Los saberes de la felicidad: cortes epistemológicos en el concepto de felicidad por racionalización del sufrimiento e indiferencia ante el dolor

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TESIS DOCTORAL

Los saberes de la felicidad: cortes

epistemológicos en el concepto de felicidad

por racionalización del sufrimiento e

indiferencia ante el dolor

Autor:

Iván Mauricio Lombana Villalba

Directora:

Carmen González Marín

DEPARTAMENTO DE HUMANIDADES

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TESIS DOCTORAL

LOS SABERES DE LA FELICIDAD: CORTES EPISTEMOLÓGICOS

EN EL CONCEPTO DE FELICIDAD POR RACIONALIZACIÓN DEL

SUFRIMIENTO E INDIFERENCIA ANTE EL DOLOR

Autor: Iván Mauricio Lombana Villalba

Directora: Carmen González Marín

Firma del Tribunal Calificador:

Firma Presidente: (Nombre y apellidos)

Vocal: (Nombre y apellidos)

Secretario: (Nombre y apellidos)

Calificación:

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Índice

Introducción……….1 Primera parte: LA RACIONALIZACIÓN DEL SUFRIMIENTO; EL DOLOR SIN SUFRIMIENTO………..16

1. CAUTELA DE SÍ: NECESIDAD DE CATEGORIZAR LA FELICIDAD A PARTIR DEL

ERROR………...16 1.1. Limitación de la acción ante las afecciones: Exigencia del conocimiento para la felicidad e inexistencia de un presunto arte de vivir……...………16

1.2. La preferencia y el desprecio: Alejarse de lo que atrae………..……..24

1.2.1. La vida deseable; la influencia………...………24

1.2.2. Despreciar (Retirarse () del extremo para

acertar en lo que nos proponemos ()………...………31

1.3. Crítica cirenaica de la reducción del placer a la felicidad como fin último y suspensión del juicio frente al deseo de verdad y error moral………...40

1.4. Intelección circunspecta de la vida beata: no consumir en errores la vida y juzgarla………...55

2. FELICIDAD INTELECTUAL: RACIONALIZACIÓN DE LA FELICIDAD Y NEGACIÓN DEL SUFRIMIENTO………66

2.1. En Dios la felicidad completa: Felicidad teológico-moral y felicidad

popular………66

2.1.1. De beata vita………69

2.1.2. Abstracción racional y estupor; merecido sufrimiento………..76

2.2. Felicidad negativa: desconfianza de sí y salvación del dolor por el

dolor………88 2.2.1. Categorización de las delicias por el dolor, la penitencia y desconfianza inquisitoria de sí……….88

2.2.2. La necesidad de contento y la desdicha; Genealogía de la felicidad en El Criticón………..101

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2.2.3. Permanencia de la alegría y perfección: la ciencia de la

felicidad………..108

2.2.4. Categorización de la felicidad; entre el abatimiento, el desprecio de sí y la represión de sí, o las penalidades del infierno………120

2.3. Del domino de la pasiones a la valoración del sentimiento………...134

2.3.1. Voluntad de verdad y supresión racional indiferente a las preocupaciones: valoración por experiencia o éxito e ignorancia del posible error………..134

2.3.2. Curar la enfermedad de la inquietud sin exclusión del dolor en el placer de amar………...146

2.3.3. Bienestar por la destrucción acelerada de los prejuicios de la filosofía moral y la vida sensible al dolor……….153

3. DE LA FELICIDAD COMO PRINCIPIO MORAL A LA PSICOLOGÍA DE LA AUTOESTIMA………165

3.1. La perversión filosófica de la felicidad………165

3.1.1. Exclusión kantiana de la felicidad por moralidad y concepción de un libro de reglas sobre la felicidad por Schopenhauer………...165

3.1.2. Carácter: La ilusión de la felicidad frente al dolor………..……178

3.1.3. El espectáculo social del sufrimiento y la dignidad del dolor…………...186

3.1.4. Entre la filosofía y la psicología: el fastidio………190

3.1.5. Sustraerse del tiempo: superfluidad abstracta de la felicidad y del conocimiento histórico para la vida………197

3.2. Reticencia moral y rezago religioso………....213

3.2.1. Patologización y moralización de la felicidad………....213

3.2.2. El desprecio virtuoso de la felicidad propia………....219

3.2.3. Método y filosofía felicista y consecuencias de la idea de felicidad………..………224

3.2.4. Cambios en el marketing de la felicidad……….………234

3.3. La ciencia de la felicidad………..261

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3.4.1. Aún felicidad religiosa; fatigarse………279

3.4.2. Felicidad pedagógica; felicidad terapéutica………...286

3.4.3. Felicidad pública: necesidad de afecto, necesidad de

significado……….300 Síntesis: técnicas de racionalización y abstracción niegan la felicidad, patologizada y pedagogizada para provecho político. La nueva aflicción no se trata ya de una pena infligida al cuerpo. La superación de sí hunde sus raíces en la negación de sí y de la multiplicidad.

Segunda parte: LA INDIFERENCIA ANTE EL DOLOR: SUFRIR SIN

DOLOR………318 4. FELICIDAD Y SUFRIMIENTO: ERRORES CATEGORIALES EN EL BEST

SELLER DE LA FELICIDAD ANTE LA PROLIFERACIÓN DE TERAPIA Y

SATURACIÓN DE LIBROS………..318 4.1. Del ensayo filosófico al best seller de filosofía práctica………..318

4.2. Sociobiología y cultur………...330

4.3. Conceptos de felicidad: Modulación de la felicidad por interés

político………351 4.3.1. Felicidad científica; la equivocada búsqueda de sentido………..…...351

4.3.2. La emoción o el deseo………363

4.3.3. La exigencia de nuevos modos de vida y la falsa felicidad…………..……369 4.3.4. Felicidad territorializada: felicidad trascendente, felicidad

pública...376

4.4. El best seller sobre psicología de la felicidad………387

5. NEGACIÓN DE LA FILOSOFÍA Y DE LA FELICIDAD DE LOS

OTROS……….429 5.1. El sentido, el deseo y el placer supeditados a la utilidad………431 5.2. Abstracción de la historia de la discriminación en la creación de

necesidades………461 Conclusión: Racionalización del sufrimiento e indiferencia ante el dolor en la

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A Martha Inés Villalba de Lombana, mi bien amada madre, en su cumpleaños 68, a la que debo el ejemplo de acudir a los libros como abrigo de las dificultades.

‘Buen corazón quiebranta mala ventura’.

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Introducción

“So Glad I'm Here”. Bessie Jones.

No se tiende a admitir la tendencia a simplificar los conceptos y repetirlos, reiterados. De

ser así, se habrá obviado que se recopilara su variedad, rebajados a ideas abstractas y universales, para compendio también de la historia de la filosofía. En el caso de la felicidad, a través del tiempo surgieron conceptos cambiantes, pero en su mayoría, escindidos del placer y el deseo, o con una formulación negativa en el sentido de: ‘la felicidad no puede prescindir de la infelicidad’ o ‘la felicidad no consiste en la desaparición de la tristeza’, para recurrir a simplificaciones etimológicas1. A esto se suma que más allá de la diferencia entre los pensamientos de época o de escuela, los libros sobre la felicidad contienen planteamientos y recomendaciones demasiado diversas para reunirlas en un sistema científico o filosófico, lo que cuestiona la existencia de un arte de la felicidad sustentado en saberes coherentes y aceptados.

Escribía George Berkeley, que deshacía el vínculo entre las palabras y las ideas, y para el que estas no eran causa de nada: “Qué es para un hombre ser feliz, o qué es un objeto bueno, es algo que cada uno cree saber. Pero formarse una idea abstracta de felicidad prescindiendo de todo placer en particular, o una idea abstracta de bondad prescindiendo de todo aquello que es

bueno, son cosas que muy pocos tendrán la pretensión de alcanzar” (Berkeley, 1992, p. 117)2.

Prejuicioso y discriminatorio, afirmaba que la humanidad inculta vive sosegada mientras el escéptico irremediablemente multiplica sus especulaciones. En esta línea, en el siglo XXI, aflora un saber de la felicidad obtenido de la imposición y repetición de una recopilación de supuestos injustificados con una larga historia, por lo que vale la pena preguntar: ¿Cómo se categoriza la felicidad? ¿Qué conceptos seleccionan los científicos sociales o cualquier persona para expresar, describir o valorar la experiencia? ¿De qué suerte se clasifican los saberes de la felicidad en relación con otros conceptos? ¿De qué manera se ordenan otros conceptos respecto de la

1 Claude Obadia recuerda que para Epicuro la filosofía conformaba una actividad que, mediante discurso y razonamientos procura la vida feliz, que aparece como una ‘énergeïa’; un hacer, un género de vida, una askésis que exige una disposición y una manera de actuar, siguiendo a André Comte-Sponville y a Pierre Hadot. “ Il y a un bonheur de la philosophie parce qu’il y doit y avoir de la philosophie dans le bonheur qui n’est

pas l’absence du malheur. Certains ont tout pour être heureux sans parvenir á l’être comme ils ont tout pour faire la paix sans parvenir á la faire” (Obadia, 2006, p. 6).

2 Berkeley cuestionaba que lo bueno en abstracto nos afecte, pero admitía una reacción emocional: “¿Es que no podemos ser afectados, por

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felicidad con sus consecuencias para la concepción de la moralidad? Al decir de Claude Obadia, los conceptos de felicidad cristalizan formas variadas de filosofía3. A veces las concepciones

imperantes de la felicidad vienen dadas por una trivialización o extracto de ideas comunes. Además de la pregunta por la moralidad forjada en relación con los conceptos de la felicidad, habrá que advertir que cuando apenas había surgido la filosofía, se adoptó un concepto de felicidad que limita la acción, y ya se había propiciado el valor de la abnegación. También muy pronto prepondera la creación de un arte de vivir regido por el conocimiento, pero nunca, un saber sistemático de la felicidad logra concreción, y prevalece la parsimonia.

Cabe refutar que la inclinación al retiro y el constreñimiento de los imperativos que restringen el pensamiento y la acción a propósito de la felicidad obedece más al temor sobre la conducta exaltada, derivada de la no aceptación de principios éticos generales, que de un modelo específico, humanista o científico. Sólo tardíamente en los textos de la felicidad se refinan los presupuestos y la vulgarización de saberes propios de las ciencias sociales, al lado de un conjunto de prácticas y creencias cotidianas, en una cultura educativa que subyuga a personas que confrontan valores. De ahí que la filosofía no pueda entenderse como una totalización de saberes de otros campos.

1. De 1960, Chronique d’une éte, película documental de Jean Rouch y Edgar Morin, comienza con la respuesta de Marcelina a “¿cómo vives tú?”, en el sentido de “¿cómo te defiendes en la vida?”, pregunta que inmediatamente relacionan con lo que se hace durante el día4. Marcelina se dedicaba a realizar encuestas sociológicas de psicología aplicada, pero aclaró

que no le gustaba en absoluto tal labor. Agrega que no sabe tampoco que hará durante el día cuando sale por las mañanas de su casa, por lo que todo resulta una aventura. Entonces Roch y Morin convidan a Marcelina a preguntarle a la gente en la calle si es feliz. Uno contesta: “A usted qué le importa”. Un joven resulta intimidado. Otra señora no tiene tiempo y pasa de largo. Otro, suelta un: “no me hable de eso”. No falta la gente amable que se detiene y responde, en lo

3 “Entre l’efective objectivité de la famine, des persécutins, et la subjectivité réfléchie du bonheur de la tranquillité de l’âme, entre les tempêtes

de la cruauté et la citadelle intérieure d’un homme maître de ses pensées et de ses sentiments, la question du bonheur est sans doute l’une de celles en lesquelles se cristallisent différentes conceptions de la philosophie elle-même”(Obadia, p. 6).

4 Una pregunta tan simple está cargada de teoría en ciencias sociales, asociado en el siglo XX la felicidad a la satisfacción, el bienestar en la vida, y la ‘calidad de vida’, con una tendencia a relativizar el concepto de felicidad: “Theoretical definitions of well-being, a ‘good life’ and

‘quality of life’ have range of disciplines, all the way back to classic Greek philosophy. Aristotle (384-322 BC), using the term ‘eudaimonia’, affirms that the QOL is highly relative: it means different things to different peolple, and conditions for happiness vary according to their current condition” (Bernheim, p. 227).

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que una señora joven contesta: “sí, depende de lo que entienda por felicidad; yo soy feliz con mi pareja”. Y otra señora mayor: “¿sí, acaso no se ve?, ¿no se ve en mi rostro?”. “Sí, tiene un rostro luminoso”, segunda la entrevistadora. “Porque soy feliz, feliz de vivir, pese a mis 60 años”, y la sonriente señora agrega que tiene salud y un marido gentil. “En cuestiones de dinero, un obrero nunca es feliz”, alega otra mujer. Un señor arguye que a menudo tiene problemas y que perdió a su hermana a los 44, una experiencia difícil que no pretende entender. Pese a que en la calle las personas no reflexionan conceptualmente sobre el sentido de la felicidad, responden con resolución y profieren sus juicios sin intimidación alguna. Aunque en el video lo exageran, la gente no se preocupa por una búsqueda de sentido o por un concepto nítido, y hablar de la felicidad se muestra un tanto caótico5.

Uno hombre joven, de traje, algo escuelero y tozudo, declara que depende de la filosofía adoptada si se es feliz o infeliz y pide que le citen un nombre, por ejemplo “Descartes”, como si este hubiera obviado problematizar la felicidad, mientras una señora más contenta, sensible e inteligente comenta que ha tenido alegrías y tristezas” un poco de todo; la vida es así, hay que variar”. Otro señor manifiesta ser infeliz por su vejez; que además, perdió a su mujer y paga un alquiler muy caro. De esta forma, se suele relacionar la felicidad, bien con emociones y sentimientos; bien con un estado físico, corporal; con una determinada etapa de la vida, o con distintas circunstancias o condiciones materiales, entre otras: “Sí, somos felices, somos jóvenes y hace sol”. Con más tiempo, preguntan a una pareja dueña de un taller: “¿Están satisfechos con sus condiciones de vida?”, aunque no se advierte que se trata de una pregunta que ya no corresponde directamente con la de la felicidad o un concepto de ella. Si se entendieran de distinta manera la felicidad y la satisfacción, y si la felicidad no tuviera que ver con las condiciones de la existencia, tal pregunta encerraría un error categorial; es decir, se confundirían nociones, clases distintas de elementos o tipos de cosas.

En Crónica de un verano, sin embargo, una pareja de entrevistados responde con suficiencia y dicen que tienen lo que les gusta, lo necesario, que quieren progresar y no se pueden quejar, aunque el hombre confiesa que sin hacer trampa, al no facturar algunos servicios, no sería factible: “las condiciones de vida son imposibles si se actúa como es debido”. Otro

5 Las ciencias sociales tratan de determinar un concepto ‘objetivo’, ‘universal’ al limitarse, obcecados, en convencionalismos preferidos del tipo de la ‘finalidad’, la expectativa, estándares y preocupaciones. “Still, ther are respectable attempts at coining universal operationalisations of

QOL. For example, the World Health Organisation defines QOL as “an individual’s perception of their position in life in the context of the culture and value systems in which they live and in relation to their goals, expectations, standars and concerns”” (Bernheim, p. 228).

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afirma que es feliz dependiendo del momento y las circunstancias. En París, no resultaría fácil por la atmosfera, por el modo de vida, y porque la gente está loca al trabajar toda la semana sin parar, con lo que ligan la felicidad a “cosas inútiles” y a no hacer nada, en lo que se observa una tendencia a confrontar con conceptos que se asumen contrarios. Otra pareja afirma que plantearse el problema de la felicidad redunda en la infelicidad, un contraste este abstracto, y relatan que fueron felices sin pensarlo tanto en una playa con un trabajo de pocas horas pintando barcos, y objetan: “Se puede hablar de dolor, pero no de felicidad y desgracia”. Esta última pareja, sin mucho dinero, lo usa para enriquecer su mundo con libros y música. Un adolescente africano agrega que no puede trabajar encerrado y con ruido en una fábrica; critica el individualismo de los obreros franceses. Y otra pareja, que: “casi” son felices; les hace falta hacer lo que quieren en referencia a sus intereses y en ese sentido consideran que les hace falta dinero; reducidos a un carnet de identidad, no pueden trabajar en lo que quieren y deben enfrentar el aburrimiento. Para una mujer la realidad significa vivir fuera de sí en relación con alguien, por lo que Morin le pregunta que por qué lo reduce todo a ella misma. La intimidad se problematiza en función de la felicidad. Entonces, en la calle, la felicidad es cualquier cosa dependiente del discurso, de la formación y el acceso a los medios, entre otras.

2. A propósito de la conceptualización de la felicidad, en el siglo XX no se discriminó tanto como se explotó una imagen superficial, simple y positiva de la felicidad. Ya no se trataba de la producción de conocimientos adquiridos a costa de vejaciones y proscripciones dirigidas a un sujeto tomado como cosa defectuosa, entendida la categorización como una escogencia que implica a su vez desechar. Antes que prohibir bajo la noción del rechazo, en el huir a nuestras inclinaciones, o de rehusarse a conseguir lo que atrae, incluso en la figura del desprecio de sí, o en la represión de sí, felicidad negativa por evitar el dolor, sustentada en el juicio moral, y racional por lógico, en la modernidad, la racionalización del sufrimiento proporciona un vuelco de la negación de sí y de la acción hacia la afirmación en el dominio de las pasiones y la valoración del sentimiento. En cuanto esta filosofía exigua produjo la indiferencia a las preocupaciones, redujo el pensamiento a la lógica y al ámbito racional, en un intento de suprimir el sufrimiento, relegado el dolor al campo de la medicina.

La publicidad ilustra el caso más patente de la llaneza que reduce la concepción de la felicidad. En un aviso publicitario del metro de Madrid, y en un folleto editado por el Principado de Asturias en el 2008, se leía: “Esta navidad, regala Asturias, regala felicidad”. De esta

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manera el acceso a la felicidad se homologa a Asturias con un referente indeterminado, reducida a la relación con la actividad turística, en un destino, imagen del camino. La frase predica entonces de Asturias la felicidad, “Asturias es la felicidad”; no, de la felicidad, Asturias, como quiera que así se convierte a la felicidad en un atributo o calificativo6. Los ejemplos son

innumerables, pues la sola palabra ‘felicidad’, sin contenido alguno, se puso de moda en la publicidad de todos los países; la limitación conceptual de los publicistas los conduce a la copia y la repetición, o bien, optan por la tosca sencillez: “Regala rêychel. Regala felicidad”7.

Que esta relación arbitraria de un objeto con la felicidad se haya propagado en las agencias, no extraña y no constituye una novedad, tal como se puede apreciar también para la campaña del Renault 14, en un contexto familiar, natural y patriarcal, lo que fuera un recurso reiterativo. Esta virtualidad de la felicidad obliga a pensarla más allá de la reificación o cosificación.

Ilustración 1. S3studio. (2010). Reychel. Regala felicidad Ilustración 2. Renault. (1976). La 7 CV du bonheur

En el 2010, se creó un video sobre el “Coca-cola Happiness Truck”, un camión con un dispositivo en la parte de atrás, que entregaba regalos, balones, botellas de coca-cola y hasta

6 Ya Lubbock, para el que la felicidad es una condición de la mente conforme a las circunstancias, según sus escritos The Duty of Happiness y

The pleasures of living, equiparaba en el siglo XIX el tiempo al dinero y confrontaba el querer vivir y no temer malgastar el tiempo. “C’est le temps qui donne leur valeur à toutes les bonnes choses. Que sont les amis, les libres ou la santé, le charme des voyages ou les délices de la maison, si nous ne trouvons pas des heures pour en jouir? On a dit souvent que le temps est de l’argent; il est bien davantage: il est la vie. Et cependant combien y a-t-il de gens qui tiennent désespérément à l’existence et ne craignent pas de gaspiller le temps” (Lubbock, 1894, p. 101).

Tras abordar máximas en función del deber de la felicidad y de la felicidad del deber, enfatiza en la lectura, la higiene, el placer de viajar, el hogar, el privilegio del interés por la ciencia y la educación.

7 http://www.reychel.com/Noticias.asp?Id=46 En numerosos artículos académicos aseguran que junto al crecimiento económico acorde al deseo de mejorar la condición, interrumpe la tranquilidad. El cliché: “el dinero no compra la felicidad” expresa una tal disrupción, incluso a pesar de que Adam Smith concebía que el comercio y el progreso proveen libertad y seguridad. La desestimación de la riqueza no sólo abriga un prejuicio moral, sino también un aprovechamiento económico de la sociedad por parte de intereses de grupo. “This kind of happiness requires

Little in the way of material goods, of course, and so Smith claims that the rich and powerful are no more likely to attain it than the poor and weak. He asks rhetorically, “What can be added to the happiness of the man who is in health, who is out of debt, and has a clear conscience? To one in this situation, all accessions of fortune may properly be said to be superfluous” (Rasmussen, 2006, p. 310). También Alexis de Tocqueville presumía que el pobre se conformaba con su miseria igual que el aristócrata no se preocupaba ya por la riqueza que tenía. “In other

words, Tocqueville argues that the serfs knew their situation could not substantially change and so eventually bécame reconciled to their poverty and insignificance” (Rasmussen, p. 317).

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una tabla de surf. Al final del video se enfoca el techo del camión en el que se lee: “Where will happiness strike next?”. Se trata de la continuación de la campaña publicitaria: “Coca-cola Happiness Machine” que en un campus universitario regalaba Cocacolas, pizza etc. Para colmo, se creó el Instituto Coca-cola de la felicidad que asegura efectuar investigación ‘interdisciplinaria’. Uno de los productos publicitarios, sustentado en la pseudoinvestigación científica de este instituto consiste en: “La felicidad en cuatro minutos”, un video que abre con la afirmación de una simpática y hermosa mujer joven, española, según la cual, el momento del día que “la hace” más feliz es cuando va a dormir después de trabajar.

Luego una estudiante enfatiza en el compartir momentos con su novio. Se ofrece incluso una estadística: el 92% de las personas felices dice poder contar siempre con su pareja; y las respuestas a “¿qué hace a los españoles felices?”, varían: un desayuno en la terraza bajo una mañana soleada, volar y ver los campos desde el cielo, y para una niña, ver cómo cambian las nubes. Por su parte, para el padre de esta niña, la felicidad radica en algo tan “simple” como ver a su hija mirando o pintando las nubes, lo que heredó de él, según se recalca, y jugar con ella. Igualmente, se agrega que el 77% de la población reconoce tener una relación óptima con la familia, para cerrar con un psicólogo profesional que enfatiza en lo social. Sin embargo, incongruentemente, este comercial no ha ilustrado ninguna relación social y se conforma con mencionar el vínculo familiar o erótico, concepto que rompe con la filosofía.

Téngase presente que en la modernidad la felicidad fue excluida como criterio moral. Ante la reacción de la filosofía frente al dolor, el sufrimiento y otras formas negativas de la experiencia, desde el estupor medieval al fastidio y al tedio, más contemporáneos, se recrudece la patologización, moralización y politización de la felicidad, para lo que apeló a la ciencia y a la educación, en suplantación pedagógica de la filosofía. Entre tanto, la felicidad se habrá convertido en principio moral sin más, a pesar de habérsela rechazado de los modelos morales. No puede haber filosofía, ni filosofía de la felicidad, como totalización de saberes. Sí que no hay error ni ‘verdad’ en una filosofía de la felicidad, aunque se pretenda e invoque constantemente esta última. Antes bien, la filosofía de la felicidad irrumpe en determinados momentos por reacción a la indiferencia que produjo como respuesta al problema del dolor y el sufrimiento.

3. Así, tiene importancia que se hubieran impuesto dos tendencias extremas, a saber: una en la que un objeto, un valor o concepto se refiere a un concepto general de la felicidad, por ejemplo, relacionada con la virtud, en los estoicos, o que consista en una mera satisfacción de

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necesidades según Adam Smith8; y otra, en la que el soporte científico, filosófico o de las

ciencias sociales sostiene una relación de la felicidad con ciertos “factores” o “ingredientes”, por lo demás, “pequeños detalles” que conforman la vida; sea dormir, trabajar, un vínculo afectivo, una aventura, la salud, dedicarse a lo deseado, etc, lo que no se reduce a lo económico9. Entonces, ¿Qué se presume con gratuidad detrás de todo esto? La vida confinada a la consecución de objetos publicitarios que determinan el pensamiento de la felicidad, categorizado según se identifique la sociedad con: sentirse bien, la edad, la familia, la gastronomía, el ocio, el amor y el sexo, el trabajo, y otros pocos elementos más, no pocas veces estilizada. La pieza publicitaria Le bonheur du jour conjugaba el trabajo de un artista, Georges Barbier; un publicista, Meynal; y del impresor, H. Reidel. Comparada conceptualmente con la de Rocher, los elementos no semióticos diferencian completamente las campañas. Sin embargo, el concepto permanece inalterado, felicidad del día o del momento, por el uso de un producto, aunque en la imagen de Meynal se lo relaciona con una cultura refinada y en la de Rocher prevalece la sensualidad y la exhibición del frasco de perfume:

Ilustración 3. Meynial. (1924). Le Bonheur du Jour pour 1920 Ilustración 4. Rocher. (2011). Moment de Bonheur

Se incluyen informes anuales sobre qué procura la felicidad a los españoles, estudios que incorporan el fútbol y se dictan conferencias por parte de expertos. La filosofía, la psicología,

8 Todavía M.J. Sirgy en The psichology of Quality of life, basado en la teoría de Wilson sobre la felicidad declarada (avowed), expuesta en

Happiness, determina la felicidad en términos de satisfacción de necesidades (fulfillment of needs), pero diferenciada del bienestar y satisfacción

con la vida se la reduce a un constructo afectivo anterior al ámbito cognitivo. “Happiness is an affective construct while life satisfaction is a

cognitive one. Subjective well-being is an umbrella concept that includes both happiness and life satisfaction, and is actually made up of three components: (a) “subjective well-being is and enduring.. affective state experience of happiness… in salient life domains, (b) actual experience of… accumulative negative affect… in salient life domains, and (c) evaluations of one’s overall life…” (Lenderking, 2005, p. 1440).

9 Con base en una tradición que se desprende de las virtudes de reciprocidad según Antonio Genovesi, y que remota a Petrarca, Alberti, Vallala, Paolo Mattia Doria, Giuseppe Palmieri, Ludovico Muratori o Pietro Verri entre otros, la economía civil, pública o social ubica al consumo en un contexto relacional bajo los principios de la igualdad, la fraternidad y la libertad, lo que lleva a cabo la felicidad. Actualmente, se acude a la misma concepción moral para explicar el decrecimiento de la felicidad: “Rober Putnam, who did much to launch the theory of social capital,

identifies the diminution of happiness in American society as arising from the diminution of the civil virtues and its associative civil life. Lane and Putnam do not go much further than asking why happiness depends on the associative life, or as Lane says, oncompanionship (…) Relational goods can be defined as relation-specific local public assets, produced through “encounters” in which the identity, the attitude and the motivations of the subjects involved are essential elements in the creation of and in the value of the goods” (Bruni, 2004, p. 7).

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las ciencias sociales y la ciencia al servicio de la difusión de ideas atávicas, pero trivializadas gracias al fomento de la empresa privada. ¿Qué sentido tiene multiplicar los medios culturales sobre la felicidad si reproducen los mismos prejuicios de manera sistemática y con la metodología de investigación de mercados o la planificación estratégica? También la filosofía; en su momento, las ciencias sociales, y el auge de las prescripciones de la superación personal ofrecen la misma variabilidad del concepto de felicidad y sus correspondientes listas de factores de modo que no le queda más al ignaro sufriente que acogerlos, ante lo que se ofrece toda clase de explicaciones, para recomendar distintos valores, técnicas, pensamientos, disposiciones, sentimientos, que se categorizan en contraposición a otros conceptos de moda. Incluso la ciencia no se desprende de prejuicios y liga el placer a la recompensa y el dolor a la evitación del daño:

“Ese placer y esa recompensa son los que, desde los mecanismos moleculares más elementales hasta los más complejos del cerebro humano mantienen la supervivencia del individuo y de la especie. El placer es, en realidad, un señuelo, un engaño con el que todo ser vivo “sin razón y como cebo tragado”, como diría Shakespeare, se mantiene vivo. ¿Por qué un león joven tras vencer al jefe de la manada, entra en el harén de las hembras y mata a todas las crías que allí hubiere? ¿Lo hace como algún avezado biólogo pensó en su momento, para expandir sus genes y tener la satisfacción de rodearse de su propia descendencia? No. El león opera así para obtener satisfacción y placer sexual” (Mora, 2006, p. 16).

Francisco Mora urde un concepto de ‘felicidades hueras’, a propósito de el placer puro experimentado en un nivel biológico en el consumo de anfetaminas y otras drogas, o por morfinas endógenas, substancias que el cerebro produce en situaciones de estrés o de dolor10. Si el placer puro, asociado a algo, en búsqueda de un estímulo o beneficio cada vez mayor, la huída al placer puede asociarse a una huída cultural al dolor, pero la biología apuesta por todo lo contrario, esto es, que el placer está asociado estrechamente a la experiencia del dolor:

“Todo esto parece indicar que el dolor es como un timbre que avisa de que algo va mal pero una vez dada esa señal de alarma, ese mismo dolor es mitigado por el propio cerebro, mediante la puesta en marcha de determinados mecanismos, como la liberación de péptidos

10 “Ya se conocía que el estímulo eléctrico de áreas del cerebro, donde se encuentran neuronas que sintetizan estos péptidos opiáceos, era placentero para el individuo. En la actualidad sabemos además, que estas mismas estructuras son las que ponene en marcha la analgesia endógena producida por el dolor mismo. A ello se han añadido las neuronas de otras áreas del sistema emocional, como el núcleo acumbens, centro de intercambio de información con otras estructuras y vías del sistema de recompensa del cerebro” (Mora, p. 71).

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opiáceos, capaces de frenarlo. Estos mismo mecanismos antidolor que utilizan péptidos opiáceos son los que se activan artificialmente por la heroína o la morfina” (Mora, p. 71).

En este marco turbio que reúne varios tipos de placer en un mismo mecanismo cerebral, los dos mayores prejuicios sobre la felicidad provienen, uno de la academia, y el otro, de la respuesta trivial, común. En primer lugar, según el académico, propio de los supuestos arraigados de la filosofía moral, se ha entendido por felicidad prácticamente lo mismo desde la antigüedad hasta hoy; un objeto de deseo procurado por una actitud prudente, amor fati y elección racional, en la que prima la presumida aquiescencia del sabio y un gozo de sí ante la necesidad, que postula una transformación del dolor en gozo por conciencia de la facticidad11.

Fórmula, a lo sumo, con algunas variantes tras diferenciar modelos éticos, que suplanta la alternativa del hedonismo por una política de los afectos y luego por una psicología neurológica de las emociones positivas que a principios del siglo XXI no se ve cuestionada ni siquiera por la filosofía más atrevida. El concepto de felicidad sirve para apreciar taras clásicas de la filosofía como la de asociar al deseo con la frustración indefinida sin satisfacción posible, para suplantarlo por el amor. En segundo lugar, según la respuesta trivial, arraigada en la persona que, sin haber nunca pensado en ello, responde de manera apresurada, está el prejuicio consistente en algo así como un ‘concepto de uso impreciso’ en lo que se da a entender que: la felicidad depende de cada quien o que varía según la experiencia, como se ilustra en Chronique d’une éte. No obstante, quien nunca hubo de arriesgarse a discernir su felicidad, delata que no le quedó sino una intuición de lo que escapa al raciocinio de sus propios asuntos y que habrá vivido sin cuestionarse o decidirse a un concepto más elaborado. En todo caso, la infelicidad obliga a pensar en el sufrimiento y, taxativamente, en el hambre y la violencia12.

11 “Non, un bonheur inconscient n’est nullement un bonheur: le bonheur suppose une jouissance de soi, une réflexivité. Il n’y a pas de bonheur

implicite ou latent. Un tel bonheur ne pourrait s’apprécier que rétrospectivement: “ah, j’étais heureux, et je ne mén redais pas assez compte!”. Mais un bonheur qui ne s’apprécie pas, ce n’est pas un bonheur complet” (Citot, 2006, p. 45). Relajación que rompe con la ilusión por

racionalización de la necesidad y que escinde a la filosofía entre la búsqueda de los propios límites y la libertad del pensamiento. “Délassement,

relâchement, mais aussi possession de soi, comme l’indique Spinoza, car l’esprit qui se sait a plus de pouvoir sur lui-même que l’esprit qui s’illusionne. Que ce mécanisme matérialiste ne soit pas tenable jusqu’au bout, c’est ce que nous indiquions plus haut à la suite d’Alain: il est impossible de penser sans se croire libre de penser, impossible de s’observer penser sans cesser de penser. Il reste vrai néanmoins que c’est une grande forcé pour l’esprit que de savoir chercher et trouver ses propres limites” (Citot, p. 50).

12 “Car en admettant qu’il ne suffit pas de posséder ni d’avoir pour être heureux, comme d’ailleurs il ne suffit pas, plus profondément, d’avoir

pour être, ou pour exister, il n’empêche que le bonheur est d’abord celui d’être objectivement préservé de la violence et de la faim” (Obadia, p.

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No falta un género intermedio correspondiente a los profesionales, psicólogos, sociólogos o economistas, etc, que ofrecen una definición o fórmula estereotipada según los modelos de las ciencias sociales en boga, del tipo: la felicidad consiste en la adaptación a las condiciones del ambiente, alternado sumergirse en el trabajo con el ir a la playa de vacaciones, con insistencia en que el amor es más importante que el dinero, soportado en estudios rigurosos. ¿Condiciona la economía de la felicidad a la conducta consumista o la ética normativa rige actividades conservadoras de ahorro frente al capital? Aunque enaltecida como valor supremo, en todos los campos, la despreocupación por la verdad de la felicidad caracteriza a los libros sobre la felicidad. La búsqueda concerniente a la felicidad provoca la reacción frente a elementos constitutivos de la experiencia como el placer, el deseo y lo material, aunque se incentiva el consumo. Ciencia sin objeto, sin revelación ni construcción de un sujeto o tipo de subjetividad.

4. Tras la revisión de la literatura sobre la felicidad, no puede reducirse su concepto a las banalidades que a su turno sostienen filósofos, profesionales de distintas disciplinas, escritores de algún best seller y la gente del común, por ignorancia de otras concepciones antecedentes, ni resultan legitimas las síntesis contemporáneas sobre la felicidad, redactadas bajo una ideología estrecha, con intereses políticos y económicos, de manipulación social. El concepto de felicidad varía, por lo que la tarea asumida en este texto reside en indicar cambios o cortes, a pesar del predominio de enormes prejuicios, prevalentes entre otros pensamientos.

En efecto, la palabra felicidad apiña una pluralidad de conceptos que, eventualmente, sufrieran a su vez múltiples variaciones, acaso subrepticias; noción que ha cambiado considerablemente a pesar de las tendencias reaccionarias, no pocas veces retrógradas, lo que seguramente afecta la percepción y las prácticas. No representa nada insondable el carácter ‘furtivo’ de las alteraciones de la felicidad; pero también, si se prefiere, ‘discreto’, reforzado por una cultura de la cautela, la moderación y la reserva. Estos cortes en el concepto de la felicidad, a pesar de que hayan sido actualizadas en la modernidad múltiples nociones, para luego terminar relegadas, podrán parecer abruptas o a penas imperceptibles, en lo que se refiere a las categorías con las que se determinaron y valoraron, incentivada cada vez más la circunspección, incluso bajo una teoría de los afectos que observe el cuerpo según Spinoza, si predomina la conciencia del esfuerzo por perseverar13. Estos conceptos, que se pretendieron sustentar en el saber vigente,

13 “Toute la gamme des conduites humaines, de la plus aliénée à la plus libre, relèvera donc d’une théorie des affections, qui prend pour

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habrán surgido con cierta pretensión de afianzamiento y consolidación, pero sin arraigo; nunca se impusieron. A veces, no se relacionan en lo más mínimo, mientras en otras ocasiones, consisten en meros cambios de algunos de los criterios o factores prescritos a observar, y que en la elaboración de un texto alguien hubiera considerado conducentes a la felicidad. Por este motivo, vale la pena separar tres niveles, nada fáciles de diferenciar: 1) la conceptualización; qué se entiende o con qué se relaciona la felicidad; 2) la categorización (biológica o cultural), o lo que se valora y desprecia al clasificar según el concepto adquirido o los criterios que se adoptan para la experiencia; y, 3) las técnicas para lograr la felicidad, que ofrece un listado de prescripciones o consejos de cómo ser feliz, bien de origen médico o moral, y que en su versión formal atiende a una ontología de los componentes o ensambles felices, en lo que ‘feliz’ responde más a una suerte de ‘estado’ que al mero sentimiento o emoción14.

5. Estos tres niveles permanecen del todo incongruentes e insatisfactorios. En todo caso, en las tendencias conceptuales de la felicidad no se conserva un mismo esquema, ni un mismo concepto; sólo se acomodan las ideas del pasado a los planteamientos propios del momento, señalada la relación de la felicidad con algo: sea el conocimiento, actuar conforme a la limitación de capacidades o fuerzas, la observación de las pasiones, la conformidad con el ambiente social, etc; sea de manera negativa, por reacción, al prevenir de las preocupaciones, las perturbaciones, las emociones negativas, etc. En este acondicionamiento de conceptos abundan las contradicciones; mientras a la hora de categorizar, sin importar mucho el concepto con el que se hayan casado, unos textos previenen de la ilusión (Schopenhauer) y otros posan la

persévérer dans l’être, l’homme éprouve cette première afection qu’est le désir. Aussi est-ce dans l’explication même des divers modes de l’activité désirante que le philosophe pourra déterminer les conditions de possibilité de la joie, ce sentimient qui exprime le passage de l’individu à une perfection plus grande. Et c’est toujours sur fond de désir que se dessinera l’horizon de beatitud, celui de la sagesse, en tant que la plus haute e la plus libre puissance de vie et de pensé” (Ramond, 2005, p. 144). En la interpretación de Michel Henry, más que un

problema, la felicidad es el principio que sostiene todo el sistema: “No hay una ubicación general de las nociones y de los valores, nacida de

una reflexión liminar y autónoma sobre las exigencias y las esencias, en donde se integraría luego, como un caso particular, y como resultado del orden del mundo así establecido, la noción de felicidad, así como su incorporación a una disposición y a una jerarquía de las cosas que la precederían en el orden lógico como en el orden temporal” (Henry, 2008, p. 34).

14 “Ce que nous appelons “bonheur”, en effet, c’est d’un côté un sentiment ressenti, et dans ce cas le terme de “bonheur” peut désigner un

“affect”, et se trouve légitimement rapproché de ce que Spinoza nomme “joie” (laetitia), “contentement”, “satisfaction” (satisfactio, acquiescentia), “tranquilité d’sprit” (tranquilitas animi) et, bien sûr, “béatitude” (beatitudo). Mais le terme “bonheur” désigne aussi la chance objective qui échoit de faon variée à chacun dans sa vie: ce sont les “heureuses rencontres” (c’est-à-dire, des rencontes ou des compositions “favorables”, comme par exemple une nourriture saine et un air pur), la bonne san´t, la paix ou la sécurité de la Cité, les bonnes récoltes, les dons anturels (“heureux tempérament”, “bonheur de plume”, etc). Toutes ces notions désignent au fond l’ordre du “sort”, de la “chance”, ou, pour reprendre un terme très présent chez Spinoza, de la “fortune” (fortuna)” (Ramond, 2006, p. 63).

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felicidad en ella (Mme de Châtelet); unos valoran la racionalidad, otros los sentimientos; unos afirman la fe, el control y el dominio, otros niegan la voluntad propia y alimentan la indiferencia, de modo que la persona que investigue y profundice en la historia de los libros sobre la felicidad hallará un sin fin de incongruencias y disparates, pero al final, sin falta, algunas prescripciones, por lo demás, bastante sugestivas, que no necesariamente están derivadas de la especulación teórica. En todo caso, la vida va por otro rumbo y de ella se derivan pensamientos más sutiles que los de la especulación teórica más estricta:

“Hija mía, ya no es cuestión de mí; yo me encuentro bien, es decir, todo lo bien que se puede estar en las postrimerías de un reumatismo, pues estas hinchazones se van tan lentamente que se perdería mucho la paciencia si no me saliese de un estado que hace encontrar á éste muy feliz. ¿Es verdad que el caballero de Gringuan se ha encontrado después en el mismo embarazo? Yo no comprendo lo que un joven glorioso puede hacer de un mal que comienza por someteros atados los pies y manos á su imperio. Se dice que el cardenal de Bouillon no está exento de esta pequeña humillación. ¡Oh, el buen mal! ¡Qué bien hace arrojarse un poco entre los cortesanos! (De Sévigné, 1888, p. 208)

Para Mme de Sévigné, en su misiva del 12 de febrero de 1676, desde Los Rochers, “hay tantas ‘incomodidades’ en la salud que sigue un reumatismo, que no se puede pasar sin estar bien servida”. Así pues, los juicios y las valoraciones carecen de simplicidad y atienden más a la historia impersonal de cada cuerpo, y a la singularidad de cada persona.

En otras palabras, la conceptualización, la categorización y las prácticas se presentan desligadas, y se observa el abandono del concepto, sin importar en qué consista la felicidad, para enfatizar en la acción, pero por motivos morales, no por valorar el actuar. Por consiguiente, en buena medida, el predomino de un determinado modo de vida con la posible opresión que se derive puede obedecer a la sola conducta de las personas, independientemente de la presumida hegemonía de un concepto, lo que en ética no se acepta fácilmente. La posibilidad del pensamiento se descubre muy restringida y escasa, un factor propicio para predeterminar masivamente las concepciones sociales de los estados en un mundo global en el que los pueblos aceptan su situación y no tienen cómo protestar o establecer alternativas más apropiadas para su bienestar a pesar de los adelantos tecnológicos en comunicación.

6. Aunque en el análisis de los conceptos sobre la felicidad resulta difícil quitar el ojo a la constante ‘negación’, no tanto como principio organizacional de un proceso que acaso disolviera

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conceptos opuestos, sino como rechazo15 normativo de múltiples características de la conducta

humana, al tomar en consideración los textos en su conjunto retoña otra perspectiva, a saber, que la creciente racionalización del sufrimiento humano y la indiferencia ante el dolor, se acentúan, no sólo por la deficiente manera de pensar la felicidad en relación con los diferentes ámbitos la vida social, sino también porque todo lo que implica la negación y la limitación, obliga y confina a la persona a un desarrollo continuo, en perpetua exigencia, pero también, trunca, disminuye y derrumba la existencia. Captar este pensamiento sobrecoge por la brutalidad que ampara la filosofía, pues aunque desde la antigüedad se manifiesta una preocupación por el dolor, las personas no se desviven en su dedicación al alivio del dolor y la atención al sufrimiento. Esta felicidad, cosa de voluntad y trabajo, a modo de ‘arte de vivir’ que hipotéticamente produce una diferencia y valor, aun admitida la necesidad de pensar a partir de la quiebra de sí, del fracaso, encubre la fatalidad incluso en todo aquello que depende de nuestro actuar. Las reglas de acción se valoran por el desarrollo moral y social en el que nos conciben inmersos: “…le désarroi moral et social où nous sommes plongués” (Toulouse, 1925, Préface). El arte de vivir se forjó acorde a una higiene y medicina que circunscribía a la educación. El arte de vivir según el Dr. Toulouse arrojaba una técnica para comer, para respirar y todo tipo de actividades, hasta para dormir, dependiente de una educación psicológica conseguida mediante ejercicios, en la práctica del bien, con lo que se aseguraba adquirir superioridad en medio social. En esto, al principio se entendió la vida como una lucha contra impulsos emocionales16.

Contra el ejemplo literario, la terapéutica moderna medicalizó la moral: “le sentiment amoreux a été surchauffé par la littérature moderne” (Toulouse, p. 4), lo que se relacionó con la enfermedad mental: “La passion poussée à cette extrémité est une maladie mentale” (p.4), al ‘sobreagudizar’ el dolor moral persistente al punto de un ‘delirio emocional’ que en el exagerado temor al dolor, en tesis de Toulouse, causa pena, una existencia dolorosa: “L’instinct de la conservación vicieusemente développé conduit à une existence pénible” (p. 5). Toulouse hablaba explícitamente de una educación emocional viciosa, caracterizado el vicio por una

15 “Le terme de dépense ou de rejet est alors pour nous plus apte à spécifier ce mouvement des contradictions matérielles qui engendrent la

fonction sémiotique: les implications pulsionnelles et généralement analytiques qu’il contient, le rendent sans doute preférable à celui de négativité” (Kristeva, 1974, p. 109).

16 “La mesure de la forcé morale d’un individu est dans la manière dont il réagit aux émotions. A toute heure, nous sommes assaillis par des

sentiments dont chacun tend à nous entraíner hors d’une activité modérée et équilibrée. Notre vie est en ce sens une lutte continuelle contre nos impulsions émotionnelles” (Toulouse, 1925, p. 3).

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pasión excesiva, pero subrepticiamente se controla la imaginación y se la vacía de estímulos relacionados con el dolor, desviada al atención a consecuencias sociales y criminales de los defectos adquiridos en la educación familiar. El temor al dolor no sólo estimula la terapeutización, sino que se hace del vicio causa del infortunio, para justificar la limitación de los deseos. Entre los vicios se incluye el de discutir, impedimento en el sentido de una invalidez funcional y cognitiva. Por el contrario, Toulouse todavía cree que las ideas reglan los estados de conciencia y las buenas reacciones, asegurada una actitud continua. Incluso la moralidad llegó a determinarse como una psicotécnia para respuestas precisas y rápidas a problemas, con razonamiento y crítica. Toulouse ve en el error un elemento voluntario.

¿Cuándo se valora la emoción y por el contrario se suprime el dolor? A ello colaboró el cambio en el pensamiento sobre la felicidad, lo que aquí se asume como tarea. Desamparados, no sólo desestimamos el placer y el deseo a favor de una felicidad filosófica; también el dolor y el sufrimiento se menosprecian y desatienden en razón de discursos abstractos y una cultura reducida a medios para aprender. Para colmo, las ciencias sociales abordan el problema de la infelicidad acorde con la frustración, por necesidades, bien por su exacerbación en un mundo trivial, figuradamente hedonista, más de la eficiencia y el trabajo, sin valores precisos, escatimados a los del marketing político, en el que prima el confort y el consumo diversificado, formas del retiro y desahogo, con toda clase de preocupaciones y penurias.

Contrariamente a lo que sostiene Gilles Lipovetsky en La felicidad paradójica, no hay en los textos sobre la felicidad de los últimos siglos una menor renuncia y negación del placer y el deseo, aún bajo el confort17. La creencia en la modificación del pensamiento, la actitud o la conciencia para la alteración de la vida resulta común a la filosofía tradicional o a la moderna psicoterapia, así como el escepticismo ante los resultados. Sin embargo, lo más vendido, a pesar de la variabilidad en el concepto de la felicidad y su relación con otros conceptos, es la

17 “Los ideales de renuncia del mundo han sido reemplazados por técnicas de autoayuda que garantizan a la vez triunfo material y paz

interior, salud y confianza, ímpetu y serenidad, energía y tranquilidad, en otras palabras, felicidad interior sin necesidad de renunciar a lo que haya en el exterior (confort, éxito profesional, sexo, diversiones). El individuo hiperconsumidos aspira a las ventajas del mundo moderno y además a la armonía interior. La sabiduría se asociaba al alejamiento y desposesión del yo (budismo): nosotros queremos la realización plena del yo. Tratamos menos de cambiar nuestro estilo de vida que de adaptarlo a nuestro mundo, viviendo en él confortablemente, sin tensiones ni ansiedad” (Lipovetsky, 2007, p. 336).

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desafortunada y persistente representación del deseo como diferencia entre las ilusiones y los intentos de su realización, lo que suscita el rechazo del placer por no disponer de él a voluntad18.

Según Pascal Bruckner, a las disciplinas de la bienaventuranza las caracteriza la construcción de sí como tarea infinita en un contexto cultural en el que se juzga con severidad el cuerpo liberado y de nuevo la idea de la felicidad niega el placer19. La concepción de la felicidad en el siglo XXI va en contra del interés propio, relegada la depresión, desapercibida; y negado el sufrimiento por políticas educativas y regulaciones que influencian los sentimientos y la cognición, y no sólo con moralidad, sino también con técnicas que desplazan la atención, fortaleciendo actitudes y mediante la satisfacción emotiva. La política modula la emoción y el deseo para distanciar de sí y controlar la acción, a fuerza de soportar y permanecer indiferentes al dolor. En la transformación del concepto de felicidad se observa todavía constante la limitación del actuar, en relación con las afecciones, las pasiones, el placer, el dolor y las emociones, al punto de negar la felicidad para modular incluso aspectos negativos que cumplen la función de prevenir, con lo que se patologiza la inquietud, el odio, el asco, la infelicidad, el estupor, el aburrimiento o el fastidio; cualquier esfuerzo no contemplado por un interés social.

Vale la pena entonces comparar las distintas conceptualizaciones y categorizaciones de la felicidad para intentar precisar la posibilidad de la experiencia singular de la felicidad, a pesar de que esta no se hubiera planteado o sospechado como problema filosófico destacado pero exento de la producción de verdad, aunque no así de un mundo mejor. No suficiente antes para la problematización filosófica, el concepto señero de felicidad se vuelve indispensable para un pensamiento futuro exento de la nueva indiferencia promovida por el best seller de superación personal y los contenidos de las tecnologías de la información.

18 Lo de menos es la crítica al dominio consciente. No se advierte el predominio de la negación del placer y del deseo, ni la alta carga de moralismo sociológico: “Aunque es innegable que muchas satisfacciones dependen de nosotros, las fluctuaciones del placer, nuestras alegrías

profundas y la dicha de vivir no son “cosas” de las que dispongamos a voluntad: no las gobernamos, son sentimientos que “van y vienen”, en gran parte sin nosotros. La felicidad se encuentra, no está a nuestras órdenes. La fe en la posibilidad de gestar la propia felicidad mediante la conciencia suena, pues, a una de nuestras últimas ilusiones, una ilusión a la que la persona, probablemente, no renunciará nunca del todo”

(Lipovetsky, p. 338).

19 “Durante siglos el cuerpo fue reprimido y aplastado en nombre de la fe o de las conveniencias hasta el punto de llegar a ser, en Occidente,

el símbolo de la subversión. Pero una vez liberado se produjo un extraño fenómeno: en lugar de disfrutar con toda inocencia, los hombres transfirieron la prohibición al seno del placer. Éste, ansioso de sí mismo, ha erigido su propio tribunal y se condena, ya no en nombre de Dios o del pudor, sino de su insuficiencia: nunca es lo bastante fuerte, o bastante adecuado. La moral y la felicidad, antaño enemigos, irreductibles, se han funcionado; lo que actualmente resulta inmoral es no ser feliz, el superego se ha instalado en la ciudadela de la Felicidad y la gobierna con mano de hierro. Es el fin de la culpabilidad en provecho de un eterno tormento. La voluptuosidad ha pasado de ser una promesa a ser un problema” (Bruckner, 2001, p. 57).

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PRIMERA PARTE: LA RACIONALIZACIÓN DEL SUFRIMIENTO; EL DOLOR SIN SUFRIMIENTO

1. CAUTELA DE SÍ: NECESIDAD DE CATEGORIZAR LA FELICIDAD A PARTIR DEL ERROR

1.1. Limitación de la acción ante las afecciones: exigencia del conocimiento para la felicidad e inexistencia de un presunto arte de vivir.

La felicidad propicia. En la posibilidad de representar las cosas por otras cosas, por ejemplo, un pie por el transporte, surgió la idea de que la escritura de los dioses eran las propias cosas al hacer marchar el mundo: en esto se observa una negatividad de la irresolución o indecisión, con miramiento de los objetos20. Los asirios deducían las decisiones divinas que

afectaban el porvenir en los acontecimientos mismos o en los objetos singulares o irregulares. No invocaban un futuro real, sino que recurrían a lo que los dioses habían decretado aquí y ahora, en tanto los dioses también eran exorables: “y se habían calculado y propagado cantidad de recetas para incitarlos a modificar en un sentido más feliz el “destino” más o menos cruel

que podían, de entrada, haber fijado, y que se había leído en los presagios”21. En esta

adivinatoria analítica, Jean Bottéro ve un acto de deducción previo a la filosofía griega que

20 “Cuando se encontraban conformes con la rutina, como era el caso más frecuente y más regular, su mensaje también era “normal” y

atípico, es decir que anunciaba una decisión conforme a lo cotidiano: en otros términos, una no-decisión especial, un propósito desprovisto de interés, puesto que las cosas lo único que harían sería seguir su marcha conocida y esperada. Pero cuando los dioses producían, bien fuera un ser no conforme a su modelo, bien fuera un acontecimiento singular, inopinado, excéntrico, manifestaban de esa manera su voluntad de anunciar un destino igualmente inhabitual, pero que se podía conocer si se sabía descifrarlo mediante la presentación misma del fenómeno a-normal en cuestión –como se descodificaban los pictogramas e ideogramas de la escritura” (Bottéro, 2004,p. 53).

21 (Bottéro, p. 53). “Cuando se encontraban conformes con la rutina, como era el caso más frecuente y más regular, su mensaje también era

“normal” y atípico, es decir que anunciaba una decisión conforme a lo cotidiano: en otros términos, una no-decisión especial, un propósito desprovisto de interés, puesto que las cosas lo único que harían sería seguir su marcha conocida y esperada. Pero cuando los dioses producían, bien fuera un ser no conforme a su modelo, bien fuera un acontecimiento singular, inopinado, excéntrico, manifestaban de esa manera su voluntad de anunciar un destino igualmente inhabitual, pero que se podía conocer si se sabía descifrarlo mediante la presentación misma del fenómeno a-normal en cuestión –como se descodificaban los pictogramas e ideogramas de la escritura” (Bottéro, p. 53). En lo concerniente a la

felicidad, Asurbanipal no quería decir que nos dedicáramos a comer, beber y divertirnos, sino que nada tiene más valor, y no uno mayor al chasquido de dedos, lo que hay que entender en el marco del culto a Ishtar, predecesora de eudaimonía como carite. También Cicerón lo respeta aunque sea contrario a sus creencias.

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considera, a partir de un dato, el aspecto de un fenómeno que se salía de lo ordinario. La felicidad se relaciona con lo singular y extraordinario.

Las Cárites, entre ellas la eudaimonía, eran diosas que otorgan en abundancia cualidades femeninas: la gracia, el encanto, la belleza y la alegría, no sin favorecer la inteligencia, el arte y la sociabilidad. Tienen relación con los regalos y favores, el dar y recibir, en lo que algunos ven una repercusión para el beneficio comunitario. Potencias que se manifiestan en todas las formas del don y del intercambio, lo que cuestiona una pretendida individuación que la sociología postula a propósito de la muerte22. Se presenta así, tempranamente, también, a partir del resplandor en la persona, una metaforización de la felicidad. Pierre Ginésy señala una brecha de tipo filosófico, incluido el orfismo, en tanto el cuerpo, imbricado en este lo físico y lo psíquico, tenía un carácter plural, limitado, deficiente e incompleto, aunque en la vitalidad de sus fuerzas esté recubierto del esplendor fugitivo de la divinidad23. De la crueldad guerrera de Ishtar al juego primaveral y fértil de las tres gracias, la felicidad asociada a la femeneidad sufre un cambio cultural en el que la crueldad y la vitalidad apasionada cede al amor protector.

En el cuerpo, el placer dominado y compartido, contrasta con la comunicación de emociones y afectos de cada quien, en lo que los bienes que otorgan la felicidad varían. Sin introspección, el individuo se proyecta a sí en el otro como en un espejo y en las relaciones con las cosas, en tanto el “daimón” es una entidad impersonal que sobrepasa el ámbito de la existencia singular. En lo que respecta a lo privativo de la , impetrar o recabar un favor, el servicio relacionado con el suministro de provisiones, bien en obsequio o para la celebración y consumo, no se reduce a un sentido utilitario o de beneficio. Tanto la gratitud y el reconocimiento como la imploración y la necesidad de recurrir a la indulgencia de alguien, no pueden suplir los sentimientos de goce, satisfacción, contento y deleite, relativos al gusto y al

22 “Selon Jean-Pierre Vernant, il manque à ces formes ce qui fait d’Hélène une vraie femme : la kharis, c’est à dire cet éclat, ce rayonnement

presque indicible propre à la vie…« sous le masque séducteur d’Aphrodite, c’est l’insaisissable Perséphone qui transparaît»”. Pierre Ginésy.

Post scriptum au « diabolique » /Novembre 2004

http://dissonancesfreudiennes.fr/Library/Textes/Pierre_Ginesy/ATRI_IANUA_DITIS.pdf

23 “La gracia, esa khráris que hace brillar el cuerpo con un resplandor gozoso y que parece emanación misma de la vida, encanto que

incesantemente se despliega –en especial la kháris, pero también la estatura, las espaldas anchas, la prestancia, las piernas veloces, la potencia de los brazos, la frescura de la tez, la serenidad, la agilidad, la flexibilidad de los miembros-, sin olvidar tampoco las disposiciones interiores, no por menos visibles a la mirada ajena menos importantes, como serían stêthos, thymós, phrénes o nóos, la fortaleza, el ardor en el combate, el frenesí guerrero, el impulso colérico, temeroso o ambicioso, el domino de sí, la inteligencia despierta, la astucia vida; éstas son algunas de las “potencias” de las cuales al cuerpo se le supone depositario y que pueden leerse en él como marcas testimoniales que nos dicen lo que es un hombre y cuál su valía” (Vernant, 2001, p. 25-26).

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placer. También la bondad moral y el atractivo estético se dan en un segundo lugar, posterior a la influencia ejercida sobre los demás, por el simple gesto de condescendencia del que obra para dar gusto y halagar. No obstante, antes de considerar aspectos propicios para la eudaimonía, tomada como una de las Cárites, sólo constituye una potencia más de un proceder o actividad favorable, que te conduce, acaso más acorde con un sentido de la ‘liberación’ que de la existencia o de una buena vida, precedido de la ingenuidad y un candor inocente24.

Las disposiciones. Sin embargo, tempranamente se da un giro por reacción ante los efectos del capital en las formas de vida. Ya Pitágoras estimaba la eudaimonía como lo más importante, y Heráclito establecía que: “la felicidad no reside en el ganado ni en el oro; el ethos es para el

hombre su daimón”. En tanto designa lo divino25, lo procedente de los dioses,

denota lo maravilloso, lo extraordinario, lo extraño, lo inaudito, y el genio o espíritu, la voz que guiaba a Sócrates. Que la estancia de lo humano yazca en lo extraordinario, puede querer decir que, conforme y pese a la interpretación tradicional, la excelencia de ‘carácter’, en el modo de ser, pensar y sentir, y de residir en el mundo, convierte a un hombre en alguien excepcional, tanto como que, en realidad, su Ethos, según una acepción más clásica, puede implicar también su desgracia, su desventura, su sombra, a falta de una adecuada disposición para la vida, o incluso adquirida esta26. En consecuencia, las personas se distinguen en su modo de proceder y

disposición ante la desgracia, en lo que se relaciona el ethos y el buen o mal daimón. La eudaimonía depende de una cierta disposición; la dicha no radica en las riquezas. El ethos ha

24 A propósito de Sileno, que llama hijos a los sátiros que lo están atando: “El despreocupado gusto por el juego de los muchachos y sus

desenfadadas diabluras no podían sino agradar al jovial anciano, quien, ajeno a necesidades y preocupaciones, era la ingenuidad misma: un demonio pacífico protector de los oprimidos, a los que salvaba de todo apuro para llevarlos a la libertad de la naturaleza” (Creuzer, Friedrich,

1991, p. 82). En la introducción al libro de Creuzer, F Duque anota: “ es todo aquel guiado, regido por su genius, por su daimon. Éste puede hundir o salvar, retirar o conceder la gracia. Por eso, atinadamente traduce nuestro Segalá Estalella: “-¡Desgraciado! Tu valor te perderá”” (Creuzer, p. 9).

25 Ser feliz: estar bien o salir bien en algo.  Dicha, felicidad; bienestar, fortuna, riquezasConsiderar o estimar dichoso, felicitar.  Dichoso, feliz; rico, próspero, opulento; floreciente. bien, recta, justamente; favorable, felizmente; exacta, cuidadosamente; hábilmente; rica, abundantemente El bien, la dicha, la ocasión favorable.

26 Siguiendo la interpretación a Hernan Felipe Prieto en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario: “La sólita estancia es para el hombre

la apertura para la presentación de lo insólito”. M. Marcovich traducía: “Man’s carácter is his Genius” en lo que acude a ‘genio’ para aludir a una dependencia de las propias cualidades. “daimon” means here “the allotted personal Genius’ on which depends a man’s good or bad luck”. (Marcovich, 1967, p. 502). “My own guess is that thisof every man might imply areth, understood a virtus bellica, upon which only depends his destiny: , provided with (fr. 95 [29]) and  (fr. 97 (25), whereas the fate of , whose  is void of , is only to  (fr. 95) and to  (fr. 99 [20]. This interpretation would go well with the rest of Heraclitus’ martial Ethics” (Marcovich, p. 504).

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