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Consecuencias neurobiológicas del síndrome de apnea del sueño infantil

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INTRODUCCIÓN

El ronquido habitual durante el sueño, signo guía del aumento

de resistencia de la vía aérea superior, es extremadamente

fre-cuente durante la infancia. Su incidencia se estima en un 10%

entre la población preescolar y escolar [1-10]. El pico máximo

de incidencia aparece sobre los 2-3 años, y el declive de ésta

ocurre después de los 9 años de edad [11]. No se han definido

los criterios polisomnográficos para diferenciar el ronquido

ha-bitual o ‘inocente’ (el ronquido haha-bitual no se asocia a

fragmen-tación del sueño, desaturaciones ni hipoventilación alveolar) del

ronquido que sí se asocia a consecuencias adversas.

Con todo, y a modo de consenso [12], se ha establecido que,

de entre todos los niños que presentan un ronquido habitual, un

2-3% presentarán enfermedad clínica relevante [13]. Así, la

ra-tio entre ronquido habitual y síndrome de apnea obstructiva del

sueño (SAOS) es entre 3:1 y 5:1.

Por otro lado, es importante mencionar el rápido

incremen-to en las dos últimas décadas de la prevalencia de la obesidad

infantil, que ha provocado un cambio de las características

de-mográficas y antropométricas del niño referido a la unidad de

sueño para la evaluación del ronquido habitual. En los Estados

Unidos, a principios de los años noventa, menos de un 15% de

los pacientes pediátricos remitidos a una unidad de sueño era

obeso; estos datos contrastan con los datos obtenidos en los

úl-timos 2-3 años, que demuestran que más de un 50% de los niños

remitidos por sospecha de SAOS a nuestra unidad de sueño

(University Sleep Center, University of Louisville, Louisville,

Kentucky, Estados Unidos) cumple los criterios de obesidad

(índice de masa corporal z score > 1,57) [14].

Así pues, y considerando que la obesidad desempeña un

pa-pel importante en la fisiopatología de la obstrucción de la vía

aérea superior durante el sueño, y que desde el punto de vista

fi-siopatológico tanto la hipertrofia adenoamigdalar como el

de-pósito de grasa en estructuras de la vía aérea superior

desempe-ñan un papel en el SAOS [15], nuestro grupo ha propuesto dos

grupos o tipos de SAOS en niños [16]: el llamado SAOS tipo I,

que se asocia a una marcada hipertrofia adenoamigdalar en

au-sencia de obesidad; y el SAOS tipo II, que principalmente

pre-sentará obesidad y una moderada o incluso leve hipertrofia

ade-noamigdalar. En este contexto, se podría incluir una tercera

ca-tegoría, SAOS tipo III, que incluiría aquellas presentaciones

acompañadas de malformaciones craneofaciales o

enfermeda-des neuromusculares (por ejemplo, síndrome de Crouzon-Apert,

síndrome de Pierre Robin, síndrome de Down, síndrome de

Gol-denhar, acondroplasia, mielomeningocele y parálisis cerebral).

Cabe decir que no existe suficiente evidencia para añadir este

último subtipo, y se necesitarán estudios de metaanálisis de

es-tas condiciones con atención a sus únicas características

clíni-cas para la definitiva incorporación de este último subgrupo.

Además, sería también posible y necesario añadir un cuarto

grupo de SAOS, el de pacientes con mala oclusión dental, que

también muestran un perfil clínico distinto, pero que de

mo-mento sigue mal definido [17].

Nuestro objetivo es revisar las consecuencias

neurobiológi-cas adversas más relevantes asociadas al SAOS infantil, como

las alteraciones cognitivoconductuales y la excesiva

somnolen-cia diurna; discutir, también, el papel del estrés oxidativo y la

inflamación sistémica en su fisiopatología, y cómo la

suscepti-bilidad individual y el estilo de vida pueden provocar

diferen-cias importantes que tienen que ver con la varianza en el

fenoti-po; y, finalmente, proponer una nueva clasificación con dos

sub-tipos de pacientes con SAOS (sub-tipos I y II), así como las

diferen-tes manifestaciones clínicas de estas dos entidades.

CONSECUENCIAS NEUROBIOLÓGICAS DEL SÍNDROME DE APNEA DEL SUEÑO INFANTIL

Resumen. Introducción y desarrollo. Los trastornos de sueño en general, y más específicamente los relacionados con el sín-drome de apnea obstructiva del sueño (SAOS) en niños, se presentan asociados a disfunciones cognitivas y conductuales. Tan-to la restricción como la fragmentación del sueño y la hipoxia intermitente están involucradas en la fisiopaTan-tología que provo-ca esta comorbilidad neurobiológiprovo-ca. Los meprovo-canismos que aprovo-caban por provoprovo-car estas alteraciones neuroconductuales pare-cen implicar múltiples vías biológicas, especialmente el estrés oxidativo y la inflamación sistémica. Conclusiones. El papel de la susceptibilidad interindividual, sumado a las condiciones medioambientales y de estilo de vida, puede explicar de manera sustancial la varianza en el fenotipo. Además, el prototipo clínico del paciente remitido a una unidad de sueño infantil por ronquido habitual ha evolucionado en los últimos 15 años. Se está pasando del paciente que presenta una hipertrofia adeno-amigdalar sin obesidad asociada (tal como ocurría a principio de los años noventa) al prototipo de paciente que acude a nuestra unidad de sueño con una ligera o moderada hipertrofia adenoamigdalar, y de biotipo obeso muy similar a la del pa-ciente adulto con SAOS. Por ello, proponemos la nomenclatura de SAOS infantil en tipo I y tipo II, y discutimos sus diferentes manifestaciones y curso clínico. [REV NEUROL 2008; 47: 659-64]

Palabras clave. Déficit neurocognitivos. Excesiva somnolencia diurna. Obesidad. SAOS infantil.

Aceptado tras revisión externa: 13.10.08.

a Unidad Pediátrica de Trastornos del Sueño. Servicio de Neurología.

Hos-pital Universitari Sant Joan de Déu. Esplugues de Llobregat, Barcelona, España. b Division of Pediatric Sleep Medicine. Department of Pediatrics.

University of Louisville. Louisville, Kentucky, Estados Unidos.

Correspondencia: Dr. Óscar Sans Capdevila. Unidad Pediátrica de Tras-tornos del Sueño. Servicio de Neurología. Hospital Universitari Sant Joan de Déu. Pg. Sant Joan de Déu, 2. E-08950 Esplugues de Llobregat (Barce-lona). E-mail: [email protected]

© 2008, REVISTA DE NEUROLOGÍA

Consecuencias neurobiológicas del

síndrome de apnea del sueño infantil

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CONSECUENCIAS DEL SAOS INFANTIL

En los últimos años, hemos empezado a entender que los

tras-tornos de sueño, en general, y el trastorno respiratorio durante

el sueño, en particular, pueden provocar importantes

comorbili-dades que afectan a los sistemas nervioso central,

cardiovascu-lar y metabólico, al crecimiento somático del niño e, incluso, a

la calidad de vida del paciente. Estudios publicados que han

usa-do un modelo animal de roeusa-dores con SAOS [18-35] han

com-probado que es muy probable que muchas, si no todas, de estas

complicaciones multiorgánicas compartan un mecanismo

pato-génico común, que se activa mediante las interacciones

produ-cidas por la hipoxia y la hipercapnia intermitentes, así como por

los repetidos cambios de presión intratorácicos y los arousals

episódicos.

Consecuencias de la fragmentación del sueño en niños

A pesar de que la fragmentación experimental del sueño y su

impacto sobre las actividades de la vida diaria no se han

estudia-do adecuadamente en niños, se han encontraestudia-do relaciones

signi-ficativas entre el grado de alteración durante el sueño y la

mag-nitud de los cambios conductuales [3,36-40]. La hiperactividad

e inatención durante el día se asocian con un sueño no reparador

y, de manera inversa, una mejoría en los patrones de sueño

con-lleva una mejoría de la conducta [41,42]. Una restricción aguda

por una noche del tiempo total de sueño en niños provoca la

apa-rición de una conducta desatenta durante el día [43].

Si la restricción de sueño se extiende a siete noches, lo que

se observa es la aparición diurna de un comportamiento

oposi-cional y desatento [43].

Una reciente evidencia científica demuestra que los

trastor-nos conductuales que presentan los pacientes con SAOS están

más ligados a la disrupción del proceso de sueño

(fragmenta-ción de sueño), incluso por encima de los derivados de la

reduc-ción de las horas totales de sueño [43-46].

Consecuencias cognitivoconductuales del SAOS en niños

Las consecuencias cognitivoconductuales del SAOS, así como

el pobre rendimiento escolar que presentan estos pacientes, son

unas comorbilidades bien descritas y caracterizadas en la

litera-tura [36,38,47-56]. También se han descrito problemas de

exce-siva somnolencia diurna, hiperactividad y agresividad en niños

que presentan ronquido habitual, aun cuando el SAOS no esté

presente [57-63].

El mayor interrogante en la asociación del SAOS con los

trastornos cognitivos radica en el hecho de que no todos los

ni-ños afectos de SAOS manifiestan alteraciones

cognitivoconduc-tuales, lo que sugiere que tal vez existen otros factores que

des-empeñan un papel en dicho proceso [63].

Nuestro grupo sugirió que los pacientes que asociaran el

SAOS con un mayor índice de masa corporal presentarían una

mayor vulnerabilidad cognitiva. Actualmente, estamos

realizan-do estudios poblacionales más extensos que nos permitirán

pro-fundizar en esta hipótesis e identificar el potencial papel de la

inflamación sistémica en la, a priori, aumentada susceptibilidad

cognitiva de los niños obesos ante el SAOS [63]. Es importante

destacar que tanto la obesidad como el SAOS son enfermedades

inflamatorias sistémicas [64-70].

Tomando como base este marco conceptual [70,71], hemos

mostrado en un estudio poblacional realizado en niños con y sin

ronquido habitual que aquéllos que presentan SAOS tienen

ni-veles más elevados de proteína C reactiva, y que, además,

cuan-to mayor sean escuan-tos valores de proteína C reactiva, mayor es la

probabilidad de presentar un peor rendimiento cognitivo en

com-paración con los niños controles [72]. Así, cuando medimos la

magnitud de la respuesta a la inflamación sistémica asociada al

SAOS mediante los niveles matutinos plasmáticos de proteína

C reactiva, éstos aparecen como un potencial marcador del

ries-go de presentar déficit cognitivos secundarios al SAOS. Sin

em-bargo, es muy posible que el uso de más de un marcador sea

ne-cesario para predecir mejor el riesgo de déficit cognitivos, entre

otros, en el contexto de un SAOS infantil, de modo que la

pro-babilidad de morbilidad relacionada con el SAOS podrá

calcu-larse en función de los niveles de ciertos marcadores, que

pro-porcionan estimaciones de riesgo independientes.

Otra evidencia de vulnerabilidad determinada a nivel

gené-tico es el de la variante alélica del gen que codifica a la

apolipo-proteína E [73]. La presencia de la apolipoapolipo-proteína

ε4 se ha

aso-ciado con un aumento del riesgo de presentar enfermedad de

Alzheimer, ateroesclerosis, mayor incidencia de enfermedad

car-diovascular y SAOS en adultos [74,75]. Nuestro grupo

descri-bió que los niños con SAOS no sólo presentaban una mayor

in-cidencia en la expresión de la apolipoproteína

ε4, sino que estos

pacientes fueron los que obtuvieron un peor rendimiento

cogni-tivo durante la realización de baterías neurocognitivas

estanda-rizadas [73]. La asociación de los polimorfismos de la

apoli-poproteína E con el SAOS pediátrico la han corroborado otros

autores [76].

Creemos, además, que es importante incorporar

informa-ción relacionada con elementos medioambientales, como la

nutrición (por ejemplo, la lactancia materna [77] o el contenido

de grasas saturadas o insaturadas en las comidas [30]),

infec-ciones víricas recurrentes, exposición pasiva o activa al humo

del tabaco, nivel de actividad física, intensidad de la actividad

intelectual, ya que todos estos factores pueden modificar la

fi-siopatología y aumentar el riesgo de presentar SAOS, así como

modificar la susceptibilidad a las consecuencias de la

enferme-dad [70,77].

Las interacciones entre gravedad de la enfermedad y

deter-minantes genéticos y ambientales están resumidas en la figura.

Acerca de la mejoría cognitivoconductual que experimentan

los pacientes con SAOS una vez realizado el tratamiento

efecti-vo pertinente (adenotonsilectomía) [48,78-83] dentro del

tiem-po adecuado [84], nos parece imtiem-portante mencionar que estos

estudios se refieren al subtipo de SAOS que nosotros

propone-mos como tipo I y que no se dispone de estudios científicos que

arrojen luz acerca de cuál es la respuesta al tratamiento que

pre-sentan aquellos pacientes afectos de SAOS tipo II. Además,

de-bemos poner énfasis en el hecho de que faltan estudios sobre la

eficacia y éxito de curación en el SAOS tipo I con

adenotonsi-lectomía, y que los resultados de los estudios realizados hasta

hoy sugieren un porcentaje de mejoría alrededor del 85-90%;

con todo, el porcentaje de normalización del trastorno

respirato-rio durante el sueño es mucho más bajo, y es sólo alrededor del

50% en niños no obesos [85,86].

Desde nuestra experiencia, podemos decir que los niños con

SAOS tipo II presentan un fenotipo muy parecido al que

presen-tan los adultos afectos de SAOS. La obesidad en niños los hace

más susceptibles a presentar unos peores resultados de

com-prensión lectora y abstracción matemática en comparación con

sus homólogos no obesos (este hecho hace que estos niños

obe-sos sean repetidores de curso) y, además, los hace más

suscepti-bles de presentar el SAOS [64-66].

(3)

En resumen, la obesidad y el SAOS pueden afectar las

fun-ciones cognitivas en niños. La coexistencia de las dos entidades

en el mismo paciente, como podría ser en el SAOS tipo II,

im-plicaría una exacerbación de la gravedad en la respuesta de la

inflamación sistémica mayor a la que provocarían ambas

enti-dades por separado (Figura).

Hasta el momento de realizar esta revisión, no conocemos

de la existencia de estudios que examinen si el tiempo de

evolu-ción del SAOS antes del tratamiento modifica la reversibilidad

de las consecuencias de la enfermedad después de éste [16,63].

Tenemos la tentación de especular que cuanto más tiempo

lleve el paciente con los síntomas, menos probable será una

re-cuperación total después del tratamiento. Del mismo modo, el

efecto de la edad a la que se desarrolla el SAOS puede

modifi-car la frecuencia y gravedad de las comorbilidades, así como

in-fluenciar en el grado de reversibilidad después del tratamiento.

Por ello, creemos imperativa la realización de estudios que

tengan en cuenta todas estas consideraciones en su diseño y que

nos ofrezcan importante información en cuanto a la existencia

de períodos de vulnerabilidad al SAOS durante la infancia.

Los mecanismos específicos por los que el SAOS provoca

estos déficit neurocognitivos no están bien definidos. Muy

posi-blemente, tanto la fragmentación de sueño como la hipoxia

in-termitente provocadas por el SAOS provocan alteraciones en el

sustrato de los neurotransmisores en el córtex prefrontal, lo que

resulta en disfunción ejecutiva [84,87-89] y puede, además,

pro-vocar pérdida neuronal [18,90].

Excesiva somnolencia diurna

La prevalencia de la excesiva somnolencia diurna en niños con

SAOS no está muy clara, probablemente debido al hecho de que

ésta depende de la percepción de los cuidadores, ya que muchas

veces el niño es incapaz de verbalizar los síntomas. En los

últi-mos años, y con el uso de cuestionarios que evalúan

comporta-mientos asociados a la excesiva somnolencia diurna, se ha

esti-mado una prevalencia entre el 40-50% [91]. Cuando la

medi-ción de la excesiva somnolencia diurna se realiza de manera

ob-jetiva, mediante los test de latencias múltiples, se ha observado

una prevalencia aproximada entre niños con criterios de SAOS

que presentan excesiva somnolencia

diur-na entre el 13-20% [62,92].

Así, aplicando estos conocimientos a

nuestra clasificación del SAOS en tipos I

y II, podemos decir que en el SAOS tipo I,

la desatención y la hiperactividad serán

los síntomas diurnos, que se

correlaciona-rán con la excesiva somnolencia diurna

(bajos valores en el test de Epworth

modi-ficado para niños). Por el contrario, en el

SAOS tipo II veremos que el niño

presen-tará frecuentes episodios en los que se

queda dormido frecuentemente durante la

realización de actividades de la vida

dia-ria, como estando en clase, en coche,

vien-do la televisión, etc. (altos valores en el

test de Epworth modificado para niños).

Una de las preguntas que nos

sobre-viene ante estas observaciones es la de si

es posible detectar mediante las medidas

obtenidas en el estudio polisomnográfico

a aquellos pacientes con SAOS que

pre-senten un riesgo incrementado de padecer excesiva

somnolen-cia diurna. Con este objetivo, decidimos examinar la magnitud

de fragmentación del sueño inducida por el SAOS tanto en

ni-ños como en adultos, diferenciando entre arousals espontáneos

y respiratorios. De entre una cohorte de más 600 niños y más de

300 adultos, observamos que la proporción de arousals

espon-táneos iba disminuyendo a favor de la proporción de arousals

respiratorios, que aumentaban en función de la gravedad del

SAOS [93,94]. Estos hallazgos sugieren que tanto niños como

adultos intentan preservar la homeostasis del sueño y, al llegar a

ciertos índices de apnea-hipopnea (índices diferentes para niños

y adultos), la presión de sueño por un exceso de fragmentación

de éste se empezará a acumular [93]. Será importante en un

fu-turo cercano identificar aquellos marcadores biológicos que

proporcionen una estimación coherente de excesiva

somnolen-cia diurna en niños, ya que el test de latensomnolen-cias múltiples acarrea

demasiado esfuerzo y gasto.

Calidad de vida y depresión

Existe suficiente evidencia en la bibliografía que indica que el

SAOS y la obesidad provocan una importante disminución en la

calidad de vida de estos pacientes, en especial cuando el SAOS

y la obesidad se asocian [16,94-100]. Más todavía, cuando el

SAOS se trata adecuadamente, la calidad de vida de estos niños

mejora [94].

Como ya hemos comentado con anterioridad, la mala

cali-dad del sueño debida al SAOS puede traducirse durante el día

en incremento de fatiga, que repercutirá en problemas de

con-centración, irritabilidad, ánimo depresivo y disminución del

in-terés en las actividades de la vida diaria. Estos problemas de

funcionamiento diurno pueden ocasionar dificultades en otros

aspectos de la vida del niño, como en la relación con la familia

y sus compañeros [100], o en la participación en actividades

fí-sicas y deportivas.

CONCLUSIONES

Del ramillete de enfermedades asociadas al ronquido habitual y

al SAOS, las comorbilidades que se presentan con mayor

preva-Figura. Modelo triple de riesgo del síndrome de apnea obstructiva del sueño.

(4)

lencia son aquéllas que afectan a los sistemas cardiovascular,

me-tabólico y nervioso central. La coexistencia de SAOS y obesidad

conlleva aumentadas cifras de morbilidad, peor respuesta al

tra-tamiento y, además, se asocia a un fenotipo clínico distintivo.

Dentro de las afectaciones neuroconductuales asociadas al

SAOS, destacamos las afectaciones cognitivas, conductuales

(hi-peractividad, desatención, irritabilidad, etc.) y de excesiva

somnolencia diurna. Todas estas complicaciones derivadas del

SAOS, que se ven potenciadas por la presencia de obesidad, se

pueden acompañar de problemas en la esfera de lo afectivo,

con alteraciones en el estado de ánimo, lo que interfiere en las

actividades de la vida diaria y en las relaciones interpersonales

del niño.

La fisiopatología asociada a estas comorbilidades está

ínti-mamente relacionada con la fragmentación del sueño, la

hipo-xia intermitente, y la hipercapnia episódica ligada al SAOS, que

activan mecanismos de estrés oxidativo e inflamación sistémica

y provocan afectaciones multisistémicas.

La heterogeneidad genética asociada al estilo de vida

resul-ta clave para explicar cómo dos pacientes con el mismo nivel de

SAOS (igual gravedad) pueden presentar diferentes respuestas a

los efectos adversos de la enfermedad, así como al tratamiento.

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(6)

NEUROBIOLOGICAL CONSEQUENCES OF SLEEP APNEA SYNDROME IN CHILDREN

Summary. Introduction and development. Sleep disorders in general, and more specifically those related to obstructive sleep apnea syndrome (OSAS) in children, are associated with cognitive and behavioural dysfunctions. Both restriction and fragmentation of sleep as well as intermittent hypoxia are involved in the pathophysiological alterations triggered by this neurobiological comorbidity. The mechanisms that eventually give rise to these neurobehavioural disorders appear to involve a number of biological pathways, particularly oxidative stress and systemic inflammation. Conclusions. The role played by inter-individual susceptibility, together with the environmental conditions and lifestyle, may account for the larger part of the variance in the phenotype. Moreover, the usual clinical prototype of the patient referred to a children’s sleep unit due to snoring has evolved a lot in the past 15 years. We have gone from the patient who presents adenotonsillar hypertrophy with no associated obesity (as was the case in the early nineties) to the prototype of a patient who visits our sleep unit with a slight or moderate adenotonsillar hypertrophy, and with an obese biotype that is very similar to that of the adult patient with OSAS. For this reason we therefore propose the use of the terms type I and type II OSAS in children, and their different manifestations and clinical course are discussed. [REV NEUROL 2008; 47: 659-64]

Key words. Excessive daytime sleepiness. Neurocognitive deficit. Obesity. OSAS in children.

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Referencias

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