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ACADEMIA DE LA MAGISTRATURA DEL PERÚ

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Pamela Andrea González López13

“Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia”. Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.

sumario:

1. Introducción. 2. Fases de la violencia intrafamiliar. 3. Personalidad del victimario. 4. Síndrome de la mujer maltratada. 5. Señales de alarma de una relación de pareja violenta. 6. Conclusiones.

1. introducción

La Organización Mundial de la Salud considera a la violencia como una pandemia, es así como de manera proporcional la violencia intrafamiliar ha crecido alarmantemente en la población. Es un tema preocupante tanto para la sociedad,

para las autoridades como también para el interior de los integrantes de un grupo familiar, porque justamente en muchas ocasiones desencadena el feminicidio.

13 Licenciada en Psicología. Magister en Criminología. Diplomada en Investigación de Homicidios. Experta en

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VIOLENCIA INTRAFAMILIAR:

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Como profesionales de la conducta humana, cabe preguntarse qué está

sucediendo que esta problemática va en aumento. Los factores pueden ser diversos, dado que la violencia puede darse en distintos actores, tales son los

niños, adultos mayores, a las mujeres, a los hombres y específicamente en este artículo me referiré a la relación de pareja.

Es importante mencionar que básicamente cuando nos referimos a víctima y

victimario, ambos presentan el mismo denominador común a nivel de conductas de personalidad, siendo estas: baja autoestima, inestabilidad emocional,

inmadurez y dependencia afectiva. La Organización Mundial de la Salud acota

que los más vulnerables son los niños y las mujeres, por lo que tomando esto en

consideración me referiré a las mujeres como víctimas, configurándose dichas

relaciones como la principal causa de violencia intrafamiliar.

Todo maltrato que afecte la vida o la integridad física o psíquica de quien tenga o haya tenido la calidad de cónyuge del ofensor o una relación de convivencia con él; o sea, pariente por consanguinidad o por afinidad en toda la línea recta o en la colateral hasta el tercer grado inclusive del ofensor, su cónyuge o su actual

conviviente, o bien, cuando esta conducta ocurre entre los padres de un hijo común, o sobre un menor de edad, adulto mayor o discapacitado que se encuentre bajo el cuidado o dependencia de cualquiera de los integrantes del grupo familiar.

(Artículo 5 de la Ley de Violencia Intrafamiliar 20.066- República de Chile).

Como mencioné en un principio la relación víctima – victimario poseen características que se repiten en ambos casos, es así como algunos autores

mencionan tres factores que desencadenan dicha problemática.

Autores señalan que la violencia intrafamiliar se da básicamente por tres factores:

- Falta de control de impulsos. - La carencia afectiva.

- La incapacidad para resolver problemas adecuadamente.

Es relevante destacar que la violencia intrafamiliar, consta de tres fases que

demoran días, meses o años, según sea la dinámica de la víctima y el victimario.

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2. fases de la violencia intrafamiliar

- Fase I: Acumulación de la Tensión. - Fase II: Episodio Agudo de Violencia.

- Fase III: Etapa de calma, arrepentimiento o Luna de Miel.

2.1 fase i: acumulación de la tensión

- Hay un incremento del comportamiento agresivo, más habitualmente

hacia objetos que hacia la pareja. Por ejemplo, dar portazos, arrojar objetos, romper cosas.

- El comportamiento violento es reforzado por el alivio de la tensión luego de la violencia. Puede haber un aumento del abuso verbal y del abuso físico. - La pareja intenta modificar su comportamiento a fin de evitar la violencia. Por

ejemplo: mantener la casa cada vez más limpia, a los chicos más silenciosos, etc.

- La mujer comienza a sentirse responsable por el abuso.

- El violento se pone obsesivamente celoso y trata de controlar todo lo

que puede: el tiempo y comportamiento de la mujer (cómo se viste, adónde va, con quién está, etc.).

- El violento trata de aislar a la víctima de su familia y amistades. Puede

decirles que si se aman no necesitan a nadie más, o que los demás están

locos etc. Esta fase puede durar días, semanas meses o años.

2.2. fase ii: episodio agudo de violencia

- Aparece la necesidad de descargar las tensiones acumuladas.

- El abusador hace una elección acerca de su violencia. Decide tiempo y lugar para el episodio, hace una elección consciente sobre qué parte del cuerpo golpear y cómo lo va a hacer.

- Como resultado del episodio la tensión y el stress desaparecen en el abusador. Si hay intervención policial él se muestra calmo y relajado, en tanto que la

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2.3 fase iii: etapa de calma, arrepentimiento o luna de miel

- Se caracteriza por un período de calma, no violento y de muestras de

amor y cariño.

- El victimario puede tomar a su cargo parte de la responsabilidad por el episodio agudo, dando a la pareja esperanza de algún cambio en la

situación a futuro. Actúan como si nada hubiera sucedido, prometen

buscar ayuda, o no volver a hacerlo, etc.

- Si no hay intervención y la relación continúa, hay una gran posibilidad de

que la violencia haga una escalada y su severidad aumente.

- A menos que el golpeador reciba ayuda para aprender métodos apropiados para manejar su stress, esta etapa sólo durará un tiempo y se volverá a comenzar el ciclo, que se retroalimenta a sí mismo.

- Luego de un tiempo se vuelva a la primera fase y todo comienza otra vez.

3. Personalidad del victimario

Dentro de la personalidad del victimario, es relevante destacar ciertas

características que se reúnen al revisar la literatura especializada. A continuación

los rasgos presentes y acentuados:

- Suelen venir de hogares violentos, padecer trastornos psicológicos y

muchos de ellos utilizan el alcohol y las drogas lo que produce que se potencie su agresividad.

- Tienen un perfil determinado de inmadurez, dependencia afectiva,

inseguridad, emocionalmente inestables, impacientes e impulsivos.

- Los agresores trasladan habitualmente la agresión que han acumulado en

otros ámbitos hacia sus mujeres.

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Los psicólogos norteamericanos, Dr. John Gottman y Dr. Neil Jacobson. Señalan que los hombres maltratadores caen en dos categorías denominados

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3.1 Pittbull

- Solamente es violento con las personas que ama

- Celoso y tiene miedo al abandono - Priva a pareja de su independencia

- Pronto ora, vigilar y atacar públicamente a su propia pareja

- Su cuerpo reacciona violentamente durante una discusión - Tiene potencial para la rehabilitación

- No ha sido acusado de ningún crimen - Posiblemente tuvo un padre abusivo.

3.2 Cobra

- Agresivo con todo el mundo

- Propenso a amenazar con cuchillos o revólveres - Se calma internamente, según se vuelve agresivo

- Difícil de tratar en terapia psicológica

- Uno depende emocionalmente de otra persona, pero insiste que su

pareja haga lo que él quiere.

- Posiblemente haya sido acusado de algún crimen

- Abusa de alcohol y drogas. -

En relación a las manifestaciones psicológicas que se manifiestan en la violencia

intrafamiliar son:

a) Abuso verbal: Rebajar, insultar, ridiculizar, humillar, utilizar juegos mentales e ironías para confundir, etc.

b) Intimidación: Asustar con miradas, gestos o gritos. Arrojar objetos o

destrozar la propiedad.

c) Amenazas: De herir, matar, suicidarse, llevarse a los niños.

d) Abuso económico: Control abusivo de finanzas, recompensas o castigos

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e) Abuso sexual: Imposición del uso de anticonceptivos, presiones para abortar, menosprecio sexual, imposición de relaciones sexuales contra la

propia voluntad o contrarias a la naturaleza.

f) Aislamiento: Control abusivo de la vida del otro, mediante vigilancia de

sus actos y movimientos, escucha de sus conversaciones, impedimento de cultivar amistades, etc.

g) Desprecio: Tratar al otro como inferior, tomar las decisiones importantes

sin consultar al otro.

4. síndrome de la mujer maltratada

Pérdida del control: Consiste en la convicción de que la solución a las agresiones

le son ajenas, la mujer se torna pasiva y espera las directrices de terceras personas.

Baja respuesta conductual: La mujer decide no buscar más estrategias para evitar

las agresiones y su respuesta ante los estímulos externos es pasiva. Su aparente indiferencia le permite auto-exigirse y culpabilizarse menos por las agresiones

que sufre pero también limita de capacidad de oponerse a éstas.

Identificación con el agresor: La víctima cree merecer las agresiones e incluso justifica, ante críticas externas. Es habitual el “Síndrome de Estocolmo”, que se da frecuentemente en secuestros y situaciones límite con riesgo vital y dificulta la intervención externa. La intermitencia de las agresiones y el paso constante

de la violencia al afecto, refuerza las relaciones de dependencia por parte de la mujer maltratada.

Indefensión aprendida: Tras fracasar en su intento por contener las agresiones, y

en un contexto de baja autoestima reforzado por su incapacidad por acabar con la

situación, la mujer termina asumiendo las agresiones como un castigo merecido.

Es importante tener en cuenta que la dinámica de la violencia intrafamiliar se da

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lleva a un estado de inquietud permanente. Todo se vuelve amenazante para ese amor dependiente. Ambos, víctimas y victimarios se necesitan; siendo éste el error básico de la relación de pareja, también considerado como una adicción afectiva, en que ambos son parte del mismo modo de esta relación insana. En

muchas oportunidades se suele satanizar al victimario, pero es importante tener

en cuenta que la víctima también contribuye desde su escaso manejo emocional y conductual a que la relación se vuelva adictiva.

El hombre violento también es dependiente de su esposa. Su baja autoestima le lleva a controlar todo lo que ella hace, pues se siente inseguro de que lo

quiera y lo acepte por él mismo. De ahí que utilice todas las técnicas de abuso emocional para socavar la autoconfianza de la mujer, haciéndole creer que no puede arreglárselas sola y que es una inútil. Muchas veces de esta situación se desprende otra patología denominada colopatía.

Para entrar en el tema de la colopatía hay que iniciar comentando que los celos

aparecen en todas las edades, culturas, niveles sociales y culturales. Shakespeare

en una de sus obras, nos da a conocer una célebre historia de colopatía. La tragedia de Otelo: el moro de Venecia (1622 publicado). Es así como en esta

obra, aparece claramente los celos extremadamente enfermizos que son centrales

de su obra. Desdémona fue asesinada por su marido, quien presumía una posible infidelidad, situación donde no existía evidencia alguna, en un intento irracional y una ceguera sin límites. Es así como la colopatía conforma en ocasiones, el

cuadro de violencia familiar.

Si bien, hay que entender que los celos son fantaseados por el victimario como

una forma de ejercer el control en la vida de la víctima. Los celos, cuando nos referimos a la relación de pareja son naturales como es el amor. Cabe plantearse, ¿Dónde está el límite?

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Son personas con extrema dependencia afectiva, una baja autoestima, inestabilidad

e inmadurez emocional. Todo esto conforma un complejo de inferioridad. Y

principalmente el tema de fondo es un pánico de ser abandonado por su pareja, aparecen las emociones perturbadoras de ansiedad y angustia.

Es amenazante la celopatía por las consecuencias que esto puede traer con

resultados fatales, tal como es el feminicidio. Es el asesinato de una mujer realizado por su esposo o conviviente. Este delito es la forma más extrema de violencia contra las mujeres, es un ejemplo de un modelo machista donde aún se considera que el hombre tiene derecho a controlar la vida de las mujeres.

También existen muchos países en los que el feminicidio es el asesinato de una mujer sólo por el hecho de ser mujer, sin que exista una relación entre el agresor y la víctima. Esta mirada más amplia acerca de este delito, está presente en acuerdos internacionales como es la Convención Interamericana para prevenir,

sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, celebrada en Belém do Pará,

Brasil, en 1994.

También cabe señalar que el daño directamente proporcional con la consecuencia dependerá del perfil del agresor, esto dado por su estructura de personalidad. Es adecuado realizar una distinción si es que el victimario padece de algún trastorno de personalidad, porque esto determinaría las características del delito en cuestión.

5. señales de alarma de una relación de Pareja vio-lenta.

1.1. Señales de alarma en el agresor

- Intenta reiteradamente controlar la conducta de la pareja.

- Se muestra posesivo con la pareja.

- Es extremadamente celoso.

- Aísla a la pareja de familiares y amigos.

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- Minimiza la gravedad de las conductas de abuso.

- Tiene cambios de humor imprevisibles o accesos a ira intensos, sobre todo cuando se le ponen límites.

- Su autoestima es my baja.

- Tiene un estilo de comportamiento violento en general.

- Justifica la violencia como una forma de resolver los conflictos. - Se muestra agresivo verbalmente.

- Responsabiliza a otras personas por sus problemas o dificultades. - Manifiesta creencias y actitudes sobre la subordinación de la mujer al

hombre.

- Cuenta con una historia de violencia con parejas anteriores. - Tiene un consumo abusivo de alcohol y drogas.

5.1 señales de alarma en la víctima

- Tiene cambios en el estado de ánimo que antes no tenía. - Muestra actualmente una baja autoestima.

- Se siente rara, con problemas de sueño, nerviosismo, dolores de cabeza, etc.

- Se muestra confusa e indecisa respecto a la relación de pareja. - Experimenta sentimientos de soledad.

- Se aísla de amigos y familiares o carece de apoyo social.

- Miente u oculta a sus padres o amigos conductas abusivas de su pareja.

- Muestra señales físicas de lesiones: marcas, cicatrices, moratones o rasguños. - Le cuesta concentrarse en el estudio o en el trabajo.

- Tiene conciencia de peligrosidad (temor sobre nuevos episodios de violencia). - Ha sufrido violencia en relaciones de pareja anteriores.

- Tiene un consumo abusivo de alcohol y drogas.

6. conclusiones

Al abordar temas como las causas, efectos, características de la víctima y el agresor, así como también el circulo de la violencia y se toman las circunstancias familiares, el estereotipo femenino de la tolerancia, la pasividad y la sumisión,

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víctima de violencia. La violencia intrafamiliar se da de manera silenciosa, por lo

que hay que buscar mecanismos de control también a través de sistemas de alianza.

Para reducir la violencia intrafamiliar se debiera actuar de forma preventiva, se

debería educar a los adultos, incluyendo la reeducación de quién fue identificado como agresor. Lo importante sería crear alianzas entre las fuerzas policiales, las

unidades de salud, los ministerios y sus unidades, jardines infantiles, juzgados,

comisarías y voluntarios. Todos desarrollando programas de prevención.

Dentro del programa, es relevante focalizarse en el buen manejo de emociones y sus prácticas del diálogo, ya que estos constituirán en padres responsables y capaces de guiar a sus hijos desde el amor, el respeto a la vida y a los demás.

referencias bibliográficas

• ECHEBURúA, E., FERNÁNDEZ-MONTALVO, J. y CORRAL, P. (Eds.). (2009). Predicción del riesgo de homicidio y de violencia grave en la relación de pareja. Valencia: Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia.

• GARRIDO, V. (2001). Amores que matan. Valencia: Algar.

• GARRIDO, V., STANGELAND, P. y REDONDO, S. (2006). Violencia en

la familia: la mujer maltratada. En: Principios de criminología, 3° Ed., pp. 573-602. Valencia: Tirant lo Blanch.

• QUINTEROS, A. y CARBAJOSA, P. (2008). Hombres maltratadores.

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