ocurrió entre 1847 y 1869 gracias a una coyuntura de precios excepcionales en el exterior. El añil, por su parte, comenzaría a producirs e en la década de 1860 en regiones cercanas al valle del río Magdalena. El auge del café se daría haci a 1880. (GARCÍA, Claudia Mónica, “Las ‘fiebres del Magdalena’: medicina y sociedad en la construcción de una noción médica colombiana, 1859-1886”, en História, Ciencias, Saúde, Vol. 14, No. 1, Manguinhos, Río de Janeiro, 2007, p. 76). 71 SAFFRAY, Charles (1869), Viaje a Nueva Granada, Vol. 1, Bogotá, Ministerio de Educación Nacional, 1948, p. 54. 72 POSADA CARBÓ, Eduardo, El Caribe Colombiano…, op. cit., p. 261; GILMORE, Robert Louis, PARKER HARRISON, John, : GILMORE, Robert Louis, PARKER HARRISON, John, “ Juan Bernanrdo Elbers and the introduction of steam navigation on the Magdalena river”, in The Hispanic American Historical Review, Vol. 28, No. 3, North Carolina, Duke University Press, 1948, p. 335. 73 POSADA CARBO, Eduardo, El Caribe colombiano…op. cit., p. 259. 74 CUERVO, Rufino, “ El boga del Magdalena”, en El Mosaico, Imprenta del Mosaico, Bogotá, 1859, p. 266. 75 A través del Decreto 1 de 3 de Julio de 1823 se concedió a Juan Bernardo Elbers “ el privilegio exclusivo para establecer buques de vapor por el río Magdalena”, en Documentos que hicieron un país, Bogotá, Archivo General de la Nación, Presidencia de la República, 1997, disponible vía web: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/docpais/indice.htm Consultado el 2 de junio de 2010. Vale la pena aclarar que dicho privilegio fue derogado por el Congreso en 1837 debido al incumplimiento de las condiciones inicialmente.

Referencias

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