Hurones se encuentra aproximadamente a 11 km de la ciudad de Burgos, en el pequeño valle regado por el río del mismo nombre, accediéndose por la carretera que comunica la capital burgalesa con Poza de la Sal. Se asienta en una ladera de solana, en medio de un paisaje de cortos y planos cerros, con la iglesia en el centro del caserío, presidiendo la plaza y precedi-da en su fachaprecedi-da principal por un espacioso atrio.
Es posible que toda esta zona se repoblara ya a fines del siglo IX, en el contexto de la
ocu-pación del valle medio del Arlanzón, que culmina con la fundación de la ciudad de Burgos en el año 884. Este territorio tenía entonces una importancia estratégica fundamental, pues a tra-vés del valle discurría la antigua vía romana de Astorga a Burdeos, que todavía se reconoce en el entorno de Las Mijaradas –2 km al nordeste de Hurones–, una granja que ya es citada en el año 943 como Milieratas, nombre que según Martínez Díez deriva precisamente de los milia-rios que jalonaban la vieja ruta.
Aún tardará Hurones en aparecer en la documentación histórica, pues la noticia más antigua que conocemos se halla en un documento con fecha de 1017 –aunque su data real sería entre 1029 y 1033, según J. del Álamo– en el que el rey Sancho III el Mayor de Nava-rra y su mujer doña Mayor, junto con sus hijos Ramiro, Fernando y García, conceden a la abadesa Tigridia, en sufragio por el alma del infante don García –asesinado en 1029–, el monasterio de Beata Maria de las Molas cum suis pertinenciis et suis terminis nominatis, sicuti uenit carrera de Furones et transit el aqua de Buedo … et las pasturas sunt difussas entre Sancta Maria et Furones. Diver-sos autores coinciden en ubicar este monasterio de Santa María de las Muelas en el entor-no de Briviesca, por lo que nada tendría que ver con otro monasterio que encontramos documentado muy poco tiempo después, llamado Santa María de Hurones y que fue obje-to de una donación a Cardeña por parte de doña Gontroda en 1085. Habla la señora en el documento de meo monasterio proprio que feci in mea hereditate, que abui de meis parentisy más adelan-te se refiere a él como ipsa ecclesie Sancte Marie, quod est fundata in villa quem dicunt Furones et in varrio pernominato Valverde.
Por estas fechas Hurones era uno de los 54 lugares adscritos al alfoz de Burgos y como parte de él se benefició de los fueros, que en 1103 el rey Alfonso VI hizo extensivos a todas las aldeas de la capital.
Dentro de la colección diplomática de la catedral encontramos tres documentos de la época que nos interesa en la que figuran referencias a Hurones. El más antiguo data de 1139, cuando el rey Alfonso VII dona –o devuelve– a Domingo y a su hermano Clemente, illam here-ditatem, que fuit de uestro parente, el poplador, quas habuit in Millaradas et in Furone. En 1211 Martín Álva-rez y su mujer Toda venden al deán y cabildo sus propiedades en Villayerno, en Morquillas, en Hurones, en Celada de la Torre y en Quintanilla-Vivar. Y finalmente, en 1217 se data un interesante documento en el que el rey Fernando III manda hacer una pesquisa para deslindar la heredad de Las Mijaradas, que era objeto de pleito entre los concejos de Riocerezo y Huro-nes, por un lado, y el monasterio de San Cristóbal de Ibeas, por otro, nombrándose a un grupo de hombres buenos de pueblos del entorno que certifican con todo detalle sus límites, que serán ratificados aún en 1453 por Juan II.
Consta igualmente que el monasterio de Oña era propietario de algunas tierras en esta zona, adscritas a su casa de Rubena, según se recoge en el inventario de la misma, redactado en algún momento impreciso del siglo XIIIy donde se nombran, entre otras “una tierra en Las
Lomas, que coje V almudes, e otra, que coje II almudes, e otra en Somo el Soto, que coje I almud, e son aledannos los de Furones”. Por esas mismas épocas algunos vecinos de Hurones
L
A IGLESIA DESANTIAGO–presente aquí bajo laicono-grafía de Matamoros– es un edificio de modestas dimensiones, levantado en aparejo de sillería caliza. Su primitiva estructura se ve alterada por diversos añadi-dos de época posmedieval que han dado lugar a un con-junto conformado básicamente por ábside semicircular, presbiterio recto y una nave con torre en su costado norte, a lo que se sumó una vieja sacristía adosada en el lado del evangelio del presbiterio, una sacristía nueva en el muro de la epístola, además de un osario junto a la portada, que se halla cobijada bajo humilde pórtico. A la época que es objeto de nuestro estudio se remontan cabecera, nave –excepto la portada– y torre, si bien formando parte de dos etapas claramente diferenciadas, que analizaremos a continuación.
El hemiciclo absidal, de erosionados paramentos, se articula exteriormente en tres paños, separados entre sí por dos semicolumnas adosadas que descansan sobre un plinto y alcanzan el alero, rematando en capiteles de ces-tas lisas, acompañados por quince canes de sencillas decoraciones a base de nacela, triple nacela escalonada,
de formas geométricas, y uno con una cabeza humana, sosteniendo una cornisa ajedrezada. En el lienzo central presenta una ventana que sigue un esquema constructivo común: saetera enmarcada por arco de medio punto tras-dosado de chambrana y descansando sobre columnillas. Las dovelas son cuadrangulares y el guardapolvo se deco-ra con puntas de diamante, mientdeco-ras que las columnillas muestran basas compuestas por plinto, doble toro y esco-cia, y capiteles con motivos vegetales, a base de anchas hojas dispuestas en dos planos, con los extremos enrolla-dos. La cesta izquierda tiene el ábaco perlado y ambos cimacios están ornados con triples tallos ondulantes entrecruzados.
El presbiterio, de planta rectangular, está parcialmente enmascarado por los adosamientos posteriores. Es de la misma altura pero ligeramente más ancho que el ábside, de estructura maciza, con la misma cornisa ajedrezada. Los seis canecillos meridionales son de nacelas simples o tri-ples, con múltiples rollos y uno con cabeza humana; los otros tantos que se ubican sobre el muro norte son de nacelas sencillas, dobles o triples.
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H U R O N E SIglesia de Santiago Apóstol
aparecen también como testigos de la compra de la octava parte de una serna entre Rubena y Quintanapalla, que adquirió el monasterio oniense a los hijos de Gonzalo Piña.
Otro monasterio que estará presente en la localidad es el cisterciense de Las Huelgas, por la voluminosa compra de bienes que hace en 1244 al obispo don Juan, quien a su vez los había adquirido de doña Sancha y doña Teresa Fernández de Lara.
A mediados del siglo XIVHurones era un lugar de behetría perteneciente a la merindad
de Burgos con Ubierna y que tenía como señores naturales a los miembros de las primeras familias de Castilla: Manrique, Velasco, Carrillo, Guzmán, Haro, y además a don Nuño.
Fachada norte Fachada sur
Planta
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H U R O N E SAlzado sur
Sección longitudinal
En el interior la cabecera está presidida por el retablo barroco que ocupa el ábside en su totalidad, adaptándose perfectamente a la bóveda de horno, dejando ver el extre-mo de una imposta ajedrezada en la parte superior del muro y otra del mismo tipo a media altura. Se cuenta que tras el retablo de madera policromada y dorada hay otro anterior, aunque es un extremo que no hemos podido comprobar. En cuanto al tramo presbiterial, se cubre con bóveda de cañón apuntado, revocada, arrancando de la imposta que comparte con el ábside, aunque la que se dis-ponía en mitad de los muros ha sido totalmente picada. Sus paramentos fueron horadados para abrir sendas puer-tas de acceso a las sacristías, y en los viejos sillares romá-nicos abundan grafitos con animales y juegos, que luego se repetirán también en los muros de la nave y de la torre.
El arco triunfal es apuntado y doblado, con basas sobre podio que siguen el tipo común de plinto, ancho toro –rematado en bolas– escocia y toro más pequeño. Los capiteles son vegetales, el del evangelio con hojas rectas, planas, rematadas en la punta con pequeñas palmetas ave-neradas o rosetas, con ábaco de tacos y cimacio de ceste-ría; el de la epístola es muy similar, con un cimacio de roleos circulares rellenos de rosetas, puntas de clavo, cruces u otros motivos geométricos.
Hasta aquí la fase más antigua del edificio, la que consi-deramos como estrictamente románica, con una cronología
que podemos situar en las postrimerías del siglo XIIo en los
primeros años del siguiente, como ya sostuvo en su día Pérez Carmona. Muy poco tiempo después se acometería la construcción de la nave y torre, aunque ahora las formas decorativas góticas se han introducido ya dentro de una fábrica que aún conserva las esencias de la tradición romá-nica, como vamos a ver.
La nave conserva su estructura original. En el lado sur el paramento exterior aparece muy enmascarado por los añadidos posteriores –osario, pórtico, escalera de subida al coro–, aunque destacan los cuatro gruesos contrafuertes que sostienen el empuje de los arcos internos, unas estruc-turas que no aparecen en la fachada norte y que creemos aportaciones posteriores, aunque sin descartar la existen-cia de otros más antiguos de menor porte. Los aleros se componen en esta ocasión de cornisa de listel y chaflán, y los canecillos son fundamentalmente de nacela, aunque nos encontraremos algunos con cabezas humanas, uno con cabeza de león y otro con cabeza de toro.
La portada se abre en el muro sur del tramo central y es un sencillo portón adintelado que obedece a una reforma llevada a cabo al menos en el siglo XVIII, aunque dada la
extrema anchura de esta parte del muro, es posible que enmascare a la antigua portada, que a juzgar por algunos indicios creemos que pudo estar flanqueada por dos pilas-tras y formada por varias arquivoltas molduradas a base de
boceles y escocias. Por lo que respecta a la fachada occi-dental, es un simple hastial en buena medida cubierto por la casa parroquial que se adosa a él.
En el interior se puede apreciar cómo la nave está ligeramente descentrada respecto a la cabecera, y se desplaza hacia el norte. Consta de tres tramos, el poste-rior, de menor longitud, ocupado por el coro, bajo el cual, en el muro de poniente, se aprecia una antigua puerta cegada que creemos original. La cubrición se hace mediante bóveda de cañón apuntado, de sillería revocada, sostenida por dos arcos fajones simples que descansan en semicolumnas, más gruesas que las del arco triunfal, con basas que se componen de doble plin-to seguido por un solo plin-toro superado por una moldura achaflanada. Los capiteles son de cesta más corta que los del triunfal y su decoración vegetal es claramente góti-ca, en un caso con largas hojas facetadas rematadas en
crochets, otras más cortas y lanceoladas –como las ante-riores con ábaco formado por un anillo–, un tercero con hojas planas cuyos extremos acogen bayas y un cuarto con hojas treboladas palmeadas, todos ellos vinculados a una estética claramente protogótica. Los cimacios son
de nacela y se prolongan en una imposta del mismo tipo de la que arranca el abovedamiento.
Los muros de esta nave se hallan muy horadados por distintos arcosolios y ventanales, de diferentes etapas, generalmente góticas. En el primer tramo, en el muro del evangelio y correspondiéndose con la base de la torre, se abre una capilla, a la que se accede por un arco tardogóti-co, cubriéndose con bóveda de cañón de sillería, de eje paralelo al de la nave.
La torre es una interesante estructura, de compleja valoración cronológica, que se eleva junto al primer tramo de la nave, en la fachada norte. Es de planta cuadrada y consta de tres cuerpos, el inferior –que constituye la mitad de la altura total– soportado por tres contrafuertes en cada lado, aunque este sistema sólo es visible en su integridad en el lado septentrional, el único totalmente libre. Son contrafuertes no muy destacados, con doble zocalillo en la base y remate achaflanado de ligero vuelo, de tipología gótica. El segundo cuerpo es totalmente macizo y liso y el tercero, que nace de una imposta de listel y chaflán, es similar en forma y dimensiones al anterior, aunque ahora con dos troneras de medio punto en el lado norte, otras 920
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H U R O N E SÁbside Torre
tantas al mediodía, y una en cada uno de los restantes lados. El acceso se hace a través de un husillo exterior, cilíndrico en la parte correspondiente al primer cuerpo y poligonal en la de los dos superiores.
En esta torre podemos diferenciar tres etapas. La pri-mera sería contemporánea de la nave, con la que comparte el mismo tipo de trabajo de la piedra, con las característi-cas huellas del hacha de filo liso, así como abundantes mar-cas de cantero en forma de E, aunque también se ven algu-nos sillares posmedievales embutidos; esta etapa alcanza los 2/3 del cuerpo inferior y está ahora muy bien delimita-da por el trazado de un cable. La segundelimita-da fase correspon-de al tercio superior correspon-de este cuerpo, doncorrespon-de los sillares están tallados a trinchante y las marcas de cantero cambian por completo, algo que no es perceptible en el exterior del edi-ficio, dada la altura a que se encuentra, pero que es perfec-tamente visible en el interior, tanto de la torre como de la escalera de caracol. En este sector el husillo sufre una deformación, seguramente porque se modificó el remate original, eliminándose la probable cupulilla de cierre, mientras que es ahora cuando también se rematan los con-trafuertes con las típicas albardillas achaflanadas y un poco voladas que caracterizan a este tipo de estructuras en época bajomedieval. Finalmente, la tercera etapa es la que se levanta a partir de los contrafuertes, igualmente bien dife-renciada, hecha ya en época posmedieval, aunque sin características estilísticas claras.
En conclusión, cabe suponer que este templo estuvie-ra sustituyendo a otro anterior, ya que Hurones aparece mucho antes en la documentación histórica, pero en todo caso parece que el proceso de renovación se fue hacien-do por partes. Así podemos calificar como obra estricta-mente románica sólo a la cabecera, donde se conjugan las formas arquitectónicas y escultóricas de un momento que podemos cifrar en el entorno del año 1200. Algunas décadas más tarde se acomete una segunda fase, que levanta la nave actual y el primer sector de la torre, donde aún se mantienen los sistemas constructivos romá-nicos, con empleo del antiguo instrumental, aunque la escultura de los capiteles no deja lugar a dudas de que estamos en un momento de clara introducción de la esté-tica góesté-tica, de ahí que, por la conjunción de ambas corrientes, podamos datar esta etapa hacia el segundo cuarto del siglo XIII. Se puede decir que entonces queda
más o menos concluida la iglesia, salvo la torre, donde detectamos una nueva fase, todavía en tiempos góticos, que no llega a elevar más de media docena de hiladas. En estos siglos bajomedievales se abre también algún arco-solio en el interior –después tabicado– y ya en las postrime-rías de la Edad Media se erige el arco que da paso a la capi-lla de la base de la torre. En los siglos posteriores a la Edad
Capitel del arco triunfal Interior. Vista desde los pies
Media las reformas y añadidos continúan, aunque no poda-mos hacer una valoración cronológica clara; entonces se cierra la puerta de los pies, se abre una capilla-nicho bau-tismal, se levantan sucesivamente dos sacristías, se renueva la portada, se añade el pórtico, se construye el osario o se hace un acceso exterior al coro, además de los dos cuerpos superiores de la torre, cuya fecha incluso podría ser ya del siglo XIX, si nos atenemos a una inscripción que aparece en
el campanario.
Texto: MPML/JNG - Planos: TCHR - Fotos: JNG
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H U R O N E SInterior. Vista desde la cabecera